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Terrae Antiqvae

Hispania romana

Cádiz. Localizados un total de 128 complejos estructurales funerarios fechados entre finales del siglo VI a.C y el II d.C

Cádiz. Localizados un total de 128 complejos estructurales funerarios fechados entre finales del siglo VI a.C y el II d.C

Foto: Un enterramiento extraño. El esqueleto hallado con grilletes de hierro en los pies.

La excavación realizada en el solar de las antiguas bodegas permite localizar restos entre las épocas fenicia arcaica y romana.

La primera fase de excavaciones realizadas en el solar de las antiguas bodegas de Abarzuza, situado en la Avenida de Portugal esquina con la Juan Carlos I, ha dado unos resultados que, indiscutiblemente, certifican que esta zona de Extramuros estuvo dedicada en la antigüedad a un uso funerario. Tras siete meses de trabajo, los arqueólogos han localizado un total de 128 complejos estructurales funerarios fechados entre finales del siglo VI a.C y el II d.C., es decir, entre las épocas fenicia arcaica y romana republicana, así como diferentes estructuras constructivas relacionadas con los ritos allí practicados –como una pileta de canalización datada en torno al siglo I d.C. y una estructura con una "habitación" y dos posibles entradas– y ajuares con argollas de bronce o pequeñas ánforas de cerámica. Los restos han sido depositados en el Museo de Cádiz, ya que no era necesario conservarlos in situ.

Arqueogades S.L. ha remitido a la Delegación Provincial de Cultura los resultados de la primera fase de excavaciones, en los que se destaca que el uso funerario de los terrenos estudiados retrotrae a cuatro fases históricas distintas: la primera, compuesta por siete cremaciones fenicias arcaicas –en torno a finales del siglo VI a.C.– sin indicios aparentes de organización previa del espacio escogido para el enterramiento; la segunda, con ocho inhumaciones púnicas y tres pozos, datados en torno al siglo III a C. y que ya muestra síntomas de una organización espacial consciente de la necrópolis, aunque se presenten aún en grupos aislados; la tercera, romana republicana, con inhumaciones en fosa simple sin cubierta; y la cuarta, romano imperial, en la que ya se percibe la existencia de una zona determinada para los enterramientos y, por ende, una distribución espacial de la necrópolis.

El más antiguo de los complejos funerarios hallado por el equipo investigador –integrado por Francisco José Blanco como director, Isaac Legupín como subdirector, los arqueólogos Ricardo Belizón y Verónica Sánchez y la antropóloga Inmaculada López– se remonta "probablemente" a finales del siglo VI a.C., mientras que el más reciente, romano imperial, está datado a principios del d.C. La ocupación más antigua de la necrópolis está representada por siete "incineraciones en bustum, cuyos ajuares, a falta de un análisis más exhaustivo, son de origen fenicio, entre los que destacan argollas de bronce, escarabeos y pequeñas anforitas de cerámica que se pueden fechar a finales del VI a. C.".

Además, las ocho inhumaciones púnicas tienen "cubiertas de grandes lajas de piedras y cubiertas de tégulas" que han proporcionado como ajuar "pendientes de bronce, anillos y anillos giratorios, todos ellos de bronce, así como ungüentarios de cerámica". De este periodo se tienen también tres pozos con brocales de mampostería de piedras trabadas con arcilla, "uno de los cuales ha proporcionado abundante material anfórico fechado en torno al siglo III a.C., así como hasta cuatro cánidos, dos de ellos completos, y un gran número de cáscaras de navajas".

Por orden cronológico, le sigue a este grupo el de enterramientos romanos pertenecientes al siglo II-I a.C., "inhumaciones en fosa simple sin cubierta" que "como ajuar presentan abundantes ungüentarios fusiformes de cerámica y anillos de bronce".

En el sector norte del solar se ha localizado la que se describe como "la mayor concentración de enterramientos en un espacio relativamente reducido". Son numerosas las inhumaciones localizadas: en fosa simple sin cubierta enterrados en parihuela o ataúd "como indican los numerosos clavos de hierro recuperados, material cerámico y varias monedas en el interior de la sepultura".

Estos enterramientos están fechados entre la mitad del siglo I d.C. y principios del siglo II d.C. Y los arqueólogos destacan que "en estos complejos estructurales funerarios destaca el reaprovechamiento intensivo del terreno, llegando a superponerse los enterramientos, e incluso a cortarse entre unos y otros". Junto a estas inhumaciones se encuentran incineraciones primarias, el otro rito funerario característico de este periodo. Como ajuar más destacado se citan "de varias lucernas, numerosos ungüentarios de vidrio, cuencos y jarritas de cerámica, elementos de metal como es el caso de una cerradura de una cajita, agujas del pelo de hueso, etcétera".

También de época romano imperial es una concentración de incineraciones en urna, "unas 32 exactamente", en fosa simple, con cubierta de tégulas, de mampostería de piedra o sillares. Las urnas –que han sido expoliadas en su mayor parte– son de cerámica, aunque también las hay de plomo "e incluso se ha recuperado el fondo de una de fayenza" y otra de alabastro. Los ajuares estaban integrados por ungüentarios de vidrio y cerámica.

Junto a las inhumaciones imperiales se ha documentado una alineación de ánforas, de modelos púnicos, clavadas en la arena y cortadas por la mitad. Esta alineación posee una orientación noroeste sureste, quedando los enterramientos romanos en el lado norte de la alineación. A la espera de futuros estudios, se cree que se trata de una organización espacial de la necrópolis, aunque no se descartan otras teorías.

Además de las tumbas, se han documentado otras estructuras constructivas relacionadas con la necrópolis y los ritos allí practicados. Así, se han hallado los restos de una pileta con canalización, concebida para contener agua, datada en torno al siglo I d.C. Por otro lado, tenemos una estructura formada por una "habitación" en la que se pueden observar dos posibles entradas, las cuales conservan los huecos de los goznes de las puertas. Dicha estructura ha sufrido un expolio para extracción de material constructivo y no se ha podido definir su función. Y también se ha encontrado un pozo romano con brocal de mampostería de piedras, sillares y materiales constructivos reutilizados que, a la espera de futuros estudios, se cree que era utilizado para la extracción de agua, y que está fechado entre los siglos I a.C. y I d.C.

La "difícil explicación" del cuerpo enterrado con grilletes

Dentro del grupo de las inhumaciones imperiales localizado por los arqueólogos en el solar destaca un caso que el informe calificad e "excepcional" y que "se sale de lo común en los enterramientos de este periodo, y que a su vez tiene difícil explicación". Esta frase es usada para definir a una inhumación de un adulto, en fosa simple de arena castaña, sin cubierta, con una piedra ostionera sobre el lado izquierda de la cabeza, localizada bajo otra inhumación, que presentaba unos pesados grilletes de hierro por encima de los tobillos. "Dichos grilletes son individuales, es decir, no se encuentran unidos entre ellos, y tienen un cierre con pasador. Debido a que son de hierro –explica el informe– la oxidación hace que se encuentren en mal estado de conservación, aunque se han recuperado completos. Sobre el motivo de un enterramiento de estas características sólo podemos decir que aún se encuentra en estudio", indican los expertos, aunque "según los estudios antropológicos preliminares, se trata de un enterramiento primario individual con orientación sagital al noroeste, y cara mirando al suroeste", enterrado sin sudario. Aunque se detectan fracturas de presión y aplastamiento, se ha conservado todo el esqueleto del cuerpo enterrado, que correspondería a una persona entre 18 y 40 años, posiblemente mujer, de 1,59 de estatura, sin alteraciones de tipo morfológico ni paleotopológico, al menos en el análisis de campo.

Fuente: Diario de Cádiz, 28 de marzo de 2006
Enlace: http://www.diariodecadiz.com/diariodecadiz/
articulo.asp?idart=2623920&idcat=827

Oiasso, el puerto de Roma en Irún

Oiasso, el puerto de Roma en Irún

El hallazgo del muelle romano en 1992 ha dado un vuelco al tópico de la escasa colonización latina del País Vasco, una ’revolución’ que culmina en un libro y este verano, en un nuevo museo.

Un día de 1992, y ante el anuncio de que se iba a levantar la calle Santiago de Irún para instalar un colector, un grupo de arqueólogos fue al ayuntamiento con una petición: que les dejaran buscar restos romanos. «Las carcajadas se oyeron en todo el pueblo», cuentan Mercedes Urteaga y María José Noain, del centro de investigación Arkeolan. También recuerdan que cuando empezaron a excavar y le dijeron lo que buscaban a un señor que pasaba por allí les respondió con perplejidad: «¿Pero no sabéis que aquí nunca ha habido romanos?». Lo cierto es que, a la primera, apareció un puerto del siglo I y sacaron 14.000 piezas, más material romano que todo el encontrado hasta entonces en Guipúzcoa.

La importancia del hallazgo aumentó cuando siguieron tirando del hilo, esta vez en las mejores bibliotecas de Roma, y descubrieron que, en realidad, el primitivo puerto romano de Irún era el segundo descubierto en el mundo, después del de Londres. «Había mucho escrito, pero de restos, nada», señalan las investigadoras. Esta pequeña revolución cristalizó tras una década de trabajo en un congreso celebrado en 2003 en Pisa, que acogió la presentación internacional de los descubrimientos de Irún, y ha culminado esta semana con la presentación del libro que recoge aquellas ponencias en la Escuela Española de Arqueología de Roma. Este centro del CSIC y la Diputación foral de Guipúzcoa han apoyado el proyecto desde el principio.

El volumen cuenta con aportaciones de 17 expertos, entre ellos españoles como Emilio Rodríguez Almeida, Javier Arce, Juan Santos Yaguas o José Manuel Iglesias, y por primera vez da forma concreta a una idea: además del ’Mare Nostrum’, el Mediterráneo, el imperio romano tenía otra cara más desconocida pero con una identidad propia en el ’Mar Externum’, el Mar Exterior. Y la antigua Irún, Oiasso, era uno de sus puntos de referencia. El puerto, donde ha aparecido la estructura de madera del muelle y el varadero, es sólo la primera prueba. Además de una necrópolis ya conocida han aparecido unas termas y otras prospecciones dibujan un núcleo urbano de unas 12 hectáreas, con una planta reticular, almacenes, tiendas y talleres. Esta nueva realidad, que ha cambiado la percepción histórica de la ciudad, tendrá su traducción en el nuevo Museo Romano de Irún, algo impensable hasta hace poco. Será inaugurado este verano.

Oiasso era una verdadera ’civitas’ vascona situada en un enclave que ya entonces constituía una frontera, entre Aquitania e Iberia. Según cuentan Estrabón y Plinio el Viejo, hasta allí llegaba la calzada que partía de Tarraco (Tarragona), a través de Ilerda (Lérida) y Osce (Huesca). Más o menos, unos 307.000 pasos, según Plinio. Se ha encontrado la base de un puente sobre el río Bidasoa y las dos arqueólogas están convencidas de que, tarde o temprano, aparecerá el ’portorium’, la aduana, donde se cobraba una tasa del 2% a los productos que se exportaban. Era un poco más barata que la tasa impuesta en la Galia, un 2,5%.

El primer melocotón

Junto a miles de pedazos de cerámica las excavaciones han encontrado calzado, instrumentos y sobre todo muchísimos restos orgánicos, que han dado información muy valiosa sobre lo que se comía entonces. Como explican Leonor Peña-Chocarro y Lydia Zapata en un artículo específico del libro, además de las nueces, avellanas y otros frutos del bosque, aquellos ciudadanos que habitaban en los confines del imperio estaban abastecidos de todos los productos del mundo romano. Las aceitunas se importaban, pero otras especias introducidas quizá ya eran cultivadas en el lugar, como ciruelas, cerezas, higos... Los huesos de melocotón hallados en Irún tienen el honor de ser el primer testimonio de esta fruta en la Península. Oiasso era la base comercial de las rutas marítimas desde la que partía la distribución de mercancías en el interior, al valle del Ebro y a la gran ’autopista’ XXXIV, la Astorga-Burdeos (Asturica Augusta-Burdigala). En las grandes distancias, las frutas viajaban conservadas en líquidos o secas.

¿Habrá bajo las calles de Irún, por ejemplo, un anfiteatro? «Pues sí, por qué no, y un foro, un templo... ya saldrán si hay oportunidad de excavar con alguna obra», explica Urteaga. La prioridad en este momento es otro aspecto que añade un dato más a la personalidad de Oiasso: era una ciudad minera. En las peñas de Aia, la característica cresta de tres puntas que domina la comarca, han localizado tres kilómetros de galerías romanas junto a las explotaciones modernas. «Son minas de plata que no han sido tocadas, con sedimentos vírgenes, y han constituido otra sorpresa», dicen las arqueólogas. El hallazgo de galerías de drenaje, notable ejemplo de ingeniería hidráulica romana, indica que había detrás toda una estructura administrativa.

Ideas preconcebidas

La conclusión de esta aventura que comenzó en 1992 es una profunda revisión de conceptos erróneos en una cuestión contaminada de prejuicios ideológicos. Al igual que Urteaga recuerda cómo un alcalde franquista de Irún estaba encantado con la idea de encontrar rastros de los romanos, ha sido laborioso cambiar cierta mentalidad nacionalista que quería creer que nunca estuvieron. Por otro lado, el propio Claudio Sánchez Albornoz se refería a los vascos como «los españoles sin romanizar».

Con tales tesis preconcebidas, a nadie se le ocurría buscar restos arqueológicos. «Era totalmente lógico encontrarlos, lo ilógico era pensar que no había romanidad en el Atlántico, si Irún está en el mismo eje del Golfo de Vizcaya», dijo Urteaga en la presentación de Roma. «Una historiografía que, de una u otra forma, ha vinculado la presencia romana con la expresión identitaria actual de los vascos ha condicionado las investigaciones», afirma en el libro. «Cuando damos alguna conferencia, el tema de la identidad vasca siempre sale en las preguntas», confirma Noain. El nuevo museo de Irún da por fin una buena respuesta.

La identidad atlántica del imperio romano en el temido ’Mar Exterior’

La gran aportación del libro de varios autores ’Mar Exterior. El Occidente Atlántico en época romana’, editado por Mercedes Urteaga y María José Noain con la Escuela Española de Arqueología de Roma y la Diputación foral de Guipúzcoa, es marcar un hito en lo que se sabe de la presencia latina en la fachada oceánica europea. Naturalmente, había publicaciones hasta la saciedad sobre el Meditérraneo, pero pocas acerca del ’otro’ mar del imperio, que ha resultado ser tan romano como el Mare Nostrum. «El ámbito Atlántico tiene una entidad marcada, una comunidad cultural que era un ’alter ego’ del Mediterráneo», explica Urteaga.

Tras el descubrimiento del puerto de Irún en 1992, técnicos del museo de Londres cedieron generosamente al equipo de arqueólogos su método de clasificación de piezas. «De las 14.000 que teníamos, sólo con dos necesitamos crear códigos nuevos, las demás encajaban en los esquemas que nos pasaron», recuerda Urteaga. Esto quiere decir que Londres y Oiasso, la antigua Irún, formaban parte de un mismo mundo cultural y mercantil. Las ánforas halladas demuestran que incluso al final del imperio, el aceite y el vino de Bizancio llegaba regularmente a los puertos atlánticos. Es decir, un viajero podía atravesar Europa manteniendo la dieta mediterránea. La colonización romana se impuso en las poblaciones indígenas que se asomaban al oceáno, una presencia humana denominada de forma general ’facing the Atlantic’ (cara al Atlántico).

Morogi y Vesperies

Navegando siempre a vista de tierra, por el respeto que infundía el inmenso océano, las naves doblaban la Torre de Hércules de Brigantium (La Coruña) y podían ir haciendo escalas a lo largo de una cadena de puertos estable. Tras abandonar Flaviobriga (Castro Urdiales), en el actual País Vasco estaba Oiasso y luego Lapurdum (Bayona) hasta Burdigala (Burdeos).

Hay textos que hablan de otra localidad llamada Menosca, que puede ser Getaria (del latín ’cetaria’, donde se dedicaban a la salazón de pescado), y Plinio cita dos misteriosos puertos que todavía no han sido localizados con exactitud: Morogi, quizá en Orio o San Sebastián, y Vesperies, que podría hallarse en la ría de Gernika. Como se ve, aún queda espacio para más sorpresas arqueológicas.

¿Era latino el rey Arturo?

Una de las tesis más fascinantes del volumen ’Mar Exterior’ es la que expone el británico Richard Hodges. Viene a decir que el legendario rey Arturo, el de la Tabla Redonda, se puede interpretar históricamente como un aristócrata local de las colonias romanizadas que se enfrentó a las invasiones sajonas y aglutinó a las poblaciones indígenas. En el sur de las islas británicas había una comunidad plenamente integrada en el mundo cultural romano, que pese al declive del imperio mantenía su identidad. Las excavaciones de Cadbury Camelot y Tintagel, donde ha aparecido una inscripción latina del siglo VI que habla de un tal Artognov, indican la presencia de una nobleza que seguía abastecida por las rutas comerciales. Allí se han encontrado vasos de Cádiz.

Curiosamente, esta hipótesis coincide con la base de la última película sobre el rey Arturo, ’King Arthur’, dirigida por Antoine Fuqua. «Si no hubiera leído antes a Hodges, habría pensado que se les había ido la olla», confiesa la arqueóloga María José Noain.


Fuente: ÍÑIGO DOMÍNGUEZ / El Correo Digital, 5 de marzo de 2006
Enlace: http://www.elcorreodigital.com/alava/pg060305/prensa/
noticias/Cultura_VIZ/200603/05/VIZ-CUL-005.html


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(2) El Museo Romano Oiasso de Irún abrirá sus puertas en el mes de mayo

Mostrará la interrelación de los indígenas con los colonizadores latinos y el grado de asentamiento que llegaron a alcanzar éstos en el Bidasoa. Es el primer paso hacia un ambicioso proyecto de espacio romano.

El Museo Oiasso de Irún, dedicado mostrar la profunda huella que los romanos dejaron en el este guipuzcoano, apura sus últimas etapas antes de la inauguración que se espera se produzca en el mes de mayo.

El interior de la nueva instalación cultural cuenta ya con gran parte del mobiliario y de los soportes en los que se colocarán las piezas históricas que a lo largo de los años se han ido descubriendo en la comarca de Bidasoa, casi todos de la mano de la empresa Arkeolan. También se están ultimando los elementos audiovisuales y los mapas y paneles que completarán la información que se le presentará al visitante.

El Gobierno Vasco es, por ley, propietario del patrimonio histórico de la Comunidad Autónoma Vasca y es a la consejería de Cultura a quien se le ha solicitado la cesión de todo lo que está previsto instalar en Irún. El trámite es algo complejo porque no todas las piezas las tiene en custodia el Ejecutivo vasco. Algunas, como las maderas del puerto romano que se encontraron cerca de la desembocadura del Bidasoa, las guarda la Diputación Foral; otras, como la estela funeraria de Andrearriaga, las tiene el Ayuntamiento de San Sebastián. «Tenemos vías de comunicación abiertas con esas y con otras instituciones que también tienen algunos de los fondos que se exhibirán en el museo», aseguraba el concejal de Cultura de Irún, Fernando San Martín.

El museo irunés presentará por un lado la tribu indígena de Oiasso y las que ocupaban zonas limítrofes, así como el encuentro de éstas con los romanos. Además de las maderas del puerto, la colección de restos tendrá otros centros de interés que mostrarán la importancia del asentamiento latino. Entre todos ellos, destaca el taller de un maestro herrero que apareció muy cerca del propio museo.

El edil irunés, que desde su área ha seguido todo el proceso del proyecto desde su gestación, explicaba que el proyecto se asienta sobre cuatro bases. «En primer lugar está el Museo Oiasso en sí mismo, que aportará una visión global y completa del pasado romano de la ciudad. Esto es lo que se inaugurará en mayo». Hasta ahora, esa función la venía cumpliendo, con mucha más modestia y muchos menos medios, el museo-ermita de Santa Elena. «Con la apertura de Oiasso, cambiará su condición», explicaba San Martín. «Estamos estudiando las posibilidades que ofrece. Podría destinarse a cuestiones más antropológicas y espirituales, no sólo de la civilización romana, sino de las anteriores también. Contamos con sacarlo adelante, en ese sentido o en otro, en un plazo breve, de un año aproximadamente». Esa sería la segunda piedra sobre la que se apoyaría el gran proyecto de la ciudad en torno al mundo romano.

Las termas romanas, que se encontraron en la trasera del propio museo y en las que aún trabaja Arkeolan, forman el tercero de los cimientos. «Hay que seguir trabajando en la excavación», anunciaba San Martín. «Cuando sepamos exactamente todo lo que hay, habrá que pensar de qué manera se integra en el conjunto del museo. En este caso, podemos hablar de 2 ó 3 años, en función de lo que se prolonguen los trabajos arqueológicos».

La cuarta pata del proyecto es la que menos desarrollada está en este momento. «Nuestra idea es hacer visitable una galería minera en Arditurri», con la que se completaría un recorrido turístico-cultural sobre la presencia romana en la comarca.

Aún podría sumarse un quinto escenario. Varios expertos guardan la esperanza de que bajo la plaza de San Juan, en pleno centro de Irun, puedan encontrarse restos del foro o de alguna otra construcción romana. La buena noticia para los arqueólogos es que la reforma de ese ámbito ya está en marcha y los primeros movimientos de tierra podrían darse en el plazo de dos o tres años.

«El Museo Oiasso tiene el valor histórico de dar a conocer las aportaciones que los romanos hicieron a los indígenas, así como un indiscutible valor educativo. También posee ese atractivo turístico-económico propio de una singularidad como es ésta en todo el arco cantábrico», aducía el alcalde de la ciudad fronteriza, José Antonio Santano. Entiende que Oiasso debe ser el impulso para que ese conjunto de espacios romanos de Irún atraiga a la ciudad la tipología de turista que programa sus desplazamientos en función de los atractivos culturales. «Queremos que la gente piense que, estando a 300 ó 400 kilómetros, merece la pena venir aquí para conocer cómo fue la presencia de los romanos en el Cantábrico».

Ahora que Oiasso está a punto de echar a andar, parece muy lejana la soledad que asistió a su gestación. En un principio el Ayuntamiento pareció quedarse prácticamente solo en su idea de montar un museo que plasmara la romanización de la costa guipuzcoana. Al final, la construcción del museo, el proyecto museográfico y el Plan de Comunicación (en total suman 4 millones de euros), se han financiado con la ayuda de otras instituciones. El Gobierno central, a través de los ministerios de Cultura y Fomento, aportó 1.420.000 euros, Obra Social Kutxa casi otro medio millón y los fondos europeos Interreg 260.000. Del Gobierno Vasco llegaron 7.500 euros como ayuda al proyecto museográfico y de la Diputación 15.000 para la promoción. El resto, lo ha costeado el propio Ayuntamiento irundarra.

Para la apertura del Museo Oiasso se ha hablado continuamente de plazos que no han llegado a cumplirse. Cuando finalizó la obra de rehabilitación del edificio de las antiguas escuelas, en 2003, se anunció el museo para el otoño de 2004. A primeros de ese mismo año, se barajaba como fecha de apertura la primavera de 2005.

Pronto se vio que tampoco se alcanzaría el final del proceso para entonces y se amplió el plazo en otro año. «No me gusta hablar de plazos», señalaba Santano, «menos en equipamientos como éste, que no son esenciales en la vida diaria de los ciudadanos. En estos casos, con la perspectiva del tiempo te das cuenta de que tardar unos meses más o unos meses menos no es relevante y sí lo es que esos meses sirvan para que el resultado final sea mejor».

Esta vez, todo apunta a que Irún tendrá su museo romano antes de que llegue el próximo verano. Fernando San Martín explicaba que se están ultimando cuestiones como la tarifación, la explotación hostelera que habrá en el interior del edificio y el reglamento interno del museo. «Todo esto hay que aprobarlo en el Pleno de la Corporación», aseguraba, y los plazos corren ya en contra, aunque el delegado de Cultura no tiene duda ninguna de que se cumplirá lo previsto. «Realizaremos todos los trámites internos, se montarán los paneles y los mapas, llegarán las piezas arqueológicas y el museo podrá inaugurarse antes del verano».


Fuente: Vocento VMT / Noticias Ya.com, 27 de febrero de 2006
Enlace: http://noticias.ya.com/cultura/27/02/2006/roma-irun-museo.html


*** Enlace relacionado: ARKEOLAN
http://www.arkeolan.com


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RECONSTRUCCIÓN DEL PAISAJE ROMANO DE GIPUZKOA: ARQUEOLOGÍA E HISTORIA.

Por Mercedes Arteaga. Directora de Arkeolan

El trasfondo histórico y las hipótesis arqueológicas

¿Cómo explicar la eclosión social vasca de la Baja Edad Media, siglos XIII y XIV especialmente, desde la ausencia de precedentes históricos? ¿de dónde surge el capital humano que permite fundar dos docenas de burgos en Gipuzkoa, de asentamientos habitados mayormente por artesanos y comerciantes, en el plazo de doscientos años? Tal densidad de poblaciones aforadas, con su carta puebla, en un territorio de 2.000 kilómetros cuadrados (los mismos que ocupa en la actualidad la aglomeración de Londres), no tiene comparación en la península, a no ser en las vecinas Alava y Bizkaia. La misma superficie en la Tierra de Campos castellana apenas dio lugar a unas cuantas villas de realengo: Villalón, Medina de Rioseco, Sahagún, Villafrechós...

Estas interrogantes formuladas hace casi veinte años, desde los postulados de la entonces novedosa disciplina de la arqueología medieval, tienen hoy planteamientos novedosos que arrancan en el período inmediatamente anterior a las influencias romanas y conectan con los momentos más característicos del medievo, cuando la sociedad vasca se encuentra ya plenamente organizada y definida. Los descubrimientos de asentamientos de la Edad del Hierro, de testimonios inequívocos de sociedades romanas y de evidencias tardo antiguas de los últimos diez años han contribuido a establecer puentes que van llenando el vacío histórico y explicando la identidad propia desde nuevas perspectivas, muchas de ellas totalmente insospechadas. De hecho, el mundo romano se ha convertido en la referencia clave para reconocer tanto las constantes de las sociedades precedentes como el desarrollo histórico posterior, enlazando sucesos que han discurrido a lo largo de un milenio, entre los primitivos várdulos y la formalización de Gipuzkoa, por poner un ejemplo cercano y representativo. Los romanos han pasado de ser una excepción en nuestra Historia a plasmar, a través de las diferentes fuentes conservadas, las imágenes que estaban vedadas en ese pasado; mientras que los pobladores autóctonos han perdido su aureola rústica, rebelde e impermeable para manifestarse con expresiones incluso refinadas y, por supuesto, comunes al contexto geográfico en el que se incluyen, muy marcado por las influencias del Atlántico.

La arqueología romana en Gipuzkoa se ha desarrollado contracorriente, al margen de los sentimientos dominantes, poco proclives a la aceptación de una dominación externa que se entendía en claves de sometimiento y perdida de personalidad; pero con los resultados obtenidos ha abierto una nueva vía de investigación, en la que fuentes históricas y testimonios materiales armonizan de forma coherente, ofreciendo una imagen convincente, todavía a falta de retoques y de definición de detalle.

Historia de la arqueología romana en Gipuzkoa

No hay duda de que para los vecinos de Irún que se pusieron en contacto a mediados del siglo XVI con el rey castellano por una cuestión de límites territoriales en el Bidasoa, la fundación de su ciudad se había realizado durante la Antiguedad, dicen que fue fundada hacía más de mil años, y no hay duda tampoco, como se demuestra por los extractos de las Juntas Generales, que los miembros de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, reconocían en Strabon, Plinio o Ptolomeo a los primeros geógrafos que mencionaron el territorio, aceptando el pasado romano de la historia vasca como algo natural. y en esta línea siguió el doctor Camino, el primer autor que cita descubrimientos arqueológicos romanos en Gipuzkoa; concretamante "cerca de los prados de Beraun", en lrún. La noticia está fechada en el año 1790 y se refiere a varios trozos de piedras y ladrillos de extraordinario valor, y entre otros fragmentos tres medallas de oro, además de otra de cobre, todas romanas. Las posturas contrarias a la influencia romana como medio de resaltar la identidad vasca se prodigan más tarde y tienen un trasfondo que se puede considerar tanto nacionalista como antinacionalista. Hay está la explicación dada por Sanchez Albornoz sobre la falta de romanización de los vascos y su barbarismo o la mitificación de la resistencia vasca en la batalla de Hernio, frente a las tropas romanas.

El caso es que, desde aproximaciones científicas nada sospechosas de complicidad, como las de Koldo Mitxelena que en su memoria de licenciatura publicada en 1956 hacía un repaso sobre los testimonios latinos de Gipuzkoa, citando la estela de Andrearriaga o las etimologías de los términos de Escoriaza o Lapice como claras evidencias de la influencia romana, o como las investigaciones de Ignacio Barandiarán resumidas en un libro de amplia difusión ("Guipuzcoa en la Edad Antigua" ) que ha conocido múltiples reediciones desde la primera publicación de 1974, se iban demostrando reconstrucciones históricas más acordes con las descripciones clásicas; aquellas que citan Oiasso, la polis de los vascones, el saltus vasconum, el promontorio Oiasso, la calzada que desde Tarraco llegaba a sus costas, o los asentamientos de Menosca y Tritium Tuboricum. Todos ello en Gipuzkoa. Sin embargo, en el intervalo fueron asentándose otras concepciones que sólo la investigación constante y la aparición de evidencias sobresalientes han conseguido modificar. Como ejemplo hay que citar la valoración historiográfica sobre la minería romana de Arditurri que pasó de ser de las principales según su descubridor a finales del siglo XVIII, un alemán contratado por la familia Sein de Oiartzun para organizar la reexplotación de estas minas, sólo superadas por las de Cartagena, Rio Tinto y las Médulas, a dudarse de su existencia. Y eso que existían descripciones de principios del siglo XX, como la realizada por el ingeniero Gascue de la Compañía Asturiana de Minas, que cifraban en varios kilometros los trabajos mineros antiguos de Arditurri, evaluando en cientos de obreros los necesarios para unas explotaciones del tamaño de las reconocidas en tiempos del ingeniero mencionado. A pesar de ello hubo quien desmontó, en el año 1971, el binomio Thalacker-Arditurri pretendiendo que el alemán, en realidad, había visitado otra zona distinta a la del coto minero de Arditurri. Ha sido la inercia historiográfica, en suma, la que ha arrastrado con sus presupuestos las tendencias de investigación hasta que los hechos incontestables rescatados por la arqueología han hecho saltar en mil pedazos aquellas previsiones, mostrando una realidad equilibrada con el contexto general de la sociedad romana.

Un recorrido por los descubrimientos arqueológicos más recientes

Oiasso y el estuario del Bidasoa

En este itinerario resulta obligado partir de los trabajos realizados en el Bidasoa en torno a lrún, por parte de Jaime Rodríguez Salís, siguiendo la tradición familiar marcada por las realizaciones de su padre, Luis de Uranzu. Sus investigaciones comienzan en el Cabo de Higer a finales de los años sesenta, continúan en el caso histórico de lrún y dan paso al primer descubrimiento de relieve, la necrópolis de Santa Elena, también en lrún. El ciclo se cierra con la posterior excavación del yacimiento, 1973, y la determinación de un horizonte romano para la ciudad fronteriza que venía a enlazar con Pompaelo (Pamplona) y Veleia (Trespuentes- Alava) por la consideración urbana que los tres asentamientos han tenido en lengua vasca: lrún-lruña: la ciudad.

La segunda etapa del recorrido se centra en el estudio de la minería romana, entre los años 1983 y 1987, con la catalogación de un conjunto característico de testimonios entre los que destaca la galería de Altamira III. Esta galería de mina es la más representativa de un grupo en el que se incluyen casi una decena de testimonios; todos ellos reexplotados en época moderna por la existencia de depósitos marginales que quedaron sin recoger por las condiciones de la tecnología minera del momento, limitada por cuestiones de seguridad. La mina de Altamira III, con más de 150 metros de recorrido, presenta soluciones de explotación características, con galerías de prospección y de extracción, así como varios niveles de explotación que perforan el filón en varios puntos garantizando la estabilidad de los trabajos. Es, por lo que se ha podido saber tras reconocer los cotos mineros de Cartagena, Rio Tinto o las Médulas, una de las evidencias mineras de tiempos romanos más completa de la península.

La tercera etapa arranca en 1992 con el descubrimiento del puerto romano de la calle Santiago de lrún, acontecimiento que ha permitido ampliar hasta la actualidad las intervenciones arqueológicas en este espacio, con los resultados que se pasa a comentar.

El hallazgo del muelle de la calle Santiago y de las estructuras portuarias asociadas viene precedida de una serie de estudios que permitieron intuir la concepción básica del asentamiento. De igual forma que en Londres la presencia del puerto romano fue detectada tras plantearse, por parte de los historiadores, funciones de tipo comercial que ampliaban la visión exclusivamente militar imperante hasta entonces, en Irún -gracias a la existencia de intercambios con investigadores especializados en el dominio arqueológico- se elaboraron hipótesis de trabajo en las que el estuario del Bidasoa pasó a detentar una función importante en la configuración del modelo de asentamiento. Es decir, hubo primero un desarrollo teórico a través del estudio de la topografía de la zona y de análisis comparados con realidades similares, que permitió concebir la existencia de un núcleo urbano situado en la colina de Beraun al que se otorgaron, entre otras funciones, vinculaciones comerciales que debían de ser de tipo marítimo. Se llegó, incluso, a determinar las zonas desecadas del estuario que presentaban mayor potencial, lo que permitió llegado el momento programar una intervención arqueológica cuando se supo de la realización de importantes movimientos de tierras en una de las áreas previamente seleccionadas. Efectivamente, la construcción de un colector emplazado en el eje del vial de la calle Santiago, con unas cotas de cimentación por debajo de los niveles de relleno de finales del siglo XIX, fue una acción que los arqueólogos consideraron podía tener repercusiones negativas sobre un subsuelo rico en testimonios que sólo ellos habían podido valorar por medio de la aplicación de técnicas de análisis propias. Gracias a la minuciosidad de los datos disponibles fue posible plantear una serie de sondeos previos a las obras que, sorprendentemente, confirmaron las expectativas formuladas. A pesar de los inconvenientes, se pudo programar un plan de actuación equilibrado con las previsiones de obra que finalmente permitió el reconocimiento de las instalaciones portuarias sin apenas repercusiones en los plazos previstos de ejecución del proyecto. El éxito de las operaciones arqueológicas tuvo repercusiones inmediatas en la valoración y planificación de las investigaciones posteriores. Por un lado se había reconocido un horizonte arqueológico de gran categoría que había conservado elementos, objetos e informaciones que habitualmente no han podido superar las circunstancias de la degradación temporal, caso de semillas y demás testimonios orgánicos, maderas, cueros, vegetales en general, etc.; y por otro lado, el volumen de testimonios tenía magnitud suficiente para iniciar la creación de bancos de datos tipológicos contrastados. Esta última lectura tiene especial trascendencia pues implica la dotación de medios de trabajo de aplicación futura con destino a la interpretación histórica que es el fin y objetivo de las operaciones e investigaciones arqueológicas. De hecho, el estudio de los 14.000 fragmentos de cerámica recuperados en esa excavación han servido para establecer las redes comerciales del puerto, el nivel urbano de la población e incluso los gustos gastronómicos de sus habitantes, sin olvidar el carácter de fósiles guías de los materiales encontrados. A partir de ese estudio ya se conocen como eran las pastas, las formas y las decoraciones de un conjunto significativo de cerámica de Oiasso ya partir de esas series se pueden ampliar las aplicaciones sobre otros hallazgos, tanto en Irún como en ámbitos geográficos del entorno.

El caso es que al confirmarse el carácter portuario del asentamiento de Oiasso y determinarse el valor de los restos conservados se plantean nuevas actuaciones en el marco de las obras con movimientos de tierra en las inmediaciones del descubrimiento de la calle Santiago. Se realizan sondeos en el solar Santifer con motivo de la construcción de la comisaría de la Ertzaintza en ese emplazamiento; en otros solares de la calle Santiago, en la calle Tadeo Murgia, ampliándose los niveles de conocimiento y reiterándose lo observado en las acciones iniciales. El puerto de lrún tenía un ámbito geográfico de influencia que venía a coincidir con el Golfo de Bizkaia, sirviendo de punto de intercambio y de salida de mercancías a un entorno que abarca el valle del Ebro, parte de Aquitania y del espacio cantábrico y los testimonios conservados, al margen de la consideración del volumen de los conjuntos de objetos, presentan características monumentales, por la arquitectura de los muelles, las soluciones de carpintería de ribera observadas y el buen estado de conservación de las estructuras de madera reconocidas.

Tras el reconocimiento del interés arqueológico del asentamiento se programaron intervenciones en el área urbana que sirvieran de complemento a las estaciones portuarias; se descubren, con este motivo, evidencias que se relacionan con los baños públicos o termas, se identifica la presencia de un herrero en la calle Beraketa y se acotan los límites del asentamiento urbano al que se otorga una extensión de unas 15-20 hectáreas, trazándose los ejes longitudinal, cardus, y transversal, decumanus. Se situaría en una zona explanada que se extendería entre la plaza del ayuntamiento y el extremo de Beraun, con unos 600 metros de longitud y unos 300-400 de anchura. Igualmente se completan los trabajos de campo en las minas con prospecciones sistemáticas que permiten certificar las identificaciones previas y obtener ajuares significativos, caso de lucernas o lámparas de iluminación de cerámica que con aceite servían a los mineros en el interior de las galerías.

Al final del recorrido se sitúa el proyecto del museo Oiasso, al que se intitula el museo de la romanización del Golfo de Bizkaia, y la intervención arqueológica destinada a la recuperación de un muelle portuario reconocido en sondeos realizados en 1996 y que se consideró como pieza protagonista de las exposiciones, al tratarse de un elemento que en si mismo justifica un programa de musealización debido a su carácter excepcional entre los testimonios arqueológicos romanos.

La excavación del puerto de Tadeo Murgia, clave con la que se identifica el muelle mencionado, ha supuesto la intervención de mayor complejidad de cuantas se han llevado a cabo en el marco arqueológico guipuzcoano, superando con creces, incluso, ese marco espacial. Pero las dificultades (debidas a la cota de aparición de los sedimentos arqueológicos, por debajo de los niveles de influencia de marea) han tenido recompensa a través de los resultados obtenidos. No sólo en lo que respecta a los restos de estructuras de madera con los que se construyó un muelle organizado en varias gradas, sino por los miles, decenas de miles, de objetos arqueológicos recogidos, señalándose la presencia de elementos de calzado, cordaje, colecciones de anzuelos, de agujas, de vajillas, vidrios, restos de melocotón, cereza o aceituna, de joyería e incluso piezas, en bronce fundido, de una bomba aspirante-expelente (bomba Ctesibio) de la que se conoce otro ejemplar en la península, rescatado en las minas de Sotiel-Coronada (Huelva). En definitiva un conjunto material extraordinario que denota unos niveles de vida plenamente urbanos y plenamente romanos, al menos para el período comprendido entre los años 50 y 200 de nuestra era.

La visión de la polis de Oiasso, polis de los vascones según los historiadores romanos, se completa con los datos del fondeadero de Higer, las monedas de Santa Elena en Hendaia, las de Behobia, San Enrique y San Marcial, y los descubrimientos de la calle Pampinot, en el casco histórico de Hondarribia o la lápida de Andrearriaga conocida desde tiempo inmemorial.

El territorio guipuzcoano

Desde hacía varias décadas se sabía de hallazgos puntuales en la zona de Ataun, en Idiazabal, o en Zarautz. Se trataba de piezas aisladas, monedas en su mayoría, sin un contexto arqueológico claro que no permitían mayores precisiones. Pero la dinámica de las investigaciones arqueológicas de los últimos años también ha modificado este panorama. En 1982 se descubren restos romanos en el casco de Eskoriatza, lo que confirma la interpretación toponímica de Michelena. Sin embargo, los muestreos no son lo suficientemente contundentes al aparecer los materiales romanos mezclados con otros más modernos e incluso contemporáneos. Más tarde se localiza -y se excava- en un pequeño abrigo de los montes de Iruaitz, sobre el embalse de Urkulu en las estribaciones de los montes de Aizkorri, un conjunto de materiales datados en el siglo V que todavía siguen sorprendiendo por lo sofisticado de sus componentes, mayormente vajillas, y por el entorno pastoril que se le supone. Siguen hallazgos de minería romana en Arditurri y otras áreas de Oiartzun, además de en Hernani o Arrasate, una nueva inscripción, de tipo funerario, en la ermita de San Pedro de Zegama, y hallazgos también bajoimperiales, siglos IV-V, en las instalaciones salinas de Salinas de Leniz. Los descubrimientos se amplían hasta zonas de alta montaña, caso de las praderas de Urbia, a más de mil metros de altura, al pie de la cima de Aizkorri, y se extienden por lugares costeros como Donostia y Getaria. En este último emplazamiento se plantea un contexto asociado a factorías de salazón, de donde vendría el nombre de la villa actual (Cetaria=industria de salazón).

Como se puede comprobar, los testimonios romanos se reparten por la costa y por las estribaciones montañosas del interior, por los valles y la confluencia de ríos; en definitiva, van jalonando los diferentes espacios geográficos del territorio. y en esta distribución acompañan los castros de la Edad del Hierro, recién reconocidos en lugares estratégicos y de alturas dominantes. En Burontza (Andoain), en Basagain (Anoeta), en Intxur (Tolosa-Albiztur), en Muro (Aretxabaleta) en Moro (Elgoibar), en Munoaundi (Azkoitia-Azpeitia), sin olvidar los conjuntos funerarios pre-romanos tipo cromlech cuya localización es complementaria a la anterior. Hasta el Leizaran aproximadamente y como prolongación del ámbito de extensión pirenaica se reconocen los cromlechs o círculos de piedras funerarios. Rodeando el área de los cromlechs aparecen los castros, como si fueran realidades antagónicas, o al menos diferentes.

El trasfondo histórico y las hipótesis arqueológicas

Aparentemente, el habitante de la polis de Oiasso hacia el año 100 de nuestra era, vestiría, comería y viviría, en definitiva, en condiciones parecidas a los vecinos de Pompaelo, Dax, la antigua Aquae Tarbellicae, o Burdigala, Burdeos. Su nivel de vida sería comparable, gastando vinos de Narbona o de la zona de la desembocadura del Garona, aceite del valle del Ebro e incluso circunstancialmente traído desde la Bética. En sus comidas usaría de las salsas de pescado, el garum, y es muy probable que los menús se confeccionaran a la manera que describe Caius Apicius, uno de los gastrónomos romanos a los que debemos un recetario de cocina, de los pocos conservados. De hecho, a juzgar por las vajillas y los artículos de cocina, los hábitos culinarios se repetirían en un ámbito extenso, desde Colonia a Finisterre, al menos. Festejaría en las jornadas del calendario en las que lo harían el resto de la sociedad romana, compartiendo creencias, panteón de divinidades y ritos funerarios. Transitaría por calles ordenadas siguiendo patrones urbanos estandarizados, con servicios también homologados y socialmente participaría de una jerarquía en la que el trabajo manual recaería mayoritariamente en el grupo de los esclavos, encargados del servicio doméstico, las faenas agropecuarias, la producción en general y las actividades fisicas ligadas al comercio. Las clases dominantes, por su lado, disfrutarían de los derechos ciudadanos, haciéndose cargo de los rendimientos económicos, el culto o las funciones políticas. Los cambios hasta llegar a esta situación se habrían producido paulatinamente. Desde las primeras influencias, poco antes del cambio de era (años 25 a 10 antes de Cristo ), llegadas, por lo que parece, desde el otro lado del Pirineo, hasta la implantación del modelo romano pasarían varias decenas de años. Oiasso, según las fuentes, era un asentamiento de cierto orden en tiempos pre-romanos, cuyo primer interés pudo deberse a los yacimientos de plata de sus inmediaciones. Siguiendo este hilo hipotético, al igual que debió ocurrir con los depósitos auríferos de la zona de Itsasu, en la cuenca del Errobi, las explotaciones mineras serían el motivo de las primeras colonizaciones, encaminadas a la obtención de metales preciosos y, por pura lógica de organización, habrían corrido por cuenta del ejército. Se encuadrarían en el período inmediatamente posterior a la conquista de las Galias y durante las Guerras Cántabras y sus prolegómenos, dependiendo de la órbita septentrional ya comentada cuyas influencias se constatan hasta el año 70 de nuestra era aproximadamente. Con posterioridad se asiste a la implantación de influencias meridionales, del valle del Ebro concretamente, marcadas por la actividad comercial. Oiasso pasaría de ser un enclave para la explotación minera a un centro comercial desde el que se drenarían los flujos de intercambio entre el ámbito geográfico mencionado, Aquitania y la región cantábrica. El cambio coincide con grandes modificaciones en la ordenación del área atlántica y en los ritmos políticos de la capital imperial. Si a Claudio se debe la conquista de Britania y la ampliación del imperio por su borde Nor-occidental, a la dinastía flavia (Vespasiano, Tito y Domiciano) es debida la organización del ámbito comercial atlántico con Londres a la cabeza. La personalidad del núcleo de Oiasso quedaría ligada a las actividades de su puerto, en detrimento del sector minero, que sería ampliado y dotado de acuerdo con las nuevas necesidades. La dinámica comercial se mantiene hasta el siglo III por lo menos, comenzando a partir de ese momento un período de declive del que todavía se dispone de poca información. La piscina de las termas se ocupa para usos ganaderos, hay intervenciones en la necrópolis de Santa Elena; en los muelles del puerto la actividad bajoimperial desciende hasta mínimos insignificantes, etc. De momento, no se conocen apenas testimonios posteriores al siglo V, lo que parece indicar una decadencia total e incluso el abandono del asentamiento.

En el resto de Gipuzkoa las informaciones no son tan expresivas, aunque podrían repetirse los ritmos reconocidos en Oiasso; es decir, máxima dinámica en tomo a los años 50-200 y reestructuración posterior debido a los cambios generales que se dan en el resto del imperio. La sociedad bajoimperial guipuzcoana perdería nivel de vida, con decadencia de la producción a favor de las actividades agropecuarias, evolucionando hacia el auto abastecimiento y la insignificancia de los intercambios de gran distancia, rompiéndose, si es que algo quedaba de ella, la red tardoromana con la conquista árabe que llega hasta Pamplona.

En esta reconstrucción hay aspectos que merecen un tratamiento de detalle como son la cuestión tribal y el proceso de cristianización del territorio, al menos por los debates historiográficos a los que ambos están sujetos. Con respecto al primero, de la lectura de las descripciones geográficas y administrativas de los autores romanos se desprende que el ámbito vasco actual estaba organizado en dominios culturales diferentes: aquitanos, vascones y celtíberos (entre estos últimos se distinguen los várdulos, los caristios y los autrigones). Por cuestiones lingüísticas se deduce que aquitanos y vascones cuentan con intensas relaciones de parentesco, mientras que los celtíberos se inscriben en una realidad diferenciada, indoeuropea. Los primeros, los aquitanos, se organizan en la denominada novempompulania (los nueve pueblos); Los vascones se extienden por el Pirineo y forman parte del territorio administrativo, el conventus, de Caesar Augusta, Zaragoza. Los celtíberos, por su parte, se integran en el conventus de Clunia, en Coruña del Conde (Norte de Burgos), junto con los pueblos de la meseta Norte. Tal hipótesis de distribución supone que en Gipuzkoa existen dos comuniades que comparten el territorio. Los vascones, a los que sería posible identificar con los constructores de cromlechs y que se extenderían hasta el río Leizaran, aproximadamente (ahí están los ejemplos de Jaizkibel, Oianleku, Egiar, Adarra-Mandoegi que continúan hacia Oriente por Ibardin hasta alcanzar el Pirineo central) y los celtíberos, ocupando el resto del territorio con los castros fortificados, algunos de ellos formando una línea fronteriza con respecto al dominio de los cromlechs. El espacio celtíbero se subdivide a su vez en varias entidades. Los várdulos cubrirían el territorio por el Sur, incluida la Llanada alavesa, llegando hasta el río Deba, dando paso en ese punto a los caristios cuyo dominio se prolonga por Bizkaia. A este respecto, es preciso señalar la finalización de una tesis doctoral, hace pocas semanas, cuyos resultados se consideran claves para conocer la configuración de este territorio en época pre-romana. Ha sido realizada por Javier Peñalber, a quien debemos las informaciones relativas a cromlechs y castros, destacando las noticias sobre ajuares de tipo celtíberico en los asentamientos fortificados.

El tema de la cristianización, por su parte, podría resumirse en si ocurrió en tiempos tempranos o por el contrario se dio avanzada ya la Edad Media. Si se supone un territorio romanizado, se puede aplicar lo ocurrido en el resto del imperio, que en tiempos de Constantino a comienzos del siglo IV asumió esta doctrina como religión oficial. En estas condiciones las estructuras imperiales acogerían el culto incorporándolo en sus redes y la reorganización de Diocleciano, furibundo enemigo de los cristianos, con sus diócesis servirían de sedes a la nueva organización. De hecho Gipuzkoa se repartirá en tres diócesis, Calahorra, Bayona y Pamplona, y las tres coinciden con centros romanos importantes. Pero los datos arqueológicos disponibles muestran una realidad más compleja. Mientras que en Navarra, Alava y Bizkaia se han reconocido necrópolis de inhumación de los siglos VI-VII, con elementos de ajuar germánico ( de tipo merovingio, concretamente) en Gipuzkoa el único yacimiento de ese contexto, el aparecido en la ermita de San Martín de Iraurgi en Azpeitia, muestra pervivencias paganas, en torno al siglo VIII, puesto que se mantiene el rito de la incineración. Tal y como conocemos por legislación de Carlomagno, este monarca se preocupó por terminar con este tipo de costumbres, prohibiendo expresamente la incineración, en el caso de los sajones, condenando a muerte a sus practicantes.

En definitiva, el horizonte romano del ámbito vasco y especialmente guipuzcoano, reconocido por la arqueología, resuelve una serie de incógnitas pero plantea otras de gran calado, tanto en los momentos previos a la colonización como en los episodios finales. No sólo queda por resolver la cuestión vascona y celtibérica sino la problemática del culto cristiano y su implantación, y, más allá de estos aspectos, la propia pervivencia del hecho diferencial marcado por el euskera. ¿Cómo explicar, a la vista de los nuevos datos, la visión plenamente romana del alto imperio y la identidad cultural vasca que supera ese estadio cultural e incluso se expande por ámbitos geográficos más extensos que los previamente adjudicados por las diversas fuentes? Parece claro que la arqueología de ese período que se extiende entre la pre-romanidad y la tardoantigüedad dispone de claves estratégicas que pueden contribuir a desentrañar uno de los grandes misterios de la historia europea: el origen de los vascos y la formación de su personalidad.

Hondarribia, 12 de noviembre de 1999.

Fuente: http://www.gipuzkoakultura.net/ediciones/antiqua/urteag.htm#hasiera


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*** Comentario de Alicia Canto en Celtiberia.net (05-03-06)


Antes se colocaba la ciudad vascona de Oiassó sólo en Oyarzun/Oiartzun, en el interior, y desde 1994 se tendió a ponerla sólo en la costa, en Irún, justamente a raíz de las excavaciones de 1992. Veo, según esta noticia y libro, que esto es lo que prevalece. Sin embargo, en Irún-Kosta, si hacemos caso de Plinio y Ptolomeo sobre todo, debe estar más bien "el puerto de Oiassó". Me permito transcribir lo que publiqué sobre esto en un largo artículo en Archivo Español de Arqueología de 1997, que está también en la red:

"II.1 Oiassó, Oiarso = Oyarzun e Irún

Con la segunda grafía, la pliniana (III, 4, 29 y IV, 34, 110), viene ubicándose en Oyarzun (Guipúzcoa) por el parecido toponímico. Éste es evidente y no discutible (Tovar, 1989: C?505: Peréx, 1986: 180), pero creo que no tiene que limitarse a él. Porque, en efecto, Estrabón dice (III, 4, 10) que «está alzada en el borde del océano», pero Plinio, respectivamente (ibid.), habla del litus Oiarsonis, «la costa» de la ciudad, y de su ubicación sobre el Océano, y ello se corresponde bien con las dos mediciones diversas que da Ptolomeo (II, 6, 10): Por un lado la ciudad de Oiassó y, por otro, «el promontorio de Oiassó del Pirineo». Como prosigue en su parágrafo 11, desde este promontorio comienzan los Pirineos. Parece, puesto que la ciudad y el valle de Oyarzun actualmente quedan demasiado al interior, que «la costa de Oyarzun» debe considerarse la zona de Irún-Kosta (45), y el promontorio mismo el relevante cabo Higuer, con un Veneris iugum según Avieno (Schulten, 1958: 35) (46). Se abriría así, más que un punto, un abanico costero para los vascones. Importa el detalle también a la hora de considerar una alternativa al Summus Pyrenaeus vascón mencionado por el Itinerario de Antonino en la vía XXXIV, como veremos más abajo.

Se han agrupado recientemente los testimonios arqueológicos de la zona, apostando por la ubicación de la antigua Oiassó sólo en el cerro de Beraun, de Irún, al fondo de la bahía de Fuenterrabía (Fernández Ochoa?Morillo Cerdán, 1994: 147 ss.), con al menos dos muelles a su pie y una cronología de comienzo fluctuante entre el último cuarto del siglo I a.C. y el cambio de era o poco después (ibid.: 151, ahora Unzueta, 1996: 166). Sin embargo, Peréx Agorreta (1986: 183) ya anotaba la existencia de indicios de población dispersa entre Oyarzun y Fuenterrabía e Irún. Y es de recordar también una menos citada frase del Ravenate (318, 1-3): Item iuxta superius nominatam civitatem Ossaron, quae ponitur non longe ab Oceano..., que insiste en la idea del doble núcleo, ciudad y puerto. Por tanto, la potenciación del puerto de Irún por los romanos, al menos a partir de la construcción de la calzada desde Tarraco, en la última década del siglo I a.C. (para el movimiento del mineral extraído en la región inmediata de Arditurri o para relaciones comerciales genéricas), debió a la vez de mantener el núcleo urbano interior vascón (47), que seguiría desarrollándose en el área de Oyarzun y el río Bidasoa, más próximo a las explotaciones mineras, una actividad sí específica de la época anterior. Creo, pues, que es muy factible defender la posibilidad del doble núcleo urbano para Oiassó (Caro Baroja, 1996: 468).

(45) Otros autores que diferencian los dos núcleos han preferido ver en la zona de Pasajes la litoral y en el monte Jaizkibel el promontorio (Peréx Agorreta, 1986: 182 con las referencias).

(46) La referencia a este templum Veneris del Pirineo atlántico, aunque se ha discutido, ignorado, o atribuido al templo de Venus de Port Vendres, en el Pirineo mediterráneo, puede ser cierta, ya que tiene lógica que en ambos extremos de la cordillera hubiera un templo a la misma diosa y, además, el-Ildrisi (1974: 74) incluye las ciudades de Çoly, Tudela, Huesca, Jaca y Calahorra en lo que llama «País del Templo», y me parece muy lejos para que su referente sea el del Mediterráneo (pace E. Saavedra, ibid.: 151, a pesar de que Idrisi está describiendo aquí sólo el norte de España). Fernández Ochoa y Morillo (1994: 145) citan el hallazgo reciente de un lote de bronces romanos, incluso de tipo religioso (apliques con Marte, Minerva, Sol y Luna) hallados en el mismo fondeadero de Cabo Higuer, pero no los relacionan con Avieno, ni se refieren al templo.

(47) O várdulo, según P. Mela, III. 1, 15. No es verosímil pensar que el puerto se creara en época prerromana en función de una navegación de gran calado. (Fuente: http://es.geocities.com/los_vascones/vascones_oiasso.htm)

Descubren un mosaico romano de casi 60 m2 en Mérida

Descubren un mosaico romano de casi 60 m2 en Mérida

Foto: Es el primer mosaico que se encuentra completo desde hace quince años.Éste sufrió un intenso uso y tiene muchos arreglos entre los siglos III y V

El Consorcio Monumental asegura que es el más importante encontrado en los últimos 15 años El pavimento se encontraba a cuatro metros de profundidad.

El Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida estudia estos días un mosaico romano completo, de alrededor de 60 metros cuadrados, descubierto en las últimas semanas en el solar del antiguo convento de San Andrés.

Los motivos geométricos del mosaico, principalmente círculos, rombos y cordones entrelazados, son perfectamente visibles, pero falta la figura que adornaba el medallón central, posiblemente la zona más valiosa y la elaborada con más cuidado.

En los últimos años han aparecido en Mérida multitud de restos pertenecientes a mosaicos romanos, pero hacía mucho tiempo que no se encontraba ninguno completo y de una extensión tan grande, por lo que su descubrimiento ha sido motivo de satisfacción para los responsables de la conservación y promoción del patrimonio emeritense.

Según asegura el director científico del Consorcio, Pedro Mateos, se trata del mosaico más importante descubierto en los últimos 15 años tanto «por su amplitud, su estado de conservación y la riqueza de su contenido».

El mosaico ha sido datado, a la espera de un análisis más exhaustivo, en el siglo III, y se tiene constancia de que tuvo un uso intenso hasta el siglo V por la cantidad de restauraciones y arreglos que muestra el pavimento durante más de 200 años.

Datos sobre los habitantes

Aparte de su interés estético, para los investigadores resulta un reto de gran interés el intentar atisbar en la actual morfología del mosaico un pequeño retazo de la historia de los habitantes de la casa romana a lo largo de dos siglos: qué uso le dieron, qué estancia de la casa adornaba, qué circunstancias vivían los habitantes de la casa en las épocas en las que algunos trozos deteriorados se restauraron con 'opus signinum' (cal con ladrillo machacado), e incluso con pavimento de ladrillo en épocas posteriores.

También se percibe que existe dentro del mosaico una zona mejor cuidada que otra, y que el pavimento sufrió un uso «muy intenso», de forma que experimentó más de 15 restauraciones en una primera época, en la que se intentó respetar el dibujo original, y otras 20 reformas posteriores realizadas de forma mucho menos respetuosa.

La excavación ha dejado al descubierto hasta ahora dos estancias de la casa: la del mosaico, que se cree que podría adornar un gran comedor, y el patio aledaño, con sus galerías cubiertas y el pozo.

Tres habitaciones más

En tres estancias aledañas, todavía pendientes de excavar, también se vislumbran fragmentos de mosaicos, por lo que se cree que la casa pertenecía a una de las familias pudientes que habitaba entonces en pleno centro de la ciudad romana.

El mosaico fue encontrado a cuatro metros de profundidad bajo los escombros de los muros de la casa. En las capas superiores también se habían descubierto previamente fosas visigodas, muros de casas visigodas y emirales y un cementerio islámico, dado que este yacimiento arqueológico está ofreciendo numerosos hallazgos.

«El solar concentra 2.000 años de la historia de Mérida», comenta el arqueólogo Santiago Feijoo, quien destaca los hallazgos de los restos de una iglesia visigoda y de la muralla islámica, cuyo trazado se desconocía, como las principales aportaciones del yacimiento al mejor conocimiento del pasado de la ciudad.

Pedro Mateos coincidió en destacar el potencial arqueológico del solar, que podría situarse «en la misma línea que el de Morerías», tanto por la variedad cronológica de los restos como por la importancia de los hallazgos.

José María Álvarez asegura que es un ejemplo de la 'Escuela Emeritense'

El director del Museo Nacional de Arte Romano, José María Álvarez, especializado en el estudio de los mosaicos romanos, asegura que el encontrado en el solar de San Andrés es un ejemplo de la 'Escuela Emeritense'.

La llamada 'Escuela Emeritense' fue conformada por una serie de talleres de mosaicos de Mérida, que trabajaron de forma muy intensa entre los siglos II y V, y que se caracterizaron por la uniformidad en los materiales utilizados, tal como han demostrado los análisis realizados por el Departamento de Petrología de la Universidad de Zaragoza.

Estos análisis probaron que la mayoría de las teselas empleadas por los artesanos de Mérida se hicieron con rocas calcáreas y areniscas cuarcíticas, «ambas muy abundantes en los alrededores de Mérida», según explica en su trabajo 'Mosaicos Romanos de Mérida. Nuevos Hallazgos', publicado en la colección 'Monografías Emeritenses'.

Los autores de los mosaicos de Mérida también mostraban cierta coincidencia en los motivos que ilustraban los mosaicos, cuyas figuras mostraban una clara influencia itálica y de África.

Autor de varios trabajos sobre los mosaicos emeritenses y romanos, y también profesor de esta especialidad en la Universidad Complutense, José María Álvarez cree que el recién descubierto es un mosaico «importante», aunque por el momento solo ha tenido la oportunidad de visitarlo fugazmente, y todavía no ha realizado ningún estudio exhaustivo sobre el terreno ni ha visto la cimentación.

Sólo falta por excavar la zona de los sótanos del convento, la antigua cárcel franquista

Según anuncia Pedro Mateos, director científico del Consorcio de la Ciudad Monumental, la excavación del solar de San Andrés está prácticamente terminada, a falta de que se excave la zona correspondiente a los antiguos almacenes del convento del siglo XVII, utilizados posteriormente como cárcel durante y después de la Guerra Civil.

Esta zona, la más cercana a la calle Oviedo, es la más arrasada del yacimiento, ya que la construcción del convento destruyó probablemente los restos de los cuatro siglos anteriores, según estima Santiago Feijoo, responsable de la excavación.

Los investigadores pretenden llegar hasta el nivel de la roca, donde posiblemente se encuentren los restos correspondientes a la época romana.

Respecto a la posibilidad de que se estudien las paredes ahora encaladas de los sótanos del convento, donde según los responsables de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica podrían encontrarse mensajes de los que allí estuvieron encerrados, Mateos aclara que el Consorcio pretende «realizar la excavación completa y la documentación del solar, lo que abarca desde el siglo I hasta el XXI».

Fuente: CELIA HERRERA/MÉRIDA / Hoy Digital, 3 de marzo de 2006
Enlace: http://www.hoy.es/pg060303/prensa/
noticias/Merida/200603/03/HOY-LOC-004.html

Turín expone el mapa más antiguo de Occidente: “El papiro de Artemidoro”

Turín expone el mapa más antiguo de Occidente: “El papiro de Artemidoro”

ROMA (AFP) - El célebre papiro de Artemidoro, considerado el mapa geográfico más antiguo de Occidente, ha sido expuesto por primera vez al público este miércoles en el Palacio Bricherasio de Turín, al norte de Italia.

EL PAPIRO DE ARTEMIDORO / ARTEMIDOR IM ZEICHENSAAL
ARTEMIDORO EN CLASE DE DIBUJO: UN PAPIRO CON TEXTO, MAPA Y DIBUJOS DE TIEMPO HELENÍSTICO TARDÍO
por Claudio Gallazzi (Universidad de Milán, Italia) y Bärbel Kramer (Universidad de Tréveris, Alemania) - Traducción del alemán de G. Arias Bonet (publ. en la rev. El Miliario Extravagante 72, febrero 2000)
© Alicia M. Canto, Universidad Autónoma de Madrid

Artemidoro de Efeso, renombrado geógrafo griego del siglo I antes de Cristo, viajó por todo el Mediterráneo, pasando por España y terminando en Egipto, sin olvidar Italia, donde fue embajador.

Realizó 11 rollos de papiro considerados como los mapas más antiguos jamás encontrados.

Uno de esos rollos, que sirvió para envolver a una momia hace 1.800 años, fue descubierto por un equipo de arqueólogos en los años 90.

El papiro fue comprado luego por un coleccionista egipcio y pasó por diferentes dueños hasta llegar a la Compañia de San Paolo, una fundación privada italiana, que lo compró por 2,7 millones de euros.

De 2,70 metros de largo, el papiro está muy estropeado, pero los 50 trozos amarillos que lo componen dejan percibir perfectamente, a ambos lados los trazados del contorno de los países, al igual que dibujos de animales reales y fantásticos, de caras, manos y pies humanos.

"Este papiro es único. Se trata del mapa más antiguo de Occidente del que tengamos conocimiento y nos ha permitido reconstruir ciertos episodios de la historia del arte clásico", aseguraron los profesores Claudio Gallazzi y Salvatore Settis, durante la inauguración de la muestra.

La exposición, titulada ’Las tres vidas del papiro de Artemidoro’, presenta paralelamente, hasta el 7 de mayo en el mismo Palacio, otras 140 grandes piezas procedentes de una treintena de museos europeos y americanos que ofrecen a los visitantes una visión completa de los usos y costumbres de la época en que fue realizado ese documento.

El papiro de Artemidoro será expuesto posteriormente en diversos museos del mundo. En dos o tres años será instalado definitivamente en el Museo Egipcio de Turín.

Fuente: Yahoo News, 8 de febrero de 2006
Enlace: http://es.news.yahoo.com/08022006/159/
turin-expone-mapa-mas-antiguo-occidente.html


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(2) EL PRIMER MAPA DE ESPAÑA ACABA EN TURÍN:

Es el mapa más antiguo de Occidente y debió ser realizado para una reina o algún potentado del siglo I a. C. Representa una zona del centro de España, la Hispania de entonces, y en él aparecen ciudades que podrían ser Roa, Segovia y Sigüenza, y ríos como el Duero

El papiro, de 250 centímetros de largo por 32 de alto, representa parte de la Hispania del siglo I antes de Cristo.

Incluye el comienzo del libro segundo de los 11 que componían el famoso «Periplo» de Artemidoro de Éfeso.

El dorso del documento también fue usado por un artista para hacer dibujos de gran calidad: cabezas de Zeus, Apolo y Alejandro Magno.

La joya primigenia de la cartografía occidental, que representa parte de la Hispania del siglo I antes de Cristo, fue entregada ayer por el ministro de Cultura italiano y la Compañía de San Pablo al Museo Egipcio de Turín, que superó a otros competidores interesados en esa pieza única, entre los que figuraba el Estado español. El descubrimiento del antiquísimo mapa en un papiro egipcio propiedad de un coleccionista privado fue primicia española en ABC en diciembre de 1999 y provocó el interés de los especialistas.

El «papiro de Artemidoro» es «importantísimo» y «un objeto de gran lujo», según Elvira Gangutia, destacada helenista del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, quien sostiene que un documento de esa importancia podría haber sido creado tan sólo para algún potentado de la etapa helenística o alguna reina. El extraordinario papiro de 250 centímetros de largo por 32 de altura necesitará todavía algunos meses más de restauración en la Universidad Estatal de Milán bajo el cuidado del profesor de papirología, Claudio Gallazzi.

En el acto de entrega oficial al Museo Egipcio de Turín, el profesor Gallazzi anunció que «estamos terminando la restauración, lo cual permitirá realizar una copia digital que ponga a disposición de los especialistas esta riquísima fuente para estudio de todos sus particulares». El «papiro de Artemidoro» será expuesto al público en 2005. El Museo Egipcio de Turín, el mas importante del mundo después del de El Cairo, conserva además el «papiro de las minas», del siglo XII antes de Cristo, y otro valioso ejemplar con los planos de la tumba de Ramsés IV en el Valle de los Reyes.

El «papiro de Artemidoro» es un manuscrito de lujo que incluye el comienzo del libro segundo de los 11 que componían el famoso «Periplo» del geógrafo griego Artemidoro de Éfeso, quien trabajó a caballo entre el siglo II y el siglo I antes de Cristo, y cuyas obras se conocían tan solo por las referencias de Estrabón y Plinio el Viejo.

El papiro, elaborado en el siglo I antes de Cristo probablemente en Alejandría, incorpora cuatro columnas del texto de Artemidoro («don de Artemisa»), viajero por todo el mundo grecorromano, desde la remota Hispania hasta el Mar Rojo. Por fortuna, su enciclopédica obra comienza por las columnas de Hércules (Gibraltar), y el texto del papjro descubierto hace más de una década en un basurero en Egipto, se abre con una fascinante introducción a la Peninsula Ibérica.

Tras unas consideraciones filosófico-científicas sobre el trabajo del geógrafo, Artemidoro de Éfeso escribe que «el país que va desde los Pirineos hasta las cercanías de Gades (Cádiz) se llama tanto Iberia como Hispania. Los romanos lo han dividido en dos provincias. A la primera pertenece la región que se extiende desde las montañas de los Pirineos hasta Cartago Nova (Cartagena) y Castolo (una ciudad cercana a Linares) y las fuentes del Betis (Guadalquivir). A la segunda pertenece, en cambio, el resto del territorio hasta Gades y toda la región de la Lusitania». Se trata, evidentemente, de la Hispania Citerior y la Hispania Ulterior, establecidas como provincias por Roma el año 197 a. de C.

El elemento más fascinante del papiro es el mapa de lberia o Hispania en una franja de 94 centímetros de largo por 32 de alto. Con esas dimensiones, el único modo posible de representar la Península es una versión muy comprimida horizontalmente, que no respeta las distancias reales como en los mapas contemporáneos.

A pesar de que el papiro estaba roto y hubo que recomponerlo utilizando muchos fragmentos, muestra dos grandes ríos de la España central, junto con ciudades y estaciones de postas. Varios especialistas coinciden en que el río superior es el Duero, mientras que el inferior podría ser uno de sus afluentes o bien el Tajo.

Las ciudades incluidas en el papiro pueden ser Septimanca (Simancas), Oxama (Osma), Segontia (Sigüenza) y Segovia. El mapa cuenta con las principales calzadas romanas pero, al igual que los ríos y ciudades, sin la correspondiente toponimia. Es, a todas luces, un trabajo de gran calidad, que nunca llegó a terminarse. Según Ganazzi, el «papiro de Artemidoro» tuvo una vida agitada, lo cual explica las ausencias y los añadidos posteriores. Una vez copiado el texto del geógrafo con caligrafía cuidadísima, el papiro pasó a otro taller de alto nivel dedicado a la cartografía y a los mosaicos, actividades que solían ir juntas.

Es precisamente en el taller de cartografía donde, por algún motivo, la obra no llega a completarse, y el papiro terminó siendo utilizado por un artista que aprovechó el dorso para realizar dibujos de gran calidad: cabezas de Zeus, de Apolo y de Alejandro Magno, que sorprenden por su fuerza.

El rostro de Zeus conserva, al cabo de 2100 años toda la energía del dios del Olimpo a pesar de la precariedad del soporte: fibras entrecruzadas de papiro, cuya solidez es muy inferior al de las pieles utilizadas posteriormente. Antes de terminar en el basurero, el papiro alejandrino conoció una tercera etapa en la que dos alumnos de una escuela de dibujo aprovecharon los espacios libres en ambas caras para realizar estudios de rostros, manos y pies en diversas posiciones, demostrando un talento más que prometedor.

Fuente: Juan V. BOO / ABC, 7 de octubre de 2004

Fuenlabrada, Madrid. Los restos arqueológicos encontrados en El Bañuelo corresponden a la edad del bronce y a la época visigoda

Fuenlabrada, Madrid. Los restos arqueológicos encontrados en El Bañuelo corresponden a la edad del bronce y a la época visigoda

Los restos arqueológicos encontrados en Fuenlabrada, en el lugar que se está desarrollando el polígono industrial El Bañuelo, corresponden a dos fases: a la edad del bronce y a la época tardorromana o visigoda, según los estudios realizados hasta ahora por la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid.

El alcalde, Manuel Robles, destacó la importancia del hallazgo “porque nos ayudará a conocer mucho más sobre nuestros orígenes y nuestros antepesados. Siempre es fundamental recuperar memoria histórica y estoy convencido que todos estos restos contribuirán a aportarnos muchos datos del origen de nuestra ciudad”.

Según los primeros resultados obtenidos, los restos más antiguos corresponden a la Edad del Bronce. Se trata de una serie de estructuras circulares con desarrollo subterráneo que pudo utilizarse como almacén de alimentos.

Los materiales recogidos son, en su mayor parte, cerámicas facturadas a mano, algunas con decoraciones incisas realizadas con un punzón en arcilla sin cocer, con motivos geométricos denominado dientes de lobo.

También se ha encontrado alguna herramienta facturada en piedra utilizada como elemento cortante.

Con el fin de completar la información obtenida de esta excavación, se han realizado una serie de tomas de muestras de polen para conocer el ambiente que había en el momento de ocupación del yacimiento.

La segunda fase corresponde a la época tardorromana o visigoda y comprende varios sectores. En uno de ellos aparecen una serie de muros que definen un edificio de planta rectangular de grandes dimensiones con estancias anexas. También hay estructuras subterráneas en las que se han documentado numerosos útiles agrícolas. “Los primeros datos apuntan que se puede tratar de los restos una villae o complejo agropecuario”, apuntó el alcalde, quién añadió que están aún en proceso de excavación y habrá que esperar a que finalicen los trabajos para determinar su utilidad.

Al suroeste de estas estructuras se localiza un cementerio con unos 52 enterramientos de la época tardorromana, formado por tumbas delimitadas por piedras calizas (cistas) o bien excavadas en el suelo (fosa).

“Aun no se ha excavado ninguna de ellas por lo que carecemos de detalles al no haberse identificado los ajuares”, explicó el regidor. Al norte de la posible villae ha sido localizada otra necrópolis en la que se han identificado 200 sepulturas, de las que ya han sido excavadas 60. La mayoría son fosas, recubiertas de piedra, en las que se han encontrado algunos ajuares que datan de los siglos V ó VI d.C.

Próximas a este cementerio hay una serie de estructuras subterráneas de forma circular u ovalada, cuya excavación ya ha finalizado. El análisis realizado hace pensar que este sector fuera un área marginal del poblado.

Los arqueólogos han encontrado otra serie de estructuras de carácter industrial formadas por tres hornos de planta circular y dos de planta cuadrangular. Se han localizado en la superficie restos de escoria y tierra cenicienta que denotan su origen y funcionalidad.

Junto a estos hallazgos se han identificado restos de estructuras circulares subterráneas de gran tamaño.

“La existencia de estos restos hay que relacionarla con la presencia del poblado de Loranca, situado a unos 200 metros al sur del área de actuación, al otro lado del arroyo Loranca”, indicó el alcalde. La presencia de este poblado ya era conocida por la Carta Arqueológica de la Comunidad de Madrid, así como por referencias bibliográficas.

Este enclave tiene una ocupación que se remontan a la Edad del Hierro, época romana inicial y tardía y medieval. Los restos hallados se están trasladando a las dependencias que la Dirección General de Patrimonio tiene en Alcalá de Henares para su estudio. La aparición de estos restos arqueológicos provocó que el pasado otoño quedaran paralizadas las obras de desarrollo del polígono El Bañuelo. Los trabajos se reanudarán una vez concluya la investigación por parte del equipo de arqueólogos. Este polígono está situado junto al de La Cantueña y está gestionado a través de un consorcio integrado al 50 por ciento por el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid.

Fuente: Ayto. Fuenlabrada, 2 de febrero de 2006
Enlace: http://www.fuenlabrada.com/index.php?
seccion=noticias&op=mostrar¬icia=2619


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(2) Importantes descubrimientos en los tres yacimientos de La Cantueña

Se han hallado 200 tumbas con esqueletos, algunos de ellos con valiosos adornos. Hay restos del 2.000 a.C., un poblado romano del siglo III y dos necrópolis visigodas del siglo VI.

Un grupo de 30 arqueólogos de la empresa Artra y Operarios, contratado por la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid, trabajan en una hectárea de terreno, junto a Papelera Española-Holmen Paper, en el polígono de La Cantueña, en Fuenlabrada, en tres yacimientos históricos que podrían ser los más importantes hallados en la región en cuanto al estado de conservación de dos necrópolis, donde se han encontrado más de 200 tumbas, de la época visigoda (siglo VI). Los arqueólogos, dirigidos por José María Barranco y Pilar Oñate, también han localizado vasijas en perfecto estado de la época prehistórica (algo excepcional ya que están datadas 2.000 años antes de Cristo) y restos de una población agrícola del tardorromano (siglos III y IV). Todo ello se descubrió en agosto de 2005 cuando los operarios trabajaban en la creación del nuevo polígono de El Bañuelo y las excavadoras empezaron a sacar a la luz los restos, que podrían estar relacionados con la antigua población de Loranca (nada que ver con la actual), no muy lejos de la carretera Toledo. Entre lo que ahora se estudia destacan hebillas de cinturones (una muy bien conservada), collares, pulseras y anillos todavía prendidos en los esqueletos visigodos. En cuanto a los objetos del tardorromano sobresalen restos de paredes de lo que pudo ser una explotación agrícola y aperos para la labranza. Todo esto se va trasladando poco a poco a las dependencias que Patrimonio posee en Alcalá de Henares.

El equipo también investiga otros materiales: cerámicas facturadas a mano, algunas con decoraciones incisas realizadas con un punzón en arcilla sin cocer, y con motivos geométricos denominado dientes de lobo. Igualmente, han salido a la luz herramientas hechas en piedra utilizada como elemento cortante. Con el fin de completar la información obtenida de esta excavación, se han realizado una serie de tomas de muestras de polen para conocer el ambiente que había en el momento de ocupación del yacimiento. La segunda fase corresponde a la época tardorromana o visigoda y comprende varios sectores. En uno de ellos aparecen una serie de muros que definen un edificio de planta rectangular de grandes dimensiones con estancias anexas. También hay estructuras subterráneas en las que se han documentado numerosos útiles agrícolas. Los primeros datos apuntan que se puede tratar de los restos una villae o complejo agropecuario, apuntó el alcalde, Manuel Robles, quién añadió que están aún en proceso de excavación y habrá que esperar a que finalicen los trabajos para determinar su utilidad.

Al suroeste de estas estructuras se localiza un segundo cementerio con unos 52 enterramientos de la época tardorromana, formado por tumbas delimitadas por piedras calizas (cistas) o bien excavadas en el suelo (fosa). Al norte de la posible villae ha sido localizada otra necrópolis en la que se han identificado 200 sepulturas, de las que ya han sido excavadas 60. La mayoría son fosas, recubiertas de piedra, en las que se han encontrado algunos ajuares que datan de los siglos V o VI después de Cristo.

Próximas a este cementerio hay una serie de estructuras subterráneas de forma circular u ovalada, cuya excavación ya ha finalizado. El análisis realizado hace pensar que este sector fuera un área marginal del poblado. Los arqueólogos han encontrado otra serie de estructuras de carácter industrial formadas por tres hornos de planta circular y dos de planta cuadrangular. Se han localizado en la superficie restos de escoria y tierra cenicienta que denotan su origen y funcionalidad. Junto a estos hallazgos se han identificado restos de estructuras circulares subterráneas de gran tamaño. La existencia de estos restos hay que relacionarla con la presencia del poblado de Loranca, situado a unos 200 metros al sur del área de actuación, al otro lado del arroyo Loranca, indicó el alcalde.

Fuente: José Sevilla / Mercado Segundamano Fuenlabrada, 2 de febrero de 2006
Enlace: http://mercado.segundamano.es/scriptsB/
Editorial.dll/g?PL=0&PU=7&T=0&AP=0&S=0&AR=107696

Cádiz. El solar de la Ciudad de la Justicia reúne un centenar de enterramientos romanos

Cádiz. El solar de la Ciudad de la Justicia reúne un centenar de enterramientos romanos

Fotos: (1) Los trabajos para el acondicionamiento del solar donde se construirá la Ciudad de la Justicia comenzarán en breve. / Foto: ÓSCAR CHAMORRO. (2) Una arqueóloga dibuja los restos encontrados en el solar de la Ciudad de la Justicia, Cádiz (EDUARDO RUIZ)

Finalmente, dentro de la necrópolis las excavaciones han hallado valiosos ajuares, un columbario, piletas y una cisterna Cultura confirma que la excavación concluirá este mes.

A unas semanas de que finalicen los trabajos arqueológicos que se han venido realizando en el solar de la antigua Institución Provincial, donde la Junta pretende instalar la futura Ciudad de la Justicia, LA VOZ ha tenido acceso al conocimiento de la mayor parte de los importantes hallazgos que se han efectuado. «A falta de excavar un ángulo del solar, la excavación de la Ciudad de la Justicia concluirá a finales de febrero aproximadamente», han confirmado fuentes de la Delegación de Cultura.

Según ha podido saber este periódico -a través de fuentes especializadas, aunque extraoficiales-, tal y como aventuraban las catas previas realizadas, la parcela de más de 8.000 metros cuadrados ha dado origen a significativos descubrimientos. Como era de esperar, al tratarse de una zona ubicada en terrenos de extramuros, se han sacado a la luz numerosos enterramientos, aproximadamente un centenar, en su mayoría del siglo III a. C. (inicio de la República Romana), aunque también han aparecido restos tardopúnicos (s. IV a. C) y altoimperiales (s. I d. C).

Junto a las inhumaciones y exhumaciones, como era tradición en este tipo de enterramientos, se han encontrado gran cantidad de ajuares, al parecer muy significativos, cuya descripción y valoraciones más precisas se conocerán una vez que la Delegación de Cultura haga público el informe.

Nichos y conducciones

Dentro de esta gran necrópolis, también ha sido desenterrado un columbario -conjunto de nichos romanos donde se colocaban las urnas cinerarias-, de los que hasta fecha sólo se conservaba uno en Cádiz capital, el de la calle General Ricardos.

Además, en el mismo solar, próximo a la Plaza de San Severiano, han aparecido parte de conducciones de agua, una cisterna y restos de piletas romanas.

Durante las semanas que quedan para terminar, pese a que la porción de terreno que resta por desentrañar es reducida, aún es posible que aparezcan nuevos vestigios, aunque lo más significativo es posible que ya haya aparecido. En cualquier caso, habrá que esperar al informe que entreguen a Cultura los arqueólogos que han estado trabajando en la excavación, una de las más importantes y que más expectación han levantado en los últimos años en la ciudad.

Una vez concluidos los trabajos arqueológicos que ha venido desempeñando la empresa Arqueogades, la constructora Sanrocón, a la que la Consejería de Justicia ha designado para que se haga cargo de las obras previas en el solar, podrá empezar sin más dilación a acondicionar el terreno para la futura construcción de la ansiada Ciudad de la Justicia.

Y todavía quedan más

Al tiempo que se procedía a la excavación del terreno donde se ubicaba la antigua Institución Provincial, se han venido desarrollando en la zona de extramuros otros trabajos arqueológicos cuyos resultados aún se desconocen. Es el caso del yacimiento de la calle Acacias, 25 (Bahía Blanca), donde también se extrajeron numerosos enterramientos y ajuares funerarios, pero cuyo informe final y valoración detallada aún se desconocen pese a que la excavación se dio por finalizada el verano pasado.

También pendientes de datación y valoración por parte de la Delegación Provincial de Cultura, se encuentran las nuevas piezas aparecidas en la excavación del solar de las antiguas Bodegas Abarzuza, donde ya se encontraron dos pozos tardopúnicos el pasado mes de septiembre.

Fuente: ANA SORIA/CÁDIZ / La Voz de Cádiz, 2 de febrero de 2006
Enlace: http://servicios.lavozdecadiz.com/pg060202/
prensa/noticias/Cultura/200602/02/LVC-CUL-128.html


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(2) Hallada una necrópolis en el solar de los juzgados de Cádiz
FERNANDO PÉREZ MONGUIÓ - Cádiz
EL PAÍS - 07-09-2005

Las excavaciones arqueológicas de urgencia que la Consejería de Cultura desarrolla desde el pasado 17 de agosto en el solar de la antigua Institución Provincial Gaditana donde se construirá la Ciudad de la Justicia de Cádiz, entre las calles Brunete y Tolosa Latour, han dejado al descubierto restos de una necrópolis romana con varias fosas y pequeños restos cerámicos.

Se trata de la tercera necrópolis romana hallada en Cádiz en los últimos años, después de que en junio de 2003 se descubriesen 350 tumbas de un gran camposanto tardopúnico y romano, del siglo V antes de Cristo, pertenecientes al Gadir fenicio, al siglo II d.C. romano. El otro camposanto se localizó en el casco antiguo en junio, cerca del mayor hallazgo arqueológico de aquella época, el teatro romano, ubicado en el barrio de Santa María

Las nuevas estructuras funerarias datan del siglo IV, de la República romana, según la delegación provincial de Cultura. Son fosas que se encuentran en muy mal estado, con algunos trozos sueltos de sillarejo de piedra caliza y una canalización realizada con trozos de tégula. Los arqueólogos han comenzado una segunda fase de desescombro a mayor profundidad, donde han localizado manchas y fosas que podrían pertenecer a una necrópolis más antigua a los enterramientos fechados en el periodo romano republicano. La delegación provincial de Cultura aseguró ayer que este hallazgo no retrasará los plazos previstos para la construcción del inmueble, un complejo de nueva planta de 25.000 metros cuadrados en el que se unificarán los múltiples órganos judiciales.

Enlace: http://www.elpais.es/articulo/elpepiautand/20050907elpand_2/
Tes/andalucia/Hallada/necropolis/solar/juzgados/Cadiz


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(3) Siete siglos de enterramientos en el solar de la Ciudad de la Justicia

De épocas diversas La excavación ha permitido hallar tumbas cartaginesas, columbarios romano republicanos, restos altoimperiales y otros que van desde el siglo III a.C. al IV d.C.

Cádiz. Desde el pasado mes de agosto de 2005, el solar donde se piensa edificar la Ciudad de la Justicia está siendo objeto de estudio arqueológico. A priori se esperaba que el terreno deparara hallazgos, toda vez que se encuentra en un lugar donde la existencia de la necrópolis romana está ampliamente documentada y que, además, los sondeos previos hablaban de la existencia de varias zonas con enterramientos. La excavación ha dado resultados positivos, y se han desenterrado un centenar de tumbas entre las que se encuentran cuatro columbarios o enterramientos familiares, y una amplia tipología funeraria datada entre los siglos III a.C. y IV d.C. De cualquier manera, los restos no tendrán que ser conservados in situ, con lo cual la construcción del inmueble no sufrirá retrasos al no tener que contemplar cambios en los planos. Para ello, ya se contempla desmontar los columbarios, aunque se advierte que éstos están "muy dañados y arrasados desde época antigua".

Sea como fuere, el estudio de los restos hallados en el solar, situado entre las calles Tolosa Latour y Brunete, ha deparado resultados interesantes. Las labores comenzaron a mediados de agosto de 2005, cuando se retiraron los niveles superficiales de época contemporánea, previamente definidos gracias a los sondeos. Las grandes dimensiones del terreno a excavar –unos 8.300 metros cuadrados– hicieron que los arqueólogos decidieran dividirlo en dos sectores independientes, que pasaron a denominarse noroeste y suroeste.

Aunque los arqueólogos no han elaborado aún el informe definitivo de su labor en el solar, sí se sabe ya que en el segundo de estos sectores el nivel arqueológicamente fértil se localizó a una cota aproximada de 1,80 metros por debajo de la superficie. La aparición, en un estrato de color oscuro, de numerosas piezas numismáticas de época tardía, permitió fecharlo en torno al siglo IV después de Cristo. Este estrato tardío cubría los restos de una construcción romana, consistente en una cisterna o depósito de agua del que parte un canalillo que vierte o desagua en el interior de la misma.

Tras este nivel arqueológico se localizó otro de arenas claras de posible origen dunar, donde se localizaron unas 28 tumbas de épocas variadas: desde la representada por tres enterramientos cartagineses de época Bárcida (siglo III a.C.) que se encontraron depositados en fosas cavadas en la capa de arcilla cuaternaria, hasta tumbas de época altoimperial. Una de las fosas bárcidas estaba cubierta por un conjunto de ocho ánforas púnicas del tipo Mañá D, que fecharon el conjunto "sin problemas", según indican los arqueólogos, mientras que las tumbas altoimperiales estaban cubiertas en su mayoría por tegulae (tejas romanas) colocadas a dos aguas, y en algunas de ellas se localizaron ajuares consistentes en piezas cerámicas y monedas.

En este sector también se ha estudiado un pequeño grupo de fosas excavadas en arcilla y cubiertas con lajas de piedras, datadas en el siglo II o finales del III a.C., que suelen estar orientadas hacia occidente, recordando los antiguos ritos feno-púnicos, ya que pertenecen a los primeros momentos de dominación romana.

Junto a toda esta tipología de enterramientos se ha desenterrado además un conjunto de cuatro piletas de contención de líquidos, que los arqueólogos creen que fueron "seguramente" usadas para la realización de ritos de purificación o lavatorios que solían acompañar a los actos funerarios.

En cuanto al segundo sector del solar, el noroeste, los expertos que han estudiado el terreno indican que inicialmente se dio en él un comportamiento similar al del sector suroeste. Así, se ha localizado un nivel de abandono de época tardorromana y, tras él, unos estratos en los que hasta hace poco se habían excavado hasta sesenta tumbas "de diferentes épocas y factura". Los arqueólogos destacan, en primer lugar, la aparición de los restos de un murete construido con fragmentos de ánforas que cruza todo el solar en dirección noroeste. Restos de ánforas completas de diferentes épocas aparecen apoyadas en las dos caras de este muro, "como si tuviesen la función de actuar de contenedores de algo que desconocemos", aunque los expertos no descartan que sirvieran de división interna de la necrópolis o que fueran restos de edificaciones que, desde muy antiguo, ayudaran a su ordenamiento espacial, actuando además como macetas o lucernarias.

Es en este muro donde aparecieron, hacia el norte, cuatro columbarios o mausoleos familiares, fechados en el cambio de era o a finales de la República, "los cuales están muy dañados y arrasados desde época antigua", y donde aparecieron algunos restos de los ajuares que en su día albergaron pero que fueron saqueados.

Uno de los columbarios tiene planta cuadrada, con tres peldaños estucados y rematados en chaflán como acceso al interior de la cámara, que tiene un pavimento de opus caementicium y las paredes de sillares o sillarejos de piedra caliza, estucadas de blanco. Se conservan en él seis nichos "bastante completos" y la huella de otros tres. Una pequeña moldura curva, a modo de cornisa, sirve de división entre la base de los nichos y las pareces del columbario.

En la otra parte del muro, hacia el suroeste, el panorama cambia totalmente, localizándose un nivel de coloración castaño oscuro donde aparecen enterramientos romanos de época republicana y altoimperial, en los que se constatan ritos tanto de inhumación como de incineración. Abundan, sin embargo, las incineraciones colocadas en urnas y depositadas posteriormente en fosas o cistas de lajas que a veces son cubiertas con hitos terminales, que hacen las veces de señal de la existencia del enterramiento. Las urnas son en su mayoría de cerámica, aunque hay una buena representación de piezas fabricadas en plomo. También aparecen en esta zona enterramientos de inhumación de época altoimperial cubiertas con tegulae, como en el otro sector delimitado en el terreno.

Bajo este nivel de época romana se encuentra la arcilla cuaternaria, representada por margas verdes con carbonataciones. En esta capa arcillosa también hay restos: fosas simples con inhumaciones, fechadas entre finales del siglo III y siglo II antes de Cristo, inicios de la presencia romana en la península, aunque también aparece un grupo bien definido de una decena de tumbas, cubiertas con lajas de piedra de gran tamaño, que podrían ser algo más antiguas, concretamente del siglo III a.C.

Así las cosas, los restos hallados en el solar donde se asentará la Ciudad de la Justicia son, cuanto menos, una buena muestra de la tipología de enterramientos localizados en la necrópolis de la ciudad. De todas maneras, expertos indican que los restos no tendrán que ser conservados in situ, esto es, en el mismo lugar donde fueron localizados, por lo cual la construcción del edificio de la Junta de Andalucía no se verá dificultada por este motivo. Los restos que se conservarán, como los columbarios, serán trasladados de lugar, práctica realizada en anteriores ocasiones en otros yacimientos arqueológicos de la ciudad. A falta del informe final de los arqueólogos, pero valorando igualmente las palabras pronunciadas al respecto por la consejera andaluza de Justicia y Administración Pública, María José López, la construcción de la Ciudad de la Justicia no sufrirá obstáculos.

La historia del terreno donde se asentará la sede judicial

Los terrenos donde se asentará la Ciudad de la Justicia se encuentran en una zona que formaba parte de la antigua necrópolis gaditana, aunque algo alejada del núcleo principal de enterramientos y situada en la que se podría definir como un "cinturón perimetral". Pero estando donde estaba, se realizaron en 2004 sesenta sondeos arqueológicos y una gran zanja longitudinal, que evidenciaron la existencia de enterramientos romanos con cubierta de sillares de piedra caliza y una gran fosa con abundante material romano de época imperial, según atestiguaba el proyecto de intervención arqueológica propuesto en diciembre de 2004 para el solar, realizado por Francisco J. Alarcón Castellanos y Francisco J. Blanco Jiménez. Los arqueólogos plantearon tres fases de estudio en una excavación en extensión, que llegaría hasta los niveles de la planta sótano, en un terreno que medía exactamente 8.302,86 metros cuadrados. Los expertos tuvieron en cuenta, además, que "una vez realizada la intervención arqueológica, en caso de hallazgos de estructuras de cierta entidad, se podría incluir en el futuro proyecto de construcción de la Ciudad de la Justicia la posibilidad de integración de estos restos dentro de la propia parcela o bien su traslado a una zona ajardinada próxima a este lugar". Este aspecto no será finalmente necesario, a tenor de los materiales localizados en el terreno, según confirmaron a este periódico fuentes oficiales y según dijo la propia consejera de Justicia y Administración Pública.

La parcela donde se ubicará la Ciudad de la Justicia está situada en la mayor de las islas del archipiélago gaditano, que se extendía desde el Castillo de San Sebastián hasta el Castillo de Sancti Petri.

Fuente: AIDA R. AGRASO / Diario de Cádiz, 19 de febrero de 2006
Enlace: http://www.diariodecadiz.com/diariodecadiz/
articulo.asp?idart=2469546&idcat=829

La errata que pudo cambiar la historia

La errata que pudo cambiar la historia

La versión oficial de la fundación de la ciudad por Augusto en el año 25 a. C. se debe, según una experta, a un error de traducción Alicia María Canto expone 20 argumentos para defender que el municipio existía antes.

Sobre la verdadera fecha de la fundación de Mérida
© Alicia M. Canto, Universidad Autónoma de Madrid

Los libros de historia lo dicen muy claro: Augusta Emerita fue fundada en el año 25 antes de Cristo (a. C.) por el emperador romano Octavio Augusto para acoger a los soldados jubilados de la legiones V y X.

Sin embargo, Alicia María Canto, profesora titular del departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid, sostiene que esta tesis, hasta la fecha aceptada como irrefutable, se debe a una mala traducción de un texto de Dión Casio. Canto explica a EL PERIODICO EXTREMADURA que uno de los problemas más habituales tanto de la historia como de la arqueología en España es que "durante décadas han dependido de las traducciones e interpretaciones de las fuentes griegas y latinas que hizo Adolf Schulten".

Posible confusión

La confusión en este caso radica en el auténtico significado de la frase de Dión Casio --senador que escribió en griego a comienzos del siglo III d. C.-- en la que asegura que Augusto permitió a sus veteranos "ktísai" una ciudad en Lusitania y llamarla Augusta Emerita. Shulten tradujo esta palabra como fundar ex novo , es decir, fundar una nueva ciudad, pero en los años 80 el catedrático Michel Casevitz añadió un nuevo matiz. En la época en que se escribió este texto histórico la palabra ktísai significaba construir o edificar, "esto es, una ampliación urbana, una remodelación significativa en una ciudad que perfectamente puede preexistir", dice Canto.

Esta investigadora, que trabaja desde 1986 con esta teoría, asegura que ya dispone de 20 argumentos --19 además de la errónea traducción de Dión Casio-- que ponen en duda la auténtica fecha de la fundación de Mérida. Su conclusión es clara: la ciudad ya existía en tiempos de Julio César e incluso antes y Octavio Augusto "no sería el héroe fundador, sino el benefactor, el gran evergeta", puesto que la dotó de rango colonial y de grandeza.

Zona más antigua

Asimismo, esta mujer, miembro de la Real Academia de Extremadura desde 1997, está convencida de que las numerosas excavaciones que se han llevado a cabo en la ciudad aún no han localizado las vetas más antiguas, que considera que se encuentran en la parte oeste, en la llamada zona de El Calvario. Pero asegura que el origen preaugusto de Mérida viene dado incluso por la propia lógica, apoyada en este caso por algunas pruebas físicas difícilmente explicables.

Por lo que se refiere a la propia historia de la comarca emeritense, Alicia María Canto recuerda que la ciudad "está sobre un paso del Guadiana estratégico desde tiempo inmemorial" con una gran isla central donde se debieron celebrar mercados y como paso obligado de la ruta prerromana entre Sevilla y Salamanca. "Es un lugar, pues, que debió de ser habitado y transitado comercialmente en épocas anteriores a Roma".

A esto se suma que desde el año 45 a. C. Julio César creó numerosos campamentos y refundó diversas ciudades en un amplio radio en torno a Mérida, un grupo en el que se enmarcan Seria (Jerez de los Caballeros), Segida (Burguillos del Cerro) o Nertobriga (Fregenal de la Sierra), entre otras. Por eso se pregunta "si es razonable pensar que un gran estratega como César ignorara y olvidara dejar controlado precisamente el paso quizás más privilegiado".

Revisión histórica

También recuerda que las legiones X y V --que dan nombre a calles de Mérida-- "son cuerpos que las fuentes citan siempre en relación con Julio César, no con Augusta".

A la hora de analizar pruebas físicas recuerda que se han encontrado inscripciones funerarias de tres legionarios anteriores al año en el que supuestamente se fundó la ciudad.

Pero sin duda una de las claves que apoyarían la tesis de Alicia María Canto es la presencia de al menos trece testimonios epigráficos en los que el nombre de la ciudad es C(olonia) I(ulia) A(ugusta) E(merita) en lugar de CAE , nombre del Alto Imperio. Esa letra, la I, "era el nomen o apellido de César y caracteriza a sus fundaciones".

La investigadora, acostumbrada a presentar tesis revisionistas, concluye que quien quiera defender que Augusto fundó Mérida sobre un lugar vacío en el año 25 a. C. "puede hacerlo, pero no saltando sobre todos estos obstáculos como si no existieran".

Dicen los investigadores que la historia nunca termina de escribirse y Alicia María Canto ha reabierto un debate poco conocido. Ahora queda saber si realmente Augusto fundó la ciudad o si todo se debe a una errata que cambió la historia. Quizás nunca lo sepamos.


Fuente: JAVIER ALVAREZ AMARO / El Periódico de Extremadura, 9 de enero de 2006
Enlace: http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/noticia.asp?pkid=214579

Hallan restos termales y altares al dios prerromano Reve de las aguas en Ourense

Hallan restos termales y altares al dios prerromano Reve de las aguas en Ourense

Foto: Un camafeo hallado y las fuentes de As Burgas | Agencia EFE

Las catas arqueológicas realizadas en un inmueble anexo a las fuentes de As Burgas dejaron al descubierto los restos.

Las catas arqueológicas realizadas en un inmueble anexo a las fuentes de As Burgas de Ourense dejaron al descubierto restos de un posible espacio público destinado al termalismo por los romanos, además de altares de los siglos I al III con referencias a Reve, el dios prerromano de las aguas.

Los hallazgos se dieron a conocer en rueda de prensa por el alcalde de Ourense, Manuel Cabezas, el arquitecto César Portela, autor de un proyecto de instalaciones termales y de ocio en la misma zona de las excavaciones, los arqueólogos municipales y el director de las catas, Celso Rodríguez.

Rodríguez explicó la «gran trascendencia» de las excavaciones, ya que aportan indicios que podrían transformar el concepto actual de los orígenes de la capital orensana, su urbanismo inicial y también podrían poner en duda la teoría de que la devoción al dios Reve nació en Extremadura y se difundió hacia el norte.

Según el arqueólogo, los romanos asumieron al dios Reve y, a medida que mantuvieron su asentamiento en Ourense, su culto se transformó en devoción a las ninfas, como lo revela otro altar o ara romana hallada a finales del siglo XX y dedicada a estos seres mitológicos por una ciudadana llamada Calpurnia Abana.

Ente las cerámicas halladas, Rodríguez Cao se refirió a ánforas llegadas desde la costa por el río Miño y un camafeo de vidrio azul y blanco tallado con una escena de baño que recuerda a los hallados en las primeras termas romanas de Caracalla y Roma.

El camafeo de vidrio apareció en la misma cata en la que se encuentran los restos de un sistema de calefacción con agua caliente de época romana, y varias salas podrían configurar un espacio público de ocio termal de comienzos del primer milenio, explicó.

También quedó al descubierto un pedazo de muro que podría corresponder, según la documentación de los archivos históricos de Ourense, a una de las trece puertas medievales que daban acceso a la ciudad, la conocida como puerta de la Burga de arriba.

El director de la excavación enviará a la Xunta de Galicia un informe sobre estos resultados y, según explicó, espera que se determine la demolición del inmueble actual y la excavación de sus cimientos.

Esto permitirá -añadió- conocer el asentamiento urbano de época romana que, probablemente, cambiará la concepción actual sobre los orígenes de Ourense e, incluso, la planimetría de las calles medievales posteriores, además del culto prerromano a las aguas, que ya generó un debate científico en los foros internacionales ya que las aras orensanas podrían indicar otro origen para este culto.


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(2) Los hallazgos de As Burgas revelan datos inéditos del origen de Ourense
Los restos arqueológicos sitúan el nacimiento de la capital en el siglo primero

El Concello pedirá a Patrimonio que los elementos se conserven en la zona a modo de museo

La Casa dos Fornos se ha revelado como un auténtico libro de historia que puede revolucionar las teorías sobre el nacimiento de la capital. Realizando las catas para la realización del proyecto de musealización de As Burgas, diseñado por César Portela, los arqueólogos han encontrado restos romanos y bajomedievales que revelan datos inéditos sobre la historia de Ourense y que situarían el origen de la ciudad en el siglo primero después de Cristo.

Aunque el equipo de Celso Rodríguez Cao, José María Eguileta y Alberto Yebra insiste en ser prudentes hasta la finalización del informe científico, lo cierto es que no esconden la satisfacción por los restos encontrados a los que el alcalde, Manuel Cabezas, otorgó una trascendencia internacional. Una dimensión que confirmaba el propio Cao al destacar que los hallazgos pueden suponer «un cambio en la planimetría medieval, en la concepción del urbanismo romano de Ourense y en los estudios científicos por las alusiones al dios indígena Reve».

Esto sólo con las excavaciones realizadas en 80 metros cuadrados, pero se pretende seguir hasta los 300. Hasta el momento han aparecido restos de una estructura que podría pertenecer a la Porta da Burga, una de las trece de la ciudad medieval. También se ha encontrado un hipocausto que es una cámara que, a partir de un horno, permitía calentar con aire toda una estancia que se cree que pertenece a un complejo termal.

Hay también un muro de excelente factura y ladrillos que se remontarían al siglo primero. A todo esto se unen tres aras dedicadas al dios indígena Reve relacionado con el agua y que sería anterior a las ninfas. Esto revela el culto que ya en aquel momento había por las aguas termales. El hecho de que se hayan encontrado agolpadas podría desembocar en el hallazgo de una estructura más allá de la arquitectura termal que dejaría al descubierto un Ourense romano muy importante, tal y como manifiestan los arqueólogos.

La trascendencia de estos restos lleva al Concello a pedir a Patrimonio que los hallazgos permanezcan en el entorno de As Burgas como un museo vivo de la historia de la capital.

Cerámicas, elementos de culto al dios Reve y un camafeo

Entre los materiales arqueológicos encontrados destaca un camafeo elaborado con una técnica del siglo primero con dos capas de pasta de vidrio, una blanca opaca y otra azul traslúcida, que se esculpen hasta formar una escena de baño -podría utilizarse como imagen del Ourense termal-. Asimismo se encontraron tres aras romanas dedicadas al dios indígena Reve. En todas ellas hay inscripciones que se están estudiando en estos momentos y que están relacionados con el culto al agua. Sólo en esta intervención se han encontrado más aras en As Burgas que todos los hallazgos anteriores. A todo esto se une la aparición de ánforas, moldes y cerámica.

Fuente: Marta Carballo / La Voz de Galicia, 21 de diciembre de 2005
Enlace: http://www.lavozdegalicia.es/inicio/
noticia.jsp?CAT=126&TEXTO=100000083159


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(3) Aparecen restos espacio romano Ourense con culto a dios termal


Catas arqueológicas realizadas en un inmueble anexo a las fuentes de As Burgas de Ourense dejaron al descubierto restos de un posible espacio público destinado al termalismo por los romanos, además de altares de los siglos I al III con referencias a Reve, el dios prerromano de las aguas.

Los hallazgos se dieron a conocer en rueda de prensa por el alcalde de Ourense, Manuel Cabezas, el arquitecto César Portela, autor de un proyecto de instalaciones termales y de ocio en la misma zona de las excavaciones, los arqueólogos municipales y el director de las catas, Celso Rodríguez.

Este explicó la 'gran trascendencia' de las excavaciones, ya que aportan indicios que podrían transformar el concepto actual de los orígenes de la capital orensana, su urbanismo inicial y también podrían poner en duda la teoría de que la devoción al dios Reve nació en Extremadura y se difundió hacia el norte.

Según el arqueólogo, los romanos asumieron al dios Reve y, a medida que mantuvieron su asentamiento en Ourense, su culto se transformó en devoción a las ninfas, como lo revela otro altar o 'ara' romana hallada a finales del siglo XX y dedicada a estos seres mitológicos por una ciudadana llamada Calpurnia Abana.

Entre las cerámicas halladas, Rodríguez Cao se refirió a ánforas llegadas desde la costa por el río Miño y un camafeo de vidrio azul y blanco tallado con una escena de baño que recuerda a los hallados en las primeras termas romanas de Caracalla y Roma.

El camafeo de vidrio apareció en la misma cata en la que se encuentran los restos de un sistema de calefacción con agua caliente de época romana, y varias salas podrían configurar un espacio público de ocio termal de comienzos del primer milenio, explicó.
También quedó al descubierto un pedazo de muro que podría corresponder, según la documentación de los archivos históricos de Ourense, a una de las trece puertas medievales que daban acceso a la ciudad, la conocida como puerta de la Burga de arriba.

El director de la excavación enviará a la Xunta de Galicia un informe sobre estos resultados y, según explicó, espera que se determine la demolición del inmueble actual y la excavación de sus cimientos.

Esto permitirá -añadió- conocer el asentamiento urbano de época romana que, probablemente, cambiará la concepción actual sobre los orígenes de Ourense e, incluso, la planimetría de las calles medievales posteriores, además del culto prerromano a las aguas, que ya generó un debate científico en los foros internacionales ya que las aras orensanas podrían indicar otro origen para este culto'.

El arquitecto César Portela explicó su segundo proyecto para la zona de ocio que se construirá en la superficie ahora excavada y que incluirá un paseo por los restos romanos y medievales y, sobre él, un jardín y explotación termal.

'Tras las catas realizadas -añadió- propongo la creación en el jardín de siete puntos acristalados en el suelo para poder ver los restos desde la superficie'.

Pero si en el futuro se excava toda el área de catas, presentará un tercer proyecto que se adapte a las nuevas circunstancias, porque 'estoy seguro de que éstas cambiarán y mostrarán que a Ourense le tocó la lotería'.


Fuente: Terra Actualidad – EFE, 21 de diciembre de 2005
Enlace: http://actualidad.terra.es/cultura/articulo/
aparecen_ourense_restos_espacio_romano_653560.htm