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Terrae Antiqvae

Hispania romana

La Pamplona romana, de nuevo a la vista

La Pamplona romana, de nuevo a la vista La historia vuelve a repetirse, como en la Plaza del Castillo, y nuevamente Príncipe de Viana tendrá que pronunciarse sobre la relevancia o no de los últimos hallazgos arqueológicos sacados a la luz en San Fermín de Aldapa, donde el Ayuntamiento de Pamplona tiene previsto construir un parking subterráneo de 250 plazas. Se haga o no finalmente el aparcamiento, los arqueólogos han vuelto a sacar a la luz parte de la historia de la época romana (siglos I al VI) en una zona en la que hubo viviendas y probablemente un gran edificio público. Esta semana se ultimará el informe que elaboran los arqueólogos sobre los restos y muy probablemente la próxima semana, Príncipe de Viana tendrá que adoptar la decisión. Cualquiera que sea ésta, en el Ayuntamiento se dan por bien invertidos los más de 665.000 euros que ha costado la excavación iniciada en julio pasado. Los restos hallados en San Fermín de Aldapa pueden condicionar la construcción del parking.

Diario de Navarra, Pamplona, 24 de febrero de 2005

Restos:

VIVIENDA. Se han hallado tres estancias de época romana.
SILLAR. De un gran edificio romano.
CANALIZACIONES. Entre los muros, también romanas.
TORRE. Semicircular y de gran dimensión, podría ser de la muralla de la Navarrería.
DEPÓSITOS. De forma cuadrada, se integran en la vivienda. En la parte derecha de la imagen.

La pasada semana el consistorio hizo llegar a la dirección general de Cultura un ultimátum para explicar que, agotado el plazo, pero sobre todo el presupuesto para las excavaciones arqueológicas, era el momento de decidir si el aparcamiento proyectado en su día por el arquitecto tudelano Rafael Moneo podía o no construirse en ese lugar.
Las opciones que ahora se abren son dos. Se puede decidir, por ejemplo, no construir el parking y ocultar nuevamente los restos o dejarlos a la vista. O se puede permitir la construcción del aparcamiento. En este último caso será necesario continuar las excavaciones por debajo de los 4 metros actuales hasta concluirlas en todo el perímetro del futuro parking y ello requiere hacer un nuevo desembolso, como mínimo, similar al hecho por el consistorio.

Pompaelo otra vez

Durante estos más de seis meses de trabajo, los arqueólogos han vuelto a dejar a la vista parte de la historia más remota de Pamplona, la de su etapa romana. El hallazgo más celebrado fue un sello de bronce con forma de anillo y con la inscripción: «L. Corneli. Celsi». Este tipo de sellos era utilizado por notarios o personas distinguidas.

A expensas de que la excavación pueda continuar y se puedan completar datos, los arqueólogos han localizado en diferentes sectores de la zona varios sillares «de grandes dimensiones» de roca de arenisca y que probablemente se correspondan a una misma gran edificación. Un hallazgo similar tuvo lugar hace algunos meses en la calle Compañía, donde se localizó parte de un arco romano que también parecía corresponder a un gran edificio público de entre los siglos I y IV.

Entre los restos de San Fermín de Aldapa se hace igualmente alusión a las estructuras que probablemente correspondían a una o varias viviendas de la época tardorromana (siglos IV al VI). El informe de Trama apunta a que se trata de la zona de servicios, por las instalaciones de tipo artesanal que allí había, y también a la zona de uso doméstico, por la presencia de dos depósitos para líquidos. Estos contenedores, separados por un muro medianil de 25 centímetros de espesor, tienen las paredes revestidas con una fina capa de impermeabilización de mortero de color rojizo «en el que se aprecia el empleo de grandes cantidades de fragmentos de cerámica triturada que actuaban como conglomerados».

Época medieval

En una primera fase de la excavación, cuando los arqueólogos trabajaban en la zona más próxima al convento de los Corazonistas situado junto a la basílica de San Fermín de Aldapa, se localizaron 18 sepulturas de época medieval correspondientes a la necrópolis de la iglesia de San Pedro, un templo de pequeñas dimensiones, vinculado al Palacio Real y que se mantuvo abierto hasta el siglo XVI.

Las tumbas siguen la tradicional orientación cristiana con la cabecera al oeste. Los cadáveres tienen «la cabeza ligeramente incorporada y los ojos orientados hacia la salida del sol».

Hallan la talla de un sátiro del siglo II junto a la villa romana de Antequera

Hallan la talla de un sátiro del siglo II junto a la villa romana de Antequera Foto: HITO. El alcalde muestra la pequeña cabeza de sátiro. / E. TORO
La cabeza de mármol, de dimensiones reducidas, representa a un ser mitológico Unos jóvenes la encontraron por azar en la Villa Romana de la localidad

LA CABEZA DE SÁTIRO

Hallazgo: Descubierta en la Villa Romana de la Estación (Antequera), en la zona que corresponde al peristilo (patio).

Cronología: Data de la segunda mitad del siglo II de nuestra era.

Material: Está realizada en mármol calcáreo blanco, de grano fino. Posiblemente de origen griego.

Definición: Se trata de una cabeza de mármol, de unos 10 centímetros de alto y 6 de ancho, que representa a un sátiro o fauno (figura mitológica griega, posteriormente asumida por los romanos, con atributos de hombre y de cabra, como orejas puntiagudas, rabo y patas).

Por Carmen Martín, Diario Sur Digital, 23 de febrero de 2005

Uno de los hallazgos más importantes en los últimos tiempos en Antequera ha sido fruto de la fortuna y de un cúmulo de casualidades. La instalación reciente de alumbrado público en las cercanías de la Villa Romana de la Estación y las últimas lluvias tras varios meses de sequía propiciaron un pequeño desprendimiento de tierra en la zona exterior al vallado del yacimiento. Entre esa montaña de arena y restos, un grupo de adolescente halló por casualidad la pasada semana una cabeza de sátiro de la segunda mitad del siglo II después de Cristo. Sin saber qué tenían entre sus manos, el padre de uno de los jóvenes, Francisco Hidalgo Molina, decidió entregarlo al Ayuntamiento.

Pronto comenzaron los trabajos de investigación por parte de los arqueólogos municipales y del catedrático de Arqueología, Pedro Rodríguez Oliva, para datar y catalogar la escultura. Así fue como los expertos determinaron que se trata de una cabeza, de unos diez centímetros de alto por seis de ancho y tallada en mármol calcáreo blanco de origen griego, que representa a un sátiro o fauno -figura mitológica griega que posteriormente fue asumida por los romanos, con atributos de cabra, como orejas puntiagudas, rabo y patas, y de hombre.

Copia de los griegos

Rodríguez Oliva ha concluido que la talla del sátiro «es una de las de mayor belleza de la península». Así lo confirmaron ayer en rueda de prensa el alcalde de la ciudad, Ricardo Millán, y el arqueólogo municipal, Manuel Romero. Además, Romero explicó que la pieza también destaca por ser «una de las mejores conservadas de todas las que se han encontrado con forma de fauno, una figura muy empleada como elemento decorativo por los romanos entre los siglos I y III».

En este sentido, Rodríguez Oliva ha determinado que se trata de una copia de un modelo helenístico que ha protagonizado hallazgos similares en Murcia o Puente Genil, aunque en peor estado de conservación. La talla del iris y de las pupilas ha sido clave para poder datar la pieza en la segunda mitad del siglo II, cuando cabezas como éstas servían para decorar los peristilos -especie de patio- de una casa romana.

De hecho, la cabeza de sátiro de la Villa Romana de la Estación, que se expondrá en el Museo Municipal de Antequera cuando esté limpia, apareció en el peristilo, donde también se localizó la cabeza de Venus-Afrodita.

La cabeza de fauno se suma a una considerable lista de hallazgos. En la excavación de 1998, se encontró la parte inferior de otra estatuilla de sátiro. También se han localizado una máscara de Melpóneme, una escultura de Eros dormido, otra de Eros cabalgando sobre un animal acuático, un retrato en relieve y un busto de un príncipe de la familia Julio Claudia.

Lo que esconde la villa

Pero los hallazgos arqueológicos podrían triplicarse. Gran parte de la Villa Romana de la Estación, situada al noroeste del casco urbano de Antequera, está aún sin excavar. Aunque se tiene constancia de la existencia de este yacimiento desde el siglo pasado, no fue hasta 1998 cuando, al realizar las obras para la construcción de la circunvalación norte de la ciudad, se puso de manifiesto la importancia arqueológica de la villa, obligando a desviar el trazado de la carretera a su paso por el yacimiento; aunque hoy se sabe que existen restos bajo el vial. Actualmente, la Consejería de Obras Públicas estudia la construcción de un viaducto que salve los restos de una villa cuyas estancias se articulan en torno a un gran peristilo de unos 430 metros cuadrados.

Según han podido averiguar los expertos, la galería estaba pavimentada con mosaicos geométricos y rodeada por un estanque en el que habría plantas, peces y un conjunto escultórico de mármol. Pero lo que esconde la villa es aún una incógnita: «La superficie excavada de este estanque -de 15 metros de largo- no se corresponde apenas con un 40 % del total», constata un informe municipal.

LA VILLA ROMANA DE LA ESTACION.

La villa romana de la Estación (s. I al IV a.d.C.) se encuentra en el término municipal de Antequera, en el límite norte de su casco urbano, junto a la carretera N-331 y la estación de ferrocarril. El yacimiento ocupa la ladera media y baja de un cerro y los restos, que se están estudiando en la actualidad, se ubican entre la cota 480-464 mts. sobre el nivel del mar. Rodean al yacimiento, por el Este, el camino de Quintana y, por el Oeste, el denominado camino de los Sillares.

Estas características le confieren al yacimiento una localización inmejorable, dominando la Vega Antequerana y controlando las principales rutas de comunicación del interior hacia la costa malagueña en la Antigüedad.

A las buenas comunicaciones y a la capacidad productiva del entorno hay que añadir el cumplimiento de los requisitos indispensables de la habitabilidad -amoenitas- que los agrónomos latinos del momento creían necesarios para la ubicación de una villa: Salubridad y agradabilidad del paraje, amplio dominio visual y belleza del paisaje, orientación adecuada y abundancia de agua.

De esta manera resulta fácil comprender la elección de este enclave para la construcción de una villa de carácter semiurbano o una mansión nacida de la mano de un gran propietario - posiblemente un alto dignatario romano -, conjugando, no sólo el hecho de ser un gran centro residencial, sino también un núcleo de explotación agrícola y de control comercial. La villa no estaba situada dentro del casco urbano. En ella abundan y sorprenden la calidad y cantidad de mosaicos, las dimensiones de las habitaciones (posee un pasillo de 26 m. de largo y 5.5 m. de ancho) y el material empleado, placas de mármol purísimo formando figuras, combinando varios colores (opus sectile).

Entre los enseres encontrados, podemos enumerar el retrato en mármol del dueño de la casa, la cabeza de la musa Melphomenes, apliques de bronce y pequeñas esculturas.

Se ha descubierto una fuente, en un patio de columnas con un mosaico geométrico de 13,5 m. de lado, la taza circular de 4,2 m. de diámetro, en cuya corona se sitúa una escultura de Tetis. Esta fuente forma parte de un conjunto de cuatro de las mismas dimensiones, situadas en el centro de un estanque de unos 250 m2.

A finales de octubre (1998) ha finalizado la 1ª fase de la intervención arqueológica, esperando poder reanudar los trabajos a partir de la 2ª quincena de noviembre.

Madrid. El Servicio de Arqueología de Collado Mediano ha hallado las ruinas de una posada romana del siglo I

Madrid. El Servicio de Arqueología de Collado Mediano ha hallado las ruinas de una posada romana del siglo I Foto: Ruina de una posada romana del siglo I, en Collado Mediano. Las excavaciones arqueológicas han puesto de manifiesto que el edificio estaba estructurado en tres fases de construcción.

Por Gema Silván, Telemadrid, 29 de enero de 2005

El yacimiento encontrado en Collado Medianao se trata de un miaccum, un establecimiento asociado a una vía romana que unía la ciudad de Mérida con Zaragoza. Los expertos sabían desde hace tiempo de la existencia de este yacimiento, pero no conocían el lugar concreto donde podía estar. Después de varios meses de excavación han hallado el único establecimiento de este tipo descubierto en la Comunidad de Madrid. En su estructura se aprecian las estancias propias de las posadas: los baños termales, las habitaciones y la cocina con su horno y su fragua. También se han descubierto vasijas de cerámica barnizadas y policromadas. Los arqueólogos pretenden encontrar aún más restos, por lo que las labores de excavación continúan. El Gobierno regional colaborará con el Ayuntamiento de Collado Mediano en el estudio de estos hallazgos, su musealización e incorporación dentro del itinerario de yacimiento arqueológicos visitables de la Comunidad.

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Miaccum: en busca de la mansio perdida

Por J.J.Guijarro, Sección: Roma y Grecia en Celtiberia.net, 26 de enero de 2005

INTRODUCCIÓN

No debían saber los Anticuarios de la Real Academia de la Historia que, desde 1917, entre las pilas de cartas, documentos y papeles del Gabinete de Antigüedades se encontraba la solución a los desvelos de muchos investigadores de la época y de muchos otros que tomarían su relevo en el ardiente estudio de la Vía romana 24 o de La Fuenfría.

En esa carta, con un sobre modesto dirigido al Padre Isla desde la modesta Parroquia de San Ildefonso de Collado Mediano, el párroco de ésta, D. Ricardo Fernández García, daba oportuna y exacta cuenta de los espectaculares hallazgos realizados en las cercanías del pueblo.

Mucho dudamos que D. Antonio Blázquez y Delgado-Aguilera supiese nunca de la existencia de esta carta. Su espíritu sagaz y el cariño y dedicación con que trató siempre a la Vía de la Fuenfría, pero sobre todo sus desvelos por situar de forma correcta las mansio de Miaccum y Titulciam, le habrían llevado a asociar de forma inmediata los hallazgos de Collado Mediano con esta importante vía. Así habría sido dado por zanjado, sin apenas comenzar, el problema secular que hoy nos ocupa y que también nos ha robado horas preciosas.

Queda para el anecdotario si algún tipo de enfrentamiento personal o enconamiento profesional llevó a José Ramón Mélida, entonces Anticuario Perpetuo de la Institución, a no ofrecer la información a Blázquez. Tal vez simplemente ni siquiera él mismo abriese una carta dirigida a un desconocido...cuando no a un difunto.

El Padre Isla de nuestra carta no puede ser otro que D. José Francisco Isla, fallecido en 1781. De ser así, difícilmente podría haber atendido a la modesta llamada de atención del Padre Fernández. No obstante, en la docta Institución, como en otras, la falta de personal, la desidia o el exceso de celo ha dificultado de forma notable el desarrollo correcto de los acontecimientos. Sirva tal vez este hecho como justificación.

No debe pasarse por alto tampoco que es precisamente durante la concurrencia de Mélida como Anticuario Perpetuo cuando el Gabinete de Antigüedades inicia una llamativa y acusada fase de disminución de su actividad (Almagro Gorbea, 1999).

El caso es que, este documento escueto pero sin desperdicio alguno, quedó relegado al olvido hasta que la reorganización del Gabinete sacó a la luz el Catálogo e Índices de la Comisión de Antigüedades de Madrid (Maier, 1998).

En el catálogo ésta era una carta más, pero para nosotros suponía un acicate especial pues desde 1997 dirigíamos el Proyecto de Investigación sobre poblamiento Neolítico y Megalitismo en la Comunidad de Madrid teniendo a nuestro cargo la prospección, entre otros términos municipales de la Sierra, del municipio de Collado Mediano. Es más, en ese mismo año habíamos sondeado, a la búsqueda de túmulos prehistóricos y por encargo expreso de la Dirección General de Patrimonio Histórico como Asistencia Técnica, un extraño amontonamiento de tierra, tejas, piedras y ladrillos en el paraje de El Beneficio, en ese mismo municipio.

El yacimiento resultó ser de cronología más reciente que lo encomendado en nuestra carta de encargo motivo por el cual se levantó un acta e informe preliminar del sondeo y se dictaminó lo que entonces se esperaba, que su cronología era histórica y no prehistórica.

Desde que tuvimos la oportunidad de leer la misiva del párroco de San Ildefonso jamás pudimos olvidar lo explícito de lo señalado. Por ello, movida la acción por la curiosidad y el buen hacer profesional, en la III Campaña del mencionado Proyecto regresamos varias veces al municipio con la intención de localizar el enclave señalado...siempre sin fortuna.

Pero la vida da muchas vueltas, y en arqueología más –eso lo saben bien quienes están leyendo estas líneas- y hete ahí que en el año 2002 gracias a la arqueóloga Cristina Ruiz y a algunos artículos que habíamos escrito sobre la zona según avanzaban nuestras excavaciones en el cercano dolmen de Entretérminos y las investigaciones de nuestra Tesis (Jiménez Guijarro, 1998;2000), llegamos de nuevo a Collado Mediano. Gracias a esta arqueóloga y al empeño de Juan Carlos Bustos, Alcalde de la corporación, conseguimos sacar adelante un Proyecto de Investigación y un Inem que en 2003 trabajaba, con ocho personas a pleno rendimiento en el municipio.

Ese fue el momento de los paseos, del tiempo para pensar...y de los quebraderos de cabeza. Así regresó la carta del párroco, como una leve brisa de invierno que acaricia fría la cara del arqueólogo avezado –que es el que está en el campo...y no el del despacho por mucho que alguno de mis maestros me lo hiciese creer durante años-. Así regresó la carta y las palabras de Don Ricardo tomaron voz, y allí, ante nosotros, por donde pasamos cien veces, donde yo mismo excavé años atrás, asomaban desafiantes las canteras someras del pórfido...y los ladrillos, y los muros y la argamasa...y las tejas...

La insistencia de algunos vecinos de Collado Mediano y el interés de la corporación municipal nos condujo, como un torbellino a un descubrimiento escalofriante. Allí estaba todo, removido, olvidado, con casi cien años a la espalda y una Guerra que borra memorias cuando no las aniquila. Ante nosotros las ruinas, tímido asomo de muro, se convirtieron en la vetusta Pompeya.

Claro, que la gente del pueblo, la que de verdad conoce los recovecos de la Historia –muchas veces porque forman parte cotidiana de ella- siempre tiene algo más de información de lo que parece. Sobre todo más información de la que de forma alegre pero inquisitiva les solicitamos los arqueólogos.

Quizás por ello aquellas personas tenían algo más de información...y en ella, con rigor científico y bisturí certero, basaba su empeño –que era mucho- en que centrásemos nuestras pesquisas en El Beneficio. Allí era conocido que habían excavado, cuando menos, un maestro de escuela allá por los 40 o 50 y D. Rufino Ortega, el penúltimo sacerdote titular de la Iglesia de San Ildefonso que con gran ahínco y desvelo, acompañado de una caterva de chavales, se había empeñado en arrojar algo de luz acerca de tan misteriosas ruinas. Intención puso mucha, pero debían de ser –como siempre- malos tiempos para la arqueología y nadie le hizo caso. Tal vez por aquellos felices años 70-80 la creencia de algunos arqueólogos de que un aficionado era un peligro había calado tan hondo que derivó en un incomprensible ostracismo hacia quienes más datos tienen siempre y con más desprendimiento y generosidad los comparten.

Perdió la Historia la segunda oportunidad para resolver el acertijo y El Beneficio, junto a Collado Mediano volvió a quedar arrinconado por la historia –así, con minúscula, que la de verdad, la de la H, no conoce de bajezas ni ostracismos- y vetado su acceso a la investigación arqueológica.

Con el permiso de excavación en la mano y un nuevo Inem de cinco arqueólogos en el bolsillo, hincamos el pico en la cima misma del montículo. Y digo pico porque la piqueta rebotaba sobre la tierra compactada que había dejado en herencia un circuito de motocross ilegal que pasaba literalmente por encima de los restos arqueológicos.

Tres días bastaron para que se empezasen a dejar ver los muros trabados con mortero de cal, las tejas curvas, los ladrillos de hypocaustum, los bipedales...y algo más tarde las sigillatas y las cerámicas de cocina. Nuestro júbilo era total. Un poco más y allí estaban también los restos humanos a los que se refería la carta de Don Ricardo, y un sin fin de muros que delimitaban, día a día estancias, accesos, derrumbes, hornos...

Por entonces el Ayuntamiento había establecido las pautas básicas de trabajo y tomado tan en serio las recomendaciones de su recién estrenado y flamante Servicio de Arqueología que procedió al cierre de la zona. La restricción del paso hizo un bien inmediato que pocos han sabido ver: ya no hay motos...y eso es una victoria, porque algunos aficionados al campo motorizado –que se disfruta de otra forma- no comprenden que la libertad de uno acaba justamente donde empieza la de los demás. Gran acierto celebrado con pocas alharacas pero que yo quiero reconocer públicamente desde aquí. Luego se cerró el recinto destinado a la excavación para permitir una mayor protección y el desarrollo cómodo de los trabajos hasta hoy y esperemos que mañana también.

NUEVOS HALLAZGOS EN TORNO A LA VIA 24

Estudiado con detenimiento, el Itinerario de Antonino, aún cuando no deba ser considerado una especie de Biblia oficial de la caminería romana –¡ay, si supiésemos de veras con cuántas páginas originales se escribió ese otro magno libro!- no merece el ultraje de tacharlo de incompleto o poco cuidadoso tan sólo porque lo que dice no se acomoda con nuestras expectativas.

Así, Saavedra, uno de los máximos especialistas en caminería romana de fines del siglo XIX, había señalado entre Segovia y Miaccum la clara omisión de una mansio que él creía haber localizado en el Ventorrillo del Duende, a tres kilómetros de Guadarrama (Saavedra,1862). Aún no se había establecido como seguro el tránsito a través de la Fuenfría y ya, para que los cálculos encajasen, se había supuesto la falla del Itinerario.

Con estas noticias y conocimientos D. Antonio Blázquez se dispuso, desde 1906, a buscar el paso serrano que conectase, siguiendo el Itinerario, ambas mesetas. Fruto de estos desvelos fue el hallazgo por parte del avisado ingeniero de montes, D. Alberto Martínez, de un miliario en las proximidades del Puente de la Venta [de Santa Catalina] de Cercedilla.

Gracias a este célebre y bien conocido hallazgo quedó demostrada la existencia de un trazado viario que desde Segovia, a través del Puerto de la Fuenfría, bajaba hacia las tierras de la Meseta Sur pasando por Miaccum.

Blázquez, como muchos otros investigadores, tomó en su primera publicación por válida la conjetura de Saavedra acerca de la carencia de una mansio y situó Miaccum en las proximidades de Madrid, a orillas del Arroyo Meaques (Blázquez, 1911). Erró el sabio en la situación de Albucella en Villalba como bien rectificó con posterioridad (Blázquez, 1912) y pensamos, como han señalado numerosos investigadores, entre los que queremos destacar a G. Arias, también erró en la situación de Miaccum.

Lamentablemente la transcripción del miliario que publicó Blázquez no era muy completa debido a la extrema dificultad para leer el campo epigráfico. Un trabajo exhaustivo de Ruiz Trapero, de Santiago y Olmos (2001) ha venido a arrojar algo de luz al respecto. La lectura que ellos dan, basada en la de Stylow (1994) y con la que tras revisar la pieza estoy de acuerdo, es la siguiente:

[-]CO +
[-]DECIO LG AVG PR P
[-]+ P XVII

Se advierte la discrepancia entre las lecturas de Blázquez y estos últimos autores en la tercera línea, donde el primero de ellos leía C [-] VII, interpretándolo como el VII Consulado de Vespasiano.

No es mucho, pero es suficiente para trazar una hipotética adscripción a una restitución de piedras miliarias y tal vez mejora de parte del trazado por parte del gobernador de la Hispania Citerior, C. Messius, Q.L. Decius Valerianus –luego emperador Decio Trajano-. El miliario estaría dedicado a Maximinus Augustus y a Maximus Cesar y podría datar de los primeros meses del 238 d.C.

Sabemos de la existencia de otro fragmento de miliario, más reciente, tal vez del siglo IV, recuperado junto al anterior (Ruíz Trapero et alii, 2001:223). Por tanto es de suponer que un camino construido en el siglo I o II d.C., cuyos miliarios fueron restituidos en el siglo III d.C. estaba en funcionamiento aún en el siglo IV d.C. bajo dominio romano.

No es este momento para tratar con detenimiento la implicación de este tipo de miliarios y su relación con el proceso de romanización de la sierra madrileña. Será algo sobre lo que incidiremos en próximos trabajos.

Pero sabemos también algo más trascendente: desde el Puente donde se recuperó la miliaria de Cercedilla hasta una de las dos mansio señaladas por el Itinerario –Segovia o Miaccum- había XVII millas.

Blázquez señaló al respecto que no podíamos fiarnos de que la lectura de millas, en caso de serlo, fuese correcta, ya que podía hacer referencia, como en otras ocasiones, a las millas medidas desde dos o hasta tres mansio anteriores. En el caso de Cercedilla esto me parece absurdo, pues si hay un verdadero lugar, como veremos en un momento, donde son necesarias este tipo de indicaciones, es en un puerto de montaña. La disyuntiva reside en si uno asciende o no el puerto y dónde dirigirse a pernoctar.

Es en cierto modo lógico pensar que esta mansio se tratase de Segovia. Para llegar a esta conclusión nos basamos en varios datos. En primer lugar sería lógico que al inicio del ascenso del puerto se señalase la distancia hasta la siguiente posada, que sería Segovia, al otro lado de la Sierra. No debemos olvidar que el tránsito de este tipo de vías no debía ser un viaje de placer y que atravesar tierras poco pobladas y quizás mal defendidas podría resultar harto arriesgado. Ni qué decir tiene lo que debía suponer hacer ese trayecto en pleno invierno cuando a uno aún se le ponen los vellos erizados al pensar en atravesar Navacerrada tras unos días de nieve.

Por otra parte, si tenemos en cuenta que la distancia entre Segovia y Miaccum, según el Itinerario es de XXIV millas, quiere decir que desde ese miliario hasta la otra mansio debía haber VII millas. A la vista de este dato inequívoco es imposible que el miliario se refiera a Miaccum. Sin embargo si es a Segovia a quien se refiere, las millas –empleando la milla de 1480 metros o la de 1666 metros- se ajustan bien al recorrido real. Si pensásemos que desde el miliario hasta Miaccum había XVII millas –algo que a algún municipio podría interesarle-, sería obligatorio que desde él hasta Segovia hubiese VII... y eso no ocurre ni siquiera trazando el camino en línea recta.

Por ello, desde el puente del miliario hasta Miaccum debe haber VII millas, esto es, 10’36 kilómetros tomando la milla de 1480 metros o un máximo de 11’66 kilómetros tomando la de 1666 metros. Así, la situación de Miaccum no puede superar esta extensión máxima en línea recta. Curiosamente El Beneficio queda perfectamente comprendido en esa misma distancia, mientras que otra de las pretendidas candidatas a situar esta mansio, allá por las tierras de Collado Villalba, en las proximidades del Arroyo del Guatel (Arias,1987), y en cuyas cercanías se recuperaron algunas aras votivas (Ruíz Trapero, 2001), queda fuera del límite máximo de distancia tomada en línea recta –que ya es de por sí irreal-.

Gonzalo Arias (1987) ya situó hace años, en una de sus interpretaciones al camino de la Vía 24 y al Itinerario, Miaccum en El Beneficio. Aunque también lo hizo en El Cerro de El Castillo, donde damos fe cierta de la inexistencia de restos arqueológicos. Sí los encontramos nosotros hace años en cambio en El Jaralón (Jiménez Guijarro, 2000), consistentes en restos de cerámica y sílex correspondientes al Calcolítico-Edad del Bronce y posiblemente a la I Edad del Hierro a juzgar por la tipología de algún elemento de molienda descubierto en fechas recientes.

De El Beneficio se sabía lo que Arias recogió en los años 70. De estos datos, sin más evidencia, se colegía la existencia de un emplazamiento posiblemente romano sin más. Seguramente el peso de los descubrimientos realizados en las inmediaciones del Arroyo Guatel, incluidas las evidencias romanas, hicieron que la balanza se inclinase a favor de la creencia de que, de haber una mansio, debería estar allí. Nosotros mismos lo hemos pensado varias veces y tan sólo hemos llegado a la conclusión de que hubiese cierta relación entre la ‘posada’ de El Beneficio y un asentamiento mayor en las proximidades del Guatel. Pero aún está por determinar la verdadera entidad de los restos villalbinos.

Antes, y quizás fuese este dato el que condujo a Arias a Collado Mediano en sus andanzas provechosas, Blázquez y Sánchez Albornoz (1920:10) ya habían señalado la existencia entre los términos de Guadarrama y Collado Mediano (...)por donde va la cañada de ganados, a unos 500 metros de la actual carretera, existe el llamado pajar de La Puerta Latina. Dato interesante sobre el que casi nada hemos podido averiguar.

Hoy el panorama ha cambiado bastante. Desde que se iniciaron las excavaciones arqueológicas en El Beneficio-Miaccum en Julio de 2004 el creciente número de restos recuperados, la clara concentración de los mismos en un tramo temporal muy determinado y la existencia de tres fases de construcción sucesivas –cronológicamnete similares a los pretendidos tres momentos de construcción y reparación del camino de La Fuenfría- nos han llevado a la conclusión de que El Beneficio-Miaccum no puede ser más que la evidencia de esa mansio perdida y hoy felizmente hallada.

El edificio hallado presenta una estructuración peculiar en torno a unos baños modestos a los que se anexan áreas de servicio y un tramo de vial empedrado que le da acceso. No estamos ante una villa o lo que arquitectónicamente se esperaría que lo fuese. Más bien, todo lo descubierto hasta la fecha parece señalar hacia una edificación muy concreta y funcionalmente estructurada para la prestación de un servicio determinado.

La problemática principal del estudio de los trazados viarios romanos en la Península Ibérica, y en especial en zonas que como nuestra Sierra Norte no parece prolija en yacimientos –o tal vez en hallazgos- reside en el hecho de que, durante casi un siglo, cualquier tímida aportación hacía variar , de forma indefectible, el trazado de las vías.

Desde la famosa creación de Titulcia –la ficticia y moderna, que no la de origen romano- y el establecimiento de la igualdad entre el Arroyo Meaques y Miaccum por esa curiosa validez –un tanto problemática no obstante- de la asimilación fonética, se han sentado verdades como catedrales que, hoy por hoy no se sostienen. Razón tenía el afamado Albert Einstein cuando señalaba que en este mundo nuestro es más fácil desintegrar el átomo que un prejuicio. En Arqueología a veces desmontar lo que se ha tenido por cierto, por falaz e imaginario que esto fuese, supone una crítica acérrima.

Hoy, al fin de nuestro primer acercamiento a la temática viaria, y sin negar el enorme valor que el trabajo de muchos otros que nos han precedido supone, podemos señalar que, como diría Don Santiago Ramón y Cajal, no hay más religión que la de los hechos. Y hechos, lo que se dice hechos hay pocos fehacientes que sustenten el andamio de lo construido en torno al trazado viario de la Sierra de Madrid.

Tenemos la evidencia de un posible miliario localizado por Blazquez y Sánchez Albornoz (1920:11) en el camino de Torrelodones a Galapagar, en las proximidades del Puente de La Alcanzorla. Es no obstante piedra anepígrafa y dada a la confusión si tenemos en cuenta la presencia de algunas piedras similares en los trazados carreteros de época de Felipe II. Tampoco tenemos más evidencias que las dadas por estos investigadores para pronunciarnos a favor o en contra de la atribución. Para nuestro estudio no resulta muy relevante al carecer de epígrafe pero sí resulta factible que el camino descendiese hacia las tierras llanas de Las Rozas por este lugar.

Sabemos algo más. Miaccum no debió ser más que una posada de cierta importancia, eso sí, dada su ubicación en el acceso al paso de sierra. En cambio a Titulciam, la mansio siguiente en la Via 24 según el Itineraio, debe suponérsele una importancia mayor puesto que debió ser un nudo de comunicaciones que enlazaba los trayectos de las vías 24, 25, 26 y 29.

Hay que preguntarse de nuevo si es realmente necesario que cada mansio fuese en realidad algo más que una posada en el camino y si realmente es necesario que surgiese en torno a ella –en proximidad inmediata- una gran población. La respuesta es clara a la luz de las evidencias.

Pero tenemos algunos datos más de cierta relevancia. En primer lugar que parece existir una clara relación entre el trazado del viario romano y la existencia de un camino previo de origen indígena. No es gran descubrimiento este sobre el que ya han dado su opinión numerosos investigadores, pero sí permite suponer la existencia, en las inmediaciones de algunos de los principales puntos de parada en el trayecto, de restos de poblaciones indígenas. No en vano el comercio y en ocasiones la defensa también les incumbía a ellos. En algunos sectores del Sur de la Comunidad de Madrid este dato no es significativo, pero en el sector serrano, que tenemos la certeza acusó una población menor y quizás más tardía, sí presenta visos de ser un dato relevante.

Pero aún tenemos más. Mediante la técnica de localización que hemos empleado en nuestra investigación, hemos decidido seguir la regla de las distancias máximas de radio. Según esta y basándonos en los datos del Itinerario, hemos trazado una serie de círculos y arcos de círculo desde los puntos seguros y otros, provisionales, desde los lugares posibles de localización (Fig.1).

En esta regla, aún cuando no pueda aplicarse de forma tajante a todos y cada uno de los casos, hemos detectado que suele cumplirse el hecho de que la localización de las mansio no excede el arco máximo de radio. Como es de esperar, al contrario, las mansio suelen situarse dentro de este radio máximo, entre 2 y 5 kilómetros –a veces más, variando de la orografía- al interior del límite.

Este hecho, que creemos puede entenderse como una suerte de norma de límites, nos ha servido de apoyo a la hora de establecer la situación de algunos puntos del trazado y sobre todo para la confección de un mapa, creemos que más aproximado a la realidad, del sistema básico de viarios romanos principales. No entraremos de momento en los ramales secundarios, vías transversales, etc. puesto que es un tema que excede lo planteado en esta primera aproximación y sobre el que ya se está preparando un concienzudo estudio.

EVIDENCIAS MATERIALES

Respecto a los datos, como se ha señalado, tenemos que en El Benefico-Miaccum hemos empezado a desenterrar los restos de un edificio singular con un sistema termal modesto, un área de cocina y servicios, y lo que es más importante, una vía empedrada de servicio que daba acceso a las instalaciones.

Las evidencias constructivas, como señalamos antes, evidencian de momento tres fases constructivas. La primera, datada en el siglo I-II d.C. y por completo desmantelada, una segunda, que muestra ciertas variaciones en planta respecto a la fase anterior, datada entre los siglos II y IV d.C. –y que debe considerarse la fase más activa o importante a juzgar por los restos hallados y la entidad de las construcciones-, y una última fase, muy tímida, que reacondiciona espacios y estancias de la fase anterior y parece centrada en un área de servicios –tal vez un sector metalúrgico- asociada a un sector muy concreto del recinto. Esta fase se data en el siglo IV-V d.C.

No deja de ser curioso también que estas fases, como ya quedó dicho se asocien de forma directa a las diferentes fases de construcción, uso y reparación del camino romano. No en vano la mansio era por lo general un establecimiento público regido por un oficial mansionarius, con lo cual sería de esperar que en las diferentes reparaciones se efectuase también algún tipo de intervención en este tipo de establecimientos.

Resulta curioso que en el caso de El Beneficio-Miaccum las dos primeras fases constructivas han deparado evidencias de una destrucción que dio paso a la renovación de las instalaciones. Quizás esta persistencia en el establecimiento –aún dada la aparente inseguridad- se debiese más que nada al hecho deque no podía o debía ser trasladada la edificación a otro lugar. Este hecho corrobora nuestra tesis de que estemos ante una verdadera mansio cuya ubicación exacta cumplía un papel de cierta magnitud.

EL ‘NUEVO’ TRAZADO DEL ITINERARIO

Sobre el Itinerario, y de forma más concreta sobre su paso a la cartografía, han corrido ríos de tinta y sin duda seguirán corriendo aún. La arqueología, como base documental de la construcción secuencial y cultural asociada a la Historia es una ciencia que demuestra así su imperfección. Pero visto desde un aspecto positivo, esta misma falibilidad es la que permite el avance científico.

Por ello, basándonos en lo ya escrito y sin recurrir a un nuevo planteamiento minucioso y exhaustivo de cada uno de los tramos a los que se han dedicado con ahínco otros colegas, nos permitimos presentar las conclusiones fundamentales a las que nos conducen los estudios que, en torno a Collado Mediano y al yacimiento de El Beneficio-Miaccum, estamos llevando a cabo.

Hemos visto cómo hubo, años atrás, algunas aproximaciones acerca de la importancia que Collado Mediano pudo tener en la Antigüedad Romana. Para A. Blázquez y Sánchez Albornoz el paso de la Vía 24 por las tierras del municipio, coincidiendo en gran medida con lo que siglos después sería la cañada de merinas y el Camino Viejo de Segovia, era cosa cierta.

Más acertado fue el planteamieto de G. Arias quien llegó a señalar, por vez primera, la posibilidad de que Miaccum fuese El Beneficio. Sus trabajos fueron los que nos hicieron reflexionar en profundidad acerca de esta cuestión.

Sin duda si estos investigadores hubieran conocido la carta del párroco de San Ildefonso o hubiesen tenido la oportunidad de llevar a cabo las pertinentes excavaciones arqueológicas hubiesen llegado a la misma conclusión que nosotros.

Visto que no hay demasiados problemas para hacer coincidir las distancias que unían Segovia-Miaccum y sobre todo las que iban desde Miaccum hasta el miliario de Cercedilla, podemos señalar que la Vía 24 ascendería la falda Norte de la Sierra de Guadarrama hasta el Puerto de la Fuenfría. De allí descendía la ladera Norte, paralela al Arroyo de la Venta, lugar en cuyas proximidades -a 700 metros del Puente de la Venta de Santa Catalina- apareció la referida piedra miliaria (Blázquez, 1911).

Hasta aquí las evidencias del camino no dejan lugar a dudas. Si tenemos en cuenta los datos que sobre la presencia de tres posibles piedras miliarias situadas en las tierras de Guadarrama recogieron Blázquez y Sánchez Albornoz (1920:10) el camino podría pasar por las proximidades del Egido de Guadarrama y cercano a la linde con las tierras de Alpedrete.

Aquí empiezan –y continúan- las posiciones encontradas. Unos hacen coincidir la Vía 24 con una pretendida Vía de La Machota (Arias, 1987:380), bajando el camino desde Cercedilla directo por Los Molinos y Guadarrama hacia El Escorial. Impensable según nuestra opinión para una vía principal.

Para Blázquez y Sánchez Albornoz el camino, desde el miliario de la Venta de Santa Catalina, bajaría siguiendo el cordel de ganados, quizás por la denominada Puerta Latina (Ibidem, 1920:10), cercana a la Venta de ‘La Serranilla’ o de los Pajares de San Juan (Espinosa Montalvo, 1996:198) en tierras de Collado Mediano. Desde aquí descendería por el cordel ganadero limitando los términos de Alpedrete y Guadarrama. Está claro que el camino no iría en dirección Oeste, pasando por Los Molinos y Guadarrama.

Nosotros consideramos que el itinerario, desde el miliario de Santa Catalina descendería paralelo al Río de La Venta, pero por su margen izquierda –según su curso natural de descenso- por el camino viejo hasta las proximidades de la Ermita de Santa María y hasta el interfluvio de este Arroyo con el Río Puentes.

No tiene sentido que el camino romano cruce el Río de la Venta por el puente de Santa Catalina o de la Venta para tener que volver a cruzarlo una milla aguas abajo. Además, el pretendido paso del camino por Los Molinos y Guadarrama es ilógico puesto que en ese trazado es obligado que la vía atraviese no sólo el mencionado río, sino todos y cada uno de los arroyos que desde La Peñota descienden para desaguar en el Guadarrama.

Proponemos que el trazado siguiese, tras cruzar el Río Puentes paralelo al Cerro de la Peña del Sol, por el Collado de la Peña del Guijo y en la ladera de Jarahonda, paralelo siempre al Arroyo de La Ventilla hasta los Pajares de San Juan. Este es el camino que seguía el cordel ganadero tal y como señala J. Espinosa (1996:199) y el que conducía al Puerto de la Fuenfría hasta el Siglo XVI.

De aquí partiría un camino de dos millas de longitud que llevaría hasta la mansio de Miaccum, lugar de parada tras el descenso del Puerto de la Fuenfría.

Desde aquí la vía continuaría, tal y como la describieron Blázquez y Sánchez Albornoz (1920), por el cordel de ganados, siguiendo en parte el trazado del Camino Real y siempre paralela al Arroyo de Los Linos por Fuente Vallejo y Los Labajos.

El camino seguiría hacia Galapagar atendiendo a los importantes hallazgos epigráficos y romanos localizados en torno al kilómetro 40 de la vía férrea (Ruíz Trapero, 2001), los restos de calzada empedrada recuperados en el seguimiento arqueológico de las obras de Casrrama (J.M. Rojas, com. per.) en las proximidades de Galapagar, las evidencias romanas de esta localidad, y sobre todo el posible miliario localizado por Blázquez y Sánchez Albornoz en la carretera de Torrelodones a Galapagar, en el paso sobre el Guadarrama y al que antes se hizo alusión.

Una vez superado el Guadarrama a la altura de Torrelodones el camino descendería paralelo a la margen izquierda de este río. Según nuestros cálculos la siguiente mansio se encontraría situada en el interior de un triángulo hipotético con vértices en las proximidades de Torrelodones al Norte, Fuencarral-Alcobendas (proximidades del Arroyo de la Vega) al Este y Ventorro del Cano-Arroyo de Los Meaques al Sur.

Este límite máximo viene indicado (Fig.1) merced a la regla de los radios máximos por la distancia que el Itinerario establece (Tabla 1) entre Toletum-Titulciam, Miaccum-Titulciam y Complutum-Titulciam. Por el trazado y la orografía consideramos que la mansio de Titulciam podría haber estado ubicada en las proximidades del paraje denominado Casa Quemada, situada entre Las Rozas y Pozuelo. No obstante esta no es más que una ubicación aproximada y en cierto modo arbitraria.

Lo cierto es que la localización de la mansio de Miaccum nos permite no sólo ubicar de forma muy aproximada Titulciam, sino que a su vez parece corroborar la ubicación de la mansio de Vico Cuminario –perteneciente a la Vía 29- en las inmediaciones del Caserío de Milla, al Sur de Quijorna. Este hecho revalida la hipótesis de que el camino de la Vía 29, como era lógico pensar, viniese desde Extremadura por las tierras abulenses, en un trayecto similar –cuando no coincidente- con las actuales carreteras CL-501 –por Santa María del Tiétar como acertadamente señaló G. Arias (1987), M-501 por Chapinería y al Sur de Quijorna y Brunete por el Caserío de Milla (ubicación de Vico Cuminario) y por Boadilla del Monte hasta Casa Quemada o el Ventorro del Cano (ubicación de Titulciam).

Además el perfil definitivo de los caminos queda menos sinuoso y zigzagueante que lo que se pensaba hasta la fecha. Los pasos de ríos y arroyos se minimizan –como es lógico en una obra en cierto modo concebida de modo previo y planificada- y se acierta a entender cómo el camino romano, al menos en el sector serrano parece seguir un itinerario anterior que pasaba al pie de numerosos castros y asentammientos de grupos indígenas.

REFERENCIAS MILES DE PASOS
Miliario Santa Catalina-Miaccum 7
Miliario Santa Catalina- Segovia 17
Segovia-Miaccum 24
Miaccum-Titulciam 24
Titulciam- Vico Cuminario 18
Tabla 1- Distancias validadas para la ubicación de las mansio.

CONCLUSIONES

En lo esencial el descubrimiento de la mansio de Miaccum en el yacimiento de El Beneficio no viene a suponer más que una confirmación de cuatro extremos:

A- El Itinerario, aún cuando deba ser considerado con cautela, no presenta en el trazado que nos interesa un error tan grave como es el de la omisión de una mansio. Por ello, a la luz de los datos no es necesario añadir milla alguna al mismo.

B- El trazado fundamental de la Vía 24 discurre por un camino que, a juzgar por los asentamientos indígenas ya estaba en funcionamiento en época prerromana.

C- No es necesario recurrir a empalmes ni a nuevos trazados viarios de dudosa veracidad que demuestren que el camino va por donde uno quiere hacerlo ir.

D-Las mansio no siempre se corresponden con ciudades ni dieron lugar a grandes asentamientos a su alrededor. Visto de otro modo, un lugar prolijo en hallazgos tal vez no sea el emplazamiento ideal de una mansio intermedia. Tal vez sí de una coincidente con un cruce de caminos.

El plano que hemos elaborado es el esqueleto principal del trazado viario que señala el Itinerario. Por supuesto no debe pensarse que estos eran todos los caminos que el Imperio estableció y empleó en nuestro solar. Es más que probable, y las evidencias así vuelven a demostrarlo, que existiese una red de caminos secundarios asociados a las posadas que facilitasen el tránsito a lo largo y ancho del territorio.

Así, merced a las evidencias arqueológicas puede suponerse una derivación en dirección Este-Oeste que enlazase Miaccum con Arriaca a través de Colmenar y Talamanca. Gracias a este camino, con evidencias materiales a su paso por El Boalo, Manzanares y Colmenar el viajero se evitaría la obligación de descender la ‘rampa de Galapagar’ para ascender de nuevo a la búsqueda del camino de Caesaraugusta.

Debemos ser cautos no obstante ante la multiplicidad de caminos. Sin duda muchos de ellos debieron estar en funcionamiento en época romana pero supeditados en un principio –siglos I-II d.C.- a los trazados principales.

Solucionado uno de los problemas principales del trazado viario romano original en la Sierra de Madrid, es hora de ponerse manos a la obra con la búsqueda de las vías secundarias y con ambas evidencias tratar de superar esta etapa de erráticas búsquedas, para destinar el tiempo al estudio concienzudo de la incidencia de la romanización en el área serrana madrileña, la importancia del comercio, los establecimientos militares, el crecimiento de grandes asentamientos y el por qué de sus emplazamientos, etc.

Los trabajos iniciados en Collado Mediano arrojan datos de interés, pero sobre todo están abriendo al equipo encargado de su estudio interesantes vías de interpretación para algunos de estos interrogantes. Es necesaria, no obstante, la publicación de trabajos de otros equipos y otras áreas para poder llegar, en un futuro próximo, al establecimiento de teorías globales tan necesarias hoy en día.

Cádiz. Aparecen niveles romanos del siglo I a.C. en la calle Ceballos

Cádiz. Aparecen niveles romanos del siglo I a.C. en la calle Ceballos Foto: Primeros pasos. La excavación en el solar de Ceballos comenzaba en la mañana de ayer. Los sondeos desvelan la existencia de restos cerámicos y de zonas muy alteradas con rellenos de los siglos XVII y XVIII. Julio González.

Por AIDA R. AGRASO, Diario de Cádiz, 1 de febrero de 2005

El solar de la calle Ceballos donde tuvo su antigua sede Diario de Cádiz acaba de comenzar a ser excavado, pero ya ha desvelado algunos de sus secretos. Los sondeos previos realizados por los arqueólogos han puesto de manifiesto la existencia de niveles romano-republicanos fechados en el del siglo I a.C. que están siendo excavados desde la mañana de ayer.
De los tres sondeos realizados desde el pasado martes en el terreno, fue uno de ellos el que desveló la existencia de este nivel romano-republicano, con cerámicas campanienses A y B y otras de barniz rojo, además de cerámica de cocina. El estudio previo desvelaba igualmente que en el solar "hay zonas muy alteradas" por los rellenos hechos en época moderna, hacia los siglos XVII y XVIII. En este sentido, los arqueólogos manifiestan que el nivel romano está también alterado "porque hay aljibes".

De momento, los trabajos arqueológicos no han desvelado la existencia de restos prehistóricos. Se da la circunstancia de que hace justo cuatro años, a finales de enero de 2001, se descubrió en el número 13 de la misma calle un yacimiento de la prehistoria en el que se documentaba no el lugar donde se asentaban recolectores estacionales de moluscos, sino el área en el cual los habitantes de aquellos tiempos situaron estructuras de hábitats semipermanentes, entonces situadas en las proximidades del arroyo Salado y utilizadas de manera continuada, en actividades relacionadas ya con la agricultura y posiblemente con la ganadería.

Por ahora, sin embargo, no se tienen datos que permitan hablar de la existencia de restos prehistóricos en este solar de Ceballos ahora en estudio. Los arqueólogos afirman que "de momento, de prehistoria no hay nada", y que "no se sabe" si se localizarán restos, ya que , pese a la cercanía del otro yacimiento, "aunque hayan salido a cien metros ésa es una distancia grande" para los pobladores prehistóricos, "que se asentaban en zonas muy concretas" y en unos cuarenta o cincuenta metros cuadrados.

De cualquier manera, se espera que en los próximos días se puedan conocer más datos de una excavación que comenzaba en el día de ayer. Una pequeña zanja situada en la zona del solar que hace esquina con la finca de la calle Navas indicaba el inicio de las actividades arqueológicas, que posteriormente irán avanzando hacia el sector del terreno lindante con la calle Ceballos, que será el último tramo en ser estudiado.

La excavación en el solar se ha visto retrasada por la necesidad de construir unos muros-pantalla por cuestiones de seguridad. Estos muros no tienen aún las coronaciones, motivo por el cual se decidió comenzar por la zona cercana a la calle Navas. Una vez pasen los días, se "irán viendo más cosas"; en la memoria queda la planta, de forma semicircular, de una estructura de habitación o fondo de cabaña excavada en el terreno natural, que conservaba parte de las paredes y techumbres realizadas en el mismo material del terreno, localizada en la calle Ceballos, 13; la estructura tenía un diámetro de cuatro metros y su fondo se situaba a tres metros y medio de profundidad. La arqueología dirá si este solar deparará también un hallazgo relacionado con nuestra prehistoria.

Pasos de iniciado a los misterios sagrados de Isis

Pasos de iniciado a los misterios sagrados de Isis Foto: Relieves de Isis con pies de oferente. Mármol, Placa 1 -grande-: 43,6 x 32,1 x 2/2,3 cm.; placa 2 -pequeña-: 44,3 x 21,5 x 1,9/2,3 cm. Siglo II d.C. Procedencia Templo de Isis, Baelo Claudia, Cádiz. Las dos inscripciones aparecieron encastradas en el suelo del primer escalón de acceso al podium del templo. En los huecorrelieves de estas placas aparecen representados los pies del oferente, uno de ellos siempre adelantado. Estas escenas estaban acompañadas de sendas inscripciones en las que se revela, al mencionar la advocación de la diosa Isis, el culto que se practicaba en el templo. Las placas tienen un carácter puramente ritual, son votivas, se ofrecen a Isis, y los fieles cumplen así con el rito que marca el culto. A cambio esperan conseguir el favor de la diosa para que interceda en alguna petición, o bien son ofrecidas una vez que su plegaria se ha visto cumplida.

Pasos de iniciado a los misterios sagrados de Isis

Conservamos en el Museo de Cádiz una interesantísima placa votiva dedicada a la diosa egipcia Isis. Realizada en mármol, muestra la representación de dos plantas de pie grabadas en la propia placa, una ligeramente adelantada sobre la otra. En la parte superior aparece la inscripción: ISIDI.DO[MINAE] L.VECILI[VS---] L.A. V [.S] , es decir, "A Isis soberana, Lucio Vecilio cumplió con agrado su voto". Apareció en Baelo Claudia en el transcurso de la campaña de excavaciones arqueológicas realizadas en 1983 por la Casa de Velázquez, al pie del primer escalón de acceso al templo de Isis.

Por Antonio Álvarez Rojas, Europa Sur, 30 de enero de 2005

La ciudad romana de Baelo Claudia cuenta con una de las escasísimas plantas completas de un Templo de Isis que se conservan en todo el Imperio Romano. No hay en la península un "Iseum", que así se llaman, con las características que aquí encontramos. Una auténtica joya cuya monografía arqueológica va a ser publicada en breve. El templo de Baelo es una muestra más de la importancia del culto mistérico a Isis que se propagó desde oriente por todo el imperio, fundamentalmente con la intermediación de las legiones romanas. Es la gran diosa egipcia, mujer de Osiris que poco a poco se configura en todo el Mediterráneo como Reina y Señora. Así se la denominaba en el mundo antiguo, la que Apuleyo en su obra La Metamorfosis identifica como la Todopoderosa que reina sobre todas las diosas y en las que tras todas ellas es posible encontrar su presencia. Es llamada también "Señora del Mar" por lo que protegía la navegación; "Victoria" y por ello las legiones romanas portaban su efigie en los pendones, para vencer. Se la identifica con la "Luna" y es el símbolo universal de la fecundidad y del amor, por lo que para sus devotos es ella la que hay que encontrar tras los atributos que representaban "Afrodita", "Astarté" y "Venus", ya fuera en los ámbitos griego, fenicio o romano. Por ser Venus es reconocida como "Estrella de la mañana". Isis, por tanto, se identifica en su carácter universal con todas las divinidades femeninas locales. Pero ella, Isis, ya ERA, existía antes de todas. No me resisto a transcribir como la diosa se describe a sí misma en el relato de Apuleyo:

"...He aquí, Lucio, que me presento a ti, conmovida por tus súplicas, yo, la madre de la Naturaleza, señora de todos los elementos, origen y principio de los siglos, divinidad suprema, reina de los mares, primera de entre los habitantes del cielo, representación genuina de dioses y diosas, que con mi voluntad gobierno la luminosa bóveda del cielo, los saludables soplos del Océano, los desolados silencios del Infierno. Y mi único poder, bajo formas diversas, honrado con cultos bajo distintas advocaciones, todo el orbe lo reverencia. Los frigios, primeros seres de la tierra, me llaman la diosa de Pesinunte, madre de todos los dioses; aquí, los áticos autóctonos, la Minerva de Cecrops; allí, los habitantes de Chipre, batida por las olas, la Venus de Pafos; entre los cretenses, hábiles en disparar flechas, soy Diana Díctina; para los sicilianos, que hablan tres idiomas, yo soy la diosa Proserpina Estigia; los habitantes de Eleusis me llaman la antigua diosa Ceres; unos, Juno; otros, Belona; éstos, Hécate; aquéllos, Ramnusia; y los etíopes, que son los primeros en ver la luz del sol naciente, y los egipcios, que sobresalen por su antiguo saber, venerándome con su propio culto, me llaman la reina Isis..."

El culto mistérico a Isis queda perfectamente definido en Apuleyo donde cuenta la deliciosa historia de Lucio, que es convertido en asno y pasa mil vicisitudes hasta que la reina Isis se compadece de él y le devuelve la forma humana. Los ritos isíacos que cuenta el autor en su relato son sin duda los pasos autobiográficos hasta el encuentro con los misterios sagrados que eran revelados al neófito, transformándose en iniciado.

En Baelo Claudia tenemos todos los elementos del rito: hogar, pilón para abluciones, altar, pozo con escalera para sumergirse completamente, todos ellos elementos relacionados con los ritos de fuego y agua que iban purificando al devoto. También una cripta donde el tembloroso aspirante pasaba la noche, tras diez días de ayuno y durante la cual sufría la estremecedora visión de los dioses del cielo y de los infiernos, "en las fronteras de la muerte". En esa noche, la propia diosa se comunicaba directamente con su seguidor, susurrándole los grandes secretos, los que no podían contarse en ninguna circunstancia. Los que aún no han sido contados. La placa sin duda simboliza la protección de la diosa que guiaba los pasos del adepto en su largo proceso de iniciación. El dedicante, agradecido, nos regaló para la posteridad este magnífico testimonio de sus pasos hacia lo sagrado.

Baelo Claudia

Desde el siglo VII d.C. la ensenada de Bolonia había permanecido casi desierta. Sin embargo, entre 1700 y 1900 se producen algunas noticias de eruditos y de viajeros que señalan la presencia de ruinas romanas, las cuales se identifican desde muy pronto con Baelo Claudia. Sin embargo, es a partir de 1917 cuando la ciudad entra de lleno en la investigación arqueológica a partir de las cuatro campañas que realiza el hispanista francés Pierre Paris, que excava buena parte de la estructura básica de la ciudad, mientras que George Bonsor hace otro tanto en la necrópolis oriental.

No es hasta 1966 cuando gracias a las prospecciones geofísicas dirigidas por el profesor Pellicer se establece la importancia de la ciudad. En ese mismo año, la Casa de Velázquez, Institución francesa de estudios hispánicos, comienza unos trabajos sistemáticos de investigación arqueológica que continúan en la actualidad y que han dado lugar a uno de los yacimientos arqueológicos más completos de la península de época romana.

Finalmente, la Junta de Andalucía crea en 1990 el Conjunto Arqueológico de Baelo Claudia, encargado a partir de entonces de velar permanentemente por su conservación, difusión e investigación.

La ciudad de Baelo Claudia, situada en la orilla norte del Estrecho de Gibraltar, se halla emplazada en la parte oeste de la ensenada de Bolonia. Las sierras de la Plata y San Bartolomé forman un arco que la dejan enmarcada entre montañas, de forma que el mar fue su mejor medio de comunicación, y a él le debe su riqueza y reputación. La industria pesquera, fundamentalmente del atún, constituyó su principal fuente económica.

Las excavaciones han sacado a la luz el conjunto urbano romano más completo de toda la Península Ibérica, con monumentos de extraordinario interés como la basílica, el teatro, el mercado y el templo de Isis. En ninguna otra parte de la Península Ibérica es posible extraer tras la visita una visión tan completa del urbanismo romano como en Baelo Claudia, y en esto radica su principal interés. El conjunto está además enmarcado en un espectacular paisaje, integrado en el Parque Natural del Estrecho de Gibraltar.

Baelo Claudia nace a finales del siglo II a.C. Su origen y posterior desarrollo están muy ligados al comercio con el norte de África, siendo puerto de unión con la actual Tánger. Es posible que ejerciera también ciertas funciones como centro administrativo. Sin embargo, fue la industria de salazón del pescado y de las salsas derivadas del mismo, el garum, sus principales fuentes de riqueza. Estas circunstancias hacen que la ciudad alcanzara cierta pujanza, sobre todo bajo el emperador Claudio (41-54 d.C.), que le otorga el rango de municipio romano, convirtiéndose en el periodo de máxima prosperidad de la ciudad y de mayor intensidad en la actividad edilicia.

El declive económico de Baelo Claudia se inicia en la segunda mitad del siglo II, seguramente por el terremoto que debió asolar la ciudad por esas fechas. En el siglo III experimenta un ligero rebrote del comercio, tras el cual la ciudad cae poco a poco en decadencia hasta su total abandono en el siglo VII.

La ciudad se caracteriza por seguir con exactitud los modelos urbanísticos clásicos de Roma, construida conforme a una cuadrícula ortogonal cuya precisión es casi perfecta, con calles perpendiculares entre las que destacan dos principales, el decumanus maximus, orientada de este a oeste, y el cardo maximus, de norte a sur. En la unión de ambas se solía situar el foro, la plaza pública, en torno a la cual se desenvolvía la vida administrativa, política y religiosa.

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LOS AEGYTPTIACA PRERROMANOS DE LA PENÍNSULA IBÉRICA

Por Josep Padró, Universidad de Barcelona

En la Península Ibérica hay objetos de tipo egipcio fechados entre el segundo milenio y la época romana. Su estudio ha sido concluido hace relativamente poco, por mi en lo referente a la vertiente mediterránea, y por María Antonia García Martínez en lo referente a la vertiente atlántica. La distribución espacio-temporal de los objetos permite conocer la historia de su comercialización en el ámbito peninsular, así como a los agentes distribuidores. Ciertas categorías de objetos pueden determinarse incluso como auténticos fósiles directores para determinadas etapas de las colonizaciones, tanto fenicia como griega y púnica. Veamos a continuación cuáles son dichas categorías.

En primer lugar debemos mencionar los grandes vasos de piedra, y especialmente de alabastro. El yacimiento que ha proporcionado mayor número de estos objetos en la Península es el Cerro de San Cristóbal en Almuñécar, donde hemos podido contabilizar 22 ejemplares; algunos de ellos ostentan además cartuchos faraónicos con los nombres de Aauserre Apofis I, Osorcón II, Tacelotis II y Sesonquis III. También han aparecido ejemplares, completos o fragmentados, en Trayamar, 3 vasos; en el Cerro del Mar, no menos de 8 vasos; en el Cortijo de los Toscanos, no menos de 2; en el Cerro del Peñón, 1 vaso; en el Cerro del Villar, 1; en la desembocadura del Barbate, 1; en Cádiz, 1; en Lagos, 1; y en algún lugar más o menos cercano a la finca del Retiro, 4 vasos.

Con la única excepción del vaso de época de los hicsos (v. Figura) y de algún otro, se trata por lo general de vasos fabricados en Egipto entre los siglos IX y VIII. Aparecen en la Península Ibérica en contextos arqueológicos fechables entre el siglo VIII y la primera mitad del VII. Corresponden a la primera etapa conocida de la colonización fenicia, desarrollada entre Cádiz y la costa mediterránea andaluza. Paralelamente, la plata y el bronce aparecen y se desarrollan de modo extraordinario en la joyería y en la metalurgia egipcias, y se desarrollan las relaciones comerciales entre Egipto y las ciudades fenicias.

Una segunda categoría de objetos está constituida por los escarabeos y escaraboides, fabricados tanto de pasta como de esteatita vidriadas. Del Mediterráneo al Atlántico podemos enumerar los ejemplares siguientes: en Montlaurès, 1; en l'Ilette, 1; en Peralada, 1; en Empúries, 4; en Can Canyís, no menos de 15; en el Mas de Mussols, 5; en los alrededores de Tortosa, 1; en el Tossal del Moro de Pinyeres, 1; en el Puig de la Misericòrdia, tal vez 1; en la Solivella, 1; en la Serra de Crevillent, 6; en el Molar, 2; en Villaricos, 3; en Almuñécar, 4; en el Cortijo de las Sombras, 1; en el Morro de Mezquitilla, 1; en el Jardín, 2; en el Cortijo de los Toscanos, 1; en Lagos, 1; en la Cueva de Gorham, no menos de 19; en el Castillo de Doña Blanca, 1; en el Puerto de Santa María, 1; en Monte Algaida, 3; en la Sierra de Gibalbín, 2; en Searo, 1; en Los Alcores, 1; en la Cruz del Negro, 1; en Santaella, 1; en la Guardia, 1; en Mengíbar, 3; en La Joya, 2; en Niebla, 1; en Cancho Roano, 1; en Medellín, 3; en Odemira, 1; en A-do-Mealha-Nova, 1; en Fonte Santa, 2; en Herdade do Gaio, 1; en el Olival do Senhor dos Mártires, 3; en Porto de Sabugueiro, 2; en La Aliseda, 7; y en Clunia, 1.

Estos objetos fueron fabricados en Egipto mayoritariamente entre fines del siglo IX y comienzos del siglo VI. Aparecen en la Península Ibérica en contextos entre los siglos VIII y VI, pero sobre todo entre la segunda mitad del siglo VII y la primera mitad del siglo VI. Corresponden a la segunda etapa conocida de la colonización fenicia, que se extendió entre el Languedoc Occidental y la cuenca del Tajo, por Portugal y Extremadura. Para esta etapa hay que señalar el papel relevante jugado por Ibiza en la distribución, así como la enorme generalización del uso del bronce en el Egipto Saíta.

Otra categoría de objetos son los vasos de cerámica vidriada, de los que conocemos los siguientes ejemplares: en Mailhac, 1; en Empúries, 6; en el Molar, 1; en la Hoya de Santa Ana, 1; en los Villares de Hoya Gonzalo, 2; en la Bobadilla, 1; y en Cancho Roano, 1.

Fabricados en Egipto o en Rodas a mediados del siglo VI, aparecen en contextos peninsulares con esta misma cronología. Estos objetos corresponden ya a la expansión colonial griega, tras el hundimiento fenicio provocado por la caída de Tiro. Tienen como centro distribuidor Empúries, y alcanzan Extremadura por la Meseta Sur y la Alta Andalucía.

La siguiente categoría de aegyptiaca son los amuletos de pasta o de esteatita, generalmente de buena calidad técnica. En dichos amuletos tenemos una buena representación del panteón egipcio, en el que destacan especialmente las divinidades menfitas. Dichos amuletos están presentes especialmente en Almuñécar y en Cádiz, pero poseen una más amplia distribución peninsular, generalmente limitada a un solo amuleto, como en el caso de la Serra de Crevillent. Su cronología va del siglo VII al IV, centrándose en el siglo V.

Se trata de objetos de fabricación egipcia, y están vinculados a la actividad metalúrgica y comercial, simbolizada por los dioses en ellos representados.

A continuación debemos mencionar los escarabeos hechos generalmente de piedras duras, con una dispersión en la geografía peninsular excesiva para poder ser enumerada aquí. Se los halla desde Ensérune hasta Cancho Roano y el Olival do Senhor dos Mártires. Destacan, por el número de piezas halladas, los siguientes yacimientos: Empúries, más de 8 ejemplares; Tarragona, 3 ejemplares; Villaricos, no menos de 5 ejemplares; Almuñécar, 4 ejemplares; Cueva de Gorham, más de 10; y Cádiz, 25 ejemplares.

Esta vez se trata de objetos pseudoegipcios, de fabricación mayoritariamente púnica si bien también los hay de fabricación etrusca. En la Península Ibérica fueron distribuidos sin duda desde Ibiza; corresponden, por consiguiente, a la expansión del comercio púnico ebusitano. Se encuentran en contextos que van de fines del siglo VI al siglo IV, pero pertenecientes sobre todo a la segunda mitad del siglo V y a la primera mitad del IV.

Todavía cabe mencionar unos amuletos de pasta vidriada, de gran tamaño, factura tosca, color a veces gris oscuro, con burbujas en la pasta; generalmente representan al dios Horus. No se ha podido determinar aún el centro de producción de estos objetos, de los que hay ejemplares en la Península en Empúries, La Bastida de les Alcuses, l'Albufereta d'Alacant y el Tossal de Manises, el Cigarralejo, el Cabecico del Tesoro y Villaricos.

Se trata, pues, de una producción pseudoegipcia, perfectamente fechada en el siglo IV. La distribución de estos objetos es eminentemente púnica.

Finalmente, deben citarse las imágenes de divinidades egipcias, que pueden ser de terracota o de bronce. Las imágenes de terracota corresponden casi exclusivamente al dios Bes, las hay en Ullastret, Villaricos y El Torreón y están bien fechadas en el siglo IV. Son de fabricación indudablemente púnica, debiendo mencionarse que se han hallado moldes en Ibiza. Las de bronce corresponden especialmente a los dioses Osiris e Isis y deben ser de fabricación egipcia, si bien no están fechadas con un mínimo de seguridad. Las hay en Tarragona y en Villaricos, como mínimo.

Mención aparte merecen los objetos egiptizantes, clasificables en un gran número de categorías. Entre ellos podemos mencionar los objetos de marfil o hueso (Ullastret, Málaga...); las terracotas (Cádiz...); las figuras de divinidad de bronce (El Carambolo, Cádiz); las figuras de divinidad de piedra (Galera); las joyas, tales como los estuches portaamuletos (Cádiz), los medallones (Trayamar), los pendientes (Cádiz), o aún los tesoros del Carambolo o de la Aliseda, con joyas manifiestamente egiptizantes. También son muy interesantes entre los objetos egiptizantes los objetos de carácter hathórico, tales como el Bronce Carriazo, la joya de Cádiz, la Astarte del Carambolo, el "brasero" (jofaina) de la Joya, el jarro de la Aliseda, etc. O las monedas de Ibiza que ostentan la imagen de Bes, el dios patrón de la isla, que además de su valor monetario, tenían un indudable valor religioso.

Estos objetos egiptizantes, muchas veces de manufactura peninsular, tienen la virtud de documentarnos el profundo impacto causado por el influjo egipcio entre las poblaciones autóctonas y coloniales del Mediterráneo occidental en tiempos prerromanos. Este influjo, visible como mínimo en el terreno religioso en lo que a Isis-Hathor y a Bes se refiere, debe poderse poner en relación con el auge de que gozaron las divinidades egipcias en la Hispania romana.

Observemos, para terminar, la coincidencia en el tiempo de los hechos siguientes:

En primer lugar, la presencia abundante de objetos egipcios en Fenicia -y también, más allá de la costa, hasta Asiria-; se trata de estatuas, vasos de alabastro, escarabeos, etc. -en Asiria estos objetos egipcios aparecen como resultado del saqueo de ciudades y palacios fenicios y, en general, sirio-palestinos, por obra de los Sargónidas-. Se trata esencialmente de objetos pertenecientes a la Dinastía XXII.

En segundo lugar, la presencia también abundante de objetos egipcios en Andalucía: vasos de alabastro, escarabeos, etc., hallados siempre en yacimientos fenicios. Se trata, también, de objetos de la Dinastía XXII sobre todo.

En tercer lugar, la aparición de la gran estatuaria de bronce en Egipto, que tiene lugar durante las Dinastías XXII y XXIII: recordemos, por ejemplo, las estatuas de Karomama, de Petubastis, de Takush...

En cuarto lugar, el hallazgo de cerámicas fenicias en suelo egipcio, ánforas y enocoes especialmente, fechadas en época libia (Dinastías XXII a XXIV) especialmente y distribuidas entre el Bajo y el Alto Egipto.

Puesto que los fenicios llegaron a la Península Ibérica en busca de metales, estaño y bronce especialmente, así como plata, parece lógico poner en relación los hechos que acabamos de exponer coincidentes cronológicamente, y concluir que los fenicios compraban bronce en España y lo vendían en Egipto. Además, el volumen de las manufacturas egipcias en ambiente fenicio, tanto en el Mediterráneo oriental como en el central y en el occidental, prueba la importancia de dichos intercambios: Egipto era, muy probablemente, el principal cliente de los fenicios.

Más aún, la repentina aparición de la plata en la necrópolis real de Tanis -por ejemplo, el sarcófago antropomorfo de Psusenes I está hecho exclusivamente de este metal- hace pensar en un origen occidental asimismo para la plata utilizada por los egipcios desde la Dinastía XXI. Al respecto, bastará recordar que en el ajuar funerario de Tutankhamón, cuya riqueza es inútil ponderar, no hay ningún objeto de plata todavía.

Si recordamos que la cronología de la Dinastía XXI coincide con la fecha tradicional de la fundación de Gadir por los fenicios (c. 1110 a. C.), deberemos reconocer que, como mínimo, resulta muy tentador poner nuevamente en relación ambos hechos; de donde se deduce que en Egipto podríamos tener la mejor prueba histórica de la veracidad de la fecha legendaria de la fundación de la más antigua colonia fenicia de Occidente.

BIBLIOGRAFIA COMENTADA

El inventario de los aegyptiaca de la vertiente mediterránea de la Península Ibérica, que incluye toda la bibliografía anterior, puede verse en: J. Padró i Parcerisa, "Egyptian-type Documents from the Mediterranean Littoral of the Iberian Peninsula before the Roman Conquest", Études Préliminaires aux Religions Orientales dans l'Empire Romain, t. 65, Leiden, vol. I, 1980; vol. II, 1983; vol. III, 1985; J. Padró i Parcerisa, "New Egyptian-type Documents from the Mediterranean Littoral of the Iberian Peninsula before the Roman Conquest", Orientalia Monspeliensia, VIII, Montpellier, 1995.

El inventario de los de la vertiente atlántica ha sido realizado por: Mª A. García Martínez, "Documentos Prerromanos de tipo egipcio de la vertiente atlántica hispano-mauritana", Orientalia Monspeliensia, Montpellier (en prensa). Dicho trabajo es una tesis doctoral presentada en la Universidad de Alcalá de Henares y constituye el complemento geográfico de mis propios trabajos sobre la Península Ibérica.

Sobre los aegyptiaca de Ibiza, ver: L. Baqués Estapé, "Escarabeos egipcios de Ibiza", en Ampurias, 36-37, 1974-75, pp. 87-146; J. H. Fernández y J. Padró, "Escarabeos del Museo Arqueológico de Ibiza", Trabajos del Museo Arqueológico de Ibiza, 7, Madrid, 1982; J. Boardman, "Escarabeos de piedra procedentes de Ibiza", Catálogos y Monografías del Museo Arqueológico Nacional, 8, Madrid, 1984; J. H. Fernández y J. Padró, "Amuletos de tipo egipcio del Museo Arqueológico de Ibiza", Trabajos del Museo Arqueológico de Ibiza, 16, Ibiza, 1986. Sobre las terracotas ebusitanas, ver: Mª J. Almagro Gorbea, "Corpus de las Terracotas de Ibiza", Bibliotheca Praehistorica Hispana, XVIII, Madrid, 1980.

Previamente, y sobre esta misma problemática, se había publicado la siguiente obra: I. Gamer-Wallert, Ägyptische und ägyptisierende Funde von der Iberischen Halbinsel, Beihefte zum Tübinger Atlas des Vorderen Oriens, Reihe B, Nr. 21, Wiesbaden, 1978. Pero este libro adolece de graves errores y omisiones, por lo que es conveniente consultar a propósito del mismo: J. Padró, "De nuevo sobre los hallazgos egipcios y egiptizantes de la Península Ibérica", en Cuadernos de Prehistoria y Arqueología Castellonenses, 9, 1982-83, pp. 149-191.

Sobre las conclusiones de carácter económico y comercial, puede consultarse además: J. Padró, "El Paper d'Egipte en el comerç dels metalls d'occident a la Baixa Epoca", en CPAC, 10, 1984, pp. 159-165. Sobre las conclusiones de carácter religioso: J. Padró Parcerisa, "Las Divinidades egipcias en la Hispania romana y sus precedentes", en La Religión Romana en Hispania (Symposio organizado por el Instituto de Arqueología "Rodrigo Caro" del C.S.I.C., 1979), Madrid, 1981, pp. 335-352; J. Padró i Parcerisa, "Hathor dans l'Hispanie pré-romaine", en Hommages à Jean Leclant, Bibliothèque d'Étude, 106, El Cairo, 1994, vol. 3, pp. 397-404. Sobre las conclusiones de carácter histórico: J. Padró, Historia del Egipto faraónico, Alianza Universidad, 857, Madrid (1ª reimpresión), 1997.

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PRESUPUESTOS TEÓRICOS PARA UN ESTUDIO HISTÓRICO-RELIGIOSO DE LAS ICONOGRAFÍAS EGIPCIAS Y EGIPTIZANTES EN EL MUNDO FENICIO-PÚNICO

Por Mª Cruz Marín Ceballos, Universidad de Sevilla

CUESTIONES PREVIAS

La intención de este trabajo no es otra que compartir con los colegas de intereses afines mis propias reflexiones sobre el tema propuesto, surgidas, tanto de la propia experiencia de estudio, como de la lectura de la más reciente bibliografía sobre el tema. De ello, naturalmente, se deduce que cuanto aquí se expone ha de ser entendido como un mero intento de aproximación a estos problemas, que sólo se irá concretando y tomando forma a través del estudio de muchos aspectos parciales.

Es cierto que desde hace años se han venido produciendo en la investigación sobre el mundo religioso fenicio-púnico atisbos aislados, más o menos acertados, de interpretación de estas iconografías egiptizantes [1], pero podríamos decir que sólo en los últimos años se puede observar un serio intento de sistematizar este rico acerbo documental desde la perspectiva de lo que pudiéramos llamar la interpretatio fenicia. Tal intento se enmarca claramente en una más amplia tendencia a valorar de modo más positivo que hasta ahora la aportación de la iconografía al conocimiento de la religión fenicio-púnica. Parece pues que por fin estamos en vías de superar viejos prejuicios derivados de una visión excesivamente filológica de la historia de las religiones, que despreciaba por completo la aportación de la arqueología a la misma [2]. Desde mi punto de vista, en el estado actual de la investigación sobre la religión fenicio-púnica y sus antecedentes cananeos, es perfectamente legítimo, desde el conocimiento aportado por la epigrafía y las fuentes clásicas y haciendo uso del mayor rigor científico, adentrarse en el terreno de la interpretación iconográfica o iconológica [3].

En la misma línea, se está superando también la tendencia a considerar como meramente decorativos los motivos iconográficos, de carácter fundamentalmente religioso, que figuran sobre diversos objetos de la cultura material fenicio-púnica: es el caso de los marfiles, de las joyas, de las copas metálicas, etc. Muchos de estos objetos se encuentran en tumbas o en espacios religiosos de distinto tipo, lo que induce a pensar que las imágenes que los decoran, de índole igualmente religiosa, han de contener un mensaje que no por difícil de interpretar ha de ser menospreciado por nuestra parte [4].

En una perspectiva más amplia, no limitada al campo estrictamente cultual, y siguiendo las pautas marcadas recientemente en la interpretación del arte asirio, se insiste por parte de D. Ciafaloni en la necesidad de un estudio iconológico del arte fenicio, entendiendo por tal "un approfondissement de type sémantique qui implique un jugement de valeur culturelle sur l'image analysée" [5].

Dentro de este rico filón iconográfico ocupan un lugar de excepción los objetos y figuraciones de carácter egipcio o egiptizante. Realmente se puede decir que la cultura material religiosa del ámbito fenicio-púnico tiene una deuda inmensa con Egipto: desde la arquitectura hasta los amuletos más humildes, pasando por todo tipo de objetos sacros. Uno de los caracteres propios de la cultura material y el arte fenicio, que es en gran medida religioso, es su eclecticismo, al utilizar temas que derivan, no sólo de Egipto, sino también, aunque en menor cuantía, de Siria, Asiria o, para la época más tardía, a partir del s. VI, del mundo griego, mezclándolos muchas veces sin pudor hasta en un mismo objeto, como ocurre en las copas o cuencos metálicos.

Es importante tener presente que los contactos entre Egipto y el área sirio-palestina, y, como consecuencia, el inicio de los posibles préstamos ideológicos implícitos en la iconografía egipcia a la cultura de estas áreas, ha de retrotraerse a fines del III milenio y comienzos del II. Como bien recuerda G. Scandone [6], sobre este fondo de influencias recibidas desde el Bronce Medio y que a lo largo del tiempo van siendo asumidas y reelaboradas, actuarán, a partir de la segunda mitad del II milenio y durante el primero, nuevas corrientes que no se interrumpirán nunca. Y esta situación se transmitirá a las colonias, ya que, aparte de heredar el complejo de elementos egipcios incorporado a la cultura fenicia, mantendrán, especialmente algunas de ellas como Cartago, contactos directos con Egipto.

Como resultado de estos recientes estudios se vienen obteniendo ya una serie de resultados, algunos de los cuales merece la pena reseñar, a manera de ejemplos. En primer lugar se ha observado cómo buena parte de los préstamos iconográficos debidos a Egipto están claramente relacionados con el complejo ideológico-religioso en torno a la realeza egipcia. W. Nagel y C. Eder lo han comprobado en su estudio de los sellos del Bronce Medio sirio-palestino-libanés (ss. XVIII-XVII) [7]. G. Scandone considera que, al no haber en este momento dominación política por parte de Egipto, la figura del faraón puede haberse convertido en una especie de símbolo abstracto de la realeza. El dogma de la realeza egipcia y su culto podía impresionar vivamente los ambientes sacerdotales levantinos, de los que dependía claramente la inclusión de nuevas imágenes en el repertorio iconográfico del panteón local [8]. En la misma línea van las conclusiones obtenidas por D. Ciafaloni en su estudio de determinados temas egiptizantes en los marfiles de la llamada "escuela fenicia" hallados en Nimrud. Aplica el autor a tal estudio el concepto de función, sea del objeto decorado con las placas de marfil, como de la iconografía que contiene, y concluye que, al tratarse de mobiliario palatino, las iconografías adoptadas deben relacionarse con la celebración político-religiosa del monarca, en este caso naturalmente asirio [9]. Para el ámbito colonial y más concretamente en la Amathonte chipriota se ha supuesto una utilización semejante de objetos y temas iconográficos egiptizantes, procedentes en gran parte de Levante, por parte de la monarquía allí establecida [10].

Otro aspecto que ofrece gran interés es el de la escatología. El prof. Garbini ha estudiado unas inscripciones sobre láminas de oro o plata ilustradas con escenas del Libro de los Muertos egipcio. Una de estas inscripciones procedente de Tharros en la traducción de Garbini diría así: "Protege a N.P. hijo de N.P. ante los posesores de la balanza", haciendo clara alusión a la psicostasia. Si la lectura es correcta, tenemos pues aquí una clara evidencia de que determinados individuos, de una clase social sin duda elevada, tenían conocimiento preciso de las concepciones escatológicas egipcias y las utilizaban en su propio beneficio. Podríamos así decir que estas láminas cumplían un papel similar a los rollos de papiro que en Egipto contenían las fórmulas del llamado Libro de los Muertos acompañando al cadáver como garantía de su tránsito a un Más Allá venturoso. Y este dato se une a otros que abogan en este mismo sentido tanto a nivel epigráfico como iconográfico [11]. En esta línea se enmarca el trabajo de G. Hölb [12] a quien se deben varios catálogos de aegyptiaca de diversos lugares del mediterráneo [13], con un profundo estudio de sus contenidos temáticos. Parte de la idea esencial de que el fenicio no se limita en ningún momento a copiar sin método, sino que conoce bien la iconografía egipcia y sus valores simbólico-religiosos, y desde este conocimiento emplea los motivos iconográficos en su sentido originario pero insertándolos en sus propios esquemas religiosos. En algunos casos se puede hablar hasta de conocimiento íntimo, así el tema de las estrellas decanas que vemos representadas en las láminas amuléticas más arriba citadas, o el escarabeo procedente de Tharros en que aparece la escena final del Libro de las Puertas [14]. Pero en otros muchos, en palabras de G. Scandone "se l'Egitto forniva spunti primari, il Levante non mancava di elaborarli, fino a creare opere del tutto autonome, in cui l'idea iniziale veniva completamente integrata e inserita nel vasto patrimonio iconografico e ideologico locale" [15].

En definitiva, en el estado actual de una investigación iconológica, que podríamos decir está en sus inicios, se admite que los fenicios estaban perfectamente familiarizados con la iconografía religiosa egipcia y su significado, y la utilizaban ampliamente aunque de una manera libre y adaptada a sus propias creencias y necesidades, es decir, de un modo creativo [16].

LOS DISTINTOS SOPORTES ICONOGRÁFICOS

Los motivos iconográficos religiosos de carácter egipcio se encuentran sobre soportes muy variados, repitiéndose los temas en muchos de ellos. No obstante, el tipo de soporte condiciona muchas veces el motivo que lo decora y, por otra parte, las áreas de difusión, y por tanto el cliente al que se destinan estas producciones, son también muy distintos según los casos. Conviene pues tener muy presentes todos estos condicionamientos.

Entre los objetos que alcanzan mayor difusión en todo el Mediterráneo, colonizado o no por los fenicios [17] hemos de citar en primer lugar por su abundancia, difusión y variedad temática los escarabeos y escaraboides. Como es bien conocido, en origen eran sellos cuya parte superior adopta la forma plástica del escarabajo, mientras que la inferior, plana, se decora con escenas de distinto tipo. Inicialmente importados por los fenicios, pronto, en torno al s. XII, parece que pudo comenzar la producción propia en Oriente, aunque ello no obsta para que se sigan importando, tanto a Oriente como a Occidente, durante siglos. Tras una primera fase arcaica (ss. XII-IX), se llega a la preclásica (siglos VIII-com. del VI) con una iconografía egiptizante muy próxima a la de los marfiles y las copas metálicas. La época clásica o de apogeo se establece entre el 550 y el 350, con una importante producción occidental, en centros como Cartago o Tharros. Los escarabeos se realizan en materiales diversos: esteatita o fayenza y a veces piedras semipreciosas, cuyo color suele estar relacionado con el valor apotropaico de los mismos. A pesar de lo reducido del espacio a decorar se conseguirán verdaderas obras de arte miniaturísticas, así como escenas de intenso contenido religioso [18].

Estos objetos se encuentran preferentemente en las tumbas, aunque ha de advertirse que presentan huellas de largo uso, lo que unido a su frecuente hallazgo en santuarios y otros espacios de utilización religiosa nos indica que se usaban también en la vida cotidiana, como los amuletos. Generalmente vienen siendo interpretados como elementos de carácter mágico-religioso especialmente relacionados con la esfera femenina: protección a la infancia y a la fertilidad [19].

Los amuletos constituyen otro grupo de aegyptiaca de gran difusión dentro del mundo mediterráneo. Realizados en diversos tipos de fayenza o esteatita, no siempre es posible determinar su origen, aunque hay un grupo que Hölb considera de clara fabricación occidental [20]. Su tipología, como en el caso de los escarabeos, es enormemente variada, desde diferentes tipos de dioses antropomorfos [21], animales atributo, símbolos apotropaicos como el udjat y el uraeus, etc. Su hallazgo, como en el caso de los escarabeos, se produce siempre en espacios sagrados o en tumbas, compartiendo con aquellos su valor general de protección mágica contra las enfermedades y en relación con la fecundidad [22].

Mucho más raros, pero enormemente interesantes para nuestro fin son los llamados estuches portaamuletos. Estos estuches, generalmente de oro, plata, plomo o bronce, contenían papiros o telas, en general no conservadas, pero, afortunadamente, también en ocasiones láminas de oro, plata o plomo, en las que se representaban distintas escenas del ciclo de las estrellas decanas, constelaciones o dioses astros, que formaban parte de las narraciones contenidas en el Libro de los Muertos. Hasta el momento tales estuches con este contenido no han aparecido en Egipto, pero hay pruebas de que, tanto la forma exterior de los mismos como las representaciones de las láminas conservadas tienen sus prototipos en el país del Nilo. Respecto a los estuches, que suelen ir cubiertos por una tapa con anillo de suspensión, en forma de cabeza de animal (preferentemente los que simbolizan a los dioses Sekhmet, Bastet, Amon-Ra y Horus) o a veces incluso en forma de obelisco, parecen inspirarse en otros similares, en madera o cuero, que contendrían textos oraculares con fórmulas mágicas para protección de las actividades de la vida diaria [23]. Y por lo que respecta al contenido de las láminas, sigue modelos bien documentados en Egipto en época tardía, pero sobre soportes diferentes. Tales estuches se documentan en Fenicia, Chipre, Cartago [24], Tharros, y distintos puntos de la Península Ibérica (La Aliseda, Cádiz, Ibiza, Jardín, Almuñécar - Laurita y Puente de Noy -) e Ibiza [25], y generalmente en contextos funerarios. Como más arriba se ha indicado, estas láminas llevan a veces inscripciones fenicias [26], lo que resulta de gran interés para conocer de qué manera se integraban tales conceptos en las creencias de sus propietarios.

La siguiente categoría de soportes son los marfiles. Con un antecedente en el Bronce Reciente (Ugarit, Lakish, Kumidi y Megiddo), y sin que se conozcan bien los pasos intermedios, la artesanía sirio-fenicia en marfil conoce su floruit entre los siglos IX y VII [27], documentándose en grandes cantidades sobre todo en el gran centro asirio de Nimrud (la antigua Kalhu) [28], aunque también en Khorsabad, Arslan Tash, Samaría, Karkemish etc., siendo los testimonios encontrados en las ciudades fenicias propiamente dichas muy escasos, lo que evidencia una producción fuertemente estimulada por la demanda de la monarquía asiria, sobre todo para mobiliario. En el estado actual de la investigación se diferencian varias escuelas: una nordsiria con ejemplares datables entre fines del s. X y fines del VIII; otra fenicia, fuertemente egiptizante [29], entre los siglos VIII-VII y una tercera, llamada sudsiria o intermedia, a situar probablemente en Damasco. Desaparecido el Imperio Asirio, la producción decae fuertemente y la difusión occidental de estos marfiles supone un empobrecimiento considerable, tanto en cantidad como en calidad. Algunos ejemplares de Malta, Cartago y Cerdeña parecen importados de Oriente, mientras que la producción fenicio occidental se ve limitada a los peines, cajitas y otros objetos similares que encontramos en Cartago, y la Península Ibérica [30].

Muy relacionada con la temática egiptizante de los marfiles y escarabeos está la decoración iconográfica de las llamadas copas o páteras metálicas. Se trata de una categoría artesanal cuyos especímenes más antiguos se han hallado hasta ahora en Ugarit (siglos XIV-XIII), aunque su producción a gran escala se fija entre dos fases: una que va de los siglos X (Lefkandi) al VIII, a la que pertenecen casi todos los ejemplares hallados en el Mediterráneo Oriental, básicamente Oriente (una buena cantidad, en buena medida aún por publicar procedente de Nimrud, y algún que otro hallazgo aislado de Megiddo, Ankara, Irán y Egipto) y Grecia (Creta y otros puntos de la Grecia continental como Olimpia), y que utiliza sobre todo el bronce. Una segunda etapa, entre el 700-550, en la que se engloban los hallados en Chipre e Italia, en su mayor parte en plata simple o dorada y más raramente en oro o bronce. Faltan por completo en Fenicia, Cartago y las colonias. La técnica es siempre el repujado, y la temática en gran medida egiptizante, aunque a veces se combina en las mismas piezas con temas de carácter sirio y griego o chipriota. La práctica ausencia de estos objetos en suelo fenicio plantea problemas a la hora de la valoración histórico-religiosa de su iconografía, pero por otra parte se evidencia la coincidencia de los temas con los que aparecen en otros soportes. Su hallazgo suele producirse en tumbas de gran riqueza, aunque a veces también en santuarios [31].

Una categoría hasta ahora escasamente valorada desde el punto de vista histórico-religioso son las joyas [32], que sin embargo utilizan formas y motivos decorativos de claras connotaciones sacras en un tanto por ciento muy elevado, a lo que hay que añadir que su hallazgo se realiza fundamentalmente en tumbas. Ya el profesor Garbini reclamaba para estas joyas un simbolismo más allá de lo puramente decorativo [33], y en esa misma línea se ha manifestado G. Pisano [34]. Un interesante trabajo de H. Bénichou-Safar ha venido a recordar cómo en muchas culturas diferentes a la nuestra la función ornamental no es la más importante, y en esta línea la autora plantea el posible carácter religioso original de algunas piezas como la diadema o el nezem [35]. Recordemos que muchos escarabeos, sobre todo los fabricados en piedras semipreciosas, iban engarzados en anillos de oro, e igualmente los amuletos de distinto tipo eran usados como piezas de collar, así como diversos colgantes en oro o plata de distintas formas [36]. Pero además existen anillos con chatón decorado, brazaletes, pendientes, diademas etc. Se trata además de una categoría artesanal que, una vez más, arranca del II milenio, y que conocerá un amplio desarrollo en el ámbito colonial (Chipre, Cartago, Cerdeña, Ibiza, la Península Ibérica). En cuanto a la temática, en un tanto por ciento muy alto, es de origen egipcio.

De características diferentes pero con iconografía también religiosa y en buena medida egiptizante son las navajas de afeitar votivas, características del mundo púnico. El origen de la forma parece situable en Egipto, pero es en Cartago donde evoluciona como una categoría artesanal exclusivamente funeraria, simbolizando claramente la depilación ritual, de muy posible origen egipcio igualmente [37]. La decoración figurada mediante incisión aparece en el s. V alcanzando su floruit entre los siglos IV-III, con motivos iconográficos que subrayan su carácter religioso y escatológico y cuya temática se toma prestada tanto de Egipto, como del mundo griego e italiota. Se documentan igualmente en Cerdeña e Ibiza [38].

Por último, haremos breve alusión a una serie de categorías artesanales que utilizan esporádicamente iconografías egiptizantes. Desde la escultura exenta [39], el relieve en piedra [40], la pintura funeraria [41], la numismática [42].

LOS TEMAS

La temática iconográfica egipcia sobre los objetos reseñados es enormemente variada. No podemos dar aquí una enumeración exhaustiva ya que la catalogación razonada constituye una de las tareas por hacer, pero sí podemos ofrecer una idea aproximada de los más frecuentes, para lo cual los ordenaremos en varios grupos:

1) representaciones antropomorfas de divinidades, a veces con cabeza animal: entre las femeninas Isis-Hathor, Nefthys, Sekhmet, diosas aladas de adscripción imprecisa. Entre las masculinas: Osiris, Horus bajo formas muy variadas, entre las cuales se manifiesta una especial predilección por Horus niño o Harpócrates. Se presenta solo, a veces con cabeza de halcón, o en diversas actitudes junto a Isis, ya amamantado por ella o bajo su protección. Imagen muy querida es también la del niño solar saliendo de la flor de loto o Nefertem, Bes en diversas formas, Ptah-pateco, Thot, Anubis, Shu. A veces se les representa en su forma animal completa o su símbolo.

2) Las representaciones animales pueden tener pues valores distintos:

A- como imagen de la divinidad: halcón, toro, hipopótamo, vaca con ternero, escarabajo (en formas muy variadas), ibis, babuino, cerda con su lechón, ureo, gato, cocodrilo, perro, rana, liebre, carnero, león.

B- animales fantásticos: esfinge y grifo alados o no, ureo alado, escarabeo alado, león alado, esfinge con cabeza de Bes, esfinge criocéfala, etc.

3) símbolos sacros solos o en escenas complejas: udjat, pilar djed, signo ankh, montaña cósmica, cipo u obelisco, flor de loto, a veces convertida en árbol, égida, corazón. En este grupo habría que incluir escenas muy del gusto fenicio pero cuya composición es de origen egipcio: el árbol de la vida entre dioses o acólitos, esfinges o grifos, representado a veces como un pilar djed o como una gran flor de loto o palmeta de cuenco; el disco solar sobre colina primitiva flanqueado de ureos, o bien sobre el loto flanqueado por figuras hieracocéfalas o babuinos, etc.

4) elementos sueltos de origen egipcio utilizados en composiciones de signo fenicio: tronos y zócalos varios [43], coronas de distinto tipo: pschent, atef, hemhemmet, etc., disco solar alado, cetros y armas diversas, signo nub, barca de papiro, signo neb, túnicas y atavíos varios, detalles de ambientación nilótica, falsos jeroglíficos.

5) imágenes de contenido originariamente político utilizadas con valores diferentes, de orden seguramente religioso: faraón triunfante sobre su enemigo, esfinge, grifo o león aplastando al enemigo.

CONCLUSIONES

Como resultado de esta somera aproximación al estudio de la iconografía egipcia y egiptizante en el mundo fenicio-púnico, nos atrevemos a proponer una serie de ideas, a tener en cuenta para cualquier investigación en este campo.

- Cualquier estudio "iconológico" o histórico-religioso de este tipo de documentos ha de hacerse por temas o motivos que se repiten sobre diversos soportes. Pero para ello es preciso ser conscientes de la complejidad del fenómeno del préstamo iconográfico, que podríamos concretar en tres variables, a su vez estrechamente relacionadas entre sí: a) cronológica, b) espacial, c) material.

a): Como se ha indicado más arriba, la influencia egipcia en el área sirio-palestina comienza a manifestarse plenamente a partir del II milenio a. C. Hay temas, pues, que son asimilados y reelaborados por la propia tradición local [44], a la vez que, nuevos contactos determinados por las circunstancias históricas [45] vienen a añadir elementos propios de las nuevas fases de la historia y el arte egipcios, que a su vez actúan sobre sociedades que, como es lógico, han evolucionado por sí mismas.

b): Aunque el fenómeno se da en áreas que participan de una cultura y tradicion común, y que además conoce constantes interinfluencias, lógicamente cada una presenta sus propios condicionantes, de manera que no necesariamente cualquier tema tomado prestado a Egipto ha de tener el mismo valor en el ámbito, israelita, arameo, fenicio, chipriota o cartaginés.

c): En cuanto a la variable material, supone que no todos los productos artesanales afectados por la influencia egipcia se dan en todas las áreas, lo que se manifiesta por ejemplo en las copas metálicas o en los marfiles, cuyo ámbito de comercialización es más reducido. Como ha recordado Ciafaloni [46], es necesario tener en cuenta quiénes son los usufructuarios de estos objetos, pero no puede olvidarse que estos artesanos trabajan sobre un patrimonio iconográfico que ya han hecho propio, lo que se demuestra en la utilización de los mismos temas en marfiles, copas, escarabeos e incluso, para un momento más tardío, monedas [47], y que probablemente utilizan en función del gusto o necesidades del consumidor. En tal variable juegan un papel importante, como también en las anteriores, las circunstancias políticas y sociales de cada región. En otro plano y para una época más tardía, tenemos el caso de las navajas de afeitar púnicas, para las que podría aducirse quizá un matiz diferencial en el ritual funerario.

- Es imprescindible la determinación del origen preciso de ese tema en Egipto, atendiendo a su evolución y desarrollo, tanto desde el punto de vista puramente iconográfico como de su contenido simbólico-religioso, para lo cual se hace necesario un conocimiento profundo de las subyacentes concepciones egipcias.

- Una vez conocido el cómo y el cuándo, sería necesario saber para qué se produce el préstamo, es decir intentar conocer la significación que el tema adquiere en su nuevo contexto. En todo caso, aunque no se planteen soluciones definitivas, tal estudio constituirá un punto de partida fundamental para posibles interpretaciones, tal y como sucede con el ejemplo de la esfinge estudiada por G. Scandone [48].

- Naturalmente que esta interpretación habrá de realizarse desde la perspectiva de la religión fenicia, de sus antecedentes semitas occidentales, así como de sus "consecuentes" púnicos. Entendemos pues que es imprescindible contar con la información que nos proporcionan otras fuentes. A manera de ejemplo, mencionemos los avances realizados en el estudio del papel de los dioses egipcios en la onomástica fenicia realizado por Ribichini [49] y Lemaire [50].

Así pues, a partir de los datos actuales, y a manera simplemente orientativa, se plantearían las siguientes posibilidades, en una gradación de más a menos en cuanto al contenido egipcio:

a). Existen suficientes evidencias de que algunas divinidades egipcias eran bien conocidas en el área fenicia, al menos entre determinadas clases sociales, de donde resulta posible que ciertas imágenes divinas hayan sido entendidas en su sentido originario. Sería el caso del ciclo de las estrellas decanas que hemos visto se representa en las láminas de los estuches porta-amuletos, y otros elementos del ámbito funerario. Algo similar podría inferirse con respecto a otros dioses, especialmente la tríada Osiris, Isis, Horus, frecuentes en la onomástica, tanto del área fenicia [51] como de Cartago [52]. Otro caso probable, aunque pendiente de un estudio adecuado, es el de Bes.

b). No se puede negar sin embargo la existencia de fenómenos sincretísticos, incluso con alguna de estas divinidades, así es el caso de Isis-Hathor con Astarté [53], y de Sekhmet con Tinnit en Cartago [54], y probablemente algunas otras [55].

c). En otros casos se puede hablar de un somero conocimiento del valor profiláctico de la imagen o el símbolo de determinados dioses que se representan sobre todo en amuletos, sin que se pueda deducir un culto a los mismos, y ni siquiera un fenómeno sincretístico.

d). Una cuarta vía es la de la "aproximación de valores", de alguna manera definida por G. Hölb cuando habla, por ejemplo, del caso del sol como niño naciendo del loto protegido por una o dos diosas aladas, en relación con la figura de Osiris que aparece, momiforme, en la misma posición. La correspondencia entre ambos se observa a traves de una serie de detalles. En la interpretación de Hölb, tales imágenes egipcias de un dios que muere y otro que resucita vendrían a expresar en la religión fenicia la idea del dios único que muere y resucita [56]. Otro caso de "aproximación" sería la interpretación del obelisco como betilo [57]. Como se ha visto páginas atrás, G. Scandone se refiere al estupor de la población siria frente a la divinización completa del faraón [58], para ellos desconocida. Pero, pensemos que tal realeza sagrada no les es tan ajena a las poblaciones sirio-cananeas, que como sabemos daban culto a los reyes muertos, culto que parece haber estado en el origen de la figura de Melqart [59]. Tal relación explicaría quizá la presencia frecuente de la figura del faraón triunfante sobre sus enemigos, a manera de Smiting God, tan frecuente en imágenes fenicias, incluso de occidente.

e).- Una serie de detalles, que hemos llamado "elementos sueltos", como los tronos, coronas, signos neb, nub y ankh, cetros, disco solar alado, barca de papiro, zócalo-pedestal, etc. aunque utilizados en forma no canónica, proporcionan sin duda un carácter sagrado a las escenas en que aparecen, en una cierta sintonía de significados. Su uso, por tanto, no se puede llamar arbitrario ni vacío de contenido.

f).- la última posibilidad, entre las que de momento se nos plantean, sería la de una simple ambientación o paisaje nilótico, o los falsos jeroglíficos. Pero incluso estos añaden exotismo y ambientación sacral a las escenas que acompañan.

NOTAS

1.-
Entre otros, W. Culican, "The Iconography of Some Phoenician Seals and Seal Impresions", AJBA I, 1, 1968, 50-103. R. D. Barnett, "`Anath, Ba`al and Pasargadae", MUSJ 45, 1969, 408-422. W. A. Ward, "A Phoenician Scarab with a Rare Design: a Winged Isis and Mummiform Osiris", OA IX, 1970, 343-354.

2.-
A lo que en muchos casos ha coadyudado la falta de rigor científico de muchas interpretaciones, dado el alto riesgo de caer en la elucubración pura a que estamos sometidos todos los que pretendemos adentrarnos en el mundo de la religión. Para una actitud escéptica véase A. Caquot, "Problèmes d'histoire réligieuse", La Siria nel Tardo Bronzo, Roma 1969, 61 ss.

3.-
Véase M. C. Marín Ceballos, "Las relaciones entre Isis y Astarté: apuntes para su estudio", en Rebeca Rubio (ed.), Isis. Nuevas perspectivas. Homenaje al Prof. Álvarez de Miranda, Madrid 1996, 109-122, passim. Especialistas como C. Bonnet ("La religion phénico-punique: Apologie pour une approche historique", en I Fenici: ieri oggi domani. Ricerche, scoperte, progetti (Roma 3-5 marzo 1994), Roma 1995, 122) destacan recientemente la carencia de discurso metodológico y sustancial sobre la iconografía divina en el cuadro de la religión estudiada.

4.-
Véase por ejemplo G. Garbini, "Iscrizioni funerarie ed escatologia", La religione dei fenici in Occidente, Roma 1994, pp. 83-119, quien critica la posición excesivamente escéptica a este respecto de Vercoutter (Objets égyptiens et égyptisants du mobilier funéraire carthaginois, Paris 1945), que por otra parte ha sido la dominante en los estudios sobre el mundo fenicio-púnico durante años.

5.-
"Iconographie et iconologie" en V. Krings (ed.), La Civilisation Phénicienne et Punique. Manuel de recherche, Leiden-New York-Köln 1995, 535.

6.-
"La sfinge dall Egitto alla Fenicia. Passagio e modificazioni di un'iconografia", I Fenici ieri oggi domani. Ricerche, scoperte, progetti, Roma 1995, 525-527. Coincidimos plenamente con dicha autora cuando dice "è mia ferma convizione che non si possa comprendere la cultura delle città fenicie se non se indaga la storia precedente e non si mettono in evidenza gli elementi di continuità, base fondamentale dalla quale partiranno tutti gli sviluppi successivi" (p. 527).

7.-
"Altsyrien und Ägypten", Damaszener Mitteilungen 6, 1992, 1-108, 46-57.

8.-
Reseña del libro de B. Teissier, Egyptian Iconography on Syro-Palestinian Cylinder Seals of the Middle Bronze Age (Orbis Biblicus et Orientalis, Series Archaeologica, 11) Freiburg 1996, en RSF 25, 1, 1997, 106-7.

9.-
Eburnea syrophoenicia, Studia Punica 9, Roma 1992, passim, especialmente cap. VIII, 11-126.

10.-
T. Petit, "Objets égyptisants et idéologie royale à Amathonte", Transeuphratène 9, 1995, 131-146; idem, "Religion et royauté à Amathonte de Chypre", Transeuphratène 12, 1996, 97-119. Resulta de interés citar aquí los llamados sellos inscritos procedentes del ámbito fenicio, aunque también de otros puntos del ámbito semita occidental, tanto reales como pertenecientes a altos funcionarios, donde la representación del rey (o funcionario) y la simbología en torno al mismo son de carácter egipcio. Véase E. Gubel, "Notes sur l'iconographie royale sigillaire", ACFP II, vol. III, Roma 1991, 913-922.

11.-
"Iscrizioni funerarie...", cit. n.4, 83-119.

12.-
"Ägyptische Kunstelemente im phönizischen Kulturkreis des 1. Jahrtausends v. Chr.: Zur Methodik ihrer Verwendung", Orientalia NS, 58,1989, 318-325.

13.-
Beziehungen der ägyptischen Kultur zu Altitalien, Leiden 1979. Ägyptisches Kulturgut im phönikischen und punischen Sardinien, Leiden 1986; Idem, Ägyptisches Kulturgut auf den Inseln Malta und Gozo in phönikischer und punischer Zeit, Wien 1989.

14.-
Abb. 1b del artículo citado (n. 12), s. VII a. C.

15.-
"La sfinge..." art. cit. (n. 6), 536.

16.-
G. Hölb, "Ägyptische Kustelemente...", cit. (n.12) 325.

17.-
Es conocido el hecho de que hay áreas de comercio, aunque no de colonización, como es el caso de buena parte de la costa occidental de la Península Itálica. A este respecto véase S.F. Bondì, "I Fenici in occidente", Modes de Contacts et Processus de transformation dans les Sociétés Antiques, Colloque de Cortone, Ecole Française de Rome, 1983, 379-407. G. Hölb, Alitalien, cit. n. 13.

18.-
La bibliografía sobre los escarabeos hallados en contextos fenicio-púnicos es enormemente extensa. Para el tema que nos ocupa recomendamos especialmente los trabajos de G. Hölb (Véase nota 13) y E. Gubel. La obra de este último se encuentra dispersa en numerosos artículos. Véase su síntesis en la voz "Glyptique" en E. Lipinski (ed.), Dictionnaire de la Civilisation Phénicienne et Punique, Bruxèlles-Paris 1992, 191-194. Véase igualmente la síntesis de D. Ciafaloni en Civilisation, cit. n. 5, 501-508. Para una visión general, W.A. Ward, "Beetles in Stone: the Aegyptian Scarab", Biblical Archaeologist 57, 4, 1994, 186-202.

19.-
G. Hölb, "Egyptian Fertility Magic within Phoenician and Punic Culture" en A. Bonano (ed.), Archaeology and Fertility Cult in the Ancient Mediterranean, Amsterdam 1986, 197-205 y bibliografía citada.

20.-
Sardinien, cit. (n.13), 162-163.

21.-
Encontrándose quizá a la cabeza estadísticamente las divinidades del panteón menfita (Ptah-Pateco, Sekhmet y Nefertem), pero también Isis y otros dioses de su círculo, especialmente Harpócrates.

22.-
G. Hölb, Sardinien, cit. (n. 13) vol. I, 79-163. J. H. Fernández y J. Padró, Amuletos de tipo egipcio del Museo Arqueológico de Ibiza, Eivissa 1986. Véase recientemente Chr. Herrmann, Ägyptische Amulette aus Palästina/Israel, Orbis Biblicus et Orientalis 138, Freiburg 1994.

23.-
J. Léclant, "À propos des étuis porte-amulettes égyptiens et puniques", Oriental Studies presented to B.S.J. Isserlin, Leeds University Oriental Society Near Eastern Researches II, Leiden 1980, pp. 100-107. Idem, "Carthage et l'Égypte", Actes du IIIe Congrès International des Études Phéniciens et Puniques, vol. I, Tunis 1995, 45.

24.-
B. Quillard, "Les étuis porte-amulettes carthaginois", Karthago XVI, 1970-1971, 5-32. G. Hölb, Sardinien, cit. (n. 13) 345-353.

25.-
G. Maass-Lindemann y M. Maas, "Ägyptisierende Amulett-Blechbänder aus Andalusien", MM 35, 1994, 140-156.

26.-
M.G. Guzzo Amadasi, Le iscrizioni fenicie e puniche delle colonie in occidente, Roma 1967, p. 96, 108, Sardegna nº 15, nº 31, lam. 32, 39. G. Garbini, "Iscrizioni funerarie...", cit. (n. 4), 92-96. También contienen inscripciones algunas de las láminas encontradas en España, aunque no ha sido posible leerlas (véase n. 25, p. 141).

27.-
Recientemente D. Ciafaloni establece como posibles modelos de buena parte de los marfiles hallados en Asiria, especialmente de los correspondientes a la llamada escuela fenicia, los pectorales y otras piezas de orfebrería egipcia procedentes de Tanis, y correspondientes básicamente a las dinastías XXI-XXII. Eburnea Syrophoenicia, cit. n. 9, cap. 1 y passim.

28.-
A las clásicas obras de Barnett (A Catalogue of the Nimrud Ivories, London 1975) y Mallowan (The Nimrud Ivories, London 1978) hay que añadir todo el ingente material hallado con posterioridad y que viene siendo publicado en la colección Ivories from Nimrud (IfN), de la British School of Archaeology in Irak, en especial por G. Herrmann (véase por ejemplo el vol. IV, 1, Ivories from Room SW 37, Fort Shalmaneser, London 1986), quedando aún inédita una buena parte de lo hallado.

29.-
Véase K.A. Kitchen, "Egyptianizing Features in the Nimrud Ivories, Synoptic Notes", en Ivories from Nimrud IV, 1, London 1986, 37-42.

30.-
Véanse las recientes síntesis de S. Cecchini en Civilisation, cit. n. 5, 516-526, de D. Ciafaloni, "Gli avori fenici. Esperienze di studio e di ricerca e prospettivve per il futuro", en I Fenici: ieri oggi domani, pp. 493-505 y de E. Gubel, E. Lipinski, M.E. Aubet y M.F. Baslez en Dictionnaire, cit. n. 18, 233-237.

31.-
G. Markoe, Phoenician Bronze and Silver Bowls from Cyprus and the Mediterranean, Berkeley-Los Angeles-London 1985. Véase la reciente síntesis de G. Falsone en Civilisation, cit. n. 5, 427-432.

32.-
Véase G. Pisano "I gioelli" en I Fenici, Milano 1988, 370-393.

33.-
"Iscrizioni funerarie...", cit. (n. 4), 107-108.

34.-
"I gioelli", cit. (n.32), 370-374.

35.-
La palabra utilizada en hebreo bíblico para designar la diadema, símbolo de autoridad real o de investidura sacerdotal, es nezer, que significa exactamente consagración. El nezem, anillo para la nariz u oreja, tendría un valor semejante. La autora destaca otras connotaciones interesantes en palabras como el hebreo samid, brazalete, cuyo significado expresaría la noción de sometimiento, concluyendo que algunas joyas podrían haberse llevado como símbolo de alianza tras un rito iniciático, lo que quedaría subrayado por la forma de yugo de algunas de ellas: "De la fonction des bijoux phénico-puniques", Studi in onore di Sabatino Moscati, vol. II, Roma 1996, 523-533.

36.-
Recuérdese que algunos de ellos llevan inscripciones de contenido religioso, así uno de Cartago que porta una dedicatoria a Astarté (KAI 73. Véase C. Bonnet, Astarté, Roma 1996, pp. 101 y 161).

37.-
H. Benichou, Les tombes puniques de Carthage. Topographie, structures,inscriptions et rites funéraires. Paris 1982, 275.

38.-
C. Picard, "Sacra Punica. Étude sur les masques et rasoirs de Carthage", Khartago 13, 1966, 55-88, E. Acquaro, I rasoi punici, Roma 1971. Véase una síntesis reciente por el mismo autor en I Fenici, Milano 1988, 428-435.

39.-
Véase G. Hölb, Sardinien, cit. (n. 13) 493-406. I. Gamer Wallert, "Zwei Stauetten syro-ägyptischer Gottheiten von der "Barra de Huelva"", MM 23, 1982, 46-61.

40.-
Un capítulo importante son las estelas púnicas, véase G. Hölb, Sardinien, cit. (n. 13) 355-397.

41.-
Por ejemplo, P. Mattazzi, "La tomba "dell' Ureo": note a margine", RSF XX, 1, 1994, 15-30.

42.-
J. Elayi, "La place de l'Égypte dans la recherche sue les Phéniciens", Transeuphratène 9, 1995, 20-22.

43.-
Véase E. Gubel, Phoenician Furniture, Studia Phoenicia VII, Leuven 1987, passim.

44.-
A manera de ejemplo, recuerda Gubel (art. cit. n. 10, 916) cómo la iconografía real de los sellos fenicios inscritos del I milenio adopta motivos que se dan ya en los cilindros sellos del II milenio a. C.

45.-
Para estas circunstancias véase S. Pernigotti, "Fenici ed egiziani", I Fenici, Milano 1988, 522-531. Para las relaciones con la zona sirio-palestina en general, D.B. Redford, Egypt, Canaan and Israel in Ancient Times, Princeton 1992.

46.-
"Iconographie...", cit. n. 5, 537.

47.-
Véase E. Gubel, "La glyptique et la genèse de l'iconographie monétaire phénicienne. I", Studia Phoenicia IX. Numismatique et Histoire Économique Phéniciennes et Puniques, Louvain-la-Neuve 1992, 1-11.

48.-
Véase n. 6.

49.-
"Divinità egiziane nelle iscrizioni fenicie d'Oriente", Saggi Fenici I, Roma 1975, 7-14.

50.-
"Divinités égyptiennes dans l'onomastique phénicienne", Studia Phoenicia IV, 1986, Leuven 1986, 87-98.

51.-
Véase S. Ribichini, art. cit. (n. 47) 1-14; A. Lémaire, art. cit. (n. 48) passim.

52.-
G. Halff, "L'onomastique punique de Carthage", Karthago 12, 1965, 67 ss.

53.-
Véase nuestro artículo cit. en n. 3 y bibliografía citada.

54.-
Eadem, "La diosa leonocéfala de Cartago", Kolaios. Publicaciones ocasionales 4. Arqueólogos, historiadores y filólogos. Homenaje a Fernando Gascó, vol. II, Sevilla 1995, 827-843.

55.-
Es, por ejemplo, el caso de Horus igualado a Horon. Véase A. Caquot, "Horon: revue critique et données nouvelles", Colloque International des Études Ugaritiques, AAAS XXIX-XXX, 1979-80, 173-180.

56.-
"Agyptische Kunstelemente...", cit. (n. 12) 321-323.

57.-
S. Moscati, Chi furono i Fenici, Torino 1992, 122-123.

58.-
Art. cit. n. 107.

59.-
Entre la abundante bibliografía sobre el tema puede consultarse la obra de C. Bonnet, Melqart. Cultes et mythes de l'Héraclès tyrien en Méditerranée, Namur-Louvain 1988.

Carmona, la Carmo romana

Carmona, la Carmo romana Carmona. Hallado un horno romano

El Servicio Municipal de Arqueología del Ayuntamiento de Carmona ha hallado un horno romano destinado a la fabricación de cerámica, tejas y ladrillos hallado en la calle Montánchez, fuera de las murallas y en la zona que recorría la antigua barbacana medieval. Este hallazgo, según una nota del Ayuntamiento, «confirma una vez más la importancia de la presencia romana en la localidad».

EFE, 28 de enero de 2005

El hallazgo de esta estructura se une a los hornos que ya se han documentado gracias a las distintas excavaciones urbanos y que han definido el área industrial de la Carmo romana en conexión con las puertas de acceso a la ciudad, dando forma a una especie de «cinturón industrial.»

El horno localizado ahora, que tiene un diámetro cercano a los cuatro metros, consta de un primer pasillo de entrada -el praefurnium- que servía para alimentar de leña la cámara de fuego y que se cerraba una vez introducida la cerámica cruda dentro del mismo.

El interior del horno consta de dos pisos, en el inferior, la cámara de fuego -el furnium- era el habitáculo donde se producía la combustión, y sus paredes están excavadas en el alcor (la roca de Carmona) y revestidas de ladrillos de adobe, que después del primer encendido del horno adquirieron gran resistencia.

Arriba se situaba la cámara de cocción o laboratio, que se cubría por una bóveda de arcilla.

El piso inferior y el superior están separados por la parrilla, plataforma sostenida por un robusto pilar y sobre la que se colocaban los cacharros que se van a cocer.

El calor que se generaba en el interior de la cámara de combustión pasaba a través de unos agujeros circulares practicados en la parrilla y llamados toberas.

La cubierta del horno es una bóveda más o menos circular, que se encontraría perforada mediante unos respiraderos que permitirían la salida de humos y vigilar la cochura.

Esta parte de la instalación presenta un deficiente estado de conservación y sólo resta parte del arranque.

Como el horno está parcialmente excavado en la roca, cuando estaba en funcionamiento de él sólo se vería la parte superior de la bóveda, de forma más o menos ahuevada y el pasillo de entrada a la cámara de combustión.

Normalmente, estos hornos se construían de dos en dos, para garantizar una producción continua.

Así mientras uno se enfriaba y vaciaba, el otro se cargaba y calentaba, manteniendo una fabricación constante de cerámica común y material constructivo, cuyos numerosos desechos se están documentando durante la intervención arqueológica.

Tanto en Carmo como en el resto de las ciudades romanas, los hornos y las instalaciones de tipo industrial se ubicaban siempre fuera de las murallas, puesto que «las estrictas ordenanzas municipales de entonces impedían que estas actividades molestas y nocivas tuvieran lugar junto a las viviendas».

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Carmona. Hallado parte de un mosaico romano en pleno casco histórico

Gabinete de Prensa del Excmo. Ayuntamiento de Carmona, 24 de octubre de 2004

Junto al mosaico se ha encontrado por primera vez fragmentos de un pavimento romano único realizado con recortes de mármol y piedras de colores.

El Servicio Municipal de Arqueología del Ayuntamiento de Carmona ha encontrado parte de un mosaico y pavimento romano en pleno casco histórico de la ciudad, hallazgos que confirman una vez más la riqueza arqueológica y patrimonial de Carmona.

En concreto, los hallazgos se han producido durante trabajos de vigilancia arqueológica realizados en un solar de la calle Villalobos, situado en el Barrio de San Blas. Durante este trabajo, se ha descubierto la presencia de parte de un mosaico romano. Dicho mosaico, del que se conserva un metro cuadrado, está formado por piezas blancas y negras que se combinan creando motivos vegetales. La pieza ya ha sido extraída y será expuesto en las salas del museo de la ciudad una vez que se completen los trabajos de restauración.

Lo más interesante es que este mosaico se completa con lo que los arqueólogos llaman opus sectile, un tipo de pavimento romano realizado con retales y recortes de mármol y piedras de distintos colores. El hallazgo de este pavimento es muy importante porque su hallazgo no suele ser muy frecuente; de hecho, esta es la primera vez que aparece en Carmona.

En el mismo solar se han documentado también muros de sillares muy bien construidos así como los restos de un animal enterrado, en concreto, un pequeño perro cuyo esqueleto está relativamente bien conservado. Posiblemente se trate de una mascota o animal de compañía que fue enterrado por su dueño dentro del ámbito doméstico, manifestando una actitud emocional que nos acerca un poco más a las costumbres de los carmonenses que poblaron la ciudad hace 2000 años.

El barrio de San Blas ocupa el norte de la antigua ciudad amurallada. En esta zona se registran las estratigrafías de mayor potencia de Carmona, que comprenden el arco temporal que se desarrolla entre el Bronce Inicial y la actualidad. También es en esta área donde se define la primera implantación de carácter urbano en Carmona, datada en torno al 800 a.C. Sobre esta ciudad orientalizante y turdetana, los romanos fundaron una colonia que se expandirá progresivamente hacia el sur y hacia el este. Los muros romanos más antiguos mantienen, por ello, la misma orientación que los de la ciudad turdetana.

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Carmona. Hallados los restos de un edificio de época Tartésica

Gabinete de Prensa del Excmo. Ayuntamiento de Carmona, 23 de marzo de 2004

En su interior se ha encontrado parte del ajuar de sus habitantes que por sus características confirma la convivencia de la población local con civilizaciones procedentes de oriente como la fenicia.

El Servicio municipal de Arqueología del Ayuntamiento de Carmona ha realizado nuevos hallazgos en la localidad que han permitido el descubrimiento de restos de época tartésica. En concreto, las excavaciones se han localizado en un solar de la calle Diego Navarro, en pleno casco histórico de Carmona, y de manera previa a la edificación de una vivienda de nueva planta.

Las primeras estructuras localizadas, construidas hace unos 2.500 años, han aflorado inmediatamente bajo la superficie actual, ya que entre los siglos XVII y XVIII el nivel de suelo de esta zona del barrio de San Blas fue rebajado por cuestiones urbanísticas, destruyéndose entonces los estratos romanos y medievales. Estas estructuras conservadas en superficie corresponden a las cimentaciones y pavimentos de un edificio fechado en el siglo V a.C. Sus cimientos fueron erigidos a su vez sobre otra edificación previa que fue construida en torno a los siglos VIII y VII a. C. y que con diversas transformaciones se mantuvo en uso hasta finales del siglo VI a.C., momento en el que fue súbitamente abandonada. De este edificio se han documentado varias estancias completas delimitadas por muros construidos con ladrillos de adobe y pavimentadas con arcilla roja y cantos rodados.

En una de esas estancias se ha recuperado también parte del ajuar usado por sus habitantes, compuesto por varias vasijas de cerámica, molinos para el cereal y numeroso restos óseos, pertenecientes en su mayoría a peces y aves que estarían almacenadas en el interior de las vasijas. Entre las cerámicas encontradas aparecen algunas de tradición local fabricadas a mano, junto con otras torneadas de factura fenicia, lo que confirmaría la convivencia de un núcleo de población indígena con orientales llegados desde el otro extremo del Mediterráneo. Este período conocido como "orientalizante" había sido documentado con anterioridad en otras excavaciones en Carmona, destacando la realizada en la casa del Marqués de Saltillo donde se recuperó un espléndido conjunto de materiales que actualmente se expone en el Museo de la Ciudad.

Finalmente la excavación aportará nuevos datos para el conocimiento de la evolución histórica de Carmona, y más concretamente de una zona donde se ubicaría el primer núcleo urbano estable de la ciudad.

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Carmona. Una mansión romana en el museo de la ciudad

Diario de Sevilla, 24 de agosto de 2004

El centro, que amplía su oferta con las visitas nocturnas, exhibirá una reproducción de una vivienda del siglo I hallada cerca del viejo foro.

El Museo y Centro de Interpretación de la Ciudad, ubicado en la casa palacio Marqués de las Torres, dispondrá en los próximos días de la reproducción en escala de una mansión romana, cuyos restos fueron localizados durante una intervención arqueológica realizada en la calle San Ildefonso, próxima al foro carmonense.

La actuación museística se inscribe en la renovación y ampliación de contenidos que cada año, por estas fechas, lleva a cabo la dirección del complejo junto con el equipo del Servicio Municipal de Arqueología y especialistas restauradores.

La primera novedad en contenidos permitirá conocer al completo, y por primera vez, una edificación fechada en el siglo I que se inscribe en la clásica tipología del urbanismo noble de la antigua Carmo. La documentación y estudios realizados desde la intervención arqueológica han permitido poner al día las características de la vivienda, que será recreada con toda fidelidad en la sala dedicada a la época romana.

El director del Museo de la Ciudad, Ricardo Lineros, apuntó como segunda innovación la incorporación de una serie de mosaicos y cerámicas romanas recuperadas en las excavaciones efectuadas en la calle Diego Navarro del barrio de San Blas. Las piezas, que están en su última fase de restauración por la especialista Celia Márquez, podrán contemplarse en el mismo espacio que ocupará la recreación de la vivienda.

Asimismo, Lineros señaló la renovación y mejora que se ha llevado a cabo en el capítulo de información interactiva dispuesto actualmente en el museo. En este sentido, las diversas salas, por las que se recorre desde el calcolítico hasta la época contemporánea, ofrecen un servicio complementario y de carácter personal según los intereses del visitante.

La oferta museística del Centro de Interpretación se ha visto ampliada con la apertura nocturna de las instalaciones que, con carácter gratuito, están disponibles hasta la doce de la noche durante los fines de semana. Además, la dirección del centro ha incorporado en el patio central de la casa palacio un espacio de proyección cinematográfica en la que se exhiben documentales sobre arqueología y patrimonio.

En esta nueva faceta, los contenidos seleccionados abarcan una amplia gama de temas relacionados con las excavaciones y su repercusión patrimonial, desde el ámbito local al internacional. Para ello se ha contado con la colaboración de la dirección del Festival de Cine, Carmo Film Fest, que cuenta entre sus objetivos con la difusión de trabajos arqueológicos de todo el mundo.

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Carmona. Localizado el circo romano

Gabinete de Prensa del Excmo. Ayuntamiento de Carmona, 14 de enero de 2003

El Servicio Municipal de Arqueología del Ayuntamiento de Carmona ha hallado los restos de lo que podría ser la cabecera del circo que durante la época romana existió en la ciudad.

El hallazgo se ha producido durante unas excavaciones en un solar de la calle Tinajerías, junto al Paseo del Estatuto; ésta es una zona que quedaba fuera de la ciudad romana y en la que, por tanto, sólo se podía esperar la localización de tumbas o instalaciones industriales pertenecientes a dicho periodo.

Sin embargo, tras los trabajos de vigilancia arqueológica y limpieza llevados a cabo por el Ayuntamiento se ha advertido la presencia de sillares alineados, de una serie de cimentaciones concéntricas y en pendiente, de rebajes intencionales en el terreno y de una extensa superficie construida.

El tipo de cimentación es además el más habitual para sostener un graderío, por lo que, en un principio, el hallazgo podía corresponder con un circo, un teatro o un anfiteatro, teniendo en cuenta que la arqueología urbana no suele tener oportunidad de documentar por completo un edificio de este porte. A pesar de ello, la investigación realizada por el equipo de arqueólogos municipales concluye que los restos encontrados corresponden con casi total seguridad al circo romano de Carmona.

Alineado con la antigua Vía Augusta y a escasos metros de ésta, el circo romano debió ser un edificio monumental con una anchura superior a los los 70 metros y una longitud cercana a los 400, si se extrapolan las formas y dimensiones de los circos hispanos. Estas dimensiones se explican por el tipo de espectáculo que albergaban, las carreras de cuadrigas, que necesitan una pista larga y espaciosa. Esta pista, la arena, debía permitir la pugna de hasta doce aurigas por llegar a la meta después de siete vueltas completas. El premio para los ganadores era salir victorioso por la Porta Triumphalis, que los arqueólogos municipales parecen haber encontrado en este solar de Carmona.

Si finalmente se confirma este hallazgo, Carmona contaría de esta manera con todo el repertorio de edificios públicos romanos de carácter público: teatro dentro de las murallas y anfiteatro y circo fuera de ellas.

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Carmona. Encuentran tres enterramientos de 3500 años de antigüedad en pleno centro histórico

Gabinete de Prensa del Excmo. Ayuntamiento de Carmona, 19 de febrero de 2001

El Servicio Municipal de Arqueología halla en la misma zona los restos de una vivienda y de un patio romano del siglo I.

El Servicio de Arqueología del Ayuntamiento de Carmona ha hecho público los nuevos hallazgos arqueológicos descubiertos en pleno centro histórico de la localidad en el que destaca el descubrimiento de tres enterramientos pertenecientes al Bronce Medio, es decir, al 1500 a.d.C. en un solar de la Plazuela de Santiago adquirido por el Ayuntamiento para la promoción de 17 viviendas sociales.

El primero de esos enterramientos está excavado en forma de alcor y en su interior se han localizado dos cadáveres depositados en distintos momentos: en una primera fase se enterró a un adolescente, cuyos restos fueron empujados posteriormente en un segundo momentos para depositar el cadáver de un varón adulto. La forma en que ambas personas fueron colocadas coincide plenamente con otros enterramientos del mismo periodo localizados en Carmona.

El segundo y el tercer enterramiento se han localizado en pequeñas fosas, cubiertas mediante piedras y lajas de alcor. El ajuar que acompaña a los difuntos consistía en dos cuencos de cerámica realizados a mano con los bordes entrantes y decoración bruñida, además de otros útiles de piedra y fragmentos cerámicos.

Los tres enterramientos se hallaron excavados en las paredes de una zanja en forma de "V" de grandes dimensiones en el que además se han documentados materiales diversos como cerámicas, huesos, útiles de piedra, etc. El uso de esas zanjas en forma de "V" o "U" se desconoce, si bien han sido interpretados como fosos defensivos, límites, drenajes para silos e incluso basureros.

Vivienda y patio romano

El Servicio Municipal de Arqueología ha hallado también en el mismo solar losa restos de una vivienda romana fechada en el siglo I. En concreto, los restos encontrados pertenecen a un patio bajo el que se encuentra una cisterna con capacidad para almacenar 17.000 litros de agua de lluvia.

Por último, se han descubierto también la presencia de unos aparejos toledanos y vanos decorados que datan de la época de los Reyes Católicos tras eliminar los enfoscados de las paredes. Gracias a la negociación del Ayuntamiento con los arquitectos del proyecto, se van a conservar e integrar parte de los muros de la antigua vivienda en la nueva construcción.

Arqueología en Carmona

NECRÓPOLIS

El descubrimiento de la Necrópolis de Carmona sucede a finales del siglo XIX, gracias a la iniciativa de Juan Fernández López y del arqueólogo inglés Jorge Bonsor.

La Necrópolis se data en torno al siglo I. El ritual de enterramiento más frecuente era la incineración. Los cadáveres eran incinerados en quemaderos excavados en la roca donde se colocaba la pira. En ocasiones, estos quemaderos se utilizaban también como enterramiento, depositando las cenizas en la fosa, que se cubría con sillares, ladrillos o tégulas. Una vez cubiertos de tierra, se colocaba una estela para indicar el lugar y el nombre del difunto.

El mausoleo colectivo, formado por una cámara subterránea, de carácter familiar, es el tipo de enterramiento más generalizado en la Necróplis de Carmona. Se accede a él por un pozo escalonado. La cámara suele ser cuadrangular, con un banco que recorre la parte inferior de las paredes, donde se colocan las ofrendas y sobre el que se abren los nichos. En algunas cámaras quedan las huellas de las puertas que las cerraban, otras debían de cerrarse con una losa. La parte externa de los enterramientos debía de estar con cipos, estelas o túmulos y otras construcciones de las que no se han conservado testimonios. Para ocultar la tosquedad de la roca, las tumbas se decoraban. La Necrópolis es uno de los yacimientos más importantes de la Península porque conserva gran número de pinturas.

Tumba del Elefante

Se trata de un santuario dedicado al culto de las divinidades de Cibeles y de Attis. La veneración de estos dioses orientales llegó a alcanzar una enorme importancia en Roma. Attis dios que moría y resucitaba cada año, arraigó entre los carmonenses, tal y como lo demuestran otros hallazgos en la Necrópolis, y significó la recuperación de una forma de religiosidad propia, vigente en las culturas orientales y mediterráneas con las que Carmona mantenía indudables relaciones desde hacía tiempo. Junto a este dios, la Diosa Madre, encarnación divina de la naturaleza, señora de la vida y de la muerte representada mediante la forma anicónica de un betilo (piedra ovoidea). No obstante, la figura del elefante ejerció desde su descubrimiento tal fascinación que llegó a convertirse en el símbolo de la eternidad más destacada de este edificio.

Tumba de Servilia

La tumba de Servilia, la más monumental de las estructuras tradicionales representadas en la Necrópolis. Se atiene a modelos helenísticos y reproduce una lujosa mansión, con un amplio patio porticado al que se abren diferentes estancias en dos pisos.

Uno de estos ámbitos lo constituye la galería cubierta, en cuyo tramo central se encuentra una cámara donde parece ser que estuvo originariamente la escultura de Servilia.

En el frontal del patio porticado se halla la cámara funeraria, que tiene un gran vestíbulo, de planta trapezoidal, cubierto por bóveda apuntada; ésta le confiere un carácter singular sin precedentes en el lugar.

En definitiva, todo invita a pensar que la tumba, fechada en época de Augusto, debió pertenecer a una familia de poderosos gobernantes-funcionarios romanos.

Museo de Carmona:

http://www.museociudad.carmona.org/1museo/coleccionsala3.htm

ELCHE. La villa romana junto al huerto de Vizcarra está localizada desde la década de los 70

ELCHE. La villa romana junto al huerto de Vizcarra está localizada desde la década de los 70 Foto: HUERTO. Lugar donde se han hecho las excavaciones. / A.F.

Alejandro Ramos Folqués la catalogó en un mapa arqueológico de la zona La Conselleria de Cultura debe fijar si son restos de interés.

Por J.C. ROMERO/ELCHE, La Verdad Digital, 15 de enero de 2005

En la década de los 70, el arqueólogo e historiador Alejandro Ramos Folqués, elaboró un mapa arqueológico del término municipal en el que se localizaban los yacimientos existentes que podrían ser de interés. Se trataba de un trabajo que presentó en un congreso al que asistió, y que aún hoy sirve de referencia.

En el mismo se menciona una de las 25 posibles villas de la centuriación de Illici -posteriormente también presentes en el estudio denominado Arqueología del País Valenciano: panorama y perspectivas, de Rafael Ramos-, que están pendientes de excavación.

Una de ellas es la situada frente al polígono de Vizcarra, que han sacado a la luz las obras que se llevan a cabo para el desdoblamiento de la carretera de Dolores.

Como se explica en los trabajos de Alejandro y Rafael Ramos, en torno a Illici fueron edificándose fincas rústicas que posiblemente pertenecieron al parcelario de sus centurias. Se han descubierto 25 de esas villas.

El estudio realizado sobre fotografía aérea en el territorio, muestra, como se indica, «la existencia de la cuadrícula centurial. Por consiguiente, en el campo de Elche se ha localizado perfectamente la centuriación cuyos límites, cuando no se materializan en caminos o sendas, pueden observarse en diferencias del terrazgo o en cercas de diversa categoría».

El emplazamiento urbano de Illici marcó el centro de la centuriatio, «cuyo cardo máximo vino representado por un eje dirección norte-sur, coincidente con la recta de la calle del Filet del Fora que se prolonga por la carretera de Dolores y que luego enlaza con caminos, y cuyo decumano máximo debió corresponder al todavía vivo camino de Vizcarra».

Ahora es la Conselleria de Cultura la que debe decidir si se llevan a cabo las excavaciones, en función del interés de los restos, que están siendo catalogados y estudiados.

Además de la villa se encontraron sillares romanos o ibéricos reutilizados, cerámica y restos de un muro que separaba la parte alta de la inundable.