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Terrae Antiqvae

Hispania romana

El Teatro Romano, símbolo del esplendor de Gades

El Teatro Romano, símbolo del esplendor de Gades Foto: Teatro Romano de Cádiz

Cuenta Estrabón que los gaditanos en un principio vivían en una ciudad muy pequeña; "más Bálbos el Gaditanós, que alcanzó los honores del triunfo, levantóles otra que llaman Nueva; de ambas surgió Didym, cuyo perímetro, aunque no pasa de veinte stadios, es lo suficientemente grande para no sentirse agobiada de espacio". Y así se inició la construcción de la Neápolis y la de un teatro que, actualmente, está considerado como el más antiguo y de mayores dimensiones de Hispania, después del de Córdoba. Todo un ejemplo del esplendor que vivió Gades en la Antigüedad clásica.

El Teatro Romano de Cádiz surgió "dentro de los planes urbanísticos de una familia gaditana, los Balbo, en su intención de dotar a su ciudad de importantes edificios públicos, a imitación de su capital, Roma", cuenta el arqueólogo Ángel Muñoz Vicente. Los Balbo proyectaron ampliar el antiguo asentamiento fenicio construyendo otro nuevo junto a él. Este núcleo urbanístico es conocido como Neápolis, y de él se conocen, además del teatro, numerosos restos urbanos excavados en los últimos años. "Igualmente tenemos noticias de la existencia de otro importante edificio público, el anfiteatro, en el barrio adyacente al Pópulo, el de Santa María, en las cercanías de las actuales Puertas de Tierra", apunta Muñoz, para quien el Teatro Romano es "uno de los pocos edificios antiguos de nuestra Península que cuenta con referencias directas de los autores importantes de la época. Así, Cicerón, refiriéndose al mandato político de Balbo en Cádiz, alude a ciertos usos del edificio por este personaje en beneficio propio".

Si los restos del anfiteatro fueron visibles al menos hasta el siglo XVI –su perímetro aparece representado en un grabado de esa época– el Teatro, por el contrario, estaba ya cubierto, o sus estructuras reutilizadas e integradas en la villa medieval erigida por Alfonso X en el siglo XIII. Y aunque desde el siglo XVIII existen referencias a subterráneos en la zona –sin duda relacionadas con algunas de las galerías del monumento, y que hablan de pozos que permiten acceder a una rotonda con asientos de mármol– hubo que esperar a octubre de 1980 para que, de una manera inesperada y casual, afloraran los restos del Teatro.

Porque la casualidad hizo que los sondeos arqueológicos encargados por el Ministerio de Cultura al entonces director del Museo de Cádiz para delimitar la zona de expropiación para descubrir la alcazaba medieval deparara el hallazgo del monumento romano. Posteriores sondeos permitieron localizar las gradas superiores, y, poco a poco, se excavó un tramo de la galería y del graderío. Hoy, del Teatro Romano perduran un buen número de filas de gradas de la summa cavea y la mayoría de las correspondientes a la media cavea, y se han documentado las gradas inferiores y parte de la orchestra. Hormigón romano, mortero de cal con piedras y un revestimiento de cal son los materiales con los que se construyó el monumento.

Ángel Muñoz indica que el sector superior de la summa cavea ha desaparecido tanto por la utilización de sus materiales para construir inmueble en la época medieval como por la propia acción del mar. Pero junto a este sector socavado se ha conservado "excepcionalmente", dentro de otras construcciones, un tramo de muro curvo que corresponde a la fachada trasera del Teatro, "así como parte del entramado que sostendría el graderío y el inicio de un pasillo o deambulatorio tras la fachada".

Entre esta zona y la primera línea de gradas conservadas se observa también una hilada de sillares de piedra ostionera "que quizás corresponda a la pared lateral de mayor radio de una galería superior, perdida en su mayor parte al arrancar la misma desde la cota de suelo que hoy pisamos". Por el oeste, el graderío se adentra bajo el ábside de la Catedral Vieja, la Casa de Contaduría eclesiástica, la Posada del Mesón y la Casa de Estopiñán, que conserva restos en la planta baja. Y por el extremo oriental el graderío entra bajo la Guardería Municipal y, por consiguiente, bajo los cimientos del castillo medieval.

Un sondeo permitió en 1999 comprobar la existencia de otra bóveda paralela a la documentada en Estopiñán y permitía establecer la orientación del monumento y su diámetro: 120 metros.

Para Muñoz, el futuro del Teatro "pasa por un replanteamiento de la ordenación urbanística actual de un grupo de inmuebles de escaso o nulo valor arquitectónico e histórico" del siglo XIX, "cuyo derribo permitiría sacar a la luz el resto del edificio, pudiéndose visualizar totalmente la orchestra, el resto del graderío y la scaena del Teatro más antiguo y el segundo más grande de Hispania".

Teatros romanos en la provincia de Cádiz: los casos de Carteia y Baelo Claudia

La provincia de Cádiz por su especial situación geográfica, ha desempeñado un papel preponderante a lo largo de su historia. Su emplazamiento en el extremo occidental del Mediterráneo ha generado en estas tierras un continuo fluir de pueblos y culturas. Las huellas de ese devenir histórico que nos ha legado el pasado, las encontramos en sus restos materiales del que son buena muestra los miles de yacimientos de distintas épocas y características y los incontables objetos hechos por el hombre como respuesta a unas necesidades vitales.
El año 206 a.C. significó para Gadir y su entorno su incorporación a la órbita del mundo romano. Para sus ejércitos, no sólo significó el final de la Segunda Guerra Púnica, sino también el inicio de la explotación económica de la Península. El pacto firmado por la ciudad de Cádiz con la república romana permitió durante muchos años la continuación de las tradiciones y aspectos organizativos de época fenicio-púnica y al mismo tiempo la génesis de un momento de despegue económico y alza comercial.

Los teatros de Gades, Baelo o Carteia, son buenos ejemplos, no sólo de la continuidad del gusto por los espectáculos griegos, sino también el exponente material de la nueva política imperial, religiosa o propagandística.

Los teatros no son sino un elemento más de la exportación a las provincias del modelo de la Vrbs (Roma), fenómeno en el que las élites locales debieron tener un papel primordial como intermediarios entre sus ciudadanos y el poder central.

Ahora que tanto se habla del hormigón intruso en Baelo Claudia, en referencia al modelo constructivo de la nueva Sede Institucional del Conjunto Arqueológico, me gustaría comenzar estos comentarios sobre nuestros teatros, hablando de sus fábricas, precisamente en buena medida (sobre todo el de Gades) realizados con un mortero denominado "opus caementicium", conocido popularmente por el nombre de "hormigón romano". Para pesar de algunos el "hormigón" no es un intruso en Baelo, tampoco lo es en Carteia y ni mucho menos en Gades, es un mortero cuyos orígenes se encuentran a finales del siglo III a.C. en el Lacio y la Campania que tuvo gran difusión en el mundo romano por ser una técnica fácil y económica desde el punto de vista constructivo.

El teatro de Carteia (San Roque) está ubicado en la parte más elevada de la ciudad, como es habitual en este tipo de edificios, que en su construcción aprovechan la pendiente natural del terreno, al igual que los de Gades y Baelo. De él en la actualidad sólo se aprecian los muros en opus caementicium, donde se apoyaba la parte superior de las gradas (summa cauea), y la cimentación del escenario. Las últimas investigaciones realizadas por la profesora L. Roldán, basadas en el análisis de las técnicas constructivas, apuntan a un edificio erigido dentro del programa imperial de construcción de teatros en las provincias occidentales, en época augustea con desarrollo algo posterior bajo los julioclaudios.

Su esquema es muy sencillo con un único sistema de acceso a la parte superior del graderío, mediante una entrada que coincide con el eje del teatro, a la que se llegaría mediante dos rampas enfrentadas. Sus dimensiones debieron ser notables, ya que los 84 metros de diámetro de la cauea le sitúan por delante de los de Itálica, Saguntum, Segóbriga o Bilbilis y muy próximo a los 86 metros del de Emérita (Merida) y 87 del de Cartago Nova (Cartagena).

El teatro de Baelo Claudia (Tarifa), parece que fue erigido en época de Nerón o Vespasiano, aunque algunos investigadores, sin embargo, le atribuyen una cronología de comienzos del siglo I de la Era. Sus dimensiones de 67 metros de diámetro, le equiparan a los de Acinipo (Ronda), Segobriga, Olisipo (Lisboa) o Toletum.

El esquema de la cauea se organiza en tres sectores semicirculares concéntricos (maeniana), subdivididos a su vez en ocho cuñas (cunei), que se han transformado en dieciocho tras las obras de restauración llevadas a cabo en los últimos años y que a corto plazo habrá que corregir.

El sistema de acceso a las distintas partes de la cauea se realiza a través de siete entradas abovedadas practicadas en la fachada curva, que evitan la construcción de galerías bajo el graderío y constituyen a su vez una disposición original, respecto al resto de los teatros de Hispania.

El teatro de Baelo presenta un buen estado de conservación, circunstancia ésta que ha permitido definir con exactitud su planimetría. Su orchestra estaba separada del escenario (scaena) por el pulpitum que aparece revestido de mármol y estucos pintados al fresco con motivos florales. Sobre el mismo se situaban dos esculturas de silenos en mármol (hoy conservados en el Museo de Cádiz) que arrojaban agua a modo de fuentes sobre dos recipientes o piletas adosadas al pulpitum.

Su ubicación en la parte oeste de la ciudad, alejado de la zona central, responde a una clara adaptación al relieve, al ser esta zona la de mayor pendiente.

Por AIDA R. AGRASO/Ángel Muñoz Vicente, Europa Sur, 2 de mayo de 2005
Enlace: http://www.europasur.com/europasur/articulo.asp?idart=1242729&idcat=1240


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TEATRO Y SOCIEDAD EN EL TEATRO ROMANO

* Catálogo de la exposición “El Teatro Romano”, celebrada en La Lonja de Zaragoza (abril-junio de 2003) y organizada por: Ayuntamiento de Zaragoza (I.S.B.N. 84-8069-316-9) y Fundación “La Caixa” (I.S.B.N. 84-7664-810-3)

Por Francisco Beltrán y Francisco Pina. Universidad de Zaragoza.

ORGANIZACION Y FINANCIACION

En Roma, el teatro no existió como institución cultural autónoma, ni hubo como en Grecia concursos públicos entre autores por determinar la excelencia entre varias obras. La palabra theatrum, tomada del griego, significaba para los romanos el edificio en el que se celebraban las representaciones teatrales, a las que llamaban «espectáculos escénicos» (ludi scaenici), porque constituían una parte de los juegos públicos celebrados en honor de los dioses. Elemento esencial de la identidad romana y de su cultura, la importancia de los juegos para la comunidad se aprecia en el hecho de que, en los días destinados a su celebración, se suspendía toda actividad profesional, comercial y pública, lo que facilitaba la asistencia de la población a los diversos actos programados. Los juegos no deben ser vistos sólo como un fenómeno lúdico: celebrados a la vez ante dioses y hombres, representaban un espacio de comunicación social en el que se inscribían formas de relación del romano con el mundo. Integradas en ese ritual, las representaciones teatrales no eran simplemente una actividad artística, sino una expresión de la vida cívico-religiosa, y como tales eran precedidas siempre de sacrificios rituales. Ese aspecto religioso permaneció siempre en mayor o menor medida, y es precisamente su relación con los cultos tradicionales romanos lo que impulsaría a los primeros padres de la Iglesia cristiana a condenar a los que asistían a espectáculos teatrales y circenses, no sólo por verlos como ámbitos de corrupción moral, sino sobre todo por considerarlos idólatras (Tertuliano, Sobre espectáculos, 7-9).

Los juegos comenzaban con una solemne procesión (pompa), que abría las ceremonias. Durante los días de fiesta se alternaban actos de diverso género: juegos circenses, juegos gladiatorios en el anfiteatro y espectáculos escénicos en el teatro, que se insertaron cronológicamente entre la pompa y las carreras en el circo. Contaban con representaciones teatrales de comedia, tragedia, mimo y pantomimo, en proporción que fue variando con el tiempo en función de los gustos del público.

Había diversos juegos públicos oficiales. Los más relevantes eran los que se celebraban en honor de Júpiter Óptimo Máximo, el dios supremo del panteón romano: los Juegos Romanos (Ludi Romani), los primeros en instaurarse y anuales desde el año 366 a.E., y los Juegos Plebeyos (Ludi Plebeii), programados cada año
desde el final del siglo III a.E. Junto a éstos, existían otros juegos celebrados regularmente: los Seculares, que conmemoraban el final de un siglo y el comienzo del nuevo; y los que honraban a diferentes divinidades: Flora, Apolo, Cibeles y Ceres. En todos ellos, durante la época republicana, predominaron los espectáculos escénicos sobre los circenses. Junto a los juegos regulares, existía la posibilidad de que se organizaran otros extraordinarios, celebrados para señalar eventos particulares, como un éxito militar (Suetonio, Vida de César, 39), la inauguración de un templo o el final de un desastre natural. También existían ocasionalmente juegos privados, pagados íntegramente por algún individuo con el deseo de impresionar al pueblo con su generosidad y obtener así popularidad. Durante el Principado, se añadieron los celebrados con motivo de los aniversarios de los emperadores y en otras ocasiones relacionadas con los máximos gobernantes del Imperio.

De esta manera, el número de días dedicados anualmente a los juegos fue creciendo considerablemente, y dentro de ellos las jornadas dedicadas a las representaciones escénicas. Si al final del siglo III a.E. no debía de ser superior a doce, al comienzo del Principado, de los setenta y siete días programados en la ciudad de Roma para la celebración de juegos públicos, cincuenta y seis estaban dedicados a funciones teatrales. Desde entonces el teatro hubo de hacer frente a la competencia creciente del anfiteatro y, sobre todo, del circo, de modo que, mientras el número de días de juegos públicos fue aumentando, el porcentaje de los dedicados a espectáculos teatrales disminuyó.

Del mismo modo que la religión estaba en Roma dirigida por la aristocracia, también el contenido y el desarrollo de los juegos estaban sometidos a su control. En consecuencia, todas las obras teatrales que eran representadas en público -basadas con frecuencia en los mismos mitos que formaban parte de las creencias religiosas o referidas a episodios históricos, o supuestamente históricos, que se remontaban al mismo origen de Roma- debían ser autorizadas por los magistrados que organizaban los juegos y, en última instancia, por el senado. De ello se encargaron durante la mayor parte del período republicano los ediles. Si bien buena parte de la financiación corría a cargo de fondos públicos, era habitual que los ediles, que estaban al comienzo de su carrera política, añadieran dinero propio para asegurar la brillantez de los juegos y agradar así a sus potenciales votantes en futuras elecciones. Desde el año 22 a.E., Augusto encargó la organización de los juegos públicos a los pretores. Sin embargo, desde entonces fueron por lo general los mismos emperadores los patrocinadores de unos juegos cuya celebración estaba cada vez más relacionada con la exaltación de su figura en el contexto del culto imperial. Puesto que cada emperador se esforzaba por superar a sus antecesores, los costes en la organización de los juegos llegaron a ser inmensos.

Los costes de los espectáculos escénicos se repartían fundamentalmente entre la adecuación de los edificios teatrales y la contratación de los actores. Hasta que se inauguró en el año 55 a.E. el primer teatro permanente en piedra de Roma, promovido por Pompeyo, era preciso construir en madera para cada ocasión una escena y un espacio para los espectadores con filas de asientos. Desde entonces, varios cientos de teatros fueron construidos en todo el Imperio romano. En general, tanto la construcción como el mantenimiento de los edificios teatrales, en Roma y en las provincias, correspondía al Estado, aunque era frecuente que magistrados y particulares contribuyeran con sus propios medios.

Los actores profesionales (histriones) estaban organizados en compañías (grex, caterva) poco numerosas -por lo general cuatro o cinco actores se repartían todos los papeles de una obra- bajo la dirección de un patrono (dominus). La mayoría tenían la condición jurídica de esclavos o libertos, y procedían sobre todo del Mediterráneo oriental, si bien también hay atestiguados actores occidentales, en particular de Italia. Recibían dinero por sus actuaciones, pero los salarios variaban sustancialmente en función de la fama de cada uno de ellos, y muchos debían de vivir en el umbral de la mera supervivencia. Al cabo del año, sólo se celebraban unas pocas representaciones teatrales en cada ciudad, de modo que los actores debían complementar sus ingresos con otras actividades artísticas y mediante giras teatrales por diversas ciudades.

En general los actores eran vistos como personajes vulgares y moralmente repudiables, hasta el punto de que fueron tratados por la ley romana como infames y su profesión como ignominiosa. Sin embargo, existieron notables excepciones. Se conocen en época tardorrepublicana actores como Roscio Galo y Clodio Esopo que llegaron a ser famosos en su época, convertidos en estrellas capaces de reunir grandes fortunas y bien vistos incluso entre los círculos aristocráticos. Durante el Principado, sobre todo durante el siglo II, los actores de mayor éxito fueron los pantomimos de la familia Caesaris, quienes, al servicio del emperador, no sólo actuaban en Roma, sino que realizaban giras por Italia y por las provincias occidentales del Imperio. Algunos de ellos llegaron a recibir honores municipales e inscripciones honoríficas en lugares públicos en ciudades provinciales. Grafitos de Pompeya muestran hasta qué punto el público podía entusiasmarse por los actores, llegando incluso a crear grupos de partidarios de uno u otro.

EL PÚBLICO TEATRAL

Aunque en ningún caso se reducía a una elite, la parte de la población que asistía al teatro era una minoría en comparación con el circo y con el anfiteatro (el número total de asientos existentes en los tres teatros de Roma en el siglo I d.E. era aproximadamente la mitad del anfiteatro Flavio (Coliseo) y muy inferior al aforo del Circo Máximo, en el que cabían unos 255.000 espectadores). El público variaba según los géneros. Comedia y mimo gozaban de un público de diversa procedencia, porque los temas, por su cotidianeidad, eran de fácil comprensión. El de la tragedia era en cambio más selecto, compuesto sobre todo por quienes habían tenido contacto con la cultura griega.

Los espectáculos eran anunciados mediante rótulos pintados en los muros exteriores de los teatros. Hombres y mujeres de todas las categorías sociales estaban autorizados a asistir a las representaciones teatrales, pero los espectadores no podían elegir libremente su asiento. La subdivisión del espacio en el edificio teatral, que suponía la reserva de lugares determinados según la categoría social, política y jurídica del público, ofrecía una imagen completa de la población romana, estructurada sobre la base de la existencia en ella de libres y esclavos, extranjeros y ciudadanos, diferenciando dentro de estos últimos entre la plebe y los órdenes de los senadores y los caballeros [Figura 4].

La ubicación de los espectadores fue reglamentada mediante diversas disposiciones legales durante la época republicana, hasta culminar con una detallada ley promulgada por Augusto (Suetonio, Vida de Augusto 44). Al parecer los esclavos podían asistir al teatro, pero con la prohibición de sentarse salvo que sobraran asientos, reservados para las personas libres. Los esclavos debían colocarse en la parte superior de la summa cavea, en la zona más alta del graderío. Ese es el espacio en el que se situaría también la plebe más humilde sin toga (pullati), así como las mujeres, aunque es posible que las esposas de caballeros y senadores pudieran acceder en compañía de sus maridos a las filas más próximas a la escena. De acuerdo con Suetonio, las vestales disponían de una ubicación especial frente a la tribuna del pretor, que presidía la representación. En cuanto a los niños, los pobres ocuparían como sus padres la summa cavea, pero quienes dispusieran de educadores privados serían colocados junto con éstos en lugares reservados del teatro. El grueso de la plebe ocupaba la parte principal de la media cavea, en la porción central del graderío, justo por encima de las filas de los caballeros. Es posible que hubiera sitios reservados para militares y tal vez también para veteranos del ejército, así como para los funcionarios públicos (apparitores) que trabajaban para los magistrados y para el emperador (escribas, pregoneros, alguaciles, etc.). Los soldados que hubieran sido condecorados con la corona civica por su valor disfrutaban del privilegio de sentarse inmediatamente detrás de los senadores, incluso por delante de los equites.

Por lo que respecta a los extranjeros, aquéllos que disfrutaban en Roma de la condición de huéspedes fueron expulsados por Augusto de la orchestra, donde aparentemente habían disfrutado del privilegio de sentarse junto a los senadores durante la República tardía. Sin embargo, algunos embajadores, reyes y príncipes fueron autorizados con posterioridad a sentarse en ese lugar destacado (Tácito, Anales XIII 54). En cualquier caso, tales huéspedes oficiales siguieron disfrutando de asientos suficientemente honorables, aunque probablemente por detrás de los caballeros.

En los asientos más próximos a la escena se ubicaban los miembros de la aristocracia romana, caballeros y senadores. Desde el año 61 a.E., la ley Roscia obligaba a reservar las primeras catorce filas del graderío a los miembros del orden ecuestre. No es seguro que disfrutaran de este privilegio también fuera de Roma, pero hay indicios de que así sería, como por ejemplo una inscripción realizada sobre una de las gradas inferiores del teatro de Arausio (Orange, Francia), reservada para caballeros, y la noticia transmitida por Asinio Polión en una carta dirigida a Cicerón en la que afirma que, en los juegos organizados por Balbo en Gades (Cádlz), había en el teatro catorce filas de asientos reservadas a los caballeros (Cicerón, Cartas a familiares X 32,2).

En cuanto a los senadores, desde el año 194 a.E. se les reservó asientos separados del resto del pueblo (Livio XXXIV 44). Durante las últimas décadas republicanas debieron de tener derecho a sentarse en la orchestra, justo bajo el escenario, privilegio que se recoge en la ley de la colonia hispana de Urso, sin duda redactada a imagen y semejanza de Roma. Probablemente se acomodaban en sillas movibles, tal vez con los nombres de sus propietarios pintados sobre ellas. La normativa introducida por Augusto confirmó la posición de privilegio de los miembros del orden senatorial, al decretar «que siempre que se diesen espectáculos públicos, la primera fila de asientos quedase reservada para los senadores». La reserva de plazas podía realizarse horizontalmente por filas (gradus) o verticalmente por bloques de asientos (cuneus). Las mismas gradas podían estar rotuladas con inscripciones o signos señalando los grupos o individuos a los que correspondían. En todo caso, la separación de los diversos ámbitos estaba clara, también desde el punto de vista arquitectónico. En el teatro norteafricano de Sabratha [Figura 1], por ejemplo, se conserva el pequeño muro que aislaba las seis filas de los notables de la ciudad del resto del graderío, señalando la diversidad jerárquica del cuerpo social. Los romanos introdujeron además como novedad en sus teatros la instalación de tribunas de honor (tribunalia) sobre las entradas laterales al edificio, creando palcos suplementarios cuyo interés radicaba precisamente en su aislamiento respecto a los espectadores situados en el mismo nivel.

TEATRO Y POLITICA

El hecho de que el teatro constituyera una representación completa de la sociedad romana hacía factible su utilización como instrumento político, sobre todo a partir del siglo I a.E., como muestra Cicerón, quien afirma que había hombres públicos que eran recibidos en el teatro con aplausos o silbidos, e incluso que había quien tenía miedo de ir al teatro por temor a que un recibimiento adverso mostrara una merma en su popularidad (Cicerón, Filípicas I 36-37). Estas observaciones indican que ya entonces los espectáculos escénicos se habían convertido en un lugar para expresar opiniones sobre cuestiones políticas de actualidad.

Especialmente durante el Principado, el teatro -como el anfiteatro y el circo- se convirtió en escenario de manifestaciones políticas. En una época en la que las asambleas populares habían perdido las funciones legislativas y electorales que las habían caracterizado durante la República, el pueblo encontraba en el teatro un lugar alternativo para mostrar, bien su descontento por determinadas leyes (Suetonio, Vida de Augusto 34) o por el deficiente abastecimiento de cereales a la ciudad (Tácito, Anales VI 13), bien su deseo por honrar a un personaje público, en especial a un emperador (Suetonio, Vida de Augusto 58). Es obvio que una protesta o reivindicación no era necesariamente atendida por el emperador, a quien generalmente iba dirigida, pero éste se sentía en ocasiones obligado a ceder ante la presión popular para no perder su reputación (Suetonio, Vida de Tiberio 47).

El público mostraba su opinión mediante gritos, silbidos, signos con las manos, aplausos o silencios ostentosos. Tales manifestaciones, que podían surgir espontáneamente durante una representación, o bien ser provocadas de manera premeditada por parte de grupos contratados para ello, estallaban a partir de un incidente percibido por todos los presentes simultáneamente y que estuviera en relación con el tema de la protesta o podía ser visto como tal: la recitación de un verso al respecto (Suetonio, Vida de Augusto 53), la entrada del emperador o de otra personalidad en el recinto, un comentario en voz alta, etc. En el caso de las manifestaciones planeadas de antemano, por lo general formando parte de una campaña más amplia, los presentes eran incitados mediante rumores o a través de individuos que actuaban como provocadores, y solían culminar en desórdenes callejeros. En época de Nerón se hicieron famosos los llamados Augustianos, una claque formada por aplaudidores profesionales al servicio del emperador (Suetonio, Vida de Nerón 20; Tácito, Anales XIV 15).

Con todo la conocida frase de Juvenal (X 81: «panem et circenses», interpretada en sentido literal, es poco más que un tópico. Es difícil aceptar que en una ciudad de aproximadamente un millón de habitantes, como era la Roma imperial, hubiera una mayoría de la plebe desocupada que viviera exclusivamente del pan entregado por el estado y cuya única ocupación fuera asistir a los juegos. Sólo un número de días determinado estaba dedicado a los juegos al cabo del año, y el aforo de circo, anfiteatro y teatro era limitado (por ejemplo los asientos de los tres teatros permanentes existentes apenas suponían el 1% de la población total), por lo que no parece razonable pensar en los juegos como medio de supervivencia de una parte sustancial de la población, aunque su papel propagandístico es indiscutible.

EL TEATRO EN HISPANIA

El teatro desempeñó en las provincias del Imperio el papel de transmisor de ideas y valores propios de la romanidad en un ámbito predominantemente indígena, constituyendo desde ese punto de vista un elemento fundamental en el proceso de integración cultural que denominamos romanización. Como en Roma, las representaciones teatrales provinciales formaban parte de juegos públicos dedicados a determinadas divinidades. Si bien la estructura de los ludi en la metrópoli no es extrapolable sin más a las ciudades provinciales, éstas se guiaban en general por ese modelo. Esto es mostrado en Hispania por la ley de Urso (Osuna, Sevilla), colonia de ciudadanos romanos fundada por iniciativa de Julio César inmediatamente después de su asesinato en el año 44 a.E. Entre las diversas disposiciones de la ley Ursonense, se encuentra regulada la celebración de juegos públicos. Estos debían ser organizados por los principales magistrados anuales de la colonia, los dos duunviros (capítulo 70). Las fechas habían de ser fijadas al comienzo del año de acuerdo con los decuriones locales y debían durar un mínimo de cuatro días, ocupando con los festejos al menos la mitad de las horas útiles de cada uno de esos días. Los juegos, a los que el texto de la ley se refiere como ludi scaenici, tenían que dedicarse a los dioses capitolinos romanos (Júpiter, Juno y Minerva), aunque se añade un genérico «a los dioses y diosas». Cada duunvir debía gastar en esos juegos al menos dos mil sestercios de su propio peculio, a los que se añadía como máximo una cantidad igual procedente de los fondos públicos. Esto significa que la magnificencia de los juegos coloniales dependía de la voluntad política y de la generosidad de los duunviros de turno.

La ley (capítulo 71) contiene también prescripciones semejantes en relación con la segunda magistratura colonial en importancia, los ediles, quienes debían gastar dos mil sestercios de su patrimonio en la organización de espectáculos escénicos, unidos a un máximo de mil sestercios de las arcas públicas. Tres de los días correspondientes a los juegos edilicios eran dedicados a los dioses capitolinos, pero el cuarto lo era a la diosa Venus, divinidad tutelar de Urso por ser antepasada mítica del fundador César. En este caso, Venus era honrada con juegos circenses en el circo o gladiatorios en el foro de la colonia.

El magistrado encargado de la organización de los espectáculos escénicos debía velar por la correcta distribución de los asientos teatrales, tanto entre los colonos, que constituían la población de pleno derecho de Urso, como entre los residentes en la colonia que legalmente fueran ciudadanos de otras ciudades (incolae), los huéspedes de la comunidad e incluso los simples transeúntes. Al igual que en Roma, en Urso (capítulos 125-127) -y hay que suponer que también en otras colonias hispanas como Caesaraugusta y Emerita Augusta- debían reservarse asientos de honor en la orchestra, como lugar de máximo privilegio junto a la escena, para los decuriones y para los magistrados coloniales de cada año. Se fija una multa de cinco mil sestercios para quien infrinja la norma y se acomode en esos lugares sin estar autorizado para ello. Se reserva además la orchestra al gobernador de la Hispania Ulterior, provincia a la que pertenecía Urso, a los magistrados del pueblo romano, es decir, aquellos magistrados de Roma que circunstancialmente se encontraran en Urso, a los senadores y sus hijos presentes en la ciudad, y al praefectus fabrum, funcionario al servicio del gobernador provincial. En otro capítulo de la ley (66), se concede asimismo a los principales sacerdotes de la colonia, pontífices y augures, el privilegio de sentarse en los lugares reservados a los decuriones tanto en el teatro como en los juegos gladiatorios.

Siguiendo el ejemplo de las colonias, es posible que también los municipios hispanos incluyeran entre sus normas internas la obligación de distribuir espacialmente a los asistentes a los juegos según su condición social. Sin embargo, el capítulo 81 de la ley del municipio de Irni (o Irnium) en la provincia Bética, datada en época Flavia, hace una referencia general a la ordenación de los espectáculos, pero no prescribe ninguna ubicación predeterminada de los asistentes.

A diferencia de lo que ocurría en el Oriente helenizado, en donde el teatro contaba con una tradición multisecular profundamente enraizada en la vida comunitaria, en el Occidente romano tanto los espectáculos escénicos como los edificios específicos destinados a albergarlos son innovaciones que empiezan a popularizarse tan sólo a partir de mediados del siglo I a.E. como parte integran- te de las nuevas corrientes culturales activadas por el régimen inaugurado por Augusto. Todavía a mediados del siglo I d.E. las representaciones teatrales debían suponer una relativa novedad en las regiones más apartadas de Hispania o, al menos, eso es lo que se desprende de un suceso recogido por Filóstrato en su Vida de Apolonio de Tiana (V 9) acontecido en la desconocida ciudad bética de Ipola (?), en donde la población quedó primero pasmada ante el espectáculo de un actor calzado con altos coturnos y ataviado con ropaje escénico, y huyó despavorida después, cuando empezó a declamar tras su máscara, cual si demonio les persiguiera aullando...

Probablemente las compañías dramáticas, en el curso de sus giras por las regiones más apartadas de Occidente, se toparan con reacciones semejantes, ilustrativas de la falta de familiaridad de las poblaciones rurales con las representaciones dramáticas, sobre todo con las de tradición griega. Sin embargo en las grandes ciudades, los edificios teatrales y los espectáculos escénicos empezaron a convertirse, desde comienzos del Principado, en elementos habituales de la vida urbana. Así queda reflejado a comienzos del reinado de Augusto por Vitruvio, el teórico de la arquitectura, para quien el teatro constituía junto con los templos -y, cabría añadir, los foros- uno de los polos fundamentales en torno a los que debía articularse la trama urbana. De hecho, muchas de las nuevas ciudades hispanas fundadas o reformadas a partir del cambio de Era reservaron dentro de sus circuitos amurallados grandes parcelas para acoger esas enormes moles de cemento y piedra que, una vez construidas, pasaban a dominar la fisonomía urbana. Es el caso de Tarraco (Tarragona), Baetulo (Badalona), Carthago Nova (Cartagena), Caesaraugusta (Zaragoza) [Figura 4], Bilbilis (Calatayud), Corduba (Córdoba), Gades (Cádiz), Malaca (Málaga), Emerita Augusta (Mérida) [Figura 2] u Olisipo (Lisboa), entre muchas otras.

La construcción de estos edificios exigía el desembolso de sumas enormes: 400.000 sestercios costó la edificación del teatro de la pequeña ciudad africana de Metauro, cifra equivalente al cuádruplo de la fortuna que debían acreditar quienes aspiraran a formar parte del senado local de una ciudad provincial importante o bien al salario mensual de 5.000 operarios manuales. Por ello, no era infrecuente que, ante las dificultades de los gobiernos municipales para afrontar tales inversiones, fueran potentados locales quienes las asumieran, según queda de relieve en las múltiples inscripciones que registran la financiación por particulares de la erección de estos edificios o de una parte de ellos, o bien su embellecimiento como ocurre, por ejemplo, en Malaca o Italica (Santiponce, Sevilla) [Figura 3]. Tal pudo ser el caso también del teatro de Gades, cuya existencia certifica Cicerón para el año 43 a.E. (Cartas a familiares X 32,2), fecha en la que el gaditano Cornelio Balbo, colaborador de César y futuro cónsul de Roma (39 a.E.), hizo representar en él una obra de carácter autobiográfico para conmemorar su elección como magistrado local: el protagonismo de Balbo en la renovación urbana del recién creado municipio romano de Gades (Estrabón III 5,3), así como su gusto por este tipo de edificios -algunos años después, en 13 a.E., hizo erigir en Roma el tercer teatro en piedra de la ciudad, cuyos restos pueden contemplarse hoy en la Crypta Balbi- son hechos que inducen a valorar la posibilidad de que fuera él también quien asumiera los costes de la erección del teatro de Cádiz.

La financiación de tales construcciones por particulares ilustra en grado máximo el fenómeno del evergetismo, por el cual las clases dominantes invertían una parte de sus fortunas en embellecer su ciudad y erigir edificios públicos, así como en costear espectáculos y cualesquiera acciones -banquetes, repartos de viandas, entradas gratuitas a los baños, etc.- que redundaran en beneficio del bienestar de la comunidad: el pueblo esperaba de sus dirigentes tales larguezas, que, por otra parte, reportaban a los benefactores prestigio y popularidad, al tiempo que contribuían a legitimar, a los ojos de sus conciudadanos, el ejercicio del poder político. Las inscripciones muestran cómo los teatros se convirtieron en un lugar privilegiado para realzar con ludi scaenici todo tipo de acontecimientos, desde la inauguración de un edificio donado por un particular hasta la obtención de un sacerdocio o de una magistratura -según veíamos en el caso del gaditano Balbo-, pasando por la conmemoración de aniversarios y efemérides de todo género.

Los teatros estaban diseñados originalmente para albergar representaciones escénicas en cualquiera de sus formas: fueran las viejas tragedias y comedias de tradición griega, o las nuevas formas romanas como la atellana, el mimo o la pantomimo. Sin embargo estos edificios eran adecuados también para acoger otras manifestaciones artísticas como la música, el canto o la danza y hasta para servir de escenario a competiciones atléticas o espectáculos acrobáticos. Es comprensible que edificios tan costosos no quedaran reservados tan sólo para la representación de ludi scaenici y otros espectáculos, que, por frecuentes que fueran, sólo cubrían una pequeña parte del calendario, sino que se procurara rentabilizarlos utilizándolos también para cobijar reuniones multitudinarias de carácter no festivo como las asambleas de carácter político, administrativo o judicial, función perfectamente comprobada en el norte de Africa y en el Oriente griego. Además, en su condición de lugar frecuentadísimo -celeberrumus locus- sus paredes podían ser aprovechadas para exhibir anuncios o documentos de interés público como bien queda ilustrado el caso del teatro de Afrodisias de Caria, en la actual Turquía. De hecho y recogiendo esta multifuncionalidad característica de muchos edificios antiguos, se ha llegado a afirmar que en Occidente el teatro era una forma arquitectónica vacía, es decir no predeterminada para una función precisa.

Entre esas otras actividades que los teatros podían acoger, las más recientes investigaciones ponen de manifiesto cómo este edificio se convirtió rápidamente en un escenario privilegiado del culto imperial. Diversos factores favorecieron este empleo. Por una parte, la celebración de los ludi scaenici en el contexto de festividades en honor de los dioses cívicos confería a estas construcciones una acusada connotación festivo-religiosa. Por otra, los teatros no sólo permitían acoger cómodamente a grandes multitudes, sino que lo hacían de manera ordenada merced a las estrictas normas que regulaban la ocupación de los graderíos, de suerte que se constituían en proyecciones orgánicas y jerarquizadas de la comunidad, y, por lo tanto, en escenarios idóneos para ceremonias que pretendían afirmar la cohesión de la sociedad y expresar su respeto y fidelidad a la casa imperial. Finalmente, la frons scaenae con la rica decoración arquitectónica y estatuaria que la asemejaba al interior de un aula regia o sala de recepción real constituía un espacio majestuoso, idóneo para las ceremonias de culto dedicadas a los emperadores.

Las inscripciones en honor de los príncipes y las estatuas que los representaban, así como las capillas específicas preparadas para el culto, ponen de manifiesto en numerosos teatros la utilización de estos edificios con tal propósito. Así, en Emerita Augusta varios epígrafes datados en el año 16-15 a.E. muestran que el edificio fue costeado por Marco Agripa [Figura 2], el yerno y estrecho colaborador de Augusto, mientras que otros enclavados en un recinto construido en la parte inferior del graderío y datables en época de Trajano, señalan la existencia de una capilla consagrada al culto imperial. Por su parte, el teatro de Carthago Nova, también construido en tiempos de Augusto, fue erigido en honor de Gayo y Lucio César, los herederos del emperador, según se desprende de los epígrafes monumentales que corrían sobre los accesos al proscenio. La vinculación del edificio con el culto imperial queda también de manifiesto en la frecuente implicación de sacerdotes consagrados al mismo en la erección o embellecimiento de los teatros como ocurre en Italica o en Olisipo.

Aunque en el Occidente latino las ceremonias ligadas al culto del emperador no estén documentadas todo lo bien que sería de desear, las diversas vinculaciones señaladas entre estos rituales y los teatros permiten postular un desarrollo que no diferirla mucho del atestiguado en las ciudades orientales, donde estas celebraciones, junto a los juegos y los sacrificios, comportaban procesiones solemnes que recorrían la geografía urbana y en las que, frecuentemente, los teatros constituían una etapa fundamental de las ceremonias. Así, por ejemplo, con tal motivo en la ciudad laconia de Gition, en tiempos de Tiberio, una procesión que partía de los templos de las divinidades protectoras de la ciudad, tras detenerse para inmolar un toro pro salute imperatoris en el santuario de culto imperial, desembocaba en el teatro, al que para la ocasión se hablan trasladado las efigies cultuales de Augusto, Livia y Tiberio, ante las que se realizaban ofrendas de vino e incienso, tras las que daban comienzo los ludi scaenici. También en Éfeso, ciudad emplazada en la actual costa egea de Turquía, los bustos de la familia imperial eran transportados en procesión hasta el teatro en el curso de diversas festividades.

En su condición de espacios públicos, los teatros constituían un espacio idóneo de representación social para la puesta en escena y en valor del poder y la jerarquía social, por lo que -junto a necrópolis y foros- eran probablemente los puntos urbanos en los que se concentraba una mayor densidad de mensajes epigráficos, si bien preferentemente reservados a las manifestaciones de piedad hacia los dioses y los emperadores, o a la conmemoración de la generosidad de los prohombres que habían financiado su construcción o embellecimiento. A cambio apenas suministran información acerca de los profesionales del espectáculo que, por su escasa consideración social, quedaban excluidos de este espacio de representación solemne. Sólo algunos epitafios hispanos guardan memoria de esas gentes humildes como el dissignator (acomodador) Tito Servio Claro, en Córdoba, la secunda mima (segunda actriz de mimo) Cornelia Nothis, en Emerita Augusta -ambos libertos y con sus inscripciones presentes en la exposición-, el exodiarius (cantante) Patricio, en Pax Iulia (Béja), el Iyricarius (recitador al son de la lira) Cornelio Aprilis, en Aurgi (Jaén) o el mimographus (compositor de mimos) Emilio Severiano, en Tarraco.

BIBLIOGRAFIA

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Vigo. Hallan en la villa de Toralla piezas únicas en el mundo romano del siglo IV

Vigo. Hallan en la villa de Toralla piezas únicas en el mundo romano del siglo IV A mediados del año 2006, la ciudad acogerá un congreso mundial de expertos en la materia. El descubrimiento está confirmando la gran importancia comercial que tenía entonces Vigo.

Vigo era en el siglo IV un puerto fundamental en las relaciones comerciales entre el Mediterráneo y el Atlántico romanizado. Esta afirmación está basada en los resultados de la investigación que el departamento de Historia de la Universida de de Vigo está realizando sobre el material hallado en el yacimiento de la villa de Toralla.

Fermín Pérez, arqueólogo y director de la excavación de Toralla, dijo que había sorprendido, entre los asistentes a un congreso en Francia, el hallazgo en Vigo de una serie de piezas de cerámica fina procedentes del Norte de África. «Sorprendeu a gran cantidade e calidade das pezas, e nun sitio onde eles o ignoraban totalmente», dijo el arqueólogo. «Hai unha peza, unha pequena parte dunha grande fonte, que só hai outra no mundo, no museo de París, pero que non se atoparon nos importantes xacementos de Marsella e outras cidades italianas na mesma época que eiquí».

Está previsto que a mediados del año próximo, una vez haya finalizado la fase arqueológica de la musealización de Toralla, Vigo acoja la celebración de un congreso mundial que permita enseñarle al mundo la importancia de este yacimiento. La Universidade de Vigo será la anfitriona de esta reunión de expertos mundiales en la historia tardorromana. «Será a presentación mundial destes achádegos e punto de partida para que Vigo comece a contar nos planos mundiales da época tardorromana», dijo.

Por: Jorge Lamas, Vigo, La Voz de Galicia, 22 de abril de 2005
Enlace: http://www.lavozdegalicia.es/ed_vigo/noticia.jsp?CAT=111&TEXTO=3657376

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Vigo. La época romana

En Vigo el proceso romanizador es muy temprano e intenso. Evidencias arqueológicas indican una importante actividad portuaria y comercial en el litoral vigués desde el siglo II a.C., desarrollándose un progresivo proceso de romanización, consolidado durante el siglo I d.C., una vez establecida la pax romana.

El proceso de romanización duró cerca de seiscentos años de los que quedaron relevantes vestigios, investigados en numerosas excavaciones arqueológicas: villas (villae) esparcidas por todo el litoral (Alcabre, Toralla…), restos de instalaciones portuarias, calles, instalaciones productivas (salinas y fábricas de salazón), necrópolis, restos subacuáticos... además de la intensa romanización de los poblados castreños del municipio.

Recientes intervenciones arqueológicas en el Areal y en el Casco Vello ponen de manifiesto la posible existencia, al menos entre los siglos III y VI d.C., de un importante asentamiento humano, el vicus romano.

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El proyecto museístico de Toralla será realidad a mediados del 2007

El acondicionamiento final de la villa romana y su entorno costará 150.000 euros
El yacimiento, datado en el siglo III, contará con un centro de interpretación.

El proyecto museístico de Toralla deberá estar concluido dentro de 24 meses, tal como se desprende del convenio que firmarán el Concello y la Universidade de Vigo. En realidad se trata de una ampliación del convenio que en el año 2002 firmaron ambas instituciones.

En este nuevo plazo, que tendrá un período de prórroga de tres meses, se deberán ejecutar las intervenciones coetáneas a las obras de musealización de las ruinas de la villa romana allí existente, los trabajos específicos de conservación y restauración del yacimiento, el proyecto museográfico y museológico. Así mismo, el Departamento de Historia de la Universidade de Vigo, que dirige Fermín Pérez, deberá realizar nuevas intervenciones arqueológicas en la finca de Toralla, investigar los materiales arqueológicos del yacimiento, elaborar y producir materiales audiovisuales, y la divulgación de los resultados de la investigación.

A cambio, el Concello se compromete a financiar las actuaciones contempladas en la revonación del proyecto con un importe de 150.837,8 euros, IVA incluido. Esta cantidad se hará efectiva en dos períodos. En el ejercicio económico del 2005, el Concello deberá aportar 86.103,37 euros en dos pagos, la mitad en el momento de firmar el convenio y la otra mitad al acabar el año.

En cuanto al ejercicio económico del 2006, el Concello deberá realizar un pago de 64.734,43 euros, una vez sean aprobados los presupuesto generales del Concello.

El Ayuntamiento de Vigo se compromete a impulsar la musealización del yacimiento, la construcción del Centro de Interpretación y la dotación y ejecución material del proyecto museográfico en el menor tiempo posible.

En el año 2002, el entonces alcalde de Vigo, Lois Pérez Castrillo, y el rector de la Universidade de Vigo, Domingo Docampo, firmaban un convenio de colaboración por el cual, la institución académica debería realiza toda la actividad arqueológica relacionada con el yacimiento de la villa romana de Toralla. Aunque el convenio fue renovado al año siguiente, la ausencia de presupuesto municipal en el año 2004 paralizó el proyecto de musealización hasta el punto de que el arqueólogo responsable del yacimiento propuso cubrirlo nuevamente para protegerlo.

Amplia información

En cuanto a la parte constructiva, el proyecto de musealización ha sido redactado por los arquitectos Salvador Fraga, Manuel Portolés y Javier García Quijada. En este apartado se contempla la construcción de un centro de interpretación, en donde los visitantes recibirán toda la información relacionada con el yacimientos. Este edificio estará unido al yacimiento mediante una pasarela aérea que también permita proporcionar una perspectiva diferente. Como complemento, el proyecto también incluye la construcción de una cafetería en el borde litoral.

El yacimiento está datado en el paso de los siglos III y IV, y se corresponde con un ejemplo de villa atlántica, con sus partes dedicadas a la actividad agraria y las destinadas a la convivencia de la familia.

Por: Jorge Lamas, Vigo, La Voz de Galicia, 12 de abril de 2005
Enlace: http://www.lavozdegalicia.es/ed_vigo/noticia.jsp?TEXTO=3626027

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"INVESTIGACIÓN Y MUSEALIZACIÓN DE LA VILLA GALAICO ROMANA DE TORALLA"
Universidade de Vigo

Enlace: http://webs.uvigo.es/proxecto-toralla/index.es.htm
Correo: proxecto-toralla@uvigo.es

Localización, topografía y medio geográfico

El yacimiento arqueológico objecto de la intervención se localiza en la punta de Toralla, pequeño cabo costero situado frente a la isla homónima entre las playas de O Vao y Canido. El paraje también es conocido con el topónimo Vilamar y, especialmente, bajo la denominación popular “Finca Mirambell” derivada del nombre de la famila propietaria del terreno durante prácticamente todo el siglo XX.
Administrativamente, el yacimiento pertenece a la parroquia de San Miguel de Oia, Ayuntamiento de Vigo. Cartográficamente, se localiza en las coordenadas UTM 517040-4671830, hoja nº 223-III (Vigo), escala 1:25.000, editada por el IGN.

Contexto arqueolóxico e histórico

El yacimiento consiste en una villa romana, esto es, una casa de campo con funciones residenciales y productivas (explotación de los recursos primarios del campo y el mar). La cronología preliminar es de Época Bajoimperial y Tardorromana, ss. III-IV d.C.

Cabe destacar su proximidad con la isla homónima, espacio en el que se conocen dos yacimientos arqueológicos.: una necrópolis y un castro.

Historia de la investigación.

Los primeros descubrimientos tuvieron lugar a comienzos del siglo XX, cuando la familia concesionaria de la explotación de la finca lleva a cabo una serie de trabajos para el acondicionamiento de la parcela. En este momento aparece un grupo de estructuras que en la actualidad se conocen con la denominación de "Edificio I" o Sector Mirambell. Estos primeros hallazgos abren un periodo de excavación privada en la que miembros de la familia Mirambell y otros destacados personajes de la actualidad gallega exhuman gran cantidad de materiales.

En 1990 la propiedad de la finca revierte sobre la corporación municipal viguesa y se comienzan los trabajos para transformar el recinto en un parque público. Con motivo de las obras se lleva a cabo una campaña inicial de sondeos dirigida por el entonces arquólogo municipal J.M. Hidalgo Cuñarro. Los resultados de estas intervenciones traen como consecuencia la ejecución de una campaña de excavación en área a cargo de la arquóloga Purificación Soto Arias que exhuma gran parte del edificio principal.

Tras un importante paréntesis de ocho años, en 2002 se retoma la excavación del conjunto exhumando entre ese año y el siguiente la totalidad del edifico principal y sacando a la luz varias dependencias de caracter auxiliar.

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• Hidalgo Cuñarro, J.M.; Viñas Cué, R. (1996): “Vigo del siglo I al IV d.C. Aspectos de la romanización: los castros y las villas”, VI Coloquio Galaico-Miñoto, Resumos, p. 257.
• Martínez Cortizas, A.; Costa Casais, M. (1997): “Indicios de variaciones del nivel del mar en la ría de Vigo durante los últimos 3000 años”, Gallaecia, 16, pp. 23-47.
• Hidalgo Cuñarro, J.M.; Viñas Cué, R. (1998): “El Vigo romano y su problemática”, en As orixes da cidade no Noroeste Hispánico, Lugo, pp. 807-838.
• Carballo Arceo, X.; Luaces Anca, J.; Toscano Novella, C. (1998): Catálogo do Patrimonio Arqueolóxico. Arqueoloxía de Vigo e a súa historia, Vigo, pp. 107-108 e X.037.
• Fernández Rodríguez, C. (2000): Os macromamíferos nos xacementos arqueolóxicos do Noroeste peninsular: un estudio económico, Univ. Santiago (Teses de Doutoramento 2000 Humanidades e Ciencias Sociais, edición en CD), pp. 650-663.

Trabajos, informes y proyectos inéditos (por orden cronológico)

• Rodríguez Elías, A. (1949): Historia de la ciudad de Vigo, Tomo I, carpeta 1, Paraguay (traballo inédito depositado na Universidade Popular de Vigo).
• Hidalgo Cuñarro, J.M. (1992): Informe preliminar sobre la excavación arqueológica de urgencia en la villa romana de Toralla (Vigo), Vigo (informe inédito depositado na Dirección Xeral de Patrimonio).
• Soto Arias, P.; Hidalgo Cuñarro, J.M. (1993): Informe de valoración. Intervención arqueológica en la villa romana de Toralla. Julio-Noviembre 1993, Vigo (informe inédito depositado na Dirección Xeral de Patrimonio).
• Hidalgo Cuñarro, J.M.; Soto Arias, P. (1994): Informe de valoración. Intervención arqueológica en la villa romana de Toralla (Vigo). Abril-Mayo 1994, Vigo (informe inédito depositado na Dirección Xeral de Patrimonio).
• Soto Arias, P. (1995): Proyecto arqueológico Villa romana de Toralla. Memoria y Anejos, A Coruña (memoria inédita depositada na Dirección Xeral de Patrimonio)
• Tomos Conservación Restauración (1997): Proyecto básico y de ejecución de la primera fase de la musealización del yacimiento de la villa galaico-romana de Toralla, 5 vols., Vigo (proxecto inédito depositado no Servicio de Patrimonio Histórico do Concello de Vigo).
• Pérez Losada, F. (2002): Proxecto de I+D da Universidade de Vigo. Investigación e Musealización da villa romana de Toralla. Memoria Xeral, Ourense (proxecto inédito depositado no Servicio de Patrimonio Histórico do Concello de Vigo).
• Pérez Losada, F (2002): Proxecto e programa das actuacións arqueolóxicas a realizar: prospección xeofísica, escavación arqueolóxica e exposición pública da escavación, Ourense (proxecto inédito depositado na Dirección Xeral de Patrimonio).

En Internet: Reportaje fotográfico del yacimiento de Toralla (39 fotos)
Vigo en fotos. ARQUEOLOGÍA E HISTORIA. VILLA ROMANA DE TORALLA
http://www.iespana.es/vigoenfotos/q_romanizacion_1.html

Ver también:

"Por lei, non debería haber construccións en Toralla" (riadevigo.com)
JUAN CARLOS CASTRO, arqueólogo.
http://www.riadevigo.com/a2n79/comarcas/vigo/earqueo.htm

La Coruña. El hallazgo de una lápida mortuoria prueba la gran importancia del Puerto Romano

La Coruña. El hallazgo de una lápida mortuoria prueba la gran importancia del Puerto Romano Foto: Epigrafía votiva romana. Museo Arqueológico e Histórico de La Coruña.

En el museo Arqueológico de A Coruña se exhibe desde hace unas semanas una prueba pétrea que avala la gran actividad de la primitiva dársena coruñesa. Se trata de una lápida mortuoria, datada entre finales del siglo II y comienzos del III, que fue hallada este año durante una excavación realizada en un solar de la calle Real.

La arqueología ha venido a acreditar lo que los expertos suponían: que el puerto romano de A Coruña fue muy importante. Tanto, que en en el pasado había al menos un funcionario encargado de cobrar impuestos a los barcos que hacían escala en la ciudad entonces conocida como Brigantium. En el museo Arqueológico se exhibe desde hace unas semanas una prueba pétrea que avala la gran actividad de la primitiva dársena coruñesa. Se trata de una lápida mortuoria pagada por un hombre que ejercía esa recaudatoria profesión.

La pieza fue hallada hace unos meses, durante una excavación realizada en un solar de la calle Real. Junto a ella apareció lo que, a falta de confirmación oficial, podría ser una urna funeraria. José María Bello, director del museo Arqueológico, explica que la palabra clave de esta lápida, que ha sido datada entre finales del siglo II y comienzos del III, es la última, es decir, 'exsactor'. Equivale a 'cobrador de impuestos', traduce este experto. 'Todo nos hace suponer que estaba destinado al puerto de Brigantium, cuya pujanza queda probada por la presencia de un recaudador. Un puerto romano con funcionario es, sin duda, importante. Que haya un 'exsactor' implica que había gran movimiento de barcos', se extiende Bello.

Hasta este hallazgo no estaba acreditada por la arqueología la presencia de un 'exsactor' en la ciudad, y de ahí la enorme importancia de la pieza. Bello cuenta que en la iglesia de Santiago se exhiben dos bases de estatua desenterradas con anterioridad en La Coruña y en las que, en un principio, se pensó que aparecía la palabra 'exsactor'.

Terra Actualidad - Vocento/VMT, 20 de abril de 2005

Enlace: http://actualidad.terra.es/provincias/coruna/articulo/puerto_romano_hallazgo_lapida_mortuoria_256563.htm

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* Comentario en el foro Terrae Antiqvae, 21 de abril de 2005

Dra. Alicia M. Canto. UAM

Es conocido que los epígrafes no son en general muy abundantes en Galicia, y en La Coruña con este nuevo serán 12; pero habría que moderar las exaltaciones. Claro que no sabemos cuánto es de J.M. Bello y cuánto del periodista, pero el titular mismo de la noticia es inaceptable: "El hallazgo de una lápida mortuoria prueba la gran importancia del Puerto Romano". No es posible, simplemente, que la importancia de una ciudad se derive de un epitafio.

Por otro lado, frases como que "Hasta este hallazgo no estaba acreditada por la arqueología la presencia de un 'exsactor' en la ciudad, y de ahí la ENORME IMPORTANCIA de la pieza" resultan por lo menos chocantes. No sólo porque lo correcto es "exactor" (que esto es "pecata minuta"), sino porque 1) la Arqueología ni puede ni podrá documentar nunca un "exactor"; habría debido decir "por la Epigrafía".

2) Que aparezca uno no es "de enorme importancia", ya que se puede suponer que el puerto de La Coruña era importante en época romana aunque no hubiera aparecido ni apareciera nunca ninguna inscripción que lo documentara.

Pero es que, con respecto a ambas cosas, un "exactor" puede dedicarse a recaudar impuestos normales, y no tener nada en absoluto que ver con un puerto, por ejemplo:

Sexta(rius) I exac(tor) civit(atis) Na/issa(e) / Uran(iae?): La ex-yugoeslava Nis(h), en la antigua Moesia Superior, una ciudad balcánica fundamental y muy comercial que, obviamente, no tiene puerto. O esta otra, de Capua, donde el recaudador o cobrador lo era de las obras públicas y del teatro (CIL X, 3907): D(is) M(anibus) s(acrum) / Q(uinto) Annio Ianuario / exactori operum publ (icorum) / et theatri a fundamentis. / Huic ordo decurionum / ob merita eius honorem / Augustalitatis / gratuitum decrevit / vixit ann(os) LXXI vivos(!) /
sibi fecit posterisque / suorum.

Por otro lado, teníamos entendido que ya existían dos ejemplos de este cargo en La Coruña, en las inscripciones CIRG I, 4 y 5 (que corresponden a HEp 4, 1994, 328 y 329), dos epígrafes a M. Aurelio y Lucio Vero del mismo esclavo imperial, un tal Reginus, que era "exactor", obviamente de impuestos imperiales (aunque
G. Pereira propone leer ambas "ex actore").

1) Imp(eratori) Caesari / M(arco) Aurelio / Antonino / Aug(usto) / Reginus verna / Augustorum / exactor / ex voto
y
2) Imp(eratori) Caesari / L(ucio) Aurelio Vero / Augusto / Reginus verna /
Augustorum / exactor / ex voto

Puede que haya otros datos sobre la nueva inscripción que no conocemos, desde luego, pero la noticia, como otras veces, es bastante más banal de cómo se presenta por el periodista. Saludos a todos (y especialmente para J.M. Bello).

Córdoba. Las obras del polígono El Arca ponen al descubierto unos baños romanos

Córdoba. Las obras del polígono El Arca ponen al descubierto unos baños romanos Foto: Mosaico aparecido en las obras del polígono. F. CAÑASVERAS

Podrían pertenecer a una de las villas más importantes encontradas en la provincia.
Las termas, del siglo III d.C., presentan suelos decorados con mosaicos bien conservados.

CASTRO DEL RIO HALLAZGO ARQUEOLOGICO

Las obras de urbanización del polígono industrial El Arca, en Castro del Río, han puesto al descubierto los baños de una villa romana que podría ser una de las más importantes halladas en la provincia, según las estimaciones de los expertos que la han visitado.

Las obras de este polígono de promoción privada, ubicado en la zona conocida popularmente como Viña Boronato, dieron comienzo hace unos meses y, aunque la aparición de restos arqueológicos eran probables, dada la gran cantidad de cerámica que se encuentra dispersa por toda la zona, no se esperaba la importancia del asentamiento. Precisamente por esta posibilidad de hallar restos el Plan Parcial, que comprende 100.000 metros cuadrados, fue sometido antes de su aprobación a unas catas arqueológicas y a un informe técnico. También el movimiento previo de tierra fue supervisado por un arqueólogo, pero fue la aparición de un pequeño muro de ladrillos la que llevó al arqueólogo provincial, Alejandro Ibáñez, a informar de la necesidad de vallar la zona afectada y a exigir un proyecto de excavación al promotor de las obras.

Por F. Cañasveras, Diario de Córdoba, 18 de abril de 2005

AMPLIO COMPLEJO

Desde el inicio de la excavación se vio la importancia del yacimiento, ya que enseguida se puso de manifiesto que las ruinas pertenecen a unas termas romanas, situadas en un amplio complejo que comprende el horno, albercas y numerosas salas decoradas con mosaicos de diverso colorido con elementos geométricos, el más importante de ellos con decoración floral y figurativa, en el centro del cual aparecen cuatro cervatillos. Hasta el momento se han descubierto siete mosaicos.

Estos baños podrían pertenecer, según una primera estimación, al siglo III después de Cristo, un periodo histórico en el que la población regresa desde la ciudad al campo. También se ha podido saber que la zona fue ocupada posteriormente por otros pueblos, como prueba la existencia de tumbas visigodas y la aparición de restos árabes, como candiles e incluso un vertedero en el que han aparecido numerosas piezas de cerámica.

El complejo consta de tres amplias zonas, con la canalización del agua incluida y escalones de acceso de granito negro.

Se cree que la zona afectada por los baños puede alcanzar los 1.000 metros cuadrados, lo cual daría una idea de la amplia extensión que puede tener la villa romana. Vista la importancia del yacimiento, la Junta de Andalucía ha ordenado su restauración y consolidación. Con un presupuesto de urgencia se ha procedido a consolidar los muros y mosaicos con tareas de protección para evitar daños derivados de los fenómenos meteorológicos y salvaguardarlos de posibles expolios., de ahí que los mosaicos hayan quedado perfectamente sellados.

RETRASO

Aunque las obras del polígono industrial han sufrido un retraso y los gastos de urbanización se verán incrementados, los responsables municipales han dado muestras de optimismo y se sienten ilusionados por la puesta en valor de la villa romana. El alcalde, Juan Merino, considera que, dada la proximidad con la Nacional 432 y la riqueza arqueológica de los restos, la zona se convertirá en un elemento de atracción turística y cultural de primer orden.

Castro del Río tiene catalogados en su término municipal más de 150 yacimientos arqueológicos que comprenden todos los periodos históricos. A este importante yacimiento se unen los hallazgos descubiertos con motivo de las excavaciones en el Castillo y la participación del Ayuntamiento en la puesta en valor, junto al Ayuntamiento de Baena, del parque arqueológico de Torreparedones.

En fechas próximas la Delegación provincial de Cultura conocerá el informe realizado por el arqueólogo director de las obras y procederá a determinar las zonas afectadas, aquéllas que por las catas realizadas hasta ahora han dado positivo y que pueden presumir el asentamiento exacto de la villa.

La gran importancia histórica de la Viña Boronato

La Viña Boronato ocupa una vasta extensión cubierta por viñedos, en cuya superficie afloran los restos arqueológicos en gran cantidad. Prospecciones arqueológicas superficiales en la zona realizada por los arqueólogos Dolores Ruiz Lara y Manuel Carrilero Millán y publicaciones posteriores han puesto de manifiesto el valor de este yacimiento. Ya en 1987, con motivo de este estudio, el arqueólogo castreño Manuel Carrilero proponía, entre otros yacimientos, que fuera declarado y protegido el de la Viña Boronato, por ser propicio para excavaciones sistemáticas.

Los restos aparecidos forman parte de un elenco de yacimientos dispersos en su mayor parte en un entorno definido por la presencia del río Guadajoz, y ponen de manifiesto un importante poblamiento de este sector durante las fases iniciales de la metalurgia, permitiendo diferenciar varias etapas en función del patrón de asentamiento y de los restos materiales aportados por cada una de estas estaciones.

Una primera fase, coincidente con el inicio del Calcolítico, estaría representada por poblados ubicados en lugares llanos, constituidos por cabañas y silos, y con tierras aptas para la agricultura en su entorno, tales como el de la Viña Boronato. La cercanía del río, la pesca, el agua y la abundante cacería que se daba en la zona, así como la instalación de la villa en un promontorio, la convertían en un lugar ideal para vivir.

'Los tracios. Tesoros enigmáticos de Bulgaria'. Los tracios, los primeros orfebres del mundo

'Los tracios. Tesoros enigmáticos de Bulgaria'. Los tracios, los primeros orfebres del mundo Foto: Tesoro de Panagyurishte, finales del siglo IV - principios del siglo III a.C.
Museo Arqueológico de Plovdiv / Museo Histórico Nacional de Sofía © Rosen Kolev.

Reportaje Fotográfico:
Arqueólogos búlgaros encuentran tumba del rey Orfeo tracio

Más de 300 piezas, muchas de ellas de oro, forman la exposición 'Los tracios. Tesoros enigmáticos de Bulgaria', que CaixaFórum dedica a los primeros orfebres del mundo, un pueblo olvidado y enigmático que fue citado por primera vez por Homero en 'La Iliada'.

El comisario de la exposición, Gregorio Luri, ha hecho una apasionada defensa de la cultura tracia durante la presentación de la muestra, que se podrá ver en CaixaFórum desde mañana y hasta el 31 de julio y que luego viajará a Madrid y Valencia.

EFE, 15 de abril de 2005

'La historia urbana de Europa -ha aseverado- no se puede escribir igual sin la aportación de la cultura tracia. Mientras en Mesopotamia comenzaba el desarrollo de la agricultura y en Egipto se esbozaba lo que iba a ser su gran civilización, ya existía una cultura tracia' plenamente desarrollada.

Los tracios se extendieron por la actual Bulgaria y Rumanía y parte de países limítrofes como Ucrania, y varios factores han contribuido al olvido de su cultura: haber vivido a la sombra de la gran cultura griega, no haber conseguido superar sus divisiones tribales, lo que les impidió la creación de un estado poderoso, y que su escritura todavía no haya sido descifrada.

Para Gregorio Luri, la exposición no se puede ver 'como una colección de materiales más o menos lejanos, sino como algo que nos incumbe como europeos. Se trata de un pueblo al que se le atribuye el primer oro trabajado del mundo y que vivía en un territorio muy poblado'.

'Si le pudiéramos preguntar -ha dicho Luri- a Sócrates o a Fidias qué pueblo estaría nominado a dominar el mundo hubiera respondido que los tracios y nadie en la antigua Grecia hubiera citado a los macedonios, que era un pueblo mucho más atrasado'.

Sobre los objetos de la exposición, Luri ha asegurado que 'aunque tiene un aire que podría recordar a culturas próximas, como la griega o la persa, los tracios tuvieron la capacidad de tomar lo extraño para hacer algo propio'.

Una de las innovaciones de los tracios fue incluir por primera vez la figura humana como elemento decorativo, lo que se puede apreciar en unos arneses que se muestran en la exposición de CaixaFórum.

La exposición reúne un total de 311 objetos como ajuares, elementos suntuarios, armas y arneses, máscaras funerarias y servicios para banquetes en oro, plata y bronce, entre los que destacan los tesoros de Letnitsa, Rogozen y Borovo.

La muestra ha sido dividida en seis ámbitos, que recorren la cultura tracia y sus predecesoras desde el Neolítico hasta su declive en las épocas helenística y romana.

Uno de los conjuntos de oro más significativos de la exposición en el tesoro de Panagyurishte, formado por nueve piezas con un peso de más de seis kilos que se cree que perteneció al rey Seutes III.

Se trata de nueve vasijas en las que están representadas escenas mitológicas y aunque el modelo de la pieza es de origen persa, las imágenes grabadas proceden del mundo griego, lo que demuestra el sincretismo de la orfebrería tracia.

Además de la cultura tracia, la exposición recoge también piezas de las culturas que le precedieron en los Balcanes orientales, como es el caso de Varna, cuyo yacimiento arqueológico está datado en unos 6.000 años y de donde procede el primer oro trabajado del mundo, no en vano está considerada por algunos expertos en historia de la antigüedad como la cuna de la de la civilización europea.

ARTES PLÁSTICAS Y VISUALES EN CAIXAFORUM

Los tracios.Tesoros enigmáticos de Bulgaria

15 abril 2005 - 31 julio 2005

Los tracios.
Tesoros enigmáticos de Bulgaria
Del 15 de abril al 31 de julio

Organizada por la Fundación "la Caixa" con la colaboración del Ministerio de Cultura búlgaro, el Instituto de Tracología de la Academia Búlgara de las Ciencias y más de treinta museos búlgaros, esta exposición pretende ofrecer al público una visión científica, pero también misteriosa y sugerente, de lo que fue la antigua Tracia. Los tracios, un pueblo indoeuropeo de oscuro origen, habitaron el área geográfica que actualmente ocupan Rumania, Bulgaria y el norte de Grecia. La exposición, estructurada en seis ámbitos, recorre la historia de Tracia, desde los primeros vestigios de civilización, entre los que destaca la necrópolis pretracia de Varna (4500-4000 a.C.), hasta su asimilación por parte del mundo griego, y la presenta como un lugar de intercambio y cruce de culturas entre Asia Menor y la Europa central.

Las genealogías de sus reyes y sus dioses incorporados al panteón griego, como Orfeo -creador de la música y enemigo de derramar sangre- Ares -dios de la guerra- y Boreas -el destructivo viento del norte-, enmascaran la ignorancia en torno a la organización social y política de los tracios, su economía y su forma de vivir y, al mismo tiempo, han revestido a este pueblo de un aura de misterio que mantiene viva la aventura romántica de la arqueología.

Durante siglos, lo único que hemos sabido es lo que las fuentes literarias e iconográficas griegas nos han transmitido, pero en las últimas décadas el descubrimiento de magníficos tesoros reales como los de Lenitza, Vratsa, Rogotzen, Borovo o Panagurishte (todos ellos representados en esta muestra) nos ha permitido hacernos una idea más aproximada de esta cultura que, sin embargo, sigue siendo una de las más desconocidas y misteriosas de la Antigüedad.

Pese a que, literariamente, la historia de los tracios comienza con la Ilíada (el texto en el que se cita por primera vez el nombre de Tracia) históricamente no formaron una comunidad política definida hasta después de las invasiones persas de los Balcanes (500 a.C.). Teres I fundó el primer reino tracio en el año 480 a.C., después de la retirada persa. El encuentro cultural entre tracios y helenos ya había tenido lugar gracias a las numerosas colonias griegas establecidas a lo largo de las costas del Egeo y del Mar Negro. Las rudas tribus tracias se apropiaron de las formas de vida, las artes y las técnicas foráneas, lo que dio lugar a una cultura original que llegó a su máximo esplendor durante los siglos V y IV a.C. Después de un breve período de revitalización política y cultural durante el helenismo, este pueblo decayó definitivamente con la transformación de Tracia en provincia romana.

Visitas comentadas para el público general

Martes y jueves a las 19.00 h
Sábados a las 12.00 y a las 18.00 h

En días festivos no se realizarán visitas

Martes, a las 19.00 h y sábados, a las 12.00 h
Actividad gratuita

Visitas concertadas para grupos

De martes a viernes de 10.00 a 19.00h
Grupo: mínimo 10 / máximo 30 personas
Precio: 12,00 € / grupo
Inscripción previa: 93 476 86 00

Los grupos con guía propio también deberán reservar hora

VISITAS COMENTADAS PARA GRUPOS DE PERSONAS SORDAS
En lenguaje de signos catalán (LSC): viernes 29 de abril a las 18.30 h y sábado 28 de mayo a las 13.00 h

Visitas adaptadas a la comunicación oral: los lunes 2 y 9 de mayo a las 18.00 h

Se requiere inscripción previa.
Fax:93 476 86 35
E-mail: seducatiu.caixaforum.fundacio@lacaixa.es
Plazas limitadas

Más información:

http://www1.lacaixa.es:8090/webflc/wac0acti.nsf/WURL/ACT20050164_esp?OpenDocument

Ibiza. Una lápida romana y una cisterna púnica aparecen en sendas obras en Dalt Vila

Ibiza. Una lápida romana y una cisterna púnica aparecen en sendas obras en Dalt Vila Foto: Una lápida romana del Alto Imperio.

La primera se encontraba en la Casa de la Cúria y la segunda en un jardín próximo a Can Botino.

Las obras de rehabilitación que está realizando el Ayuntamiento de Eivissa Dalt Vila han permitido la localización de una cisterna púnica y una lápida romana de la época del Alto Imperio de cuyo hallazgo el Consistorio informó ayer a la Conselleria de Patrimoni.

El primero de los hallazgos se produjo en las obras de rehabilitación del edificio de Can Botino, que acogerá dependencias del Ayuntamiento y del Consell. Se trata de una cisterna excavada en la roca que apareció durante las excavaciones del jardín, en la parte más cercana a la calle Pere Tur, en la zona donde estaba prevista la instalación de un generador de GESA. Tras el descubrimiento se paralizaron los trabajos y se procedió a la limpieza y vaciado del depósito, en cuyo interior se encontraron algunos restos cerámicos de época antigua y medieval, pero al parecer la cisterna quedó inutilizada cuando se construyó Can Botino. Una vez acabados los trabajos de excavación y documentación, los técnicos del Ayuntamiento proponen la continuación de la obra porque la conservación del depósito sólo se vería parcialmente afectada, puesto que es necesario rebajar quince centímetros más el terreno para colocar los cimientos.

Por Julio Herranz, Última Hora Digital, Eivissa, 14 de abril de 2005

En cuanto a la lápida encontrada en la Casa de la Curia, se trata de una losa reutilizada que se ha hallado en la base de la torre XVI, en la esquina norte. La cara de la inscripción se encuentra en parte a la vista, aunque no puede apreciarse completamente porque un muro medieval cubre parcialmente la leyenda. Por las letras y los nombres legibles, y a falta de que se pueda completar el área de texto, los técnicos considera que no es una lápida funeraria y recomiendan mantenerla in situ debido a su ubicación, siete metros por debajo de la cota del vestíbulo de la casa.

El conseller de Patrimoni, Joan Marí Tur, explicó ayer que la lápida forma parte de la base de la fortificación medieval que pasa junto al edificio de la Casa de la Cúria. «No corre peligro por estar parcialmente tapada por otro muro. La parte de la inscripción visible es muy mala de leer en fotografías, pero parece que hay un nombre propio ligado con la tribu Quirina y con otros personajes célebres de la época de Ebusus. En cualquier caso, y según la opinión del doctor Ramon (responsable del área de Arqueología del Consell) es una pieza importante para la historia de Eivissa».

Marí Tur explicó que la utilización de la lápida romana para construir un edificio de la época medieval era práctica habitual en la época. «Era normal en los sitios con un pasado histórico importante que se aprovecharán restos arqueológicos para hacer los edificios nuevos», precisó.

En cuanto al proyecto de rehabilitación de Can Botino, el conseller de Patrimoni informó que el alcalde de Eivissa, Xico Tarrés, le había remitido el informe de la técnica de Patrimonio del Ayuntamiento sobre el hallazgo de la cisterna púnica, que ha provocado la suspensión de las obras en espera de la valoración de la Comisión de Patrimonio. «El viernes tendremos la respuesta sobre la continuación de las obras en Can Botino y sobre lo que se debe hacer con la lápida romana», puntualizó Marí Tur.

Además, el conseller dijo que había recibido de una persona «un dossier fotográfico mostrando su disconformidad con estas obras; y hace unos días también apareció un escrito de un arquitecto en la prensa en contra de estas obras, que están denunciadas en la Unesco y en el propio Ayuntamiento. De todas formas, estoy seguro que se hacen de acuerdo con el proyecto aprobado y con la normativa vigente; y en cualquier caso, la responsabilidad directa es del Ayuntamiento», concluyó.

Madrid completa el camino a Roma. El “Miacum” de Collado Mediano

Madrid completa el camino a Roma. El “Miacum” de Collado Mediano La Comunidad descubre, en un yacimiento de Collado Mediano, la última posada perdida de uno de los «Itinerarios de Antoniano», el que comunicaba, durante el Imperio, Mérida con Zaragoza. Patrimonio prevé declararlo Bien de Interés Cultural y hacerlo visitable.

El último descubrimiento de las huellas de Roma en Madrid es una posada, la de «miacum», que unía el oeste y el este de la península. Ha aparecido en Collado Mediano y ha provocado un gran revuelo entre historiadores y arqueólogos.

La revolución es una posada. El placer son unas ruinas que cuentan, si se sabe escuchar a oscuras, bellas historias del pasado. Leyendas de soldados del Imperio que llegaban exhaustos, tras caminar cientos de millas por el macizo central, a un hogar que era su poción mágica; o de comerciantes que recorrían con sus carros y su género, ajenos al peligro por pura necesidad, partes de la senda que iba de Emerita Augusta (Mérida) a Caesar Augusta (Zaragoza). Para la mayoría, los restos arqueológicos que protagonizan este reportaje serán sólo unas cuantas piedras sin más valor que el sentimental. Para historiadores y arqueólogos, y para la dirección general de Patrimonio de la Comunidad, el hallazgo de la posada de «miacum», insistimos, es la revolución. Luz sobre el pasado, pieza que completa un puzzle antiquísimo, de veinte siglos. Noches en vela que hallan recompensa, sentido, lugar en el mundo.

Por Juancho Sánchez, La Razón, 10 de abril de 2005

Hagamos historia. Cuentan las crónicas que Antonio Caracalla, en el siglo III d. C., diseñó el mapa de las comunicaciones de Roma en la Penísula Hispánica, que se conocería como «Itinerario Antoniano». Cuentan que uno de esos caminos, exactamente el 24, señalaba la mejor forma de cruzar la piel de toro, de oeste a este, desde Mérida hasta Zaragoza, y cuáles eran los sitios en los que hacer parada y fonda entre una ciudad y otra. Cuentan también que en su tránsito por el Madrid actual el referente era Alcalá de Henares, esto es: Complutum. Y que el Itinerario databa una amplia red de posadas que dirigían sus pasos a ella.

Hasta hoy se habían rastreado y hallado todas esas posadas... Todas menos una: «miacum», empeñada en esconder su rastro, callada y silenciosa, cara oculta de la historia. Como siempre en estos casos, explica Jesús Jiménez, el arqueólogo jefe de Collado Mediano, pequeño municipio serrano que dista 60 kilómetros del oso y el madroño, historiadores y arqueólogos se habían enzarzado en debates bizantinos sobre el emplazamiento exacto de «miacum». Unos, como Menéndez Pidal, lo situaron en Las Rozas. Otros se desviaron más y hablaron de la Casa de Campo. Ya pueden dejarlo. No hay conjetura que haga frente a la evidencia. La respuesta ha aparecido: «miacum» está enCollado Mediano. A los ojos de cualquiera, se trata de quince por quince metros cuadrados de restos de muros, de estancias semidibujadas, de pequeñas piezas como ánforas, platos, cuencos o cuchillos. Pero arqueólogos como Jesús ven más allá. Y sus manos señalan con la certeza de un cirujano el lugar de las habitaciones, el de las termas de agua caliente («caldarium») y templada («tepidarium»), el de la cocina, el establo... Explica Jiménez que sabe que se trata de «miacum» «porque las distancias con Segovia, Alcalá y Toledo, si se bucea en el Itinerario Antoniano, coinciden».

Hasta el siglo V.

También sabe, por el análisis de los restos, que los más antiguos datan del siglo I d. C., y que su decadencia se produjo en el siglo V, «fecha en la que seguramente se dejó de utilizar la vía que atravesaba el monte de Fuenfría». Explica que «miacum» tuvo gran relevancia en el pasado «porque en el estudio de sus ruinas se ve perfectamente que hubo tres grandes incendios, y sin embargo las tres veces la posada o “mansio” fue reconstruida, señal inequívoca de que era un lugar de paso del ejército y de cientos de comerciantes».

Pero hay más. En el transcurso de las excavaciones, los arqueólogos han encontrado la calzada romana que llevaba hasta «miacum». De hecho, se han desenterrado ya unos cien metros, y su análisis es definitivo, según Jiménez: «Tiene, como todos los caminos romanos, cuatro metros de ancho. Piedras horizontales sobre las que se apoyan otras verticales en los bordes. Y, en el centro, relleno de tierra y granito de diferente calibre. Lo que se ha perdido, como en todos los sitios, es la capa de rodadura que se echaba en la superficie de los caminos para evitar que los carros se destrozaran y que los caballos, que no comenzaron a herrarse hasta la edad media, se rompieran las patas».

Por las vías del tren.

La senda, llamada de «Los barrizales» se prolonga durante cuatro kilómetros hasta Villalba, por un lado, y hasta el puerto por otro. Aunque, según explica el arqueólogo, en el segundo caso «es más difícil seguirle la pista porque la zona está urbanizada». Incluso se sospecha que los técnicos de Renfe emplearon en su día el mismo recorrido usado por los romanos para diseñar el trazado del tren. «Es lógico, siempre se buscaba la zona en la que hubiera que despalar menos». Durante años, además, el camino ha sido utilizado por motociclistas y conductores de 4x4, hasta que por fin la Comunidad ha prohibido el paso por la zona.

Los trabajos que han dado lugar al hallazgo de «miacum» comenzaron allá por la segunda década del pasado siglo. Fue un clérigo el que descubrió las ruinas y llamó la atención sobre el yacimiento. Pero la guerra enterró todos los proyectos y fue ya el Gobierno de la Comunidad de Madrid el que, cuando buscaba tumbas o enterramientos por la sierra, se topó con los restos de «miacum» sin saber de qué se trataba.

El actual alcalde de Collado Mediano, Juan Carlos Bustos, del CDS, y el director general de Patrimonio, Javier Hernández, decidieron, hace poco más de un año, comenzar la excavación, que arrancó tras el verano de 2004. El trabajo de los últimos siete meses ha sido duro e inteligente. Ahora, el primer permiso para mover tierras ha expirado y los arqueólogos han emitido su informe, al que ha tenido acceso este periódico. Explican en un documento de diez páginas su teoría de que lo que tienen entre manos es «miacum».

El director general de Patrimonio, auténtico mecenas de estas causas, ha recogido el guante y cree que «en los próximos años, cuando las excavaciones avancen más», se podría «dar la máxima protección a la zona, es decir, el título de Bien de Interés Cultural». De esta manera, entre otras cosas, se podría buscar iniciativa privada que se comprometiera en los trabajos, y se protegería el yacimiento, llamado «El beneficio», de los ladrones de arte que buscan restos de valor para hacerse de oro en el jugoso mercado negro de antigüedades que campa por sus respetos en España.

El uno por ciento cultural.

Además, la Comunidad ya piensa también en poder incluir «miacum» en su proyecto patrimonial más ambicioso: el «Plan de yacimientos visitables», que convertirá lugares que hoy sólo interesan a los arqueólogos en museos accesibles a todos los ciudadanos. Para llegar aquí hará falta mucho dinero, que podría salir, entre otros sitios, del famoso uno por ciento cultural con el que se grabarán todas las obras públicas y que Esperanza Aguirre aprobará en las próximas semanas.

El yacimiento de «Miacum», afortunadamente para los vecinos de la Comunidad, tendrá otros serios competidores para estar en la red de museos, ya que como reconocen los propios expertos, la región tiene «un legado patrimonial excelente». Otra cosa es lo que se invierte en recuperarlo.

Vasijas y cerámica «humildes»

En sólo siete meses de excavaciones han aparecido en el yacimiento de «El Beneficio» cientos de piezas de la cubertería empleada en la cocina. Explica el arqueólogo jefe que «en general, no son piezas de demasiado valor, porque se nota la humildad de los dueños de la posada». Sin embargo, también hay algunas «de mucho más empaque», presumiblemente de la «vajilla más llamativa y jugosamente decorada que tenían para las ocasiones excepcionales». Objetos metálicos casi no hay, todavía. Alguna que otra moneda suelta, algún cuchillo. Nada muy llamativo, recuerda Jesús, quien confía, sin embargo, en cambiar ese rumbo en el resto de habitaciones que se excavarán en los próximos años.