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Terrae Antiqvae

Los olmecas, ¿primera civilización en América?

Los olmecas, ¿primera civilización en América?

Descubrimientos en Perú suscitan dudas entre investigadores.

NUEVA YORK. Por John Noble Wilford, de The New York Times

En una planicie costera bañada por ríos que fluyen a través de pantanos y junto a campos de maíz y frijol, el pueblo al que los arqueólogos llaman los olmecas vivieron en una sociedad de emergente complejidad hace más de 3,000 años en la zona del Golfo de México correspondiente al estado de Veracruz.

Los olmecas, movilizados por ambiciosos gobernantes y fortificados por un panteón de dioses, movieron una verdadera montaña de tierra para crear una meseta sobre la planicie, cuyas ruinas son conocidas hoy día como San Lorenzo. Dejaron atrás restos de palacios, cerámica distintiva y arte con motivos antropomórficos de jaguares. Lo más impresionante son sus esculturas: colosales cabezas de piedra de gruesos labios y mirada fija que se asume son monumentos de gobernantes reverenciados.

Los olmecas son considerados ampliamente como los creadores de la primera civilización en Mesoamérica, la zona que abarca gran parte de México y Centroamérica, y un manantial cultural de sociedades posteriores, notablemente la civilización maya. Algunos expertos piensan que la civilización olmeca fue la primera de América, aunque recientes descubrimientos en Perú suscitan dudas.

Los arqueólogos están profundamente divididos en torno al grado de influencia que tuvieron los olmecas sobre culturas mesoamericanas contemporáneas y subsecuentes. ¿Fueron la cultura “madre”? ¿O fueron una entre culturas “hermanas” cuyas interacciones a través de la región produjeron atributos compartidos de religión, arte, estructura política y sociedad jerárquica? El mes pasado, el caldero de la polémica fue agitado nuevamente por el doctor Jeffrey P. Blomster, arqueólogo especializado en los olmecas en la Universidad George Washington. En un reporte de la revista Science, él y otros investigadores describieron evidencia de la generalizada exportación de cerámica olmeca que dicen sustenta “la prioridad olmeca en la creación y difusión del primer estilo unificado y sistema iconográfico en Mesoamérica”.

El equipo del doctor Blomster analizó la química de 725 piezas de cerámica decoradas con símbolos y diseños al estilo olmeca recopilados de toda la región. Los investigadores compararon la composición de la cerámica con los barros locales. Determinaron que la mayoría de las piezas no eran imitaciones del estilo olmeca fabricadas por alfareros locales. En un número considerable de vasijas, el barro era igual a la química del material descubierto en los alrededores del sitio San Lorenzo.

“Hay evidencias abrumadoras de que San Lorenzo, la primera capital olmeca, realizó la exportación”, indicó el doctor Blomster. “Los olmecas estaban difundiendo su cultura y ésta era de gran interés para otras”.

El experto agregó que la investigación mostró que aparentemente San Lorenzo no parecía estar importando artefactos emblemáticos de otras culturas, o que contemporáneos regionales estuvieran intercambiando ese material entre sí. La ciudad en la meseta artificial aparentemente era el eje de cultura regional y es esencial para entender el origen y el desarrollo de sociedades complejas en Mesoamérica, apuntó.

El doctor Richard A. Diehl, de la Universidad de Alabama, escribió en la revista Science que los descubrimientos “aportan un poderoso apoyo para la escuela de la cultura madre”, y añadió que San Lorenzo dominaba las relaciones comerciales y la difusión de los sistemas de iconografía y creencias olmecas”.

Pero el doctor Diehl, un propositor de la escuela de la cultura madre y autor de “The Olmec”, publicado el año pasado, dijo en una entrevista que “las conexiones que observamos quizá no hayan durado más de una generación, quizá el tiempo de un gobernante particular y, a lo sumo, no más de un siglo o siglo y medio”.

La investigación del doctor Blomster se centró en cerámica de la segunda mitad del período formativo tempranero de la cultura mesoamericana, que se extendió de los años 1500 a 900 antes de Cristo. Los últimos siglos de este período fueron la época del ascenso de San Lorenzo, pero después la ciudad fue mayormente abandonada y el eje olmeca gravitó a La Venta, en lo que actualmente es el estado de Tabasco.

Para cuando la primera civilización mayor de Mesoamérica estaba desapareciendo, la integración de los olmecas en otras sociedades aparentemente había llegado suficientemente lejos en comercio e influencia para transmitir un legado de política, arte y religión a los mayas.

Citando nuevas investigaciones, algunos arqueólogos y especialistas partidarios de la teoría de la cultura madre comparan la relación de los olmecas con los mayas con la que existió entre los griegos y los romanos en la civilización occidental.

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La gran cultura Olmeca fué la primera en formarse en territorio mesoamericano, se ubicó en la región costera del golfo de México, aproximadamente en el 1800 cuando nace la que hoy es considerada como la "Cultura Madre" del México antiguo, cuyos orígenes y aspectos peculiares constituyen hoy en día un enigma. El término náhuatl "olmeca" significa "habitantes de olman" es decir "habitantes del país del hule", aún no se sabe cómo se llamaban ellos mismos. Según los testimonios arqueológicos permite suponer que la cultura olmeca sentó los cimientos de las grandes civilizaciones que se sucedieron en Mesoamérica hasta la época de la conquista, como los zapotecas, los mayas y aztecas.

Durante los últimos siglos de segundo milenio a.C. los fértiles territorios que correspondían a los actuales estados de Veracruz y Tabasco estaban habitados por una densa población que vivía agrupada en numerosos poblados agrícolas. A partir del 1200 a.C. Aproximadamente empezaron a verificarse una serie de transformaciones que pueden considerarse el embrión de una auténtica civilización, que duraría unos 800 años

En el centro de muchos poblados se erigieron algunas plataformas en tierra de estructura piramidal, cuya función era la de edificios de templos, lo cual constituye las primeras obras arquitectónicas Mesoamérica. A estos conjuntos de plataformas escalonadas se les ha llamado "centros ceremoniales". Los más importantes centros ceremoniales descubiertos son San Lorenzo, la venta, tres Zapotes y laguna de cerros en México. Se cree que San Lorenzo fue el primero florecer alrededor del 1200 a.C. y sufrió una violenta destrucción a la cual siguió el nacimiento de la venta en Tabasco (800 al 400 a.C.), este último fué el principal centro olmeca, una autentica ciudad que poseía las características que serían comunes en los centros urbanos de las ciudades posteriores. La arquitectura de la Venta consiste en plataformas de distintos tamaños, alineados de norte a sur sobre un eje, que en conjunto conforman espacios públicos; es considerada la más grande e importante del área cultural olmeca. Aquí se erigió la más antigua pirámide mesoamericana de 34 metros de altura, cuya forma cónica ha sido interpretada por algunos estudiosos como la reproducción de un volcán.

No se sabe el número de sitios olmecas que existieron pero si que fueron numerosos y que se asentaron en colinas de baja altura o planicies cerca de ríos y lagos, ya que debido a que sus construcciones fueron básicamente de tierra poco o nada queda, pues solo se erigieron algunas construcciones de piedra ya que al no haber suficientes cantidades de ese material debían de importarlo.

Esta civilización también debió ser la primera en utilizar la escultura pues además de ser expertos talladores de jade, dejaron en estos lugares monumentos monolíticos como altares y estelas decoradas en bajorrelieve y el más sorprendente hallazgo de este periodo: una serie de cabezas colosales de piedra, de varias toneladas de peso, hasta el momento se han descubierto 17 cabezas gigantes de hasta de tres metros de altura aproximadamente.

Los curiosos rasgos somáticos que caracterizaron a estos gigantescos rostros coronados por una especie de casco, con ojos almendrados, labios hinchados replegados hacia abajo y gran nariz achatada, similares a los pueblos negroides, han llevado a plantear muchos interrogantes a los arqueólogos sobre el origen étnico que aún siguen sin respuesta. Se han encontrado también de dimensiones más pequeñas diversos recipientes cerámicos, figurillas de terracota de rostros infantiles llamados "Baby Face", pero sobre todo elegantes joyas y figurillas humanas y zoomorfas de jade tallado, serpentina y obsidiana. Que no sólo se han encontrado en nuestras regiones sino también en Belice Guatemala y Honduras, lo que constituye una vasta expansión cultural y comercial olmeca que iniciará en 900 a.C.

Se cree que durante el segundo milenio a.C. surgió y se afirmó una "élite" gobernante, una casta de dirigentes sacerdotes que, por primera vez en la historia de Mesoamérica se expresaron a través de monumentos duraderos y las prerrogativas políticas y religiosas que asumían. Esto queda evidenciado en los ajuares funerarios: probablemente los gobernantes-sacerdotes querían aparecer a los ojos del pueblo como encarnaciones terrenales de las divinidades y los habitantes debían entregar parte de su cosecha y ofrendas a sus soberanos.

Los olmecas practicaban el culto chamánico, aparece el concepto de "nahualismo", según el cual a través de ritos particulares, el brujo-chamán podría transformarse en animal, en particular en jaguar, mediante el uso de drogas alucinantes-hongos y tabaco- y estos acompañados por sacrificios humanos y auto sacrificios.

Los olmecas adquirieron también conocimientos astronómicos, estudios de planetas y ciclos del calendario, entre otras contribuciones el ritual del juego de pelota, se creé también que la escritura, la más antigua descripción de tres Zapotes, Veracruz, gravada en una estela, refleja una fecha correspondiente al 31 a.C.. El problema del uso de la escritura sigue siendo aún hoy controvertido, algunos atribuyen la invención a los zapotecas y es posible que se adoptara una forma de escritura mediante glifos en la época olmeca tardía. Un ejemplo es la inscripción aún no descifrada que se encuentra en la estatuilla de los Tuxtlas y otro un tanto controvertido en la estela de Mojarra. Se supone que los olmecas hablaban una lengua raíz mixe-zoque.

La economía de los olmecas estaba basada en la agricultura, el principal cultivo fué el maíz, además del frijol, calabaza, cacao, etc. Además que que estos formaban parte de su dieta y se incluían la carne de pescado, tortugas, venados y perros domesticados.

La cultura olmeca se extinguió, superada o sorbida por otros pueblos, como los zapotecas en Oaxaca y la naciente civilización maya.

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En la actual República Mexicana, en la región que comprende la parte sur del estado de Veracruz y el oriente del estado de Tabasco, entre el río Grijalva y el Papaloapa, ahí nació la cultura olmeca, ahí fundaron sus ciudades y labraron sus esculturas.

Esta, es considerada como la cultura madre de la civilización en Mesoamérica. Limitada al oriente por las montañas de los Tuxtlas, y por la Sierra Madre del Sur se encuentra la región denomina "área metropolitana", "área clímax" o "zona nuclear" debido a que en ella se encuentran las que fueron acaso, sus capitales: La Venta, San Lorenzo, Laguna de los Cerros, Tres Zapotes.

Usualmente se designa como olmeca al grupo que habitó al sur de Veracruz y al norte de Tabasco: este nombre deriva del náhuatl OLLI y MECATL (mecate), "habitante del país del hule"; también se les conoce como TENOCELOME (la boca de tigre).

La región que ocupó la cultura olmeca, entre las sierras y el Golfo de México, tiene un alto índice de humedad y debido a ello se encuentra agua en abundancia (lagos, ríos y también pantanos).

Abunda la cacería, la pesca y la captura de mariscos; la agricultura, aunque difícil, debe haber sido una actividad común aunada al sistema de siembra seguramente relacionado con el maíz, el frijol y la calabaza, principal sustento de los grupos mesoaméricanos.

Es probable que conocieran la domesticación del perro y del guajolote e iniciaran la apicultura; se sabe que practicaban la antropofagia; y que probablemente extraían de un sapo marino, abundante en el golfo, una sustancia alucinógena.

Por la construcción, conservación y restauración de los centros religiosos y el número de esculturas monumentales y de pequeñas dimensiones, se piensa que el gobierno era teocrático.

Los centros ceremoniales eran respetados y cuidados, en tanto que las cercanías de la sierra eran puntos ideales y, aparentemente, de ocupación temporal. Existen ejemplos de construcción de choza de planta rectangular en adobe (La Venta), pero el resto de las construcciones debe haber tenido muros de madera cubiertos de barro, en algunos casos y techos de palma y otro material perecedero, iguales a los que se siguen construyendo en la actualidad.

ARTE OLMECA

En La Venta, se encuentran formas más elaboradas, tiene un centro ceremonial planificado, aunque con monumentos sólo de tierra y escaso valor arquitectónico. Pero existen sin embargo, montículos de uso religioso, pisos de mosaico de piedra, un recinto rodeado de columnas de basalto y una gran tumba formada de esas mismas columnas.

Es posible ubicar a la cultura ollmeca entre los años 1300 y 600 a. C. basándonos principalmente en su producción escultórica en piedra.

Como un lirio que brota del fango, surgió repentinamente de la selva pantanosa xicallanca un arte cuya fuerza incontenible abrió paso atravesando selvas, ríos y bosques, escalando montañas, para extenderse aun más allá de los confines de Mesoamérica. Trabajaron con esmerada técnica y con refinado sentido artístico, igual el basalto en colosales dimensiones, que el jade en exquisitas figurillas, hachas y cuentas.

A través de Mesoamérica, encontramos en casi todas las áreas estilos parecidos al olmeca que influyó en ellas, ya que se habla de los olmecas como un pueblo que en un tiempo dominó espiritualmente a Mesoamérica.

Por haber sido ahí donde desarrollaron las más altas expresiones de su estilo -herencia única que nos legaron, que no nos revela de donde llegaron, ni cómo eran sus creadores-, pensamos que en el sitio de La Venta, Tabasco, existió el centro ceremonial de las gentes que crearon el arte olmeca".

Ni tan siquiera sabemos las cosas más sencillas de su vida diaria. Otras artes menores a la escultura -quizás la cerámica- nos pueden señalar la anterior trayectoria de esta gente, antes de establecerse en aquel sitio.

Se sospecha la mano dirigente en la concentración de estructuras ceremoniales, que apartan al hombre de la vida cotidiana y le dan oportunidad de acercar sus pensamientos hacia una comunión con la deidad. La vida religiosa se organizó aquí alrededor de un alto montículo piramidal.

ESCULTURA

Las esculturas olmecas, constituyen un estilo; son el vehículo de expresión y el signo visible de una época de integración cultural. Las formas que integran un estilo son como un conglomerado esencial y permanente, en tanto expresan una cultura, pero están sujetas a los cambios propios del mismo proceso cultural.

Los olmecas esculpieron monumentales cabezas de piedra (entre 1.5 y 3 metros de altura) de una hechura perfecta (se conocen 17 de estas cabezas completas); macizos altares rectangulares; enormes estatuas que representaban gente deforme, combinaciones de hombre con tigre, y otros finísimas figurillas.

La mayoría de esculturas del área metropolitana están realizadas en basalto y en andesita (piedras que no se encuentran en la región); los bloques, debieron ser transportados desde distancias de más de 80 kilómetros.
Es en San Lorenzo, donde se realiza, el clásico estilo olmeca, el más puro, el no contaminado, el modelo primordial. La Venta, Tres Zapotes, Laguna de los Cerros, muestran variantes regionales; en muchos aspectos son coincidentes con la escultura de San Lorenzo, pero en otros se distancian considerablemente de esta.

Los olmecas fueron los más antiguos escultores de Mesoamérica; trabajaron no solamente las piedras volcánicas para sus grandes monumentos, sino también las piedras duras, compactas semipreciosas para sus tallas pequeñas, principalmente algunas jadeítas traslúcidas de color verde esmeralda, azul verdoso o grisáceo y, en menor escala, la serpentina, la hematita y hasta se han encontrado en La Venta cuentas de amatista y de cristal roca.

No se sabe con certeza el procedimiento técnico que siguieron para lograr tales pequeñas piezas de talla exquisita y excepcional, sin equivalente en la calidad de su pulimento. Las piezas pequeñas se han encontrado no sólo en la región olmeca metropolitana, sino dispersas en gran parte de Mesoamérica.

FORMA.- En su escultura destaca la preferencia por el volumen, o sea la masa en tres dimensiones contenida por el espacio; de esta mas se define por su pesantez sólidamente arraigada en la tierra, de la cual parece no desprenderse; el ritmo interno de la forma cerrada: los salientes y los remetimientos se recogen creando una unidad plástica que no interrumpe o hiere el espacio circundante; el predominio de las superficies redondeadas que cubren las estructuras de formas geométricas; la monumentalidad que deriva de la justa proporción armónica de las representaciones.

Es precisamente esta última característica la peculiar a la clásica escultura olmeca en su expresión monumental o de pequeñas dimensiones.

TEMAS.- Dentro de su escultura son notables tres conjuntos, las figuras compuestas (rasgos humanos con distintas especies animales, animales diferentes entre sí, y rasgos de este tipo mezclados con otros fantásticos e imaginados.), las figuras animales y principalmente las figuras humanas.

Cabe señalar, que aunque el jaguar aparece en gran número de piezas, el arte olmeca es fundamentalmente homo céntrico. Podemos decir, que la escultura olmeca se divide en representaciones de seres sobrenaturales y de figuras humana.

De entre las figuras humanas, la más frecuente es la de un hombre sedente con las piernas a la manera oriental, cuya cabeza y extremidades exhiben rasgos que se alejan de lo naturalmente humano; algunas cabezas recuerdan las de ciertos animales, particularmente la del jaguar.

Así, los ojos son transformados en formas geométricas como escuadras, líneas paralelas o una suerte de comas en el extremo dirigido hacia afuera y hacia abajo o, recordando la forma de ojos de felino, como elipses cuyas comisuras internas se inclinan apuntado hacia adentro; las cejas, se transforman en algo así como placas de límites sinuosos y que se conocen como cejas de flama, la boca - esa característica boca olmeca - es inconfundible por su labios gruesos, el superior en particular, proyectado hacia el frente y vuelto hacia arriba describiendo la forma de un trapecio; las comisuras caen a menudo.

No hay alteraciones notables en otros rasgos faciales, la nariz, si bien es chata, amplia en su base, aplastada, y no se proyecta del eje vertical marcado por el labio superior, no representa una nariz animal; las mejillas carnosas y a veces colgantes; la frente es breve, ya que a menudo va cubierta por una banda, y el entrecejo ceñido lleva pliegues con hendeduras que los separan; el mentón es casi siempre pequeño y poco saliente.

Hay representaciones que mantienen la estructura básica humana, pero que están alteradas en las extremidades; garras de distintos animales que sustituyen a las manos y a los pies; a veces son de tres y otras de cinco dedos; otras llevan sobre la espalda colas ramificadas; además, usan bandas cruzadas en los pectorales o en los tocados, manoplas, antorchas pequeñas y unas barras cilíndricas, a modo de cetros largos.

En algunas de las escultura, las figuras emergen de una horadación que recuerda a una cueva y se encuentran en los altares . Los altares son bloques en forma de prisma rectangular con el eje mayor en sentido horizontal, en la parte superior, una cubierta que los rebasa por el frente y por los lados; la parte del frente muestra un nicho del que surge una figura que en ocasiones sostiene un niño en entre sus brazos. Los tramos laterales pueden llevar otras imágenes humanas y fantásticas.

Por otro lado, en las pequeñas esculturas, se observan dos tipos: uno, con personajes de pie con el eje vertical del cuerpo y de la cabeza marcadamente señalado (extremidades inferiores muy largas y cráneo deformado a manera de pera o aguacate); el otro tipo, corresponde a la figura de robusta complexión, torso amplio, escasa estatura y cabeza voluminosa en relación al cuerpo.

Las representaciones de animales no abundan ni en pequeñas dimensiones, ni en grandes tallas; en éstas aparecen distanciadas del modelo de la naturaleza; se exageran o distorsionan o se esquematizan algunos de los elementos que las constituyen. Los principales animales que representas son: el jaguar, el mono, la serpiente y el ave rapaz.

Bibliografía

Historia del Arte Mexicano (Tomo 3).
Arte Prehispánico
Escultura Olmeca -Beatriz de la Fuente
Segunda edición 1982
Editorial SALVAT
Esplendor del México Antiguo
Editorial del Valle de México S.A.
Primera edición 1959
Cuarta edición 1982
Tomo I

Historia del Arte Mexicano (Tomo 1).
Arte Prehispánico
Arquitectura en la Costa del Golfo -Alberto Amador Sellerier.
Segunda edición 1982
Editorial SALVAT

Sevilla. Dos estelas tartésicas, halladas en el campo

Sevilla. Dos estelas tartésicas, halladas en el campo

Foto: Una de las dos estelas tartésicas aparecidas en la Sierra Norte de Sevilla.

Hallazgo casual. La Guardia Civil encontró las dos piedras, de una antigüedad entre 3.100 y 3.200 años, en una ronda rutinaria en la Sierra Norte de Sevilla.

La Guardia Civil de Sevilla, en una actuación conjunta efectuada con arqueólogos y profesores de la Universidad de Sevilla, ha localizado dos estelas tartésicas de gran valor y en bastante buen estado de conservación en un punto de la Sierra Norte de Sevilla no determinado por razones de seguridad, puesto que próximamente se espera peinar la zona por si quedasen más vestigios como los hallados, que se calcula que tienen una antigüedad de entre 3.200 y 3.100 años.

Según ha informado la Benemérita, el hallazgo, que ha sido fortuito, se ha producido gracias a la actuación de los integrantes de una Patrulla Rural de la Guardia Civil de Sevilla, quienes durante su vigilancia rutinaria se percataron de la existencia, en medio del campo, de una piedra de generosas proporciones, las mismas que coincidían con la fisonomía de una estela tartésica.

Por Felipe Villegas, EFE/Europa Sur, 19 de marzo de 2005

Ante la sospecha -dada su instrucción y sensibilización en el campo patrimonial- de que se trataba de un vestigio arqueológico y no de un simple pedrusco, el instituto armado solicitó la colaboración de varios profesores de la Universidad de Sevilla, cuya presencia en el lugar permitió localizar otra estela más.

Las dos piezas ya han sido puestas a buen recaudo en las dependencias de la Guardia Civil y se está a la espera de que la delegación provincial de Cultura, cuyos técnicos han seguido de cerca la operación, se haga cargo de las mismas y de su traslado hasta su lugar natural, el Museo Arqueológico Provincial de Sevilla.

El hallazgo ha sorprendido porque si bien en el valle del bajo Guadalquivir, ámbito donde se desarrolló la llamada cultura tartésica, aparecieron con anterioridad algunas estelas -de hecho, a éstas se las conoce también como estelas del suroeste o estelas del Bronce final-, no deja de sorprender que en pleno siglo XXI sigan manteniéndose prácticamente in situ este tipo de manifestaciones culturales tan ancestrales.

Y que presenten, además, tan buen estado de conservación y tanta rareza tipológica en una de ellas. Las estelas en cuestión, que pueden medir casi dos metros, no son excesivamente monumentales en esta ocasión; antes bien, las dimensiones de la que más ha llamado la atención de los investigadores tiene 80 centímetros de largo por 60 de ancho y 25 de fondo. Su peso alcanza los 120 kilos.

Se trata de una piedra sedimentaria que tiene dos figuras antropomórficas que representan a un hombre y a una mujer, según se interpreta, así como dos espadas y un escudo. Todas las figuras han sido talladas en la roca y su estilo es sumamente esquemático, el característico de esta era.

Estas estelas vienen a sumarse a las ya atesoradas en el Museo Arqueológico, descubiertas en localidades como Burguillos, El Coronil, Setefilla, Carmona y Écija.

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Nota: Inserto aquí, por su interés, un comentario de Alicia Mª Canto, de julio de 2008, que debería aparecer al final, detrás del de Angel García Morán, ya que el sistema no permite añadirlo de forma manual donde debería ir.

Sr. García Morán: Aunque tarde, al tropezarme casualmente hoy con estos viejos comentarios, y leer el suyo, no quiero dejar de darle las gracias. En efecto, las mías fueron impresiones para José Luis, sobre la marcha y por sólo sobre una pobre foto, aunque ya dejaba como conclusión el necesario margen para la prudencia ("en fin, habrá que esperar más datos y mejores fotos…"), todo lo cual creo que no justificaba la excesivamente agria, y diría que maleducada, reacción del Sr. García Sanjuán, que se califica por sí sola, sobre todo porque el mundo de las estelas de guerrero no es un arcano, un "misterio" vedado para todo el que no sea prehistoriador de título.

 

Véase la diferencia de estilo con el Dr. Sebastián Celestino, quien, como buen profesional, se ciñó a argumentar científicamente su opinión contraria (lo que es bastante más convincente). Y al que, por cierto, le consta mi interés especial por estas estelas, que data de cuando calculo que el futuro Dr. Gª Sanjuán debía de estar todavía en el cole, y aunque sólo fuera porque un familiar cercano trabajaba en ellas hacía tiempo y todo el día rodaban por casa.

 

Pero, a modo de curiosa y complementaria postdata/verificación, acabo de ver que las dos estelas (ésta es la nº 2), ahora se sabe que aparecidas en Almadén de la Plata (cuyas canteras romanas de mármol, por cierto, tuve el placer de descubrir hacia 1976, y publicar en AEspA 1977-178 - http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=650393-, junto con vados, puentes y restos de la calzada romana), HAN SIDO PUBLICADAS EN 2006 POR EL DR. GARCÍA SANJUÁN ET AL. (http://www.grupo.us.es/atlas/documentos/articulos/lgarciayotros_tp63-2.pdf). Lógicamente, con tan buenas fotos mi opinión hubiera sido distinta.

 

Pero lo más simpático es que en este artículo, ya plenamente científico, el propio Dr. García Sanjuán creo que viene a demostrar que la estela que arriba comenté daba muy buenos motivos para, como superficialmente lo hice, ser vista como una “rareza” dentro de las estelas conocidas, y que además unía dos elementos que, en efecto, hasta entonces se presentaban por separado y con distintas fechas. Copio lo más llamativo de lo que él mismo finalmente dice en su estudio de 2006 (uso mayúsculas por la inexistencia aquí de enriquecimiento de textos):

 

«…la composición de la Estela 2, con dos antropomorfos representados con idéntico tamaño y posición equilibrada (y dominante), es bastante EXCEPCIONAL. En principio, las estelas con más de un personaje son bastante ESCASAS (totalizan 14) […] Ahora bien, EN NINGUNO DE ESTOS CASOS SE DA, SIN EMBARGO, LA COMBINACIÓN QUE MUESTRA LA ESTELA 2 DE ALMADÉN DE LA PLATA… en este sentido, la estela 2 de Almadén de la Plata es ÚNICA DENTRO DEL REGISTRO ACTUALMENTE CONOCIDO… ESTA ESTELA RESULTA EXCEPCIONAL puesto que, de hecho, ROMPE LA DICOTOMÍA tradicionalmente establecida entre “estelas de guerrero” y “estelas diademadas”, presentándose, por así decir, como LA PRIMERA “ESTELA CON PERSONAJE GUERRERO Y PERSONAJE DIADEMADO”, LO CUAL DEMUESTRA LA COETANEIDAD o coexistencia temporal […] Estela 2. Esta estela presenta una combinación de motivos EXCEPCIONAL, que incluye dos antropomorfos de idéntico rango jerárquico (en cuanto a tamaño y posición), de los cuales uno está armado y el otro “diademado”…»

 

Por último, en cuanto a la datación de las estelas, parece que el Sr. García Sanjuán viene a confirmar también lo que yo pensaba acerca de la fecha que se le daba a la estela en la noticia, que era demasiado antigua (arriba: «...una antigüedad de 3.100-3.200 años" nos lleva al 1.200-1100 a.C., ¿no parece demasiado? Sobre todo para además llamarlas "TARTÉSICAS"...»). Ahora él dictamina, en 2006, pág. 147: “...que se fecha en c. siglo IX ANE (García Sanjuán 2005a; 2005b), lo cual está dentro del arco cronológico que se viene considerando como aceptable para las estelas de guerrero”.

 

Dicho sea ya de paso, como última curiosidad, el adjetivo “tartésica/s” no se utiliza ni una vez en el artículo de 2006… pero sí aparecía en la noticia de 2005 para clasificar la estela, y nada menos que cuatro veces. No creo que tal atribución cultural fuera cosa de la Guardia Civil, ni del periodista... ;-), digo yo que sería de los “arqueólogos y profesores de la Universidad de Sevilla”. Pero bien dicen que “rectificar es de sabios”, y me alegro por él.

 

En fin, que, para no ser prehistoriadora, creo que mi valoración, aunque rápida, coloquial, de lejos y con sólo una mala foto, no era después de todo tan “inexperta”, “atrevida”, “temeraria” y “alocada”… En todo caso, Sr. García

Morán, esperando que algún día también se las tropiece también, aquí le dejo, con mis saludos, las gracias para Ud. Por saber ser objetivo y, sobre todo, un caballero."

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El reino mítico de Tartessos

Introducción

La existencia del imperio tartessio ha sido discutida durante mucho tiempo. Hoy en día es una certeza histórica, ha dejado de ser un mito. Realmente, el nombre de Tartessos representa un enigma que las investigaciones arqueológicas e historiográficas han ido cubriendo de veracidad desde que el historiador alemán Adolf Schulten iniciase la búsqueda de la mítica ciudad a la que los griegos veneraban como la más fértil y rica de toda Europa, identificándola con alguna de las existentes en el valle del Guadalquivir. Tartessos fue un país en el que existía un Estado regido por una monarquía.

Tartessos fue el primer estado organizado que se formó en la Península Ibérica, hacia finales del segundo milenio antes de Cristo, y que adquirió una extraordinaria personalidad política y cultural.

Las primeras noticias de Tartessos nos llegan a través de la Biblia, en cuyo Antiguo Testamento se habla de los reyes de Tarsis, ricos en plata, hierro, estaño y plomo, que comerciaban mediante naves con Fenicia y Palestina.

Los griegos sitúan en este reino al mítico rey Gerión, gigante con tres cabezas al que Hércules debió enfrentarse para robarle sus bueyes por encargo de los dioses.

Pero, sobretodo, la fuente más precisa la constituye el historiador griego Heródoto, que nos narra cómo unos navegantes griegos de Samos fueron arrastrados más allá del estrecho de Gibraltar (las columnas de Hércules) por el viento de levante, y trabaron amistad con el rey Argantonio, que les dió gran cantidad de plata para
construir una muralla que protegiese su ciudad de los ataques de los medos.

Aunque han fracasado hasta hoy todos los intentos de encontrar los restos de su capital, existe hoy día abundante material arqueológico de la cultura tartésica obtenido en lo que fueron otros asentamientos de menor importancia (El Carambolo, La Joya, Cancho, Roano, etc).

La incierta localización de Tartessos

Según Schulten el nacimiento de Tartessos tiene su origen en la llegada de pueblos procedentes de Asia Menor, más avanzados culturalmente como la mayoría de los deesta zona, y que tras arribar a las costas andaluzas se convirtieron en la clase dominadora, ejerciendo su poder desde el Algarve portugués hasta el levante español. Este pueblo era originario de Lidia, los Tirsenos, y empujados por otros pueblos desplazados de Europa, iniciaron un éxodo hacia occidente, que les llevó a fundar civilizaciones como Tartessos o Etruria, un pueblo ubicado en la península itálica y que también se reviste de algunos caracteres casi mágicos. Esta emigración se produjo en torno al 1.200 a. C.

Antiguos historiadores griegos y romanos nos hablan de que Tartessos fue el nombre que en un pasado remoto recibió el río Betis (Guadalquivir) y describen a la capital tartesia como situada en una isla, en la desembocadura del río, aunque otros dicen que Tartessos era el antiguo nombre de Gadir (Cádiz).

Sabemos que sus dominios se extendían por todo el sur peninsular, hasta las proximidades de Cartagena, donde fundaron la ciudad de Mastia y en las proximidades de Malaka (Málaga) poseían una isla consagrada a Noctiluca.

El problema reside en que estos escritores de la antigüedad dan dos localizaciones para la ciudad, que para unos estaba en la desembocadura del Guadalete y para otros en la del Guadalquivir. Todo se complica si consideramos que, en aquella época, lo que hoy son marismas formaban un gran golfo oceánico, el Lago Ligustinus, y el Guadalquivir podría haber desembocado al mar en un lugar diferente al actual.

La mayoría de los expertos se inclina, a pesar de todo, por situar a Tartessos en la barra que separa actualmente el océano de las marismas, entre los brazos que formaba en su desembocadura el Guadalquivir y próxima al lago, y así la hemos señalado en el mapa.

La gran cantidad de aluviones depositados por el río, que ha colmatado con ellos el antiguo lago, explica por sí misma la dificultad que entraña la localización de la ciudad, que quizás se encuentre enterrada bajo una espesa capa de sedimentos. Su hallazgo y excavación es, quizás, el mayor reto de la arqueología andaluza.

Los reyes tartesios.

Gerión


El décimo de los doce trabajos que Euristeo impuso a Hércules, según la mitología fue el robo de los bueyes de Gerión, rey de Tartessos. Se trata de un ser fantástico dotado de tres cuerpos o, en algunas versiones, de tres cabezas, con el que el héroe griego se enfrentó victoriosamente. No tenemos noticias históricas de este personaje.

Norax

Rey mítico de Tartessos, nieto de Gerión, que conquistó Cerdeña y fundó la primera ciudad que hubo en esta isla, de nombre Nora.

Gárgoris

Rey mítico de Tartessos, descubrió el uso de la miel, según Trogo Pompeyo, historiador romano del siglo I a. de C. Según el mito, reinaba en los bosques, mientras que Gerión gobernaba en las islas.

Habis

Hijo de Gárgoris fue abandonado en el bosque y alimentado por las fieras. Después fue arrojado al mar, que lo devolvió y fue criado por una cierva. Capturado por unos cazadores fue reconocido por su padre y proclamado rey. Es el prototipo de rey sabio, que dio las primeras leyes a su pueblo y le enseñó a domesticar los bueyes y a uncirlos al arado. Sus sucesores reinaron durante varios siglos. Se trata, también, de una leyenda transmitida por griegos y romanos.

Argantonio

Rey histórico de Tartessos que vivió en la segunda mitad del siglo VII a. de C. y en la primera mitad del siglo VI a. de C., cuyo nombre (argentum es plata en latín) parece hacer referencia a la riqueza minera de su reino.

REFERENCIAS HISTORICAS.

A continuación una selección de textos históricos que hacen referencia a Tartessos. Bajo cada texto y según el caso, la obra y autor; los números hacen referencia a capítulos, párrafos, etc.; también se da información sobre el autor y las fechas en que vivió.

Tarsis en la Biblia

"Los reyes de Tarsis y de las islas le ofrecerán sus dones..." Libro segundo de los Salmos 72,10

"Los de Tarsis traficaban contigo en gran abundancia de productos de toda suerte; en plata, hierro, estaño y plomo te pagaban tus mercancías." Libro de Ezequiel 27,12

Tartessos según los griegos

"Parece ser que en tiempos anteriores llamose al Betis Tartessos y a Gades y a sus islas vecinas Eriteia. Así se explica que Etesícoro, hablando del pastor Gerión dijese que había nacido enfrente de la ilustre Eritrea, junto a las fuentes inmensas de Tartessos, de raíces argénteas, en un escondrijo de la peña." Estrabón 3,2,11 (geógrafo e historiador griego, -63 a 21)

"Y como el río tiene dos desembocaduras, dícese también que la ciudad de Tartessos, homónima del río, estuvo edificada antiguamente en la tierra colocada entre ambas, siendo llamada esta región Tartéside." Estrabón 3,2

"Acto seguido los samios partieron de la isla y se hicieron a la mar ansiosos de llegar a Egipto, pero se vieron desviados de su ruta por causa del viento de Levante. Y como el aire no amainó, cruzaron las Columnas de Hércules y, bajo el amparo divino, llegaron a Tartessos. Por aquel entonces ese emporio comercial estaba sin explotar, de manera que a su regreso a la patria, los samios con el producto de su flete, obtuvieron, que nosotros sepamos con certeza muchos más beneficios que cualquier otro griego..." Heródoto 4,152 (historiador griego, -484 a -420)

"Los habitantes de Focea fueron los primeros griegos que realizaron largos viajes por mar y son ellos quienes descubrieron el Adriático, Tirrenia, Iberia y Tartessos. No navegaban en naves mercantes sino en pentecónteras. Y al llegar a Tartessos hicieron gran amistad con el rey de los tartesios, cuyo nombre era Argantonio que (como un tirano) gobernó Tartessos durante ochenta años y vivió un total de ciento veinte. Pues bien, los focenses se hicieron tan amigos de este hombre que, primero los animó a abandonar Jonia y a establecerse en la zona de sus dominios que prefiriesen, y, luego al no poder persuadirles sobre el caso, cuando se enteró por ellos de cómo progresaba el medo, les dio dinero para rodear su ciudad con un muro. Y se lo dio en abundancia, pues el perímetro de la muralla mide, en efecto, no pocos estadios y toda ella es de bloques de piedra grandes y bien ensamblados. Heródoto 1,163

Tartessos según los romanos

"Aquí se extienden con amplitud las costas del golfo tartesio...aquí está la ciudad de Gadir... Fue llamada, antes, Tartessos, ciudad grande y opulenta en tiempos antiguos... El río Tartessos, deslizándose por campos abiertos desde el Lago Ligustino, ciñe la isla por ambos lados con su corriente. Y no corre por un solo lecho...sino que proyecta tres brazos sobre los campos; con dos desembocaduras, baña también las zonas meridionales de la ciudad." Avieno, "Ora marítima" (poeta romano, siglo IV)

Testimonios asirios.

Inscripción asiria publicada por O. Schröder, Kleinschrifttexte aus Assur, Leipzig, 1920 "Anaku-ki, Kaptara-ki, las tierras más allá del mar superior (del Mediterráneo), Dilmun, Magan, las tierras más allá del mar inferior (el Golfo Pérsico) y los países desde el nacimiento del sol hasta su ocaso, que Sargon, el rey del mundo, conquistó tres veces".

Inscripción de época de Asaradon publicada por Messerschmidt, Kleinschrifttexte aus Azur historischen Inhaltes, 1911. "Los reyes del medio del mar, todos ellos del país de Iadnan (Chipre), del país Iaman (Iavan) hasta el país de Tarsisi, se inclinan bajo mis pies".

ECONOMÍA Y SOCIEDAD

Los tartessios practicaban una agricultura evolucionada, eran buenos navegantes y pescadores, trabajaban los metales y conocían la escritura. La explotación minera (cobre, plata, oro) y el tráfico del estaño les llevó a un activo intercambio comercial.

Era fértil en toda clase de frutos, riquísimo en oro, plata, estaño y hierro, y abundante en ganados.

Hay que destacar un dato indiscutible: la enorme importancia que Tartessos, gracias a su privilegiada situación minera, tuvo en las economías griega y fenicia. El resto de Europa no tenía minas de importancia (o no se habían descubierto todavía); por contra, la costa andaluza era rica en todo tipo de metales, especialmente el estaño (fundamental para formar la aleación del bronce) y la plata. Tal riqueza ya había estimulado la formación de grandes culturas en la zona desde el tercer milenio antes de nuestra era, como la cultura de Almería o Los
Millares.

Ello explica que los fenicios, abandonando la isla Cerdeña, fundaran Cádiz aproximadamente en el año 1100 a. C. Los metales de la zona, tanto la plata como el bronce, eran suficiente atracción como para fundar una colonia donde los mercaderes abastecieran de metal a la metrópoli. Con todo, Tartessos no fue un simple emporio de metales, sino un verdadero pueblo de trabajadores metalúrgicos. Este hecho está avalado por la gran cantidad de objetos manufacturados encontrados en las diferentes excavaciones, especialmente los yunques y herramientas típicas del trabajo del metal, así como el descubrimiento de vetas de mineral agotadas en el siglo VI a. C. A cambio, Tartessos recibía telas, ámbar, cerámica y objetos de adorno procedentes de las más diversas zonas de Oriente, con lo que su cultura y sus tipos decorativos se orientalizaron. Más aún, parece que la entrada en la península ibérica de materias alimenticias tan fundamentales como el vino y el aceite se debe, precisamente, a los intercambios comerciales entre Tartessos y los fenicios.

Según escritores antiguos los tartessios eran expertos metalúrgicos, el país era rico en oro, plata, y especialmente en cobre. Tenían una agricultura próspera con canales de riego, y el olivo y la vid proporcionaban grandes cosechas. También la ganadería era importante con ganado vacuno, caprino, ovino y porcino. La obtención de sal era también pieza fundamental de la riqueza tartessia; la pesca y especialmente los moluscos eran también objeto de consumo. Viajeros atrevidos, los redondos barcos tartesios llegaron a las islas Británicas llevando calderos de bronce y escudos y después al noroeste de Francia obteniendo estaño y plomo a cambio.

La civilización tartésica tuvo una economía próspera y una cultura superior a las que en el primer milenio a.C. se daban en occidente, más parecida a las del oriente. Fueron un pueblo que basó su economía en la minería, el comercio marítimo y la agricultura. Aprovecharon la riqueza minera de la región y gozaron de una avanzada industria metalúrgica. Además, fueron grandes navegantes.

Aunque no existen datos sobre las naves que utilizaron, el hecho de que trajesen estaño desde el norte, hace suponer que sus naves eran sólidas y rápidas. Probablemente también disponían de otras naves que surcaban el Guadalquivir para llevar a la costa la materia prima con la que después comerciaban. El río fue el centro de esta civilización y en su entorno crecieron las ciudades más importantes. En el campo agrícola y ganadero, los toros, la oveja, que producía una lana rojiza, el trigo o la miel fueron sus principales productos. El olivo lo introdujeron en la península los fenicios.

La sociedad tartéssica, tan rica y especializada, estuvo, sin duda, fuertemente jerarquizada. Existió una élite aristocrática dominante que, mitológica e históricamente, queda representada por la milenaria monarquía de Tartessos. Por si ello fuese poco, la demanda de metales fue tan grande que, a partir del siglo VIII a. C., existe la casi total certeza de un comercio entre Tartessos y las costas atlánticas (Galicia, la Armórica y las Islas Británicas), que abastecerían de estaño, plata y plomo (indispensable para la fundición) a la sobrepujada economía del sur peninsular. Pesca y ganadería tuvieron que completar el panorama económico de El Dorado de la Antigüedad, especialmente esta última.

ARTE Y CULTURA

Con respecto al arte, los tipos orientalizantes, especialmente influidos por el arte fenicio, son los que dominaron el gusto artesanal de Tartessos. Así, se observa en los diferentes objetos extraídos de excavaciones arqueológicas, como ánforas y vasos (de cerámica y de vidrio), que muestran una riquísima decoración polícroma. Mención aparte merece el formidable tesoro encontrado en el poblado de El Carambolo (Sevilla) en 1958 (21 piezas de oro guardadas en un lebrillo); las hipótesis sobre su uso apuntan bien hacia una interpretación como aderezo masculino o bien como adornos para una estatua, tal vez de un toro. Los estudios de Juan de Mata Carriazo sobre los materiales encontrados revelan que los habitantes de Tartessos, dedicaron gran parte de su riqueza a la compra o elaboración de diferentes objetos de oro y plata, en especial brazaletes, diademas, gargantillas, cotas pectorales, collares, pulseras, cinturones, anillos y pendientes. La decoración geométrica y las pinturas diversas forman parte tanto de la cultura fenicia orientalizante como de la primitiva decoración griega, las dos mayores influencias del arte tartéssico.

Con respecto al bagaje cultural de los tartéssicos, la principal fuente es Estrabón. Habla de los turdetanos (sucesores del pueblo tartessio) como el más culto pueblo de la península. Así pues, Estrabón habla de los anales y leyes conservadas por escrito desde los tiempos del rey Argantonio, lo que hace suponer que la tradición de letras venía desde antiguo. Para corroborar tal dato, las excavaciones arqueológicas han descubierto gran cantidad de lápidas o estelas funerarias con caracteres alfabéticos en su exterior. El sistema de escritura tartéssico o turdetano es consonántico y fue usado desde el 700 (?) al 200 a. C. El sentido de la lectura es de derecha a izquierda.

Otro escritor griego, Éforo, cita varias leyes (aunque sería mejor utilizar el término "costumbres") tartésicas, como la prohibición a los jóvenes para testificar contra los ancianos (rasgo de jerarquización social). Con respecto a los cultos, se cita todo un elenco de santuarios en la zona dedicados a la adoración de diferentes divinidades, especialmente al sol, a la luna y a varias fuerzas semidiabólicas. Se dice que en una isla cerca de Málaga había un santuario donde adoraban a la Luna y otro, cerca de las costas del Algarbe, donde adoraban a los vientos.

Sus dioses eran las estrellas, adoraban al Sol y a la Luna; respetaban mucho a los ancianos y eran hospitalarios y de gran liberalidad. Amaban artes como la danza o la música.

Compendio de la Ora Marítima sobre Tartessos

"Tartesos está en una isla del golfo de su nombre, en el cual desemboca el río Tartesos, que baña sus murallas después de pasar por el lago Ligustino. El río forma en su desembocadura varias bocas, de las cuales tres corren al Oriente y cuatro al Mediodía, las cuales bañan la ciudad. Arrastra en sus aguas partículas de pesado estaño, y lleva rico metal a la ciudad de Tartesos. Cerca se halla el "Monte de los tartesios", lleno de bosques, y el "Monte argentario", sito sobre la laguna Ligustina, en cuyas laderas brilla el estaño. La ciudad de Tartesos está unida por un camino de cuatro días con la región del Tajo o el Sado, y por otro de cinco días con Mainake, donde los ricos tartesios poseían una isla consagrada por sus habitantes a Noctiluca. El límite oriental del dominio de los tartesios estuvo en tiempos en la región de Murcia y el occidental en la zona de Huelva".

DIRECCIONES DE INTERNET Y BIBLIOGRAFÍA.

En las siguientes direcciones y libros podemos ampliar información acerca de Tartessos. De algunas de ellas hemos tomado textos y referencias para la sección "introducción histórica" de esta web. Quede constancia y vaya por delante nuestro agradecimiento. No obstante si alguien se siente plagiado en algún texto sólo tiene
que hacérnoslo saber y se suprimirá.

- "Tartessos, tres mil años de enigma". Jorge Alonso. Editorial Genil, Granada, 1983

- "Desciframiento de la lengua iberico-tartessica".Fundación Tartesos S.L. Barcelona, 1996.

- "El templo de Melkart", Gonzalo Millán del Pozo Imagine Ediciones. Madrid, 2001.

-"Cuadernos Historia 16, nº 40". Blanco, Antonio y Blázquez José María, Tartessos Ed. Información y Revistas S.A., Madrid 1985.

-"Historia de España Ilustrada" .Regla, Juan.. Ed. Ramón Sopena S.A., Barcelona 1968

-"Ideología Y poder en tartessos y el mundo ibérico". Almagro Gorbea, M. Madrid, 1996.

-"Tartessos y los orígenes de la colonización fenicia en Occidente" Blázquez, J. M. Salamanca, 1975.

-"Tartessos. La ciudad sin historia" Maluquer, J. Barcelona, 1970.

- "Sociedad y mundo funerario en tartessos " Torres Ortiz, M. Madrid, 1999.

-"Reflexiones sobre los escudos de las estelas tartésicas",Boletín de la Asociación Española de Amigos de la Arqueología, 23 Bendala Galán, M. 1987, pp. 11-17.

-" Historia de España Ilustrada", Regla, J. 1968, Barcelona, Ed. Ramón Sopena.

- "Notas sobre las estelas decoradas del Suroeste y los orígenes de tartessos", Bendala Galán, M. 1977, en Habis 8, pp. 321-330.

- "Tartessos", Bendala Galán, M. 1985 en Historia General de España y América, Madrid, Rialp, pp. 595-642.

- "Los enigmas de tartessos "Alvar, J. y Blázquez, J. M. Eds. 1993, Madrid, Cátedra.

- "Tartessos y El Carambolo " Carriazo, J. de M.1973, Madrid.

- "Tartessos" Maluquer de Motes, J. 1979, Barcelona, Destinolibro.

- "Tiro y las colonias fenicias de Occidente "Aubet, Mª E. 1994:. Crítica. Barcelona.

- "Ideología y poder en Tartessos y el mundo ibérico "Almagro, M.,
Madrid. 1996

- "El hombre de la plata". Arsenal, León. Valdemar 2000

Enlaces en Internet recomendados:

http://www.contestania.com/Escrituraiberica.htm
http://www.arrakis.es/~jmra/historia.htm
http://argantonio.elsendero.es/riqueza/076a.html
http://perso.wanadoo.es/emilio10/tartessos.htm
http://www.arrakis.es/~pepeluis/schulten.htm
http://ctv.es/tarso/HistoriaH.html
http://utopiaverde.org/historia/historia-antigua/tartessos/home.html
http://www.isocanda.org/adn/0597doc.htm
http://www.proel.org/alfabetos/tartesio.html

Egipto. Descubren una calavera en el Valle de los Reyes que pudo ser del hijo primogénito de Ramsés II

Egipto. Descubren una calavera en el Valle de los Reyes que pudo ser del hijo primogénito de Ramsés II

Foto: El cráneo encontrado, que puede ser del hijo de Ramsés II. Y reconstrucción del rostro de Amun-her-Khepeshef. (Discovery Channel)

Un equipo de arqueólogos ha descubierto una calavera en el Valle de los Reyes (Egipto) que puede ser del hijo primogénito del poderoso faraón Ramsés II, que dataría de hace unos 3.000 años, según detalló en Madrid el prestigioso egiptólogo Kent Weeks, que además señaló que los restos encontrados "tienen signos de muerte violenta".

Las particularidades del hallazgo se emitirán en televisión el 6 de abril a las 21,00 horas por Discovery Channel en el documental "El castigo de Ramsés: ¿Divino o terrenal?", en el marco del programa "Egiptomanía: Semana de Enigmas y Evidencias", que se proyectará del 4 al 8 de abril.

Por Olalla Cernuda, EFE/El Mundo, 18 de marzo de 2005

En el documental se exponen los recientes descubrimientos del arqueólogo Weeks y su grupo de expertos para examinar, analizar, medir y reconstruir digitalmente la calavera encontrada en la tumba KV 5, aparentemente destinada al enterramiento de los hijos más destacados del faraón Ramsés II, faraón tercero de la XIX dinastía.

La clave que delata la posibilidad de que la calavera encontrada pertenezca al príncipe heredero Amun-her-Khepeshef, el hijo primogénito de Ramsés II que nunca llegó a gobernar, sería la fractura circular detectada en uno de los laterales del cráneo, con un diámetro de entre 2 y 2,5 centímetros, que parece deberse a un golpe de piedra, previsiblemente recibido en alguna batalla.

Los restos de este cráneo se corresponderían con una persona adulta, de entre 40 y 50 años, por los datos obtenidos de las distintas pruebas a las que fueron sometidos, según explicó Weeks durante la presentación del documental, en la que también intervino el director productor del mismo, Anthony Geffen.

Otra de las pistas para sospechar que la calavera pertenece a Amun-her-Khepeshef tiene que ver con las representaciones encontradas en uno de los muros de la tumba KV 5, que tiene más de un centenar de pasadizos y es la más importante hallada hasta el momento en el Valle de los Reyes.

En todo caso la fiabilidad de que el cráneo hallado corresponda al hijo primogénito de Ramsés II es de entre el 50 y el 60%, precisó Weeks al término de la presentación del documental ante un reducido grupo de periodistas.

En 1995, el doctor Weeks descubrió la principal sección de la KV 5, una enorme "tumba perdida" en el Valle de los Reyes de Egipto. Su descubrimiento fue considerado como el más importante desde el hallazgo de Tutankamon. Durante su trabajo en este yacimiento, el equipo de arqueólogos encontró la calavera que podría pertenecer al 'hijo perdido' de Ramsés II.

La Biblia, en entredicho

De confirmarse que Amun-her-Khepeshef murió realmente a causa de un golpe de piedra quedarían en entredicho acontecimientos bíblicos como la muerte de todos los varones primogénitos en Egipto después de que el faraón desafiara las órdenes de Dios cuando le pidió que liberara a los esclavos hebreos.

Al parecer, el faraón que reinaba en Egipto entonces era Ramsés II (quien gobernó hasta pasados los ochenta años, desde los veinte), y por eso, de ser ciertas las alusiones bíblicas a las diez plagas, el hijo primogénito de ese faraón habría muerto a causa de una de ellas y no en una batalla, como parece desvelarse ahora.

En la tumba KV 5 donde se ha hallado la calavera supuestamente de Amun-her-Khepesher se encontraron también restos de otros tres esqueletos, que podrían ser hermanos de Amun-her-Khepeshef, como se deduce de los datos obtenidos por el equipo de Weeks, que utiliza la fotografía digital de alta resolución y medidas craniométricas para reunir la mayor cantidad de datos posible sobre este cráneo.

Las imágenes realizadas con un escáner y las fotografías de alta resolución tomadas fueron enviadas además a un patólogo para que estableciera las causas de la muerte de Amun-her-Khepeshef, quien rentemente era hijo también de Nefertari esposa más atractiva de Ramsés II, según los datos que se tienen de la época.

Al parecer Amun-her-Khepeshef era conocido como el más guerrero y batallador de los más de cien hijos que se le atribuyen a Ramsés II, de quienes se conoce sólo el nombre de 49 que tuvo con esposas principales.

En la tumba KV 5 aparecen inscripciones de seis de ellos, aparte del de Amun-her-Khepeshef, y representaciones de otros veinte, añadió Weeks, quien prevé retomar la investigación en esa zona del Valle de los Reyes el próximo otoño.

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Reportaje completo en Discovery Channel:

http://dsc.discovery.com/convergence/rameses/slideshow/slideshow.html

WHO WAS RAMESES THE GREAT?

In 1995, archaeologist Kent Weeks made one of the most important discoveries in the study of ancient Egypt when he uncovered the entrance to KV 5, a massive "lost tomb" in Egypt's Valley of the Kings. With more than 120 corridors and chambers already located, and more expected to be revealed during ongoing excavation, KV 5 is the largest tomb in the Valley of the Kings.
And it was here that Weeks found a skull that could be that of the firstborn son of the legendary king Rameses II, the pharaoh traditionally identified with the biblical story of Moses and the Book of Exodus.

Weeks, professor of Egyptology at American University in Cairo, discussed his find with the Discovery Channel communications department. Follow parts of that question-and-answer session in the slide show that follows.

Q: Could this skull actually be that of Amun-her-khepeshef, the firstborn son of the legendary pharaoh Rameses?

A: Kent Weeks Responds:

When I read the broken inscription that said "Amun-her," (which Weeks found in a chamber in KV 5 in the Valley of the Kings) I realized this must be the tomb of Amun-her-khepeshef, Rameses' eldest son. And then we really knew we were on to something, because the team had now found proof for just whom the tomb had been built.

A few days later, in the dim torchlight of Chamber 2, we discovered a pit and, in it, ancient human remains. It was a human skull. Obviously a very ancient one ingrained with dirt. Part of its jaw was missing, but the shape matched those I'd seen on the pharaohs before ... so I thought this must be it. I'm quite possibly holding the 3,000-year-old skull of Rameses' son and heir.

Q: Why is this discovery significant in terms of learning more about Rameses' progeny?

A: Kent Weeks Responds:

We know something about the lives of (Rameses' successors) Khaemwese and Merenptah, but the processional lists indicate Rameses II had at least 30 more sons and 30 daughters. Until the Theban Mapping Project discovered in 1995 that there was decoration on the walls of more than 100 chambers in KV 5, we knew little about Rameses II's children. Now, perhaps we can look forward to putting some flesh on the bones of the sons of Rameses II. Certainly one of the most interesting and important is the firstborn son, Amun-her-khepeshef.

The late Egyptologist Elizabeth Thomas argued that KV 5 was "the tomb of the royal children" mentioned in the Turin Papyrus, and that KV 5 belonged to royal sons. We now know that she was correct.

Q: Why do you think Rameses the Great's sons would have been honored with such an elaborate, labyrinthine tomb?

A: Kent Weeks Responds:

It may have been because Rameses was declared a god during his lifetime. And if he was, he was limited in what he could do in the secular world. A god couldn't very well go and cut ribbons, adjudicate cases and things like that. The sons would have.

Q: Do you think there could be a link between the Bible and Amun-her-khepeshef?

A: Kent Weeks Responds:

Amun-her-khepeshef's life could be one of history's most fascinating — if only there were more information available. If the Bible is correct and a series of plagues actually brought about an exodus of Jews from Egypt, and if the Exodus took place in the reign of Rameses II, then Amun-her-khepeshef may have been killed by the 10th plague that God visited on Egypt. Amun-her-khepeshef was buried in KV 5, and medical studies may prove that one of the bodies we have found there may be his.

Q: You have been devoted to the excavation of KV 5 for more than a decade. When do you expect to complete your work there?

A: Kent Weeks Responds:

Every generation of Egyptologists asks different questions of its data, and data are a finite resource. We will leave parts of KV 5 undug so that archaeologists of the future, armed with new questions and new excavation techniques, can seek new answers to old questions and to others we haven't even dreamed of.

Q: Why is the work of the Theban Mapping Project so important?

A: Kent Weeks Responds:

Thebes is one of the world's most important archaeological zones. Sadly, however, it has not fared well over the years. Treasure hunters and curio seekers plundered it in the past; pollution, rising groundwater and mass tourism threaten it in the present. Even early archaeologists destroyed valuable information in their search for museum-quality pieces.

Today, however, we realize the monuments of Thebes are a finite resource. If we fail to protect and monitor them, they will vanish, and we and our descendants will all be the poorer. The Theban Mapping Project believes that the first and most essential step in preserving this heritage is a detailed map and database of every archaeological, geological and ethnographic feature in Thebes. Only when these are available can sensible plans be made for tourism, conservation and further study.

Q: You're known internationally as one of the foremost authorities of Egyptology, and your achievements include what some regard as the most important finds of the 20th century. How did you become so interested in archaeology and specifically Egypt?

A: Kent Weeks Responds:

I've been fascinated with Egypt since childhood. When I was 8 years old, I saw Abbott & Costello Meet the Mummy, which further fueled my passion for the subject. I just read everything I could get my hands on.

Q: And now you're unraveling a 3,000-year-old mystery ...

A: Kent Weeks Responds:

Most of the archaeologists I know love detective stories. Our work is so similar. We examine the evidence, reconstruct who did what and piece together a sequence of events.

Q: So can you estimate how many of Rameses' children are buried in there, and the purposes of all the rooms in this massive mausoleum?

A: Kent Weeks Responds:

I wake up at 3 in the morning and think, "What's going on here?" Every time I think I know, the tomb surprises me.

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Amun-her-shepeshef, First Son of Ramesses II

by Jimmy Dunn, Tour Egypt.net

The First son of born to Ramesses the Great, was Amun-her-wenemef, meaning Amun Is on His Right Hand". The child's mother was Ramesses II's Great Wife, Nefertari. Had he outlived his father, he would have therefore become Pharaoh, the King of Egypt. Amun-her-wenemef came into the world while his father was still co-regent to his father, Seti I. Therefore, Amun-her-wenemef probably was the current king's first grandson.

When Ramesses II Ascended the throne of Egypt upon Set I's death, Amun-her-wenemef's name was changed to Amun-her-shepeshef, which means, "Amun Is with his Strong Arm". We do not know exactly why his name was changed, but it was not unique among Ramesses II's sons for him to do so, and he may have had other names as well. It was once thought that Seth-her-khepeshef was an individual son of Ramesses II, but current though on the matter is leaning to this being another name for Amun-her-shepeshef.

In fact, many names in the Egyptian royal family could change, for example, depending on what part of the country they were in. Hence, in Thebes, the prince might have been called Amun-her-khepeshef, but if he were in Memphis, where the principle god was Ptah, then he might have been called Ptah-her-khepeshef.

Amun-her-khepeshef had a number of titles, some of which were unique to him, as the heir apparent, but others that were shared by many of Ramesses II's other sons by principle wives. His titles included "Fan-bearer on the King's Right hand; Heir; Hereditary prince; Royal Scribe; Generalissimo (of His Majesty); Eldest and Bodily King;s Son; First King's Son; Commander of the Troops; Effective Confidant and Beloved of Him". He may have also had the titles, "Chief of the Secrets of the King's House; Lord in Charge of the Entire Land, Sem-priest of the Good God, Delegate and Judge of the Two lands, Controller of Lands Far-flung, if indeed he also has the name, Seth-her-khepeshef. These last titles were discovered on a stele in the eastern Delta site of Qantir.

Of all the sons, only he seems to have held the titles, "Effective Confidant" and "Commander of the Troops". Most of the other titles were held by one son or another. Of his unique titles, "Commander of the Troops" is the most interesting. Of course, the title indicates that he held a high military position, yet we hear little of him in battle after his father's early campaigns in Nubia and western Asia. He is depicted in battle within a number of well known scenes of the battle, but whether he actually took part in the military actions is still debated. Some Egyptologists believe he may have been a teenager, old enough to have actually took part in these battles. Others believe he was much younger and the scenes were only meant to enhance his image.

If he did take part in the battles, then he was in one of the best known campaigns in antiquity; the Battle of Kadesh. It was the first battle in history to have been well documented, because Ramesses II appears to have been very pleased with its victorious outcome, though if it was a glorious victory is more then a little debatable. However, it is very likely that Amun-her-khepeshef, along with his younger brother Khaemwese, did at least travel with their father to the battle, even if neither one of them physically engaged the enemy.

Amun-her-shepeshef is actually well attested in scenes, but many of them or simply processions of sons and sometimes daughters. He is shown in processions with other brothers or sisters at the Temple at Abu Simbel, the Temple of Seti I at Abydos, the Temple of Derr, Luxor Temple, where a number of scenes are found, the Ramesseum on the West Bank at Luxor (ancient Thebes), and at Wadi es-Sebua, where he is shown in procession in two scenes. However, he is shown in a number of scenes that are more action oriented, such as hunting scenes with his father and several other brothers. These scenes may be found at the Temple of Abu Simbel where he and two other brothers are shown in war chariots and at Beit el-Wadi, where he and Khaemwese are also shown in chariots. At Karnak he is with eleven other brothers handling prisoners, while there is a similar scene at Luxor but with fewer brothers.

Unfortunately, Amun-her-shepeshef did not outlive his father. He died in year 40 of his father's reign. Amun-her-shepeshef was probably between the age of 40 and 45. In fact, Ramesses II outlived his first twelve sons, with Merenptah, the thirteenth who may probably have been sixty at the time, finally succeeding him. We believe that Amun-her-shepeshef was buried in KV 5 in the Valley of the Kings on the West Bank at Luxor. This huge and utterly unique tomb with over 150 chambers was most likely built for at least three or four of Ramesses II's sons, if not many more. Excavation in the tomb continues under the direction of one of the living legends of modern Egyptology, Kent Weeks. I am sure we can count on Dr. Weeks to painstakingly dig out ever shred of information that the tomb may yield, so one day we may know much more about this young prince of Egypt.

Encuentran seis tumbas romanas en una excavación en Mataró (Barcelona)

Encuentran seis tumbas romanas en una excavación en Mataró (Barcelona)

Seis tumbas romanas de los siglos IV y V d.C. fueron encontradas ayer en Mataró en los trabajos de rehabilitación que se están realizando en la confluencia entre La Riera y la calle Sant Josep del centro histórico de la capital del Maresme. Los seis sarcófagos estaban en una superfície de unos veinte metros cuadrados, descubierta por los arqueólogos municipales.

Europa Press, Mataró, Barcelona, 24 de febrero de 2005

Las tumbas corresponden a la última época de la necrópolis Iluro y cinco son cajas de piedra del siglo V. La otra es más antigua, probablemente del siglo IV, y corresponde al modelo de "cupae", una estructura funeraria con cúpula que hacía funciones de panteón familiar.

Dentro de las tumbas se encontraron los restos de sus ocupantes, que se trasladaron a un laboratorio para determinar su sexo y edad.

Además, en la tumba más antigua, la "cupae", se encontraron dos ánforas. En las distintas obras que se han realizado en La Riera en los últimos años se han descubierto varias zonas de la necrópoli Iluro.

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Mataró. El primer cementerio infantil romano en España. Han descubierto 24 cráneos infantiles

EFE, 17 de marzo de 2005

Arqueólogos creen hallar en Mataró el primer cementerio infantil romano en España
El hallazgo, por el momento, de 24 cráneos infantiles en un yacimiento situado junto a la Riera de Mataró hace sospechar a los arqueólogos de que podría tratarse del primer cementerio infantil romano localizado en España.

Según informaron los responsables de la excavación, los cráneos se han hallado en una tumba del siglo III dC y de una superficie de 1,80 metros de ancho por un metro de profundidad, lo que hace pensar a los técnicos que se trata de una tumba secundaria o de recopilación de cadáveres.

"En esta tumba se debían recoger todos los restos de los esqueletos infantiles del resto de la necrópolis de Iluro -Mataró en tiempo de los romanos-, que debieron ser acumulados en este espacio después de una limpieza de la zona, ya que por su edad aún no podían ser considerados ciudadanos", explicó en declaraciones a Efe Xavier Cela, uno de los arqueólogos.

Esta hipótesis de tumba secundaria es avalada por el hecho que los cráneos no se encuentran acompañados de los cuerpos, sólo de algunos trozos de huesos inconexos, que confirman que se trata de niños, muchos recién nacidos, que perdieron la vida posiblemente por causas naturales.

La antropóloga física de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) Eulalia Subirá está realizando un primer estudio "in situ" de los cráneos y el levantamiento de los restos, aunque después serán llevados al laboratorio de esa universidad para continuar en detalle su investigación y, hasta que no se obtengan conclusiones exactas, no se entregarán al Museo de Mataró.

El final de las excavaciones está previsto para esta semana, aunque los arqueólogos no descartan hallar nuevos cráneos.

De hecho, tenían previsto finalizar el pasado martes, cuando sólo se habían encontrado 7 cráneos y dos ánforas y se pensaba que se trataba de una tumba familiar.

Los enigmas de Luxor

Los enigmas de Luxor

Foto: Plano de las tumbas de Djehuty y Hery, realizado por Juan Ivars y Carlos Cabrera durante la campaña de 2003. Para la toma de datos se utilizó una estación total.

La misión española del Proyecto Djehuty vive desde 2002 en la necrópolis egipcia de Dra Abu el Naga, una colina rocosa en las inmediaciones de la antigua ciudad de Tebas, hoy Luxor. Una maravillosa aventura científica con sensacionales hallazgos: los secretos de dos tumbas de nobles de 1.500 años antes de Cristo.

Tras una breve conversación preliminar le pregunté de dónde venían aquellas piezas. ‘Min el gebel’ (de las montañas), respondió. ‘Muchas antigüedades’, señalé con una sonrisa, ‘proceden de las montañas’. ‘Cierto’, dijo, ‘pero éstas son especiales, ¡vienen de una gran tumba! Ishtaree! (¡cómpralas!)… ¡Vienen de verdad de una gran tumba en la colina!’. ‘¿En la colina?’, repliqué, ‘¿qué colina?’. ‘¡El Dira!’, explicó señalando por encima de su hombro hacia la colina de Dira Abou’l-Negga”.

Por: Carlos Spottorno, El País, 14 de marzo de 2005

El que habla con el persuasivo ladrón de reliquias faraónicas es nada menos que Howard Carter –que recogió la charla en uno de sus apuntes autobiográficos–, y el lugar maravilloso al que se refieren, preñado de momias, tesoros y misterios, es Dra Abu el Naga (el término se ha simplificado, perdiendo quizá algo de su romanticismo), una gran zona arqueológica cerca del famoso Valle de los Reyes, en Luxor, la antigua Tebas, que fue usada intensivamente como necrópolis durante las dinastías XVII y XVIII –hay también enterramientos anteriores y posteriores–, hace más de 3.500 años. En ese sitio privilegiado por el que ronda aún la sombra tenaz del descubridor de Tutankamón, que identificó en el lugar la sepultura perdida de Amenofis I, bautizada como tumba ANB, excava ahora una misión española, y está realizando hallazgos sensacionales.

Los españoles no han de buscar sus tumbas: ya las tienen. Son la TT11 y TT12 –TT equivale, en la terminología arqueológica, a Theban Tomb (Tumba Tebana)–. Se trata de dos tumbas vecinas, prácticamente adosadas, como los chalés –chalés de momias–. Fueron construidas en la falda sur de la colina para los nobles Djehuty, que da nombre al proyecto de investigación hispano-egipcio, y Hery. El primero fue, hacia 1500 antes de Cristo, supervisor del Tesoro y supervisor de los Trabajos, el equivalente actual de ministro de Hacienda y de Obras Públicas, de la célebre reina Hatshepsut, probablemente la mujer más notable del antiguo Egipto, y cuya carrera, poder y realizaciones empequeñece a las más populares Cleopatra o Nefertiti.

Djehuty, un individuo de enorme capacidad intelectual, como atestiguan los juegos criptográficos que aparecen en las inscripciones de su tumba, y hombre de confianza de la reina, tuvo el privilegio de participar –al menos a nivel organizativo– en una de las grandes aventuras de su tiempo: la expedición al remoto y exótico país de Punt, en algún lugar de África oriental. El segundo personaje, Hery, más enigmático, vivió en época anterior, durante los reinados de Amosis I (1570-1546 antes de Cristo), el fundador de la poderosa dinastía XVIII y el rey que expulsó definitivamente a los invasores hicsos, y Amenofis I (1551-1524). Amosis I también fue enterrado en el área de Dra Abu el Naga, y la localización de su tumba sigue siendo hoy desconocida –la momia, sin embargo, como la de Amenofis I, la tenemos: fue hallada en el escondite real de Deir el Bahari en 1881, en excelente compañía (Ramsés II, Seti I, Tutmosis III y la mayor parte del embalsamado Gotha tebano)–. Hery ostentó un cargo cuya relevancia es difícil de interpretar, pero que sugiere que era un hombre cercano a la casa real, seguramente emparentado con ella: supervisor del Granero de la Mujer del Rey y la Madre del Rey, Ahottep.

La aventura científica y vital del equipo español –que acaba de cerrar su cuarta campaña, de seis semanas, en Dra Abu el Naga–, se centra en excavar, restaurar y publicar las tumbas de Djehuty y Hery. El trabajo, pese a lo que pudiera parecer al tratarse de dos pequeñas tumbas –en comparación con los grandes hipogeos reales del Valle de los Reyes–, es monumental y exige unas energías y unas dosis de cuidado y paciencia casi sobrehumanas. Complica las cosas el que las dos tumbas fueran reutilizadas, en parte, en tiempos posteriores a su construcción y, en épocas ptolemaica o romana, convertidas en verdaderas catacumbas interconectadas por pasadizos subterráneos en los que se instaló un cementerio de aves sagradas, con numerosas momias de ibis y halcones.

Las labores en los dos sepulcros y sus alrededores van a prolongarse aún durante mucho tiempo; por lo menos, 10 años más. El proyecto incluye también, en su etapa final, su adecuación para que puedan ser visitados por el público. La excavación de los patios exteriores de las dos construcciones, que estaban cubiertos de tierra y ruina, ha arrojado un sinnúmero de objetos maravillosos, algunos espectaculares, y otros, además, de valor decisivo para nuestra comprensión de la historia del antiguo Egipto. Baste con citar la Tabla del Aprendiz, una tablilla preparatoria con el único dibujo frontal de un faraón (seguramente la propia Hatshepsut) que se conoce; el bellísimo ataúd de madera pintada de la Dama Blanca –así han bautizado a la anónima mujer del Imperio Nuevo envuelta en lino que apareció dentro–, o un fragmento de alabastro con el cartucho –el nombre real– de Amosis I.

El director del Proyecto Djehuty, patrocinado por Telefónica Móviles y la Fundación Caja Madrid, es el egiptólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas José Manuel Galán (Madrid, 1963), un hombre cauto y sensato al que le interesan mucho más las inscripciones que las momias –peor para él– y que trata siempre de contener la inmensa emoción que le provoca su trabajo. Le cuesta reconocerlo, pero en sus sueños se adentra en la tumba de Djehuty, al que está llegando a conocer como se conoce a un amigo íntimo, y da con el sarcófago dentro del cual se halla todavía el cuerpo del fiel colaborador de la gran reina… Ahora, Galán acaba de regresar de la última campaña en Dra Abu el Naga, el polvo de la vieja Tebas aún pegado en las botas. En sus palabras resuenan el chasquido de las palas al cavar en la arena, las voces guturales de los capataces y el estremecedor rechinar de los escombros que amenazan derrumbarse sobre una galería subterránea. En buena medida, el egiptólogo sigue en un mundo cálido y lejano en el que la tierra es inimaginablemente vieja, los pintados abejarucos juegan al escondite entre los cañaverales del Nilo y el sol enrojecido se reclina sobre los hombros de los colosos de Memnón igual que en los gloriosos tiempos de Amenofis III.

Galán, como el hombre ordenado que es, empieza por el principio y recuerda cómo empezó todo: “La primera vez que vi la tumba de Djehuty fue en noviembre del año 2000. Buscaba un proyecto en Egipto de cierta envergadura y que sirviera para dar un nuevo empuje a la egiptología española. Tenía una lista de tumbas disponibles del periodo que me interesaba, la dinastía XVIII, el momento estelar del imperialismo egipcio. Visité varias en el West Bank; en algunas había misiones trabajando, otras estaban en muy mal estado. Acabé en la de Djehuty. Sólo entrar, me di cuenta de que era lo que estaba buscando”. Amor a primera vista, pues. “Entré en compañía de Mohamed el Bialy, que es ahora mi socio en la excavación, y otro inspector, con linternas. Fuimos iluminando los relieves y las inscripciones, un trabajo muy fino de los artesanos, y entendí hasta qué punto era un monumento importante. Cumplía con todas mis expectativas”. El Gobierno egipcio, en la persona del poderoso Zahi Hawas, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, dio el visto bueno a un proyecto que coincide con sus nuevas directrices arqueológicas: no abrir nuevos yacimientos, sino excavar a fondo sitios ya conocidos, y restaurar y hacer visitables los monumentos.

El Proyecto Djehuty es el primero de una misión española en las necrópolis tebanas, con el único precedente –aparte de la participación de los catalanes Lluís Monreal y Eduard Porta en la restauración de la tumba de Nefertari en el Valle de las Reinas, a finales de los ochenta– de los trabajos del diplomático y egiptólogo Eduard Todà i Güell. Todà excavó en 1886 para el gran Maspero la tumba de Sennedyem (Son Notem), la TT1, en Deir el Medina. Esa tumba estaba intacta, y Todà encontró la friolera de 20 momias; es cierto que algunas en tan mal estado que sólo pudo llevarse las cabezas. Todà, embriagado de antigüedades faraónicas, se fotografió disfrazado de momia en las salas del Museo Egipcio de El Cairo, algo que difícilmente haría Galán, notablemente más tímido.

Conseguir excavar en Tebas es todo un logro. ¿Cómo lo consiguió Galán? “No lo sé, supongo que porque tenía muy claro que debía ser ahí. Si me hubiera interesado otra época estaría en el Delta o en El Fayum; pero para estudiar el imperialismo egipcio y la dinastía XVIII, Tebas es el sitio”. Galán aprovecha para destacar muy deportivamente el trabajo que desde hace años llevan a cabo sus colegas españoles en Heracleópolis Magna (Museo Arqueológico Nacional de Madrid, bajo dirección de María del Carmen Pérez Die) y Oxirrinco (Universidad de Barcelona, con dirección de Josep Padró). En Meidum, la Fundación Arqueológica Clos acomete un proyecto de investigación y restauración de la necrópolis que dirige el egiptólogo Luis Manuel Gonzálvez.

Las tumbas de Djehuty y Hery ya estaban descubiertas, lo que al neófito le puede parecer, erróneamente, menos excitante. Las descubrió Champollion, aunque el sabio iba a paso ligero y no se detuvo mucho en ellas. Tampoco lo hizo el siguiente ilustre visitante, Lepsius, que se limitó a copiar algunas inscripciones. A finales del siglo XIX, el marqués de Northampton redescubrió las tumbas, que fueron investigadas por los célebres egiptólogos que le acompañaban, Newberry y Spiegelberg (nombre que hoy le hubiera granjeado más de una broma). En los años cincuenta, otro egiptólogo, Säve-Söderbergh, el escandinavo especialista en la navegación en tiempos faraónicos, trabajó en los sepulcros. “Hacía casi medio siglo que nadie investigaba y nunca se había realizado un estudio completo. Cuando consulté la bibliografía sobre las tumbas me quedé de piedra ante lo poco que, contra todo pronóstico, se había hecho. Los descubrimientos que estamos realizando muestran cuánto hay por hacer en Egipto y qué importante es reexcavar y volver a investigar, incluso en sitios tan populares como Tebas”, recalca Galán.

Una de las sorpresas es que, excavando en los patios, ha aparecido numeroso material que no pertenece a las tumbas de Djehuty y Hery. “El área fue aprovechada en años posteriores y se efectuaron enterramientos en todas las épocas, en la ramésida, en la saíta y después”. Incluso ha habido una inesperada pedrea: entre las dos tumbas ha aparecido una tercera, también de la dinastía XVIII –“no sabemos quién era el propietario, no hay indicación fuera y aún no hemos entrado”–, y hasta una cuarta, sobre la de Hery, de la que se han descubierto las jambas de entrada con el nombre del difunto, un tal Baky.

De lo colosal de la tarea de la misión española da prueba el que, acabada ya la cuarta campaña, de momento sólo se han excavado en profundidad los patios de las tumbas. “Dentro hemos documentado las inscripciones visibles, pero apenas hemos empezado a excavar. En el interior de las tumbas, los primeros metros están despejados, pero luego las cámaras están llenas casi hasta el techo de escombros. Esos escombros, y piedras, y tierra, entran por agujeros de arriba. Cerrarlos es prioritario antes de poder excavar dentro, que es lo que haremos en la próxima campaña”.

Cuatro años, y Galán aún no sabe si Djehuty está todavía dentro de su tumba. Eso es paciencia. ¿Estará? “Mi experiencia como arqueólogo es que siempre ocurre lo contrario de lo que esperas y planeas”, explica con enervante prudencia. “Fuera, en los patios y alrededores de las tumbas, no esperábamos encontrar gran cosa y hemos hallado material interesantísimo. En la segunda campaña apareció en el patio de Djehuty ese estupendo sarcófago con momia y pensé que en ésta hallaríamos algún otro enterramiento, y, sin embargo, no hemos encontrado prácticamente nada. Mientras que en el patio de Hery sí han aparecido cosas. Dentro… es difícil de decir”. Venga hombre, arriesgue. “Entre los escombros y el techo de la tumba de Djehuty se ven maravillas. Relieves policromados. ¿Se habrán conservado por debajo? Parece que sí, pero hay que cruzar los dedos”. La momia debería estar, ¿no? “Ésa es nuestra hipótesis. Aunque nuestras tumbas, como todas, sufrieron la acción de los ladrones, creemos que fue durante la antigüedad, cuando sólo buscaban oro y plata. Entonces no les interesaban las momias para llevárselas. Los propios escombros han protegido las zonas internas de la tumba de los ladrones modernos de los siglos XIX y XX, que son los más destructivos, los más carroñeros. Aunque las dependencias funerarias estén revueltas, creo, tengo la esperanza, que encontraremos restos del sarcófago y del ataúd y parte del ajuar. Todo ello material de significación histórica, que es lo que realmente nos interesa”.

Cuando se le pregunta a Galán en qué estado podría estar la momia, el egiptólogo arruga el ceño y se ensimisma como cuando a alguien se le hace describir el accidente de un pariente. “Es difícil decirlo. En el peor de los casos estará tirada por ahí, incluso descuartizada, igual que algunas de las que hemos encontrado fuera. La habrán abierto para buscar el escarabeo del corazón. Pero seguramente no se la habrán llevado, no es muy interesante llevarse una momia a cuestas”. Sorprende el tono de ferocidad con que el egiptólogo zanja la cuestión, digno de Belzoni, el hombre que accedía a las tumbas con dinamita: “Creo que la encontraremos, pero en mal estado. Me pongo en el peor de los casos. Para no hacerme ilusiones”.

Remontémonos en el pasado de la momia. ¿Quién era Djehuty? “Su nombre, escrito Dhwty, remite a Djehut, que es como denominaban los egipcios al dios Tot, el escriba divino, al que se representaba habitualmente como un ibis –de ahí el que luego se instalara un cementerio de esos pájaros en la zona–. Podemos entender el nombre de nuestro personaje como ‘el que pertenece a Tot’. El nombre era bastante común, y, por ejemplo, tenemos un general contemporáneo que se llamaba igual”. Ese militar del que habla Galán combatió en el norte y se distinguió en el sitio de Joppa, en Palestina, durante la campaña de Tutmosis III contra Meggido; vale la pena perder unas líneas con él para recordar que, según se cuenta en el papiro Harris, capturó la ciudad con una estrategia similar a la del legendario caballo de Troya: metiendo un contingente de soldados en cestas que parecían contener tesoros y que fueron introducidas en la población sitiada.

En fin, nuestro Djehuty (el otro está enterrado en Saqqara) no era, como aquél, un militar dedicado a contar escrupulosamente manos cortadas de enemigos y que ambicionase las moscas de oro del valor (la Cruz de Hierro de primera clase en versión ejército del faraón), sino alguien más pacífico: un alto funcionario, procedente se cree de Hermópolis, que desempeñó diversos cargos con Hatshepsut. Como supervisor del Tesoro fue responsable de contabilizar las ingentes riquezas que llegaron de Punt, entre ellas cantidades nunca vistas de especias y perfumes, y casi mil kilos –al peso actual– de oro. “En su tarea de supervisor de los Trabajos era el encargado de dar instrucciones a los artesanos, los manitas que hacían las obras más delicadas y trabajaban con materiales preciosos. Y así, por ejemplo, sabemos que se responsabilizó de la capilla en ébano de Nubia de la reina en el templo de Deir el Bahari y de que se cubrieran con electro los dos obeliscos chapados de ese material que Hatshepsut hizo levantar en Karnak, entre los pilonos IV y V”. La extraordinaria calidad de los relieves de la tumba de Djehuty seguramente se explica, dice Galán carraspeando, porque el probo funcionario desvió trabajadores reales a su sepulcro. Acaso también desviara fondos de las arcas de construcción de la reina, con lo que nos encontraríamos ante una situación tipo 3% en la antigua Tebas. Un poco tarde para crear una comisión de investigación. En todo caso, Djehuty fue un tipo fiel que sufrió por ello la misma damnatio memoriae, condenación de la memoria por motivos políticos o religiosos, que su reina: su nombre y su rostro aparecen borrados premeditadamente en varios lugares en la tumba.

La decoración de la tumba de Djehuty es un primor. “En un lado de la fachada hay un gran texto autobiográfico, en el que Djehuty explica sus trabajos con Hatshepsut, y enfrente, la contrapartida religiosa, en la forma del gran himno a Amón-Ra, que estaba pintado de amarillo para que el sol lo coloreara al amanecer”. La conjunción de ambos aspectos en la fachada de la tumba sintetiza, subraya Galán, los requisitos que precisaba un egipcio bien nacido para asegurarse la vida futura: haber servido lealmente al rey (si exceptuamos los trabajillos desviados) y mostrar devoción religiosa. “Junto a la fachada se alzaba una estatua del propietario del sepulcro de la que hemos encontrado una docena de fragmentos. También se hizo representar en un panel funerario en el que aparecen sacerdotes, mujeres con sistros y un arpista. ¡Todo eso sólo en la fachada! Dentro podemos observar escenas convencionales muy bien realizadas: una peregrinación a Abydos para ganar las convenientes simpatías de Osiris, una escena de caza en el desierto, el ritual de apertura de la boca de la momia…”. El equipo español está rejuntando otras dos inscripciones autobiográficas de Djehuty que estaban “muy machacadas”, y se confía en que aportarán nueva información sobre el personaje.

Un asunto interesante es cuán cerca estaba el servidor de la reina. No olvidemos que a Hatshepsut se le atribuye un amante en la persona de su más alto funcionario, Senenmut (un grafito de la época les muestra en actitud sexual tan explícita que hace daño), un personaje enigmático que acumuló cargos y prerrogativas extraordinarios y que parece haber permanecido siempre soltero. Significativamente, en la tumba de Djehuty no aparece ninguna mención a una esposa, aunque sí están su madre y su padre. “Es posible que los altos funcionarios de Hatshepsut no incluyeran a sus esposas en sus tumbas, por alguna razón que se nos escapa. Puede que fuera una convención, algún tipo de decoro”. ¿Decoro? El morbo obliga a preguntar si no tendría la reina un harén de funcionarios… “Bueno, no dudo de que a Hollywood eso le encantaría, pero no hay ningún indicio”, ríe Galán. En fin, Djehuty, hombre prudente, manifiesta en su tumba: “Mi boca guarda silencio sobre los asuntos referentes al palacio”.

En la tumba de Djehuty se enterraría también, seguramente, a algunos de sus familiares. “Por eso estamos encontrando material de después de su época, como un fragmento de lino con la marca del año segundo del reinado de Amenofis II, quizá parte del ajuar de alguien de la familia”.

Galán se siente muy cerca del funcionario egipcio que vivió hace 3.500 años. “Djehuty fue sin duda un miembro de la élite intelectual del momento, un momento muy importante en el que proliferaron un arte y unas ideas muy refinados. La reina necesitaba legitimarse como faraón, y encontramos inscripciones muy elaboradas, con un lenguaje político extremadamente sofisticado. Djehuty es parte de este mundo, y seguramente tuvo una responsabilidad en el alto nivel lingüístico y plástico de la época”. El egiptólogo está fascinado con los textos criptográficos de la tumba. “Son un reto al lector: se utilizan signos distintos de los habituales, de forma que leerlos es como resolver un enigma. Pero, en general, todas las inscripciones en la tumba están muy cuidadas, tanto desde el punto de vista textual como formal. Djehuty es, en el fondo, Tot, el gran escriba, el hombre entusiasmado con el lenguaje y la escritura”. No sabemos cuándo murió Djehuty, ni por qué causa, ni la edad que tenía. “Sabemos que su origen debía ser provinciano y que algo meritorio hizo para ser llamado a la corte de Tebas”.

En su apasionada biografía de Hatshepsut (Edhasa, 2004), la egiptóloga francesa Christiane Desroches Noblecourt, que califica a Djehuty como “uno de los más fieles entre los fieles” de la reina, sugiere que el funcionario fue el responsable de la misión a Punt y viajó a ese país, que Galán y otros especialistas sitúan en Eritrea. “En las escenas del viaje, Djehuty aparece en segundo plano supervisando el pesado de la mirra y el incienso, pero al regreso. Yo no creo que él fuera en el viaje. No es un comisionado real, sino un escriba. No hay evidencia. De haber hecho el viaje, lo habría apuntado en su autobiografía inscrita en la tumba”.

Entre los hallazgos extraños en las excavaciones figura sin duda la momia de mono estrangulado. “Apareció en la tumba intermedia entre la de Djehuty y Hery. Estaba junto al pozo de enterramiento del propietario de ese sepulcro que no hemos empezado todavía a excavar. El mono fue momificado como un rey, empaquetado con lino, pero previamente le habían retorcido el cuello”. Quizá era una mascota querida que fue sacrificada a la muerte de su dueño para que le acompañara. Precisamente en el patio de la capilla funeraria de Senenmut en la necrópolis de Gurna se sepultó a una pequeña yegua y a un simio cinocéfalo, ambos envueltos en vendas. “Ahora que lo dice, es verdad. Pudiera ser algo similar. En todo caso, es una momia muy peculiar”. Y fea. ¿Qué tal es el trabajo en Dra Abu el Naga? “Al estar al pie de una colina, en plano inclinado, presenta muchas dificultades. Cuando excavamos se nos viene encima la montaña. Hemos tenido que construir grandes muros de piedra para consolidar el terreno, lo que significa más coste y más trabajadores”. Afortunadamente, el equipo español no pasa calor. “De hecho, dormimos con tres mantas. La temperatura de día en esta época del año es agradable, unos 25 grados, pero por la noche baja hasta 10”. En todo caso, “se disfruta mucho”, confiesa Galán, como si se avergonzase un punto de ello. “El lugar es maravilloso, y el trabajo, apasionante”.

La labor en las tumbas, para la que se cuenta con 70 trabajadores egipcios, se lleva a cabo desde las siete de la mañana hasta la una de la tarde. Los egiptólogos se quedan otras dos horas más. Luego se retiran al Marsam, un hotelillo junto al templo de Merenptah, y repasan los datos que ha arrojado el día, hasta la cena. El hotel pertenece a la familia de Abd el Rasul, los legendarios saqueadores de tumbas, con lo que todo queda en casa. La relación con la gente de la zona “es otro aspecto gratificante”, dice Galán. “Los egipcios son encantadores, generosos y abiertos, y el ambiente en Luxor es de absoluta tranquilidad”. El egiptólogo madrileño ha hecho gran amistad con el capataz, Ali Faruk, del pueblo de Quift (antiguo Coptos), del que proceden los mejores capataces desde los tiempos heroicos de las excavaciones.

El equipo español se encuentra en Luxor en medio de la élite mundial de la egiptología. “Intercambiamos experiencias con las otras misiones internacionales. Es un escenario muy activo. Los franceses vuelven a excavar en Deir el Medina y están hallando nuevas colecciones de ostraca. Se excava debajo de los obeliscos y pilonos de Karnak y están apareciendo estatuas depositadas allí como fundación. Los belgas restauran dos tumbas maravillosas de época de Amenofis II cerca de nosotros. Nuestros vecinos alemanes han descubierto, ¡a cincuenta metros de nuestras tumbas!, un ataúd de madera indescriptiblemente bello y cubierto de textos que parece hecho ayer”.

¿Y el peligro? “Bueno, solemos ir con casco en las tumbas, por indicación de los arquitectos que vienen con nosotros. En el pasillo de la tumba de Hery, un agujero lleva hasta una galería subterránea. Cuando nos metemos ahí, el terreno es tan inestable que las paredes y el techo se desploman si los tocas, todo se deshace. Cuando hay un derrumbe encojes los hombros y nunca sabes cuándo va a parar”. En esos túneles, donde yacen ibis y halcones polvorientos arrebatados al cielo puro de Egipto, la aventura de la egiptología adquiere su cariz más siniestro y claustrofóbico. Pero Galán no teme a las momias. Ni siquiera a las humanas. “Para mí, aparte de las inscripciones, son sólo cuerpos con vendas de lino”.

No está acreditado que las tumbas de Djehuty y Hery, TT11 y TT12, tengan maldición alguna, pese a que el insólito hallazgo de ofrendas de escarabajos remite, para el profano, a algún culto siniestro digno del infame sacerdote Imhotep de The mummy. La única maldición, en realidad, sería que, bajo las pilas de cascotes y escombros, el pasado se hubiera desvanecido y la historia no fuera ya más que unos puñados de arena indescifrable. Pero eso no pasará. Galán cierra los ojos y pronuncia la vieja palabra que ha precedido al descubrimiento de tantas cosas maravillosas: inshallah (si Dios quiere). Y el egiptólogo regresa mentalmente a la tumba, que le espera allí en la vieja Tebas, y en su imaginación recorre una vez más la inscripción en la que las mujeres de los sistros y el arpista entonan una canción por Djehuty, y vuelve a leer la letra de esa canción en el muro: “Te cantamos a ti para que Amón y Hathor te concedan todo lo que necesites y te otorguen de nuevo el dulce aliento de la vida”.

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Proyecto Djehuty en Internet:

http://www.excavacionegipto.com/index.jsp

VIDA DE DJEHUTY

Djehuty en egipcio quiere decir "El que pertenece a Tot", puesto que Djehut es la forma egipcia de referirse al dios Tot. Esta divinidad era el escriba de los dioses, quien dominaba los jeroglíficos y custodiaba los documentos más importantes. Uno de los animales en los que se encarnaba esta divinidad era el ibis, un ave que supuestamente tenía la facultad de volar entre el mundo de los dioses en el cielo y el mundo de los humanos en la tierra.

Djehuty era hijo de la "señora de la casa" Dediu, y vivió durante los reinados de Hatshepsut y Tutmosis III, alrededor del año 1500 a. C.

Tenía el título de "supervisor de los sacerdotes de Hermópolis", lo cual hace pensar que pudiera ser originario de dicha localidad, en el Egipto Medio. Precisamente en Hermópolis la divinidad principal era Tot, y allí se han encontrado cientos de momias de ibis que fueron enterradas como exvotos en su honor. Esta misma circunstancia la encontramos en la tumba del propio Djehuty, convertida años después en santuario dedicado a Tot y, consecuentemente, reutilizada como pequeño cementerio de momias de ibis.

Djehuty sucedió a Ineni (enterrado en la tumba nº 81 de Tebas) en el cargo de "supervisor del tesoro". Él era quien controlaba todas las piedras preciosas del templo de Karnak, y quien se encargaba de llenarlo con toda clase de productos. Además, era el encargado de registrar los diferentes productos que llegaban de las tierras extranjeras como tributo anual, así como lo que los gobernantes locales de Egipto le entregaban.

Contabilizaba los productos que venían de todas las tierras extranjeras y las maravillas que llegaban de Punt. Se encargaba de registrar los productos de los Shasu (poblaciones semi-nómadas de la región de Palestina) y el oro de los Aamu (semitas).

Además, desempeñó también el cargo de "supervisor de trabajos" en numerosas construcciones. Se encargó de los trabajos en la barca del Nilo "User-hat-Amon", y de diversos trabajos en Deir el-Bahari y Karnak. En el primero de estos templos cabe destacar la construcción de una gran capilla en honor a la reina Hatshepsut, en ébano de Nubia, que posiblemente es la que encontró M. Naville en este templo. En Karnak realizó trabajos en diferentes puertas, obeliscos, altares y capillas.

Djehuty fue, sin duda, un importante personaje, con gran peso dentro del gobierno de Hatshepsut. De hecho, él mismo se define en su autobiografía como "un líder del palacio". Es probable que fuera un partidario leal de Hatshepsut, por lo que, como parecen indicar algunos de sus monumentos, pudo sufrir algún tipo de persecución o marginación después de la muerte de la reina. Así, en su tumba, el nombre de la reina fue totalmente borrado e incluso, en varias ocasiones, el nombre del propio Djehuty.

La "damnatio memoriae" de Djehuty no sólo tuvo lugar en su tumba, sino también en Deir el-Bahari. En los relieves relativos a la expedición al Punt, se ha borrado a propósito una figura que está registrando los productos llegados de este país, pero que puede identificarse por medio del nombre y título que la acompañan: "el escriba y mayordomo Djehuty". También en Deir el-Bahari, en la escena en que se informa a Hatshepsut del éxito de la expedición a Punt, aparecen tres personajes delante de la reina cuyas figuras han sido borradas: la primera sería la de Nehesi, la segunda la de Senmut y la tercera se supone que sería la de Djehuty. Estos tres nobles pertenecieron al grupo de oficiales que más peso e influencia tuvieron durante el reinado de Hatshepsut. Parece que, después de su muerte, sufrieron algún tipo de persecución en sus monumentos, debido precisamente a su estrecha vinculación con ella.

Djehuty era, por otro lado, un nombre bastante corriente en aquellos años. Otros personajes importantes con el mismo nombre fueron: el "supervisor de los escultores" que vivió durante el reinado de Tutmosis I y que tiene su tumba en Kom el-Akhmar (Hierakómpolis), y el "heraldo real", cuya tumba es la nº 110 de Abd el-Qurna (Tebas occidental). Al igual que nuestro personaje, el heraldo real de la tumba nº 110 vivió durante los reinados de Hatshepsut y Tutmosis III, aunque parece que en un momento posterior, pues está más ligado a Tutmosis III que a Hatshepsut. Tal vez podría tratarse de su hijo. Esto es algo que se tratará de esclarecer con las investigaciones efectuadas durante el proyecto. Del mismo modo, se intentará establecer qué objetos de los diferentes museos con el nombre de Djehuty pertenecen a uno u otro personaje.

VIDA DE Hery

Hery, era hijo de la "señora de la casa" Ahmose. Vivió durante los reinados de Amosis a Amenofis I, y fue "supervisor del granero de la mujer del rey y la madre del rey Ahhotep". Tuvo dos hijos, Amonmose y Ahmose, y tres hijas, Nesnebu, Bak(et)amon y Tinetnebu.

Poco más se conoce de este personaje, posiblemente emparentado con la familia real, cuya vida transcurrió durante un periodo tan importante de la historia egipcia como es el comienzo de la XVIII dinastía, con la que se inicia un nuevo periodo histórico, el denominado "Reino Nuevo". Con este proyecto se tratará de conocer mejor el papel que desempeñó este personaje en dicho momento, y cual fue la situación vivida durante aquellos años.

MOMIFICACIONES DE LOS ANIMALES

Los antiguos egipcios no sólo momificaban cuerpos humanos sino también todo tipo de animales, desde toros hasta ratones. En algunos casos se trataba de animales de compañía, mientras que en otras ocasiones los animales se momificaban como ofrendas de alimento para el difunto. Sin embargo, la mayoría de los animales eran momificados por razones religiosas. Los egipcios creían que la mayoría de sus dioses y diosas eran capaces de aparecer sobre la tierra abjo la forma de un animal sagrado. Amon podía manifestarse bajo la forma de un carnero o un ganso, la vaca podía ser Isis o Hathor, Tot podía aparecer como ibis o babuino, etc. Sin embargo, no todos los ejemplares de una especie en particular eran considerados como sagrados (por ejemplo, la mayoría de los gansos eran alimentados para servir como alimento). Sólo los animales elegidos como representantes terrenales de la divinidad, como los toros Apis, gozaban del privilegio de vivir en el recinto del templo bajo todo tipo de cuidados, y de ser posteriormente embalsamados y enterrados con el ceremonial funerario correspondiente. En época Tardía esta práctica se generaliza de tal modo que todos los ejemplares de cualquier especie considerada como sagrada eran aptos para ser momificados. Las especies de criaturas que se momificaban eran muy variadas: perros, gatos, cocodrilos, toros y vacas, carneros, babuinos, halcones, ibis, lagartijas, serpientes, e incluso escarabajos.

Las técnicas de momificación empleadas en los ejemplares más elaborados seguían aquellas aplicadas a los cuerpos humanos, incluyendo la evisceración, deshidratación y vendado. Dichas operaciones se llevaban a cabo en un contexto ritualístico, acompañados por los ensalmos correspondientes. Aquellos embalsamados como ofrenda votiva recibían un tratamiento mucho más simple que suprimía la evisceración: los cuerpos eran deshidratados o simplemente cubiertos de resina antes de ser vendados.

MOMIAS DE IBIS

En general las aves fueron momificadas de forma extensiva, siendo quizá las más numerosas las momias del ibis, el pájaro sagrado del dios Tot. Los cuerpos embalsamados de los pájaros eran depositados en vasijas de cerámica de forma cónica, aunque también se empleaba como contenedor alternativo una escultura con forma de ibis, elaborada en madera aunque con cuerpo y patas en bronce.

Muchas momias de ibis han sido halladas en la necrópolis de animales de Saqara. En Tuna el-Gebel, el cementerio asociado con la ciudad de el-Ashmunein y dedicado a Tot está abarrotado de babuinos e ibis momificados. Sólo las momias de ibis se estiman en torno a 4.000.000, aunque el número bien podría duplicarse. Los restos del cercano templo de Tot presentan un recinto en el que, se cree, pudieron criarse babuinos e ibises ya que resulta del todo improbable, dado el número de momias, que los animales murieran por causas naturales. Parece posible que un peregrino que deseara algún favor de Tot fuera al templo y pagara por el sacrificio y momificación de un ibis o babuino.

La tumba de Djehuty en Dra Abu el-Naga se convirtió en época tardía en un cementerio de momias de ibis. Tal vez debido al nombre de su propietario (Djehuty = Toty = "El que pertenece a Tot"), la tumba se convirtió muchos años después en un santuario al dios Tot y, como consecuencia, en un depósito de ofrendas en su honor, entre las que se contaban estas aves. Una serie de graffitiescritos en tinta sobre las paredes interiores recogen los nombres de algunos de los sacerdotes y devotos que participaron en estas prácticas.

Las tumbas de Djehuty y de Hery están excavadas en la falda sur de la colina rocosa de Dra Abu el-Naga. La puerta de la tumba de Djehuty (nº 11) sirve también de entrada para la tumba de Hery (nº 12), pues su puerta permanece enterrada.

La tumba de Djehuty poseía originalmente un recibidor abierto y sin techo. El recibidor fue cerrado y techado por el Servicio de Antigüedades de Egipto en los años 60 para proteger los relieves, las inscripciones y la estatua de Djehuty que están esculpidos en sus paredes. Sobre una de ellas, se representa un banquete funerario que incluye un arpista seguido de un par de mujeres que cantan y marcan el ritmo con sistros. A ambos lados de la puerta original de la tumba se grabaron sendas estelas con una extensa inscripción biográfica de Djehuty.

La sala transversal también posee decoración en relieve, mostrando un variado repertorio de escenas acompañadas de inscripciones. En el suelo se excavó un pozo, y en una de las paredes laterales se abre una galería que conduce a la tumba de Hery. En la pared opuesta se abre otra galería que comunica con una esquina del recibidor. Esta galería está hoy llena de escombros, muy probablemente conteniendo momias de ibis y cerámica de época tardía.

El estrecho pasillo que conduce hasta el santuario del fondo también está decorado con relieves, representando la peregrinación fluvial hacia Abidos (donde se encontraba el templo principal de Osiris, rey de los difuntos), una escena de caza en el desierto, rituales realizados frente a la momia, etc.
El acceso al santuario del fondo, donde probablemente habrá una estatua de Djehuty sentado junto con su esposa, está cortado por una montaña de escombros que llega casi hasta el techo.

La tumba de Hery (nº 12), es anterior en el tiempo que la de Djehuty. El recibidor y la sala transversal no pueden verse en el estado actual de la tumba. Las paredes del pasillo que se dirigía hacia el santuario del fondo están decoradas con finos relieves, representando un banquete funerario, una cacería en el desierto, una procesión funeraria, etc.

La parte de la tumba donde debería encontrarse el santuario está lleno de escombros con huesos de animales (ibis) y cerámica rota. La sala tiene un pilar muy tosco, y se convierte en una galería que conduce de vuelta hacia el pasillo que une las dos tumbas. Todo este "anexo" sigue estando cubierto de escombros, con pozos y oquedades excavados en la roca.

En la obra fundamental de B. Porter & R. Moss, "Topographical bibliography of ancient Egyptian hieroglyphic texts, reliefs, and paintings", vol. I, publicada en 1927 y revisada en 1960, puede encontrase un plano y una descripción de las dos tumbas. Su plano, sin embargo, omite muchas detalles de interés. Por otro lado, la descripción comete el error de asignar a la tumba nº 11 de Djehuty objetos que sin duda proceden de la tumba de un homónimo que desempeñó el cargo de "supervisor de los países extranjeros del norte". Estos objetos fueron adquiridos en el siglo XIX en el mercado de antigüedades y algunos de ellos se exhiben hoy en el Louvre. Conviene tener presente que el nombre de Djehuty era muy común en aquella época, como así lo demuestra también la interesante tumba nº 110 en Abd el-Qurna.

ESTUDIOS PREVIOS DE LAS TUMBAS

Las tumbas de Djehuty y de Hery, excavadas en la falda sur de la colina rocosa de Dra Abu el-Naga, fueron descubiertas nada más y nada menos que por J. F. Champollion, a comienzos del siglo XIX. En su "Monuments de l’Egypte et de la Nubie: notices descriptives", vol. I, tan solo anotó, sin embargo, un breve pasaje de la inscripción que acompañaba a una escena funeraria en la tumba de Hery.

Alrededor del año 1840, las tumbas recibieron al siguiente visitante ilustre, K. R. Lepsius. De nuevo, este pionero de la egiptología se limitó a copiar y reproducir en su obra monumental "Denkmaeler aus Aegypten und Aethiopien", vol. III, las secciones de las inscripciones que le parecieron más significativas y que servían para identificar a los propietarios.

En los años 1898-99 el marqués de Northampton "redescubrió" las tumbas durante su viaje de estudios por la región, acompañado por dos afamados egiptólogos, P. E. Newberry y W. Spiegelberg. Los resultados fueron publicados un año después bajo el título "Report on some excavations in the Theban necropolis". Spiegelberg fue quien se encargó de estudiar los gafitti escritos sobre las paredes interiores de las tumbas, en lengua y escritura "demótica". Datan de época ptolemaica o greco-romana y documentan el enterramiento de momias de ibis (el ave en la que se encarnaba el dios Tot) dentro del antiguo complejo funerario. K. Sethe se ocupó de las inscripciones jeroglíficas en "escritura enigmática", es decir, utilizando los signos jeroglíficos no de la forma convencional, sino dotándolos de un valor fonético y semántico distinto, críptico, jugando la mayoría de las veces con la imagen del signo; una peculiaridad más del reinado de Hatshepsut. Spiegelberg había ya publicado ese mismo año, en 1900, un artículo en la revista Recueil de Travaux sobre la inscripción biográfica más extensa, grabada sobre una de las paredes del recibidor de la tumba de Djehuty, y denominada "estela de Northampton".

Años después, S. Schott visitó la tumba y sacó fotos de los relieves grabados sobre las paredes de las áreas accesibles de las tumbas. Hasta la fecha, estas fotos, la mayoría de ellas no han sido nunca publicadas, formaban el documento gráfico más importante de las tumbas. Sus negativos están guardados en el archivo del Griffith Institute de Oxford, y han llegado hasta nosotros gracias a la amabilidad del Dr. J. Malek. Copias de estas fotos nos fueron también facilitadas por medio del profesor E. Winter de la universidad alemana de Trier.

Sethe incluyó en su obra fundamental "Urkunden der 18. Dynastie", vol. II, publicada en 1927, los textos jeroglíficos más importantes que podían copiarse en la tumba de Djehuty.

En los años 1952-53, T. Säve-Söderbergh entró en la tumba junto con J. Barns y J. Janssen del Griffith Institute. Estos egiptólogos tuvieron a su disposición unos dibujos realizados por Davies, los cuales llegaron a sus manos por medio de Schott.

En 1956, de nuevo Säve-Söderbergh estuvo estudiando la tumba, prestando especial atención a las escenas del banquete funerario de la tumba de Djehuty. Publicó sus conclusiones en un artículo dentro del número 16, de 1958, de la revista Mitteilungen des Deutschen Archäologischen Instituts Abteilung Kairo.

Desde entonces las tumbas no han sido objeto de ningún estudio egiptológico.

La villa romana de Velilla de Aracanta

La villa romana de Velilla de Aracanta

Foto: Vista panorámica de los restos de la antigua villa romana de Velilla, en Agoncillo.

Un equipo de la Universidad de La Rioja descubre que el yacimiento de Agoncillo no era un edificio religioso.

Investigaciones arqueológicas realizadas en el yacimiento de Velilla de Aracanta (Agoncillo) han permitido descartar la presencia de un edificio religioso, obligando a revisar una teoría sostenida por muchos estudiosos y expertos. Las estructuras murarias visibles pertenecen en su origen a una villa romana, al parecer del bajo imperio, estructuras que fueron aprovechadas y modificadas posteriormente, en la Edad Media, siendo abandonadas más tarde para terminar utilizándose como un corral sin techo para el ganado.

Por C. Somalo, La Guía de La Rioja, 14 de marzo de 2005

La iglesia de Velilla de Aracanta es, pues, una invención historiográfica que pudo estar inducida por la propia estructura de las ruinas de un edificio de planta basilical conformado por un ábside con seis contrafuertes exteriores.

Cuatro campañas de investigación del equipo de la Universidad de La Rioja integrado por Pepa Castillo Pascual, Asunción Antoñanzas Subero y Pilar Iguálcel de la Cruz -en un proyecto financiado por el Gobierno riojano, Ayuntamiento de Agoncillo y con ayuda del I Plan Riojano I+D- han variado las percepciones e interpretaciones expresadas hasta ahora.

El trabajo, según Pepa Castillo Pascual, no consistía en realizar una revisión historiográfica sobre el enclave, «sino dar un sentido a un tópico muy recurrente en la bibliografía moderna en la que, al desconocer la realidad arqueológica del lugar, se aventura a explicar la funcionalidad de los restos y hasta a interpretarla».

Planta basilical

La planta basilical y el ábside han podido estar en la raíz de lo que Pepa Castillo llama «invención historiográfica». Las interpretaciones se remontan a Marcos Pous, cuando a mediados de los años 60 visitó el yacimiento y escribió sobre «los restos de una capilla antigua».

Otro tanto sucedió con Moya Valgañón en su Inventario Artístico de Logroño y su provincia. En este caso llega a considerar que se trata de los «restos de una capilla antigua» con una basílica de ábside ultrasemicircular que fecha en el siglo IV d.C. Años más tarde, trata sobre el mismo tema en Arte en La Rioja y menciona la basílica de Velilla como una de «otras tantas muestras de arte paleocristiano en La Rioja».

Sáenz Preciado realiza una prospección arqueológica y describe la zona como «un asentamiento romano de carácter menor» e insiste en el mismo error al señalar que el 'edificio religioso' es «la iglesia de la aldea medieval», rechazando su origen paleocristiano y datándola en el siglo XIV.
Las interpretaciones, como puede verse, han sido variadas. Basílica paleocristiana, aldea medieval, palacio o fortaleza de Rodrigo Alonso. El equipo de investigación ha precisado que en la zona sí hubo una iglesia, pero se trataba de una construcción modesta, que nada tenía que ver con el edificio de planta basilical.

A veces sucede que las cosas no son lo que parecen. Y si la estructura y el ábside parecían una iglesia, las excavaciones determinan que fue una villa romana.

«Tras la villa hay una estupenda ocupación medieval»

Pepa Pascual forma parte del equipo de investigación del yacimiento.

- Definitivamente se puede descartar que el edificio con ábside sea religioso...

- Sin duda, es una villa romana cuya fecha habrá que determinar, y a la que sigue una estupenda ocupación medieval a partir del siglo XII. En la Edad Media adaptaron el edificio a las necesidades y rentabilizaron todos los recursos que tenían al alcance de la mano hasta mejorarlos para otros usos, recreciendo muros para emplearlos como poyos o asientos, etcétera.

- Velilla, sin embargo, aparece en la documentación medieval...

- Sí. Es una pequeña aldea que aparece en la documentación desde los siglos XII al XIV. Posteriormente se abandona; no sabemos por qué, quizás por la peste, porque el señor de Agoncillo quería que no hubiera una dispersión y era mejor tenerlos dentro del recinto...

-Y, ¿posteriormente?

-La cronología histórica y documental que existe demuestra que fue un poblado abandonado y que durante los siglos XVII y XVIII, la estructura del edificio absidial tuvo una ocupación ganadera, como corral abierto. Después se ha conservado por ser un pedregal y la cesión a la base aérea.

La expansión fenicia por el Mediterráneo

La expansión fenicia por el Mediterráneo

“los fenicios, habiendo triunfado en sus empresas, acumularon grandes riquezas y resolvieron navegar hacia el mar que se extiende fuera de las Columnas de Hércules y que es llamado Océano” (Diodoro de Sicilia V, 20).

INTRODUCCIÓN.

El fenómeno de la colonización fenicia no es fácil de analizar, comúnmente se ha pensado en una de expansión colonial en la que se fundarían, más que colonias, pequeñas factorías comerciales destinadas al comercio con los indígenas y a la explotación de las zonas ricas en recursos. Con esto se buscaba contraponer esta expansión fenicia con el proceso de colonización griega que se caracterizaba por ser una expansión motivada bien por el exceso demográfico en la metrópoli, bien por tensiones sociales, y destinada a la apropiación de territorio para su puesta en explotación. Sin embargo, esto es simplificar el problema, la expansión fenicia es un proceso complejo y costoso que sólo pudo ser realizado por un estado fuerte y en plenitud de sus facultades económicas y que se caracterizó por su heterogeneidad. Así, no todos los asentamientos se fundaron por el mismo motivo; mientras que Gadir servía para abastecerse de metales mediante su conexión con las rutas atlánticas que funcionaban desde hacía siglos (no olvidemos que se encontraba justo enfrente del núcleo principal de la cultura tartésica), Ibiza, por ejemplo, demuestra tanto el interés por controlar la navegación hacia Occidente -Ibiza constituye una escala fundamental en el viaje desde Oriente-, como la voluntad de llegar a los mercados indígenas del Este y Norte de la Península.

En este trabajo, se intentarán contestar a una serie de preguntas relacionadas con el proceso colonial. En primer lugar, ¿Por qué?, es decir, se analizarán las posibles causas que impulsaron a los fenicios ha llevar a cabo una empresa tan compleja y arriesgada. Seguidamente se analizará el ¿cómo? de la expansión, es decir, las condiciones medioambientales y técnicas bajo las cuales se realizó dicha expansión y de que manera estas la condicionaron. En tercer lugar, se expondrán una serie de aspectos generales de la colonización como son las relaciones con la metrópoli y los indígenas o el urbanismo de las colonias más relevantes. Para finalizar, se intentará responder al ¿Donde? o lo que es lo mismo, se expondrán de forma ordenada los asentamientos semitas más importantes identificados hasta el momento por todo el mediterránea.

LAS CAUSAS DE LA COLONIZACIÓN FENICIA.

En este apartado intentaremos exponer las posibles causas que llevaron en un momento determinado de su historia a las ciudades fenicias de Oriente, y en especial a Tiro, a emprender una expansión comercial y colonial por todo el Mediterráneo.

Tradicionalmente se ha considerado que la expansión fenicia por Occidente venía provocada por la presión asiria, sobre todo desde Tiglatpileser III, que tendría un doble efecto sobre las ciudades-estado fenicias: por un lado, les impondrían fuertes tributos en forma de materias primas (sobre todo plata) y, por otro, les privarían de las tierras interiores que formaban el hinterland agrícola necesario para su supervivencia. Estos dos hechos provocarían en estas ciudades una necesidad de materias primas unida a una necesidad de productos agrícolas que desembocarían en el proceso de expansión objeto de este trabajo. Esta hipótesis ha sido defendida por ilustres investigadores como García y Bellido, Pierre Cintas, Niemeyer, Moscati, etc., pero actualmente es muy criticada.

D. Ruiz Mata apunta que esta visión tradicional pasa por alto un hecho de capital importancia como es que la auténtica presión asiria se da en un momento, reinados de Sennaquerib y Asarhadón (primera mitad de VIII a. C.), en que las colonias fenicias de Occidente están ya plenamente formadas. De este modo, las teorías que apuntan que en la Península Ibérica se produjo más bien una colonización agrícola impulsada por la necesidad de hallar nuevas tierras cultivables queda herida de muerte. Ruiz Mata, por su parte, hace descansar el motivo de la colonización en una búsqueda de metales, de los que Próximo Oriente es deficitario y que los fenicios necesitan, ya que habían perdido los mercados del Mar Rojo gracias a los cuales se abastecían de metales preciosos como el oro de Ophir. En esta línea se sitúa también Blázquez.

Carlos García Wagner por su parte, apunta que la causa principal de la colonización fenicia sería la búsqueda de materias primas para las manufacturas que servían para soportar el comercio con zonas de Próximo Oriente de las cuales Fenicia conseguía productos agrícolas imprescindibles para su subsistencia. De este modo, rechaza también la tesis tradicional de la presión asiria que, según él, sólo sería un elemento coadyuvante y ni tan siquiera el más importante, algo que queda demostrado por el hecho de que los inicios de la expansión fenicia por el Mediterráneo no son anteriores al IX a. C., con lo que, según él, no coinciden con los momentos de mayor actividad política y militar asiria.

También Liverani se ocupa de las causas de la colonización, señalando que las causas de la colonización fenicia deberían buscarse principalmente en tres ámbitos: en la situación en las tierras de destino, en los recursos con los que se comercia y en la situación en la zona de origen de los colonos. Para él la instalación permanente debió producirse por la conjunción de estos tres factores; en primer lugar, el hecho de que en el siglo VIII a. C. los indígenas en ascenso ya no aceptan las baratijas que los fenicios les ofrecían hasta ese momento, ahora "son interlocutores mucho más consistentes. Con ellos no basta la simple arribada estacional de naves aisladas, si requiere una capacidad de presión e intervención directa en los terrenos económico, político y, en última instancia, militar”. En segundo lugar, Liverani señala como la aparición de colonias marca un cambio, se da en un momento en que se pasa de demandar metales a apreciar los recursos agrícolas y ganaderos que son abundantes en el territorio colonizado, todo lo contrario de lo que pasa en tierras fenicias orientales. En tercer lugar, Liverani apunta que en el país de origen (las ciudades-estado fenicias) debió existir algún motivo que indujera a los colonos a dejar sus tierras y lanzarse a unas empresas tan prometedoras como arriesgadas. Este motivo Liverani no lo sitúa ni en las tensiones internas, que sí fue el caso de muchas fundaciones griegas, ni en la presión asiria que considera tardía con relación al desarrollo del proceso de expansión. De este modo él opina que "no parece que las presiones internas (socioeconómicas) y externas (imperiales) expliquen por sí solas el movimiento colonial fenicio, que debió ser una adaptación a las formas de presencia y explotación de la cuenca mediterránea" (6).

Para Susan Frankenstein el inicio del proceso colonizador se debería a una búsqueda de materias primas para satisfacer el aumento de la demanda de los socios comerciales extranjeros y políticamente superiores (caso de Asiria) y de sus propios talleres artesanales. Por consiguiente, para ella: "La expansión fenicia hacia el Mediterráneo Occidental es pues, sobre todo, una maniobra en busca de nuevas fuentes de materias primas en áreas hasta entonces no explotadas, en un momento de creciente demanda en el Próximo Oriente paralela a un declive de los suministros procedentes de fuentes tradicionales, como Anatolia e Irán"7.

Pero, sin duda, es María Eugenia Aubet8 quien traza una visión más completa sobre las posibles causas del inicio de la "diáspora" colonial fenicia. Su hipótesis parte de consideración de la colonización como un proceso producto de la conjugación de numerosos factores interrelacionados, aunque unos más importantes que otros, que actuarían en un largo periodo de tiempo. De esta manera, en un momento determinado uno de estos factores o un estímulo exterior actuarían como elemento desencadenante del proceso, simplemente como desencadenante, nunca como causa directa y única. Por consiguiente, Aubet rechaza tanto la hipótesis tradicional sobre la presión Asíria, como la de otros autores que opinan que la colonización se debió únicamente a la propia dinámica interna de la sociedad fenicia y a la necesidad de materias primas (sobre todo metales) durante el periodo de máximo desarrollo de su comercio, es decir, bajo el reinado de Hiram I de Tiro, durante el siglo X a.C., alegando contra estas últimas hipótesis el hecho de que no se documenta establecimiento fenicio alguno en esta fecha tan temprana.

Como hemos dicho, Aubet tiene en cuenta una serie de variables que consideradas en conjunto pudieron provocar el inicio de la colonización fenicia, estas son: el medio geográfico, el déficit agrícola y la sobrepoblación, la demanda de materias primas proveniente de las industrias especializadas, la demanda de metales preciosos, en especial plata, en el oeste del continente asiático, la pérdida de una serie de circuitos internacionales por parte de los fenicios, la presión de Asiría y, por último, la posibilidad que tenían los fenicios de llevar a cabo una empresa de tal envergadura gracias a la desarrollada infraestructura comercial que poseía. A continuación pasaremos a analizar estas variables más detenidamente.

Sin caer en un determinismo ecológico, el medio geográfico es un aspecto importante que, sin duda, influyó en los fenicios a la hora de dirigir sus miradas hacia el Mediterráneo. Recordemos que hacia 1200 a. C. las invasiones de los pueblos como "pueblos del mar", redujeron el espacio de las ciudades-estado fenicias casi exclusivamente a su espacio urbano y un pequeño hinterland. Este espacio debió ser a todas luz insuficiente para mantener una población en aumento que se concentraba en las ciudades. Además, hacia 1200 a. C., se dieron una serie de cambios climáticos en la región de Siria-Palestina que provocaron una sustitución de la vegetación de tipo mediterráneo por otra de tipo desértico y sahariano así como por una reducción del bosque producto de un acusado descenso del índice de lluvias. La costa fenicia no ser verá tan perjudicada por estos cambios, esto provocará que la gente se concentre en ellas, lo que a su vez producirá un aumento demográfico difícilmente soportable por el reducido espacio agrícola del que estas ciudades disfrutaban tras las invasiones del siglo XII a. C. y los cambios climáticos antes reseñados. De este modo, estos dos factores, invasiones y cambios medioambientales, provocaron en estas ciudades un déficit en el abastecimiento de alimento así como un exceso demográfico que tenemos que considerar como factores de desequilibrio que ayudan a entender el porqué del inicio de la colonización.

Este déficit agrícola en las ciudades fenicias sería lo que justificaría el pacto entre Hiram I y Salomón por el cual Hiram recibiría productos agrícolas a cambio de una serie de prestaciones (el asesoramiento técnico el la construcción del templo, etc.) Además, el exceso demográfico está documentado arqueológicamente ya que existe un notable aumento de los asentamientos a lo largo de la costa libanesa. Estos dos hechos -déficit agrícola y sobrepoblación- también explican el que Hiram I e Ithobaal I intenten y consigan dominar la zona de Akko y Monte Carmelo, zona fértil de la que se podían extraer abundantes recursos agrícolas.

Los fenicios fueron famosos por su artesanía de lujo, pero esta artesanía necesitaba de materias primas que no estaban en la propia Fenicia (si exceptuamos algunas pocas, caso de la madera de cedro. Por este motivo las ciudades fenicias, que se habían convertido en el principal exportador de objetos de lujo a estados del próximo Oriente como Asiria o Israel, intentarán alcanzar los depósitos de materias primas. Así, los fenicios se vieron en la necesidad de "controlar las rutas comerciales marítimas y terrestres que le garantizaran el abastecimiento de materias primas y la distribución de sus mercancías"9. He aquí otro factor de capital importancia a la hora de intentar conocer las razones que impulsaron a los fenicios a llevar a cabo su expansión por el mediterráneo.

En un momento determinado en la zona de Próximo Oriente la plata se convierte en el patrón de referencia, es decir, todas los productos estipulaban su valor en una determinada cantidad de plata. Esto hizo que la demanda de ese metal fuera abundante y que los grandes imperios pasaran a necesitar un suministrador. Este papel de suministrador es el que Tiro asumirá trayendo plata y metales, de las minas anatólicas entre el siglo X y finales del VIII a. C. primero, y, cuando en 800 a. C. se establece la alianza sirio-urartia y estas minas queden cerradas para los fenicios, de las minas del sur de España. Esto último queda demostrado por el hecho de que entre 720-650 a. C., momento en que tanto las minas anatólicas como los metales que venían vía Mar Rojo estaban fuera del control de los fenicios, las fuentes documentan la entrada de gran cantidad de plata procedente de Tiro a Asiria.

Así pues, el hecho de que la plata alcance el valor de patrón de referencia hace que este metal aumente su valor y que los fenicios intenten controlar su comercio, incluso después de perder el control de las reservas minerales de Anatolia. Para conseguir este control parece que la única solución era dominar las florecientes minas del occidente mediterráneo. Tenemos aquí pues, un importante factor a considerar con relación al proceso de expansión.

También debió influir en el inicio del proceso colonizador el hecho de que durante finales del IV y principios del VIII a. C. Tiro perdiera sus principales circuitos comerciales en el continente asiático; el que unía Fenicia con Israel y el que la conectaba con la zona del norte de Siria y sur de Asia Menor, debido a diferentes avatares políticos. Tras la muerte de Salomón, poco a poco se fueron deteriorando las relaciones entre el reino de Israel y Tiro, hasta que durante el reinado de Ahab se manifiesta una total hostilidad frente a la ciudad fenicia. Este hecho provocó que la ruta comercial que unía Tiro con Israel, el Mar Rojo y Ophir y de la que los fenicios obtenían metales y productos agrícolas, se cerrara para los fenicios. La pérdida de esta ruta obligó a Tiro a dirigir su mirada hacia el norte de Siria y Cilicia. Allí, con la instalación de asentamientos en el golfo de Alejandreta, Tiro conseguirá el dominio de tierras fértiles, el suministro de metales de Cilicia y Anatolia y dará salida a sus productos manufacturadas. Pero a partir de 800 a. C. con el establecimiento de la alianza entre Urartu y los reinos del norte de Siria, los depósitos metalíferos de Cilicia y Anatolia queda fuera del dominio de Tiro. Además, las campañas de Salmanasar III en el Orontes hace que Tiro pierda influencia en estas tierras tan aptas para la agricultura. A todo esto se une la consolidación a finales IX a. C. del reino de Aram-Damasco que, aprovechando un momento de debilidad asiria, se expansiona hacia el sur (Israel y Judá) con lo que Tiro pierde gran parte de su comercio terrestre y sus actividades quedan reducidas a intercambios de mercancías de lujo con los poderosos monarcas de Damasco.

De este modo, fuera de los dos circuitos que le habían dado prosperidad, a Tiro sólo le queda una salida: el Mediterráneo. Estamos a finales del siglo IX a. C. y es el momento en que se funda Kition y Cartago. Este cambio hacia Occidente también se ve favorecido por la reorientación de la demanda asiria hacia las materias primas, dejando un tanto de lado las manufacturas. Algo que hace que Tiro tenga que buscar nuevas fuentes de aprovisionamiento fuera del continente asiático.

Sin duda, la presión asiria también debió influir en los fenicios a la hora de tomar la decisión de iniciar la diáspora. Aunque, como ya se ha apuntado, no en los términos que tradicionalmente se ha defendido. Así, la presión asiria no sería tal que redujera el comercio fenicio a un mero intercambio forzoso obligando o Tiro a emprender una expansión hacia el Mediterráneo en busca del crecimiento económico. Por el contrario, aunque desde Tiglatpileser III se creó un cerco político y económico sobre las costas de Fenicia por parte de Asiria, Tiro no fue atacada ya que Asiria sabía que dejándola hacer (aunque con las pertinentes restricciones), Tiro podría ser más útil al Imperio. Así, imponiendo tanto un tributo como un intercambio preferencial, Asiria no intervino en los asuntos comerciales de Tiro, con lo que a fin de cuentas, "Tiro se convertía en un instrumento de la expansión asiria". (10)

De este modo, las ciudades fenicias jugaron un importante papel en la economía asiria, ya que el Imperio Asirio necesitaba de las materias primas y productos de lujo que Tiro le proporcionaba mediante tributo; pero a cambio, Tiro conservó una independencia comercial (con algunas restricciones) que le permitió prosperar. Esta relación provocaba en Tiro la necesidad de metales para pagar esos tributos que garantizaban su relativa independencia comercial que le servía para aumentar su poderío económico. En la búsqueda tanto de esos metales como de materias primas los fenicios se dirigirán hacia Occidente.

Todo esto lleva a Aubet a afirmar que:

"Asiria exigía a Tiro lo que no podía obtener fácilmente en otros

territorios: al principio hierro para su maquinaria de guerra y más tarde

plata, oro y bronce. Desde finales del siglo VIII a. C. Fenicia será la prin-

cipal abastecedora de materias primas en Oriente, lo que implica que

la demanda asiria determinó nuevamente la tendencia expansionista ha-

bitual en la política de Tiro, esta vez dirigida hacia el Mediterráneo Occi-

dental" (11).

Un último aspecto que Aubet considera es el hecho de que la expansión colonial tiria debió efectuarse en un momento no de crisis, sino de prosperidad, ya que esta expansión colonial necesitaría de una organización logística, de una planificación y de una financiación tan grande que sólo se podía habeer llevado a cabo en circunstancias muy adecuadas, es decir, cuando el estado fuera lo suficientemente sólido y las expectativas de éxito son lo suficientemente grandes. Apuntamos esto ya que la complejidad que la colonización implica no puede ser soportada por ninguna compañía comercial o iniciativa individual por poderosa que esta fuera. Este momento Aubet lo sitúa ente IX y 720 a. C., momento en que se documenta un atesoramiento de plata por parte de los asirios que sólo puede ser explicado por la existencia de unas fuentes de aprovisionamiento fabulosas como son las del Sur de la Península Ibérica.

En resumen, como causas desencadenantes del proceso colonizador fenicio debemos tener en cuenta una serie de factores que tienen que ser considerados en su conjunto. Por un lado estaría el déficit crónico de alimentos que padecen las ciudades estado fenicias tras la crisis, tanto política como climática, del 1200 a. C. Pero también influiría la búsqueda de materias primas para satisfacer la demanda tanto de los estados políticamente superiores, como de sus propios talleres artesanales. También habría que tener en cuenta tanto la pérdida de sus circuitos comerciales tradicionales en el continente asiático, como la presión asiria en forma de tributo. Y por último, debemos considerar el hecho de que los fenicios sólo llevaron a cabo su expansión colonial cuando esta fue posible, es decir, cuando dispusieron de los medios necesarios como era una tecnología adecuada, un estado próspero económicamente, unos productos con gran aceptación, etc.

En fin, innumerables circunstancias se unieron en un determinado momento formando una coyuntura en la que los fenicios hicieron lo que creyeron que sería más rentable para ellos, expandirse por todo mediterráneo.

LOS CONDICIONAMIENTOS DE LA EXPANSIÓN FENICIA POR EL MEDITERRÁNEO.

Tras abordar el porqué de la colonización fenicia se impone ahora, sin duda, exponer una breve visión del como de esa expansión. Así pues, en las líneas que siguen, vamos a intentar mostrar bajo que condicionamientos, tanto naturales (vientos y corrientes), como técnicos (naves y sistemas de navegación), se realizó esa expansión por el Mediterráneo y de que manera influyeron en el proceso que denominamos colonización fenicia.

De todos es conocido que los fenicios eran considerados en la antigüedad como un pueblo diestro en todas las actividades relacionadas con el medio acuático. Homero, Heródoto, Estrabón Plinio, etc... aplican a los fenicios y a sus herederos cartagineses todo tipo de calificativos sobre su habilidad de navegantes, de constructores de embarcaciones, de conocedores del mar y de todo lo que este podía ofrecer12. Este dominio del mar por parte de los fenicios, junto a las condiciones de la navegación en la antigüedad, lleva a Aubet a sospechar que la navegación jugó un papel importante en la organización, forma y articulación de la presencia fenicia en Occidente (13).

Así, aunque los sistemas y técnica de navegación y las condiciones naturales no fueron los únicos factores que influyeron en la elección de los lugares de asentamiento, sí que condicionaron esta elección de manera relativamente importante. Veamos pues, de que manera influyeron estos condicionamientos en el establecimiento de una red de asentamientos fenicios en Occidente.

-Los condicionamientos técnicos: técnicas, sistemas de navegación y tipología de las naves utilizadas en la expansión y consolidación de la presencia fenicia en las colonias-

Las fuentes clásicas nos hablan de la superioridad fenicia en el mar durante la antigüedad. Pero, ¿De que medios técnicos disponían los fenicios cuando llevaron a cabo su expansión?.

Por lo que respecta a las técnicas de navegación, sabemos que los fenicios practicaron tanto la navegación de cabotaje como la navegación de altura, es decir, eran capaces de navegar de noche y en mar abierto. Antiguamente se creyó que los fenicios sólo navegaban por el día y paraban a pernoctar en la costa, incluso algunos investigadores intentaron justificar esta hipótesis apuntando que los trayectos cortos de las embarcaciones fenicias se correspondían con las distancias existentes entre las colonias que podemos documentar en el Mediterráneo. Todo esto llevaba a pensar que la expansión fenicia se realizó mediante una navegación diurna de cabotaje. Hoy en día esta hipótesis es muy discutida. En primer lugar porque se aprecia que los enclaves no responden a esa necesidad de reposar durante la noche, ya que si esto fuera así, no existirían zonas sin presencia fenicia que de hecho existen y los fenicios no hubieran pisado zonas que sí pisaron. En segundo lugar, este sistema de cabotaje es demasiado peligroso ya que obliga a navegar demasiado cerca de la costa de día y a fondear por la noche en lugares desconocidos con los peligros que ello supone. De este modo la navegación de cabotaje sería adecuada para un tráfico local, pero nunca para un viaje a larga distancia como fue la colonización fenicia (14).

A las razones esgrimidas anteriormente habría que unir el hecho probado del conocimiento, por parte de los fenicios, de la navegación nocturna y de altura. Ya durante los siglos VIII y VII a. C. la tenemos documentada. Para que esta sea posible es necesario la existencia de algún punto de referencia que haga que el rumbo no se pierda. Las estrellas, en especial la Polar, es el punto de referencia utilizado normalmente. Plinio indica que los fenicios habían aplicado a la orientación los conocimientos astronómicos de los caldeos; prueba de ello es que la estrella Polar pasara a llamarse estrella Fenicia (15) y que la constelación de la Osa mayor se conociera en el mundo clásico como Phoiniké (16).

Pero al hecho de que los fenicios conociesen los sistemas de orientación nocturna que les permitían navegar de noche -por lo tanto sin necesidad de escalas-, se une otro argumento que hace que la hipótesis de que los fenicios realizaron su expansión utilizando una navegación de altura pase a ser una realidad. Este argumento es hecho de que en el Mediterráneo la tierra se pierde de vista en muy pocas ocasiones aunque se navegue muy alejado de la costa, sólo en la costa africana desde el sur de Túnez al Sinaí y también entre las Baleares y las islas de Córcega y Cerdeña se pierde de vista la costa.

De todo lo expuesto hasta el momento se puede deducir sin ningún género de dudas que los fenicios realizaron su expansión valiéndose de una navegación de altura gracias a la amplia visibilidad de la costa propia del mediterráneo, así como su como conocimiento de las estrellas.

Hemos visto como navegaban los fenicios, pero, ¿Qué barcos utilizaban?:

En primer lugar estaban las naves de transporte local. Estas naves eran pequeñas y estaban provistas de uno o dos remeros, poseían los extremos redondeados y el mascaron de proa en forma de cabeza de caballo. Como embarcación de pequeño tonelaje parece haber servido únicamente para transporte local y para la pesca. Así pues, este era el barco común para los desplazamientos cortos a lo largo del litoral, con lo que no nos interesan tanto.

En segundo lugar encontramos las naves mercantes, esta sería la nave utilizada en la expansión fenicia por occidente. El tipo habitual de barco mercante era panzudo y ancho, por lo que en griego se le denominaba gaulós (bañera); podía alcanzar hasta los treinta metros de manga por unos siete de anchura y se dirigía con timones laterales colocados a popa; como propulsión auxiliar llevaba remos que permitían maniobrar con rapidez en caso de que no hubiese viento en número que podía alcanzar los 18 o 20, pero el impulso fundamental lo facilitaban las corrientes de aire sobre una gran vela cuadrada colocada en un mástil central. Esta ausencia de remeros debe ponerse en relación con la necesidad de disponer de la bodega libre para llevar la máxima carga posible. Su capacidad oscilaba entre 100-500 toneladas y su velocidad, con viento favorable, en torno a unos cinco nudos (17).

En tercer lugar estarían las naves de guerra fenicias, en las que no me detendré debido a que no considero que fueran de capital importancia a la hora de estudiar el proceso de expansión fenicia. Además, en anteriores exposiciones ya se trató el tema con la suficiente profundidad.

Así pues, los fenicios, diestros marineros, surcaron con sus gaulós las aguas del Mediterráneo, utilizando una navegación de altura basada en su conocimiento de determinadas estrellas (la estrella polar), en busca de lugares donde establecerse.

-Los condicionamientos naturales: los vientos y las corrientes en el Mediterráneo-.

En nuestro afán de contestar a la pregunta: ¿Cómo se expandieron los fenicios?, no podíamos dejar sin estudiar las condiciones naturales del Mediterráneo, ya que, sin duda, esas condiciones influyeron en gran medida en la elección de los lugares en los que asentarse. De este modo, expondremos ahora de que manera las corrientes y los vientos existentes en el Mediterráneo pudieron condicionar a los fenicios en dicha elección.

-Las corrientes-

En el Mediterráneo las corrientes suelen ser superficiales, estaciónales y originadas por los vientos dominantes, variables y costeros. En la antigüedad para naves de gran tamaño, caso de los gaulós fenicios, era esencial navegar a favor de estas corrientes debido al peso y la escasa maniobrabilidad que poseían estos enormes buques.

En el Mediterráneo la corriente dominante discurre en orientación contraria a las agujas del reloj y se forma por la entrada de agua desde el Atlántico por el estrecho y desde el Mar Negro por los Dardanelos. Esta entrada de agua se debe al desnivel que existe entre el Mediterráneo y estos mares. De este modo, de Gadir a Tiro domina una corriente este-oeste que discurre a lo largo de la costa africana hasta Port Said desde donde se dirige al Norte bordeando la costa de Fenicia e Israel, Asia Menor y el Norte del Egeo. Llegados a este punto a esta corriente general se le une una nueva corriente que viene de Mar Negro. Así, se forma otra corriente que discurre por el Norte de Creta y llega al Adriático, sube por la costa este y baja por la costa oeste de dicho mar, discurre por el Mar Tirreno, llega al golfo de Génova y se dirige al Sur de España.

A la hora de cruzar el estrecho los barcos se encontraban de frente con la corriente atlántica, por lo que había que esperar a que soplase viento de levante que contrarrestasen la corriente para cruzar el estrecho y llegar a Gadir.

Esta corriente marina marca la ruta seguida por los barcos fenicios en sus viajes hacia Occidente. D este modo, saliendo de Tiro, las naves se dirigirían hacia Kition, desde donde enfilarían hacia la mitad Norte del Mediterráneo, es decir, por las islas de Creta, Sicilia, Cerdeña, Ibiza, etc., acabando el viaje en el sur de España. Siendo observador se verá como en dichas zonas es donde más presencia fenicia podemos documentar. En este sentido, los asentamientos de la costa oriental de Andalucía deberían relacionarse con la necesidad de los barcos de esperar condiciones favorables para cruzar el estrecho, -aunque como más adelante veremos esta no sería la única causa de la presencia fenicia en las costas mediterráneas andaluzas-. Pero entonces, ¿Cómo se explica el establecimiento de Gadir?, para Aubet, el establecimiento de este enclave de tan difícil acceso respondería a una posición privilegiada para relacionarse con el núcleo indígena tartéssico y con las rutas comerciales del Norte y Centro de España. Vamos atisbando así la enorme complejidad del fenómeno colonial.

-Los vientos-

En el estrecho de Gibraltar los vientos se reducen a ponientes y levantes y según predominen unos sobre otros hay años de ponientes o años de levante. Los vientos de levante suelen predominar durante los meses que van de Marzo a Septiembre, mientras que en los demás meses se alternan ponientes con levantes.

En años de poniente, cuando los vientos de este soplan con fuerza, la travesía de estrecho en dirección al Atlántico o a Gadir es particularmente peligrosa por lo que había que esperar vientos favorables. Los vientos de levante pueden predominar en la entrada oriental del estrecho, por lo que cuando en invierno coinciden ponientes y levantes, es prácticamente imposible cruzar el estrecho.

En resumen, en esta parte del trabajo, hemos intentado presentar una breve visión tanto de los medios que los fenicios utilizaron en su expansión por el Mediterráneo, como de los condicionamientos técnicos y naturales bajo los cuales emprendieron esta empresa. De este modo, hemos visto como los fenicios conocían la navegación nocturna y de altura y como utilizaron fundamentalmente unas naves amplias y lentas, los gaulós, en su expansión por Occidente. Pero también, hemos observado como una parte importante de los emplazamientos coloniales fenicios, responden a necesidades impuestas por las propias características medioambientales que impone la navegación en el Mediterráno.

ASPECTOS GENERALES DE LA COLONIZACIÓN FENICIA.

-¿CUÁNDO INICIARON LOS FENICIOS SU EMPRESA COLONIZADORA?-

Vistos el porqué y el cómo, debemos ahora resoponder a la pregunta: ¿cuándo llegaron los fenicios a Occidente?. Pregunta que, como ahora veremos, no es nada fácil de responder.

La fecha del inicio de la colonización fenicia en Occidente es uno de los temas más polémicos de la Historia de la Antigüedad, esto se debe a la contradicción que surge entre las fechas que ofrecen las fuentes escritas y las que nos ofrece la Arqueología.

Las fuentes escritas ofrecen la imagen de una temprana presencia fenicia en Occidente. Así, Veleyo Patérculo sitúa la fundación de Cadiz ochenta años después de la guerra de Troya (Hist. Rom. I,2,1-3), Plinio el Viejo afirma que el templo de Heracles en Lixus era más antiguo que el de Cadiz (XIX, 63), Estrabón (1,3,2 y III,2,14) y Pomponio Mela (III,6) sitúan las fundaciones fenicias de España poco después de la Guerra de Troya y "antes de la época de Homero" respectivamente, el Seudo Aristóteles fecha la fundación de la colonia fenícia de Útica 287 años antes que la de Cartago (De Mirabilis auscultationibus 134), etc... De este modo, si seguimos al pie de la letra estas noticias, Cádiz sería fundada en torno al 1104-1103, Lixus antes y Útica en torno al 1101 a. C. Sin embargo, Aubet ha señalado la poca fiabilidad de estas noticias basándose en el estudio del contexto cultural, la época helenística, en el que se crearon. Así, afirma que la tendencia helenística de ennoblecer el origen de algunas ciudades, su obsesión por las fechas fijas y la sobrevaloración de Homero como fuente histórica, provocaría que la fecha de la presencia de los fenicios en Occidente se situase en torno al XII a. C. Por consiguiente, Aubet señala la poca consistencia de estas noticias que hace que no superen un análisis crítico riguroso.

Estas dudas sobre la fiabilidad de las fechas recogidas en las fuentes escritas se ven confirmadas por los datos que arroja el registro arqueológico. Las excavaciones de diversos asentamientos fenicios en la Península Ibérica y otras partes de Mediterráneo no permiten retrasar la presencia fenicia en el Mediterráneo Central y Occidental más allá de los inicios del VIII a. C.

Esta evidente contradicción entre fuentes escritas y fuentes arqueológicas, ha provocado que algunos investigadores propongan una solución de compromiso: la precolonización. Esta, según ellos, sería una etapa que iría del XII-VIII a. C. en la cual habría viajes y contactos esporádicos con los indígenas sin un asentamiento sólido por parte de los futuros colonizadores de forma que las huellas dejadas en el registro arqueológico serían casi inexistentes, aunque la presencia fenicia si se diese.Sin embargo, la existencia de esta etapa de precolonización ha sido puesta en duda. Así, Aubet19, critica los argumentos en los que se fundamenta esta hipótesis de la existencia de una etapa de precolonización, ya que se sustenta en la existencia de una serie de restos arqueológicos cuya interpretación no está ni mucho menos clara. En primer lugar, se relacionaron una serie marfiles decorados de la región de Carmona con los marfiles cananeos del II milenio a. C., pero hoy en día se cosidera que las características de estos marfiles de Carmona responden a las las de la artesanía fenicia del marfil de los siglos VIII-VII a. C. En segundo lugar, también se quiso ver en una figurilla de bronce hallada en Seliunte (Sicilia) una prueba de la presencia fenicia en Sicilia en época muy arcaica, pero el hecho es que la presencia fenicia en Sicilia de esta figurilla se concibe hoy en día más bien como producto de la expansión micénica, que se sabe que alcanzó el Sur de Italia antes del 1200 a. C. y que mantuvo fluidos contactos con la costa cananea20. En tercer lugar, también se quiso ver en la llamada estela de Nora, hallada en Cerdeña y datada por características epigráficas en torno al IX a. C., otro indicio de la la existencia de una etapa de precolonización, pero la realidad es que los paralelos de la estela en Oriente ofrecen un arco temporal muy amplio, entre 830-730 a. C., con lo que esta estela no era tan representativa de una tempana presencia fenicia en Occidente.

Así pues, el análisis de estos y otras materiales arqueológicos no justifica el que se hable de una etapa de precolonización entre XII-VII a. C. Entonces, ¿Cuando se asentaron realmente los fenicios en las riberas del Mediterráneo Occidental? Como anteriormente dijimos, la arqueología, basándose en asociaciones entre materiales fenicios y griegos de algunos yacimientos fenicios de la Península Ibérica, ofrece unas fechas de en torno al segundo y tercer cuarto del VIII a. C. para la presencia fenicia en el Extremo Occidente Pero hoy en día, el uso del Carbono 14 arroja un marco cronológico que sitúa la colonización fenicia varias decenas de años antes de lo que se creía a partir de la asociación con las cerámicas griegas. Este hecho hizo a algunos autores como Aubet, Castro, Llull y Mico y Mederos proponer una cronología anterior en más de un siglo a la que normalmente es admitida por la arqueología, es decir, unas fechas aproximadas de en torno a la primera mitad de IX a.C (21).

-Características físicas de los asentamientos fenicias: entre tierra y mar-

Los asentamientos fenicios poseían características comunes; eran pequeños, estaban situados en lugares parecidos y tenían una topografía similar. La comparación entre yacimientos demuestra que los fenicios eran muy selectivos a la hora de elegir un lugar donde asentarse. Así, buscaron por todo el Mediterráneo lugares que se parecieran a los que habían dejado en sus tierras de origen, es decir, islas cercanas a la costa como Tiro y Arados o promontorios rocosos unidos al continente como Biblos y Sidón. De este modo, veremos como procuraban establecerse lo más cerca de la costa, pero huyendo a la vez de ella, ya que se observa claramente que preferían lugares ligeramente separados de ella como islas o islotes (Cádiz, Motya, Rachgoun, etc.) o promontorios rocosos unidos a la costa como Málaga y Almuñecar. También eran aprovechadas penínsulas que servían de refugio por su fácil defensa y que también eran útiles estratégicamente por su posición avanzada en el mar (caso de Tharros o Nora en Cerdeña). También se buscaban las desembocaduras de los ríos que facilitaban tanto el desembarco de los navíos como las relaciones con el interior, además de garantizar el abastecimiento de agua dulce. En este tipo de asentamientos (los situados en las desembocaduras de los ríos), el hábitat y la necrópolis se hallaban en orillas distintas. A este esquema responde la mayoría de los asentamientos fenicios de la costa andaluza (Morro de la mezquitilla, Toscanos, etc.), Útica, Bithia o Lixus.

Así pues, como dicen Grass et alii:

"...pequeñas aglomeraciones incrustradas en unos islotes costeros (Motya, Rachgoun, Mogador, Cádiz) o en la caleta de una isla grande (Sulcis) o en el extremo de una península (Tharros, Nora); otras comunidades eligieron sus emplazamientos en la desembocaduraza de un río (Bithia, Toscanos, Morro de la Mezquitilla) o en el fondo de un golfo (Útica, Cartago, Cagliari, Palermo, Ibiza). Los fenicios se instalaron siempre entre tierra y mar (25)".

-El urbanismo en las colonias fenicias-

La estructura interior de los asentamientos fenicios no puede ser establecida de un modo completo ya que, o bien las excavaciones están sin acabar, o bien los únicos datos que poseemos provienen de sondeos poco extensos que no son de ninguna manera suficientes para llegar a un buen conocimiento de la estructura urbanística de las colonias. Además, ningún asentamiento (con escasas excepciones) se hallan tan bien conservado como para permitir la excavación de la planta urbanística de forma global, por el contrario, muchos de ellos están completos o parcialmente destruidas. De este modo los yacimientos que nos permiten abordar los problemas de organización del espacio son pocos: Toscanos. Morro de Mezquitilla y Chorreras en la Península Ibérica, Motya en Sicilia y Monte Sirai en Cerdeña.

Actualmente, sabemos poco de las dimensiones reales de los asentamientos fenicios, lo que hace que los cálculos demográficos tengan poca fiabilidad. Aun así, se puede apuntar que la población de las áreas fenicias fue creciendo des siglo VIII a VII a.C. (26)

La función más importante de estos establecimientos era el comercio, algo que queda probado por la existencia de un puerto en todos los asentamientos. Además, los testimonios de tráficos, esencialmente ánforas son siempre más importantes que los de las actividades relacionadas con la industria o la artesanía (27). Los asentamientos fenicios no parece que albergaran instalaciones donde se trabajara el mineral en bruto. Las producciones sí existen, están dedicadas al trabajo artesano del marfil, metales, tejidos, etc. cuyo producto se dirigirían al consumo más bien local o regional.

Como hemos dicho, el estado actual de las excavaciones no permite observar de manera clara la organización y distribución interna del espacio urbano fenicio, pero sin duda se pueden rastrear ciertas características comunes que están o debieron estar presentes en todos los establecimientos. Así, las necrópolis están muy lejos de las zonas de hábitat en la isla de enfrente o en la orilla opuesta de un río, etc. Al tofet se le arrincona aún más que a la necrópolis, localizándose muy a las afueras de la ciudad.

El hecho de que los fenicios escogieran para sus asentamientos un islote o una península, podrán llevar a pensar que deberían haber construido grandes fortificaciones para proteger a los comerciantes y a sus mercancías. Sin embargo, en la Península Ibérica, sólo en Toscanos se han podido detectar restos de una muralla, se trata de una profunda fosa de sección triangular que rodeaba el núcleo más antiguo del establecimiento, sin que pueda asegurarse que estuviera reforzada por una empalizada o incluso una muralla. Sin embargo, esto no implica que tras la instalación no se llevaran a cabo ciertas fortificaciones, como si está documentado para el caro griego28.

Por lo que respecta a los puertos, no se sabe demasiado. Esto puede deberse a que las islas y penínsulas donde se asentaban los fenicios son, sin necesidad de obra alguna, lugares muy adecuados para desembarcar29.

En algunos yacimientos importantes como Toscanos, Morro de la Mezquitilla y Chorreras, se han identificado calles y casas. La información sobre los almacenes es numerosa y los mejores conservados son las de Motya y Toscanos, en ambos casos están formado por grandes salas alargadas con una capacidad muy superior a las que requería la vida de una unidad familiar, por lo que allí sería donde se almacenarían ánforas y recipientes cuyos restos, además, se encuentran en esos lugares en abundancia. Las casas descubiertas ofrecen formas y tamaños distintos, esto puede relacionarse con la existencia de una diferenciación social. Así, la casa de un rico comerciante fenicio bien situado, por ejemplo, pudo estar compuesta por varias habitaciones agrupadas alrededor de un recinto o patio interior (casa A de Toscanos), mientras que una casa más modesta contaría solamente de una habitación con un hogar (casa F de Toscanos). Algunos investigadores apuntan que las casas fenicias de Occidente serían semejantes a las de la metrópoli que podemos observar en los relieves asirios, por lo que tendrían varios pisos, algo que se ha comprobado en diversos yacimientos (30).

Por lo que respecta a la organización urbanística, esta no era armónica, las casas se iban apiñando unas con otras según crecía la ciudad, lo que responde a un concepto urbanístico oriental. La disposición de las calles era de tipo laberíntico, algunas estaban pavimentadas con losas de piedra y otras eran de tierra apisionada31.

En resumen, la organización urbanística de los asentamientos fenicios es difícil de identificar debido a las deficiencias de los restos con los que se cuentan. Aún así, podemos afirmar que las ciudades fenicias contrastaban en gran medida con las griegas de sur de Italia o Sicilia. En ellos las casas poseían un zócalo de piedra y paredes de adobe, no sabemos si estaban fortificadas, llevaban lejos a sus muertos por causas religiosas o de simple salubridad, y no han sido identificadas estructuras portuarias. La imagen que nos queda de los fenicios es pues, de máxima austeridad -aunque esta visión este coartada por la conservación diferencial-.

-Relaciones con los indígenas-

Parece ser que las relaciones entre colonizadores e indígenas fueron fluidas y dominadas por el entendimiento, prueba de ello sería el hecho de que se documenten pocos asentamientos fortificados así como el que exista solamente una noticia que hace referencia al pago de tributo por parte de los fenicios a los indígenas, se trata del pago que los fenicios hicieron a los libios para poder asentarse en el territorio de Cartago (Justino XVIII, 5,14). Además, tenemos pruebas de la coexistencia pacífica entre fenicios e indígenas como son la noticia de Diodoro de Sicilia (V, 16,2-3) acerca de la mezcla de poblaciones en Ibiza o la abundante presencia de cerámica indígena entre el material de las tumbas y el tofet en Motya (32).

La distancia que separaba una comunidad indígena de un asentamiento fenicio nunca era muy grande, así, o bien se situaba a pocos kilómetros de distancia, o bien en las márgenes de los asentamientos fenicios33. Esto es debido a que los intereses económicos de ambas comunidades pasaban por la colaboración. De este modo, el elemento indígena, sin duda, fue importantísimo en la estrategia económica fenicia y en la consolidación del poblamiento semita en Occidente, ya que el éxito y la duración de la colonización fenicia en Occidente sólo se entienden sobre la base de la existencia de unas circunstancias económicas favorables, en función de la disposición y de la estructura política de las comunidades indígenas implicadas. Así pues, la empresa colonial y comercial fenicia sólo se podría haber consolidado si se daban las condiciones precisas: la existencia de unas sociedades indígenas capaces de garantizar el flujo de bienes excedentarios y de procurar mano de obra nativa en los puertos, minas y campos de cultivo. Y todo esto en condiciones de estabilidad, paz y buen entendimiento que garantizasen la continuidad en los intercambios.

Además, el comercio colonial sólo se establece en los territorios que disponen de un hinterland consumidor, donde comunidades indígenas con experiencia en el intercambio regional, que cuentan con una autoridad política capaz de actuar como centro de distribución de recursos en el marco de redes jerarquizadas de intercambio y de controlar el acceso a los recursos de la región o de los territorios periféricas dependientes. Circunstancias estas, que están presentes en gran parte de Andalucía durante los siglos VIII-VII a. C., zona en la que los establecimientos fenicios son muy numerosos (34).

En resumen, no cabe la menor duda de que los establecimientos fenicios no estaban aisladas y de que las sociedades indígenas que les rodeaban fueron modificadas por su presencia en mayor o menor grado. Pero no sólo la presencia de los fenicios fue importante para los indígenas, sino que los fenicios también buscaron la presencia de sociedades indígenas que les permitieran consolidar su presencia en la zona por medio del establecimiento de lazos económicos que repercutirían en el desarrollo de ambas comunidades. Así pues, el estudio de las sociedades indígenas precoloniales es de gran importancia a la hora de estudiar la dinámica colonial y comercial del mundo fenicio.

-La relación entre metrópoli y colonia-

La relación entre metrópoli y colonia era estrecha y venía representada en primera instancia por el hecho de que cuando se fundaba una colonia siempre se construía templo en honor de Melqart. Este dios simbolizaba y garantizaba la presencia del rey de Tiro en la colonia, ya que este era la reencarnación humana de Melqart. De este modo, en todos las fundaciones tirias importantes se construyó un templo a Melqart que nos informa de la preocupación de los colonos llegadas a Occidente de legitimizar su fundación. Así, la presencia del dios convertía automáticamente el establecimiento en una prolongación de la patria de origen, el reino de Tiro en la mayoría de las ocasiones, a la vez que aseguraba las relaciones pacíficas en el comercio con los indígenas, ya que se ofrecía protección sagrada a las transacciones.

Pero la relación entre la metrópoli y las colonias no era sólo simbólico-religiosa, sino que la construcción del templo también establecía unos vínculos económicos y políticos. Así, los cartagineses enviaban cada año desde la fundación hasta época helenística un tributo al Melqart de Tiro que consistía en una décima parte del tesoro público. Este tributo no debió de ser ni mucho menos exclusivo de Cartago y nos informa de la función de los templos de Melqart: vincular religiosa, económicamente y políticamente las colonias con la metrópoli y asegurar, de este modo, la dependencia de Cádiz, Cartago, etc. con relación a la metrópoli (35).

LA PRESENCIA FENICIA EN EL MEDITERRÁNEO ORIENTAL.

Es con Ithobaal I (887-856 a. C.) cuándo la presencia fenicia en el Mediterráneo Oriental se convierte en una expansión territorial dejando, de este modo, de ser exclusivamente una presencia comercial. Este creará el reino de Tiro-Sidón, es decir, se anexionará una gran franja de territorio de la costa libanesa en dirección norte. Este reino será, según Aubet36, el principal responsable de la presencia fenicia en Occidente. Además, durante el reinado de este monarca es cuando primero aparecen citadas fundaciones de colonias fenicias: Auza, en la costa Libia (esta colonia todavía no ha sido localizada) y Botrys, en el Norte de Biblos, y que se corresponde con la moderna Batrun, en pleno territorio de Biblos, lo que ha llevado a algunos investigadores a formular la hipótesis de un dominio tirio sobre Biblos.

En el continente asiático las miradas de Tiro se dirigieron tanto hacia el Sur (el reino de Israel) en busca de salidas al Mar Rojo y de alimentos, como hacia el Norte (Sur de Asia Menor y Norte de Siria) en busca del acceso a las reservas de metal. Por lo que respecta al Sur, se conocen una serie de yacimientos que algunos investigadores han querido relacionar con las ciudades que Salomón cedió a Hiram de Tiro en la tierra de Cabul a cambio de asesoramiento técnico en la construcción del Templo, estos son los yacimientos de Aczib, Tell Abu Hawan y Tell Keisan en la llanura de Acre, y Atlit, Tell Mevorakh, etc. al sur del monte Carmelo. Estos últimos han proporcionado arquitectura funeraria consistente en tumbas de incineración y exvotos similares a los de Sidón Y Biblos, además, se ha hallado una inscripción de Eshmunazar de Sidón (siglo V) en Tell Dor, que podría indica el control fenicio sobre la franja costera del reino de Israel hasta mediados del I milenio a. C.

La presencia fenicia en Cilicia y el norte de Siria, en especial en el Golfo de Alejandretta, se explica por la posición privilegiado que este golfo tenía para el control de los accesos a las reservas de metal del sureste de Anatolia. Así, los anales asirios citan una instalación portuaria fenicia en Myriandros, en el Golfo de Alejandretta, y un enclave comercial a orillas de Eufrates que aún no se ha localizado. Además, se documenta el uso del fenicio como lengua oficial y la invocación al Melqart de Tiro en los reyes del norte de Siria y de Cilicia, lo que nos indicaría que sobre esta zona existió una influencia política y cultural fenicia. Así pues, estos fenicios del reino de Tiro-Sidón, instalaron una serie de factorías y escalas en el golfo de Alejandretta y, como ahora veremos, en el litoral de Chipre, mediante las cuales dominaron el comercio de metales y esclavos en Cilicia, los Montes Tauro y el Eufrates, y también las rutas marítimas hacia el Egeo.

Pero este mercado del norte de Siria y Cilicia se perderá a finales del IX a. C. por circunstancias de política internacional lo que marcará un giro en la política comercial fenicia que ahora dirigirá sus miradas hacia Occidente empezando por Chipre. En esta isla se fundará la primera colonia fenicia del Mediterráneo documentada por la Arqueología, Kition. Esta fundación muestra como por primera vez Tiro se vio obligada a desarrollar un control directo sobre un territorio de ultramar y en ella hay que ver el inicio de la la política comercial que llevará a los fenicios a colonizar gran parte de la mitad meridional del Mediterráneo.

La fundación de Kition debe ponerse en relación con los abundantes recursos minerales, en especial de cobre existentes en la isla. Kition, junto la moderna Larnaka, fue una población extensa y próspera, algo que queda demostrado por la gran cantidad de material arqueológico encontrado en su emplazamiento. Esta colonia estuvo muy vinculada a los reyes de Tiro, que construyeron allí en gran templo de Astarté, el conjunto religioso fenicio más importante conocido hasta la fecha. El edificio se componía de una gran sala con entradas al sur y al este, dividido primitivamente en cinco naves por cuatro filas de soportes, quizá de madera, que se construyó en el VIII a. C. Desde esta base en la isla, el reino de Tiro-SIdón conseguirá grandes beneficios gracias a la explotación y el comercio de las zonas del interior de la isla como las minas de mineral de Tamassos.

En resumen, la pérdida de los dos circuitos comerciales que los fenicios dominaban en el continente asiático, hará que esos dirijan sus miradas hacia Occidente, fundando la primera colonia sólida en ultramar documentada por la Arqueología: Kition, en la isla de Chipre, colonia que debe entenderse como trampolín hacia Occidente del que nos ocuparemos ahora.

LAS COLONIAS FENICIAS DEL MEDITERRÁNEO CENTRAL.

Antes de comenzar a enunciar los establecimientos que los fenicios crearon en el Mediterráneo Central, debemos apuntar que estos fueron gradualmente cayendo bajo la influencia política, económica y religiosa de Cartago hasta tal punto que el Mediterráneo Central fenicio constituyó un área cultural formada por asentamientos fenicios en la costa de África, Sicilia y Cerdeña en la que estos establecimientos fueron adoptando un modelo urbano muy similar al de Cartago, algo que permite definir esta presencia fenicia en el Mediterráneo Central de las del Extremo Occidente "en el que las reducidas necrópolis, la limitada extensión de los asentamientos, la presencia de almacenes de mercancías, la ausencia de recintos sacros y otros elementos parecen indicar, al menos inicialmente, en cierto grado de provisionalidad o transitoriedad del poblamiento fenicio original" (37).

Esta influencia cartaginesa irá aumentando progresivamente hasta tal punto que en el VI a. C., en respuesta al avance griego, primero, y romano después, consiga un control político total sobre los antiguos centros fenicios del Mediterráneo Central ,inaugurandose el periodo púnico, periodo en el que las particularidades propias de las diferentes zonas fenicias del Mediterráneo Central desaparecerán creándose así, un área unificada ya no sólo culturalmente, sino también políticamente, bajo el dominio de Cartago.

Veamos pues, cuales fueron los establecimientos fenicios más importantes del Mediterráneo Central:

-Cartago-

Contrariamente a lo que se ha afirmado muchas veces, Cartago desde un principio se consolidó como una auténtica ciudad colonial adoptando una estructura política, religiosa y urbanística que otros centros del Mediterráneo tardarían mucho tiempo en adoptar. Así, desde un principio Cartago fue el asentamiento más sólido de los fenicios en Occidente, fue la "capital nueva" o Qart-Hadasht, como indica su nombre semita, es decir, la nueva Tiro de Occidente.

La importancia de este nuevo asentamiento explica que en torno a él se crearán varios mitos de fundación entre los que destacan dos: el que hace responsable de la fundación de Cartago a Azoros y Karkhedón y el relato de Dido o Elissa. Este último es el más conocido y el que mejor cuadra con la realidad arqueológica del lugar. Con relación al primer mito de fundación, hubo una serie de autores como Filisteo de Siracusa (historiador griego de la primera mitad del IV a. C.) o Eudoxio de Cnido (también del IV a.C.) para los cuales, en palabras de este último, "poco ante de la guerra de Troya los tirios colonizaron Cartago bajo el mando de Azoros y Karkhedón, del cual recibió nombre la ciudad". El mismo Apiano, una delas fuentes más importante para la historia de Cartago, defendió este relato de la fundación de Cartago. Sin embargo, estos textos son fragmentarios y poco coherentes, además, Azoros y Karkhedón no son más que las transcripciones en griego del nombre de Tiro (Sôr en semita) y Cartago (Qart-Hadast) por lo que el mito pierde toda su credibilidad.

Pero la realidad es que las fuentes que nos mencionaban el relato de la fundación de Cartago por la exiliada Dido o Elissa, son más numerosos y coherentes. Además, sabemos que se basaban en los anales de Tiro, hoy perdidos. Anales consultados por Timeo de Tormina del que beberán Cicerón o Veleyo Patérculo, autores estos que sitúan el nacimiento de Cartago en 814 a. C. por obra y gracia de Dido. Pero veamos el relato de la fundación de Cartago por Dido.

Según este relato basado, como ya se ha dicho, en los anales de Tiro, hacia el 820 a. C. Mattan I dejó el trono de Tiro en manos de su hijo, Pigmalión, de 11 años de edad. Este tenía una hermana, Elissa (la Dido latina), que estaba casada con el tío de ambos, Acherbas o Zakerbaal, sumo sacerdote de Heracles (Melqart) que ocupaba el segundo rango de poder en la ciudad. Pigmalión asesinó a Acherbas esperando eliminar a un rival y enriquecerse con sus propiedades. Este hecho provocó que su viuda, Elissa , junto con un grupo de fieles tirios cenominados los "principes", entre los que estaba Barcas (antepasado de los Bárcidas), huyeran a Chipre tras rendir el pertinente homenaje a Melqart. En Chipre se les unió el sacerdote de Astarté con la condición de que en la futura cuiudad el sacerdocio fura hereditario entre los miembros de su familia, además de Chipre cogieron 80 niñas destinadas a la prostitución sagrada, es decir, a asegurar la continuidad de la religión fenicia en Occidente. La expedición llegó a la actual costa de Túnez donde fue bien recibida por los uticienses, colonos de Útica. También fueron bien acogidos por los indígenas libios cuyo rey, Hierbas, les ofreció comprar todo el territorio que pudiesen abarcar con una piel de buey. Entonces Elissa, llamada ya Dido (la errante) por los indígenas, cortó la piel en tiras muy finas con las que delimitó el perímetro de toda la colonia de Byrsa, en la que se situó la Cartago arcaica. El nombre Byrsa, es decir, el de la colina donde se situó la ciudad, es el vocablo griego que significa "piel de buey" aunque probablemente los griegos lo asimilaron al oír pronunciar una palabra semita, brt, que significa ciudadela fortificada. Posteriormente el rey pretendió casarse con Elisa pero esta se negó y para evitar el casamiento a la fuerza, se arrojó a una hoguera y pasó a ser divinizada. Todos estos acontecimientos se desarrollarían en el séptimo año del reinado de Pigmalión, es decir, en torno al 813-814 a. C.

En el relato se pueden rastrear elementos fantásticos y arreglos típicamente helenísticos como el nombre de Byrsa o la leyenda de la piel de buey. Sin embargo, también posee ciertos elementos extraños al mundo clásico como son la prostitución sagrada, la autoinmolación, los nombre semitas Acherbas, Pigmalión o Elissa, etc. que muestran que probablemente el mito en lo importante se fundamentó en lo recogido sobre la fundación de Cartago en los anales de Tiro.

En lo esencial, el relato de fundación de Cartago nos indica como esta ciudad nació con un carácter especial, es decir, con la firme voluntad de asentarse indefinidamente ya que es una colonia tiria fundada por prófugos políticos que no están dispuestos a volver a la metrópolis, algo que queda demostrado por el hecho de que se llevaran todo lo necesario para garantizar la continuidad de la religión fenicia allí donde van, caso del sacerdote de Astarté y las 80 niñas. Por consiguiente, "Cartago nace con el rango de colonia tiria" (38), como dice Aubet.

Teniendo en cuenta que las descripciones de Cartago de los textos clásicos se refieren a época púnica, ¿Qué conocemos realmente de la Cartago fenicia?.

Cartago estuvo emplazada en una península del golfo de Túnez y en el centro de una de las rutas de navegación más importante del Mediterráneo, además, está provista de un hinterland sumamente fértil y contaba con una situación portuaria inmejorable. Pero la verdad es que hasta hace poco de la Cartago fenicia sólo conocíamos las necrópolis, la capillita Cintas (un depósito de ofrendas) y el tofet, ni tan siquiera conocíamos el emplazamiento de la propia ciudad. A las excavaciones alemanas llevadas a cabo entre 1983 1991 les debemos hoy en día el conocer emplazamiento de la ciudad arcaica. Esta se situó en las laderas meridionales de la colina de Byrsa (antes llamada colina de S.Louis) y ocupó entre los siglos VIII-VII una extensión de unas 55 hectáreas. Los niveles más arcaicos de ocupación se sitúan a más de 5 metros e profundidad bajo la ciudad romana debido a la famosa destrucción de Escipión Emiliano en 146 a. C. Estos niveles proporcionan restos de viviendas con muros de adobe, calles y pozos que forman una estructura de casas aisladas de gran tamaño separadas por plazas o jardines. La evidencia arqueológica sugiere que la Cartago arcaica estuvo rodeada por una especie de "cinturón industrial" fuera de la muralla formado por talleres y hornos metalúrgicos en los que se documenta el trabajo del murex, así como talleres alfareros. En cuanto a los templos, sólo se conocen los que mencionan los textos y un abundante número de inscripciones con los nombres de las divinidades que debían temer culto en la ciudad, pero nada de su arquitectura. La ciudad arcaica queda delimitada Por los barrios de talleres antes mencionados por el sur y el este y por una necrópolis arcaica al norte.

En los niveles más arcaicos de ocupación se han encontrado importaciones cerámicas griegas que arrojan una cronología de 775-750 a. C. También se han encontrado importaciones cerámicas chipriotas y andaluzas, lo que nos indica que la Cartago fenicia del VIII fue una ciudad perfectamente organizada y con contactos comerciales con la zona griega y con las colonias fenicias de sur de España.

Pero, sin duda, lo mejor conocido y lo que más información ha arrojado sobre la Cartago arcaica han sido las necrópolis. Para esta época (VIII-VII a. C.) se conocen tres necrópolis que nos ilustran acerca de la fuerte densidad de poblamiento de este establecimiento con relación a otros del Mediterráneo central y occidental: la necrópolis de Byrsa, situada al sur, la de Junon al norte, y la de Dermech-Douïmes al noreste. Los materiales más arcaicos son los de la necrópolis de Junon ya que sus restos arrojan una cronología de entre 730-720 a. C., mientras que los materiales de la otras dos ofrecen unas fechas de en torno al 700-680 a. C.

Otra zona muy bien conocida es el tofet, este está situado en la colina de Salammbó, muy cerca de puerto y al sur de Byrsa. Esta era la zona sagrada reservada para las incineraciones infantiles y también parece que comenzó a utilizarse hacia finales del VIII a.C. ya que el primer depósito de ofrendas y sacrificios en urnas, excavado por Cintas, se fecha hacia el 700 a.C. Posteriormente, las deposiciones en urnas de incineración van ganando en complejidad ya que se pasa del pequeño túmulo de tierra a un mayor amontonamiento de piedras y, finalmente, a verdaderos y pequeños monumentos funerarios, rematados con estela decoradas en loas que se reúne el mayor número de inscripciones cartaginesas conocidas y de sus particulares símbolos religiosos.

Así pues, las necrópolis, el tofet y los restos de la zona de la Cartago arcaica que ha sido excavada, arrojan una cronología que llega hasta la segunda mitad del VIII a.C. En este sentido, hay que mencionar el hallazgo de la llamada capillita Cintas, un depósito de ofrendas que proporciona cerámicas griegas fichadas entre 760-680 a. C., lo que llenaba un poco el vacío antes reseñado. Sin embargo, la realidad es que Cartago no se consolidará como una entidad urbana hasta la segunda mitad del VIII a.C., momento en que se inicia el uso de la necrópolis, momento en que se fechan los materiales de los niveles más arcaicos de la ciudad, momento en que se delimita el perímetro del asentamiento con una fortificación, etc. De este modo, entre la fundación en 814 a.C. y la consolidación de Cartago como entidad urbana, debieron pasar aproximadamente tres cuartos de siglo.

Examinada la principal colonia fenicia del Mediterráneo central, ahora es el momento de repasar brevemente algunos de los demás establecimientos en la zona.

-Útica-

Esta colonia situada al Norte de la bahía de Túnez, a cuarenta kilómetros al noroeste de la capital, fue fundada sobre un pequeño promontorio en la desembocadura del Medjerda controlando las fértiles llanuras de aluvión de este río. Siguiendo a Plinio el Viejo, esta colonia fue fundada en torno al 1101 a.C., sin embargo, lo único que se conoce de la ciudad arcaica son sus dos necrópolis, y estás, no arrojan materiales anteriores al siglo VIII a.C. Por otra parte, estas necrópolis destacan por su arquitectura funeraria monumental, que según Aubet (39), se asemeja a las estructuras funerarias de los establecimientos fenicios de occidente, más que a los tipos utilizados en Cartago.

Parece que Útica no dirigió sus miradas hacia el fértil territorio circundante, ni tampoco parece haberse dedicado desde un principio a una producción agrícola importante, algo que por otra parte, tampoco suceder en Cartago. Parece también que Útica se mantuvo independiente económica, y políticamente hasta por lo menos finales del VI a.C., momento en el que el poderío cartaginés sería y demasiado fuerte.

Aunque resta mucho por hacer en Útica, tres son los hechos que relacionan esta supuesta colonia con los establecimientos fenicios de la Península: su emplazamiento en la desembocadura de un río, su arquitectura funeraria y la ausencia de tofet (40).

-Los fenicios en Sicilia-

Situada en el centro del Mediterráneo, Sicilia es el paso natural más breve entre Italia y el Norte de África a la vez que una escala muy adecuada para cualquier barco que va de Oriente a Occidente, no en vano, esta isla había sido útil para la navegación mediterránea y egea ya desde el II milenio a.C., como demuestra que en ella se hayan localizado cerámicas micénicas. Así pues, no extrañan las siguientes palabras de Tucídides:

"Los fenicios se habían asentado a lo largo de toda Sicilia en promontorios costeros, que habían fortificado, y en los islotes cercanos a fin de comerciar con los sículos. Pero cuando los griegos comenzaron también a llegar en gran número, los fenicios abandonaron la mayoría de aquellos sitios y se instalaron a vivir juntos en Motya, Panormo y Solunto, cerca de los Elymeos, en parte porque buscaban su alianza, y en prte porque desde allí el viaje desde Sicilia a Cartago es más corto" (Tucídides VI, 2,6)

Por otra parte, de este testimonio se desprende que la colonización fenicia de la isla de Sicilia fue anterior a la griega, es decir anterior al último cuarto del VIII a.C., aunque la realidad arqueológica no confirma estos datos ni mucho menos, sólo tenemos constancia de la existencia de las tres colonias que Tucídides nombra: Motya, Solunto y Panormo.

El asentamiento fenicio de Motya se localiza en la isla del mismo nombre situada en la costa occidental de Sicilia y separada del litoral algo menos de dos kilómetros. Una geografía típica de los asentamientos fenicios: una isla, islote o promontorio rocoso, cercano a la costa y bien protegido de vientos y mareas. La elección de la isla de Motya se debería tanto a su posición estratégica en las rutas del Mediterráneo como a su proximidad con relación a Cartago.

El asentamiento de Motya fue ocupado ininterrumpidamente desde finales del VIII a.C. hasta el IV a.C., consta de unas 40 hectáreas de superficie y posee un perímetro amurallado de 2500 metros. Hasta el 650 a.C. la zona de hábitat fue relativamente pequeña, por lo que la población debió de ser escasa, algo que también quedaría probado por el pequeño volumen de enterramientos en la necrópolis de este momento. Esto cambiará en torno al siglo VII a.C. cuando se documenta un aumento de población sobre la base del aumento de los enterramientos. La necrópolis arcaica ofrece los materiales más antiguos y parece que comenzó a utilizarse a finales del VIII a.C., además, muestra una sociedad oriental en sus principales manifestaciones culturales y poco jerarquizada.

En torno al siglo VII a.C. también se documenta la construcción de tres áreas importantes: una zona de instalaciones mercantiles y portuarias en la periferia y dos importante recintos sagrados. Un ejemplo de una de estas instalaciones mercantiles y portuarias lo tenemos junto a la puerta norte de la ciudadela donde encontramos un recinto cuadrado que se ha interpretado como una tintorería de púrpura en uso desde los siglos VII al IV a.C. y que además, está situada en el lugar mejor ventilado para evitar los malos olores de los moluscos descompuestos (41).

Uno de los recintos sagrados en el llamado "Cappidazzu", situado junto a la Puerta Norte al noroeste de la isla. Se trata de un recinto de unos mil metros cuadrados, sobre cuyo muro noroeste se dispone un edificio de tres naves paralelas y otra transversal al fondo, como parece característico en otros templos fenicios, aunque la construcción principal debió realizarse en el siglo VI a.C., existe un depósito de ofrendas y un pequeño pozo lustral que conforman un templo rudimentario que sería lo que se construiría en el VII a.C. (42)

El otro recinto sagrado es el tofet de Motya, este se localiza también junto a la Puerta Norte y debió ponerse en funcionamiento durante la primera mitad del VII a.C., aunque hacia el 650 a.C. se documenta un aumento de los enterramientos infantiles en él43. El tofet de Motya contiene muchos centenares de urnas de incineración, distribuidas en varios niveles entre los siglos VII-VIII a.C., acompañadas por prótomos femeninos y máscaras sonrientes cuyo estilo evidencia influencias griegas.

Motya dará otro paso hacia su consolidación como colonia totalmente urbana durante el siglo VI a.C., momento en el cual surgirán construcciones públicas de envergadura: la muralla, el temenos del santuario de Cappidazu, un puerto cerrado o cothon al sur, y un dique en la Puerta Norte que unía Motya con Sicilia, a la altura de Birgi (44). El cothon se comunicaba con mar abierto por el ángulo sudoeste de la isla y era un estanque artificial, de forma rectangular, de 51 x 37 metros de lado, el que se realizarían trabajos de reparación y construcción naval. La muralla bordeaba toda la isla y debió tener numerosas torres y poteras, mientras que la calzada siempre estuvo parcialmente cubierta por las aguas y muestra en su pavimento los surcos de las carretas.(45)

Vemos así, como Motya se va convirtiendo en sucesivas etapas, desde finales del VIII a.C. hasta el VI a. C., en una auténtica colonia urbana al estilo de la vecina Cartago con sus edificios públicos, fortificaciones, recintos sagrados, etc.

De los otras dos establecimientos que, según Tucídides, los fenicios poseían en la isla de Sicilia: Ponormo y Slunto, conocemos muy poco. Por lo que respecta a Panormo (la actual Palermo), de época fenicia sólo conocemos sus necrópolis que fueron utilizadas a partir del VII a.C. En cuanto a la Solunto fenicia, se ignora todavía su emplazamiento (46).

-Los fenicios en Malta-

Parece ser que la isla de Malta interesó a los fenicios debido a su situación y sus excelentes puertos naturales, algo que se desprende de las siguientes palabra de Diodoro de Sicilia al respecto:

"Esta isla es una colonia fundada por los fenicios, quienes como extendían su mercado hacia el Océano occidental, encontraron en ella un abrigo seguro, ya que estaba dotada de buenos puertos y situada en mar abierto" (Diodoro V, 12)

Sin embargo, hoy por hoy, no se han identificado asentamientos permanentes fenicios en Malta, aunque sí que se rastrea la presencia fenicia en alza desde finales del VIII a.C. sobre todo gracias a las tumbas. La mayoría de estas tumbas corresponden al siglo VII a..C. y se sitúan en la zona interior y occidental de la isla, la zona más poblada por indígenas, lo que nos habla de una integración entre ambas comunidades47. Así pues, el tipo de presencia fenicia en Malta no parece caracterizarse por la fundación de una población o colonia permanente, sino por el mantenimiento de una presencia pacífica dentro de las comunidades indígenas ya existentes. Por consiguiente, Malta se distancia de la concentración de población que caracteriza a Motya o Cartago y presenta una población dispersa y reducida, como muestran los tumbas fenicias de la isla. Esto indicaría que Malta sería más bien un enclave de apoyo en la navegación hacia Occidente, algo a lo que contribuye el hecho de que es paso obligado en la navegación hacia el Mediterráneo Central.

El yacimiento más importante de la isla, el santuario indígena de Tas Slig, confirma esta hipótesis, ya que este fue un templo utilizado conjuntamente por fenicios e indígenas que será, ya en el siglo VII a.C., consagrado a Astarté, mostrando así una clara convivencia entre ambas comunidades.

-Los fenicios en Cerdeña-

La presencia fenicia en la isla de Cerdeña es abundante y se localiza en la costa occidental de la isla. En este tramo de costa se localizan numerosos establecimientos a corta distancia entre sí con lo que toda la costa queda bajo dominio fenicio, algo que también observamos en la costa malagueña. Además, las colonias fenicias de Cerdeña se asientan siempre en un promontorio situado en un cabo, unido a tierra firme por un istmo.(48) Pero esta disposición no nos muestra exclusivamente un interés por controlar las rutas marítimas, que lo había, sino también nos habla de un interés por controlar el interior de la isla, interior rico en metales y bueno para la agricultura, con lo que los centros urbanos combinan la actividad del comercio marítimo con la explotación del territorio interior.

Los establecimientos fenicios más importantes en Cerdeña son Sulcis, Nora, Bithia y Tharros:

Sulcis fue un asentamiento situado en la costa occidental de Cerdeña y es considerado el enclave más importante de la isla ya que es el que proporciona mayor información sobre la presencia fenicia en territorio sardo. Esta situado en el islote de San Antioco unido a tierra por un istmo debido a la acumulación de sedimentos procedentes del río Palmas, la instalación en este lugar se debe a que dominaba un excelente y protegido puerto natural. El establecimiento poseía dos puertos, uno a cado lado del istmo y un sistema defensivo bastante importante. Además, su necrópolis situada en la ladera del monte Cresia, es la de mayor monumentalidad en toda la isla, con tumbas de pozo y otras de corredor inclinado o escalonado que dan acceso a cámaras muy espaciosas. El tofet, por su parte, se situaba al Norte del establecimiento y fuera del recinto defensivo y en él se han documentado sacrificios desde la misma fecha de la fundación, mediados del VIII a. C. Esta fecha de fundación viene además confirmada por los hallazgos de 1986 enel casco urbano de San Antioco en el que se descubrieron restos del asentamiento fenicio arcaico fechados entre 750-760 a.C.

Un aspecto muy importante de Sulcis es el hecho de que en VII a.C. creara un cordón de baluartes defensivos para asegurarse el control del hinterland sardo muy rico en metales. Entre estos destaca el fuerte de Monte Sirai. Este fuerte ha sido muy bien conocido, documentado y publicado. Este enclave defensivo fue fundado en torno al 600 a.C. sobre un poblado indígena destruido o abandonado y poseía una necrópolis arcaica de incineración que nos habla de una considerable densidad demográfica. Pero además, este enclave acabaría convirtiéndose en una población independiente como demuestra el hecho de que en el IV a.C. cree su propio tofet.

Así, la fundación de Sulcis, nos ilustra sobre la heterogeneidad del proceso colonial fenicio en tanto en cuanto su fundación responde a varios objetivos, no al meramente comercial. Así, además de ser una posible escala en la navegación hacia Occidente, su fundación respondería a la voluntad por parte de los fenicios de controlar directamente una zona rica en recursos naturales como es el interior sardo.

Nora, según la tradición, es la fundación fenicia más antigua de Cerdeña, aunque el horizonte arqueológico no supera el VII a.C. Nora es famosa por haber proporcionado la inscripción fenicia más antigua de Occidente, en la que se conmemora la construcción de un templo a Pumay, dios fenicio de origen chipriota. La Nora fenicia se localiza en el Capo di Pola, la zona de hábitat está situada en el mismo cabo, al norte se construyó el tofet. La necrópolis estuvo en tierra firme y el poblado sólo se fortificó en el siglo VI-V a.C., cuando también se construyó en templo dominando la colonia y los puertos. Es importante reseñar con relación a Nora que no se documenta ningún interés por dominar el hinterland interior al estilo de Sulcis.

Al sur de Nora, se localiza el sentamiento fenicio de Bithia. Este está situado en lo alto del promontorio de Torre di Chia, junto a la desembocadura del río Chia y dominando dos ensenadas apropiadas para puerto natural. La arqueología parece indicar que se fundó a finales del VIII a.C. y que creció rápidamente a lo largo del VII-VI a.C. Su necrópolis arcaica se encuentra al norte del promontorio de Chia, en tierra firme y en ella dominan las incineraciones hasta época púnica en que se impondrán las inhumaciones. El tofet de Bithia se situó en el islote de Su Cardulinu, al noroeste del poblado.

Como dato interesante tenemos que apuntar que un producto bien conocido de la artesanía bitiense son curiosas figuras humanas de cerámica, que indican con las manos el lugar del cuerpo afectado por la enfermedad de su dedicante.

Por último, analizaremos el emplazamiento fenicio de Tharros. Puede que se fundara en torno al VIII a. C. y su topografía responde a las pautas ya enunciadas: el enclave arcaico se ubica en un cabo, el de San Marco, unido a tierra firme por un istmo. El poblado se situó en pleno istmo y la necrópolis se situó en el sur del Hábitat y al nordeste del cabo. Por su parte, el tofet se situó en la periferia, al norte del núcleo urbano y en las proximidades de las murallas de la ciudad. Tampoco parece que Tharros controlara su hinterland interior al estilo de Sulcis, por el contrario, parece que fue una colonia muy activa comercialmente y que se especializa en la producción de productos de lujo dirigidos a los mercados etruscos y latinos de la Península Itálica.

Para acabar con la presencia arcaica en el Mediterráneo Central, tenemos que reseñar el hecho de que, tras el auge de Cartago en VI a.C., se tiende a una explotación intensiva del mineral de hierro y a una ocupación sistemática de todas las zonas agrícolas del interior de la isla. (49)

-LAS COLONIAS FENICIAS DEL EXTREMO OCCIDENTE: LA PRESENCIA FENICIA EN LA PENÍNSULA IBÉRICA Y EL LITORAL ATLÁNTICO MARROQUÍ-

Vista la presencia semita en el Norte de África y las islas del Mediterráneo central, el ahora momento de analizar la características delos establecimientos fenicios en la zona Occidental del Mediterráneo, es decir, la Peínsula Ibérica y el litoral atlántico marroquí.

Como ya apuntamos cuando abordamos las causas de la colonización fenicia, parece ser que la búsqueda de metales fue una de las causas de mayor importancia a la hora de entender las razones que llevaron a los fenicios a instalarse tan lejos de su tierra de origen. Por consiguiente, la presencia fenicia en la Península Ibérica adquiere gran relevancia en tanto en cuanto las minas del sur de nuestra península constituyen una de las grandes reservas de mineral del Mediterráneo.

Empezaremos analizando el establecimiento fenicio que las fuentes clásicas consideran más importante en la el extremo occidente, Gadir. Posteriormente, nos ocuparemos de la presencia fenicia en la costa mediterránea de Andalucía, el levante peninsular y acabaremos repasando muy brevemente la presencia semita el litoral atlántico marroquí,

-Gadir-

Como ya se apuntó, Veleyo Patérculo señalaba que Gadir fue fundada por tirios ochenta años después de la Guerra de Troya (Hist. Rom. 1:2, 3), lo que arroja la fecha de 1104-1103 a.C. para la fecha de fundación de Gadir Sin embargo, la arqueología no parece documentar ninguna actividad fenicia antes del VIII a.C. Además, ya vimos como el contexto cultural en el que este historiador se formó no es el más adecuado para reforzar la veracidad de sus palabras.

Estrabón por su parte, recoge el mito de fundación de Gadir y nos lo transmite en los siguientes términos:

"Sobre la fundación de Gádeira, he aquí lo que dicen recordar los gaditanos: que cierto oráculo mandó a los tirios fundar colonias en las Columnas de Heracles; los enviados para hacer la exploración llegaron hasta el estrecho que hay junto a Calpe y creyeron que los promontorios que forman el estrecho eran los confines de los tierra habitada y el término de las empresas de Heracles, suponiendo entonces que allí estaban las columnas de las que había hablado el oráculo, echaron el ancla en cierto lugar de más acá de las Columnas, allí donde los exitanos. Más como en este punto de la costa ofreciesen un sacrificio a los dioses y las víctimas no fueran propicias, entonces se volvieron. Tiempo después fue enviada una nueva expedición que atravesó el estrecho, llegando hasta una isla consagrada a Heracles, situada junto a Onoba en Iberia, y a unos mil quinientos estadios fuera del Estrecho; como creyeron poder identificar este lugar con las Columnas los tirios sacrificaron de nuevo a los dioses; más otra vez fueron adversas las víctimas, y regresaron a la patria. En la tercera expedición fundaron Gadeira en el lugar en el que acabó su viaje: el templo fue construido al oriente de la isla, la ciudad al occidente" (Estrabón 3.5.5).

Lo interesante de este relato de fundación es observar el importante papel que enjugó desde un principio el templo de Melqart de Tiro en la nueva fundación y, por otra parte las precisas orientaciones geográficas que el oráculo da a los expedicionarios, algo que puede indicar un conocimiento preciso de la riqueza de la zona antes de emprender el viaje. Además, la importancia de Melqart desde la fundación es un elemento que nos ofrece un marco cronológico importante, ya que este culto sólo se desarrolla en Tiro a partir de los siglos X-IX a.C., por lo que queda invalidada la fecha ofrecida por Veleyo Patérculo50.

En la segunda parte del trabajo se abordaron las dificultades que surgen al intentar atravesar el estrecho, algo que haría muy difícil la llegada al sitio de Cádiz por mar. Este hecho nos ilustra sobre los grandes beneficios que los fenicios esperaban obtener y obtuvieron de dicha fundación, ya que si no se explica que se interesasen por una zona de tan difícil acceso. Así, Gadir se situó junto a la desembocadura del Guadalete y no lejos del valle del Guadalquivir y se encontraba en una zona estratégica que permitía el acceso directo a los recursos de metales del interior, así como, al comercio con la población tartesia situada al Norte. Además, la situación del establecimiento en una isla ofrecía seguridad frente a posibles amenazas venidas tanto del continente como del mar.

Las fuentes clásicas, sobre todo Plino, aunque también Estrabón o Pomponio Mela, hablan del emplazamiento de la Gadir fenicia en un archipiélago formado por tres islas: Erythea, donde se encontraba la zona de hábitat y que también recibía el nombre de Afrodisias o Ínsula Iunionis, Kotinoussa, la isla mayor en cuyo extremo oriental se encontraba el famoso Herakleion gaditano (en la actual isla de Sancti Petri) y , por último la tercera isla, Antípolis, que se identifica con la isla de León.

Sin embargo, en la actualidad, los cambios geomorfológicos en la zona han provocado que hoy en día sólo sea visible una isla alargada unida a la costa. Sólo gracias a recientes trabajos geomorfológicos y arqueológicos se ha podido confirmar y reconstruir la geografía antigua de la zona, confirmándose de este modo punto por punto la información que las fuentes ofrecían. Así, se identificó un canal, llamado de Bahía-Caleta, que antiguamente separó en sentido perpendicular a la costa, la isla de Cádiz en su extremo Norte en dos islas diferentes. La isla que quedaba más al norte poseía unos 1500 metros de diámetro y allí se identificó los niveles más arcaicos (sobre la pequeña elevación de Torre Tavira), esta colonia tendría una extensión muy reducida, aproximadamente diez hectáreas) y poseía según las fuentes un santuario dedicado a Astarté que podría situarse en la actual Punta de la Nao. La colonia tiria poseía así, un perfecto puerto cerrado, el canal de Bahía-Caleta, que le ofrecía grandes prestaciones.

La isla que quedaba al sur del canal y que era la más extensa, se identificó como la Kotinoussa de las fuentes. En el extremo norte de esta isla, el más cercano al antiguo canal de Bahía-Caleta, se localizó la necrópolis púnica de V al III a.C. , la necrópolis de Puntas de Tierra, aunque recientes hallazgos de tumbas de época fenicia arcaica sitúan también allí la necrópolis de tiempos de la fundación. Por el contrario, en el extremo sur de la isla se situó el famoso templo dedicado al Melqart tirio que actualmente se ha querido situar en la isla de Sancti Petri debido al hallazgo allí de una sería de restos de lo que posiblemente fue un templo junto con una serie de posibles exvotos de datación muy antigua. Otro santuario se localiza en el extremo noroeste de la isla, al oeste de la necrópolis arcaica y púnica, este estuvo situado en el actual promontorio de San Sebastián y estaba dedicado a Baal Hammón según las fuentes.

La tercera isla se identifica con la actual isla de San Fernando (antes llamada isla de León) y parece ser que no estuvo habitada hasta época romana.

Pero Gadir no sólo dominó estas tres islas, también dominó un amplio espacio frente a la desembocadura del Guadalete que abre el acceso al Guadalquivir, la principal vía de comunicación hacia las zonas interiores de Andalucía o lo que es lo mismo, hacia los recursos de metales codiciados por los fenicios. Esta influencia gaditana en el continente queda demostrada por el hallazgo de materiales fenicios en los poblados indígenas del interior, caso del poblado del Castillo de Doña Blanca.

Si aquí no nos referimos a las características urbanísticas de Gadir, así como a sus lugares de culto es debido a la dificultad que el desarrollo de la arqueología encuentra en la ciudad, ya que Cádiz ha sido una zona habitada ininterrumpidamente desde el siglo VIII a.C., época de llegada de los primeros fenicios hasta la actualidad.

-La presencia fenicia en Portugal: la factoría de Abul-

Hasta hace bien poco no se habían identificado asentamientos fenicios en el área del litoral atlántico portugués, los hallazgos se reducían a objetos funerarios como cerámicas o joyas presentes en las tumbas de las clases dirigentes de sólidos y grandes poblados indígenas. Sin embargo, las excavaciones llevadas a cabo en los últimos años han sacado a la luz la única factoría fenicia que se conoce en Portugal hasta la fecha, Abul. Este establecimiento fenicio se localiza en la desembocadura del Sado, muy cerca del poblado indígena de Alcácer do Sal, y parece ser que no se trataría de un poblado, sino más bien de una escala comercial, ya que en él se han encontrado numerosas ánforas de salazón de pescado. En este lugar se ha documentado una estructura cuadrangular con zócalo de piedra y muros de Adobe, con un patio central y habitaciones a los lados en las que ha aparecido gran cantidad de ánforas. Lo más importante es que esta estructura sufrirá una remodelación en VII a.C. Así, el patio central pasará a convertirse en un peristilo con un posible "altar", se crea un sistema de canalización de aguas, se amplían las habitaciones destinadas al almacenaje, se hace una torre y se abre un camino empedrado hacia el mar. Sin embargo, llegados la VI a.C. la zona se abandona y no se vuelve a poblar hasta seis siglos después con la llegada de los romanos que construirán unos altos hornos. Esta estructura es algo extraño y sin paralelos en Occidente, ya que no guarda relación con las factorías comerciales de la Andalucía mediterránea (que son aglomeraciones de casas). La construcción de Abul tras la remodelación del VII a.C. parece ser una construcción para ser vista, pudiendo vincular ese posible "altar" a una función religiosa, aunque son sólo hipótesis.

Lo que no es una hipótesis es el claro interés de los fenicios por participar en del mercado del Norte de la Península, algo que quedaría demostrado tanto por el establecimiento de este enclave comercial como por la aparición de numerosos objetos de manufactura fenicia en las tumbas de los indígenas de la zona de Portugal, Extremadura e, incluso, Toledo.

Para finalizar, debemos reseñar el hecho de que estos fenicios que se internan en las rutas comerciales del Norte y Oeste peninsular, provendrían de las factorías andaluzas, algo que vendría demostrado por los tipos cerámicos encontrados en dichas zonas.

-La presencia fenicia en el litoral atlántico marroquí: Lixus y Mogador-

Las fuentes clásicas nos hablan de la navegación de fenicios de Gadir por las costas atlánticas marroquíes en busca de pesca. En este sentido, en las fuentes también aparecen menciones sobre la existencia de numerosos asentamientos semitas en dichas costas. Sin embargo, la arqueología sólo ha documentado dos de estos supuestos establecimientos fenicios: Lixus y Mogador.

Lixus se localiza en dentro de una geografía típicamente fenicia, en un altozano y dominando, cerca de su desembocadura, el fértil valle del río Loukkos. Según las fuentes clásicas el templo de Melqart en Lixus era incluso más antiguo que el de Gadir, sin embargo, la arqueología no permite retrotraerse hasta más allá del VII-VI a.C. Además, Lixus fue una floreciente ciudad helenística y romana, lo que dificulta el conocimiento de la ciudad fenicia arcaica cuya extensión y urbanismo desconocemos.

La elección de Lixus se explica por múltiples causas: buena pesca, puerto natural inmejorable a la entrada de uno de los grandes ríos navegables del África atlántica, se encuentra cerca de indígenas que pueden proporcionar oro y marfil. Además, Lixus tenía cerca el cobre, hierro y plomo de los yacimientos del Atlas, así como los recursos salinos del Sahara y la zona de Barusa.

Como ya se dijo para Portugal, los tipos cerámicos de Lixus responden a los gaditanos, lo que nos informa de la gran influencia económica de Gadir en Lixus y, por extensión, en los enclaves comerciales fenicios del Marruecos Atlántico51.

El otro asentamiento fenicio que documenta la arqueología en esta zona es el enclave de Mogador. Como Lixus, Mogador se localiza en un lugar que responde a los requisitos geográficos que los fenicios buscaban; así, el establecimiento se asienta sobre un islote frente a tierra firme y frente a la desembocadura de un río poco importante, el uadi Ksob. Parece ser que fue una pequeña factoría comercial de carácter temporal utilizada probablemente por los mercaderes fenicios en sus intercambios con los pueblos del interior; debido al hecho de que en el sitio arqueológico no se han documentado estructuras sólidas de habitación, sólo restos de hogares y pavimentos que parece formaron parte de tiendas, chozas o cabañas. El lugar fue también utilizado por sus prestaciones como zona de pesca, algo que queda atestiguado por los restos de ballena y pescado que se han encontrado en las excavaciones.

Lo mejor conocido de Mogador, así como de los centros fenicios de las costas del Atlántico, es su cerámica que responde, al igual que la de Lixus, a los tipos presente en la zona de influencia de Gadir en el suroeste de la Península Ibérica. Esta cerámica está formada por platos fenicios de engobe rojo, cuencos grises, lucernas, trípodes, pithoi, vasos de tipo Cruz del Negro, algunos recipientes condecoración de retícula bruñida, cerámica de Grecia del este y ánforas áticas "SOS".

Merece la pena reseñar el hallazgo en Mogador de una gran losa cuadrangular de piedra, que ha sido interpretada como un monolito de culto y que se puede relacionar con las estelas que los fenicios erigían en alguna zona del Mediterráneo para conmemorar la fundación de un establecimiento52.

Resumiendo, esta influencia de la zona gaditana tanto en los emplazamientos del litoral atlántico marroquí, como en la zona portuguesa, demuestra dos hechos importantes. En primer lugar, que Cartago no ejerció en principio ningún tipo de influencia ni económica ni política sobre los establecimientos fenicios del litoral atlántico africano, algo que no se puede decir con relación a otros del Norte de África y el Mediterráneo Central, caso de Útica que caerá en el siglo VI a.C. bajo la influencia política de la ya, por entonces poderosa, Cartago.

Y en segundo lugar, que desde época arcaica existió una comunidad entre la civilización fenicia fuertemente implantada en el sur de España, destacando Gadir como centro dinámico, y los establecimientos emplazados en el extremo oeste africano.(53)

Para acabar es necesario apuntar que actualmente se han localizado dos pequeños establecimientos fenicios en Orán, Rachgoun y Mersa Madakh, que probablemente estaban dedicados al comercio y a la la pesca a la vez que servían como escala de apoyo en la navegación hacia Cádiz y el Estrecho. En estos dos centros la arqueología también ha documentado la misma influencia gaditana vista anteriormente.

-La presencia fenicia en la costa mediterránea de Andalucía: de Cerro del Prado a Villaricos.-

Hoy por hoy, la mayor parte de los establecimientos fenicios que conocemos, se sitúan en la costa mediterránea andaluza. Sin embargo, curiosamente, esa zona había sido discriminada tanto por la historiografía clásica, que incluso la había vinculado a la colonización griega, como por las fuentes clásicas, que sólo se referían a la zona mencionando unos pocos asentamientos, caso de Estabón, o diciendo que entre Málaga y Almería existió una "muchedumbre fenicia" (Avieno).

La arqueología, por su parte, ha documentando en la costa andaluza una serie de asentamientos semitas, desde Cerro del Prado, pasando por Toscanos o Chorreras, hasta Villaricos, muy cercanos entre sí (de uno a cuatro kilómetros de distancia los unos de los otros). Las causas de la fundación de estos asentamientos no están ni mucho menos claras, ya que, aunque la navegación hacia Cádiz es dificultosa, no justifica ella sola la existencia de esta alta densidad de establecimientos, además, su relación con los metales del interior no está tan clara como se podría pensar en un principio. En este sentido, Aubet (54) apunta que esta cercanía entre asentamientos podría venir provocada por la necesidad e interés fenicio de controlar las vías de comunicación. Así, este interés provocaría que los asentamientos se localizasen unos cerca de los otros, ya que la conexión visual entre ellos es algo que facilitaría el control de estas rutas que discurren en torno a los ríos y valles fluviales. Por consiguiente, las razones de esta abundancia de establecimientos habría que buscarla más en un cúmulo de circunstancias favorables que en una razón explicativa única y válida para todos los asentamientos.

Estos asentamientos andaluces se localizan todos en lugares geográficamente similares: sobre cerros situados en la desembocadura de todos los ríos importantes, desde el Almazor al Guadrranque. Este emplazamiento les prorcionaba múltiples ventajas ya que disponían de puertos resguardados, agua en abundancia, vegas fértiles y, como se ha dicho, buenas comunicaciones con las tierras del interior. Este conjunto de facilidades hicieron de ellos centros multifuncionales que podían subsistir del aprovechamiento de los recursos locales y, a la vez, comerciar con los excedentes y prestar servicios como puertos de apoyo en las navegaciones a larga distancia entre Oriente y Occidente.(55)

Algo a destacar es el hecho de que estos establecimientos no poseen una extensión comparable a los grandes centros del Mediterráneo Central, Gadir o Kition.

Por último, hay que destaca que aunque sólo se han localizado cuatro necrópolis en la zona (la de Toscanos, la de Morro de la Mezquitilla, Lagos y ALmuñecar), todas ellas responden a un mismo esquema en cuanto a su localización: se sitúan a la la orilla del río contraria a la zona de hábitat, algo que, por otra parte, también podemos ver en Tiro.

Una vez hecha esta introducción es hora de pasar a analizar estos asentamientos y sus respectivas necrópolis (en caso que se conozcan). Los analizaremos siguiendo una línea de Oeste a Este, es decir, de más cercano a más lejano respecto al supuesto gran centro de la Península, Gadir.

El asentamiento fenicio más cercano a Cádiz, aunque ya en las costas mediterráneas andaluzas, es el Cerro del Prado. Este se encuentra en el curso inferior del río Guadarranque en una colina que se eleva sólo unos pocos metros por encima del cauce del río. En esa colina se han efectuado hallazgos que documentan la existencia de un poblado fenicio en el siglo VII a.C., que subsistiría hasta los siglos VI-V a.C. El problema radica en que no se llegó a excavar y se arrasó. Recientes estudios geológicos en este sector han podido confirmar que, en su día, el Cerro del Prado había sido una península muy avanzada en la bahía, siendo, por lo tanto, un lugar ideal para un asentamiento fenicio. El litoral, junto con las montañas al este y oeste, accesible por las vegas de los ríos, conformaban un vasto hinterland para un establecimiento comercial en la orilla del río Guadarranque.

El siguiente establecimiento fenicio es el Cerro del Villar. Este yacimiento es de capital importancia, ya que se sitúa en la desembocadura del río Guadalhorce, principal vía de comunicación entre la costa malagueña y el valle del Guadalquivir. El Cerro del Villar era en época de la fundación fenicia (finales del VIII a.C.) una isla, situada en la boca del estuario que el Guadalharce formaba al desembocar. Hoy, debido a los aportes del río la zona es una llanura pantanosa. El antiguo estuario del Gudalhorce constituía un lugar abrigado de los vientos, el último fondeadero seguro antes de cruzar el Estrecho de Gibraltar, ya que a partir de aquí la costa es rectilínea. Además, a esto tenemos que unir las buenas vías de comunicación con el interior que permitía el lugar.

Las investigaciones todavía en curso en el yacimiento permiten considerar el enclave como una auténtica colonia agrícola que explotaba un territorio de unos dieciocho kilómetros cuadrados, rico en recursos agrarios, cinegéticos y forestales, apoyándose en pequeños asentamientos rurales ubicados en tierra firme, unos indígenas, otros fenicios. La agricultura practicada en régimen intensivo con la utilización del arado y animales de tiro, proporcionaba excelentes cosechas de cebada, trigo, avena. Además, cultivaban leguminosas, plantaron los primeros almendros de los que se tiene constancia en la Península y posiblemente también tenían viñas (se han documentado pepitas de uva dentro de ánforas). Los montes bajos que rodeaban el estuario alimentaban una cabaña importante de bóvidos, ovicápridos y suidos y también explotaban los recursos marinos.

Pero los habitantes de El Cerro del Villar también se dedicaban en ciertas actividades de transformación, como la elaboración de vinos, de salazones, de tintes y de cerámicas, como demuestra el edificio de más de setenta metros cuadrados, compuesto de cuatro habitaciones rectangulares dispuestas a ambos lados de un patio central pavimentado con guijarros, en el cual se han documentado restos de distintas actividades de transformación. También existía la industria cerámica como demuestran los hornos encontrados.

Las excavaciones que vienen haciéndose desde 1987 a cargo de María Eugenia Aubet han demostrado que el yacimiento se ocupó desde el VIII a.C. hasta principios del VI a.C. Los niveles más importantes son los del VIII a.C., época de mayor actividad comercial e industrial en la colonia, en los que se han documentado grandes viviendas rectangulares provistas de techo plano de barro apisonado sustentado por vigas de madera, que aparecen separadas por amplias calles y, en ocasiones, delimitando pequeños embarcaderos. El yacimiento se abandonó en torno al 580-560 a.C. debido a la situación peligrosa en la que se encontraba la isla ya que debido a la colmatación aluvial del valle, la isla estuvo expuesta a más que posibles inundaciones (documentan varias destrucciones por inundación). Tras el abandono, los habitantes del Cerro marcharían al Malaka, aunque esto sólo es una posibilidad.

El material cerámico del Cerro del Villar es variado: vajilla fenicio púnica y fragmentos de vasos griegos, etruscos e ibéricos, que muestran un activo comercio con todo el Mediterráneo.

Por último, es interesante mencionar el hallazgo en Churriana, localidad próxima al yacimiento de Guadalhorce, de dos piezas excepcionales, aparecidas en colecciones particulares. Son una placa de bronce con una escena egiptizante y un vaso canopo egipcio de alabastro. Ambos objetos se han puesto en relación con una posible necrópolis fenicia en el curso bajo del Guadalhorce que correspondería al sentamiento del Cerro del VIllar.

Más al este nos encontramos con Malaka. Las fuentes clásicas dan muy pocas noticias sobre la Málaga fenicia. La ciudad es mencionada en la Ora Marítima de Avieno (178-182) como punto final de un camino terrestre que venía de Tartessos, mientras que Estrabón (III 4, 4, 2) y Plinio solamente apuntan que Málaga había sido fundada por los fenicios. El hecho es que la posición de Málaga era muy favorable. El establecimiento estaba cercano la vía de comunicación del Guadalhorce, entre el río Guadalmedina y las estribaciones de las cordilleras Béticas, en el centro de una amplia bahía, muy apta para el atraque de las naves.

La Arqueología de Málaga ha cambiado mucho debido a los últimos descubrimientos, la puesta en marcha de la arqueología urbana en la zona ha podido documentar la presencia fenicia en la zona de la Alcazaba y también en la zona de San Agustín, lo que muestra la existencia de una factoría fenicia bastante grande, algo que también ha quedado demostrado por los sondeos que se han realizado en la ciudad y por el descubrimiento de un poblado indígena con materiales fenicios arcaicos del VII a.C. Así, se ha pensado que Malaka es una factoría antigua, muy grande y que, además, se funda debido a las relaciones con un grupo indígena importante.

El siguiente yacimiento es el de Toscanos, el establecimiento más importante y mejor documentado de la Península Ibérica. Este establecimiento se fundó hacia la segunda mitad del VIII a.C., en esta época inicial un pequeño grupo de fenicios ocuparon un pequeño altozano, el cortijo de Toscanos, que dominaba la llanura del río Vélez y una importante bahía marítima. Allí erigieron varias viviendas aisladas y de gran tamaño. En una segunda etapa de ocupación el poblado experimenta un crecimiento considerable y se construyen nuevas viviendas de lujo. De este modo, en esta segunda etapa de ocupación, todavía en VIII a.C., se advierte una tendencia a la aglomeración urbana, posiblemente debida a una segunda oleada de colonos, destacando también la construcción de viviendas de categoría. Así, la arquitectura más antigua de estos sitios denota la llegada a la zona de grupos familiares o individuos de nivel económico alto.

Hacia finales de la VIII a.C., en Toscanos se produce la construcción de un enorme edificio de tres naves y dos pisos que ha sido identificado como un almacén, ya que en su interior han sido halladas gran cantidad de ánforas y vasijas de transporte y almacenamiento. Este edificio ocupó un lugar central en la vida de la comunidad. Ahora es cuando se construyen también pequeñas viviendas en las cercanías del edificio, destinadas seguramente al personal del almacén y servicios.

En el VIII a.C. se producen la máxima expansión de Toscanos, es el momento en el que se construye un barrio industrial d3dicado a la manufactura de objetos de cobre y hierro para uso local. Además, el asentamiento invade las laderas de las cercanas colinas de Peñón y Alarcón. Hacia mediados del VII a.C. Toscanos pudo tener 1000-1500 habitante y se construyen muevas fortificaciones consistentes en un foso de sección en “V” y una muralla de mampostería (sobre la que, más tarde, los romanos levantaron un enorme muro de sillares). A principios del VI a.C., deja de usarse el gran almacén central que será definitivamente abandonado hacia mediados del siglo VI a.C.

Las necrópolis de Toscanos localizadas hasta la fecha son tres. La más antigua es la Casa de la Viña, en la orilla izquierda del río, fechada en el siglo VIII a.C. Esta necrópolis es muy mal conocida, ya que los únicos restos que la documentan son varios vasos de alabastro descubiertos en el siglo XVIII. Muy próxima, se encuentra la necrópolis del Cerro del Mar, con tumbas de fosa fechadas en el siglo VII a.C. A comienzos del siglo VI a.C., se empieza a utilizar la necrópolis de Jardín, en la orilla derecha del Vélez, que corresponde a los últimos tiempos de Toscanos; los cadáveres se entierran en sarcófagos o en distas. Tras el abandono de Toscanos, la población púnica de los alrededores siguió utilizando la necrópolis de Jardín hasta el siglo II a.C.(55)

A unos cinco kilómetros al este de Toscanos, se encuentra el río Algarrobo, que también fue una zona de intensa presencia fenicia. Los yacimientos están en el Morro de Mezquitilla, Trayamar y Chorreras. La razón que movió a los fenicios a establecerse aquí fue la magnífica ruta de penetración hacia las minas de hierro de la Sierra de Almijara que suponía el Valle del Algarrobo Además, la antigua desembocadura del río era una rada excelente.

El asentamiento del Morro de Mezquitilla, situado en la orilla izquierda del Algarrobo, es, actualmente el yacimiento fenicio península que proporciona una cronología más antigua. El poblado se fundó en torno al año 800 a.C. sobre un asentamiento calcolítico anterior, la ocupación del lugar perdurará hasta la época romana. Las casas del Morro tienen planta rectangular, estando construidas con adobe y tapial, las paredes están revestidas con estuco amarillento. La principal actividad desarrollada en el poblado fue la metalurgia, especialmente la del hierro: el Morro de Mezquitilla proporciona una de las fechas más antiguas de utilización del hierro en el occidente mediterráneo.

La necrópolis del Morro de Mezquitilla está situada al otro lado del río, en Trayamar. Aquí se han documentado cinco tumbas monumentales, de las que sólo se conserva una. Eran sepulcros excavados en la roca, cuyas cámaras funerarias, construidas basándose en sillares, contaban con un acceso en forma de rampa. Las cubiertas eran a doble vertiente y tenían armaduras de madera. Estos hipogeos tienen un espíritu totalmente oriental, tanto en su concepción como en su técnica constructiva. La cronología de esta necrópolis se situaría en torno al VII a.C. En cuanto a su función, se cree que eran panteones familiares, que fueron utilizados por sucesivas generaciones, usando indiscriminadamente el rito de incineración o de inhumación.

El siguiente asentamiento a analizar, Chorreras se sitúa sobre un acantilado rocoso, que permite una gran visibilidad sobre el mar. Es el asentamiento fenicio de la Península con una vida más corta, ya que está fechado entre la segunda mitad del VIII a.C. y la primera del VII a.C. Así, en sus edificios se aprecia únicamente una fase de habitación.

Cerca de Chorreras hay otra necrópolis, la de Lagos, esta fue identificada por María Eugenia Aubet. Sólo hay dos tumbas excavadas, algo que hace pensar que pertenece a Chorreras o a otro asentamiento de la misma extensión.

En los límites de Málaga está la necrópolis del Cortijo de las Sombras. Es una necrópolis de incineración en urnas. Las urnas son de tradición fenicia, el ajuar es muy escaso, sólo algún elemento metálico que normalmente es un enganche para cinturón, lo interesante es que son de tipología tartesia , algo que nos plantea la cuestión de si estamos ante tumbas tartesias o estamos ante tumbas fenicias.

Más al este, debajo de la actual Almuñecar, se han documentado los restos de otro poblado fenicio. Este se emplaza entre la desembocadura de dos ríos, el río Seco y el río Verde, en la cual existía una península, algo que ha sido probado mediante estudios geográficos. De este establecimiento sabemos poco, sólo lo que han aportado una serie de excavaciones urbanas que han llegado a identificar niveles fenicios arcaicos del siglo VIII a.C. Destacan los restos de una factoría de salazones de pescado consistente en una serie de balsas para la sal y el pescado tras la cual se localizaron los niveles arcaicos anteriormente comentados.

Lo mejor conocido del establecimiento de Almuñecar son sus dos necrópolis. En primer lugar, la necrópolis que primero se conoció esta situada en el Cerro de San Cristóbal y ha sido llamada la necrópolis de Laurita. Esta compuesta por una veintena de enterramientos practicados en nichos laterales abiertos en el fondo de pozos que llegan a tener cinco metros de profundidad. Lo excepcional de Laurita no es el tipo de tumbas en sí, lo extraordinario son las urnas cirenaicas, son urnas de alabastro que llevan grabados los cartuchos de faraones egipcios de la XXII dinastía, que se fechan entre 874-877, e inscripciones jeroglíficas de significado enigmático que aluden a oasis egipcios productores de vinos de gran calidad. Los materiales arqueológicos que forman arte del ajuar datan estas tumbas entre finales del siglo VIII y mediados del VII a.C., de modo que los recipientes de alabastro se habrían usado en las sepulturas muchos años después de su fabricación, con lo que estaríamos ante la circulación de bienes de lujo. El área de Laurita parece que se reservó para tumbas arcaicas, ya que no posee tubas de cronología posterior. Además, en época posterior, la necrópolis se desplazará más arriba y quedará ubicada en la necrópolis de Puente de Noy, la cual ha proporcionado un centenar de tumba. Así pues, conocemos dos necrópolis de Almuñecar, la mayoría de tumbas se localizan en la necrópolis reciente, mientras que una minoría (una veinte aproximadamente) son tumbas arcaicas de tiempos de la fundación.

Un último establecimiento fenicio en la costa mediterránea andaluza es el de Villaricos, la antigua Baria. De este asentamiento se tiene constancia que Siret excavó una serie de tumbas, que también fueron publicadas. Por el contrario de lo que fue la ciudad antigua se desconocen los niveles más arcaicos, aunque sabemos que a partir del VI a.C., Villaricos es un gran puerto donde podemos encontrar gran variedad de materiales.

-Ibiza y la presencia fenicia en la Península ibérica fuera del ámbito andaluz-

Las investigaciones protohistóricas en la zona del Segura sólo habían mostrado la gran influencia semita en una serie de yacimientos indígenas fundados ex novo muy vinculados al comercio fenicio, caso de los Saladares, Peña Negra, etc. Sin embargo, a raíz de la excavación en los últimos años del ribat islámico de Guardamar del Segura, el panorama de la protohistoria de la zona ha cambiado.

Las excavaciones que se vienen realizando desde 1995 en Guardamar han sacado a la luz una factoría fenicia, la factoría de Guardamar o de la Fonteta. Parece ser que ocupó unas 4 o 5 hectáreas delimitadas por una muralla bien conservada de neto carácter fenicio. En su interior se han excavado una serie de casa rectangulares típicamente fenicias de zócalo de piedra y paredes de adobe que disponían de una zona interior. El material es muy rico, cerámica griega, grandes platos y ánforas, etc.

Tenemos que apuntar que últimamente también han aparecido restos fenicios en la zona de Mazarrón.

Al norte de Guardamar sólo ha sido localizada una factoría fenicia en toda regla, la de Ibíza. Sin embargo, los hallazgos fenicios llegan hasta la zona del Ampurdán, lo que demuestra el interés fenicio por el Ebro, interés que comenzará a lo largo del VII a.C. que será cuando se funde la factoría de Ibiza para ayudar a la navegación hacia el Norte. Por lo que respecta a Valencia, los hallazgos son pocos, aunque en esto colabora lo costa pantanosa e impracticable de Valencia en la antigüedad, por lo que tenemos que esperar a llegar a Castellón para que los hallazgos fenicios se multipliquen

El último asentamiento que analizaremos es el de Ibiza. Hasta hace poco se consideraba que Ibiza era una fundación cartaginesa del 654-653 a.C. Sin embargo, hoy en día se sabe que antes de la llegada de los cartagineses, Ibiza o Eubussus ya era una factoría fenicia arcaica. El registro arqueológico revela dos etapas de habitación. La primera correspondería a la llegada de los primeros colonos fenicios en torno a la mitad del VII a.C. y a la fundación de la factoría comercial en Sa Caleta. La segunda etapa comenzaría a principios del VI, momento en el que se fundaría un nuevo enclave en la bahía de Ibiza, la factoría de Eubussus, con su correspondiente necrópolis de incineración situada en Puig des Molins, en este momento se abandonará la factoría de Sa Caleta.

Con el establecimiento ibicenco, los fenicios controlaron todo el Mediterráneo occidental y los accesos al estrecho. Además de contar con una posición inmejorable para comerciar con los pueblos indígenas del litoral e interior valenciano y catalán. Esto último queda demostrado por la gran cantidad de material fenicio aparecido en yacimientos indígenas desde Saladares, Peña Negra o Castellar de Librilla en la zona del Segura, pasando por Almenara o Vinarraguell en Valencia, hasta Aldovesta o Agullana en Cataluña.

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Liverani, M., El Antiguo Oriente. Historia, sociedad y economía. Crítica. Barcelona 1995.

Liverani, M., op. cit.

6 Liverani, M., op. cit.

7 Frankenstein, S., Arqueología del colonialismo: el imperialismo fenicio y griego el el sur de la Península Ibérica y el suroeste de Alemania. Crítica.

8 Aubet, M. E., Tiro y las colonias fenicias de Occidente. Edición ampliada y puesta al día. Crítica. Barcelona 1997. pp. 70-91.

9 Aubet, M.E., op. cit. p. 78.

10 Aubet, M. E., op. cit. p. 89.

11 Aubet, M. E., op. cit. p. 90.

12 Corzo, R., Los fenicios, señores del mar. Historia 16. Madrid 1994.

13 Aubet, M.E., op. cit. p. 144..

14 Aubet, M. E., op. cit. p. 150.

15 Corzo, R., op. cit. p. 81.

16 Aubet, M. E. op. cit. p. 152.

17 Corzo, R., op. cit. p. 81.

. Aubet, M.E., op. cit. pp. 156-157.

19 Aubet, M.E., op. cit. pp. 177-187.

20 Lancel, S., Cartago. Crítica. Barcelona 1994.

21 Torres Ortíz, M., La cronología absoluta europea y el inicio dela colonización fenicia en occidente. Implicaciones cronológicas en Chipre y el Próximo Oriente. Complutum, 9, 1998. p. 50.

25 Grass, M. et alii., El universo fenicio. Mondadori.

26 Grass, M. et alli., op. cit. p. 70.

27 Grass, M. et alli., op. cit. p. 76.

28 Grass, M. et alii., op. cit. p. 71.

29 ibidem.

30 García Alfoso, E., Los fenicios en la costa de Málaga. Revista de Arqueología. Año X. Número 103. Noviembre 1989.

31 García Alfoso, E., op. cit., p. 35.

32 Grass, M., et alli., op. cit. pp. 79-80.

33 ibidem.

34 Aubet, M. E., El comercio fenicio en Occidente: Balance y perspectivas. En I Fenici: Ieri oggi dommi. Riseche, scoperte, progetti (Roma 3-5 Marzo 1994). Publicado por el Istituto per la Civitá Fenicia e Púnica del Consiglio Nazioale delle Riserche. Roma 1995. p. 232.

35 Aubet, M. E., Tiro y las colonias fenicias de Occidente. Edición ampliada y puesta al día. Crítica. Barcelona 1997.

36 Aubet, M. E., op. cit., pp. 54-57.

37 Aubet, M. E., op. cit. pp. 185.

38 Aubet, M. E., op. cit. p 193.

39 Aubet, M. E., op. cit. pp. 202-203.

40 ibidem.

41 Corzo, R., op. cit. p. 96.

42 Corzo, ., op. cit. p. 97.

43 Aubet, M.E., op. cit. p. 205.

44 ibidem.

45 Corzo, R., op. cit. p. 96.

46 Aubet, M. E.,op. cit. p. 206.

47 ibidem.

48 Aubet, M. E., op. cit. p.207.

49 Aubet, M. E., op. cit. pp. 211-213.

50 Aubet, M. E. op. cit. pp. 227-228.

51 Aubet, M. E., op. cit. pp. 255-258.

52 Aubet, M. E., op. cit. pp. 258-260.

53 Lancel, S., op. cit. pp. 25-27.

54 Aubet, M. E., op. cit. 266-267.

55 Belén, M. y Chapa, T., op cit. pp.201-202.

55 García Alfonso, E. op. cit.

Tutankamon no fue asesinado. Resultados del TAC

Tutankamon no fue asesinado. Resultados del TAC

Los expertos barajan como causa más probable de la muerte que sufriera una severa infección tras fracturarse una pierna.

Arqueólogos de todo el mundo especulan desde hace años con la causa de la muerte del faraón-niño, pero la prueba definitiva la han obtenido al hacerle a la momia un escáner de cuerpo entero que determina que la causa más probable del fallecimiento fue una severa infección producida por una fractura de una pierna, según ha revelado el ministro egipcio de Cultura, Faruq Hosni.

Algunos de los miembros del equipo que ha realizado las pruebas a la momia sostienen que la causa de la muerte podría ser una hemorragia producida tras la fractura, y no la infección posterior, pero en cualquier caso, la máxima autoridad del país en arqueología, Zahi Hawas, sostiene que el caso está cerrado, y que la tumba del faraón-niño que murió en el año 1352 a.C. puede volver a cerrarse "para siempre".

Por Olalla Cernuda, El Mundo, 9 de marzo de 2005

Cansados de años de especulaciones sobre la muerte o el asesinato del faraón, el ministerio de Cultura egipcio encargó a un equipo de expertos realizar un completo examen a la momia, incluído un TAC (escáner de cuerpo entero), pruebas que se empezaron a realizar el pasado 5 de enero.

En sus conclusiones, publicadas en un documento de cinco páginas, los expertos revelan que no han hallado señales de que el faraón muriera por un golpe en la nuca, como se sostenía hasta ahora. Además, destacan que Tutankamon habría fallecido a los 19 años, y que los análisis de sus huesos confirman que gozaba de buena salud y atención médica, y que además recibió una buena alimentación durante su infancia.

Los expertos observaron que la espina dorsal tenía una posición anómala, pero descartan que el faraón sufriera algún tipo de enfermedad congénita, y se decantan por la opción de que la fractura se produjera o bien durante el embalsamamiento o bien tras ser descubierta la momia por el ingés Howard Carter, en 1922.

Precisamente, el informe del Consejo Superior de Antigüedades egipcio, dirigido por Hawas, es especialmente crítico con el trabajo realizado por el equipo de arqueólogos dirigidos por Carter que encontró la momia.

Una de las teorías del asesinato se basaba en la fractura de dos pequeños huesos del cerebro detectada hace años en la momia, pero el TAC ha puesto de manifiesto que "esas fracturas no pueden haberse producido antes de la muerte, porque entonces se habrían quedado soldadas a los materiales del embalsamamiento", dicen los arqueólogos egipcios.

El equipo sostiene que los fragmentos se rompieron durante el segundo embalsamamiento, realizado por el doctor Carter, y además señalaron que encontraron material del utilizado por el arqueólogo en una herida en un muslo. "Si esa herida se hubiera procudido en vida, habría srestos de sangre o un hematoma en la zona, y el escáner ha revelado que no los hay", dicen.

Además, el equipo dirigido por Hawas sostiene que ha encontrado también el pene de Tutankamón, que estaba presente en la momia en 1922 pero que cuando se hizo una examinación de la zona posterior, en 1968, había desaparecido. "Lo han encontrado enterrado en la arena cerca del cuerpo del faraón", sostienen en el informe.

Tutankamón llegó al trono poco después de la muerte de Akenatón, el faraón que abandonó la mayoría de los diosos egipcios y trató de imponer una religión monoteísta basada en la adoración al dios del sol, Atón.

Durante su el reinado, que duró sólo diez años, reestableció el orden tradicional del Egipto faraónico, bajo la influencia de los sacerdotes y generales conservadores. Debe su fama a que su tumba fue la única sepultura del Valle de los Reyes que llegó sin saquear hasta la edad contemporánea. Su descubrimiento por Howard Carter en 1922 constituyó un acontecimiento arqueológico mundial, mostrando el esplendor y la riqueza de las tumbas reales y sacando a la luz valiosas informaciones sobre la época.

El CSA egipcio llegó a un acuerdo de colaboración con Siemens para realizar, durante los próximos años, un escaner a todas las momias encontradas en el Valle de los Reyes, para tratar de obtener más información sobre las enfermedades habituales en el Antiguo Egipto.

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PRESS RELEASE - TUTANKHAMUN CT SCAN
Guardians.net, Cairo, 8 march 2005

Farouk Hosni, Minister of Culture, announced today that the Egyptian team has finished their examination of a non-invasive CT scan of Tutankhamun’s mummy. Zahi Hawass, Secretary General of the Supreme Council of Antiquities, states that there is no evidence that the young king was murdered.

The scientific team, which reviewed over 17,000 images, was headed by Dr. Hawass, and consisted of radiologists, pathologists, and anatomists under the oversight of Dr. Madiha Khattab, Dean of Medicine at Cairo University.

Lead radiologist Dr. Mervat Shafik and the rest of the team requested that three international experts, two from Italy and one from Switzerland, be permitted to review the images. “We need our opinion to be international, since people all over the world are waiting for the results of this important scan,” said Dr. Shafik.

Dr. Hawass announced today that the scientific team confirmed that King Tut died at about the age of 19. His bones, which indicate a slight build, show that he was well-fed and healthy and suffered no major childhood malnutrition or infectious diseases. In answer to theories that Tutankhamun was murdered, the team found no evidence for a blow to the back of the head, and no other indication of foul play.

They also found it extremely unlikely that he suffered an accident in which he crushed his chest.

He adds that some team members interpret a fracture in the left thighbone as evidence for the possibility that Tutankhamun broke his leg badly just before he died. However, this injury alone could not have directly caused the king’s death.

The team was also able to rule out pathological causes for the bent spine and elongated skull noted in earlier examinations. The scientists believe the head shape to be a normal variation, and think the bend in the spine is due to the way the embalmers positioned the body.

The king also had a slightly cleft palette and one impacted wisdom tooth. The team also notes that extreme care seems to have been taken in preparing the body of the king for burial.

Dr. Hawass also said: “The Egyptian team worked on the images for two months. The foreign team came for several days at the end to review the work of the Egypt team. The foreign consultants confirmed the results of the Egyptian team, and joined us to make this announcement internationally. All of us are proud to announce these findings, the first CT examination of a securely identified royal mummy from ancient Egypt.

I believe these results will close the case of Tutankhamun, and the king will not need to be examined again. We should now leave him at rest. I am proud that this work was done, and done well, by a completely Egyptian team.”

CT Scan Report

On January 5, 2005, the mummy of Tutankhamun (c. 1355-1346 B.C.) was removed from its tomb in the Valley of the Kings (KV 62) for the first time in almost eighty years. An all-Egyptian team, led by Zahi Hawass, lifted the fragile remains, still resting in the tray of sand in which it had been placed by Carter’s team, from their resting place inside the outermost coffin and sarcophagus of the king, and carried them to a state-of-the-art CT scan machine (housed inside a trailer) donated to the Supreme Council of Antiquities by Siemens, Ltd., and the National Geographic Society. The scan took fifteen minutes and produced over 1,700 images. These images were studied by an Egyptian team, under the auspices of Madiha Khattab, Dean of the Faculty of Medicine, Cairo University, and then by a foreign team composed of experts from Italy and Switzerland.

Previous Examinations

The mummy of the young king had been essential dismantled by Carter’s team, who were interested primarily in recovering the almost 150 jewels, amulets, and other items wrapped with the body and gaining the maximum possible scientific information from the body itself. In order to remove the objects from the body and the body from the coffin, to which it was stuck fast by the hardened embalming liquids (most likely resins) used to anoint the mummy, Carter’s team cut the body into a number of large and small pieces (for example, the trunk was cut in half, the arms and legs were detached). The head, cemented by the solidified resins to the golden mask, was severed, and removed from the mask with hot knives. Carter placed the mummy back in the tomb in 1926. The mummy has been X-rayed twice since this time, once in 1968 by a team from the University of Liverpool under R.G. Harrison, and once in 1978 by J.E. Harris of the University of Michigan.

The Benefits of CT Scanning

Although both the original examination and the subsequent X-rays revealed much about the life of the king, they also left many questions open, and have provided fuel for much speculation. CT scanning is a non-invasive tool that can scan the whole body in a very short time, and can differentiate between various types of soft tissue and bone in three-dimensional images. Conventional X-rays can see two planes only and cannot clearly distinguish the soft tissues. The scope and ability of CT scanning to diagnose and differentiate between diseases is also far superior. The body also does not need to be moved repeatedly, as is the case for X-rays.

The current investigation was designed to confirm or refute the conclusions of the previous examinations, and look for additional details that earlier investigators might have missed. In this it was extremely successful.

Results of the CT Scan

The scientists who have been working to analyze the CT scan images of Tutankhamun came together in a series of meetings on March 3 and 4 to discuss their findings. The scientists were unanimous on almost all points. Their conclusions were as follows:

• State of Mummy. The remains of the pharaoh are in very poor shape, due primarily to the damage done by Carter’s team. The body is in a number of pieces, with both upper and lower limbs dismantled. Many parts present at the original examination are now missing, although many fragments remain loose in the sand tray. Both bones and skin are broken in numerous places. The king’s arms, originally folded across the chest, are now by his sides.

• Age at Death. Tutankhamun was about 19 years old when he died, based on the following observations, and using modern developmental tables:

a. The fusion of the epiphyseal plates (the parts of the bone that is responsible for growth until a certain age) matches the development of a young man of 18 or more, and 20 or less.

b. All of the cranial sutures are still at least partly open.

c. The wisdom teeth are not completely erupted. One of these (upper left) is impacted, and there is a slight thinning of the sinus cavity above. This was not life-threatening, and there are no signs of infection.

• General Health. Judging from his bones, the king was generally in good health. (His internal organs, as is usual for Egyptian mummies, are not present in the body, and thus have not been analyzed). There are no signs of malnutrition or infectious disease during childhood. His teeth are in excellent condition, and he appears to have been well fed and cared for.

• Size in Life. Tutankhamun was approximately 170 cm. (5 and a half feet) tall, as extrapolated from the measurement of the tibia (lower leg). He was slightly built (gracile).

• Skull Shape. Tutankhamun had a very elongated (dolichocephalic) skull. The cranial sutures are not prematurely fused, so this is most likely due to normal anthropological variation rather than any pathology.

• Cleft Palette and Overbite. The king had a small cleft in his hard palette (the bony roof of his mouth), not associated with an external expression such as a hare-lip or other facial deformation. His lower teeth are slightly misaligned. He has large front incisors and the overbite characteristic of other kings of from his family (the Tuthmosid line).

• Scoliosis. There is a slight bend in the spine, However, the scientists agree that this is not a pathological scoliosis, since there is no rotation and no associated deformation of the vertebrae. This bend most likely reflects the way the mummy was positioned by the embalmers.

• Brain Extraction. The nasal septa were destroyed by the embalmers, and the brain was extracted through the nose.

• Embalming of Head: Principal Route. All the scientist agree, based on the differing densities of the materials and the way in which the embalming liquids (now completely solidified) appear, that various types of these liquids were introduced to the cranial cavity several times through the nose. At first, the body was lying on its back, and the embalming liquid pooled along the back of the skull. Later, the head was tipped back in some way, and embalming liquid pooled in the top of the skull.

• Possible Second Route for Embalming of Head. Part the team sees evidence for a second route through which embalming liquid was introduced to the lower cranial cavity and neck. This would have been through the back of the upper neck. In this area, there are two layers of solidified material of a different density from that seen above in this area.

The first cervical (topmost) vertebra and the foramen magnum (large opening at the base of the skull) are fractured here, which according to this theory may have happened when the hole was made to pour in the embalming liquid or may have been done by Carter’s team when removing the head from the mask. Part of the team disagrees, and sees no evidence for an embalming route through the back of the neck. They believe, instead, that the embalming liquid in this area was also introduced through the nose or trickled down from the cranial cavity, and that the vertebra and foramen magnum were definitely damaged by Carter’s team in the process of removing the head from mask, and could not have been damaged by the embalmers.

• The “Murder” Theory. The entire team agrees that there is NO evidence for murder present in the skull of Tutankhamun. There is NO area on the back of the skull that indicates a partially healed blow. There are two bone fragments loose in the skull. These cannot possibly have been from an injury from before death, as they would have become stuck in the embalming material. The scientific team has matched these pieces to the fractured cervical vertebra and foramen magnum, and believes these were broken either during the embalming process or by Carter’s team.

2. Fractured Leg? The team has noted a fracture of the left lower femur (thighbone), at the level of the epiphyseal plate. This fracture appears different from the many breaks caused by Carter’s team: it has ragged rather than sharp edges, and there are two layers of embalming material present inside. Part of the team believes that the embalming material indicates that this can only have occurred during life or during the embalming process, and cannot have been caused by Carter’s team. They note that this type of fracture, unlike most of the others, is possible in young men in their late teens, and argue that it is most likely that this happened during life. There is no obvious evidence for healing (although there may be some present, and masked by the embalming material). Since the associated skin wound would still have been open, this fracture would have had to occur a short time, days at the most, before death. Carter’s team had noted that the patella (kneecap) on this leg was loose (now it is completely separated, and has in fact, been wrapped with the left hand), possibly suggesting further damage to this area of the body. The part of the team that subscribes to this theory also notes a fracture of the right patella and right lower leg. Based on this evidence, they suggest the king may have suffered an accident in which he broke his leg badly, leaving an open wound. Although the break itself would not have been life-threatening, infection might have set in. However, this part of the team believes it also possible, although less likely, that this fracture was caused by the embalmers.

• No Fractured Leg. Part of the team believes that the above scenario is absolutely not possible. They maintain that the fracture mentioned above can only have been done by Carter’s team during extraction of the body from the coffin. They argue that if such a fracture had been suffered in life, there would have been evidence for hemorrhage or hematoma present in the CT scan. They believe the embalming liquid was pushed into the fracture by Carter’s team.

• Missing Ribs and Sternum. The sternum and a large percentage of the front ribs are now missing, evidently along with the much of the front chest wall. The ends of the missing ribs are cleanly cut, clearly by a sharp instrument. The scientific team agrees that this cannot mirror in any way extensive trauma to the chest, as such trauma would have been reflected elsewhere in the body (particularly in the vertebra). Opinion among team members is divided as to whether the ribs and sternum were removed by the embalmers or by Carter’s team. Carter’s team does not mention that the ribs and sternum were missing, and a beaded collar and string of beads can be seen covering the chest cavity in photos taken at the time, but before their examination of the body was completed. Therefore it is perhaps more likely that this area of the body, which is now completely missing, was removed by Carter’s team in order to collect the artifacts present (although he does not mention doing so). Archaeological investigation will continue in an effort to resolve this issue.

• Embalming Process. The team has concluded, based on the identification of at least five different types of embalming material and the many episodes of its introduction to the body and cranial cavity, that great care was taken in the mummification of this king. This counters previous arguments that the body of the king was prepared hurriedly and carelessly.

• Missing Penis. Although they cannot be certain, the team believes that they have located the king’s penis, present at Carter’s exhumation but reported missing at the 1968 examination, loose in the sand around the king’s body. There are also many fragments apparently belonging to other missing parts, such as a thumb, other digits, and pieces of vertebrae, present in this area.

CT Scanning Team

• Egyptologist and Team Leader: Dr. Zahi Hawass, Secretary General, SCA
• Project Administrator: Hisham el-Leithy

Scientific Team (in alphabetical order):

• Dr. Aly Gamal Eldin, Professor of Forensic Medicine, Cairo University
• Dr. Sherief Abdel Fatah, Lecturer in Radiology, Cairo University
• Dr. Fawzi Gaballa, Professor of Anatomy, Cairo University
• Dr. Ashraf Selim, Professor of Radiology, Cairo University
• Dr. Mervat Shafik, Professor of Radiology, Cairo University
• Dr. Essam el-Sheikh, Professor of Radiology, Cairo University

Machine Operators

• CT Application Specialist, Seimens, Ltd., Egypt: Dr.Hani Abdel Rahman
• Technician: Salah Mohamed Ali

Scientific Consultants (in alphabetical order):

• Dr. Edward Egarter, Forensic Pathologist, Archaeological Museum of South Tyrol, Italy
• Dr. Paul Gostner, Radiologist, General Hospital of Bolzano, Italy
• Dr. Frank J. Rühli,Ph.D., M.D. Anatomist, Paleopathologist, University of Zurich