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Egipto

Los enigmas de Luxor

Los enigmas de Luxor

Foto: Plano de las tumbas de Djehuty y Hery, realizado por Juan Ivars y Carlos Cabrera durante la campaña de 2003. Para la toma de datos se utilizó una estación total.

La misión española del Proyecto Djehuty vive desde 2002 en la necrópolis egipcia de Dra Abu el Naga, una colina rocosa en las inmediaciones de la antigua ciudad de Tebas, hoy Luxor. Una maravillosa aventura científica con sensacionales hallazgos: los secretos de dos tumbas de nobles de 1.500 años antes de Cristo.

Tras una breve conversación preliminar le pregunté de dónde venían aquellas piezas. ‘Min el gebel’ (de las montañas), respondió. ‘Muchas antigüedades’, señalé con una sonrisa, ‘proceden de las montañas’. ‘Cierto’, dijo, ‘pero éstas son especiales, ¡vienen de una gran tumba! Ishtaree! (¡cómpralas!)… ¡Vienen de verdad de una gran tumba en la colina!’. ‘¿En la colina?’, repliqué, ‘¿qué colina?’. ‘¡El Dira!’, explicó señalando por encima de su hombro hacia la colina de Dira Abou’l-Negga”.

Por: Carlos Spottorno, El País, 14 de marzo de 2005

El que habla con el persuasivo ladrón de reliquias faraónicas es nada menos que Howard Carter –que recogió la charla en uno de sus apuntes autobiográficos–, y el lugar maravilloso al que se refieren, preñado de momias, tesoros y misterios, es Dra Abu el Naga (el término se ha simplificado, perdiendo quizá algo de su romanticismo), una gran zona arqueológica cerca del famoso Valle de los Reyes, en Luxor, la antigua Tebas, que fue usada intensivamente como necrópolis durante las dinastías XVII y XVIII –hay también enterramientos anteriores y posteriores–, hace más de 3.500 años. En ese sitio privilegiado por el que ronda aún la sombra tenaz del descubridor de Tutankamón, que identificó en el lugar la sepultura perdida de Amenofis I, bautizada como tumba ANB, excava ahora una misión española, y está realizando hallazgos sensacionales.

Los españoles no han de buscar sus tumbas: ya las tienen. Son la TT11 y TT12 –TT equivale, en la terminología arqueológica, a Theban Tomb (Tumba Tebana)–. Se trata de dos tumbas vecinas, prácticamente adosadas, como los chalés –chalés de momias–. Fueron construidas en la falda sur de la colina para los nobles Djehuty, que da nombre al proyecto de investigación hispano-egipcio, y Hery. El primero fue, hacia 1500 antes de Cristo, supervisor del Tesoro y supervisor de los Trabajos, el equivalente actual de ministro de Hacienda y de Obras Públicas, de la célebre reina Hatshepsut, probablemente la mujer más notable del antiguo Egipto, y cuya carrera, poder y realizaciones empequeñece a las más populares Cleopatra o Nefertiti.

Djehuty, un individuo de enorme capacidad intelectual, como atestiguan los juegos criptográficos que aparecen en las inscripciones de su tumba, y hombre de confianza de la reina, tuvo el privilegio de participar –al menos a nivel organizativo– en una de las grandes aventuras de su tiempo: la expedición al remoto y exótico país de Punt, en algún lugar de África oriental. El segundo personaje, Hery, más enigmático, vivió en época anterior, durante los reinados de Amosis I (1570-1546 antes de Cristo), el fundador de la poderosa dinastía XVIII y el rey que expulsó definitivamente a los invasores hicsos, y Amenofis I (1551-1524). Amosis I también fue enterrado en el área de Dra Abu el Naga, y la localización de su tumba sigue siendo hoy desconocida –la momia, sin embargo, como la de Amenofis I, la tenemos: fue hallada en el escondite real de Deir el Bahari en 1881, en excelente compañía (Ramsés II, Seti I, Tutmosis III y la mayor parte del embalsamado Gotha tebano)–. Hery ostentó un cargo cuya relevancia es difícil de interpretar, pero que sugiere que era un hombre cercano a la casa real, seguramente emparentado con ella: supervisor del Granero de la Mujer del Rey y la Madre del Rey, Ahottep.

La aventura científica y vital del equipo español –que acaba de cerrar su cuarta campaña, de seis semanas, en Dra Abu el Naga–, se centra en excavar, restaurar y publicar las tumbas de Djehuty y Hery. El trabajo, pese a lo que pudiera parecer al tratarse de dos pequeñas tumbas –en comparación con los grandes hipogeos reales del Valle de los Reyes–, es monumental y exige unas energías y unas dosis de cuidado y paciencia casi sobrehumanas. Complica las cosas el que las dos tumbas fueran reutilizadas, en parte, en tiempos posteriores a su construcción y, en épocas ptolemaica o romana, convertidas en verdaderas catacumbas interconectadas por pasadizos subterráneos en los que se instaló un cementerio de aves sagradas, con numerosas momias de ibis y halcones.

Las labores en los dos sepulcros y sus alrededores van a prolongarse aún durante mucho tiempo; por lo menos, 10 años más. El proyecto incluye también, en su etapa final, su adecuación para que puedan ser visitados por el público. La excavación de los patios exteriores de las dos construcciones, que estaban cubiertos de tierra y ruina, ha arrojado un sinnúmero de objetos maravillosos, algunos espectaculares, y otros, además, de valor decisivo para nuestra comprensión de la historia del antiguo Egipto. Baste con citar la Tabla del Aprendiz, una tablilla preparatoria con el único dibujo frontal de un faraón (seguramente la propia Hatshepsut) que se conoce; el bellísimo ataúd de madera pintada de la Dama Blanca –así han bautizado a la anónima mujer del Imperio Nuevo envuelta en lino que apareció dentro–, o un fragmento de alabastro con el cartucho –el nombre real– de Amosis I.

El director del Proyecto Djehuty, patrocinado por Telefónica Móviles y la Fundación Caja Madrid, es el egiptólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas José Manuel Galán (Madrid, 1963), un hombre cauto y sensato al que le interesan mucho más las inscripciones que las momias –peor para él– y que trata siempre de contener la inmensa emoción que le provoca su trabajo. Le cuesta reconocerlo, pero en sus sueños se adentra en la tumba de Djehuty, al que está llegando a conocer como se conoce a un amigo íntimo, y da con el sarcófago dentro del cual se halla todavía el cuerpo del fiel colaborador de la gran reina… Ahora, Galán acaba de regresar de la última campaña en Dra Abu el Naga, el polvo de la vieja Tebas aún pegado en las botas. En sus palabras resuenan el chasquido de las palas al cavar en la arena, las voces guturales de los capataces y el estremecedor rechinar de los escombros que amenazan derrumbarse sobre una galería subterránea. En buena medida, el egiptólogo sigue en un mundo cálido y lejano en el que la tierra es inimaginablemente vieja, los pintados abejarucos juegan al escondite entre los cañaverales del Nilo y el sol enrojecido se reclina sobre los hombros de los colosos de Memnón igual que en los gloriosos tiempos de Amenofis III.

Galán, como el hombre ordenado que es, empieza por el principio y recuerda cómo empezó todo: “La primera vez que vi la tumba de Djehuty fue en noviembre del año 2000. Buscaba un proyecto en Egipto de cierta envergadura y que sirviera para dar un nuevo empuje a la egiptología española. Tenía una lista de tumbas disponibles del periodo que me interesaba, la dinastía XVIII, el momento estelar del imperialismo egipcio. Visité varias en el West Bank; en algunas había misiones trabajando, otras estaban en muy mal estado. Acabé en la de Djehuty. Sólo entrar, me di cuenta de que era lo que estaba buscando”. Amor a primera vista, pues. “Entré en compañía de Mohamed el Bialy, que es ahora mi socio en la excavación, y otro inspector, con linternas. Fuimos iluminando los relieves y las inscripciones, un trabajo muy fino de los artesanos, y entendí hasta qué punto era un monumento importante. Cumplía con todas mis expectativas”. El Gobierno egipcio, en la persona del poderoso Zahi Hawas, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, dio el visto bueno a un proyecto que coincide con sus nuevas directrices arqueológicas: no abrir nuevos yacimientos, sino excavar a fondo sitios ya conocidos, y restaurar y hacer visitables los monumentos.

El Proyecto Djehuty es el primero de una misión española en las necrópolis tebanas, con el único precedente –aparte de la participación de los catalanes Lluís Monreal y Eduard Porta en la restauración de la tumba de Nefertari en el Valle de las Reinas, a finales de los ochenta– de los trabajos del diplomático y egiptólogo Eduard Todà i Güell. Todà excavó en 1886 para el gran Maspero la tumba de Sennedyem (Son Notem), la TT1, en Deir el Medina. Esa tumba estaba intacta, y Todà encontró la friolera de 20 momias; es cierto que algunas en tan mal estado que sólo pudo llevarse las cabezas. Todà, embriagado de antigüedades faraónicas, se fotografió disfrazado de momia en las salas del Museo Egipcio de El Cairo, algo que difícilmente haría Galán, notablemente más tímido.

Conseguir excavar en Tebas es todo un logro. ¿Cómo lo consiguió Galán? “No lo sé, supongo que porque tenía muy claro que debía ser ahí. Si me hubiera interesado otra época estaría en el Delta o en El Fayum; pero para estudiar el imperialismo egipcio y la dinastía XVIII, Tebas es el sitio”. Galán aprovecha para destacar muy deportivamente el trabajo que desde hace años llevan a cabo sus colegas españoles en Heracleópolis Magna (Museo Arqueológico Nacional de Madrid, bajo dirección de María del Carmen Pérez Die) y Oxirrinco (Universidad de Barcelona, con dirección de Josep Padró). En Meidum, la Fundación Arqueológica Clos acomete un proyecto de investigación y restauración de la necrópolis que dirige el egiptólogo Luis Manuel Gonzálvez.

Las tumbas de Djehuty y Hery ya estaban descubiertas, lo que al neófito le puede parecer, erróneamente, menos excitante. Las descubrió Champollion, aunque el sabio iba a paso ligero y no se detuvo mucho en ellas. Tampoco lo hizo el siguiente ilustre visitante, Lepsius, que se limitó a copiar algunas inscripciones. A finales del siglo XIX, el marqués de Northampton redescubrió las tumbas, que fueron investigadas por los célebres egiptólogos que le acompañaban, Newberry y Spiegelberg (nombre que hoy le hubiera granjeado más de una broma). En los años cincuenta, otro egiptólogo, Säve-Söderbergh, el escandinavo especialista en la navegación en tiempos faraónicos, trabajó en los sepulcros. “Hacía casi medio siglo que nadie investigaba y nunca se había realizado un estudio completo. Cuando consulté la bibliografía sobre las tumbas me quedé de piedra ante lo poco que, contra todo pronóstico, se había hecho. Los descubrimientos que estamos realizando muestran cuánto hay por hacer en Egipto y qué importante es reexcavar y volver a investigar, incluso en sitios tan populares como Tebas”, recalca Galán.

Una de las sorpresas es que, excavando en los patios, ha aparecido numeroso material que no pertenece a las tumbas de Djehuty y Hery. “El área fue aprovechada en años posteriores y se efectuaron enterramientos en todas las épocas, en la ramésida, en la saíta y después”. Incluso ha habido una inesperada pedrea: entre las dos tumbas ha aparecido una tercera, también de la dinastía XVIII –“no sabemos quién era el propietario, no hay indicación fuera y aún no hemos entrado”–, y hasta una cuarta, sobre la de Hery, de la que se han descubierto las jambas de entrada con el nombre del difunto, un tal Baky.

De lo colosal de la tarea de la misión española da prueba el que, acabada ya la cuarta campaña, de momento sólo se han excavado en profundidad los patios de las tumbas. “Dentro hemos documentado las inscripciones visibles, pero apenas hemos empezado a excavar. En el interior de las tumbas, los primeros metros están despejados, pero luego las cámaras están llenas casi hasta el techo de escombros. Esos escombros, y piedras, y tierra, entran por agujeros de arriba. Cerrarlos es prioritario antes de poder excavar dentro, que es lo que haremos en la próxima campaña”.

Cuatro años, y Galán aún no sabe si Djehuty está todavía dentro de su tumba. Eso es paciencia. ¿Estará? “Mi experiencia como arqueólogo es que siempre ocurre lo contrario de lo que esperas y planeas”, explica con enervante prudencia. “Fuera, en los patios y alrededores de las tumbas, no esperábamos encontrar gran cosa y hemos hallado material interesantísimo. En la segunda campaña apareció en el patio de Djehuty ese estupendo sarcófago con momia y pensé que en ésta hallaríamos algún otro enterramiento, y, sin embargo, no hemos encontrado prácticamente nada. Mientras que en el patio de Hery sí han aparecido cosas. Dentro… es difícil de decir”. Venga hombre, arriesgue. “Entre los escombros y el techo de la tumba de Djehuty se ven maravillas. Relieves policromados. ¿Se habrán conservado por debajo? Parece que sí, pero hay que cruzar los dedos”. La momia debería estar, ¿no? “Ésa es nuestra hipótesis. Aunque nuestras tumbas, como todas, sufrieron la acción de los ladrones, creemos que fue durante la antigüedad, cuando sólo buscaban oro y plata. Entonces no les interesaban las momias para llevárselas. Los propios escombros han protegido las zonas internas de la tumba de los ladrones modernos de los siglos XIX y XX, que son los más destructivos, los más carroñeros. Aunque las dependencias funerarias estén revueltas, creo, tengo la esperanza, que encontraremos restos del sarcófago y del ataúd y parte del ajuar. Todo ello material de significación histórica, que es lo que realmente nos interesa”.

Cuando se le pregunta a Galán en qué estado podría estar la momia, el egiptólogo arruga el ceño y se ensimisma como cuando a alguien se le hace describir el accidente de un pariente. “Es difícil decirlo. En el peor de los casos estará tirada por ahí, incluso descuartizada, igual que algunas de las que hemos encontrado fuera. La habrán abierto para buscar el escarabeo del corazón. Pero seguramente no se la habrán llevado, no es muy interesante llevarse una momia a cuestas”. Sorprende el tono de ferocidad con que el egiptólogo zanja la cuestión, digno de Belzoni, el hombre que accedía a las tumbas con dinamita: “Creo que la encontraremos, pero en mal estado. Me pongo en el peor de los casos. Para no hacerme ilusiones”.

Remontémonos en el pasado de la momia. ¿Quién era Djehuty? “Su nombre, escrito Dhwty, remite a Djehut, que es como denominaban los egipcios al dios Tot, el escriba divino, al que se representaba habitualmente como un ibis –de ahí el que luego se instalara un cementerio de esos pájaros en la zona–. Podemos entender el nombre de nuestro personaje como ‘el que pertenece a Tot’. El nombre era bastante común, y, por ejemplo, tenemos un general contemporáneo que se llamaba igual”. Ese militar del que habla Galán combatió en el norte y se distinguió en el sitio de Joppa, en Palestina, durante la campaña de Tutmosis III contra Meggido; vale la pena perder unas líneas con él para recordar que, según se cuenta en el papiro Harris, capturó la ciudad con una estrategia similar a la del legendario caballo de Troya: metiendo un contingente de soldados en cestas que parecían contener tesoros y que fueron introducidas en la población sitiada.

En fin, nuestro Djehuty (el otro está enterrado en Saqqara) no era, como aquél, un militar dedicado a contar escrupulosamente manos cortadas de enemigos y que ambicionase las moscas de oro del valor (la Cruz de Hierro de primera clase en versión ejército del faraón), sino alguien más pacífico: un alto funcionario, procedente se cree de Hermópolis, que desempeñó diversos cargos con Hatshepsut. Como supervisor del Tesoro fue responsable de contabilizar las ingentes riquezas que llegaron de Punt, entre ellas cantidades nunca vistas de especias y perfumes, y casi mil kilos –al peso actual– de oro. “En su tarea de supervisor de los Trabajos era el encargado de dar instrucciones a los artesanos, los manitas que hacían las obras más delicadas y trabajaban con materiales preciosos. Y así, por ejemplo, sabemos que se responsabilizó de la capilla en ébano de Nubia de la reina en el templo de Deir el Bahari y de que se cubrieran con electro los dos obeliscos chapados de ese material que Hatshepsut hizo levantar en Karnak, entre los pilonos IV y V”. La extraordinaria calidad de los relieves de la tumba de Djehuty seguramente se explica, dice Galán carraspeando, porque el probo funcionario desvió trabajadores reales a su sepulcro. Acaso también desviara fondos de las arcas de construcción de la reina, con lo que nos encontraríamos ante una situación tipo 3% en la antigua Tebas. Un poco tarde para crear una comisión de investigación. En todo caso, Djehuty fue un tipo fiel que sufrió por ello la misma damnatio memoriae, condenación de la memoria por motivos políticos o religiosos, que su reina: su nombre y su rostro aparecen borrados premeditadamente en varios lugares en la tumba.

La decoración de la tumba de Djehuty es un primor. “En un lado de la fachada hay un gran texto autobiográfico, en el que Djehuty explica sus trabajos con Hatshepsut, y enfrente, la contrapartida religiosa, en la forma del gran himno a Amón-Ra, que estaba pintado de amarillo para que el sol lo coloreara al amanecer”. La conjunción de ambos aspectos en la fachada de la tumba sintetiza, subraya Galán, los requisitos que precisaba un egipcio bien nacido para asegurarse la vida futura: haber servido lealmente al rey (si exceptuamos los trabajillos desviados) y mostrar devoción religiosa. “Junto a la fachada se alzaba una estatua del propietario del sepulcro de la que hemos encontrado una docena de fragmentos. También se hizo representar en un panel funerario en el que aparecen sacerdotes, mujeres con sistros y un arpista. ¡Todo eso sólo en la fachada! Dentro podemos observar escenas convencionales muy bien realizadas: una peregrinación a Abydos para ganar las convenientes simpatías de Osiris, una escena de caza en el desierto, el ritual de apertura de la boca de la momia…”. El equipo español está rejuntando otras dos inscripciones autobiográficas de Djehuty que estaban “muy machacadas”, y se confía en que aportarán nueva información sobre el personaje.

Un asunto interesante es cuán cerca estaba el servidor de la reina. No olvidemos que a Hatshepsut se le atribuye un amante en la persona de su más alto funcionario, Senenmut (un grafito de la época les muestra en actitud sexual tan explícita que hace daño), un personaje enigmático que acumuló cargos y prerrogativas extraordinarios y que parece haber permanecido siempre soltero. Significativamente, en la tumba de Djehuty no aparece ninguna mención a una esposa, aunque sí están su madre y su padre. “Es posible que los altos funcionarios de Hatshepsut no incluyeran a sus esposas en sus tumbas, por alguna razón que se nos escapa. Puede que fuera una convención, algún tipo de decoro”. ¿Decoro? El morbo obliga a preguntar si no tendría la reina un harén de funcionarios… “Bueno, no dudo de que a Hollywood eso le encantaría, pero no hay ningún indicio”, ríe Galán. En fin, Djehuty, hombre prudente, manifiesta en su tumba: “Mi boca guarda silencio sobre los asuntos referentes al palacio”.

En la tumba de Djehuty se enterraría también, seguramente, a algunos de sus familiares. “Por eso estamos encontrando material de después de su época, como un fragmento de lino con la marca del año segundo del reinado de Amenofis II, quizá parte del ajuar de alguien de la familia”.

Galán se siente muy cerca del funcionario egipcio que vivió hace 3.500 años. “Djehuty fue sin duda un miembro de la élite intelectual del momento, un momento muy importante en el que proliferaron un arte y unas ideas muy refinados. La reina necesitaba legitimarse como faraón, y encontramos inscripciones muy elaboradas, con un lenguaje político extremadamente sofisticado. Djehuty es parte de este mundo, y seguramente tuvo una responsabilidad en el alto nivel lingüístico y plástico de la época”. El egiptólogo está fascinado con los textos criptográficos de la tumba. “Son un reto al lector: se utilizan signos distintos de los habituales, de forma que leerlos es como resolver un enigma. Pero, en general, todas las inscripciones en la tumba están muy cuidadas, tanto desde el punto de vista textual como formal. Djehuty es, en el fondo, Tot, el gran escriba, el hombre entusiasmado con el lenguaje y la escritura”. No sabemos cuándo murió Djehuty, ni por qué causa, ni la edad que tenía. “Sabemos que su origen debía ser provinciano y que algo meritorio hizo para ser llamado a la corte de Tebas”.

En su apasionada biografía de Hatshepsut (Edhasa, 2004), la egiptóloga francesa Christiane Desroches Noblecourt, que califica a Djehuty como “uno de los más fieles entre los fieles” de la reina, sugiere que el funcionario fue el responsable de la misión a Punt y viajó a ese país, que Galán y otros especialistas sitúan en Eritrea. “En las escenas del viaje, Djehuty aparece en segundo plano supervisando el pesado de la mirra y el incienso, pero al regreso. Yo no creo que él fuera en el viaje. No es un comisionado real, sino un escriba. No hay evidencia. De haber hecho el viaje, lo habría apuntado en su autobiografía inscrita en la tumba”.

Entre los hallazgos extraños en las excavaciones figura sin duda la momia de mono estrangulado. “Apareció en la tumba intermedia entre la de Djehuty y Hery. Estaba junto al pozo de enterramiento del propietario de ese sepulcro que no hemos empezado todavía a excavar. El mono fue momificado como un rey, empaquetado con lino, pero previamente le habían retorcido el cuello”. Quizá era una mascota querida que fue sacrificada a la muerte de su dueño para que le acompañara. Precisamente en el patio de la capilla funeraria de Senenmut en la necrópolis de Gurna se sepultó a una pequeña yegua y a un simio cinocéfalo, ambos envueltos en vendas. “Ahora que lo dice, es verdad. Pudiera ser algo similar. En todo caso, es una momia muy peculiar”. Y fea. ¿Qué tal es el trabajo en Dra Abu el Naga? “Al estar al pie de una colina, en plano inclinado, presenta muchas dificultades. Cuando excavamos se nos viene encima la montaña. Hemos tenido que construir grandes muros de piedra para consolidar el terreno, lo que significa más coste y más trabajadores”. Afortunadamente, el equipo español no pasa calor. “De hecho, dormimos con tres mantas. La temperatura de día en esta época del año es agradable, unos 25 grados, pero por la noche baja hasta 10”. En todo caso, “se disfruta mucho”, confiesa Galán, como si se avergonzase un punto de ello. “El lugar es maravilloso, y el trabajo, apasionante”.

La labor en las tumbas, para la que se cuenta con 70 trabajadores egipcios, se lleva a cabo desde las siete de la mañana hasta la una de la tarde. Los egiptólogos se quedan otras dos horas más. Luego se retiran al Marsam, un hotelillo junto al templo de Merenptah, y repasan los datos que ha arrojado el día, hasta la cena. El hotel pertenece a la familia de Abd el Rasul, los legendarios saqueadores de tumbas, con lo que todo queda en casa. La relación con la gente de la zona “es otro aspecto gratificante”, dice Galán. “Los egipcios son encantadores, generosos y abiertos, y el ambiente en Luxor es de absoluta tranquilidad”. El egiptólogo madrileño ha hecho gran amistad con el capataz, Ali Faruk, del pueblo de Quift (antiguo Coptos), del que proceden los mejores capataces desde los tiempos heroicos de las excavaciones.

El equipo español se encuentra en Luxor en medio de la élite mundial de la egiptología. “Intercambiamos experiencias con las otras misiones internacionales. Es un escenario muy activo. Los franceses vuelven a excavar en Deir el Medina y están hallando nuevas colecciones de ostraca. Se excava debajo de los obeliscos y pilonos de Karnak y están apareciendo estatuas depositadas allí como fundación. Los belgas restauran dos tumbas maravillosas de época de Amenofis II cerca de nosotros. Nuestros vecinos alemanes han descubierto, ¡a cincuenta metros de nuestras tumbas!, un ataúd de madera indescriptiblemente bello y cubierto de textos que parece hecho ayer”.

¿Y el peligro? “Bueno, solemos ir con casco en las tumbas, por indicación de los arquitectos que vienen con nosotros. En el pasillo de la tumba de Hery, un agujero lleva hasta una galería subterránea. Cuando nos metemos ahí, el terreno es tan inestable que las paredes y el techo se desploman si los tocas, todo se deshace. Cuando hay un derrumbe encojes los hombros y nunca sabes cuándo va a parar”. En esos túneles, donde yacen ibis y halcones polvorientos arrebatados al cielo puro de Egipto, la aventura de la egiptología adquiere su cariz más siniestro y claustrofóbico. Pero Galán no teme a las momias. Ni siquiera a las humanas. “Para mí, aparte de las inscripciones, son sólo cuerpos con vendas de lino”.

No está acreditado que las tumbas de Djehuty y Hery, TT11 y TT12, tengan maldición alguna, pese a que el insólito hallazgo de ofrendas de escarabajos remite, para el profano, a algún culto siniestro digno del infame sacerdote Imhotep de The mummy. La única maldición, en realidad, sería que, bajo las pilas de cascotes y escombros, el pasado se hubiera desvanecido y la historia no fuera ya más que unos puñados de arena indescifrable. Pero eso no pasará. Galán cierra los ojos y pronuncia la vieja palabra que ha precedido al descubrimiento de tantas cosas maravillosas: inshallah (si Dios quiere). Y el egiptólogo regresa mentalmente a la tumba, que le espera allí en la vieja Tebas, y en su imaginación recorre una vez más la inscripción en la que las mujeres de los sistros y el arpista entonan una canción por Djehuty, y vuelve a leer la letra de esa canción en el muro: “Te cantamos a ti para que Amón y Hathor te concedan todo lo que necesites y te otorguen de nuevo el dulce aliento de la vida”.

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Proyecto Djehuty en Internet:

http://www.excavacionegipto.com/index.jsp

VIDA DE DJEHUTY

Djehuty en egipcio quiere decir "El que pertenece a Tot", puesto que Djehut es la forma egipcia de referirse al dios Tot. Esta divinidad era el escriba de los dioses, quien dominaba los jeroglíficos y custodiaba los documentos más importantes. Uno de los animales en los que se encarnaba esta divinidad era el ibis, un ave que supuestamente tenía la facultad de volar entre el mundo de los dioses en el cielo y el mundo de los humanos en la tierra.

Djehuty era hijo de la "señora de la casa" Dediu, y vivió durante los reinados de Hatshepsut y Tutmosis III, alrededor del año 1500 a. C.

Tenía el título de "supervisor de los sacerdotes de Hermópolis", lo cual hace pensar que pudiera ser originario de dicha localidad, en el Egipto Medio. Precisamente en Hermópolis la divinidad principal era Tot, y allí se han encontrado cientos de momias de ibis que fueron enterradas como exvotos en su honor. Esta misma circunstancia la encontramos en la tumba del propio Djehuty, convertida años después en santuario dedicado a Tot y, consecuentemente, reutilizada como pequeño cementerio de momias de ibis.

Djehuty sucedió a Ineni (enterrado en la tumba nº 81 de Tebas) en el cargo de "supervisor del tesoro". Él era quien controlaba todas las piedras preciosas del templo de Karnak, y quien se encargaba de llenarlo con toda clase de productos. Además, era el encargado de registrar los diferentes productos que llegaban de las tierras extranjeras como tributo anual, así como lo que los gobernantes locales de Egipto le entregaban.

Contabilizaba los productos que venían de todas las tierras extranjeras y las maravillas que llegaban de Punt. Se encargaba de registrar los productos de los Shasu (poblaciones semi-nómadas de la región de Palestina) y el oro de los Aamu (semitas).

Además, desempeñó también el cargo de "supervisor de trabajos" en numerosas construcciones. Se encargó de los trabajos en la barca del Nilo "User-hat-Amon", y de diversos trabajos en Deir el-Bahari y Karnak. En el primero de estos templos cabe destacar la construcción de una gran capilla en honor a la reina Hatshepsut, en ébano de Nubia, que posiblemente es la que encontró M. Naville en este templo. En Karnak realizó trabajos en diferentes puertas, obeliscos, altares y capillas.

Djehuty fue, sin duda, un importante personaje, con gran peso dentro del gobierno de Hatshepsut. De hecho, él mismo se define en su autobiografía como "un líder del palacio". Es probable que fuera un partidario leal de Hatshepsut, por lo que, como parecen indicar algunos de sus monumentos, pudo sufrir algún tipo de persecución o marginación después de la muerte de la reina. Así, en su tumba, el nombre de la reina fue totalmente borrado e incluso, en varias ocasiones, el nombre del propio Djehuty.

La "damnatio memoriae" de Djehuty no sólo tuvo lugar en su tumba, sino también en Deir el-Bahari. En los relieves relativos a la expedición al Punt, se ha borrado a propósito una figura que está registrando los productos llegados de este país, pero que puede identificarse por medio del nombre y título que la acompañan: "el escriba y mayordomo Djehuty". También en Deir el-Bahari, en la escena en que se informa a Hatshepsut del éxito de la expedición a Punt, aparecen tres personajes delante de la reina cuyas figuras han sido borradas: la primera sería la de Nehesi, la segunda la de Senmut y la tercera se supone que sería la de Djehuty. Estos tres nobles pertenecieron al grupo de oficiales que más peso e influencia tuvieron durante el reinado de Hatshepsut. Parece que, después de su muerte, sufrieron algún tipo de persecución en sus monumentos, debido precisamente a su estrecha vinculación con ella.

Djehuty era, por otro lado, un nombre bastante corriente en aquellos años. Otros personajes importantes con el mismo nombre fueron: el "supervisor de los escultores" que vivió durante el reinado de Tutmosis I y que tiene su tumba en Kom el-Akhmar (Hierakómpolis), y el "heraldo real", cuya tumba es la nº 110 de Abd el-Qurna (Tebas occidental). Al igual que nuestro personaje, el heraldo real de la tumba nº 110 vivió durante los reinados de Hatshepsut y Tutmosis III, aunque parece que en un momento posterior, pues está más ligado a Tutmosis III que a Hatshepsut. Tal vez podría tratarse de su hijo. Esto es algo que se tratará de esclarecer con las investigaciones efectuadas durante el proyecto. Del mismo modo, se intentará establecer qué objetos de los diferentes museos con el nombre de Djehuty pertenecen a uno u otro personaje.

VIDA DE Hery

Hery, era hijo de la "señora de la casa" Ahmose. Vivió durante los reinados de Amosis a Amenofis I, y fue "supervisor del granero de la mujer del rey y la madre del rey Ahhotep". Tuvo dos hijos, Amonmose y Ahmose, y tres hijas, Nesnebu, Bak(et)amon y Tinetnebu.

Poco más se conoce de este personaje, posiblemente emparentado con la familia real, cuya vida transcurrió durante un periodo tan importante de la historia egipcia como es el comienzo de la XVIII dinastía, con la que se inicia un nuevo periodo histórico, el denominado "Reino Nuevo". Con este proyecto se tratará de conocer mejor el papel que desempeñó este personaje en dicho momento, y cual fue la situación vivida durante aquellos años.

MOMIFICACIONES DE LOS ANIMALES

Los antiguos egipcios no sólo momificaban cuerpos humanos sino también todo tipo de animales, desde toros hasta ratones. En algunos casos se trataba de animales de compañía, mientras que en otras ocasiones los animales se momificaban como ofrendas de alimento para el difunto. Sin embargo, la mayoría de los animales eran momificados por razones religiosas. Los egipcios creían que la mayoría de sus dioses y diosas eran capaces de aparecer sobre la tierra abjo la forma de un animal sagrado. Amon podía manifestarse bajo la forma de un carnero o un ganso, la vaca podía ser Isis o Hathor, Tot podía aparecer como ibis o babuino, etc. Sin embargo, no todos los ejemplares de una especie en particular eran considerados como sagrados (por ejemplo, la mayoría de los gansos eran alimentados para servir como alimento). Sólo los animales elegidos como representantes terrenales de la divinidad, como los toros Apis, gozaban del privilegio de vivir en el recinto del templo bajo todo tipo de cuidados, y de ser posteriormente embalsamados y enterrados con el ceremonial funerario correspondiente. En época Tardía esta práctica se generaliza de tal modo que todos los ejemplares de cualquier especie considerada como sagrada eran aptos para ser momificados. Las especies de criaturas que se momificaban eran muy variadas: perros, gatos, cocodrilos, toros y vacas, carneros, babuinos, halcones, ibis, lagartijas, serpientes, e incluso escarabajos.

Las técnicas de momificación empleadas en los ejemplares más elaborados seguían aquellas aplicadas a los cuerpos humanos, incluyendo la evisceración, deshidratación y vendado. Dichas operaciones se llevaban a cabo en un contexto ritualístico, acompañados por los ensalmos correspondientes. Aquellos embalsamados como ofrenda votiva recibían un tratamiento mucho más simple que suprimía la evisceración: los cuerpos eran deshidratados o simplemente cubiertos de resina antes de ser vendados.

MOMIAS DE IBIS

En general las aves fueron momificadas de forma extensiva, siendo quizá las más numerosas las momias del ibis, el pájaro sagrado del dios Tot. Los cuerpos embalsamados de los pájaros eran depositados en vasijas de cerámica de forma cónica, aunque también se empleaba como contenedor alternativo una escultura con forma de ibis, elaborada en madera aunque con cuerpo y patas en bronce.

Muchas momias de ibis han sido halladas en la necrópolis de animales de Saqara. En Tuna el-Gebel, el cementerio asociado con la ciudad de el-Ashmunein y dedicado a Tot está abarrotado de babuinos e ibis momificados. Sólo las momias de ibis se estiman en torno a 4.000.000, aunque el número bien podría duplicarse. Los restos del cercano templo de Tot presentan un recinto en el que, se cree, pudieron criarse babuinos e ibises ya que resulta del todo improbable, dado el número de momias, que los animales murieran por causas naturales. Parece posible que un peregrino que deseara algún favor de Tot fuera al templo y pagara por el sacrificio y momificación de un ibis o babuino.

La tumba de Djehuty en Dra Abu el-Naga se convirtió en época tardía en un cementerio de momias de ibis. Tal vez debido al nombre de su propietario (Djehuty = Toty = "El que pertenece a Tot"), la tumba se convirtió muchos años después en un santuario al dios Tot y, como consecuencia, en un depósito de ofrendas en su honor, entre las que se contaban estas aves. Una serie de graffitiescritos en tinta sobre las paredes interiores recogen los nombres de algunos de los sacerdotes y devotos que participaron en estas prácticas.

Las tumbas de Djehuty y de Hery están excavadas en la falda sur de la colina rocosa de Dra Abu el-Naga. La puerta de la tumba de Djehuty (nº 11) sirve también de entrada para la tumba de Hery (nº 12), pues su puerta permanece enterrada.

La tumba de Djehuty poseía originalmente un recibidor abierto y sin techo. El recibidor fue cerrado y techado por el Servicio de Antigüedades de Egipto en los años 60 para proteger los relieves, las inscripciones y la estatua de Djehuty que están esculpidos en sus paredes. Sobre una de ellas, se representa un banquete funerario que incluye un arpista seguido de un par de mujeres que cantan y marcan el ritmo con sistros. A ambos lados de la puerta original de la tumba se grabaron sendas estelas con una extensa inscripción biográfica de Djehuty.

La sala transversal también posee decoración en relieve, mostrando un variado repertorio de escenas acompañadas de inscripciones. En el suelo se excavó un pozo, y en una de las paredes laterales se abre una galería que conduce a la tumba de Hery. En la pared opuesta se abre otra galería que comunica con una esquina del recibidor. Esta galería está hoy llena de escombros, muy probablemente conteniendo momias de ibis y cerámica de época tardía.

El estrecho pasillo que conduce hasta el santuario del fondo también está decorado con relieves, representando la peregrinación fluvial hacia Abidos (donde se encontraba el templo principal de Osiris, rey de los difuntos), una escena de caza en el desierto, rituales realizados frente a la momia, etc.
El acceso al santuario del fondo, donde probablemente habrá una estatua de Djehuty sentado junto con su esposa, está cortado por una montaña de escombros que llega casi hasta el techo.

La tumba de Hery (nº 12), es anterior en el tiempo que la de Djehuty. El recibidor y la sala transversal no pueden verse en el estado actual de la tumba. Las paredes del pasillo que se dirigía hacia el santuario del fondo están decoradas con finos relieves, representando un banquete funerario, una cacería en el desierto, una procesión funeraria, etc.

La parte de la tumba donde debería encontrarse el santuario está lleno de escombros con huesos de animales (ibis) y cerámica rota. La sala tiene un pilar muy tosco, y se convierte en una galería que conduce de vuelta hacia el pasillo que une las dos tumbas. Todo este "anexo" sigue estando cubierto de escombros, con pozos y oquedades excavados en la roca.

En la obra fundamental de B. Porter & R. Moss, "Topographical bibliography of ancient Egyptian hieroglyphic texts, reliefs, and paintings", vol. I, publicada en 1927 y revisada en 1960, puede encontrase un plano y una descripción de las dos tumbas. Su plano, sin embargo, omite muchas detalles de interés. Por otro lado, la descripción comete el error de asignar a la tumba nº 11 de Djehuty objetos que sin duda proceden de la tumba de un homónimo que desempeñó el cargo de "supervisor de los países extranjeros del norte". Estos objetos fueron adquiridos en el siglo XIX en el mercado de antigüedades y algunos de ellos se exhiben hoy en el Louvre. Conviene tener presente que el nombre de Djehuty era muy común en aquella época, como así lo demuestra también la interesante tumba nº 110 en Abd el-Qurna.

ESTUDIOS PREVIOS DE LAS TUMBAS

Las tumbas de Djehuty y de Hery, excavadas en la falda sur de la colina rocosa de Dra Abu el-Naga, fueron descubiertas nada más y nada menos que por J. F. Champollion, a comienzos del siglo XIX. En su "Monuments de l’Egypte et de la Nubie: notices descriptives", vol. I, tan solo anotó, sin embargo, un breve pasaje de la inscripción que acompañaba a una escena funeraria en la tumba de Hery.

Alrededor del año 1840, las tumbas recibieron al siguiente visitante ilustre, K. R. Lepsius. De nuevo, este pionero de la egiptología se limitó a copiar y reproducir en su obra monumental "Denkmaeler aus Aegypten und Aethiopien", vol. III, las secciones de las inscripciones que le parecieron más significativas y que servían para identificar a los propietarios.

En los años 1898-99 el marqués de Northampton "redescubrió" las tumbas durante su viaje de estudios por la región, acompañado por dos afamados egiptólogos, P. E. Newberry y W. Spiegelberg. Los resultados fueron publicados un año después bajo el título "Report on some excavations in the Theban necropolis". Spiegelberg fue quien se encargó de estudiar los gafitti escritos sobre las paredes interiores de las tumbas, en lengua y escritura "demótica". Datan de época ptolemaica o greco-romana y documentan el enterramiento de momias de ibis (el ave en la que se encarnaba el dios Tot) dentro del antiguo complejo funerario. K. Sethe se ocupó de las inscripciones jeroglíficas en "escritura enigmática", es decir, utilizando los signos jeroglíficos no de la forma convencional, sino dotándolos de un valor fonético y semántico distinto, críptico, jugando la mayoría de las veces con la imagen del signo; una peculiaridad más del reinado de Hatshepsut. Spiegelberg había ya publicado ese mismo año, en 1900, un artículo en la revista Recueil de Travaux sobre la inscripción biográfica más extensa, grabada sobre una de las paredes del recibidor de la tumba de Djehuty, y denominada "estela de Northampton".

Años después, S. Schott visitó la tumba y sacó fotos de los relieves grabados sobre las paredes de las áreas accesibles de las tumbas. Hasta la fecha, estas fotos, la mayoría de ellas no han sido nunca publicadas, formaban el documento gráfico más importante de las tumbas. Sus negativos están guardados en el archivo del Griffith Institute de Oxford, y han llegado hasta nosotros gracias a la amabilidad del Dr. J. Malek. Copias de estas fotos nos fueron también facilitadas por medio del profesor E. Winter de la universidad alemana de Trier.

Sethe incluyó en su obra fundamental "Urkunden der 18. Dynastie", vol. II, publicada en 1927, los textos jeroglíficos más importantes que podían copiarse en la tumba de Djehuty.

En los años 1952-53, T. Säve-Söderbergh entró en la tumba junto con J. Barns y J. Janssen del Griffith Institute. Estos egiptólogos tuvieron a su disposición unos dibujos realizados por Davies, los cuales llegaron a sus manos por medio de Schott.

En 1956, de nuevo Säve-Söderbergh estuvo estudiando la tumba, prestando especial atención a las escenas del banquete funerario de la tumba de Djehuty. Publicó sus conclusiones en un artículo dentro del número 16, de 1958, de la revista Mitteilungen des Deutschen Archäologischen Instituts Abteilung Kairo.

Desde entonces las tumbas no han sido objeto de ningún estudio egiptológico.

Tutankamon no fue asesinado. Resultados del TAC

Tutankamon no fue asesinado. Resultados del TAC Los expertos barajan como causa más probable de la muerte que sufriera una severa infección tras fracturarse una pierna.

Arqueólogos de todo el mundo especulan desde hace años con la causa de la muerte del faraón-niño, pero la prueba definitiva la han obtenido al hacerle a la momia un escáner de cuerpo entero que determina que la causa más probable del fallecimiento fue una severa infección producida por una fractura de una pierna, según ha revelado el ministro egipcio de Cultura, Faruq Hosni.

Algunos de los miembros del equipo que ha realizado las pruebas a la momia sostienen que la causa de la muerte podría ser una hemorragia producida tras la fractura, y no la infección posterior, pero en cualquier caso, la máxima autoridad del país en arqueología, Zahi Hawas, sostiene que el caso está cerrado, y que la tumba del faraón-niño que murió en el año 1352 a.C. puede volver a cerrarse "para siempre".

Por Olalla Cernuda, El Mundo, 9 de marzo de 2005

Cansados de años de especulaciones sobre la muerte o el asesinato del faraón, el ministerio de Cultura egipcio encargó a un equipo de expertos realizar un completo examen a la momia, incluído un TAC (escáner de cuerpo entero), pruebas que se empezaron a realizar el pasado 5 de enero.

En sus conclusiones, publicadas en un documento de cinco páginas, los expertos revelan que no han hallado señales de que el faraón muriera por un golpe en la nuca, como se sostenía hasta ahora. Además, destacan que Tutankamon habría fallecido a los 19 años, y que los análisis de sus huesos confirman que gozaba de buena salud y atención médica, y que además recibió una buena alimentación durante su infancia.

Los expertos observaron que la espina dorsal tenía una posición anómala, pero descartan que el faraón sufriera algún tipo de enfermedad congénita, y se decantan por la opción de que la fractura se produjera o bien durante el embalsamamiento o bien tras ser descubierta la momia por el ingés Howard Carter, en 1922.

Precisamente, el informe del Consejo Superior de Antigüedades egipcio, dirigido por Hawas, es especialmente crítico con el trabajo realizado por el equipo de arqueólogos dirigidos por Carter que encontró la momia.

Una de las teorías del asesinato se basaba en la fractura de dos pequeños huesos del cerebro detectada hace años en la momia, pero el TAC ha puesto de manifiesto que "esas fracturas no pueden haberse producido antes de la muerte, porque entonces se habrían quedado soldadas a los materiales del embalsamamiento", dicen los arqueólogos egipcios.

El equipo sostiene que los fragmentos se rompieron durante el segundo embalsamamiento, realizado por el doctor Carter, y además señalaron que encontraron material del utilizado por el arqueólogo en una herida en un muslo. "Si esa herida se hubiera procudido en vida, habría srestos de sangre o un hematoma en la zona, y el escáner ha revelado que no los hay", dicen.

Además, el equipo dirigido por Hawas sostiene que ha encontrado también el pene de Tutankamón, que estaba presente en la momia en 1922 pero que cuando se hizo una examinación de la zona posterior, en 1968, había desaparecido. "Lo han encontrado enterrado en la arena cerca del cuerpo del faraón", sostienen en el informe.

Tutankamón llegó al trono poco después de la muerte de Akenatón, el faraón que abandonó la mayoría de los diosos egipcios y trató de imponer una religión monoteísta basada en la adoración al dios del sol, Atón.

Durante su el reinado, que duró sólo diez años, reestableció el orden tradicional del Egipto faraónico, bajo la influencia de los sacerdotes y generales conservadores. Debe su fama a que su tumba fue la única sepultura del Valle de los Reyes que llegó sin saquear hasta la edad contemporánea. Su descubrimiento por Howard Carter en 1922 constituyó un acontecimiento arqueológico mundial, mostrando el esplendor y la riqueza de las tumbas reales y sacando a la luz valiosas informaciones sobre la época.

El CSA egipcio llegó a un acuerdo de colaboración con Siemens para realizar, durante los próximos años, un escaner a todas las momias encontradas en el Valle de los Reyes, para tratar de obtener más información sobre las enfermedades habituales en el Antiguo Egipto.

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PRESS RELEASE - TUTANKHAMUN CT SCAN
Guardians.net, Cairo, 8 march 2005

Farouk Hosni, Minister of Culture, announced today that the Egyptian team has finished their examination of a non-invasive CT scan of Tutankhamun’s mummy. Zahi Hawass, Secretary General of the Supreme Council of Antiquities, states that there is no evidence that the young king was murdered.

The scientific team, which reviewed over 17,000 images, was headed by Dr. Hawass, and consisted of radiologists, pathologists, and anatomists under the oversight of Dr. Madiha Khattab, Dean of Medicine at Cairo University.

Lead radiologist Dr. Mervat Shafik and the rest of the team requested that three international experts, two from Italy and one from Switzerland, be permitted to review the images. “We need our opinion to be international, since people all over the world are waiting for the results of this important scan,” said Dr. Shafik.

Dr. Hawass announced today that the scientific team confirmed that King Tut died at about the age of 19. His bones, which indicate a slight build, show that he was well-fed and healthy and suffered no major childhood malnutrition or infectious diseases. In answer to theories that Tutankhamun was murdered, the team found no evidence for a blow to the back of the head, and no other indication of foul play.

They also found it extremely unlikely that he suffered an accident in which he crushed his chest.

He adds that some team members interpret a fracture in the left thighbone as evidence for the possibility that Tutankhamun broke his leg badly just before he died. However, this injury alone could not have directly caused the king’s death.

The team was also able to rule out pathological causes for the bent spine and elongated skull noted in earlier examinations. The scientists believe the head shape to be a normal variation, and think the bend in the spine is due to the way the embalmers positioned the body.

The king also had a slightly cleft palette and one impacted wisdom tooth. The team also notes that extreme care seems to have been taken in preparing the body of the king for burial.

Dr. Hawass also said: “The Egyptian team worked on the images for two months. The foreign team came for several days at the end to review the work of the Egypt team. The foreign consultants confirmed the results of the Egyptian team, and joined us to make this announcement internationally. All of us are proud to announce these findings, the first CT examination of a securely identified royal mummy from ancient Egypt.

I believe these results will close the case of Tutankhamun, and the king will not need to be examined again. We should now leave him at rest. I am proud that this work was done, and done well, by a completely Egyptian team.”

CT Scan Report

On January 5, 2005, the mummy of Tutankhamun (c. 1355-1346 B.C.) was removed from its tomb in the Valley of the Kings (KV 62) for the first time in almost eighty years. An all-Egyptian team, led by Zahi Hawass, lifted the fragile remains, still resting in the tray of sand in which it had been placed by Carter’s team, from their resting place inside the outermost coffin and sarcophagus of the king, and carried them to a state-of-the-art CT scan machine (housed inside a trailer) donated to the Supreme Council of Antiquities by Siemens, Ltd., and the National Geographic Society. The scan took fifteen minutes and produced over 1,700 images. These images were studied by an Egyptian team, under the auspices of Madiha Khattab, Dean of the Faculty of Medicine, Cairo University, and then by a foreign team composed of experts from Italy and Switzerland.

Previous Examinations

The mummy of the young king had been essential dismantled by Carter’s team, who were interested primarily in recovering the almost 150 jewels, amulets, and other items wrapped with the body and gaining the maximum possible scientific information from the body itself. In order to remove the objects from the body and the body from the coffin, to which it was stuck fast by the hardened embalming liquids (most likely resins) used to anoint the mummy, Carter’s team cut the body into a number of large and small pieces (for example, the trunk was cut in half, the arms and legs were detached). The head, cemented by the solidified resins to the golden mask, was severed, and removed from the mask with hot knives. Carter placed the mummy back in the tomb in 1926. The mummy has been X-rayed twice since this time, once in 1968 by a team from the University of Liverpool under R.G. Harrison, and once in 1978 by J.E. Harris of the University of Michigan.

The Benefits of CT Scanning

Although both the original examination and the subsequent X-rays revealed much about the life of the king, they also left many questions open, and have provided fuel for much speculation. CT scanning is a non-invasive tool that can scan the whole body in a very short time, and can differentiate between various types of soft tissue and bone in three-dimensional images. Conventional X-rays can see two planes only and cannot clearly distinguish the soft tissues. The scope and ability of CT scanning to diagnose and differentiate between diseases is also far superior. The body also does not need to be moved repeatedly, as is the case for X-rays.

The current investigation was designed to confirm or refute the conclusions of the previous examinations, and look for additional details that earlier investigators might have missed. In this it was extremely successful.

Results of the CT Scan

The scientists who have been working to analyze the CT scan images of Tutankhamun came together in a series of meetings on March 3 and 4 to discuss their findings. The scientists were unanimous on almost all points. Their conclusions were as follows:

• State of Mummy. The remains of the pharaoh are in very poor shape, due primarily to the damage done by Carter’s team. The body is in a number of pieces, with both upper and lower limbs dismantled. Many parts present at the original examination are now missing, although many fragments remain loose in the sand tray. Both bones and skin are broken in numerous places. The king’s arms, originally folded across the chest, are now by his sides.

• Age at Death. Tutankhamun was about 19 years old when he died, based on the following observations, and using modern developmental tables:

a. The fusion of the epiphyseal plates (the parts of the bone that is responsible for growth until a certain age) matches the development of a young man of 18 or more, and 20 or less.

b. All of the cranial sutures are still at least partly open.

c. The wisdom teeth are not completely erupted. One of these (upper left) is impacted, and there is a slight thinning of the sinus cavity above. This was not life-threatening, and there are no signs of infection.

• General Health. Judging from his bones, the king was generally in good health. (His internal organs, as is usual for Egyptian mummies, are not present in the body, and thus have not been analyzed). There are no signs of malnutrition or infectious disease during childhood. His teeth are in excellent condition, and he appears to have been well fed and cared for.

• Size in Life. Tutankhamun was approximately 170 cm. (5 and a half feet) tall, as extrapolated from the measurement of the tibia (lower leg). He was slightly built (gracile).

• Skull Shape. Tutankhamun had a very elongated (dolichocephalic) skull. The cranial sutures are not prematurely fused, so this is most likely due to normal anthropological variation rather than any pathology.

• Cleft Palette and Overbite. The king had a small cleft in his hard palette (the bony roof of his mouth), not associated with an external expression such as a hare-lip or other facial deformation. His lower teeth are slightly misaligned. He has large front incisors and the overbite characteristic of other kings of from his family (the Tuthmosid line).

• Scoliosis. There is a slight bend in the spine, However, the scientists agree that this is not a pathological scoliosis, since there is no rotation and no associated deformation of the vertebrae. This bend most likely reflects the way the mummy was positioned by the embalmers.

• Brain Extraction. The nasal septa were destroyed by the embalmers, and the brain was extracted through the nose.

• Embalming of Head: Principal Route. All the scientist agree, based on the differing densities of the materials and the way in which the embalming liquids (now completely solidified) appear, that various types of these liquids were introduced to the cranial cavity several times through the nose. At first, the body was lying on its back, and the embalming liquid pooled along the back of the skull. Later, the head was tipped back in some way, and embalming liquid pooled in the top of the skull.

• Possible Second Route for Embalming of Head. Part the team sees evidence for a second route through which embalming liquid was introduced to the lower cranial cavity and neck. This would have been through the back of the upper neck. In this area, there are two layers of solidified material of a different density from that seen above in this area.

The first cervical (topmost) vertebra and the foramen magnum (large opening at the base of the skull) are fractured here, which according to this theory may have happened when the hole was made to pour in the embalming liquid or may have been done by Carter’s team when removing the head from the mask. Part of the team disagrees, and sees no evidence for an embalming route through the back of the neck. They believe, instead, that the embalming liquid in this area was also introduced through the nose or trickled down from the cranial cavity, and that the vertebra and foramen magnum were definitely damaged by Carter’s team in the process of removing the head from mask, and could not have been damaged by the embalmers.

• The “Murder” Theory. The entire team agrees that there is NO evidence for murder present in the skull of Tutankhamun. There is NO area on the back of the skull that indicates a partially healed blow. There are two bone fragments loose in the skull. These cannot possibly have been from an injury from before death, as they would have become stuck in the embalming material. The scientific team has matched these pieces to the fractured cervical vertebra and foramen magnum, and believes these were broken either during the embalming process or by Carter’s team.

2. Fractured Leg? The team has noted a fracture of the left lower femur (thighbone), at the level of the epiphyseal plate. This fracture appears different from the many breaks caused by Carter’s team: it has ragged rather than sharp edges, and there are two layers of embalming material present inside. Part of the team believes that the embalming material indicates that this can only have occurred during life or during the embalming process, and cannot have been caused by Carter’s team. They note that this type of fracture, unlike most of the others, is possible in young men in their late teens, and argue that it is most likely that this happened during life. There is no obvious evidence for healing (although there may be some present, and masked by the embalming material). Since the associated skin wound would still have been open, this fracture would have had to occur a short time, days at the most, before death. Carter’s team had noted that the patella (kneecap) on this leg was loose (now it is completely separated, and has in fact, been wrapped with the left hand), possibly suggesting further damage to this area of the body. The part of the team that subscribes to this theory also notes a fracture of the right patella and right lower leg. Based on this evidence, they suggest the king may have suffered an accident in which he broke his leg badly, leaving an open wound. Although the break itself would not have been life-threatening, infection might have set in. However, this part of the team believes it also possible, although less likely, that this fracture was caused by the embalmers.

• No Fractured Leg. Part of the team believes that the above scenario is absolutely not possible. They maintain that the fracture mentioned above can only have been done by Carter’s team during extraction of the body from the coffin. They argue that if such a fracture had been suffered in life, there would have been evidence for hemorrhage or hematoma present in the CT scan. They believe the embalming liquid was pushed into the fracture by Carter’s team.

• Missing Ribs and Sternum. The sternum and a large percentage of the front ribs are now missing, evidently along with the much of the front chest wall. The ends of the missing ribs are cleanly cut, clearly by a sharp instrument. The scientific team agrees that this cannot mirror in any way extensive trauma to the chest, as such trauma would have been reflected elsewhere in the body (particularly in the vertebra). Opinion among team members is divided as to whether the ribs and sternum were removed by the embalmers or by Carter’s team. Carter’s team does not mention that the ribs and sternum were missing, and a beaded collar and string of beads can be seen covering the chest cavity in photos taken at the time, but before their examination of the body was completed. Therefore it is perhaps more likely that this area of the body, which is now completely missing, was removed by Carter’s team in order to collect the artifacts present (although he does not mention doing so). Archaeological investigation will continue in an effort to resolve this issue.

• Embalming Process. The team has concluded, based on the identification of at least five different types of embalming material and the many episodes of its introduction to the body and cranial cavity, that great care was taken in the mummification of this king. This counters previous arguments that the body of the king was prepared hurriedly and carelessly.

• Missing Penis. Although they cannot be certain, the team believes that they have located the king’s penis, present at Carter’s exhumation but reported missing at the 1968 examination, loose in the sand around the king’s body. There are also many fragments apparently belonging to other missing parts, such as a thumb, other digits, and pieces of vertebrae, present in this area.

CT Scanning Team

• Egyptologist and Team Leader: Dr. Zahi Hawass, Secretary General, SCA
• Project Administrator: Hisham el-Leithy

Scientific Team (in alphabetical order):

• Dr. Aly Gamal Eldin, Professor of Forensic Medicine, Cairo University
• Dr. Sherief Abdel Fatah, Lecturer in Radiology, Cairo University
• Dr. Fawzi Gaballa, Professor of Anatomy, Cairo University
• Dr. Ashraf Selim, Professor of Radiology, Cairo University
• Dr. Mervat Shafik, Professor of Radiology, Cairo University
• Dr. Essam el-Sheikh, Professor of Radiology, Cairo University

Machine Operators

• CT Application Specialist, Seimens, Ltd., Egypt: Dr.Hani Abdel Rahman
• Technician: Salah Mohamed Ali

Scientific Consultants (in alphabetical order):

• Dr. Edward Egarter, Forensic Pathologist, Archaeological Museum of South Tyrol, Italy
• Dr. Paul Gostner, Radiologist, General Hospital of Bolzano, Italy
• Dr. Frank J. Rühli,Ph.D., M.D. Anatomist, Paleopathologist, University of Zurich

Encuentran la momia mejor conservada de la vigesimosexta Dinastía egipcia

Encuentran la momia mejor conservada de la vigesimosexta Dinastía egipcia Las momias serán exhibidas en el nuevo museo llamado Imhotep, en honor al arquitecto que construyó la primera pirámide egipcia. Tiene unos 2.600 años de antigüedad.

Un grupo de arqueólogos australianos ha descubierto una de las momias egipcias mejor conservadas, que podría tener unos 2.600 años de antigüedad, y que ha sido encontrada en unas excavaciones cerca de las pirámides de Saqqara, a unos 25 kilómetros al sur de El Cairo.

Según declaraciones de Zahi Hawass, jefe del Consejo Supremo de Antigüedades egipcio, el equipo de arqueólogos encontró tres ataúdes que pertenecían a la vigesimosexta Dinastía (664-525 a.C.), que gobernó el antiguo Egipto inmediatamente después de que los persas ocuparan la zona durante unos 80 años.

EFE, 2 de marzo de 2005

"En uno de ellos (los ataúdes) se encontraron una de las momias mejor conservadas que se han descubierto de la (época de la) vigesimosexta Dinastía", indicó Hawass.
Dos de los ataúdes contenían momias masculinas y en su exterior aparecen figuras con barba, luciendo collares elaborados, que tienen los brazos cruzados sobre el pecho, informó el consejo de antigüedades en un comunicado.

Las momias masculinas estaban envueltas en lino y cubiertas desde los pies hasta las rodillas por una red de cuentas arregladas para representar cómo se veían en vida.
El tercer ataúd, que se encontraba en peores condiciones que los otros dos, contenía la momia de una mujer cubierta por una red de cuentas de mosaico que la representaba, dijo el consejo.

Las momias serán exhibidas en el nuevo museo llamado Imhotep, en honor al arquitecto que construyó la primera pirámide egipcia. Dicho museo sera inaugurado dentro de tres meses en Saqqara, dijo Hawass a Reuters. El año pasado, un grupo de arqueólogos franceses y egipcios descubrió más de 50 momias del mismo período enterradas en pozos profundos en la misma área.

La cámara del tesoro. Herodoto

La cámara del tesoro. Herodoto I EL MIEDO

Cuando Egipto figuraba a la cabeza de la civilización, estaba gobernado por unos reyes muy poderosos y autoritarios a quienes se daba el nombre faraones.

En la época de este cuento, el mandatario de la bella región del Nilo era Rampsinitus. Se trataba de un monarca afortunado como pocos, que en todas las guerras que había emprendido contra los vecinos hostiles había salido triunfante, regresando a Menfis, capital entonces de Egipto, con gran número de cautivos y un valioso botín que iba a engrosar su ya cuantioso tesoro. Y como se trataba de un hombre avariento que no gastaba ni la más pobre de las monedas acumuladas ni regalaba la más humilde de las joyas que llenaba sus colmadas arcas, llegó un día len que fue el más rico del mundo. Sin embargo, su única ambición era poseer cada vez mayores riquezas.

Como todo avariento poseedor de gran fortuna, Rampsinitus estaba dominado por el miedo. No tenía un solo instante de sosiego. De día y de noche, dormido y despierto, vivía temiendo que alguien le arrebatara las riquezas que había acumulado con morbosa fruición.

Aquello no podía seguir así. Por eso, y con el fin de disfrutar de la tranquilidad que hacía años había perdido y tanto necesitaba, llamó a un arquitecto y le ordenó que construyera una cámara en la que nadie pudiera entrar sin que él lo advirtiera rápidamente.

El hombre levantó una amplia construcción contigua a uno de los muros más seguros del palacio del faraón y de acuerdo con las indicaciones dadas por éste. Para que nadie pudiera violarla desde el exterior, trabó las piedras entre sí de tal manera, que ni el ladrón más astuto hubiera podido penetrar en la cámara.

II LA PIEDRA GIRATORIA

Como hemos visto, para la construcción de la cámara del tesoro, el faraón había sabido elegir a un hábil arquitecto. Posiblemente más hábil de lo que el mismo faraón se imaginaba. Y decimos esto, porque, aunque Rampsinitus no se lo dijo, el constructor adivinó el destino de aquel edificio, y sabiendo que el dueño del mismo poseía el tesoro más valioso de la tierra y tal vez imaginado que a él no le vendría mal una pequeñísima parte de dicho tesoro, dispuso las piedras de una de las paredes exteriores de tal manera que resultaba fácil sacar una de ellas para quien estuviera al tanto del secreto. Todo consistía en oprimir en determinado sitio que él solo conocía. Haciéndolo así. La piedra giraba sin hacer el menor ruido y dejaba un boquete lo suficientemente grande como para que un hombre pudiera pasar por él. Y la combinación estaba tan bien hecha, que cuando la piedra se volvía a cerrar. Encajaba tan a la perfección con las demás, que por más atención que se pusiera al observar la pared palmo a palmo, nadie era capaz de notar diferencia alguna entre la piedra giratoria y las restantes.

Una vez terminada la cámara, el faraón, loco de contento, encerró en ella sus riquezas. Y, aunque el edificio era amplio y alto, tan amplio y tan alto como un salón de recepciones, se llenó, con arcones repletos de oro y plata, con tinajas desbordantes de piedra preciosas y con canastas llenas hasta el tope de los más variados y costosos objetos.

Rampsinitus iba todos los días a esa cámara, y allí pasaba largas horas embelesado en la contemplación de sus riquezas. Y cuando a la noche se retiraba a descansar, dormía por fin tranquilo. Sabía que su tesoro estaba bien guardado.
Aunque posiblemente, como ya hemos dicho, el arquitecto tenía el propósito de sustraer parte de las riquezas del rey, no lo hizo. Y no sabemos si no lo hizo por un prurito de honradez, o porque la muerte lo sorprendió antes de que pudiera llevar a cabo su plan tan hábilmente concebido. Sin embargo, antes de morir llamó a sus dos hijos, y les puso al tanto del secreto de la piedra giratoria, agregando que la había construído pensando en ellos, para que echaran mano de los tesoros del faraón cuando tuvieran necesidad.

Aunque al decirles esto invitaba a sus hijos al robo, no se crea que el arquitecto era un mal sujeto. Deben tener en cuenta los lectores que en aquella época y en aquel país, el robo no se consideraba un delito tan reprobable como se le considera hoy y como en realidad es.

El moribundo les dijo a sus hijos que se valieran de las riquezas del faraón en caso de necesidad, pero los muchachos, que se llamaban Hofra y Senu, no lo hicieron así, sino que poco después de dar sepultura a su padre, realizaron una incursión en la cámara del tesoro real y, ante los cofres y las tinajas, metieron la mano hasta el codo, como vulgarmente se dice.

III LA TRAMPA

Rampsinitus estaba hondamente preocupado. Y no era para menos. Acababa de revisar sus riquezas, y había observado que uno de los arcones que antes estaba repleto de pesadas monedas de oro aparecía ahora poco menos que vacío. Además, una tinaja, que recordaba haber visto llena hasta desbordar de collares de perlas del más puro oriente y de anillos y diademas cuajados de piedras preciosas, no ofrecía ahora ni una décima parte de su contenido. Revisó detenidamente los sellos de la puerta y vió que estaban intactos. Nadie, pues, había entrado. Sin embargo...
Para convencerse del todo, aquella misma tarde hizo otra visita a la cámara y vió que una urna que había contenido una buena cantidad de alhajas aparecía ahora completamente vacía. Volvió a revisar la puerta, y comprobó que nadie había roto los sellos. Interrogó a los soldados que montaban permanentemente la guardia allí, y todos juraron que nadie se había ni siquiera acercado. Y como, salvo la entrada privada del faraón, que el personalmente cuidaba y cerraba con siete llaves, no había otra puerta que la que custodiaban los guardias, y en ésta los sellos permanecían intactos, Rampsinitus no se explicaba cómo se habían producido los robos. Y como éstos se repetían, su preocupación era enorme.
Al día siguiente, ante la evidencia de una nueva sustracción, no aguantó más: llamó a su primer consejero y le dijo:

-Sabes que tengo un tesoro.
-Grande como ninguno –contestó el funcionario, que era un gran adulón.
-Y sabes también que para ese tesoro tengo una cámara.
-Invulnerable como ninguna.
-Eso creía yo hasta hace poco; pero desgraciadamente no es así.
-¿Acaso?...
-Sí. Los ladrones han penetrado varias veces en ella y se han llevado monedas y joyas de gran belleza y valor.
Fue tan inesperada aquella revelación, que Ramenca, que así se llamaba el primer consejero, se quedó perplejo y sólo atinó a decir:
-Eso es imposible, señor.
-Supongo –exclamó el faraón, con grave tono -que no insinuarás que yo miento.
-De ninguna manera, señor –se apresuró a decir el funcionario, para atenuar la mala impresión que su desatinada exclamación había producido en el rey.
-Sabemos que hay ladrones –continuó Rampsinitus-, pero también sabemos que no son ladrones vulgares. Se han llevado las riquezas sin dejar el menor rastro. Los sellos de la puerta están intactos, y los soldados de la guardia juran no haber visto a nadie.
-Realmente, son unos malhechores extraordinarios, gran señor.
-Pero contra malhechores extraordinarios, hay que disponer de extraordinarios recursos. Mandaremos construir una trampa.
-¡Eso es! Una trampa dispuesta de tal manera que en cuanto el ladrón meta la mano en un arcón o una tinaja, se vea fuertemente agarrado.
-No. ¿Acaso ignoras la fábula del zorro y la trampa?
-No la recuerdo, señor.
-Pues escucha y tenla presente cuando encargues el aparato para atrapar al ladrón de mi tesoro... Había una vez un zorro que quedó agarrado en una trampa por la cola. El astuto animal sabía que, si seguía allí, el dueño de la trampa, tan pronto llegara, le daría muerte. ¿Qué hizo entonces el zorro?. Aunque estaba muy orgulloso de su cola, se la cortó con los dientes y dejándola en la trampa, quedó libre. Hay que procurar, pues, que el ladrón no pueda cortarse la mano y salvar el cuerpo. Imagina, entonces, una trampa dispuesta de tal manera que cuando el malhechor toque lo que va a robar, quede agarrado por los brazos, las piernas y la cintura.
-Vuestras órdenes serán cumplidas señor –dijo el primer consejero.
Y, después de hacer una profunda reverencia, se retiro del aposento real.

IV AGARRADO

Como las riquezas las obtenían con tanta facilidad, Hofra y Senu las gastaban a manos llenas y sin provecho alguno. De manera que apenas les duraba un par de meses aquello con lo que una familia hubiera vivido durante más de cincuenta años sin penurias.

Por eso ahora encontramos a los dos hermanos planeando otra visita a la cámara del tesoro del riquísimo faraón.
-Hoy tendremos noche sin luna –dijo Hofra-. Por lo tanto, podremos acercarnos a la pared de la piedra giratoria sin que nadie nos vea.
-Me parece bien –contestó Senu-. Y a ver si cargamos con algo que nos dure más que lo que llevamos últimamente.

Inmediatamente se pusieron a hacer los preparativos, y en cuanto llegó la medianoche se encaminaron al palacio del faraón en uno de cuyos costados se levantaba la cámara del tesoro.

Se acercaron con toda cautela al muro cuyo secreto conocían sólo ellos, y después de convencerse de que nadie los había visto, buscaron a tientas la piedra giratoria. Hofra, que era el que iba a entrar, Mientras Senu, quedaría de guardia afuera, oprimió el muelle secreto, y la piedra, después de girar como si lo hicieran sobre unas bisagras le dejó expedita la entrada.

Una vez dentro, el muchacho volvió a cerrar, para evitar una sorpresa, y después de encender una yesca, prendió una lámpara que llevaba consigo. A la débil y vacilante luz, observó las riquezas que tenían a su alrededor, sin decidirse por ninguna, pues no sabía cuál valía más. Por fin se dirigió a una de las tinajas que estaba llena de rubíes y esmeraldas, pero apenas había metido la mano en su interior, se sintió agarrado por los brazos, las piernas y el cuerpo, de tal manera que por más esfuerzos que hizo no pudo soltarse ni hacerse el menor movimiento. Se diría que tres hombres hercúleos, lo sujetan fuertemente.

Forcejó un rato y se ensangrentó la muñeca tobillos. Tan fuerte era la trampa y tan ingeniosamente construída estaba, que el ladrón agarrado no pudo conseguir cosa alguna.

Exhausto y dolorido, descansó un rato y se puso a reflexionar. Si no se soltaba, podía darse por perdido. Ni él ni su hermano tenían las herramientas que hacían falta para romper aquel aparato. Y allí lo iba a encontrar el faraón.
En un rapto de desesperación forcejó con todas sus fuerzas, y no consiguió otra cosa que los anillos que le sujetaban las muñecas le penetran en la carne y le abrieran las arterias. La sangre le manaba en abundancia.
Comprendiendo que iba a morir, se arrimó al muro y llamó a su hermano.

V LA TRAGEDIA

Al oír la voz de Hofra, contestó Senu:

-¿Qué quieres?... ¿Qué te pasa?
-Ven en seguida –exclamó con desfallecido acento moribundo-, Empuja el resorte y entra. Me muero, hermano me muerto...
Comprendiendo que algo grave le había ocurrido a Hogra, Senu hizo girar la piedra, entró en la cámara y volvió a cerrar. Se aproximó a su hermano y se quedó mudo de terror al ver la situación en que se encontraba.
-He quedado agarrado en una trampa –dijo aquél-. Voy a morir y debo resignarme. Pero no hay necesidad de que los dos seamos castigados y que la vergüenza caiga también sobre nuestra pobre madre. Apenas amanezca llegarán el rey y los guardias, y al reconocerme sabrán que tú eres el otro ladrón. Por lo tanto, una vez que me haya muerto, que será dentro de poco, me cortarás la cabeza y la llevarás a casa. De esa manera no sabrán a quien pertenece el cuerpo del ladrón.
Una vez que Hofra se hubo desangrado, y seguro de que ya no sufriría, Senu le cortó la cabeza y abandonó horrorizado aquel espantoso lugar. Cerró con todo cuidado la piedra giratoria y regresó a su casa llevando consigo el despojo de su hermano, que puso en una urna y enterró en un rincón del jardín.

VI LA ASTUCIA DEL FARAÓN

Aquella noche Rampsinitus había dormido muy mal. Hacía muchos días que estaban puestas las ingeniosas trampas en todos los cofres, tinajas y canastos del tesoro, y el ladrón no había sido atrapado. ¿Es que se valía de otros medios para burlar de nuevo al dueño de las riquezas?. En cuanto amaneció se levantó y se dirigió a la cámara. La escasa luz que se filtraba por las pequeñas ventanas abiertas a una altura conveniente le permitió ver el cuerpo de un hombre agarrado en una de las trampas. En el primer momento no se dio cuenta de que se trataba de un decapitado. Y atribuyó su falta de movimiento a que se había quedado desmayado de la impresión y el horrible dolor.

Considerando que al fin iba a dar con los hilos de la trama y agarrar a todos los cómplices del ladrón, si los tenía y tomar venganza en todos ellos por el delito cometido, se acercó sonriendo al cuerpo exánime. Sólo cuando estuvo junto a él vió, horrorizado y sorprendido a la vez, que no tenía cabeza.

Su contrariedad creció de punto al comprender que existía por lo menos un cómplice del ladrón que logró quitar al cadáver el único medio de identidad y, lo que era peor para el faraón, había salido por un lugar que él no acertaba a descubrir en modo alguno.

Revisó cuidadosamente todas las paredes, inspeccionó el piso, miró detenidamente el techo, fue a ver los sellos de la puerta, que encontró intactos, y finalmente ordenó que revolviera todo lo que contenía la cámara, para ver si aparecía la entrada secreta. Todo fue inútil. No se encontró la menor celan.

-¡Eso ya es insoportable! –le dijo el rey a su primer consejero-. No hay duda que el ladrón tenía un cómplice.
-O varios –Contestó el funcionario.
-Bueno. Sean uno o varios, hay que agarrarlos.
-Nos sé cómo...
-. Yo sí lo sé. Harás colgar el cadáver en una de las paredes exteriores del palacio.
-En seguida, señor.
-No te apresures, que eso no es todo. Además de hacer colgar el cadáver, dispondrás la guardia de manera que pueda observar bien la cara de todos los que pasen.
-En seguida, señor.
-¡Un momento, que todavía hay más! Darás también orden a los soldados de que detengan a quienes lloren o se quejen o demuestren la menor aflicción ante le cadáver. Inmediatamente, el que haya hecho esa clase de demostraciones debe ser traído a mi presencia.

Con esta medida el faraón dio muestras de gran astucia, pues los antiguos egipcios creían que para lograr la vida en la eternidad los cadáveres debían ser embalsamados y enterrados completos y con toda clase de ceremonias. Rampsinitus esperaba que si sus deudos no iban a reclamar el cadáver por temor a verse comprometidos en los robos del tesoro, por lo menos irían a verlo y no podrían dejar de expresar su dolor.

VII EL FALSO MERCADER

Cuando la madre de los muchachos se enteró de la muerte de su hijo mayor y de que su cadáver estaba expuesto vergonzosamente al público a merced de las aves de rapiña, lloró con la desesperación que es de imaginar y recriminó al menor de sus hijos su comportamiento. Este se defendió como pudo, pero la afligida mujer no quiso oír razón alguna y ordenó a Senu:

-Ahora mismo sales y me traes el cadáver de tu hermano. No puedo permitir que se condene para siempre, por no poderle dar digna sepultura.
-Es imposible, madre –replicó el muchacho-.
Comprenderás que...
-Yo no comprendo nada. O me traes el cadáver de mi hijo, o voy a pedírselo al faraón, informándole de paso de lo que has hecho.
-¿Qué conseguirás con eso, madre mía? Perder a tus dos únicos hijos, en lugar de haber perdido a uno solo. Además el cadáver está custodiado día y noche y los soldados observan a quienes lo contemplan.

Todos los razonamientos de Senu fueron en vano. La afligida madre no quiso ni escucharlo. De manera que el muchacho terminó por disponerse a complacerla. ¿Cómo? No lo sabía en el primer momento, pero a fuerza de reflexionar dio al fin con la manera.

Comprobó media docena de burros los cargó con pellejos de vino. Cuando llegó la noche se disfrazó de mercader y salió de su casa, tomando, detrás de la recua, el camino del palacio del faraón.

No tardó en llegar al punto donde estaba expuesto el cadáver de su hermano. Entonces, procurando que los soldados que montaban la guardia no lo advirtieran, se acercó a uno de los asnos y desató la boca de los dos pellejos que cargaba.
Inmediatamente empezó a derramarse el vino por el suelo. El muchacho se hizo el sorprendido y, golpeándose la cabeza y el pecho con los puños cerrados, se lamentó de su mala suerte.

VIII EL PODER DEL VINO

Los soldados, tan pronto vieron que se estaba perdiendo lastimosamente el vino, fueron en busca de recipientes y empezaron a recogerlo y beberlo, sin consideración de ninguna especie parea el damnificado.

-¡Sinvergüenzas! –gritó Senu, con fingida cólera-. ¿Cómo os atrevéis a aprovecharos de la desgracia de un pobre mercader? ¡Ojalá toméis una borrachera que os haga reventar! ¡Aprovechadores! ¡Pillos! ¡Granujas! Voy a quejarme al mismísimo faraón.
-No grites tanto –le dijo uno de los guardias-. ¿Pretendías, acaso, que dejáramos desperdiciar un vino tan rico como este? Somos tontos pero no tanto.
-¡Sois unos ladrones! ¡Unos canallas! ¡Unos infames de lo peor!
-Por lo visto, el solo olor del vino te ha hecho perder la cabeza. ¿No te das cuenta que no te hemos quitado nada que hubieras podido aprovechar? Tranquilízate, y te ayudaremos a arreglar la carga de tus burros, para que el caso no se repita.

El falso mercader fingió que las sensatas y tranquilas palabras del soldado lo serenaba y, cambiando de tono, empezó a charlar cordialmente con los guardias y hasta celebró algunas de sus ocurrencias.

No desdeñó tampoco unos tragos de su vino que le alcanzaron, y así, riendo y bebiendo, terminaron por hacerse amigos, sentimiento que el muchacho ofreció sellar con el contenido de un pellejo entero que obsequió a los soldados. Estos no se hicieron rogar, y pronto dieron cuenta de buena parte del vino.

Al fin todos estaban ebrios, con excepción de Sensu, que disimuladamente había ido tirando licor a medida que se lo servían. Sin embargo, fingió encontrarse tan borracho como el más perdido de los guardias. Estos estaban tendidos a lo largo del muro del palacio del faraón. Cuando el falso mercader comprobó que ni uno solo había quedado despierto, descolgó el cadáver de su hermano, lo cargó sobre uno de los asnos y lo llevó a su casa para entregárselo a su madre, quien le dio digna sepultura junto con la cabeza que le faltaba. Y desde entonces reinó la paz en el alma de la buena mujer.

IX ASTUCIA CONTRA ASTUCIA

Grande fue la cólera del Rampsinitus al comprobar que nuevamente había fracasado en su intento de dar con el ladrón de su valioso y querido tesoro.

-Pero no cejó en mi empeño –le dijo a su primer consejero, que aguantaba temblando el chaparrón de insultos y recriminaciones que le caían con violencia.
-Echaremos mano de toda la fuerza –se atrevió al fin de decir Romanca-. No hay como la fuerza, señor. Si lo sabré yo...
-¡Nada de fuerza! –gritó el faraón-. Con un hombre tan astuto como ese ladrón hay que emplear su propia arma: la astucia. ¿lo oíste bien? ¡La astucia!
-Me parece bien, señor.
-Todo le parece bien, pero no haces nada. Afortunadamente, yo pienso para los dos, aunque tú cobres por lo que no piensas. Esta vez nos valdremos de mi hija para atrapar al huidizo delincuente.
-¡Cómo! ¿vais a exponer a la bella princesa, gran señor....?
-No hay riesgo ninguno. Sabes que soy un buen padre y que por nada del mundo permitiría que mi hija sufriera ningún daño. Esto debías haberlo supuesto, idiota.
-¿Qué habrá que hacer, entonces? Vos mandáis, señor...
-Harás anunciar por medio de pregoneros que daré en matrimonio a la princesa al hombre que se presente a ella y en secreto le revele una fechoría para cometer la cual haya sido necesario emplear astucia. El autor de relato que la princesa considere más interesante, será el favorecido. Fíjate bien en lo que he dicho, imbécil: será el favorecido.
-¿Y lo será, en verdad, gran señor? Porque yo creo que...
-No, tonto. En cuanto ella vea que está en presencia del ladrón, hará una señal y la guardia caerá sobre él. ¿Entendéis ahora? ¿Te vas dando cuenta, grandísimo estúpido. Las cosas se hicieron tal como el faraón las había dispuesto.

Tan pronto Senu oyó al pregonero se dio cuenta que el rey se proponía atraparlo, pero, como era tan temerario como astuto, decidió aceptar el reto. A la viveza del soberano opondría la suya, que también era una viveza soberana.
El día indicado para el singular torneo, el muchacho se presentó en el palacio del faraón envuelto en su largo manto. Al llegarle el turno, penetró en el salón donde la princesa lo aguardaba. Se acercó respetuosamente, y cuando ella le preguntó que cosa extraordinaria podría contar que revelara gran astucia, le refirió lo que le había pasado en la cámara del tesoro con su hermano y de qué medios se había valido para apoderarse del cadáver de éste y cómo había devuelto la tranquilidad a su madre llevándole los despojos.

Los guardias que desde las habitaciones contiguas veían y escuchaban lo que ocurría en el salón; al enterarse del extraordinario relato de Senu, se prepararon para caer sobre él a la primera señal de la princesa. Por eso, en cuanto ésta tuvo la certeza de que el joven era el ladrón que su padre andaba buscando, lo tomó del brazo y llamó a los guardias; pero se quedó muda de sorpresa y horror al ver que el hombre al cual tenía fuertemente asido escapaba velozmente. ¿Qué había ocurrido? Que el brazo que había agarrado la princesa no era el del muchacho, sino uno postizo que a propósito se había colocado el muy tunante bajo el mato.

En lugar de perseguir al fugitivo, los soldados tuvieron que atender a la joven, que se había desmayado, con lo que facilitaron la huída de aquél, que no tardó en perderse de vista.

X PROMESAS CUMPLIDAS

Cuando el pueblo se enteró de lo ocurrido, ridiculizó al faraón, quien, convencido de que no podía luchar con un hombre de tanto ingenio como audacia, decidió otorgarle su perdón siempre que le revelara el secreto del cual se había valido para penetrar en la cámara del tesoro sin que nadie se llegara a enterar. Al llegar la resolución real a conocimiento de Senu, éste se presentó al monarca con serenidad y ánimo bien dispuesto.

-¿No temes mi castigo? –le preguntó Rampsinitus.
-No, puesto que me habéis perdonado, y el faraón jamás falta a su palabra, pues es el más justiciero de los reyes.
-Eres tan astuto como valiente y sensato. Cumpliré mi palabra, pero tú me revelarás el secreto que tanto me interesa, me refiero al secreto para penetrar en mi tesoro.
-Lo haré siempre que vos cumpláis con la otra palabra: la de conceder la mano de vuestra hija a la persona que le relatara la aventura más portentosa. De otra manera no me consideraré obligado, ya que hablo con el más justiciero de los reyes.
-Cumpliré también con esta palabra, si estás arrepentido de tus delitos. Como comprenderás no puedo casar a mi hija la bella princesa, con un ladrón.
-Arrepentido estoy, señor, y prometo devolveros con mi trabajo las riquezas que tan astutamente os quité.

Ambos cumplieron lo prometido. El faraón dejó que Senu se casara con su hija, la joven y fue un auxiliar tan valioso para Rampsinitus, que éste aseguraba que le había devuelto con creces el valor de lo robado en la cámara del tesoro.

FIN

Egipto: descubren la estatua de un faraón de hace 3700 años.

Egipto: descubren la estatua de un faraón de hace 3700 años. Mide 1,8 metros, está fabricada en piedra caliza y representa a uno de los reyes de la XIII dinastía que gobernó durante el Segundo Periodo Intermedio.

EFE, 19 de febrero de 2005

EL CAIRO.- La estatua de un faraón que data de hace aproximadamente 3700 años fue descubierta en la ciudad monumental de Luxor, a unos 730 kilómetros al sur de El Cairo, publica hoy la prensa local.

La antigüedad fue hallada por un equipo de arqueólogos franco-egipcios en un lugar próximo al obelisco de la reina faraónica Hatshepsut, en los templos de Karnak, señalaron expertos, citados por la prensa.

La estatua, que mide 1,8 metros y está fabricada en piedra caliza, tiene esculpida la palabra "neferhoteb", que en el alfabeto jeroglífico significa el "hermoso bueno", uno de los títulos que ostentaba el faraón.

Según los arqueólogos, la estatua representa a uno de los reyes de la XIII dinastía que gobernó durante el Segundo Periodo Intermedio, y que se prolongó entre los años 1777 y 1680 antes de Cristo.

Los expertos destacaron que la pieza descubierta constituye una rara y valiosa obra de arte que desmiente la opinión que hasta ahora tenían los egiptólogos respecto a que el nivel del arte que floreció durante las anteriores dinastías faraónicas había descendido notablemente en el Segundo Periodo Intermedio.

El misterio del ejército desaparecido y la joya de Tutankhamón

El misterio del ejército desaparecido y la joya de Tutankhamón Foto: JOYA. El pectoral del faraón.

En mitad de la nada se encuentra el único yacimiento de cristal líbico que existe en el mundo. En un área minúscula en mitad del desierto Líbico se encuentra el único yacimiento conocido de una roca más rara que el diamante y bautizada como cristal líbico. De aspecto lechoso, el cristal de sílice se encuentra en mitad de los corredores que forman las cadenas de dunas. Su origen podría estar en el impacto de un meteorito, hace 29 millones de años. Una temperatura y una presión extraordinarias habrían dado origen a la misteriosa materia. Tal vez ese origen incierto esté detrás de la atracción que suscita desde la antigüedad.

Por J. MÉNDEZ/BILBAO, El Correo Digital, 6 de febrero de 2005

En el Museo Arqueológico de El Cairo se conserva el tesoro funerario de Tutankhamón. Pues bien, la parte central del pectoral del faraón (una joya que le cubría el pecho) representa un escarabajo alado coronado por el 'wadj', el amuleto egipcio que representa un ojo. Se creía que el cuerpo y la cabeza del insecto estaban tallados en calcedonia. Pero no. Hace seis años un científico demostró que la pieza era de cristal líbico, una piedra única en el mundo perseguida hace ya 3.000 años por los egipcios. «Las altísimas temperaturas y la presión brutal provocadas por aquella colisión crearon esta piedra singular que mereció estar junto a un rey-dios en su último viaje», explica Álvaro.

El desierto Líbico, un infierno dentro del infierno, ha dado a luz un puñado de leyendas. Como la del ejército desaparecido. Hace 2.500 años el rey persa Cambises II acudió a consultar el oráculo de Amón. El sacerdote auguró la derrota de los invasores. Cambises, contrariado, juró vengarse, armó un ejército de 50.000 hombres y marchó hacia el templo para derruirlo. En su expedición, los guerreros se internaron en el Mar de Arena. Nunca más se supo de ellos. ¿Qué pasó? Puede que el 'kibli', el sofocante viento del Sur, agostara a la crema del ejército persa y que bajo las dunas, embalsamados por la arena, el calor y el tiempo, duerma desde hace 25 siglos una cohorte de armaduras, escudos, venablos y esqueletos: el sueño de cualquier arqueólogo.

El paraíso perdido

En ese mismo escenario sin nombre se encontraría también el legendario oasis de Zarzura, citado en 'Las mil y una noches'. Según los relatos de los beduinos, Zarzura dormita en el corazón del desierto custodiado por un pájaro blanco. Sólo los hombres más valientes podrán llegar a él y disfrutar de sus tesoros. En el oasis, bajo las palmeras, yace también una reina durmiente que sólo puede ser despertada con un beso. Almásy quedó seducido por la leyenda del paraíso perdido. En 1932 inició una expedición en su busca. El noble creyó avistarlo desde su avión en una zona de Jilf al Kabir. Cerca de allí descubriría la gruta con pinturas rupestres prehistóricas con los famosos 'nadadores del desierto', la evidencia de que el desierto fue en un tiempo un fértil enclave rebosante de agua.

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El vidrio en la joyería egipcia

La historia de la joyería egipcia con incrustación de composición vítrea se remonta a los principios de la época dinástica.

La joyería ha existido en diversos materiales, formas y usos. Sin embargo, aunque la joyería nace para ser utilizada en vida, los egipcios la utilizaron en la muerte colocándosela a las momias como parte del rito funerario, ya que según sus creencias que se apoyaban sobre unas bien definidas concepciones escatológicas, la muerte era un paso a otro estado de la existencia terrena. Según sus creencias, las joyas y amuletos tenían que ser elaborados con determinados materiales los cuales le conferían a la pieza ciertos poderes mágicos que ayudaban al difunto a recuperar la vida en el más allá y alcanzar la eternidad.

Entre los diferentes tipos de joyas que fueron trabajadas con alguna composición vítrea tenemos en mayor cantidad; los collares y los pectorales, contando también con numerosos ejemplos de brazaletes, tobilleras, anillos y pendientes.
En relación con su función y significado dentro del ajuar funerario, las joyas más que adornos eran piezas que poseían poderes mágicos por sus cualidades físicas.

En el capitulo XXVII del libro de los muertos se encuentra un mágico hechizo para un buitre de oro que se debía colocar en la garganta el difunto, en la viñeta dan instrucciones precisas de como elaborarlo, incluso se indica minuciosamente como debía ser manufacturado, detallando la forma y el material.

El gran tesoro de Tutankamón ha sido una evidencia muy importante para el estudio de la joyería egipcia con incrustaciones vítreas, además de que ha servido para verificar como se cumplían las instrucciones que vienen indicadas en el Libro de los Muertos. En la momia de Tutankamón se encontró un extraordinario pectoral como el que se indica en el capitulo XXVII Del Libro de los Muertos, trabajado en oro con incrustaciones de vidrio.

La mayoría de las joyas debían estar realizadas en oro por ser el material más relacionado con los dioses, la cual debía estar combinada con diferentes piedras semi preciosas de colores, las que gracias a su origen mineral le proporcionaban poderes mágicos.

Ante la dificultad que implicaba el conseguir piedras semipreciosas, el arte de la piedra incrustada se va imitar a la perfección con las diferentes composiciones vítreas, material ideal por tener las mismas cualidades físicas ya que también es de origen mineral. Rápidamente los artesanos logran imitar a la perfección las piedras semi preciosas, alcanzando una extraordinaria habilidad en el detalle del corte y pulido, donde el embutido requería una exactitud milimétrica al incrustarlo, llegando incluso alcanzar tal perfección en el trabajo, que cuando se pasa la mano por la superficie, da una sensación de continuidad que bien se podría pensar que se trata de un esmalte.

Museo de El Cairo, Egipto. A los joyeros se les llamaba neshedi nubi, el hombre de oro, y hemu nub, el artesano de oro. Se han localizado varias tumbas de artesanos. Por los títulos de Principal de la joyería de la propiedad de Amón, y Jefe de los artesanos de la joyería de Amón, lo más probable es que hayan sido artesanos reales.

Podemos encontrar todavía cargos de mayor importancia que el de los artesanos antes mencionados, el cual era el responsable de la organización de toda la industria, los cuales incluso nunca tocaban la pipa del soplador, en los diferentes títulos podemos encontrar los siguientes: Inspector de la tesorería del oro y la plata, inspector de la tierra color de oro de Amón y Pesador de Amón. Sus principal responsabilidad era la de dar instrucciones precisas sobre los materiales que iban a ser necesarios para la fabricación de los tesoros como también darle seguimiento a cada una de las fases de elaboración de la pieza. Aunque La organización de La industria Del trabajo Del oro no les permitía firma personal, se conserva el nombre de Neferronpet, quien firmo en su libro de los muertos

Debido a la precisión que requería el trabajo, antes de dar comienzo a la elaboración de la pieza era necesario preparar un diseño en una plantilla con el modelo de lo que se iba a manufacturar. Entre lo más importante que se tenía que planear desde un principio, era el de detallar muy bien el espesor y la distancia de las costillas donde iban a ser incrustados los fragmentos ya pulidos del material. Cada trozo tenía un lugar específico dentro del diseño, nunca se podía colocar una pieza en el lugar de otra, lo cual hacía más difícil aun el trabajo para el artesano.

Los soportes en su mayoría son de oro, el cual era trabajado en diferentes técnicas según fuera necesario; laminado, vaciado en molde abierto, o cuando se requería de un gran detalle a la cera perdida. Cuando se realizaban piezas de mayores dimensiones como las máscaras o sarcófagos, era necesario trabajar en varias partes y después unirlas con soldadura.

Ya terminado el soporte, se comenzaba a cortar y a pulir los fragmentos de la composición vítrea de acuerdo al tamaño del hueco para finalmente ser incrustados en su lugar.

Las piedras que se imitaban con la composición vítrea eran ágata y ópalo para el blanco, turquesa y lapislázuli para el azul, cornalina el rojo, malaquita el verde y negro la obsidiana. Todas poseían dentro de sus creencias un gran contenido simbólico.

El arte de la incrustación esta muy ligado al arte del mosaico que floreció en el imperio antiguo, de los cuales se conservan impresionantes ejemplares como los encontrados en la tumba del rey Zozer en Saqqara. La influencia de este arte se deja sentir posteriormente en otros materiales en objetos del ajuar funerario como el mobiliario elaborado en diferentes maderas.

Al comienzo de los tiempos históricos, durante la primera dinastía, podemos encontrar ya una fascinante y variada producción de finas joyas donde se puede apreciar un excelente panorama, debido a que presentan una gran variedad de materiales y técnicas entre las cuales podemos encontrar una gran variedad de collares pulseras.

Las piezas del imperio antiguo presentan una incorporación de elementos ya existentes en los tiempos prehistóricos trabajados en interesante inventiva artística, pero a la vez, algunas de las piezas presentan un burdo tratamiento de los elementos.

Indudablemente el collar más característico dentro de la joyería egipcia es el weskhet, trabajado en cilindros dispuestos de manera vertical en forma semicircular y rematados en los extremos. Fue muy común que este modelo rematara con la cabeza de un halcón.

Museo Metropolitano de Arte, Nueva Cork. En la época Badarian podemos encontrar las piezas más antiguas que se conservan de la joyería egipcia trabajada con alguna composición vítrea, entre otras, se encuentra el collar de pequeñas cuentas engarzadas en varios hilos de color azul que era muy común utilizar en esa época en las rodillas, los collares funerarios más antiguos que se conservan de composición vítrea y oro podemos encontrar el de Impy de la sexta dinastía. El collar se encuentra finamente trabajado en color azul y rematado en la parte inferior con 63 pendientes en forma de escarabajo, el nombre de Impy se encuentra grabado en ambos extremos en las terminaciones de oro.

En el trabajo de la diadema de rosetas con centro de cobre con incrustaciones, podemos apreciar como desde los tiempos más tempranos se trabaja la incrustación vítrea en la joyería.

En la joyería de la XII dinastía se pueden encontrar los trabajos más finos realizados durante el imperio medio. Sin grandes lujos estas piezas contienen una gran armonía y belleza, donde los materiales y el color son cuidadosamente escogidos para dar fuerza al terminado final.

Una de las piezas que destaca en este periodo por su gran belleza y sencillez es el pendiente de Khnumet finamente trabajado en oro granulado y composición vítrea. El medallón circular del centro esta realizado con una frita azul y decorado con una pintura en miniatura de una vaca recostada. Para resaltar más el detalle central se le coloco un recubrimiento de cristal de roca. Los gránulos de oro es un trabajo muy típico en el imperio medio, y aunque podemos encontrarlo en tiempos posteriores el detalle nunca va a ser igualado.

Un notable ejemplo de la minuciosidad con la que se trabajaba la composición vítrea en el imperio medio es el cinturón de cuentas de Senebtisy. Del cinturón cuelgan como adorno veintitrés finos hilos de cuentas en forma vertical en donde se intercalan los colores verde y negro. Una manera de ver el notable trabajo que realizaban en la composición vítrea durante el imperio medio es observando el brillo del collar de cuentas azul combinado con plata, realmente es una pieza única en su estilo.

En el Imperio Nuevo, durante la dinastía XVIII se produjo un auge en el uso del vidrio, el cual se ve reflejado en las magnificas joyas con incrustación vítrea que trabajaron los orfebres de la época.

En los ejemplos conservados, se puede observar como los modelos y las técnicas siguen siendo prácticamente las mismas. Lo minucioso del trabajo y la armonía en el uso de los colores muestran como la joyería del imperio nuevo llega alcanzar las más elevadas cotas de belleza y perfección.

Durante el reinado de Tutmosis III se elaboraron joyas de muy alta calidad, prueba de ello son las joyas que fueron encontradas en la tumba de sus esposas en Tebas. Entre las piezas se pueden destacar por su belleza brazaletes con finos detalles, una variada cantidad de collares como el exquisito collar que tiene como decoración unos peces combinados con las cuentas de vidrio, la hermosa peluca que esta casi cubierta en su totalidad por rosetones incrustados de vidrio de colores y la diadema con el ureus no.

El punto máximo alcanzado en la joyería de la XVIII dinastía se encuentra en el reinado de Tutankamón, y no hay mejor ejemplo para ilustrar tal afirmación que las joyas encontradas en su tumba donde las piezas alcanzan la máxima habilidad artística.

Entre las joyas más hermosas que se le colocaron a la momia de Tutankamón, se encuentra un pectoral en forma de buitre trabajado en oro con incrustaciones de vidrio, el buitre se muestra con las alas extendidas y volteando la cabeza hacia el lado izquierdo. El trabajo está realizado realmente de manera magistral, en su superficie contiene trescientas incrustaciones de vidrio oscuro en diferentes tonos, azul, rojo y; la parte posterior esta trabajada de idéntica manera. El buitre de Tutankamón se destaca también por ser una pieza muy controvertida, ya que algunos autores afirman que la pieza está esmaltada, en realidad no hay pruebas de que en el Egipto faraónico se realizara este tipo de trabajo, sin embargo es tanta la perfección de está pieza que aun existe la duda, y en el caso de serlo, la pieza sería el más antiguo ejemplo de esmaltado.

Por el gran detalle que presentan la mayoría de las piezas de metal que se utilizaron como soporte en la joyería, lo más probable es que se trabajaron a la cera perdida. Para llevar a cabo este procedimiento se realizaba un modelo en cera para dar los detalles, después se recubría con una capa de arcilla en el cual se dejaban dos orificios, uno para vaciar el metal caliente y otro para drenar la cera fundida. Este proceso permite dar un gran detalle a las piezas pero presenta el inconveniente de no permitir una producción masiva o en serie como se logra con un molde abierto, tal y como se utilizaba en la mayoría de los amuletos.

Las joyas de Tutankamón se hicieron en oro y piedras semipreciosas, incorporando formas y diseños de la naturaleza, animales y vegetales como lo muestra el pectoral que tiene como decoración principal una luna llena trabajada en electrón. La luna descansa sobre una barca solar de oro que flota en una base de flores de loto. El pectoral, además de ser un diseño muy hermoso, combina a la perfección las piedras semipreciosas con el vidrio, lo cual le da un encanto muy particular a la pieza.

El pectoral en forma de halcón es probablemente una insignia real por su gran contenido simbólico. El halcón alado que representa al faraón, porta en su cabeza el disco solar que es el símbolo de la divinidad. El halcón sostiene con fuerza en sus garras el shen, símbolo de la eternidad, y el anj símbolo de la vida, se tiene en una sola pieza el poder, la vida y la eternidad . El plumaje del ave está trabajado con un gran ritmo con incrustaciones vítreas de vivos colores.

El pectoral combinaba en una sola pieza varias funciones como talismán, el marco que lo rodea en la mayoría de las veces es la fachada del templo, y en su interior siempre aparecen elementos mágicos como el buitre, el djet, anj o shen.

No menos de veintiséis pectorales trabajados con incrustaciones fueron encontrados en la tumba de Tutankamón, algunos estaban colocados en la momia y otros en diferentes objetos del ajuar funerario. Aunque en la gran mayoría se utilizó la composición vítrea para las incrustaciones, ocasionalmente también se combino con piedras semipreciosas como cuarzo, jaspe y cornalina, y solo en muy pocos casos con lapislázuli y turquesa.

La dinastía XIX, cuenta con una importante cantidad de piezas elaboradas con composición vítrea incrustada como las encontradas en el Serapeum entre las cuales destaca el pectoral en forma de halcón de Ramsés II por su gracia y colorido. También se cuenta con brazaletes, tobilleras y unos pendientes sumamente toscos y recargados. Aunque estas joyas no tienen comparación con las anteriores, presentan un gran detalle técnico en la elaboración y terminado como el pulido, incluso las costillas son muy finas, muestra de que las herramientas que fueron utilizadas en la manufactura de las joyas eran de gran calidad.

Del tercer periodo intermedio a finales de la época faraónica, se sigue trabajando la joyería con vidrio de una manera muy abundante entre las cuales podemos destacar las del famoso faraón mencionado en las sagradas escrituras Psusennes.

Entre los pectorales de este periodo sobresalen dos. El formado por el pilón del templo que contiene en su interior un escarabajo alado y que se compone de oro e incrustaciones de composición vítrea azul y el del escarabajo trabajado en jaspe verde considerado una de las piezas más hermosas de este periodo por su colorido y contenido simbólico. Las alas de oro están minuciosamente incrustadas con vidrio en franjas verticales. Sobre la parte superior del escarabjo se encuentra el cartucho real con el nombre del faraón también trabajado con incrustaciones jaspe y vidrio. Todos los detalles están cuidadosamente trabajados lo cual hace que esta pieza se distinga entre otras muchas.

Del reinado de Sheshonq durante la XXII dinastia podemos mencionar los brazaletes de oro en forma cónica, trabajados con incrustación de lapislázuli y vidrio, y el hermoso pectoral del escarabajo de lapislazuli que emerge del horizonte con el disco solar en la parte superior, franqueado por dos serpientes ureus que portan la corona blanca.

Museo Británico de Londres. Por su alto contenido simbólico la joyería formaba parte inseparable del egipcio tanto en la vida como en la muerte, por lo que su presencia puede encontrarse a lo largo de toda la historia faraónica. La tumba va a ser el mejor ejemplo para ver que objetos y materiales eran importantes en el más allá. Originalmente eran objetos sencillos que además de su función cotidiana poseían una función simbólica, pero poco a poco fueron haciéndose más elaborados hasta llegar al punto culminante en el imperio nuevo.

Los materiales que se utilizaron en la joyería prácticamente son los mismos desde principios del Periodo Predinástico, como las composiciones vítreas, las piedras semi preciosas, y el oro, lo cual nos dice claramente que el egipcio siempre trataba de buscar protección en el más allá, todo tenía una interrelación, culto, magia, religión, forma y material. El vidrio siempre estuvo presente.