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Terrae Antiqvae

Abierto al público el yacimiento romano de Forua, el más grande de Bizkaia

Abierto al público el yacimiento romano de Forua, el más grande de Bizkaia

Foto: EN EL TAJO. Arqueólogos trabajan en el edificio de almacenes y talleres de 560 metros cuadrados descubierto en Forua. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ

La Diputación Foral de Bizkaia lo ha presentado hoy públicamente tras 22 años de excavaciones.

La localidad de Forua posee el yacimiento romano más grande de Bizkaia (60.000 metros cuadrados) y el mejor conservado de toda la cornisa Cantábrica. Precisamente, desde hoy se puede contemplar en su totalidad.

Las excavaciones arqueológicas comenzaron hace 22 años y todavía hoy continúan. Cada día diez arqueólogos, azada en mano, van limpiando el terreno, sacando a la luz las piedras, vestigio de una civilización anterior.

El yacimiento estuvo ocupado entre los siglos I y V después de Cristo y hasta la fecha, se han localizado hasta nueve estructuras romanas diferentes que denotan diferentes fases dentro del período romano.

Enclave ideal

Las excavaciones han descubierto en Forua un asentamiento romanizado y latinizado, cuyas actividades económicas alternaron los usos propios de un poblado agropecuario con la explotación de la metalurgia del hierro -se han encontrado varios talleres y hornos- y la práctica del comercio.

En suma, Forua vendría a unirse a la nómina de pequeños puertos de la costa Cantábrica cuya vocación marítima queda patente en su misma ubicación en la margen izquierda de la ría Urdaibai, además de ser un punto de encuentro comercial con el interior peninsular.

A través de su puerto, con el que comercia con los núcleos romanos del Cantábrico y la costa de Aquitania, exportaría productos como el hierro local y los excedentes agropecuarios, para importar otros procedentes de los activos centros del Arco Atlántico.

Forua es el ejemplo mejor conocido de una serie de asentamientos surgidos en la franja costera de Euskadi en torno a esas fechas. Su análisis permitirá crear un modelo de estudio aplicable a otros como Portuondo (Mundaka-Sukarrieta), Bermeo o Lekeitio, que formarían parte del mismo fenómeno.

Darlo a conocer

El Departamento foral de Cultura quiere que toda la ciudadanía conozca el yacimiento. Así, se han colocado estructuras informativas y habrá visitas guiadas para escolares.

Fuente: © EITB24 – 2005 Canal Vasco de noticias e información, 10 de noviembre de 2005
Enlace: http://www.eitb24.com/noticia_es.php?id=103816


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(2) Forua, puerto comercial de Roma

Las excavaciones revelan que el asentamiento vizcaíno fue uno de los más importantes fundados por el Imperio en la costa vasca para garantizar la comunicación marítima.

En la colina de Elejalde, a orillas de la ría de Urdaibai y en lo que hoy es Forua, había en el siglo I un puerto y un poblado romanos. Lo que el Imperio denominaba un ’forum’, «un asentamiento dedicado al intercambio comercial que servía para ordenar al elemento indígena», explica Mikel Unzueta, arqueólogo de la Diputación de Vizcaya. Desde el lugar, se veía el castro de Kosnoaga, situado en lo alto de otra colina. «Dejó de estar habitado cuando se fundó el enclave romano», indica Ana Martínez Salcedo, la arqueóloga que descubrió el yacimiento de Forua hace ya veintitrés años.

Las excavaciones han desenterrado cerca de Gernika el yacimiento romano más importante de Vizcaya y el mejor conservado de todo el Cantábrico oriental. El poblado estuvo ocupado entre los siglos I y V, y sus restos se extienden en la actualidad por unos 60.000 metros cuadrados que cuentan con una protección especial. «Hemos encontrado nueve estructuras; pero sabemos, gracias a sondeos, que hay al menos otras tantas en las fincas próximas», dice Unzueta, al tiempo que señala los muros que rodean los 10.000 metros cuadrados adquiridos ya por la institución foral y en los que trabajan los investigadores. Del asentamiento original, de unos 120.000 metros cuadrados, sólo ha llegado hasta nuestros días la mitad, debido a las labores agrícolas y a la edificación de la zona. Aún así, Forua es el mejor ejemplo de una serie de enclaves fundados por los romanos en la costa vasca en el siglo I.

Polibio circunnavega la Península en el siglo II aC y el Imperio emprende la conquista del litoral cantábrico hacia 29 aC. El objetivo es estratégico: controlar la franja costera para garantizar el tráfico marítimo y terrestre entre el mundo mediterráneo y el atlántico, además de ofrecer una salida al mar a los productos de la mitad norte de la Meseta. Las guerras cantábricas duran diez años por la belicosidad de astures y cántabros -las tribus indígenas de lo que es el País Vasco apenas oponen resistencia-, y acaban en 19 aC con la región integrada en el Imperio, desde Oiasso (Irún) hasta Brigantium (La Coruña).

Los romanos llegan a Forua hacia 41, con Claudio en el poder, y administran el territorio alrededor del nuevo enclave comercial. En la misma época, establecen los puertos de Portuondo (Mundaka-Sukarrieta), Bermeo y Lekeitio para la navegación de cabotaje. Un ’forum’ solía recibir su denominación a partir del nombre del emperador, el grupo indígena o su actividad principal. Así, ’Forum Augustus’ se llamaba así por haber sido creado en época del emperador Augusto; ’Forum Limicorum’ -el actual Xinzo de Limia-, porque hacía referencia a los límicos, la tribu gallega romanizada en ese asentamiento; y ’Forum Lignorum’ sería un enclave de leñadores. «En el caso de Forua, el topónimo actual deriva de la palabra latina ’forum’ (plaza pública, mercado). Tenemos el nombre, pero no conocemos el apellido», dice Martínez Salcedo.

Las estructuras desenterradas apuntan a un asentamiento que no sigue ningún tipo de planificación urbana y en el que la actividad metalúrgica tiene gran peso. Las ruinas se encuentran en la ladera sur de la colina de Elejalde y corresponden a talleres con hornos para la transformación del hierro y almacenes vinculados a un puerto fluvial que aprovecharía un meandro de la ría hoy inexistente. «El poblado en sí estuvo posiblemente situado en lo alto de la colina, donde se encuentra la iglesia», indica Unzueta. De los edificios que hubo alguna vez en la zona más alta, no queda nada. Los de la zona baja tuvieron diferentes usos entre el siglo I y el V.

Ascenso y declive

Los arqueólogos no pueden saber cuánta gente llegó a vivir en el lugar, pero de lo que están casi seguros es de que, aunque sólo hayan excavado el 20% del poblado, no hay que esperar hallazgos de piezas valiosas en sí, de mosaicos y frescos. «Este yacimiento es extenso; pero pobre. Aquí residen pequeños propietarios que viven del comercio y que no tienen dinero ni para grandes villas ni para objetos de lujo», sentencia el arqueólogo de la Diputación. Este foro, delimitado por una cerca defensiva, ofrece para el comercio productos agropecuarios, mármol de Ereño, hierro, herramientas de hierro, madera y todo aquello necesario para el tráfico marítimo, desde víveres hasta repuestos. Las mercancías son transportadas en embarcaciones de fondo plano hasta Portuondo o Bermeo, donde se traspasan a barcos de carga que navegan por un Cantábrico vigilado por la flota militar imperial.

El poblamiento de Forua coincide en el tiempo con el despoblamiento del castro de Kosnoaga. Es lo mismo que sucede en otros puntos de la cornisa cantábrica donde la llegada de los romanos conlleva un traslado de la población indígena desde sus poblados en altura, en los que se dedican al pastoreo, a los nuevos asentamientos fundados por los invasores, como San Sebastián y Castro Urdiales. Si los aborígenes son hostiles, así se impide que se subleven; si son aliados, no tiene para ellos sentido vivir en lo alto del monte cuando Roma garantiza la ’pax’ y pueden mudarse al valle.

«Hay muchos foros que con el tiempo derivan en ciudades; pero éste no es el caso de Forua, ni por población ni por recursos», explica Martínez Salcedo, cuyo equipo ha acabado este año de delimitar la llamada estructura 7. El edificio, de unos 560 metros cuadrados y que parece ser un conjunto de talleres y almacenes ordenados alrededor de un patio, es el más grande de época romana descubierto en el norte peninsular.

El asentamiento de Forua vive su época dorada en el siglo II -acoge entonces una guarnición de la legión en un cuartel cercano al puerto- y entra en decadencia en el siglo IV. La inestabilidad política y social, unida a la caída de actividad en la ruta marítima del Cantábrico, hace que, a partir de ese momento, la población abandone el poblado y se refugie en cuevas próximas como Peña Forua, Aurtenetxe, Goikolau, Santimamiñe El Imperio desaparecerá. Sólo quedarán en Forua los restos de lo que fue -ruinas de edificios, fragmentos de cerámica y de vidrio, monedas, útiles de metal...- y un nombre que ha llegado hasta nosotros.

«El transporte en barco es cien veces más barato»

«El transporte en barco es cien veces más barato que el terrestre». Esta frase de Mikel Unzueta resume el interés de los romanos por dominar la franja costera cantábrica. La gran potencia de hace dos milenios estaba centrada en el Mediterráneo; pero se había extendido hasta el norte de Europa. Comunicar ambos mundos por rutas terrestres era más caro e inseguro que hacerlo por mar, que a su vez exigía el control de todo el litoral.

El aprovisionamiento de las tropas destinadas en las fronteras del Imperio y el transporte comercial salpican la costa cantábrica de puertos. «Los primeros contactos de los indígenas con los romanos se dan en la costa hacia el cambio de era y están íntimamente ligados con el comercio marítimo y la navegación de cabotaje», explica Ana Martínez Salcedo. Esta arqueóloga y Unzueta, a quienes puso tras la pista del yacimiento de Forua el historiador Antonio Rodríguez Colmenero, empezaron a excavar en el lugar con el apoyo del prehistoriador vizcaíno Juan María Apellániz en 1982. Siete años después, asumió el proyecto la Diputación.

En el País Vasco, se han encontrado restos de un gran puerto en Oiasso (Irún), y de otros más pequeños en Cabo Higer, San Sebastián, Zarautz, Getaria, Mutriku, Lekeitio, Forua, Portuondo (Mundaka-Sukarrieta), Bermeo, Plentzia, Bilbao, Ansio Ugarte y Santurtzi-Portugalete. Estos asentamientos servían de escalas para el transporte marítimo y, al mismo tiempo, de salida para los productos de la zona y del norte de la Meseta, y de entrada para otros importados.

Paralelamente al nacimiento de los enclaves costeros de nueva fundación, mueren los castros, los poblados indígenas situados en lo alto de colinas. Sus habitantes bajan al valle fluvial y a la costa, y se integran en los nuevos centros urbanos creados por los romanos para gestionar esta parte del Imperio.

Abierto al público

La Diputación de Vizcaya presentó ayer a la prensa el yacimiento romano de Forua veintitrés años después de su descubrimiento y en plena campaña de excavación. La institución foral, que financia las excavaciones desde 1989, abrirá el lugar a las visitas de colegios en la próxima primavera.

«El reto es dar a conocer a la opinión pública lo que hasta ahora únicamente conoce la comunidad científica», dijo ayer Belén Greaves. La diputada de Cultura asegura que los visitantes podrán ver no sólo los restos sobre el terreno, sino también «cómo trabajan los arqueólogos».

Fuente: LUIS ALFONSO GÁMEZ/FORUA / © Copyright EL CORREO DIGITAL, 10 de noviembre de 2005
Enlace: http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/pg051110/
prensa/noticias/Sociedad/200511/10/VIZ-SOC-056.html


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*** Vías y comercio en Euskal Herria en época romana

Por Eliseo Gil, Idoia Filloy

Contrariamente a una cierta imagen mental muy extendida, Euskal Herria ha contado con un muy razonable sistema de comunicaciones en la Antigüedad. En esta ocasión vamos a centrar nuestra atención en una de las implicaciones de estas primeras redes viarias. Nos referimos al comercio, al tránsito de mercancias cuyo rastro inequívoco puede conocerse a través de la investigación arqueológica.

En primer lugar vamos a acotar el ámbito cronológico escogido, hablamos de la etapa romana que, convencionalmente, -y para lo que ahora nos ocupa- situaremos entre el siglo primero antes de Cristo y el quinto después.

No existía una única motivación para el trazado de las vías, si en un primer momento obedecieron fundamentalmente a las necesidades del proceso de conquista, tempranamente comenzaron a tomar peso específico las cuestiones relacionadas con la explotación del territorio. De la misma manera no pensemos en un único trazado homologado e inalterable. A lo largo de los mencionados 600 años hubo una paulatina incorporación de trazados secundarios, haciendo más densa la red de comunicaciones.

Lógicamente no todos los caminos eran lo que imaginamos como calzadas, sino que se parecerían más a nuestras pistas agrícolas. Ahora bien, junto a las principales ciudades su aspecto sería más monumental, un nivel al que contribuían las grandes obras públicas, como los puentes. Algunos de ellos aún dan carácter a nuestro paisaje -como los restos del otrora imponente Puente de Mantible, en la Rioja Alavesa-. Tampoco todas las vías eran terrestres, hay que decir que en época romana era mucho más barato el transporte marítimo, y desde luego para nuestro País tuvo una importancia fundamental la así denominada como via maris, complementando a las comunicaciones convencionales.

Comenzando de Sur a Norte, Euskal Herria contaba con los siguientes ejes viarios. En primer lugar estaba la citada via maris, una ruta de cabotaje que unía los puertos de la fachada atlántica. Como puntos extremos tendríamos al Oeste la ciudad de Flaviobriga (Castro Urdiales) y al Este el puerto comercial de Oiasson (Irun). La investigación va rellenando los vacíos entre ambos y ahora disponemos ya de notables datos sobre enclaves de estos momentos, como Lekeitio u Ondarribia. Este sistema de comunicaciones del arco atlántico no puede entenderse sin un contexto más amplio en el que se integrarían ciudades tan importantes como Gijón o la aquitana Burdigala (Bordeaux). Aproximadamente por el centro del terrritorio discurría la principal vía terrestre de comunicaciones: la Astorga- Burdeos, que contaba como puntos extremos con la ciudad de Asturica Augusta (Astorga) -a su vez nudo de comunicaciones como cabecera de la "ruta de la plata", que ascendía desde el Sur peninsular- y con la citada Burdigala. Al interior de Euskal Herria unía localidades como Deobriga, Veleia, Suestatium, Tullonio, Alba, Araceli, Alantone, Pompaelo, Iturissa, Summus Pyrenaeus o Imus Pyrenaeus. Entre ellas es obligado destacar las pujantes ciudades de Veleia (Iruña de Oca, Álava) o Pompaelo (Iruñea/Pamplona). Aún más al Sur discurría tangencialmente la vía del Valle del Ebro, que enlazaba notorios núcleos urbanos como Calagurris (Calahorra) o Gracchurris (Alfaro). Además de estos trazados mayores Este -Oeste se contaba con una serie de rutas Norte-Sur, que garantizaban la articulación del territorio, nos referimos -por ejemplo- a vías como las que unían Flaviobriga con Deobriga, pasando por enclaves tan destacables como el de Las Ermitas (Espejo, Álava), o la que llevaba de Oiasson a Pompaelo.

Hagamos ahora un repaso a lo que circulaba por todas esas vías. Primeramente, ¿qué se producía en nuestro País? Fundamentalmente productos agropecuarios. Recordemos que, según los recientes estudios sobre paleobotánica, al menos desde el primer milenio antes de Cristo la zona mediterránea de Euskal Herria destacaba por su producción cerealística. También hay que reseñar la explotación de los metales de la vertientecantábrica -hierro, galena, plata, etc.- Del mismo modo se utilizó la caliza decorativa conocida como "mármol" de Ereño o "rojo Bilbao", profusamente explotado en época romana, fundamentalmente como aplacado decorativo para los edificios de buen porte. Un claro testimonio de ello lo tenemos en la ciudad de Veleia (Iruña de Oca, Álava), donde abunda el Ereño utilizado como revestimiento, para cornisas, para molduras e incluso como soporte epigráfico.

Los grandes centros productores de manufacturas quedaban fuera de nuestro ámbito, aunque contamos con algunas factorías especializadas. Una decidida vocación metalúrgica puede establecerse para los asentamientos de Forua (Gernika) o Aloria (Orduña/Arrastaria), mientras que en Guethary (Laburdi) se localizaron las instalaciones de una factoría de salazones.

En la categoría de centros receptores de mercancías destacarían los enclaves portuarios, como el citado de Oiasson (Irun) si bien lo que se conoce de él, por el momento, se remite en exclusiva a época altoimperial.

La última categoría corresponde a los centros de consumo, en los que a su vez tenemos todo un panorama: desde enclaves rurales a ciudades, siendo éstas los centros consumidores por excelencia, sin olvidar que además las grandes ciudades ejercen un papel de redistribución de mercancías en su ámbito de influencia. Es decir, se trata de aquellos lugares donde mayor potencial encontramos para la investigación y para la reconstrucción histórica y de la vida cotidiana de estos momentos.

Finalmente nos falta saber qué era lo que llegaba hasta los distintos enclaves de Euskal Herria. La respuesta es simple, aunque difícil de explicar en breves líneas. Se recibía prácticamente la totalidad de las manufacturas que se producían a lo largo del Imperio. Es obligado referirse a las producciones cerámicas, uno de los materiales más abundantes en nuestros yacimientos arqueológicos y que tantas precisiones nos permiten a la hora de establecer no sólo circuitos comerciales, sino fechaciones precisas, hábitos culinarios, etc. En nuestros museos se custodian centenares de miles de fragmentos cerámicos procedentes de los distintos lugares de habitación: ingentes cantidades de vajilla fina de mesa -la sigillata-, producida en los vecinos talleres del área de Tritium Magallum (Tricio, La Rioja), y en menor medida en los alfares itálicos o en los gálicos de Montans o La Graufesenque; vajilla de cocina regional del valle del Ebro, pero también proveniente de los alfares africanos e itálicos; recipientes de vidrio regionales e italianos. A lo largo de la historia del Imperio otros centros productores toman el relevo y se reestructuran los mercados. Las sigillatas se producen ahora en el entorno del Najerilla y el norte de Burgos, pero también se importan desde África, las Galias e incluso desde Asia menor. Así mismo llegan recipientes de vidrio desde África y desde la zona renana.

Todo un panorama para una zona tradicionalmente considerada autárquica y cerrada.

Para saber más: Isturitz 8 y 9 "1er. Coloquio Internacional sobre la romanización en Euskal Herria", Ed. Eusko Ikaskuntza.

El próximo 2º Coloquio que se celebrará en el año 2000 plantea además como tema monográfico "El artesanado en la Antigüedad. Producción, distribución y consumo".

Resulta totalmente recomendable la visita a museos de Arqueología de Álava (Vitoria-Gasteiz), Museo de Navarra (Iruñea/Pamplona) o Museo de Aquitania (Bordeaux).


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Eliseo Gil Zubillaga es vicepresidente del Instituto Alavés de Arqueología

Idoia Filloy Nieva participa en el programa de investigación sobre el yacimiento de Iruña/Veleia (Iruña de Oca)

Fuente: http://www.euskonews.com/0037zbk/gaia3705es.html


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Un pueblo que aún fascina a los arqueólogos tras 23 años de estudios y descubrimientos

Forua alberga uno de los yacimientos romanos más grande y mejor conservado del cantábrico oriental

El sorprendente hallazgo en el subsuelo de la iglesia de Forua es el último de una larga lista de descubrimientos que fascina desde hace 23 años a los arqueólogos. Los expertos sienten predilección por este pequeño pueblo rural de apenas 980 habitantes, pero cuyas entrañas custodian aún un sinfín de secretos. Enigmas que están casi siempre relacionados con el mundo romano. Y es que el enclave alberga uno de los yacimientos de aquel imperio más grandes del norte de España y, sin duda, el mejor conservado del cantábrico oriental.

Ana Martínez Salcedo, la directora del grupo de expertos que ha actuado en la iglesia de San Martín, es también la impulsora de los estudios que la Diputación ha desarrollado durante más de dos décadas en la zona. La institución foral, que ya es propietaria de 10.000 metros cuadrados de terreno, confía en seguir sacando a la luz poco a poco, despacio, pero sin pausa, nuevos elementos del fascinante pasado de Forua.

Por el momento, si se confirma que las tumbas más antiguas halladas en el templo pertenecen a la época bajoimperial romana (siglo IV), los expertos tendrán quizás nuevos elementos para reconstruir el final de la presencia romana en la ría de Urdaibai y el porqué de su decadencia.

Templo romano

Asimismo, todo parece indicar que la iglesia de San Martín se levantó sobre los cimientos de un antiguo lugar de culto o un edificio romano. Por ello, es posible que puedan aparecer nuevos restos en los alrededores de la robusta construcción.

El Imperio se asentó en Forua hacia mediados del siglo I. La protección que brindaban las marismas frente al enemigo y el mar hacían del enclave un buen emplazamiento para construir un puerto. Además, los romanos comenzaron a apreciar pronto algunas de las materias primas que aún hoy abundan en la zona: el extraordinario mármol de Ereño, la pesca y el hierro.

Todo se cargaba en barcazas, que eran arrastradas por la corriente hacia la desembocadura, donde aguardaban los barcos de la flota imperial. El comercio fue intenso, sobre todo durante la época dorada del asentamiento, en el siglo II. El pueblo acogió entonces una guarnición de la legión romana, acantonada en un cuartel cerca del puerto.

Los estudios sobre este pasado imperial aún continúan y durarán todavía muchos años más. Con todo, hay quien piensa que el yacimiento impide el crecimiento urbanístico del municipio. La valla del poblado ha sido dos veces derribada en poco más de tres meses.

Fuente: JOSU GARCÍA/GERNIKA / El Correo Digital, 3 de abril de 2006
Enlace: http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/pg060403/
prensa/noticias/Sociedad/200604/03/VIZ-SUBARTICLE-040.html

Hallan en el subsuelo de la iglesia de Forua una de las necrópolis más importantes de Vizcaya

Los arqueólogos encuentran un centenar de tumbas que datan desde la época romana hasta el siglo XIX Unas obras en el templo dieron pie al descubrimiento


HISTORIA DE LA IGLESIA

Nombre: San Martín de Forua.

Localización: Barrio de Elexalde.

Orígenes: la iglesia fue fundada entre finales del siglo XI y principios del XII, según los estudios realizados en 1795 por el historiador Juan Ramón Iturriza.

Motivo: el templo fue erigido durante el papado de Urbano II por los señores de la zona para no tener que ir a oír misa a otras localidades más alejadas.

Sucesivas reformas: el edificio original era muy modesto y fue sometido a diversas reformas a lo largo de los tiempos.

Siglo XVI: se acomete su ampliación y se le dota de un estilo gótico-renacentista, muy típico de los canteros vizcaínos de la época.

Unificación social: curiosamente, la iglesia adopta una forma de salón casi cuadrado, es decir, las tres naves permanecen a la misma altura, sólo separadas por columnas. Con ello se consigue que todos los fieles vean el altar por igual (igualdad de lege).
Hallazgo sorprendente: en el siglo XVIII se encuentra un ara romana (piedra para sacrificios) que es reconvertida en pila bautismal.

Siglo XVIII: se llevan a cabo numerosas reformas que desembocarán en el aspecto que actualmente tiene la iglesia de San Martín. También se encargan numerosas tallas.

El pequeño pueblo de Forua sigue siendo una gran caja de sorpresas para los arqueólogos vizcaínos. El subsuelo de esta localidad limítrofe con Gernika esconde una riqueza histórica que, poco a poco, va viendo la luz. Los nuevos descubrimientos ayudan a conocer y comprender una parte de lo que fue el pasado del territorio y los habitantes que lo poblaron. El hallazgo más reciente ha tenido lugar en la iglesia de San Martín, donde en las últimas semanas se han desenterrado cerca de un centenar de tumbas, cuya antigüedad oscila entre 200 y 1.600 años.

En conjunto, estos enterramientos conforman una gran necrópolis secuencial, de mayor a menor antigüedad, que permitirá a los expertos estudiar con precisión los diferentes ritos funerarios y la historia de la iglesia, a lo largo de casi dos milenios.

El sorprendente hallazgo ha tenido lugar con motivo de unas obras de saneamiento proyectadas por el Obispado. Dado que el templo se encuentra en una zona de presunción arqueológica, un grupo de expertos se desplazó al lugar para verificar la marcha de los trabajos. Tan pronto como se levantó el suelo, comenzaron a aparecer los restos.

Los especialistas, dirigidos por Ana Martínez Salcedo y José Luis Ibarra, trabajan todavía en esta intervención arqueológica, que está dando muy buenos resultados. Aunque la excavación todavía está sin concluir, los investigadores ya han constatado que la iglesia alberga una de las secuencias históricas más completas de necrópolis cristianas de Vizcaya. Y es que en diferentes capas están agrupados cerca de 2.000 años de historia.

El trabajo, que comenzó el pasado mes de noviembre, ha permitido descubrir enterramientos de tres épocas bien diferenciadas. A falta de los resultados de las pruebas de datación con el carbono 14, los restos hallados podrían extenderse hasta el periodo bajo imperial romano del siglo IV, algo que constataría la fuerte implantación de esta cultura en la zona. «Por su proximidad al poblado romano ya esperábamos encontrar restos de esta época», señalaron fuentes de la dirección del Departamento de Cultura de la Diputación.

La excavación ha estado condicionada por la estructura de la iglesia, que en su última reforma quedó configurada como un templo de planta de salón (casi cuadrada). Las investigaciones, sin embargo, han constatado la presencia de elementos constructivos de la época romana y posteriores.

La investigación se ha desarrollado en toda la planta del recinto, aunque se han diferenciado tres espacios a la hora de profundizar en el subsuelo. «Se constata una ocupación muy intensa de este espacio como cementerio. En todos los casos los tumbas están orientadas hacia el este», apunta Martínez.

Los restos más antiguos se han encontrado en la zona más próxima al altar. A casi metro y medio bajo el suelo han aparecido restos de necrópolis desde la época altomedieval hasta una fecha todavía por determinar. También se ha observado la presencia de elementos romanos.

Restos de cerámica

«Las inhumaciones más antiguas son de tres tipos: en fosa, en cajas de piedra y en muretes», añadela arqueóloga. En este punto también se han encontrado restos de cerámica, vidrio y una moneda todavía por datar, aunque los expertos creen, casi con seguridad, que es romana. «No han aparecido elementos de ajuar como podrían ser joyas u otros ornamentos; en general -detalla Ana Martínez Salcedo- lo que ha aparecido son piezas de uso cotidiano, como platos o utensilios para beber».

A la entrada del templo están situadas las necrópolis del siglo XV y principios del XVI. Son enterramientos en fosa simple. Los restos oseos están muy alterados porque la tierra es ácida y ha corroído los huesos.

«De esta fase bajomedieval los datos con los que contábamos eran escasos, por lo que los restos encontrados permitirán reconstruir el proceso histórico del enclave con todos sus momentos constructivos. En otras ocasiones los enterramientos de épocas posteriores han destruido lo que se encontraba debajo pero en este caso no ha sido así», explica Martínez. Por último, en el espacio central del recinto religioso se encuentran las necrópolis de los siglos XVIII y XIX, en las que los cuerpos están enterrados en cajoneras, y que «no se tocarán», ya que están suficientemente documentadas.

Fuente: JUAN PABLO MARTÍN/GERNIKA / El Correo Digital, 3 de abril de 2006
Enlace: http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/pg060403/
prensa/noticias/Sociedad/200604/03/VIZ-SOC-039.html


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