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Terrae Antiqvae

Cádiz. Aparecen niveles romanos del siglo I a.C. en la calle Ceballos

Cádiz. Aparecen niveles romanos del siglo I a.C. en la calle Ceballos

Foto: Primeros pasos. La excavación en el solar de Ceballos comenzaba en la mañana de ayer. Los sondeos desvelan la existencia de restos cerámicos y de zonas muy alteradas con rellenos de los siglos XVII y XVIII. Julio González.

Por AIDA R. AGRASO, Diario de Cádiz, 1 de febrero de 2005

El solar de la calle Ceballos donde tuvo su antigua sede Diario de Cádiz acaba de comenzar a ser excavado, pero ya ha desvelado algunos de sus secretos. Los sondeos previos realizados por los arqueólogos han puesto de manifiesto la existencia de niveles romano-republicanos fechados en el del siglo I a.C. que están siendo excavados desde la mañana de ayer.
De los tres sondeos realizados desde el pasado martes en el terreno, fue uno de ellos el que desveló la existencia de este nivel romano-republicano, con cerámicas campanienses A y B y otras de barniz rojo, además de cerámica de cocina. El estudio previo desvelaba igualmente que en el solar "hay zonas muy alteradas" por los rellenos hechos en época moderna, hacia los siglos XVII y XVIII. En este sentido, los arqueólogos manifiestan que el nivel romano está también alterado "porque hay aljibes".

De momento, los trabajos arqueológicos no han desvelado la existencia de restos prehistóricos. Se da la circunstancia de que hace justo cuatro años, a finales de enero de 2001, se descubrió en el número 13 de la misma calle un yacimiento de la prehistoria en el que se documentaba no el lugar donde se asentaban recolectores estacionales de moluscos, sino el área en el cual los habitantes de aquellos tiempos situaron estructuras de hábitats semipermanentes, entonces situadas en las proximidades del arroyo Salado y utilizadas de manera continuada, en actividades relacionadas ya con la agricultura y posiblemente con la ganadería.

Por ahora, sin embargo, no se tienen datos que permitan hablar de la existencia de restos prehistóricos en este solar de Ceballos ahora en estudio. Los arqueólogos afirman que "de momento, de prehistoria no hay nada", y que "no se sabe" si se localizarán restos, ya que , pese a la cercanía del otro yacimiento, "aunque hayan salido a cien metros ésa es una distancia grande" para los pobladores prehistóricos, "que se asentaban en zonas muy concretas" y en unos cuarenta o cincuenta metros cuadrados.

De cualquier manera, se espera que en los próximos días se puedan conocer más datos de una excavación que comenzaba en el día de ayer. Una pequeña zanja situada en la zona del solar que hace esquina con la finca de la calle Navas indicaba el inicio de las actividades arqueológicas, que posteriormente irán avanzando hacia el sector del terreno lindante con la calle Ceballos, que será el último tramo en ser estudiado.

La excavación en el solar se ha visto retrasada por la necesidad de construir unos muros-pantalla por cuestiones de seguridad. Estos muros no tienen aún las coronaciones, motivo por el cual se decidió comenzar por la zona cercana a la calle Navas. Una vez pasen los días, se "irán viendo más cosas"; en la memoria queda la planta, de forma semicircular, de una estructura de habitación o fondo de cabaña excavada en el terreno natural, que conservaba parte de las paredes y techumbres realizadas en el mismo material del terreno, localizada en la calle Ceballos, 13; la estructura tenía un diámetro de cuatro metros y su fondo se situaba a tres metros y medio de profundidad. La arqueología dirá si este solar deparará también un hallazgo relacionado con nuestra prehistoria.

Pasos de iniciado a los misterios sagrados de Isis

Pasos de iniciado a los misterios sagrados de Isis

Foto: Relieves de Isis con pies de oferente. Mármol, Placa 1 -grande-: 43,6 x 32,1 x 2/2,3 cm.; placa 2 -pequeña-: 44,3 x 21,5 x 1,9/2,3 cm. Siglo II d.C. Procedencia Templo de Isis, Baelo Claudia, Cádiz. Las dos inscripciones aparecieron encastradas en el suelo del primer escalón de acceso al podium del templo. En los huecorrelieves de estas placas aparecen representados los pies del oferente, uno de ellos siempre adelantado. Estas escenas estaban acompañadas de sendas inscripciones en las que se revela, al mencionar la advocación de la diosa Isis, el culto que se practicaba en el templo. Las placas tienen un carácter puramente ritual, son votivas, se ofrecen a Isis, y los fieles cumplen así con el rito que marca el culto. A cambio esperan conseguir el favor de la diosa para que interceda en alguna petición, o bien son ofrecidas una vez que su plegaria se ha visto cumplida.

Pasos de iniciado a los misterios sagrados de Isis

Conservamos en el Museo de Cádiz una interesantísima placa votiva dedicada a la diosa egipcia Isis. Realizada en mármol, muestra la representación de dos plantas de pie grabadas en la propia placa, una ligeramente adelantada sobre la otra. En la parte superior aparece la inscripción: ISIDI.DO[MINAE] L.VECILI[VS---] L.A. V [.S] , es decir, "A Isis soberana, Lucio Vecilio cumplió con agrado su voto". Apareció en Baelo Claudia en el transcurso de la campaña de excavaciones arqueológicas realizadas en 1983 por la Casa de Velázquez, al pie del primer escalón de acceso al templo de Isis.

Por Antonio Álvarez Rojas, Europa Sur, 30 de enero de 2005

La ciudad romana de Baelo Claudia cuenta con una de las escasísimas plantas completas de un Templo de Isis que se conservan en todo el Imperio Romano. No hay en la península un "Iseum", que así se llaman, con las características que aquí encontramos. Una auténtica joya cuya monografía arqueológica va a ser publicada en breve. El templo de Baelo es una muestra más de la importancia del culto mistérico a Isis que se propagó desde oriente por todo el imperio, fundamentalmente con la intermediación de las legiones romanas. Es la gran diosa egipcia, mujer de Osiris que poco a poco se configura en todo el Mediterráneo como Reina y Señora. Así se la denominaba en el mundo antiguo, la que Apuleyo en su obra La Metamorfosis identifica como la Todopoderosa que reina sobre todas las diosas y en las que tras todas ellas es posible encontrar su presencia. Es llamada también "Señora del Mar" por lo que protegía la navegación; "Victoria" y por ello las legiones romanas portaban su efigie en los pendones, para vencer. Se la identifica con la "Luna" y es el símbolo universal de la fecundidad y del amor, por lo que para sus devotos es ella la que hay que encontrar tras los atributos que representaban "Afrodita", "Astarté" y "Venus", ya fuera en los ámbitos griego, fenicio o romano. Por ser Venus es reconocida como "Estrella de la mañana". Isis, por tanto, se identifica en su carácter universal con todas las divinidades femeninas locales. Pero ella, Isis, ya ERA, existía antes de todas. No me resisto a transcribir como la diosa se describe a sí misma en el relato de Apuleyo:

"...He aquí, Lucio, que me presento a ti, conmovida por tus súplicas, yo, la madre de la Naturaleza, señora de todos los elementos, origen y principio de los siglos, divinidad suprema, reina de los mares, primera de entre los habitantes del cielo, representación genuina de dioses y diosas, que con mi voluntad gobierno la luminosa bóveda del cielo, los saludables soplos del Océano, los desolados silencios del Infierno. Y mi único poder, bajo formas diversas, honrado con cultos bajo distintas advocaciones, todo el orbe lo reverencia. Los frigios, primeros seres de la tierra, me llaman la diosa de Pesinunte, madre de todos los dioses; aquí, los áticos autóctonos, la Minerva de Cecrops; allí, los habitantes de Chipre, batida por las olas, la Venus de Pafos; entre los cretenses, hábiles en disparar flechas, soy Diana Díctina; para los sicilianos, que hablan tres idiomas, yo soy la diosa Proserpina Estigia; los habitantes de Eleusis me llaman la antigua diosa Ceres; unos, Juno; otros, Belona; éstos, Hécate; aquéllos, Ramnusia; y los etíopes, que son los primeros en ver la luz del sol naciente, y los egipcios, que sobresalen por su antiguo saber, venerándome con su propio culto, me llaman la reina Isis..."

El culto mistérico a Isis queda perfectamente definido en Apuleyo donde cuenta la deliciosa historia de Lucio, que es convertido en asno y pasa mil vicisitudes hasta que la reina Isis se compadece de él y le devuelve la forma humana. Los ritos isíacos que cuenta el autor en su relato son sin duda los pasos autobiográficos hasta el encuentro con los misterios sagrados que eran revelados al neófito, transformándose en iniciado.

En Baelo Claudia tenemos todos los elementos del rito: hogar, pilón para abluciones, altar, pozo con escalera para sumergirse completamente, todos ellos elementos relacionados con los ritos de fuego y agua que iban purificando al devoto. También una cripta donde el tembloroso aspirante pasaba la noche, tras diez días de ayuno y durante la cual sufría la estremecedora visión de los dioses del cielo y de los infiernos, "en las fronteras de la muerte". En esa noche, la propia diosa se comunicaba directamente con su seguidor, susurrándole los grandes secretos, los que no podían contarse en ninguna circunstancia. Los que aún no han sido contados. La placa sin duda simboliza la protección de la diosa que guiaba los pasos del adepto en su largo proceso de iniciación. El dedicante, agradecido, nos regaló para la posteridad este magnífico testimonio de sus pasos hacia lo sagrado.

Baelo Claudia

Desde el siglo VII d.C. la ensenada de Bolonia había permanecido casi desierta. Sin embargo, entre 1700 y 1900 se producen algunas noticias de eruditos y de viajeros que señalan la presencia de ruinas romanas, las cuales se identifican desde muy pronto con Baelo Claudia. Sin embargo, es a partir de 1917 cuando la ciudad entra de lleno en la investigación arqueológica a partir de las cuatro campañas que realiza el hispanista francés Pierre Paris, que excava buena parte de la estructura básica de la ciudad, mientras que George Bonsor hace otro tanto en la necrópolis oriental.

No es hasta 1966 cuando gracias a las prospecciones geofísicas dirigidas por el profesor Pellicer se establece la importancia de la ciudad. En ese mismo año, la Casa de Velázquez, Institución francesa de estudios hispánicos, comienza unos trabajos sistemáticos de investigación arqueológica que continúan en la actualidad y que han dado lugar a uno de los yacimientos arqueológicos más completos de la península de época romana.

Finalmente, la Junta de Andalucía crea en 1990 el Conjunto Arqueológico de Baelo Claudia, encargado a partir de entonces de velar permanentemente por su conservación, difusión e investigación.

La ciudad de Baelo Claudia, situada en la orilla norte del Estrecho de Gibraltar, se halla emplazada en la parte oeste de la ensenada de Bolonia. Las sierras de la Plata y San Bartolomé forman un arco que la dejan enmarcada entre montañas, de forma que el mar fue su mejor medio de comunicación, y a él le debe su riqueza y reputación. La industria pesquera, fundamentalmente del atún, constituyó su principal fuente económica.

Las excavaciones han sacado a la luz el conjunto urbano romano más completo de toda la Península Ibérica, con monumentos de extraordinario interés como la basílica, el teatro, el mercado y el templo de Isis. En ninguna otra parte de la Península Ibérica es posible extraer tras la visita una visión tan completa del urbanismo romano como en Baelo Claudia, y en esto radica su principal interés. El conjunto está además enmarcado en un espectacular paisaje, integrado en el Parque Natural del Estrecho de Gibraltar.

Baelo Claudia nace a finales del siglo II a.C. Su origen y posterior desarrollo están muy ligados al comercio con el norte de África, siendo puerto de unión con la actual Tánger. Es posible que ejerciera también ciertas funciones como centro administrativo. Sin embargo, fue la industria de salazón del pescado y de las salsas derivadas del mismo, el garum, sus principales fuentes de riqueza. Estas circunstancias hacen que la ciudad alcanzara cierta pujanza, sobre todo bajo el emperador Claudio (41-54 d.C.), que le otorga el rango de municipio romano, convirtiéndose en el periodo de máxima prosperidad de la ciudad y de mayor intensidad en la actividad edilicia.

El declive económico de Baelo Claudia se inicia en la segunda mitad del siglo II, seguramente por el terremoto que debió asolar la ciudad por esas fechas. En el siglo III experimenta un ligero rebrote del comercio, tras el cual la ciudad cae poco a poco en decadencia hasta su total abandono en el siglo VII.

La ciudad se caracteriza por seguir con exactitud los modelos urbanísticos clásicos de Roma, construida conforme a una cuadrícula ortogonal cuya precisión es casi perfecta, con calles perpendiculares entre las que destacan dos principales, el decumanus maximus, orientada de este a oeste, y el cardo maximus, de norte a sur. En la unión de ambas se solía situar el foro, la plaza pública, en torno a la cual se desenvolvía la vida administrativa, política y religiosa.

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LOS AEGYTPTIACA PRERROMANOS DE LA PENÍNSULA IBÉRICA

Por Josep Padró, Universidad de Barcelona

En la Península Ibérica hay objetos de tipo egipcio fechados entre el segundo milenio y la época romana. Su estudio ha sido concluido hace relativamente poco, por mi en lo referente a la vertiente mediterránea, y por María Antonia García Martínez en lo referente a la vertiente atlántica. La distribución espacio-temporal de los objetos permite conocer la historia de su comercialización en el ámbito peninsular, así como a los agentes distribuidores. Ciertas categorías de objetos pueden determinarse incluso como auténticos fósiles directores para determinadas etapas de las colonizaciones, tanto fenicia como griega y púnica. Veamos a continuación cuáles son dichas categorías.

En primer lugar debemos mencionar los grandes vasos de piedra, y especialmente de alabastro. El yacimiento que ha proporcionado mayor número de estos objetos en la Península es el Cerro de San Cristóbal en Almuñécar, donde hemos podido contabilizar 22 ejemplares; algunos de ellos ostentan además cartuchos faraónicos con los nombres de Aauserre Apofis I, Osorcón II, Tacelotis II y Sesonquis III. También han aparecido ejemplares, completos o fragmentados, en Trayamar, 3 vasos; en el Cerro del Mar, no menos de 8 vasos; en el Cortijo de los Toscanos, no menos de 2; en el Cerro del Peñón, 1 vaso; en el Cerro del Villar, 1; en la desembocadura del Barbate, 1; en Cádiz, 1; en Lagos, 1; y en algún lugar más o menos cercano a la finca del Retiro, 4 vasos.

Con la única excepción del vaso de época de los hicsos (v. Figura) y de algún otro, se trata por lo general de vasos fabricados en Egipto entre los siglos IX y VIII. Aparecen en la Península Ibérica en contextos arqueológicos fechables entre el siglo VIII y la primera mitad del VII. Corresponden a la primera etapa conocida de la colonización fenicia, desarrollada entre Cádiz y la costa mediterránea andaluza. Paralelamente, la plata y el bronce aparecen y se desarrollan de modo extraordinario en la joyería y en la metalurgia egipcias, y se desarrollan las relaciones comerciales entre Egipto y las ciudades fenicias.

Una segunda categoría de objetos está constituida por los escarabeos y escaraboides, fabricados tanto de pasta como de esteatita vidriadas. Del Mediterráneo al Atlántico podemos enumerar los ejemplares siguientes: en Montlaurès, 1; en l'Ilette, 1; en Peralada, 1; en Empúries, 4; en Can Canyís, no menos de 15; en el Mas de Mussols, 5; en los alrededores de Tortosa, 1; en el Tossal del Moro de Pinyeres, 1; en el Puig de la Misericòrdia, tal vez 1; en la Solivella, 1; en la Serra de Crevillent, 6; en el Molar, 2; en Villaricos, 3; en Almuñécar, 4; en el Cortijo de las Sombras, 1; en el Morro de Mezquitilla, 1; en el Jardín, 2; en el Cortijo de los Toscanos, 1; en Lagos, 1; en la Cueva de Gorham, no menos de 19; en el Castillo de Doña Blanca, 1; en el Puerto de Santa María, 1; en Monte Algaida, 3; en la Sierra de Gibalbín, 2; en Searo, 1; en Los Alcores, 1; en la Cruz del Negro, 1; en Santaella, 1; en la Guardia, 1; en Mengíbar, 3; en La Joya, 2; en Niebla, 1; en Cancho Roano, 1; en Medellín, 3; en Odemira, 1; en A-do-Mealha-Nova, 1; en Fonte Santa, 2; en Herdade do Gaio, 1; en el Olival do Senhor dos Mártires, 3; en Porto de Sabugueiro, 2; en La Aliseda, 7; y en Clunia, 1.

Estos objetos fueron fabricados en Egipto mayoritariamente entre fines del siglo IX y comienzos del siglo VI. Aparecen en la Península Ibérica en contextos entre los siglos VIII y VI, pero sobre todo entre la segunda mitad del siglo VII y la primera mitad del siglo VI. Corresponden a la segunda etapa conocida de la colonización fenicia, que se extendió entre el Languedoc Occidental y la cuenca del Tajo, por Portugal y Extremadura. Para esta etapa hay que señalar el papel relevante jugado por Ibiza en la distribución, así como la enorme generalización del uso del bronce en el Egipto Saíta.

Otra categoría de objetos son los vasos de cerámica vidriada, de los que conocemos los siguientes ejemplares: en Mailhac, 1; en Empúries, 6; en el Molar, 1; en la Hoya de Santa Ana, 1; en los Villares de Hoya Gonzalo, 2; en la Bobadilla, 1; y en Cancho Roano, 1.

Fabricados en Egipto o en Rodas a mediados del siglo VI, aparecen en contextos peninsulares con esta misma cronología. Estos objetos corresponden ya a la expansión colonial griega, tras el hundimiento fenicio provocado por la caída de Tiro. Tienen como centro distribuidor Empúries, y alcanzan Extremadura por la Meseta Sur y la Alta Andalucía.

La siguiente categoría de aegyptiaca son los amuletos de pasta o de esteatita, generalmente de buena calidad técnica. En dichos amuletos tenemos una buena representación del panteón egipcio, en el que destacan especialmente las divinidades menfitas. Dichos amuletos están presentes especialmente en Almuñécar y en Cádiz, pero poseen una más amplia distribución peninsular, generalmente limitada a un solo amuleto, como en el caso de la Serra de Crevillent. Su cronología va del siglo VII al IV, centrándose en el siglo V.

Se trata de objetos de fabricación egipcia, y están vinculados a la actividad metalúrgica y comercial, simbolizada por los dioses en ellos representados.

A continuación debemos mencionar los escarabeos hechos generalmente de piedras duras, con una dispersión en la geografía peninsular excesiva para poder ser enumerada aquí. Se los halla desde Ensérune hasta Cancho Roano y el Olival do Senhor dos Mártires. Destacan, por el número de piezas halladas, los siguientes yacimientos: Empúries, más de 8 ejemplares; Tarragona, 3 ejemplares; Villaricos, no menos de 5 ejemplares; Almuñécar, 4 ejemplares; Cueva de Gorham, más de 10; y Cádiz, 25 ejemplares.

Esta vez se trata de objetos pseudoegipcios, de fabricación mayoritariamente púnica si bien también los hay de fabricación etrusca. En la Península Ibérica fueron distribuidos sin duda desde Ibiza; corresponden, por consiguiente, a la expansión del comercio púnico ebusitano. Se encuentran en contextos que van de fines del siglo VI al siglo IV, pero pertenecientes sobre todo a la segunda mitad del siglo V y a la primera mitad del IV.

Todavía cabe mencionar unos amuletos de pasta vidriada, de gran tamaño, factura tosca, color a veces gris oscuro, con burbujas en la pasta; generalmente representan al dios Horus. No se ha podido determinar aún el centro de producción de estos objetos, de los que hay ejemplares en la Península en Empúries, La Bastida de les Alcuses, l'Albufereta d'Alacant y el Tossal de Manises, el Cigarralejo, el Cabecico del Tesoro y Villaricos.

Se trata, pues, de una producción pseudoegipcia, perfectamente fechada en el siglo IV. La distribución de estos objetos es eminentemente púnica.

Finalmente, deben citarse las imágenes de divinidades egipcias, que pueden ser de terracota o de bronce. Las imágenes de terracota corresponden casi exclusivamente al dios Bes, las hay en Ullastret, Villaricos y El Torreón y están bien fechadas en el siglo IV. Son de fabricación indudablemente púnica, debiendo mencionarse que se han hallado moldes en Ibiza. Las de bronce corresponden especialmente a los dioses Osiris e Isis y deben ser de fabricación egipcia, si bien no están fechadas con un mínimo de seguridad. Las hay en Tarragona y en Villaricos, como mínimo.

Mención aparte merecen los objetos egiptizantes, clasificables en un gran número de categorías. Entre ellos podemos mencionar los objetos de marfil o hueso (Ullastret, Málaga...); las terracotas (Cádiz...); las figuras de divinidad de bronce (El Carambolo, Cádiz); las figuras de divinidad de piedra (Galera); las joyas, tales como los estuches portaamuletos (Cádiz), los medallones (Trayamar), los pendientes (Cádiz), o aún los tesoros del Carambolo o de la Aliseda, con joyas manifiestamente egiptizantes. También son muy interesantes entre los objetos egiptizantes los objetos de carácter hathórico, tales como el Bronce Carriazo, la joya de Cádiz, la Astarte del Carambolo, el "brasero" (jofaina) de la Joya, el jarro de la Aliseda, etc. O las monedas de Ibiza que ostentan la imagen de Bes, el dios patrón de la isla, que además de su valor monetario, tenían un indudable valor religioso.

Estos objetos egiptizantes, muchas veces de manufactura peninsular, tienen la virtud de documentarnos el profundo impacto causado por el influjo egipcio entre las poblaciones autóctonas y coloniales del Mediterráneo occidental en tiempos prerromanos. Este influjo, visible como mínimo en el terreno religioso en lo que a Isis-Hathor y a Bes se refiere, debe poderse poner en relación con el auge de que gozaron las divinidades egipcias en la Hispania romana.

Observemos, para terminar, la coincidencia en el tiempo de los hechos siguientes:

En primer lugar, la presencia abundante de objetos egipcios en Fenicia -y también, más allá de la costa, hasta Asiria-; se trata de estatuas, vasos de alabastro, escarabeos, etc. -en Asiria estos objetos egipcios aparecen como resultado del saqueo de ciudades y palacios fenicios y, en general, sirio-palestinos, por obra de los Sargónidas-. Se trata esencialmente de objetos pertenecientes a la Dinastía XXII.

En segundo lugar, la presencia también abundante de objetos egipcios en Andalucía: vasos de alabastro, escarabeos, etc., hallados siempre en yacimientos fenicios. Se trata, también, de objetos de la Dinastía XXII sobre todo.

En tercer lugar, la aparición de la gran estatuaria de bronce en Egipto, que tiene lugar durante las Dinastías XXII y XXIII: recordemos, por ejemplo, las estatuas de Karomama, de Petubastis, de Takush...

En cuarto lugar, el hallazgo de cerámicas fenicias en suelo egipcio, ánforas y enocoes especialmente, fechadas en época libia (Dinastías XXII a XXIV) especialmente y distribuidas entre el Bajo y el Alto Egipto.

Puesto que los fenicios llegaron a la Península Ibérica en busca de metales, estaño y bronce especialmente, así como plata, parece lógico poner en relación los hechos que acabamos de exponer coincidentes cronológicamente, y concluir que los fenicios compraban bronce en España y lo vendían en Egipto. Además, el volumen de las manufacturas egipcias en ambiente fenicio, tanto en el Mediterráneo oriental como en el central y en el occidental, prueba la importancia de dichos intercambios: Egipto era, muy probablemente, el principal cliente de los fenicios.

Más aún, la repentina aparición de la plata en la necrópolis real de Tanis -por ejemplo, el sarcófago antropomorfo de Psusenes I está hecho exclusivamente de este metal- hace pensar en un origen occidental asimismo para la plata utilizada por los egipcios desde la Dinastía XXI. Al respecto, bastará recordar que en el ajuar funerario de Tutankhamón, cuya riqueza es inútil ponderar, no hay ningún objeto de plata todavía.

Si recordamos que la cronología de la Dinastía XXI coincide con la fecha tradicional de la fundación de Gadir por los fenicios (c. 1110 a. C.), deberemos reconocer que, como mínimo, resulta muy tentador poner nuevamente en relación ambos hechos; de donde se deduce que en Egipto podríamos tener la mejor prueba histórica de la veracidad de la fecha legendaria de la fundación de la más antigua colonia fenicia de Occidente.

BIBLIOGRAFIA COMENTADA

El inventario de los aegyptiaca de la vertiente mediterránea de la Península Ibérica, que incluye toda la bibliografía anterior, puede verse en: J. Padró i Parcerisa, "Egyptian-type Documents from the Mediterranean Littoral of the Iberian Peninsula before the Roman Conquest", Études Préliminaires aux Religions Orientales dans l'Empire Romain, t. 65, Leiden, vol. I, 1980; vol. II, 1983; vol. III, 1985; J. Padró i Parcerisa, "New Egyptian-type Documents from the Mediterranean Littoral of the Iberian Peninsula before the Roman Conquest", Orientalia Monspeliensia, VIII, Montpellier, 1995.

El inventario de los de la vertiente atlántica ha sido realizado por: Mª A. García Martínez, "Documentos Prerromanos de tipo egipcio de la vertiente atlántica hispano-mauritana", Orientalia Monspeliensia, Montpellier (en prensa). Dicho trabajo es una tesis doctoral presentada en la Universidad de Alcalá de Henares y constituye el complemento geográfico de mis propios trabajos sobre la Península Ibérica.

Sobre los aegyptiaca de Ibiza, ver: L. Baqués Estapé, "Escarabeos egipcios de Ibiza", en Ampurias, 36-37, 1974-75, pp. 87-146; J. H. Fernández y J. Padró, "Escarabeos del Museo Arqueológico de Ibiza", Trabajos del Museo Arqueológico de Ibiza, 7, Madrid, 1982; J. Boardman, "Escarabeos de piedra procedentes de Ibiza", Catálogos y Monografías del Museo Arqueológico Nacional, 8, Madrid, 1984; J. H. Fernández y J. Padró, "Amuletos de tipo egipcio del Museo Arqueológico de Ibiza", Trabajos del Museo Arqueológico de Ibiza, 16, Ibiza, 1986. Sobre las terracotas ebusitanas, ver: Mª J. Almagro Gorbea, "Corpus de las Terracotas de Ibiza", Bibliotheca Praehistorica Hispana, XVIII, Madrid, 1980.

Previamente, y sobre esta misma problemática, se había publicado la siguiente obra: I. Gamer-Wallert, Ägyptische und ägyptisierende Funde von der Iberischen Halbinsel, Beihefte zum Tübinger Atlas des Vorderen Oriens, Reihe B, Nr. 21, Wiesbaden, 1978. Pero este libro adolece de graves errores y omisiones, por lo que es conveniente consultar a propósito del mismo: J. Padró, "De nuevo sobre los hallazgos egipcios y egiptizantes de la Península Ibérica", en Cuadernos de Prehistoria y Arqueología Castellonenses, 9, 1982-83, pp. 149-191.

Sobre las conclusiones de carácter económico y comercial, puede consultarse además: J. Padró, "El Paper d'Egipte en el comerç dels metalls d'occident a la Baixa Epoca", en CPAC, 10, 1984, pp. 159-165. Sobre las conclusiones de carácter religioso: J. Padró Parcerisa, "Las Divinidades egipcias en la Hispania romana y sus precedentes", en La Religión Romana en Hispania (Symposio organizado por el Instituto de Arqueología "Rodrigo Caro" del C.S.I.C., 1979), Madrid, 1981, pp. 335-352; J. Padró i Parcerisa, "Hathor dans l'Hispanie pré-romaine", en Hommages à Jean Leclant, Bibliothèque d'Étude, 106, El Cairo, 1994, vol. 3, pp. 397-404. Sobre las conclusiones de carácter histórico: J. Padró, Historia del Egipto faraónico, Alianza Universidad, 857, Madrid (1ª reimpresión), 1997.

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PRESUPUESTOS TEÓRICOS PARA UN ESTUDIO HISTÓRICO-RELIGIOSO DE LAS ICONOGRAFÍAS EGIPCIAS Y EGIPTIZANTES EN EL MUNDO FENICIO-PÚNICO

Por Mª Cruz Marín Ceballos, Universidad de Sevilla

CUESTIONES PREVIAS

La intención de este trabajo no es otra que compartir con los colegas de intereses afines mis propias reflexiones sobre el tema propuesto, surgidas, tanto de la propia experiencia de estudio, como de la lectura de la más reciente bibliografía sobre el tema. De ello, naturalmente, se deduce que cuanto aquí se expone ha de ser entendido como un mero intento de aproximación a estos problemas, que sólo se irá concretando y tomando forma a través del estudio de muchos aspectos parciales.

Es cierto que desde hace años se han venido produciendo en la investigación sobre el mundo religioso fenicio-púnico atisbos aislados, más o menos acertados, de interpretación de estas iconografías egiptizantes [1], pero podríamos decir que sólo en los últimos años se puede observar un serio intento de sistematizar este rico acerbo documental desde la perspectiva de lo que pudiéramos llamar la interpretatio fenicia. Tal intento se enmarca claramente en una más amplia tendencia a valorar de modo más positivo que hasta ahora la aportación de la iconografía al conocimiento de la religión fenicio-púnica. Parece pues que por fin estamos en vías de superar viejos prejuicios derivados de una visión excesivamente filológica de la historia de las religiones, que despreciaba por completo la aportación de la arqueología a la misma [2]. Desde mi punto de vista, en el estado actual de la investigación sobre la religión fenicio-púnica y sus antecedentes cananeos, es perfectamente legítimo, desde el conocimiento aportado por la epigrafía y las fuentes clásicas y haciendo uso del mayor rigor científico, adentrarse en el terreno de la interpretación iconográfica o iconológica [3].

En la misma línea, se está superando también la tendencia a considerar como meramente decorativos los motivos iconográficos, de carácter fundamentalmente religioso, que figuran sobre diversos objetos de la cultura material fenicio-púnica: es el caso de los marfiles, de las joyas, de las copas metálicas, etc. Muchos de estos objetos se encuentran en tumbas o en espacios religiosos de distinto tipo, lo que induce a pensar que las imágenes que los decoran, de índole igualmente religiosa, han de contener un mensaje que no por difícil de interpretar ha de ser menospreciado por nuestra parte [4].

En una perspectiva más amplia, no limitada al campo estrictamente cultual, y siguiendo las pautas marcadas recientemente en la interpretación del arte asirio, se insiste por parte de D. Ciafaloni en la necesidad de un estudio iconológico del arte fenicio, entendiendo por tal "un approfondissement de type sémantique qui implique un jugement de valeur culturelle sur l'image analysée" [5].

Dentro de este rico filón iconográfico ocupan un lugar de excepción los objetos y figuraciones de carácter egipcio o egiptizante. Realmente se puede decir que la cultura material religiosa del ámbito fenicio-púnico tiene una deuda inmensa con Egipto: desde la arquitectura hasta los amuletos más humildes, pasando por todo tipo de objetos sacros. Uno de los caracteres propios de la cultura material y el arte fenicio, que es en gran medida religioso, es su eclecticismo, al utilizar temas que derivan, no sólo de Egipto, sino también, aunque en menor cuantía, de Siria, Asiria o, para la época más tardía, a partir del s. VI, del mundo griego, mezclándolos muchas veces sin pudor hasta en un mismo objeto, como ocurre en las copas o cuencos metálicos.

Es importante tener presente que los contactos entre Egipto y el área sirio-palestina, y, como consecuencia, el inicio de los posibles préstamos ideológicos implícitos en la iconografía egipcia a la cultura de estas áreas, ha de retrotraerse a fines del III milenio y comienzos del II. Como bien recuerda G. Scandone [6], sobre este fondo de influencias recibidas desde el Bronce Medio y que a lo largo del tiempo van siendo asumidas y reelaboradas, actuarán, a partir de la segunda mitad del II milenio y durante el primero, nuevas corrientes que no se interrumpirán nunca. Y esta situación se transmitirá a las colonias, ya que, aparte de heredar el complejo de elementos egipcios incorporado a la cultura fenicia, mantendrán, especialmente algunas de ellas como Cartago, contactos directos con Egipto.

Como resultado de estos recientes estudios se vienen obteniendo ya una serie de resultados, algunos de los cuales merece la pena reseñar, a manera de ejemplos. En primer lugar se ha observado cómo buena parte de los préstamos iconográficos debidos a Egipto están claramente relacionados con el complejo ideológico-religioso en torno a la realeza egipcia. W. Nagel y C. Eder lo han comprobado en su estudio de los sellos del Bronce Medio sirio-palestino-libanés (ss. XVIII-XVII) [7]. G. Scandone considera que, al no haber en este momento dominación política por parte de Egipto, la figura del faraón puede haberse convertido en una especie de símbolo abstracto de la realeza. El dogma de la realeza egipcia y su culto podía impresionar vivamente los ambientes sacerdotales levantinos, de los que dependía claramente la inclusión de nuevas imágenes en el repertorio iconográfico del panteón local [8]. En la misma línea van las conclusiones obtenidas por D. Ciafaloni en su estudio de determinados temas egiptizantes en los marfiles de la llamada "escuela fenicia" hallados en Nimrud. Aplica el autor a tal estudio el concepto de función, sea del objeto decorado con las placas de marfil, como de la iconografía que contiene, y concluye que, al tratarse de mobiliario palatino, las iconografías adoptadas deben relacionarse con la celebración político-religiosa del monarca, en este caso naturalmente asirio [9]. Para el ámbito colonial y más concretamente en la Amathonte chipriota se ha supuesto una utilización semejante de objetos y temas iconográficos egiptizantes, procedentes en gran parte de Levante, por parte de la monarquía allí establecida [10].

Otro aspecto que ofrece gran interés es el de la escatología. El prof. Garbini ha estudiado unas inscripciones sobre láminas de oro o plata ilustradas con escenas del Libro de los Muertos egipcio. Una de estas inscripciones procedente de Tharros en la traducción de Garbini diría así: "Protege a N.P. hijo de N.P. ante los posesores de la balanza", haciendo clara alusión a la psicostasia. Si la lectura es correcta, tenemos pues aquí una clara evidencia de que determinados individuos, de una clase social sin duda elevada, tenían conocimiento preciso de las concepciones escatológicas egipcias y las utilizaban en su propio beneficio. Podríamos así decir que estas láminas cumplían un papel similar a los rollos de papiro que en Egipto contenían las fórmulas del llamado Libro de los Muertos acompañando al cadáver como garantía de su tránsito a un Más Allá venturoso. Y este dato se une a otros que abogan en este mismo sentido tanto a nivel epigráfico como iconográfico [11]. En esta línea se enmarca el trabajo de G. Hölb [12] a quien se deben varios catálogos de aegyptiaca de diversos lugares del mediterráneo [13], con un profundo estudio de sus contenidos temáticos. Parte de la idea esencial de que el fenicio no se limita en ningún momento a copiar sin método, sino que conoce bien la iconografía egipcia y sus valores simbólico-religiosos, y desde este conocimiento emplea los motivos iconográficos en su sentido originario pero insertándolos en sus propios esquemas religiosos. En algunos casos se puede hablar hasta de conocimiento íntimo, así el tema de las estrellas decanas que vemos representadas en las láminas amuléticas más arriba citadas, o el escarabeo procedente de Tharros en que aparece la escena final del Libro de las Puertas [14]. Pero en otros muchos, en palabras de G. Scandone "se l'Egitto forniva spunti primari, il Levante non mancava di elaborarli, fino a creare opere del tutto autonome, in cui l'idea iniziale veniva completamente integrata e inserita nel vasto patrimonio iconografico e ideologico locale" [15].

En definitiva, en el estado actual de una investigación iconológica, que podríamos decir está en sus inicios, se admite que los fenicios estaban perfectamente familiarizados con la iconografía religiosa egipcia y su significado, y la utilizaban ampliamente aunque de una manera libre y adaptada a sus propias creencias y necesidades, es decir, de un modo creativo [16].

LOS DISTINTOS SOPORTES ICONOGRÁFICOS

Los motivos iconográficos religiosos de carácter egipcio se encuentran sobre soportes muy variados, repitiéndose los temas en muchos de ellos. No obstante, el tipo de soporte condiciona muchas veces el motivo que lo decora y, por otra parte, las áreas de difusión, y por tanto el cliente al que se destinan estas producciones, son también muy distintos según los casos. Conviene pues tener muy presentes todos estos condicionamientos.

Entre los objetos que alcanzan mayor difusión en todo el Mediterráneo, colonizado o no por los fenicios [17] hemos de citar en primer lugar por su abundancia, difusión y variedad temática los escarabeos y escaraboides. Como es bien conocido, en origen eran sellos cuya parte superior adopta la forma plástica del escarabajo, mientras que la inferior, plana, se decora con escenas de distinto tipo. Inicialmente importados por los fenicios, pronto, en torno al s. XII, parece que pudo comenzar la producción propia en Oriente, aunque ello no obsta para que se sigan importando, tanto a Oriente como a Occidente, durante siglos. Tras una primera fase arcaica (ss. XII-IX), se llega a la preclásica (siglos VIII-com. del VI) con una iconografía egiptizante muy próxima a la de los marfiles y las copas metálicas. La época clásica o de apogeo se establece entre el 550 y el 350, con una importante producción occidental, en centros como Cartago o Tharros. Los escarabeos se realizan en materiales diversos: esteatita o fayenza y a veces piedras semipreciosas, cuyo color suele estar relacionado con el valor apotropaico de los mismos. A pesar de lo reducido del espacio a decorar se conseguirán verdaderas obras de arte miniaturísticas, así como escenas de intenso contenido religioso [18].

Estos objetos se encuentran preferentemente en las tumbas, aunque ha de advertirse que presentan huellas de largo uso, lo que unido a su frecuente hallazgo en santuarios y otros espacios de utilización religiosa nos indica que se usaban también en la vida cotidiana, como los amuletos. Generalmente vienen siendo interpretados como elementos de carácter mágico-religioso especialmente relacionados con la esfera femenina: protección a la infancia y a la fertilidad [19].

Los amuletos constituyen otro grupo de aegyptiaca de gran difusión dentro del mundo mediterráneo. Realizados en diversos tipos de fayenza o esteatita, no siempre es posible determinar su origen, aunque hay un grupo que Hölb considera de clara fabricación occidental [20]. Su tipología, como en el caso de los escarabeos, es enormemente variada, desde diferentes tipos de dioses antropomorfos [21], animales atributo, símbolos apotropaicos como el udjat y el uraeus, etc. Su hallazgo, como en el caso de los escarabeos, se produce siempre en espacios sagrados o en tumbas, compartiendo con aquellos su valor general de protección mágica contra las enfermedades y en relación con la fecundidad [22].

Mucho más raros, pero enormemente interesantes para nuestro fin son los llamados estuches portaamuletos. Estos estuches, generalmente de oro, plata, plomo o bronce, contenían papiros o telas, en general no conservadas, pero, afortunadamente, también en ocasiones láminas de oro, plata o plomo, en las que se representaban distintas escenas del ciclo de las estrellas decanas, constelaciones o dioses astros, que formaban parte de las narraciones contenidas en el Libro de los Muertos. Hasta el momento tales estuches con este contenido no han aparecido en Egipto, pero hay pruebas de que, tanto la forma exterior de los mismos como las representaciones de las láminas conservadas tienen sus prototipos en el país del Nilo. Respecto a los estuches, que suelen ir cubiertos por una tapa con anillo de suspensión, en forma de cabeza de animal (preferentemente los que simbolizan a los dioses Sekhmet, Bastet, Amon-Ra y Horus) o a veces incluso en forma de obelisco, parecen inspirarse en otros similares, en madera o cuero, que contendrían textos oraculares con fórmulas mágicas para protección de las actividades de la vida diaria [23]. Y por lo que respecta al contenido de las láminas, sigue modelos bien documentados en Egipto en época tardía, pero sobre soportes diferentes. Tales estuches se documentan en Fenicia, Chipre, Cartago [24], Tharros, y distintos puntos de la Península Ibérica (La Aliseda, Cádiz, Ibiza, Jardín, Almuñécar - Laurita y Puente de Noy -) e Ibiza [25], y generalmente en contextos funerarios. Como más arriba se ha indicado, estas láminas llevan a veces inscripciones fenicias [26], lo que resulta de gran interés para conocer de qué manera se integraban tales conceptos en las creencias de sus propietarios.

La siguiente categoría de soportes son los marfiles. Con un antecedente en el Bronce Reciente (Ugarit, Lakish, Kumidi y Megiddo), y sin que se conozcan bien los pasos intermedios, la artesanía sirio-fenicia en marfil conoce su floruit entre los siglos IX y VII [27], documentándose en grandes cantidades sobre todo en el gran centro asirio de Nimrud (la antigua Kalhu) [28], aunque también en Khorsabad, Arslan Tash, Samaría, Karkemish etc., siendo los testimonios encontrados en las ciudades fenicias propiamente dichas muy escasos, lo que evidencia una producción fuertemente estimulada por la demanda de la monarquía asiria, sobre todo para mobiliario. En el estado actual de la investigación se diferencian varias escuelas: una nordsiria con ejemplares datables entre fines del s. X y fines del VIII; otra fenicia, fuertemente egiptizante [29], entre los siglos VIII-VII y una tercera, llamada sudsiria o intermedia, a situar probablemente en Damasco. Desaparecido el Imperio Asirio, la producción decae fuertemente y la difusión occidental de estos marfiles supone un empobrecimiento considerable, tanto en cantidad como en calidad. Algunos ejemplares de Malta, Cartago y Cerdeña parecen importados de Oriente, mientras que la producción fenicio occidental se ve limitada a los peines, cajitas y otros objetos similares que encontramos en Cartago, y la Península Ibérica [30].

Muy relacionada con la temática egiptizante de los marfiles y escarabeos está la decoración iconográfica de las llamadas copas o páteras metálicas. Se trata de una categoría artesanal cuyos especímenes más antiguos se han hallado hasta ahora en Ugarit (siglos XIV-XIII), aunque su producción a gran escala se fija entre dos fases: una que va de los siglos X (Lefkandi) al VIII, a la que pertenecen casi todos los ejemplares hallados en el Mediterráneo Oriental, básicamente Oriente (una buena cantidad, en buena medida aún por publicar procedente de Nimrud, y algún que otro hallazgo aislado de Megiddo, Ankara, Irán y Egipto) y Grecia (Creta y otros puntos de la Grecia continental como Olimpia), y que utiliza sobre todo el bronce. Una segunda etapa, entre el 700-550, en la que se engloban los hallados en Chipre e Italia, en su mayor parte en plata simple o dorada y más raramente en oro o bronce. Faltan por completo en Fenicia, Cartago y las colonias. La técnica es siempre el repujado, y la temática en gran medida egiptizante, aunque a veces se combina en las mismas piezas con temas de carácter sirio y griego o chipriota. La práctica ausencia de estos objetos en suelo fenicio plantea problemas a la hora de la valoración histórico-religiosa de su iconografía, pero por otra parte se evidencia la coincidencia de los temas con los que aparecen en otros soportes. Su hallazgo suele producirse en tumbas de gran riqueza, aunque a veces también en santuarios [31].

Una categoría hasta ahora escasamente valorada desde el punto de vista histórico-religioso son las joyas [32], que sin embargo utilizan formas y motivos decorativos de claras connotaciones sacras en un tanto por ciento muy elevado, a lo que hay que añadir que su hallazgo se realiza fundamentalmente en tumbas. Ya el profesor Garbini reclamaba para estas joyas un simbolismo más allá de lo puramente decorativo [33], y en esa misma línea se ha manifestado G. Pisano [34]. Un interesante trabajo de H. Bénichou-Safar ha venido a recordar cómo en muchas culturas diferentes a la nuestra la función ornamental no es la más importante, y en esta línea la autora plantea el posible carácter religioso original de algunas piezas como la diadema o el nezem [35]. Recordemos que muchos escarabeos, sobre todo los fabricados en piedras semipreciosas, iban engarzados en anillos de oro, e igualmente los amuletos de distinto tipo eran usados como piezas de collar, así como diversos colgantes en oro o plata de distintas formas [36]. Pero además existen anillos con chatón decorado, brazaletes, pendientes, diademas etc. Se trata además de una categoría artesanal que, una vez más, arranca del II milenio, y que conocerá un amplio desarrollo en el ámbito colonial (Chipre, Cartago, Cerdeña, Ibiza, la Península Ibérica). En cuanto a la temática, en un tanto por ciento muy alto, es de origen egipcio.

De características diferentes pero con iconografía también religiosa y en buena medida egiptizante son las navajas de afeitar votivas, características del mundo púnico. El origen de la forma parece situable en Egipto, pero es en Cartago donde evoluciona como una categoría artesanal exclusivamente funeraria, simbolizando claramente la depilación ritual, de muy posible origen egipcio igualmente [37]. La decoración figurada mediante incisión aparece en el s. V alcanzando su floruit entre los siglos IV-III, con motivos iconográficos que subrayan su carácter religioso y escatológico y cuya temática se toma prestada tanto de Egipto, como del mundo griego e italiota. Se documentan igualmente en Cerdeña e Ibiza [38].

Por último, haremos breve alusión a una serie de categorías artesanales que utilizan esporádicamente iconografías egiptizantes. Desde la escultura exenta [39], el relieve en piedra [40], la pintura funeraria [41], la numismática [42].

LOS TEMAS

La temática iconográfica egipcia sobre los objetos reseñados es enormemente variada. No podemos dar aquí una enumeración exhaustiva ya que la catalogación razonada constituye una de las tareas por hacer, pero sí podemos ofrecer una idea aproximada de los más frecuentes, para lo cual los ordenaremos en varios grupos:

1) representaciones antropomorfas de divinidades, a veces con cabeza animal: entre las femeninas Isis-Hathor, Nefthys, Sekhmet, diosas aladas de adscripción imprecisa. Entre las masculinas: Osiris, Horus bajo formas muy variadas, entre las cuales se manifiesta una especial predilección por Horus niño o Harpócrates. Se presenta solo, a veces con cabeza de halcón, o en diversas actitudes junto a Isis, ya amamantado por ella o bajo su protección. Imagen muy querida es también la del niño solar saliendo de la flor de loto o Nefertem, Bes en diversas formas, Ptah-pateco, Thot, Anubis, Shu. A veces se les representa en su forma animal completa o su símbolo.

2) Las representaciones animales pueden tener pues valores distintos:

A- como imagen de la divinidad: halcón, toro, hipopótamo, vaca con ternero, escarabajo (en formas muy variadas), ibis, babuino, cerda con su lechón, ureo, gato, cocodrilo, perro, rana, liebre, carnero, león.

B- animales fantásticos: esfinge y grifo alados o no, ureo alado, escarabeo alado, león alado, esfinge con cabeza de Bes, esfinge criocéfala, etc.

3) símbolos sacros solos o en escenas complejas: udjat, pilar djed, signo ankh, montaña cósmica, cipo u obelisco, flor de loto, a veces convertida en árbol, égida, corazón. En este grupo habría que incluir escenas muy del gusto fenicio pero cuya composición es de origen egipcio: el árbol de la vida entre dioses o acólitos, esfinges o grifos, representado a veces como un pilar djed o como una gran flor de loto o palmeta de cuenco; el disco solar sobre colina primitiva flanqueado de ureos, o bien sobre el loto flanqueado por figuras hieracocéfalas o babuinos, etc.

4) elementos sueltos de origen egipcio utilizados en composiciones de signo fenicio: tronos y zócalos varios [43], coronas de distinto tipo: pschent, atef, hemhemmet, etc., disco solar alado, cetros y armas diversas, signo nub, barca de papiro, signo neb, túnicas y atavíos varios, detalles de ambientación nilótica, falsos jeroglíficos.

5) imágenes de contenido originariamente político utilizadas con valores diferentes, de orden seguramente religioso: faraón triunfante sobre su enemigo, esfinge, grifo o león aplastando al enemigo.

CONCLUSIONES

Como resultado de esta somera aproximación al estudio de la iconografía egipcia y egiptizante en el mundo fenicio-púnico, nos atrevemos a proponer una serie de ideas, a tener en cuenta para cualquier investigación en este campo.

- Cualquier estudio "iconológico" o histórico-religioso de este tipo de documentos ha de hacerse por temas o motivos que se repiten sobre diversos soportes. Pero para ello es preciso ser conscientes de la complejidad del fenómeno del préstamo iconográfico, que podríamos concretar en tres variables, a su vez estrechamente relacionadas entre sí: a) cronológica, b) espacial, c) material.

a): Como se ha indicado más arriba, la influencia egipcia en el área sirio-palestina comienza a manifestarse plenamente a partir del II milenio a. C. Hay temas, pues, que son asimilados y reelaborados por la propia tradición local [44], a la vez que, nuevos contactos determinados por las circunstancias históricas [45] vienen a añadir elementos propios de las nuevas fases de la historia y el arte egipcios, que a su vez actúan sobre sociedades que, como es lógico, han evolucionado por sí mismas.

b): Aunque el fenómeno se da en áreas que participan de una cultura y tradicion común, y que además conoce constantes interinfluencias, lógicamente cada una presenta sus propios condicionantes, de manera que no necesariamente cualquier tema tomado prestado a Egipto ha de tener el mismo valor en el ámbito, israelita, arameo, fenicio, chipriota o cartaginés.

c): En cuanto a la variable material, supone que no todos los productos artesanales afectados por la influencia egipcia se dan en todas las áreas, lo que se manifiesta por ejemplo en las copas metálicas o en los marfiles, cuyo ámbito de comercialización es más reducido. Como ha recordado Ciafaloni [46], es necesario tener en cuenta quiénes son los usufructuarios de estos objetos, pero no puede olvidarse que estos artesanos trabajan sobre un patrimonio iconográfico que ya han hecho propio, lo que se demuestra en la utilización de los mismos temas en marfiles, copas, escarabeos e incluso, para un momento más tardío, monedas [47], y que probablemente utilizan en función del gusto o necesidades del consumidor. En tal variable juegan un papel importante, como también en las anteriores, las circunstancias políticas y sociales de cada región. En otro plano y para una época más tardía, tenemos el caso de las navajas de afeitar púnicas, para las que podría aducirse quizá un matiz diferencial en el ritual funerario.

- Es imprescindible la determinación del origen preciso de ese tema en Egipto, atendiendo a su evolución y desarrollo, tanto desde el punto de vista puramente iconográfico como de su contenido simbólico-religioso, para lo cual se hace necesario un conocimiento profundo de las subyacentes concepciones egipcias.

- Una vez conocido el cómo y el cuándo, sería necesario saber para qué se produce el préstamo, es decir intentar conocer la significación que el tema adquiere en su nuevo contexto. En todo caso, aunque no se planteen soluciones definitivas, tal estudio constituirá un punto de partida fundamental para posibles interpretaciones, tal y como sucede con el ejemplo de la esfinge estudiada por G. Scandone [48].

- Naturalmente que esta interpretación habrá de realizarse desde la perspectiva de la religión fenicia, de sus antecedentes semitas occidentales, así como de sus "consecuentes" púnicos. Entendemos pues que es imprescindible contar con la información que nos proporcionan otras fuentes. A manera de ejemplo, mencionemos los avances realizados en el estudio del papel de los dioses egipcios en la onomástica fenicia realizado por Ribichini [49] y Lemaire [50].

Así pues, a partir de los datos actuales, y a manera simplemente orientativa, se plantearían las siguientes posibilidades, en una gradación de más a menos en cuanto al contenido egipcio:

a). Existen suficientes evidencias de que algunas divinidades egipcias eran bien conocidas en el área fenicia, al menos entre determinadas clases sociales, de donde resulta posible que ciertas imágenes divinas hayan sido entendidas en su sentido originario. Sería el caso del ciclo de las estrellas decanas que hemos visto se representa en las láminas de los estuches porta-amuletos, y otros elementos del ámbito funerario. Algo similar podría inferirse con respecto a otros dioses, especialmente la tríada Osiris, Isis, Horus, frecuentes en la onomástica, tanto del área fenicia [51] como de Cartago [52]. Otro caso probable, aunque pendiente de un estudio adecuado, es el de Bes.

b). No se puede negar sin embargo la existencia de fenómenos sincretísticos, incluso con alguna de estas divinidades, así es el caso de Isis-Hathor con Astarté [53], y de Sekhmet con Tinnit en Cartago [54], y probablemente algunas otras [55].

c). En otros casos se puede hablar de un somero conocimiento del valor profiláctico de la imagen o el símbolo de determinados dioses que se representan sobre todo en amuletos, sin que se pueda deducir un culto a los mismos, y ni siquiera un fenómeno sincretístico.

d). Una cuarta vía es la de la "aproximación de valores", de alguna manera definida por G. Hölb cuando habla, por ejemplo, del caso del sol como niño naciendo del loto protegido por una o dos diosas aladas, en relación con la figura de Osiris que aparece, momiforme, en la misma posición. La correspondencia entre ambos se observa a traves de una serie de detalles. En la interpretación de Hölb, tales imágenes egipcias de un dios que muere y otro que resucita vendrían a expresar en la religión fenicia la idea del dios único que muere y resucita [56]. Otro caso de "aproximación" sería la interpretación del obelisco como betilo [57]. Como se ha visto páginas atrás, G. Scandone se refiere al estupor de la población siria frente a la divinización completa del faraón [58], para ellos desconocida. Pero, pensemos que tal realeza sagrada no les es tan ajena a las poblaciones sirio-cananeas, que como sabemos daban culto a los reyes muertos, culto que parece haber estado en el origen de la figura de Melqart [59]. Tal relación explicaría quizá la presencia frecuente de la figura del faraón triunfante sobre sus enemigos, a manera de Smiting God, tan frecuente en imágenes fenicias, incluso de occidente.

e).- Una serie de detalles, que hemos llamado "elementos sueltos", como los tronos, coronas, signos neb, nub y ankh, cetros, disco solar alado, barca de papiro, zócalo-pedestal, etc. aunque utilizados en forma no canónica, proporcionan sin duda un carácter sagrado a las escenas en que aparecen, en una cierta sintonía de significados. Su uso, por tanto, no se puede llamar arbitrario ni vacío de contenido.

f).- la última posibilidad, entre las que de momento se nos plantean, sería la de una simple ambientación o paisaje nilótico, o los falsos jeroglíficos. Pero incluso estos añaden exotismo y ambientación sacral a las escenas que acompañan.

NOTAS

1.-
Entre otros, W. Culican, "The Iconography of Some Phoenician Seals and Seal Impresions", AJBA I, 1, 1968, 50-103. R. D. Barnett, "`Anath, Ba`al and Pasargadae", MUSJ 45, 1969, 408-422. W. A. Ward, "A Phoenician Scarab with a Rare Design: a Winged Isis and Mummiform Osiris", OA IX, 1970, 343-354.

2.-
A lo que en muchos casos ha coadyudado la falta de rigor científico de muchas interpretaciones, dado el alto riesgo de caer en la elucubración pura a que estamos sometidos todos los que pretendemos adentrarnos en el mundo de la religión. Para una actitud escéptica véase A. Caquot, "Problèmes d'histoire réligieuse", La Siria nel Tardo Bronzo, Roma 1969, 61 ss.

3.-
Véase M. C. Marín Ceballos, "Las relaciones entre Isis y Astarté: apuntes para su estudio", en Rebeca Rubio (ed.), Isis. Nuevas perspectivas. Homenaje al Prof. Álvarez de Miranda, Madrid 1996, 109-122, passim. Especialistas como C. Bonnet ("La religion phénico-punique: Apologie pour une approche historique", en I Fenici: ieri oggi domani. Ricerche, scoperte, progetti (Roma 3-5 marzo 1994), Roma 1995, 122) destacan recientemente la carencia de discurso metodológico y sustancial sobre la iconografía divina en el cuadro de la religión estudiada.

4.-
Véase por ejemplo G. Garbini, "Iscrizioni funerarie ed escatologia", La religione dei fenici in Occidente, Roma 1994, pp. 83-119, quien critica la posición excesivamente escéptica a este respecto de Vercoutter (Objets égyptiens et égyptisants du mobilier funéraire carthaginois, Paris 1945), que por otra parte ha sido la dominante en los estudios sobre el mundo fenicio-púnico durante años.

5.-
"Iconographie et iconologie" en V. Krings (ed.), La Civilisation Phénicienne et Punique. Manuel de recherche, Leiden-New York-Köln 1995, 535.

6.-
"La sfinge dall Egitto alla Fenicia. Passagio e modificazioni di un'iconografia", I Fenici ieri oggi domani. Ricerche, scoperte, progetti, Roma 1995, 525-527. Coincidimos plenamente con dicha autora cuando dice "è mia ferma convizione che non si possa comprendere la cultura delle città fenicie se non se indaga la storia precedente e non si mettono in evidenza gli elementi di continuità, base fondamentale dalla quale partiranno tutti gli sviluppi successivi" (p. 527).

7.-
"Altsyrien und Ägypten", Damaszener Mitteilungen 6, 1992, 1-108, 46-57.

8.-
Reseña del libro de B. Teissier, Egyptian Iconography on Syro-Palestinian Cylinder Seals of the Middle Bronze Age (Orbis Biblicus et Orientalis, Series Archaeologica, 11) Freiburg 1996, en RSF 25, 1, 1997, 106-7.

9.-
Eburnea syrophoenicia, Studia Punica 9, Roma 1992, passim, especialmente cap. VIII, 11-126.

10.-
T. Petit, "Objets égyptisants et idéologie royale à Amathonte", Transeuphratène 9, 1995, 131-146; idem, "Religion et royauté à Amathonte de Chypre", Transeuphratène 12, 1996, 97-119. Resulta de interés citar aquí los llamados sellos inscritos procedentes del ámbito fenicio, aunque también de otros puntos del ámbito semita occidental, tanto reales como pertenecientes a altos funcionarios, donde la representación del rey (o funcionario) y la simbología en torno al mismo son de carácter egipcio. Véase E. Gubel, "Notes sur l'iconographie royale sigillaire", ACFP II, vol. III, Roma 1991, 913-922.

11.-
"Iscrizioni funerarie...", cit. n.4, 83-119.

12.-
"Ägyptische Kunstelemente im phönizischen Kulturkreis des 1. Jahrtausends v. Chr.: Zur Methodik ihrer Verwendung", Orientalia NS, 58,1989, 318-325.

13.-
Beziehungen der ägyptischen Kultur zu Altitalien, Leiden 1979. Ägyptisches Kulturgut im phönikischen und punischen Sardinien, Leiden 1986; Idem, Ägyptisches Kulturgut auf den Inseln Malta und Gozo in phönikischer und punischer Zeit, Wien 1989.

14.-
Abb. 1b del artículo citado (n. 12), s. VII a. C.

15.-
"La sfinge..." art. cit. (n. 6), 536.

16.-
G. Hölb, "Ägyptische Kustelemente...", cit. (n.12) 325.

17.-
Es conocido el hecho de que hay áreas de comercio, aunque no de colonización, como es el caso de buena parte de la costa occidental de la Península Itálica. A este respecto véase S.F. Bondì, "I Fenici in occidente", Modes de Contacts et Processus de transformation dans les Sociétés Antiques, Colloque de Cortone, Ecole Française de Rome, 1983, 379-407. G. Hölb, Alitalien, cit. n. 13.

18.-
La bibliografía sobre los escarabeos hallados en contextos fenicio-púnicos es enormemente extensa. Para el tema que nos ocupa recomendamos especialmente los trabajos de G. Hölb (Véase nota 13) y E. Gubel. La obra de este último se encuentra dispersa en numerosos artículos. Véase su síntesis en la voz "Glyptique" en E. Lipinski (ed.), Dictionnaire de la Civilisation Phénicienne et Punique, Bruxèlles-Paris 1992, 191-194. Véase igualmente la síntesis de D. Ciafaloni en Civilisation, cit. n. 5, 501-508. Para una visión general, W.A. Ward, "Beetles in Stone: the Aegyptian Scarab", Biblical Archaeologist 57, 4, 1994, 186-202.

19.-
G. Hölb, "Egyptian Fertility Magic within Phoenician and Punic Culture" en A. Bonano (ed.), Archaeology and Fertility Cult in the Ancient Mediterranean, Amsterdam 1986, 197-205 y bibliografía citada.

20.-
Sardinien, cit. (n.13), 162-163.

21.-
Encontrándose quizá a la cabeza estadísticamente las divinidades del panteón menfita (Ptah-Pateco, Sekhmet y Nefertem), pero también Isis y otros dioses de su círculo, especialmente Harpócrates.

22.-
G. Hölb, Sardinien, cit. (n. 13) vol. I, 79-163. J. H. Fernández y J. Padró, Amuletos de tipo egipcio del Museo Arqueológico de Ibiza, Eivissa 1986. Véase recientemente Chr. Herrmann, Ägyptische Amulette aus Palästina/Israel, Orbis Biblicus et Orientalis 138, Freiburg 1994.

23.-
J. Léclant, "À propos des étuis porte-amulettes égyptiens et puniques", Oriental Studies presented to B.S.J. Isserlin, Leeds University Oriental Society Near Eastern Researches II, Leiden 1980, pp. 100-107. Idem, "Carthage et l'Égypte", Actes du IIIe Congrès International des Études Phéniciens et Puniques, vol. I, Tunis 1995, 45.

24.-
B. Quillard, "Les étuis porte-amulettes carthaginois", Karthago XVI, 1970-1971, 5-32. G. Hölb, Sardinien, cit. (n. 13) 345-353.

25.-
G. Maass-Lindemann y M. Maas, "Ägyptisierende Amulett-Blechbänder aus Andalusien", MM 35, 1994, 140-156.

26.-
M.G. Guzzo Amadasi, Le iscrizioni fenicie e puniche delle colonie in occidente, Roma 1967, p. 96, 108, Sardegna nº 15, nº 31, lam. 32, 39. G. Garbini, "Iscrizioni funerarie...", cit. (n. 4), 92-96. También contienen inscripciones algunas de las láminas encontradas en España, aunque no ha sido posible leerlas (véase n. 25, p. 141).

27.-
Recientemente D. Ciafaloni establece como posibles modelos de buena parte de los marfiles hallados en Asiria, especialmente de los correspondientes a la llamada escuela fenicia, los pectorales y otras piezas de orfebrería egipcia procedentes de Tanis, y correspondientes básicamente a las dinastías XXI-XXII. Eburnea Syrophoenicia, cit. n. 9, cap. 1 y passim.

28.-
A las clásicas obras de Barnett (A Catalogue of the Nimrud Ivories, London 1975) y Mallowan (The Nimrud Ivories, London 1978) hay que añadir todo el ingente material hallado con posterioridad y que viene siendo publicado en la colección Ivories from Nimrud (IfN), de la British School of Archaeology in Irak, en especial por G. Herrmann (véase por ejemplo el vol. IV, 1, Ivories from Room SW 37, Fort Shalmaneser, London 1986), quedando aún inédita una buena parte de lo hallado.

29.-
Véase K.A. Kitchen, "Egyptianizing Features in the Nimrud Ivories, Synoptic Notes", en Ivories from Nimrud IV, 1, London 1986, 37-42.

30.-
Véanse las recientes síntesis de S. Cecchini en Civilisation, cit. n. 5, 516-526, de D. Ciafaloni, "Gli avori fenici. Esperienze di studio e di ricerca e prospettivve per il futuro", en I Fenici: ieri oggi domani, pp. 493-505 y de E. Gubel, E. Lipinski, M.E. Aubet y M.F. Baslez en Dictionnaire, cit. n. 18, 233-237.

31.-
G. Markoe, Phoenician Bronze and Silver Bowls from Cyprus and the Mediterranean, Berkeley-Los Angeles-London 1985. Véase la reciente síntesis de G. Falsone en Civilisation, cit. n. 5, 427-432.

32.-
Véase G. Pisano "I gioelli" en I Fenici, Milano 1988, 370-393.

33.-
"Iscrizioni funerarie...", cit. (n. 4), 107-108.

34.-
"I gioelli", cit. (n.32), 370-374.

35.-
La palabra utilizada en hebreo bíblico para designar la diadema, símbolo de autoridad real o de investidura sacerdotal, es nezer, que significa exactamente consagración. El nezem, anillo para la nariz u oreja, tendría un valor semejante. La autora destaca otras connotaciones interesantes en palabras como el hebreo samid, brazalete, cuyo significado expresaría la noción de sometimiento, concluyendo que algunas joyas podrían haberse llevado como símbolo de alianza tras un rito iniciático, lo que quedaría subrayado por la forma de yugo de algunas de ellas: "De la fonction des bijoux phénico-puniques", Studi in onore di Sabatino Moscati, vol. II, Roma 1996, 523-533.

36.-
Recuérdese que algunos de ellos llevan inscripciones de contenido religioso, así uno de Cartago que porta una dedicatoria a Astarté (KAI 73. Véase C. Bonnet, Astarté, Roma 1996, pp. 101 y 161).

37.-
H. Benichou, Les tombes puniques de Carthage. Topographie, structures,inscriptions et rites funéraires. Paris 1982, 275.

38.-
C. Picard, "Sacra Punica. Étude sur les masques et rasoirs de Carthage", Khartago 13, 1966, 55-88, E. Acquaro, I rasoi punici, Roma 1971. Véase una síntesis reciente por el mismo autor en I Fenici, Milano 1988, 428-435.

39.-
Véase G. Hölb, Sardinien, cit. (n. 13) 493-406. I. Gamer Wallert, "Zwei Stauetten syro-ägyptischer Gottheiten von der "Barra de Huelva"", MM 23, 1982, 46-61.

40.-
Un capítulo importante son las estelas púnicas, véase G. Hölb, Sardinien, cit. (n. 13) 355-397.

41.-
Por ejemplo, P. Mattazzi, "La tomba "dell' Ureo": note a margine", RSF XX, 1, 1994, 15-30.

42.-
J. Elayi, "La place de l'Égypte dans la recherche sue les Phéniciens", Transeuphratène 9, 1995, 20-22.

43.-
Véase E. Gubel, Phoenician Furniture, Studia Phoenicia VII, Leuven 1987, passim.

44.-
A manera de ejemplo, recuerda Gubel (art. cit. n. 10, 916) cómo la iconografía real de los sellos fenicios inscritos del I milenio adopta motivos que se dan ya en los cilindros sellos del II milenio a. C.

45.-
Para estas circunstancias véase S. Pernigotti, "Fenici ed egiziani", I Fenici, Milano 1988, 522-531. Para las relaciones con la zona sirio-palestina en general, D.B. Redford, Egypt, Canaan and Israel in Ancient Times, Princeton 1992.

46.-
"Iconographie...", cit. n. 5, 537.

47.-
Véase E. Gubel, "La glyptique et la genèse de l'iconographie monétaire phénicienne. I", Studia Phoenicia IX. Numismatique et Histoire Économique Phéniciennes et Puniques, Louvain-la-Neuve 1992, 1-11.

48.-
Véase n. 6.

49.-
"Divinità egiziane nelle iscrizioni fenicie d'Oriente", Saggi Fenici I, Roma 1975, 7-14.

50.-
"Divinités égyptiennes dans l'onomastique phénicienne", Studia Phoenicia IV, 1986, Leuven 1986, 87-98.

51.-
Véase S. Ribichini, art. cit. (n. 47) 1-14; A. Lémaire, art. cit. (n. 48) passim.

52.-
G. Halff, "L'onomastique punique de Carthage", Karthago 12, 1965, 67 ss.

53.-
Véase nuestro artículo cit. en n. 3 y bibliografía citada.

54.-
Eadem, "La diosa leonocéfala de Cartago", Kolaios. Publicaciones ocasionales 4. Arqueólogos, historiadores y filólogos. Homenaje a Fernando Gascó, vol. II, Sevilla 1995, 827-843.

55.-
Es, por ejemplo, el caso de Horus igualado a Horon. Véase A. Caquot, "Horon: revue critique et données nouvelles", Colloque International des Études Ugaritiques, AAAS XXIX-XXX, 1979-80, 173-180.

56.-
"Agyptische Kunstelemente...", cit. (n. 12) 321-323.

57.-
S. Moscati, Chi furono i Fenici, Torino 1992, 122-123.

58.-
Art. cit. n. 107.

59.-
Entre la abundante bibliografía sobre el tema puede consultarse la obra de C. Bonnet, Melqart. Cultes et mythes de l'Héraclès tyrien en Méditerranée, Namur-Louvain 1988.

Carmona, la Carmo romana

Carmona, la Carmo romana

Carmona. Hallado un horno romano

El Servicio Municipal de Arqueología del Ayuntamiento de Carmona ha hallado un horno romano destinado a la fabricación de cerámica, tejas y ladrillos hallado en la calle Montánchez, fuera de las murallas y en la zona que recorría la antigua barbacana medieval. Este hallazgo, según una nota del Ayuntamiento, «confirma una vez más la importancia de la presencia romana en la localidad».

EFE, 28 de enero de 2005

El hallazgo de esta estructura se une a los hornos que ya se han documentado gracias a las distintas excavaciones urbanos y que han definido el área industrial de la Carmo romana en conexión con las puertas de acceso a la ciudad, dando forma a una especie de «cinturón industrial.»

El horno localizado ahora, que tiene un diámetro cercano a los cuatro metros, consta de un primer pasillo de entrada -el praefurnium- que servía para alimentar de leña la cámara de fuego y que se cerraba una vez introducida la cerámica cruda dentro del mismo.

El interior del horno consta de dos pisos, en el inferior, la cámara de fuego -el furnium- era el habitáculo donde se producía la combustión, y sus paredes están excavadas en el alcor (la roca de Carmona) y revestidas de ladrillos de adobe, que después del primer encendido del horno adquirieron gran resistencia.

Arriba se situaba la cámara de cocción o laboratio, que se cubría por una bóveda de arcilla.

El piso inferior y el superior están separados por la parrilla, plataforma sostenida por un robusto pilar y sobre la que se colocaban los cacharros que se van a cocer.

El calor que se generaba en el interior de la cámara de combustión pasaba a través de unos agujeros circulares practicados en la parrilla y llamados toberas.

La cubierta del horno es una bóveda más o menos circular, que se encontraría perforada mediante unos respiraderos que permitirían la salida de humos y vigilar la cochura.

Esta parte de la instalación presenta un deficiente estado de conservación y sólo resta parte del arranque.

Como el horno está parcialmente excavado en la roca, cuando estaba en funcionamiento de él sólo se vería la parte superior de la bóveda, de forma más o menos ahuevada y el pasillo de entrada a la cámara de combustión.

Normalmente, estos hornos se construían de dos en dos, para garantizar una producción continua.

Así mientras uno se enfriaba y vaciaba, el otro se cargaba y calentaba, manteniendo una fabricación constante de cerámica común y material constructivo, cuyos numerosos desechos se están documentando durante la intervención arqueológica.

Tanto en Carmo como en el resto de las ciudades romanas, los hornos y las instalaciones de tipo industrial se ubicaban siempre fuera de las murallas, puesto que «las estrictas ordenanzas municipales de entonces impedían que estas actividades molestas y nocivas tuvieran lugar junto a las viviendas».

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Carmona. Hallado parte de un mosaico romano en pleno casco histórico

Gabinete de Prensa del Excmo. Ayuntamiento de Carmona, 24 de octubre de 2004

Junto al mosaico se ha encontrado por primera vez fragmentos de un pavimento romano único realizado con recortes de mármol y piedras de colores.

El Servicio Municipal de Arqueología del Ayuntamiento de Carmona ha encontrado parte de un mosaico y pavimento romano en pleno casco histórico de la ciudad, hallazgos que confirman una vez más la riqueza arqueológica y patrimonial de Carmona.

En concreto, los hallazgos se han producido durante trabajos de vigilancia arqueológica realizados en un solar de la calle Villalobos, situado en el Barrio de San Blas. Durante este trabajo, se ha descubierto la presencia de parte de un mosaico romano. Dicho mosaico, del que se conserva un metro cuadrado, está formado por piezas blancas y negras que se combinan creando motivos vegetales. La pieza ya ha sido extraída y será expuesto en las salas del museo de la ciudad una vez que se completen los trabajos de restauración.

Lo más interesante es que este mosaico se completa con lo que los arqueólogos llaman opus sectile, un tipo de pavimento romano realizado con retales y recortes de mármol y piedras de distintos colores. El hallazgo de este pavimento es muy importante porque su hallazgo no suele ser muy frecuente; de hecho, esta es la primera vez que aparece en Carmona.

En el mismo solar se han documentado también muros de sillares muy bien construidos así como los restos de un animal enterrado, en concreto, un pequeño perro cuyo esqueleto está relativamente bien conservado. Posiblemente se trate de una mascota o animal de compañía que fue enterrado por su dueño dentro del ámbito doméstico, manifestando una actitud emocional que nos acerca un poco más a las costumbres de los carmonenses que poblaron la ciudad hace 2000 años.

El barrio de San Blas ocupa el norte de la antigua ciudad amurallada. En esta zona se registran las estratigrafías de mayor potencia de Carmona, que comprenden el arco temporal que se desarrolla entre el Bronce Inicial y la actualidad. También es en esta área donde se define la primera implantación de carácter urbano en Carmona, datada en torno al 800 a.C. Sobre esta ciudad orientalizante y turdetana, los romanos fundaron una colonia que se expandirá progresivamente hacia el sur y hacia el este. Los muros romanos más antiguos mantienen, por ello, la misma orientación que los de la ciudad turdetana.

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Carmona. Hallados los restos de un edificio de época Tartésica

Gabinete de Prensa del Excmo. Ayuntamiento de Carmona, 23 de marzo de 2004

En su interior se ha encontrado parte del ajuar de sus habitantes que por sus características confirma la convivencia de la población local con civilizaciones procedentes de oriente como la fenicia.

El Servicio municipal de Arqueología del Ayuntamiento de Carmona ha realizado nuevos hallazgos en la localidad que han permitido el descubrimiento de restos de época tartésica. En concreto, las excavaciones se han localizado en un solar de la calle Diego Navarro, en pleno casco histórico de Carmona, y de manera previa a la edificación de una vivienda de nueva planta.

Las primeras estructuras localizadas, construidas hace unos 2.500 años, han aflorado inmediatamente bajo la superficie actual, ya que entre los siglos XVII y XVIII el nivel de suelo de esta zona del barrio de San Blas fue rebajado por cuestiones urbanísticas, destruyéndose entonces los estratos romanos y medievales. Estas estructuras conservadas en superficie corresponden a las cimentaciones y pavimentos de un edificio fechado en el siglo V a.C. Sus cimientos fueron erigidos a su vez sobre otra edificación previa que fue construida en torno a los siglos VIII y VII a. C. y que con diversas transformaciones se mantuvo en uso hasta finales del siglo VI a.C., momento en el que fue súbitamente abandonada. De este edificio se han documentado varias estancias completas delimitadas por muros construidos con ladrillos de adobe y pavimentadas con arcilla roja y cantos rodados.

En una de esas estancias se ha recuperado también parte del ajuar usado por sus habitantes, compuesto por varias vasijas de cerámica, molinos para el cereal y numeroso restos óseos, pertenecientes en su mayoría a peces y aves que estarían almacenadas en el interior de las vasijas. Entre las cerámicas encontradas aparecen algunas de tradición local fabricadas a mano, junto con otras torneadas de factura fenicia, lo que confirmaría la convivencia de un núcleo de población indígena con orientales llegados desde el otro extremo del Mediterráneo. Este período conocido como "orientalizante" había sido documentado con anterioridad en otras excavaciones en Carmona, destacando la realizada en la casa del Marqués de Saltillo donde se recuperó un espléndido conjunto de materiales que actualmente se expone en el Museo de la Ciudad.

Finalmente la excavación aportará nuevos datos para el conocimiento de la evolución histórica de Carmona, y más concretamente de una zona donde se ubicaría el primer núcleo urbano estable de la ciudad.

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Carmona. Una mansión romana en el museo de la ciudad

Diario de Sevilla, 24 de agosto de 2004

El centro, que amplía su oferta con las visitas nocturnas, exhibirá una reproducción de una vivienda del siglo I hallada cerca del viejo foro.

El Museo y Centro de Interpretación de la Ciudad, ubicado en la casa palacio Marqués de las Torres, dispondrá en los próximos días de la reproducción en escala de una mansión romana, cuyos restos fueron localizados durante una intervención arqueológica realizada en la calle San Ildefonso, próxima al foro carmonense.

La actuación museística se inscribe en la renovación y ampliación de contenidos que cada año, por estas fechas, lleva a cabo la dirección del complejo junto con el equipo del Servicio Municipal de Arqueología y especialistas restauradores.

La primera novedad en contenidos permitirá conocer al completo, y por primera vez, una edificación fechada en el siglo I que se inscribe en la clásica tipología del urbanismo noble de la antigua Carmo. La documentación y estudios realizados desde la intervención arqueológica han permitido poner al día las características de la vivienda, que será recreada con toda fidelidad en la sala dedicada a la época romana.

El director del Museo de la Ciudad, Ricardo Lineros, apuntó como segunda innovación la incorporación de una serie de mosaicos y cerámicas romanas recuperadas en las excavaciones efectuadas en la calle Diego Navarro del barrio de San Blas. Las piezas, que están en su última fase de restauración por la especialista Celia Márquez, podrán contemplarse en el mismo espacio que ocupará la recreación de la vivienda.

Asimismo, Lineros señaló la renovación y mejora que se ha llevado a cabo en el capítulo de información interactiva dispuesto actualmente en el museo. En este sentido, las diversas salas, por las que se recorre desde el calcolítico hasta la época contemporánea, ofrecen un servicio complementario y de carácter personal según los intereses del visitante.

La oferta museística del Centro de Interpretación se ha visto ampliada con la apertura nocturna de las instalaciones que, con carácter gratuito, están disponibles hasta la doce de la noche durante los fines de semana. Además, la dirección del centro ha incorporado en el patio central de la casa palacio un espacio de proyección cinematográfica en la que se exhiben documentales sobre arqueología y patrimonio.

En esta nueva faceta, los contenidos seleccionados abarcan una amplia gama de temas relacionados con las excavaciones y su repercusión patrimonial, desde el ámbito local al internacional. Para ello se ha contado con la colaboración de la dirección del Festival de Cine, Carmo Film Fest, que cuenta entre sus objetivos con la difusión de trabajos arqueológicos de todo el mundo.

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Carmona. Localizado el circo romano

Gabinete de Prensa del Excmo. Ayuntamiento de Carmona, 14 de enero de 2003

El Servicio Municipal de Arqueología del Ayuntamiento de Carmona ha hallado los restos de lo que podría ser la cabecera del circo que durante la época romana existió en la ciudad.

El hallazgo se ha producido durante unas excavaciones en un solar de la calle Tinajerías, junto al Paseo del Estatuto; ésta es una zona que quedaba fuera de la ciudad romana y en la que, por tanto, sólo se podía esperar la localización de tumbas o instalaciones industriales pertenecientes a dicho periodo.

Sin embargo, tras los trabajos de vigilancia arqueológica y limpieza llevados a cabo por el Ayuntamiento se ha advertido la presencia de sillares alineados, de una serie de cimentaciones concéntricas y en pendiente, de rebajes intencionales en el terreno y de una extensa superficie construida.

El tipo de cimentación es además el más habitual para sostener un graderío, por lo que, en un principio, el hallazgo podía corresponder con un circo, un teatro o un anfiteatro, teniendo en cuenta que la arqueología urbana no suele tener oportunidad de documentar por completo un edificio de este porte. A pesar de ello, la investigación realizada por el equipo de arqueólogos municipales concluye que los restos encontrados corresponden con casi total seguridad al circo romano de Carmona.

Alineado con la antigua Vía Augusta y a escasos metros de ésta, el circo romano debió ser un edificio monumental con una anchura superior a los los 70 metros y una longitud cercana a los 400, si se extrapolan las formas y dimensiones de los circos hispanos. Estas dimensiones se explican por el tipo de espectáculo que albergaban, las carreras de cuadrigas, que necesitan una pista larga y espaciosa. Esta pista, la arena, debía permitir la pugna de hasta doce aurigas por llegar a la meta después de siete vueltas completas. El premio para los ganadores era salir victorioso por la Porta Triumphalis, que los arqueólogos municipales parecen haber encontrado en este solar de Carmona.

Si finalmente se confirma este hallazgo, Carmona contaría de esta manera con todo el repertorio de edificios públicos romanos de carácter público: teatro dentro de las murallas y anfiteatro y circo fuera de ellas.

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Carmona. Encuentran tres enterramientos de 3500 años de antigüedad en pleno centro histórico

Gabinete de Prensa del Excmo. Ayuntamiento de Carmona, 19 de febrero de 2001

El Servicio Municipal de Arqueología halla en la misma zona los restos de una vivienda y de un patio romano del siglo I.

El Servicio de Arqueología del Ayuntamiento de Carmona ha hecho público los nuevos hallazgos arqueológicos descubiertos en pleno centro histórico de la localidad en el que destaca el descubrimiento de tres enterramientos pertenecientes al Bronce Medio, es decir, al 1500 a.d.C. en un solar de la Plazuela de Santiago adquirido por el Ayuntamiento para la promoción de 17 viviendas sociales.

El primero de esos enterramientos está excavado en forma de alcor y en su interior se han localizado dos cadáveres depositados en distintos momentos: en una primera fase se enterró a un adolescente, cuyos restos fueron empujados posteriormente en un segundo momentos para depositar el cadáver de un varón adulto. La forma en que ambas personas fueron colocadas coincide plenamente con otros enterramientos del mismo periodo localizados en Carmona.

El segundo y el tercer enterramiento se han localizado en pequeñas fosas, cubiertas mediante piedras y lajas de alcor. El ajuar que acompaña a los difuntos consistía en dos cuencos de cerámica realizados a mano con los bordes entrantes y decoración bruñida, además de otros útiles de piedra y fragmentos cerámicos.

Los tres enterramientos se hallaron excavados en las paredes de una zanja en forma de "V" de grandes dimensiones en el que además se han documentados materiales diversos como cerámicas, huesos, útiles de piedra, etc. El uso de esas zanjas en forma de "V" o "U" se desconoce, si bien han sido interpretados como fosos defensivos, límites, drenajes para silos e incluso basureros.

Vivienda y patio romano

El Servicio Municipal de Arqueología ha hallado también en el mismo solar losa restos de una vivienda romana fechada en el siglo I. En concreto, los restos encontrados pertenecen a un patio bajo el que se encuentra una cisterna con capacidad para almacenar 17.000 litros de agua de lluvia.

Por último, se han descubierto también la presencia de unos aparejos toledanos y vanos decorados que datan de la época de los Reyes Católicos tras eliminar los enfoscados de las paredes. Gracias a la negociación del Ayuntamiento con los arquitectos del proyecto, se van a conservar e integrar parte de los muros de la antigua vivienda en la nueva construcción.

Arqueología en Carmona

NECRÓPOLIS

El descubrimiento de la Necrópolis de Carmona sucede a finales del siglo XIX, gracias a la iniciativa de Juan Fernández López y del arqueólogo inglés Jorge Bonsor.

La Necrópolis se data en torno al siglo I. El ritual de enterramiento más frecuente era la incineración. Los cadáveres eran incinerados en quemaderos excavados en la roca donde se colocaba la pira. En ocasiones, estos quemaderos se utilizaban también como enterramiento, depositando las cenizas en la fosa, que se cubría con sillares, ladrillos o tégulas. Una vez cubiertos de tierra, se colocaba una estela para indicar el lugar y el nombre del difunto.

El mausoleo colectivo, formado por una cámara subterránea, de carácter familiar, es el tipo de enterramiento más generalizado en la Necróplis de Carmona. Se accede a él por un pozo escalonado. La cámara suele ser cuadrangular, con un banco que recorre la parte inferior de las paredes, donde se colocan las ofrendas y sobre el que se abren los nichos. En algunas cámaras quedan las huellas de las puertas que las cerraban, otras debían de cerrarse con una losa. La parte externa de los enterramientos debía de estar con cipos, estelas o túmulos y otras construcciones de las que no se han conservado testimonios. Para ocultar la tosquedad de la roca, las tumbas se decoraban. La Necrópolis es uno de los yacimientos más importantes de la Península porque conserva gran número de pinturas.

Tumba del Elefante

Se trata de un santuario dedicado al culto de las divinidades de Cibeles y de Attis. La veneración de estos dioses orientales llegó a alcanzar una enorme importancia en Roma. Attis dios que moría y resucitaba cada año, arraigó entre los carmonenses, tal y como lo demuestran otros hallazgos en la Necrópolis, y significó la recuperación de una forma de religiosidad propia, vigente en las culturas orientales y mediterráneas con las que Carmona mantenía indudables relaciones desde hacía tiempo. Junto a este dios, la Diosa Madre, encarnación divina de la naturaleza, señora de la vida y de la muerte representada mediante la forma anicónica de un betilo (piedra ovoidea). No obstante, la figura del elefante ejerció desde su descubrimiento tal fascinación que llegó a convertirse en el símbolo de la eternidad más destacada de este edificio.

Tumba de Servilia

La tumba de Servilia, la más monumental de las estructuras tradicionales representadas en la Necrópolis. Se atiene a modelos helenísticos y reproduce una lujosa mansión, con un amplio patio porticado al que se abren diferentes estancias en dos pisos.

Uno de estos ámbitos lo constituye la galería cubierta, en cuyo tramo central se encuentra una cámara donde parece ser que estuvo originariamente la escultura de Servilia.

En el frontal del patio porticado se halla la cámara funeraria, que tiene un gran vestíbulo, de planta trapezoidal, cubierto por bóveda apuntada; ésta le confiere un carácter singular sin precedentes en el lugar.

En definitiva, todo invita a pensar que la tumba, fechada en época de Augusto, debió pertenecer a una familia de poderosos gobernantes-funcionarios romanos.

Museo de Carmona:

http://www.museociudad.carmona.org/1museo/coleccionsala3.htm

Descubierto Arte Prehistórico Inglés

Descubierto Arte Prehistórico Inglés

Un grupo de arqueólogos que estaba elaborando una base de datos recopilando los diversos ejemplos de arte prehistórico en una zona cercana a la frontera con Escocia, ha descubierto al menos 250 tallas nuevas sobre roca. Ya son más de mil las tallas catalogadas y expuestas en la página web del proyecto, conteniendo más de 6.000 imágenes de esta rica herencia artística.

La zona investigada se halla en Northumberland. Después de dos años y medio de recorrer el territorio y de registrar todo lo que encontraban, los científicos de la University of Newcastle upon Tyne han puesto a disposición del público una gran cantidad de información sobre el particular.

Noticias de la Ciencia, 28 de enero de 2005.

Los expertos, sin embargo, siguen sin definir exactamente los orígenes y el significado de las tallas abstractas que caracterizan el arte prehistórico local, protagonizadas por círculos y huecos, si bien existen diversas teorías. Creen que fueron hechas por gentes del neolítico y de principios de la edad del bronce, hace entre 6.000 y 3.500 años.

Entre los nuevos hallazgos se encuentran 14 piedras en Goatstones, cerca de Wark, que habían pasado desapercibidas hasta ahora por los científicos. En otro lugar, un granjero avisó al equipo sobre otros siete paneles presentes en sus tierras, que tampoco habían sido catalogados hasta la fecha. La colección más grande de arte rocoso del país, encontrada en un solo lugar, se halla no obstante en Roughting Linn.

La labor principal de catalogación ha sido llevada a cabo por los veteranos especialistas Stan Beckensall y Aron Mazel. Su labor ha permitido preparar una página web en la que se presentan los resultados obtenidos.

Uno de los objetivos de la iniciativa ha sido sin duda promover el conocimiento de esta interesante parte de la historia de la región. Gracias a las herramientas modernas, incluyendo Internet y la digitalización de documentos, los datos están a disposición de historiadores aficionados y profesionales.

Para el gran público, la información es un motivo más para visitar la zona y disfrutar de algo tan antiguo.

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University of Newcastle
New prehistoric rock carvings discovered in Northern England
Date released 14 January 2005

Enlace: http://www.ncl.ac.uk/press.office/press.release/content.phtml?ref=1105707017

[TV Clip]

More than 250 new examples of England's finest array of prehistoric rock art carvings, sited close to the Scottish border, have been discovered by archaeologists compiling a unique database.

Now over one thousand of the 'cup and ring' carvings can be admired on a new website, which carries 6,000 images and is said to be the most comprehensive of its kind in the world.

The site, which goes live today, includes the 250 panels unearthed during a two-and-a-half year trawl of some of England's remotest countryside, in the expansive moorlands of Northumberland.

Experts, however, are still grappling with the origins and meaning of these abstract carvings, believed to be the work of Neolithic and Early Bronze Age people between 6000 and 3500 years ago, although there are several theories.

Among the new discoveries made by the University of Newcastle upon Tyne archaeologists is a collection at Goatstones, near Wark, where a haul of 14 carved stones was spotted and recorded for the first time. Elsewhere in the county, a local farmer alerted the team to seven panels on his land, which had not been previously recorded.

Old favourites will also be featured in the website, such as the country's largest collection of rock art featured in one place, at Roughting Linn.

Inspiration for the project came from the Northumberland rock art specialist, Dr Stan Beckensall, who donated his archive of books, photographs, drawings, rubbings and more to Newcastle University. Funding from the Arts and Humanities Research Board enabled Dr Stan Beckensall and University archaeologist Dr Aron Mazel to take things a step further.

For the past two and a half years the pair have been updating and expanding the resource so that a comprehensive archive accessible for all elements of the international community - academic and school children alike - can be made available.

The new website, which goes live today, has been created with the help of Heritage Media, a company specialising in the design of websites for heritage topics, set up by Newcastle University graduates Jessica Kemp and Marc Johnstone, together with computer database and website expert Horacio Ayestaran. The principal investigator was Prof Geoff Bailey, previously at Newcastle University but now with the Department of Archaeology at the University of York.

Features of the new website, which can be viewed at http://rockart.ncl.ac.uk include:

A browse facility where users can view all panels or browse by parish, map, panel type, location, access (including suitability for wheelchairs), image type, and art motifs

An advanced search facility

An extensive bibliography of Northumberland rock art for academic and specialist users

An 'interactive zone', mainly aimed at younger and non-specialist users. Features include video and audio clips, games with a rock art theme, photo galleries presenting some of the project's finest images of Northumberland rock art and showing the team and colleagues at work

An archive featuring around 6,000 images, including 360 degree photographs ('bubbleworlds') showing rock art in its landscape setting, drawings, digital images, and digitised slides and negatives.

Project leader, Aron Mazel, of Newcastle University's School of Historical Studies, said: "It's incredibly important that we are aware of our heritage, not least because it helps us understand our own origins and identities. Our team has spent the last few years on a prehistoric 'adventure' and now we're at the stage where we can share our finds with others.

"The Beckensall archive gave this project a head start but we've also been very excited to find new specimens of this very special art. There are likely to be more carved stones there hidden under the undergrowth so we're sure this is not the end of the story," said Dr Mazel, adding that he hoped that the information presented on the website would encourage further research into this special archaeological resource.

Stan Beckensall added: "One of the key aims was to promote widespread enjoyment of this fascinating part of our history, and the web was the obvious medium to reach out to the 21st century historian, amateur and professional alike.

"I'm sure the artists who hammered their symbols on the stones thousands of years ago, on their windswept moorland settlements, never imagined their work would become such a world phenomenon as this!"

John Holmes, One NorthEast director of regeneration and tourism, said:

"The site is great news for visitors looking to explore the region's amazing and little known historical treasures including ancient rock art, Iron Age hillforts and standing stones.

"Hopefully this will whet the appetite of many would be visitors, keen to see these rock features in the flesh, and give people an extra reason to make the North East of England a place to visit this year."

One NorthEast will be making it easy for visitors to access this new site by adding a link from www.visitnorthumbria.com

MEDIA INFORMATION:

Interviews: Dr Aron Mazel + 44 (0) 191 222 7845 or + 44 (0) 7743 130466. Available from 9am-4pm Friday January 14 only. Email: a.d.mazel@ncl.ac.uk

Photographs: The following are available for use free of charge and can be downloaded from Newcastle University website:

Example of rock art at Weetwood Moor, Northumberland (credit, Aron Mazel):

Weetwood Moor
Example of newly-discovered rock art (picture) at Snook Bank, Northumberland (credit, Aron Mazel):

Snook Bank (picture)

Example of newly-discovered rock art (drawing) at Snook Bank, Northumberland (credit, Stan Beckensall):

Snook Bank (drawing)

Aron Mazel and Stan Beckensall with Northumberland rock art (credit North News and Pictures):

Portrait

Landscape

END OF PRESS RELEASE: Issued by Newcastle University Press Office. Further information from Claire Jordan + 44 (0) 191 222 6067/7850 press.office@ncl.ac.uk

Almería. Hallados en Huércal Overa restos romanos que apuntan a una villa desaparecida

Almería. Hallados en Huércal Overa restos romanos que apuntan a una villa desaparecida

El alcalde de Huércal Overa, Luis García Collado, ha confirmado el hallazgo de restos romanos en un paraje de la pedanía de Úrcal, si bien ha advertido de que todavía es pronto para concluir si ha sido encontrada una vivienda romana, unos baños, o una villa completa. El primer edil huercalense ha explicado que la Delegación Provincial de Cultura de la Junta de Andalucía ya tiene conocimiento del descubrimiento, y ha insistido en la idea de que actuarán con la mayor celeridad posible para determinar las verdaderas características del hallazgo.

Andalucía 24 horas, 25 de enero de 2005

Desde el momento del descubrimiento, el Ayuntamiento de Huércal Overa ha acordonado la zona, para evitar injerencias en los terrenos bajo los que podría encontrarse un pueblo entero de origen romano. “Para evitar que haya movimientos de tierras que puedan perjudicar los yacimientos de restos arqueológicos, inmediatamente han sido paralizadas todas las obras y urbanizaciones que se estaban ejecutando sobre esos terrenos. La paralización total de las mismas o su continuación dependerá de las indicaciones de Cultura”, ha afirmado Luis García Collado.

Lo cierto es que algunas fuentes han hablado desde hace años de la existencia de una importante urbe romana ubicada en la provincia almeriense, de nombre Urcis, que nunca ha sido hallada y que posiblemente podría encontrarse bajo las construcciones de la actual pedanía huercalense de Úrcal. “Es pronto para hacer estimaciones certeras, o para sacar conclusiones determinantes. Vamos a trabajar con Cultura con la mayor celeridad posible para alcanzar cuanto antes un conocimiento verdadero del descubrimiento; un descubrimiento que puede ser de vital importancia para Huércal Overa”, añade el primer edil.

Recibida la información el pasado jueves 20 de enero, en el Ayuntamiento de Huércal Overa, el alcalde ordenó a los técnicos de urbanismo, al servicio de arqueología y a efectivos de la Policía Local que se desplazasen a la zona y delimitaran un perímetro de protección sobre las ruinas arqueológicas. Paralelamente Luis García Collado procedió a paralizar las licencias de obras que se encontraban en trámite administrativo y que afectaban a la zona con restos arqueológicos.

Según el servicio de arqueología del Ayuntamiento, el lugar reúne este martes como en la antigüedad unas condiciones de habitabilidad muy favorables, ya que se encuentra junto a importantes fuentes de agua, algunas de ellas medicinales, que se aprovecharon hasta el siglo XVIII; un clima templado todo el año y la cercanía a la principal vía de comunicación que se interna en la provincia de Almería, en esta zona.

Una denuncia anónima ponía en conocimiento de la Delegación Provincial de Cultura la aparición de restos romanos en un paraje cercano al núcleo de población de Úrcal. La zona está sufriendo una profunda transformación, por el cambio de uso del suelo. Los tradicionales cultivos están siendo sustituidos por nuevas construcciones unifamiliares. Como consecuencia, las tareas previas a la construcción, limpieza y planteamiento de cimientos de las nuevas construcciones han evidenciado la presencia de restos arqueológicos.

Los datos de la posterior investigación aportarán una ayuda de principal importancia para explicar el proceso de romanización y el conocimiento de la cultura y la civilización romana en nuestra provincia, según el servicio arqueológico. “El patrimonio arqueológico huercalense es notable dentro del patrimonio provincial, y el Ayuntamiento apuesta por impulsar la investigación y la divulgación de su conocimiento, para ponerlo al servicio de todos los ciudadanos de Huércal Overa”, concluye el alcalde.

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Valoran positivamente el hallazgo de Úrcal para el estudio de la época romana

Andalucía 24 horas, 26 de enero de 2005

Antonio Rubio, especialista arqueólogo en el Ayuntamiento de Huércal Overa, ha realizado una valoración del yacimiento hallado en la pedanía de Úrcal, de lo que puede ser una villa de origen romano o incluso una población completa de ese periodo histórico. Rubio ha afirmado con toda seguridad que se trata de una edificación romana, porque así lo evidencian los materiales encontrados, y ha dicho que la importancia del descubrimiento radica en el desconocimiento que se tiene de la época romana en la provincia de Almería.

El arqueólogo habla de la importancia del descubrimiento: “Tanto si se trata de la casa de algún potentado ciudadano como si se trata de una población el hallazgo es relevante, teniendo en cuenta que tenemos muy pocos núcleos romanos localizados en la provincia –Baria, Murgi, y poco más-. Por esto parece que los romanos hubieran pasado de puntillas por Almería, pero poco a poco se van descubriendo yacimientos que indican que la presencia romana fue muy fuerte. Además en Huércal Overa nos encontramos en un enclave que comunicaba las ciudades de Almería y Cartagena”.

Antonio Rubio ha explicado ante lo encontrado que puede tratarse de las termas de una villa, o de una casa señorial romana. Con respecto a su investigación y puesta en valor, el arqueólogo ha dicho: “Las competencias de los hallazgos arqueológicos las tiene Patrimonio de la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento se encarga de velar por la seguridad y la legalidad de estos asuntos. El Ayuntamiento de Huércal Overa tiene la intención de que los restos sean investigados y está dispuesto a colaborar con lo que sea necesario para su puesta en valor, para que puedan ser visitados e interpretados por el público”.

Preguntado por la posibilidad de desenterrar un pueblo romano entero en un municipio como Huércal Overa, Antonio Rubio ha contestado: “Es posible si convergen los intereses de las instituciones implicadas, y al parecer en este caso es así. La primera institución interesada es el Ayuntamiento. Lo primero que hay que hacer es llegar a acuerdos con los propietarios del terreno en el que se encuentra para poder comenzar las investigaciones”.

Por último, el técnico del Ayuntamiento ha hablado sobre la posibilidad de que el yacimiento se corresponda con la ciudad de Urcis, de la cuya existencia se tiene noticia pero que nunca ha sido hallada: “Esta idea la defendía un erudito local, Enrique García Asensio, autor de la Historia de Huércal Overa, que acabamos de reeditar. Algunos dicen que esta ciudad se encontraba en Almería, otros se inclinan por su situación en Chuche, pero no hay evidencias contundentes en ninguno de los casos. García Asensio parecía estar convencido de que estaba en Úrcal, y la verdad es que hay una conexión a nivel de topónimos, de Urcis a Úrcal”.

Antonio Rubio trabaja en el Ayuntamiento de Huércal Overa, no sólo en el área de arqueología, sino también en todo lo que tiene que ver con Historia y Patrimonio.

Develan la Morada de Hércules

Develan la Morada de Hércules

Foto: Figura de bronce que representa al héroe en combate con un león. Arqueólogos develan el lugar donde los antiguos griegos suponían había nacido el héroe. Costas Kakoseos remueve el polvo y va recogiendo vestigios de historia teñida de leyenda. Está trabajando en un sitio arqueológico denominado 'La morada de Hércules', el lugar, según los expertos, donde los antiguos griegos suponían había nacido el héroe.

Tebas, una ciudad sin mayores atractivos a unos 70 kilómetros al norte de Atenas, se alza sobre un notable patrimonio enterrado. La más reciente excavación, iniciada en febrero del 2004, reveló los restos de un altar y antiguas viviendas usadas durante más de 3.000 años.

Vassilis Aravantinos, director del servicio arqueológico regional, dijo que los hallazgos en el lugar concuerdan con descripciones del poeta Píndaro de hace 2.500 años de un altar a Hércules construido en el legendario lugar de su nacimiento.

Por Derek Gatopoulos, AP, 25 de enero de 2005

"Habíamos aguardado durante muchos años este descubrimiento pero nunca se produjo... Estos hallazgos apoyan las antiguas escrituras", afirmó Aravantinos. "Hay indicios del culto a Hércules".

Diminutas figuras de bronce, entre ellas una en la que Hércules combate con un león -ambos personajes estáticos como si estuviesen posando para el artista- son una pieza clave de evidencia.

Mientras filtra la tierra por un recipiente con una rejilla metálica en el fondo, Kakoseos arroja en una bolsa de plástico los fragmentos de antiguas vasijas. Separa algunos pocos y los marca con etiquetas pegadizas con indicaciones.

"Seguimos hallando cuentas, huesos y monedas. Hay tantos que ni se imagina", enfatizó Kakoseos, que efectúa buena parte de la delicada tarea de la excavación.

Hijo ilegítimo del todopoderoso Zeus, Hércules es conocido sobre todo por las doce tareas que le impusieron los dioses, incluyendo la matanza de un león y de una serpiente de nueve cabezas.

Ya explorados casi todos los 335 metros cuadrados del sitio, los arqueólogos han recobrado varios centenares de vasijas de cerámica, diminutas estatuillas de bronce, huesos de animales y una gruesa capa de ceniza producida por la combustión de animales sacrificados como ofrenda a los dioses.

Los objetos descubiertos datan del tercer milenio antes de Cristo hasta la era bizantina tardía. La excavación se dispuso después que trabajadores de la construcción removían tierra para construir un hotel. La construcción del hotel quedó suspendida indefinidamente.

El desarrollo urbano en esta antigua ciudad conlleva siempre el riesgo de hallar vestigios históricos en las excavaciones para los cimientos.

"Revisamos cada palada de tierra que se remueve", dijo Aravantinos, cuyo servicio arqueológico está excavando media docena de sitios tebanos. "Debemos hacerlo".

Agregó que el descubrimiento más reciente había sido largamente esperado por los arqueólogos debido a las leyendas sobre el lugar del nacimiento de Hércules.

Otras hallazgos se van colocando en un pequeño taller junto al museo de Tebas, donde rondan los gatos entre antiguas estatuas de mármol en el patio y cuyas salas están repletas con algunos de los artefactos más deslumbrantes de Grecia.

Los restauradores, con atuendo e instrumental que los hace parecer dentistas, reparan las estatuillas y rehacen vasijas y otros cacharros compaginando una enorme cantidad de fragmentos. El cuarto está lleno de restos adheridos con pegamentos en cajas apiladas, y las mesas desbordan de solventes, escalpelos y adhesivos.

Los descubrimientos de la "Casa de Hércules" no serán exhibidos hasta que se construya un nuevo museo -todavía en la etapa de planificación- para albergar todos los artefactos apilados en los depósitos arqueológicos de Tebas.

Hallan una momia en perfecto estado de conservación anterior a Tutankamon

Hallan una momia en perfecto estado de conservación anterior a Tutankamon

Foto: Parte frontal del sarcófago, uno de los más antiguos realizados en madera. Pertenece a un funcionario de la Administración del Antiguo Egipto enterrado hace 3.750 años.

Un equipo de la Universidad Waseda, de Tokio, dirigido por Sakuji Yoshimura, realizó el hallazgo dado a conocer ahora el pasado 5 de enero en la zona de Dahasur, situada al norte de Egipto. La momia –que aún no ha sido inspeccionada, pero que tiene un «excelente» grado de conservación– se encontraba dentro de un sarcófago de madera, uno de los más antiguos que se han descubierto, con numerosas inscripciones, entre ellas jeroglíficos con la identidad del cuerpo momificado: un alto funcionario del Antiguo Egipto enterrado hace unos 3.750 años, anterior por tanto a Tutankamon.

Por Darío Menor, La Razón, 24 de enero de 2005

El Cairo. Ciento ochenta años después de que Jean-François Champollion abriera los ojos del mundo a las maravillas del Antiguo Egipto, otro extranjero, el japonés Sakuji Yoshimura, ha protagonizado el último descubrimiento de la egiptología: la momia en perfecto estado de un hombre enterrado hace alrededor de 3.750 años. En equipo de la universidad Waseda de Tokio, dirigido por Yoshimura, realizó el hallazgo el pasado 5 de enero en la zona de Dahasur, situada al norte de Egipto.

«El descubrimiento tiene un alto valor académico. El cuerpo momificado ha sido encontrado en un sarcófago de madera completamente cerrado, que se cree uno de los más antiguos de este tipo hallados», declaró el director de las excavaciones, quien aseveró que la momia pertenece a una época anterior a la del célebre faraón Tutankamon, que rigió los designios del Antiguo Egipto entre 1336 y 1327 antes de Cristo.

El gran valor del hallazgo no sólo se debe a la antigüedad del enterramiento, sino también a su excelente estado de conservación, debido a que nunca ha sido expoliado ni dañado. Durante siglos, el saqueo de las tumbas del Antiguo Egipcio ha sido una constante, lo que ha provocado que cientos de enterramientos de valor incalculable hayan sido arruinados en mayor o menor grado.

Para la identificación de la momia y su época ha sido determinante el estudio del sarcófago, el cual estaba pintado de amarillo y llevaba inscritos un gran número de jeroglíficos en color azul claro. Según informó el profesor Yoshimura, una vez descifradas las inscripciones del ataúd se constató que el hombre momificado había sido un funcionario de la administración del Antiguo Egipcio.

El sarcófago, que se encontraba a cinco metros bajo tierra, incluía además jeroglíficos con el nombre del individuo que contiene en su interior. Alrededor de la sepultura se encontraron numerosos objetos y accesorios funerarios, una práctica habitual en los enterramientos de la época. Los expertos no han inspeccionado la momia todavía; se han limitado al estudio del sarcófago, las inscripciones y los utensilios.

Arrojar algo de luz. El hallazgo puede tener notables consecuencias en su campo ya que «podría contribuir a arrojar un poco de luz en un área de enterramientos muy importante históricamente desde una perspectiva académica». Las posibilidades de estudio que ofrece la momia, el sarcófago y los objetos hallados son muy numerosas, y el descubrimiento se produce en un momento especialmente sensible en el mundo de la egiptología, debido al reciente análisis por escáner a la que ha sido sometida la momia de Tutankamon por parte del reconocido experto Zahi Hawass. Muchos temen que la investigación de Hawass desate la «maldición de los faraones», que la leyenda sitúa como una de las causas de la muerte de Lord Carnarvon, patrocinador de la expedición que descubrió la tumba del joven faraón.

Vida de Alejandro. Plutarco

Vida de Alejandro. Plutarco

Alejandro de Macedonia vivió entre 356 y 323 a.C. Hijo de Filipo y Olimpia, fue educado por Aristóteles. Cuenta la leyenda que Alejandro fue anunciado desde el vientre materno como un fuego. Su vida se esparció como una llama y su existencia osada, ardiente y resplandeciente le valió el nombre de Alejandro Magno.

A los 20 años asumió el trono de Macedonia. Luego de dominar Grecia, fue declarado generalísimo en Corinto y comandante de los helenos en la guerra contra los persas. Vencedor de las batallas del Gránico, de Isos, Tiro y Sidón, Alejandro conquistó Egipto y fundó la ciudad de Alejandría. Su marcha conquistadora lo llevó a cruzar los ríos Tigris y Éufrates, y en Arbelas consiguió la victoria definitiva sobre los persas, en 331.

Conquistó Babilonia, Susa, Persépolis y llegó hasta el Indo, donde venció a Poro, rey indio del Pendjab, situado a las orillas del río Hidaspes. Convencido por sus tropas macedonias, Alejandro retornó a Babilonia, donde murió a los 33 años.

Presentamos una selección de la biografía de Alejandro escrita por Plutarco en su obra capital, Vidas paralelas. Plutarco, historiador griego que vivió durante el primer siglo de nuestra era, fue discípulo del filósofo platónico Amonio. Viajero incansable, visitó Roma en varias ocasiones y llegó a recibir la distinción de los emperadores romanos. Escribió varios textos de reflexión filosófica y tratados sobre religión, política y filosofía, que reunió bajo el título de Moralia u Obras morales.

En Vidas paralelas, reunió 46 biografías de personajes célebres: 23 semblanzas de romanos ilustres aparejadas, en oposición y comparación, con 23 retratos de griegos distinguidos en la Antigüedad. Teseo y Rómulo, Demóstenes y Cicerón, Alcibíades y Coriolano, Agesilao y Pompeyo son algunas de las combinaciones biográficas escritas por Plutarco, de entre las cuales presentamos aquí la Vida de Alejandro, contraparte de la biografía de César en Vidas paralelas.

Sus Vidas paralelas son, pues, lectura humanamente edificante. Lectura moral y moralizante, sin pretensiones ni trompeteos, sin propaganda ni ostentación.

Plutarco nació en Queronea, hacia mediados del primer siglo de nuestra era. En Atenas fue discípulo del filósofo platónico Amonio. Viajó mucho y, como es de suponer, fue varias veces a Roma. Pertenecía al colegio sacerdotal de Delfos. Su fama era tan grande que no le faltaron distinciones por parte de los emperadores romanos. Sus escritos demuestran su inmensa erudición y lecturas. Por la infinidad de sus fuentes, dice Willamowitz-Moellendorf, el gran crítico y especialista en cosas griegas, es sumamente aventurado discutir un dato de Plutarco. Sus Vidas paralelas incluyen 46 personajes, con unas cuatro independientes. Forman en total 23 pares de vidas, cada uno de los cuales incluye la vida de un romano ilustre y de un griego famoso, seguidas de una comparación. Escribió además Obras morales.

Alejandro

Habiéndonos propuesto escribir en este libro la vida de Alejandro, por la muchedumbre de sus hazañas, una sola cosa advertimos y rogamos a los lectores, y es que si no las referimos todas, ni aun nos detenemos con demasiada prolijidad en cada una de las más celebradas, sino que cortamos y suprimimos una gran parte, no por esto nos censuren y reprendan. Porque no escribimos historias, sino vidas; ni es en las acciones más ruidosas en las que se manifiestan la virtud o el vicio, sino que muchas veces un hecho de un momento, un dicho agudo y una niñería sirven más para probar las costumbres, que batallas en que mueren millares de hombres, numerosos ejércitos y sitios de ciudades. Por tanto, así como los pintores toman, para retratar las semejanzas del rostro, aquellas facciones en que más se manifiesta la índole y el carácter, cuidándose poco de todo lo demás, de la misma manera debe a nosotros concedérsenos el que atendamos más a los indicios del ánimo y que por ellos dibujemos la vida de cada uno, dejando a otros los hechos de grande aparato y los combates.

Que Alejandro era por parte de padre heráclida, descendiente de Carano, y que era eácida por parte de madre, convienen todos. Dícese que, iniciado Filipo en Samotracia juntamente con Olimpia, siendo todavía jovencito, se enamoró de ésta, que era niña, huérfana de padre y madre; y que se concertó su matrimonio, tratándolo con el hermano de la misma, llamado Arumba. Parecióle a la esposa que antes de la noche en que se reunieron en el tálamo nupcial, habiendo tronado, le cayó un rayo en el vientre, y que del golpe se encendió mucho fuego, el cual, dividiéndose después en llamas que se esparcieron por todas partes, se disipó. Filipo algún tiempo después de celebrado el matrimonio tuvo un sueño, en. el que le pareció que sellaba el vientre de su mujer y que el sello tenía grabada la imagen de un león. Los demás adivinos no creían que aquella visión significase otra cosa, sino que Filipo necesitaba de una vigilancia más atenta en su matrimonio; pero Aristandro Temiseo dijo que aquello significaba estar Olimpia encinta, pues lo que está vacío no se sella; y que lo estaba de un niño valeroso y parecido en su índole a los leones. Viose también un dragón que, estando dormida Olimpia, se le enredó al cuerpo; de donde provino, dicen, que se amortiguase el amor y cariño de Filipo, que escaseaba el reposar con ella; bien fuera por temer que usara de algunos encantamientos y maleficios contra él, o bien porque tuviera reparo en dormir con una mujer que se había ayuntado con un ser de naturaleza superior. Todavía corre otra historia acerca de estas cosas, y es que todas las mujeres de aquel país, de tiempo muy antiguo estaban iniciadas en los misterios órficos y en las orgías de Baco, y siendo apellidadas clodonas y mimalonas, hacían cosas parecidas a las que ejecutan las edónidas y las tracias, habitantes del monte Hemo; de donde había provenido el que el verbo triscar se aplicase a significar sacrificios abundantes y llevados al exceso. Pues ahora Olimpia, que imitaba más que las otras este fanatismo y las excedía en el entusiasmo de tales fiestas, llevaba en las juntas báquicas unas serpientes grandes domesticadas por ella, las que saliéndose muchas veces de la hiedra y de la zaranda mística y enroscándose en los tirsos y en las coronas, asustaban a los concurrentes.

Dícese, sin embargo, que habiendo enviado Filipo a Querón Megalopolitano a Delfos después del ensueño, le trajo del Dios un oráculo, por el que le prescribía que sacrificara a Amón y le venerara con especialidad entre los dioses; y es también fama que perdió un ojo por haber visto, aplicándose a una rendija de la puerta, que el Dios se solazaba con su mujer en forma de dragón. De Olimpia refiere Eratóstenes que al despedir a Alejandro en ocasión de marchar al ejército le descubrió a él solo el arcano de su nacimiento y le encargó que se portara de un modo digno de su origen; pero otros aseguran que siempre miró con horror semejante fábula, diciendo: "¿Será posible que Alejandro no deje de calumniarme ante Juno?" Nació, pues, Alejandro en el mes Hecatombeon, al que llaman los macedonios Loon, en el día sexto, el mismo en que se abrasó el templo de Diana Efesina; lo que dio ocasión a Hegesias Magnesio para usar de un chiste, que hubiera podido por su frialdad apagar aquel incendio; porque dijo que no era extraño haberse quemado el templo estando Diana ocupada en asistir al nacimiento de Alejandro. Todos cuantos magos se hallaron a la sazón en Éfeso, teniendo el suceso del templo por indicio de otro mal, corrían lastimándose los rostros y diciendo a voces que aquel día había producido otra gran desventura para el Asia. Acababa Filipo de tomar a Potidea cuando a un tiempo recibió tres noticias: que había vencido a los ilirios en una gran batalla por medio de Parmenión; que en los juegos olímpicos había vencido con caballo de montar, y que había nacido Alejandro. Estaba regocijado con ellas como era natural y los adivinos acrecentaron todavía más su alegría, manifestándole que niño nacido entre tres victorias sería invencible.

Las estatuas que con más exactitud representan la imagen de su cuerpo son las de Lisipo, que era el único por quien quería ser retratado; porque este artista figuró con la mayor viveza aquella ligera inclinación del cuello al lado izquierdo y aquella flexibilidad de ojos que con tanto cuidado procuraron imitar después muchos de sus sucesores y de sus amigos. Apeles, al pintarle con el rayo, no imitó bien el color, porque lo hizo más moreno y encendido, siendo blanco, según dicen, con una blancura sonrosada, principalmente en el pecho y en el rostro. Su cutis expiraba fragancia y su boca y su carne toda despedían el mejor olor: el que penetraba su ropa, si hemos de creer lo que leemos en los Comentarios de Aristoxeno. La causa podía ser la complexión de su cuerpo, que era ardiente y fogosa, porque el buen olor nace de la cocción de los humores por medio del calor, según opinión de Teofrasto; por lo cual los lugares secos y ardientes de la tierra son los que producen en mayor cantidad los más suaves aromas; y es que el sol disipa la humedad de la superficie de los cuerpos, que es la materia de toda corrupción; y a Alejandro lo ardiente de su complexión lo hizo, según parece, bebedor y de grandes alientos. Siendo todavía muy joven se manifestó ya su continencia, pues con ser para todo lo demás arrojado y vehemente, en cuanto a los placeres corporales era poco sensible y los usaba con gran sobriedad; cuando su ambición mostró desde luego una osadía y una magnanimidad superiores a sus años. Porque no toda gloria le agradaba, ni todos los principios de ella como a Filipo, que cual si fuera un sofista, hacia gala de saber hablar elegantemente, y que grababa en sus monedas las victorias que en Olimpia había alcanzado en carro; sino que a los deudos de su familia, que le hicieron proposición de si quería aspirar al premio en el estadio (porque era sumamente ligero para la carrera), les respondió que sólo en el caso de tener reyes por contendedores. En general parece que era muy indiferente a toda especie de combates atléticos, pues que costeando muchos certámenes de trágicos, de flautistas, de citaristas y aun de los rapsodistas o recitadores de las poesías de Homero, y dando simulacros de cacerías de todo género y juegos de esgrima, jamás de su voluntad propuso premio del pugilato o del pancracio.

Tuvo que recibir y obsequiar, hallándose ausente Filipo, a unos embajadores que vinieron de parte del rey de Persia, y se les hizo tan amigo con su buen trato y con no hacerles ninguna pregunta de muchacho, o que pudiera parecer frívola, sino sobre la distancia de unos lugares a otros, sobre el modo de viajar, sobre el rey mismo, y cuál era su disposición para con los enemigos, y cuál la fuerza y poder de los persas, que se quedaron admirados y no tuvieron en nada la célebre sagacidad de Filipo, comparada con los conatos y pensamientos elevados del hijo. Cuantas veces venía noticia de que Filipo había tomado alguna ciudad ilustre o había vencido en alguna memorable batalla, no se mostraba alegre al oírla, sino que solía decir a los de su edad: "¿Será posible, amigos, que mi padre se anticipe a tomarlo todo y no nos deje a nosotros nada brillante y glorioso en que podamos acreditarnos?", pues que no codiciando placeres ni riquezas, sino sólo virtud y gloria, le parecía que cuanto más le dejara ganado su padre, menos le quedaría a él que vencer; y creyendo por lo mismo que en cuanto se aumentaba el Estado, en otro tanto decrecían sus hazañas, lo que deseaba era no riquezas, ni regalos ni placeres, sino un imperio que le ofreciera combates, guerras y acrecentamiento de gloria. Eran muchos, como se deja conocer, los destinados a su asistencia, con los nombres de nutricios, ayos y maestros; a todos los cuales les presidía Leónidas, varón austero en sus costumbres y pariente de Olimpia; pero como no gustase de la denominación de ayo, sin embargo de significar una ocupación honesta y recomendable, era llamado por todos los demás, a causa de su dignidad y parentesco, nutricio y director de Alejandro; y el que tenía todo el aire y aparato de ayo era Lisímaco, natural de Acarnania; el cual, sin embargo de que consistía toda su crianza en darse a sí mismo el nombre de Fénix, a Alejandro el de Aquiles y a Filipo el de Peleo, agradaba mucho con esta simpleza y tenía el segundo lugar.

Trajo un tesaliano llamado Filoneico el caballo Bucéfalo para venderlo a Filipo en trece talentos; y habiendo bajado a un descampado para probarlo, pareció áspero y enteramente indómito sin admitir jinete ni sufrir la voz de ninguno de los que acompañaban a Filipo, sino que a todos se les ponía de manos. Desagradóle a Filipo y dio orden de que se lo llevaran por ser fiero e indócil; pero Alejandro, que se hallaba presente: "¡Qué caballo pierden —dijo— sólo por no tener conocimiento ni resolución para manejarle!" Filipo al principio calló; mas habiéndolo repetido, lastimándose de ello muchas veces: "Increpas —le replicó— a los que tienen más años que tú, como si supieras o pudieras manejar mejor el caballo"; a lo que contestó: "Éste ya se ve que lo manejaré mejor que nadie". "Si no salieres con tu intento —continuó el padre—, ¿cuál ha de ser la pena de tu temeridad?" "Pagaré —dijo— el precio del caballo." Echáronse a reír, y convenidos en la cantidad, marchó al punto a donde estaba el caballo, tomóle por las riendas, y volviéndolo lo puso frente al sol, pensando, según parece, que el caballo, por su sombra que caía y se movía junto a sí, era por lo que se inquietaba. Pasóle después la mano y le halagó por un momento, y viendo que tenía fuego y bríos, se quitó poco a poco el manto, arrojándolo al suelo, y de un salto montó en él sin dificultad. Tiró un poco al principio del freno, y sin castigarle ni aun tocarle le hizo estarse quedo. Cuando ya vio que no ofrecía riesgo, aunque hervía por correr, le dio rienda y le agitó, usando de voz fuerte y aplicándole los talones. Filipo y los que con él estaban tuvieron al principio mucho cuidado y se quedaron en silencio; pero cuando le dio la vuelta con facilidad y soltura, mostrándose contento y alegre, todos los demás prorrumpieron en voces de aclamación; mas del padre se refiere que lloró de gozo y que besándole en la cabeza luego que se apeó: "Busca hijo mío —le dijo— un reino igual a ti, porque en la Macedonia no cabes".

Observando que era de carácter flexible y de los que no pueden ser llevados por la fuerza, pero que con la razón y el discurso se le conducía fácilmente a lo que era decoroso y justo, por sí mismo procuró más bien persuadirle que mandarle; y no teniendo bastante confianza en los maestros de música y de las demás habilidades comunes para que pudieran instruirle y formarle, por exigir esto mayor inteligencia y ser, según aquella expresión de Sófocles, "Obra de mucho freno y mucha maña , envió a llamar al filósofo de más fama y más extensos conocimientos, que era Aristóteles, al que dio un honroso y conveniente premio por su enseñanza; porque reedificó de nuevo la ciudad de Estagira, de donde era natural Aristóteles, que el mismo Filipo había asolado; y restituyó a ella a los antiguos ciudadanos, fugitivos o esclavos. Concedióles para la escuela y para sus ejercicios el bosque inmediato a Mieza, donde aun ahora muestran los asientos de piedra de Aristóteles y sus paseos defendidos del sol. Parece que Alejandro no sólo aprendió la ética y la política, sino que tomó también conocimiento de aquellas enseñanzas graves, reservadas a las que los filósofos llaman con nombres técnicos acroamáticas y epópticas y que no comunican a la muchedumbre. Porque habiendo entendido después de haber pasado ya al Asia que Aristóteles había publicado en sus libros algunas de estas doctrinas, le escribió, hablándole con desenfado sobre la materia, una carta de que es copia la siguiente: "Alejandro a Aristóteles, felicidad. No has hecho bien en publicar las doctrinas acroamáticas: porque ¿en qué nos diferenciamos de los demás, si las ciencias en que nos has instruido han de ser comunes a todos?, pues yo más quiero sobresalir en los conocimientos útiles y honestos que en el poder. Dios te guarde". Aristóteles, para acallar esta noble ambición, se defendió acerca de estas doctrinas diciendo que no debía tenerlas por divulgadas, aunque las había publicado; pues en realidad su Tratado de metafísica no era útil para aprender e instruirse, habiéndolo escrito desde luego para servir como de índice o recuerdo a los ya adoctrinados.

Tengo por cierto haber sido también Aristóteles quien principalmente inspiró a Alejandro su afición a la medicina; pues no sólo se dedicó a la teórica, sino que asistía a su amigos enfermos y les prescribía el régimen y medicinas convenientes, como se puede inferir de sus cartas. En general, era naturalmente inclinado a las letras, a aprender y a leer; y como tuviese a la Iliada por guía de la doctrina militar, y aun le diese este nombre, tomó corregida de mano de Aristóteles la copia que se llamaba "la Iliada de la caja", la que con la espada ponía siempre debajo de la cabecera, según escribe Onesícrito. No abundaban los libros en Macedonia, por lo que dio orden a Hárpalo para que se los enviase; y le envió los libros de Filisto; muchas copias de las tragedias de Eurípides, de Sófocles y de Esquilo, y los ditirambos de Telestes y de Filoxeno. Al principio admiraba a Aristóteles y le tenía, según decía él mismo, no menos amor que a su padre, pues si de uno había recibido el vivir, del otro el vivir bien; pero al cabo del tiempo se resfrió con él, no hasta el punto de ofenderle en nada, sino que al no tener ya sus obsequios el calor y viveza que antes, daba muestras de aquella indisposición. Sin embargo, el amor y deseo de la filosofía que aquél le infundió ya no se borró nunca de su alma, como lo atestiguan el honor que dispensó a Anaxarco, los cincuenta talentos enviados a Jenócrates y el amparo que en él hallaron Dandamis y Calano.

Hacía Filipo la guerra a los bizantinos cuando Alejandro no tenía más que diez y seis años; y habiendo quedado en Macedonia con el gobierno y con el sello de él, domó a los medos que se habían rebelado, tomóles la capital, de la que arrojó a los bárbaros, y repoblándola con gente de diferentes países, le dio el nombre de Alejandrópolis. En Queronea concurrió a la batalla dada contra los griegos, y se dice haber sido el primero que acometió a la cohorte sagrada de los tebanos; y todavía en nuestro tiempo se muestra a orillas del Cefiso una encina antigua llamada de Alejandro, junto a la que tuvo su tienda; y allí cerca está el cementerio de los macedonios. Filipo, con estos hechos, amaba extraordinariamente al hijo, tanto que se alegraba de que los macedonios llamaran rey a Alejandro y general a Filipo; pero las inquietudes que sobrevinieron en la casa con motivo de los amores y los matrimonios de éste, haciendo en cierta manera que enfermara el reino a la par de la unión conyugal, produjeron muchas quejas y grandes desavenencias, las que hacía mayores el mal genio de Olimpia, mujer suspicaz y colérica que procuraba acalorar a Alejandro. Hízolas subir de punto Atalo en las bodas de Cleopatra, doncella con quien se casó Filipo, enamorado de ella fuera de su edad. Era tío de ésta Atalo y, embriagado, en medio de los brindis exhortaba a los macedonios a que pidieran a los dioses les concedieran de Filipo y Cleopatra un sucesor legítimo del reino. Irritado con esto Alejandro: "¿Pues qué —le dijo—, mala cabeza, te parece que yo soy bastardo?", y le tiró con la taza. Levantóse Filipo contra él desenvainando la espada, pero por fortuna de ambos con la cólera y el vino se le fue el pie y cayó; y entonces Alejandro exclamó con insulto: "¡Éste es, macedonios, el hombre que se preparaba para pasar de la Europa al Asia, y pasando ahora de un escaño a otro ha venido al suelo!" De resultas de esta indecente reyerta, tomando consigo a Olimpia y estableciéndola en el Epiro, él se fue a habitar en el Ilirio. En esto, Demarato de Corinto, que era huésped de la casa y hombre franco, pasó a ver a Filipo; y como después de los abrazos y primeros obsequios le preguntase éste cómo en punto a concordia se hallaban los griegos unos con otros: "!Pues es cierto —le contestó—que te está a ti bien, oh Filipo, el mostrar ese cuidado por Grecia, cuando has llenado tu propia casa de turbación y de males!" Vuelto en sí Filipo con esta advertencia, envió a llamar a Alejandro, y consiguió atraerle por medio de las persuasiones de Demarato.

Tenía veinte años cuando se encargó del reino, combatido por todas partes de la envidia y de terribles odios y peligros, porque los bárbaros de las naciones vecinas no podían sufrir la esclavitud y suspiraban por sus antiguos reyes; y en cuanto a la Grecia, aunque Filipo la había sojuzgado por las armas, apenas había tenido tiempo para domarla y amansarla; sino que no habían hecho más que variar y alentar sus cosas, las había dejado en gran inquietud y desorden por la novedad y falta de costumbre. Temían los macedonios este estado de negocios; y eran de opinión de que respecto de la Grecia debía levantarse enteramente la mano, sin tomar el menor empeño, y de que a los bárbaros que se habían rebelado se les atrajese con blandura, aplicando remedio a los principios de aquel trastorno; pero Alejandro, pensando de un modo enteramente opuesto, se decidió a adquirir la seguridad y la salud con la osadía y la entereza, pues que si se viese que decaía de ánimo en lo más mínimo, todos vendrían a cargar sobre él. Por tanto, a las rebeliones y guerras de los bárbaros les puso prontamente término, corriendo con su ejército hasta el Istro; y en una gran batalla venció a Sirmo, rey de los tribalios. Como hubiese sabido que se habían sublevado los tebanos, y que estaban de acuerdo con los atenienses, queriendo acreditarse de hombre, al punto marchó con sus fuerzas por las Termópilas, diciendo que pues Demóstenes le había llamado niño mientras estuvo entre los ilirios y tribalios, y muchacho después en Tesalia, quería hacerle ver ante los muros de Atenas que ya era hombre. Situado, pues, delante de Tebas, dándoles tiempo para arrepentirse de lo pasado, reclamó a Fénix y Protites y mandó echar pregón ofreciendo impunidad a los que mudaran de propósito; pero reclamando de él a su vez los tebanos a Filotas y Antipatro, y echando el pregón de que los que quisieran la libertad de la Grecia se unieran con ellos, dispuso sus macedonios a la guerra. Pelearon los tebanos con un valor y un arrojo superiores a sus fuerzas, pues venían a ser uno para muchos enemigos; pero habiendo desamparado la ciudadela llamada Cadmea las tropas macedonias que la guarnecían, cayeron sobre ellos por la espalda, y envueltos perecieron los más en este último punto de la batalla. Tomó la ciudad, la entregó al saqueo y la asoló; principalmente por esperar que asombrados e intimidados los griegos con semejante calamidad, no volvieran a rebullirse; pero también quiso dar a entender que en esto se había prestado a las quejas de los aliados; porque los focenses y platenses acusaban a los tebanos. Hizo, pues, salir a los sacerdotes, a todos los huéspedes de los macedonios, a los descendientes de Píndaro y a los que se habían opuesto a los que decretaron la sublevación; a todos los demás los puso en venta, que fueron como unos treinta mil hombres, siendo más de seis mil los que murieron en el combate.

En medio de los muchos y terribles males que afligieron a aquella desgraciada ciudad, algunos tracios quebrantaron la casa de Timoclea, mujer principal y de admirable conducta; y mientras los demás saqueaban los bienes, el comandante, después de haber insultado y hecho violencia al ama le preguntó si había ocultado plata u oro en alguna parte. Confesóle que sí, y llevándole solo al huerto le mostró el pozo, diciendo que, al tomarse la ciudad, había arrojado allí lo más precioso de su caudal. Acercóse el tracio, y cuando se puso a reconocer el pozo, habiéndosele aquélla puesto detrás, lo arrojó; y echándole encima muchas piedras, acabó con él. Lleváronla los tracios atada ante Alejandro; y desde luego que se presentó apareció una persona respetable y animosa, pues seguía a los que la conducían sin dar la menor muestra de temor o sobresalto. Después, preguntándole el rey quién era, respondió ser hermana de Teágenes, el que había peleado contra Filipo por la libertad de los griegos y había muerto de general en la batalla de Queronea. Admirado, pues, Alejandro de su respuesta y de lo que había ejecutado; la dejó en libertad a ella y a sus hijos.

A los atenienses los admitió a reconciliación; aun en medio de haber hecho grandes demostraciones de sentimiento por el infortunio de Tebas; pues teniendo entre manos la fiesta de los Misterios, la dejaron por aquel duelo, y a los que se refugiaron a Atenas les prestaron todos los oficios de humanidad; mas con todo, bien fuese por haber saciado ya su cólera como los leones, o bien porque quisiese oponer un acto de clemencia a otro de suma crueldad y aspereza, no sólo los indultó de todo cargo, sino que los exhortó a que atendiesen al buen orden de la ciudad, como que había de tomar el imperio de la Grecia, si a él sobrevenía alguna desgracia; y de allí en adelante se dice que le causaba sumo disgusto aquella calamidad de los tebanos, por lo que se demostró muy benigno con los demás pueblos; y lo ocurrido con Clito entre los brindis de un festín, y la cobardía en la India de los macedonios, por la que en cuanto estuvo de su parte dejaron incompleta su expedición y su gloria; fueron cosas que las atribuyó siempre a ira y venganza de Baco. Por fin, de los tebanos que quedaron con vida, ninguno se le acercó a pedirle alguna cosa que no saliera bien despachado, y esto es lo que hay que referir sobre la toma de Tebas.[...]

Congregados los griegos en el Istmo, decretaron marchar con Alejandro a la guerra contra Persia, nombrándole general; y como fuesen muchos los hombres de Estado y los filósofos que le visitaban y le daban el parabién, esperaba que haría otro tanto Diógenes el de Sínope, que residía en Corinto. Mas éste ninguna cuenta hizo de Alejandro, sino que pasaba tranquilamente su vida en el barrio llamado Craneto; y así hubo de pasar Alejandro a verle. Hallábase casualmente tendido al sol, y habiéndose incorporado un poco a la llegada de tantos personajes, fijó la vista en Alejandro. Saludóle éste, y preguntándole en seguida si se le ofrecía alguna cosa, "muy poco —le respondió—; que te quites del sol". Dícese que Alejandro con aquella especie de menosprecio quedó tan admirado de semejante elevación y grandeza de ánimo, que, cuando retirados de allí empezaron los que le acompañaban a reírse y burlarse, él les dijo: "Pues yo a no ser Alejandro, de buena gana fuera Diógenes". Quiso prepararse para la expedición con la aprobación de Apolo; y habiendo pasado a Delfos, casualmente los días en que llegó eran nefastos, en los que no es permitido dar respuestas; y con todo, lo primero que hizo fue llamar a la sacerdotisa; pero negándose ésta y objetando la disposición de la ley, subió donde se hallaba y por fuerza la trajo al templo. Ella entonces, mirándose como vencida por aquella determinación, "eres invencible, ¡oh joven!", dijo; lo que, oído por Alejandro, dijo que "ya no necesitaba otro vaticinio, sino que había escuchado de su boca el oráculo que apetecía". Cuando ya estaba en marcha para la expedición aparecieron diferentes prodigios y señales, y entre ellos el de que la estatua de Orfeo en Libetra, que era de ciprés, despidió copioso sudor por aquellos días. A muchos les inspiraba miedo este portento; pero Aristrando los exhortó a la confianza, "pues significa —dijo— que Alejandro ejecutar hazañas dignas de ser cantadas y aplaudidas, las que por tanto darán mucho que trabajar y que sudar a los poetas y músicos que hayan de celebrarlas".

Componíase su ejército, según los que dicen menos, de treinta mil hombres de infantería y cinco mil de caballería; y los que más le dan hasta treinta y cuatro mil infantes y cuatro mil caballos; y para todo esto dice Aristóbulo que no tenía más fondos que setenta talentos, y Duris que sólo contaba con víveres para treinta días; mas Onesícrito refiere que había tomado a crédito doscientos talentos. Pues con todo de haber empezado con tan pequeños y escasos medios, antes de embarcarse se informó del estado que tenían las cosas de sus amigos, distribuyendo entre ellos a uno un campo, a otro un terreno y a otro la renta de un caserío o de un puerto. Cuando ya había gastado y aplicado se puede decir todos los bienes y rentas de la corona, le preguntó Pérdicas: "Y para ti, oh Rey, ¿qué es lo que dejas?" Como le contestase que las esperanzas, "¿pues y nosotros —repuso— no participaremos también de ellas los que hemos de acompañarte a la guerra?" Y renunciando Pérdicas la parte que le había asignado, algunos de los demás amigos hicieron otro tanto; pero a los que tomaron las suyas o las reclamaron, se las entregó con largueza; y con este repartimiento concluyó con casi todo lo que tenía en Macedonia. Dispuesto y prevenido de esta manera, pasó el Helesponto, y bajando a tierra en Ilión, hizo sacrificio a Minerva y libaciones a los héroes. Ungió largamente la columna erigida a Aquiles, y corriendo desnudo con sus amigos alrededor de ella según es costumbre, la coronó, llamando a éste bienaventurado porque en vida tuvo un amigo fiel y después de su muerte un gran poeta. Cuando andaba recorriendo la ciudad y viendo lo que había de notable en ella, le preguntó uno si quería ver la lira de Paris, y él respondió que ésta nada le importaba y la que buscaba era la de Aquiles, con la que cantaba este héroe los grandes y gloriosos hechos de los varones esforzados.

En esto, los generales de Darío habían reunido muchas fuerzas, y como las tuviesen ordenadas para impedir el paso del Gránico, debía tenerse por indispensable el dar una batalla para abrirse la puerta del Asia, si se había de entrar y dominar en ella; pero más temían la profundidad del río y la desigualdad y aspereza de la orilla opuesta, a la que se había de subir peleando; y a algunos los detenía también cierta superstición relativa al mes, por cuanto en el Daisio era costumbre de los reyes de Macedonia no obrar con el ejército; pero a esto ocurrió Alejandro mandando que se contara otra vez el mes Artemisio. Oponíase de otro lado Parmenión a que se trabara combate, por estar ya adelantada la tarde; pero diciendo Alejandro que se avergonzaría el Helesponto si habiéndole pasado temieran al Gránico, se arrojó al agua con trece hileras de caballería, y marchando contra los dardos enemigos y contra sitios escarpados defendidos con gente armada y con caballería, arrebatado y cubierto en cierta manera de la corriente, parecía que más era aquello arrojo de furor y locura que resolución de un buen caudillo. Mas él seguía empeñado en el paso, y llegando a hacer pie con trabajo y dificultad en lugares húmedos y resbaladizos por el barro, le fue preciso pelear al punto en desorden y cada uno separado contra los que les cargaban, antes que pudieran tomar formación los que iban pasando; porque les acometían con grande algazara, oponiendo caballos a caballos y empleando las lanzas, y cuando éstas se rompían, las espadas. Hiriéndose muchos contra él mismo, porque se hacía notar en la adarga y en el penacho del morrión que caía por uno y otro lado, formando como dos alas maravillosas en su blancura y en su magnitud; y habiéndole arrojado un dardo que le acertó en el remate de la coraza, no quedó herido. Sobrevinieron a un tiempo los generales Resaces y Espitrídates, y hurtando el cuerpo a éste, a Resaces armado de coraza le tiró un bote de lanza, y rota ésta, metió mano a la espada. Batiéndose los dos, acercó por el flanco su caballo Espitrídates, y poniéndose a punto, le alcanzó con la azcona de que usaban aquellos bárbaros, con la cual le destrozó el penacho, llevándose una de las alas; y el morrión resistió con dificultad el golpe, tanto que aun penetró la punta y llegó a tocarle en el cabello. Disponíase Espitrídates a segundar; pero le previno Clito el mayor, pasándole de medio a medio con la lanza; y al mismo tiempo cayó muerto Resaces herido de Alejandro. En este conflicto, y en lo más recio del combate de la caballería, pasó la falange de los macedonios y vinieron a las manos una y otra infantería; pero los enemigos no se sostuvieron con valor ni largo rato, sino que se dispersaron y huyeron, a excepción de los griegos estipendarios, los cuales, retirados a un collado, imploraban la fe de Alejandro; pero éste, acometiéndolos el primero, llevado más de la cólera que gobernado por la razón, perdió el caballo pasado de una estocada por los ijares (era otro, no el Bucéfalo); y allí cayeron también la mayor parte de los que perecieron en aquella batalla, peleando con hombres desesperados y aguerridos. Dícese que murieron de los bárbaros veinte mil hombres de infantería y dos mil de caballería. Por parte de Alejandro dice Aristóbulo que los muertos no fueron entre todos más que treinta y cuatro, de ellos nueve infantes. A éstos mandó que se les erigiesen estatuas de bronce, las que trabajó Lisipo. Dio parte a los griegos de esta victoria, enviando en particular a los atenienses trescientos escudos de los que se cogieron, y haciendo un cúmulo de los demás despojos, hizo poner sobre él esta ambiciosa inscripción: "Alejandro, hijo de Filipo, y los griegos, a excepción de los lacedemonios, de los bárbaros que habitan el Asia". De los vasos preciosos, de las ropas de púrpura y de cuantas preseas ricas tomó de las de Persia, fuera de muy poco, todo lo demás lo remitió a la madre.

Produjo este combate una gran mudanza en los negocios, favorable a Alejandro; tanto que con la ciudad de Sardis se le entregó en cierta manera el imperio marítimo de los bárbaros, poniéndose a su disposición los demás pueblos. Sólo le hicieron resistencia Halicarnaso y Mileto, las que tomó por asalto, y sujetando todo el país vecino a una y otra, quedó perplejo en su ánimo sobre lo que después emprendería; pensando unas veces que sería lo mejor ir desde luego en busca de Darío y ponerlo todo a la suerte de una batalla; y otras que sería más conveniente dar su atención a los negocios e intereses del mar, como para ejercitarse y cobrar fuerzas, y de este modo marchar contra aquél. Hay en la Licia, cerca de la ciudad de Janto, una fuente de la que se dice que entonces mudó su curso y salió de sus márgenes, arrojando sin causa conocida de su fondo una plancha de bronce, sobre la cual estaba grabado en caracteres antiguos que cesaría el imperio de los persas, destruido por los griegos. Alentado con este prodigio, se apresuró a poner de su parte todo el país marítimo hasta la Fenicia y la Cilicia. Su incursión en la Panfilia sirvió a muchos historiadores de materia pintoresca para excitar la admiración y el asombro, diciendo que como por una disposición divina aquel mar había tomado el partido de Alejandro, cuando siempre solía ser inquieto y borrascoso y rara vez dejaba al descubierto los escondidos y resonantes escollos situados al pie de sus escarpadas y pedregosas orillas; a lo que alude Menandro, celebrando cómicamente lo extraordinario del mismo suceso:

Esto va a lo Alejandro, dicho y hecho:
si a alguien busco, comparece luego,
sin que nadie le llame; si es preciso
dirigirme por mar a cierto punto,
el mar se allana y facilita el paso.

Mas el mismo Alejandro en sus cartas, sin tener nada de esto a portento, dice sencillamente que anduvo a pie la montaña llamada Clímax y que la atravesó partiendo de la ciudad de Fasílide, en la cual se detuvo muchos días; y que en ellos, habiendo visto en la plaza la estatua de Teodecto, que era natural de la misma ciudad y había muerto poco antes, fue a festejarla bien bebiendo después de la cena, y derramó sobre ella muchas coronas, tributando como por juego esta grata memoria al tratado que con él había tenido a causa de Aristóteles y de la filosofía.

Después de esto sujetó a aquellos de los pisidas que le hicieron oposición y puso bajo su obediencia la Frigia; y tomando la ciudad de Goridio, que se dice haber sido corte del antiguo Midas, vio aquel celebrado carro atado con corteza de serbal y oyó la relación allí creída por aquellos bárbaros, según la cual el hado ofrecía al que desatase aquel nudo el ser rey de toda la Tierra. Los más refieren que este nudo tenía ciegos los cabos enredados unos con otros con muchas vueltas y que, desesperado Alejandro de desatarlo, lo cortó con la espada por medio, apareciendo muchos cabos después de cortado; pero Aristóbulo dice que le fue muy fácil el desatarlo, porque quitó del timón la clavija que une con éste el yugo, y después fácilmente quitó el yugo mismo. Desde allí pasó a atraer a su dominación a los paflagonios y capadocios; y habiendo tenido noticia de la muerte de Memnón, que siendo el jefe más acreditado de la armada naval de Darío había dado mucho en qué entender y puesto en repetidos apuros al mismo Alejandro, se animó mucho más a llevar sus armas a las provincias superiores de la Persia. En esto, ya Darío bajaba de Susa muy engreído con la muchedumbre de sus tropas, pues traía seiscientos mil hombres, y confiado en su sueño, que los magos explicaban más bien según lo que aquél deseaba que según lo que él indicaba en realidad. Porque le pareció que discurría gran resplandor por la falange de los macedonios, que le servía Alejandro, adornado con la estola que llevaba el mismo Darío cuando era correo del rey; y que después, habiendo entrado Alejandro al bosque del templo de Belo, desapareció; en lo cual, a lo que parece, significaba el Dios que brillarían y resplandecerían las empresas de los macedonios, y que Alejandro dominaría en el Asia como había dominado Darío, habiendo pasado de correo a rey, pero que en breve tendrían término su gloria y su vida.

Diole todavía a Darío más confianza el graduar de tímido a Alejandro, al ver que se detenía mucho tiempo en la Cilicia; pero su detención provenía de enfermedad, que unos decían había contraído con las grandes fatigas, y otros que por haberse bañado en las agua heladas de Cidmo. De todos los demás médicos, ninguno confiaba en que podría curarse, sino que reputando el mal por superior a todo remedio, tem¡an que, errada la cura, habían de ser calumniados por los macedonios; pero Filipo de Acamania, aunque se hizo cargo de lo penosa que era aquella situación, llevado sin embargo de la amistad y teniendo como afrenta el no peligrar con el que estaba de peligro, asistiéndole y cuidándole hasta no dejar nada por probar, se determinó a emplear las medicinas y le persuadió al mismo Alejandro que tuviera sufrimiento y las tomara, procurando ponerse bueno para la guerra. En esto, Parmenión le escribió desde el ejército, previniéndole que se guardara de Filipo, porque había sido seducido por Darío con grandes dones y el matrimonio de su hija, para quitarle la vida. Leyó Alejandro la carta sin mostrarla a ninguno de los amigos y la puso bajo la almohada. Llegada la hora, entró Filipo con los amigos, trayendo la medicina en una taza; diole Alejandro la carta, y al mismo tiempo tomó la medicina con grande ánimo y sin que mostrase ninguna sospecha; de manera que era un espectáculo verdaderamente teatral el ver al uno leer y al otro beber, y que después se miraron uno a otro, aunque de muy diferente manera; porque Alejandro miraba a Filipo con semblante alegre y sereno, en el que estaban pintadas la benevolencia y la confianza; y éste, sorprendido con la calumnia, unas veces ponía por testigos a los dioses y levantaba las manos al cielo, y otras se reclinaba sobre el lecho exhortando a Alejandro a que estuviera tranquilo y confiara en él. Porque el remedio al principio parecía haber cortado el cuerpo, postrando y abatiendo las fuerzas hasta hacerle perder el habla y quedar muy apocados los sentidos, sobreviniéndole luego una congoja; pero Filipo logró volverle pronto, y restituyéndole las fuerzas, hizo que se mostrase a los macedonios, que se mantuvieron siempre muy desconfiados e inquietos mientras que no vieron a Alejandro.

Hallábase en el ejército de Darío un fugitivo de Macedonia y natural de ella llamado Amintas, el que no dejaba de tener conocimientos del carácter de Alejandro. Éste, viendo que Darío iba a encerrarse entre desfiladeros en busca de Alejandro, le proponía que permaneciese donde se encontraba, en lugares llanos y abiertos, habiendo de pelear contra pocos con tan inmenso número de tropas; y como le respondiese Darío que temía no se anticiparan a huir los enemigos y se le escapara Alejandro: "Por eso, oh rey —le repuso—, no paséis pena, porque él vendrá contra vos, o quizá viene ya a estas horas". Mas no cedió por esto Darío, sino que; levantando el campo, marchó para la Cilicia, y al mismo tiempo Alejandro marchaba contra él a la Siria; pero habiendo en la noche apartádose por yerro unos de otros, retrocedieron. Alejandro, contento con que así le favoreciese la suerte para salirle a aquél al encuentro entre montañas, y Darío para ver si podría recobrar su antiguo campamento y poner sus tropas fuera de gargantas, porque ya entonces reconoció que, contra lo que le convenía, se había metido en lugares que por el mar, por las montañas y por el río Píndaro que corre en medio, eran poco a propósito para la caballería, y que le obligaban a tener divididas sus fuerzas, estando por tanto aquella posición muy en favor de los enemigos, que eran en corto número. La fortuna, pues, le preparó este lugar a Alejandro; pero él por su parte procuró también ayudar a la fortuna, disponiendo las cosas del modo mejor posible para el vencimiento, pues siendo muy inferior a tanto número de bárbaros, no sólo no se dejó envolver, sino que extendiendo su ala derecha sobre la izquierda de aquéllos, llegó a formar semicírculo y obligó a la fuga a los que tenían al frente, peleando entre los primeros, tanto que fue herido de una cuchillada en un muslo, según dice Cares, por Darío, habiendo venido ambos a las manos; pero el mismo Alejandro, escribiendo a Antipatro acerca de esta batalla, no dijo quién hubiese sido el que lo hirió, sino que había salido herido de una cuchillada en un muslo, sin que hubiese tenido la herida malas resultas. Habiendo conseguido una señalada victoria con muerte de más de ciento y diez mil hombres, no acabó con Darío, que se le había adelantado en la fuga cuatro o cinco estadios, por lo cual, habiendo tomado su carro y su arco, se volvió y halló a los macedonios cargados de inmensa riqueza y botín que se llevaban del campo de los bárbaros, sin embargo de que éstos se habían aligerado para la batalla y habían dejado en Damasco la mayor parte del bagaje. Habían reservado para el mismo Alejandro el pabellón de Darío, lleno de muchedumbre de sirvientes, de ricos enseres y de copia de oro y plata. Desnudándose, pues, al punto de las armas, se dirigió sin dilación al baño, diciendo: "Vamos a lavarnos el sudor de la batalla en el baño de Darío"; sobre lo que uno de sus amigos repuso: "No a fe mía, sino de Alejandro, porque las cosas del vencido son y deben llamarse del vencedor". Cuando vio las cajas, los jarros, los enjugadores y los alabastros, todo guarnecido de oro y trabajado con primor, percibió al mismo tiempo el olor fragante que de la mirra y los aromas despedía la casa, y habiendo pasado desde allí a la tienda, que en su altura y capacidad y en todo el adorno de alfombras, de mesas y de aparadores era ciertamente digna de admiración, vuelto a los amigos: "En esto consistía — les dijo—, según parece, el reinar".

Al tiempo de ir a la cena se le anunció que entre los cautivos habían sido conducidas la madre y la mujer de Darío y dos hijas doncellas, las cuales, habiendo visto el carro y el arco de éste, habían empezado a herirse el rostro y a llorar, teniéndole por muerto. Paróse por bastante rato Alejandro, y mereciéndole más cuidado los afectos de estas desgraciadas que los propios, envió a Leonata con orden de decirles que ni había muerto Darío ni debían temer de Alejandro, porque con Darío está en guerra por el imperio; pero a ellas nada les faltaría de lo que, reinando aquél, se entendía corresponderles. Si este lenguaje pareció afable y honesto a aquellas mujeres, todavía en las obras se acreditó más de humano con las cautivas, porque les concedió dar sepultura a cuantos persas quisieron, tomando las ropas y todo lo demás necesario para el ornato de los despojos de guerra; y de la asistencia y honores que disfrutaban nada se les disminuyó y aun percibieron mayores rentas que antes; pero el obsequio más loable y regio que de él recibieron unas mujeres ingenuas y honestas, reducidas a la esclavitud, fue el no oír ni sospechar ni temer nada indecoroso, sino que les fue lícito llevar una vida apartada de todo trato y de la vista de los demás, como si estuvieran no en un campamento de enemigos, sino guardadas en templos y relicarios de vírgenes; y eso que se dice que la mujer de Darío era la más bien parecida de toda la familia real, así como el mismo Darío era el más bello y gallardo de los hombres, y que las hijas se parecían a los padres. Pero Alejandro, teniendo, según parece, por más digno de un rey el dominarse a sí mismo que vencer a los enemigos, ni tocó a éstas, ni antes de casarse conoció a ninguna otra mujer fuera de Barsene, la cual, habiendo quedado viuda por la muerte de Memnón, había sido cautivada en Damasco. Había recibido una educación griega, y siendo de índole suave e hija de Artabazo, tenida en hija del rey, fue conocida por Alejandro, a instigación, según dice Aristóbulo, de Parmenión, que le propuso se acercase a una mujer bella y que unía a la belleza el ser de esclarecido linaje. Al ver Alejandro a las demás cautivas, que todas eran aventajadas en hermosura y gallardía, dijo por chiste: "¡Gran dolor de ojos son estas persianas!" Con todo, oponiendo a la belleza de estas mujeres la honestidad de su moderación y continencia, pasaba por delante de ellas como por delante de imágenes sin alma, de unas estatuas.

Escribióle en una ocasión Filoxeno, general de la armada naval, hallarse a sus órdenes un tarentino llamado Teodoro, que tenía de venta dos mozuelos de una belleza sobresaliente, preguntándole si los compraría; y se ofendió tanto, que exclamó muchas veces ante sus amigos en tono de pregunta: "¿Qué puede haber visto en mí Filoxeno de indecente e inhonesto para hacerse corredor de semejante mercadería?" Reprendió ásperamente a Filoxeno en una carta, mandándole que enviara noramala a Teodoro con sus cargamentos. Mostróse también enojado al joven Agnón, que le escribió tener intención de comprar en Corinto a Gróbilo, mozo allí de grande nombradía, para presentárselo; y habiendo sabido que Darnón y Timoteo, macedonios de los que servían a las órdenes de Parmenión, habían hecho violencia a las mujeres de unos estipendiarios escribió a Parmenión dándole orden de que, si eran convencidos, los castigara de muerte como fieras corruptoras de los hombres; hablando de sí mismo en esta carta en las siguientes palabras: "Porque no se hallará que yo haya visto a la mujer de Darío ni que haya querido verla, ni dar siquiera oídos a los que han venido a hablarme de su belleza". Decía que en dos cosas echaba de ver que era mortal: en el sueño y en el acceso a mujeres, pues de la misma debilidad de la naturaleza provenía el sentir el cansancio y las seducciones del placer. Era asimismo muy sobrio en cuanto al regalo del paladar, lo que manifestó de muchas maneras y también en las respuestas que dio a Ada, a la que adoptó por madre y la declaró reina de Caria, porque como ésta, para agasajarle, le enviase diariamente muchos platos delicados y exquisitas pastas, y finalmente los más hábiles cocineros y pasteleros que pudo encontrar, le dijo que para él todo aquello estaba de más porque tenía otros mejores cocineros puestos por su ayo Leónidas, que eran, para el desayuno, salir al campo antes del alba, y para la cena comer muy poco entre día. "Él mismo —decía— reconoce mis cofres y mis guardarropas para ver si la madre me ha puesto cosas de regalo y de lujo."

Aun respecto del vino era menos desmandado de lo que comúnmente se cree; y si parecía serlo más bien que por largo beber era por el mucho tiempo que con cada taza se llevaba hablando; y aun esto cuando estaba muy de vagar, pues cuando había que hacer, ni vino, ni sueño, ni juego alguno, ni bodas, ni espectáculo, nada había que, como a otros capitanes, le detuviese; lo que pone de manifiesto su misma vida, pues que habiendo sido tan corta, está llena de muchas y grandes hazañas. Cuando no tenía qué hacer se levantaba y lo primero era sacrificar a los dioses y tomar el desayuno sentado; después pasaba el día en cazar, o en ejercitar la tropa, o en despachar los juicios militares, o en leer. De viaje, si no había de ser largo, sin detenerse se ejercitaba en tirar el arco, o en subir y bajar a un carro que fuese corriendo. Muchas veces se entretenía en cazar zorras y aves, como se puede ver en sus diarios. En el baño, y mientras iba a él y a ungirse, examinaba a los encargados de las provisiones y de la cocina sobre si estaba en su punto todo lo relativo a la cena, yendo siempre a cenar tarde y después de anochecido. Su cuidado y esmero en la mesa era extraordinario sobre que a todos se les sirviese con igualdad y diligencia. La bebida se prolongaba, como hemos dicho, por la demasiada conversación, porque siendo para el trato en todas las demás dotes el más amable de los reyes, sin que hubiese gracia que le faltase, entonces se hacía fastidioso con sus jactancias y soberbia militar, llegando a dar ya en fanfarrón y a ser en cierto modo presa de los aduladores, que echaban a perder aun a los más modestos convidados, porque ni querían confundirse con los aduladores, ni quedarse más cortos en las alabanzas, siendo lo primero bajo e indecoroso, y no careciendo de riesgo lo segundo. Después de haber bebido se lavaba y se iba a recoger, durmiendo muchas veces hasta el mediodía; y aun alguna se llevó el día entero durmiendo. En cuanto a manjares, era muy templado, de manera que cuando por mar le traían frutas o pescados exquisitos, distribuyéndolos entre sus amigos, era muy frecuente no dejar nada para sí. Su cena, sin embargo, era siempre opípara; y habiéndose aumentado el gasto en proporción de sus prósperos sucesos llegó por fin a diez mil dracmas; pero aquí paró, y ésta era la suma prefijada para darse a los que hospedaban a Alejandro.

Habiéndole presentado una cajita, que pareció la cosa más preciosa y rara de todas a los que recibían las joyas y demás equipajes de Darío, preguntó a sus amigos qué sería lo más preciado y curioso que podría guardarse en ella. Respondieron unos una cosa y otros otra, y él dijo que en aquella caja iba a colocar y tener defendida la Iliada, de lo que dan testimonio muchos escritores fidedignos.

Los favores que en los apuros y dificultades de este viaje (al templo de Amón) recibió del Dios le ganaron a éste más confianza que los oráculos dados después; o por mejor decir, por ellos se tuvo después en cierta manera más fe en los oráculos. Porque, en primer lugar, el rocío del cielo y las abundantes lluvias que entonces cayeron disiparon el miedo de la sed, y haciendo desaparecer la sequedad, porque con ella se humedeció la arena y quedó apelmazada, dieron al aire las calidades de más respirable y más puro. En segundo lugar, como confundidos los términos por donde se gobernaban los guías, hubiesen empezado a andar perdidos y errantes, por no saber el camino, unos cuervos que se les aparecieron fueron sus conductores, volando delante y acelerando la marcha cuando los seguían, y parándose y aguardando cuando se retrasaban. Pero lo maravilloso era, según dice Calístenes, que con sus voces y graznidos llamaban a los que se perdían por la noche, trayéndolos a las huellas del camino. Cuando pasado el desierto llegó a la ciudad, el profeta de Amón le anunció que le saludaba de parte del Dios como de su padre, a lo que él le preguntó si se había quedado sin castigo alguno de los matadores de su padre. Repásole el profeta que mirara lo que decía, porque no había tenido un padre mortal; y entonces él, mudando de lenguaje, preguntó si se había castigado a todos los matadores de Filipo; y en seguida, acerca del imperio, si le concedería el dominar a todos los hombres. Habiéndole también dado el Dios favorable respuesta y asegurándole que Filipo estaba completamente vengado, le hizo las más magníficas ofrendas, y a los hombres allí desfinados los más ricos presentes. Esto es lo que en cuanto a los oráculos refieren los más de los historiadores; y se dice que el mismo Alejandro, en una carta a su madre, le significó haberle sido hechos ciertos vaticinios arcanos, los que a ella sola revelaría a su vuelta. Algunos han escrito que queriendo el profeta saludarle en griego con cierto cariño diciéndole "hijo mío", se equivocó por barbarismo en una letra, poniendo una s por una n; y que a Alejandro le fue muy grato este error, por cuanto se dio motivo a que pareciera le había llamado hijo de Júpiter, porque esto era lo que resultaba de la equivocación. Dícese así mismo que habiendo oído en el Egipto al filósofo Psamón, lo que principalmente coligió de sus discursos fue que todos los hombres son regidos por Dios, a causa de que la parte que en cada uno manda o impera es divina; y que él todavía opinaba más filosóficamente acerca de estas cosas, diciendo que Dios es padre común de todos los hombres; pero adopta especialmente por hijos suyos a los buenos.

En general, con los bárbaros se mostraba arrogante y como quien estaba muy persuadido de su generación y origen divino; pero con los griegos se iba con más tiento en divinizarse; sólo una vez escribiendo a los atenienses cerca de Samos les dijo: "No soy yo quien os entregó esta ciudad libre y gloriosa, sino que la tenéis habiéndola recibido del que entonces se decía mi señor y padre", queriendo indicar a Filipo. En una ocasión, habiendo venido al suelo herido de un golpe de saeta y sintiendo demasiado el dolor: "Esto que corre, amigos —dijo—es sangre, y no licor sutil, como el que fluye de los almos dioses", y otra vez, como habiendo dado un gran trueno se hubiesen asustado todos, el sofista Anaxarco, que se hallaba presente, le preguntó: "Y tú, hijo de Júpiter, ¿no haces algo de esto?" Y él, riéndose: "No quiero —le dijo— infundir terror a mis amigos, como me lo propones tú, el que desdeñas mi cena porque ves en las mesas pescados, y no cabezas de sátrapas". Y era así la verdad, que Anaxarco, según se cuenta, habiendo enviado el rey a Hefestión unos peces, prorrumpió en la frase que se deja expresada, como teniendo en poco y escarneciendo a los que con grandes trabajos y peligros van en pos de cosas brillantes, sin que por eso en el goce de los placeres y de las comodidades excedan a los demás ni en lo más mínimo. Se ve, pues, por lo que se deja dicho, que Alejandro dentro de sí mismo no fue seducido ni se engrió con la idea de su origen divino, sino que solamente quiso subyugar con la opinión de él a los demás.

Siendo por naturaleza dadivoso, creció en él la liberalidad a proporción que creció su poder; y ésta iba siempre acompañada de afabilidad y benevolencia, que es como los beneficios inspiran una verdadera gratitud. Haremos memoria de algunas de sus dádivas. Aristón, general de los peones, había dado muerte a un enemigo; y mostrándole la cabeza, "entre nosotros, oh rey —le dijo—, este presente se recompensa con vaso de oro"; y Alejandro, sonriéndose, "vacío —le contestó—, y yo te lo doy lleno de buen vino, bebiendo antes a tu salud". Guiaba uno de tantos macedonios una acémila cargada de oro de que se había ocupado al rey; y como ésta se cansase, tomó él la carga y la llevaba a cuestas. Viole Alejandro sumamente fatigado, y enterado de lo que era, cuando iba a dejarla caer, "no hagas tal —le dijo— sino sigue tu camino llevándola hasta tu tienda para ti". En general, más se incomodaba con los que no recibían sus beneficios, que con los que le pedían; y a Foción le escribió una carta en que le decía que no le tendría en adelante por amigo si desechaba sus favores. A Serapión, uno de los mozos que jugaban con él a la pelota, no le dio nunca nada porque no pedía; y en una ocasión, puesto éste en el juego, alargaba la pelota a los demás, y diciéndole el Rey: "Y a mí ¿no me la alargas?" "Si no la pides...", le respondió, con lo que se echó a reír y le hizo un gran regalo. Pareció que se había enojado con Protea, uno de los decidores y bufones, que no carecía de gracia; rogábanle por él los amigos, y el mismo Protea se presentó llorando y les dijo que estaba aplacado; mas como éste repusiese, "¿y no empezarás, oh rey, a darme de ello alguna prenda...?", mandó que le dieran cinco talentos. Cuánta hubiese sido su profusión en repartir dones y gracias a sus amigos y a los de su guardia lo manifestó Olimpia en una carta que le escribió. "De otro modo —le decía—, sería de aprobar que hicieses bien a tus amigos y que te portases con esplendor, pero ahora, haciéndolos otros tantos reyes, a ellos les proporcionas que tengan amigos, y a ti el quedarte solo." Escribíale frecuentemente Olimpia por este mismo término, y estas cartas tenía cuidado de reservarlas; sólo una vez, leyendo juntamente con él Hefestión, pues solía tener esta confianza, una de estas cartas que acababa de abrir, no se lo prohibió, sino que se quitó el anillo y le puso a aquél el sello en la boca. Al hijo de Maceo, aquel que gozaba de la mayor privanza con Darío teníendo una satrapía, le dio con ella otra mayor; mas éste la rehusó diciendo: "Antes, oh rey, no había más que un Darío, pero tú ahora has hecho muchos Alejandros". A Parmenión, pues, le dio la casa de Bagoas, en la que se dice haberse encontrado en muebles de Susa hasta mil talentos. Escribió a Antipatro que se rodeara de guardias, pues había quien le armaba asechanzas. A la madre le dio y envió muchos presentes; pero nunca le permitió mezclarse en el gobierno ni en las cosas del ejército; y siendo de ella reprendido, llevó blandamente la dureza de su genio; y una vez habiendo leído una larga carta de Antipatro, en que trataba de ponerle mal con ella, "no sabe Antipatro —dijo— que una sola lágrima de una madre borra miles de cartas".

Habiendo visto que cuantos tenía a su lado se habían entregado enteramente al lujo y al regalo, haciendo excesivos gastos en todo lo relativo a sus personas, tanto que Agnón de Teyo llevaba clavos de plata en los zapatos, Leonato se hacía traer del Egipto con camellos muchas cargas de polvo para los gimnasios, Filotas había hecho para la caza toldos que se extendían hasta cien estadios; y eran más los que para ungirse y para el baño usaban de mirra que de aceite, llegando hasta el extremo de tener mozos únicamente destinados a que les rascasen y conciliasen el sueño, los reprendió suave y filosóficamente, diciendo maravillarse de que hombres que habían sostenido tantos y tan reñidos combates se hubieran olvidado de que duermen con más gusto los que trabajan que los que están ociosos, y de que no vieran, comparando su método de vida con el de los persas, que el darse al regalo es lo más servil y abatido, y el trabajar lo más regio y más propio de los que han de mandar: "Fuera de que, ¿cómo cuidará por sí un caballo o acicalará la lanza y el morrión el que rehúsa poner mano en la cosa más preciada que tiene, que es su propio cuerpo?, ¿no sabéis que el fin que en vencer nos proponemos es el no hacer lo que hacen los vencidos?" Tomó, pues, desde entonces con más empeño el atarearse y darse malos ratos en la milicia y en la caza, de manera que un embajador de Lacedemonia, que se halló presente cuando dio fin de un terrible león, "muy bien, oh Alejandro —le dijo—, lidiar con un león sobre el reino". Esta cacería la dedicó Cratero en Delfos, haciendo esculpir en bronce la imagen del león, la de los perros, la del rey en actitud de haber postrado al león, y la del mismo Cratero que le asistía, de las cuales unas fueron obra de Lisipo y otras de Leocares.

Alejandro, pues, ejercitándose y excitando al mismo tiempo a los demás a la virtud, se exponía a todo riesgo; pero sus amigos, queriendo ya gozar y regalarse por la riqueza y el lujo, llevaban mal las marchas y las expediciones, y poco a poco llegaron hasta murmurar y hablar mal de él. Sufríalo al principio benigna y suavemente, diciendo que era muy de reyes el que se hablara mal de ellos cuando hacían bien. Y en verdad que aun los menores favores que dispensaba a sus amigos eran siempre indicio de lo que los apreciaba y quería honralos; de lo que añadiremos algunos ejemplos. Escribió a Peucestas quejándose de que, maltratado por un oso, le había escrito a otros y a él no se lo había participado; "pero ahora —le decía—, dime cómo te hallas, y si es que te abandonaron algunos de los que le acompañaban en la caza, para que lleven su merecido". A Hefestión, que se hallaba ausente con motivo de ciertas comisiones, le escribió que estando entreteniéndose con un Igneun, Cratero había caído sobre la lanza de Perdicas y se había lastimado los muslos. Habiendo sanado Peucestas de cierta enfermedad, escribió al médico Alexipo, dándole las gracias. Hallábase Cratero enfermo, y habiendo tenido una visión entre sueños, hizo sacrificios por él y le mandó que los hiciese. Al médico Pausanias, que quería dar eléboro a Cratero, le escribió, ya oponiéndose y ya dándole reglas sobre el modo de administrar aquella medicina. A los primeros que le dieron parte de la deserción y fuga de Hárpalo, que fueron Efialtes y Ciso, los hizo aprisionar, como que le levantaban una calumnia. Empezó a dar licencia para retirarse a su casa a los inválidos y ancianos; y habiéndose Euruloco de Egea puesto a sí mismo en la lista de los enfermos, como después se descubriese que ningún mal tenía y confesase que amaba a Telesipa y se había propuesto acompañarla en su regreso por mar, preguntó qué clase de mujer era ésta, y habiéndole informado que era una cortesana de condición libre, "pues me tendrás, oh. Euruloco —le dijo—, por amador contigo: mira si podremos persuadirla con dones o con palabras, puesto que es mujer libre".

Cuando iba a invadir la India, como viese que el ejército arrastraba grande carga en pos de sí y era difícil de mover por la gran riqueza de los despojos, al mismo amanecer, estando ya listos los carros, quemó primero los suyos y los de sus amigos y después mandó que se pusiera fuego a los de los macedonios, orden que pareció más dura y terrible en sí que no en su ejecución, porqué mortificó a muy pocos; y antes bien los más, recibiéndola con entusiasmo y con demostraciones de aclamación y júbilo, repartieron las cosas que son más precisas entre los que las pidieron, y las restantes las quemaron y destrozaron, encendiendo con esto en el ánimo de Alejandro mayor arrojo y confianza. Era ya entonces fiero e inexorable en el castigo de los culpados, de manera que habiendo constituido a Menandro, uno de sus amigos, gobernador de un fuerte, porque no quería quedarse le quitó la vida, y habiéndose rebelado los bárbaros, por sí mismo atravesó con una saeta a Orsodates. Sucedió por entonces que una oveja parió un cordero que tenía en la cabeza la figura y color de una tiara y la forma también de unos testículos a uno y otro lado, lo que abominó Alejandro como mala seña y se hizo purificar por unos babilonios que al efecto acostumbraba a llevar consigo, sobre lo cual dijo a sus amigos que no era por sí mismo por quien se había sobresaltado, sino por ellos, no fuera que un mal genio, faltado él, trasladara el poder a un hombre cobarde y oscuro. Mas otra señal buena que sobrevino luego borró esta mala impresión de desaliento, y fue que un macedonio, jefe de la tapicería, llamado Proxeno, allanando el sitio en que había de ponerse la tienda del rey junto al río Oxo, descubrió una fuente de un licor continuo y untuoso, y a lo primero que sacó se encontró con que era un aceite limpio y claro, sin diferenciarse de esta sustancia ni en el olor ni en el sabor, conviniendo además con ella en el color brillante y en la untuosidad; y esto en el país que no producía aceite. Dícese, pues, que el agua del Oxo es también muy blanda y que pone crasa la piel de los que en él se bañan. Ello es que Alejandro se alegró extraordinariamente con esta señal, como se demuestra por lo que escribió a Antipatro, poniéndola entre los mayores favores que del Dios había recibido. Los adivinos teníanla por pronóstico de una expedición gloriosa, pero trabajosa y difícil, porque el aceite ha sido dado a los hombres por Dios para remedio de sus fatigas.

Fueron, pues, muchos los peligros que corrió en aquellos encuentros, y graves las heridas que recibió, pero el mayor mal le vino a su expedición de la falta de los objetos de necesidad y de la destemplanza de la atmósfera. Por lo que a él respecta, hacía empeño en contrarrestar a la fortuna con la osadía, y al poder con el valor, pues nada le parecía ser inaccesible para los osados, ni fuerte y defendido para los cobardes. Dícese, por tanto, que teniendo sitiado el castillo de Sisímetres que era una roca muy elevada e inaccesible, como ya los soldados desconfiasen, préguntó a Oxuartes qué hombre era en cuanto al ánimo Sisímetres, y respondiéndole éste que era el más tímido de los mortales: "Eso es decirme— repuso— que puedo tomar la roca, pues que el que manda en ella no es fuerte". Tomóla, pues, con sólo intimidar a Sisímetres. Mandó contra otra igualmente escarpada a los más jóvenes de los macedonios, y saludando a uno que se llamaba Alejandro: "A ti te toca —le dijo— el ser valiente, aunque no sea más que por el nombre". Peleó efectivamente aquel joven con gran denuedo; pero pereció en la acción, lo que causó a Alejandro gran pesadumbre. Ponían los macedonios dificultad en acometer a la fortaleza llamada Misa, por estar bañada de un río profundo, y estando presente, ''¿pues miserable de mí —dijo— no he aprendido a nadar?", y teniendo ya el escudo embrazado se disponía a pasar. Detuvo la acción por venir a él con ruegos embajadores de la ciudad sitiada, los cuales ya desde luego se maravillaron, viéndolo sobre las armas sin ningún acompañamiento. Trajéronle después un almohadón, y tomándole, mandó que se sentara en él el más anciano de aquéllos, que se llamaba Acufis. Admirado más éste todavía con tales muestras de benignidad y humanidad, le preguntó qué harían para que los tuviese por amigos, y como respondiese que lo primero era nombrarle a él mismo por caudillo y príncipe de todos, y lo segundo enviarle en rehenes ciento de los mejores, echándose a reír Acufis: "Mucho mejor mandaré — le repuso— enviándote los más malos que los mejores".

Dícese de Taxiles que poseía en la India una porción no menor que el Egipto en extensión, y abundante y fértil como la que más, y que siendo hombre de gran seso, saludó a Alejandro y le dijo: "¿Qué necesidad tenemos, oh Alejandro, ni de guerras ni de batallas entre nosotros, si no vienes a quitarnos ni el agua ni el alimento necesario, que son las únicas cosas por las que, a los hombres les es forzoso pelear? Por lo que hace a los demás que se llaman bienes y riquezas, si soy mejor que tú, estoy pronto a hacerte bien, y si valgo menos, no rehúso mostrarme agradecido, recibiéndolo de ti". Complacido Alejandro y alargándole la diestra: "Pues qué, ¿piensas —le dijo— que con tales expresiones y tal bondad nuestro encuentro ha de ser sin contienda? Ten entendido que nada adelantas, porque yo contenderé y pelearé contigo a fuerza de beneficios, a fin de que no parezcas mejor que yo". Recibiendo, pues, muchos dones y dando muchos más, por fin le hizo el presente de mil talentos en dinero, con lo que disgustó en gran manera a los amigos, pero hizo que muchos de los bárbaros se le mostraran menos desafectos. Los más belicosos entre los de la India pasaban por soldada a defender con ardor las ciudades y le causaban grandes daños. Habiendo, pues, hecho treguas con ellos en una de éstas, cogiéndolos después en el camino cuando se retiraban, les dio muerte a todos; y entre sus hechos de guerra, en los que siempre se condujo justa y regiamente, éste es el único que puede tenerse por una mancha. No le dieron los filósofos menos en qué entender que éstos, indisponiendo contra él a los reyes que se le habían unido y haciendo que se rebelaran los pueblos libres, por lo que le fue preciso ahorcar a muchos.

Formó entonces Alejandro el proyecto de ir desde allí a ver el mar exterior, y construyendo muchos transportes y lanchas navegaba con sosegado curso por el río. Mas no por eso era el viaje descansado y sin peligro, pues saltando en tierra y acometiendo a las ciudades, lo iba sujetando todo. Sin embargo, entre los llamados malios, que se dice son los más belicosos de la India, estuvo en muy poco el que no pereciese. Porque a saetazos retiró a aquellos habitantes de la muralla, y puestas las escalas, subió a ella el primero; pero habiéndose roto la escala, colocados los bárbaros al pie del muro, le causaron desde abajo diferentes heridas; mas él, sin embargo de tener muy poca gente consigo, tuvo el arrojo de dejarse caer en medio de los enemigos, quedando por fortuna de pie, y habiendo recibido gran sacudimiento las armas, les pareció a los bárbaros que un resplandor y apariencia extraordinaria discurría por delante de él. Así, al principio huyeron y se dispersaron; pero al verle con sólo dos escuderos, corrieron de nuevo a él, y algunos, aunque se defendía, le herían de cerca con espadas y lanzas; y uno que estaba algo más lejos le disparó del arco una saeta con tal fuerza y rapidez, que pasando la coraza se le clavó en las costillas junto a la tetilla. Cedió el cuerpo al golpe, y aun se trastornó algún tanto, y el tirador acudió al punto sacando el alfanje que usan los bárbaros; pero Peucestas y Limneo se pusieron delante, y siendo heridos ambos, éste murió; pero Peucestas se sostuvo, y Alejandro dio muerte al bárbaro. Había recibido muchos golpes, y herido por fin con un mazo junto al cuello, tuvo que apoyarse en la muralla, quedándose mirando a los enemigos. Acudieron en esto los macedonios y, recogiéndole ya sin sentido, le llevaron a su tienda; y al principio en el ejército corrió la voz de que había muerto. Sacáronle, no sin gran dificultad y trabajo, el cabo de la saeta, que era de madera, con lo que pudo desatarse, aunque también a mucha costa, la coraza, descubriendo así la herida y hallando que la punta había quedado clavada en uno de los huesos, la cual se dice tenía tres dedos de ancho y cuatro de largo. Al sacársela tuvo desmayos, en los que creyeron se quedara; pero luego se restableció. Aunque había salido del peligro, quedó todavía muy débil, y tuvo que pasar bastante tiempo guardando dieta y medicinándose; mas habiendo un día sentido a la parte de fuera a los macedonios alborotados e inquietos por el deseo de verle, poniéndose una ropa salió adonde estaban. Sacrificó después a los dioses, y volviendo a embarcarse y dar la vela, sujetó nuevas regiones y muchas ciudades.

Vinieron a su poder diez de los filósofos gimnosofistas, aquellos que con sus persuasiones habían contribuido más a que Sabas se rebelase, y que mayores males habían causado a los macedonios. Como tuviesen fama de que eran muy hábiles en dar respuestas breves y concisas, les propuso ciertas preguntas oscuras, diciendo que primero daría la muerte al que más mal respondiese, y así después por orden a los demás, intimando al más anciano que juzgase. Preguntó al primero si eran más en su opinión los vivos o los muertos, y dijo que los vivos, porque los muertos ya no eran. Al segundo, cuál cría mayores bestias, la tierra o el mar, y dijo que la tierra, porque el mar hacía parte de ella. Al tercero, cuál es el animal más astuto, y respondió: aquel que el hombre no ha conocido todavía. Preguntado el cuarto con qué objeto había hecho que Sabas se rebelase, respondió: con el deseo de que viviera bien, o muriera malamente. Siendo preguntado el quinto cuál le parecía que había sido hecho primero, el día o la noche, respondió que el día precedió a ésta en un día, y añadió, viendo que el rey mostraba maravillarse, que siendo enigmáticas las preguntas, era preciso que también lo fuesen las respuestas. Mudando, pues, de método, preguntó al sexto cómo lograría ser uno el más amado entre los hombres, y respondió: si siendo el más poderoso, no se hiciese temer. De los demás, preguntado uno cómo podría cualquiera de hombre hacerse Dios, dijo: si hiciese cosas que al hombre es imposible hacer; y preguntado otro de la vida y la muerte cuál podía más, respondió que la vida, pues que podía soportar tantos males. Preguntado el último hasta cuánto le estaría bien al hombre el vivir, respondió: hasta que no tenga por mejor la muerte que la vida. Convirtióse entonces al juez mandándole que pronunciase, y diciendo éste que habían respondido a cuál peor, repuso Alejandro: "Pues tú morirás el primero, juzgando de esa manera"; a lo que le replicó: "No hay tal, oh rey, a no ser que tú te contradigas, habiendo dicho que moriría el primero el que peor hubiese respondido".

Dejó, pues, ir libres a éstos, habiéndoles hecho presentes; y a los que teniendo también nombradía vivían de por sí, envió a Onesícrito para que les dijera fueran a verle. Era Onesícrito filósofo de los de la escuela de Diógenes el Cínico, y dice que Galano le mandó con desdén y ceño que se quitara la túnica y escuchara desnudo sus lecciones, pues de otro modo no le dirigiría la palabra, aunque viniera de parte de Júpiter; pero que Dandamis le trató con más dulzura; y habiéndole oído hablar de Sócrates, Pitágoras y Diógenes, había dicho que le parecían hombres apreciables, aunque a su entender habían vivido con sobrada sumisión a las leyes. Otros son de opinión no haber dicho Dandamis más que esto: "¿Pues con qué motivo ha hecho Alejandro un viaje tan largo para venir aquí?"; y de Galano alcanzó Taxiles que fuera a ver a Alejandro. Su nombre era Esfines; pero como saludaba a los qué la hablaban en lengua india diciendo Calé, en lugar de Dios te guarde, los griegos le llamaron Galano. Dícese que se presentó a Alejandro este emblema y ejemplo del poder y la autoridad; que fue poner en el suelo una piel de buey seca y tostada, y pisando uno de los extremos, comprimida en aquel punto, se levantó por todas las demás partes; hizo lo mismo por todo alrededor y el suceso fue igual, hasta que puesto en medio la detuvo, y quedó llana y dócil; queriendo con esta imagen significar que el imperio debía ejercerse principalmente sobre el medio y centro del reino, y no haberse ido Alejandro a tanta distancia.

En Persia lo primero que ejecutó fue hacer a las mujeres el donativo de dinero, porque acostumbraban los reyes cuantas veces entraban en Persiadar una moneda de oro a cada una, por lo cual se dice que algunos iban allá pocas veces, y que Oco no hizo este viaje ni siquiera una, desterrándose por mezquindad de su patria. Descubrió al cabo de poco el sepulcro de Ciro, y hallando que había sido violado, dio muerte al que tal insulto había cometido, sin embargo de que era de los peleos, y no de los menos principales, llamado Polímaco. Habiendo leído la inscripción, mandó que se grabara en caracteres griegos, y era en esta forma: "Hombre, quienquiera que seas, y de dondequiera que vengas, porque de que has de venir estoy cierto, yo soy Ciro, que adquirí a los persas el imperio; no codicies, pues, esta poca tierra que cubre mi cuerpo". Cosa fue ésta que puso muy triste y pensativo a Alejandro, haciéndole reflexionar sobre aquel olvido y aquella mudanza. Allí Galano, habiendo sufrido algunos días una incomodidad de vientre, pidió que se le levantara una pira, y llevado a ella a caballo, hizo plegarias a los dioses y libaciones sobre sí mismo, ofreciendo a los macedonios que se hallaban presentes, y los exhortó a que aquel día lo pasaran alegremente y en la embriaguez con el rey, diciendo que a éste lo vería dentro de poco tiempo en Babilonia. Luego que así les hubo hablado se reclinó y se cubrió con la ropa, y no hizo el menor movimiento al llegarle el fuego, sino que manteniéndose en la misma postura en que se había recostado, se ofreció a sí mismo en víctima, según el rito patrio de los sofistas de aquel país. Esto mismo hizo muchos años después otro indio de la comitiva de César en Atenas, y hasta el día de hoy se muestra su sepulcro, que se llama el sepulcro del Indio.

Agolpábansele en tanto los prodigios, porque al león más grande y más hermoso de los que había criado, un asno doméstico le acometió y lo mató de una coz. Habiéndose desnudado para ungirse, se puso a jugar a la pelota; y los jóvenes que con él jugaban, al ir después a tomar la ropa, vieron sentado en el trono sin decir palabra a un hombre adornado con la diadema. y la estola regia. Púsosele en juicio y a cuestión de tormento para saber quién era, y por mucho tiempo estuvo sin articular nada; mas vuelto con dificultad en su acuerdo, dijo que se llamaba Dionisio y era natural de Mesena; que traído allí por mar con motivo de cierta causa y acusación, había estado en prisión mucho tiempo, y que muy poco antes se le había aparecido Serapis, le había quitado las prisiones, y conduciéndole a aquel sitio, le había mandado tomar la estola y la diadema, sentarse y callar.

Cuando esto oyó Alejandro, lo que es del hombre aquél dio fin, como los agoreros se lo proponían; pero decayó de ánimo y de esperanzas con respecto a los dioses, y empezó a tener a todos los amigos por sospechosos. Temía principalmente de parte de Antipatro y sus hijos, de los cuales Iolas era su primer escanciador y Casandro hacía poco que había llegado, y habiendo visto a unos bárbaros hacer el acto de adoración, como hombre que se había criado al estilo griego y nunca había visto cosa semejante, se echó a reír desmandadamente, de lo que Alejandro concibió grande enojo y asiéndole por los cabellos le dio de testeradas junto a la pared. En otra ocasión queriendo Casandro hablar contra unos que acusaban a Antipatro, le interrumpió, y "¿qué dices? —le preguntó—, ¿crees tú que hombres que no hubieran recibido ningún agravio habían de haber andado tan largo camino para calumniar?", y replicándole Casandro que esto mismo era señal de que calumniaban, tener tan lejos la redargución y el convencimiento, se echó a reír Alejandro, y "estos mismos son —le dijo— los sofismas de Aristóteles para argüir por uno y por otro extremo; tendréis que sentir, como se averigüe que les habéis agraviado en lo más mínimo". Dícese, por fin, que fue tal y tan indeleble el miedo que se infundió en el ánimo de Casandro, que largos años después, cuando ya reinaba en Macedonia y dominaba la Grecia, paseándose en Delfos y viendo las estatuas, al poner los ojos en la imagen de Alejandro se quedó repentinamente pasmado, y se le estremeció todo el cuerpo, de tal manera que con dificultad pudo recobrarse del susto que aquella vista le causó.

Luego que Alejandro cedió a los temores religiosos, quedó con la mente perturbada de terror y espanto, y no había cosa tan pequeña, como fuese desusada y extraña, de que no hiciese una señal y un prodigio, con lo que el palacio estaba siempre lleno de sacerdotes, de expiadores y de adivinos. Si es, pues, abominable cosa la incredulidad y menosprecio en las cosas divinas, es también abominable por otra parte la superstición que como el agua se va siempre a lo más bajo y abatido, y llena el ánimo de incertidumbre y de miedo, como entonces el de Alejandro. Mas, sin embargo, habiéndosele traído ciertos oráculos de parte del Dios acerca de Hefestión, poniendo término al duelo, volvió de nuevo a los sacrificios y los banquetes. Dio, pues, un gran convite a Nearco, y habiéndose bañado ya, como lo tenía de costumbre, para irse a acostar, a petición de Medio marchó a su casa a continuar la cena; y habiendo pasado allí en beber el día siguiente, empezó a sentirse con calentura, no al apurar el vaso de Hércules, ni dándole repentinamente un gran dolor en los lomos, como si lo hubieran pasado con una lanza, porque éstas son circunstancias que creyeron algunos deber añadir inventando este desenlace trágico y patético, como si fuera el de un verdadero drama. Aristóbulo dice sencillamente que le dio una fiebre ardiente con delirio, y que teniendo una gran sed, bebió vino, de lo que le resultó ponerse frenético y morir en el día 30 del mes Daisio.

En el diario se hallan así descritos los trámites de la enfermedad: en el día 18 del mes Daisio se acostó en el cuarto del baño por estar con calentura. Al día siguiente, después de haberse bañado, se trasladó a su cámara y lo pasó jugando a las tablas con Medio. Bañóse a la tarde otra vez, sacrificó a los dioses, y habiendo cenado, tuvo de nuevo calentura aquella noche. El 20 se bañó e hizo también el acostumbrado sacrificio, y habiéndose acostado en la habitación del baño, se dedicó a oír a Nearco la relación que le hizo de su navegación y del grande Océano. El 21 ejecutó lo mismo que el anterior, y habiéndose enardecido más, pasó mala noche, y al día siguiente fue violenta la calentura. Trasladóse a la gran pieza del nadadero, donde se puso en cama, y trató con los generales acerca del mando de los regimientos vacantes, para que los proveyeran, haciendo cuidadosa elección. El 24, habiéndose arreciado más la fiebre, hizo sacrificio, llevado al efecto al altar, y de los generales y caudillos mandó que los principales se quedaran en su cámara, y que los comandantes y capitanes durmieran a la parte de afuera. Llevósele al traspalacio, donde el 25 durmió algún rato; pero la fiebre no se remitió. Entraron los generales, y estuvo aquel día sin habla, y también el 26; de cuyas resultas les pareció a los macedonios que había muerto, y dirigiéndose al palacio gritaban y hacían amenazas a los más favorecidos de Alejandro, hasta que al fin les obligaron a abrirles las puertas; y abiertas que les fueron, llegaron de uno en uno en ropilla hasta la cama. En aquel mismo día, Pitón y Seleuco, enviados a consultar a Serapis, le preguntaron si llevarían de allí a Alejandro, y el Dios les respondió que lo dejarán donde estaba; y el 28 por la tarde murió.

Las más de estas cosas se hallan así escritas al pie de la letra en el diario; y de que se le hubiese envenenado nadie tuvo sospecha por lo pronto, diciéndose solamente que habiéndosele hecho una delación a Olimpia a los ocho años, dio muerte a muchos, y que aventó las cenizas de Iolas, entonces ya muerto, por haber sido el que le propinó el veneno. Los que dicen que Aristóteles fue quien aconsejó esta acción a Antipatro, y que también proporcionó el veneno, designan a un tal Agnotemis como divulgador de esta noticia, habiéndosela oído referir al rey Antígono, y que el veneno fue una agua fría y helada que destilaba de una piedra cerca de Nonacris, la que recogían como rocío muy tenue, reservándola en un vaso de casco de asno, pues ningunos otros podían contenerla, sino que los hacía saltar por su nimia frialdad y aspereza. Pero los más creen que ésta relación del veneno fue una pura invención, teniendo para ello el poderoso fundamento de que habiendo altercado entre sí los generales por muchos días, sin haberse cuidado de dar sepultura al cuerpo, que permaneció expuesto en sitio caliente y no ventilado, ninguna señal tuvo de semejante modo de destrucción, sino que se conservó sin la menor mancha y fresco. Quedó Rojana encinta, por lo que los macedonios la trataban con el mayor honor, y ella, como se hallaba envidiosa de Estatira, la engañó por medio de una carta fingida con el objeto de hacerla venir; y llegado que hubo, le quitó la vida y también a la hermana; y los cadáveres los arrojó a un pozo, y después lo cegó; siendo sabedor de ello Pérdicas, y cómplice y auxiliador. Porque ésté alcanzó desde luego gran poder, llevando consigo a Arrideo, como un depositario y guarda de la autoridad real, pues que había sido tenido en Filina, mujer de baja estirpe y pública, y no tenía cabal el juicio por enfermedad no natural o que le hubiese venido por sí sin causa, sino que habiendo manifestado, según dicen, una índole agradable y buena disposición siendo todavía niño, después Olimpia le hizo enfermar con hierbas y le perturbó la razón.

Biografía:

Alejandro III el Magno (356-323 a.C.), rey de Macedonia (336-323 a.C.), conquistador del Imperio persa, y uno de los líderes militares más importantes del mundo antiguo.

Las primeras conquistas

Alejandro nació en Pela, la antigua capital de Macedonia; era hijo de Filipo II, rey de Macedonia, y de Olimpia, princesa de Epiro. Aristóteles fue su tutor, enseñándole retórica y literatura, y estimuló su interés por la ciencia, la medicina y la filosofía. En el verano del año 336 a.C. Filipo fue asesinado y Alejandro ascendió al trono de Macedonia. Se encontró rodeado de enemigos y se vio amenazado por una rebelión en el extranjero. Alejandro ordenó la ejecución de todos los conspiradores y enemigos nacionales. Marchó sobre Tesalia, donde los partidarios de la independencia habían obtenido el control, y restauró el dominio macedónico. Hacia finales del verano del 336 a.C. había restablecido su posición en Grecia y un congreso de estados en Corinto lo eligió comandante del Ejército griego para la guerra contra Persia. En el 335 a.C. dirigió una campaña brillante contra los rebeldes tracios cerca del río Danubio. A su regreso a Macedonia, reprimió en una sola semana a los hostiles ilirios y dardanelos cerca del lago Pequeño Prespa y después se dirigió hacia Tebas, que se había sublevado. Tomó la ciudad por asalto y arrasó sus edificios, respetando sólo los templos y la casa del poeta lírico Píndaro, esclavizando a unos treinta mil habitantes capturados. La rapidez de Alejandro en reprimir la sublevación de Tebas facilitó la inmediata sumisión de los otros estados griegos.

La creación de un imperio

Alejandro comenzó su guerra contra Persia la primavera del 334 a.C. al cruzar el Helesponto (actualmente Dardanelos) con un ejército de unos 365.000 hombres de Macedonia y de toda Grecia; sus oficiales jefes eran todos macedonios, incluidos Antígono (más tarde Antígono Monoftalmos), Tolomeo (más tarde Tolomeo I) y Seleuco (más tarde Seleuco I). En el río Gránico, cerca de la antigua ciudad de Troya (en la actual Turquía), atacó a un ejército de 40.000 persas y griegos hoplitas (mercenarios). Sus fuerzas derrotaron al enemigo y, según la tradición, sólo perdió 110 hombres; después de esta batalla, toda Asia se rindió. Al parecer, en su camino a través de Frigia cortó con su espada el nudo gordiano. Continuó avanzando hacia el sur y se encontró con el ejército principal persa, bajo el mando de Darío III, en Isos, en el noroeste de Siria. Según la tradición, el ejército de Darío se estimaba en 500.000 soldados, cifra que hoy es considerada exagerada. La batalla de Isos, en el año 333 a.C., terminó con una gran victoria de Alejandro. Aunque cortó la retirada, Darío huyó, abandonando a su madre, esposa e hijos a Alejandro, quien les trató con respeto debido a su condición de familia real. Tiro, un puerto marítimo muy fortificado, ofreció una resistencia obstinada, pero Alejandro lo tomó por asalto en el 332 a.C. después de un asedio de siete meses. Seguidamente, Alejandro capturó Gaza y después pasó a Egipto, donde fue recibido como libertador. Estos acontecimientos facilitaron el control de toda la línea costera del Mediterráneo. Más tarde, en el 332 a.C., fundó en la desembocadura del río Nilo la ciudad de Alejandría, que se convirtió en el centro literario, científico y comercial del mundo griego. Cirene, la capital del antiguo reino de Cirenaica, en el norte de África, se rindió a Alejandro en el 331 a.C., extendiendo sus dominios a todo el territorio de Cartago.

En la primavera del 331 a.C. Alejandro hizo una peregrinación al gran templo y oráculo de Amón-Ra, el dios egipcio del Sol a quien los griegos identificaron con Zeus. Se creía que los primeros faraones egipcios eran hijos de Amón-Ra, y Alejandro, el nuevo dirigente de Egipto, quería que el dios le reconociera como su hijo. La peregrinación tuvo éxito, y quizá confirmara la creencia de Alejandro en su propio origen divino. Dirigiéndose de nuevo hacia el norte, reorganizó sus fuerzas en Tiro y salió hacia Babilonia con un ejército de 40.000 infantes y 7.000 jinetes. Cruzó los ríos Éufrates y Tigris y se encontró con Darío al frente del ejército persa, el cual, según informes exagerados, llevaba un millón de hombres, cantidad que no impidió que sufriera una derrota devastadora en la batalla de Arbelas (o Gaugamela) el 1 de octubre del 331 a.C. Darío huyó al igual que hizo en Isos y un año más tarde fue asesinado por uno de sus propios colaboradores. Babilonia se rindió después de Gaugamela, y la ciudad de Susa, con sus enormes tesoros, fue igualmente conquistada. Más tarde, hacia mitad del invierno, se dirigió a Persépolis, la capital de Persia. Después de robar los tesoros reales y apropiarse de un rico botín, quemó la ciudad, lo cual completó la destrucción del antiguo Imperio persa. El dominio de Alejandro se extendía a lo largo y ancho de la orilla sur del mar Caspio, incluyendo las actuales Afganistán y Beluchistán, y hacia el norte a Bactriana y Sogdiana, el actual Turkestán ruso, también conocido como Asia central. Sólo le llevó tres años, desde la primavera del 330 a.C. hasta la primavera del 327 a.C., dominar esta vasta zona.

Para completar la conquista del resto del Imperio persa, que en tiempos había incluido parte de la India occidental, Alejandro cruzó el río Indo en el 326 a.C. e invadió el Punjab, alcanzando el río Hifasis (actual Bias); en este punto los macedonios se rebelaron, negándose a continuar. Entonces Alejandro construyó una flota y bajó navegando el Hidaspo (llamado Hydaspes por los griegos, donde derrotó al dirigente indio Poros en el 326 a.C.) hacia el Indo, alcanzando su delta en septiembre del 325 a.C. La flota continuó hacia el golfo Pérsico. Con su ejército, Alejandro cruzó el desierto de Susa en el 324 a.C. La escasez de comida y agua durante la marcha había causado varias pérdidas y desacuerdos entre sus tropas. Alejandro pasó aproximadamente un año organizando sus dominios e inspeccionando territorios del golfo Pérsico donde conseguir nuevas conquistas. Llegó a Babilonia en la primavera del 323 a.C., pero en junio contrajo fiebres y murió. Dejó su Imperio, según sus propias palabras, "a los más fuertes" este ambiguo testamento provocó terribles luchas internas durante medio siglo.

El legado de Alejandro

Alejandro fue uno de los mayores conquistadores de la historia, destacó por su brillantez táctica y por la velocidad con la que cruzó grandes extensiones de terreno. Aunque fue valiente y generoso, supo ser cruel y despiadado cuando la situación política lo requería, aunque cometió algunos actos de los que luego se arrepintió, caso del asesinato de su amigo Clito en un momento de embriaguez. Como político y dirigente tuvo planes grandiosos; según muchos historiadores abrigó el proyecto de unificar Oriente y Occidente en un imperio mundial, una nueva e ilustrada hermandad mundial de todos los hombres. Hizo que unos 30.000 jóvenes persas fueran educados en el habla griega y en tácticas militares macedónicas y les alistó en su Ejército. Él mismo adoptó costumbres persas y se casó con mujeres orientales: con Estatira (o Stateira; que murió hacia el 323 a.C.), la hija mayor de Darío III, y con Roxana (que murió hacia el 311 a.C.), hija del sátrapa de Bactriana Oxiartes; además animó y sobornó a sus oficiales para que tomaran esposas persas. Poco después murió. Alejandro ordenó que las ciudades griegas le adoraran como a un dios. Aunque probablemente dio la orden por razones políticas, según su propia opinión y la de sus contemporáneos, se le consideraba de origen divino. Tras su muerte, la orden fue en gran parte anulada.

Para unificar sus conquistas, Alejandro fundó varias ciudades a lo largo de su marcha, muchas se llamaron Alejandría en honor a su persona; estas ciudades estaban bien situadas, bien pavimentadas y contaban con buenos suministros de agua. Eran autónomas pero sujetas a los edictos del rey. Los veteranos griegos de su Ejército al igual que soldados jóvenes, negociantes, comerciantes y eruditos se instalaron en ellas y se introdujo la cultura y la lengua griega. Así, Alejandro extendió ampliamente la influencia de la civilización griega y preparó el camino para los reinos del periodo helenístico y la posterior expansión de Roma.