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Terrae Antiqvae

Mosaico romano descubierto en Libia, "digno de Botticelli"

Mosaico romano descubierto en Libia, "digno de Botticelli"

Foto: The reflective and exhausted gladiator, discovered within a Roman villa at Wadi Lebda ont he coast of Libya by archeologists form the University of Hamburg, is being praised as a masterpiece (PHOTO: HELMUT ZIEGERT/UNIVERSITY OF HAMBURG)

Un espectacular mosaico romano descubierto en Libia y que representa a un gladiador sentado en actitud reflexiva junto al enemigo al que acaba de dar muerte es digno de Botticelli, según el arqueólogo británico Mark Merrony.

"Lo que más me sorprendió es el extraordinario realismo de la imagen", afirma Merrony, que asegura "no haber visto hasta ahora nada parecido en los cientos de mosaicos que ha tenido ocasión de estudiar como experto en mosaicos antiguos.

"La imagen del gladiador es una obra maestra romana ejecutada por el Sandro Botticelli de su día, que ha sabido captar la expresión humana con un realismo desconocido hasta ahora en los mosaicos romanos", señala el arqueólogo.

"La imagen del gladiador ha sido ejecutada con realismo tan convincente que parece pintada", agrega Merrony, subdirector de la revista de arte antiguo y arqueología "Minerva", que publica en su número de julio y agosto detalles del importante descubrimiento.

El mosaico forma parte de una serie de cinco, creados en los siglos primero o segundo de nuestra era, que muestran con extraordinaria claridad a cuatro jóvenes mientras derriban a un toro salvaje, a un guerrero que lucha con un cierto y al citado gladiador.
Los mosaicos decoraban el "frigidarium", o piscina de agua fría, de una villa romana en la localidad de Wasdi Lebda, en Leptis Magna, cerca de Trípoli y una de las grandes ciudades de la antigüedad.

Según el director de "Minerva", Sean Kingsley, Libia era una provincia riquísima del imperio romano, sólo que en lugar de petróleo, tenía aceite, producto esencial para la alimentación, la iluminación y la higiene personal.

El aceite de la región de Leptis, en particular, constituía el mayor producto de exportación de cualquier provincia durante la era romana, y proporcionaba además enormes ingresos al fisco imperial.

Aunque el descubrimiento de los mosaicos lo llevó a cabo en el año 2000 Marliese Wendowski, de la Universidad de Hamburgo, hasta ahora se había mantenido en secreto para evitar que fueran objeto de pillaje.

Fuente: Londres, Agencia EFE, 13 de junio de 2005

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Roman mosaic 'worthy of Botticelli'

By Dalya Alberge, Arts Correspondent

A SPECTACULAR Roman mosaic discovered in Libya has been hailed as one of the finest examples of the artform to have survived.
British scholars yesterday described the 2,000-year-old depiction of an exhausted gladiator as one of the finest examples of representational mosaic art they have seen — a masterpiece comparable in quality with the Alexander mosaic in Pompeii.

Mark Merrony, an archaeologist who specialises in Roman art, said: “What struck me was the realism of the depiction. It’s absolutely extraordinary.

“I have examined hundreds of mosaics across the Roman Empire, but I have never seen such a vibrantly realistic depiction of a human.

“The image of the recumbent gladiator is nothing less than a Roman masterpiece executed by the Sandro Botticelli of his day. The human expression is captured in a realistic manner hitherto unknown in Roman mosaics.”

Archaeologists from the University of Hamburg were working along the coast of Libya when they uncovered a 30-ft stretch of five multicoloured mosaics created during the 1st or 2nd century. The mosaics show with extraordinary clarity four young men wrestling a wild bull to the ground, a warrior in combat with a deer and a gladiator. The gladiator is shown in a state of fatigue, staring at his slain opponent.

The mosaics decorated the cold plunge pool of a bath house within a Roman villa at Wadi Lebda in Leptis Magna, one of the greatest cities of antiquity.

Although the discovery was initially made in 2000, by Dr Marliese Wendowski of the University of Hamburg, it has been kept secret until now, partly to ensure that the excavations were not disturbed by looters.

It was also initially difficult for archaeologists to enter Libya. But since a settlement with the families of the Lockerbie victims and the lifting of international sanctions, the situation has changed.

Libya is now keen to open the country to tourists and these mosaics are being placed on public display at the Leptis Magna Mosaic Museum.

The full story of the discovery will be told in the July-August issue of Minerva, a London-based international review of ancient art and archaeology, which is published this week.

Dr Merrony, the deputy editor, whose doctorate from Oxford University was on ancient mosaics, said: “The image of the gladiator is executed in a manner that is so convincingly realistic that it appears to have been painted.

“Works of Renaissance art by Botticelli and others are well-known for deriving their inspiration from the human form in Classical art, but to find a Renaissance image on the floor of a Roman villa is unique.”

La civilización más antigua de Europa central, 4.800-4.600 a.C.

La civilización más antigua de Europa central, 4.800-4.600 a.C.

Arqueología: Hallan restos de la civilización más antigua de Europa. Investigadores alemanes hallaron los restos de más de 150 templos, cuya fecha data entre los años 4.800 y 4.600 AC, que están esparcidos en una zona que se expande entre las actuales Alemania, República Checa, Eslovaquia y Austria.

LONDRES.- Un grupo de arqueólogos halló los restos de la que consideran la ciudad más antigua de Europa central, de unos 7.000 años de antiguedad, escribió hoy el diario británico The Independent.

Investigadores alemanes hallaron los restos de más de 150 templos, cuya fecha data entre los años 4.800 y 4.600 AC, que están esparcidos en una zona que se expande entre las actuales Alemania, República Checa, Eslovaquia y Austria.

Los edificios habrían sido construidos 2.000 años antes de las Pirámides de Egipto y del monumento de Stonehenge, dijo el periódico.

Este descubrimiento podría revolucionar el estudio de Europa, ya que hasta ahora se pensaba que la arquitectura monumental se había desarrollada mucho más tarde que en Medio Oriente, Egipto y la Mesopotamia.

Las investigaciones duraron tres años. Los arqueólogos aun no le dieron un hombre a esta civilización.

Los templos fueron construidos con tierra y madera. Se cree que fueron levantados por un pueblo descendiente de los nómades que habitaban la zona del Danubio.

Fuente: DPA/La Segunda.com - 11 de junio de 2005
Enlace: http://www.lasegunda.com/ediciononline/elmundo/detalle/index.asp?idnoticia=221382

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EUROPA-PALEONTOLOGIA 11-06-2005

Descubren la civilización más antigua del Viejo Continente

Los arqueólogos han descubierto la civilización más antigua de Europa, una red de docenas de templos que datan de dos mil años antes que las pirámides de Egipto o el monumento megalítico de Stonehenge en suelo británico.

Según revela hoy el diario 'The Independent', más de ciento cincuenta monumentos gigantes, construidos entre 4.800 y 4.600 antes de Cristo, han sido localizados debajo de campos y ciudades de Alemania, Austria y Eslovaquia.

'Nuestras excavaciones han revelado el grado de visión monumental y de sofisticación de aquellas primitivas comunidades agrícolas que crearon los primeros complejos a gran escala en Europa', declaró al periódico Harald Staueble, del departamento del patrimonio del Estado de Sajonia (Alemania), que ha dirigido los trabajos.

El descubrimiento revolucionará los estudios de la Europa prehistórica ya que se creía que el apetito de sus habitantes por la arquitectura monumental se había desarrollado después que en Mesopotamia y Egipto.

En total, dice el periódico, se han identificado hasta el momento más de ciento cincuenta templos.

Construidos con tierra y madera, tenían terraplenes y empalizadas de más de ochocientos metros de longitud.

Fueron construidos por un pueblo religioso que vivía en casas de hasta 50 metros de longitud agrupadas en aldeas y cuya economía se basaba en el pastoreo.

Esa civilización parece que se extinguió después de dos siglos y su descubrimiento es tan reciente que los arqueólogos aún no le han dado aún nombre.

Durante los últimos años se han realizado excavaciones en distintos lugares, lo que ha llevado a revisar complejos similares identificados mediante fotografías aéreas en distintos lugares de la Europa central.

Los arqueólogos comienzan a sospechar ahora que algunos de esos centros religiosos monumentales, cada uno de ellos de 150 metros de anchura, se construyeron en una zona de 600 kilómetros de lo que son ahora Austria, la República Checa, Eslovaquia y Alemania Oriental.

El más complejo de los excavados hasta ahora, localizado en la ciudad alemana de Dresde, consistía en un espacio sagrado interno rodeado de dos empalizadas, tres terraplenes y cuatro fosos.

Esos monumentos representan, según parece, un fenómeno asociado exclusivamente con un período de crecimiento y consolidación que siguió al establecimiento original de culturas de agricultores en la Europa central.

Es posible, según los arqueólogos, que esos monumentos neolíticos fuesen consecuencia de aumento del tamaño y de la competición entre grupos tribales neolíticos, indica el periódico.

Según el diario, la construcción de los templos de Nickern, en lo que es hoy Dresde, sitúa a las primeras civilizaciones europeas en la vanguardia del esfuerzo humano para dominar a la naturaleza.

Las investigaciones arqueológicas de esos templos de la Edad de Piedra llevadas a cabo en los tres últimos años han revelado que cada uno de esos complejos fue utilizado sólo por unas pocas generaciones: un máximo de cien años.

También indican que el área sagrada central era siempre aproximadamente del mismo tamaño, un tercio de hectárea, y que cada foso circular, con independencia del tamaño, suponía la remoción del mismo volumen de tierra para lo que los constructores jugaban con la profundidad o el diámetro.

Un complejo y un templo en Aythra, cerca de la ciudad alemana de Leipzig, cubre un área de 25 hectáreas. Allí se encontraron doscientas casas de planta alargada.

Se cree que la aldea pudo haber estado poblada por hasta trescientas personas que vivían en una aldea muy organizada de entre quince y veinte edificios comunales.

La gente que construyó esos templos circulares descendía de poblaciones migratorias que llegaron muchos siglos antes desde la llanura del Danubio.

Fuente: Terra Actualidad – EFE, 11 de junio de 2005
Enlace: http://actualidad.terra.es/ciencia/articulo/descubren_viejo_continente_346769.htm

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Found: Europe's oldest civilisation

By David Keys, Archaeology Correspondent

Archaeologists have discovered Europe's oldest civilisation, a network of dozens of temples, 2,000 years older than Stonehenge and the Pyramids.

More than 150 gigantic monuments have been located beneath the fields and cities of modern-day Germany, Austria and Slovakia. They were built 7,000 years ago, between 4800BC and 4600BC. Their discovery, revealed today by The Independent, will revolutionise the study of prehistoric Europe, where an appetite for monumental architecture was thought to have developed later than in Mesopotamia and Egypt.

In all, more than 150 temples have been identified. Constructed of earth and wood, they had ramparts and palisades that stretched for up to half a mile. They were built by a religious people who lived in communal longhouses up to 50 metres long, grouped around substantial villages. Evidence suggests their economy was based on cattle, sheep, goat and pig farming.

Their civilisation seems to have died out after about 200 years and the recent archaeological discoveries are so new that the temple building culture does not even have a name yet.

Excavations have been taking place over the past few years - and have triggered a re-evaluation of similar, though hitherto mostly undated, complexes identified from aerial photographs throughout central Europe.

Archaeologists are now beginning to suspect that hundreds of these very early monumental religious centres, each up to 150 metres across, were constructed across a 400-mile swath of land in what is now Austria, the Czech Republic, Slovakia, and eastern Germany.

The most complex excavated so far - located inside the city of Dresden - consisted of an apparently sacred internal space surrounded by two palisades, three earthen banks and four ditches.

The monuments seem to be a phenomenon associated exclusively with a period of consolidation and growth that followed the initial establishment of farming cultures in the centre of the continent.

It is possible that the newly revealed early Neolithic monument phenomenon was the consequence of an increase in the size of - and competition between - emerging Neolithic tribal or pan-tribal groups, arguably Europe's earliest mini-states.

After a relatively brief period - perhaps just one or two hundred years - either the need or the socio-political ability to build them disappeared, and monuments of this scale were not built again until the Middle Bronze Age, 3,000 years later. Why this monumental culture collapsed is a mystery.

The archaeological investigation into these vast Stone Age temples over the past three years has also revealed several other mysteries. First, each complex was only used for a few generations - perhaps 100 years maximum. Second, the central sacred area was nearly always the same size, about a third of a hectare. Third, each circular enclosure ditch - irrespective of diameter - involved the removal of the same volume of earth. In other words, the builders reduced the depth and/or width of each ditch in inverse proportion to its diameter, so as to always keep volume (and thus time spent) constant.

Archaeologists are speculating that this may have been in order to allow each earthwork to be dug by a set number of special status workers in a set number of days - perhaps to satisfy the ritual requirements of some sort of religious calendar.

The multiple bank, ditch and palisade systems "protecting" the inner space seem not to have been built for defensive purposes - and were instead probably designed to prevent ordinary tribespeople from seeing the sacred and presumably secret rituals which were performed in the "inner sanctum" .

The investigation so far suggests that each religious complex was ritually decommissioned at the end of its life, with the ditches, each of which had been dug successively, being deliberately filled in.

"Our excavations have revealed the degree of monumental vision and sophistication used by these early farming communities to create Europe's first truly large scale earthwork complexes," said the senior archaeologist, Harald Staeuble of the Saxony state government's heritage department, who has been directing the archaeological investigations. Scientific investigations into the recently excavated material are taking place in Dresden.

The people who built the huge circular temples were the descendants of migrants who arrived many centuries earlier from the Danube plain in what is now northern Serbia and Hungary. The temple-builders were pastoralists, controlling large herds of cattle, sheep and goats as well as pigs. They made tools of stone, bone and wood, and small ceramic statues of humans and animals. They manufactured substantial amounts of geometrically decorated pottery, and they lived in large longhouses in substantial villages.
One village complex and temple at Aythra, near Leipzig, covers an area of 25 hectares. Two hundred longhouses have been found there. The population would have been up to 300 people living in a highly organised settlement of 15 to 20 very large communal buildings.

Fuente: The Independent, 11 June 2005 14:51
Enlace: http://news.independent.co.uk/europe/story.jsp?story=645976

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How 7,000-year-old temples reveal the elaborate culture of Europe

By Cahal Milmo

The construction of the temples of Nickern, on the site that is now Dresden, puts the first civilisations of Europe at the forefront of early human endeavour to master nature.

Some two millennia before the first stones were laid for the pyramids of Egypt, humanity's preoccupation, from the forests of Germany to the plains of Pakistan, was ­ both literally and figuratively ­ to place roots in the soil.

Archaeological evidence suggests that by the fifth millennium BC, tribes in regions such as Baluchistan, on the site known as Mehrgarh, in the north-western corner of the Indian sub-continent, and the Samarrans in Mesopotamia were establishing farms and permanent communities.

In Egypt, crops such as flax, cotton and barley were being grown from about 5000BC in villages where herds of sheep and goats were also kept. The discovery of early traces of agriculture in New Guinea from about the same time indicate that across the globe humans were starting to sculpt their landscape.

Dr John Robertson, a Washington University-based anthropologist, said: "There is much of this period that we still don't understand, but humanity was beyond the stage of hunting down prey and smearing itself with the entrails.

"Across the world, man was beginning to see his surroundings as something that could be organised or curtailed ­ to be farmed. That is a profound change and it did not displace an innate sense of reverence for nature.

"The first civilisations therefore dedicated effort, more often than not huge, into reflecting that in monumental structures."

It is this impetus for a sacred space, such as the early temples dating from this time in Mesopotamia, that appears to be behind the vast structures uncovered in central Europe.

Archaeologists have struggled to pinpoint and outline the development of the first farming communities, because the evidence that they left behind is scanty at best. But the picture that is often drawn of the European context is that an increasingly sophisticated farming culture, with its base in Mesopotamia, roughly the area occupied by present-day Iraq and Syria, was radiating outwards across the Middle East towards the outer reaches of Europe.

On the Orkney islands, complex stone structures such as the Knap of Howar, the earliest standing dwellings to be found in north-west Europe, date from about 3500BC.

Stone, however, is durable and tends to stay in place. By contrast, it has been difficult for archaeologists to establish the degree of sophistication of the civilisation that built the Nickern temples ­ more than a millennium before the Orkney structures ­ using timber and earth.

Andrew Sherratt, professor of archaeology at the University of Oxford, said: "The problem has been that all that is often left of these structures are post-holes. It is only when we begin to reconstruct them that we understand the elaborate nature of the culture.

"What appears to have been discovered in Germany is something which might have astonished, for example, Britons, who were only just beginning to farm in this period. But to the Mesopotamians, it would have been the grounds for a rather patronising pat on the back."

While the precise nature of the Nickern round buildings remains a mystery, evidence suggests their owners were sophisticated.

In the early Egyptian village of al-Fayyum, dead domesticated animals were wrapped in linen and buried close to their community. Later evidence from Ancient Egypt offers in insight into the complexity of beliefs that accompanied this practice.

In Nickern, the people who were building their own grand places of worship manufactured ceramic statues of humans and animals ­ as did the inhabitants of Mehrgarh in Baluchistan ­ although there is as yet little evidence of the beliefs that drove this practice.

Fuente: The Independent, 11 June 2005 14:51
Enlace: http://news.independent.co.uk/europe/story.jsp?story=645972

©2005 Independent News & Media (UK) Ltd.

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Goseck: observatorio solar prehistórico

Hallan un observatorio solar de 7.000 años

Fuente: Télam, 11 de diciembre de 2003

Es el más antiguo de Europa y está emplazado en la localidad alemana de Goseck. Huellas de rituales sangrientos

El observatorio solar más antiguo de Europa, que fue encontrado días atrás por un grupo de científicos en la localidad alemana de Goseck, confirma que la astronomía tiene una tradición de milenios en el planeta. Con una antigüedad de 7.000 años, el observatorio solar, parece ser según las primeras apreciaciones, el centro cultural más viejo del continente.

"Aquí no sólo se seguía el recorrido del sol sino que también había vida social y asambleas con ritos", dijo ayer el arqueólogo Francois Bertemes, al presentar el hallazgo.

Entre las pruebas esgrimidas hasta ahora figuran huesos humanos encontrados en medio de la empalizada de dos metros de altura con un diámetro de 75 metros.

"No estaban colocados de la manera típica en la que se da sepultura a un muerto y tienen huellas de haber sufrido desgarramientos de carne. Suponemos que esa persona fue ofrenda de un sacrificio", consideró el científico de la Universidad Martín Lutero de Halle-Wittenberg.

A sólo 25 kilómetros del llamado "disco de Nebra", de 3.600 años, la antigüedad del observatorio pudo ser determinada gracias a restos de arcilla que se encontraron en el lugar, además de dos puntas de flecha y huesos de animales.

Los arqueólogos en 1992 habían hallado indicios del lugar en el que se encuentra el observatorio gracias a fotografías aéreas.

"Por primera vez, podemos adentrarnos es la vida espiritual y religiosa de los primeros agricultores de Europa. Hasta el momento sólo sabíamos que esas personas vivían en casas largas", explicó Harald Meller, el arqueólogo jefe del grupo responsable del hallazgo.

Rodeado de una fosa con tres puertas, desde el centro del observatorio se podía ver a través de la primera puerta la salida del sol y por la segunda la puesta del 21 de diciembre de hace 7.000 años, el día que marca la llegada del invierno, una fecha importante para el ciclo de la sociedad agrícola, en ese entonces.

Para el astrónomo Wolfhard Schlosser, de la Universidad del Ruhr en Bochum, existe una estrecha relación entre Goseck y el más joven "disco de Nebra", pese a que éste se ha erigido hasta ahora como la representación del firmamento más antigua del mundo.

La instalación de Goseck ha pasado a encabezar los hallazgos de cerca de 200 construcciones monumentales prehistóricas de la Edad de Piedra y la Edad de Bronce temprana en Europa.

Entre ellas, el doble círculo con bloques de piedra de veinte metros de altura en la localidad inglesa de Stonehenge, que tiene entre 2.000 y 3.000 años de antigüedad.

De aquí a 2007, el observatorio de Goseck será desenterrado completamente por estudiantes, con la ayuda de Bertemes, durante cinco semanas en la temporada estival. Y a partir de allí se planteará la reconstrucción de la instalación.

(2) Goseck: observatorio solar prehistórico

Fuente: DW WORLD.DE

http://www.dw-world.de/spanish/0,3367,7577_A_943727_1_A,00.html

Un observatorio solar de hace 7000 años revela datos impresionantes acerca del hombre europeo de la edad de piedra. Las ruinas de Goseck, descubiertas en estos días, en Sajonia-Anhalt son un hito arqueológico.

Al interior de la provincia alemana de Sajonia-Anhalt, arqueólogos y expertos en astronomía de varias universidades alemanes han hecho el hallazgo arqueológico más importante de la prehistoria europea. Las ruinas del observatorio solar más antiguo del viejo continente. Las ruinas de Goseck, como fueron denominadas, cuentan con 7000 años de antigüedad. Se trata de un grupo de empalizadas circulares –que en su momento debieron llegar a los 20 metros de altura y a tener un diámetro de 75 metros-, rodeados de un foso que cuenta con 3 arcos. Desde ellos se podía observar el sol naciente, y el poniente el día del solsticio de invierno.

Cerámica y restos humanos

Restos de cerámica y huesos encontrados en las ruinas han permitido determinar no sólo la edad del observatorio, sino algo de la vida social y religiosa de los antiguos pueblos europeos, de la edad de piedra y de bronce. "Aquí se determinaba no sólo el ciclo solar, sino que tenía lugar la vida social, es decir reuniones y rituales", explicó el arqueólogo Francois Bertemes durante la presentación de la ruina arqueológica. Los restos humanos no se encontraban en las posiciones en que se solía enterrar a los muertos y mostraban indicios de escoriaciones. "Debemos partir del supuesto de que aquí tenían lugar sacrificios humanos", explicó Bertemes, investigador de la Universidad Martin Luther de Halle Wittenberg.

Las ruinas de Goseck y el hallazgo del "Disco de Nebra", que muestra una, están íntimamente ligadas., afirmó el experto en astronomía Wolfhard Schlosser de la Universidad Ruhr de Bochum. El disco es la representación más antigua y más concreta del espacio sideral, y cuenta con 3500 años de antigüedad.

A la cabeza de la lista

Este hallazgo es un hito en la historia de la arqueología, opinan los expertos. "Por primera vez podemos echar un vistazo a la vida espiritual y religiosa de los primeros campesinos europeos, Hasta ahora sólo sabíamos que vivían en casas alargadas, explicó el arqueólogo Harald Meller. Seguido por el famosísimo Stonehenge de 2000-3000 años de antigüedad, Goseck se ubica ahora en el primer lugar de una lista de como 200 ruinas de la edad de piedra europea.


Enlaces relacionados:

http://www.goseck.de/

http://www.praehist.uni-halle.de/goseck/index2.htm

http://aeroman.de/html/german_stonehenge.html

http://www.100megsfree4.com/farshores/a03astro.htm

http://www.faz.com/IN/INtemplates/eFAZ/archive.asp?doc={5FBD3E06-AB92-4BE8-A2E3-52F038FFF746}&width=1024&height=738&agt=explorer&ver=4&svr=4

http://www.himmelsscheibe-online.de/main_englisch.html

http://www.news.telegraph.co.uk/news/main.jhtml?xml=/news/2002/10/06/wdisc06.xml

Málaga. Hallan en Casares un enterramiento colectivo del Bronce Inferior

Málaga. Hallan en Casares un enterramiento colectivo del Bronce Inferior

Foto: Mandíbula. Una pieza del esqueleto hallado en el yacimiento.

La Línea. El Centro Excursionista del Sur Escarpe de La Línea ha localizado en una sima de la Sierra de la Utrera, en Casares, un enterramiento colectivo de la Edad del Bronce. Según este club, las primeras investigaciones apuntan que el hallazgo podría ser datado entre los 3.000 y 4.000 años antes de Cristo (Bronce Inferior).

"Posiblemente se trate del primer enterramiento en cueva de ésta época localizado en la costa andaluza", indicó a través de un comunicado en el que informaba sobre este hallazgo.

Escarpe comenzó a trabajar en este lugar a finales de los noventa y planteó las tareas por zonas debido a la dificultad de los trabajos sobre el terreno. A mediados de 2000 localizó en el extremo oriental del karst de la Utrera varias cavidades que presentaban innumerables restos cerámicos en superficie y que fueron puestas en conocimiento del ayuntamiento de Casares, por lo que el arqueólogo este municipio emprendió un estudio. Escarpe continuó con su trabajo en la zona mediante la catalogación y topografía de cada una de las cavidades localizadas .

El pasado mes de octubre, un equipo de espeleólogos de Escarpe formado por Gerardo Torres, Jorge Romo, Amador Flores y José Sepúlveda localizó una sima con restos cerámicos, como en otras muchas cavidades de la zona. "La sorpresa saltó cuando en una de las galerías inferiores apareció un esqueleto completo con signos evidentes, por el ajuar fúnebre, de un enterramiento", sigue el comunicado. El club comunicó al arqueólogo de la zona y al ayuntamiento de Casares la aparición de dichos restos y le hizo entrega de las fotografías tomadas aquel día.

En una posterior visita, además del arqueólogo del citado municipio, Ildefonso Navarro, acudióJosé Luis Sanchidrian, catedrático de la Universidad de Córdoba y actual director de las excavaciones de la Cueva de Nerja. Asesorados por el grupo de arqueólogos, los espeleólogos de Escarpe han explorado más a fondo cada una de las cavidades y pequeñas oquedades que se encuentran en las cercanías del yacimiento descubierto, lo que ha arrojado en cuatro de ellas nuevas apariciones de restos humanos. "Estos datos podrían llevarnos a pensar que, de alguna manera, la zona donde se encuentran las cavidades sea un enterramiento colectivo o que el lugar fue utilizado como zona de inhumación", apuntó.

Fuente: Diario de Cádiz, 8 de junio de 2005
Enlace: http://www.diariodecadiz.com/diariodecadiz/articulo.asp?idart=1408081&idcat=827

La muralla de León es la única que se levantó con levas llegadas de Oriente

La muralla de León es la única que se levantó con levas llegadas de Oriente

Foto: Todo indica que fueron los cubos la parte de la muralla que se construyó con tropas de Oriente

Este es uno de los hallazgos que se expondrá en el congreso mundial de frontera romana del 2006. Los arqueólogos hallan restos de escudos que sólo se han encontrado en esa parte del mundo

«Nuestra muralla está estrechamente asociada a las tropas exteriores». Ángel Morillo, profesor de Arqueología de la Universidad de León, precisa que durante los últimos años se han encontrado monedas y restos de armaduras que tan sólo se hallan en zonas que correspondían a las conquistas orientales del Imperio, lo que viene a demostrar que hasta León llegaron tropas de refresco que fueron, precisamente, las que se encargaron de la construcción de los cubos. El investigador señala que el mismo modelo se copió más tarde a la defensa de campamentos como el de Gijón o el de Lugo.

Ésta es una de las conclusiones de las investigaciones arqueológicas realizadas en León, conclusiones que se unirán a las que cientos de investigadores de todo el mundo traerán hasta la ciudad en septiembre del próximo año durante la celebración del congreso de frontera romana.

Entre el dos y el 14 de septiembre, León se convertirá en un foro mundial, en el que arqueólogos de todo el mundo compartirán los descubrimientos realizados en arqueología militar romana en los últimos tres años. Es la primera vez que España acoge a esta comunidad científica, que inició sus trabajos en 1949 y que tan sólo ha detenido su labor durante la guerra de los Balcanes.

El hecho de que se haya decidido que finalmente sea León la ciudad anfitriona se debe al gran número de descubrimientos arqueológicos que se han sucedido durante los últimos años, así como a los hallazgos científicos.

El profesor Morillo, a la sazón director científico del congreso, destaca además que estas jornadas servirán para que se dé más importancia a la herencia patrimonial que esconde la ciudad y se sienten las bases para poner en valor de manera más eficaz los restos arqueológicos, tales como la cripta de Puerta Obispo.

Hasta el momento, el congreso -que cumple el próximo año su vigésima edición- se ha celebrado en Inglaterra, Francia, Alemania, Bélgica e, incluso en Jordania e Israel.

Las secciones del congreso El congreso se organizará mediante sesiones dedicadas a la investigación articuladas en torno a seis secciones fundamentales: Las fronteras interiores , asedios , el final de las fronteras y los bárbaros en el Imperio , la experiencia hispana: un modelo de conquista y explotación , la ciudad fortificada en el periodo tardorromano , y movimientos de tropas .

Además, el certámen contará con excursiones a Astorga, Rosinos de Vidriales, Las Médulas, Bergidum y Gijón.

Fuente: Cristina Banjul, Diario de León, 2 de junio de 2005
Enlace: http://www.diariodeleon.es/se_cultura/noticia.jsp?CAT=114&TEXTO=3781718


León es un modelo para analizar la frontera interior del Imperio El etnógrafo Joaquín Alonso presenta hoy su libro de rutas

Una de las cuestiones fundamentales para entender el desarrollo del Imperio romano es que hace referencia a las fronteras interiores, esto es, las unidades militares que se distribuyeron a la manera de frontera en territorios que ya estaban pacificados, caso de la cordillera cantábrica y, por supuesto, de León. La razón para explicar el porqué de tal número de fronteras interiores hay que buscarla en el hecho de que las tropas cumplían un gran número de funciones que excedían la propiamente defensiva. Cabe destacar que realizaban tareas de control, de policía, vigilaban las calzadas, reclutaban las levas -precisamente la zona que más reclutas proporcionó fue la del noroeste-, ejercían tareas administrativas y, en este caso, eran los responsables del traslado del oro.

En cuanto a las tácticas, es reseñable el hecho de que para las conquistas de cántabros y astures, los romanos tuvieron que avanzar a través de los caminos más altos de las montañas, y no por los valles, estrategia que ha seguido utilizándose hasta la primera guerra mundial. El etnógrafo Joaquín Alonso presenta hoy en la librería Artemis su último libro, una obra que, editada por Everest bajo el título Rutas inéditas por León , descubre doce itinerarios a través de la provincia, la mayoría aún por descubrir.

Entre las rutas que este libro va desentrañando, cabe destacar las de las rutas dedicadas al Oro de la Maragatería, al wolframio de Peña do Seo, al camino de las trincheras, los castros de la Vía de la Plata al camino Real de Cimanes de Tejar. Esta mirada diferente se plasma también en otras rutas más clásicas como la de los Monasterios, los castillos de Cea, lagos de leyenda, el valle del Selmo o la Merindad de Cornatel. Hora: 20.00 horas.

Fuente: http://www.diariodeleon.es/se_cultura/noticia.jsp?CAT=114&TEXTO=3781715

Los expertos siguen sin saber la forma del campamento de la Legio VI

El final de las guerras cántabras implica la partida de la mayor parte de las tropas y la configuración de un ejército hispano establecido en bases estables. Son los campamentos legionarios.

Ángel Morillo destaca que buena parte de lo que se conoce acerca de las técnicas de conquista se ha conseguido a partir del estudio de los campamentos hispanos y lusos, soluciones y modelos que luego se aplicarían en el resto.

Se sabe que durante la República, el ejército estaba compuesto por las tropas romanas y las auxiliares. Estas últimas se integraban de especialistas como arqueros y jinetes que, en su mayoría, eran extranjeros, razón por la que no compartían campamento con los romanos. Esta situación cambia a partir del siglo I, momento en el que estos aliados con admitidos en el acantonamiento, con lo que éste será más grande.

De momento, se desconoce qué forma debía haber tenido el recinto de la Legio VI. Puede que fuera rectangular o poligonal. Lo que sí se sabe, según asegura el profesor Morillo, es que el campamento julio-claudio (la Legio VII) tenía una disposición regular.

Fuente: http://www.diariodeleon.es/se_cultura/noticia.jsp?CAT=114&TEXTO=3781716

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Romanos hasta los cimientos

Los restos del cuartel general de la Legio VII en un solar de la calle San Pelayo y un enigmático corredor que podría pertenecer a un anfiteatro son los hallazgos más importantes, cuya conservación está «en el aire»

Desde la entrada en vigor en 1993 del plan especial de protección del casco antiguo se han efectuado más de 200 excavaciones en esta zona, que han permitido, poco a poco, reconstruir el pasado romano de la ciudad. En estas prospecciones se han rescatado más de medio millón de piezas -sin contar las de época medieval-. Sólo algunos restos se han conservado de forma visible -los que encierran las criptas de la Catedral y Cascalerías-. Los demás, aparte de ser documentados y fotografiados, han sido posteriormente «cubiertos», para no «obstaculizar» el crecimiento urbanístico de la ciudad. Sin duda, los dos hallazgos más importantes de los últimos años han sido la localización de los Principia (el cuartel general de la Legio VII), en un solar de la calle San Pelayo, que han abierto una agria polémica sobre su conservación, después de que la Comisión Territorial de Patrimonio no obligara taxativamente a preservarlos, así como un desconcertante muro en la calle Cascalerías -del que ya había aparecido parte en un solar contiguo, cuyos restos se conservan actualmente en la citada cripta-, que podrían pertenecer a un anfiteatro de notables proporciones.

Sin embargo, aún quedan muchos enigmas por resolver. Los indicios de un asentamiento romano anterior a la Legio VII quedaron definitivamente probados en el gigantesco solar de Santa Marina, que desde hace años espera para convertirse en aula arqueológica. Posteriormente, en diversos puntos del recinto amurallado aparecerían nuevas evidencias de la Legio VI Victrix. Las excavaciones se han limitado a aquellos solares donde se planeaba construir nuevos edificios. Por ello, el puzzle se reconstruye con lentitud y en algunas zonas, como en el párking de Santo Domingo, los vestigios romanos se destruyeron definitivamente. Las limitadas dimensiones de las parcelas en la zona vieja de la ciudad no facilizan la localización de grandes estructuras que pudieron formar parte de los dos campamentos romanos. Hasta ahora sólo se han localizado partes mínimas de los barracones (en el Cid y en Santa Marina). Tampoco se han podido identificar construcciones localizadas en Cardenal Landázuri o en el Corral de San Guisán. En diferentes partes de la ciudad han aparecido restos de las cuatro murallas sucesivas que construyeron los romanos, desde la de tapines y tierra a la tardorromana (la de cubos). Algunas piezas del puzzle romano han aparecido extramuros, en lugares como Pallarés o Juan del Enzina.

Fuente: Verónica Viñas, Diario de León, 7 de junio de 2005
Enlace: http://www.diariodeleon.es/inicio/noticia.jsp?CAT=113&TEXTO=3795757

Descubren en Chile momias chinchorro de 6.000 años de antigüedad

Descubren en Chile momias chinchorro de 6.000 años de antigüedad

Cincuenta momias de la cultura Chinchorro, de 6.000 años, fueron desenterradas por arqueólogos de la Universidad chilena de Tarapacá tras ser encontradas durante la demolición de una vivienda en la norteña ciudad de Arica.

El año pasado, en el mismo lugar, que su propietario quiere convertir en hotel, habían sido encontradas siete momias de esta cultura y que son consideradas las más antiguas del mundo.

Según publica hoy la prensa local, los expertos consideran que lo que partió siendo un pequeño entierro colectivo podría convertirse en el cementerio más numerosos encontrado hasta ahora en la región de Arica, a 2.050 kilómetros al norte de Santiago.

Los investigadores de la Universidad de Tarapacá estiman que los individuos podrían sumar doscientos.

El arqueólogo Calogero Santoro precisó que como en el lugar del hallazgo hubo dunas, es posible que bajo una capa de arena haya cuerpos aún no descubiertos.

Las momias de este grupo de pescadores recolectores parecen corresponder a varios entierros colectivos y tener las características de la época clásica de esta cultura, hace al menos 6.000 años.

El experto explicó que los cuerpos exhiben una preparación más complicada, pues se evidencia el retiro completo de los tejidos adheridos a los huesos, la eliminación de vísceras y el rearmado de los esqueletos con fibras.

Santoro indicó que el pueblo Chinchorro aplicaba la técnica de momificación tanto a niños como adultos y recordó que los estudios sobre éste muestran que rendían culto a los muertos,Los Chinchorro poblaron la zona desde hace unos 10.000 años y se presume que se extinguieron o emigraron en los primeros siglos de la era Cristiana.

Desde hace veinte años se han encontrado en la ciudad de Arica, especialmente en el sector del Morro, unas ochenta momias de la cultura Chinchorro, algunas de unos 7.000 años o más, que las convierten en las más antiguas encontradas en el mundo.

La más antigua data del año 5.050 a.C. y corresponde a un niño encontrado en el Valle de Camarones, cerca de Arica.

Según los estudios científicos, la momificación de los Chinchorro evolucionó durante unos 3.500 años, a través de estilos caracterizados por el uso de diversos colores en las máscaras mortuorias, hasta que la práctica desapareció en algún momento del siglo primero antes de Cristo.

Según los expertos, el culto a los muertos llegó a ser la principal actividad de este pueblo y constituyó una vía de expresión de sus creencias, de tal manera que los ritos podían durar semanas y hasta años tras la muerte de algún miembros de la comunidad.

A pesar de estos ritos, la cultura Chinchorro era simple y sedentaria, y existen rastros de chozas construidas cerca de los cementerios.

Chile pretende proponer las momias Chinchorro como Patrimonio Cultural de la Humanidad ante la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Fuente: Terra Actualidad – EFE, 4 de junio de 2005
Enlace: http://actualidad.terra.es/sociedad/articulo/descubren_chile_momias_chinchorro_antiguedad_335450.htm

Enlaces recomendados:

La Cultura Chinchorro. Bernardo Arriaza.
http://www.momiaschinchorro.com/

Museo Chileno de Arte Precolombino
http://www.precolombino.cl/es/culturas/surandina/chinchorro/index.php

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PRIMEROS POBLAMIENTOS EN EL CONO SUR DE AMERICA (XII-IX MILENIO A.P.)

Lautaro NUNEZ A.
Instituto de Investigaciones Arqueologicas,
Universidad Nacional del Norte (San Pedro de Atacama, Chile)

Calogero SANTORO
Facultad de Estudios Andinos,
Universidad de Taracapa (Arica, Chile)

Al Dr. Osvaldo Heredia (1988t) Homenaje Post Mortem

Originalmente publicado en la Revista de Arqueología Americana, no 1, pp. 91-139, 1990.

INTRODUCCIÓN

Por razones convencionales este escrito abarca un análisis sumario de las ocupaciones humanas registradas en contextos pleistocénicos y holocénicos tempranos, en los actuales territorios de Argentina y Chile, más conocidas instrumentalmente como paleoindias y arcaicas respectivamente.

La controversia sudamericana en torno a la antigüedad y al carácter humane o no de las evidencias presentadas ha alcanzado límites conservadores (Lynch), en este volumen y excesivamente heterodoxo (Guidon y Delibrias, 1986); paralelo a múltiples propuestas de modelos interpretativos recientemente evaluados en relación a la problemática más austral (Borrero, 1989).

Este análisis valora aquellos sitios sometidos a controles cronoestratigráficos, asociados a un corpus de factos multidisciplinarios consistentes, que pueden representar ciertos patrones adaptativos y culturales diferenciados en regiones distintivas del cono sur americano. En efecto, de acuerdo al criterio anterior en ambos países se han constatado ca. 16 sitios paleoindios y 12 arcaicos tempranos haste el límite superior del IX-VIII milenio a.P., (ver figura 1). Tal frecuencia imposibilita un examen territorial in extenso e inhibe la postulación de modelos de rango amplio, mientras que pareciera más útil jerarquizar algunos problemas regionales tendientes a clarificar situaciones prioritarias más conspicuas destinadas a dar más visibilidad, coherencia y certidumbre empírica a las reconstituciones sudamericanas.

Se trata de revalorar los principios de superposición, asociación y procesos de formación del registro arqueológico, resultado de estrictas evaluaciones tafonómicas experimentales y cronoestratigráficas. En este sentido, se espera una mayor indagación a nivel regional sobre patrones conductuales, dietéticos y distributivos de la biomasa de mamíferos, avifauna y recursos vegetacionales, en relación a patrones laborales adaptativos, variables en tiempo, espacio y cultura.

HISTORIA DE LAS INVESTIGACIONES

Desde el comienzo del presente siglo se reconocieron rasgos "paleolíticos" en el cono Sur, caracterizados por industrias de morfología burda, tanto en Chile (Evans, 1906, Capdeville, 1928), como en Argentina (Ameghino, 1918). Tales proposiciones persistieron haste no hace macho a base de industrias obtenidas en superficie con variaciones "estilísticas" y "horizontes", marcadas por visiones norteamericanas y/o terminología europea, incluyendo el principio errático de que tipología es cronología. Aunque los estudios de las evidencias líticas superficiales no selectivas son importantes, su ordenación secuencial, y las reconstituciones culturales y ambientales per se, crearon serias confusiones, por decirlo menos, en especial aquellas referidas sensu lato a horizontes "sin puntas" pre y post-Clovis (Menghin, 1952; Krieger, 1964; Lanning, 1963, 1973; Meltzer, 1969; Fernández, 1971; Cigliano, 1965 y otros).

Hasta ahora, las ideas de Krieger (op. cit.) en torno a ocupaciones tempranas "sin puntas de proyectiles", con aplicaciones tecnológicas burdas, no han sido suficientemente cuestionadas (Schobinger, 1988). Cuando las evidencias líticas aparentemente tempranas se salen de los marcos tecnológicos paleoindios se suelen presentar modelos explicativos, parcialmente documentados, como aquel de "economía generalizada de caza-recolección y pesca" (Bryan, 1983), anterior a los cazadores especializados, dando cabida a un conspicuo grupo de sitios raros, en el sentido de ofrecer artefactos poco comunes o exóticos (Schobinger, 1988).

Por otra parte, la hipótesis de una alto antigüedad a base de sitios en superficie si bien es sana, se ha desprestigiado por sus secuencias forzadas y en casos extremos por la carencia de toda intervención humana cuando se trata de simples podolitos (Grove, 1978).

Sin embargo, el criteria cronoestratigráfico ha side más consistente desde los pioneros cortes australes de Bird (1938), los que pasaron casi desapercibidos, tanto en Chile, como en Argentina, a no ser por las primeras divulgaciones de Mostny (1954), Palavicino (citado en Schobinger, 1988) y Canals Frau (1959).

Más recientemente, uno de los primeros trabajos que valoró la separación entre preformas de canteras, artefactos desechados y utilizados, se debe a la visión pionera de Fang et al. (1972). Otros planteamientos geoarqueológicos posteriores insistieron con vigor en esta revisión crítica con criterios renovadores (Lynch, 1974, en este volumen; Montané, 1972; True et al. 1971; Núñez, 1980; Cardich, 1977; Bate, 1982; Orquera et al. 1984; Borrero, 1980, 1989 y otros).

En el caso específico del territorio austral, los pioneros estudios de Bird (1938), Menghim (1952) y Cardich et al. (1973-1977), marcaron criterios cronoestratigráficos puntuales respecto de la antigüedad y contexto de las tempranas ocupaciones en Sudamérica. Estos análisis estimularon aportes posteriores muy significativos en los territorios continentales más septentrionales, a través de reconstituciones culturales, faunisticas y ambientales (Montané, 1968, Núñez et al., 1983; Lagiglia, 1975, 1981; Dillehay, 1986).

En lo que concierne al debate de las "máximas antigüedades" las evidencias de sitios "precursores" o anteriores al límite arbitrario del XII milenio a.P. , son aún escasos. Por un lade es complicado identificar evidencias pre-Clovis en territorios donde se han registrado similares episodios a los de Norteamérica, es decir, haste ahora no hay indicios locales concluyentes de esta naturaleza. Se tiende a agrupar bajo el concepto "pre-Clovis" a colecciones que accidentalmente carecen de puntas de proyectil. En el caso de Tagua Tagua (centro de Chile), datado en ei XI milenio a.P., se ha intentado esta afiliación sin argumentos suficientes (MacNeish, 1976). Ocupaciones eventualmente anteriores al XI milenio se han sugerido sólo en dos sitios estratificados; Quereo y Monte Verde, los que serán evaluados más adelante (Núñez, 1983; Pino y Dillehay, 1988).

En suma, de acuerdo a las evidencias publicadas en América del Sur, y hasta donde una lectura puede ofrecer seguridad de los análisis geoarqueológicos, sus variaciones en métodos, monto excavado, artefactos reales o no etc., las determinaciones radiocarbónicas señalan la presencia de 45 sitios estratificados paleoindios. Estos se separan en 11 anteriores al XII milenio a.P. y 34 con datos más confiables en el rango del XII al XI milenio a.P. Este patrón estadístico advierte el dominio de evidencias más "clásicas" para los episodios de fines del pleistoceno. El cone sur de América está dentro de este rango, en tanto se han registrado 26 sitios entre el XI y X milenio a.P., y sólo uno es anterior al XI milenio a.P. (ver figure 2).

OCUPACIONES PALEOINDIO

Adaptación Andina

Hasta ahora no se han registrado en la costa norte, sitios paleoindios asociados a los recursos del Pacífico, para el Xl milenio a.P. En el extreme sur de Chile, en cambio, parece efectivo que las poblaciones del componente Fell Temprano, se reorientaron durante el post-glacial a la economía marítima (Bird, 1938). Sin embargo, en el resto de la costa chilena, los episodios vinculados con los primeros poblamientos aparecen uno a dos milenios más tarde en relación a las ocupaciones post-glaciales de las tierras altas andinas (Núñez, 1983a). Es decir, aunque aún no es posible establecer su origen, se han sugerido vínculos con migraciones andinas desplazadas hacia el literal (Núñez y Santoro, 1988).

En relación a un eventual régimen de adaptación andina de naturaleza paleoindia, no hay asociaciones seguras entre fauna pleistocénica y ocupación humana. Sin embargo, en las tierras altas del norte chileno-argentino se han determinado paleoambientes con buenas expectativas. Se puede proponer que tal régimen adaptativo ocurrió (valles serranos, estepas y cuencas lacustres), pero sólo se cuenta con el registro de fauna pieistocénica. Aun en los territorios actuates más áridos hubo un régimen pleistocénico con mayores precipitaciones (Tricart, 1966).

Se han observado playas más altas en los lagos pleistocénicos andinos que no reflejarían la existencia de verdaderos "pluviales" bajo condiciones climáticas muy distintas a las actuates. Más bien se los ha interpretado como una intensificación de las lluvias de verano dentro de condiciones similares al presente. Esta situación, a su vez, se vio favorecida por el régimen de temperaturas más bajas que habrían mantenido una mayor disponibilidad de agua sin necesidad que ocurrieran cambios climáticos mayores (Ochsenius, 1986).

En consecuencia, se han localizado en el norte chileno grandes herbivores como Megaterium, Scelidon, Macroauquenia y Equus, en valles serranos y cuencas con foresta de Prosopis sp., bajo los 2,000 m. (Casamiquela, 1969, 1969-70). Por otra parte, los paleoambientes más altos, como algunos lagos pleistocénicos de agua dulce (actuates salares), localizados tanto en el altiplano como en cuencas de la vertiente occidental de los andes (v. gr. Atacama), también ofrecían condiciones favorables (Lynch, 1986). Se sabe que las cuencas de Desaguadero y Tarija (Bolivia) presentan densos depósitos de megafauna (Phillipi, 1893) y que ésta pudo distribuirse por las estepas con recursos forrajeros permanentes, en torno a ambas vertientes de la Puna de Atacama.

Es probable que ia megafauna andina no causó un gran impacto entre los cazadores paleoindios. Se sabe que los cazadores arcaicos explotaron intensamente los camélidos holocénicos, quienes dominaron rápidamente sobre el paisaje andino y la magafauna relictual. Una columna cronoestratigráfica localizada en la Puna de Jujuy (Barro Negro-Aguilar, 3,820 m), presenta evidencia de un paleosuelo con depósitos de aguas corrientes, asociado a caballo (Hippidion sp.) y estratos turbosos inferiores de fecha pleistocénica tardía (12,530 ± 160 a 10,200 ± 140 a.P.). En un elenco de vegetación hidrófila se registraron restos de caballo hasta el X milenio a.P. Después, algo antes del IX milenio a.P., intervino en el lugar una ocupación arcaica de cazadores de camélidos modernos, pero hasta ahora no hay evidencias culturales más explícitas en los niveles con fauna extinta (Fernández, 1985).

De acuerdo a los estudios polínicos en El Aguilar (puna Argentina), antes del X milenio a.P., las herbáceas y compuestas eran más diversas, constituyendo una vegetación de tipo páramo, es decir, con mayor potencial forrajero que la cubierta tipo puna. Durante el Holoceno temprano (10,000 a 7,500 a.P.) se advierte una alta proporción de gramíneas, pero menos frecuencia de compuestas y herbáceas, similando a la vegetación alto-andina, con más incremento de camélidos (Markgraf, 1985b).

Es probable que hasta el XII milenio a.P., las condiciones finipleistocenas estuvieron vigentes en las tierras altas del norte chileno-argentino, asociada a grandes herbívores: cérvidos, équidos, paleocamélidos, etc. La línea de nieve se mantenía unos 1,200 a 700 m más bajo, al tanto que la extensión más norteña del régimen de vientos del oeste habría aumentado la cubierta de forraje por mayor precipitación (Markgraf, 1987; Ochsenius, 1976). El retroceso glacial hacia las cotas actuales parece haber ocurrido regionalmente por el XII al XI milenio a.P., dando lugar a espacios forrajeros en la alto puna, quebradas intermedias y altos interfluvios sobre los 3,000 m. Así, el régimen holocénico temprano fue probablemente seco y cálido con restos faunísticos modernos y vegetacionales asociados a ocupaciones arcaicas puneñas (10,500 a 8,000 a.P.). Las condiciones post-glaciales tempranas, en términos generates, no fueron muy diferentes a las actuales, con fluctuaciones variables de los límites de los pisos vegetacionales (Yacobaccio, 1986).

En suma, al comparer los escasos datos paleoclimáticos locales con aquellos provenientes de regiones relativamente limítrofes, no se advierte una distribución homogénea o equivalencia de eventos y condiciones ambientales. En efecto, la carencia de columnas locales con registros geocientíficos y polínicos, de valor cronoestratigráfico, no permite correlacionar con más confiabilidad eventuates ocupaciones paleoindias y episodios arcaicos en relación a eventos paleoclimáticos específicos. Tampoco está claro cual fue el rol de las alteraciones volcánicas. Hay ocupaciones ubicadas entre las edades pleistoceno-holoceno, que debieron afectarse por colapsos regionales. El volcán Socompa estableció erupciones piroclásticas durante el holoceno (7,200-1,860 años a.P.); lo mismo sucedió en las tierras altos de Arica entre el XIII milenio a.P., a tiempos holocénicos tempranos (Francis et al. 1985; Núñez y Santoro, 1988).

Adaptación subandina circunlacustre

A través del valle longitudinal del Chile Central se localizaron durante el pleistoceno final una guirnalda de lagos en cuencas intermontañas cerradas, emplazadas entre las cordilleras de los Andes y la Costa. Se trata de un elongado territorio fértil con recursos lacustres típicos para las tierras bajas subandinas. Dos sitios de matanza se han constatado, uno en el centro y otro en el centro-norte. En ambos se han planteado indicios de ocupaciones precursoras.

En efecto, Quereo (cerca de los Vilos) es un depósito sellado de lenta sedimentación, denominado Formación Quereo. A 4 m de profundidad se ubicó en el techo del miembro 1, fauna pleistocénica asociada a actividad humane efímera, compatible con la caza de a lo menos caballo y paleolama (Núñez et al. 1983). Se registraron miembros óseos fracturados (prefosilización), escasos artefactos óseos ocasionales, percutidos, miembros con marcas cortantes, vértebra de caballo perforada, cráneo de caballo con impacto naso-frontal asociado a bloques, lito laminar con muesca, posibles yunques y maderos quemados (algunos aguzados). Dos dataciones radiocarbónicas de maderos asociados a este nivel (Quereo I), pero embebidos en un acuífero, se midieron en 11,600 ± 190 y 11,400 ± 145 años a.P. Estas dataciones estarían desviadas puesto que son sincrónicas a la fuse superior (Quereo II), pero separadas por 1.30 m de sedimentos diferenciados. Se consideran contaminadas con edades rejuvenecidas. Quereo I es un evento más temprano, tanto por sus posibles componentes culturales y razón de sedimentación, como por el criteria paleogeográfico. El evento ocurrió en una paleo-desembocadura a raíz de la localización de la playa marina, 5 a 10 m sobre el nivel actual. Por sincronía de episodios ambientales pertenecería este evento al inter-estadial Lauten (Würm medio), por el XX milenio a.P., pero su datación absoluta es incierta. Esta fase eventual más temprana se correlaciona con despojos de bosque y restos de grandes herbívores con sus pequeños depredadores: mastodonte (Cuvieronius sp.), caballo (Equus sp.), ciervo de los pantanos (Antifer Niemeyeri), Paleolama sp. y Lama sp., Mylodon sp y/o Glossotherium sp., feline, cánido (zorro Dusicyon sp.), roedores (Phyllotis sp. y Octodontidae), aves (Choephaga sp. y paseriformes), anuros (Bufo spinulosus sp.).

De acuerdo a los dates geocientíficos el clima en el evento Quereo I era alga similar al actual hasta alga más cálido y seco, configurándose alga parecido a un "oasis" donde se concentraron a abrevar las especies referidas. Se asume que estos cazadores tempranos, aplicaron técnicas de encierre y acorralamiento en el cañón de desagüe de la laguna, golpeando sobre el cráneo del caballo anegado. No obstante, se presumen ciertas prácticas de colecta vegetal, ya que junta a la zona de caza existía una comunidad arbórea no esclerófila, muy similar a la que actualmente es relictual en el lugar, a raíz de la identificación de troncos subfósiles de Palo Santo (Dayphillum excelsum).

Por otra parte, el diagrama polínico propuesto para Tagua Tagua se extiende entre 45,000 - 6,130 años a.P. Aquí se han identificado antes del Xl milenio a.P., partículas de carbón atribuidas a fogones paleoindios (Heusser, 1983). Aunque hay otras causas naturales como alternative del surgimiento de combustión, no debe descartarse la posibilidad de alguna actividad humana precursora, en un distrito altamente ocupado por fauna pleistocénica. Uno de los pick significativos de carbón ocurrió entre el XXX al XXI milenio a.P., en el rango del inter-estadial Laufen, donde precisamente ocurrió el evento Quereo I antes reseñado. A modo de hipótesis, esta concentración resulta sugerente porque los dates de Varela (1976) sobre reconstrucción climática advierte una subfase seca (intrapluvial), coincidente con el clima Laufen. Aquí ocurrieron temperatures más cálidas y secas que el actual (miembro 4 de la formación de Laguna de Tagua-Tagua). Este ambiente también fue adecuado para el desarrollo de un "oasis” de más larga perduración que el superior (episodio paleoindio Taqua-Tagua I), con alta restricción de recursos, favoreciendo eventualmente la concentración de fauna y hombres. Después de este lapso de “oasis" alga dilatado, el ambiente de la laguna vuelve a un clima muy frío y lluvioso, correlacionándose con la reconstitución de Heusser (op. cit.) . Sólo por el XI milenio a.P. hay un mejoramiento favorable para el episodio paleoindio neto (Tagua-Tagua I).

Se suma a lo anterior el hecho de que el registro polínico de Tagua-Tagua, durante ca. XXI al Xl milenio a.P. presenta un dilatado “silencio" de partículas de carbón, asociado a una sensible disminución de Chenopodiaceae-Amaranthaceae, cotejado en reversa con un incremento sustancial de Nothofagus-Compositae-Graminae (zone 2b 2a). Este patrón de correlación señala que durante esta etapa no existía un ambiente cálido/seco. Al contrario, aumentó la humedad, decreció la evaporación y bajó la temperature en relación al presente (Heusser, op. cit.). El lago cubría un alto nivel y prevalecían condiciones de mayor humedad, con lluvias que habrían activado más regionalmente el potencial de forraje, por lo cual la fauna y sus cazadores se habrían dispersado en una más amplia escala territorial. Esta situación es muy similar a lo ocurrido en la interfuse de Quereo I y II respectivamente (Núñez et al. 1983). La posible alta dispersión de actividades humanas explicaría tentativamente la ausencia de partículas de carbón en la columna polínica de Tagua-Tagua, sincrónico al déficit de restos faunísticos y culturales entre los niveles Quereo I y II. De hecho, la frecuencia de carbón (Heusser, 1983) se triplica cuando ocurre el clásico nivel Taqua-Tagua I, datado a los 11,300 a.P. (Montané, 1968).

Los sitios de matanza circunlacustres bien constituidos se encuentran precisamente en el Xl milenio a.P., tanto en Quereo como Tagua-Tagua. La fase Quereo II se corresponde con un reducido grupo de cazadores de megafauna que ocupó el borde de una laguna, junta al desagüe, donde abrevaban grandes herbivores y especies menores de depredadores: Mastodonte (Cuvieronius sp.), caballo (Equus sp.), ciervo de los pantanos (Antifer sp.), camélido (Lama sp.), Mylodon sp. y/o Glossotherium sp., cetáceo y aves (Anatidae), roedores (Phillotis sp.) y Octodontomys sp. y anuros (Bufonidae).

Despojos de animales cazados y carroñeros más los testimonios culturales conformaron este depósito, a 1.84 m bajo la superficie, en la porción superior del miembro 2 (Formación Quereo). En esta matriz de arenas pardas y plásticas se cazaron herbívores con bloques eventualmente lanzados desde los acantilados laterales. Un madero de este nivel se fechó en 11,100 ± 150 años a.P. Durante este episodio la laguna había dado lugar a un ambiente fluvial de poco caudal, con playas arenosas en los meandros, donde abatieron y destazaron a por lo menos dos caballos simultáneamente (Núñez et al. 1983).

El clima era menos frío y lluvioso que en la interfase estéril inferior, algo similar al actual, de modo que se reiteró, como en el nivel I, un régimen de aridez, contrayendo los recursos bióticos en un locus de "oasis", concentrando el registro faunístico y cultural. Cerca del lugar se localizó un bosque esclerófilo (evidencia polínica) compuesto de Lithraea, Escallonia, Maytenus, Azara, junta a indicadores palustres como Cyperaceae y Typha, de ambientes de vegas y pantanos (Villagrán, 1983). Una turbo dispuesta sobre este nivel II fue doblemente fechada a los 9,370 ± 180 años a.P., y hace improbable otra actividad paleoindia posterior durante el temprano holoceno.

Los cazadores destazaron en un piso arenoso impregnado de ague, con tecnología poco compleja, en un lugar donde el uso de puntas de proyectil no era tal vez necesario. Ocuparon litos cortantes obtenidos localmente, al tanto que de los huesos de los mismos animales destazados confeccionaron artefactos de uso ocasional (figura 3a). Es probable que la matanza de pocus animales fue suficiente con relación a bandas de baja densidad; por lo menos se ha constatado que estando el mar a algunos 200 m sólo se registraron dos conchas de moluscos (Concholepas sp.). La ausencia de ciertas presas de los animales cazados señalaría que estas fueron trasladadas a campamentos hasta ahora no identificados.

Las evidencias de actividad humana se observan en porciones óseas con cartes derivados del destace, huesos fracturados pre-fosilización, artefactos en huesos percutidos y pulimentados, bloques líticos junta a locis esqueletarios y litos laminares con huellas de desgaste. Aún no es posible asegurar, a pesar de la sincronía, similitudes de sitios y especies cazadas, las relaciones más específicas entre Quereo II y Tagua-Tagua I.

El sitio Tagua-Tagua se ubica en una rinconada cercana de la Cordillera de la Costa (valle del Cachapoal). A través del miembro 6 se identificó un paleosuelo a 2.67-2.35 m de la superficie, que contenía restos de fauna extinta asociada a unos 15 a 30 artefactos líticos diagnósticos, sin perturbaciones estratigráficas. Tres dataciones C14 sustentan este episodio: 11,380 ± 320; 11,320 ± 300; 11,000 ± 170 a.P., que registra un buen elenco de fauna extinta y moderna asociada a artefactos bien definidos: ciervo juvenil de los pantanos (Antifer sp.), mastodonte juvenil (Cuvieronius Humboldtii), caballo juvenil (Equus, sp.), culpeo (zorro), ranas, coipos, ratones, aves acuáticas (Leptodactilido, Calyptoce-Phalella (Caudiverbera) y peces (Montané, 1968, 1976; Casamiquela, 1976; Casamiquela et al. 1967).

El paleosuelo del destace estuvo sometido a condiciones subaéreas, cuando el lago se restringió hacia el centro de la cuenca, durante el dominio Alleröd (clima templado a cálido con escasas lluvias). En la playa lacustre-pantanosa (con inundaciones irregulares) ocurrió la caza y destazamiento de por lo menos mastodonte y caballo, cuyos despojos quedaron asociados a fauna depredadora. Los cazadores también golpearon con bloques el cráneo del proboscideo (ausencia de uso de puntas de proyectil), tal vez con tácticas previas de acorrolamiento con antorchas (Montané, 1976). El destazamiento fue in situ (hay huesos con cortes), llevándose ciertas presas hacia los campamentos emplazados en zonas más secas aún no ubicados. El material lítico es diagnóstico: cuchillos bifaciales presionados (use de obsidiana andina), lascas laminares bilaterales de borde alterno y raspadores de lascas con retoque unifacial similares a los usados en Cueva Fell (figura 3 a,b,c). Entre los artefactos ocasionales se destacan lascas monofaciales con huellas de uso, que fueron calentados (o sus núcleos), para facilitar el retoque a su desprendimiento. No faltan los toscos percutores y machacadores de granito local e implementos de hueso como punzones pulimentados y miembros de caballo usados corno retocadores y percutores, vinculados con el reafilamiento y biselamiento de los artefactos. Estos eran usados en el destace, ya que se constataron desechos derivados de percusión y presión in situ. La presencia de corpúsculos de carbón y huesos quemados habla a favor de la existencia de fogones cercanos.

Un fragmento basal de punta “cola de pescado" se ha registrado en el relleno de una tumba arcaica tardía, al parecer proveniente de sedimentos perturbados en Santa Inés cerca de un borde de la laguna de Tagua-Tagua (I. Cáceres, comunicación personal); por otro lado, un bifaz foliáceo proviene al parecer de las barrancas con fósiles expuestos desde el siglo pasado, el cual se exhibía en la colección arqueológica del Museo Histórico National. No obstante, hasta ahora esta clase de artefactos no se han localizado in situ en los depósitos pleistocénicos.

El clima era más cálido y poco lluvioso (Varela, 1976), con una cubierta vegetacional (evaluación polínica) compuesta de un sensible crecimiento de Chenopodiaceae-Amaranthaceae, que ratifican la vigencia de un ámbito cálido y seco, con intervalos de disecación y bajo nivel del lago (Heusser, 1983). Paralelamente se ha advertido una baja frecuencia o descenso de Nothofagus (arboleda que indica aumento de humedad), acorde a una baja presencia de Compositae y Graminae, por lo que se ha señalado que la evaporación aumentó a la por con la temperatura en relación a los valores actuales.

Es probable, en consecuencia, que los mastodontes tenían poca provisión de alimentos en relación al periodo anterior al Xl milenio a.P. Estos se concentraron en un espejo de agua más restringido, siguiendo al parecer el patrón de Quereo, es decir, un refugio como "oasis" que favoreció la intensificación de las matanzas. Heusser (1983) acepta que la presencia dominante de Chenopodiaceae-Amaranthaceae señala el dominio de un ambiente seco , adverso a las actividades paleoindias, disminuyéndose críticamente la presión demográfica. No obstante, en términos de concentración de caza la situación de "oasis”, en reversa, permitió una extraordinaria oportunidad para intensificar las actividades de matanza.

Adaptación Pampeana

La rica y estable cobertura vegetacional de la reglón pampeana de Argentina ha sostenido una densa fauna finipleistocénica donde recientemente se han identificado ocupaciones paleoindias. Algunos indicios leves fueron localizados en la laquna Las Encadenadas (sitio Flamencos II) en la Provincia de Buenos Aires, gracias a la asociación de Glyptodon sp., y un partidor burdo perteneciente a la edad Mamífero lujanense (Austral, 1987).

Por otra parte, en la estancia la Moderna (Provincia de Buenos Aires) se ha constatado una asociación de Deodicurus clavicaudatus, Sclerocalyptus, Glyptodon Milodontinae indet, con lascas atípicas crudas y una foliácea, con una fecha tardía alterada en colágeno de 6,550 ± 160 a.P. (Palanca et al. 1973). El utillaje se vincula con labores de cacería y faenamiento: corte de carne y raspado sobre madera (Politis y Olmos, 1986).

Sin embargo, una temprana ocupación ubicada al sur de la Provincia de Buenos Aires, en el sitio Arroyo Seco, parece presentar mejor este patrón adaptativo. Un elenco de fauna fósil pampeana se ha localizado junta a restos culturales específicos. Restos de caballo (Onohippidium / Hippidion) y megaterio (Megatherium americanum) presentan marcas de cortes y residuos de fauna moderna como camélidos, venados y avestruz, constituyeron la fuente básica de subsistencia. Hay registros de lascas toscas y otras más definidas como raederas dobles, cepillos de filo perimetral, lascas y láminas con retoques unifaciales y huellas de reuso (para raspar) e instrumentos de molienda (uso de cuarcita, calcedonia y basalto). Dos dataciones básicas algo tardías (colágeno) del orden de 8,390 ± 240 y 8,588 ± 316 a.P. podrían determinar un momento pleistocénico final a un post-glacial temprano.

Bajo el nivel del campamento referido se ubicaron catorce esqueletos humanos a nivel de enterramientos primaries, algunos con ofrendas de collares (cuentas de diente de cánido, de valvas de moluscos y placa de gliptodonte) y esferoide de boleadora. Incluye cuerpos infantiles en una matriz de ocre (componente I), cuyos análisis están en proceso (Politis, 1984; Politis et al. 1987).

Aunque en el sitio Cerro La China (Provincia de Buenos Aires) el registro de fauna pampeana se limita a armadillo extinto (Eutatus), las evidencias culturales son muy significativas. Se han localizado en su entorno canteras y talleres superficiales de cuarcita donde se reponían puntas fracturadas entre estas las llamadas "cola de pescado". En los aleros se identificaron depósitos con similares puntas tempranas, asociadas a raspadores, raederas, cuchillo bifacial, lascas y desechos de cuarcita y calcedonia. Dos dataciones consistentes fechan el, episodio a los 10,730 ± 150 y 10,790 ± 120 a.P. y lo vinculan con la colonización paleoindia de la región Patagónica (Flegenheimer, 1987).

En general, los sitios reseñados se vinculan con un proceso readaptativo pampeano, de fines del pleistoceno, aunque sus dataciones son aún poco consistentes, con un énfasis más bien secundario en la explotación de megatauna. Hay aquí encubierto un régimen transicional, durante el holoceno temprano, orientado a la explotación de fauna moderna, especialmente guanacos, dentro de un flujo de alta movilidad macro especial que integraba a diversas zonas ecológicas entre la costa y las elevaciones serranas (Politis, 1984).

Por ahora, no está claro el rol adaptativo del único sitio conocido en los Andes del centro de Argentina (cerca de San Rafael - Mendoza). La llamada Cueva del Indio del Rincón presenta cuatro fases. La más antigua o IV se asocia a Mylodon y Megatherio (afectados por fogones), por los 12,000 a 9,500 a.P. Una reducida ocupación humana interfirió ese refugio natural entre los 10,530 a 9,740 a.P., dejando lascas, un buril, un perforador denticulado, una raedera convergente, y huesos impactados, cuando existía una cubierta vegetacional de coníferas (Araucaria) y fagáceas (Nothofagus) que desaparecieron una vez iniciado el post-glacial (Lagiglia, 1981).

Adaptación a la Foresta Lluviosa

Recientemente se ha descrito un asentamiento paleoindio a unos 1,000 kms al sur de Tagua-Tagua, cerca de Puerto Montt, datado entre el XVI al XII milenio a.P. (Dillehay, 1986; Pino y Dillehay,1988; Collins y Dillehay,1986). Se trataría de un campamento con recintos rectangulares de troncos, fogones, braceros, biface, maderos modificados, recolecta de plantas no estacionales, caza de mastodonte y litos esferoidales modificados (figura 3d), localizados en un espacio de pantano y lecho de rodados naturales. Tal como se ha propuesto, sería un sitio único en America, con vestigios de actividades semisedentarias generalizadas de estabilidad anual y alta complejidad económica adaptada a la foresta lluviosa del sur de Chile. Su evaluación a la Iuz de las publicaciones ha generado opiniones optimistas (Bryan, 1986) y prudentes (Owen, 1984; Núñez, 1989; Lynch, 1988 y Casamiquela, comunicación personal).

Queda fuera de duda que la reconstrucción geológica, geomorfológica, paleontológica, paleobotánica y lítico-experimental son confiables, a pesar de la poca profundidad del yacimiento (ca.110 cms promedio). No obstante se ha dudado de ciertos componentes culturales y de su correcta datacion, en términos de su alta antigüedad, pareciendo más seguras las dataciones 11,790 ± 200 a 12,450 ± 150 a.P. (Lynch, este volumen). En relación a Monte Verde, se espera una publicación monográfica en proceso donde se esclarecerán aspectos fundamentales tales como: a) carácter cultural o natural de fogones y braceros y el efecto modificador de los sedimentos de apoyo, b) presencia o no de modificaciones en rodados estriados por causas culturales o naturales (v. gr. fricción glacial), c) tallado de maderos labrados o no por insectos locales (D. Jackson, comunicación personal), d) organización de recintos en zonas de desecho de bosque, arrastre de rodados y pantano. En suma, as propuestas de Diliehay han estimulado la búsqueda de mayor contrastación empírica a la par que han suscitado una auspiciosa discusión en torno a la edad y singularidad de un sitio distinto al resto de las evidencias de las Americas.

Un test posterior en un sector cercano al sitio reseñado, a 2 m de profundidad, presenta una leve ocupación con algunos posibles artefactos también únicos en las Americas, fechados en lentes "como fogones" por los 33,370 ± 530 a.P. (Pine y Dillehay, 1988; Dillehay y Collins, 1988).

Es probable que el posible campamento de Monte Verde sea el primero de otros que ocuparon regiones abiertas del bosque frío y lluvioso austral, emplazados en lugares poco hospitalarios durante algún interestadial más cálido, pero aún en un ambiente frío y húmedo dominante. Con seguridad que la "villa paleoindia" de Monte Verde ha motivado una sana discusión en torno a sus rasgos naturales y culturales con asociaciones estrictas o fortuitas. En este sentido ha estimulado mayores contrastes empíricos, válidos para someter a prueba los sitios "raros" de America del Sur.

Adaptación Subantártica

La ocupación paleoindia más austral de las Americas se ha localizado en el territorio estepario semiárido chileno-argentino, donde la vida fue posible bajo exigentes condiciones subantárticas. La restricción glacial dió lugar a ríos y cuencas lacustres, abriéndose puentes o rutas migratorias favorecidas por un nivel marino más bajo que el actual. El dominio de un clima cálido-seco asociado a la formación esteparia dió lugar a un óptimo forrajero, donde la caza de grandes herbívoros extintos y especies modernas, fue la principal fuente de subsistencia entre el pleistoceno y holoceno temprano.

El estadio regional de mayor antigüedad se ha datado en la cueva Los Toldos-nivel 11, con una datación temprana del orden de 12,600 ± 600 a.P. (Argentina, Patagonia extra-andina). Aquí se instaló una ocupación de cazadores readaptados a la estepa patagónica con influencia en una amplia escala geográfica (Cardich et al., 1987). Utilizaban grandes lascas con filos en diversos bordes y un singular tratamiento de retoque presionado unifacial, tanto para el corte de carne (seleccionada y trasladada de los lugares externos de destazamiento), pieles secas y frescas, y en menor frecuencia para el raspado de madera (ausencia de técnicas de enmangamiento). No se conocen puntas netas de proyectil; sólo se registran algunos fragmentos unifaciales, asociados a la caza de caballos (Parahipparion) y camélidos (Lama gracilis) entre las especies extintas, además de guanacos (Lama guanicoe) y roedores. Este episodio perduró aproximadamente hasta el Xl milenio a.P., y plasmó una modalidad tecnológica que favoreció el desarrollo posterior y más elaborado de las poblaciones llamadas Toldenses, aportando por ejemplo, el tratamiento unifacial, aunque después el retoque bifacial fue el más utilizado (Cardich, 1977); y el uso de grandes lascas advertidas en el comienzo de la ocupación de la cueva Fell (Bate, 1982; Bird, 1938).

El episodio Los Toldos se ha reiterado a 150 km al SEE., del sitio-tipo, en la cueva 7 del Ceibo, en cuya base se registraron componentes faunísticos, lítico y tecnológico tempranos, similares al nivel 11 de Los Toldos.

Durante esta época ya hay evidencias de alta complejidad ideológica a juzgar por la identificación en los Toldos y el Ceibo de pintura parietal policroma con escenas de caza de camélidos, negatives de manos, incluyendo en el Ceibo un jaguar gigante extinto (Panthera onca mesembrina). Fuera de dudas, se trata del arte paleoindio más pristino del cone sur de América (Cardich, 1979). Se sabe con certeza que hacia los 9,330 a.P. se preparaba una pasta especial para estos fines (Gradin, 1984).

Otros episodios Los Toldos se advierten como componentes sobrevivientes en la Cueva Grande del Arroyo Feo (cape 11) datado por los 9,330 ± 80 a.P., caracterizado por lascas grandes y nódulos tabulares con retoque unitacial; raederas laterales, raspadores frontales y laterales y cuchillos con filo natural (ausencia de puntas). Entre la fauna cazada se destaca un dominio de roedores consumidos (Lagidium sp.) sobre guanacos (Lama guanicoe) y ñandú, notándose la ausencia de fauna extinta (Silveira, 1979; Gradin, et al. 1987). Es probable que otra ocupación similar constituyó los primeros estratos del alero del Buho (Gradin et al. 1976).

Durante el XI milenio a.P., una corriente de cazadores del estadio Fell cubrió el extremo sur de Chile y Argentina, a travéz de varios refugios y paraderos homogéneos, perdurando hasta la disolución de los rasgos paleoindios. Uno de los artefactos más típicos de este estadio es la punta de proyectil llamado “cola de pescado", usadas aquí intensivamente, ya que incluso las volvían a reactivar (figura 3e). Se sugiere que este componente transitó desde el media pampeano al patagónico, donde se concentraron mejor los cazadores de este estadio, con preferencia quizás por la región magallánica, donde se usaron estas puntas desde el Xl al X milenio a.P., y algo después en el refugio del Pali Aike. Pero ya no se las encuentra cuando desaparecen del lugar los caballos nativos.

Sea cual fuera su origen, los cazadores del estadio Fell se establecieron en el sur de Argentina y alcanzaron la misma cueva-3 de Los Toldos (pisos 9 y 10) durante el Xl milenio. Su equipamento lítico presenta lascas con retoques paralelos y escamosos a través de puntas subtriangulares bifaciales (incluye una base pedunculada que recuerda el componente Fell), raederas dominantes, fines raspadores, cucchillos de hojas largas y una pieza discoidal alisada.

En esta cueva-3 de Los Toldos, a partir del Xl milenio a.P. se cocinaban preferentemente guanacos holocénicos. Trasladaban sólo los cuartos delanteros y traseros de los animales desde los lugares de destazamiento primario (Cardich et al., 1978; Cardich y Miotti, 1983).

Las labores de caza se orientaron a las presas de caballos nativos (Parahipparion), junta a camélidos extintos (Lama gracilis), guanacos (Lama guanicoe), martineta (Eudromia sp.), ñandú petizo (Rheidae/Pterochemis-pennata), ñandú de las pampas (Rhea americana), cánidos, roedores (Cavidae, sp.). Pero un régimen de relativa sequía afecto al lugar y fue abandonado por los 8,750 a.P., hasta que más tarde, en el VII milenio a.P., ingresaron otros cazadores del estadio Casapedrense, portadores de láminas en forma de hojas y boleadoras. Esta vez se dedican a la matanza de guanacos, quizás apoyados ya por perros (Canis familiaris).

Es evidente que existió un cierto nexo entre los episodios de Los Toldos y Fell, puesto que al margen de la eventual identidad de las puntas Fell, tanto los litos discoides pulidos, el tamaño de los raspadores y raederas, el consumo de animales similares, hoy extintos, junta a modernos como el guanaco, permiten entrever relaciones significativas. No obstante la falta de puntas netas "cola de pescado" en Los Toldos y la ausencia de arte parietal en Fell, señalan ciertas variaciones zonales elocuentes.

Se ha propuesto que ciertas ocupaciones posteriores del área derivaron del llamado nivel 11 de Los Toldos, tales como la capa 11 de la Cueva Grande Arroyo Feo, capa 7 del alero Cárdenas, capa 5 del alero del Buho, capa 7-b de la cueva la Martita (8,050 ± 90 - 7,940 ± 260). En tanto comparten tecnologías, formas y tradiciones localizadas al sur del río Deseado (norte de la Provincia de Santa Cruz), todas con atributos económicos y culturales post-paleoindio (Gradin et al., 1987).

Otra ocupación derivada de las poblaciones matrices preexistentes se ha reconocido en la Cueva de Las Manos (río Pinturas, NW. de la Provincia de Santa Cruz), también en la vertiente argentina. El nivel I (capa 6) se ha datado por los 9,320 ± 90 y 9,300 ± 90 a.P., asociado vellones de lana de guanaco, huesos con marcas de destace, huesos fracturados de Lama guanicoe, puma (Felis cf. concolor), zorro gris (Dusicyon cf. griseus), chinchillón (Lagidium sp.), ratón de campo (Cricetidae gen. et. sp. indet.), ñandú (Rheidae), gallareta (Fulica sp.), y caracoles de agua dulce (Chilina sp.), observándose la falta de fauna extinta (Mengoni y Silveira, 1976).

Entre los artefactos líticos se destacan: raederas laterales, raspadores de hocico y fronto-lateral, cuchillos de filo natural y escasas puntas pedunculadas bifaciales de bases convexas y retoque marginal unifacial dominante. El registro de pintura ocre y punzones óseos decorados señalan la complejidad cultural creciente. En efecto, el arte parietal muestra escenas naturalistas de caza tanto en relaciones individuales como colectivas, 10 a 12 cazadores asociados a 40-43 guanacos, o cercos de múltiples cazadores sobre un camélido, incluyendo el uso de bolas. Los diseños de negativos de manos los vincula con la matriz de Los Toldos (niveles 9-10).

En general, la ocupación de la cueva de Las Manos, como segmento del nivel cultural Río Pinturas I, se vincula con el periodo III de la secuencia Fell o Magallanes; estableciéndose conexiones entre ambas vertientes argentino-chilena.

En la vertiente andina chilene los cazadores del estadio Fell alojaron por supuesto en la cueva del mismo nombre, junta al río Chico, en Magallanes. En el fondo de este refugio se han datado sus vestigios paleoindios por el XI milenio, sellados por una lluvia de ceniza volcánica regional (10,720 ± 300 - 10,680 ± 160 a.P.). Aquí confeccionaron litos pulidos discoidales de uso ceremonial, pero los instrumentos más comunes eran las puntas "cola de pescado" asociadas en un case a una foliacea de base escotada (figura 4) además de raspadores, raederas, cuchillos, machacadores toscos, incluyendo fines punzones y retocadores de hueso.

En términos de fauna extinta se identificó milodon (Mylodon listai) y caballo (Parahipparion saldasi). Entre las especies modernas; guanaco, zorro, puma, aves, roedores, además de la recolección de huevos de avestruz, y ningún producto del litoral, a pesar de su relativa cercanía (Bird, 1938).

En Fell la ocupación posterior a este estadio (Periodo II) se ha datado en el IX milenio (9,100 ± 150 - 9,080 ± 230 a.P.), cuando ya los rasgos paleoindios clásicos habiín desaparecido, aunque algunos instrumentos tales como los raspadores persistieron en la secuencia. A partir de esta instancia, estos cazadores terrestres explotan especies modernas e inician prácticas alimentarias que combinaban recursos, integrando el mar en la esfera de sus labores domésticas. Se observan puntas de proyectiles y punzones facturados en hueso, además de múltiples lascas usadas.

El periodo III (8,480 ± 135 - 6,560 ± 110 a.P.) posee puntas triangulares pedunculadas, bolas de caza, vestigios dominantes de huesos de guanacos y enterramientos humanos dispuestos en una matriz de ocre. Por ahora no está claro si el periodo II de Bird (1938) está realmente representado en el sitio-tipo, puesto que no se le ha identificado posteriormente en el área (Emperaire et al., 1963; Bate, 1982; Borrero, 1989).

En su dispersión los cazadores tempranos del estadio Fell ocuparon una cueva en el cráter de Pali Aike, a 26 km del sitio-tipo (frontera chileno-argentina), donde quedaron residuos de huesos quemados de caballo y milodón, junto a fragmentos de una punta "cola de pescado" y artefacto discoide pulido, datado más tardiamente por el IX milenio a.P. Es probable que se iniciaran aquí las ceremonias funerarias vinculadas con la cremación de tres cuerpos humanos de ancestro paleoindio, dispuestos sobre una capa de ceniza volcánica fechada en el IX milenio a.P.

En el alero de Cerro Sota, cerca de Fell, se constató otro ceremonial de cremación, esta vez de siete cuerpos humanos, depositados cerca de algunos fragmentos de caballo, pero sin otros rasgos culturales, aunque no se sabe con exactitud cuando ocurrieron estos eventos.

Otro episodio paleoindio se ubica en la Cueva del Medio, con asociaciones estrictas entre fauna extinta y moderna: Hippidium sp., Mylodon listai, Lama sp., (guanaco y paleolama), cervidae y conchas de mytilus sp., pequeños mamíferos (Pseudalopex), junto a "cola de pescado" (Nami, 1987). Localizada en la región de Ultima Esperanza, cerca a la cueva del Milodón, la ocupación está datada por los 10,310 ± 70 y 9,595 ± 112 a.P. (muestras de carbón) y dos fechas sobre hueso calcinado de 10,550 ± 120 y 12,390 ± 180; asociadas a retocadores de hueso y puntas bifaciales "cola de pescado" del patrón Fell. Se presentan actividades generalizadas similares al episodio Fell temprano: reavivado de filos, colección de materias primas locales, destazamiento fuera del alero, contactos con el litoral, selección de huesos para instrumentos como subproductos de caza, trabajos sobre cuero, uso ceremonial de ocre y el depósito de huesos astillados.

Se ha planteado que en sus labores, como Fell I, no desgastaban tanta energía en la facturación de artefactos líticos, pero el modelo tecnológico de las puntas "cola de pescado" es bien controlado y parece provenir del pasaje migratorio por la Provincia de Buenos Aires (Nami, 1987).

Se acepta que en la cueva del Milodón, situada en la margen oriental del seno de Ultima Esperanza, aún permanecían durante el estadio Fell temprano los perezosos gigantes. Aunque el lugar es poco hospitalario se han identificado huesos de milodón marcados por el destazamiento. Así es muy probable que aunque el milodón pudo explotarse durante la edad Holocénica temprana, ya fue consumido por los paleoindios australes a fines del pleistoceno, a raíz de eventuales actividades limitadas y generalizadas (Borrero, 1986).

A la misma latitud aproximada de cueva Milodón, pero en la vertiente argentina, se ha identificado en la cueva de las Buitreras (río Gallegos). vestigios de milodón juvenil en los niveles VIII-VII, evento calculado a los 10,000 a.P., o algo antes (Borrero, 1989; Caviglia et al., 1986).

Los miembros de megafauna y guanaco presentan cortes y raspados asociados a artefactos líticos poco diagnósticos: lascas de basalto y silice modificados con retoque y filos naturales con desgaste; incluye un instrumento de uso múltiple (raedera-raspador), y huesos partidos con huellas de uso. La ocupación de baja densidad se depositó antes del sello volcánico o Tefra I (nivel VI) por el IX milenio a.P., se afilia a actividades de caza no especializada, es decir, dentro de una estrategia predarora y generalizada hasta ahora sin puntas de proyectiles, pero su ausencia podría ser accidental en esta clase de sitio.

Otra corriente de estos cazadores de la vertiente chilena alcanzó por esta época hasta la isla Grande de Tierra del Fuego, ocupando el alero rocoso de Marazzi, que protegió a un grupo de economía terrestre, a pesar de emplearse junto al litoral, de donde sólo se proveían de bienes complementarios. Usaban lascas afiladas, puntas bifaciales, boleadoras, percutores y artefactos de rodados, datados a los 9,590 ± 210 a.P. (Laming-Emperaire et al., 1972). No cazaron megafauna aún cuando hay una turbera cercana con fósiles eventualmente relacionados, per sin artefactos específicos. El ingreso a la isla ocurrió a través de "puentes" terrestres o relieves alzados por efecto de los avances glaciales.

En este sentido, se ha localizado recientemente en el alero Tres Arroyos (10 km al SW de San Sebastián) a 20 km de la costa atlántica, junto a la frontera argentina, un depósito que contiene en la base componentes paleoindios netos (Massone, 1987). Siguiendo las rutas referidas, antes de la apertura del estrecho de Magallanes, arribaron aquí grupos de baja densidad, cuando los hielos pleistocénicos se habían retraído y la estepa se expandió bajo un ambiente más benigno (inicio del hipsithermal). Se trata de una ocupación bajo un alero, localizada en torno a fogones con desechos líticos, artefactos óseos con marcas de corte, huesos calcinados y un elenco de fauna extinta y moderna: Hippidum sp., Lama sp., Canis (Dysicyon) avus, mylodon, variedades de aves y conchas de caracol marino (Mengoni, 1987).

De acuerdo al registro lítico se ha constatado un fragmento basal pedunculado que recuerda al patrón "cola de pescado", raspadores, raederas y cuchillos, con aplicación de técnicas de reducción bifacial, vinculados con el Periodo I del estadio Fell-Pali Aike y Cueva del Medio, en Ultima Esperanza (Massone, 1987; Nami, 1987).

La ocupación de Tres Arroyos, la más austral del hemisferio, se ha datado a los 10,280 ± 110 y 10,420 ± 100 a.P., asociada a labores de cocina, reactivación de filos desgastados y reemplazo de artefactos fracturados, actividades propias de los aleros (Jackson, 1987). Este episodio ocurrió cuando la lluvia de ceniza volcánica Fuego-patagónica sofocó el área, inter-cálandose entre el piso ocupacional.

Finalmente, algo más retirado del locus Toldense, en la Patagonia Septentrional, se ha ubicado la cueva Cuyin Manzano, con una capa antigua (c), datada a comienzos del X milenio a.P. (Ceballos, 1982). Se trata de una ocupación orientada a la caza dominante de roedores (Ctenomys) y guanacos, asociada a artefactos líticos unifaciales: raederas, cuchillos, lascas la minares cortantes, raspadores terminales sobre lascas de borde discoidal, raspadores de hocico lateral, y carencia accidental de puntas de proyectiles. Su filiación a la matriz paleoindia regional puede ser sugerida, en especial con el fenómeno Toldense.

Cerca del sitio anterior, en el río Traful, bajo el alero Traful I, se ha identificado una ocupación transitoria y efímera con fogones, lascas usadas, desecho de lascas ocre y fauna moderna menor. La presencia de Mylodon no logró constatarse con seguridad junto a los vestigios ceremoniales y culturales (Crivelli Montero et al. 1982). Su datación del orden de los 9,430 ± 230 a.P. señala un comienzo de ocupación, tal vez como extensión septentrional del patrón Toldense.

Esta región norpatagónica, pareciera ser un pasaje de "interregno" o transicional, con ocupaciones holocénicas tempranas que persisten en el sitio Casa de Piedra (río Colorado), por los 8,620 ± 190 a.P. (Gradin, 1984). La presencia desde comienzo de ocupación de bifaces y choppers (núcleos y lascas modificadas), junto a fogones, reparo de postes y uso de puntas foliáceas e implementos de molienda, hablan a favor, en reversa de los sitios anteriores, del arribo de ciertos componentes andinos (Intihuasi ?), distribuidos al sur, tras la caza de gaunacos y ñandú, por grupos desplazados desde a costa del río Colorado.

No están claras aún las causas de la disolución del medio de vida cazador de naturaleza paleoindio en el cono sur de América. Se ha planteado que la extinción de la megafauna en los lagos del centro de Chile ocurrió por causas naturales y humanas vinculadas entre sí. En efecto los análisis polínicos demuestran que disminuyó el bosque y se incrementó un régimen de mayor aridez. Se afectó en consecuencia la dieta de mastodontes y caballos. Con certeza, entre el XI y X milenio a.P. ya no habían grandes presas para los cazadores especializados en cacerías intensivas, en torno a locis restringidos con recursos forrajeros y acuáticos, estimulados por el dominio semiárido en el centro y centro-norte de Chile (Simonetti, 1984, Nuñez, 1989).

Durante el comienzo del post-glacial tanto la fauna pleistocénica como sus consumidores se orientaron hacia las regiones australes, donde las condiciones "pleistocénicas" se habían desfasado en relación al territorio central. Se sabe que tanto milodon (M. darwini) y caballo (Parahipparion) eran comunes durante el pleistoceno austral y fueron cazados a lo menos desde el XII-XI milenio a.P. En el caso del milodon, estos sobrevivieron al paracer hasta el VI milenio a.P., bajo escasas posibilidades de resistencia (Saxon, 1979; Salmi, 1955; Borrero, 1986). El tiempo crítico del inicio de la extinción de la megafauna austral se ha identificado en relación a la contaminación volcánica regional del agua de abrevaje y forraje, paralelo principalmente a los cambios de la cubierta vegetacional de la región Fuego-Patagónica (Markgraf, 1985a). Se trata de una sensible reducción a gran escala de la formación de estepa fría (gramíneas y herbáceas), por el X milenio a.P., tiempo que tanto los cazadores como el cambio vegetacional y ambiental afectó el dominio de los grandes herbívoros. El avance de la estepa árida y matorral desértico, por el X al IX milenio a.P., configuró el tránsito post-glacial hacia la vegetación moderna (incremento de temperatura y menos precipitaciones). En este reajuste adaptativo ganaron los camélidos (Lama guanicoe), herbívoros menos especializados en el forrajeo, los que dominaron el medio y sustentaron la subsistencia de la población paleoindia tardía y su derivación durante el post-glacial. Algo similar ocurrió en los andes del norte chileno, durante el temprano post-glacial, cuando se inicio el dominio de los camélidos (XI milenio a.P.), pero esta vez bajo la presión de cazadores de naturaleza arcaica, en un tiempo más temprano en relación a los eventos australes.

CAZADORES-RECOLECTORES HOLOCÉNICOS

Se han identificado en el cono sur americano distintas adaptaciones regionales tempranas en ambientes contrastados entre el océano Pacífico, los Andes, y la vertiente oriental entre los 11,000-9,000 a.P., derivadas tal vez de tradiciones paleoindias de finales del pleistoceno no bien detectados.

Los datos que se describen, provienen de 12 cuevas, aleros y campamentos distribuidos en las vertientes chileno-argentina, con indicadores variables en términos de procesos culturales y adaptativos localizados a lo largo de los 18-33olat. sur.

Consideraciones medioambientales

El territorio en su larga y estrecha elongación, ubicado entre dos océanos, se eleva en la región andina, constituyendo en su perfil altitudinal diversos pisos ecológicos que han acondicionado distintos patrones culturales y adaptativos. Esta gradiante cambia en su sentido latitudinal componiendo otras variaciones regionales que graduan desde un régimen de aridez a uno semiárido, y de la cubierta fértil central a la estepa semiárica austral.

Durante el holoceno temprano las condiciones húmedas y frías habrían cambiado hacia eventos más secos y cálidos observándose el inicio de climas con marcada estacionalidad, lo que sumado a posibles aumentos demográficos, habría motivado procesos regionales adaptativos, con uso más intensivo de recursos complementarios jalonados en regiones de pisos ecológicos contrastados. Además, ocurrieron importantes modificaciones paleogeográficas de carácter post-glacial: exposición de territorios, colapsos volcánicos, transgresiones y regresiones de los niveles marinos, movimientos tectónicos, etc. Sin embargo, la escasez de reconstituciones paleoambientales no hace visible la regionalidad de los fenómenos de variedad climática y disposición de recursos subactuales.

Aunque los cambios climáticos post-glaciales no fueron uniformes a través de las diferentes latitudes, el límite Pleistoceno-Holoceno se ha datado en 9,590 a.P., en un perfil polínico de Chiloé por los 42o lat. sur (Villagrán, 1985), mientras que otro similar se ha establecido por los 15o lat. sur, en una columna palinológica de Bolivia (Graf, 1981, 1987). Estos límites encubren desfases temporales en un sentido latitudinal (Markgraf, 1983, 1985). En el NW argentino (Puna de Jujuy) las condiciones del fin del pleistoceno perduraron hasta el XII milenio a.P., mientras que efectivamente, tanto en la vertiente occidental y oriental del levantamiento puneño las condiciones modernas ya están presentes hacia el XI milenio a.P. No obstante, en el extremo austral ciertas condiciones pleistocénicas permanecieron hasta el VII a.P., incluyendo la pervivencia de megafauna y estilos no-arcaicos de desarrollo.

Ocupaciones holocénicas tempranas

Las ocupaciones correspondientes al Holoceno temprano son más comunes que las propiamente paleoindias. Usualmente presentan baja densidad demográfica en el interior de cuevas y aleros rocosos, localizados en las tierras altas, lo que parece corresponder a ocupaciones efímeras o de corta duración, si se compara con la densidad de los depósitos de épocas más tardías. Pero, son más densas en campamentos semipermanentes o expuestos, ubicados en las tierras medias y bajas. La adaptación de cazadores-recolectores desde el Holoceno temprano usualmente se identifica con el periodo arcaico. Este es un concepto operacional que incluye atributos algo similares a los recurrentes en Norteamérica (Willey, 1966), con modalidades regionales sudamericanas (Lynch, 1974, Núñez, 1983).

El proceso de experimentación de producción de alimentos (v. gr. cultivos y domesticación de camélidos), condujo a la sociedad de los territorios áridos y semiáridos sudamericanos hacia formas más complejas de vida, las que reemplazaron en épocas holocénicas tardías el tradicional y exclusivo patrón de subsistencia de caza y recolección. En contraste, el periodo arcaico en Norteamérica persistió regionalmente, a través de una larga tradición que se extendió hasta épocas históricas, basado en una economia de caza y recolección. Una situación combinada algo similar en términos de persistencia ocurrió con las comunidades étnicas del territorio fértil del centro de Chile, pero en la estepa semiárida austral, las prácticas dominantes de caza y pesca pervivieron hasta tiempos históricos, al margen de domesticación y recolección significativa.

Se admite que ciertas ocupaciones andinas del Holoceno temprano habrían subsistido bajo regímenes de caza y recolección, sin indicadores arcaicos (v. gr: plantas cultivadas e implementos de molienda). Como se carece de datos exclarecedores de la naturaleza de eventuales desarrollos diferenciados y de la dirección que tuvieron estos procesos desde épocas post-pleistocénicas tempranas, el carácter arcaico no es atributo generalizado entre estas tempranas ocupaciones. En tanto, cuando esto ocurre se aplica la denominación operacional de cazadores-recolectores holocénicos tempranos, adaptados a condiciones ecológicas modernas con connotaciones regionales y tradicionales diferenciadas.

En relación al patrón adaptativo se distinguen de la tradición paleoindio, en cuanto ocurren bajo condiciones post-pleistocénicas, carecen de fauna extinta y emergen con atributos artefactuales innovadores.

A continuación se ordenarán los sitios cronometrados con depósitos específicos y su articulación a patrones generales de explotación de recursos en medioambientes que por razones de espacio no serán detallados (Santoro y Núñez, 1987).

Adaptación andina

El inicio del proceso de adaptación a las tierras altas se ha constatado en el norte chileno y noroeste argentino, en leves ocupaciones localizadas en cuevas y aleros entre los 11,000-8,000 a.P. Se han definido dos patrones regionales adaptativos, tanto en la puna seca como en la salada (Troll, 1958; Santoro y Núñez, 1987; Núñez y Santoro, 1988).

En efecto, de la puna seca provienen tres refugios excavados, localizados en praderas precordilleranas como el sitio Patapatane y en sectores de bofedales en el piso de la alta puna documentado en los sitios Las Cuevas y Hakenasa en los andes ariqueños (Santoro, 1989).

Los perfiles estratigráficos incluyen delgados lentes de carbón y cenizas, con una baja concentración de huesos y artefactos líticos diagnósticos ubicados en la base de los depósitos. En algunos casos las áreas de actividades internas fueron mejoradas a través del socavamiento y alineación de rocas periféricas para producir un espacio más confortable. En general, los sitios muestran el empleo de recursos locales como así también el traslado de bienes exóticos como ciertas conchas del Pacifico (Choromytilus), pigmentos de color rojo y obsidiana andina.

Los artefactos líticos más representativos son las puntas triangulares con y sin pedúnculos que recuerdan formas diagnósticas de la tradición precerámica temprana de los Andes centrales (Rick, 1980, figura 5-a,b). Otro componente agrupa a las puntas triangulares correspondientes a modelos romboidales de pedúnculo ancho y pequeñas barbas, datadas en conjunto entre los ca 9,500 a 8,000 a.P. (Santoro y Núñez, 1987; figura 5-c,d).

En esta temprana tradición cazadora de la puna seca la típica forma lanceolada o foliácea, doble punta y bases redondeadas marca otro complejo de puntas romboidales y triangulares (figura 5-e,f,g). En general, estas industrias aparecen asociadas con perforadores de dorso alto y perforadores semicirculares de dorso más bajo. Aunque los artefactos de hueso son escasos incluyen retocadores y punzones; mientras que los implementos de molienda estuvieron completamente ausentes. La reducción lítica es bifacial y monofacial a base de técnicas de percusión y presión. En algunos casos se han recuperado artefactos burdos que similan los atributos del horizonte "pre-projectile point" (Krieger, 1964), pero que más bien se afilian a preformas de artefactos desechados o en proceso de terminación. Es decir, en todos los sitios se registran desechos de percusión y presión derivados del tratamiento de preformas trasladadas de talleres y canteras distantes de los sitios de vivienda.

El análisis preliminar de las colecciones óseas del sitio Patapatane, junto a los localizados en la puna salada: Tuina, San Lorenzo y Chulqui, identifican un consumo dominante de camélidos complementado de vizcacha (Lagidium viscacia), chinchilla (L. Chinchilla), roedores y aves (Dennis y Wheeler, 1988; Núñez, 1983; Aldunate et al., 1986).

En la puna salada (subárea circumpuneña de Atacama) se han registrado sitios de cazadores holocénicos tempranos, representados en Tuina, Chulqui y San Lorenzo, datados en el IX y XI milenio a.P. (Núñez, 1983; Sinclaire, 1985). Entre el caso de Tuina (alero cerca de Calama) los artefactos líticos más diagnósticos son: raspadores pesados de dorso alto, puntas triangulares y yunques planos, asociados a fogones y restos de fauna moderna: camélidos y roedores dispuestos sobre un piso socavado datado entre los 10,820 ± 630 a 9,080 ± 130 a.P. (figura 5-h). En general, estos componentes similan los registros de los sitios trasandinos como Inca Cueva-4 y Huachichocana (Aschero, 1979,1984; Fernández Distel, 1974), en donde las puntas triangulares son frecuentes, asociadas en el caso de Inca Cueva-4 a fauna moderna de roedores dominantes (Lagidium sp. y Chinchilla sp.), Artiodactyla y Cervidae entre las especies más frecuentes en el mismo orden, datado a los 9,230 ± 70 a.P. Del sitio Inca Cueva-1 se conocen vestigios craneanos dolicoides, importantes en tanto son pocas las evidencias biológicas conocidas de estos primeros poblamientos. Algunas ofrendas funerarias (IC-4) señalan el uso de dardos decorados geométricamente (uso de propulsores), cordeleria, adornos de plumas, etcétera.

Ciertamente, en la puna de Jujuy el refugio de Inca Cueva representa posibles intentos de domesticación de camélidos (fibras), con pozos de almacenamientos eventuales como inicios de estrategias de reserva de alimentos. Las actividades interiores se vinculan con preparación de pieles de camélidos y ciervo, confección de bolsas, tientos, con cueros trasladados de los lugares de destazamiento en cuanto los desechos de huesos son escasos. La dieta se fundamentó principalmente de roedores (Chinchillidae) y vegetales comestibles (Hypsocharis tridentata), con desplazamientos intercambiables de amplia cobertura (Aschero, 1984).

Es muy probable que la extensión espacial de sitios como Tuina, Inca Cueva y Huachichocana, sea mayor de lo esperado. La Cueva de Yavi, localizada por la frontera argentino-boliviana, posee similares componentes triangulares datados por la mitad del X milenio a.P., según los estudios de Krapovickas (citado por Schobinger, 1988).

En el alero de Huachichocana (9,620 ± 130, 8,670 ± 550, 8,930 ± 500 a.P.), hay un registro más consistente de camélidos neonatos, nonatos y juveniles (asociado a puntas triangulares y lanceoladas), involucrados tal vez con etapas experimentales de domesticación, situación que ha suscitado discusiones y nuevos análisis en curso en otros sitios tempranos trasandinos (Aguerre et al., 1975).

En la vertiente occidental de la Puna de Atacama los sitios antes referidos no presentan por ahora vestigios vegetales económicos. Pero en la vertiente sitios como Huachichocana han sugerido la presencia de calabaza (Lagenaria), porotos (Phaseolus sp.) y ají (Capsicum sp.), tal vez recolectados en estado silvestre o por labores hortícolas tempranas, aunque el registro de maíz parece haber sido definitivamente invalidado (Yacobaccio, 1986).

Tal parece que la complejidad creciente de estos grupos arcaicos tempranos se advierte en los diseños geométricos del arte rupestre, como el caso de Inca Cueva, a base de temas lineales y puntiformes (rojo y negro) y ofrendas funerarias muy sofisticadas (Aschero, 1984).

Se ha sugerido que estas ocupaciones holocénicas tempranas habrían controlado ciertos circuitos de movilidad trashumántica para acceder a diversos recursos explotados entre las tierras altas y sus respectivos bordes complementarios (v. gr. maderas duras en Inca Cueva y plumas de aves tropicales en Huachichocana). En este sentido las propuestas de Núñez (1983), Yacobaccio (1986), además Santoro y Núñez (1987) y de Núñez y Santoro (1988), han sugerido un patrón de movilidad trashumántico dentro de un régimen de adaptación regional, con ocupaciones concentradas en áreas bien localizadas, tales como las punas de Arica, de Atacama y Jujuy entre el norte de Chile y noroeste argentino respectivamente.

Sin embargo, cada región reúne distintos atributos ecológicos y culturales que pudieron influir en sus patrones de asentamientos y en las decisiones en términos cinegéticos, opciones por ciertos pisos ecológicos explotados, como así también los territorios electos in extenso. En términos de diversidad, en la puna seca ariqueña se observa un perfil continuo de recursos que se jalonan desde la costa hasta la alta puna. Sin embargo, la economía de los tempranos cazadores holocénicos muestran en primer lugar una marcada preferencia por actividades de caza, en desmedro de uso de los escasos resursos de recolección que se consumen en épocas más tardías. De esta manera, los sitios se ubican preferentemente en praderas cercanas a lagos pleistocénicos, en el piso de la alta puna, mientras que en el ecotono de precordillera, donde no existe este tipo de ambientes, se prefirieron pampas o estepas cubiertas de pastizales y arbustos muy favorables para la caza de camélidos, roedores y aves. Se ha propuesto que detrás de esta selección se configuró un tipo de técnica de caza que pudo incluir prácticas colectivas de acorralamiento de animales. En cuanto a la complejidad social, aunque no hay expresiones de arte rupestre bien definidas, a pesar de las dudosas propuestas para Toquepala (Sur de Perú), la presencia de pigmentos de colores (óxidos de fierro) señalarían mayor sofisticación cultural de estos tempranos cazadores arcaicos que pudieron expresarse a través de actividades funerarias y arte rupestre que no ha sido constatado. Esta complejidad creciente podría entroncar con posibles actividades ceremoniales complejas interpretadas en el sitio Asana del sur peruano (ca. 8,000 a.P.), en proceso de estudio (Aldenderfer, 1988).

La ausencia de una marcada estacionalidad, como ocurre en la puna seca, tampoco constituyó un límite importante en la determinación de los circuitos de movilidad, puesto que a pesar de que las ocupaciones fueron aquí más estables, a notable altitud, se explotaron los ecotonos entre los 3,000 a 4,000 m. Esta estrategia adaptativa es propia de la temprana adaptación de caza andina, que adquiere características regionales en los espacios correspondientes a la puna seca del extremo sur de Perú y extremo norte de Chile.

Sin embargo, en la puna salada, la estacionalidad fue más acentuada, dando lugar a más movilidad trashumántica cazadora, con mayor apropiación de recursos vegetales, si se compara con el patrón de la puna seca ariqueña, pero de escasa proporción en relación a la vertiente trasandina, donde hay mayor acopio de recolección y probable horticultura, incluyendo el flujo de bienes de la vertiente oriental selvática.

En términos de movilidad debe recordarse que desde el Holoceno temprano los cazadores andinos efectuaron movimientos de larga distancia que incluían el Pacífico. Sin embargo, la ausencia de campamentos y refugios bien establecidos, como los observados en las tierras altas, permite sugerir que este acercamiento no tuvo por objeto una explotación intensiva de sus recursos. Por el contrario, sólo existió una particular selección de materias primas, como las conchas de Choromytilus. De ser correcto el desfase más tardío de las primeras ocupaciones del litoral, las migraciones andinas, eventualmente orientadas hacia las tierras bajas, sucedieron al final de estos episodios, cuando se populariza el uso de los artefactos foliáceos e implementos de molienda.

Una de las ocupaciones propiamente arcaicas de la puna salada, que parecen derivar de la fase Tuina (Núñez y Santoro, 1988), a raíz de sus componentes triangulares, lo son múltiples campamentos expuestos, mejor representados en el sitio Tambillo, en la vertiente occidental de la Puna de Atacama. Se trata de una densa aglomeración de campamentos estratificados con recintos de pisos socavados, fogones, desechos óseos y una nutrida industria lítica bifacial, finos perforadores y puntas triangulares de obsidiana, raspadores discoidales chatos y de uña, ganchos de hueso (propulsores) e implementos de molienda (morteros de hueco cónico). Este conjunto se ha datado a los 8,590 ± 130 a.P., y representa una adecuada adaptación a los recursos de vegas y lagunetas del Salar de Atacama, con una alta explotación de fauna moderna tanto de camélidos como de cholulos (Ctenomys fulvus).

Se ha constatado un flujo trashumántico del estadio Tambillo hacia las quebradas intermedias y alta puna, a raíz de la identificación en quebrada Tulán de depósitos bajo roca con similares componentes líticos triangulares y dataciones sincrónicas. Otro flujo se ha localizado en el alero de Toconce con similares atributos (Aldunate et al., 1986). Asociado al campamento fechado se ha registrado un pequeño cementerio con cuerpos semi-flectados de cráneos dolicoides, con ofrendas de morteros de hueco cónico.

Mientras la continua yuxtaposición de recursos pudo haber facilitado un patrón de asentamiento macroregional más estable en la puna seca, la situación es distinta en la puna salada donde se conjugan tres factores ecológicos que habrían influido en el desarrollo de la distribución de patrones de asentamiento más diferenciados. Los ambientes asociados a la puna salada se caracterizan por la ausencia de oasis costeros, reemplazados más bien por una costa hiperárida. Su ubicación fuera de la zona tropical propiamente tal, a pesar que se ubica inmediatamente al sur del trópico Capricornio, determina la existencia de una marcada estacionalidad en la provisión de recursos, a través de pisos ecológicos más contrastados, agravado por un invierno muy frío en los pisos más altos, lo que presiona la migración anual de hombres y animales hacia pisos más bajos. En consideración a la ausencia de una continuidad de recursos de subsistencia entre la costa y la alta puna, agregado al fenómeno de marcada estacionalidad, el desarrollo de patrones adaptativos microregionales debieron tener mejores posibilidades para la explotación de recursos complementarios, pero concentrados estacionalmente en localidades restringidas como los oasis del Loa y de la puna de Atacama, cañones precordilleranos y alta puna. En suma, en la puna salada las ocupaciones arcaicas del Holoceno temprano no presentan una relación clara con la costa, pero los movimientos estacionales ocurrieron más regularmente hacia la alta puna para la obtención de obsidiana y recursos de caza. Este patrón de adaptación estacional microregional sobrevive aún hoy día través de las prácticas pastoralistas.

Adaptación marítima

Se ha planteado que en el Pacífico las ocupaciones más tempranas son a lo menos uno a dos milenios más tardías que el primer poblamiento holocénico andino, tal vez vinculadas con migraciones que procedían de las tierras altas, si es que los sitios costeros más tempranos están modificados o yacen en costas altas no prospectadas. En efecto, hay sitios bien documentados en las tierras altas, desde el comienzo del XI milenio a.P., mientras que en la costa no hay ocupaciones en esta época, con la excepción de las dataciones tempranas de Ring Site obtenidas de conchas (Richardson, 1987). Sólo durante el X milenio a.P., en el litoral nortino se observan dos patrones adaptativos diferentes. En la costa desértica de Atacama se ha localizado el componente Conchas-Huentelauquén datado a los 9,680 ± 160 a.P., asociado a litos poligonales (figura 5-i) y peces tropicales (Llagostera, 1979), derivados de un flujo arcaico costeño localizado en la costa centro-norte de Chile (Iribarren, 1962).

Por otro lado, un segundo patrón adaptativo se localiza en los valles costeños más fértiles, como el oasis de Tiliviche, donde el transporte de los recursos marítimos complementó a los locales. Se trata de un campamento expuesto con recintos semicirculares socavados y postes para coberturas livianas de uso intermitente y semipermanente. Aquí se concentraban y procesaban materias primas locales como fibras vegetales y mateerial lítico. El sitio es denso con montículos leves de desperdicios costeños y abundante desecho de talla, datado a partir de los 9,760 ± 365 a.P., asociado a puntas foliáceas (figura 5-j,k), implementos de molienda y anzuelos de concha, conectados con el litoral de Pisagua y Camarones (Núñez y Moragas, 1978).

Hasta ahora no existen relaciones entre los episodios Las Conchas y Tiliviche a pesar de su evidente sincronía. En el primer patrón adaptativo las estrategias de caza y recolección incluyen la explotación de mariscos y caza de mamíferos marinos. La identificación de peces de aguas cálidas, hoy inexistentes en la costa de Antofagasta, han sugerido un periodo altitermal durante el Holoceno temprano en ese segmento de la costa de Chile, eventualmente vinculado a los efectos de un avance meridional de características parecidas a la Corriente del Nino (Llagostera, 1979; Núñez, 1983). Esta ocupación, netamente costera, independiente de valles costeros, representa un episodio holocénico temprano único, que no ha sido reportado con la misma antigüedad en otros segmentos de la costa sudamericana.

Adaptación semiárida occidental

Pichasca es el único alero bien documentado de cazadores-recolectores del Holoceno temprano, adaptado a la explotación de recursos en quebradas intermedias del territorio semiárico occidental o centro-norte de Chile, datado a partir de los 9,890 ± 80 a.P. (Ampuero y Rivera, 1971). La presencia de moluscos costeños sugiere constantes movimientos hacia la costa ubicada a unos 80 km. El área presenta actualmente una productividad estacional diferendiada, fenómeno que pudo iniciarse a comienzos del Holoceno. Esto explicaría la ubicación intermedia del sitio con el objeto de articular los ecotonos vegetales más estables o locales con aquellos costeños y andinos respectivamente.

A diferencia de lo que ocurre con los campamentos andinos la ocupación de la cueva de Pichasca demuestra una mayor diversidad de actividades a juzgar por la variedad de artefactos y restos de plantas y animales. Desde la costa no sólo se trasladaron recursos de subsistencia sino tambión materiales exóticos como las conchas de Choromytilus, que aparecen retocadas o con huellas de pulidos por uso relacionados a objetos de status.

Se advierte una variedad de recursos locales de subsistencia entre los que se incluyen guanacos, roedores y aves, favorecidos por una vegetación de estepa semiárida. La presencia de manos y restos de porotos (Phaseolus sp.) muestra un importante aporte de plantas de recolección y posible horticultura (Ampuero y Rivera, 1971). Diversas clases de artefactos fueron confeccionados para estas actividades, cuyas formas vagamente recuerdan los artefactos triangulares andinos. Las puntas más comunes corresponden a hojas triangulares largas bifaciales, de base cóncava o base recta (figura 5-l,m) y puntas de base cóncava con barbas laterales. Menos comunes fueron las hojas triangulares netas de bases rectas, redondeadas y cóncavas. Se asocian a estos artefactos las formas pequeñas y grandes de raspadores discoidales de dorso alto y circulares pequeños.

La presencia de retocadores de hueso y abundantes desechos líticos al interior de la cueva demuestran un importante trabajo de reducción de artefactos. Esto fue realizado junto con otras actividades domésticas que incluyen a algunas artesanías realizadas con fibras vegetales y de animales con técnicas de anudado, torcido y trenzado, para preparar prendas de vestir y otros usos.

En consideración a los datos arqueológicos y a la estacionalidad del medio ambiente, se ha sugerido un patrón de asentamiento estacional macroregional de alta movilidad (Ampuero y Rivera, 1971; Ampuero e Hidalgo, 1975). Se trata de un patrón adaptativo a un régimen semiárido que configuró una tradición de caza y recolección subandina caracterizada por prácticas de caza no selectiva, complementada con una intensiva recolección de plantas y mariscos, con opciones a recursos distintos a los patrones andinos o más septentionales.

En el territorio fértil central de Chile (Valle longitudinal) aún no se han documentado sitios correspondientes al Holoceno temprano. Es probable que esto se debe a la falta de pesquisas arqueológicas más intensivas, puesto que habían existido condiciones ecológicas suficientes para una temprana adaptación de cazadores recolectores (v. gr. cuencas lacustres). Se puede asumir que los episodios arcaicos de Cuchipuy (VI milenio a.P.) podrían derivar de ancestros holocénicos más tempranos no registrados hasta ahora (Kaltwasser et al., 1983).

En el territorio estepario-austral las ocupaciones de finales del Pleistoceno y de comienzos del Holoceno pertenecen a una tradición cultural algo homogénea, con escasas modificaciones, a diferencia de los regímenes adaptativos andinos. Esto se debe a que en los ambientes del extremo sur de Sudamérica se mantuvieron las condiciones climáticas relictuales que permintieron la sobrevivencia de megafauna con especies modernas, útiles para la orientación cazadora no arcaica, y un litoral rico como recurso alternativo. En contraste, hacia el norte, las condiciones modernas comenzaron a estar presentes en los escenarios geográficos desde más tempranas épocas holocénicas. Es decir, la sobrevivencia de condiciones pleistocénicas y los óptimos recursos de caza en el extremo sur permitió el embolsamiento grupos paleoindios y transicionales que pudieron mantener por mayor tiempo sus estilos de vida conservadores. Al mismo tiempo, este régimen adaptativo singular se acondicionó a raíz de la ausencia de recursos arcaicos (v. gr. plantas recolectables y necesidades de domesticación).

Adaptación semiárida oriental

Otras agrupaciones holocénicas tempranas se han localizado más al sur, en la vertiente oriental de los Andes, en territorios semiáridos y altos de la región de San Juan y Mendoza, donde se han detectado los grupos más meridionales de cazadores andinos con componentes foliáceos (Schobinger, 1988). La fase o cultura Fortuna se ha identificado en un ambiente cordillerano a través de cuevas, aleros y campamentos abiertos, donde alojaron cazadores locales fechados a partir de los 8,565 ± 240 a.P. (Gambier, 1974). Esta primera ocupación no posee control de cultígenos pero si una nutrida industria foliácea y puntas pedunculadas.

Se trata de adaptaciones que se acercan al IX milenio a.P., en el límite de este análisis. Al igual que la primera ocupación de lntihuasi (González, 1960), ejemplifican derivaciones de ancestros de cazadores holocénicos más tempranos aún no identificados claramente en la vertiente argentina.

Fortuna es sucedido por la fase o cultura Morrillos, caracterizada por un conjunto de puntas triangulares pequeñas a medianas y microinstrumentos diversos, acompañados de tecnologías complejas como textilería, madera y expresiones funerarias definidas. Ocuparon los mismos espacios de los cazadores de la Fortuna a partir de los 7,920 a.P. (Gambier, 1985).

Se ha identificado la influencia de un clima árido, que había determinado una alta movilidad adaptativa, macroregional, con un manejo estacional de ambas vertientes de los Andes (Gambier, op cit.). Se ha sugerido este patrón sobre la base de comparaciones tipológicas con sitios de la costa del Pacífico e interior, que no cuentan con dataciones absolutas, pues se trata en su mayoria de sitios de superficie, pero en términos generales tai supuesto parece ser correcto. Los límites de este artículo imposibilitan por ahora detallar más los regímenes adaptativos hasta aquí brevemente resumidos.

CONCLUSIONES

Hasta ahora los patrones culturales y adaptativos propuestos son tentativos y sólo aspiran a un cierto ordenamiento operacional. De todos los estadios, los patrones de explotación de recursos incertos en el proceso productivo y adaptativo subantártico, se observan más documentados, con suficiente soporte teórico (Bate, 1982; Little, 1983; Kirch, 1980; Borrero, 1989), configurando una trayectoria tradicional (Gradin, et al., 1987; Orquera et al., 1984) que involucra a su vez un curso ecológico-evolutivo (Borrero, 1989) con respuestas tecnológicas adecuadas (Nami, 1987). Aquí, el volumen de información ha configurado una historia cultural con una secuencia temprana más explicita, que tiende a integrar a sitios multicomponentes con otros pequeños, cubriendo un mayor rango posible de variabilidad laboral e ideológica (Bird, 1938; Cardich, 1977; Massone, 1987 y otros).

De acuerdo al actual bagaje de datos aún no se han explicitado las rutas migratorias paleoindias orientadas al Cono Sur. La vía desértica del Pacífico ha sido modificada a raíz de los movimientos de transgresión marina y dislocamientos parciales del borde continental. La vía altiplánica y de cabeceras de valles serranos, con mayor disponibilidad de recursos forrajeros y acuáticos, parece ser importante, pero tampoco hay evidencias regularmente espaciadas. Es probable que el pasaje argentino semiárido (andino-oriental) sea el "puente" más adecuado (región del Trópico de Capricornio), para vincular el borde amazónico con las pampas orientales y a su vez con la finis terra del extremo Patagónico y Tierra del Fuego. En este sentido los pasos trasandinos habrían comunicado a estas migraciones con el actual territorio chileno y por el pasaje patagónico hacia el cono más austral. El registro de puntas "cola de poscado" cercanas a dataciones de fines del pleistoceno en la vertiente atlántica de la provincia de Buenos Aires, sugiere su tránsito Pampeano-Patagónico, tal vez desde los lagos pleistocénicos de Panamá (Bird y Cook, 1978).

Sólo 26 sitios paleoindios netos se han constatado en el Cono Sur, de los cuales más del 50% representan factos limitados, todo lo cual inhibe el planteo de propuestas interpretativas.

Por ahora no hay registros paleoindios involucrados con el patrón de adaptación andina en ambas vertientes. No obstante, los sitios Quereo y Tagua-Tagua representan bien el patrón de adaptación subandina en torno a cuencas lacustres bajas. Las evidencias del sitio Monte Verde sugieren la posibilidad de un régimen de adaptación a la foresta lluviosa austral. Finalmente, un buen número de sitios en el territorio austral representan con mayor confiabilidad el patrón de adaptación subantártico. Por otra parte, los sitios Arroyo Seco y La China iluminan los primeros factos del régimen adaptativo pampeano, con ciertos vinculos en el último caso con el poblamiento austral.

Se entiende que la disolución del modo de vida paleoindio durante el post-glacial, en las postrimerías del régimen adaptativo subantártico, no ha sido suficientemente esclarecido. Es muy probable que en la región esteparia-austral se derivó a nuevas formaciones de cazadores holocénicos, sustentados en la caza dominante de camélidos, en transición gradual hacia el control de la economía marítima (sitios Bahía Buena y Santa Ana). Es decir, la carencia de recursos vegetales económicos y la abundancia de caza no estimuló la emergencia de una vía arcaica de desarrollo.

En el valle longitudinal de Chile hay ocupaciones arcaicas como Cuchipuy, localizadas en la cuenca de Tagua-Tagua, pero se distancian de los episodios paleoindios locales por cerca de tres milenios. Es decir, a diferencia del extremo austral, aquí no se advierte por ahora una transición entre los erpisodios pleistocénicos y holocénicos (Kaltwasser et al., 1983). Los cambios climáticos drásticos ocurridos al final del pleistoceno han sido determinantse en la continuidad del proceso cultural; mientras que la eventual continuidad ocurrida en la zona austral, correspondería a inmigraciones procedentes de las regiones subandina y pampeana.

Más al norte, durante el proceso adaptativo semiárido, se ha definido una ocupación arcaica temprana (Pichasca), pero tambíén se separa aproximadamente por un milenio en relación al sitio paleoindio más cercano (Quereo), sin indicadores claros de una eventual vinculación (Ampuero y Rivera 1971; Núñez et al., 1983).

Llama la atención que en el régimen de adaptación andina los episodios post-glaciales más tempranos como Tuina, Patapatane y Las Cuevas, de la Puna Salada y Seca respectivamente, se acercan al XI milenio a.P. (Núñez y Santoro, 1988). Pero la ausencia de rasgos paleoindios no nos permite asumir bien si los eventos pleistocénicos finales y su población cazadora asociada estuvieron vigentes antes del XI milenio a.P. De hecho, este desfase existe en términos de que cuando los cazadores holocénicos tempranos y los arcaicos tempranos de las tierras bajas ya se han distribuido entre los andes y la costa, respectivamente, los cazadores paleoindios australes sobrevivían por el XI-X-IX milenio a.P.

En lo que respecta a las ocupaciones holocénicas tempranas, no más de 50 sitios han sido reportados en Sudamérica en relación a adaptaciones regionales concretas. De estos sitios sólo 12 se localizan en Chile y Argentina cuyos datos se han reseñado en este trabajo, con neta sustentación estratigráfica.

En suma, la temprana ocupación de la franja occidental de los Andes del extremo sudamericano representa diferentes tradiciones adaptadas a condiciones modernas post-glaciales, con incierta derivación cultural de las tempranas tradiciones paleoindias. No obstante, que algunas tecnologías paleoindias continuaron y se desarrollaron en el post-pleistoceno temprano (Lynch, 1974), es evidente que existe un vacío de información entre ambas tradiciones. Probablemente, la dificultad de ligar ambos procesos se debe a la falta de sitios estratigráficos que muestren una continuidad suficiente de ocupación. Las muestras disponibles hasta ahora presentan procesos aparentemente interrumpidos entre el final de la tradición paleoindia y el comienzo de la tradición de caza y recolección del Holoceno temprano.

A excepción de los segmentos fértiles de los territorios centrales, los demás territorios extremos presentan patrones adaptativos bien definidos desde épocas holocénicas tempranas. En el caso de los territorios andinos del norte, éstos presentan como rasgo común patrones regionales macroadaptativos, probablemente de alta movilidad, con el objeto no sólo de seleccionar recursos bien localizados, sino también los lugares más óptimos donde practicaban las actividades de caza y recolección. En este patrón adaptativo jugaron un rol fundamental los recursos de caza complementados de escasa recolección de plantas silvestres, en la vertiente occidental y mayor acceso a vegetales económicos en la vertiente oriental. Más minoritario aún fue el uso de los recursos costeros exclusivos.

Definitivamente, los primeros poblamientos de finales del Pleistoceno en el Cono Suramericano, así llamados paleoindios y las ocupaciones post-glaciales seguirán siendo una cuestión pendiente y los patrones culturales, adaptativos y productivos observados deverán por otra parte considerarse sólo como un instrumento de análisis y debate.

Pedro de Atacama, San Miguel de Azapa, octubre de 1989.

AGRADECIMIENTOS

El primer autor agradece a FONDECYT (Proyecto 0843), Smithsonian Institution y a la Dirección de Investigaciones y Extensión (Universidad del Norte) por la cobertura de apoyo a la formulación de una secuencia más confiable para la Puna de Atacama. Del mismo modo agradece el GRANT (año 1989) de National Geographic Society que permitió ordenar la discusión de este escrito y acercarse preliminarmente a la revisión de las ocupaciones paleoindias del centro de Chile.
El segundo autor reconoce el apoyo de FONDECYT (Proyecto 12/89) y de la Dirección de Investigaciones y Desarrollo Cientifico de la Universidad de Tarapacá (Concurso de Proyectos 1989).

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Asturias. Una cueva riosellana aporta claves sobre los orígenes de la escritura

Asturias. Una cueva riosellana aporta claves sobre los orígenes de la escritura

Los expertos destacan el modo de comunicación de hace 22.000 años hallado junto a Tito Bustillo

Una cueva riosellana puede revelar el origen de la escritura. Rodrigo Balbín, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Alcalá de Henares, ha terminado ya algunas de las investigaciones emprendidas después de la campaña arqueológica realizada el verano pasado en Tito Bustillo y las cuevas de su entorno. Una de las conclusiones, que publicará en una revista francesa, es la importancia de la gruta de La Lloseta. Una de las particularidades que destaca es la de los signos que aparecen en uno de los paneles de la cueva, trazos de dedos pareados que, para este experto, son "un sistema de comunicación". Balbín considera que ese panel de signos es "muy interesante". En su opinión, son "los sistemas gráficos del Paleolítico Superior" y servían "para contar cosas".

Esta especie de escritura tiene 22.000 años de antigüedad. Sobre todo, aparece en un enorme panel que contiene más de veinte signos pareados, digitaciones, hechos con dos dedos juntos, lo que forma líneas paralelas. La pintura, siempre roja, se aplicó con los dedos y se consiguió con óxidos de hierro mezclados con agua o grasa animal.

LA PÁGINA

Por otro lado, Balbín dice que es muy difícil saber el lapso de tiempo en el que se realizaron esos signos, pero cree que "lo más probable es que se hayan hecho en muy poco tiempo". Son, pues, una especie de página escrita en la pared de la cueva.

Algo así aparece en la Dordoña francesa y en una cueva cántabra, la de La Garma, descubierta en 1995, que data del paleolítico superior. Pablo Arias, asturiano, y catedrático de la Universidad de Cantabria, dirige las investigaciones en ese yacimiento. El asegura que esos trazos hechos con los dedos, de dos en dos, es un fenómeno que "no es frecuente" y sí han aparecido en La Garma, como en La Lloseta.

SIGNOS LOCALES

Este investigador también cree que se trata de "una especie de lenguaje" y apunta que estos signos tienen una característica más "muy interesante", y es que "están muy regionalizados; es decir, que en una zona determinada, situada en un radio de 40 ó 50 kilómetros, los signos son iguales, como si se tratara del "lenguaje de una etnia concreta".

Rodrigo Balbín, jugando con los términos con los que habitualmente se califica a las grutas con pinturas rupestres, asegura que Tito Bustillo es una catedral, pero La Lloseta es "una iglesia importante, más de lo que se creía".

DECENAS DE HUESOS GRABADOS

En La Lloseta han aparecido también muchos trozos de hueso grabados "más de lo que se podría pensar", añade, y puntualiza "más de lo habitual". Hay que tener en cuenta que el trabajo arqueológico supone la investigación del yacimiento mediante catas pequeñas y el 20% del material recogido han sido estos huesos grabados; una proporción mayor que la que se registró en Tito Bustillo.

La Lloseta, ahora estudiada científicamente por primera vez, es especialmente rica en restos arqueológicos: tiene pinturas rupestres, estalactitas decoradas y, como ejemplo de lo fructífera que fue la pasada campaña arqueológica en La Lloseta, recuerda Balbín que, de ella se conocía sólo 4 figuras de animales, mientras que hay muchas más. No concreta pero si avanza que "cerca de un centenar".

En Asturias hay otra cueva, la de Llonín, con digitaciones: signos hechos con los dedos, pero no son trazos pareados; no datan del mismo periodo; y no tienen un significado de comunicación gráfica tan claro.

El hombre de hace 22.000 años habitó en La Lloseta, que tiene una entrada muy grande y que fue excavada por Jordá en 1958. Balbín no cree en las grutas dedicadas a una especie de religión paleolítica, sino más bien en cuevas en las que se vivía, y en las que las paredes se utilizaban para pintar símbolos del grupo o para "contarse cosas".

Todo lo que hasta ahora han descubierto Balbín y su equipo en esta cueva lo publicará en L´Antropologie la revista más antigua y de mayor prestigio en lengua francesa.

CAMPAMENTO PREHISTORICO

La Lloseta está incluida en el Museo Abierto de la Prehistoria de Asturias (MAPA), un proyecto para el que ya hay un principio de acuerdo entre ayuntamiento de Ribadesella y Principado, aunque aún no se ha dado a conocer públicamente. En ese plan, La Lloseta albergará un campamento prehistórico, lo que permitirá al visitante conocer la vida cotidiana en el Paleolítico Superior.

Fuente: Georgina Fernández, La Voz de Asturias, 6 de junio de 2005
Enlace: http://www.lavozdeasturias.com/noticias/noticia.asp?pkid=206139

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RODRIGO DE BALBIN BEHERMANN
Catedrático de Prehistoria
Universidad de Alcalá de Henares

Ribadesella posee en sus proximidades, y en parte dentro casi de su mismo casco urbano, una riqueza que no es frecuente y que destaca el conceyu riosellano de los demás. Esa riqueza es el conjunto de Ardines, donde se encuentra la cueva principal de Tito Bustillo.

No es fácil, ni probablemente necesario, establecer un ranking de cuevas con Arte Paleolítico, pero si me viera obligado a hacerlo, colocaría a Tito Bustillo entre las cinco más importantes del mundo. Esa importancia se debe a la cantidad y calidad de sus representaciones artísticas y a un yacimiento excavado del Paleolítico Superior de gran condición. Pero, además, tenemos alrededor todo un conjunto de cuevas decoradas y habitadas que es muy difícil de encontrar en la época.

El conjunto de Ardines no ha sido valorado suficientemente hasta ahora. Se trata de un grupo al menos de diez cuevas, de las que todas tienen restos de habitación del Paleolítico, y cuatro de ellas arte de la misma época. Nos encontramos, por tanto, frente a un conjunto grande e importante de lugares de vivienda y representación, que no se remiten solamente a Tito Bustillo, el más importante de todos ellos.

Muchas de las cuevas son conocidas desde hace bastante tiempo. La Cuevona, situada sobre Tito Bustillo, fue excavada por primera vez en 1899 por Justo del Castillo y más tarde, en 1912, por Hernández Pacheco. Sobre ella escribirían también Obermaier, el Conde de la Vega del Sella y Jordá. Otras, como La Lloseta, fue excavada por Jordá en los años cincuenta. Fueron trabajos aislados, habitualmente sin continuidad, que hablaban de unas cuevas con yacimiento, pero que no solían relacionar unas con otras ni se proponían la reconstrucción del poblamiento del macizo a lo largo de todo ese tiempo.

Tito Bustillo fue descubierta en 1968 por el grupo espeleológico Torreblanca, del que formaba parte Tito Fernández Bustillo, muerto poco más tarde mientras practicaba la espeleología en otra cueva.

En 1970 se realizaron las primeras excavaciones a cargo de M. A. García Guinea, de la Universidad de Santander, y poco más tarde se haría el túnel de entrada que hoy permite el acceso a la cueva, sin respetar su medio ambiente ni sus condiciones originarias.

A partir de 1972 comenzó a excavar en la cueva A. Moure Romanillo, de la Universidad de Santander, y desde 1974 comenzaron los estudios sistemáticos de arte, dirigidos por el mismo A. Moure y por mí mismo. Esos trabajos se desarrollaron hasta la década de los ochenta, y en ese momento se produjo una excavación bajo el Panel Principal a cargo de A. Moure y M. González Morales. En el año 90 yo mismo hice una pequeña campaña de fotografía, y después los trabajos se vieron interrumpidos por diversos motivos, entre otros la carencia de subvención, hasta que han sido reanudados en el mes de mayo de 1999 bajo mi dirección.

Lo que conocimos desde el principio fue publicado en diversos artículos que constan en la lista final, hasta dar una idea completa de la cueva, a la espera de la publicación final, que requería todavía de varias campañas sobre el terreno. Eso fue lo que intentamos el año pasado, pero el éxito obtenido, muy superior a lo que esperábamos, nos hizo, en primer lugar, proseguir los trabajos de documentación de esta cueva y en las circundantes, y en segundo lugar, cambiar nuestra idea sobre el conjunto de Ardines, no solamente en cronología y abundancia de representaciones, sino también en la valoración cultural del mismo.

Tito Bustillo tiene XI conjuntos grabados y pintados, que se desarrollan a lo largo de más de 800 m en una cueva que pudo estar decorada en su práctica totalidad. Los autores entrarían por el lado contrario al de hoy, por la entrada que mira hacia el pueblo de Ardines y hacia la hondonada donde el río San Miguel entra en la roca para formar las cuevas sucesivas del macizo. Allí hay una caída de rocas que taponó un acceso más bien estrecho de golpe, matando en la caída a uno de los ocupantes que allí yace tumbado. Hacia fuera y hacia dentro de esa entrada antigua viviría el grupo de Tito Bustillo, que además decoraría profusamente su lugar de vivienda, con grabados y pinturas que vamos conociendo ahora. Allí se desarrolló la excavación que nos dio a conocer piezas de sílex y objetos de hueso, esculturinas, agujas de coser, espátulas, azagayas y arpones.

Más al interior aparecen grandes bloques caídos del techo, quizás en el mismo momento en que cayeron los de La Cuevona, y que fueron aprovechados por los habitantes paleolíticos para hacer sus propias casas entre ellos, pintando y grabando sus superficies por fuera y por dentro hasta grandes alturas. Sería un espacio impresionante, lleno de color, que bien iluminado chocaría vivamente a todo el que lo viera. Mucho se pintó, tanto, que hay una superficie donde se preparaba el colorante para pintar, y un sitio donde se machacaba el rojo en la oquedad de una estalagmita.

Hacia el interior hay espacios más y menos importantes; el más importante de todos es la Galería Principal, donde se suceden figuras de gran tamaño de renos y caballos sobre un fondo de grandes figuras rojas de mayor antigüedad y donde se incluyen formas femeninas humanas de gran tamaño. Grabados y pinturas se superponen unas a otras a lo largo de más de diez mil años, desde el 22000 hasta el 10000 antes de Cristo, indicándonos las preferencias del grupo a lo largo de tanto tiempo. Hay otros dos paneles en la Galería Principal, con figuras de menor tamaño, pintadas y grabadas como las más grandes a partir de todas las técnicas usadas en el Paleolítico. Fue el sitio donde con más fuerza se emplearon los artistas, sin duda el más importante para ellos y para el sentido de sus representaciones.

Las figuras se suceden a lo largo de la cueva, a los lados, en galerías laterales, como el conjunto VIII que llamamos Galería de los Caballos , donde se grabaron algunos de los más bellos de todo el Paleolítico, aprovechando los resaltes naturales de la pared. En el conjunto VII encontramos una de las pocas figuras de cetáceo que conocemos en el Arte Paleolítico, grabada sobre la pared en un trazo muy superficial raspado y acompañada de cabras y bisontes.

Según vamos llegando al final de la cueva, aquél por el que ahora entran los turistas, las figuras son más raras, pero ante nuestra sorpresa, y al ascender por una galería lateral, nos encontramos con la presencia de la única cámara dedicada a la figura y al sexo femenino conocida en el Paleolítico. Son figuras de mujer de perfil, que tiene pintado el sexo de frente, y aprovechan en ocasiones los resaltes de la pared para conformar los perfiles femeninos. Son de buen tamaño, superiores al metro de altura, y se parecen mucho a las que están en la capa inferior de la Galería Principal, marcando el estilo de las épocas más antiguas de aquél.

Hay figuras femeninas en todo el Arte Paleolítico, pero no hay espacios dedicados exclusivamente a su representación sexual. Hay figuras masculinas en el Arte Paleolítico, siempre más difíciles de distinguir, pero no se conocen espacios dedicados exclusivamente a su representación sexual. Esto es así, salvo en el macizo de Ardines. No sólo tenemos el Camarín de las Vulvas de Tito Bustillo, sino tres espacios dentro de la cueva de La Lloseta, dedicados al sexo masculino.

La Lloseta es otra de las cuevas importantes de Ribadesella. Su boca está a pocas decenas de metros de la antigua de Tito Bustillo, en un nivel algo superior que mantiene hasta pasar por encima de la Galería Larga de ésta, con la que se comunica. Hace 12.000 años ambas formarían parte del mismo espacio, y estarían transitadas por las mismas gentes. Una posee espacios netamente femeninos y otra espacios netamente masculinos, con una claridad que no admite lugar a dudas. Nos encontramos con sitios muy especiales dentro del Arte Paleolítico, únicos podríamos decir, donde no solamente se producen figuras animales de una calidad extraordinaria, sino también referencias humanas únicas.

Restos de arte nos quedan también, muy perdidos, en La Cuevona y mejor conservados en Les Pedroses, donde a las figuras ya conocidas de animales se unen la de un gran personaje disfrazado con la piel de un bisonte o toro y un gran ciervo de cuernos palmeados. Restos perdidos hay también en El Cierro, y confiamos en encontrar alguna cosa más dentro de los trabajos que seguimos llevando a cabo.

El conjunto de Ardines no son un grupo de cuevas aisladas donde ocasionalmente vivieran familias paleolíticas, sino un espacio único habitado durante más de diez mil años en el Paleolítico Superior, pero durante otros tantos en el Paleolítico Medio anterior, y durante algunos miles más al terminar el Paleolítico y llegar la bonanza actual a partir del 8.000 antes de Cristo. Se trata de un lugar que nosotros llamamos de agregación, de un centro de referencia y reunión de los grupos sociales que lo habitaron, en diez cuevas al menos y al mismo tiempo. Es un sitio de poblamiento, relativamente estable, con habitaciones próximas desde el exterior y más próximas desde un interior por el que muy frecuentemente se podrían comunicar entre sí. Dentro de Ardines la cueva de Tito Bustillo es la más importante y mejor decorada a lo largo de todo el tiempo y la que probablemente daría cobijo a más personas y a más reuniones, en un espacio múltiple de vivienda, relación, reunión y actividades artísticas y sociales.

Ahora vemos Tito Bustillo de otra manera, engarzado en las otras cuevas y formando parte de un todo que es el importante, y el que queremos valorar con nuestros trabajos.

Tenemos una tarea por delante, que consiste en conservar y valorar un conjunto que nunca ha sido convenientemente tratado. Nos proponemos adaptar para la visita muchos sitios de Ardines que nunca fueron visitados y que pueden darnos una idea mucho más completa de la realidad del Paleolítico. Hemos hecho una muestra para el público en La Cuevona, que incluye un audiovisual de acercamiento a las realizaciones artísticas y al mundo paleolítico. La colaboración entre el Ayuntamiento de Ribadesella y el Gobierno del Principado ha dado lugar a la ampliación del Aula Didáctica de entrada de Tito Bustillo y al perfeccionamiento y adaptación de la misma, con nuevos elementos que se incorporarán, como audiovisuales, exposiciones, talleres, tiendas y salas de reunión.

Queremos valorar el macizo de Ardines y darlo a conocer a propios, extraños, asturianos y no asturianos. Queremos que las maravillas de Tito Bustillo y las demás cuevas se acerquen a la gente, para que puedan llegar a apreciarlas y amarlas como se merecen. Se trata, sin duda, del conjunto artístico más importante de Asturias y de uno de los más importantes del mundo. La casualidad nos ha permitido conocer las obras de arte de nuestros antepasados de hace 12000 años. Vamos a aprovecharla para conocernos mejor a nosotros mismos y para amar nuestra tierra y nuestro pasado.

Madrid, año 2000.

Bibliografía fundamental

BALBIN, R. de; MOURE, A.: «Pinturas y grabados de la cueva de Tito Bustillo (Asturias): el Conjunto I». Trab. De Prehistoria, 37, 1980, pp. 365-382.
—: «Las pinturas y grabados de la cueva de Tito Bustillo. El sector oriental ». Studia Archaeologi ca, 66, Valladolid, 1981.
—: «La Galería de los Caballos de la cueva de Tito Bustillo ». Altamira Symposi um, 1981, pp. 85-117.
—: «Plan de investigación en la cueva de Tito Bustillo ». Revista de Arqueolog ía, 15, 1982, pp. 36-45.
—: «La galería principal de la cueva de Tito Bustillo ». Ars Praehistori ca, I, 1983, pp. 47-97.
—: «Las superposiciones en el panel principal de la cueva de Tito Bustill o». Homenaje a D. M. Almag ro, t. I, 1983, pp. 287-299.
BALBIN, R. de: «L’art de la Grotte de Tito Bustillo (Ribadesella, Espagne). Une vision de synthèse ». L’Anthropolog ie, t. 93, nº 2, 1989, pp. 435-462.
MOURE, A .: La Cueva de Tito Bustillo. El Arte y los Cazadores del Paleolítico. Ediciones Trea, S. L., 1992.

NOTA

(*) En el mes de septiembre del año 2001, el equipo de investigación que dirige Rodrigo de Balbín dio a conocer un nuevo descubrimiento, de extraordinaria importancia científica, en la cueva de Tito Bustillo, sin duda uno de los grandes santuarios mundiales del arte paleolítico y un vivero inagotable para el conocimiento de la Prehistoria: dos pinturas antropomórficas y cinco diminutas tallas de caballo y de ciervas sobre huesos de equinos.

Las figuras humanas, que De Balbín —cuyo equipo halló por las mismas fechas otras dos grutas con pinturas paleolíticas en el macizo de Ardines: Pandu y Cueto— calificó de excepcionales, miden unos 30 centímetros y están trazadas en rojo muy intenso. Son las siluetas alargadas de dos varones, uno de ellos con el sexo claramente diferenciado. Estas pinturas translúcidas fueron descubiertas en una sala anexa a la galería principal, en una zona de muy complicado acceso. La relevancia del hallazgo es debida a la singularidad de las pinturas y a la escasez de figuras humanas en el arte parietal. Hasta ahora en Tito Bustillo sólo se conocía otra pintura antropomórfica.

Las tallas, halladas en la galería principal de la gran gruta riosellana, fueron hechas, según De Balbín, por artistas del Magdaleniense (periodo prehistórico de fines del Paleolítico superior) sobre huesos de hioides de caballo, todavía más finos que una uña humana.

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De momento, a falta de réplicas y de museo, el visitante se ha de sujetar a los horarios que figuran a continuación. Se recomienda que tramite su entrada previamente.

Visitas: Abierto desde el 1 de Abril hasta el 8 de Septiembre.
Cerrado: Lunes y Martes.
Entrada gratuita: Miércoles.
De Miércoles a Domingo el horario de taquilla es de 10:00 a 16:30 horas. Pases a la cueva cada 25 minutos, desde las 10:25 hasta las 16: 15 (último Pase).
La visita está limitada a un máximo de 360 personas por día, 24 por pase. Las visitas son guiadas, en castellano, y tienen una duración aproximada de 60 minutos, para un recorrido de unos 1.800 metros. Temperatura de 12,5 grados y humedad relativa del 98%.Se aconseja la utilización de vestuario y calzado para un terreno húmedo.
Información: (+34) 985 86 11 20
www.ribadesella.com

Venta de entradas on line, reservas

Solicitud de reserva

Teléfono: 902 190 508.
Tarifas: Adultos( a partir 13 años): 3,00 €
Niños de 7 a 12 años y mayores de 65 años: 1,00 €
Carnet Joven y estudiante internacional: 1,50 €
Los Miércoles día de visita gratuita es imprescindible la reserva previa para acceder a la Cueva.

La Cuevona de Ardines

Situada al lado de la Cueva de “Tito Bustillo”
Abierta todo el año de Miércoles a Domingo.
Horario: Del 1 de Octubre al 31 de Mayo, pases cada 30 minutos desde las 10,20 a las 15,50 horas( último pase)
Del 1 de Junio al 30 de Septiembre, pases cada 30 minutos desde las 10,20 horas hasta las 16,50 horas(último pase)
La visita tiene una duración de 30 minutos. La visita es gratuita, pero es necesario retirar la entrada para acceder a la misma. En el interior de la Cuevona se proyecta un audiovisual con referencias al arte paleolítico.

Aula didáctica de Tito Bustillo

Situada al lado de la Cueva de Tito Bustillo y de la Cuevona de Ardines.
Teléfono: 985861118
Abierta todo el año de miércoles a domingo.
Horario: Del 1 de Octubre al 31 de Mayo, de 10,00 horas a 16,15 horas ininterrumpidamente.
Del 1 de Junio al 30 de Septiembre de 10,00 horas a 17,00 horas ininterrumpidamente.
Visita gratuita.


El primer mapa de Asturias fue dibujado en la cueva de Tito Bustillo hace más de 10.000 años

Mapa Asturias Cueva Tito Bustillo Ribadesella

Fue hallado en 1968 por un espeleólogo aficionado de Oviedo, pero hasta ahora no se había certificado su autenticidad La Universidad de Granada confirma que se trata de una «imagen cartográfica» de la ría de Ribadesella.

Cueva Tito Bustillo Ribadesella Asturias 1

Jesús Manuel Fernández Malvárez tenía sólo 17 años cuando en la primavera de 1968 se desplazó, junto a otros espeleólogos del grupo Torreblanca de Oviedo, hasta la cueva de Ardines (Ribadesella), conocida posteriormente como Tito Bustillo. La exploración de la gruta no era del todo casual pues se tenía constancia de que en torno al macizo de Ardines se encontraba uno de los complejos prehistóricos más importantes del norte de la Península, aunque sí fue inesperado lo que aquellos jóvenes descubrieron.

Cueva Tito Bustillo Ribadesella Asturias 2

Era, concretamente, el 11 de abril de aquel año de 1968 cuando uno de los diez miembros del grupo, Adolfo Inda Sanjuán, se quedó estupefacto al ver toda una serie de pinturas rupestres adornando una de las paredes de la cueva -en el lugar hoy conocido como Camarín de las Vulvas- que, a juicio de los expertos, se encuentra entre las cinco primeras grutas del arte paleolítico, la mejor decorada a lo largo del tiempo (entre los años 10.000 y 22.000 a. C) y uno de los espacios prehistóricos más importantes que han llegado hasta nuestros días.

Allí no sólo se constata su uso como un espacio múltiple de vivienda, reunión y actividades artísticas y sociales sino que, además, alberga la única cámara del Paleolítico dedicada a la figura y al sexo femenino.

VulvaTitoBustillo

Fernández Malvárez volvió a visitar la cueva dos meses después y fue, entonces, cuando le pareció ver una especie de mapa en el fondo de la misma. El elemento central de la imagen era, y es, un detalle planimétrico compuesto por dos líneas discontinuas que discurren casi paralelas desde la parte inferior de la roca al borde superior de la misma. A uno y otro lado de las dos líneas figuran grupos de manchas sensiblemente rectangulares, todas, de un característico tinte rojizo.

Cueva Tito Bustillo Ribadesella Asturias 3

Aquella intuición, a la que nadie ha hecho caso durante estos 38 años, ha tenido no obstante su recompensa. Con una perseverancia digna de elogio, Jesús Manuel Fernández ha estado durante décadas tratando de descifrar el significado de aquel dibujo, en apariencia sin sentido, y hace unos meses se puso en contacto con Mario Ruiz Morales, ingeniero geógrafo del Estado y profesor de la Universidad de Granada que en un trabajo de investigación aún inédito afirma que, efectivamente, Fernández Malvárez tenía razón y que «se trata de una imagen cartográfica centrada en la ría de Ribadesella, un mapa prehistórico sobresaliente que puede encabezar la cronología de esa disciplina».

Según el profesor Ruiz Morales, hasta ahora sólo se tenía constancia de dos planos rupestres en España, uno en la cueva de la Pileta en Málaga y otro en Peñasordo (Badajoz), pero ninguno en la cornisa cantábrica pese a su gran riqueza en arte prehistórico. El de la cueva de Tito Bustillo tiene, no obstante, algunas particularidades pues aunque todos los mapas rupestres tienen un carácter eminentemente localista y representan aspectos relacionados con la subsistencia y detalles de su entorno más inmediato, el de Ribadesella también lo hace del entorno circundante.

Cueva Tito Bustillo Ribadesella Asturias 4

«La genial intuición de Fernández Malvárez -afirma Mario Ruiz- que tenía entonces sólo 17 años, ha tomado carta de naturaleza cuando al estudiar y comparar el Mapa Topográfico Nacional con la representación prehistórica de Ribadesella, vemos en ella una imagen cartográfica y minimalista de su ría y alrededores».

Mario Ruiz señala, en concreto, que las dos líneas verticales que corren casi en paralelo vienen a coincidir con la ría. Por las dos señales enfrentadas cabe suponer la existencia de un vado similar al que enlaza en la actualidad Llovio y Junco e igual de probable es que los grupos de manchas aisladas representaran -tal y como se puede comprobar hoy día- los emplazamientos de otras cuevas en las que el autor de aquel primitivo plano señalaba otros posibles lugares donde guarecerse o habitados por otros clanes. Tampoco parece casual la irrupción de las líneas en la parte superior de la roca, que bien pudo haber sido concebida como la imagen del litoral en el que desembocaba la ría por la que faenaban y de la que obtenían algunos de sus más primarios alimentos para subsistir.

Cueva Tito Bustillo Ribadesella Asturias 5

El profesor Ruiz Morales considera que éste mapa «debería ser catalogado entre uno de los más antiguos de los que se conocen en la cronología cartográfica» y alaba la perseverancia del descubridor de este «tesoro», que pese al «desprecio de ciertos círculos restringidos, con pocos elementos de juicio» merece el «reconocimiento de la comunidad científica».

Fuente: VICTORIA FERNÁNDEZ / El Comercio Digital, 14 de diciembre de 2006
Enlace: http://www.elcomerciodigital.com/prensa/20061214/
portada/primer-mapa-asturias-dibujado_20061214.html

«El mapa de Tito Bustillo es el más antiguo de la Humanidad»

MARIO RUIZ MORALES PROFESOR DE CARTOGRAFÍA Y TOPOGRAFÍA EN LA UNIVERSIDAD DE GRANADA

El ingeniero y especialista en topografía confirma que el hallazgo asturiano es «una imagen cartográfica y minimalista» del entorno de Ribadesella.

El año en el que el riosellano Jesús Manuel Fernández Malvárez se adentraba en la oscura sima y hallaba el mapa, Mario Ruiz Morales comenzaba su andadura profesional como perito topógrafo en Granada. Treinta y ocho años después el destino del profesor granadino ha quedado unido, por obra y gracia de un mapa prehistórico, al de aquel, por entonces joven asturiano, que formó parte del grupo Torreblanca, descubridor de la cueva de Tito Bustillo. Todo empieza hace diez días cuando Mario recibe una llamada desde Asturias...

Cueva Tito Bustillo Ribadesella Asturias 6

-¿Qué le cuenta Jesús Manuel Fernández Malvárez la primera vez que se pone en contacto con usted?

-Me dice que había leído en internet una publicación mía, ’Ensayo histórico de cartografía urbana’ en la que defendía la cartografía prehistórica. En ese trabajo argumentaba que era muy posible que en las cuevas del Norte hubiese mapas de ese período. Me asegura entonces que él tiene uno, desde hace 38 años. ¿y quién es usted, le pregunto? ’Soy uno de los descubridores de la cueva de Tito Bustillo’, contesta. ’Como era de Ribadesella volví a la cueva y me encontré con ese mapa que llamó mi atención’.

-¿Le cree?

-De mano, ni le creo ni le dejo de creer. Le pido que me lo mande y me llega poco después una imagen por correo electrónico.

-¿Usted conocía la cueva de Tito Bustillo?

-Sí, había pasado por allí, en 1976, de vacaciones con la familia, no en viaje de trabajo. Mi mujer es de Grado y conozco bien la zona, en aquellos tiempos veraneaba en Gijón. Por supuesto, cuando fui no vi ni mapas, ni nada parecido. Simplemente contemplé lo que puede ver todo el mundo. Exactamente igual que cualquier turista.

-¿Cuándo se da cuenta de que está ante un descubrimiento histórico?

-Nada más verlo me llamó la atención. Estudié la zona de Ribadesella con el Mapa Topográfico Nacional y observé que el litoral descrito en el mapa es muy parecido. Examiné donde están todas las cuevas de la zona y se correspondían con las que aparecen en el mapa, que es una imagen cartográfica y minimalista del entorno de la zona. En esta ciencia las casualidades no existen.

-¿Cómo se entiende, entonces, que durante 38 años estuviese escondido en un cajón?

-Estas cosas por desgracia pasan. Aquí destacaría una doble vertiente, por un lado, Jesús Manuel no tenía una posición académica para ser oído. Esto ocurre muchas veces, y, por otro, hay muy poca gente con conocimientos de cartografía prehistórica en España. No es una ciencia que tenga muchos seguidores. Me imagino que durante mucho tiempo estaría perdido sin saber a quién recurrir.

-Si Jesús Manuel no le conoce se hubiese perdido uno de los hallazgos prehistóricos más importantes.

-No lo creo, porque alguien le hubiese certificado que ese mapa tiene un gran valor. Jesús Manuel tiene un tesón increíble. En toda esta historia me alegro sobre todo por él. Se lo merece por su perseverancia e intuición. Yo soy un simple divulgador. En este caso actúe casi de periodista. Necesitaba que alguien le diese voz en el mundo académico y por eso contacta conmigo. Nada más.

-¿Qué valor le otorga al hallazgo?

-Muchísimo. Podríamos decir que Asturias contó con el cartógrafo más antiguo de la Humanidad. Si tenemos en cuenta la época de las pinturas, que datan de entre 10.000 a 22.000 años, el mapa sería el más antiguo descubierto hasta ahora.

-El hallazgo de Tito Bustillo, ¿vino a confirmar unas sospechas que usted tenía desde hacía bastantes años?

-Sí. Estaba convencido de que en las cuevas del norte tendrían que aparecer planos rupestres prehistóricos. Hasta ahora, de esa época, sólo se tenía constancia de uno en la cueva de la Pileta en Málaga y otro en Peñasorio (Badajoz). Hay una particularidad entre éstos y el de Tito Bustillo. Los del sur tienen un carácter eminentemente localista y representan aspectos relacionados con la subsistencia y detalles de su entorno más inmediato. El de Ribadesella también lo hace del entorno circundante.

-¿Qué aporta el descubrimiento desde el punto de vista científico?

-Aporta muchísimo. Hasta ahora los mapas rupestres, una de las expresiones del arte prehistórico, eran muy poco conocidos. Sólo hay constancia de este tipo de dibujos en algunas cuevas de España. En el mundo, el más antiguo del que se tenía constancia data de hace 8.000 años y fue descubierto, en 1963, por un escocés en la provincia de Konya, al oeste de Turquía. Espero que a partir de ahora en las exploraciones arqueológicas prime también la componente cartográfica. Hace 18.000 años el hombre podía hacer mapas, igual que, más recientemente, los babiloneos predecían eclipses o los egipcios construyeron con cálculos increíbles las pirámides, aunque muchos con pocos elementos de juicio se encarguen de despreciar lo que ignoran.

Fuente: MIGUEL MORÁN / El Comercio Digital.com, 15 de diciembre de 2006
Enlace: http://www.elcomerciodigital.com/prensa/20061215
/sociedad/mapa-tito-bustillo-antiguo_20061215.html

Más Información: TITO BUSTILLO


El director de la cueva Tito Bustillo cree que el mapa es un plano de su interior

«Los signos en la piedra no reflejan ningún mapa del exterior de la cueva, nosotros lo consideramos como un plano del interior» señala Rodrigo de Balbín, catedrático de Prehistoria y director de las excavaciones arqueológicas que se realizan en el interior de Tito Bustillo.

«Estos signos que se repiten no reflejan nada de la zona de la ría del Sella», añadió. Para el investigador de la cueva riosellana desde hace ocho años, «el profesor de la Universidad de Granada muestra un desconocimiento total de la Historia. Los primeros mapas de los que se tienen constancia son de la época helénica y datan del 3.000 antes de Cristo».

Por último, dijo que no le consta «la existencia de ningún mapa en todo el Paleolítico». Las últimas excavaciones en la cueva sacaron a la luz una veintena de objetos decorados que podrían pertenecer a la cultura del Magdaleniense, que data probablemente del 12.000 al 13.000 antes de Cristo.

Fuente: MIGUEL MORÁN, Gijón / El Comercio Digital, 16 de diciembre de 2006
Enlace: http://www.elcomerciodigital.com/prensa/
20061216/sociedad/director-cueva-cree-mapa_20061216.html


Arsuaga sostiene que hace 10.000 años se podían usar mapas como el de Tito Bustillo

Los arqueólogos, expectantes ante la confirmación de la Universidad de Granada de que el primer mapa conocido se dibujó en Tito Bustillo hace más de 10.000 años.

La biología del ’homo sapiens’ es exactamente la misma que la del hombre actual. No eran neandertales, con lo cual podían desarrollar una elevada capacidad mental». Juan Luis Arsuaga, codirector de Atapuerca y uno de los mayores expertos en el Paleolítico Superior de España, tiene claro que hace más de 10.000 años el hombre podía utilizar mapas como el hallado en Tito Bustillo. El paleontólogo madrileño explica que «no todo el arte desarrollado por el ’homo sapiens’ es naturalista, hay muchos signos que son de difícil interpretación». En esos signos de difícil interpretación está precisamente el mapa asturiano, sobre el que Arsuaga no quiere pronunciarse hasta que no tenga «un conocimiento en profundidad del tema».

Su cautela es compartida por el resto de expertos consultados por EL COMERCIO, que se muestran igualmente expectantes ante un hallazgo que «puede cambiar la historia». Lo dice Francisco Cuesta, arqueólogo del Ayuntamiento de Avilés. Él advierte que «todos estos descubrimientos hay que tomarlos con la lógica prudencia, aunque si se confirmase sería un hecho excepcional». El arqueólogo asturiano señala que «la representación de conceptos abstractos sobre un plano son habilidades muy avanzadas», aunque -añade- «la especie que vivía en Ribadesella en esa época (hace más de 10.000 años) podía ser el hombre de Cromañon, y si viésemos uno vestido de traje por la calle Corrida no lo diferenciaríamos en nada del actual». El arqueólogo no valora los signos que aparecen en la roca, pero muestra sus dudas en la similitud del perfil de la piedra con la geografía de la costa riosellana. «En esa época la Tierra estaba en plena glaciación. La línea de costa puede que no correspondiese a la actual. En aquella época el cascote polar llegaba hasta Inglaterra. Todo el hielo fundido ha aumentado el nivel del mar una barbaridad, por eso no creo que la costa presentase el mismo relieve», dice.

Por su parte, la directora de las excavaciones de Veranes, Carmen Fernández Ochoa, cree que el hecho de que «ese mapa esté en una piedra dentro de Tito Bustillo es una garantía de verosimilitud muy coherente y razonable, ya que no había entrado nadie. Con esto se garantiza que aquí no ocurrió lo de muchas cuevas en la que aparecieron muchas pinturas falsas. Y concluye que «si se esos signos en la roca se interpretasen como un mapa sería un acontecimiento trascendental».

Marco de la Rasilla, profesor titular de Prehistoria de la Universidad de Oviedo e investigador de la cueva del Sidrón, también tiene dudas. A su juicio, «hasta lo que yo sé, por lo que ve en las cuevas, el hombre en esa época sólo pintaba».

Fuente: MIGUEL MORÁN, Gijón / El Comercio Digital, 16 de diciembre de 2006
Enlace: http://www.elcomerciodigital.com/prensa/20061216
/portada/arsuaga-sostiene-hace-anos_20061216.html


17 de diciembre de 2006

El mapa más antiguo

EL mapa descubierto en la primavera de 1968 por Jesús Manuel Fernández Malvárez, espeleólogo riosellano que formaba parte del grupo Torreblanca, grabado en piedra a la entrada de la cueva de Tito Bustillo, adquiere ahora una gran repercusión pública por el aval académico dado por el profesor de Cartografía y Topografía de la Universidad de Granada, Mario Ruiz Morales, una de las pocas autoridades que hay en España en cartografía prehistórica.

La importancia del mapa en el que se traza la desembocadura del Sella, con la ubicación de las cuevas o zonas de abrigo, procede de ser el más antiguo de la Humanidad, de confirmarse definitivamente su pertenencia al periodo Magdaleniense del Paleolítico Superior. Hasta ahora, el mapa más remoto del que hay constancia data de hace 8.000 años y proviene de la provincia de Konya, en Turquía. En el caso del mapa de la cueva de Tito Bustillo llama la atención la precisión del primer cartógrafo del que tenemos constancia, al ubicar correctamente las cuevas de la zona (La Cuevona, Cueva Rosa, Cueva de San Antonio, Pedral de Arra, el Cobayu, Tinganón).

El descubrimiento de la primitiva cartografía se produce en una comarca completamente singular desde el punto de vista de la riqueza parietal. La cueva de Tito Bustillo es una de las cinco grandes 'catedrales' del Paleolítico Superior, el periodo más rico en arte rupestre. Junto a los santuarios rupestres de Francia e Italia, la cornisa Cantábrica contiene más de cien estaciones de arte parietal, treinta y ocho de las cuales se encuentran en Asturias. Las huellas rupestres de la cornisa Cantábrica abarcan una cronología que va desde el periodo Gravetiense hasta el final del Magdaleniense; de este último periodo hay especial constancia en el oriente asturiano (El Pindal, Covaciella, Tito Bustillo, el Buxu, Llonín, La Loja) hasta extenderse al occidente regional con la cueva de San Román de Candamo.

El mapa de Tito Bustillo, un trabajo de utilidad para los moradores del Paleolítico, puede ponerse en relación con otros vestigios de aquella época encontrados en el entorno de este santuario, como los trazos de dedos pareados de la gruta de la Lloseta, que representan un sistema rudimentario de comunicación sobre la base de signos gráficos. Este fenómeno ya se ha registrado también en algunas cuevas cántabras y francesas, mientras que otros signos hechos con dedos, como los encontrados en Llonín, pueden no compartir el mismo significado. En cualquier caso, la calidad de los once conjuntos grabados de la cueva de Tito Bustillo, el mapa de la entrada de la cueva y los trazos de comunicación de La Lloseta son unos vestigios valiosísimos de la cultura de nuestros ancestros del Paleolítico Superior.

La riqueza arqueológica asturiana es muy difícil de acotar, porque estamos sujetos a continuos descubrimientos. Los hallazgos no son, en ocasiones, fruto del trabajo científico, sino del azar, como ocurrió en el año 1994 con las impresionantes pinturas de la cueva de Covaciella, en Cabrales, que quedaron al descubierto tras las voladuras realizadas para construir la carretera. En otras ocasiones, la novedad procede de conjuntos que se llevan años estudiando, como las dos pinturas antropomórficas halladas en la cueva de Tito Bustillo, en el año 2001, en una sala anexa a la galería principal, que tienen un gran interés por la rareza que supone en el arte parietal la representación de la figura humana. Entre estos dos descubrimientos, los bisontes grabados en Covaciella y las pinturas antropomórficas encontradas en Tito Bustillo, llegó el descubrimiento de restos humanos en la cueva de Sidrón (año 2000), que suponen un cambio en el conocimiento del Paleolítico, porque demuestra que los neandertales convivieron con el Homo Sapiens durante este periodo en la cornisa cantábrica. Sólo tres años anteshabían aparecido, en Valdés, utensilios de moradores de hace 300.000 años, en el límite de la aparición del hombre de Neandertal.

La riqueza de los yacimientos paleolíticos asturianos no es bien conocida por el público. Quizás la tardanza en aprobar la Ley de Patrimonio Cultural del Principado haya impedido gestionar adecuadamente estos bienes, lo que ha redundado en una ausencia de apoyo a la investigación y, lo que es más grave, en una falta de protección. Estas carencias no son, por desgracia, sólo aplicables a los yacimientos paleolíticos, como lo prueba el hecho de que los cientos de castros levantados en la Edad de Hierro han sufrido todo tipo de agresiones, empezando por la actividad de las canteras, como ocurrió con el castro de Llagú, en Oviedo. Lo primero que hay que pedir a la Administración es una labor de vigilancia y preservación. Curiosamente, el reconocimiento de un estatus cultural para un yacimiento arqueológico es, a veces, el principio de su deterioro, como ocurrió con las pinturas rupestres de San Román de Candamo, antes de que se restringiera el acceso del público.

La vigilancia debe ir acompañada de un diligente servicio de atención y guía al público. Todavía, hoy, para visitar algunas de las más relevantes muestras de arte parietal hay que llamar al teléfono móvil de la guardesa de turno para poder acceder a la cueva. El arte parietal asturiano conforma uno de los tres o cuatro pilares principales del patrimonio cultural de la región; la preservación y el apoyo a la investigación resultan indiscutibles, como la exposición de esa riqueza al público, porque constituye uno de los argumentos del turismo cultural. El conocimiento de la imagen cartográfica y minimalista del entorno de la desembocadura del Sella, primer mapa de la Humanidad, puede ser un buen motivo para valorar nuestras más antiguas raíces.

Fuente: El Correo Digital, 17 de diciembre de 2006
Enlace: http://www.elcomerciodigital.com/prensa/
20061217/opinioneditorial/mapa-antiguo_20061217.html

Asturias. El Chao Samartín reúne la mayor colección de cerámica romana del norte de España

Asturias. El Chao Samartín reúne la mayor colección de cerámica romana del norte de España

Foto: Decoración de una de las cerámicas.

Un centenar de las más de mil piezas procedentes del yacimiento formará parte de una exposición que se inaugurará en julio en Gijón.

El conjunto de cerámica romana que el Chao Samartín (Grandas de Salime) está ofreciendo a los investigadores que se ocupan de desentrañar su historia se sale de lo habitual. Durante diez años de excavación se han reunido varios miles de piezas y fragmentos procedentes de distintas épocas, entre las que destaca el conjunto de cerámica de «Terra sigillata». Se denominan así a las cerámicas de época romana bañadas de barniz rojizo, utilizadas como vajillas de mesa. La colección que se ha conseguido exhumar en el Chao Samartín ronda las 1.300 piezas, entre fragmentos y utensilios completos.

Es la mayor colección por número y variedad de las localizada en yacimientos castreños del norte de España. Los detalles, la tipología, la procedencia y todo lo relacionado con este importante hallazgo formará parte del libro que preparan los arqueólogos Estefanía Sánchez Hidalgo y Alfonso Menéndez Granda, ambos integrantes del equipo de excavaciones arqueológicas de la cuenca del Navia que dirige Angel Villa. La publicación estará en la calle en octubre, pero antes, un centenar de cerámicas formarán parte de una exposición que se inaugura en julio en el Parque Arqueológico de la Campa de Torres, en Gijón. Ambas iniciativas cuentan con el apoyo de la Fundación Municipal de Cultura de Gijón y la Consejería de Cultura.

A juicio de Alfonso Menéndez, el volumen de «Terra sigillata» del castro de Grandas, donde se ha excavado sólo una cuarta parte de su superficie, sorprende sobre todo si se establecen comparaciones con otros yacimientos. Es el caso del castro de Llagú, que con una superficie excavada que triplica la del Chao solamente ha aportado 150 vasijas de «Terra sigillata», lo que da una idea de la importancia del material grandalés.

Los arqueólogos fundamentan la abundancia de piezas en dos hechos: el poblado fue abandonado a mediados del siglo II tras sufrir un movimiento sísmico que obligó a huir a sus habitantes abandonando sus pertenencias, que se localizaron siglos después casi intactas. Otra de las razones está vinculada al asentamiento del Ejército romano, que habría supuesto una fuerte demanda de piezas para abastecer a la población. Alfonso Menéndez destaca asimismo que en el siglo I, el Chao era el núcleo administrativo de la zona, donde se asentaban los dirigentes que controlaban el mercado del oro. En resumen, se trataba de una zona rica, con un mercado establecido que recibía materiales de distintos lugares de la Península.

Hasta Grandas de Salime llegó cerámica desde distintos lugares. Se cuenta con una amplia representación de vajillas de origen sudgálico (sur de Francia) e hispano. Las piezas más habituales son platos, cuencos, tazas, jarras y vasos, pero también hay cantimploras y tinteros. Se da la circunstancia de que un tintero fue localizado en la casa donde se cree que residió la autoridad del poblado, lo que lleva a pensar que ya entonces podían utilizar tinta.

En el Chao se han contabilizado piezas con sellos de alfarero en número abundante, pero entre las llegadas de la Península abundan las de alfares de la zona riojana de Tricio. La sigillata era en época del Imperio romano un producto internacional que encontró en el castro de Grandas, entonces la capital de la zona, un centro de distribución para otros lugares durante los siglos I y II.

En la producción que se conserva, los arqueólogos destacan un cuenco grande totalmente decorado con escenas romanas, entre las que llama la atención la figura del dios egipcio Anubis. Otras piezas de interés son algunas jarras que no cuentan con paralelo y sellos de alfarero muy habituales en otros yacimientos, pero algunos del Chao, claramente de Tricio, no habían sido identificados con anterioridad.

Fuente: La Nueva España, 4 de junio de 2005
Enlace: http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pIdNoticia=297214&pIdSeccion=46&pNumEjemplar=929

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El Chao Samartín fue hace 3.000 años residencia de un grupo privilegiado

Todo parece apoyar que la fundación del Chao Samartín en Grandas de Salime se produjo a finales de la Edad del Bronce. Los últimos análisis confirman que entre los siglos IX y VIII, era un asentamiento fortificado con una gran cabaña central con capacidad para albergar un núcleo social privilegiado. Esa misma antigüedad es la que se establece para el cráneo hallado a la entrada del poblado. Estas fechas también han sido probadas en los castros de San Chuis y Os Castros, lo que permite establecer relación entre esas sociedades.

Los últimos análisis de radiocarbono realizados sobre diferentes muestras tomadas en distintas zonas del Chao Samartín (Grandas de Salime) han concluido que la fundación del castro se remonta a principios del siglo IX y finales del VIII antes de Cristo. Estas dataciones coinciden asimismo con la cronología que se asigna al emplazamiento donde se encontró un cráneo -probablemente de mujer-, que los arqueólogos vinculan al momento fundacional de este asentamiento fortificado.

Los estudios que se vienen realizando en el castro en los últimos años han permitido conocer que en el siglo VIII antes de nuestra era las defensas monumentales delimitaban un recinto en el que se alzaba, en posición dominante, una cabaña de grandes dimensiones que probablemente albergó un núcleo social privilegiado. Todo parece indicar que a partir de ese primigenio recinto fortificado, que, según los arqueólogos, pudo ser una especie de lugar de prestigio propio de una clase destacada, se desarrolló lo que más tarde se convertiría en lo que hoy conocemos como castros.

Las recientes dataciones coinciden en otorgar las mismas fechas para distintos lugares del poblado: empalizadas, foso, cabaña... que coinciden con la de la estratigrafía donde se localizó la urna con el cráneo. Este elemento, único resto humano localizado hasta ahora en un yacimiento que se remonta a la Edad del Bronce, sugiere a los arqueólogos una serie de preguntas aún sin respuesta que exigen una reflexión que permita indagar en una historia hoy muy poco armada y menos conocida.

Cista con cráneo

Ángel Villa, director del plan arqueológico de la cuenca del Navia, mantiene que hay que actuar con prudencia antes de lanzarse a avanzar hipótesis que argumenten la presencia del cráneo en el yacimiento. Hasta ahora lo único seguro es su antigüedad y su localización. Fue hallado, en una cista construida con losas de pizarra, ante la puerta de acceso a la acrópolis, a nivel del suelo que servía de tránsito hacia el recinto. Los análisis realizados prueban que el suelo en el que se excavó el nicho funerario es contemporáneo del cierre monumental que delimitaba el poblado. Según han comprobado los arqueólogos, los derrumbes ocasionados tras su primitiva ruina sellaron definitivamente el suelo y la cista.

Hay, como se ha dicho, pocas referencias de cráneos en yacimientos tan antiguos, al menos en la península Ibérica. Otra cosa es lo que ocurre en Gran Bretaña. Allí los expertos han podido comprobar a partir de distintos hallazgos que los romanos practicaron el corte ritual de las cabezas de sus prisioneros para ofrecerla a los dioses cada vez que se hallaban en peligro, suponiendo que con tales sacrificios ponían a la divinidad de su parte.

Cortadores de cabezas

Hasta hace poco en Gran Bretaña se pensaba que estos hallazgos de cuerpos desmembrados respondían a prácticas rituales celebradas por los druidas, pero los últimos restos han podido datarse en el siglo II, lo que, según los historiadores José María Blázquez y Javier Cabrero, indicaría que fueron legionarios romanos los autores del ritual.

Las similitudes que puede haber entre el hallazgo del Chao Samartín y los británicos se desbaratan por las fechas, ya que en el caso asturiano parece que el ritual fue muy anterior a la presencia romana en la zona. Los historiadores también hacen mención en su estudio sobre los cortadores de cabezas, que fue una costumbre muy extendida entre los pueblos celtas y entre todas las culturas que hacían de la guerra una de sus ocupaciones principales.

En el caso del Chao, sus estudiosos parecen decantarse más por una función ritual del cráneo que por el resultado de actuaciones bélicas.

Fuente: Mercedes MARQUÉS. La Nueva España, 23 de enero de 2004

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Castro Chao Samartín (Grandas de Salime)

Concejo (municipio): Grandas de Salime

Población: Castro

Localización: El castro está enclavado en la aldea de Castro, que dista 5,5 km de la capital del concejo, la villa de Grandas, con la que se comunica a través de la carretera AS-28.

Acceso: Carretera AS-28 de Grandas de Salime al Alto del Acebo, a la altura de la aldea de Castro (punto kilométrico 6).

Descripción: El Chao de San Martín se ha convertido en un hito fundamental para explicar el origen de estos poblados y su adaptación al nuevo orden social establecido tras la conquista romana.

El descubrimiento casual de una cabaña bajo las por entonces tierras de labor del Chao y la preocupación e interés de las gentes del lugar hicieron posible la conservación de gran parte del material cerámico encontrado y el conocimiento de su existencia por los investigadores universitarios.

En agosto de 1990 dieron comienzo las campañas de excavación arqueológica. La riqueza de este yacimiento es enorme y son numerosos los materiales encontrados: cerámicas, piezas de orfebrería, instrumental quirúrgico, juegos de pesas y medidas, herramientas de bronce, etc.

Bajo las telas protectoras de las excavaciones se extienden los testimonios de una sociedad que alcanzó hace casi dos mil años un grado de refinamiento urbano como hasta el momento no ha podido documentarse en otros poblados vecinos.

Su historia comenzó, no obstante, mucho antes, pues se sabe que el castro estaba ya fortificado en el siglo IV antes de Jesucristo. Por aquel entonces, un pequeño grupo de cabañas de planta circular y rectangular con esquinas redondeadas, de sala única y cubierta vegetal, se extendía al abrigo de potentes murallas. Al exterior, un profundo foso imposibilitaba el acceso al recinto por otro lado que no fuese el flanco sur, donde se abría la puerta del poblado. Sus habitantes practicaban la agricultura, preparaban sus alimentos en cerámicas elaboradas sin torno y fabricaban utensilios de hierro como muestran los restos metalúrgicos hallados.

La incorporación de estos territorios al Imperio romano habría de producir modificaciones radicales en las formas de vida de los habitantes del Chao Samartín. Su privilegiada posición respecto a las minas de oro de la comarca y sobre la misma vía que comunicaba la capital lucense (Lucus Augusti) con la capital de los astures trasmontanos (Lucus Asturum, Lugo de Llanera) le proporcionó una rica vida comercial y el acceso a productos de enorme prestigio. En las cocinas de Chao Samartín, a fines del siglo I d. C., los alimentos se servían en juegos de vajillas importados de Zamora, Logroño o sur de Francia y las paredes de las casas se decoraban con vistosas pinturas al estilo romano. La preocupación por mejorar las condiciones de salubridad provocaron el completo saneamiento de calles y plazas, bajo cuyos pavimentos de pizarra discurren canalizaciones y alcantarillas. En este ambiente, de innegable prosperidad, las murallas pierden su finalidad defensiva para convertirse en meros contrafuertes de un núcleo urbano en el que las antiguas cabañas dan lugar a construcciones más complejas, con varias plantas y cubiertas mixtas de entramado vegetal y losas de pizarra. Una transformación a la que no resultaron ajenas la vieja sauna y la gran plaza abierta frente a la puerta y camino de acceso al poblado.

Sin embargo, la vida de esta comunidad, próspera y dinámica, habría de verse súbitamente truncada hacia la mitad del siglo II d. C., cuando un violento terremoto asoló el poblado y arruinó definitivamente la historia de Chao Samartín, que nunca más volvería a ser habitado.

Visita: Libre y gratuita.

Dirección de información: Ayuntamiento de Grandas de Salime. Plaza de la Constitución, s/n. 33730 Grandas de Salime (Asturias). Tfno.: 985 62 70 21 — 985 62 72 72. Fax: 985 62 70 21.
Fuente: Ayuntamiento de Grandas de Salime.

Enlaces relacionados:

EL CASTRO DE CHAO SAMARTÍN:

http://www.siemprenorte.com/Castros/chao%20samart%C3%ADn.htm

http://www.grandasdesalime.net/cultura/castro.htm#

http://www.asturiasturismo.com/grandas/ayuntamiento/visitasdeinteres/grandascastro.htm

http://www.terralia.com/revista24/pagina70.asp

http://perso.wanadoo.es/cjalvaro/albumes/albhie/pages/Chao-6-despu%E9s.htm

http://perso.wanadoo.es/cjalvaro/albumes/albhie/pages/Chao-2-despu%E9s.htm

Guatemala. Hallan tumba de familia real de Cancuén

Guatemala. Hallan tumba de familia real de Cancuén

Foto: Los antropólogos refieren que los indicios llevan a concluir que allí yacen los restos de la dinastía real, porque meses antes en el mismo lugar se encontró un plato con inscripciones jeroglíficas del período Clásico Tardío Terminal, aproximadamente del año 850 d. C. Foto Prensa Libre: Archivo.

Once presuntos familiares de rey habrían sido muertos en Petén en 850 d. C

Antropólogos y arqueólogos descubrieron restos de al menos 11 personas que habrían vivido en el año 850 d. C., y que según los primeros indicios, eran miembros de la dinastía real de la ciudad maya de Cancuén, ubicada en la ribera del río La Pasión, Sayaxché, Petén.

Los arqueólogos que trabajan en el Proyecto Cancuén, financiado por la Universidad de Vanderbilt, Tennessee, EE.UU., aún no salen de su asombro de lo que consideran pudo haberse tratado de una masacre.

Una fosa común ubicada al pie de la escalinata del templo principal de Cancuén, en la entrada sur, contiene restos de niños, adolecentes y adultos, y al menos un anciano — hombres y mujeres— .

Hace un año en el punto más alto de un montículo fueron hallados los restos del posible último rey. Se cree que era el hijo del rey Taj Chan Ahk, quien construyó el palacio de Cancuén.

Salvador López, jefe del Departamento de Monumentos Prehispánicos, del Ministerio de Cultura, manifestó que los trabajos concluyeron esta semana.

Extrajeron las osamentas con el apoyo técnico de la Fundación de Antropología Forense de Guatemala (FAFG).

Para López, la muerte de la familia pudo haber obedecido a la sublevación del pueblo contra sus gobernantes.

Las osamentas estaban en un especie de piscina, la cual se cree pudo haber sido utilizada como depósitos de agua, comentó José Suasnávar, de la FAFG.

Pese al tiempo transcurrido, los huesos encontrados están en un buen estado, debido a las condiciones del lugar, comentó Suasnávar.

Indicios

Los antropólogos refieren que los indicios llevan a concluir que allí yacen los restos de la dinastía real, porque meses antes en el mismo lugar se encontró un plato con inscripciones jeroglíficas del período Clásico Tardío Terminal, aproximadamente del año 850 d. C.

Además de las osamentas, en el sitio también se encontraron collares de conchas y de piedra verde que podría ser jade, figurillas, silbatos, adornos pectorales y para las orejas, puntas de proyectiles pedernales, cuchillos bifaciales, navajas de obsidiana y huesos de animales.

Realeza maya: ¿Quiénes son?

Los restos encontrados en una especie de piscina o depósito de agua, se cree que corresponden a la nobleza de la dinastía de Cancuén, una de las principales ciudades mayas del período Clásico Tardío.

En el lugar, hace un mes, se encontraron los restos de la reina, de quien aún no se descifra el nombre, con vasijas del altiplano del país.

La reina fue encontrada a 100 metros del depósito de agua, donde había 11 osamentas, aproximadamente, con atavíos preciosos.

“Es la primera masacre antigua que se investiga”

Arthur Demarest, director del Proyecto Cancuén, cree que lo descubierto podría ser la respuesta al fin de la ciudad de la fábrica de jade más importante del período Clásico Tardío maya.

¿Cómo califica el hallazgo?

Es la primera vez que se estudia una posible masacre antigua, pero los científicos de la Fundación de Antropología Forense nos darán respuestas.

¿Qué podría significar?

Tenemos sólo hipótesis, pero podría ser la respuesta al fin dramático de Cancuén.

¿Por qué se cree que los restos pertenecerían a la realeza?

Porque tenían objetos valiosos, estaban vestidos como nobles y se habla de una masacre porque no fueron enterrados en forma ceremoniosa.

¿Cuál será el procedimiento a seguir?

Se harán estudios de micropatología o muestras de ADN. Los restos serán entregados al Ministerio de Cultura y Deportes. Se necesita más apoyo para continuar la investigación, además de fondos para proteger estos hallazgos tan importantes para la historia maya.

¿Qué otros hallazgos importantes ha habido?

El año pasado, encontramos a un rey que tenía un collar con colmillos de jaguar y pieles, así como un tocado que iba de la cabeza a los pies; se miraban como líneas de color verde, rojo y blanco. Creemos que eran plumas de quetzal.

Fuente: Sonia Pérez, Prensa Libre.com, Guatemala, 3 de junio de 2005
Enlace: http://www.prensalibre.com/pl/2005/junio/03/115808.html

Galería de imágenes:

http://www.terra.com.mx/tecnologia/galeria_de_fotos/006449/galeria.asp?FotoColeccionId=6449&NoPagina=1

Enlaces recomendados:

Extensive palace found at the Maya site of Cancuén in Guatemala's Petén region:

http://www.archaeology.org/online/news/cancuen/

Archaeologists Uncover Maya "Masterpiece" in Guatemala:

http://news.nationalgeographic.com/news/2004/04/0423_040423_mayapanel.html

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*** Cancuen. (Halub')

Ciudad ubicada en el sur del Petén. Fue un centro comercial, a tal grado que no tiene estructuras religiosas. Su historia es opacada en su mayor parte por las grandes naciones mayas, incluyendo las superpotencias Tikal y Calakmul. En tiempos de la Gran Guerra maya, Cancuen obtuvo importancia durante su alianza con Yuknoom Ch'een, ajaw de Calakmul.

Lista cronológica de los ajawob de Cancuen (Lugar de la Serpiente):

Taj Chan Wi'

~ Yuknoom Ch'een, ajaw de Calakmul proteje a Cancuen ~

K'inich K'ap Neel Ahk B'aluun Otoot

K'iib' Ajaw

Pawahtuun Chan Ahk Wi' Taak Kay

~ Tiempos desconocidos ~

Tajal Chan Ahk Aj Chak Tzukte

~ Tikal invade a Calakmul... se acrecenta la guerra ~

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La Cultura Maya

Los mayas del antiguo imperio

Los orígenes de las más antiguas tribus mayas se pierden en la oscuridad de las leyendas. Los manuscritos indígenas del siglo XVI han perdido todo recuerdo histórico de la primitiva localización geográfica maya, así sean los libros de hechiceros o chalam balam (Yucatan), o el Popol Vuh de los Quiches.

Los mayas vivían en el litoral Atlantico de México, desde donde descendieron a centroamerica remontándose a lo largo del Usumacinta para llegar al Petén. Un viejo grupo maya, el huasteco, quedo, sin embargo, en el extremo Norte de México, en el rincón veracruzano-tamaulipeco.

Quiza el empuje Nahua corto en dos al pueblo maya y arrojó a unos grupos hacia el norte y otros hacia el sur. Los grupos arrojados hacia el sur fueron los que se desarrollaron en toda su plenitud la civilización maya. Se inicia la edad de oro del antiguo imperio: desde 633 a 830, en la segunda mitad del baktun noveno, se esculpen las más preciosas estelas, los más finos dinteles erigen los mas suntuosos edificios y se labran las más artísticas escalinatas. Hacia el siglo VII Palenque se constituye en la meca religiosa por excelencia: su arquitectura nunca más habría de ser superada, sus estucos modelados con escenas quedaron como imperecederas obras maestras, mientras que en lo intelectual y, particularmente en astronomía, es la cabeza de las ciudades mayas.

El abandono de las ciudades mayas del sur: cambios climáticos, fiebres y epidemias, colapsos agrícolas, guerras, etc., que hicieron inhabitable aquellas regiones. Morley sugiere que el agotamiento de las tierras empujara a la población hacia el norte; Thompson, por el contrario, parece inclinarse más a la teoría de alzamientos del campesinado para el sacerdocio; otros se inclinan a ver en estas destrucción la mano olmeca-tolteca que, penetrando a lo largo del Usumacinta antes de 895, haya sojuzgado esta cultura arrojando sus restos hacia Yucatan.

Cuando Hernán Cortes atravesó el área del antiguo imperio, tanto en el Usumacinta como en el Petén, durante la expedición a las higueras, hacia muchos siglos que aquellas ciudades habiín sido abandonadas y ningun recuerdo quedaba de ellas.

Los mayas del nuevo imperio

Ya hemos visto que con el siglo X empieza una época oscura y de silencio en la cultura maya, se deja sentir por donde quiera, iniciandose simultaneamente los grandes movimientos migratorios en masa al norte, a Yucatán. La antigua área Palenque-Uaxantun-Copán es abandonada y los mayas empiezan a moverse a lo largo del caribe y del golfo. Tulum e Ichpaatun son testigos de una temprana colonización siguiendo la ruta de Quintana Roo.

La edad media maya ha pasado y el renacimiento esta próximo a iniciarse. La arquitectura de transición tipo hochob, dzibilnocac y río Bec, aunque sobrevive en algunos edificios de Uxmal y de Chichén Itza, es abandonada, levantándose nuevas y mas hermosas construcciones. Esta arquitectura provenia de influencia nueva, enérgica, extranjera, de origen mexicano. Ya hemos de ver que la migracion tolteca parece seguir dos rutas en dos épocas diferentes: la primera, la de la rama olmeca, se interna en centroamerica; la segunda, la tolteca, llega a Chichén Itza. Las relaciones entre Tula y Chichén Itza son múltiples: columnas serpentinas, atlantes, tigres en actitud de caminar, etcetera; quizá la expulsión de Tula arrojo a un núcleo considerable, primero a Xicalanco y después a Yucatán, donde, como conquistadores, llegaron a apoderarse de Chichén Itza.

Después de treinta y cuatro años de lucha, es destruido, toda la familia Cocom asesinada, excepto un hijo de Huanac Ceel que se encontraba de viaje. Dice el cCilam Balam de Chumayel: "fue conquistada la tierra de mayapan, la amurallada, por los itzaes, que habían sido arrojados de sus casas por los de izamal, a causa de huanac ceel". La destrucción de mayapan acaecio -dice el chilam balam de mani- sesenta años antes de la llegada de los españoles; es decir, si tomamos como punto de partida el año de la conquista de México, llegaríamos a la fecha de 1461. Todavía después de la caída de Mayapan sucedieron veinte años de cierta prosperidad y abundancia, al cabo de los cuales volvió a cernirse el desastre sobre Yucatán. Al llegar a Yucatán los españoles, no quedaba un solo imperio en vigilia, solo tribus barbaras erraban por la península. Cuando los españoles de montejo consumaron en 1539-42 la conquista, hacia algunos años que la cultura maya se había extinguido definitivamente.

LOS ANTIGUOS MAYAS Y SU LEGADO
Finalmente el legado de los mayas empieza a descubrirse en todo su esplendor. A través de excavaciones, del descifrado de su antigua lengua y de sus continuas investigaciones, los arqueólogos conocen cada vez más sobre un pueblo que desarrolló un calendario tan preciso como el que usamos hoy en día, además eran astrónomos consumados, arquitectos y matemáticos.

Construyeron grandes ciudades y templos monumentales (la palabra "pirámide" fue introducida por los españoles para describir estas estructuras) sin el uso de instrumentos de metal. Cada área urbana era planeada cuidadosamente con templos y palacios al centro y un juego de pelota en las cercanías, deporte prehispánico que se jugaba por equipos. Las casas de techo de paja y paredes de yeso o adobe de sus habitantes estaban a una corta distancia del centro. La aportación maya más importante a la arquitectura mundial es el arco korbel, también llamado arco maya, un arco falso formado por bloques de piedra que se proyectan desde cada lado de una pared hasta encontrarse formando un pico. Esta estructura reemplazaba al arco verdadero.

Tratándose de matemáticas, el tiempo y los calendarios, los mayas fueron verdaderos genios. Por su creencia de que el tiempo era cíclico, idearon dos calendarios, uno de los cuales era usado en los rituales, celebraciones religiosas y predicciones astrológicas (260 días). El otro era un calendario solar basado en cálculos que consideraban que el año tenía alrededor de 365 días. Ambos estaban interrelacionados y en conjunto ofrecían un conteo de días mucho más preciso que el calendario gregoriano. Seguían el movimiento del sol, la luna y las estrellas con tal exactitud que los astrónomos podían predecir fenómenos místicos como los eclipses y los equinoccios de primavera y de verano. La construcción de la pirámide de Kukulcán en Chichén Itzá, por ejemplo, es tan precisa, que cada equinoccio el sol poniente proyecta una larga sombra sobre sus peldaños en el mismo punto, dibujando así una gran serpiente que parece deslizarse hacia abajo por el costado del edificio. Los templos en Dzibilchaltún, también en Yucatán y Edzná en Campeche poseen cámaras donde se producen anualmente hermosas alineaciones solares. En la primera, largos rayos de luz solar se encuentran exactamente al centro de dos ventanas opuestas y en Edzná, la máscara del dios sol se ilumina bellamente. Los mayas fueron la primera civilización mesoamericana en conocer el cero y lo usaron mucho antes de que fuera descubierto en otras latitudes. Sin embargo, en lugar del sistema decimal, usaron la cuenta vigesimal -multiplicando por 20 en lugar de por 10- para señalar el paso del tiempo, generalmente usaban el katún, un período de veinte años. Cabe destacar además que los mayas conocían la rueda, pero sólo la usaron en juguetes para los niños.

DESCIFRANDO LOS JEROGLÍFICOS MAYAS

Otra muestra de su genio fue el sistema de escritura jeroglífica que desarrollaron. Los glifos adornan las estelas y templos en todo el Mundo Maya; hoy se sabe que los mayas erigían estelas para conmemorar hechos históricos. La interpretación de los glifos era un tropiezo mayor para los mayanistas hasta hace 20 años, cuando un equipo de arqueólogos de México y Estados Unidos descifró un código en Palenque, en el estado de Chiapas, México. Desde entonces los arqueólogos han traducido muchas secuencias de glifos e incluso han identificado a algunos de los gobernantes en ciudades tales como Palenque y Yaxchilán (Chiapas) y Piedras Negras y Tikal (Guatemala). La famosa Escalera de los Jeroglíficos en Copán es otro ejemplo destacado del uso de la su lengua -se trata de en un monumento que conmemora los logros de la dinastía real y es probablemente el relato escrito más grande acerca de la historia de la civilización maya.

Por desgracia, muchos códices mayas escritos en piel de venado o en papel amate, hecho de corteza de árbol, fueron destruidos a causa del fanatismo religioso de los sacerdotes españoles durante los autos de fe en el siglo XVI, otros sucumbieron a los estragos del tiempo. Hasta la fecha se han recuperado sólo tres de estos códices, entre ellos el famoso códice Dresden. A través del estudio de estos códices los arqueólogos han descubierto pasajes mitológicos de historia, religión, astrología y ciencias. Por ejemplo, el códice Dresden contiene información sobre eclipses y los movimientos de Venus. Los mayas también mantenían una rica tradición oral que en alguna medida forjaron su cultura y que se acentuó cuando los códigos fueron destruidos. Un texto del antiguo "Popol Vuh" o Libro de Consejos, es un manuscrito escrito en la lengua maya de la región del quiché, Guatemala que fue descubierto por un fraile español en el siglo XVII y rescatado del olvido. Traducido al español por el fraile, el "Popol Vuh" es la historia maya de la creación en la que se describe cómo los dioses formaron la tierra a partir del caos y crearon la luz y la vida. Después crearon al hombre del maíz para que fuera el guardián del universo. Hasta hoy, los mayas todavía consideran a la tierra como sagrada y el maíz aún es la base de su alimentación. En Yucatán, México, fue hallado y todavía se conserva, el "Chilam Balam", un libro de historia, astrología, medicina y profecías en lengua maya, pero que usa escritura española en vez de glifos.

LOS ARTISTAS MAYAS.

Los mayas fueron excelentes escultores, crearon figuras bellamente proporcionadas y de armonía estética sobre estelas, dinteles y en los frisos que decoran paredes y templos. Tales esculturas en piedra representan los sacrificios humanos, ceremonias sangrientas, y otros ritos de purificación mientras que otras muestran a ricos gobernantes con espléndidos peinados, dioses, figuras geométricas, aves y animales.

La cerámica también podría considerarse como una expresión artística. Las ollas de barro que se ponían a secar al sol en lugar de cocerse en hornos, podían hallarse lo mismo en la cocina de una familia común que en el ritual del templo. Las piezas ceremoniales muchas veces se pintaban con figuras mitológicas. También se han hallado piezas de oro en muchos sitios, algunas de ellas verdaderamente valiosas, labradas en jade y de exquisita manufactura. El jade era un material muy preciado y se usaba en ofrendas a los dioses o en los adornos de la nobleza. La gente usaba collares con piezas de jade que representaban figuras de animales o cuentas para alejar las enfermedades.

LA PIRÁMIDE SOCIAL

Los mayas estaban divididos en clases sociales muy bien definidas.

En lo más alto de esta jerarquía se encontraba el gobernante, un representante de dios en la tierra que gobernaba y que decidía cuándo había que hacer la guerra o pactar la paz; regía en el comercio y las alianzas maritales. Este gobernante era apoyado por la casta sacerdotal, la nobleza y sus guerreros. Sólo el gobernante o sus sacerdotes estaban autorizados para realizar las ceremonias religiosas en los templos.

Otro grupo en la estructura social eran los arquitectos, quienes estaban por encima de los escultores, los ceramistas y otros artesanos, los campesinos, sirvientes y esclavos, que eran los de menor categoría. Los soldados eran importantes en tiempos de conflicto, de otra manera estaban más abajo que los arquitectos y comerciantes en la escala social.

La mayoría de los mayas eran campesinos que sostenían a una minoritaria clase dominante con sus cosechas de maíz, frijol y otros vegetales. Hay evidencia de que usaban el sistema de desmonte y quema para preparar los campos de labranza, exactamente como lo hacen sus descendientes hoy. También usaban la irrigación en zonas áridas, levantaban diques y preparaban terrazas en los terrenos altos. La dieta de los mayas se complementaba con la caza de animales salvajes, peces, frutas, semillas y miel que se obtenían de la selva.

La economía dependía además del comercio, los mayas eran comerciantes por excelencia que hacían trueque con pescado, miel, conchas, obsdiana, jade, cerámica, sal, cacao, plumas, pedernal y algodón. Sus rutas mercantiles seguían el curso de ríos importantes en el área y las costas del Golfo de México, el Caribe y el Pacífico. Su imperio comercial se extendía desde América Central hasta el centro de México y posiblemente más allá de esas fronteras.

LOS DIOSES MAYAS

La religión jugaba un papel muy importante en la vida diaria y todas las actividades, ya fuera de mucha o poca importancia, estaban regidas por deidades. El sacerdote, que llegó a ser una figura muy poderosa durante el Periodo Clásico, guiaba la vida espiritual de la comunidad. Se representaban ritos específicos para llamar la atención de las deidades. Por ejemplo, las mujeres en cinta visitaban el templo de Ixchel, la diosa de los alumbramientos, para ser bendecidas antes de que naciera la criatura. De hecho, las futuras madres a menudo realizaban peregrinajes a la isla de Cozumel o Isla Mujeres en México, que se encontraba bajo la protección de esta diosa. Otros dioses regían sobre los vientos, el sol, el cielo, el maíz, la guerra y la muerte. Posiblemente la deidad más importante era el dios de la lluvia, Chac, adorado con vehemencia en toda la región. En muchos sitios arqueológicos yucatecos las esculturas de Chac, representado con una nariz larga y curva, adornan las fachadas de los templos. La serpiente emplumada se convirtió en una deidad mayor en la península de Yucatán después de la llegada de los toltecas en el siglo X de nuestra era. Estos extranjeros guerreros provenientes del centro de México adoraban a este dios con el nombre de Quetzalcoatl. Los mayas le cambiaron el nombre a Kukulkán y dedicaron un templo al nuevo dios en Chichén Itzá.

Las ceremonias rituales en honor de las deidades a veces se hacían a través de sacrificios humanos. Figuras humanas en una extraña pose reclinada sosteniendo un recipiente en su regazo pueden encontrarse en Chichén Itzá y otros sitios yucatecos. Supuestamente los personajes esculpidos en piedra conocidos como Chaac Mool recibían el corazón latiendo de la víctima sacrificada. Los cenotes, profundos pozos naturales donde fluía el agua, característicos de la península de Yucatán, eran también centros de sacrificio. Los más famosos cenotes usados para este fin se encuentran en Chichén Itzá. Junto con los hombres o mujeres sacrificados, se depositaban en el pozo ofrendas de jade, oro, cerámica y otros objetos para honrar a los dioses. Las creencias religiosas estaban íntimamente ligadas a los ritos funerarios, los cuales, en el caso de los gobernantes, eran muy elaborados.

En 1952, el arqueólogo mexicano Alberto Ruíz Lihuilleur descubrió la tumba del Señor de Pakal dentro del Templo de las Inscripciones en Palenque. Su hallazgo reveló que los mayas usaban prácticas funerarias como las de los antiguos egipcios: enterraban a sus gobernantes dentro de pirámides construyendo falsas cámaras y sepultando objetos funerarios y sirvientes para que acompañaran al difunto en la vida ultraterrena. La cripta de piedra de Pakal estaba cubierta con jeroglíficos y rodeada de oro, cerámica y otras riquezas. La tapa cincelada del sarcófago pesa cinco toneladas y puede verse aún sobre la tumba, en lo profundo del corazón del Templo de las Inscripciones. Una fina máscara de jade cubre el rostro del caudillo y siete acompañantes fueron hallados junto a él. De acuerdo con los antropólogos, la máscara representaba los rasgos del personaje, los cuales se deterioraron con el tiempo. Se creía que con la máscara serían reconocidos por los señores del inframundo después de su muerte. El tamaño del tesoro enterrado y el número de acompañantes que se sepultaban junto al gobernante demostraban su importancia en vida de forma tal que los Señores lo tratarían en correspondencia en su vida futura. El árbol de la ceiba se consideraba sagrado por los mayas. Creían que era una especie de estación de paso entre los trece cielos y los inframundos, encima y abajo de la tierra.

HISTORIA MAYA

La civilización maya duró aproximadamente 3,000 años y su historia se divide en tres períodos. Conocido como Preclásico, el período que abarca desde el año 2000 a.C., hasta el 250 de nuestra era, vio el nacimiento y el desarrollo de los mayas; desde el 250 hasta el 900, durante el período Clásico su cultura floreció, entonces ocurrió una transformación y comenzó la decadencia en el período Postclásico, desde el 900 hasta el 1500 con mayor exactitud hacia el 1521 con el comienzo del dominio español en México.

El período Clásico fue la época de esplendor maya, un curso creativo que duró más de 600 años. Florecieron la arquitectura, el arte y la ciencia. En Chiapas, Guatemala, Honduras y parte de la Península de Yucatán, las dinastías y sus ciudades alcanzaron su mayor apogeo.

Con la misma rapidez con que se habían desarrollado, las ciudades más importantes comenzaron a declinar y fueron abandonadas. Los expertos aún no han podido determinar la causa de la caída de la civilización maya, existen muchas teorías. Además de las invasiones se considera que los mayas se vieron debilitados por luchas internas. Algunos dicen que los caudillos más poderosos, tratando de tener el control sobre las rutas de comercio, emprendieron campañas de guerra contra sus vecinos. Otros consideran que la pobreza de las cosechas, como resultado de intensas sequías u otros desastres naturales, trajeron hambrunas que diezmaron a la población y los obligaron a emigrar. Otra teoría sugiere que el pueblo se levantó contra sus autocráticos gobernantes.

Los arqueólogos han concluido que la decadencia ocurrió en diferentes épocas, en distintas áreas, por ejemplo, los centros ceremoniales en las tierras bajas de Chiapas y Guatemala fueron abandonados en el siglo VIII, momento en el que muchas ciudades de Yucatán alcanzaban su máximo esplendor durante el período Postclásico. En el Postclásico la civilización maya sufrió muchas transformaciones, el arte y la arquitectura eran sólo una sombra lejana de la gloria que alcanzó en otros tiempos. El comercio tuvo un mayor auge y las tribus guerreras del centro de México como los toltecas y más adelante los aztecas, se desplazaron hacia el Mundo Maya trayendo nuevos dioses y nuevos estilos arquitectónicos. Aumentaron las guerras entre ciudades-estados rivales y cuando los españoles invadieron las tierras de los mayas en el 1520 hallaron un pueblo dividido y debilitado por viejas enemistades.

Después de cruentas batalla, a mediados del siglo XVI los europeos tenían bajo su control la mayor parte del Mundo Maya. Aunque algunos historiadores españoles registraron el descubrimiento de templos en ruinas, no fue hasta el siglo XIX que el mundo conoció de la existencia de antiguas ciudades en la selva.

Intrépidos aventureros como el conde Waldeck, John L. Stephens y el artista Frederic Catherwood visitaron los asentamientos y escribieron acerca de ellos. Durante muchos años los intelectuales especularon sobre las fabulosas ruinas como un legado de las tribus perdidas de Israel o de sobrevivientes de la Atlántida. Estos primeros exploradores fueron los pioneros de la arqueología maya. A partir de sus escritos sobre la región se han llevado a cabo innumerables excavaciones en sitios tales como Uxmal, Palenque, Tulum y Chichén Itzá en México, la magnífica y antigua Tikal en Guatemala y Copán en Honduras, un lejano sitio del imperio. Caracol y Lamanai son sólo dos de las ciudades prehispánicas en Belice que actualmente son estudiadas.

También hay asentamientos en el Salvador dentro de los cuales el más famoso es Joya de Cerén. Descubierta a partir de 1980, esta aldea agrícola del siglo VII fue sepultada bajo catorce capas de ceniza volcánica y es uno de los más fascinantes hallazgos en el Mundo Maya hasta el momento. Conocida como la "Pompeya del Nuevo Mundo", ha proporcionado información sobre los campesinos del Mundo Maya, un grupo social del que se sabe muy poco.

En todo el Mundo Maya, los arqueólogos se esfuerzan por saber más sobre los antiguos habitantes de la región. Aunque se han logrado avances importantes, muchos secretos aún están por revelarse.

Lo que sabemos hasta la fecha acerca de los logros mayas en arquitectura, artes y ciencias, su sistema político y creencias religiosas, abre las puertas para otros descubrimientos. Sus estudios sobre astronomía y matemáticas por ejemplo, los llevaron a elaborar un calendario muy desarrollado mil años antes del comienzo de la era cristiana. Esto significa que apenas conocemos la "punta del iceberg".

Seguir los pasos de los mayas a través de su pasado, es una rica aventura hacia el alma de un pueblo que nunca podrá ser olvidado.