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Terrae Antiqvae

Los últimos trabajos en Baelo Claudia muestran la calzada principal de la villa

Los últimos trabajos en Baelo Claudia muestran la calzada principal de la villa

Se han desenterrado unos 90 metros del 'Decumanus maximus', una de las vías comerciales que unía las dos puertas del asentamiento romano Las visitas guiadas programadas por el conjunto arqueológico se han suspendido hasta el domingo

Por Jorge Martínez-Murga, Bolonia (Tarifa, Cádiz), Diario Sur, 1 de marzo de 2005

BAELO CLAUDIA
Excavación.

Decumanus Maximus: Se han excavado unos 90 metros cuadrados de esta principal calzada romana que unía las dos puertas de la ciudad.

Necrópolis: Trabajos de limpieza y desbroce en una zona de tumbas para que pueda ser visitada próximamente.

Objetivo: Descubrir todo la vía principal y poner en funcionamiento el centro de estudios que mejorará la calidad de las visitas.

Visitas Guiadas: Estaban programadas varias visitas guiadas por el recinto que por las inclemencias meteorológicas se han pospuesto hasta el domingo próximo.

El Conjunto Arqueológico de Baelo Claudia no pudo inaugurar de forma oficial las nuevas intervenciones arqueológicas que se han venido realizando a cargo de la empresa Arqueogades S.L. y que han permitido sacar a la luz parte de una calzada romana de la antigua Baelo perteneciente al 'Decumanus Maximus', es decir la principal vía comercial de la villa romana que comunicaba ambas puertas de la ciudad y que en su camino conectaba con los templos o con el foro.

La Delegación de Cultura de la Junta tenía previsto celebrar una jornada de puertas abiertas para conmemorar el día de Andalucía mostrando los nuevos descubrimientos, pero el temporal de lluvia y viento que azotó al Estrecho imposibilitó las visitas guiadas en todo el complejo. No obstante algunos 'valientes' se acercaron hasta las ruinas para ver de cerca las nuevas excavaciones, parte de la calzada principal y el desbroce de toda la zona de la necrópolis. En este sentido los responsables del Complejo arqueológico decidieron que las visitas guiadas de este centro que recibe más de 100.000 visitantes anuales, se puedan realizar de forma gratuita el próximo domingo.

En cuanto a la excavación en sí, uno de los arqueólogos que ha participado en Baelo Claudia, Francisco José Sibón afirmó que «se ha liberado parte del decumanus que no había sido excavado y se ha sacado a la luz unos 90 metros cuadrados para visitas». La estratigrafía ha hallado datos que indican que pertenecen al siglo IV. D.C.

Excavación sencilla

El arqueólogo explicó que «la excavación ha sido muy sencilla porque no hemos encontrado otros restos superiores en la zona que se hubieran asentado sobre los restos romanos». Sibón se refirió a que la calzada ha aparecido «con una serie de materiales metálicos y de mármol pertenecientes al abandono de la ciudad con monedas y cerámicas donde destacan 'sigillata africana' de la misma fecha». El arqueólogo responsable de la excavación comentó que «en el decumanus maximus había indicios de que existían varias 'tabernaes' o tiendas y algún otro edificio singular romano. «Aparece una gran capa de piedra -continuó Sibón- correspondiente a un saqueo producido en la ciudad cuando la villa se convirtió en una aldea de pescadores muy lejos de la importancia del pasado y que son las piedras que a ellos no le interesaron».

El propio arqueólogo explicó que la importancia de la ciudad a nivel comercial tuvo que ser mucha ya que «se conservan restos de edificios dedicados a la vida política y administrativa, los templos, teatros, termas y aunque era una villa pequeña tenía hasta seis fábricas de salazones y fue nombrada en sus crónicas por autores clásicos como Estrabón gracias a su comercio con el Mediterráneo y Tánger (ciudad hermana) y que estuviera conectada con la vía Heraclea que unía a Gades con Roma».

El director conservador del complejo, Ángel Muñoz aseguró que «una vez que funcione el nuevo centro se ofrecerá una mejor visita a los ciudadanos ya que se contará con exposiciones temporales y datos de interés para que el visitante entienda como funcionaban las villas romanas». Afirmó que «en un plazo corto de tiempo se podrá haber recuperado el tránsito completo en el decumanus».En cuanto a la conservación de los restos explicó Muñoz que «hay zonas desiguales de conservación, donde hay alturas de más de dos metros con parte de la muralla en la zona de Carteia y sus plantas cuadradas en la base y otras donde los restos que tenemos apenas llegan a un metro de altura debido al saqueo».

Por otra parte, los arqueólogos han habilitado parte de la necrópolis donde se han realizado trabajos de desbroce que han permitido vislumbrar numerosos enterramientos que se extienden en un área de más de dos hectáreas a la salida de la ciudad, con una densidad de enterramientos cercano a una tumba por metro cuadrado. Tal y como explicó el director en funciones del complejo, Ángel Muñoz «hay más de un millar de enterramientos en fosas simples e incluso en mausoleos con forma de torre que en su día pudieron alcanzar hasta seis metros de altura». En este tipo de tumbas se abría una hornacina donde se depositaban las urnas funerarias.

«La ciudad de Baelo Claudia está prácticamente por excavar»

Los próximos proyectos de la Delegación pasan por terminar el centro de estudios.

Muchos son los próximos proyectos que la Delegación Provincial de Cultura tiene para 'Baelo Claudia'. Esos planes pasan principalmente por la terminación de un inmueble que sirva como centro de estudios que permitirá la destrucción de los actuales edificios de administración para sacar a la luz el resto de la calzada principal de la ciudad y unirla con el tramo ya excavado. Otra de las cosas que se pretende empezar a excavar en los próximos años es la muralla exterior de la ciudad encajada entre dos arroyos que delimitan la villa. Así la delegada provincial de Cultura, Bibiana Aído ya anunció que se recuperará la zona de la muralla desde la puerta de Carteia hasta la del teatro para que se vea el lienzo completo de la muralla». El arqueólogo Francisco José Sibón explicó que apenas se ha excavado el 30 por ciento de la ciudad, ya que aún ni se han empezado a extraer las casas ni parte de la muralla, el dique del puerto o las fábricas de salazones. Sibón admitió «que la ciudad de Baelo está prácticamente por excavar y se podría extraer algún tramo de la muralla, recuperarla hasta la puerta de Carteia o el resto del decumanus que sería muy interesante y luego las manzanas de edificios que en el futuro podrán deparar nuevas sorpresas como la aparición de otros domus públicos».

ÁNGEL MUÑOZ VICENTE, ARQUEÓLOGO DE LA JUNTA Y DIRECTOR EN FUNCIONES DE BAELO CLAUDIA

«Los salazones de Baelo llegaron hasta Atenas»

El director conservador en funciones de 'Baelo Claudia', Ángel Muñoz, presentó ayer en Bolonia las nuevas excavaciones que se han realizado en la zona sur de la ciudad sacando a la luz el sector del decumanus maximus.

¿Qué es lo último que se ha excavado en Baelo?

En Baelo Claudia ha finalizado una intervención generada por la demolición de uno de los inmuebles adquirido hace unos años correspondientes a un sector de una de las calles principales. Está próximo a la entrada a la basílica justo al lado del actual centro administrativo del conjunto y se ha recuperado un fragmento para la visita del público.

¿Qué importancia tiene?

Ahora el visitante puede hacerse una idea de lo que era la vida en una villa romana. En lo sucesivo se unirá la puerta este de la ciudad con el tramo que ya se ha excavado. Cuando funcione el centro de estudio se demolerá el edificio administrativo actual y ya se comunicará la vía.

Ha existido alguna que otra polémica en cuanto a la ubicación del centro de estudio.

Mi opinión es igual que la delegada provincial de Cultura. Lo que sí está claro es que el centro mejorará la calidad de la visita de forma sustancial con una sala de exposiciones de 400 metros cuadrados y en la que se entenderá el modo de vida romano.

Baelo fue un importante centro comercial por sus salazones y su salsa 'Garum'.

Estrabón ya cuenta como Baelo era un puerto hermano de Tingis (Tánger) y un emporio de salazones que se convirtió en una actividad comercial y que suplió al comercio de la plata en el siglo IV A.C. Sus salazones llegaron a exportarse a la zona de Atenas que competían con el área del Egeo continuándose como alternativa comercial hasta el bajo imperio Romano.

¿Por qué se abandona?

Hay datos de un terremoto en la ciudad en el siglo III y luego ésta se abandonó aunque siguió habiendo población hasta finales del siglo VII.

¿Cuantas visitas recibe Baelo?

Está en torno a las 100.000 visitas anuales, más que el museo provincial de Cádiz y es el lugar abierto al público que más visitas tuvo en 2004 en Cádiz.

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Nuevo horizonte para Baelo Claudia


La ciudad romana presenta su espacio nuevo visitable tras la nueva excavación del Decumanus Maximus, en una jornada de puertas abiertas

Por Alberto Rodríguez, Diario de Cádiz, 7 de marzo de 2005

tarifa. La ciudad romana de Baelo Claudia está de estreno. El conjunto arqueológico enclavado junto a la playa de Bolonia, en Tarifa, incorpora esta semana a su recorrido visitable un nuevo tramo del Decumanus Maximus -una de las vías principales de cualquier ciudad romana- de una superficie de unos 300 metros cuadrados, excavado donde antes se situaba una vivienda.

De esta manera, las excavaciones de Baelo Claudia avanzan hacia el total descubrimiento del Decumanus, que discurre paralelo al Atlántico. Al nuevo tramo del Decumanus se sumará parte de la necrópolis sur, que volverá a ser visitable tras diez años cerrada al público una vez terminen los trabajos de adaptación que allí se realizan.

Por este motivo, las ruinas celebraron ayer una jornada de puertas abiertas en la que los guías enseñaron a los visitantes los nuevos espacios que muy pronto formarán parte de la visita guiada a la ciudad. Dicha jornada estaba prevista para el pasado lunes 28, Día de Andalucía, pero tuvo que ser pospuesta por la incesante lluvia que empapó, una vez más, las centenarias rocas. Durante toda la mañana cientos de curiosos desfilaron ante los nuevos hallazgos, si bien tampoco perdieron detalle del resto de encantos de la ciudad.

Para descubrir las milenarias losas de piedra que conforman la calle principal de Baelo Claudia, y que se encuentran en un perfecto estado de conservación, ha sido necesaria la expropiación de una vivienda levantada sobre la vía, situada frente al acceso sur a la basílica de la ciudad.

El propósito de la dirección de Baelo Claudia es seguir descubriendo el Decumanus Máximus hasta el final de su recorrido. Para ello, será necesario derribar el actual centro administrativo y almacén, situados en el antiguo acuartelamiento de la Guardia Civil que vigilaba la playa de Bolonia desde este rincón estratégico entre dos continentes.

El Decumanus Máximus se encuentra en una cota de unos dos metros por debajo del actual nivel del suelo, por lo que se espera que los daños infligidos por la presencia de los edificios al camino sean mínimos, al igual que ha sucedido en el tramo recién recuperado.

En el transcurso de las excavaciones se localizó una pieza arquitectónica de gran valor. Se trata de un torso femenino tallado en mármol blanco a tamaño real. Dicha pieza conserva el hombro derecho y parte del antebrazo, así como el hueco destinado a encajar la cabeza en la zona del cuello. El resto de la pieza que se conserva llega hasta los inicios de la pelvis. Las investigaciones hechas a la pieza revelan que la vestimenta recreada en la talla pudiera tratarse de una Stola, cuyos pliegues caen verticalmente hasta que empiezan a curvarse a la altura de las caderas, siguiendo la forma dictada por éstas.

El hombro derecho, el único que se conserva de este singular hallazgo, presenta en la parte superior del antebrazo dos puntos de abotonadura y quizás un tercero. Asimismo, en la pieza se intuye la presencia de una pieza de vestuario denominada Pallas, generalmente usada sobre el vestido.

La escultura original pudo estar colocada para ser vista de frente, con la espalda pegada a otro elemento, puesto que en ella el nivel de detalles es mucho menor.

El punto de la ciudad donde se situaba originariamente esta pieza se desconoce, pero su hallazgo, justo delante del foro y la basílica, hacen pensar que podría formar parte de éstos por ser una zona donde este tipo de esculturas tenían un lugar destacado.

El director en funciones del conjunto, Ángel Muñoz, recién llegado al cargo desde el Museo Arqueológico de Cádiz, explica a los visitantes que en la actualidad la superficie descubierta de Baelo Claudia se encuentra en torno al 30 por ciento. Sin embargo, añade Muñoz, Baelo disfruta del privilegio de tener los principales elementos de una ciudad romana al descubierto. Son el foro, lugar público de encuentro entre los ciudadanos y en torno al cual transcurría la vida pública, la basílica y el templo, que conforman los tres principales espacios ciudadanos.

A éstos se suman el teatro, las termas, los templos capitolinos, el templo de Isis y las termas, entre otros. Tampoco puede olvidarse la factoría de salazones, principal actividad económica de la ciudad y que llevaron el nombre de la ciudad por todo el mundo desde el interior de las ánforas.

En la zona doméstica se encuentra el Decumanus Máximus, en cuyos laterales se situaban las tiendas y casas más pudientes.

Queda por descubrir el Cardo, el eje norte-sur que se cruza perpendicularmente con el Decumanus. Muñoz explica que la prioridad actual se centra en descubrir el resto del Decumanus hasta la entrada Este de la ciudad, para luego continuar con las excavaciones para destapar las murallas perimetrales de la ciudad, junto a las que se presume que existe un importante número de tumbas. Esto cambiará el itinerario de los grupos.

Respecto a la necrópolis sureste, situada frente al actual aparcamiento del complejo, la dirección pretende incluir dicho espacio en el tránsito de las visitas. Para ello se pretende adecentar el camino a los visitantes, que no tienen acceso a este punto desde 1994. La necrópolis sureste es una de las tres con que cuenta Baelo Claudia y data del siglo primero antes de Cristo. Se extiende por una superficie de dos hectáreas. En este espacio, las sepulturas son muy numerosas, alcanzando una densidad que en muchos casos supera una tumba por metro cuadrado.

En la necróplis existen cuatro tipos principales de sepulturas, diferenciadas en función de su tamaño y el nivel social de quienes las ocuparon, y que van desde las fosas simples excavadas en la tierra a los enterramientos turriformes, monumentos funerarios de hasta seis metros de altura.

Los nuevos espacios arrebatados al olvido y al subsuelo merecen, desde luego, una nueva visita o el placer de descubrir los encantos de la vida en el pasado.

¿Llegaron las legiones romanas hasta Bohemia Central?

¿Llegaron las legiones romanas hasta Bohemia Central?

De confirmarse la hipóteis de que cerca de la ciudad de Melník, al norte de Praga, las legiones romanas habían instalado un campamento militar, será posible dar una respuesta afirmativa a esta pregunta.

Ciudad de Melník. Al tenderse tuberías de agua en el pueblo de Vlineves, en las cercanías de la ciudad de Melník, aparecieron dos fosos que llamaron la atención de los arqueólogos. En uno de ellos los científicos hallaron cerámica del siglo séptimo antes de nuestra era.

Este hallazgo no sorprendió a los especialistas ya que el lugar, en una posición aventajada en la fértil orilla del Elba, fue a lo largo de la historia asentamiento de sucesivas olas de pobladores.

Por Eva Manethová, Radio Praga, 3 de marzo de 2005

Los arqueólogos encontraron también un foso que recuerda las zanjas con las cuales los romanos fortificaban sus campamentos militares. Y eso sí que fue una sorpresa, y magna. Y es que hasta el presente se pensaba que los romanos no habían llegado hasta Bohemia. Restos de campamentos romanos fueron hallados sólo en Moravia, parte oriental de la República Checa.

Los arqueólogos descubrieron también restos de una choza celta del primero o segundo siglo antes de nuestra era que habían sido dañados por la construcción del foso. Los construtores de la zanja realizaron por lo tanto su labor después de los celtas. Ello reforzó la hipótesis de que se trataría de un campamento militar romano.

Dicha hipótesis está respaldada, además, por la ubicación del foso. Los romanos instalaban sus campamentos precisamente en suaves elevaciones a orillas de los cursos fluviales.

Confluencia del río Elba con el Vltava (foto). Las fuentes históricas dicen lo siguiente sobre la eventual presencia de las legiones romanas en Bohemia: Es posible que hacia el año seis de nuestra era el emperador romano Augusto decidiese que urgía imponer orden en Europa Central. Le molestaba el expansionismo del príncipe germano Marobudo que dominaba el territorio de la actual Bohemia y empezaba a ser peligroso para el imperio romano cuyas fronteras setentrionales coincidían con el curso del Danubio.

El ejército de Marobudo era imponente para aquellos tiempos ya que contaba con 80 mil soldados. Se supone que los romanos avanzaran en dos direcciones contra el reino de Marobudo en Bohemia: La mitad de las tropas romanas, encabezada por el futuro emperador Tiberio, debía atacar desde el sur, procedente de Carnuntum, un campamento situado cerca del Danubio.

Y la segunda parte del ejército romano habría avanzado hacia Bohemia desde Maguncia, en Occidente.

Colina de Ríp (foto). El plan original preveía que ambos grupos se encontraran en el territorio de Marobudo, donde lo derrotarían. Sin embargo, el plan no pudo realizarse. En Panonia, la actual Hungría, estalló un levantamiento, y el emperador Augusto tuvo que reconsiderar sus prioridades. Puso fin a la campaña contra Marobudo y mandó al ejército aplastar el levantamiento.

Pero no queda descartado que a un contingente romano no le llegase a tiempo la orden sobre la cancelación de la campaña y los soldados avanzaran hacia el centro de Bohemia.

El hallazgo de las posibles huellas de un campamento romano cerca de la ciudad de Melník, al norte de Praga, respalda esta hipótesis. El lugar parece propicio para un encuentro de tropas en un terreno desconocido. Como puntos de orientación podrían servir la cercana confluencia de los ríos Vltava y Elba y la colina de Ríp.

Para confirmar si efectivamente el foso descubierto cerca de Melník fue abierto por los romanos, los arqueólogos checos se dirigieron al profesor Günter Wagner del Instituto Max Planck, de Heidelberg. El científico alemán recogió una muestra de la tierra del supuesto foso romano y la analizará con ayuda de la llamada luminiscencia óptica. Este método permite establecer cuándo la tierra fue removida.

Ichcabal, la nueva joya mexicana

Ichcabal, la nueva joya mexicana

Fue descubierta en el estado de Quintana Roo, México, a 20 kilómetros de la frontera con Belice. El mayor edificio del sitio arqueológico es una pirámide de 45 metros de altura. No estará abierta al turismo en menos de 5 años, según expertos del Instituto Nacional de Antropología

BACALAR, México (EFE).- 4 de marzo de 2005

Arqueólogos del sur de México han hallado una imponente ciudad perdida maya. Ichcabal, ubicada en el estado de Quintana Roo, atesora información trascendental sobre esa antigua civilización.

Oculta aún por la tupida selva en el extremo sudoccidental de la península de Yucatán, en la vieja ciudad de Ichcabal hay plazas, pirámides y "sacbés" (caminos entre espacios monumentales o poblaciones).

"Es un monstruo", dijo el arqueólogo Alan Maciel, en lo alto de una acrópolis sobre la que se asienta el mayor edificio del complejo, una pirámide de 45 metros de altura que se asienta en una base rectangular de unos cien metros por cuarenta de ancho.

Ichcabal data de "fines del preclásico maya", que va desde hace 2300 años hasta los años 300 a 400 de nuestra era, y en la ciudad apenas han comenzado los trabajos de exploración e investigación, y muy poca restauración.

Desde el punto más alto de la ciudad perdida se extiende una selva exuberante, donde deambulan jaguares, tejones, tapires y venados, y donde hay tucanes y serpientes.

La pirámide está cubierta de vegetación; el acceso a la cúspide es aún difícil, al igual que lo es llegar a Ichcabal por un viejo y tortuoso sendero que queda impracticable de abril a noviembre, la época de lluvias, lo que dificulta cualquier trabajo de restauración.

La urbe maya se localiza en el sur del estado mexicano de Quintana Roo, a unos cuarenta kilómetros al noroeste de Chetumal y unos veinte de la frontera con Belice. La zona está llena de vestigios mayas, pues a unos diez kilómetros se encuentra Dzibanché, y algo más lejos Kohunlinch y Kinichná.

Una sorpresa

Su hallazgo no ocurrió hasta 1995, cuando arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) dieron con ella. La directora del INAH en el estado mexicano de Quintana Roo, Adriana Velázquez, señaló que cuando prácticamente se tenían por descubiertos todos los grandes complejos urbanos del mundo maya Ichcabal fue una sorpresa.

"Le va a dar un vuelco a la arqueología en la región. Vamos a tener algo muy diferente que decir. Lo que pasa es que apenas estamos iniciando (...). Yo creo que por lo menos en unos cinco o seis años no estaremos en condiciones de abrir", dijo Velázquez.

La arqueóloga extrema la prudencia a la hora de ofrecer detalles del magnífico descubrimiento, pero adelanta algunas hipótesis, como que durante la existencia de la ciudad de Ichcabal se produjo la mayor presión demográfica en la península de Yucatán.

"Creo que sería bastante conservadora una cifra de cinco o seis millones de habitantes, y sitios con más de 20.000, 30.000 o hasta 50.000 habitantes, porque la densidad en algunas regiones, por ejemplo en el sur de Quintana Roo, es tal que nunca termina de haber estructuras", añadió.

Pese a la necesidad de que el proceso de rehabilitación y posible apertura del sitio sea aún lejana, responsables turísticos estatales consideran que Ichcabal va a revolucionar las rutas en el sur de México.

"Para nosotros es un reto estratégico. Cuando Ichcabal se abra al público va a haber una transformación de toda la forma de hacer turismo en la zona sur. Va a ser nuestro eje rector", declara el subsecretario de Desarrollo Turístico de Quintana Roo, José Alberto Alonso.

"Coincido con el INAH en la dificultad de poder abrir inmediatamente un sitio. Es imposible porque primero el INAH tiene que valorar la riqueza histórica del lugar antes de convertirlo en un atractivo turístico."

Sin embargo, admite que "la zona arqueológica como está actualmente es un atractivo turístico", por lo que podría ser posible abrir en unos tres años bajo determinadas condiciones que permitan al turismo conocer la selva y cómo evolucionan los trabajos de restauración.

A más largo plazo "tenemos que pensar en un gran parque arqueológico-ecoturístico en el cual la gente vaya preparada no solamente a ver la zona arqueológica, sino también a disfrutar la flora y la fauna que hay", concluye Alonso.

Una civilización aún por descubrir

La selva en la que se desarrolló oculta parte del mundo maya

Aproximadamente 4600 años atrás, la península de Yucatán -que ocupan hoy en día México, Guatemala y Bélice- fue la que brindó el escenario en donde floreció la civilización maya, que habría de alcanzar su máximo desarrollo entre los años 200 y 900 de nuestra era.

Entonces, durante el llamado Período Clásico, desarrollaron avanzados conocimientos astronómicos, que les permitieron no sólo predecir eclipses solares y lunares y elaborar su propio sistema calendario, sino también un complejo sistema de escritura basada en glifos.

Carente de un sistema de gobierno centralizado, la civilización maya reunía entre 50 y 75 ciudades Estado independientes, cada una de las cuales englobaba a una comunidad rural alrededor de un centro urbano y ceremonial, como Chichén Itzá en el norte de Yucatán, Palenque en Chiapas o Tikal en Guatemala.

Esas comunidades hablaban una treintena de lenguas con un presunto origen común, cuya antigüedad ha sido estimada en 7000 años.

Mucho por descubrir

Los mayas erigieron sus ciudades en la cerrada selva de Yucatán, por eso los investigadores estiman que todavía restan aún muchos más monumentos -como los hallados en Ichcabal por los investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia- por descubrir.

"Cuando ya se tenían localizados los grandes complejos urbanos del mundo maya aparece Ichcabal", señaló Adriana Velázquez, del INAH.

Otro aspecto que resta por aclarar es el porqué de la decadencia de esta civilización. Alrededor del año 900, los mayas comienzan a abandonar buena parte de sus ciudades Estado. En 1200, los poblados mayas del norte de Yucatán se integran a la cultura Tolteca.

Cuando en 1517 las fuerzas españolas al mando de Hernández de Córdoba descubren la península de Yucatán, la civilización maya había prácticamente desaparecido. Importantes centros ceremoniales como los de Chiapas y los establecidos en Guatemala ya habían sido abandonados.

Sin embargo, los españoles debieron combatir los restos de esta civilización que no se rindió tan fácilmente y dio batalla entre los años 1519 y 1697, cuando finalmente cae Tayasal, la última fortaleza maya, que se levantaba a orillas del lago Petén Itzá, en las profundidades de la selva guatemalteca.

Códices prehispánicos, vínculo con la cultura indígena

Códices prehispánicos, vínculo con la cultura indígena

México. El laureado historiador Miguel León Portilla afirmó que la importancia de los códices prehispánicos radica en que "nos acercan al legado cultural y espiritual del mundo indígena".

Añadió que así, entre los estudios más importantes realizados a la fecha a partir de este códice, se ha podido establecer que el comercio con los pochtecas fue clave en el desarrollo económico, político y social de las culturas que florecieron en Mesoamérica.

"Podemos considerar que ellos fueron los forjadores del complejo cultural de la zona", explicó.

El historiador comentó que el Códice Fejérváry-Mayer, el cual es el segundo de una serie que sobre estos antiguos registros mexicanos proyecta editar "Arqueología mexicana", es uno de los libros más antiguos y hermosos, en el cual se da cuenta de los cómputos calendáricos y los sistemas de escritura mesoamericana, y donde se muestran los ritos y ceremonias prehispánicas.

Excélsior, (Notimex), 2 de marzo de 2005

Además, da muestras del poder de los pochtecas, quienes también fungían como embajadores y espías del imperio, añadió el investigador emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México, y autor de "La visión de los vencidos", entre otros títulos editoriales.

Destacó que la importancia de esta publicación radica en el hecho de que a un mínimo costo, el público mexicano tendrá acceso a los libros de los antiguos indígenas, cuyos originales se encuentran en su mayoría en museos del extranjero, principalmente de Europa.

"Arqueología mexicana", que en sus 12 años de vida edita por primera vez un número con 112 páginas, ofrece al lector una edición facsimilar de un códice con más de medio milenio de existencia y que habla de la importancia y el papel que jugaban los pochtecas (comerciantes) en la estructura política mesoamericana.

El historiador apuntó finalmente que "México siempre ha sido tierra de libros, lo que nos hace falta son lectores; es necesario conocer la historia, empezando por el presente".

La investigadora y especialista en códices, Ana Rita Valero, resaltó que además de la belleza y lo artístico del documento, que retrata a los diversos patronos de los pochtecas, "el verdadero valor radica en su contenido".

El investigador universitario Salvador Reyes comentó el papel de los pochtecas en la época prehispánica.

En su intervención, Mónica del Villar destacó que a veinte años de haber sido publicado en México, y a 13 de que fue traducido al francés, el Códice Fejérváry-Mayer, cuyo original se conserva en el Museo de Liverpool, en Londres, está por vez primera al alcance de todo el público mexicano, a través de esta edición, acompañada de un estudio de León-Portilla.

Conformado por 44 páginas, el manuscrito original está elaborado sobre cuatro tiras plegadas a modo de biombo, que desdoblado tiene una longitud de 3.85 metros. Los colores utilizados por los tlacuilos o escribanos incluyen el negro, amarillo, blanco, gris, rojo, verde azulado y azul turquesa, entre otros.

Con la intención de poner al alcance de un público amplio el conocimiento de los pueblos antiguos de México, "Arqueología mexicana" presentó su más reciente número especial dedicado al Códice Fejérváry-Mayer, también conocido como "El Tonalámatl de los pochtecas", en una edición que puede considerarse una reproducción facsímil, ya que las imágenes se obtuvieron del libro original.

La presentación se llevó a cabo en el marco de la XXVI Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, con la participación de Miguel León-Portilla, coordinador del proyecto e investigador de este documento prehispánico; Mónica del Villar, directora de "Arqueología mexicana"; y los académicos especialistas en códices, Salvador Reyes y Ana Rita Valero.

Las leyendas de La Carisa

Las leyendas de La Carisa

Foto: Una moneda encontrada en el picu La Bolla, en La Carisa.

La investigación científica del campamento astur-romano pone fin a decenas de fabulaciones sobre su origen.

Por José A. ORDÓÑEZ, Pola de Lena, La Nueva España, 16 de enero de 2005

Un halo legendario y romántico envuelve la historia del monte Curriechos, en el límite geográfico entre Lena y Aller. Hoy, gracias a las investigaciones de Jorge Camino, Yolanda Viniegra y Rogelio Estrada, está confirmado que la cumbre alojó hace más de dos mil años un campamento poblado por los legionarios romanos encargados de someter a las tribus astures. Sin embargo, durante siglos, los restos arqueológicos del enclave animaron variadas y curiosas explicaciones sobre su origen. De fabulosas batallas del tiempo de los árabes, en el caso del pueblo llano, y de diversos episodios relacionados con las guerras astur-romanas, en el de los eruditos.

La investigación más o menos rigurosa en torno a La Carisa comienza a mediados del siglo XIX. Un acontecimiento destacado fue el hallazgo, en 1849, de un casco de bronce con relieves por parte de un vaquero en las inmediaciones de Curriechos. Por esas mismas fechas, en el cercano término de Fuentes, apareció una punta de lanza con una perforación en el mango. Además, en Murias se localizó un centenar de denarios de Augusto y Tiberio. Las pistas estaban encima de la mesa. Comenzaba la labor de los investigadores y, al tiempo, la interpretación legendaria de estos vestigios históricos.

Primero, las leyendas. En sus estudios sobre La Carisa, Camino, Viniegra y Estrada citan a Constantino Cabal, quien, a mediados del pasado siglo, escribe que los más viejos del lugar localizaban en el entorno de La Carisa una antigua batalla en la que habría participado el general Carís. Además, entre las creencias populares más extendidas está la de la fuente del Sepu. Según cuenta Gausón Fernández, la tradición relata que en las Yanas de Curriechos tuvo lugar un cruentísimo choque armado entre los invasores árabes y las tropas cristianas. Los sarracenos sufrieron una estrepitosa derrota en la zona de Buschumoso, con tal número de bajas que de la fuente del Sepu brotó sangre ininterrumpidamente durante dos años. Según la leyenda, los escasos árabes que consiguieron escapar de la matanza fueron atrapados por los cristianos en Pindiella, donde los prendieron («pindiéronlos») de una viga.

Soldados enterrados

Aunque Luis Alfonso de Carvallo en su «Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias» (1695) ya localiza entre los montes de Lena y Quirós el lugar por el que los romanos lograron romper la resistencia de los astures transmontanos, la interpretación más o menos científica de las leyendas y de los restos arqueológicos de época romana de Curriechos se desarrolla a partir de mediados del siglo XIX. Así, en 1858, Caunedo en el «Álbum de un viaje por Asturias» asegura que las tropas imperiales encargadas de conquistar el territorio que hoy es Asturias acamparon en Fierros y La Romía, en el valle de Pajares, y que en Campomanes enterraron a sus numerosas bajas de guerra. De ahí que en esa localidad lenense se hubieran encontrado en el siglo XVII gran cantidad de monedas y lápidas de época romana.

Por su lado, en 1897, Menéndez Pidal localiza en Buschumoso, donde está la fuente del Sepu, el reducto final de las tribus astures y cántabras. Mientras que Tuñón y Quirós, sólo unos años antes, había ubicado en los montes de la zona el «Mons Medullius», escenario en el que los restos de las tribus indígenas, acorraladas por los romanos, decidieron suicidarse con veneno antes que caer en poder del invasor.

Ya en el siglo XX, José Manuel González logra identificar un camino que atraviesa la Cordillera en dirección a Ujo como la vía romana que sirvió para la penetración a las tropas imperiales hacia los valles del centro de la región. El hallazgo de la vía Carisa resultaría fundamental para el estudio de todo el enclave.

Un siglo y medio después de las pioneras interpretaciones de Menéndez Pidal, Caunedo y Tuñón y Quirós, las investigaciones realizadas durante los dos últimos años por Camino, Viniegra y Estrada han conseguido fijar el verdadero origen de los restos arqueológicos que tanto han llamado la atención entre los eruditos. Los arqueólogos de la Consejería de Cultura logran confirmar que el monte Curriechos no albergó edificaciones de defensa astur frente al invasor romano, como se tenía por cierto hasta ahora, sino que, por el contrario, fue el escenario elegido por las tropas imperiales para construir un gran campamento militar de avance hacia la región, que, por cierto, es el situado a mayor altitud de cuantos se conocen en Europa.

Para completar la interpretación del enclave como un gran teatro bélico ligado a las guerras astur-cántabras, los arqueólogos han logrado confirmar que justo enfrente del monte Curriechos, en el pico Homón de Faro, están los restos de la defensa amurallada con la que los astures trataron de impedir el avance romano hacia sus territorios. Sería el enclave defensivo que González quiso ver en el lugar en el que, en realidad, estuvo el campamento imperial.

Las conclusiones de Camino, Viniegra y Estrada cierran un círculo investigador abierto a mediados del siglo XIX y dan explicación científica a las leyendas guerreras que cubren unas cumbres en las que se escribieron los primeros capítulos de la romanización astur.

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Los arqueólogos volverán a La Carisa

El Gobierno regional y Cajastur confirman que apoyarán, este verano, la tercera campaña de investigación en el enclave astur-romano

Por José A. Ordóñez, La Nueva España, 3 de marzo de 2005

La investigación de los restos astur-romanos del entorno de la vía romana de La Carisa, situados justo en el límite entre los concejos de Lena y Aller, continuará este verano. Fuentes de la Obra Social y Cultural de Cajastur confirmaron ayer su firme intención de patrocinar la que será la tercera campaña arqueológica en el enclave. La Dirección General de Cultura del Principado también ha expresado ya su apoyo a unos trabajos que resultarán fundamentales para seguir avanzando en el conocimiento de los inicios de la romanización del territorio que hoy ocupa Asturias.

El enclave arqueológico, que se remonta al siglo I antes de Cristo, está compuesto por tres elementos fundamentales: la vía Carisa, principal camino de acceso de las tropas imperiales hacia la Asturias Transmontana; los restos del campamento romano del monte Curriechos, el situado a mayor altitud de cuantos se conservan en Europa, y los vestigios de la gran muralla defensiva que construyeron los astures en el pico Homón de Faro para cerrar el paso a los legionarios.

Jorge Camino, Yolanda Viniegra y Rogelio Estrada mantienen que todo el conjunto define un claro escenario bélico. Sin embargo, hasta la fecha no han encontrado restos de una gran batalla en la zona. La campaña arqueológica de este año puede arrojar luz sobre esta cuestión, ya que una cosa está más que clara: por mucha resistencia que opusieran las tribus indígenas, los romanos, finalmente, consiguieron superar sus barreras.

Una posibilidad que está tomando cuerpo, aunque aún no se ha probado totalmente, es que la muralla astur del Homón de Faro formase parte de un entramado defensivo más amplio, a través de la disposición de empalizadas en los principales pasos de acceso a la región desde la Meseta. Todo hace indicar que el puerto de La Mesa guarda los restos de una construcción de esta naturaleza.

Mientras se ultiman los trámites para la tercera campaña de excavaciones arqueológicas en el pico Homón de Faro y en el monte Curriechos, ya se encuentra en la imprenta la publicación en la que Camino, Viniegra y Estrada resumen los resultados de la investigación desarrollada durante los dos últimos años en la zona. El volumen, que, en principio, estará en la calle en abril, se completa con varias colaboraciones de expertos.

Además, para la difusión de los importantísimos vestigios arqueológicos astur-romanos, los ayuntamientos de Lena y Aller ya trabajan en sendos proyectos para la apertura de dos centros de interpretación, uno en cada concejo. Los alleranos se centrarán en los aspectos naturales de la zona y en las rutas de senderismo ligadas a La Carisa. Ya disponen de un anteproyecto bastante avanzado de los contenidos del aula, que se ubicará en Nembra.

Los trámites en Lena marchan más lentos, ya que la intención del Consistorio es ubicar el centro de interpretación en la torre del palacio de Carabanzo, una valiosa construcción barroca que se encuentra en un avanzado estado de deterioro, hasta el punto de que, según los expertos, amenaza con venirse abajo. El Pleno municipal aprobó hace sólo unos días facultar al equipo de gobierno para que solicite formalmente a la Consejería de Cultura una actuación urgente en la edificación.

El aula de interpretación de la torre barroca de Carabanzo se completará con otro espacio expositivo en las antiguas escuelas de la localidad, y además también está en proyecto la posibilidad de abrir un albergue en el centro social.

Conjunto arqueológico de Bilbilis (Calatayud – Zaragoza)

Conjunto arqueológico de Bilbilis (Calatayud – Zaragoza)

Por Manuel Martín-Bueno y J. Carlos Sáenz Preciado

La vinculación del MVNICIPIVM AVGVSTA BILBILIS1 con la actual Calatayud es correcta con matices, ya que el despoblado bilbilitano se encuentra a orillas del río Jalón, aguas abajo de la actual Calatayud, a unos cinco kilómetros de distancia por la carretera de Calatayud a Soria. A sus pies se levanta Huérmeda, barrio pedáneo de Calatayud, algunas de cuyas casas se construyeron con piedra procedente de Bilbilis.

Bilbilis se ubica en la zona crítica del límite de fosilización terciaria. Se trata de un terreno paleozoico pizarroso formado por materiales que se exfolian fácilmente, situado en el extremo de la fosa de Calatayud caracterizada por la presencia de formaciones de calizas, margas y yesos. En la comarca aparecen esporádicamente algunos conglomerados oligocenos, siendo el color rojizo que presenta el terreno una consecuencia de los óxidos férreos que acompañan a las pizarras.

El emplazamiento de la ciudad es singular, al dominarse desde las cumbres de Bámbola un amplio territorium al presentar una elevación media de unos 200 m. sobre el nivel del río Jalón, encontrándose casi completamente rodeado por dos de los ríos, el ya mencionado Jalón, sin el que Bilbilis no sería la misma, y el río Ribota en su confluencia con el anterior, precisamente a los pies de la ciudad por su lado norte.

Desde lejos la ciudad debió tener un aspecto imponente y a la vez pintoresco, encaramándose en la ladera de Bámbola, con sus tres cumbres, la propia Bámbola (709 m.), San Paterno (701 m.), en recuerdo del obispo bilbilitano, y Santa Bárbara (629 m.) en la que también existió una ermita instalada en los criptopórticos de la fachada sur del foro, que pervivió hasta comienzos de este siglo, aunque ya como un corral.

La contextura geográfica del terreno presenta las dos máximas alturas que acabamos de mencionar en la zona norte, desde donde el terreno desciende hacia una llanura interior central, hoy muy colmatada por el arrastre erosivo, a la que el Conde de Samitier denominó como «Campo de los camafeos» ante el elevado número de ellos que aparecían en el lugar durante las labores agrícolas. Desde esta zona el terreno presenta la peculiaridad de configurarse a modo de dos espolones, uno el que origina la cima de San Paterno en la parte oriental y el otro en la zona central denominada como Santa Bárbara.

Ambos puntos, Santa Bárbara y San Paterno, también aquí con una ermita al santo, instalada en una sólida y maciza cisterna romana, pone en manifiesto esa inveterada costumbre cristiana de santificar los lugares paganos con advocaciones religiosas de sustitución. En este caso Santa Bárbara en el foro y San Paterno vigilante desde sus encumbrados riscos del camino del Jalón que discurría a sus pies y centinela de los vecinos y tierras de Huérmeda a cuya vista queda de forma permanente y a cuya protección se acogen.

La parte norte y este forma una vertiente escarpada de caída vertical hasta el nivel del río Jalón haciéndolo inexpugnable ante lo infranqueable de su configuración rocosa. Por el sur hallamos el ya mencionado Barranco de los Sillares, cuya denominación deriva de la abundancia de elementos constructivos acumulados en el lugar fruto de la fuerte erosión sufrida en la zona. Tampoco hay que descartar que su nombre esté relacionado con el camino utilizado por los extractores de piedra en la Edad Media.

Finalmente la zona oeste presenta un relieve más suave en dirección descendente hacia los montes vecinos desde los que se accedía a la vega en la que las prospecciones arqueológicas han hallado diversas villas y asentamientos menores romanos.

La configuración montañosa de la zona ha sufrido serias modificaciones al presentar las laderas profundos aterrazamientos agrícolas en época moderna. Debido a la acción erosiva de los diversos agentes, no sólo atmosféricos, sino también humanos, se ha originado una potente acumulación de tierra en la parte más baja del terreno, tal es el caso de la parte central, dificultan notablemente las tareas de excavación, al localizarse las estructuras bajo varios metros de sedimentos.

El estado actual del terreno presenta un aspecto agreste que se impone dominando toda la zona media del Valle del Jalón, controlando el paso natural entre la Meseta y el Valle del Ebro. Aspecto actual que no debe diferenciarse mucho del que conoció Marcial y que le llevó a calificarlo como «acri monte».

La ciudad ocupaba aproximadamente una extensión de 30 hectáreas, correspondiendo por lo tanto con una ciudad de tamaño medio de carácter provincial, aunque no todo el solar debió estar edificado por lo escarpado de algunas zonas que imposibilita la edificación. Pero esa imagen pintoresca de las casas encaramadas sobre la montaña debió sin duda alguna ser superado por la admiración que despertaría su monumentalidad, y es que la ciudad estaba diseñada para ello, al menos desde que Augusto, quien decidiera promocionar las ciudades hispanas y nuestra Bilbilis entre ellas.

La ciudad contaría con dos únicos accesos ya que la orografía no permite más, el principal que arrancaría desde las proximidades del actual cementerio de Calatayud cuyo trazado final se corresponde con el actual acceso al yacimiento y un segundo camino que transcurriría por el denominado Barranco de los Sillares. Los accesos se verían favorecidos por un puente mediante el que se atravesaría el río Jalón del que en la actualidad no queda resto alguno, tal vez situado en las proximidades de Torre de Anchis, de cuya existencia no hay que dudar, ya que no tendría sentido que una ciudad ubicada entre otras razones en función de su localización estratégica con respecto a las tierras circundantes, se viera mediatizada en su acceso por la falta de un puente sobre el Jalón.

Nos encontramos por lo tanto con una pequeña ciudad provincial que alcanzó un aceptable desarrollo y nivel de vida, en torno a la que se jerarquizaba todo un amplio territorio, dependiendo a su vez de la capital del conventus, Caesaruaugusta. El desarrollo de la ciudad estuvo vinculado al control que ejercía sobre los accesos a la Meseta por la vía del Jalón, y viceversa, convirtiéndola en un centro económico de primer orden.

Las fuentes clásicas

Las fuentes clásicas que la mencionan son ciertamente escasas y poco extensas, si exceptuamos las referencias que a ella realiza Marco Valerio Marcial que, como oriundo de Bilbilis, le presta mayor atención. Estrabón en Geografía (III,4, 12-13) tomadas en parte de Posidonio, Plinio el Viejo, en su Naturalis Historia (I, 34, 14; III, 3, 4) y Ptolomeo (Geografía, II, 6, 33) tienden a presentar reiteraciones de los tópicos clásicos en los que se alude a su pertenencia a la región de la Celtiberia, tribu, riquezas y poderío en armas y caballos, propiedades del agua, status jurídico, fisonomía de la ciudad, etc.

A finales del s. IV contamos con los pasajes de la correspondencia que mantuvieron entre los años 390-394, Ausonio y Paulino de Nola en la que se encontraron una serie de menciones de la ciudad. En esta correspondencia Ausonio (Ep., 29, 50-61) (Carm., X, 223-4) se queja a su amigo Paulino, que vive en Hispania, de no recibir noticias suyas, acusándole de vivir en un país inhóspito, árido y desolador. Refiriéndose a Bilbilis como, después de destinar otros calificativos a Calagurris e Ilerda, «ergo meum patriaeque decus columenque senati Bilbilis» y «Bilbilim acutis pendentem scopulis». Posteriormente, Paulino se defiende de las acusaciones de su amigo apareciendo citada Bilbilis como Birbilis.

De cualquier manera, será gracias a Marcial a quien debemos el mayor número de referencias conocidas sobre Birbilis, principalmente descripciones detalladas de la ciudad y de su región, así como de la celtiberia y de la toponimia de la zona. A través de sus obras podemos reconstruir la fisonomía particular de la ciudad, menciones como «Altam Bilbilim», «pendula quod patriae visere tecta libet...», o referencia a la fama de sus armas y caballos «equis et armis nobilem», a sus fuentes o manantiales «decerna placabit sitium et Nutha», junto a diversos comentarios dedicados a las ferrerías, a las auríferas aguas del Jalón e incluso a la situación jurídica de la ciudad «Municipes Augusta... Bilbilis acri Monte creat», las que en cierto modo nos permiten imaginarnos el aspecto que tuvo la ciudad (Epigramas, I, 49; IV, 40 y 41; X, 20, 96, 103, 104; XII, 3, 18, 21).

Finalmente Justino (XLV, 3, 8) y San Isidoro (Ethymologiae, XVI, XX-XXI) retomando las fuentes antiguas, cierran las menciones clásicas de la ciudad, sin bien la última reseña que conocemos referida a Bilbilis se encuentra en el Anónimo de Rávena del s. VII, mencionándose junto a otras ciudades como Nertobriga, Arcobriga, Cesada y Areucia, todas ellas relacionadas con la vía romana.

El Itinerario Antonino cita a Bilbilis como la III mansión de la vía Caesaraugusta-Emerita y la V de la vía que desde Tarraco seguiría el camino Ilerda-Caesaraugusta-Nertobriga-Bilbilis. En la ruta Alio Itinera ab Emerita Caesaraugusta (It.Ant. 436, 1-438, 1) que cruzando toda la meseta aparece como la mansión XII de la vía Emerita-Toletum-Caesaraugusta; XVII de la vía Emerita-Fuenllana-Caesaraugusta; XIV de la vía Asturica-Caesaraugusta y XXVI de la vía Emerita-Caesaraugusta.

Historiografía e historia de las excavaciones

No cabe la menor duda de que la mención de Bilbilis en las fuentes clásicas y sobre todo el hecho de ser la cuna de Marcial sirvió de inspiración desde antiguo a gran número de escritores que como Escuelas (1661), Pérez de Nueros (17??), Cos y Eyaralar (1845) o viajeros de paso como Labaña (1611) entre otros, dedicaron, con mayor o menor fortuna, parte de su obra a esta ciudad.

La proximidad de Calatayud estableció entre ambas ciudades una estrecha relación, motivando que cualquier historia o referencia a esta ciudad de fundación árabe, siempre estuviese iniciada con alguna mención sobre la antigua Bilbilis, remontándose la primera referencia escrita de época moderna a 1575, cuando Ambrosio de Morales publica Las antigüedades de las ciudades de España. Posteriormente Martínez de Villar (1598) realiza un tratado local de las antigüedades y varones ilustres de la zona: Tratado del patronato, antigüedades, gobierno y varones ilustres de la ciudad y comunidad de Calatayud y su arcedianado.

Con el paso del tiempo, el nacimiento del coleccionismo, como un intento de rescatar el mundo clásico que tan insistentemente era buscado por el hombre humanista de la época, motivará la aparición de las primeras colecciones, de ahí que Bilbilis no pudiera permanecer ajena a este rescate material del pasado. Es entonces cuando los jesuitas García y Gasca durante su estancia en Calatayud entre 1750-1765, realizaron excavaciones en la zona. La creación de una colección, perdida tras la expulsión de la Orden, con materiales, inscripciones y monedas recogidas parecen indicar que sí, aunque no han quedado ni menciones, ni rastros de su actuación.

Las primeras noticias que tenemos con toda seguridad de una «excavación» se remontan a D. Carlos Ram de Viu, Conde de Samitier, que entre 1900-1910 realizó una serie de trabajos en puntos indeterminados de Bilbilis. Fruto de ello y de otras muchas excavaciones realizadas en la comarca, nació una colección privada muy mermada por el paso del tiempo que tras su muerte, y después de una serie de vicisitudes negativas, una mínima parte se integraría en el Museo Municipal de Calatayud, mientras el resto sería diseminada por sus herederos, llegando finalmente un pequeño lote al Museo Provincial de Zaragoza.

Si bien los resultado de las excavaciones del Conde de Samitier fueron más bien escasos, de particular relevancia fueron los sondeos efectuados por Narciso Sentenach en 1917. Pese a que estos trabajos fueron muy limitados en su duración, se pudo determinar la zona de Santa Bárbara como el lugar de ubicación del templo. Igualmente se excavó en la zona del teatro y en otros sectores de la ciudad, muralla y accesos, lo que le permitió establecer una serie de descripciones, algunas de ellas algo fantasiosas, de la organización de la ciudad, plasmadas posteriormente en un plano con grandes imprecisiones a la hora de ubicar en el terreno los principales edificios de la ciudad, así como el trazado de sus murallas.

A lo largo de 1933, Adolfo Schulten, junto al general Lammerer, efectuaron una serie de exploraciones, tal vez pequeños sondeos, de los que no quedó constancia, limitándose a una interpretación visual de los restos que afloraban por todo el yacimiento y a la repetición de los tópicos ya conocidos, mencionando un plano hoy perdido, sin que nos haya quedado documentación de las estructuras por él excavadas. Buena parte del tiempo que estuvo en la comarca, lo dedicó a la recogida de materiales arqueológicos, destacando los numismáticos, hoy en paradero desconocido.

Con posterioridad a las excavaciones de Schulten no se tiene noticia de ninguna otra intervención arqueológica en Bilbilis. Tan sólo se recogen comentarios de apariciones de objetos aislados durante las labores agrícolas que fueron a incrementar las colecciones de los eruditos locales de la época, poseedores de colecciones privadas, la mayor parte de ellas desaparecidas.

No podemos finalizar este apartado sin referirnos a los trabajos de J. M. López Landa, M. Rubio y M. Dolç, que de una u otra manera tocaron diversos aspectos de la ciudad, o en su caso estudiaron y se refirieron a Marcial.

La fase moderna de las excavaciones comenzó en 1971 con los trabajos de Manuel Martín-Bueno, que fueron precedidos por una campaña sistemáticas de prospecciones iniciadas en 1965. Los trabajos han perdurado de casi sin interrupción hasta hoy en día, pudiéndose establecer tres fases o épocas de trabajo según el tipo de investigación realizada.

- Primera fase (1971-1975). Tenía como objeto determinar, mediante una amplia serie de sondeos, la situación del foro, así como delimitar en todo lo posible el mayor número de estructuras publicas y privadas, al igual que su estado de conservación. En estos primeros sondeos se localizaron y delimitaron las excavaciones y sondeos realizados por N. Sentenach y A. Schulten a principios del presente siglo.

- Segunda fase (1976-1989). Se puso al descubierto la práctica totalidad de la zona monumental del foro y zona oriental del teatro, un conjunto termal, ninfeo, varias estructuras privadas, realizándose paralelamente una importante labor de consolidación y posterior cubrimiento de alguno de los edificios.

- Tercera fase (1996-2004). Los trabajos se están centraron en los sectores urbanos de carácter privado de la ciudad, poniendo al descubierto varias insulas en las proximidades de las termas. De la misma manera, en el 2002 se inició la excavación de un gran edificio público, dispuesto en sucesivas terrazas, de difícil identificación hasta el momento.

Bibliografía Historiográfica

1575: Ambrosio de Morales. Las antigüedades de las ciudades de España. Alcalá de Henares (Madrid).
1598: M. Martínez del Villar. Tratado del patronato, antigüedades, gobierno y varones ilustres de la ciudad y comunidad de Calatayud y su arcedianado. Zaragoza.
1611: Juan Bautista Labaña. Itinerario del Reino de Aragón. Zaragoza. (Pub. en 1895).
1615: Lope Vazquez de Figueroa. Bilbilis Ejus Descriptio (manuscrito).
1645: V. J. de Lastanossa. Museo de medallas desconocidas españolas. Huesca.
1650?: Baltasar Gómez de Cádiz. Antigua y nueva Bílbilis cabeza de la Celtiberia, principio de la primera restauración de España.
1661: Fray Jerónimo Escuela. Elogium bilbilitanorum.
1799/1700: J. Miguel Pérez Nueros. Historia, antigüedad y grandeza de la muy Noble Augusta ciudad de Bílbilis en lo antiguo y en lo moderno la Fiel y Leal ciudad de Calatayud. (manuscrito).
1750?: M. Monterde. Obra perdida. Es conocida por citas de terceros autores.
1791/1792: J. Traggia. Aparato a la Historia eclesiástica del Reino de Aragón. Madrid.
1832: Juan A. Cea Bermúdez. Sumario de las antigüedades romanas que hay en España. Madrid.
1845: Mariano Cos y Felipe de Erayalar. Glorias de Calatayud y su antiguo partido. Zaragoza.
1869: A. Hübner. Corpus Inscriptionum Latinarum. Vol. II, Berlín.
1876: Delgado A. Nuevo método de clasificación de las medallas autónomas de España. Sevilla.
1880-1883: Vicente de La Fuente Historia de la siempre augusta y fidelísima ciudad de Calatayud, Zaragoza.
1897-1898: Aemilius Hübner Supllementun C.I.L. II, en Eph., Ep., VIII-IX, Berlín.
1896: José María López Landa. Cerámica en Bilbilis. Juegos Florales de Calatayud, (Sin Publicar).
1907: Carlos Ran de Viu. «Troballes del Comte de Samitier a Calatayud», A.I.E.C. Barcelona.
1918: Narciso Sentenach. «Excavaciones en Bílbilis en 1917», M.J.S.E.A. n.º 3. Madrid.
1924/1925: Antonio Vives Escudero. La moneda hispánica. Madrid.
1934: Adolfo Schulten. Bilbilis la patria de Marcial. Zaragoza.
1946: José Galiay Sarañana. La romanización en Aragón. Zaragoza.
1946: Jose María López Landa. Bílbilis y sus amigos. Zaragoza.
1947: Jose María López Landa. Historia sucinta de Calatayud. I Edad Antigua. Zaragoza.
1948?: H. Doisy. Etude sur la cité romaine de Bilbilis. (Inédita).
1952: Mariano Rubio Vergara. Calatayud, historia, arte y costumbre. Zaragoza.
1953: Miguel Dolç. Hispania y Marcial. Barcelona.
1954: Miguel Dolç. «El nombre de Bílbilis». P.S.A.N.A., 5. Zaragoza.
1954: Miguel Dolç. «Semblanza arqueológica de Bílbilis», A.E.A. 27. Madrid.
1954: Mariano Rubio Vergara. «La arquitectura en Bílbilis», Caesaraugusta, 4. Zaragoza.
1968: Germán López Sampredro. «Para la carta arqueológica del término municipal de Calatayud», Caesaraugusta, 31-32. Zaragoza.
1975: Manuel Martín-Bueno. Bilbilis Estudio Histórico-Arqueológico. Zaragoza.

Historia de la ciudad

De la primitiva ciudad indígena sabemos muy poco. Nacida como heredera de una ciudad indígena, Bilbilis era capital de los lusones aunque la escasez de restos de la ciudad anterior bajo el suelo del mvnicipivm augusteo ha hecho dudar de la continuación de emplazamiento o pensar en una transdvctio por el momento difícilmente demostrable.

Conocemos de forma vaga que el emplazamiento indígena existente en el lugar, hoy muy transformado y alterado por las obras posteriores de época augustea, debió situarse en las alturas del cerro de Bámbola y parte del de San Paterno, como parece desprenderse de los materiales preaugusteos aparecidos en los niveles inferiores de la muralla, extendiéndose parte del primitivo asentamiento por la zona central de la ciudad romana, transformada totalmente después de constituirse como municipio romano tras la reforma augustea, teoría que parece confirmarse con la aparición de estructuras fechadas en los siglos II y I a. C. bajo las domus excavadas en el denominado Barrio de las Termas.

Hemos de considerar que la ciudad ya tenía desde antiguo una larga tradición de contacto con Roma por haber sido testigo y partícipe primero de las Guerras Celtibéricas, momento en el que debió de caer bajo la influencia romana, convirtiéndose en punto de apoyo para la toma de Numancia en el 133 a. C. y posteriormente de las Guerras Sertorianas, al mencionar las fuentes antiguas su toma por Sertorio en torno al 77 a. C. por lo que se puede intuir que en esos momentos era una ciudad «adicta» a la administración oficial. Posteriormente, las mismas fuentes mencionan cómo en sus inmediaciones entablaron combate Sertorio y Metelo en el 74 a. C. siendo derrotado el primero, lo que supuso la «normalización» de la zona según Apicio.

Este precoz contacto con Roma debió facilitar notablemente la gradual adaptación a las costumbres, cultura y elementos materiales del mundo romano, lo que posibilitó que se viese como algo normal la gran reforma urbana realizada en la primera mitad del s. I d. C., fruto de la cual son el foro y el teatro y que supuso que la ciudad alcanzase su máximo esplendor, manteniéndose cierto vigor a lo largo de todo el siglo tras retomarse las reformas, o finalizar las anteriores, en época flavia, tanto en los edificios públicos como en los privados.

Durante el s. II d. C., las sucesivas excavaciones realizadas han permitido constatar como se mantiene el auge de la ciudad, especialmente en su primera mitad, en la que se han documentado diversas obras en época de Trajano. A finales de siglo se aprecia un cierto decaimiento que se acentuará notablemente en el s. III, sin que se pueda explicar este hecho por la llegada de algún núcleo invasor, ya que hasta el momento, en ninguno de los sectores excavados de la ciudad, se ha constatado una destrucción violenta de la ciudad, por lo que nos encontramos más bien en un abandono gradual y pacífico condicionado por la crisis económica y social generalizada en la Península.

Actualmente las excavaciones no han podido resolver el problema de la ciudad en época tardía, aunque parece mantenerse cierto poblamiento residual durante los siglos IV-V, como parece atestiguado por el intercambio de correspondencia entre Ausonio y Paulino de Nola, así como por la presencia de un pequeño lote de sigillatas tardías. Esta población tardía parece concentrarse en torno al foro y el teatro, compartimentando y amortizando sus estructuras.

Posteriormente hay un abandono generalizado de la ciudad hasta que en un momento impreciso de la Edad Media, s. XII o s. XIII se produce un limitada reocupación del solar, según lo atestigua la necrópolis medieval excavada en la zona baja del oro, sin que ésta alcanzase gran importancia.

Posteriormente la ciudad, desde el s. XVI, se convierte en una gran cantera de extracción de material para la pujante Calatayud. Se desmontaron sus edificios más monumentales como el foro y el teatro, levantándose con su piedra la Iglesia de San Juan el Real, El Seminario de Nobles, El Colegio de los Jesuitas, etc. incluso en 1877 su piedra sirvió para la construcción de la actual plaza de toros.

Bilbilis. Una ciudad romana en el Jalón

Bilbilis como otras tantas ciudades provincianas es un centro comarcal indiscutible de la vida política, administrativa, económica y social desde que adquiere ese carácter en época de Augusto. Es la meca social y cultural, un lugar adecuado para desarrollar determinadas actividades que estaban vedadas por su propia configuración a los núcleos indígenas no urbanizados, progresando con rapidez respecto al resto de ciudades del entorno.

El Municipium Augusta Bilbilis tal vez sea uno de los más representativos por varias razones. Por un lado, es un núcleo antiguo con densa historia, y, por otro, había alcanzado unas cotas de transformación urbana muy altas en poco tiempo, no sin sufrir al mismo tiempo las consecuencias de un crecimiento quizás excesivo para su propia capacidad de desarrollo económico.

La urbanizacion de la ciudad

Las calles

El trazado de las calles y espacios urbanos bilbilitanos, estaba condicionado por la propia orografía del terreno y por la distribución interna que se hizo de espacios monumentales públicos y espacios privados.

La parte central de la ciudad quedó reservada para el conjunto monumental principal, el foro y el teatro. Hacia este lugar convergían los dos caminos principales de acceso que partían de las puertas que se abrieron en sus murallas, una en la parte baja de la ciudad flanqueada por sendas torres que se ubicaba junto a la vega del río Jalón, conducía por una calle empinada, que dejaba a ambos lados ricas domus y un templo de orden jónico. La otra venía por el enlace desde la vía principal y tras remontar mediante curvas y pendientes desde el río, alcanzaba en llano a la puerta próxima al teatro, también flanqueada por torres, facilitando así la llegada a los espectáculos de los vecinos de localidades comarcanas y a los habitantes de las villas que sin duda rodeaban la ciudad.

En el interior de la misma las calles respondían a un trazado regulador y en la compleja distribución en terrazas todavía pueden apreciarse aquellas que servían para acomodar viviendas y aquellas otras que constituían vías de tránsito. Al ser frecuentes las cuestas, la comunicación entre terrazas se realizaba mediante rampas útiles al tránsito de personas y vehículos mediante un trazado serpenteante adaptado a la ladera de los cerros. Éstas serían las vías principales en el interior de la ciudad, dispuestas por tanto de acuerdo con la propia disposición natural, mientras que otras calles perpendiculares a éstas conformaban las manzanas de viviendas, permitiendo aislarlas y comunicar calles paralelas generalmente situadas a diferente cota o altitud. Estas calles perpendiculares a las anteriores serían utilizadas preferentemente por peatones dada su mayor pendiente, facilitando este tránsito por medio de algunas escaleras a ambos lados de las mismas, según hemos documentado en el barrio de las termas o Insula I.

La anchura de los viales variaba según su importancia, pero, debido a la complicada orografía, es previsible que sólo los principales permitiesen el cruce de vehículos en dirección opuesta. En algunos casos se hallaban pavimentadas con grandes losas irregulares de piedra caliza, como la descubierta en la parte central de la ciudad (Sector C. II) posiblemente el cardo máximo que uniría la zona de las termas con la del foro, o como la rampa de acceso al foro, ambas actualmente tapadas para posibilitar su conservación.

Otras calles tienen la roca firme por solera, como la que recorre la zona superior del Barrio de las Termas, mientras las más sencillas son de tierra apisonada mezclada con piedra machacada, igualmente resistente en su momento, pero muy degradas en la actualidad. Se han documentado piedras pasaderas en algunas calles, para comodidad de los viandantes más que por problemas de lluvias que en Bilbilis debían evacuarse con gran facilidad dadas las pendientes acusadas en toda la ciudad.

En el caso de las escalinatas, éstas generalmente fueron de bloques de yeso bandeado de fácil talla, lo que generó un gran desgaste de uso y que, en la mayoría de los casos, se desmontaron para reutilizar sus escalones en otras construcciones, como se pudo apreciar en la descubierta en las proximidades de las termas con cuyos escalones se llegó a tapiar la calle previsiblemente en el s. III, coincidiendo con la transformación de este edificio en viviendas y almacenes.

El foro

La ciudad como consecuencia de su nueva condición jurídica acomete una gran obra de modificación estructural que va a convertir aquel núcleo provinciano en un fiel exponente de las nuevas ideas que trae la administración romana.

El foro bilbilitano se edifica arrasando una zona de viviendas de época cesariana, y tal vez otros monumentos anteriores, de las que se hallaron restos de estructuras, materiales varios y restos pictóricos. Se planifica de una sola vez la construcción de un gran centro monumental compuesto por forvm con plaza (48,64 m. de longitud por 44,88 m. de anchura, incluyendo en estas dimensiones sus pórticos laterales), templo dominándola y dos pórticos, convirtiéndose uno de los lados del pórtico en basílica. En el opuesto un gran basamento al final del pórtico puede suponer la existencia de una curia. La comunicación de la plaza con el templo, seguramente exástilo, se realiza mediante una monumental escalera que salva el pórtico inferior sobre la misma plaza.

Como elementos complementa-rios basas de estatuas, seguramente de la familia imperial por los retratos, inscripciones; una de culto imperial conmemorativa de la construcción del foro y su posible finalización en época de Tiberio, financiado al menos parcialmente por L. AEMILIVS, evergeta conocio a través de la inscripción en placa de mármol recuperada en 1980 en una zona próxima a la escalinata de acceso al templo del foro, con el que hay que ponerla en relación, en uno de cuyos laterales pudo estar expuesta.

El hallazgo de cospeles sin acuñar induce a localizar la ceca en el mismo foro en uno de sus laterales. No conviene olvidar que la ciudad acuña una importante cantidad de monedas en los reinados de Augusto, Tiberio y Calígula que sirve para promocionar su condición municipal al mismo tiempo que para abastecer el circuito económico creado con la eclosión ciudadana y para subvenir a las necesidades económicas de la zona.

La moneda de Bilbilis, junto con la propiamente imperial, será un vehículo económico de primer orden difundiéndose, a través de los numerosos hallazgos estudiados, por buena parte del imperio. Monedas con la característica corona cívica en el reverso, junto con los nombres de sus magistrados municipales, son los rasgos más claros de esta nueva condición ciudadana. Con anterioridad la ciudad había acuñado moneda en época indígena con el típico jinete celtibérico y otras de periodo premunicipal con la leyenda BILBILIS-ITALICA que hace referencia clara a los inmigrantes itálicos asentados desde hacía varias décadas.

El emplazamiento y monumentalidad del foro, algo desproporcionado y alejado de los cánones vitruvianos, parece responder a algo más. Bilbilis deseaba, y sus ciudadanos con ella, alcanzar una promoción importante, darse a conocer a la comarca, ser vista por las gentes que transitaban por la via Augusta Emerita. Para ello la planificación de su edificación fue cuidadosamente estudiada, los volúmenes, la implantación sobre el terreno, sus dimensiones y riqueza, la distribución de sus elementos. Todo ello proclama al unísono su filiación romana decidida, su reflejo de lo que hay más allá, la capital del conventus, de la provincia y la propia Roma de la que sienten verdaderamente partícipes con todas sus energías y con el apoyo de la economía de sus elites locales que apoyaron la empresa con decisión.

Los más costosos mármoles se adquieren para su decoración, las estatuas ornamentan sus pórticos y plaza y la monumentalidad surge por doquier. La actividad política y económica rivaliza con la actividad social de unos lugareños y unos inmigrantes itálicos que han sabido hacer de aquel pequeño municipio un emporio de vida a la romana y de una riqueza que será efímera, aunque entonces no sean conscientes de ello.

El teatro

El teatro forma un todo único con el foro al que está vinculado por una serie de pórticos y pasillos de comunicación. Se hace evidente que el arquitecto diseñó el conjunto de forma unitaria pensando en dotar a la ciudad de un gran complejo central que presidiera todas las actividades ciudadanas. La teatralidad arquitectónica, la escenografía que se consigue con ambos monumentos, está muy acorde con la finalidad propagandística que perseguía.

Por otra parte, el teatro bilbilitano hay que concebirlo como un edificio de espectáculos con carácter comarcal, ya que su capacidad, cercana a los 4.500 espectadores, excede con mucho las necesidades de la pequeña ciudad calculada en unos 3.000 ó 3.500 habitantes.

El teatro bilbilitano, de grandes proporciones, edificado en dos fases, una de ellas de forma inmediata al comienzo de construcción del foro, presenta una escena de dos pisos con capiteles corintios en ambos, y tres valvae. Su posición aprovechando una vaguada, permite apoyar directamente su graderío en el terreno natural lo que facilita su construcción y explica sus dimensiones poco canónicas de 210º de desarrollo al tener que adaptarlo a los pórticos occidentales del foro, siendo su diámetro orquestal de 20 m., con un diámetro de cavea de algo mas de 73 m. que se ampliará hasta los 78 m. si incluimos el desarrollo exterior de la crypta hasta su fachada exterior conocida en gran parte por las excavaciones más recientes.

La existencia de un sacellum en la parte superior central de la summa cavea le confiere un valor añadido importante, siendo sus dimensiones de 11'5 m. por 7'5 m. con una peristasis de seis columnas en los lados largos y de cuatro en los cortos. Esta edificación sigue el modelo del teatro de Pompeyo en Roma. La aparición de restos de escultura atribuidos a Livia, permiten pensar en un repertorio iconográfico vinculado a la dinastía julio-claudia, por lo menos dedicado al culto imperial de esta emperatriz, del que conocemos otros casos como los de Leptis Magna (Libia) o Herculano.

Las termas

Las termas bilbilitanas son otro de los elementos de atracción de la ciudad. En la actualidad cubiertas de las inclemencias del tiempo por una cubierta de estructura metálica y techo de plástico transparente, se presentan con toda rotundidad en la parte media alta de la ciudad. Asentadas en una ladera y rodeadas por varias cisternas que las abastecían de agua, junto con los canales de desagüe, las vulgares cloacas, con las que estaban dotadas, conservan la totalidad de sus estancias principales.

Este conjunto, también de época imperial temprana, tuvo al menos tres fases de utilización. Las dos primeras dentro del siglo I d. C. al quedar pronto insuficiente la edificación original. Ello originó que las estancias se ampliasen en espacio y que se debiera modificar el recorrido y parte de las instalaciones de calefacción y agua caliente. Estaban decoradas con conjuntos pictóricos de gran calidad, realizados como sabemos por un equipo de pictores itálicos que recorrieron varios lugares del Valle del Ebro, Bilbilis, Arcóbriga, etc. para luego pasar a la Meseta, dejando huella de su paso en conjuntos excelentes, de los que destacan los de Bilbilis tanto por la variedad de sus composiciones como por los materiales empleados.

Las salas de estas termas con su abastecimiento de agua y calefacción, sus lugares para dejar la ropa y las pertenencias personales, las piscinas de agua caliente y fría, una schola labrum junto al caldarium, letrinas y otras dependencias, nos dejan traslucir las comodidades con que los provinciales supieron dotar de inmediato a sus localidades, así como la capacidad económica para llevar a cabo el esfuerzo.

Las viviendas

Las casas bilbilitanas se encaraman en un escenario natural sin parangón. La topografía del terreno parece hecha a medida de la ciudad. Las dificultades con que sin duda se encontraron los bilbilitanos se resolvieron con la pragmática eficacia de la ingeniería y la arquitectura romana. Terrazas que configuran el terreno con arreglo a las necesidades impuestas por la planificación urbana, soportan las construcciones públicas y privadas. La comunicación entre ellas mediante calles empinadas, rampas o escaleras en los puntos necesarios. Todo ello da una planificación pintoresca y de cierto abigarramiento que contrasta con las ciudades reticulares clásicas, no obstante no nos engañemos. Estamos ante una ciudad a la romana, con sus espacios hábilmente distribuidos, con sus servicios, abastecimiento de aguas, cloacas, murallas, plazas, fuentes, edificios públicos y privados. Una gran urbe en pequeño para servir de espejo a unos ciudadanos que desean fervientemente ser romanos.

Las viviendas son de una tipología variada. Las hay clásicas siguiendo la tradición de la casa helenística con patio, tal es el caso de las excavadas en la zona central de la ciudad (Casa del Ninfeo, C.II) y las hay más simples, como consecuencia de su adaptación al terreno (Casa de las Escalaras, Casa de la Fortuna). No son infrecuentes las viviendas escalonadas, aprovechando los desniveles de terrazas contiguas, así como las viviendas con huertos en las que se cultivarían parte de las hortalizas y frutas necesarias para el consumo propio y una reducida comercialización.

El conjunto más completo de cuantos se pueden encontrar en Bilbilis es el correspondiente al denominado Barrio de las Termas, en vías de excavación desde 1996. Corresponde a una insula de cuatro domus en disposición en terrazas con un frente de tabernas en la zona inferior, identificándose una de ellas como una popina. Las domus presentan planta itálica con atrio, destacando la riqueza de los conjuntos pictóricos recuperados en el transcurso de las excavaciones.

Las dependencias artesanales se situaban en las cercanías del foro, a espaldas de éste, habiéndose documentado la producción de algunos elementos como piezas metálicas, vidrios, textiles, etc. junto con otros que citan las fuentes y que tendrían su punto de producción o comercialización en la propia ciudad, habiéndose localizado en las últimas campaña de excavación moldes de lucernas que amplían el carácter productivo de la ciudad.

En las inmediaciones de la Bilbilis se ubicarían las explotaciones agrícolas a las orillas del Jalón y Ribota, mencionadas por los clásicos y especialmente por su ciudadano de excepción Marcial, cuyos últimos años pasó en la tranquilidad de aquella vega fértil y abundante de su ciudad no sin quejarse del exceso de calma que sufría una mente ágil acostumbrada a los tráfagos y emociones de la vida capitalina.

Las murallas

El trazado y aspecto de las murallas que pueden contemplarse actualmente debió iniciarse con antelación a la presencia romana, hacia el s. II a. C., con menos ambiciones monumentales, pero con la clara intencionalidad de albergar gentes y propiedades, recorriendo la práctica totalidad del cerro Bámbola, si bien su parte oriental sería desmontada en época de Augusto ante el crecimiento y desarrollo de la nueva ciudad.

Un recinto amurallado de la extensión del que alcanzó el de Bilbilis que llegó a encerrar unas treinta hectáreas de terreno, muestra con claridad la importancia y la capacidad económica de sus habitantes. Nos encontramos con un recinto construido más que para proteger a la ciudad para delimitarla y dotarla de prestigio, ya que en la antigüedad su presencia o no era una de los factores claves a la hora de considerar a una ciudad como tal.

Su construcción, todavía visible en muchos de sus puntos, se adapta cuidadosamente al terreno. En su trazado quebrado en el que se alternaban los baluartes y las torres de apoyo con función de vigilancia y defensa, en una de las cuales se localizó un enterramiento ritual, se ubicaban dos puertas: una en las inmediaciones del teatro con el que se reforzaba el carácter escenográfico de este conjunto monumental, y la otra en la parte baja de la ciudad junto a la vega del río Jalón, cuando comienza el conocido actualmente Barranco de los Sillares. El recinto se completaba con una serie de puertas peatonales, sin descartar la presencia de poternas todavía sin identificar.

Bilbilis no necesitaba sus murallas pero la tradición y el prestigio imponían lo contrario. Sería digna de ver desde el acceso viario aquella imponente masa presidida por la fortificación perimetral, dentro de la que se apreciaban claramente los conjuntos públicos, que junto a su magnitud habían sido erigidos en los lugares preeminentes para que pudieran servir de ejemplo a los visitantes y de orgullo a sus habitantes, que con ello se convertían en excelentes propagandistas de Roma, en un claro exponente de la política urbanística propugnada por Augusto.

El abastecimiento de agua: las cisternas

La configuración geomorfológica de Bilbilis es determinante a la hora de establecer la infraestructura de abastecimiento de agua de la ciudad. Hoy por hoy parece descartado la existencia de un acueducto, siendo las únicas soluciones posibles el aprovechamiento del agua de lluvia, el acarreo de agua con animales desde el río Jalón y, sobre todo, la explotación de las corrientes o acuíferos subterráneas mediante pozos y su posterior almacenamiento.

La solución empleada fue la utilizada en tantas otras ciudades romanas, la cisterna, de las que hasta el momento actual de la investigación conocemos sesenta y dos que presentan diversos tipos, siendo posible la construcción de alguna de ellas después de costosas obras de adaptación del terreno, presentando sólidos muros de opus caementicium, revestidos exteriormente de muros de sillarejo.

El municipium resolvió el problema del abastecimiento y distribución del agua mediante la ejecución de una tupida y compleja red de cisternas comunicadas entre sí mediante tuberías de plomo o cerámica, estableciéndose en algunos casos relaciones de vasos comunicantes. Se aprecia un plan preconcebido, de ahí la regularidad de la distancia entre ellas y la selección de las curvas de nivel donde construirlas, para así de este modo beneficiarse de la gravedad. Su ubicación en el yacimiento no parece arbitraria ya que su mayor densidad en unos sectores de la ciudad frente a otros, coincide con las zonas de mayor población, y por lo tanto con mayores necesidades, pudiéndose apreciar cómo cada una de ellas se encargaría del suministro de agua a un número concreto y determinado de viviendas.

Hasta época bien reciente, alguna de estas cisternas todavía almacenaba agua, como en el caso del denominado «aljibe de los moros» o «fuente del pastor», también conocida como «la fuente del maestro» por ser un punto tradicional de merienda durante las excursiones escolares. Su construcción en la zona de conexión de las laderas de los cerros de Bámbola y San Paterno la convertían en una pieza importante en la red de abastecimiento de la ciudad.

El elevado número de cisternas construidas generó una amplia variedad tipológica. Podemos encontrar desde las más simples de planta rectangular con cubierta plana o abovedada, hasta las más complejas con compartimentaciones internas de muros o simples columnas, asemejándose a grandes salas subterráneas, presentando otras varios pisos y alturas para facilitar de esta manera la decantación del agua y la deposición de los lodos, etc.

El resultado final es una serie de edificaciones de gran consistencia y solidez que han perdurado muchas de ellas hasta hoy en día en pie, al ser empleadas como meras casetas de aperos de los agricultores que explotaban los bancales o bien refugios para los pastores. Tal vez la cisterna mejor conservada de todas ellas es la que posteriormente se convirtió en ermita de San Paterno, patrono de Huérmeda, perfectamente visible desde esta localidad.

La ausencia de cisterna por encima de los 660 m. de altitud parece indicar la cota que alcanzó el urbanismo de la ciudad, reservándose el resto, como en el caso de la planicie (700-711 m.) situada en la cima del cerro de Bámbola, a recintos artesanales o viviendas marginales y estructuras vinculadas al recinto amurallado, asegurándose el agua mediante depósitos de agua procedentes de lluvia. En cambio, todo el vértice de la ladera de San Paterno, desde los 610 m. hasta los 650 m. aparece salpicada de cisternas, actualmente conocemos dieciocho, estando entre ellas las de mayor volumen de almacén de cuantas conocemos, lo que indica la densa trama urbana de esta zona de la ciudad que se extendía hasta el denominado Barranco de los Sillares que discurre hasta el río Jalón.

El resto de las cisternas se distribuían en torno a la zona central de la ciudad, adaptándose a las distintas curvas de nivel de la ladera occidental de Bámbola y la oriental de San Paterno, estableciéndose un complejo entramado que aseguraba la distribución del agua a viviendas, fuentes y ninfeos, evidenciándose que no están distribuidas arbitrariamente, ya que su mayor densidad en unos sectores de la ciudad frente a otros, parecen coincidir con las zonas de la ciudad más poblada, y, por lo tanto, con mayores necesidades. Se aprecia un plan preconcebido, de ahí la regularidad de la distancia entre ellas y la selección de las curvas de nivel donde construirlas, para así de este modo beneficiarse de la gravedad.

Con las informaciones disponibles por el momento podemos determinar que es con las reformas urbanas de Augusto cuando se comienza la construcción de una buena parte de este sistema hidráulico, fundamentalmente las ubicadas en la parte central y media de la ciudad. Las siguientes obras estarán vinculadas al desarrollo urbano de Bilbilis y a la expansión de la zona urbana durante el s. I d. C. e inicios del s. II d. C., especialmente durante época flavia en el que la ciudad presenta un segundo desarrollo urbano.

Del desarrollo al ocaso de una ciudad

La ciudad tiene su momento de esplendor durante el s. I y primera mitad del s. II, iniciando su decadencia a partir de este momento, decayendo espectacularmente en el s. III. Sin duda ha sido el esfuerzo económico inicial, al que no ha ido parejo el desarrollo económico de la comarca, el causante de ello. La realidad es que en el siglo III Bilbilis es una ciudad semidesierta y sus habitantes han debido emigrar en parte, unos se trasladan a las villas de la comarca, poco conocidas todavía, otros lo harán a la capital del conventus Caesaraugusta que empezará ya a ser el polo indiscutible de atracción de población del Valle Medio del Ebro.

El costo de su transformación a fines del siglo I a. C. y primera mitad del siglo I d. C. es una de las preguntas clave. Su financiación tal vez en parte a cargo de la administración, pero sobre todo estuvo fundamentada en los propios recursos. Interviene el fenómeno del evergetismo de manera muy notoria y se inclina a los poderosos locales a que contribuyan al desarrollo y mejora de sus ciudades a cambio de prestigio social, cargos en las mismas y naturalmente beneficios económicos.

Pasada la euforia urbanizadora de la primera mitad del siglo I d. C., y superada a medias la crisis de fín de los Julio-Claudios, el advenimiento de la dinastía Flavia con la extensión del ius latii a todos los hispanos marca una nueva etapa. En ella parece que se renace de las cenizas. Tal vez se necesite esta medida que puede favorecer que las ciudades decaídas recuperen su frescor, se revitalicen y al mismo tiempo se creen nuevos centros para dinamizar la economía, francamente maltrecha según todos los indicios. Volvemos sobre los mismos errores. Se facilita esta proliferación urbana, se ven alzarse ciudades nuevas y en algunos casos, la historia será testigo, durarán tan solo tres generaciones como Labitolosa. Habría que profundizar en las causas. Tal vez el negocio esté en el urbanismo, en la construcción de ciudades y en la modernización de las existentes. Este es un problema no planteado y sobre el que conviene reflexionar. Los monopolios imperiales de las explotaciones de canteras de piedras ricas ornamentales, los transportes, etc. son otros tantos campos de beneficios inmediatos que pueden producir pingues beneficios a corto plazo si se revitaliza el fenómeno urbano.

Tras ello, las sombras empañan el brillo precedente. Ignoramos si supieron ver lo que se avecinaba. Las excavaciones nos muestran casas que han sido abandonadas por sus propietarios que tapian sus puertas para evitar saqueos. ¿Hasta qué punto la administración romana no estuvo favoreciendo de manera artificial una economía y un hecho ciudadano muy por encima de las posibilidades reales? La crisis de la baja romanidad tuvo más factores desencadenantes que los considerados hasta el presente y las ciudades de nuestro territorio no fueron una excepción. Bilbilis fue palideciendo y olvidando los fulgores de antaño, los ciudadanos del siglo III d. C. no fueron capaces de mantener una ciudad con costosos edificios, monumentos e infraestructuras y poco a poco se fueron degradando a medida que se abandonaban paulatinamente en búsqueda de la seguridad de las casas de campo o de otras ciudades más populosas.

En el s. V sólo hay ruinas y grupos aislados que mal vive en ellas. El volumen de material arqueológico atribuido a estos momentos es esclarecedor, únicamente cinco fragmentos de sigillata hispánica tardía, nada de monetario, en una ciudad de que abarcaba casi 30 hectáreas. La orgullosa y altiva Bilbilis de Marcial ya era historia hacía mucho tiempo.

Bibliografía seleccionada

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___ «Los programas arquitectónicos de época julio-claudia en Bilbilis», La decoración arquitectónica en las ciudades romanas de Occidente. Cartagena, 2003, pp. 56-68. (preactas) (actas en prensa).


1.- Jurídicamente, la denominada «Ciudad Romana de Bilbilis» fue declarada Monumneto Histórico-Artístico, el 4 de junio del 1931. Los terrrenos en los que se asienta la ciuadad de Bilbilis (30 ha.) fueron expropiados por el Estado en los años 1976-1980, encontrándose actualemnete transferidos a la Diputación General de Aragón. En 1985, tras la promulgación de la Ley de Patrimonio Histórico Español, pasó a ser catalogada como B.I.C. (Bien de Interés Cultural) (artículo 15 de 16/85, de 25 de junio) con la categoría de zona arqueológica y n.º de censo: R-I-55-0000062-00000. No obstante, de acuerdo con lo dispuesto en el apartado 3 de la Disposición Transitoria Primera de la Ley de Patrimonio Cultural Aragonés, modificó la categoría del yacimiento, obteniendo la consideración de C.I.C. (Conjunto de Interés Cultural-zona arqueológica), completándose la zona de protección del entorno yacimiento con la promulgación de la Orden de 17 de enero de 2003 (B.O.A., n.º 16/03).

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Bílbilis recupera su alma romana

Un ambicioso proyecto busca restaurar el teatro romano y acondicionarlo para usos culturales. Los trabajos podrían comenzar dentro de unas semanas, con el inicio de nuevas excavaciones arqueológicas. El plazo de las obras será de tres años.

Mariano García, El Heraldo de Aragón, 2 de marzo de 2005

¿Volverán a representarse las obras de Aristófanes o Eurípides en el teatro romano de Calatayud? Pues seguramente sí, y en un plazo breve. El Gobierno de Aragón ha declarado "prioritarios" los trabajos en el enclave, y ha aprobado, junto al ayuntamiento de la ciudad, un plan de intervención en el monumento. Se está diseñando un gran proyecto, financiado a varias bandas -DGA, Ayuntamiento, INAEM, Comarca, Leader...-, que permitiría, en poco más de tres años, tener completamente restaurado el teatro romano de Bílbilis.

"Según el plan trazado, en las próximas semanas retomaríamos las excavaciones arqueológicas para acabarlas dentro de este mismo año, al tiempo que se diseña el proyecto de conservación y consolidación, que tendría un plazo de ejecución de dos años más", relata Manuel Martín-Bueno, director de los trabajos. Es decir, que el teatro podría estar en uso para 2008.
Un templo vinculado al teatro

La construcción del teatro de Bílbilis se decidió en época de Augusto, a inicios del siglo I. Se planificó junto al foro para que el conjunto fuera espectacular. Y lo es. En la construcción del graderío se aprovechó la ladera natural, y el barranco se cerró con una escena de dos pisos.

"Era un teatro de tipo medio, con capacidad para unos 4.500 espectadores -señala Martín-Bueno-. Es muy parecido a otros de la misma época, como el de Sagunto, pero tiene la particularidad de que en la parte exterior del graderío aparecieron los restos de un pequeño templo, que debió estar decorado con estatuas de la familia imperial. Encontramos los restos de dos estatuas, una masculina y otra femenina, pero no hallamos las cabezas, por lo que la posibilidad de que estuviera dedicado al culto de un miembro de la familia imperial, como Livia, es únicamente una hipótesis de trabajo. Verosímil, pero hipótesis".

Estaba ornamentado con dos órdenes de columnas corintias, realizadas en caliza local, y el escenario se revistió de mármoles de importación, en su mayor parte desaparecidos porque a lo largo de los siglos fueron reaprovechados para hacer cal. Las excavaciones se iniciaron en la década de los 70 y, en la actualidad, ya se ha sacado a superficie prácticamente toda la escena y una tercera parte del graderío interior.

"Lo que se puede ver hoy en día está bastante bien conservado -subraya el director del proyecto. Se han realizado algunos trabajos de consolidación en la parte alta, y habrá que abordar el tratamiento del conjunto una vez concluyan los trabajos de excavación.

Será entonces el momento de pensar en el futuro uso de la construcción. Y ahí es donde las posibilidades se multiplican. Hay teatros como el de Zaragoza, a los cuales no se les da un uso escénico; otros, como el de Mérida, construido en el 16 antes de Cristo, que son utilizados para espectáculos grecolatinos; otros, como el de Sagunto, al que se le quiso dar uso y se llegaron a revestir las gradas con elementos modernos, lo que suscitó una gran polémica...

Intervención respetuosa

"Lo que está claro es que no nos vamos a inventar nada ni vamos a falsear el monumento. Lo primero es acabar de excavar las zonas en las que no hemos trabajado; lo segundo, consolidar y restaurar las estructuras. Y, luego, estudiar atentamente todo. Yo creo que lo más lógico es emplear una pequeñísima parte para hacer una reconstrucción total y que el visitante pueda entender qué apariencia tenía el teatro; y, en una de las zonas más destruidas, acondicionar un espacio para que sirva de marco a pequeños espectáculos o, simplemente, para atender a los visitantes que lleguen al yacimiento".

Calatayud, que ya ha programado en los últimos años algunas actividades relacionadas con el teatro grecolatino (está en la red de teatros clásicos, aunque las actividades, de momento, se desarrollan en la ciudad moderna), tendría así la posibilidad de continuar con esa línea de trabajo en el mejor de los escenarios posibles, el propio teatro romano de la localidad.

Encuentran la momia mejor conservada de la vigesimosexta Dinastía egipcia

Encuentran la momia mejor conservada de la vigesimosexta Dinastía egipcia

Las momias serán exhibidas en el nuevo museo llamado Imhotep, en honor al arquitecto que construyó la primera pirámide egipcia. Tiene unos 2.600 años de antigüedad.

Un grupo de arqueólogos australianos ha descubierto una de las momias egipcias mejor conservadas, que podría tener unos 2.600 años de antigüedad, y que ha sido encontrada en unas excavaciones cerca de las pirámides de Saqqara, a unos 25 kilómetros al sur de El Cairo.

Según declaraciones de Zahi Hawass, jefe del Consejo Supremo de Antigüedades egipcio, el equipo de arqueólogos encontró tres ataúdes que pertenecían a la vigesimosexta Dinastía (664-525 a.C.), que gobernó el antiguo Egipto inmediatamente después de que los persas ocuparan la zona durante unos 80 años.

EFE, 2 de marzo de 2005

"En uno de ellos (los ataúdes) se encontraron una de las momias mejor conservadas que se han descubierto de la (época de la) vigesimosexta Dinastía", indicó Hawass.
Dos de los ataúdes contenían momias masculinas y en su exterior aparecen figuras con barba, luciendo collares elaborados, que tienen los brazos cruzados sobre el pecho, informó el consejo de antigüedades en un comunicado.

Las momias masculinas estaban envueltas en lino y cubiertas desde los pies hasta las rodillas por una red de cuentas arregladas para representar cómo se veían en vida.
El tercer ataúd, que se encontraba en peores condiciones que los otros dos, contenía la momia de una mujer cubierta por una red de cuentas de mosaico que la representaba, dijo el consejo.

Las momias serán exhibidas en el nuevo museo llamado Imhotep, en honor al arquitecto que construyó la primera pirámide egipcia. Dicho museo sera inaugurado dentro de tres meses en Saqqara, dijo Hawass a Reuters. El año pasado, un grupo de arqueólogos franceses y egipcios descubrió más de 50 momias del mismo período enterradas en pozos profundos en la misma área.

Medina Azahara, la ciudad más grande jamás levantada en Occidente

Medina Azahara, la ciudad más grande jamás levantada en Occidente

Icono del poderío del califato Omeya en Occidente, Medina Azahara emergió como gran referencia de Al-Andalus. Los últimos estudios arqueológicos determinan que ha sido, hasta el momento, la ciudad de mayor extensión levantada de una sola vez.

Frente a las urbes colindantes, como Córdoba, que crecían por la incorporación de residencias cercanas, la ciudad alzada en el siglo X por Abderramán III se levantó sobre una estructura rectangular de unas dimensiones aproximadas de 1.515 metros de lado en el sentido este-oeste y 745 metros en el eje norte sur. La superficie de la urbe califal era, por tanto, de 112 hectáreas, cifra nunca superada por una ciudad fundacional.

Por Raúl Ramos, ABC, 28 de febrero de 2005

Estos datos han surgido tras años de intensa investigación en los vestigios de la medina califal, completada con arduas tareas de recuperación patrimonial. A lo largo de los últimos quince años se han intensificado las tareas de acondicionamiento y estudio de la ciudad del siglo X, siempre bajo la tutela de la Junta de Andalucía. El análisis sobre los elementos hallados ha arrojado luz sobre el modo de vida y la organización de poder de los momentos de mayor esplendor de Al-Andalus, siempre definidos por la figura de Abderramán III y, en menor medida, por Alhaken II, el segundo califa omeya.

Recuperación de la zona palaciega

La minuciosa metodología de recuperación y estudio ha atendido durante la última década la recuperación de la zona palaciega de la ciudad. El Dar al Mulk -o residencia del califa- presidía la ciudad desde el extremo más alto. Un poco más abajo aparecen las grandes residencias privadas de los hombres más notables de la corte califal. Así, en los últimos tiempos se ha podido delimitar con cierta exactitud el perímetro de las residencias del primer ministro del califa: la casa de Ya´far, un singular espacio de encuentro denominado Patio de los Pilares y, en breve, arrancará la intervención de la Vivienda de la Alberca, espacio que presumiblemente ocupaba el sucesor de Abderramán III, su hijo Alhaken II.

El director del complejo arqueológico de Medina Azahara, Antonio Vallejo, explicó a ABC que mientras se recuperaba la Casa de Ya´far, la investigación paralela permitió descubrir que allí vivía el primer ministro del califa, una figura clave para explicar las modificaciones en el gobierno de Al-Andalus. «Ya´far era un hombre de la corte que escala socialmente. Abderramán III sustituye a la aristocracia árabe en su gobierno, renuncia a la presión de los hombres de genealogía, tal y como había sucedido anteriormente en el mundo islámico», señala.

En un extenso rectángulo de la ciudad se conectan la residencia del califa, la de su primer ministro y la Vivienda de la Alberca, el último reto investigador. Sobre la hipótesis de que servía de residencia al heredero Alhaken II, los responsables de Medina Azahara emprenden una interesante tarea que tiene como objetivo explicar las claves de la zona palaciega de Medina Azahara, los espacios de encuentro entre los grandes hombres de Al-Andalus.

Uno de los hitos de la investigación desarrollada en los últimos tiempos han sido la revolución urbanística de la ciudad califal. «No fue una ciudad muerta, sino que se dejó arrastrar por un vertiginoso movimiento urbanístico que se constata a través de la existencia de distintos cimientos en las zonas excavadas», apunta Vallejo. Sólo quedaría en el aire el análisis de una estancia, aún no excavada, que se levante en el corazón de la zona noble de la medina, cuya hipótesis principal es que era una construcción habilitada para la visita del califa. La primera aproximación de los restauradores ha aportado abundante material epigráfico que recoge frases del Corán. Pero no pasajes cualquiera.

Textos del Paraíso

En los elementos hallados se reproducen textos que hablan del Paraíso. Sólo existe una zona en la ciudad califal en la que se hayan encontrado epigrafías similares: la mezquita aljama. El director del complejo arqueológico argumenta que la investigación ha de desentrañar qué significado tienen las epigrafías y cómo interpretar que todas ellas hablen del Paraíso.

La restauración de Medina Azahara ha permitido descubrir que abunda la decoración a base de atauriques, esto es, motivos decorativos vegetales a partir de hojas y frutos estilizados, y la proliferación de construcciones presentadas bajo fachadas trazadas a partir de arcos de herradura dovelados de medio punto -en algunos casos a imagen de la Mezquita de Córdoba-.

La recuperación de zonas como el Salón Rico o la Casa de los Visires -sin olvidar la Casa de Ya´far y, en breve, la Vivienda de la Alberca- se produce a partir de un arduo trabajo de estudio que antecede a la restitución de fragmentos originales localizados en el propio yacimiento arqueológico, una labor lo más parecida a un puzzle arqueológico. Los investigadores han podido detectar la red original de saneamiento de la zona noble de Medina Azahara y, a partir de ahí, propiciar el estudio de la dieta de los habitantes de esa zona de la ciudad: el resultado fue que la alimentación se sustentaba en las carnes -salvo cerdo-, desprovistas de hueso casi siempre, así como fruta autóctona; toda vez que no existen datos que permitan confirmar que se consumía algún tipo de pescado.

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La ciudad palaciega de Medina Azahara

Cuando 'Abd ar-Rahmán III proclamó el califato, en el año 929, la dinastía de los omeyas de al-Andalus había alcanzado el punto culminante de su poder. El califato quiso dejar patente su nuevo rango construyendo la ciudad palaciega de Medina Azahara (936 - 1010), situada a solo 13 kilómetros al noroeste de Córdoba, que convirtió en sede administrativa y gubernamental de su reino. Los trabajos de construcción de Medina Azahara progresaron rápidamente, pues, 'Abd ar-Rahmán III invirtió en ellos un tercio de todos los ingresos del Estado, con o que impulsó el proyecto de construcción más grande y ambicioso de su tiempo, que no fue superado en los siglo sucesivos.

La ciudad palaciega aprovechó su situación en una pendiente parecida a una terraza a los pies de Sierra Morena. Según al-Idrisi, un viajero cultivado que visitó las ruinas de la ciudad palaciega en el siglo XII, Medina Azahara se asentaba sobre tres terrazas. En el lugar más alto estaba el palacio del califa, que destacaba respecto a los otros palacios por su ubicación aislada. El palacio simboliza de manera impresionante el poder del califa, que desde este lugar podía mirar más allá de la ciudad y de los límites de su territorio. Se supone que este palacio es uno de los primeros edificios que se construyeron en Medina Azahara. En la terraza media había edificios del gobierno y palacios, así como las salas de recepciones y las viviendas de funcionarios importantes. Entre la terraza media y la inferior se encontraba la mezquita, sobre una colina artificial que unía la zona cortesana de la terraza media con la zona de sencillas viviendas de la terraza inferior. En el año 941 se pudo celebrar en la mezquita el primer salat ÿumu'a del viernes, ya que al parecer la mezquita fue construida en tan solo 48 días por un millar d trabajadores. En el año 945 se ha documentado una primera recepción grandiosa en la ciudad palaciega, y poco tiempo después el califa debió de trasladar allí su casa real y su ceca. La supervisión de los trabajos de construcción de Medina Azahara le fue encargada más tarde, todavía en vida del califa, a su hijo y sucesor al-Hakam II.

Fuentes históricas relatan que los trabajos de construcción de Medina Azahara duraron más de 40 años, es decir, 25 años bajo el gobierno de Abd ar-Rahmán III y 15 años bajo el reinado de al-Hakam II, es decir, del 961 al 976. Además de impulsar la ampliación de la Gran Mezquita de Córdoba, al-Hakam II también ejerció seguramente una gran influencia en algunas construcciones palaciegas de Medina Azahara, sobre todo en las salas de recepciones, los jardines, baños e instalaciones de fuentes.

Con la muerte de al-Hakam II en el año 976, los trabajos de construcción del edificio oficial de Medina Azahara fueron probablemente suspendidos, aunque todavía se trabajó en los edificios de la terraza inferior, que no tenían reilación directa con el distrito del palacio. Allí se extendía la ciudad con sus casas sencillas, cuarteles, jardines y mercados. Fuentes históricas mencionan la existencia de manufacturas estatales e incluso la existencia de una prisión subterránea.

La importancia de Medina Azahara como ciudad palaciega y sede del califato se redujo cuando Almanzor, primer ministro y regente del califa Hisham II, todavía menor de edad, fundó en las cercanías de Córdoba la residencia de Madina az-Zahira (978 - 980). El final de3 Medina Azahara no llegó, sin embargo, hasta el año 1010, cuando grupos rebeldes bereberes redujeron a cenizas el que había sido el monumento más característico del calid¡fato de Córdoba, si bi8en las ruinas de la ciudad palaciega estuvieron pobladas al menos hasta principios del siglo XII.

La edificación de Medina Azahara

El área fortificada de Medina Azahara forma un rectángulo de 1518 metros de longitud por 745 metros de anchura; hasta ahora han sido excavados aproximadamente un 10% de los restos. Las excavaciones anteriores se realizaron sólo en las terrazas superior y media, y por lo tanto tan sólo afectaron directamente al distrito palaciego. Las edificaciones de la terraza inferior o de la planicie no se han excavado hasta ahora, aunque se ha podido detectar la posición de otras edificaciones por medio de las fotografía de infrarrojos, que podrían, con el desarrollo de excavaciones, aportar otras informaciones sobre la vida cotidiana de los habitantes de la ciudad palaciega.

En la posición más alta de Medina Azahara se encuentra el palacio del califa, conocido como la Casa Real (Dar al-Mulk). El palacio se distingue por la decoración de su muros y por el revestimiento del suelo en forma de mosaicos. hasta el momento, el palacio es accesible a los visitantes debido a las medidas de consolidación.

Al lado del palacio se ve una hilera de edificaciones, caracterizadas la mayoría de las veces por un patio interior grande y casi cuadrado. Se trata de edificios administrativos y gubernamentales. Así, al lado del palacio hay un complejo un con patio de forma trapezoidal, alrededor del cual se agrupan series de habitaciones conservadas de manera incompleta. Este complejo de viviendas se halla a casi dos metros por debajo del colindante palacio del califa, para el cual estaba reservada la terraza superior, si bien sobresale unos siete metros por encima de las otras edificaciones de la terraza media, de manera que la delimitación de las diferentes terrazas no era tan unívoca, como cabría deducir de las fuentes históricas.

La construcción situada en el ángulo noroeste de la terraza media estaba al parecer reservada a la servidumbre y a la guardia del califa. Se une a ella otro complejo de viviendas con dos patios casi idénticos, separados el uno del otro por una rampa. Debido a la estructura de los patios casi idénticos de ambas casas, se suele llamar a este complejo de edificaciones, situado aproximadamente a ocho metro más abajo que el palacio califal, las explanadas gemelas. La explanada izquierda, es decir, la occidental, tiene un gran patio de forma rectangular, cuya extensión de norte a sur es de aproximadamente 20 metros, mientras que su extensión de este a oeste es de más de 14 metros. El patio está rodeado por tres de sus lado d por series de habitaciones, de las cuales la serie frontal del norte es la mejor conservada. La sala media de la serie de habitaciones del norte mide 3,50 por 9,82 metros y es la estancia principal de la edificación.

Las habitaciones adyacentes son algo más pequeñas y todas tienen una profundidad de 3,5 metros. DE las explanadas gemelas, la occidental es la que alberga el conjunto de viviendas nobles de este complejo, mientras que la explanada oriental estaba reservada a las actividades económicas.

Directamente bajo las explanadas gemelas se ubica un patio en forma trapezoidal situado a unos siete metros de profundidad. Tiene una longitud de 27,40 metros y en su centro una anchura de unos 8 metros. En él convergían diferentes caminos de la ciudad palaciega, por lo que esta zona estaba especialmente bien vigilada y fue denominada "complejo de los vigilantes". El complejo de los vigilantes no sólo daba acceso a las explanadas gemelas situadas más arriba, sino que desde él tambié3n se alcanzaban los edificios situados al sur de la ciudad palaciega, destinado a viviendas para personalidades importante, como los familiares del califa, sus ministro y visires y los altos funcionarios de la corte.

En el sur, el complejo de los vigilantes se abre a otros palacios de la ci8udad. Se ha de mencionar en particular un complejo de edificios que se identificó como la "casa del visir Ya'afar al-Mushafi" gracias a una inscripción. Ya'afar fue nombrado en el año 961 primer ministro del califa al-Hakam II y fue una de las personalidades más influyentes de la corte. Su casa se divide en tres zonas: una zona oficial para la representación, la zona de vivienda del visir y las estancias del personal de servicio. En la zona representativa de la casa había un salón basilical de tres naves al que se accedía a través de un pórtico que daba paso a un gran patio cuadrado. Tras el salón basilical se extendía la vivienda privada con sus numerosas habitaciones de paso, a las que estaban adosadas las viviendas de la servidumbre. Desde el gran patio de la casa se llegaba a un pequeño baño privado, denominado "casa con alberca", que también se podía alcanzar desde un edificio palaciego vecino. Este complejo de edificios está compuesto por dos construcciones casi idénticas, cuyos pórticos, antaño exquisitamente decorados, se abren hacia las partes angostas del patio. Restos arqueológicos y características de la decoración del edificio conservada en fragmentos permiten clasificar este palacio en la fase temprana de Medina Azahara. Se supone que 'Abd ar-Rahmán III construyó este palacio para su hijo y sucesor al-Hakam II. En la parte norte de este palacio hay un "patio con pilares" algo más elevado, que se llama así debido a su patio central rodeado de pilares. En el patio casi cuadrado, que abarca una superficie total de 440 metros cuadrados, se encontraron fragmentos de un sarcófago romano que evidentemente había sido reutilizado como pila.

En realidad, un edificio sólo se puede identificar si en él se han conservado inscripciones o si hay fuentes históricas que informen de su función Es curioso que en Medina Azahara se distingan dos tipos de edificios los que tienen grandes patios interiores con series de habitaciones a su alrededor, modelo procedente de la antigüedad y que está extendido por la zona mediterránea, y los que tienen salones basilicales, que servían para la representación. La mezquita y el salón de recepción de Medina Azahara son de este tipo.

La mezquita de Medina Azahara se construyó en el año 941 en la parte este de la ciudad. Sus cimientos, descubiertos en las excavaciones, corresponden a un salón de cinco naves que discurren perpendicularmente a la pared de la quibla.

Las dos naves laterales exteriores se prolongaron hasta superar el fontispicio, casi como e la Gran Mezquita de Córdoba, y se continuaron de forma circular como galería en torno al patio de la mezquita, situado delante. Es obvio que la Gran Mezquita de Córdoba sirvió de modelo para la mezquita del palacio. La mezquita de Medina Azahara, de la que sólo se conservan los cimientos, no es ciertamente la única mezquita de la ciudad palaciega, pero así es la única que se distingue por su inmediata proximidad al distrito del palacio. Directamente delante de la mezquita se encuentra una casa que era utilizada para las abluciones (mawwadda), como se cabe suponer por los numerosos depósitos de agua de este complejo de edificios.

Los grandes salones de recepción de Medina Azahara

Una distribución del espacio comparable a la de la mezquita de Medina Azahara sirve de base para los dos grandes salones de recepción de la ciudad palaciega que han sido reconstruidos. Los dos salones de recepción son de tiempos del califa al-Hakam II, y por lo tanto fueron construidos algo más de diez años después que la mezquita.

En la terraza media llama la atención un gran salón de cinco naves con pórtico, ante el que se extiende un gigantesco patio cuadrado de 2.500 metros cuadrados. El palacio está ubicado en la parte oriental del distrito del palacio y hasta la fecha ha sido llamado "Dar al-Jund" (casa del ejército). Debido a las múltiples y a veces cambiantes funciones de los salones basilicales, este edificio no se ha podido identificar con seguridad. De todos modos, cabe suponer que esta construcción servía para fines representativos, ya que en la antigua literatura especializada se le denomina a menu7do salón de recepción. Como en estos grandes salones también acostumbraban a tener lugar juntas, últimamente el edificio se relaciona con el aparato administrativo de Medina Azahara. Actualmente el edificio recibe el nombre de "Casa de los Visires" (Dar al-Wuzara) y se supone que en él se reunían los visires. Entre sus deberes se contaban dar órdenes, firmar contratos de venta y arrendamiento, expedir documentos y aclarar cuestiones de jurisprudencia.

Una planta semejante a la de la Casa de los Visires se puede ven en el Salón Rico, que debe su nombre a la rica decoración del edificio. Se encuentra justo en el centro de la ciudad y presenta cinco naves con un pórtico transversal delantero flanqueado por compartimentos. Las medidas exteriores de este edificio son de 38 por 28 metros. Frente al palacio está el llamado "Gran Jardín". Desde el jardín se llegaba a través de la arcada de entrada del Salón Rico al pórtico, en el que hay una inscripción según la cual el edificio puede fecharse entre los años 953-954 y hasta 956-957. Se accedía a la nave central a través de una abertura de tres arcos flanqueada a su vez a la altura de las dos naves laterales colindantes por una abertura de dos arcos. Las tres naves centrales formaban el núcleo del Salón Rico, flanqueado por dos naves exteriores paralelas y divididas en dos cámaras. Estas dos naves exteriores están separadas de la estancia principal por un muro macizo. Las naves exteriores están unidas mediante grandes puertas en forma de arco de herradura con el núcleo del edificio de tres naves, así como con los compartimentos de ángulo al sur, que flanquean el pórtico.

La estancia principal está dividida por dos arcadas longitudinales compuestas por seis grandes arcos de herraduras. En la pared frontal de la nave central se ve un gran arco de herradura ciego, ante el que se sentaba el califa durante las recepciones y demás ceremonias cortesanas.

La decoración del Salón Rico

El Salón Rico se caracteriza sobre todo por su decoración. Así8, en la base del núcleo del edificio de tres naves hay grandes placas con motivos vegetales en relieve, en las que están representados árboles de la vida formados por un tronco central con ramificaciones complejamente entrelazadas que se alzan hasta una gran corona redonda de hojas y flores Las coronas de hojas de estos árboles de la vida recuerdan lejanamente las coronas de palmeras sasánidas recogidas por el arte omeya oriental del siglo VIII y que algo más de dos siglos después encontrarán nuevas formas en Medina Azahara. Las formas de las hojas y flores de estos paneles murales parecen, por el contrario, remitir al arte abasí de Samarra (siglo IX), que experimentó aquí un renacimiento. Al parecer, los artesanos que trabajaron en Medina Azahara conocían estos modelos procedentes de Oriente y los transformaron según el gusto local, con lo que finalmente nacieron las formas que nosotros hay día consideramos como características del arte califal de Córdoba y de Medina Azahara.

Ante el Salón Rico pasa un ancho camino a través del cual se llegaba al llamado Jardín Alto, así como a las edificaciones palaciegas situadas más al este. Justo delante del Salón rico hay un gran estanque, cuya superficie reflejó una vez la fachada del edificio, con lo que volvía a ponerse de relieve su significado. además, en el centro del Jardín Alto, sobre el eje central orientado hacia el Salón Rico, hay un pabellón concebido como una sala de tres naves, que de esta manera refleja fielmente en tamaño menor el modelo del Salón Rico. De este pabellón todavía se conservan los muros de cimentación, los pilares que lo flanquean y los cimientos de los pilares. El Salón Rico ocupa una situación central en el plano general de la ciudad palaciega y además es el centro de las miradas de la terraza media. El eje longitudinal del Jardín Alto con el pequeño pabellón en el centro está orientado hacia el Salón Rico, situado enfrente, realzando así su importancia. El tamaño del Jardín Alto es de aproximadamente 65 por 77 metros, lo que supone una superficie total de más de 5000 metros cuadrados. Está rodeado de un sólido muro que eleva el conjunto formado por el Salón Rico y el Jardín Alto en forma de podio sobre los edificios de la terraza inferior, es decir, de la llanura, salvando una deferencia de altura de más de 12 metros. Esto explica también el nombre de "Jardín Alto".

Al este del Jardín Alto se halla, en la terraza inferior, otro jardín de estructura análoga, el llamado "Jardín Bajo". El visitante, que en un principio se acercaba a Medina Azahara desde la llanura, debía de sentirse muy impresionado por las edificaciones del palacio, lo que correspondía a los deseos del califa, que quiso dejar constancia visible de su poder con la construcción de Medina Azahara.

Las excavaciones

Desde su destrucción en el año 1010 Madinat al-Zahra ha venido siendo utilizada como una inmensa cantera para Córdoba, de tal forma que ya en tiempos de Felipe II el cronista cordobés Ambrosio de Morales afirmaba que sus restos, que identificaba no como árabes sino como romanos, correspondían a los de la antigua Colonia Patricia Corduba.

Las primeras excavaciones arqueológicas se remontan al año 1910 y fueron dirigidas por Ricardo Velázquez Bosco. Desde entonces y aunque de forma discontinua, se han venido realizando sucesivas campañas tanto de excavación como de restauración, cuyo fruto es el Conjunto Arqueológico que hoy se puede ofrecer al visitante, sin duda el más importante yacimiento de época califal de nuestro país. Hasta 1923 se fueron realizando diversas excavaciones, intentando conocer a través de ellas la estructura general del yacimiento, siendo en ese año de 1923 cuando Felix Hernández realizó un plano topográfico que permitió obtener una buena imagen del conjunto.

Sería en los años 1944-45 cuando se afloraron los vestigios del Salón de Abd al-Rahman III, cuyo proceso de reconstrucción se inició en los años 50 por ese mismo investigador. En general, la propia excavación del salón ofreció una idea bastante clara de la organización estructural del mismo, si bien, con vistas a la reconstrucción, existían diversos problemas de muy difícil resolución, así la ausencia de documentación arqueológica sobre el aspecto de la fachada del edificio, desconocimiento de la altura del mismo, sistema de cubiertas, iluminación, etc.

Felix Hernández, pragmático, adoptó un criterio quizás simplista en la reconstrucción del Salón, aceptando una similitud constructiva con respecto a la propia Mezquita Aljama de Córdoba. Pensaba que esa actuación “no es óbice para la restauración, porque de no atinarse exactamente con lo que midiera de alto la estancia a reorganizar, la elevación por nosotros adoptada, indudablemente muy poco distante de la efectiva, sería rectificable con coste relativamente reducido y sin deterioro de los elementos auténticos de la estructura o del decorado, de darse con testimonio que solventara decisivamente el problema de la exacta rasante de la techumbre”.

Posteriormente, ya en 1964 se llevaría a cabo la excavación de la planta de la Mezquita de al-Zahra, fácilmente identificable al estar orientado el edificio en dirección a la Meca. Al año siguiente se efectuaron excavaciones que afloraron el Pabellón Central del jardín situado frente al Salón de Abd al-Rahman.

Actualmente, la superficie excavada de Madinat al-Zahra supone unas 10 hectáreas, habiéndose convertido el Conjunto Arqueológico en un centro de investigación y restauración de primer orden. El hecho de que solamente se haya excavado en torno al 10 por ciento de la total superficie de la antigua ciudad acredita que tenemos todavía “sin descubrir” una riquísima herencia que hemos recibido de al-Andalus, que debe permitir a las generaciones futuras profundizar de forma intensa en el conocimiento de la historia de la España musulmana. El 90 por ciento de Madinat al-Zahra que sigue todavía enterrado constituye una excepcional biblioteca, todavía sin leer, en la que los investigadores tendrán una oportunidad única de profundizar.

Bibliografía:

Marianne Barrucand. Arquitectura islámica en Andalucía. Colonia (1992).

José Manuel Bermúdez Cano. La trama viaria propia de Madinat al-Zahra y su integración con la de Córdoba. En "Anales de Arqueología Cordobesa". Número 4. Área de Arqueología de la Universidad de Córdoba (1993).

Rafael Castejón y Martínez de Arizala. Medina Azahara. Editorial Everest. León (1991).

S. López Cuervo. Medina Az-zahra. Ingeniería y formas. Madrid (1985).

Antonio Vallejo Triano. El aprovechamiento del sistema de saneamiento en Madinat al-Zahra. Cuadernos de intervención en el patrimonio histórico. Córdoba (1991).

Antonio Vallejo Triano. Madinat al-Zahra: el triunfo del estado islámico. En "Al-Andalus: las artes islámicas en España". The Metropolitan Museum of Art. Ediciones El Viso. Madrid (1992)

Antonio Vallejo Triano (Coordinador). El Salón de Abd al-Rahman III. Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Córdoba (1995).

Antonio Vallejo Triano (Coordinador). Madinat al-Zahra 1985-2000. 15 años de recuperación. Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Córdoba (2000).

Varios autores. El esplendor de los Omeyas cordobeses (Estudios y catálogo de piezas). Dos tomos. Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Granada (2001).

Angel Ventura Villanueva. El abastecimiento de agua a la Córdoba romana (Tomo Primero - El Acueducto de Valdepuentes). Córdoba (1993).

Cuadernos de Madinat al-Zahra. Publicación periódica que edita el Conjunto Arqueológico.

Web recomendada:

http://perso.wanadoo.es/historiaweb/qurtuba/azahara/index_azahara.htm