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Terrae Antiqvae

Olimpia de Épiro (375-315 a.C.), esposa y madre de dioses.

Olimpia de Épiro (375-315 a.C.), esposa y madre de dioses.

Apenas se sabe nada de la verdadera personalidad de la madre de Alejandro Magno, la reina Olimpia de Epiro, el país balcánico que la vio nacer. El último estudio en español que conocemos apenas la considera [1]. La biografía que el escritor Sátiro de Callatis había consagrado a Filipo II de Macedonia y a sus siete esposas, un siglo después de su muerte, se ha perdido, por lo que las noticias que se conservan de los protagonistas de esta historia son muy parciales.

Por: Dra. Ana Mª Vázquez Hoys, profesora titular de la UNED.

En general, los escasos fragmentos históricos que han llegado a nuestros días son bastante contrarios a esta mujer. La leyenda de Olimpia, tal vez difundida por sus numerosos enemigos, sobre todo Casandro, tiñe su personalidad de obscuros matices, tachándola sobre todo de violenta y neurótica, presentándola como dominada por supersticiones y brujerías.

En realidad, estas voces contrarias solo son las voces de la envidia y el desconocimiento del personaje histórico y su entorno y sus circunstancias o, tal vez, como sucede a menudo en la historia de los personajes femeninos del mundo antiguo, porque lo que en un hombre se consideran virtudes, como la capacidad de lucha contra sus enemigos, sus dotes políticas y el enfrentarse a poderosos enemigos y vencerlos, se consideran en las mujeres tradicionalmente como factores negativos de su personalidad, achacándolo generalmente al manejo de "malas artes", como si el hecho de sobrevivir en un mundo hostil, utilizando las mismas armas que los enemigos masculinos fuera en las mujeres un demérito, fruto, no de la preparación, el arrojo, la valentía o la capacidad política, sino fruto de las "artes de la brujería". Olimpia, madre de Alejandro Magno, fue la ÚNICA responsable de que su hijo PUDIERA LLEGAR A CONSEGUIR EL TRONO DE MACEDONIA. Así pues, ni bruja ni manipuladora. Simplemente, una buena política, que supo jugar sus cartas y las de su hijo. Que aprovechó las circunstancias y sufrió sus consecuencias. Logró que su único hijo fuera rey. Y que de ser Alejandro logrará ser Alejandro el Grande.

1. La opinión negativa sobre Olimpia

Tal sucede, por ejemplo, con la opinión peyorativa que se emite al relatar la participación de la reina en los ritos de Sabazio, el dios mistérico tracio de la fertilidad y la vida eterna, asimilado con Dioniso-Baco.

En estos ritos, las bacantes, blandiendo serpientes, el animal ritual del dios Sabazio, participaban en ceremonias campestres que comprendían, entre otras cosas, la muerte del dios y su despedazamiento, siendo comido por las bacantes, en un rito que se asemeja mucho a la "comunión" cristiana, sin ir más lejos, siendo todo recuerdo, posiblemente, de un ancestral rito antropofágico que ya había perdido sus características primitivas en época histórica.

Lo que si es cierto es que Olimpia fue una de las primeras grandes princesas y reinas macedonias y helenísticas que tuvieron influencia en la vida política de sus países, como subraya Grace Macurdy [2], para quien la primera mujer macedonia que interviene en lides políticas fue Eurídice I, madre de Filipo II de Macedonia, inaugurando un papel nada despreciable en política que más tarde seguirían otras reinas orientales hasta Cleopatra VII.

2. Las primeras noticias: de Políxena a Myrtale

Dichas noticias sobre Olimpia nos relatan que la princesa, cuyo nombre de soltera fue Políxena ([3]), en honor de la joven hija de Príamo, sacrificada en la tumba de Aquiles, nació hacia el año 375 a.C. y era hija del rey de Molosia, Neoptolemo.

Huérfana de padre y madre, vivió hasta su matrimonio en Epiro, bajo la tutela de su tío Arribas, rey de Molosia. El matrimonio con Filipo de Macedonia, dispuesto por su tío, la convertía en prenda de amistad con la vecina Macedonia y también en rehén que garantizase las buenas relaciones entre los dos países vecinos, al tiempo que aseguraba a Macedonia la salida al mar por su parte occidental.

3. La reina Olimpíade-Estratónice

Convertida a los 19 años en la reina del más poderoso país balcánico, como primera esposa (en rango, que no en orden) de Filipo II, con el nombre de Myrtale, lo cambió por el de Olímpíade en memoria de la victoria que alcanzaron los caballos de Filipo II en Olimpia justo el día del nacimiento de Alejandro (y aún adoptaría otro nombre: el de Estratonice, en honor de la victoria obtenida en defensa de su nieto Alejandro IV (el hijo de Roxana), frente a su rival Eurídice, aliada con los sucesores de Casandro).

Así pues, Olimpia-Polixena-Miytale-Estratonice, quiso y pudo hacer valer sus derechos dinásticos y los de su hijo tanto sobre Epiro como sobre Macedonia, derecho que en muchos momentos fueron cuestionados, ya que incluso en la corte macedonia se consideraba a Alejandro un bastardo.

4. Los hijos de Filipo y Olimpia

Y dió a Filipo dos hijos: Alejandro, nacido en el año 356 y Cleopatra, nacida en el año 353, que se sumaron, con Alejandro de Epiro, hermano de la propia Olimpia, trece años más joven que ésta y más tarde rey de los molosos, a los otros niños de la corte macedonia, los citados Karano (que solo aparece en Justino XI, 2, 3) y Arrideo, hijos de Filipo y otras mujeres y el joven Amintas, sobrino de Filipo, hijo de su hermano Pérdicas III y para muchos el verdadero heredero de la corona macedonia, hasta el nacimiento de Europe, un cuarto hijo( o hija), nacido de su última esposa, la joven macedonia Cleopatra, sobrina de Atalo. Este último hijo de Filipo, que tendría poco más de un año al morir el rey, sería el presunto/a futuro/a heredero/a legítima frente al ilegítimo Alejandro Magno, aunque no sobrevivió mucho a su padre, ya que fue hecho asesinar, junto a su madre, por la misma Olimpia, a la muerte de Filipo.

5. La actuación política de Olimpia

La lógica ambición política de esta mujer en favor de su hijo, en un mundo de hombres que deseaban la corona para sí mismos, ha hecho que fuese denigrada. Creemos, sin embargo, que su actuación histórica fue fruto de una lógica existente en su momento en Macedonia y en Oriente y fue más oriental que propiamente griega y, por tanto, incomprendida para los historiadores y, sobre todo, caldo de cultivo para su imagen peyorativa.

En época de Olimpiade, efectivamente, y en su entorno, el que ejercía el poder, hombre o mujer, no debía ni podía excluir la posibilidad del asesinato político, fruto de la política del "matar o ser muerto" que propiciaba la monarquía electiva, aunque fuese esta elección realizada entre los miembros de una rama familiar. Por tanto, Olimpiade u Olimpia, no fue una asesina sin más, sino que hizo lo mismo que los otros reyes de su época. Como sucedía en la corte persa, en los harenes persas y asirios o, más modernamente, en los harenes turcos o en las monarquías visigodas. En todas ellas y muchas más, la política de la eliminación de los posibles rivales al ascender al trono un rey por parte de sus partidarios ha sido algo tan común que huelgan las explicaciones. ¿Por qué Olimpia, pues, fue juzgada, denostada y condenada?.

Si he de dar mi opinión, creo que porque su hijo murió pronto y tuvo que defenderse sola y además perdió. Pero sobre todo, la historia no le ha perdonado ser mujer. Y además, el hecho de ser la madre de Alejandro el Grande. Y la mujer de otro gran rey: Filipo de Macedonia, que no tuvo nada que envidiar a su hijo. Ya que, en realidad, fue el artífice de toda la preparación del ejército macedonio, que, al morir Filipo II, ya había pasado a Asia.

6. La reina repudiada

Aislada y repudiada por Filipo, su status personal pasó de ser reina a ser solo la madre del heredero de Filipo, heredero oficial tras la batalla de Queronea. Pero este papel del príncipe Alejandro debía cambiar también al nacer el hijo de la joven nueva esposa de Filipo. Ello llevaría a Olimpíade a ser, tal vez, parte lógica de la conjuración que terminó con la vida del rey macedonio, aunque no existan pruebas de la afirmación que haría de la madre y el hijo los perfectos y lógicos instigadores de tal muerte, aunque ella, por aquel entonces, no se encontraba en Macedonia, ya que en 337-336 había vuelto a su país, donde reinaba su hermano Alejandro desde 442, tras la boda de Filipo y Cleopatra.

7. La madre del nuevo rey

Olimpíade volvió de su exilio voluntario en Épiro al conocer la noticia de la muerte de Filipo, a los cuarenta y seis años, en otoño del 336, (la reina tenía entonces treinta y nueve) y mostraba su satisfacción sin inhibiciones ante tal pérdida, que la desembarazaba de su enemigo, a la par que la convertía en madre del rey, la que, al más puro estilo persa, dominaría la situación en Macedonia. Y puede que también en Épiro, como madre de la nueva reina de y hermana mayor (y casi madre, puesto que con ella se había criado) del rey Alejandro.

Mientras Alejandro estaba fuera de la capital, ella mandó asesinar a la última esposa de Filipo , sobrina de Atalo , y a su hijo/a (Justino Ix, 7,12), hecho que Alejandro le reprochó, según el mismo Justino, aunque su mismo hijo mandaría asesinar a todos los miembros de la misma familia antes de partir hacia Asia, según relata el mismo historiador, líneas después (Justino XI, 5,1), puesto que Filipo los había colocado en puestos de responsabilidad en la corte macedonia.

La posición de la reina era entonces inmejorable. Desde el asesinato de su esposo a 331, Olimpia tuvo su mejor época, como regente de Macedonia, junto con Antípatro, que no dudaba en informar de sus desavenencias con la reina (Arriano VII, 12,6), quien finalmente se retiró a Epiro en 331.

A partir del año 334, Olimpia y Alejandro no volvieron a verse, al partir él para Asia, pero debieron mantener una nutrida correspondencia, a juzgar por la evolución de los hechos. Así, intervino la reina en el desfalco de Hárpalo y sobre todo tras la muerte de Alejandro, que la reina atribuyó a Antípatro, el regente que Alejandro había dejado en Macedonia, llevado a cabo por sus hijos Yolao y Casandro.

Este último, sobre todo, habría de ser su mayor enemigo y el que consiguió destruirla.

La comprometida situación de la reina a la muerte de su hijo la hizo pronunciarse en dos direcciones. En primer lugar, se constituyó en garante de la legitimidad de Alejandro IV, el hijo póstumo de Alejandro y Roxana y, en segundo lugar, emprendiendo una política de relaciones matrimoniales. Así, su hija Cleopatra, viuda de Alejandro de Epiro, debería casarse con el general Leonato, boda que impidió el propio Antípatro. Sin embargo, a la muerte de éste, su hijo Poliperconte invitó a Olimpia a regresar a Macedonia y a defender los derechos de su nieto Alejandro.

Pero, una vez más, el Destino le fue adverso y al caer en desgracia Poliperconte, Casandro pudo, al fin librarse de ella y de los últimos herederos de Alejandro.

La reina se había refugiado en Pidna, en el año 316, tras haber hecho asesinar a Eurídice, hija de Amintas y a Filipo Arrideo , rey de Macedonia a la muerte de Alejandro Magno, hecho que Casandro supo aprovechar, para volver contra ella al pueblo macedonio, que no olvidaba , sin embargo, que era la madre de Alejandro.

Con ella estaban en Pidna su nieto Alejandro, de ocho años y su madre, Roxana, de ventiseis años, su hijastra Tesalónica, de treinta y cinco años, con la que Casandro contraería matrimonio, ya que era hermana de Alejandro e hija de Filipo, además de Diadamia, hija de Eacidas, las hijas de Atalo y otras muchas mujeres y niños macedonios.

Su defensor, Eumenes había muerto. Ya no le quedaba nadie. Y confió su suerte a Aristono, una de los amigos de Alejandro. Vencido éste y abandonada por todos, Casandro la hizo matar por sus víctimas, a pedradas, en el año 315. Lo último que vieron sus ojos fue, detrás, el Golfo Sarónico, unas aguas siempre azules del mar Mediterráneo que la reina nunca cruzó para visitar a su hijo Alejandro, porque la muerte del rey los separó demasiado pronto. Enfrente, el monte Olimpo, cuyas cumbres se alzan orgullosas bajo el cielo de Piería. Y en él, su hijo, Alejandro, que ya era un dios, buen trabajo para una reina que era, al morir, sabía que ella misma ya formaba parte de la gloria y la inmortalidad, porque también era hija, esposa y madre de dioses.


Notas:

[1] GUZMAN GUERRA, A.-GÓMEZ ESPELOSÍN, F.J.: Alejandro Magno. De la historia al mito. Alianza Editorial, Madrid, 1997. En el capítulo II se refieren los autores a la influencia de Macedoni y Filipo, y sobre todo de Olimpia u Olimpíade, en las "tensiones de familia", p.35 y en la p. 37, en un apartado específico.

[2] MACURDY, G.H.: Hellenistic Queens. Oxford Univ. Press, London 1932.

[3] MACURDY op. cit. p. 23, cita a JUSTINo II, 7.13 y PLUTARCO, De Pyth. Or. 401.

También VAZQUEZ HOYS, A.Mª: Grecia desde el siglo IV, Alejandro Magno. El Helenismo. Madrid, UNED, 1993.

Una estatua romana revela el trabajo de un antiguo astrónomo

Una estatua romana revela el trabajo de un antiguo astrónomo

Foto: Una estatua romana de Atlas —el titán mítico que llevó el cielo sobre sus hombros— guarda pistas del trabajo del astrónomo antiguo Hiparco.

Reuters, 14 de enero de 2005

La estatua en cuestión es conocida como el Atlas de Farnese, una pieza de mármol de poco más de dos metros de altura que forma parte de la Colección Farnese en el Museo Arqueológico Nacional en Nápoles, Italia.

Lo que hace que esto sea importante para los científicos no es la forma muscular del titán, sino el globo qye carga sobre sus hombros: las constelaciones labradas que adornan su superficie están ubicadas exactamente en las posiciones que Hiparco hubiera visto en aquellos días, lo que sugiere que el escultor basó ese globo en el catálogo elaborado por este astrónomo de la antigüedad, el cual no fue visto jamás en tiempos modernos.

"Hay muy pocas oportunidades en que los antiguos secretos perdidos o la sabiduría antigua pueden ser hallados realmente —dijo Bradley Schaefer de la Universidad Estatal de Louisiana—. Aquí tenemos un caso real donde una bien conocida sabiduría antigua perdida ha sido descubierta."

Hiparco, quien se cree que desarrolló su actividad entre el 140 y el 125 a.C. aproximadamente, fue uno de los que revolucionaron la astronomía. Entre otras innovaciones, reunió la primera lista abarcadora de cientos de estrellas que había observado en un catálogo estelar. Este catálogo no existe en la actualidad, y las únicas referencias que se tienen de él devienen de otros astrónomos seguidores de Hiparco.

Otra invención de Hiparco —la idea de la precesión, que es el movimiento lento de las estrellas y de las constelaciones a través del cielo respecto del ecuador celestial— indujo a Schaefer a creer que el globo de Atlas estaba basado en el catálogo estelar de Hiparco. Un análisis de las posiciones de las figuras de las constelaciones, las ubicó en el 125 a.C. (+ /- 55 años). Esto estaría dentro del período en el que Hiparco desarrolló su trabajo.

Otras teorías sobre quién escribió el catálogo estelar incluye a observadores que se sitúan muy tempranamente —incluyendo un poeta que lo habría escrito en el 275 a.C. o un observador de Asiria, alrededor del 1130 a.C.— o demasiado tarde. Esta última opción incluye a Tolomeo que lo escribió en el 128 de nuestra era.

ELCHE. La villa romana junto al huerto de Vizcarra está localizada desde la década de los 70

ELCHE. La villa romana junto al huerto de Vizcarra está localizada desde la década de los 70

Foto: HUERTO. Lugar donde se han hecho las excavaciones. / A.F.

Alejandro Ramos Folqués la catalogó en un mapa arqueológico de la zona La Conselleria de Cultura debe fijar si son restos de interés.

Por J.C. ROMERO/ELCHE, La Verdad Digital, 15 de enero de 2005

En la década de los 70, el arqueólogo e historiador Alejandro Ramos Folqués, elaboró un mapa arqueológico del término municipal en el que se localizaban los yacimientos existentes que podrían ser de interés. Se trataba de un trabajo que presentó en un congreso al que asistió, y que aún hoy sirve de referencia.

En el mismo se menciona una de las 25 posibles villas de la centuriación de Illici -posteriormente también presentes en el estudio denominado Arqueología del País Valenciano: panorama y perspectivas, de Rafael Ramos-, que están pendientes de excavación.

Una de ellas es la situada frente al polígono de Vizcarra, que han sacado a la luz las obras que se llevan a cabo para el desdoblamiento de la carretera de Dolores.

Como se explica en los trabajos de Alejandro y Rafael Ramos, en torno a Illici fueron edificándose fincas rústicas que posiblemente pertenecieron al parcelario de sus centurias. Se han descubierto 25 de esas villas.

El estudio realizado sobre fotografía aérea en el territorio, muestra, como se indica, «la existencia de la cuadrícula centurial. Por consiguiente, en el campo de Elche se ha localizado perfectamente la centuriación cuyos límites, cuando no se materializan en caminos o sendas, pueden observarse en diferencias del terrazgo o en cercas de diversa categoría».

El emplazamiento urbano de Illici marcó el centro de la centuriatio, «cuyo cardo máximo vino representado por un eje dirección norte-sur, coincidente con la recta de la calle del Filet del Fora que se prolonga por la carretera de Dolores y que luego enlaza con caminos, y cuyo decumano máximo debió corresponder al todavía vivo camino de Vizcarra».

Ahora es la Conselleria de Cultura la que debe decidir si se llevan a cabo las excavaciones, en función del interés de los restos, que están siendo catalogados y estudiados.

Además de la villa se encontraron sillares romanos o ibéricos reutilizados, cerámica y restos de un muro que separaba la parte alta de la inundable.

Los Pueblos ibéricos en la Alta Andalucía

Los Pueblos ibéricos en la Alta Andalucía

De las fuentes históricas escritas y desde la arqueología, parece deducirse, para un momento anterior al siglo VI a.n.e. la existencia de un marco espacial de relaciones culturales durante el Bronce Final, que incluye puntos tan distantes como Huelva, es decir la zona nuclear tartéssica, y el levante peninsular. Las referencias a Mastia de Tarsis y la paridad de la cultura material documentada en el Valle del Guadalquivir, pero también en asentamientos como Penya Negra de Crevillente o Los Saladares de Orihuela, así podrían indicarlo.

Por Arturo RUÍZ RODRÍGUEZ y Manuel MOLINOS MOLINOS
del Centro Andaluz de Arqueología Ibérica. Universidad de Jaén

Parece difícil definir la existencia de un proyecto político tartéssico vinculado a una región tan extensa: los valles del Guadalquivir y Segura, tal y como podría interpretarse a partir de la lectura del periplo masaliota de Rufo Festo Avieno, pero si hubiera sido así se habría expresado culturalmente en la construcción de una etnia, aspecto este que avalaría la arqueología del bronce final para toda el área. También las mismas fuentes dibujan un panorama donde se perfilan diferentes entidades étnicas, unas aparentemente de mayor entidad territorial, como los propios tartessios o los mastienos, y otras que parecian tener un ámbito espacial mucho más limitado como, de Oeste a Este, cinetes, elbisinos, elbestios, etmaneos o ileates, entre otros.

La interpretación de las fuentes es compleja pero no es una cuestión baladí porque de su lectura podría realizarse una doble interpretación en base a la aparente contradicción del problema étnico planteado por los autores antiguos. Podría considerarse la existencia de una fragmentación étnica primaria y un intento de creación de nuevas unidades étnicas de orden superior territorialmente hablando, entre las que podríamos situar a tartessios y mastienos o incluso en un plano superior a la propia homogeneización de toda el área como tartéssica. Pero también cabría la posibilidad de que lo que Avieno recoge como ámbito tartéssico fuera en realidad la expresión de una etnia de antiguos orígenes, la tartéssica, que precisamente a partir del siglo VII a.n.e. o incluso algo antes, comenzara a fraccionarse dando lugar a otros grupos.

La arqueología ha constatado para el siglo VIII y fundamentalmente para el VII a.n.e. cambios en los sistemas de hábitat y de ocupación del territorio que evidencian una transformación en las estructuras del sistema social del final de la Edad del Bronce. De todos los cambios, el fenómeno de la nuclearización como consecuencia de un proceso múltiple de aglomeración aldeana es posiblemente el más importante y el que mejor puede leerse desde la arqueología. Efectivamente, durante esos siglos, con algunos antecedentes en las fases previas, comienza a producirse un fenómeno de aglomeración de la población aldeana en sitios, diversos en su tipología pero que en todos los casos se plantea con un denominador común: concentración en sitios dotados de buenas posibilidades estratégicas y económicas y donde o no había ocupación anterior o si la había, salvo algunas excepciones, era muy limitada respecto a la nueva situación.

Pero si la concentración aldeana era ya un factor de transformación del paisaje de primer orden, el siguiente paso, la construcción de grandes fortificaciones y el diseño en su interior de un auténtico plan de urbanización, fue aun más sintomático de los cambios que se estaban produciendo. El espacio fortificado se convirtió en el límite que a la postre acabaría definiendo las primeras ciudades de la antigua área tartéssica (?), creando también un nuevo modelo de asentamiento: el oppidum. Este, en sí mismo, en su estructura espacial y simbólica es el nuevo marco de las relaciones que desde el siglo VI a.n.e. definen a la sociedad aristocrática ibérica. Al convertirse en la única unidad de residencia y de control del territorio, en un proceso que comenzado en la fechas indicadas no culmina hasta inicios del siglo V a.n.e. es el ámbito espacial donde se dirimieron los conflictos que aristócratas y los clientes de estos sin duda plantearon en una sociedad de marcada desigualdad con la mayoría de la población sometida al régimen de la servidumbre clientelar.

Sin embargo el proceso no fue ni simultáneo en el tiempo ni con los mismos desarrollos: los diferentes planteamientos territoriales que se observan en la Alta Andalucía pueden vincularse con las diferencias en cuanto a la organización social y desarrollo socioeconómico que se presentaban entre las antiguas étnias preibéricas. Estas pudieron haber reaccionado de manera distinta al inicio del nuevo orden que se estaba configurando. Y así, aunque no estamos en condiciones de fijar nítidamente los límites entre las distintas unidades, la arqueología nos permite una aproximación al problema a partir de la lectura de los sistemas de ocupación del territorio en el área. De hecho, en la actual Provincia de Jaén se han documentado claramente dos modelos que comenzaron a configurarse en los momentos finales del s. VII a.n.e. y que se expresaron en todo su desarrollo a lo largo del s. VI a.n.e. Las claras diferencias entre uno y otro incluso han permitido establecer la hipótesis de la existencia de una frontera que pudo ser política pero más convincentemente étnica.

El estudio de la tipología del hábitat en la actual provincia de Jaén y en la vecina de Córdoba presenta, para los momentos finales del siglo VII e inicios del VI a.n.e. cuatro formas diferentes de asentamiento:

1. Oppida: poblados dotados de potentes y complejas fortificaciones y desarrollados sistemas de urbanización, con diferente tipología y tamaño como Torrejón (en torno a 2 has), Plaza de Armas de Puente Tablas (6 has) o Cerro Villargordo (16 has) o Torreparedones (10 has), corresponderían a esta categoría.
2. Torres: asentamientos de claro carácter estratégico, fortificados y con amplia visibilidad, pensados para controlar el territorio de forma articulada con los oppida, lo que conlleva su definición como torres. Entre estas pueden citarse el Cerro de la Coronilla de Cazalilla (Ruiz et alii 1983) o la Atalaya de La Higuera.
3. Asentamientos en llano: de reducidas dimensiones, apenas 1000 metros cuadrados en algunos casos, La excavación de uno de estos sitios, las Calañas de Marmolejo (Molinos et alii 1994), ha permitido fijar la tipología de los mismos: en llano, vinculados a las mejores tierras de la Campiña y Vega del Guadalquivir y sus afluentes desde el Sur, no presentan fortificación alguna y tienen una clara vinculación al sector agrícola que se deduce de su propia ubicación y de la tecnología asociada a su cultura material, lo que impide su especialización en otras actividades productivas, como en el caso de las Calañas en la fabricación de vajillas de cerámica gris a torno.
4. Aldeas: se documentan algunos asentamientos, de pequeño tamaño pero superiores a los asentamientos en llano, en torno a 0.5 has. En general no tienen un importante control territorial aunque en algunos casos pudieron haber estado dotadas de algún sistema de defensas o incluso de fortificación.

Esta tipología se modifica sustancialmente si en el análisis introducimos factores cronológicos y espaciales más precisos que los indicados:
1. En la mitad del siglo VII a.n.e. tanto en la Campiña de Jaén, como en la de Córdoba y en el área de la Vega del Guadalquivir el poblamiento fijó un único tipo de asentamiento que puede ya definirse como oppidum en algunos casos aunque en otros, como en Torreparedones, aun no había comenzado la construcción de la fortificación: fue el momento final de la aglomeración aldeana iniciada en fases anteriores.
2. A finales del siglo VII a.n.e., coincidiendo con la formación de los oppida, se produjo en torno a este asentamiento (Murillo 1994; Molinos et alii 1994) y a otros del área occidental, la aparición de un importante número de asentamientos en llano. Este tipo de hábitat se convierte en el elemento, junto con los oppida, que más claramente caracteriza la ocupación del territorio. En la zona oriental el único tipo de asentamiento siguió siendo en exclusiva de tipo oppidum.
3. En los momentos iniciales del siglo VI o quizás en los años finales del VII a.n.e. en la zona oriental, se documenta un tipo de asentamiento que hasta este momento no había hecho su aparición en toda el área: las torres. Estas, junto con los oppida y las aldeas se distribuyeron desde el Salado de Porcuna en dirección a la Campiña jiennense, dibujando una red de relaciones visuales que permiten asegurar el carácter articulado de su distribución. En toda el área no se ha documentado ningún tipo de asentamiento agrario en llano de pequeñas dimensiones.
4. A mitad del siglo VI a.n.e. o incluso algo antes, en la zona occidental desaparecieron por completo los asentamientos en llano y se produjo una reestructuración de algunos de los grandes oppida, mientras que otros, de pequeño tamaño durante la fase anterior, lo aumentaron. No se advierten cambios en la Campiña de Jaén.
5. Durante la primera mitad del s. V a.n.e. las torres fueron abandonadas y con ellas el sistema articulado de control del territorio. El único tipo de asentamiento que pervivió fue el oppidum. Incluso algunas de las pequeñas aldeas que podrían identificarse para los momentos finales del s. VI a.C. desaparecieron.

Esta tan diferenciada definición del poblamiento a ambos lados del Arroyo Salado de Porcuna plantea varias posibilidades de interpretación. En lo que se refiere a los asentamientos en llano cabrían varias alternativas entre estas que se hubiera tratado de una colonización planteada desde oppida como Torreparedones o Montoro o incluso desde instancias políticas de orden superior, pero también cabe la posibilidad de que fuese una reacción de la familia celular ante los nuevos planteamientos de corte estamental que en la dirección de construcción del poder aristocrático se estaban produciendo en torno a las aglomeraciones aldeanas que comenzaban a perfilarse como oppida. Que el fenómeno no se produjera en la zona oriental podría relacionarse con la situación inmediatamente anterior a la construcción de los nuevos centros que sucedieron a la aglomeración aldeana y se vincularía en consecuencia una diferenciación étnica. Esta podría explicar la reacción de los oppida de la zona oriental, reacción que no tuvo que ser necesariamente consecuencia de un proyecto político sino más posiblemente una cuestión de solidaridad étnica ante el avance de los pequeños asentamientos hacia su territorio. Ello explicaría que pasado el aparente peligro y transcurridos ya algunos años, las torres fueran desmanteladas.

El paso del siglo VI al V a.n.e. supuso que, del mismo modo que en el tratamiento de la imagen había cambiado la estética de los reyes - dioses por la de los héroes, tal y como se advierte en el conjunto escultórico de Porcuna (Negueruela 1991; Ruiz 1998), en el espacio de los asentamientos, al integrar los restos de hábitat disperso -los hábitat agrarios de tipo aldeas que todavía quedaban en el territorio- en el interior de las fortificaciones, se configuró una forma de ocupación del territorio en el que la unidad de hábitat fue el oppidum. Este hecho fue indicador de una política por la que los aristócratas mostraban su poder por el numero de clientes que les rodeaban y le reconocían como reyes. Este proceso llevó a la ampliación del espacio urbanizado de los oppida, de hecho antiguas áreas abiertas del oppidum de Puente Tablas en el siglo VI a.n.e. pasaron a ser ocupadas con casas.

El urbanismo del "oppidum" de Puente Tablas deja ver tres zonas distintas en el espacio interior del sitio. En el centro de la meseta existió una trama urbana con las casas dispuestas en manzanas a lo largo de calles paralelas que corrían en dirección a la parte mas larga de la meseta, es decir de este a oeste; al este, entre la trama urbana y la muralla, se definió un espacio de carácter comunal, donde se rompía la dirección del conjunto de calles paralelas y pudieron existir estructuras como aljibes; por último al oeste, también entre el caserío y la zona que caía en pendiente sobre el río hubo una zona de carácter singular, que atribuimos al espacio de residencia aristocrático. La zona se separó además del resto de las residencias del poblado por una calle transversal a las que discurrían en dirección este - oeste, que en su proyección se dirigía a la puerta del poblado (Ruiz 1995; Ruiz y Molinos 1992).

No sabemos si el modelo que deja entrever el oppidum de Puente Tablas es generalizable a todo el territorio que hoy ocupa el Alto Guadalquivir o por el contrario este fue una excepción. Con todo, la forma amesetada del sitio giennense fue la más común en la Campiña Occidental desde el río Guadalbullón hasta el río Salado de Porcuna aunque los tamaños fueron muy distintos como demuestra la gran diferencia existente entre las dieciocho has. del cerro de Villargordo o la Ha. del Torrejón.

A diferencia del modelo de la Campiña de Jaén, al este del río Guadalbullón el patrón de asentamiento siguió un modelo de distribución longitudinal, marcado por el deambular del río Guadalquivir: Iliturgi o Cerro Maquiz en el encuentro de los ríos Guadalimar, Guadalbullón y Mengibar, Gil de Olid en Puente del Obispo, Úbeda la Vieja que se sitúa frente a la desembocadura del río Jandulilla en el Guadalquivir, Toya localizada en un punto rico en aguas entre el río Toya y el Guadiana Menor inmediatamente antes de desembocar en el Guadalquivir y Los Castellones de Mogón. En el río Guadalimar, cerca de Linares se localiza también Cástulo. A este grupo de oppida hay que sumar Cerro Alcalá en la Cabecera del río Torres.

Con la integración del hábitat disperso en los oppida durante el siglo V a.n.e. la zona oriental de Jaén tendió a un nuevo modelo de ocupación del territorio en el que lo característico fue reproducir con nuevas fundaciones de oppida el modelo del río Torres en el que existía un oppidum en la desembocadura sobre el Guadalquivir y otro en el tramo interior del río, cuanto mas próximo a la cabecera mejor, siempre que existieran condiciones aceptables para el desarrollo de la agricultura. De este modo en el río Jandulilla se fundó el oppidum" de la Loma del Perro, en el Guadiana Menor Castellones de Ceal y en el Guadalimar Giribaile.

Este proceso no fue tan simple tal y como lo muestra la fundación del santuario del cerro del Pajarillo (Molinos et alii 1998), que se situó en la cabecera misma del río Jandulilla, es decir en el lugar en el que varios subafluentes daban lugar al río. El sitio debió ser en épocas antiguas una zona lacustre y de hecho en el siglo IV a.n.e.. se documentan restos evidentes de aguas estancadas que alcanzaban hasta la misma base del cerro. Precisamente desde este punto y por la ladera de una pequeña colina se levantaba lo que hoy sin duda podemos catalogar como un espacio de culto. El área de culto se había separado del resto del espacio abierto con la construcción de un monumento, un falso frente fortificado, visualmente presidido por una torre a la que coronaba un conjunto escultórico en cuya escena principal un héroe luchaba contra un lobo ante grifos y leones que le protegían.

El monumento de El Pajarillo respondía a una cuestión política, ya que su clara definición de puerta, de control económico de una ruta que movía productos indicadores de poder y de coincidencia con un momento en que se transformó el poblamiento del valle, no son sino la suma de circunstancias que definieron el camino que las aristocracias de la zona oriental de Jaén emprendieron. De hecho a diferencia de los atomizados modelos de la Campiña en esta segunda área los programas de expansión política en el territorio fueron evidentes aun a pesar del escaso tiempo de funcionamiento del monumento de El Pajarillo.

Otros ejemplos nos lo confirman con mas detalle. Seguramente a fines del siglo V a.n.e. ya se habría iniciado un culto religioso en Despeñaperros (Prados 1994). El Collado de los Jardines que así es conocido en la actualidad es un abrigo que culmina la ladera de un cerro que se levanta sobre el mismo paso de Despeñaperros. El lugar debió de estar asociado a una fuente de agua natural. Las mismas características se repiten también, aunque parece que con una cronología algo mas tardía, mediados del siglo IV a.n.e. en el santuario de Castellar, también en el norte de la provincia de Jaén, en el Condado cerca del río Guadalimar. Los Altos del Sotillo es también un abrigo asociado a una fuente de agua natural y un punto de control de un puerto que abriría el Guadalimar hacia las vías agropecuarias que se dirigen al norte. Este papel de apertura de vías de paso entre el Valle del Guadalquivir y la Mancha, justificaría la definición romana de "Saltus Castulonense" y no de "Silva" que se dio a Sierra Morena, destacando su imagen de espacio salvaje controlable que fue aspiración desde Cicerón a Carlos III.

La cueva de la Lobera del Santuario de Castellar o de los Altos el Sotillo (Nicolini et alii 1987), al menos en el siglo III a.n.e. fue el núcleo del centro de culto y en su interior debieron depositarse o echarse los cientos de exvotos de bronce recogidos desde inicios de siglo. A la cueva se accedía por una rampa construida por grandes piedras. Se formaba así una terraza inmediatamente delante del abrigo que era la primera de otras tres que desde ella descendían hasta el llano. El urbanismo del santuario en la tercera de las terrazas no seguía un esquema de casas adosadas en manzanas o articuladas en calles, al modo que lo hemos valorado en los oppida; en realidad cada casa estaba aislada y separada de la casa dispuesta a su izquierda o a su derecha por un paso que ascendía seguramente con escalones hacia la rampa de la ultima terraza y se separaba de la casa que se situaba por encima o por debajo por su disposición en la terraza que le correspondía.

Desde el siglo III a.n.e. (Ruiz 1998) se vuelve a tener noticias de los nombres con que lo romanos conocieron a los iberos de la zona. Gracias a ello sabemos que los oretanos cubrieron el área norte de la provincia de Jaén, e incluso que, según Strabon (IV, 3, 2), Cástulo era un centro esencial. También Ptolomeo habla de los oretanos y en su lista de ciudades cita con localización segura en la provincia de Jaén los casos de Salaria en Ubeda la Vieja y Tugia en Toya, cerca de Peal de Becerro, los dos centros al sur del Valle del Guadalquivir y al este de la actual provincia. Si llegó a existir un territorio oretano parece evidente que este se dispuso al sur y al norte de Sierra Morena y por lo tanto que los santuarios se configuraron en el centro del territorio de esta etnia, posiblemente como centros de culto étnicos.

Una segunda opción se perfila si se vincula la existencia de estos centros de culto a la capacidad política del oppidum de Cástulo y no necesariamente a la existencia de un poder político territorial oretano. La etnia es una construcción histórica, por ello los oretanos pudieron haber existido con posterioridad al siglo III a.n.e.. o ser ya en ese siglo solo un residuo cultural de la etapa anterior. Este ultimo caso parece difícil de justificar por cuanto hubiera quedado reflejado el nombre en algunas de las fuentes históricas que informan sobre la configuración del panorama de los pueblos de la Península Ibérica entre los siglos VI-V a.n.e. En cambio la existencia de los oretanos o de Cástulo con anterioridad al siglo III a.n.e. no deja lugar a dudas. Los oretanos son citados en los primeros enfrentamientos entre los cartagineses y los indígenas porque un rey oretano, Orisson, fue el que programó la celada que llevó a la muerte al general cartaginés, Amilcar Barca, padre de Aníbal.

Coincide la puesta en marcha de los santuarios de Sierra Morena con un proceso que recuerda bastante la situación creada en el valle del río Jandulilla, porque precisamente en esos momentos se fundó un nuevo oppidum al noreste de Cástulo. Se trata de Giribaile un asentamiento situado en la confluencia de los ríos Guadalimar y Guadalen, en el término de Vilches (Gutiérrez 1996). La fundación del sitio coincidió con el momento en que se definió el territorio de Cástulo del mismo modo que al sur lo hizo Úbeda la Vieja con la fundación del oppidum de la Loma del Perro en el río Jandulilla o Tugia en el Guadiana Menor con la fundación de Castellones de Ceal (Chapa et alii, 1993). Es posible que estos primeros momentos partieron de un modelo territorial en cuyo límite se situaron centros de culto a héroes locales. Sin embargo mientras el modelo territorial entró en crisis en el valle del río Jandulilla, el valle del río Guadalimar, es decir el territorio de Cástulo, continuó su caracterización en el siglo III a.n.e. tal y como lo confirma el éxito de los santuarios que en ese momento alcanzaban su fase de mayor desarrollo. Es posible que el modelo fuera proyectado en su origen desde Cástulo para afirmar el control sobre su territorio, pero si paralelamente las relaciones políticas con los oretanos del norte de Sierra Morena se estrecharon, el hecho pudo llegar a reconvertir aquellos centros del gran oppidum en referente cultural de toda una etnia.

En consecuencia lo que comenzó en la parte oriental de la provincia de Jaén, por ser la proyección del modelo aristocrático sobre territorios superiores a los de los oppida, terminó en el caso al menos de Cástulo con la apertura de un proceso que pudo haber llegado a configurar territorios políticos muy amplios, identificables a nuevas etnias. La red política debió tener su base en causas religiosas, matrimoniales, militares o políticas que ampliaron la clientela, es decir la pirámide de dependencias e hicieron que los aristócratas de algunos oppida pasaran a ser clientes del aristócrata del oppidum dominante.

El resto de la zona no ha sido pródiga en información para el siglo III a.n.e. a pesar de ser escenario de la Segunda Guerra Púnica. En la Campiña de Jaén, entre el Salado de Porcuna y el río Guadalbullón, debió de continuar existiendo la amplia trama de oppida del siglo IV a.n.e. De hecho no se constatan experiencias de creación de territorios políticos superiores al oppidum y ello se deja notar porque en la zona se habla de bastetanos, que fueron los herederos directos de los mastienos que existieron en la época tartéssica y que hoy no parece posible identificarlos como un grupo con el mismo carácter étnico-político que tenían los oretanos, en suma si existieron unos bastetanos con capitalidad en Basti (Baza, Granada), como en muchas ocasiones se ha escrito, estos fueron una sección étnica.

Un grupo diferente de oppida conformado por Iliturgi, Córdoba o Ipolca y con ciertas dudas Tucci (Martos), que como Urgao (Arjona) pudo ser bastetano, formarían parte de los túrdulos. Se trataba de la zona que a fines del siglo VII a.n.e. constituyó un lado de la frontera, aquel que se situaba en parte de la provincia de Córdoba y en la Vega de río Guadalquivir y que pudo haber sobrevivido culturalmente, mientras los oppida continuaron con el sistema nuclear.
Un caso tambien complejo lo ofrece el Sur del río Guadalquivir entre las desembocaduras de los afluentes Guadiana Menor y Guadalbullón, es decir el cuadrante Suroriental de la actual provincia de Jaén. Tradicionalmente se ha indicado que centros como Tugia o Salaria eran oretanos y casos como Auringis (Puente Tablas?) Ossigi (Cerro Alcalá? entre Jimena y Mancha Real) o Mentesa Bastia (La Guardia) eran en cambio bastetanos. Sin embargo existe una referencia de Plinio sobre unos mentesanos (Plinio, III, 19) entre los oretanos y los bastetanos que no conviene olvidar. En primer lugar porque existen dos oppida llamados Mentesa Bastia, ya citado en la Guardia de Jaén y Mentesa Oretana en Villanueva de la Fuente en Ciudad Real, que si bien podían indicar por el segundo nombre su pertenencia a estos grupos étnicos sin embargo también podrían interpretarse como los centros que se nominaban por las dos etnias que les rodeaban. De hecho las tradiciones funerarias eran muy diferentes entre Cástulo y Tugia o Mentesa (Ruiz et 1992) pues el primero en el siglo IV a.n.e. contaba con monumentos sobre empedrados tumulares como en Estacar de Robarinas y el segundo grupo se caracterizaba por las tumbas de cámara o pozo como las de Toya o Castellones de Ceal. Por último hay referencias en la fuentes a un régulo ibérico, un príncipe aristócrata llamado Culchas (Livio, 28, 13; Polibio 11, 20), que gobernaba durante la segunda Guerra Púnica sobre veintiocho oppida y que participó en la guerra del lado romano sumándose con su ejercito de clientes en un punto no muy lejano a Cástulo (Ruiz 1998). La realidad es que con el desarrollo del sistema nuclear entre los siglos IV y II a. n. e. pudieron existir distintas experiencias en la gestación de las etnias, en unos casos con éxito y en otros sin desarrollo posterior.

El enigma de la maldición de los faraones

El enigma de la maldición de los faraones

REINADO DE AMENOFIS IV / AKENATON (1353-1335 a.C)

¿Cómo era Amenofis IV?: Las imágenes que han llegado hasta nosotros en estatuas y bajorrelieves nos lo representan con un cráneo de forma extraña, calificado por algunos autores de hidrocéfalo. En realidad lo que tenía era una platicefalia en su parte superior y una notable protrusión del occipital, que a veces hemos encontrado nosotros en antiguos cráneos de arévacos y en somalíes y que hemos llamado "moño". Tenía la raíz muy prominente, la frente deprimida, los ojos muy grandes, almendrados, la mirada dulce y soñadora, los labios gruesos con un cierto gesto huraño. El mentón notablemente alargado, saliente, adaptado a un cuello delgado y largo. Ninguno de los textos nos dice si tuvo una voz ronca y sonora, profunda, pero si fuese así, con el aspecto de la cara podría tratarse de un acromegálico.

Por Prof. José Manuel Reverte Coma
Museo de Antropología Médico-Forense Paleopatología y Criminalística

Mariette, el famoso arqueólogo, creía que era eunuco, y algunos egiptólogos tenían la impresión de que era una mujer por el aspecto con que lo presentan ciertos bajorrelieves. Pero ciertas tablillas halladas en Tel-el-Amarna confirman su identidad masculina. Según los estudios realizados, padecía tuberculosis y epilepsía.

Petrie, entre los escombros del Palacio, encontró la mascarilla mortuoria de Amenofis IV, hecha en yeso fino. Dedujo que le habían vaciado el rostro para dar exactitud a su escultura. Elliot Smith que estudió su cráneo, señaló que por su conformación correspondía a un epiléptico y reformador religioso. Era la época en que estaban el auge las teorías de Gall y Lombroso.

Ya en el poder, al tercer año de su reinado, se casó con la hija del Rey de Mitani, TADUKIPA, una exótica belleza oriental de 12 años que vino en una caravana de camellos, cargando una dote propia de un cuento de las Mil y Una Noches. Amenofis IV nada más verla se enamoró profundamente de ella y le asignó un nuevo nombre en egipcio, NEFERTITI ("La Bella que llega"), con el que la conoce la Historia.

En el año sexto de su reinado y de común acuerdo con Nefertiti, decide emprender la reforma que su padre no pudo llevar a cabo. Había meditado mucho. Desde su infancia era un poeta, un soñador, y estaba entusiasmado con el proyecto de su padre. Mucho le animó a llevar a cabo la reforma, HOREMHEB que fué favorito de su padre, y Jefe militar de su guardia, y que ahora era la eminencia gris detrás del trono, junto con AY, que era el administrador del real tesoro.
Decide pues, de un plumazo acabar con el politeísmo y la idolatría tradicional en Egipto. Establece el culto a Aton, nombre del sol en egipcio, como Dios único. La nueva religión monoteísta se basaba en el amor, la fraternidad, la paz, que debían substituir a la guerra, la superstición, la hechicería y la idolatría.

Cambia su nombre de AMENOFIS por el de AKENATON, en honor al sol. Su "Canto al Sol", poema dedicado al dios único, es una pieza extraordinaria de la literatura religiosa. Profundizó en los estudios filosóficos de su tiempo y tuvo la visión de un mundo superior creado por un solo Dios todopoderoso manifestado a través del Sol, fuente de vida, padre-madre de todo lo creado.

AKENATON ha sido por todo ello considerado como uno de los primeros reformadores religiosos de la Humanidad.
Pero la reforma religiosa tenía que ir acompañada de una profunda reforma política y social. Comienza por apartar de Tebas la capitalidad y para ello elige un lugar adecuado, lejos de la odiada Tebas, y a orillas del Nilo, levanta una nueva ciudad a la que llama KHUNIATONU, "La Ciudad del Sol", "La Ciudad del Horizonte de Tum", hoy conocida con el nombre moderno de Tell-el-Amarna

Por medio de un decreto, trató de que los sacerdotes se pusieran a tono con la nueva ideología, pero se rieron de él. Como respuesta, HOREMHEB ordena la detención de un sacerdote, sobrino del Sumo Pontífice BEKANCOS, que había estafado a una pobre mujer vendiéndole a precio abusivo un ejemplar del "Libro de los Muertos" que deseaba colocar en la tumba de su esposo. El detenido fué juzgado, condenado a muerte y ejecutado.

Akenatón funda en Nubia la ciudad de GENIATON ("La que encuentra a Tum") y en Palestina, cerca de Jerusalem, la de KHONIOTONU, con la idea de extender su religión monoteísta fuera de las fronteras de Egipto.

Reunió el Faraón a la Corte y dignatarios del Imperio, presidiendo la reunión con su esposa Nefertiti, protegido y respaldado por Horemheb y les dirigió el siguiente mensaje: "¡Egipcios! Desde que llevo esta corona estoy sometiendo a revisión todo lo existente en nuestro país. Nuestro pueblo se halla prisionero de la idolatría y rinde homenaje a un ejército de dioses sujetos a Amon, cuyo sumo sacerdote es Bekancos. Pero yo declaro que no hay ninguna divinidad que quiera ser honrada con sangre, muerte y sacrificios. Apartaos del culto de los dioses. Sólo hay un Dios que se halla por encima de todo y que rige nuestros destinos: ¡Nuestro dios Atón! Dios es el Sol, el Sol mismo, que da vida a todas las cosas. Abjurad del dios Amon y de sus ídolos y seguid mi doctrina. Seamos iguales todos los hombres antes de que la muerte nos iguale. Las escuelas de sacerdotes serán cerradas. Los sacerdotes no fueron nunca servidores de dios. Sus doctrinas son erróneas y hay que apartarse de ellos. Cerraré todos los templos de Amon que son fuente de ingresos para los sacerdotes. Me incautaré de todos sus astilleros y buques, de sus talleres y canteras, de todas sus tierras y graneros y de todo el ganado que en su afán de dominio han llegado a formar un estado dentro del estado. Los sacerdotes podrán ser ahora demandados y llevados ante los Tribunales".
Nadie se atrevió jamás a tanto contra una casta tan poderosa.

Después de un largo discurso terminó con estas palabras: "En prueba de mi devoción a Aton, he resuelto cambiar mi nombre y llamarme en lo sucesivo AKENATON "El que vive de la Verdad", en honor al dios uno".

A esta declaración de principios siguieron revueltas, saqueos, robos, asaltos. El populacho al sentirse liberado del yugo sacerdotal, atacó a los grandes y poderosos, penetró en los harenes, violó a las mujeres. El ejército, manejado por Horemheb, pronto restableció el orden.

Akenaton rechazó toda colaboración con la nobleza y eligió y seleccionó a sus colaboradores entre las clases inferiores de la sociedad. En una tumba de Tell-el-Amarna se puede leer: "Su Magestad elige a los humildes para convertirlos en príncipes". Ordena a sus obreros decapitar las estatuas de Amón y martillar su efigie hasta en las tumbas.
El arte se modifica, se libera de los rígidos cánones tradicionales. Expresión de ello es la bella escultura que nos ha dejado Egipto, el busto de Nefertiti, obra maestra de la antigüedad. La libertad de expresión artística conduce al realismo y al naturalismo. El arte de Tell-el-Amarna es un arte nuevo, es la Naturaleza misma trasladada a elementos plásticos. Los nuevos vientos que soplan en Egipto han cambiado hasta los colores.

El nuevo Faraón prohibe a su pueblo que se arrodille y se humille ante él. Recorre los campos con su esposa, confraterniza y se mezcla con los fellahs, los anima en su tarea, él mismo abandona toda pompa en sus vestidos. Establece el matrimonio monógamo. Elimina todo tipo de ceremonial tanto en la Corte como en la religión. Prohibe el fasto y los costosos desfiles. Una de sus frases que ha llegado hasta nosotros es: "Viviendo recta y honradamente es como se honra a Dios". Ha sido un giro copernicano el que ha dado a la Historia. Da orden de abolir la esclavitud y exhorta a los pobres, siervos y desvalidos a luchar por Aton cuya victoria significa la desaparición de la injusticia, crónica en Egipto. Aconseja a la mujeres que sólo parieran dos hijos y se concentrasen en su cuidado. Se convierte en el primer ecologista del mundo y protector de los animales, prohibiendo la caza masiva.

Su vida está de acuerdo con sus predicaciones. Come y viste con sencillez. Dedicó el capital que antes se utilizaba para construcciones suntuarias a construir viviendas para el pueblo. Dictó leyes sanitarias prohibiendo convivir hombres y animales en la misma casa. Ordena construir cocinas dentro de las viviendas, cada una de las cuales tiene que disponer de un retrete evitando así la costumbre de hacer necesidades en cualquier rincón.

Construyó en El Amarna la primera colonia para trabajadores en la Historia del Mundo. Como remate de sus revolucionarias reformas, disolvió el Ejército y no volvió a pagar soldados.

La riqueza inmobiliaria, las tierras, todo estaba en manos de los sacerdotes de Amon y de los templos o de los dignatarios de la Corte. Por un solo decreto eliminó aquel sistema de propiedad, repartiendo la tierra entre labradores y colonos. A los ricos les dejó una porción de sus antiguas posesiones que les sirviese para vivir. Pero ahora tenían que pagar impuestos como todo el mundo. Prohibió la mendicidad y persiguió a astrólogos, hechiceros y adivinos.
Pero la libertad así tan de improviso, era fruta desconocida para el pueblo egipcio y produjo estupefacción. No sabían qué hacer con ella. Eran muchos milenios de tradiciones, costumbres e ideas y una cosa es querer y otra poder hacer las cosas. A veces los mayores beneficiarios iban a ser sus mayores críticos. Además, el enemigo no había sido destruído. Los sacerdotes se dedicaron a sabotear el proceso reformador. La prohibición de quemar incienso ante los dioses, acabó con el trato comercial de esta substancia. Esto creó un descontento entre los marineros de los barcos que traficaban con Oriente y entre los comerciantes.

Aprovechando las reformas, los países sometidos se sublevaron, las tropas de ocupación regresaron y con ellas la lacra de los Gobernadores, Virreyes y burócratas.

Los antiguos partidarios de Amón se unieron en un partido opositor y comenzaron las luchas callejeras. Los sacerdotes, los antiguos ricos y cortesanos formaron el partido de AMON. Los plebeyos, los esclavos y los fellahs formaron el de ATON. Los sacerdotes tenían escondidas reservas de riquezas con las que contrataron mercenarios de Nubia y Siria y declararon la guerra santa. La lucha de clases se convierte en incendios, venganzas y muertes. El Nilo se tiñó de rojo. Era la guerra civil. De nada sirvieron las palabras de Akenaton. Tomaron sus discursos por debilidad. Todos los que creyeron un día en sus reformas fueron abandonándole. Y él se quedó sólo con su arpa, sus sueños, su epilepsía y sus oraciones a Aton. Y su propio médico de cabecera, hombre de toda su confianza, le administró la copa de veneno proporcionada por los sacerdotes.

Las últimas palabras del Faraón fueron: "El reino de lo eterno no tiene sitio dentro de los límites de lo terreno. Todo será como era antes. El terror, el odio y la injusticia volverán a gobernar el mundo y los hombres tendrán que volver a sufrirlo. Hubiera sido mejor para mí no haber nacido nunca pues así no hubiera visto cuánta maldad hay en la tierra".
Tras el asesinato de AKENATON, surgió el eterno problema de la lucha por el poder. Los del partido de Amon querían poner al sumo sacerdote Bekancos en el trono iniciando así una nueva dinastía. Pero Nefertiti y Horemheb con el ejército que le quedaba, impusieron su criterio, ayudados por AY, que había sido y seguía siendo Director del Sello con Akenaton, recaudador general y Administrador del Tesoro Real.

Akenaton había tenido de su primer matrimonio con Nefertiti seis hijas y ningún varón. Buscando descendencia masculina, casó con otra mujer de su antiguo harem que le dió dos hijos varones: SMENKHARE y TUT-ANKH-ATON. Ambos fueron niños enfermizos.

El primero, SMENKHARE, casó a los 14 años con su hermanastra MERITATON, primera hija de Nefertiti. Fué corregente con Akenaton y al morir quedó como Faraón en plena guerra civil. Reinó de 1335 a 1333, año en que murió. Pasó sin pena ni gloria.

REINADO DE TUT-ANKH-AMON

Entonces, nuevamente Nefertiti apoyada por Ay y Horemheb, impusieron al segundo hijo varón de Akenaton, al niño TUT-ANKH-ATON que tenía 12 años y al que casaron con otra de sus hermanastras, la tercera hija de Nefertiti, ANKES-ATON que tenía 9 años. Era la forma de que pudiera subir al trono, pues su madre no había sido de sangre real como ya había señalado Maspero, el Director del Museo de Arqueología de El Cairo y luego confirmaría Carter. Aquello era mejor que crear una nueva dinastía, lo que no hubiese sido bien visto por el pueblo.

TUT-ANKH-ATON, que significa "la imagen viviente de Aton", a sus 12 años no podía mandar ni disponer mucho, así que fueron Ay, Horemheb y Nefertiti los que pactaron con los sacerdotes, haciendo restablecer el culto a Amon y devolviendo al clero sus prebendas y beneficios. Para tranquilizarlos más cambiarían el nombre de los monarcas por los de TUT-ANKH-AMON ("imagen viviente de Amón") y ANKH-ES-AMON.

La ciudad de Tell-el-Amarna fué abandonada y la corte se trasladó de nuevo a Tebas. La memoria del "hereje" fué perseguida y su nombre borrado de todas partes. Le negaron hasta el derecho de tener una tumba propia. Sin embargo, TUT-ANKH-AMON, llevó consigo a Tebas el cadáver embalsamado de su padre, para enterrarlo en el Valle de los Reyes, junto con su madre Tii. En 1891, Barsanti, excavando en el Valle descubrirá esta momia, que trasladó al Museo de El Cairo, donde la estudió Elliot Smith detrminando que tenía 30 años cuando murió.

Como compensación a la aceptación del nuevo Faraón por el clero egipcio, éste le exigió un decreto solemne condenando la herejía y restituyéndoles el poder oficialmente. Y el Faraón-niño firma el famoso Decreto del año IV de su reinado, que se conservó en granito de Karnak para la posteridad en la estela llamada de "La Restauración de los Templos" fechada en 1347 a.C., día 19 del 4º mes de la inundación (más o menos el 4 de noviembre).

El Faraón fué consagrado "Hijo de Amón" por el Sumo Sacerdote que le odiaba por ser hijo de Akenatón, el Faraón "hereje" y posteriormente es proclamado Rey del Alto y Bajo Egipto.

Pero la venganza de los sacerdotes y del ejército vencedores no se hizo esperar. La represión fué brutal. Hubo crucifixiones, piras humanas, torturas y se instaló de nuevo la esclavitud además de los oráculos, las hechicerías, los gastos suntuosos y los harenes.

Horemheb organizó una expedición militar a los países antiguamente sometidos y volvió a dominarlos. Este extraño egipcio, de familia real (su madre era hija del primer matrimonio de Amenofis III con una de sus hermanas), tuvo, como señala Tabouis "la habilidad política de saber cambiar de dioses, de dueño, de ideas y de moral. Fué un gran ambicioso que supo esperar su momento y hacer coincidir sus apetitos y sus intereses con el interés de la nación". Sus triunfos militares le granjearon la simpatía de todos, ejército, pueblo y Faraón. Y cuando llegó su momento, a la muerte de Tutankhamón, personalmente atravesó el pecho del sumo sacerdote Bekancos con su espada. Bekancos pretendía casarse con Nefertiti y erigirse en Faraón. Horemheb no se lo permitió y fué él quien se casó con Nefertiti y se coronó Faraón comenzando una nueva dinastía, la XIX. La Historia no lo dice, pero la muerte de Tutankhamón se podría atribuir a él.

¿Cómo murió Tutankhamón? Según los jeroglíficos hallados y traducidos, murió a los 18 años "en forma inesperada", cuando nadie podía pensar que esto podía suceder. La hipótesis del crimen se planteó enseguida por los arqueólogos.
Es un enigma que la Historia no nos ha desvelado claramente. Sólo podemos saber lo que se deduce del estudio de sus restos momificados. Desroches en 1963 señalaba que de estos estudios sobre la momia del Faraón no se pudo hallar nada que permitiese creer en esta hipótesis. Pero posteriormente, Harrison y su equipo parecen deducir que hubo un traumatismo de cráneo.

Por la edad a que murió, Tutankhamón no tuvo tiempo de hacerse construir una sepultura como hacían todos los Faraones en cuanto subían al trono. Por eso la sepultura de éste fué "improvisada" aunque muy bien construída y depositados en ella los tesoros fabulosos del monarca, más las ofrendas de sus partidarios y allegados.

Horemheb a su subida al trono organizaría otra terrible e implacable purga y sería el mayor iconoclasta de los faraones que le precedieron, tratando de borrar su recuerdo destruyendo sus estelas, nombres, cartuchos, estatuas y ordenando la eliminación de los partidarios de los antiguos monarcas.
Pero en la guardia que antes mandaba Horemheb había un oficial de estirpe real, llamado Ramsés, que había sido fiel sacerdote de Bekancos. Este oficial obtuvo la confianza del Ejército y esperó también "su momento". Y cuando después de 12 años de reinado de Horemheb estalló una revuelta sangrienta, Ramsés depuso a Horemheb y se instaló en el trono con el nombre de Ramsés I.

HOWARD CARTER Y LORD CARNARVON

La historia de Howard Carter comienza en Londres donde nació el 9 de mayo 1874, último de 11 hijos de una modesta familia compuesta por su padre Samuel John Carter, pintor y dibujante del Illustrated London News y su madre, Martha Joyce Sands. Su educación fué mínima, lo que siempre produjo en Carter problemas de ajuste emocional. Pero su habilidad como artista heredada y aprendida de su padre fué tan extraordinaria que el egiptólogo Percy Newberry le contrató para ir a Egipto a copiar los murales de Beni Hasan y Deir-el-Dersha. Comenzó también a excavar y a aprender Egiptología con Flinders Petrie. Pasaría así seis años copiando inscripciones y dibujos egipcios en Deir-el-Bahari. Conoció al gran egiptólogo francés Gaston Maspero, Jefe del Servicio de Antigüedades egipcias quien al ver la valía del joven Carter le nombró Inspector General de Monumentos del Alto Egipto en 1900. Trabajó después por cuenta del norteamericano Theodore Davis, que había descubierto varias tumbas en el Valle de los Reyes, entre ellas la de Tutmosis IV y así se fué desarrollando su pasión por aquella inhóspita región que le atraía en forma inevitable.

Sus intervenciones enérgicas como Inspector le granjearon muchas simpatías y respeto entre los trabajadores de las excavaciones, pero también roces con la Administración y los turistas, plaga que no soportaba y en cierta ocasión que se le exigió que pidiera excusas a un grupo de éstos que en el curso de una visita en estado de embriaguez habían cometido múltiples sinrazones, se negó en redondo prefiriendo renunciar a su puesto, cosa que hizo.

Obligado a sobrevivir, se dedicó a pintar cuadros en El Cairo y a venderlos. Pero el panorama de su vida cambia cuando Maspero que le apreciaba mucho y conocía su extraordinaria valía, le recomienda a Lord Carnarvon, que quería patrocinar algunas excavaciones. Maspero indicó al adinerado inglés que no había nadie en Egipto que hiciese mejor el trabajo de dirigir unas excavaciones que Carter. Y a partir de ese momento se produce una estrecha amistad entre el patrocinador Lord Carnarvon y el egiptólogo, Howard Carter, quien ya estaba dominado por una idea fija y obsesiva: "Encontrar la tumba del Faraón TUT-ANKH-AMON en el Valle de los Reyes".

En cuanto a George Edward Stanhope Molineux Herbert, quinto Conde de Carnarvon, era el clásico Lord inglés que a la muerte de su padre hereda una enorme hacienda y que no sabe cómo gastar el dinero. Viaja por el mundo entero, se aburre, de dedica a navegar y luego le apasiona el deporte naciente del automóvil y acaba por tener un serio accidente el año 1901 en Alemania. Vuelca el coche, queda atrapado debajo y sin conocimiento y aparentemente sin vida. Pero la ayuda de su chófer le hace revivir y es trasladado a un Hospital. Quedó tan maltrecho que hubo de sufrir repetidas intervenciones quirúrgicas para restaurar sus huesos rotos no quedando nunca en buen estado de salud a partir de entonces. Sus médicos le recomendaron convalecer en un lugar seco que mejorara su aparato respiratorio afectado por el accidente y sus dolores articulares. Marcha entonces a Egipto donde se apasiona por el país y por las excavaciones. Fué allí donde Gaston Maspero le recomendó que contratase los servicios de Howard Carter.

Comienzan a explorar tumbas en Gurneh, donde halla la tumba de Tetiky, un Alcalde Tebas de la XVIII dinastía y otra serie de interesantes tumbas en las que hallan documentos valiosos para la Egiptología. Sus trabajos se resumen en una obra: "Cinco años de exploraciones en Tebas" (1907-1911). Luego excava en el Delta, pero una invasión de culebras y la escasez de hallazgos les obligan abandonar el lugar.

Sus conexiones con los Museos Arqueológicos y de Arte de Inglaterra y los Estados Unidos, les permiten hacer buenos negocios con la venta de piezas arqueológicas que compensan las inversiones de capital hecha por Lord Carnarvon. Además logró éste reunir una valiosa colección egipcia de más de 1.200 piezas. Después de su muerte, su viuda Lady Almina la venderá al Metropolitan Museum of Art de Nueva York por la suma de 145.000 $ USA.

Con motivo del abandono de la concesión que tenía Theodore Davis, abogado norteamericano dedicado a las excavaciones arqueológicas en Egipto en el Valle de los Reyes, con quien había trabajado Carter una temporada, quedó libre la concesión. El año 1915 se hacen con ella Lord Carnarvon y Carter y comienzan a partir de entonces sus largas exploraciones de varios años, que continuaron a pesar de que todos los arqueólogos aseguraban que allí no se podía encontrar nada de interés. Pero la constancia y la perseverancia de Carter, le llevan a descubrir la ansiada tumba de TUTANKHAMON el año 1922.

EQUIPO COLABORADOR DE CARTER

Carter estuvo bien acompañado en sus excavaciones y en el estudio de la tumba de Tutankhamón. El Director de la Sección egipcia del Metropolitan Museum of Art de Nueva York, Dr. Lythgoe, le cedió su mejor fotógrafo, Harry Burton. Telegrafió a Carter: "Muy contento de ayudarle de cualquier modo. Ruego disponga de Burton y de cada uno de mis colaboradores". Se agregaron al equipo los dibujantes Lindley F. Hall, Walter Hauser y Arthur A. Mace, Director de la excavaciones que se llevaban a cabo en las pirámides de Lischt, todos ellos del Metropolitan Museum.

El Dr. Alfred Lucas, de la Sección egipcia de Química del Museo de El Cairo se unió a ellos. Más tarde escribiría una obra: "La Química en la tumba". El Prof. Alan Henderson Gardiner, grafólogo, se concentró en las inscripciones. El Prof. James H. Breasted de la Universidad de Chicago se encargó de los aspectos históricos de los sellos en los que era especialista. El Dr. Saleh Bey Hamdi de Alejandría y el Dr. Douglas E. Derry se encargaron de examinar la momia. Percy E. Newberry estudió las flores secas que acompañaban a la momia, determinando su especie y la época del año en que florecieron para saber en qué tiempo se enterró al Faraón. Hizo lo mismo con los frutos que aparecieron. De todo ello pudo deducir que Tutankhamón fué enterrado entre marzo y abril. Otros materiales fueron examinados por Alexander Scott y H.J. Plenderleith del British Museum.

Con este equipo estaba garantizado un estudio científico detallado para los medios de que se disponía en aquellos años.

Como ayudantes de confianza, Carter tuvo en todo momento a Arthur. R. Callender, a Astor y Bruère.

Battiscombe Gunn se dedicaría al estudio de los "óstraka". L.A. Boodle botánico de los Kew Gardens colaboraría también en la identificación de plantas y frutos. James R. Ogden, joyero inglés, estudió los trabajos en oro y piedras semipreciosas. G.F. Hulme de la Inspección geológica de Egipto intervino también estudiando los terrenos. Richard Adamson. sargento en activo, fué el Jefe de los guardias que cuidaron la tumba en todo momento.

HALLAZGO DE LA TUMBA Nº 62 DEL VALLE DE LOS REYES

"Llegué a Luxor el 28 de octubre de 1922 y el 1º de noviembre ya había reclutado a mis obreros y estaba dispuesto a poner manos a la obra. Nuestras búsquedas anteriores se habían efectuado en el ángulo Noreste de la tumba de Ramsés VI y a partir de este lugar empecé a excavar en dirección Sur".

"Conviene recordar que en esta zona había gran número de chozas de obreros, las cuales habían sido utilizadas probablemente por los peones que construyeron la tumba de Ramsés VI".

Así escribe Carter en su obra "Cómo descubrí el tesoro de Tutankhamón". Carter excavó los 90 cm de tierra sobre los que fueron construídas las chozas. Al llegar a la excavación el día 4 de noviembre, le sorprendió un silencio poco habitual entre los hombres que habían parado el trabajo. Algo extraordinario había sucedido. Habían encontrado una trinchera excavada en la roca en forma de escalera. Siguieron los trabajos y el 5 de noviembre se había despejado la escalera. Era la entrada de una tumba. Al pie de los 16 escalones descubiertos había "una puerta cerrada, enyesada y sellada". Carter hizo un orificio debajo del dintel para introducir una linterna eléctrica y vió...un pasillo lleno de piedras y escombros casi hasta el techo.

"Tuve que hacer un esfuerzo para contenerme y no derribar la puerta y empezar a buscar por todas partes. Había una cosa que me intrigaba: la entrada de la tumba era mucho más estrecha que las de las demás tumbas del Valle. El estilo arquitectónico era sin duda alguna, el de la dinastía XVIII".

Carter volvió a cerrar la abertura y mandó cubrir la excavación poniendo vigilantes permanentes en el lugar. Dice en sus memorias: "Lord Carnarvon se hallaba en Inglaterra y tenía el deber de esperar su regreso". Al día siguiente le envía el siguiente telegrama:

"Por fin hemos hecho maravilloso descubrimiento en el Valle; tumba espléndida con sellos intactos. Hemos vuelto a cubrir la excavación hasta su regreso. Enhorabuena" (6 nov 1922).

20 noviembre: Llega Lord Carnarvon con su hija Lady Evelyn Herbert, su fiel compañera en estas expediciones arqueológicas.

25 noviembre: Fotografían los sellos y los rompen. Retiran las grandes piedras que tapiaban el pasillo. Retiran los escombros. Era un pasillo en pendiente. Carter se dió cuenta inmediatamente de que la tumba había sido violada varias veces en tiempos muy remotos. Recuperó fragmentos de vasijas rotas, objetos pequeños, varias ánforas que debieron ser utilizadas para la mezcla del yeso utilizado para cerrar la puerta.

26 noviembre: Fué el gran día. Dice Carter "Fué el día más hermoso de mi vida, hasta el punto que no creo volver a vivir otro semejante". A 10 metros de la primera puerta había otra, réplica de la anterior y sellada también. Con toda claridad vió que era "El sello de Tutankhamón" y de la necrópolis real. Se veía que la tumba había sido violada y vuelta a sellar, probablemente poco después del entierro del Faraón.

Carter abrió una pequeña brecha en el ángulo superior izquierdo de la puerta. Encendió unas velas para ver si el aire era tóxico. Comprobó que no lo era. Ensanchó la abertura. Introdujo la vela. Cuando se habituó a la obscuridad del recinto que había al otro lado comenzó a ver los objetos que salían de las sombras después de más de 3.000 años. Había una profusión de estatuas de oro, animales extraños, vasijas fabulosas, piezas muy variadas, todo resplandeciente. Quedó sin habla. Carnarvon preguntó:

- "¿Ve Usted algo?"
- "Sí, cosas maravillosas" replicó Carter.

Ensancharon el agujero, introdujeron una antorcha eléctrica. "Imposible evaluar el tesoro que había ante nosotros, pero el efecto era asombroso, anonadante" dirá Carter. "Tratábase de un Museo, de un aposento amueblado con los objetos más diversos, algunos de ellos familiares, otros jamás vistos, amontonados unos sobre otros, en una profusión aparentemente infinita". Carter estaba extasiado... Observó que había otra puerta en aquella fabulosa sala, entre dos estatuas de tamaño natural. Decidieron terminar por aquel día el trabajo. Cerraron la abertura, aseguraron con cerrojo la reja de madera expresamente fabricada por ellos, pusieron guardianes seleccionados ante la reja y regresaron al Valle silenciosos y emocionados.

27 noviembre: A la mañana siguiente, Carnarvon, Evelyn y Carter se dedicaron a estudiar la antecámara y tendieron un cable para llevar luz eléctrica al interior.

La puerta que tanto les intrigó, flanqueada por las dos estatuas, se veía que había sido perforada como para dejar pasar a un niño y luego cerrada y sellada de nuevo. Alguien hacía miles de años les había precedido. Con un poderoso acto de voluntad científica decidieron no abrir aquella nueva puerta hasta que no estuviesen catalogados y guardados todos los objetos de la antecámara.

700 piezas había en la antecámara. Con gran cuidado fueron numerando, catalogando y fotografiando cada una de ellas para luego trasladarlas a la vecina tumba de Ramsés XI, que utilizaron como almacén de herramientas y para guardar los hallazgos de menor importancia. La tumba de Seti II fué utilizada como Laboratorio de Conservación y restauración y como Laboratorio fotográfico. La tumba 55 fué utilizada como cámara obscura por Harry Burton para revelado de fotografías.

Prepararon con sumo cuidado el momento de la apertura de la puerta de la cámara. Fueron invitadas diversas personalidades a aquel acto oficial, para lo cual dispusieron una serie de filas de sillas en la antecámara como si fuese un teatro. El London Times tuvo la exclusiva de la información. Los invitados fueron: Halim Bajá Soliman, Ministro de Obras Públicas, Pierre Lacau, Director General de la Administración de Antigüedades, Sir William Garstin, Sir Charles Tust, Lithgoe, Director de la Sección de Egiptología del Metropolitan Museum de Nueva York, Prof. Breasted, Dr. Alan Gardiner, Winlock, Mervin Herbert, Richard Bethell, Mr. Engelbach, Inspector de la Administración de Antigüedades, Bey Fahmy Gobernador de la provincia y Sir Lee Stack Sirdah, Comandante del Ejército egipcio.

Llegado el momento, Carter y uno de sus ayudantes fueron cuidadosamente rompiendo la puerta, sacando con mucho cuidado los trozos de muro, y por fin entraron en la cámara siguiente donde encontraron una capilla o féretro recubierta de oro y pinturas. Medía 5.20 x 3.35 x 2.75 m. y era una de las más bellas obras del arte egipcio. Tenía puertas aseguradas con cerrojos sellados. Carter escribiría después lo que dijo en aquel momento: "He hallado a Tutankhamón, esto es seguro, y creo que...intacto". Le temblaban las manos cuando descorrió el cerrojo. Abrieron las puertas y apareció una segunda capilla dentro de la primera, dorada, con incrustaciones azules. También tenía cerrojos con sus respectivos sellos. Uno de éstos intacto, tenía el nombre de Tutankhamón y el chacal recostado sobre los nueve enemigos de Egipto. Resplandecían las capillas de oro y sus decorados con escenas del "Libro de los muertos". Lo que había detrás de aquellas puertas nadie lo había visto en más de 3.000 años. Carter ya no dudaba. Allí se encontraban los restos del Monarca. Las capillas estaban intactas. Los violadores no habían llegado hasta allí. Hasta cuatro capillas fué abriendo Carter, una dentro de otra.

Al abrir los cerrojos de la última y romper su sello "apareció un enorme sarcófago monolítico, intacto, de cuarzo amarillo".

Carter decidió desmontar las capillas siguiendo el orden inverso al que debieron seguir los que enterraron al Faraón. Así se podría estudiar el sarcófago sin dificultades. Una vez que éste estuvo aislado, por medio de una polea y cuerdas se levantó la pesada tapa, una losa de 1.250 Kg. En su interior había unos lienzos de lino que se retiraron y... "un grito de asombro brotó de nuestros labios...Todo el interior del sarcófago estaba ocupado por la efigie del joven monarca, una efigie de factura admirable".

Era un segundo sarcófago dentro del primero, que medía 2.75 x 1.50 x 1.50 m. y reposaba sobre un catafalco bajo que representaba a un león. Las manos y la cabeza del Rey estaban cubiertas de oro macizo delicadamente repujado. Las manos cruzadas sobre el pecho sostenían los emblemas reales, cayado y flagelo, con bellos adornos. Rostro y facciones exquisitamente modelados sobre panes de oro. Los ojos de aragonita y obsidiana, las cejas y párpados de lapislázuli. En la frente, dos emblemas: la cobra y el buitre, símbolos del Bajo y Alto Egipto. Unas flores marchitas formaban una a manera de corona. ¡Flores de hacía más de 3.000 años colocadas seguramente por la joven viuda del Rey! Parecía aún oirse el paso de las plañideras que acompañaban al cortejo que trajo hasta aquel lugar la momia de Tutankhamón.

Había una frase grabada sobre el ataúd: "Oh Madre de la noche, extiende sobre nosotros tus alas, como las estrellas eternas!".

Burton iba tomando fotografías.

El trabajo de extracción de los sarcófagos que estaban uno embutido en otro, fué lento, muy laborioso y no exento de contratiempos, que se agravaron por la actitud del Servicio de Antigüedades que llegó a suspender los trabajos, retirar a Carter su licencia de excavar y todo ello complicado con la situación política mundial. La Guerra mundial de 1914-1918 había terminado, pero se sufrían las consecuencias políticas, el nacionalismo exaltado del país, la actitud de los egipcios que veían a los ingleses con malos ojos, sobre todo a quienes se llevaban sus tesoros.

Pero tras el hallazgo de las capillas y los sarcófagos, los exploradores se dieron cuenta de que en la recámara de la momia había otra puerta más pequeña, cerrada como las anteriores, que conducía a otra cámara pequeña. A Carter le bastó una simple ojeada para comprender que en su interior se hallaban "los mayores tesoros de la tumba". No es extraño que el hallazgo de la tumba de Tutankhamón fuese calificado como el más grande registrado en toda la Historia de la Arqueología.
Por fin, y después de muchos sinsabores, entre los cuales no fué el menor la muerte de Lord Carnarvon, Carter y sus ayudantes consiguieron abrir el segundo sarcófago y dentro había algo increíble...¡otro tercer sarcófago de oro macizo! que medía 1.85 m de longitud con un espesor de 2.5 mm de oro puro.

Entre el segundo y el tercer sarcófagos había una masa negra, sólida, endurecida por el tiempo, como pez. Eran resinas y ungüentos que habían sido extendidos para proteger mejor la momia del Faraón. Levantada la tapa de oro del último sarcófago, apareció por fin la momia de TUTANKHAMON.

Carter recordando aquel instante escribe: "En tales momentos se pierde el habla". Tuvieron que utilizar la acción del calor, una elevada temperatura de 500º para que se pudiera separar un sarcófago del otro.
El traslado de las piezas halladas en la tumba fué una de las operaciones más delicadas. Después de catalogadas, fotografiadas y restauradas o limpiadas, fueron embaladas con todas las precauciones y llevadas hasta el barco que las esperaba para llevarlas al Museo de El Cairo. Desde la tumba hasta el río tenían que recorrer 1.500 metros por tierra accidentada. Para evitar golpes y vibraciones, Carter consiguió unas vagonetas sobre rieles, pero el Servicio de Antigüedades le dió tan pocos que tuvieron que hacerlo en varios tiempos, y a medida que avanzaban, tenían que desarmar los rieles de la parte posterior y ponerlos delante. Así hasta que llegaron al río Nilo.

LA AUTOPSIA DE LA MOMIA DE TUTANKHAMON

Una vez abierto el tercer sarcófago de oro puro, apareció la momia del Rey envuelta en vendas de lino. La cabeza estaba cubierta por una máscara que era el retrato exacto del rey en vida.

El 11 de noviembre de 1923 a las 9.45 a.m. el Dr. Douglas E. Derry, Profesor de Anatomía de la Universidad de El Cairo, ayudado por el Dr. Saleh Bey Hamdi, de Alejandría, dieron comienzo a la autopsia de la momia. Con ellos estaban Carter, el fotógrafo Harry Burton que fué tomando placas de cada momento importante del acto, Alfred Lucas y varios invitados egipcios y europeos.

Las vendas de lino estaban tan frágiles a causa de los ungüentos aplicados que hubo que extender una capa de parafina líquida sobre ellas para preservarlas de la desintegración. Derry escribió más tarde: "Tal vez debo justificarme por haber examinado a Tutankhamón. Muchos consideran que nuestra intervención es una profanación y que hubiéramos debido dejar en paz al Rey".

Entonces, una vez parafinadas las vendas, Derry dió un corte vertical desde la parte superior y media del tórax en dirección a la sínfisis pubiana continuando hasta los pies para dividir las capas de vendas por la mitad y separarlas más fácilmente. Estas vendas, de 6 a 9 cm de anchura daban hasta 16 vueltas al cuerpo. En muchos lugares resultaban difíciles de quitar a causa del ungüento resinoso que se había endurecido con el tiempo.

El efecto de los ungüentos sobre las vendas y la propia momia fué desastroso. La momia del Faraón constituyó una desilusión para los investigadores debido a su mal estado de conservación, precisamente por el exceso de ungüentos inapropiados que le habían puesto los embalsamadores. Carter señaló que lo único bueno que habían hecho los ladrones al violar las tumbas era permitir que las momias no fueran destruídas por estos ungüentos y al dejarlas expuestas al aire, permitieron que se secasen muchas de ellas conservándose mejor. El químico Lucas anotó que "el color negruzco de la momia era el resultado de alguna clase de combustión lenta y espontánea en la cual, casi con certeza, los cultivos de hongos habían desempeñado su papel". La carbonización había llegado hasta los huesos.

Entre las vendas de lino había un sinnúmero de joyas, amuletos, símbolos que producían un aislamiento mágico para proteger el cuerpo. Apareció un total de 143 alhajas.

Las piernas quedaron libres de vendas. Los dedos de pies y manos habían sido envueltos por separado y recubiertos de fundas de oro. El pene fué vendado de tal forma que lo mantuvieron en posición itifálica (en erección). No apareció vello pubiano. Tampoco se pudo determinar si había sido circuncidado, práctica común en Egipto. Se pudo observar en la parte izquierda de la piel del abdomen una herida de 8.6 cm de longitud, desde la altura del ombligo hasta unos centímetros del hueso de la cadera (ilion). No se vió ninguna placa de embalsamamiento con la que se solía cubrir esta incisión que era por donde se vaciaba el cuerpo de sus vísceras.

El más llamativo de los hallazgos de objetos sobre la momia fué un amuleto situado bajo una almohadilla en forma de corona que rodeaba la cabeza. Era de un metal distinto a todo lo que había en Egipto: hierro.

Costó trabajo desprender la máscara de oro que cubría el rostro del rey, pero se consiguió con cuchillos calentados a elevada temperatura. Carter, al ver el verdadero rostro del Faraón diría en su informe: "Faz pacífica, suave, de adolescente. Era noble, de bellos rasgos y los labios dibujados en líneas muy netas".

En otro pasaje dice Carter, hablando de Tutankhamón: "Hasta donde llegan nuestros conocimientos, podemos decir con seguridad que lo único notable de su vida fué su muerte y su fastuoso entierro".

La postura en que fué colocado el cadáver era la clásica en el antiguo Egipto, decúbito supino, con la mano derecha descansando sobre la cadera izquierda y la mano izquierda sobre las costillas del lado derecho.

Llevaba 21 amuletos en torno al cuello, símbolos de Osiris, Isis, Thot, Horus, Anubis y un cetro de feldespato verde bajo las vendas, serpientes aladas y cinco buitres de Mut o Nechbet.

El Faraón era de escasa estatura y aún no había completado su desarrollo. La momia medía 1.64 m de longitud desde el vertex a la base de los talones. La ecuación regresiva de Pearson permitió determinar con más precisión la estatura, dando una cifra de 1.677 m. Esta era la misma talla de las dos estatuas del rey halladas en la tumba.

Se pudo apreciar que aún no tenía fundidas la mayor parte de las metáfisis de los huesos largos lo que permitió establecer la edad en el momento de la muerte entre 18 y 19 años. La cabeza del fémur estaba ya unida al hueso, pero aún podía verse la línea de soldadura. La epífisis del trocánter mayor estaba ya casi soldada. La meseta tibial aún no estaba bien fundida pero la epífisis inferior lo estaba totalmente. Las cabezas de los húmeros no estaban fusionadas. En el cúbito la fusión había comenzado, pero en el radio, la extremidad distal estaba completamente libre.

La piel del tronco era la peor conservada. Las vísceras fueron embalsamadas aparte y se encontraban en los vasos canopes que fueron encontrados en el cuarto del tesoro, en una gran capilla dorada montada en un trineo. Dentro, en calcita semitransparente había tallado un gran recipiente en cuyo interior se encontraban cuatro compartimentos tapados con cabezas humanas representando al rey, todo tallado en calcita bellísima. En cada uno había un pequeño ataúd, que contenía las vísceras embalsamadas, bajo la protección de los cuatro hijos de Horus, Amset, Hapi, Tiumantef y Khebenef que correspondían al hígado, pulmones, estómago e intestinos, todos embalsamados y debidamente envueltos en vendas. El corazón también había sido embalsamado por separado, para que según sus ideas religiosas pudiese ser pesado por Osiris en el Tribunal de la Muerte. En su lugar se había colocado un escarabajo sagrado.

Al quedar liberada la cabeza de sus vendajes se pudo apreciar su extraña conformación. El cráneo estaba completamente rasurado. La piel aparecía cubierta por un ácido graso blanquecino y un gorro de lino.

Los párpados entreabiertos permitían ver los ojos intactos pero desecados. Las pestañas eran muy largas. El cartílago nasal aparecía aplastado por la presión de los vendajes. Los orificios nasales estaban taponados con resina. A través de ellos se había extraído el cerebro. Las orejas eran pequeñas y presentaban sendos orificios en los lóbulos de 7.5 mm de diámetro. La piel de la cara tenía un color grisáceo, muy agrietada. En la mejilla izquierda, a la altura del lóbulo auricular, se podía ver una cicatriz circular y deprimida, de bordes levantados. Al Dr. Derry no le fué posible determinar el tipo de lesión de que se trataba. (No hay que olvidar que en Egipto como en algunos otros países de medio Oriente se padece mucho de leishmaniasis mucocutánea, el llamado Botón de Oriente, que deja una cicatriz muy parecida a la descrita por el Dr. Derry).

Tenía dientes grandes y prominentes que asomaban por entre los labios entreabiertos. Las M-3 (muelas del juicio o cordales) habían brotado, pero no llegaban a la altura oclusal del segundo molar M-2.

La extraña forma de la cabeza, advertida por Derry, era similar a la hallada en el cráneo de Amenofis IV/Akenatón, es decir, platicefalia en la parte superior y protrusión del occipital con depresión del punto lambda, el clásico "moño" advertido por nosotros en cráneos de poblaciones de arévacos y en somalíes.

La medidas que se pudieron tomar en el cráneo fueron comparadas con las del cráneo de Akenatón mostrando una gran semejanza en todas ellas.

AKENATON TUTANKHAMON

Longitud del cráneo 190 mm 187 mm

Anchura del cráneo 154 155

Altura del cráneo 134 132.5

Anchura de la frente 98 99

Altura superior cara 69.5 73.5

Altura total cara 121 122

Anchura mandibular 99.5 99

Perímetro craneal 542 547

Talla 1.66 m 1.68 m

Esta comparación anatómica da como muy probable la íntima relación de parentesco entre Akenatón y Tutankhamón y se confirmó años más tarde cuando se estudió en ambas momias el grupo sanguíneo que fué idéntico: A2 subgrupo MN. Esto demuestra el valor de los estudios de Paleopatología para poder explicar muchas circunstancias históricas, dinásticas y aún políticas.

Una anchura o diámetro transverso craneal de 154 mm es una medida extraordinaria para un cráneo egipcio como ya señaló Elliot Smith. Aún es mayor este diámetro en Tutankhamón: 156,5 mm y aunque se quiten 0.5 mm de cada lado por el espesor de la piel momificada, nos quedan todavía 155.5 mm que es un gran diámetro transverso.

Me imagino que ya se habrá estudiado el DNA, pero de no haberlo hecho así, debería hacerse para confirmar estos datos más todavía.

La cavidad del cráneo estaba vacía, excepto por un poco de material resinoso que se introdujo por la nariz después de sacar el cerebro.

Sobre la momia y los sarcófagos se hallaron las siguientes especies botánicas, estudiadas por P.E.Newberry:

Apio silvestre (Apium graveolens L.) con el que

tejieron las coronas.

Olivo (Olea europaea L.) con el que se hizo la

"Corona de Justificación" que prescribe el "Libro de los Muertos".

Genciana o Centaurea (Centaurea depressa)

Sauce (Salix safsaf Forsk)

Nenúfar azul (Nymphaea caerulea Sav.)

Solano leñoso (Solanum dulcamara L.)

Mandrágora (frutos) (Mandragora officinalis L.)

Palma datilera (tiras)

Picris (Picris coronopifolia Asch)

Fueron hallados 11 frutos de mandrágora que es la "manzana del amor" citada por el Génesis (30, 14) y los Cánticos (7, 13), utilizada en la antigüedad como afrodisiaco. Los árabes la consideran como excitante pudiendo producir hasta locura. La llaman por eso tuffah-el-jinn (manzana de los jinn o diablos). Se usó como narcótico.

Por las flores halladas determinó Newberry que Tutankhamón fué enterrado entre mediados de marzo y finales de abril, época en que florecen en Egipto las especies encontradas.

SEGUNDA AUTOPSIA DE TUTANKHAMON

En 1968, el Dr. R.G. Harrison, de la Universidad de Liverpool y el equipo de científicos dirigido por él, entre los que se encontraba el Dr. F.Filce Leek, el gran paleopatólogo, íntimo amigo mío de muchos años con quien participé en diversos Congresos internacionales de Paleopatología como los de Caen (Francia), Bruselas, Siena, Middelburg (Holanda) y en el de Manchester "Science in Egyptology", estudió nuevamente la momia de Tutankhamón.

Este equipo llevó consigo un aparato portátil de Rayos X, con el que se tomaron 50 placas radiográficas del cuerpo momificado del Faraón. Se confirmó en este estudio la edad, aunque Leek, por el estado de los terceros molares parecía inclinado a creer que tenía algo menos de 18 años.

Se confirmó la similitud radiográfica de la forma de los cráneos de Tutankhamón y Akenatón, éste último encontrado en la tumba nº 55 del Valle de los Reyes. Uno de los ayudantes del Dr. Harrison, el Dr. R.D. Conolly, serólogo, fué quien determinó el grupo sanguíneo que resultó ser "A2 subgrupo MN", idéntico en ambos.

Tampoco se hizo en aquel entonces el ADN porque aún no se practicaba esta técnica, pero se ha de hacer pronto si no se ha hecho ya. Al menos no tengo noticias de ello.

El estudio de las radiografías demostró que los embalsamadores habían separado el peto costal (esternón y costillas) durante el embalsamamiento. Se pudo comprobar que la causa de la muerte no había sido la tuberculosis ni ningún tumor como se había dicho. Las radiografías sin embargo parecen demostrar que recibió un golpe en la parte lateral del cráneo con fractura y hemorragia, posiblemente con un instrumento contundente. Lo más probable por todo esto es que murió asesinado.

LOS HIJOS ABORTIVOS DE TUTANKHAMON

En la tumba de Tutankhamón aparecieron en un armario dos pequeños ataúdes. Dentro de cada uno había otro recubierto por láminas de oro. Y en el interior de éstos había sendos fetos momificados. Uno medía 30 cm de longitud, muy bien conservado con su máscara facial. La otra momia fetal estaba peor conservada, medía 39.5 cm de longitud y no llevaba máscara. La máscara que fué preparada para este feto se encontró en el pozo nº 54 junto con otros restos del embalsamamiento y enterramiento del Faraón, que fueron los que dieron pistas a Carter para pensar que la tumba de Tutankhamón se encontraba en el Valle de los Reyes. Fué Davis quien encontró en 1907 aquellos restos de embalsamamiento y no les dió importancia.

Douglas Derry realizó la autopsia de las dos pequeñas momias en 1932. Una parecía una hembra de 25.75 cm de longitud con el cordón umbilical cortado a ras de la piel del abdomen. La otra momia midió 36.1 cm de longitud y parecía también de niña, sietemesina, en peor estado de conservación, aunque tenía cejas y pestañas, los ojos abiertos y había sido embalsamada con el cráneo relleno de telas empapadas en sal, y con una incisión pequeña en la región inguinal por la que se había introducido tela empapada también en sal.

Las radiografías tomadas por el equipo del Dr. Harrison mostraron en la segunda momia la llamada "Deformación de Sprengel", con la escápula derecha alta, espina bífida y escoliosis. Según este equipo, la edad era ya de un feto a término.

Se han considerado ambas como hijas de Tutankhamón. El estudio del DNA podría confirmarlo. Además apareció otro féretro pequeño, que era una reproducción en maqueta del gran féretro del Rey. Este féretro era antropomorfo, medía 35 cm y estaba barnizado en negro con adornos de oro en forma de tiras con frases escritas en ellas. Dentro había otro féretro recubierto de oro como el del Faraón y dentro de éste un tercer féretro con lo que creyeron que era una momia de niño. Pero al desatar las vendas se vió que no era una momia sino otro féretro "momificado". Y dentro de él un amuleto de oro heredado de su abuelo Amenofis III y envueltos en tela de lino, unos rizos de pelo color castaño pertenecientes a la abuela Teye que aún vivía cuando fué enterrado con Tutankhamón.

La existencia de los dos fetos abortivos en la tumba, dió origen a la teoría de que la momia que se creía era la de Tutankhamón, no lo era realmente, sino que era la momia de una mujer, ya que la costumbre en Egipto es colocar los restos de los hijos muertos junto a la madre y no con el cadáver del padre. Llegaron algunos a pensar que sus enemigos arrojaron el verdadero cadáver del Faraón al Nilo, substituyéndolo por el de una mujer.

El estudio realizado en 1967 con Rayos Gamma en la máscara de Tutankhamón, demostró que había sido hecha de varias piezas tan bien soldadas que no quedó la menor huella y que el Faraón tenía una cicatriz profunda en la mejilla izquierda.

MUERTE DE LORD CARNARVON

Después de la apertura oficial de la cámara sepulcral de Tutankhamón, Lord Carnarvon que se sentía agotado, decidió el 28 de febrero (1923) marchar a Asuán para pasar unos días de descanso.

Allí al parecer, sufrió la picadura de un mosquito en la mejilla izquierda. Esto debió ser algo normal en Egipto en aquellos tiempos en que no existían substancias como el DDT o el Dieldrín, ni campañas antimosquitos intensivas. Aún hoy día los mosquitos están por todas partes. El caso es que la picadura debió infectarse o hincharse la piel y al afeitarse con su navaja, se cortó sobre la zona inflamada. Se hizo una cura local con yodo, pero poco después se sintió febril y muy cansado hasta el punto de que, siguiendo los consejos de su hija, se metió en cama. Tenía 38º C de temperatura. Así estuvo un par de días mejorando pasajeramente. Se levantó y a las pocas horas se sintió mal de nuevo y volvió a guardar cama.

Lord Carnarvon tenía 57 años por entonces. Su hija intentó su traslado a El Cairo el 14 de marzo, pero se encontraba tan sumamente débil y agotado por la fiebre que no tuvo ánimos para viajar. Lady Evelyn, alarmada, había llamado a su madre Lady Almina y a su médico de cabecera Dr. Johnson que estaban en Inglaterra y que llegaron al poco tiempo en avión y a su hermano Porchey que estaba en la India y que llegó con el tiempo justo para ver a su padre aún vivo. También puso un telegrama a Carter quien inmediatamente se desplazó hasta el Hotel donde se encontraba su amigo y mecenas.

Llegaron tarde. Lord Carnarvon estaba casi inconsciente. Deliraba. Fué diagnosticado de septicemia y neumonía. La temperaturá subió por encima de 40º C.

Y el 5 de abril de aquel año de 1923 a la 1:50 a.m.. ciento treinta días después de la apertura de la tumba, dejaba de existir Lord Carnarvon. Sus últimas palabras, en medio de su delirio fueron: "He escuchado su llamada y le sigo".
Cuenta su hijo que súbitamente se apagaron las luces. Fué una interrupción del fluído eléctrico cuya causa no supieron explicar técnicamente en la central eléctrica, y que obligó a llevar velas al cuarto del difunto. Y cuenta también que por extraña coincidencia, su perra Susie, que estaba mutilada de una pata, y que tantas veces acompañó a su amo en sus viajes a Egipto, moría en la finca de Highclere al mismo tiempo que Lord Carnarvon.

La familia dispuso que el cuerpo fuese embalsamado para trasladarlo a Inglaterra, donde querían que fuese enterrado en Beacon Hill, junto a su mansión de Highclere.

LA MALDICION DE LOS FARAONES

A partir de la muerte de Lord Carnarvon, comienza la leyenda de la venganza del Faraón por haber alterado su tranquilidad al profanar su tumba. En la prensa local, hacía unos días que una novelista, Marie Corelli, había escrito: "Sobre los intrusos en una tumba sellada, cae el castigo más horrible".

Se habló mucho de una maldición existente en la tumba. Hay muchos autores que niegan que hubiese ninguna maldición escrita. Pero otros autores aseguran que Carter encontró en la antecámara un ostrakon de arcilla de los utilizados por los escribas egipcios para hacer sus anotaciones, de aspecto inofensivo que al principio fué catalogado, pero cuando Alan Gardiner descifró los jeroglíficos que tenía "fué tachado de la lista de objetos hallados". Por lo visto la descripción decía: "La muerte golpeará con su bieldo a aquel que turbe el reposo del Faraón".

Parece que no quisieron que trascendiese aquello para evitar a los supersticiosos, especialmente a los trabajadores, que emprendieran la huída. No fué fotografiada y se ha dado por perdida. Luego, en un amuleto hallado en la cámara principal, se encontró otra inscripción que decía: "Yo soy el que ahuyenta a los profanadores de tumbas con la llamada del desierto. Yo soy el que custodia la tumba de Tutankhamón".

A todo esto se unieron un par de circunstancias fortuitas que fueron vistas por los supersticiosos egipcios como mal augurio. El día anterior al descubrimiento de la tumba, Carter fué picado en una mano por un alacrán, picadura que le mortificó bastante durante la apertura de la tumba. Además, ese mismo día en la casa donde dormía Carter junto a las excavaciones, penetró una culebra y se comió a un canario al que tenía mucho cariño. Era todo aquello suficiente para que los egipcios empezasen a murmurar. Algunos llegaron a decir: "Esta gente encontrará oro y muerte".

Por si todo esto fuera poco, los trabajadores de la excavación vieron un halcón que sobrevolaba la tumba de Tutankhamón y se perdía después en dirección Oeste, "hacia el otro mundo" como creían los egipcios.

La prensa de entonces, que había tratado en primera plana el hallazgo de la tumba y del tesoro, tenía ya suficiente para escribir la historia de "la maldición del Faraón".

Y como dando la razón a los rumores, al poco tiempo de la muerte de Lord Carnarvon, moría también su hermano menor Aubrey Herbert, de 48 años de edad, quien se suició en un arrebato de locura. Poco después, en Egipto, moría también la Hermana de la Caridad que actuó como enfermera del noble inglés y que le atendió hasta su muerte.
Comenzaron así una serie de muertes que parecían misteriosas y que desconcertaron a los más incrédulos. En 1929 en el Bath Club al que pertenecía, moría el Secretario de Lord Carnarvon, Richard Betkell, hijo único de Lord Westenrys, cuando al parecer gozaba de buena salud. Lo encontraron muerto en su cama. No se supo nunca la causa de su muerte. Los médicos dijeron que fué a causa de una embolia.

El 21 de febrero de 1930, la Prensa anunciaba que Lord Westenrys, de 78 años de edad, padre del Secretario de Lord Carnarvon "se lanzó al vacío desde un séptimo piso donde vivía, quedando muerto en el acto", al parecer desesperado por la muerte de su hijo. Dicen sus biógrafos que guardaba en su habitación una jarra de alabastro procedente de la tumba de Tutankhamón. Y para colmo, cuando fué llevado al cementerio, el coche fúnebre que llevaba el cadáver, atropelló accidentalmente a un niño de 8 años y le mató.

¿Cómo convencer a millones de personas supersticiosas de que aquello no eran meras casualidades, que la causa verdadera de tan extrañas muertes no era un fenómeno de orden sobrenatural?

Los egipcios vieron en aquellas muertes la obra de los malos espíritus, la venganza de Faraón. La Prensa egipcia y la sensacionalista del mundo entero agitó aún más las aguas ya revueltas.

Se pensó que los que enterraron al Faraón, habían colocado "trampas" para acabar con los violadores de la tumba y por eso los que intervinieron en el "saqueo arqueológico", de alguna forma estaban condenados a morir de muertes misteriosas.
Las maldiciones han existido en Egipto. Es conocido el caso de la tumba de Ursu, "Jefe de los países auríferos de Amon" (dinastía XVIII, 1570-1320 a.C.) en la que se encontró un largo párrafo escrito, amenazando a todo el que penetrase en aquel recinto, dañase su tumba, sacara o violara su cadáver, con el castigo de Ra por el cual "no transmitirá sus propiedades a sus hijos, su corazón no estará satisfecho en vida, no recibirá agua en la necrópolis y su alma será destruída para siempre".

Lo cierto es que nadie es inmortal y que tanto los ladrones de tumbas como los egiptólogos, arqueólogos y personal del Servicio de Antigüedades, tenían que morir por ley de vida más tarde o más temprano.

Los excavadores habían hallado en ocasiones cadáveres esqueletizados o desecados en el interior de las tumbas que abrían, y que no tenían que ver con la momia allí enterrada. Consideraron que se trataba de ladrones de tumbas que al penetrar a robar con teas encendidas para alumbrarse, consumieron el oxígeno del recinto, asfixiándose, lo que es algo completamente natural. Robert Phillips que investigó estos casos, demostró que algunos habían encendido hogueras para iluminarse o llevado teas encendidas y que efectivamente habían muerto asfixiados.

Hubo quienes creyeron que de una forma inexplicable, en las tumbas se almacenaba "energía psíquica concentrada". Eran los que estaban influenciados por las ideas espiritistas de la época.

Hay una vieja costumbre referente a maldiciones que no es exclusiva de Egipto, que consiste en grabar el nombre de la persona a la que se desea maldecir, en una olla de barro y romper la olla después.

Engelbach, Inspector de la Administración de Antigüedades de Egipto, a quien conoció bien Carter, descubrió una tumba cerca de la pirámide de Medun y en ella una tablilla con esta maldición : "El espíritu del muerto retorcerá el cuello al ladrón de tumbas como a un pato". Y junto a la tumba encontró en el suelo, un cadáver sin embalsamar, esqueletizado, pero con ropas y restos de piel desecada. Era al parecer un profanador que al tratar de robar los objetos valiosos que llevaba la momia, le cayó una piedra desprendida del techo. ¿Casualidad o trampa ingeniosamente colocada?

Los saqueos de las tumbas egipcias eran cosa que venía de muy antiguo. Constituían un verdadero deporte nacional del que vivía mucha gente, organizada en verdaderos clanes. Se ha calculado que durante los milenios que duró la civilización egipcia antes de Cristo, fueron enterrados en aquel país más de 200.000.000 de personas, todas con ajuar funerario en consonancia con el estatus que tenían en la sociedad. Ello permite hacerse una idea de los tesoros que aún pueden permanecer enterrados allí.

Loa ajuares más ricos fueron enterrados junto a los Faraones y personajes de la nobleza. Se supone que hubo en Egipto más de 300 Faraones y que sólo ha sido hallada la quinta parte de sus tumbas. Esto permite sospechar que todavía Egipto nos tiene reservadas muchas sorpresas.

Carter calculaba que de la tumba de Tutankhamón que fué saqueada en tiempos remotos, los ladrones se llevaron el 60 % de los objetos que contenía, quizás los de menor tamaño, pero más valiosos y eso que lo que encontró Carter fué fabuloso. ¿Y qué tesoros pudieron existir en las tumbas de faraones más poderosos si en la tumba de uno casi desconocido se encontró aquella fortuna?

SIGUEN LAS MUERTES

Muere el egiptólogo Arthur Weigall.

Muere el Profesor Lafleur del Canadá, que fué el primer científico norteamericano que visitó la tumba de Tutankhamón. Murió en Luxor, de enfermedad desconocida. Regresó a su Hotel, se sintió mal, tuvo un fuerte acceso febril y murió en pocas horas. Su médico no pudo explicarse la causa.

Arthur C. Mace, del Metropolitan Museum de Nueva York, que trabajó con Carter en la catalogación y ordenación del Material extraído de la tumba, decidió marcharse de Egipto sintiéndose enfermo. Embarcó para Estados Unidos y murió a bordo, en medio del Atlántico. Algunos autores aseguran que murió en el mismo Hotel que Lord Carnarvon.

Lady Almina Carnarvon viuda de Lord Carnarvon murió también por la picadura de un insecto como su marido. Esto aumentó el terror entre muchas personas que no veían ya una casualidad en las muertes sino una fatal y trágica circunstancia.
Saleh Ben Hamdy que ayudó a practicar la autopsia de Tutankhamón, murió también en extrañas circunstancias.

James Henry Breasted, que fué uno de los pocos que tuvo la fortuna de asistir a la apertura oficial de la tumba, enfermó poco después gravemente, presentando fuertes accesos febriles y síntomas parecidos a los que tuvo Lord Carnarvon. Mejoró sin embargo, y en noviembre de 1935, a los 70 años de edad, trece años después de sus trabajos en el Valle de los Reyes, moría a bordo del barco que le llevaba a los Estados Unidos.

George Jay Gould, millonario magnate de los ferrocarriles norteamericanos, muy amigo de Lord Carnarvon, visitó la tumba con Carter. Al amanecer del día siguiente tuvo un acceso de fiebre con síntomas similares a los de su amigo y murió aquella misma noche. Los médicos diagnosticaron "peste bubónica".

Evelyne White, egiptólogo, que tuvo gran interés en el examen del sepulcro, cayó en un estado de postración que le hizo padecer mucho. Rechazó los cuidados de los médicos y se suicidó, dejando un mensaje: "Pesaba sobre mí una maldición a la que no tengo más remedio que someterme".

Georges Benedite, egiptólogo francés, del Museo del Louvre de París, fué otra víctima notable. Murió de una caída poco después de la visita a la tumba del Faraón.

Mario Passanova, arqueólogo italiano, murió casi simultáneamente después de Benedite.

Joel Woolf, industrial, fué expresamente a visitar la tumba del Faraón. Después de la visita embarcó para Inglaterra, enfermó en circunstancias parecidas a las de Jay Gould, con fiebre elevada y murió.

Ali Kemel Fahmy Bey, otro visitante de la tumba, murió de un disparo que le hizo su esposa en el Hotel Savoy de Londres.
En total, se relacionaron con la tumba de Tutankhamón más de 26 muertes. Las investigaciones del egiptólogo alemán Georg Steindorf en 1933, demostraron que no había nada de sobrenatural en las muertes de aquellas personas.
¿Por qué no morían los fellahs que trabajaron en la excavación? ¿Por qué no murieron los miles de personas, turistas, periodistas y personalidades que visitaron la tumba? No se habló nada de ellos. Su conclusión fué: "La maldición del Faraón no existe en absoluto".

El Dr. A. Lucas, químico inglés que trabajaba en el Museo de El Cairo, realizó una serie de investigaciones en la tumba de Tutankhamón y observó que no había gérmenes en ella, salvo algunos escasos que sin duda habían penetrado desde el exterior. Murió en 1947, o sea 25 años después de su contacto con la tumba.

LOS SUPERVIVIENTES

Allan H. Gardiner, egiptólogo murió en 1963 a los 85 años de edad, años después de recibir su título de Sir.
Percy E. Newberry, murió a los 81 años, en 1949, 27 años después de su trabajo en la tumba del Faraón.
Harry Burton, el fotógrafo del equipo de Carter, murió en 1940 a los 60 años.

W.B. Emery que tenía 20 años cuando participó en el hallazgo de la tumba de Tutankhamón, murió 49 años después de aquella misión, a los 69 años.

Engelbach, sobrevivió 24 años al hallazgo. Fué el Inspector del Servicio de Antigüedades del Alto Egipto. Tenía 59 años cuando murió.

G. Lefèbvre, Conservador Jefe del Museo de El Cairo, sobrevivió 35 años al hallazgo, muriendo a los 79 años.
Douglas Derry, Profesor de la Universidad Fuad I de El Cairo, que hizo la autopsia a la momia de Tutankhamón, decía a sus 75 años: "Si hay alguien que realmente ha ofendido al Faraón, ese soy yo, y además soy el más expuesto a los peligros que se supone que rodean la momia y la tumba. Además hay varias docenas de colaboradores de Carter y Lord Carnarvon que siguen sanos y vivos". Murió en 1969 a los 87 años. Es la mejor demostración de que no había tal maldición.
Lady Evelyn Herbert (de casada Lady Evelyn Beauchamp) que fué una de las primeras personas que entró en la tumba y que había nacido en 1901, murió en 1980 a sus casi 80 años de edad.

Eusebio Güell, Vizconde de Güell, fué otro de los invitados al descubrimiento de la momia. Murió 33 años después, a los 77 años de edad, sin haber padecido ninguna enfermedad que le hiciese pensar en una maldición.

Hay infinidad de historias de momias asociadas con muertes, lo que ocuparía un extenso libro. Aquí sólo quiero mencionar a manera de anécdota la que refiere Blasco Ibáñez en su novela "La vuelta al mundo de un novelista". Se refiere a la momia de Ramsés II y dice que cuando fué colocada en su vitrina del Museo egipcio de El Cairo, se incorporó súbitamente, rompiendo el cristal de un manotazo. Los visitantes, espantados, huyeron, cayendo atropellándose por las escaleras. El resultado fueron 20 heridos de los que cinco fallecieron posteriormente. El Museo estuvo cerrado a raíz del incidente durante dos años ya que nadie quería trabajar allí.

A propósito del tema se han escrito libros, novelas, se han filmado películas como "La momia" de Boris Karloff y otras muchas historias.

Howard Carter, el nº 1 de los "implicados", sobrevivió 17 años al hallazgo. Murió el 2 de marzo de 1939 a los 65 años, de muerte natural. Su frase preferida cuando le hablaban de la "maldición", era: "Todo espíritu de comprensión inteligente se halla ausente de esas estúpidas ideas". Y añadía: "Los antiguos egipcios, en lugar de maldecir a quienes se ocupasen de ellos, pedían que se les bendijera y dirigiesen al muerto deseos piadosos y benévolos... Estas historias de maldiciones, son una degeneración actualizada de las trasnochadas leyendas de fantasmas...El investigador se dispone a su trabajo con todo respeto y con una seriedad profesional sagrada, pero libre de ese temor misterioso, tan grato al supersticioso espíritu de la multitud ansiosa de sensaciones".

LOS SUPERVIVIENTES

Allan H. Gardiner, egiptólogo murió en 1963 a los 85 años de edad, años después de recibir su título de Sir.

Percy E. Newberry, murió a los 81 años, en 1949, 27 años después de su trabajo en la tumba del Faraón.

Harry Burton, el fotógrafo del equipo de Carter, murió en 1940 a los 60 años.

W.B. Emery que tenía 20 años cuando participó en el hallazgo de la tumba de Tutankhamón, murió 49 años después de aquella misión, a los 69 años.

Engelbach, sobrevivió 24 años al hallazgo. Fué el Inspector del Servicio de Antigüedades del Alto Egipto. Tenía 59 años cuando murió.

G. Lefèbvre, Conservador Jefe del Museo de El Cairo, sobrevivió 35 años al hallazgo, muriendo a los 79 años.
Douglas Derry, Profesor de la Universidad Fuad I de El Cairo, que hizo la autopsia a la momia de Tutankhamón, decía a sus 75 años: "Si hay alguien que realmente ha ofendido al Faraón, ese soy yo, y además soy el más expuesto a los peligros que se supone que rodean la momia y la tumba. Además hay varias docenas de colaboradores de Carter y Lord Carnarvon que siguen sanos y vivos". Murió en 1969 a los 87 años. Es la mejor demostración de que no había tal maldición.

Lady Evelyn Herbert (de casada Lady Evelyn Beauchamp) que fué una de las primeras personas que entró en la tumba y que había nacido en 1901, murió en 1980 a sus casi 80 años de edad.

Eusebio Güell, Vizconde de Güell, fué otro de los invitados al descubrimiento de la momia. Murió 33 años después, a los 77 años de edad, sin haber padecido ninguna enfermedad que le hiciese pensar en una maldición.

Hay infinidad de historias de momias asociadas con muertes, lo que ocuparía un extenso libro. Aquí sólo quiero mencionar a manera de anécdota la que refiere Blasco Ibáñez en su novela "La vuelta al mundo de un novelista". Se refiere a la momia de Ramsés II y dice que cuando fué colocada en su vitrina del Museo egipcio de El Cairo, se incorporó súbitamente, rompiendo el cristal de un manotazo. Los visitantes, espantados, huyeron, cayendo atropellándose por las escaleras. El resultado fueron 20 heridos de los que cinco fallecieron posteriormente. El Museo estuvo cerrado a raíz del incidente durante dos años ya que nadie quería trabajar allí.

A propósito del tema se han escrito libros, novelas, se han filmado películas como "La momia" de Boris Karloff y otras muchas historias.

Howard Carter, el nº 1 de los "implicados", sobrevivió 17 años al hallazgo. Murió el 2 de marzo de 1939 a los 65 años, de muerte natural. Su frase preferida cuando le hablaban de la "maldición", era: "Todo espíritu de comprensión inteligente se halla ausente de esas estúpidas ideas". Y añadía: "Los antiguos egipcios, en lugar de maldecir a quienes se ocupasen de ellos, pedían que se les bendijera y dirigiesen al muerto deseos piadosos y benévolos... Estas historias de maldiciones, son una degeneración actualizada de las trasnochadas leyendas de fantasmas...El investigador se dispone a su trabajo con todo respeto y con una seriedad profesional sagrada, pero libre de ese temor misterioso, tan grato al supersticioso espíritu de la multitud ansiosa de sensaciones".

HIPOTESIS CIENTIFICAS SOBRE LA SUPUESTA MALDICION DE LOS FARAONES

TEORIA DE LAS RADIACIONES

El Dr. Auer Gohed quien hizo repetidos experimentos en 1969, valorando con sus computadoras las experiencias realizadas por el Prof. Luis Alvarez de la Universidad de California en la cámara de la Gran Pirámide, declaraba en una entrevista al New York Times:

"Nos encontramos ante un misterio inexplicable que podemos llamar ocultismo, maldición faraónica, brujería o magia. Lo cierto es que en el interior de la pirámide existe una fuerza que contradice todas las leyes científicas"
Basa su hipótesis en el hecho de que la permanencia por largo tiempo encerrado en tumbas faraónicas como le sucedió a Paul Bronton quien pasó una noche encerrado en la cámara real de la pirámide de Keops, era causa de alteraciones mentales. Bronton sufrió después de aquella noche alucinaciones, crisis nerviosas, agarrotamiento muscular, quedando al día siguiente en un estado de profunda apatía.

Los científicos de la ciudad atómica de Oakridge pensaron en la posibilidad de que los antiguos egipcios conociesen ciertos materiales radiactivos y hubiesen colocado en lugar estratégico alguna substancia cuyo efecto pudo persistir al cabo de 3.300 años siendo esto el origen de algunas de las muertes. Sin embargo, ningún detector de radiaciones ha permitido demostrar la presencia de ninguna substancia que tenga estas propiedades.

La hipótesis de la radiactividad ha sido expresada por otros autores. Dado que los egipcios explotaron minas de oro y que este metal suele ir combinado de alguna manera con el uranio y el torio, piensan que pudieron conocer estas substancias.

En 1949, el Profesor Bulgarini, renombrado científico atómico, declaraba: "En mi opinión, los egipcios de la antigüedad conocían ya las leyes de la desintegración del átomo. Sus sabios y sacerdotes conocían el uranio. Y es muy posible que se sirvieran de la radiactividad para proteger sus santuarios". Aún en nuestros días se explotan en Egipto algunos minerales uraníferos. Sigue expresando el mismo autor que: "podrían haber cubierto con uranio el suelo de sus tumbas o haberlas construído con mineral radiactivo. Aún hoy las radiaciones podrían matar a una persona o por lo menos dañar su salud".

Lo que más llama la atención de muchos investigadores es que antes de su muerte, numerosos arqueólogos se quejaron de cansancio y otros dieron claras muestras de trastornos mentales y depresiones. Los afectados por radiaciones tienen como síntoma común una enorme astenia. No todas las personas reaccionan igual ante las radiaciones, así muchos científicos sufrían alteraciones fisiológicas poco tiempo después de comenzar su trabajo en las tumbas o en las momias. En otros, en cambio, los efectos aparecían al cabo de meses o de años. Unos morían inesperadamente y otros sufrían afecciones cerebrales o embolias. Y otros muchos no sufrían aparentemente ningún síntoma. Los defensores de esta teoría comparan estos casos con los que hubo en Hiroshima después del lanzamiento de la bomba atómica, y los síntomas son los mismos en muchos de ellos. Hubo varios grados de afectación en el tiempo. Entre los síntomas, el cansancio, las embolias, las alteraciones de la conducta y la prematura o tardía afectación fueron las principales variantes, incluso en personas de una misma familia a quienes les sorprendió en un mismo lugar la explosión.

Para apoyar su tesis hacen referencia al caso del hundimiento del Titanic que chocó con un enorme témpano de hielo a la deriva. Se sabe que Lord Canterville llevaba en aquel barco desde Inglaterra a Nueva York la momia de una famosa pitonisa egipcia de la época de Amenofis IV encontrada en Tell-el-Amarna. Debido a su extraordinario valor y a su delicadeza, no se había atrevido a guardarla en las bodegas sino que iba detrás del puente de mando. Según relata Vandenberg, relacionaron la presencia de la momia con la extraña conducta inusual en el capitán que mandaba el barco, el Capitán Smith que hizo y dijo cosas extrañas aquel 14 de abril de 1912, día del hundimiento, algunas de las cuales estuvieron en relación con el mayor número de víctimas.

También ha sido motivo de preocupación para muchos el hallazgo en Egipto, de una serie de jeroglíficos bajo tierra, grabados en rocas, en zonas donde se explotaban minas desde lejanas épocas. Precisamente estos jeroglíficos aparecieron en los lugares donde se tapiaban las galerías y lo más extraño es que aún no han podido ser descifrados.
Todo esto ha dado pábulo a algunos investigadores para creer en la existencia de radiaciones como causa racional que explicaría la "maldición de los faraones".

HIPOTESIS DEL ASPERGILLUS NIGER

El 3 de noviembre de 1962, el Dr. Ezz Eldin Taha, médico biólogo de la Universidad de El Cairo, convoca una conferencia de prensa durante la que comunica que ha examinado a numerosos arqueólogos y en todos ha descubierto la presencia de un hongo, el Aspergillus niger, que provoca fiebre e inflamación de las vías respiratorias. Considera que ésta puede ser la explicación de la supuesta "maldición de los faraones".

Hacía tiempo que los arqueólogos conocían una infección que a veces padecían llamada "sarna copta", por la que aparecían eczemas en la piel de las manos y a veces afecciones de las vías respiratorias.

El Aspergillus vive en las momias y en los sepulcros cerrados. La "maldición de los faraones" según él, podía combatirse con antibióticos. Trataba así de desmitificar la famosa "maldición".

Poco después de la conferencia de prensa, viajaba de El Cairo a Suez atravesando el desierto por una carretera rectilínea acompañado de dos de sus colaboradores. A unos 70 Km. al Norte de El Cairo chocó frontalmente con otro coche que venía en dirección contraria tras un brusco viraje. Murió instantáneamente con sus dos ayudantes.

HIPOTESIS DEL VENENO

Otra de las teorías que se han emitido para explicar racionalmente la "maldición de los faraones", ha sido la del veneno. Se pensó que al enterrar en su tumba la momia de alguno de los grandes personajes, especialmente los Faraones del antiguo Egipto, los sacerdotes, hábiles en la preparación de substancias tóxicas hubiesen podido colocar alguna de estas substancias capaz de producir la muerte a quienes penetrasen en la tumba después de haber sido sellada.

Estos venenos podían haber sido utilizados en forma de polvos extendidos sobre el cuerpo mismo de la momia o en sus cercanías. O bien haber sido aplicados en forma de substancias que se volatilizarían lentamente produciendo una atmósfera venenosa que al ser inhalada por el violador de la tumba acabaría con él disuadiendo a los demás que quisieran entrar para desvalijar los tesoros del ajuar funerario.

Se basarían los defensores de esta hipótesis en detalles como por ejemplo el de que los ladrones de tumbas siempre hacían un agujero en la puerta sellada de un tamaño muy inferior al que era necesario para poder pasar un cuerpo. Ese agujero, según esta teoría, tendría por finalidad hacer salir el gas venenoso, del que ya tendrían alguna experiencia por haber visto morir a algunos de sus compañeros en ocasión anterior.

El mismo Carter siguió esta técnica, introduciendo una vela y él lo explica diciendo que así "se prevenía de la existencia de algún gas venenoso". Por lo tanto, con su experiencia de Egipto, se ve que ya había oído esta teoría y crédulo o no, prefirió asegurarse antes.

Otro detalle es la existencia de cadáveres de ladrones de tumbas hallados cerca de la momia, muertos por causa desconocida. Ya hemos hablado de la explicación de esto por el enrarecimiento del aire a causa de haber encendido hogueras o teas que consumieron el oxígeno causando la asfixia de los intrusos.

Los egipcios conocían la existencia y la obtención del ácido prúsico o cianhídrico a partir de los huesos de melocotón. Este gas causa la muerte instantánea por asfixia. El hecho de cerrar herméticamente la tumba como se hacía en Egipto, contrasta con el precepto religioso egipcio de dejar aberturas para que el ka pudiera salir.

Lo que más llamaba la atención de algunos investigadores es el alto índice de depresiones y enajenaciones mentales que padecieron los arqueólogos dedicados al manejo de tumbas y momias egipcias.

También conocieron los egipcios el mercurio que se volatiliza en frío, siendo sus vapores peligrosos para el sistema nervioso. Su falta de olor lo hace más peligroso todavía.

Los trabajos del Comandante Robert Philips, oficial médico y Delegado naval para las investigaciones científicas de El Cairo, demostraron que no había veneno alguno en las tumbas capaz de producir la muerte a quienes entrasen en ellas.

HIPOTESIS DE LA HISTOPLASMOSIS

El año 1956 las investigaciones rutinarias de un científico, el Dr. John Walter Wiles, de la Sociedad Geológica de Rhodesia del Sur, realizadas en una gruta subterránea cerca de la presa de Kariba, le llevaron a estudiar los depósitos de guano de murciélagos o murcielagina, a 145 metros de profundidad, almacenada durante miles de años por las enormes cantidades de murciélagos que habitaron aquellas cuevas desde tiempo inmemorial. Como es sabido el guano de murciélagos es un excelente fertilizante. El Dr. Wiles permaneció una semana dentro de la gruta, estudiando el guano, calculando el volumen que podría tener el yacimiento. A la semana, después de haber inhalado el fino polvillo que se desprendía de aquel material, se sintió sofocado y cuando llegó a su casa a Ciudad de El Cabo, el pecho le ardía como si le hubiesen quemado por dentro.

Su esposa llamó inmediatamente al Dr. Dean, su médico de cabecera. Wiles negó que le pasara nada, pero cada vez se sentía peor. Llamaron a un especialista que hizo un análisis de sangre, temiendo que fuese paludismo. No halló nada. Los días siguientes comenzó a sentir fuertes dolores, no sabiendo en qué postura ponerse. El diagnóstico del médico fué que se trataba de una enfermedad de la sangre que no pudo especificar y una inflamación de los pulmones (neumonía y pleuresía). Fué llamado en consulta el Dr. Geoffrey Dean del Hospital Geoffrey de Port Elizabeth, quien al saber que había estado en una cueva recordó una conferencia que hacía años había escuchado sobre una enfermedad llamada Histoplasmosis, de la que se habían informado 130 casos, para la que no había ningún medicamento específico. Tomó muestras de sangre del enfermo y las envió por vía aérea a los Estados Unidos, mientras trataba al paciente con penicilina y otros antibióticos. El paciente mejoró y se salvó. De Nueva York habían llegado los resultados del examen de la muestra de sangre, positiva por Histoplasmosis.

Preocupado por la muerte de los egiptólogos, realizó una serie de trabajos de investigación que le llevaron a la conclusión de que la causa de la muerte de la mayoría de los excavadores de tumbas egipcias era la histoplasmosis.
La Histoplasmosis está producida por un microhongo, el Histoplasma capsulatum, que se encuentra en las deyecciones de los murciélagos. Hay varias formas clínicas: una benigna que cursa con catarro bronquial febril y que cura en un par de semanas dejando una inmunidad contra la enfermedad. Hay otra forma grave, más rara, que puede producir la muerte, especialmente en personas con procesos pulmonares crónicos que han debilitado su sistema respiratorio. Así y todo la mortalidad es del 1 %.

Así que dado el número de arqueólogos, ayudantes y obreros que han trabajado durante muchos años excavando tumbas en el Valle del Nilo, la incidencia de Histoplasmosis pulmonar tendría que haber sido enorme y no hay nada que lo demuestre. Arqueólogos como Petrie, Maspero y Mariette, visitaron cientos de tumbas y todos murieron a edades avanzadas sin haber tenido ninguna enfermedad parecida a ésta.

LA INMUNIDAD DE CARTER

Howard Carter estuvo muy directamente en contacto con la tumba de Tutankhamón y sin embargo no le sucedió nada. Nunca vió un murciélago por allí que por otra parte con la tumba herméticamente sellada no hubiera tenido la oportunidad de vivir en ella. No había murciélagos en las tumbas de los faraones. Carter murió a los 70 años, el 2 de marzo de 1939, mucho después del descubrimiento de la tumba del Faraón. Pero Carter llevaba muchos años de excavaciones, siempre en contacto con tumbas y momias. Sí es cierto que repetidas veces se sintió enfermo, decaído, abatido, con sensaciones de sofocos en la cabeza, cefaleas e incluso tuvo momentos o épocas de depresión, atribuíbles a los muchos problemas que su carácter recto tuvo que producirle. Estuvo en contacto con gérmenes, mosquitos y virus propios de Egipto, fué picado por insectos y hasta por alacranes. Todos estos contactos debieron llegar a inmunizarle de alguna forma contra muchas de las enfermedades propias del área y algunos creen que por eso no le sucedió nada.

No sabemos si Carter tuvo alguna infección con eczema de la piel, de tipo pruriginoso. Sería interesante saberlo. Hay una posibilidad en la que nadie ha pensado nunca y es la de que ciertos ácaros microscópicos que siempre desarrollan su actividad en las momias y cadáveres desecados hayan podido ser causantes de alguna de las infecciones sufridas por diversos arqueólogos. Sabemos la existencia de la "sarna de los coptos" sufrida por quienes manejaban antiguos papiros. Esto es un indicio importante. Los ácaros son parte de la llamada "Octava escuadra de la muerte" que conocemos muy bien los que nos dedicamos a la Antropología Forense. Su misión es destruir los restos desecados de partes que quedan después de haber pasado las escuadras de dípteros, coleópteros, lepidópteros y demás insectos de las otras siete escuadras de la muerte. Estos ácaros son arácnidos microscópicos de la familia del "arador de la sarna", el Sarcoptes scabiei, capaz de producir tremendas lesiones pruriginosas en el cuerpo, especialmente en las manos. Algún ácaro puede haber sido transmisor de un virus capaz de matar.

Cádiz. Restos del Bronce en el Parque de los Alcornocales

Cádiz. Restos del Bronce en el Parque de los Alcornocales

La Delegación Provincial de Cultura actúa de oficio en un yacimiento donde ha aparecido una necrópolis con dólmenes y vasos de cerámica campaniforme completos, hachas pulimentadas y puntas de flecha.

Sorpresas en el horizonte. "Vamos a tener la posibilidad de acercarnos con un conocimiento preciso a este momento de la historia en la zona del Barbate" -apuntaba Lorenzo Perdigones respecto al yacimiento- "que tenemos que relacionar con estos valles fluviales de riqueza agrícola y cinegética extraordinaria, condiciones muy atractivas para los asentamientos". Para el arqueólogo de la Delegación Provincial de Cultura de la Junta de Andalucía, "el día que haya más conocimiento de la sierra posiblemente nos llevemos sorpresas muy importantes. El contenido del Parque de los Alcornocales puede ser muy sorprendente", afirma.

Por AIDA R. AGRASO, Diario de Cádiz, 12 de enero de 2005

Hace más de dos meses, un lugareño que caminaba por un punto situado entre Benalup y Alcalá de los Gazules, en el Parque de los Alcornocales y junto al río Barbate, observó entre la tierra restos que supuso tenían importancia. Llamó a la Delegación Provincial de Cultura, y sus técnicos, una vez allí, confirmaron la importancia de lo hallado: una necrópolis de época prehistórica reciente -fechada entre el 2.500 y el 2.000 antes de Cristo-, con abundante presencia de cerámica campaniforme, estructuras que posiblemente sean dólmenes de pequeño tamaño, hachas pulimentadas, puntas de flecha y los restos de al menos diez individuos que, según los indicios, pertenecen a diversas generaciones de la misma familia, clan o poblado.

Este yacimiento, confirman los arqueólogos, es de una "gran importancia" porque "no hay un referente tan claro con los materiales que salen", y podría estar relacionado con las pinturas del Tajo de las Figuras y las del Abrigo del Arco, entre otras cuevas de las cercanías.

El hallazgo se produjo en una zona intermedia entre Benalup y Alcalá de los Gazules, en la zona del río Barbate y ya en el término de ésta última localidad, según explicaban ayer desde la excavación Lorenzo Perdigones y Alfonso Pando, los arqueólogos encargados de esta excavación de oficio ordenada por la propia Delegación Provincial de Cultura.

La erosión del terreno provocada por los efectos del agua y el viento dejaron al descubierto restos de estructuras funerarias, y objetos de cerámica y puntas de flecha, que fueron los descubiertos por el particular que avisó a los expertos, quienes apuntan que "se ha excavado una necrópolis de época prehistórica reciente, donde salen restos de la época del Bronce con cerámica campaniforme". Los arqueólogos fechan el hallazgo en un corchete histórico que iría del 2.500 al 2.000 a.C., "Bronce pleno en la zona".

Además, en los más de dos meses que llevan trabajando en la excavación -se encuentran estudiando la zona desde finales de octubre, según pudo saber este periódico- han podido documentar la presencia de estructuras "posiblemente de dólmenes", según deja entrever las cubiertas -aún no se ha excavado en profundidad- y que serían "de pequeñas dimensiones", así como una estructura de necrópolis siliforme, con "pequeñas zonas o habitáculos que van dando forma a pequeñas aberturas dentro, de manera lobular". Este conjunto está excavado en el terreno natural, una roca arenisca del aljibe "común en la zona".

El suelo del silo funerario está pavimentado con piedras, y los habitáculos de la estructura se delimitan con más piedras, esta vez de tamaño reducido, dispuestas en vertical. "Hay una pequeña separación, como distintas unidades de enterramiento aunque apenas insinuados".

Esta necrópolis excavada en la roca y cuyo interior fue, pues, delimitado con piedras en vertical, "tiene varias reutilizaciones contemporáneas en el tiempo", es decir, fue utilizada durante unos cincuenta o cien años, de forma que fue en su día algo parecido a un actual panteón donde se fue enterrando, a medida que fallecían, a los miembros de un mismo clan, familia o poblado.

Entre los restos aparecidos en esta construcción funeraria destacan vasos de cerámica campaniforme con decoración en zig zag y horizontal, "y sobre todo con impresiones hechas por el método de peine", y abundantes vasos de cerámica, "catorce de ellos completos". Algunos vasos con forma de olla, hachas pulimentadas, tres puntas de flecha en bronce "de tipo palmera" y cuentas de collar aparecieron también en el yacimiento, "todos anexionados a enterramientos colectivos".

La necrópolis cuenta con un enterramiento colectivo, de forma que los cuerpos se encuentran en una misma estructura. "Según los cráneos hallados, hay diez individuos por ahora", afirman los arqueólogos. "Tenemos -continúan- un posible ritual previo al enterramiento de los cuerpos". Lorenzo Perdigones destacaba que la forma de enterramiento es "muy interesante", con cinco cráneos aislados del resto sin conjunto anatómico asociado, y cada uno de ellos sobre una de las piedras" del silo funerario. En otro rincón se sitúan los huesos largos, "y tan sólo un enterramiento tiene una cierta conexión anatómica, pero es clarísimo el ritual de enterramiento".

La rotura de los huesos y las huellas de un posible descarnamiento post mortem observadas en ellos -en algunos huesos hay muescas evidentes- les hace pensar que "o se han dejado al aire libre para que los animales se comieran los cuerpos o que las propias personas que lo enterraron los hubieran descarnado". Y apuntan que en otros yacimientos, como el del Dolmen de Alberite, aunque no está relacionado con el ahora descubierto, fueron localizados huesos pintados en ocre, prueba de un ritual funerario similar.

En los alrededores de esta estructura funeraria han sido localizadas además otras estructuras de tipo cistas, y los probables dólmenes", explican los arqueólogos, quienes destacan asimismo el contexto en el que "se mueve" el yacimiento: "Hay que tener en cuenta que está a la espalda de la Sierra de la Momia, donde están las pinturas del Tajo de las Figuras y el Abrigo del Arco", entre otras.

Lorenzo Perdigones y Alfonso Pando ven una "posible conexión" entre el yacimiento localizado y estas pinturas, una expectativa que se resolverá una vez se realice un "estudio minucioso" de lo localizado.

Destacan, por otra parte, la importancia de este yacimiento para el conocimiento en profundidad de las distintas etapas históricas vividas en las primeras etapas de ocupación de la sierra, ya que "no hay un referente tan claro como éste con los materiales que aquí salen". "Hay pocos yacimientos de vasos campaniformes de forma tan clara y con un referente tan claro", añaden Lorenzo Perdigones y Alfonso Pando, para quienes el marco geográfico y la situación de la excavación les indica que "es una zona intermedia de paso", cuyos pobladores aprovecharían los ricos recursos naturales de la zona. Y comentan que el lugar de hábitat de estos pobladores que se enterraron en la necrópolis hallada, aunque no ha sido hallada, podría situarse muy cerca. Según consideran, la estructura funeraria localizada estaría en una pendiente, y el hábitat se debía situar en un lugar que, en la actualidad, debe localizarse bajo el agua.

Lorenzo Perdigones explica que este yacimiento puede relacionarse con otros hallazgos prehistóricos hechos en las obras de la Autovía, donde se descubrieron fondos de cabaña "relacionables con el Bronce". Y en la zona donde ha aparecido esta estructura funeraria, se tendría que remontar a 1095, cuando no se hicieron excavaciones pero sí se descubrieron las pinturas rupestres del Tajo de las Figuras. Las informaciones de entonces hablan de dólmenes y estructuras funerarias de la prehistoria reciente parecidas, "pero en la zona de Tajo de las Figuras". Asimismo, se tienen noticias, según Perdigones, de otros dólmenes, pero ya en el Celemín. Por último, una gran zona de dólmenes se situaría en el cortijo del Aciscar, ya en el entorno de la Laguna de La Janda, y existe una necrópolis de cuevas artificiales, la de Los Algarves, "de las más importantes" en el Campo de Gibraltar, y a una cierta distancia "pero tampoco excesivamente significativa".

"Lo importante d este yacimiento" recién encontrado, indicó, es "su localización en el centro de las pinturas rupestres. Se pinta en estos abrigos casi hasta el calcolítico e inicio del Bronce. Es una zona de asentamiento muy antigua". Y posiblemente aquellos que usaron la necrópolis "están relacionados con los que pintaron estas pinturas -habla de la Cueva del Moro, de Sierra Momia...- ya en su momento final".

Por último, los arqueólogos Lorenzo Perdigones y Alfonso Pando -que están a punto de terminar su labor en esta excavación- destacan tanto la colaboración que le han brindado los responsables del Parque Natural de Los Alcornocales como la importancia de la intervención de oficio realizada por la Delegación de Cultura, iniciada por el procedimiento de urgencia. Así, se ha protegido el descubrimiento tanto de su posible deterioro por las condiciones meteorológicas como del posible expolio que pudiera haber sufrido.

Cartagena. Los arqueólogos encuentran 50 metros de calzada romana en El Molinete.

Cartagena. Los arqueólogos encuentran 50 metros de calzada romana en El Molinete.

La Coordinadora del Molinete dice que el hallazgo en La Morería hace necesario ampliar la zona excavada. Se trata de un decumano, una calle que sigue el trazado de la calle Morería.

Agencias, 1 de enero de 2005

Cartagena ciudad milenaria, así han definido muchas veces a la ciudad portuaria los investigadores que trabajan en desenterrar la historia y las raíces de esta antigua población que no deja de sorprender por lo que guarda bajo sus calles. El último hallazgo no ha dejado indiferente a nadie.

Los arqueólogos que trabajan en las excavaciones contratadas por el Ayuntamiento de Cartagena en el área de El Molinete han localizado los restos pertenecientes a una calzada romana del siglo I antes de Cristo en buen estado de conservación que podría medir unos 50 metros, según ha informado Agustín Guillén, concejal de Urbanismo. Elena Ruiz, coordinadora de Arqueología del Ayuntamiento, ha explicado que se trata de un decumano, es decir, una calle diseñada de norte a sur, siguiendo aproximadamente el trazado de la calle Morería.

La arqueóloga municipal afirma que la estructura se ha conservado en muy buen estado porque en el siglo I fue tapada por una nueva calle realizada a base de tierra apisonada. El decumano, que pertenece a la urbanización de la ciudad tras su fundación, podría datarse en el último cuarto del siglo I a de C. y está construida con losas poligonales de caliza gris. Guillén, ha explicado que, a falta de la opinión de la Dirección General de Cultura, todo apunta a que se trata de restos de importancia para Cartagena y que deben ser conservados.

El concejal ha recordado que el desarrollo de El Molinete comienza con la conservación y la protección de cualquier resto histórico que los arqueólogos consideren de interés. Es lo que siempre hemos dicho y los que se hará con esta calle y con cualquier otro resto que nos indiquen los especialistas. Por su parte, la Coordinadora para la Defensa del Cerro del Molinete y su entorno asegura que el hallazgo en la Morería confirma las teorías de este colectivo sobre la zona.

La Coordinadora ya anunció hace unos meses que en la Morería se podía apreciar claramente parte de una gran calzada romana con zona porticada que tiene continuidad debajo de la calle y que se extiende desde la Calle San Fernando hasta las Puertas de Murcia, por lo que reclamaba que el consistorio continuara las excavaciones en las zonas previstas como calles y plazas en el plan urbanístico de la zona.

El presidente de la Coordinadora, Enrique López, subraya que estos descubrimientos ratifican que los hallazgos de La Morería son un gran conjunto arqueológico que es imprescindible poner en valor sin divisiones, pues es una destacada parte del diamante arqueológico que es El Molinete. Por ello, las personas y colectivos integrantes de esta organización reclaman un compromiso explicito de la administración local para excavar en extensión toda la zona y musealizarla con el fin de que los ciudadanos y visitantes puedan conocer el único área industrial y portuaria romana del sureste español y el único barrio clásico de Cartagena recuperable en su integridad.

La presencia cartaginesa, a través de sus restos

La presencia cartaginesa, a través de sus restos

Foto: Niveles cartagineses de la factoría de salazones de la Avenida de Andalucía esquina Ciudad de Santander.

Los vestigios dejados por la ocupación bárcida no sólo están relacionados con la necrópolis; también hay restos cerámicos que informan del monopolio ejercido sobre el comercio de las salazones.

Por AIDA R. AGRASO, Diario de Cádiz, 11 de enero de 2005

Cádiz. La historia de Cádiz es la suma del legado de diversas culturas. Entre ellas, quizás las más conocidas son la fenicia y la romana. Pero entre ambas se sitúa el episodio dedicado a la presencia cartaginesa, bajo la cual la ciudad vivió una época de prosperidad. Pocos son los vestigios arqueológicos que nos hablan de esa presencia, pero haberlos haylos. Y aunque no existe ningún indicio material claro que informe de las áreas que ocupó Gadir por estos años -el último tercio del siglo III a.C.- los investigadores no ponen en duda la existencia de un recinto urbano en la actual Cádiz para estas fechas del periodo tardopúnico.

Vestigios, de cualquier manera, quedaron en la época bárcida -llamada así por la familia a la que pertenecían Amílcar Barca o Asdrúbal- sobre la tierra gaditana. Así, el arqueólogo Ángel Muñoz explica que en la isla pequeña o Erytheia "conocemos algunos contextos arqueológicos no estructurales donde se documentan materiales arqueológicos del último tercio del siglo III a.C. con presencia de ánforas importadas de la zona de Túnez".

Restos cerámicos se hallaron en una de las capas de la arena dunar aparecida en el yacimiento del solar de la calle Ancha, e informan, indica Muñoz, de la presencia de contingentes cartagineses durante los últimos 30 años del siglo III a.C. en esta parte de Cádiz.

En un nuevo nivel dunar, esta vez en el solar de la cercana calle Marqués del Real Tesoro, se acumularon en su día otros materiales cartagineses. Y en el resto de la bahía de Cádiz, la presencia cartaginesa de época bárcida está atestiguada en el poblado portuense de Doña Blanca con fragmentos de bordes de ánforas y una completa de un tipo fabricado en el área de Túnez. También se localizaron fragmentos anfóricos en el poblado de la Sierra de San Cristóbal, también en El Puerto.

La necrópolis, sin embargo, está ampliamente documentada en Cádiz. "Ya en 1925 Pelayo Quintero documentó un enterramiento cubierto por un ánfora cartaginesa en la playa de Santa María del Mar", explica Ángel Muñoz, añadiendo que esta tumba formaría parte de un conjunto de enterramientos circunscrito a un territorio relativamente pequeño, integrado por fosas de inhumación, excavadas en el terreno natural, que estarían cubiertas con lajas de piedra o simplemente con un pequeño túmulo de tierra. "Entre ellas destaca la presencia de un enterramiento singular, caracterizado por presentar en su cubierta un grupo de ánforas de tipología cartaginesa", comenta el arqueólogo.

Este sistema de enterramientos debe responder a esquemas étnicos, de distinción social de un grupo concreto, "en este caso de contingentes norteafricanos, que se entierran separados del resto de los habitantes de Gadir". En este sentido, ejemplos claros de necrópolis se encontraron en el grupo de tumbas de la calle Campos Elíseos, descubierto en 1987, o en el de la plaza de San Severiano, excavado en 1986. "En ambos casos, un enterramiento en fosa simple se cubría con ánforas de procedencia cartaginesa, elaboradas en su zona de origen en el último tercio del siglo III a.C.". Además, en las excavaciones de una parcela de los cuarteles de Varela se localizó en 1996 una tumba de idénticas características.

La presencia bárcida se refleja también en las factorías de salazones gaditanas, en las que se documentan materiales de importación cartaginesa, como ánforas o vasos menores. Igual sucede en las factorías de la costa portuense, aunque en menor proporción que en las factorías gaditanas.

Un camino localizado en 1997 en la calle San Juan Bautista atestigua igualmente una presencia cartaginesa que está muy documentada en el alfar de Torre Alta, en San Fernando, donde se imitaba un ánfora cartaginesa característica de las empresas de los bárcidas en la península, y donde se marcaban las ánforas con estampillas con un repertorio iconográfico con emblemas característicos del estado cartaginés, que mostrarían probablemente el monopolio que los bárcidas ejercieron sobre el comercio de salazones, "cosa que no es de extrañar si tenemos en cuenta que estos productos se convirtieron en un elemento de capital importancia para el avituallamiento de las tropas". El itinerario de los ejércitos púnicos en su proceso de conquista por el sur y el este peninsular puede ser seguido, a grosso modo, a través de la dispersión de los envases anfóricos destinados a contener las salazones gaditanas. Como un camino de guijarros en un bosque.