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Terrae Antiqvae

Cádiz. Descartan la relación del hallazgo de Jabonería con el Teatro Romano

Cádiz. Descartan la relación del hallazgo de Jabonería con el Teatro Romano

Foto: Pasado romano. Aspecto de los restos localizados en Jabonería. Jorge Zapata.

Por A. R. AGRASO, Diario de Cádiz, 1 de febrero de 2005

La excavación de Jabonería continúa desarrollándose y deparando, poco a poco, la aparición de más restos, que ya han adquirido una importancia arqueológica indiscutible. La edificación a la que debían pertenecer los muros hallados en el solar -entre ellos uno de ocho metros de largo y 55 de ancho, como el resto de las paredes, con las que está relacionado- así como la incipiente escalera que aún no se sabe a dónde conducía, "ha tenido que ser impresionantemente grande", según la arqueóloga María Eugenia García Pantoja, quien dató los restos en el siglo I d.C. y afirmó que ahora se encuentran limpiando la zona para continuar las labores arqueológicas.
La directora de la excavación descartó categóricamente que esta edificación pueda relacionarse con el Teatro Romano, ya que "la calle San Juan de Dios separa desde antiguo las dos zonas de la ciudad", aunque tanto el Teatro Romano como esta edificación pertenecían a la zona noble de la ciudad mandada construir por Balbo el Menor.

La relevancia de este hallazgo es "muchísima", indicó la arqueóloga. "Tiene una entidad similar a la Casa del Obispo y puede dar sorpresas, pero los muros están muy reventados y los materiales revueltos", afirmó María Eugenia García Pantoja, quien no quiso especular a qué tipo de edificio debían pertenecer estos restos.

Otras fuentes consultadas explicaron que "se puede tratar de algún edificio público", entre los que podrían estar el anfiteatro, el foro o una basílica, entre otros. Se da la circunstancia de que el anfiteatro se sabe que estaba en el barrio donde han aparecido estos restos, pero no su ubicación concreta.

El anfiteatro romano, explican estas fuentes, suele estar junto al teatro, aunque gran parte de él tuvo que ser desmembrado para hacer las murallas en tiempos de Ponce de León. De allí salieron muchos sillares que se usaron para diversas obras urbanísticas. "Habrá que ver si se sacó todo o quedó algo", se explica. De cualquier manera, los restos también pueden corresponder a una basílica o un foro. Sí se confirma que debe probar la existencia en la zona de algún edificio público en la zona. El tiempo y las investigaciones arqueológicas aportarán la luz a este punto, que es por ahora una incógnita también de indudable interés.

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El gran edificio romano sigue emergiendo en Jabonería


El avance de la excavación, que ha permitido descubrir un tramo de escalera y la comunicación entre dos plantas, confirma su importancia. La escalera que servía de comunicación entre un sótano y una planta superior.

Por ANA R.TENORIO, Diario de Cádiz, 25 de febrero de 2005

Cádiz. Las estructuras de un gran y suntuoso edificio romano de uso público siguen emergiendo a medida que avanza la excavación en el solar de la calle Jabonería que dirige la arqueóloga María Eugenia García Pantoja.
En el espacio que actualmente se excava, de ocho por ocho metros de extensión y en el que ya se ha profundizado hasta cinco metros y medio por debajo del nivel del suelo, apareció al comienzo de los trabajos un consistente muro adosado a la roca natural de aproximadamente medio metro de ancho y del que ya se ha descubierto un tramo de una longitud de ocho metros y una altura de cinco metros.

Asimismo, se ha continuado en la excavación del arranque de una escalera descubierto a comienzos de este mes, lo que ha permitido recuperar ocho escalones de la misma y localizar la conexión entre las dos plantas que comunicaba, a través de los mechinales o huecos que se conservan en la pared y que indican la ubicación de los escalones que faltan.

La continuación de la excavación del muro ha permitido determinar que éste, construido en parte aprovechando la línea de la roca natural y en parte con grandes sillares, corresponde al cerramiento de una de las fachadas de este gran edificio público, "cuya funcionalidad -según la arqueóloga- no está clara. Puede estar vinculado al foro y corresponder a una zona próxima al anfiteatro, pero aún no podemos aventurar una conclusión".

En cuanto a la cronología del edificio, apunta María Eugenia García que "hemos localizado tres fases de ocupación del mismo situadas en el cambio de Era, es decir entre el siglo primero antes de Cristo y el primero después de Cristo y, posteriormente, un periodo de abandono en el siglo II de nuestra Era".

El gran muro descubierto se bifurca en dos quiebros que delimitan otras tantas estancias, una de ellas pequeña, de 2, 30 por 3 metros, y otra cuyas dimensiones aún no se conocen y en la que se sitúa el arranque de la escalera y un pozo todavía por excavar y cuyo contenido y fecha de colmatación pueden arrojar más luces sobre las características y entidad de este edificio. La arqueóloga afirma que "todo indica que la que zona que ahora estamos excavando pertenece a una planta subterránea del edificio y seguiremos excavando hacia abajo, hasta llegar a la roca natural, lo que nos permitirá obtener la datación de la cimentación de la construcción que puede ser una reutilización de un edificio de época anterior, quizá púnica, del siglo IV antes de Cristo". Por otra parte, asociadas a estas estructuras, se han encontrado materiales diversos de cerámica sigilata hispánica e itálica, así como fragmentos de mármoles de importación y de estucos decorados con motivos geométrico y vegetales, muestra todo ello del carácter suntuoso del edificio, cuya planta superior también está pendiente de excavar.

En niveles superiores, han aparecido restos de época almohade, del siglo XII, que destruyen y alteran mucho otros del periodo imperial romano. La arqueóloga califica de "muy interesante" el relleno de una fosa de época medieval, en la que han aparecido restos de cerámica y otros materiales "muy revueltos, del siglo XII al XIV".

El Ministerio confirma que el barco fenicio se queda en la playa de La Isla

El Ministerio confirma que el barco fenicio se queda en la playa de La Isla

UNA JOYA ÚNICA. El barco fenicio, sumergido en las aguas de la playa de La Isla. El pecio se cubrirá con una cúpula de cristal para permitir la visita de turistas.

Tras años de lucha y esfuerzo, el Ministerio de Cultura ha escuchado las voces del Ayuntamiento y de la Consejería de Cultura y ha decidido que el barco fenicio Mazarrón 2 se quede en la playa de La Isla. El Museo Nacional de Arqueología Marítima de Cartagena albergará una réplica del pecio. Así lo dieron a conocer ayer el director general de Cultura, José Miguel Noguera, el alcalde Francisco Blaya y la edil de Cultura.

El proyecto en torno al barco fenicio consiste en hacerlo visitable in situ en La Isla, lugar donde se encuentra y donde se pretende crear una cúpula de cristal con un entorno adecuado para su observación y disfrute. Dicho proyecto depende ahora del recién creado consorcio turístico.

Por Alfonso Pérez, La Verdad Digital – Murcia, 16 de febrero de 2005

El barco fenicio Mazarrón 2 está casi completo. Y nadie podía asegurar que el pecio se desintegrase si se realizaba su extracción, «por lo que la mejor opción era hacerlo visitable en la playa de La Isla», según el alcalde.

Tiene más de 2.600 años

El barco, bautizado en términos científicos como Mazarrón 2, se trata de una nave fenicia construida hace más de 2.600 años. Está casi completa desde la proa hasta la popa. Tiene una eslora de 8,10 metros, una manga de 2,25 y un puntal aproximado de 1,10. En su interior conserva todas la cuadernas de higuera menos una, cosidas con fibra vegetal. Las tracas de pino que forman el casco están unidas por un sistema de espigas y se empleó una fibra vegetal para calafatear las juntas.

Una de las particularidades es que todos los elementos se conservan en posición y curvatura originales, a diferencia de los restos de otro barco fenicio de la misma época aparecido incompleto en 1993, también frente a las playas de Mazarrón y que ya se conserva en el Museo Nacional de Arqueología Marítima.

Los técnicos han recuperado ya toda su carga, compuesta fundamentalmente por lingotes de plomo con un peso total de 2.120 kilos. También transportaba un ánfora de cerámica, una espuerta de fibra vegetal con asa de madera, un molino de mano y varios fragmentos de huesos de animales.

Las minas, BIC

Además, ayer se dieron a conocer otras actuaciones culturales como la inauguración del almacén que alberga restos arqueológicos y que, junto a la factoría romana de salazones, formarán el futuro museo arqueológico.

El alcalde también anunció la construcción de un auditorio al aire libre en el castillo, para el próximo verano, así como la restauración del Consistorio, con una inversión de 1,2 millones, antes de que termine la legislatura.

En cuanto a las minas, el expediente de bien de interés cultural (BIC) «se publicará en breve» en el boletín oficial, según indicó el jefe de Patrimonio Histórico, Ángel Iniesta. «Todavía falta por concretar la delimitación definitiva del paraje», dijo. Francisco Blaya también confirmó que la Casa de la Cultura se destinará a biblioteca y que el almacén de la Cresta del Gallo, en la avenida de la Constitución, se convertirá en un centro cultural. Blaya dijo que se contará con la ayuda económica de Cajamurcia.

Museo Nacional de Arqueología Marítima de Cartagena
Dirección: Dique de Navidad, s/n. 30280 - Cartagena.
Teléfono: 968 121 166 - 968 508 415
Director: Iván Negueruela Martínez.

La navegación y el comercio fenicios

En la Sala 2 se muestran los primeros resultados de las excavaciones que el Museo-Centro ha llevado a cabo en la Playa de la Isla, de Mazarrón, sobre dos barcos fenicios del siglo VII a. C., conocidos como Mazarrón-1 y Mazarrón-2. Las campañas de prospección y excavación se han desarrollado desde 1993 a 2001, y además de la prospección microespacial exhaustiva de la bahía se han excavado los dos barcos con metodología arqueológica y técnicas innovadoras en el proceso de excavación, protección y dibujo subacuático. La más importante es una Caja Fuerte inventada y diseñada por el Museo, que se puede abrir por módulos a voluntad y permite el trabajo en el área del barco que se necesite. Además, esta misma Caja Fuerte protege el barco tras la excavación.

Mazarrón-1 ha sido extraído y se encuentra en tratamiento en los laboratorios del Museo. La metodología de la extracción ha sido desarrollada también por el Museo, y se ha realizado ‘envolviendo’ los restos en moldes de silicona apta para el trabajo subacuático, como protección en las tareas de extracción del agua y traslado al Museo. A su vez; todo ello se envolvió con resina de poliéster. Los restos recuperados son: la quilla, restos de 9 tracas adosadas a uno de los lados de la quilla y restos de 4 cuadernas adosadas al casco descrito. La quilla es de sección aproximadamente cuadrangular y presenta en planta un leve ensanchamiento en su centro que le da un aspecto fusiforme. En uno de sus extremos conserva perfectamente el sistema de unión con el codaste.

Mazarrón-2, ha sido excavado entre 1999 y 2001. El barco está prácticamente completo y con su curvatura original. En su interior apareció el cargamento de factura fenicio. El barco estaba cubierto de resina por su interior y conservaba el abarrote. Además, junto a la proa del barco apareció el ancla con su estacha. A diferencia de las demás anclas coetáneas de piedra, ésta de Mazarrón-2 es, actualmente, la más antigua de madera conocida que adopta ya el tipo tradicional que pervivirá a lo largo de los siglos.

Las diferentes campañas de excavación y prospección que se han llevado a cabo desde 1993 han permitido recuperar una amplia representación de las vajillas de mesa, cocina y almacenamiento usadas en época fenicia: platos, cuencos, ánforas, ollas, así como una punta de lanza de bronce 27, un escarabeo de plata y esteatita.

También se exponen en la misma sala las defensas de elefante africano, procedentes del Bajo de la Campana, de época fenicia (s.VI a. C.). El marfil era un material de uso suntuario para elaboración de imágenes o taracea de muebles y otros objetos. Algunos de los colmillos llevan inscripciones con un texto inciso en el que se remite la mercancía, como si de una carta comercial se tratara, con frases como: "de bd strt, atentamente", o " de r mlk, humildemente".

EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS SUBACUÁTICAS REALIZADAS POR EL CENTRO NACIONAL DE INVESTIGACIONES ARQUEOLÓGICAS UBMARINAS EN EL YACIMIENTO DE LA PLAYA DE LA ISLA (MAZARRÓN). MEMORIA DE LA CAMPAÑA DE 1995. Iván Negueruela Martínez

http://www.carm.es/educacion/arqueomurcia/publicaciones/memo10/10MAZARRON.PDF

Sensación arqueológica: reconstruida ballesta romana

Sensación arqueológica: reconstruida ballesta romana

Foto: La "ballesta" romana: un hallazgo singular.

En el Bajo Rin, arqueólogos descubrieron un arma de combate romana. Lo que a primera vista parecía un montón informe de metal reveló ser luego parte de una antigua arma de tiro, parecida a la ballesta.

Los legionarios romanos atacaban a sus enemigos no sólo con espadas, lanzas, jabalinas y dagas, sino también con armas que lanzaban flechas.

Arqueólogos alemanes acaban de hallar restos extremadamente raros de una arma de ese tipo en una cantera cerca de la ciudad de Xanten. DW-WORLD habló con el Dr. Hans-Joachim Schalles, director del Museo Regional de Xanten.

Por Pablo Kummetz, Deutsche Welle, 24 de febrero de 2005

La ciudad tiene su origen en un fuerte romano llamado Vetera Castra, fundado en el año 15 a.C. en las inmediaciones de la actual ciudad de Xanten, que se halla al noroeste de la Colonia de hoy, también una fundación romana.

En el año 70 d.C., ese fuerte fue destruido por invasores bárbaros, pero vuelto a erigir. Por la misma época surgió en el mismo lugar un asentamiento romano, al que se dio el nombre de Ulpia Traiana y que pronto adquirió categoría de ciudad.

A fines del siglo III, Ulpia Traiana fue tomada por los bárbaros, pero reconquistada por Roma a comienzos del IV. A mediados de ese siglo, los ataques bárbaros aumentaron de tal forma, que la ciudad fue abandonada por Roma.

En el siglo VII, la población, ya en posesión de los francos, toma finalmente el nombre de Ad Sanctus, que derivó más tarde en Xanten.

Bárbaros y romanos

La zona es, como se puede imaginar, muy rica en hallazgos arqueológicos, tanto bárbaros como romanos. El objeto de metal que acaba de encontrarse, relativamente pequeño, de unos 28 por 21 centímetros (véase foto), fue hace 2000 años la parte central de un arma de tiro mortal, que funcionaba en forma similar a una ballesta, dice el Dr. Schalles.

En ese núcleo metálico iba afirmado el arco del arma. Restos similares relativamente bien conservados se habían encontrado hasta ahora sólo dos en España y uno en Irak.

Pero mientras allí no se conservó nada de las partes de madera, en Alemania las condiciones geológicas en la cantera hicieron que en el interior de la pieza de metal aún se encuentre parte de la construcción de madera a incluso huellas de tendones que aseguraban el arco. Los arqueólogos lograron determinar además que se trata de madera de fresno.

Efectos letales

Los restos encontrados permitieron a los expertos reconstruir el arma. En la parte central, de metal, se hallaban tensados tendones en forma vertical. Esos tendones aseguraban sendas mitades del arco. Éste no era de una sola pieza, sino que estaba conformado por dos mitades.

Los primeros intentos de tiro mostraron que las flechas lanzadas, que llevaban puntas de hierro, tenían un "poder de penetración impresionante". Con el arma se lograban salvar distancias de entre 20 y 40 metros.

A diferencia de las flechas de los indígenas americanos, las flechas no tenían plumas para estabilizar su vuelo, pero sí una muesca en la parte posterior para optimizar el lanzamiento.

El arma era tensada con una rosca y en combate tenía efectos letales. El hallazgo será mostrado a partir del 12 de marzo en la exposición arqueológica "Desde el comienzo", en el Museo Romano-Germánico de Colonia.

La Pamplona romana, de nuevo a la vista

La Pamplona romana, de nuevo a la vista

La historia vuelve a repetirse, como en la Plaza del Castillo, y nuevamente Príncipe de Viana tendrá que pronunciarse sobre la relevancia o no de los últimos hallazgos arqueológicos sacados a la luz en San Fermín de Aldapa, donde el Ayuntamiento de Pamplona tiene previsto construir un parking subterráneo de 250 plazas. Se haga o no finalmente el aparcamiento, los arqueólogos han vuelto a sacar a la luz parte de la historia de la época romana (siglos I al VI) en una zona en la que hubo viviendas y probablemente un gran edificio público. Esta semana se ultimará el informe que elaboran los arqueólogos sobre los restos y muy probablemente la próxima semana, Príncipe de Viana tendrá que adoptar la decisión. Cualquiera que sea ésta, en el Ayuntamiento se dan por bien invertidos los más de 665.000 euros que ha costado la excavación iniciada en julio pasado. Los restos hallados en San Fermín de Aldapa pueden condicionar la construcción del parking.

Diario de Navarra, Pamplona, 24 de febrero de 2005

Restos:

VIVIENDA. Se han hallado tres estancias de época romana.
SILLAR. De un gran edificio romano.
CANALIZACIONES. Entre los muros, también romanas.
TORRE. Semicircular y de gran dimensión, podría ser de la muralla de la Navarrería.
DEPÓSITOS. De forma cuadrada, se integran en la vivienda. En la parte derecha de la imagen.

La pasada semana el consistorio hizo llegar a la dirección general de Cultura un ultimátum para explicar que, agotado el plazo, pero sobre todo el presupuesto para las excavaciones arqueológicas, era el momento de decidir si el aparcamiento proyectado en su día por el arquitecto tudelano Rafael Moneo podía o no construirse en ese lugar.
Las opciones que ahora se abren son dos. Se puede decidir, por ejemplo, no construir el parking y ocultar nuevamente los restos o dejarlos a la vista. O se puede permitir la construcción del aparcamiento. En este último caso será necesario continuar las excavaciones por debajo de los 4 metros actuales hasta concluirlas en todo el perímetro del futuro parking y ello requiere hacer un nuevo desembolso, como mínimo, similar al hecho por el consistorio.

Pompaelo otra vez

Durante estos más de seis meses de trabajo, los arqueólogos han vuelto a dejar a la vista parte de la historia más remota de Pamplona, la de su etapa romana. El hallazgo más celebrado fue un sello de bronce con forma de anillo y con la inscripción: «L. Corneli. Celsi». Este tipo de sellos era utilizado por notarios o personas distinguidas.

A expensas de que la excavación pueda continuar y se puedan completar datos, los arqueólogos han localizado en diferentes sectores de la zona varios sillares «de grandes dimensiones» de roca de arenisca y que probablemente se correspondan a una misma gran edificación. Un hallazgo similar tuvo lugar hace algunos meses en la calle Compañía, donde se localizó parte de un arco romano que también parecía corresponder a un gran edificio público de entre los siglos I y IV.

Entre los restos de San Fermín de Aldapa se hace igualmente alusión a las estructuras que probablemente correspondían a una o varias viviendas de la época tardorromana (siglos IV al VI). El informe de Trama apunta a que se trata de la zona de servicios, por las instalaciones de tipo artesanal que allí había, y también a la zona de uso doméstico, por la presencia de dos depósitos para líquidos. Estos contenedores, separados por un muro medianil de 25 centímetros de espesor, tienen las paredes revestidas con una fina capa de impermeabilización de mortero de color rojizo «en el que se aprecia el empleo de grandes cantidades de fragmentos de cerámica triturada que actuaban como conglomerados».

Época medieval

En una primera fase de la excavación, cuando los arqueólogos trabajaban en la zona más próxima al convento de los Corazonistas situado junto a la basílica de San Fermín de Aldapa, se localizaron 18 sepulturas de época medieval correspondientes a la necrópolis de la iglesia de San Pedro, un templo de pequeñas dimensiones, vinculado al Palacio Real y que se mantuvo abierto hasta el siglo XVI.

Las tumbas siguen la tradicional orientación cristiana con la cabecera al oeste. Los cadáveres tienen «la cabeza ligeramente incorporada y los ojos orientados hacia la salida del sol».

Hallan la talla de un sátiro del siglo II junto a la villa romana de Antequera

Hallan la talla de un sátiro del siglo II junto a la villa romana de Antequera

Foto: HITO. El alcalde muestra la pequeña cabeza de sátiro. / E. TORO
La cabeza de mármol, de dimensiones reducidas, representa a un ser mitológico Unos jóvenes la encontraron por azar en la Villa Romana de la localidad

LA CABEZA DE SÁTIRO

Hallazgo: Descubierta en la Villa Romana de la Estación (Antequera), en la zona que corresponde al peristilo (patio).

Cronología: Data de la segunda mitad del siglo II de nuestra era.

Material: Está realizada en mármol calcáreo blanco, de grano fino. Posiblemente de origen griego.

Definición: Se trata de una cabeza de mármol, de unos 10 centímetros de alto y 6 de ancho, que representa a un sátiro o fauno (figura mitológica griega, posteriormente asumida por los romanos, con atributos de hombre y de cabra, como orejas puntiagudas, rabo y patas).

Por Carmen Martín, Diario Sur Digital, 23 de febrero de 2005

Uno de los hallazgos más importantes en los últimos tiempos en Antequera ha sido fruto de la fortuna y de un cúmulo de casualidades. La instalación reciente de alumbrado público en las cercanías de la Villa Romana de la Estación y las últimas lluvias tras varios meses de sequía propiciaron un pequeño desprendimiento de tierra en la zona exterior al vallado del yacimiento. Entre esa montaña de arena y restos, un grupo de adolescente halló por casualidad la pasada semana una cabeza de sátiro de la segunda mitad del siglo II después de Cristo. Sin saber qué tenían entre sus manos, el padre de uno de los jóvenes, Francisco Hidalgo Molina, decidió entregarlo al Ayuntamiento.

Pronto comenzaron los trabajos de investigación por parte de los arqueólogos municipales y del catedrático de Arqueología, Pedro Rodríguez Oliva, para datar y catalogar la escultura. Así fue como los expertos determinaron que se trata de una cabeza, de unos diez centímetros de alto por seis de ancho y tallada en mármol calcáreo blanco de origen griego, que representa a un sátiro o fauno -figura mitológica griega que posteriormente fue asumida por los romanos, con atributos de cabra, como orejas puntiagudas, rabo y patas, y de hombre.

Copia de los griegos

Rodríguez Oliva ha concluido que la talla del sátiro «es una de las de mayor belleza de la península». Así lo confirmaron ayer en rueda de prensa el alcalde de la ciudad, Ricardo Millán, y el arqueólogo municipal, Manuel Romero. Además, Romero explicó que la pieza también destaca por ser «una de las mejores conservadas de todas las que se han encontrado con forma de fauno, una figura muy empleada como elemento decorativo por los romanos entre los siglos I y III».

En este sentido, Rodríguez Oliva ha determinado que se trata de una copia de un modelo helenístico que ha protagonizado hallazgos similares en Murcia o Puente Genil, aunque en peor estado de conservación. La talla del iris y de las pupilas ha sido clave para poder datar la pieza en la segunda mitad del siglo II, cuando cabezas como éstas servían para decorar los peristilos -especie de patio- de una casa romana.

De hecho, la cabeza de sátiro de la Villa Romana de la Estación, que se expondrá en el Museo Municipal de Antequera cuando esté limpia, apareció en el peristilo, donde también se localizó la cabeza de Venus-Afrodita.

La cabeza de fauno se suma a una considerable lista de hallazgos. En la excavación de 1998, se encontró la parte inferior de otra estatuilla de sátiro. También se han localizado una máscara de Melpóneme, una escultura de Eros dormido, otra de Eros cabalgando sobre un animal acuático, un retrato en relieve y un busto de un príncipe de la familia Julio Claudia.

Lo que esconde la villa

Pero los hallazgos arqueológicos podrían triplicarse. Gran parte de la Villa Romana de la Estación, situada al noroeste del casco urbano de Antequera, está aún sin excavar. Aunque se tiene constancia de la existencia de este yacimiento desde el siglo pasado, no fue hasta 1998 cuando, al realizar las obras para la construcción de la circunvalación norte de la ciudad, se puso de manifiesto la importancia arqueológica de la villa, obligando a desviar el trazado de la carretera a su paso por el yacimiento; aunque hoy se sabe que existen restos bajo el vial. Actualmente, la Consejería de Obras Públicas estudia la construcción de un viaducto que salve los restos de una villa cuyas estancias se articulan en torno a un gran peristilo de unos 430 metros cuadrados.

Según han podido averiguar los expertos, la galería estaba pavimentada con mosaicos geométricos y rodeada por un estanque en el que habría plantas, peces y un conjunto escultórico de mármol. Pero lo que esconde la villa es aún una incógnita: «La superficie excavada de este estanque -de 15 metros de largo- no se corresponde apenas con un 40 % del total», constata un informe municipal.

LA VILLA ROMANA DE LA ESTACION.

La villa romana de la Estación (s. I al IV a.d.C.) se encuentra en el término municipal de Antequera, en el límite norte de su casco urbano, junto a la carretera N-331 y la estación de ferrocarril. El yacimiento ocupa la ladera media y baja de un cerro y los restos, que se están estudiando en la actualidad, se ubican entre la cota 480-464 mts. sobre el nivel del mar. Rodean al yacimiento, por el Este, el camino de Quintana y, por el Oeste, el denominado camino de los Sillares.

Estas características le confieren al yacimiento una localización inmejorable, dominando la Vega Antequerana y controlando las principales rutas de comunicación del interior hacia la costa malagueña en la Antigüedad.

A las buenas comunicaciones y a la capacidad productiva del entorno hay que añadir el cumplimiento de los requisitos indispensables de la habitabilidad -amoenitas- que los agrónomos latinos del momento creían necesarios para la ubicación de una villa: Salubridad y agradabilidad del paraje, amplio dominio visual y belleza del paisaje, orientación adecuada y abundancia de agua.

De esta manera resulta fácil comprender la elección de este enclave para la construcción de una villa de carácter semiurbano o una mansión nacida de la mano de un gran propietario - posiblemente un alto dignatario romano -, conjugando, no sólo el hecho de ser un gran centro residencial, sino también un núcleo de explotación agrícola y de control comercial. La villa no estaba situada dentro del casco urbano. En ella abundan y sorprenden la calidad y cantidad de mosaicos, las dimensiones de las habitaciones (posee un pasillo de 26 m. de largo y 5.5 m. de ancho) y el material empleado, placas de mármol purísimo formando figuras, combinando varios colores (opus sectile).

Entre los enseres encontrados, podemos enumerar el retrato en mármol del dueño de la casa, la cabeza de la musa Melphomenes, apliques de bronce y pequeñas esculturas.

Se ha descubierto una fuente, en un patio de columnas con un mosaico geométrico de 13,5 m. de lado, la taza circular de 4,2 m. de diámetro, en cuya corona se sitúa una escultura de Tetis. Esta fuente forma parte de un conjunto de cuatro de las mismas dimensiones, situadas en el centro de un estanque de unos 250 m2.

A finales de octubre (1998) ha finalizado la 1ª fase de la intervención arqueológica, esperando poder reanudar los trabajos a partir de la 2ª quincena de noviembre.

Devela la Coyolxauhqui el misterio mexica

Devela la Coyolxauhqui el misterio mexica

Foto: Coatlicue era la Tierra, madre de Coyolxauhqui, la Luna y de los "Cuatrocientos del sur" Centzon Huiznahua, las Estrellas. Un día, cuando barría su templo en lo alto del cerro de Coatepec, la Tierra quedó embarazada milagrosamente gracias a una bolita de plumas que provenía del cielo y que ella guardó en su pecho. La Luna consideró el embarazo de su madre como una afrenta e instigó a sus hermanos las Estrellas a matarla. Huitzilopochtli, el Sol, desde el vientre de la Tierra, advirtió el peligro y decidió defender su vida y la de su madre. Cuando la Luna y las Estrellas estaban a punto de asesinarla, nació el Sol Huitzilopochtli, ataviado para la guerra y armado con una serpiente de fuego, llamada Xiuhcóatl, con la que la decapitó para, después, arrojarla desde lo alto del cerro Coatepec. En su caída, la diosa se fue desmembrando en cada giro. Así muere la Luna cada mes derrotada por el Sol, a pedazos. Coyolxauhqui y su desmembramiento son la explicación a un fenómeno celeste, en cual la luna muere y nace por fases, y así fue encontrada al pie de la escalinata de Huitzilopochtli en el Templo Mayor. El relieve muestra a la diosa decapitada y mutilada de brazos y piernas, con gotas de sangre que manan de las extremidades y que dejan expuestas las coyunturas óseas. Está adornada con un cinturón de serpiente bicéfala rematado con un cráneo en su espalda. La serpiente de dos cabezas se repite en los atados de muslos y brazos. Las articulaciones y los talones de sus pies están adornados con mascarones compuestos por un rostro de perfil provisto de colmillos, cuyo significado todavía se presta a las más variadas conjeturas. Lleva sus sandalias, sus muñequeras y tobilleras. Su tronco, con los pechos flácidos, está de frente, mientras que sus caderas dan un inusitado giro mostrándose de perfil y obligando a las extremidades a colocarse de igual forma. Su cabeza porta un gran penacho de plumas y su pelo está adornado con círculos. Sus orejeras, compuestas por tres figuras geométricas, enmarcan su rostro, cuyo ornamento principal, los cascabeles en la mejilla, da nombre a la diosa Luna, de la que parece salir el último aliento de vida a través de su boca entreabierta.

La escultura tiene 3.25 metros de diámetro en promedio, 8 toneladas de peso y está hecha en piedra volcánica. Fue encontrada fortuitamente por unos trabajadores de la Compañia de Luz y Fuerza del Centro, que instalaban cables subterráneos en la esquina de las calles de Guatemala y Argentina, el 21 de febrero de 1978. Este importante hallazgo dio por resultado las excavaciones arqueológicas del Proyecto Templo Mayor, hasta la fecha bajo la dirección del Arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma.

La pieza de incomparable valor histórico y artístico, cumple hoy 27 años de haber sido descubierta, como mudo testigo de los vestigios del principal templo de la antigua Tenochtitlan

Notimex, El Universal online, Ciudad de México, 21 de febrero de 2005

Cargada de mitos y simbolismos que dan cuenta de la grandeza de la cultura mexica o azteca, la Coyolxauhqui, pieza de incomparable valor histórico y artístico, cumple hoy 27 años de haber sido descubierta, como mudo testigo de los vestigios del principal templo de la antigua Tenochtitlan.

Se trata de un monolito ovalado de 3.40 metros de largo por 2.90 de ancho, con un espesor de 40 centímetros y un peso estimado en ocho toneladas, que fue hallado de manera fortuita, el 21 de febrero de 1978, por trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, que realizaban excavaciones en la calle de Guatemala.

Una mujer mutilada, sangrante, de torso desnudo, que viste sólo un cinturón atado en forma de doble serpiente, es el tallado que aparece en esta pieza de roca volcánica que, dicen, pese a su hermosura, sin duda narra la historia de un suceso sangriento.

Según la mitología azteca, Coyolxauhqui era la diosa de la Luna; hija Coatlicue, la diosa de la Tierra, y hermana de Huitzilopochtli, el dios del Sol, que fuera concebido de manera inverosímil.

El mítico nacimiento del dios del Sol o de la Guerra, salva a Coatlicue de la violencia a la que Coyolxauhqui incita a sus 400 hermanos y hermanas, para limpiar la deshonra de la que nace el nuevo dios. Empero, Huitzilopochtli le corta la cabeza a Coyolxauhqui y la tira al cielo donde se convierte en la Luna.

La pieza fue encontrada el pie de la escalinata del templo de Huitzilopochtli (uno de los dos más importantes en el Templo Mayor de los aztecas, junto con el de Tláloc), como remembranza de la mítica batalla entre ambos dioses.

Sin embargo, más allá del mito, el hallazgo del monolito, considerado por la arqueología moderna como un ejemplo escultórico y de conservación, marca el inicio de las excavaciones formales en el Templo Mayor de Tenochtitlan, que desde entonces es uno de los proyectos arqueológicos más importantes del país.

Por eso, para conmemorar el 27 aniversario de su descubrimiento, este mes se realiza una serie de conferencias sobre la riqueza artística y simbólica del monolito; los procedimientos y aplicaciones que se hicieron a la pieza para su conservación y la perspectiva estética de la piedra, en la consolidación del poderío mexica o azteca.

Y es que, según los estudiosos, desde su descubrimiento, la pieza se ha consolidado como un icono de esplendor, no sólo en su concepción sino en su ejecución como obra plástica, llena de simbolismos.

A nivel simbólico, explican, la piedra representa a la luna, pero también a la noche, y por ende, la lucha eterna entre la luna y el sol, que es entre las tinieblas y la luz.

A 27 años del descubrimiento, la Coyolxauhqui ha sido estudiada en diversas ocasiones; en un primer momento, los trabajos fueron realizados por los arqueólogos Angel García Cook y Raúl Martín Arana, periodo durante el cual comenzaron a aparecer las primeras ofrendas.

Pero sin duda, uno de los especialistas más dedicados al estudio de la diosa de la Luna es Eduardo Matos, el ex director del Museo del Templo Mayor, quien asegura que detrás de la Coyolxauhqui existe un mito y un ritual que ha permitido comprender la creación de Tenochtitlan.

Según Matos, el mito de la caida de Coyolxauhqui fue convertido en ritual mediante la fiesta de Pantquetzaliztli, en la que eran sacrificados algunos prisioneros en honor a Huitzilopochtli, y sería así como se irían conformando los aspectos simbólicos que sustentan la fundación de Tenochtitlan.

Para el arqueólogo, el mito de la Coyolxauhqui es igual de importante que el del relato histórico porque es la interpretación creada por los pueblos acerca de un hecho.

Durante estos años, también se ha establecido que la Coyolxauhqui proviene de la etapa del gobierno de Axayácatil, quien ocupó el señorío mexica entre 1469 y 1480.

Actualmente, además de la piedra original de la Coyolxauhqui, en exhibición, existen dos copias más, una fuera del museo y otra con localización desconocida.

Para Juan Alberto Román, actual director del Museo del Templo Mayor, que alberga a la Coyolxauhqui, si bien hallazgos como éste no permiten reconstruir a la sociedad azteca en su totalidad, sí ofrecen la posibilidad de adentrarse con más precisión a esa cultura en aspectos religiosos, económicos, políticos y sociales.

Muestra de ello es el descubrimiento de 14 lápidas, talladas hace más de 500 años, de las que se dio cuenta a finales de enero pasado, y que según Román, en agosto o septiembre de este año podrían ser mostradas al público, para que éste conozca un poco más del Templo Mayor.

La Fonteta. La colonia fenicia de la desembocadura del río Segura

La Fonteta. La colonia fenicia de la desembocadura del río Segura

Por A. González Prats, Sapanu. Publicaciones en Internet III y IV (1999-2000) [http://www.labherm.filol.csic.es]

Introducción

El día 9 de septiembre de 1996 se iniciaban las excavaciones del Proyecto de Investigación Arqueológica que con la misma denominación del topónimo existente en el lugar -en donde se sitúa también el yacimiento medieval de la Rábita Califal (BIC)- venía siendo solicitado desde 1989 a la Generalitat Valenciana con núm. de Expte. 73/89.

El Proyecto de La Fonteta está inmerso en la línea de investigación Colonización fenicia e interacción cultural con las comunidades indígenas del Sudeste de la Península ibérica del Área de Prehistoria de la Universidad de Alicante, donde en la década de los ochenta se incardinó el Proyecto de La Peña Negra. Para su desarrollo se ha establecido una oportuna colaboración con el Museo Arqueológico y Etnológico de Guardamar del Segura.

Los fondos económicos para la realización de los trabajos de campo provienen del M. I. Ayuntamiento de Guardamar y de la Dirección General de Patrimonio Artístico de la Generalitat Valenciana. Queremos agradecer a dichos organismos el apoyo que nos están prestando para la consecución de los objetivos planteados en el Proyecto, como al Vicerrectorado de Investigación de la Universidad de Alicante por canalizar y facilitar los fondos procedentes de la Generalitat Valenciana.

No es menor nuestro agradecimiento al esfuerzo realizado por los numerosos alumnos y licenciados de la especialidad de Historia de las Universidades de Alicante, Valencia, Murcia, Granada, Sevilla, Pompeu Fabra de Barcelona, Castilla-La Mancha, Complutense, Uned de Madrid, Navarra y Santiago, gracias al cual se debe, en gran medida, el disponer del registro extensivo que hoy podemos contemplar.

La Fonteta, topónimo alusivo a un manantial de agua dulce que ha dado nombre al paraje, está ubicada en la orilla derecha del río Segura, muy próxima a su desembocadura, reproduciendo un patrón de asentamiento muy familiar en los centros fenicios del Mediterráneo.

A falta de estudios paleogeográficos no sabemos ciertamente si el lugar era antiguamente un islote o un promontorio, pero sí está claro que el curso fluvial del Segura tropezó siempre con ese accidente natural, generando su característico meandro antes de salir al mar. Precisamente en esta ensenada previa a la desembocadura, protegida del régimen de vientos predominantes, es posible que se situara el muelle portuario del yacimiento fenicio.

De todos modos, si hubiera que inferir una imagen de la paleogeografía en la época en que nos movemos (siglos XI-VI AC) puede que sirviera la que muestra el gráfico de la figura 2. Para su confección se ha tenido en cuenta la flexión actualmente perceptible del terreno desde el Cabo de Santa Pola hasta el piedemonte de las Sierrras de Crevillente, Callosa, Orihuela y los Estaños. La reconstrucción, pues de la antigua línea de costa podría situarse siguiendo la propia línea de la actual isohipsa de 20/30 m., generando un gran golfo, presidido en su entrada por un gran islote (El molar-La Marina), cuya orilla discurriría cerca de Orihuela, donde posiblemente desembocara entonces el río Segura. Esta gran golfo se correspondería con lo que después se conoce como "Sinus illicitanus".

Sabemos que dos de los factores económicos esenciales que condicionaron la elección de determinados puntos para situar los centros fenicios fueron la facilidad de abastecimiento de materias primas, preferentemente metales, y la posibilidad de comercio con las gentes del territorio circundante.

Ambos factores se dan cita en el Bajo Segura. Al menos desde el siglo IX AC, potentes talleres metalúrgicos ubicados en el poblado indígena de La Peña Negra están elaborando a gran escala numerosos útiles, adornos y armas tipológicamente vinculadas al ámbito del Bronce Final Atlántico que no se quedan en el lugar. Pero, además, las excavaciones realizadas en La Fonteta han puesto de manifiesto la dedicación de los fenicios a la metalurgia del cobre, del hierro y de la plata, materias primas que debieron captar del inmediato territorio alicantino y murciano.

No debieron pasar inadvertidas tampoco las posibilidades que ofrecían estas zonas de marjales del Bajo Segura para la explotación de un bien de primera necesidad como es la sal, no tanto para el consumo directo como para la conservación de alimentos (carne, pescado, aceitunas) y para la fabricación de salazones, industria en la que destacaron los fenicios y de la que tenemos amplias referencias escritas y buena documen-tación arqueológica en época púnica.

Minerales metálicos para transformar, útiles y armas ya elaborados por talleres indígenas,...y sal. A su lado, un ecosistema rico y diverso en recursos que proporcionaba una dieta variada y muy completa a través del consumo de animales terrestres, lacustres y marinos. Del ciervo a la vaca, del atún a la sepia, de la cañadilla a los cangrejos, amenizado con un importantísimo volumen de caracoles terrestres, los habitantes de la ciudad fenicia de la desembocadura del río Segura disponían de una gustosa alimentación.

La ciudad portuaria instalada al abrigo de los vientos de levante, se encontraba en un punto estratégico no sólo para la explotación primaria de los recursos económicos sino, y a ello se debió tal elección, en un lugar óptimo de un cauce fluvial que comunicaba el Sudeste con la Alta Andalucía, un eje comercial de especial importancia en la protohistoria de ambas regiones. En un radio inmediato, el poblamiento indígena se mostraría especialmente receptor: San Antonio, Los Saladares, Caramoro II, o la propia Peña Negra, que llegó a albergar en su seno una factoría de artesanos destacados desde el emporio de Guardamar.

La articulación del territorio "colonial" en el Bajo Segura se realizó siguiendo un esquema que vertebraba la ciudad portuaria de la desembocadura con la fortificación del Cabezo Pequeño del Estaño -que podría incluso haber resguardado el posible gran puerto de La Rinconada-. Este modelo de implantación incluía la existencia de un santuario dedicado a Astarté probablemente, en el propio Castillo de Guardamar, y debía de ser el contrapunto al templo de La Fonteta, documentado a través de restos arquitectónicos, posiblemente erigido a Melkart. Un modelo que recuerda, en última instancia, lo que las fuentes escritas y la arqueología nos ilustran sobre Cádiz, la gran metrópoli fenicia de Occidente.

Con el descubrimiento de La Fonteta, anunciado ya en la década de los setenta por los intentos de localización de Schubart y Arteaga, el territorio del Sudeste de la península ibérica ha cobrado un protagonismo de primer orden tanto en lo referente a la propia dinámica de la colonización fenicia en el Mediterráneo occidental como al papel que desempeñó en los procesos de comercio, interacción y aculturación con las poblaciones indígenas del Bronce Final. Lo que facilita la comprensión de un período orientalizante en las comarcas meridionales alicantinas y su transformación desde mediados del siglo VI AC en una floreciente etapa ibérica antigua, algunos de cuyos yacimientos representativos (horizontes El Molar-El Oral) parecen recoger fielmente la tradición cultural de lo fenicio y lo orientalizante, germen de lo ibérico.

Las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en estos años empiezan a ofrecernos algunos aspectos de lo que fue una colonia fenicia occidental en el Sudeste de la península ibérica, cuyos rasgos arquitectónicos, religiosos, funerarios, económicos y de cultura material nos emplazan ante uno de los centros paradigmáticos de la presencia fenicia en ultramar, en un punto geográfico crucial para entender las relaciones con la Ibiza arcaica y la estrategia territorial que conlleva la colonización fenicia del Mediterráneo occidental.

La periodización del asentamiento de La Fonteta que hemos realizado en 1997 se basa en el registro obtenido a lo largo de estas tres campañas iniciales en el sector sudoriental del yacimiento. Pero somos conscientes de que su aplicación a la totalidad del mismo puede resultar precipitada, comprobado el funcionamiento irregular de los depósitos estratigráficos, que presentan variaciones sustanciales incluso entre lugares próximos. A pesar de ello, se ha comprobado su utilidad, incluso didáctica, en la campaña de 1998, permitiendo vertebrar coherentemente toda la documentación recuperada.

La existencia de un impresionante sistema defensivo (en su día confundido y publicado como islámico por el equipo de medievalistas de R. Azuar, y más recientemente, encabezando ahora un equipo de iberistas franco-español, considerado como orientalizante e ibérico antiguo) ha servido de horizonte para diferenciar una Fonteta arcaica (fases I, II y III) y una Fonteta reciente (fases IV, V, VI, VII y VIII). Fonteta IX señalaría el momento de arruinamiento y desmoronamiento de las murallas, que marca el final del yacimiento, tras lo que se produce una gran invasión dunar.

Resulta prematuro deducir la extensión del yacimiento fenicio debido tanto a la ausencia de una prospección física completa como al hecho de que los perímetros de las dos grandes fases no coinciden. En el área excavada, los restos de Fonteta arcaica sobrepasan el perímetro defensivo de la Fonteta reciente, mientras los restos arquitectónicos de ésta se ciñen únicamente al interior del recinto amurallado. Pero esta constatación ¿permite suponer que la ciudad arcaica fue más extensa que la que encierra después el recinto amurallado que vemos hoy?. O lo que es igual: ¿Fonteta reciente significa un repliegue topográfico?. Mientras no conozcamos la evolución de la geografía de la desembocadura del río Segura entre los siglos VIII y VI AC estas cuestiones resultan enteramente gratuitas. Y mientras no se realicen una serie extensa de sondeos profundos para delimitar la zona de asentamiento, lo que planteemos no pasará de conjetura. De todas formas, una estimación objetiva aproximada podría mostrarnos un complejo urbano y portuario no inferior a 6 Ha. para la fase arcaica.

Campañas

Las tres campañas de excavaciones ordinarias realizadas hasta el presente han acometido diversos objetivos. En 1996 la actuación se centró en el afloramiento del ángulo SE del perímetro defensivo, cubierto por toneladas de arena. La espesa cubierta dunar fue retirada de ambos lados del cuerpo de muralla con el fin de facilitar el inicio de las excavaciones estratigráficas a partir del primer estrato de formación antrópica, lo que se traduciría con la apertura, en el interior del recinto, del Corte 7, que deparó una de las primeras secuencias del yacimiento. También se inició, junto al paramento oriental, el Corte 6.

En una zona más alejada, hacia el Sur, se abrió el Corte 25, que proporcionaría uno de los registros tanto arquitectónicos como ceramológicos más ilustrativos.

La planimetría obtenida con la primera campaña nos condujo a plantear, conocido el sentido en que se orientaban las diversas estructuras arquitectónicas, la distribución actual de las áreas de excavación. Vista la envergadura de aquéllas, optamos por establecer un módulo de 10 m. de lado para los Cortes, a excepción de los que afectan al lienzo defensivo, cuya anchura se incrementa hasta 14 m. De este modo, los nuevos Cortes de 1997 se ajustaron ya a dicho sistema.

En la segunda campaña se regularizó el Corte 7 ampliándolo al módulo correspondiente y, junto a él, se abrió el Corte 8. Al otro lado de la muralla se iniciaría el Corte 14. El Corte 8 fue generosamente pródigo en el registro de la fase Fonteta VI, ya que debido a la utilización de su espacio como vertedero, el volumen de restos arqueológicos y faunísticos resulta como mínimo impresionante. Un importante lote de bronces, entre los que destacan diversos tipos de fíbulas, acompañaba a un copioso repertorio cerámico entre el que sobresale uno de los conjuntos de cerámica griega arcaica más importantes de la Península ibérica: ánforas quiotas y samias al lado de copas y vasos (dinos) de diversos centros de la Grecia oriental. El descenso en los estratos inferiores quedó pospuesto para 1998, habida cuenta de lo laborioso que resultó el cribado sistemático en malla fina de algo más de 28 m3 de cenizales.

La información que proporcionaron los Cortes 7 y 14 se tradujo, principalmente, en la detección de la fase Fonteta III a través de diversas dependencias cuya finalidad metalúrgica quedaba marcada a través de la enorme cantidad de toberas, crisoles, fragmentos de moldes de arenisca, tortas de metal y escorias, elementos que nos indicaban el trabajo sobre cobre y sobre hierro preferentemente.

En el Corte 14 se pudo, además, registrar el foso que precedía a la línea defensiva meridional, cuya ejecución cortó los restos arquitectónicos de las viviendas metalúrgicas precedentes. Este Corte se encuentra en vías de excavación, no habiéndose llegado al final del foso.

Los objetivos de la tercera campaña se cifraban en la continuación del descenso en los Cortes 8 y 14 y en la apertura hacia el Este del Corte 5 y hacia el Norte de los Cortes 9 y 10. La retirada con pala mecánica no sólo de las terreras del año anterior sino de nuevo de varias toneladas de arena dunar para emplazar los nuevos cortes, ha condicionado que éstos solo hayan podido insinuarse para su excavación en los años próximos.

Los esfuerzos de 1998 se han centrado, por tanto, en los Cortes 5 y 8. En este último, se ha descendido en los depósitos inferiores a la muralla, documentando nuevas dependencias del complejo metalúrgico de Fonteta III que ha deparado restos de nuevos moldes e incluso una maza de minero.

El gran horno circular de paredes de adobes, de 2,40 m. de diámetro, pendiente de excavación tras detectarse en 1997, ha sido aflorado por debajo de la fase Fonteta VI y tal vez pertenezca a la casa pluricelular de Fonteta V. En el actual estado de su investigación no existe el menor indicio sobre una dedicación metalúrgica, sirviendo seguramente como una gran tahona.

En el Corte 5 parece que disponemos de uno de los primeros habitáculos de Fonteta VI. Hasta ahora, todo el registro de dicha fase venía traducido en un vasto depósito de vertidos que rellena incluso los espacios habitables de las viviendas precedentes de Fonteta V, por tanto amortizadas. La estructura en cuestión presenta una factura de peor calidad y debió instalarse cuando ya el lugar estaba siendo utilizado como basurero, pues sus zócalos de piedra pisan el tramo inferior del mismo. Pero, al contrario que ocurre en las cuidadas casas de Fonteta V, el vertedero no llegó a invadir el interior de esta estructura que aparece arrumbada junto al interior del codo SE de la muralla.

Los nuevos registros obtenidos con los recientes trabajos nos ofrecen, por otro lado, aportaciones esenciales que completan los datos extraidos en años anteriores.

La primera de ellas afecta al contenido del tramo estratigráfico Ib8-Ib9-Ib10 que existe inmediatamente debajo de la muralla y que sirve de apoyo a su basamento. El estrato Ib9 que se había manifestado hasta ahora con un mínimo espesor y con muy escaso material arqueológico asociado, nos ha deparado un depósito de grosor creciente de Sur a Norte que ha proporcionado un notable conjunto de materiales. Con esta documentación resulta más fácil precisar la cronología de la fase inmediatamente anterior a la construcción del sistema defensivo de Fonteta IV, lo que hasta ahora debía de conjugarse con los ricos conjuntos cerámicos de Fonteta IIIB1. Sospechamos, además, que el estrato Ib9 gris de los Cortes 7, 8 y 5 no se corresponde con el estrato Ib9a gris del Corte 14, por lo que podemos estar ahora en mejores condiciones de caracterizar la fase Fonteta IIIB2, de cuyas viviendas han salido las grandes piedras que conforman la base del refuerzo exterior de la muralla.

Otra aportación la constituye la detección de una serie estratigráfica perteneciente a la fase Fonteta II que hasta ahora sólo se había detectado en el Corte 25. El registro se ha producido en el Corte 5, debajo indistintamente de los restos de Fonteta III y de Fonteta V. El espesor de la serie varía de 0,20 a 1,75 m. y se trata de un depósito con numerosos estratos y capas en donde se han documentado numerosos rastros de actividad metalúrgica. Nuevos hallazgos de cerámica griega protocorintia y ánforas SOS confirman el registro del edificio de tapial del Corte 25.

Por último, se ha manifestado igualmente restos de la fase Fonteta I, traducidos en tres hornos y una serie de fosas y canales excavados en la base geológica que de nuevo hemos de relacionar con actividades metalúrgicas. El relleno de arena que colmata tales estructuras y que proporciona material arqueológico significativo induce a proponer una fase Fonteta IB o Fonteta I/II.

La estratificación de los diversos depósitos correspondientes a las fases que han podido ser establecidas, obliga a una correlación -actualmente en curso- entre las diversas series estratigráficas obtenidas debido a la falta de homogeneidad de aquéllos.

Arquitectura y técnicas de construcción.

A través de la secuencia de las fases de habitación que han podido ser establecidas se observa una primera aproximación a la arquitectura de este emporio fenicio del Sudeste de la península ibérica, cuyos modelos van a influir substancialmente en el concepto arquitectónico de las comunidades indígenas del territorio, adoptándolos en muchos casos fielmente, desde el uso de la albañilería de adobes hasta el empleo de bancos y el modo de construir los hogares, como se puede observar en La Peña Negra y en El Oral, dos yacimientos indígenas -orientalizante uno e ibérico antiguo el otro- que sirven de contrapunto o recogen la evolución de lo que ocurría en La Fonteta.

Arquitectura doméstica

A la espera de una mayor definición, con la ampliación del registro de campo en los próximos años, de los posibles restos constructivos que bajo la forma de hoyos [de postes], fosas y líneas [vallas] de material perecedero registrados en Fonteta IA, la primera construcción definida que conocemos pertenece a Fonteta II y viene traducida por el edificio con paredes de tapial, cuya completa delimitación aún está pendiente, aparecido en el Corte 25. El edificio articula varias dependencias ortogonales con paredes de diverso grosor que diferencian los muros maestros de los meros tabiques. La disección de algunos de estos últimos mostró perfiles estratigráficos muy ilustrativos sobre su construcción a la par que registraba nítidamente la existencia de, al menos, dos momentos de construcción, con una refacción posterior del plano original que afectaba a las dimensiones de las dependencias internas. En algunos puntos, un suelo de adobes señalaba la clausura de la primera fase de construcción.

La utilización de un zócalo de mampostería en la construcción de los muros de las casas está documentada desde la fase Fonteta III. Un conjunto de habitaciones pertenecientes a otro complejo arquitectónico se está definiendo a través del registro de los Cortes 5, 7, 8 y 14. El carácter metalúrgico de algunas de estas dependencias ha quedado manifestado por abundantes hallazgos relacionados con dicha actividad.

Un pavimento de barro que descansa sobre lecho de cantos de playa señala la diferente función de una habitación, situada junto a otra donde un suelo empedrado y dos pesados machacadores parecen indicar un lugar destinado a triturar mineral, a su vez adyacente a un taller metalúrgico que debemos interpretar como una herrería.

En otra dependencia situada más a oriente se documenta un hogar con tres áreas circulares. Dos de ellas muestran una cuidadosa técnica de construcción destinada a conservar mejor el calor de los fuegos: debajo de la capa de terracota, se ha dispuesto un lecho de fragmentos cerámicos y a su vez encima de un lecho de base con pequeños cantos. La tercera no dispone del lecho de cerámicas.

Este tipo de hogar en donde debajo de la plancha de cocción se sitúa un lecho de cerámicas troceadas se encuentra desde Fonteta II, ya que en uno de los habitáculos del edificio de tapial fue detectado uno de estos hogares. En 1984 se localizó en La Peña Negra un hogar similar correspondiente a la fase orientalizante, y aparecen más tarde también en el poblado ibérico antiguo de El Oral.

La siguiente fase donde nos aparece una arquitectura característica y definida, con un inmejorable estado de conservación en algunos puntos, es Fonteta V. Disponemos de dos estructuras adosadas ambas al paramento interno de la muralla erigida en Fonteta IV. La casa del Corte 7 se ha edificado sacrificando el refuerzo del lado interno de la muralla y uno de los tirantes-contrafuertes de la misma. Esta casa presenta un plano, todavía incompleto, de una vivienda pluricelular que consta de cinco estancias como mínimo. Las paredes mejor conservadas muestran robustos zócalos de mampostería -ligeramente más anchos que los de las casas de Fonteta III- de 1,10 m. sobre los que se levanta la obra de adobes, en algunos puntos conservada con igual altura que los zócalos.

En relación con esta casa podemos situar el gran horno de adobes que se instala a medio metro escaso de su pared oriental.

Por su parte, la estructura excavada en el Corte 5N nos ofrece muros de una robustez extrema ya que triplica casi, disponiendo tres hileras de adobes en lugar de una, el espesor de los de la casa del Corte 7. De nuevo, el excelente estado de conservación posibilitó recuperar un alzado de adobes de un metro de altura sobre el correspondiente zócalo de mam-postería, de menor altura que los zócalos contemporáneos del Corte 7. La robustez de las paredes sorprende por el pequeño espacio útil que encierran, por lo que hemos de sospechar que debieron ser una sólida sustentación de una superestructura que pudo elevar más de dos pisos. Las huellas de una posible escalera interna construida con peldaños de adobes dispuestos verticalmente, vendría a confirmarlo. En este caso, el depósito hallado sobre el suelo original de la planta baja parece haberse formado ante el derrumbe súbito de una planta superior, en donde se rescataron in situ un ánfora completa fracturada, un plato de engobe rojo, un asador de hierro hincado y restos de tejido posiblemente teñido de rojo.

Esta estrecha construcción, conviniendo en una considerable elevación, podría estar vinculada al sistema defensivo de la muralla. Se encuentra adyacente al bastión SE y no nos extrañaría hallarnos ante una posible torre interna.

No hemos de olvidar que, en relación con el espacio total existente, estas construcciones de Fonteta V están ubicadas en el área marginal de lo que desde Fonteta IV debió de ser el núcleo urbano. Y ese carácter marginal parece confirmarse con lo que podemos deducir de los momentos inmediatamente siguientes.

A pesar de la alteración producida por depósitos posteriores en estas estructuras de Fonteta V, se han conservado sendos hogares del tipo descrito en las fases arcaicas.

Los adobes que se utilizan en la albañilería se fabrican con barro anaranjado o marrón pardusco y la masa se traba con paja de cereal o con algas marinas (posidonias) que han dejado sus huellas e impresiones o se conservan putrefactas. El mortero que se utiliza para unir unos con otros es el mismo barro pero con tonos siempre sensiblemente diferentes, lo que permite distinguir con relativa facilidad estas paredes. Obedecen a un módulo que conforma piezas subrectangulares de 36x47x11 cm., es decir unas proporciones aproximadamente acordes con el sistema sexagesimal, de tan honda tradición en Oriente Próximo.

A partir de este momento de la secuencia, en el registro que poseemos, las escasas estructuras detectadas muestran una construcción menos cuidada. En plena fase de Fonteta VI, en que la mayor parte del espacio excavado en el interior del recinto tiene un claro carácter de vertedero, se instala junto al paramento del bastión, adosado y alterando parte de la robusta construcción anterior, lo que no pasa de ser un mero cobertizo con zócalos irregulares de mampostería que se alejan por su técnica más desmañada de los zócalos de las casas anteriores.

Inmediatamente sobre el vertedero, que colmata el espacio interno de las casas de Fonteta V, se instala otro pequeño cobertizo, de peor factura incluso que el anterior, con hogar central cuya placa de terracota no cubre ningún lecho cerámico. Esta auténtica chabola -correspondiente a Fonteta VII- se construye sobre más de un metro de escombros y vertidos, al abrigo de las ruinas de la vieja casa de Fonteta V. Pero su aspecto lastimoso puede no traducir la realidad de lo que puede estar sucediendo en el área nuclear de la ciudad, y tener explicación por ser el cobertizo de quien se encarga del horno metalúrgico al que está adosado.

Con posterioridad, antes del derrumbe de las murallas, apreciamos la instalación de alguna pequeña tahona de barro (Corte 7) representativa de Fonteta VIII.
Volvemos a indicar que estas pautas arquitectónicas adjetivan una evolución puntual de un mínimo espacio que además, desde Fonteta IV, puede no coincidir con lo que se está produciendo en áreas más dinámicas de la ciudad portuaria. Futuras excavaciones en zonas más cercanas al propio manantial de La Fonteta y al norte del lugar que ocupa La Rábita califal, habrán de contrastar y completar la información que podemos ofrecer hoy, que no deja de ser preliminar.

Arquitectura defensiva

El perímetro defensivo va íntimamente ligado al concepto de ciudad y tiene profunda raigambre en Oriente, con numerosos ejemplos en el mundo cananeo prefenicio de la Edad del Bronce. Recordemos la significación de la propia ciudad de Gadir: "la amurallada".

Por ello, uno de los rasgos más llamativos del yacimiento fenicio de Guardamar es la muralla. Aflorada en dos tramos en 1987 y 1991 por el equipo de excavaciones de La Rábita califal, fue interpretada como la muralla que rodeaba el monasterio medieval.

Dada la reutilización de diversos materiales anteriores en la muralla de Fonteta IV, cabe la posibilidad de la existencia en algún otro punto de un encintado arcaico, cuyo perímetro no coincide con el que encierra después la Fonteta reciente.

El aspecto que presentan los actuales restos de las murallas en el ángulo SE de la ciudad permite contemplar un cuerpo central de 4,5 a 5 m. de ancho con paramentos verticales construidos con piedras de diverso tamaño. Algunas alineaciones transversales al sentido longitudinal del encintando parecen indicar un sistema de construcción que finaliza tramos de la misma mostrando careos, sin que debamos interpretar necesariamente los espacios entre unos y otros ni como puertas ni como casamatas.

Ese cuerpo central de flancos verticales está ceñido, en los puntos mejor conservados, por dos cuerpos en talud de una anchura en torno a 1 m. en su base, lo que conferiría a ésta una anchura total cercana a los 7 metros.

Evaluada la incidencia de los constructores de la Rábita, edificada a expensas de la piedra del yacimiento fenicio, en particular de las murallas, así como la posición y espesor de los depósitos formados con el derrumbe de las mismas, podemos concluir en proponer una altura total que debió de alcanzar, si no sobrepasar, los 10 metros. El zócalo de piedras y barro debió de elevarse hasta 4-5 m., sobre el que se levantaría la obra de tapial y/o adobes, posiblemente rematada con almenas, según los modelos que traducen las diversas iconografías de las ciudades fenicias. Toda la obra estaba enlucida con una espesa capa de barro de color anaranjado claro, homogeneizando su aspecto final.

Fiel a la arquitectura defensiva cananea y fenicia, el flanco exterior de la fortaleza presentaba a 4 m. de distancia un impedimento complementario contra posibles asaltos: un foso en V de 2,5 m. de ancho. Es seguro incluso, a juzgar por los restos observados en algunos puntos, la existencia de un glacis de barro entre el forro en talud externo y el borde del foso, lo que impedía aún más el acceso y el minado de las murallas, a la vez que protegía de las fuertes lluvias la estructura defensiva.

Si existieron o no casamatas, al estilo de la cercana fortificación del Cabezo del Estaño, no parece que pueda comprobarse ya que se debieron ubicar en La Fonteta precisamente en el tramo superior de barro.

Justamente en el codo sudoriental del perímetro se articuló un bastión de planta cuadrangular en curso de excavación.

Si obviamos la extensa cobertura dunar actual y contemplamos la restitución indicada de las murallas, debía de ser realmente impresionante la visión de esta ciudadela desde Fonteta IV, emergiendo de los esteros del Segura.

Las construcciones de Fonteta V que se adosan al interior de la muralla nos han permitido analizar la existencia de unos muretes transversales más antiguos que parecen originarse en los paramentos verticales del cuerpo central de la muralla e incluso se introducen en él. Han quedado reflejados en los Cortes 7 y 8 en el interior del recinto, así como en el Corte 14, por el exterior.

Por lo que conocemos, no creemos que se trate de muros de viviendas, por más que pudiera utilizarse el espacio comprendido entre ellos para refugiarse a su amparo (de hecho, esta posibilidad ha generado que establezcamos una fase IVc). Este extremo, por desgracia, no puede comprobarse en el espacio actualmente excavado que aquí presentamos, ya que la fase V arrasó ambos muretes, como también eliminó dos tramos del forro interno de la muralla para dotar de mayor espacio a las viviendas que contra ella se adosaron.

Manejando las características geotectónicas del Sudeste español, que es una de las zonas de constante riesgo sísmico - y que obligó en el siglo pasado a trasladar la población de Guardamar del Castillo a su actual emplazamiento-, hemos tomado en consideración la posibilidad de que se trate de unos elementos cuya finalidad residiría en dotar de elasticidad y firmeza al lienzo defensivo, evitando un derrumbe en cadena del mismo.

No faltan precedentes para este proceder en la arquitectura tanto defensiva como civil en el ámbito oriental, que van desde huecos y travesaños de madera en la muralla del Bronce Antiguo de Jericó hasta espacios de adobes entre sillares en el palacio del Bronce Tardío de Ugarit.

Ello confirmaría el alto grado de pericia técnica y el inmejorable conocimiento de las condiciones geofísicas del territorio por parte de los arquitectos que diseñaron el sistema defensivo de la Fonteta reciente.

Arquitectura religiosa

Aunque se trata de una documentación "secundaria", no pierde el incuestionable valor que posee el hallazgo entre las piedras del derrumbe de la muralla o reutilizados en una plataforma de un horno metalúrgico, de varios fragmentos de moldura acabada en gola labrada sobre sillares.

Estos fragmentos arquitectónicos, junto a otros que hay incluidos todavía en la muralla y aquéllos que se pueden apreciar recuperados o reutilizados en las excavaciones del yacimiento de la Rábita califal, son un claro exponente de la existencia en la fase arcaica de La Fonteta de un templo, dedicado a una de las divinidades del panteón fenicio, complementaria tal vez de la Astarté que se veneraba en el Castillo de Guardamar y cuya advocación sabemos continuaba en época ibérica.

El hallazgo de estas molduras, reaprovechadas en la muralla de Fonteta IV o en construcciones posteriores, al margen de su valor arqueológico, traduce de inmediato la misma cuestión que afecta a las estelas y betilos recuperadas de la misma forma, es decir, reutilizadas como material de construcción posterior: ¿Se debe a simple material amortizado o tal vez obedece a razones de más profundo calado?

La actividad metalúrgica

La búsqueda y el comercio de los metales se encuentran en la base de la presencia fenicia en Occidente. El abastecimiento de estaño, el monopolio de la explotación de la plata y la introducción del hierro pasan por ser tres facetas de una misma estrategia que posibilitó la interacción entre fenicios e indígenas, tartessios sobre todo, y que adjetiva los desarrollos socioeconómicos de la Protohistoria de España.

Los indicios de actividad metalúrgica han sido hallados a lo largo de toda la secuencia del yacimiento fenicio, si bien poseemos una notable documentación de la Fonteta arcaica. Baste señalar los diversos hallazgos de escoria y restos de metal fundido (plomo, plata, cobre y hierro) en Fonteta VI, una de las últimas fases de la ciudad.

Los recientes registros de 1998 permiten asegurar que desde el inicio del asentamiento, en un momento indeterminado del siglo VIII AC, el beneficio del metal fue inherente a los fenicios que fundan La Fonteta.

Sobre la base de limos rojizos, en el Corte 8 se excavan tres pequeños hornos cuya elevada temperatura alcanzada alteró la coloración de esta base geológica reciente sobre la que se asienta la ocupación fenicia. Dos son circulares y el tercero alargado, habiéndose hallado abundantes cenizas en todos ellos y restos de escoria en uno de los circulares.

El hallazgo de una escombrera de fundición correspondiente a Fonteta II en el Corte 5N ha deparado un abundantísimo material de carácter metalúrgico: cientos de fragmentos de toberas cilíndricas que muestran el extremo introducido en el horno con restos de vitrificación, diversos ejemplares de crisoles sencillos o con peana en los que se conservan adherencias metálicas, numerosos nódulos de escorias y metal e incluso un pequeño horno habilitado en la propia escombrera, con la parte superior de un ánfora A1 invertida y sellada su boca para utilizarla como recipiente de agua. Un fragmento de molde de arenisca parece delatar el objeto fundido: hachas de apéndices laterales. Un platillo de cerámica a mano con punciones externas que no llegan a atravesar la pared es del mismo tipo que los hallados por Schubart en el Morro de Mezquitilla y que también se conoce en Malaka.

Con todo, el mejor registro procede de Fonteta III. En los Cortes 7, 8 y 14 disponemos del mayor número de objetos relacionados con las actividades metalúrgicas de los habitantes de la Guardamar fenicia. En la fase IIIA, un taller de herrero contenía numerosos pocillos-crisoles con tortas de metal adheridas y uno central con un relleno de virutas de metal (hierro acerado). En el mismo recinto, restos de tres ánforas a torno y un píthos a mano quieren indicar un importante volumen de agua necesaria para el enfriado de los objetos que se forjan.

En la dependencia contigua septentrional, un área de triturado de mineral. Y en lo que parece ser un patio o espacio abierto situado al sur, restos de toberas, en su mayor parte crudas. Y ya en otra dependencia, un mazo de minero con ranuras transversales y varios moldes de arenisca.

Fonteta IIIB1 ha proporcionado una nueva escombrera de fundición en donde los crisoles, las tortas de metal, las escorias, las toberas cilíndricas y prismáticas, así como los moldes para fabricar hachas de apéndices laterales, incluso con doble cama, se mezclaban en una amalgama con un notable conjunto de vajilla de barniz rojo, una de cuyas lucernas de dos picos ostenta un grafito alusivo al nombre teóforo de su propietario: MLQRT YSP ("Melqart lo añadió") según ha podido desentrañar la Dra. Elayi.

Tras los vestigios ya mencionados de Fonteta VI, en la fase VII se ha registrado en el Corte 8 una estructura alargada de combustión - un horno metalúrgico con seguridad - en cuya plataforma inferior había un nódulo de litargirio, es decir, el monóxido de plomo altamente tóxico que resulta de la copelación de la galena argentífera.

Con los datos actualmente disponibles, da la sensación de que tanto Fonteta arcaica como Fonteta reciente ofrecen una caracterización metalúrgica similar, ilustrándonos sobre una de las principales actividades económicas de este centro fenicio de Occidente.

En relación con la metalurgia de las comunidades indígenas precedentes (taller de Peña Negra I), los elementos que ha proporcionado La Fonteta se inscriben en la nueva dinámica instaurada por la presencia fenicia en Occidente: sobre todo el hierro y la plata (metal con que pagan sus tributos a Asiria las metrópolis fenicias), al lado del tipo de toberas tanto cilíndricas como prismáticas, tan conocidas en otros centros fenicios del Mediterráneo central y occidental.

Pero la metalurgia básica de la factoría de la desembocadura del Segura sigue siendo de base cobre. No en vano, el tipo de hacha que se está fabricando en el siglo VII AC en los talleres fenicios de Fonteta II y III es el mismo que desde doscientos años antes venía elaborándose en los talleres de Peña Negra I. Su presencia, incluso monótona, en un centro fenicio puede tener mucho que ver tanto con labores complementarias mineras -deforestación- como con su utilidad segura como escoplo de cantero y tallista. No olvidemos que en esta fase arcaica es donde deben situarse el templo y el tofet cuyas molduras y estelas, talladas con esmero, han sido reutilizadas en la construcción de la muralla de Fonteta IV.

La cultura material

El asentamiento fenicio de la desembocadura del río Segura no sólo nos ha deparado un inmejorable estado de conservación de la arquitectura, sino que también ha proporcionado una masa de materiales arqueológicos que resulta, a todas luces, desbordante y que no hace sino traducir la importancia de las transacciones económicas, el elevado índice demográfico existente y la riqueza de sus gentes.

Tanto a través de la cerámica como de los bronces o los amuletos se aprecia en toda la secuencia de vida de La Fonteta la diversidad del origen de los productos hallados en las excavaciones: Cádiz, Málaga, Cartago y otros centros del Mediterráneo central, y Oriente, para los elementos propiamente fenicios. Las importaciones griegas aparecen desde Fonteta II con cerámicas protocorintias y ánforas SOS, alcanzando un máximo en Fonteta VI con las producciones de la Grecia del Este (Samos, Quíos, Jonia), en la misma línea que lo señalado para Huelva y Málaga. De la fase más arcaica mínimamente documentada (Fonteta IB) procede un skyphos fenicio con engobe rojo y pintura negra que imita los modelos euboicos, similar a ejemplares hallados en Toscanos, Cartago, Mozia y San Antioco.

La Fonteta arcaica depara unos conjuntos materiales acordes con los propios de los restantes centros fenicios del mediodía peninsular y de Sa Caleta. El repertorio más completo procede de Fonteta II y Fonteta III, en cuya diferenciación han vuelto a prestar un buen servicio algunos indicadores cronológicos como es el caso de los platos de barniz rojo (red slip ware, céramique à enduit rouge, rote ware).

El porcentaje de cerámicas a mano es reducido, sin superar valores del 20%. Se pueden establecer tres grupos: el primero de procedencia alóctona, del sur peninsular; otro con pastas ricas en calcita y el tercero, posiblementer local, idéntico a la producción manufacturada de los centros indígenas (Peña Negra I).

Las cerámicas a torno ofrecen igualmente varios puntos de origen, destacando nítidamente por sus características peculiares y por su entidad estadística aquellos productos elaborados en las factorías malagueñas y los importados de Cartago: ánforas, cerámica gris, cerámica sin tratamiento, cerámica de engobe y barniz rojo y cerámica con decoración pintada, esencialmente bicroma.

Las especies más abundantes son las ánforas y la vajilla de barniz rojo. Los platos y las lucernas de uno o dos picos, con o sin tratamiento de barniz rojo, resultan uno de los tipos más comunes, seguidos por los jarros de boca de seta o de boca trilobulada.

La cerámica gris no alcalza en absoluto los valores que después observaremos en Fonteta reciente y su origen hay que buscarlo en los centros de la costa andaluza.

Para la cerámica con decoración pintada hay que subrayar la tendencia hacia una representación especial de las formas E11 (vasos tipo Cruz del Negro) y E13, las tinajas anforoides de cuatro asas geminadas, un contenedor (¿salazones?) tan abundante como las ánforas de vino, mostrando diversas sintaxis decorativas (aspas, circunferencias concéntricas) sobre la conocida temática de base de bandas rojas y filetes negros.

El conjunto cerámico de La Fonteta reciente muestra sensibles diferencias en relación con el comportamiento precedente. Este fenómeno debe relacionarse con los cambios que se producen en casi todos los centros fenicios a partir del último tercio del siglo VII AC, reflejo a su vez del inicio de la crisis de las metrópolis orientales, sobre todo de Tiro.

La construcción del sistema defensivo de Fonteta IV y la reestructuración urbana del asentamiento fenicio encuentran su eco en los cambios sensibles en el comportamiento de los repertorios cerámicos en particular. Para su análisis disponemos de un amplísimo registro propiciado por el carácter de vertedero de los depósitos denominados Ia3, exponentes de la fase Fonteta VI.

El carácter de basurero del depósito ha ocasionado el fenómeno de que en determinados puntos los valores de la cerámica a mano se sitúen en torno al 49%, valor que hemos de considerar, por tanto, anómalo ya que la tendencia en el resto del registro sigue aquella observada desde Fonteta arcaica.

Pero resulta atractiva la hipótesis de entrever en estas fases recientes del yacimiento fenicio una mayor presencia de gentes que desde hace tiempo, al menos desde principios del siglo VII AC, están conviviendo con grupos orientales, según se desprende de la instalación de una factoría fenicia en la ciudad indígena de Peña Negra II.

¿Acaso se produce un repliegue de la población oriental en Fonteta, junto con grupos indígenas fuertemente mestizados? Una clave para semejante cuestión puede darla la cronología de la fortificación, río Segura arriba, del Cabezo Pequeño del Estaño, cuya publicación resulta imperativa. ¿Es el Estaño una forti-ficación anterior a Fonteta IV y se abandona, trasladándose el sistema defensivo a la ciudad portuaria de la desembocadura? ¿O surge el Estaño precisamente cuando se define dicho sistema?.

La nueva orientación que puede estar tomando la ciudad portuaria de La Fonteta reciente se refleja muy bien en la cultura material: los productos de los centros de la costa malagueña ya no son predominantes, a la par que escasean más aquellos fabricados en Cartago. Como contrapartida, nuevos talleres inundan con sus productos la vida cotidiana de los últimos fenicios, más o menos puros, de Fonteta VI-VIII, antes de desaparecer o ser asimilados por lo ibérico.

Las cerámicas de los alfares fenicios locales de Peña Negra II, particularmente la vajilla gris, alcanzan una representación notoria. A su lado, numerosas producciones cuya identificación, a través de análisis intensivos y extensivos de caracterización, resulta apremiante.

El espectro ceramológico de Fonteta VI puede conducir al establecimiento de una facies propia que matice y explique la transformación de lo orientalizante (Peña Negra II) en lo ibérico antiguo (El Molar), llenando ese salto en la génesis del foco ibérico del Bajo Segura. ¿Podría representar el mundo de Fonteta VI el eslabón que explica directamente el surgimiento de la cultura ibérica a partir de la segunda mitad del siglo VI AC?

Los objetos suntuarios que acompañan a este momento del yacimiento fenicio, con una amplia representación de diversos tipos de fíbulas entre los que falta por hoy la anular hispánica, con vasos de alabastro y escarabeos de fayenza y azurita, nos confirman estas sospechas de hallarnos ante un horizonte inmediatamente previo al representado por la necrópolis del Molar, perteneciente sin lugar a dudas al poblado ibérico situado en la orilla izquierda de la desembocadura del río Segura.

Los vasos de huevo de avestruz

A lo largo de la secuencia de las ocho fases de La Fonteta se ha manifestado la extrema abundancia de vasos realizados sobre huevos de avestruz.

Disponemos de más de 150 fragmentos de dichos vasos, que presentan casi todos restos de ocre rojo por el interior y algunos han conservado la decoración externa pintada o la huella mate de ésta tras la desaparición de la pintura.

Estos hallazgos, junto con los realizados en otros centros fenicios, como es el caso del Cerro del Villar, en la desembocadura del Guadalhorce, ponen de manifiesto el carácter no exclusivamente funerario de esta peculiar producción que perdura en época púnica y cuyo sentido simbólico parece haber cuajado en algunos ambientes funerarios ibéricos.

Objetos de metal, amuletos y joyería.

Acompañando a los desechos cerámicos y a los restos metalúrgicos hallados en las diversas fases, La Fonteta ha prodigado numerosos objetos de metal, básicamente de cobre y bronce, al lado de un no menos importante volumen de objetos de hierro.

Un considerable lote de anzuelos, junto a pesos de plomo de redes, no hace mas que confirmar lo que indica la existencia de vértebras, espinas, dientes y escamas de diversas especies de ictiofauna, de las que destacan los escómbridos, que fueron pescadas por los habitantes de la ciudad portuaria de la desembocadura del Segura.

Un conjunto de placas de chapa de cobre o bronce, en ocasiones con roblones de hierro, conforman lo que ha quedado de guarniciones sobre materias perecederas (tejido, cuero, madera).

Del cobertizo de Fonteta VI-VII hallado en el Corte 5 proceden los restos de la guarnición de un cinturón, a base de doble cinta recubierta de hemiesferas de bronce, que debió de ser del mismo tipo hallado en Peña Negra II o en la necrópolis de La Joya, lo que viene corroborado por el hallazgo en el Corte 7 de un broche de cinturón del mismo tipo.

Con los actuales registros, el mayor número de fíbulas y broches de cinturón, éstos del tipo sencillo tartéssico, proviene del vertedero de Fonteta VI. Las fíbulas predominantes son las de doble resorte y las de pie acodado rematado en pequeño botón (tipo "Golfo de León"), junto a otros tipos menos comunes y que sirven de cotejo para el establecimiento de la cronología de dicha fase.

En plomo, aparte de los restos de goterones informes, disponemos de una pesa cuadrada con marca central similar a las aparecidas en otros centros fenicios de Occidente (Guadalhorce) y de Oriente.

De hierro han aparecido numerosos fragmentos de piezas diversas, generalmente de vástago circular, y algunas casi completas (un asador en Fonteta V), junto a varios cuchillos afalcatados.

En el apartado de amuletos y colgantes disponemos de una plaquita calada de esteatita con representación del Uadjet y de la vaca Hathor, una mascara silénica de fayenza, una figura de Bes, también de fayenza, como dos de los cuatro escarabeos recuperados. Los otros dos son de bronce y azurita. De marfil se conservan algunas piezas de muebles, un fragmento de peine y un colgante cilíndrico.

Un entalle basculante engarzado en plata perteneciente a un anillo muestra una esmerada labra con el motivo de Set sedente encima de la línea de la tierra y junto a una flor de loto, todo ello debajo del signo pet, el cielo.

Una muestra de la orfebrería en oro lo ofrece un colgante del tipo de cestita con pirámide de glóbulos que obedece a un tipo muy conocido en el repertorio de la joyería fenicia y que, fabricado en oro o plata, se reparte desde Fenicia y Palestina hasta Cádiz.

Bibliografía Fonteta

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Enlaces a las Memorias preliminares:

http://www.labherm.filol.csic.es/Sapanu2000/ALICANTE/c_otros/primmem.htm

http://www.labherm.filol.csic.es/Sapanu2000/ALICANTE/c_otros/mem97.htm

http://www.labherm.filol.csic.es/Sapanu2000/ALICANTE/c_otros/Memoria.htm

http://www.labherm.filol.csic.es/Sapanu2000/ALICANTE/c_otros/mem2000.htm

http://www.labherm.filol.csic.es/Sapanu2000/ALICANTE/c_otros/mem2001.htm

http://www.labherm.filol.csic.es/Sapanu2000/ALICANTE/c_otros/result.htm

La cámara del tesoro. Herodoto

La cámara del tesoro. Herodoto

I EL MIEDO

Cuando Egipto figuraba a la cabeza de la civilización, estaba gobernado por unos reyes muy poderosos y autoritarios a quienes se daba el nombre faraones.

En la época de este cuento, el mandatario de la bella región del Nilo era Rampsinitus. Se trataba de un monarca afortunado como pocos, que en todas las guerras que había emprendido contra los vecinos hostiles había salido triunfante, regresando a Menfis, capital entonces de Egipto, con gran número de cautivos y un valioso botín que iba a engrosar su ya cuantioso tesoro. Y como se trataba de un hombre avariento que no gastaba ni la más pobre de las monedas acumuladas ni regalaba la más humilde de las joyas que llenaba sus colmadas arcas, llegó un día len que fue el más rico del mundo. Sin embargo, su única ambición era poseer cada vez mayores riquezas.

Como todo avariento poseedor de gran fortuna, Rampsinitus estaba dominado por el miedo. No tenía un solo instante de sosiego. De día y de noche, dormido y despierto, vivía temiendo que alguien le arrebatara las riquezas que había acumulado con morbosa fruición.

Aquello no podía seguir así. Por eso, y con el fin de disfrutar de la tranquilidad que hacía años había perdido y tanto necesitaba, llamó a un arquitecto y le ordenó que construyera una cámara en la que nadie pudiera entrar sin que él lo advirtiera rápidamente.

El hombre levantó una amplia construcción contigua a uno de los muros más seguros del palacio del faraón y de acuerdo con las indicaciones dadas por éste. Para que nadie pudiera violarla desde el exterior, trabó las piedras entre sí de tal manera, que ni el ladrón más astuto hubiera podido penetrar en la cámara.

II LA PIEDRA GIRATORIA

Como hemos visto, para la construcción de la cámara del tesoro, el faraón había sabido elegir a un hábil arquitecto. Posiblemente más hábil de lo que el mismo faraón se imaginaba. Y decimos esto, porque, aunque Rampsinitus no se lo dijo, el constructor adivinó el destino de aquel edificio, y sabiendo que el dueño del mismo poseía el tesoro más valioso de la tierra y tal vez imaginado que a él no le vendría mal una pequeñísima parte de dicho tesoro, dispuso las piedras de una de las paredes exteriores de tal manera que resultaba fácil sacar una de ellas para quien estuviera al tanto del secreto. Todo consistía en oprimir en determinado sitio que él solo conocía. Haciéndolo así. La piedra giraba sin hacer el menor ruido y dejaba un boquete lo suficientemente grande como para que un hombre pudiera pasar por él. Y la combinación estaba tan bien hecha, que cuando la piedra se volvía a cerrar. Encajaba tan a la perfección con las demás, que por más atención que se pusiera al observar la pared palmo a palmo, nadie era capaz de notar diferencia alguna entre la piedra giratoria y las restantes.

Una vez terminada la cámara, el faraón, loco de contento, encerró en ella sus riquezas. Y, aunque el edificio era amplio y alto, tan amplio y tan alto como un salón de recepciones, se llenó, con arcones repletos de oro y plata, con tinajas desbordantes de piedra preciosas y con canastas llenas hasta el tope de los más variados y costosos objetos.

Rampsinitus iba todos los días a esa cámara, y allí pasaba largas horas embelesado en la contemplación de sus riquezas. Y cuando a la noche se retiraba a descansar, dormía por fin tranquilo. Sabía que su tesoro estaba bien guardado.
Aunque posiblemente, como ya hemos dicho, el arquitecto tenía el propósito de sustraer parte de las riquezas del rey, no lo hizo. Y no sabemos si no lo hizo por un prurito de honradez, o porque la muerte lo sorprendió antes de que pudiera llevar a cabo su plan tan hábilmente concebido. Sin embargo, antes de morir llamó a sus dos hijos, y les puso al tanto del secreto de la piedra giratoria, agregando que la había construído pensando en ellos, para que echaran mano de los tesoros del faraón cuando tuvieran necesidad.

Aunque al decirles esto invitaba a sus hijos al robo, no se crea que el arquitecto era un mal sujeto. Deben tener en cuenta los lectores que en aquella época y en aquel país, el robo no se consideraba un delito tan reprobable como se le considera hoy y como en realidad es.

El moribundo les dijo a sus hijos que se valieran de las riquezas del faraón en caso de necesidad, pero los muchachos, que se llamaban Hofra y Senu, no lo hicieron así, sino que poco después de dar sepultura a su padre, realizaron una incursión en la cámara del tesoro real y, ante los cofres y las tinajas, metieron la mano hasta el codo, como vulgarmente se dice.

III LA TRAMPA

Rampsinitus estaba hondamente preocupado. Y no era para menos. Acababa de revisar sus riquezas, y había observado que uno de los arcones que antes estaba repleto de pesadas monedas de oro aparecía ahora poco menos que vacío. Además, una tinaja, que recordaba haber visto llena hasta desbordar de collares de perlas del más puro oriente y de anillos y diademas cuajados de piedras preciosas, no ofrecía ahora ni una décima parte de su contenido. Revisó detenidamente los sellos de la puerta y vió que estaban intactos. Nadie, pues, había entrado. Sin embargo...
Para convencerse del todo, aquella misma tarde hizo otra visita a la cámara y vió que una urna que había contenido una buena cantidad de alhajas aparecía ahora completamente vacía. Volvió a revisar la puerta, y comprobó que nadie había roto los sellos. Interrogó a los soldados que montaban permanentemente la guardia allí, y todos juraron que nadie se había ni siquiera acercado. Y como, salvo la entrada privada del faraón, que el personalmente cuidaba y cerraba con siete llaves, no había otra puerta que la que custodiaban los guardias, y en ésta los sellos permanecían intactos, Rampsinitus no se explicaba cómo se habían producido los robos. Y como éstos se repetían, su preocupación era enorme.
Al día siguiente, ante la evidencia de una nueva sustracción, no aguantó más: llamó a su primer consejero y le dijo:

-Sabes que tengo un tesoro.
-Grande como ninguno –contestó el funcionario, que era un gran adulón.
-Y sabes también que para ese tesoro tengo una cámara.
-Invulnerable como ninguna.
-Eso creía yo hasta hace poco; pero desgraciadamente no es así.
-¿Acaso?...
-Sí. Los ladrones han penetrado varias veces en ella y se han llevado monedas y joyas de gran belleza y valor.
Fue tan inesperada aquella revelación, que Ramenca, que así se llamaba el primer consejero, se quedó perplejo y sólo atinó a decir:
-Eso es imposible, señor.
-Supongo –exclamó el faraón, con grave tono -que no insinuarás que yo miento.
-De ninguna manera, señor –se apresuró a decir el funcionario, para atenuar la mala impresión que su desatinada exclamación había producido en el rey.
-Sabemos que hay ladrones –continuó Rampsinitus-, pero también sabemos que no son ladrones vulgares. Se han llevado las riquezas sin dejar el menor rastro. Los sellos de la puerta están intactos, y los soldados de la guardia juran no haber visto a nadie.
-Realmente, son unos malhechores extraordinarios, gran señor.
-Pero contra malhechores extraordinarios, hay que disponer de extraordinarios recursos. Mandaremos construir una trampa.
-¡Eso es! Una trampa dispuesta de tal manera que en cuanto el ladrón meta la mano en un arcón o una tinaja, se vea fuertemente agarrado.
-No. ¿Acaso ignoras la fábula del zorro y la trampa?
-No la recuerdo, señor.
-Pues escucha y tenla presente cuando encargues el aparato para atrapar al ladrón de mi tesoro... Había una vez un zorro que quedó agarrado en una trampa por la cola. El astuto animal sabía que, si seguía allí, el dueño de la trampa, tan pronto llegara, le daría muerte. ¿Qué hizo entonces el zorro?. Aunque estaba muy orgulloso de su cola, se la cortó con los dientes y dejándola en la trampa, quedó libre. Hay que procurar, pues, que el ladrón no pueda cortarse la mano y salvar el cuerpo. Imagina, entonces, una trampa dispuesta de tal manera que cuando el malhechor toque lo que va a robar, quede agarrado por los brazos, las piernas y la cintura.
-Vuestras órdenes serán cumplidas señor –dijo el primer consejero.
Y, después de hacer una profunda reverencia, se retiro del aposento real.

IV AGARRADO

Como las riquezas las obtenían con tanta facilidad, Hofra y Senu las gastaban a manos llenas y sin provecho alguno. De manera que apenas les duraba un par de meses aquello con lo que una familia hubiera vivido durante más de cincuenta años sin penurias.

Por eso ahora encontramos a los dos hermanos planeando otra visita a la cámara del tesoro del riquísimo faraón.
-Hoy tendremos noche sin luna –dijo Hofra-. Por lo tanto, podremos acercarnos a la pared de la piedra giratoria sin que nadie nos vea.
-Me parece bien –contestó Senu-. Y a ver si cargamos con algo que nos dure más que lo que llevamos últimamente.

Inmediatamente se pusieron a hacer los preparativos, y en cuanto llegó la medianoche se encaminaron al palacio del faraón en uno de cuyos costados se levantaba la cámara del tesoro.

Se acercaron con toda cautela al muro cuyo secreto conocían sólo ellos, y después de convencerse de que nadie los había visto, buscaron a tientas la piedra giratoria. Hofra, que era el que iba a entrar, Mientras Senu, quedaría de guardia afuera, oprimió el muelle secreto, y la piedra, después de girar como si lo hicieran sobre unas bisagras le dejó expedita la entrada.

Una vez dentro, el muchacho volvió a cerrar, para evitar una sorpresa, y después de encender una yesca, prendió una lámpara que llevaba consigo. A la débil y vacilante luz, observó las riquezas que tenían a su alrededor, sin decidirse por ninguna, pues no sabía cuál valía más. Por fin se dirigió a una de las tinajas que estaba llena de rubíes y esmeraldas, pero apenas había metido la mano en su interior, se sintió agarrado por los brazos, las piernas y el cuerpo, de tal manera que por más esfuerzos que hizo no pudo soltarse ni hacerse el menor movimiento. Se diría que tres hombres hercúleos, lo sujetan fuertemente.

Forcejó un rato y se ensangrentó la muñeca tobillos. Tan fuerte era la trampa y tan ingeniosamente construída estaba, que el ladrón agarrado no pudo conseguir cosa alguna.

Exhausto y dolorido, descansó un rato y se puso a reflexionar. Si no se soltaba, podía darse por perdido. Ni él ni su hermano tenían las herramientas que hacían falta para romper aquel aparato. Y allí lo iba a encontrar el faraón.
En un rapto de desesperación forcejó con todas sus fuerzas, y no consiguió otra cosa que los anillos que le sujetaban las muñecas le penetran en la carne y le abrieran las arterias. La sangre le manaba en abundancia.
Comprendiendo que iba a morir, se arrimó al muro y llamó a su hermano.

V LA TRAGEDIA

Al oír la voz de Hofra, contestó Senu:

-¿Qué quieres?... ¿Qué te pasa?
-Ven en seguida –exclamó con desfallecido acento moribundo-, Empuja el resorte y entra. Me muero, hermano me muerto...
Comprendiendo que algo grave le había ocurrido a Hogra, Senu hizo girar la piedra, entró en la cámara y volvió a cerrar. Se aproximó a su hermano y se quedó mudo de terror al ver la situación en que se encontraba.
-He quedado agarrado en una trampa –dijo aquél-. Voy a morir y debo resignarme. Pero no hay necesidad de que los dos seamos castigados y que la vergüenza caiga también sobre nuestra pobre madre. Apenas amanezca llegarán el rey y los guardias, y al reconocerme sabrán que tú eres el otro ladrón. Por lo tanto, una vez que me haya muerto, que será dentro de poco, me cortarás la cabeza y la llevarás a casa. De esa manera no sabrán a quien pertenece el cuerpo del ladrón.
Una vez que Hofra se hubo desangrado, y seguro de que ya no sufriría, Senu le cortó la cabeza y abandonó horrorizado aquel espantoso lugar. Cerró con todo cuidado la piedra giratoria y regresó a su casa llevando consigo el despojo de su hermano, que puso en una urna y enterró en un rincón del jardín.

VI LA ASTUCIA DEL FARAÓN

Aquella noche Rampsinitus había dormido muy mal. Hacía muchos días que estaban puestas las ingeniosas trampas en todos los cofres, tinajas y canastos del tesoro, y el ladrón no había sido atrapado. ¿Es que se valía de otros medios para burlar de nuevo al dueño de las riquezas?. En cuanto amaneció se levantó y se dirigió a la cámara. La escasa luz que se filtraba por las pequeñas ventanas abiertas a una altura conveniente le permitió ver el cuerpo de un hombre agarrado en una de las trampas. En el primer momento no se dio cuenta de que se trataba de un decapitado. Y atribuyó su falta de movimiento a que se había quedado desmayado de la impresión y el horrible dolor.

Considerando que al fin iba a dar con los hilos de la trama y agarrar a todos los cómplices del ladrón, si los tenía y tomar venganza en todos ellos por el delito cometido, se acercó sonriendo al cuerpo exánime. Sólo cuando estuvo junto a él vió, horrorizado y sorprendido a la vez, que no tenía cabeza.

Su contrariedad creció de punto al comprender que existía por lo menos un cómplice del ladrón que logró quitar al cadáver el único medio de identidad y, lo que era peor para el faraón, había salido por un lugar que él no acertaba a descubrir en modo alguno.

Revisó cuidadosamente todas las paredes, inspeccionó el piso, miró detenidamente el techo, fue a ver los sellos de la puerta, que encontró intactos, y finalmente ordenó que revolviera todo lo que contenía la cámara, para ver si aparecía la entrada secreta. Todo fue inútil. No se encontró la menor celan.

-¡Eso ya es insoportable! –le dijo el rey a su primer consejero-. No hay duda que el ladrón tenía un cómplice.
-O varios –Contestó el funcionario.
-Bueno. Sean uno o varios, hay que agarrarlos.
-Nos sé cómo...
-. Yo sí lo sé. Harás colgar el cadáver en una de las paredes exteriores del palacio.
-En seguida, señor.
-No te apresures, que eso no es todo. Además de hacer colgar el cadáver, dispondrás la guardia de manera que pueda observar bien la cara de todos los que pasen.
-En seguida, señor.
-¡Un momento, que todavía hay más! Darás también orden a los soldados de que detengan a quienes lloren o se quejen o demuestren la menor aflicción ante le cadáver. Inmediatamente, el que haya hecho esa clase de demostraciones debe ser traído a mi presencia.

Con esta medida el faraón dio muestras de gran astucia, pues los antiguos egipcios creían que para lograr la vida en la eternidad los cadáveres debían ser embalsamados y enterrados completos y con toda clase de ceremonias. Rampsinitus esperaba que si sus deudos no iban a reclamar el cadáver por temor a verse comprometidos en los robos del tesoro, por lo menos irían a verlo y no podrían dejar de expresar su dolor.

VII EL FALSO MERCADER

Cuando la madre de los muchachos se enteró de la muerte de su hijo mayor y de que su cadáver estaba expuesto vergonzosamente al público a merced de las aves de rapiña, lloró con la desesperación que es de imaginar y recriminó al menor de sus hijos su comportamiento. Este se defendió como pudo, pero la afligida mujer no quiso oír razón alguna y ordenó a Senu:

-Ahora mismo sales y me traes el cadáver de tu hermano. No puedo permitir que se condene para siempre, por no poderle dar digna sepultura.
-Es imposible, madre –replicó el muchacho-.
Comprenderás que...
-Yo no comprendo nada. O me traes el cadáver de mi hijo, o voy a pedírselo al faraón, informándole de paso de lo que has hecho.
-¿Qué conseguirás con eso, madre mía? Perder a tus dos únicos hijos, en lugar de haber perdido a uno solo. Además el cadáver está custodiado día y noche y los soldados observan a quienes lo contemplan.

Todos los razonamientos de Senu fueron en vano. La afligida madre no quiso ni escucharlo. De manera que el muchacho terminó por disponerse a complacerla. ¿Cómo? No lo sabía en el primer momento, pero a fuerza de reflexionar dio al fin con la manera.

Comprobó media docena de burros los cargó con pellejos de vino. Cuando llegó la noche se disfrazó de mercader y salió de su casa, tomando, detrás de la recua, el camino del palacio del faraón.

No tardó en llegar al punto donde estaba expuesto el cadáver de su hermano. Entonces, procurando que los soldados que montaban la guardia no lo advirtieran, se acercó a uno de los asnos y desató la boca de los dos pellejos que cargaba.
Inmediatamente empezó a derramarse el vino por el suelo. El muchacho se hizo el sorprendido y, golpeándose la cabeza y el pecho con los puños cerrados, se lamentó de su mala suerte.

VIII EL PODER DEL VINO

Los soldados, tan pronto vieron que se estaba perdiendo lastimosamente el vino, fueron en busca de recipientes y empezaron a recogerlo y beberlo, sin consideración de ninguna especie parea el damnificado.

-¡Sinvergüenzas! –gritó Senu, con fingida cólera-. ¿Cómo os atrevéis a aprovecharos de la desgracia de un pobre mercader? ¡Ojalá toméis una borrachera que os haga reventar! ¡Aprovechadores! ¡Pillos! ¡Granujas! Voy a quejarme al mismísimo faraón.
-No grites tanto –le dijo uno de los guardias-. ¿Pretendías, acaso, que dejáramos desperdiciar un vino tan rico como este? Somos tontos pero no tanto.
-¡Sois unos ladrones! ¡Unos canallas! ¡Unos infames de lo peor!
-Por lo visto, el solo olor del vino te ha hecho perder la cabeza. ¿No te das cuenta que no te hemos quitado nada que hubieras podido aprovechar? Tranquilízate, y te ayudaremos a arreglar la carga de tus burros, para que el caso no se repita.

El falso mercader fingió que las sensatas y tranquilas palabras del soldado lo serenaba y, cambiando de tono, empezó a charlar cordialmente con los guardias y hasta celebró algunas de sus ocurrencias.

No desdeñó tampoco unos tragos de su vino que le alcanzaron, y así, riendo y bebiendo, terminaron por hacerse amigos, sentimiento que el muchacho ofreció sellar con el contenido de un pellejo entero que obsequió a los soldados. Estos no se hicieron rogar, y pronto dieron cuenta de buena parte del vino.

Al fin todos estaban ebrios, con excepción de Sensu, que disimuladamente había ido tirando licor a medida que se lo servían. Sin embargo, fingió encontrarse tan borracho como el más perdido de los guardias. Estos estaban tendidos a lo largo del muro del palacio del faraón. Cuando el falso mercader comprobó que ni uno solo había quedado despierto, descolgó el cadáver de su hermano, lo cargó sobre uno de los asnos y lo llevó a su casa para entregárselo a su madre, quien le dio digna sepultura junto con la cabeza que le faltaba. Y desde entonces reinó la paz en el alma de la buena mujer.

IX ASTUCIA CONTRA ASTUCIA

Grande fue la cólera del Rampsinitus al comprobar que nuevamente había fracasado en su intento de dar con el ladrón de su valioso y querido tesoro.

-Pero no cejó en mi empeño –le dijo a su primer consejero, que aguantaba temblando el chaparrón de insultos y recriminaciones que le caían con violencia.
-Echaremos mano de toda la fuerza –se atrevió al fin de decir Romanca-. No hay como la fuerza, señor. Si lo sabré yo...
-¡Nada de fuerza! –gritó el faraón-. Con un hombre tan astuto como ese ladrón hay que emplear su propia arma: la astucia. ¿lo oíste bien? ¡La astucia!
-Me parece bien, señor.
-Todo le parece bien, pero no haces nada. Afortunadamente, yo pienso para los dos, aunque tú cobres por lo que no piensas. Esta vez nos valdremos de mi hija para atrapar al huidizo delincuente.
-¡Cómo! ¿vais a exponer a la bella princesa, gran señor....?
-No hay riesgo ninguno. Sabes que soy un buen padre y que por nada del mundo permitiría que mi hija sufriera ningún daño. Esto debías haberlo supuesto, idiota.
-¿Qué habrá que hacer, entonces? Vos mandáis, señor...
-Harás anunciar por medio de pregoneros que daré en matrimonio a la princesa al hombre que se presente a ella y en secreto le revele una fechoría para cometer la cual haya sido necesario emplear astucia. El autor de relato que la princesa considere más interesante, será el favorecido. Fíjate bien en lo que he dicho, imbécil: será el favorecido.
-¿Y lo será, en verdad, gran señor? Porque yo creo que...
-No, tonto. En cuanto ella vea que está en presencia del ladrón, hará una señal y la guardia caerá sobre él. ¿Entendéis ahora? ¿Te vas dando cuenta, grandísimo estúpido. Las cosas se hicieron tal como el faraón las había dispuesto.

Tan pronto Senu oyó al pregonero se dio cuenta que el rey se proponía atraparlo, pero, como era tan temerario como astuto, decidió aceptar el reto. A la viveza del soberano opondría la suya, que también era una viveza soberana.
El día indicado para el singular torneo, el muchacho se presentó en el palacio del faraón envuelto en su largo manto. Al llegarle el turno, penetró en el salón donde la princesa lo aguardaba. Se acercó respetuosamente, y cuando ella le preguntó que cosa extraordinaria podría contar que revelara gran astucia, le refirió lo que le había pasado en la cámara del tesoro con su hermano y de qué medios se había valido para apoderarse del cadáver de éste y cómo había devuelto la tranquilidad a su madre llevándole los despojos.

Los guardias que desde las habitaciones contiguas veían y escuchaban lo que ocurría en el salón; al enterarse del extraordinario relato de Senu, se prepararon para caer sobre él a la primera señal de la princesa. Por eso, en cuanto ésta tuvo la certeza de que el joven era el ladrón que su padre andaba buscando, lo tomó del brazo y llamó a los guardias; pero se quedó muda de sorpresa y horror al ver que el hombre al cual tenía fuertemente asido escapaba velozmente. ¿Qué había ocurrido? Que el brazo que había agarrado la princesa no era el del muchacho, sino uno postizo que a propósito se había colocado el muy tunante bajo el mato.

En lugar de perseguir al fugitivo, los soldados tuvieron que atender a la joven, que se había desmayado, con lo que facilitaron la huída de aquél, que no tardó en perderse de vista.

X PROMESAS CUMPLIDAS

Cuando el pueblo se enteró de lo ocurrido, ridiculizó al faraón, quien, convencido de que no podía luchar con un hombre de tanto ingenio como audacia, decidió otorgarle su perdón siempre que le revelara el secreto del cual se había valido para penetrar en la cámara del tesoro sin que nadie se llegara a enterar. Al llegar la resolución real a conocimiento de Senu, éste se presentó al monarca con serenidad y ánimo bien dispuesto.

-¿No temes mi castigo? –le preguntó Rampsinitus.
-No, puesto que me habéis perdonado, y el faraón jamás falta a su palabra, pues es el más justiciero de los reyes.
-Eres tan astuto como valiente y sensato. Cumpliré mi palabra, pero tú me revelarás el secreto que tanto me interesa, me refiero al secreto para penetrar en mi tesoro.
-Lo haré siempre que vos cumpláis con la otra palabra: la de conceder la mano de vuestra hija a la persona que le relatara la aventura más portentosa. De otra manera no me consideraré obligado, ya que hablo con el más justiciero de los reyes.
-Cumpliré también con esta palabra, si estás arrepentido de tus delitos. Como comprenderás no puedo casar a mi hija la bella princesa, con un ladrón.
-Arrepentido estoy, señor, y prometo devolveros con mi trabajo las riquezas que tan astutamente os quité.

Ambos cumplieron lo prometido. El faraón dejó que Senu se casara con su hija, la joven y fue un auxiliar tan valioso para Rampsinitus, que éste aseguraba que le había devuelto con creces el valor de lo robado en la cámara del tesoro.

FIN