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Paralelismos entre culturas precolombinas y faraónica: Wildung

Paralelismos entre culturas precolombinas y faraónica: Wildung Foto: Aspecto de una sala del Museo Nacional de Antropología de la Cd. de México, que alberga la exposición "Faraón: El Culto al Sol en el antiguo Egipto", la cual será inaugurada el 28 de marzo. (2) Estatua doble del faraón Niuserra, cuya antigüedad data de 2 mil 390 años AC, una de las 152 obras que componen la muestra Faraón.

Las culturas precolombinas y la faraónica egipcia comparten paralelismos y similitudes arquitectónicas y religiosas que permiten formular "fascinantes" conjeturas sobre los orígenes de la cultura de la humanidad, aseguró hoy Dietrich Wildung, director del Museo Egipcio de Berlín.

No obstante, la antropología y arqueología han demostrado fehacientemente que no existe relación directa alguna entre ambas culturas, puntualizó Wildung, curador de la exposición "Faraón: El Culto al Sol en el antiguo Egipto", que será inaugurada el 28 de marzo en el Museo Nacional de Antropología, de esta ciudad.

MÉXICO D.F. (Notimex).- 23 de marzo de 2005

Durante un recorrido por la exposición, el especialista alemán explicó que entre esas similitudes destacan las formas de las pirámides, así como la escritura mediante jeroglíficos y el papel del Sol como figura central en la religión.

Wildung, quien está acompañado por su esposa y colega Sylvia Schoske, directora del Museo Estatal de Arte Egipcio de Munich, de donde procede parte de la colección, comentó que desde hace año y medio viajaron a este país para estudiar las culturas mexicanas y encontrar un línea que les condujera en esta muestra.

Ese eje, dijo, fue el culto al Sol, pues en ambas concepciones culturales, tenían como principal adoración al Sol, y en el caso particular de los egipcios, el astro (Ra) era la representación directa de los dioses y los faraones la manifestación etérea de los hombres.

Dividida en 14 secciones, distribuidas en más de mil 200 metros cuadrados, la exposición, que estará abierta al público hasta junio entrante, ofrecerá a los visitantes un completo panorama de la cultura egipcia, que irá desde una introducción sobre el eje temático de la muestra hasta la compleja religiosidad de esta civilización.

En la sala "Ritual y Culto", diseñada por computadora, se podrán observar las inertes piezas de sacerdotes y figuras divinas que demuestran su devoción a la máxima deidad egipcia.

Esta manifestación, explicó Schoske, era muy común entre los miembros de esta civilización, quienes elevaban sus plegarias al Sol mientras tocaban la escultura de piedra calcita como la de Tutmosis III que se presenta en esta muestra.

Las representaciones materiales de sus divinidades, subrayó, eran típicamente zoomorfas (mitad humano y mitad animal) que no tenían que ver con que los egipcios vieran de esta manera a sus Dioses, sino con "la interpretación que los artistas daban de ellos".

De esta manera, en la exhibición se incluyen piezas correspondientes a la Dinastía XVIII, como la cabeza colosal del Rey Tutankhamon, de dos metros de diámetro, la estatua cúbica de Sesenmut, una cabeza de Nefertiti en su madurez, y un obelisco de 3.5 metros de altura que nunca había salido de Alemania.

En la muestra también se podrá admirar una representación del Dios Horus, el sarcófago de Anch-Hor, que pesa seis toneladas, además de un papiro del periodo Tolemaico de casi 10 metros de largo, que representa la llegada de los difuntos al inframundo.

Entre las salas que integran la exposición se encuentran: "La Silueta del Dios Sol", "El Nacimiento del Dios Sol", "Los Protectores del Dios Sol", "La Pirámide", "Faraones Solares", "Sacerdotes", "Dioses Lunares", "Dualismo y Dios Sol" y "Naturaleza", entre otras.

Paralelo a la exposición integrada por más de 150 piezas de arte egipcio, el Museo Nacional de Antropología y la Sociedad Mexicana de Egiptología ofrecerán diversas conferencias y actividades relacionadas con el culto al sol en el antiguo Egipto.

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Tesoros egipcios

Hoy se inaugura Faraón: el culto al Sol en el antiguo Egipto, que exhibe juntas, por primera vez en 400 años, piezas de museos de Berlín y Munich

Por Antimio Cruz, El Universal, 28 de marzo de 2005

Inédita, irrepetible y exclusivamente mexicana. Así califica el director del Museo Egipcio de Berlín, Dietrich Wildung, la exposición Faraón: el culto al Sol en el antiguo Egipto, que hoy a las 19 horas se inaugurará en el Museo Nacional de Antropología.

Tres argumentos sostienen las palabras de Wildung: en primer lugar, piezas estelares como el Libro de los muertos de Neferini, la cabeza colosal de Tutankamón y la llamada Cabeza verde de Berlín nunca habían salido juntas de Alemania, y esto fue posible gracias a que el recinto que las alberga en forma permanente cerró sus puertas por remodelación, el pasado 28 de febrero.

En segundo término, en México se reúnen por primera vez piezas de las colecciones de Berlín y Munich, dos acervos que se han integrado de manera independiente desde hace 400 años. Y muchas de las esculturas que se han traído fueron seleccionadas específicamente por sus analogías con figuras mesoamericanas.

"Aquí podrá verse, por ejemplo, una escultura del dios Amon-Rá, sentado en el piso y con los brazos cruzados sobre las rodillas, una imagen común entre deidades precolombinas", subraya en entrevista exclusiva el curador de la exhibición.

"Este es un momento muy afortunado porque muchos factores se combinaron para que en México se integrara la primera exposición egipcia en la que el eje temático es el culto al Sol, práctica que comparten con los mayas y aztecas, pero que nunca había sido la columna central de muestras o libros sobre Egipto", explica.

Editor, profesor y jefe de campo en excavaciones en Egipto y Sudán, Wildung afirma que, para él, la muestra de 150 piezas representa el regreso a un "viejo amor", ya que en su juventud quiso estudiar arqueología mesoamericana pero como esa carrera no existía en Alemania, optó por las investigaciones en el norte de África.

En el Museo Egipcio de Berlín se resguardan actualmente 35 mil objetos arqueológicos y 60 mil papiros procedentes de las riveras del Nilo.

Las primeras piezas llegaron a esa ciudad en 1696, adquiridas por el conde de Brandemburgo. Un siglo antes, en 1590, la ciudad de Munich había comprado sus primeros objetos egipcios, por voluntad de la corte prusiana.

"A pesar del interés en las culturas del río Nilo, el verdadero impulso de la egiptología en Alemania también está relacionado de manera indirecta con México, ya que fue Alexander von Humboldt, quien lo había visitado, el que convenció al emperador de Prusia de financiar la expedición de Richard Lepsius a Egipto", indica.

Lepsius, quien fue uno de los primeros europeos en traducir los jeroglíficos egipcios, gracias a la Piedra Rosete, realizó una expedición entre 1842 y 1845, en la que recolectó mil 500 piezas arqueológicas y elaboró 600 mapas y dibujos que sirvieron para fundar el Museo de Berlín.

Cuenta que durante los siglos XIX y XX, los egipcios autorizaban las excavaciones y exportación de piezas mediante convenios en los que su país conservaba la mitad de los hallazgos.

"Esto cambió con una legislación emitida en 1984, que detuvo la exportación de piezas. Ahora los esfuerzos están más enfocados al estudio de los acervos y la articulación de discursos como el que se presenta en México", explica.

Recuerda que antes de que se descubriera la tumba de Pakal, en Palenque, Chiapas, se decía que las pirámides mesoamericanas no eran tumbas, pero ese hallazgo abrió una investigación sobre cómo culturas aisladas entre sí llegan a desarrollar ideas, ritos y obras similares.

"Uno de los valores adicionales de esta muestra será que al visitar las piezas egipcias y las mayas o aztecas se podrá ver que el pensamiento humano tiene arquetipos comunes y que, a fin de cuentas, provenimos de una raíz común", subraya.

Faraón: el culto al Sol en el antiguo Egipto, abierta al público desde mañana en el Museo Nacional de Antropología.

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“Es legal la estancia de Nefertiti en Berlín”

Fue "exportada" a través de un convenio, afirma Dietrich Wildung, director del Museo Egipcio en Alemania

Por Antimio Cruz, El Universal, 28 de marzo de 2005

El Museo Egipcio de Berlín tiene derecho a conservar el busto de Nefertiti, que resguarda desde los años 30, porque fue "exportado" desde su país de origen con un convenio legal aceptado por ambas partes, afirma Dietrich Wildung, director del recinto alemán.

Entrevistado en México sobre los reclamos hechos por Zahi Hawass, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, para que sea devuelta a su país la efigie de la reina, el arqueólogo alemán cuestiona el verdadero móvil de los reclamos.

"Desafortunadamente nunca ha habido un debate político serio sobre el tema, cada vez que se aborda es a manera de escándalo y a través de los medios de comunicación. La situación legal del busto está clara desde el siglo pasado y aún así, en 1939, hubo un proyecto muy serio para devolver la pieza como muestra de buena voluntad, pero Hitler lo detuvo", indica.

Wildung afirma que el cambio de legislación egipcia que desde 1984 impide extraer piezas arqueológicas de aquel país es positivo, pero que ha sido rebasada la capacidad del Consejo Supremo de Antigüedades para vigilar todo el patrimonio.

"Por un lado vemos que no hay un esfuerzo serio por recuperar piezas extraídas ilegalmente y que son confiscadas por la policía, y por otra parte apareció un mercado grande de piezas falsificadas."

Wildung, quien reconoce que tiene serias diferencias con Zahi Hawass por su manera de presentarse como si fuera Indiana Jones, apunta que su país no es "el malo de la historia".

"Constantemente estamos identificando piezas robadas en los mercados clandestinos y ayudando a que regresen a Egipto, además de que hemos ayudado a detectar numerosas piezas falsas, como una que me pidieron estudiar hace cuatro semanas y que iba a ser intercambiada en Kuwait de manera irregular. Esto ha generado un sistema tan complejo que no se puede atacar si no hay colaboración de policías, arqueólogos y gobierno", concluye.

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Los museos son la trinchera que guarda la memoria del mundo: Dietrich Wildung

En Alemania nos gustaría ver el interés que tienen los mexicanos por su cultura, afirma.

Por Ericka Montaño Garfias, La Jornada, 28 de marzo de 2005

Los museos son una de las pocas trincheras que quedan para la conservación de la memoria cultural de la humanidad, y en este momento podemos descartar cualquier crisis, aún con los medios de comunicación, afirma el director del Museo Egipcio de Berlín, Dietrich Wildung, curador de la magna exposición Faraón: el culto al sol en el antiguo Egipto que el público podrá visitar a partir de este martes.

Las personas están más interesadas en acercarse a las piezas originales, "poner sus ojos en ellas, sentirlas. Estar frente a ellas es el paso siguiente a ver y leer acerca de los temas. Al visitar un museo se establece un diálogo entre el espectador y la obra, y cada visitante tiene su propia experiencia, no tienen sentimientos iguales porque cada uno trae su contexto personal al museo y en cada caso se ve influido de diferentes maneras", señala el especialista en entrevista con La Jornada.

La gran verdad que existe en cuanto a los museos y sus colecciones, agrega, es que el encuentro de cada persona con las piezas originales no puede ser remplazada por la televisión o la lectura.

Reconoce que se siguen cometiendo errores en los museos y uno de ellos son esos largos textos que acompañan las piezas en cualquier recinto museográfico. "Debemos presentar las piezas de una forma en que la gente no se sienta obligada a tener mucha información, sino estar ahí, frente a su pasado", expresa.

Sylvia Schuske, directora de la Colección Estatal de Arte Egipcio de Munich, considera que uno de los principales problemas a los que se enfrentan los museos en todo el mundo "es (el de recibir) menos dinero" y que existen personas que creen que es mejor ver las cosas a través de los medios de comunicación que los objetos reales, pero la televisión, el cine o la computadora "jamás podrán remplazar la atmósfera, el aura, del objeto original".

Sin embargo, "es un buen tiempo para los museos, la gente se interesa más en visitarlos aunque sigue cometiendo uno de los grandes errores: ir sin tiempo. Se mantiene la idea de que deben ver todo el museo. Es mejor concentrarse en algunos objetos, dedicarles media hora o el tiempo que quieran en lugar de correr de sala en sala. Eso es muy problemático. Se debe tener tiempo para acudir a un diálogo con los objetos. Tal vez es más interesante estar en un diálogo con una sola pieza, en lugar de dos o tres o andar corriendo".

Del lado de los responsables de los museos el error, dice, es poner demasiadas cosas en las salas, tratar de explicar todo de cada objeto y poner largos cedularios para que la gente los lea. "Hablando francamente: podemos leer en casa".

El Museo de Arte Egipcio de Berlín y la Colección de Munich prestaron las 152 piezas que podrán admirarse en Faraón. Se trata de una selección de obras pensada exclusivamente para México, único país en el que podrá ser visitada ya que, al finalizar la muestra en julio próximo, irán directamente a Alemania.

Esta exhibición en el Museo de Antropología es posible por el proyecto de mudar el Museo de Arte Egipcio de Berlín a la Isla de los Museos, donde después de muchas décadas estarán juntas las colecciones que pertenecieron a Berlín Oriental y a Berlín Occidental.

Este proyecto estará concluido en 2009, una vez que termine la restauración del edificio original que fue destruido en 1944. "El costo de la reconstrucción es de 400 millones de euros, mientras que la renovación de la Isla de los Museos es de mil 300 millones de euros", explica Wildung.

Tan sólo el Museo de Berlín tiene 35 mil piezas y 60 mil papiros egipcios, y lo visitan cada año un promedio de 400 mil o 500 mil personas; mientras que la colección de Munich es de 7 mil piezas y 80 mil visitantes anuales.

Lo que nos gustaría ver en los museos alemanes, dice Dietrich Wildung, es lo que ocurre en México en el Museo de Antropología y otros museos: el interés de la población local por conocer su propia historia. "Esto es un sueño para nuestros museos que son casi siempre visitados por turistas. En el Museo Egipcio o el de Pérgamo, 85 por ciento de los visitantes son turistas que tienen que ir a visitarlos porque están en el programa turístico.

"Preferiríamos que la población local estuviera más interesada en su propio pasado, porque las culturas clásicas, la egipcia o la africana pertenecen a nuestro pasado".

Con todo "los museos son ahora, más que nunca, los espacios de conservación de la memoria cultural de la humanidad. Coleccionamos lo que es realmente importante del pasado, pero también del presente. Si recordamos lo que ha permanecido del último siglo o del último milenio tenemos obras de arte. Lo político se ha perdido o olvidado, pero los monumentos culturales permanecen. Lo que es importante para la humanidad ha sido el arte y la literatura, por eso somos una de las pocas trincheras que quedan", concluye Wildung."

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Memorias entrelazadas entre México y Egipto. Dos grandes culturas, al amparo de los imperios.

Por Jorge Legorreta, La Jornada, 29 de marzo de 2005

A partir de hoy, martes 29 de marzo, el público podrá admirar las 152 obras provenientes de Alemania que componen la exposición Faraón: el culto al Sol en el antiguo Egipto, inaugurada anoche en el Museo Nacional de Antropología por el presidente de la República. ''Lo que nos gustaría ver en los museos alemanes -dijo en entrevista a La Jornada el curador de esta muestra, Dietrich Wildung- es este interés de la población local por conocer su propia historia". En este contexto, ofrecemos la culminación del análisis que realiza Jorge Legorreta, quien fue agregado cultural de México en El Cairo.

Apesar de que México y Egipto son países con una historia ancestral, su cultura en el mundo occidental fue conocida sólo a partir del siglo XIX. Hasta ese momento, las conquistas de los nuevos territorios de América, más en busca de riquezas materiales que espirituales, habían mantenido en la más absoluta marginación el conocimiento sobre su patrimonio cultural. No fue sino con las nuevas ocupaciones imperiales del siglo XIX cuando se produce el verdadero descubrimiento cultural de los dos grandes pueblos: el mexicano y el egipcio.

El descubrimiento cultural. Napoleón Bonaparte y Humboldt

En efecto, este ''descubrimiento cultural" de Egipto y México es casi paralelo en la historia. El primero a partir de la conquista de Napoleón en 1798 y el segundo a partir del viaje de Alejandro von Humboldt hacia territorios americanos, realizada entre 1799 y 1804. Uno de los resultados más importantes de tales descubrimientos concordantes fueron dos obras famosas, una por cada país, que hicieron posible la difusión más allá de la elites del poder, de las riquezas culturales que existían en ambas colonias. La primera es La descripción de Egipto, publicada entre 1809 y 1816; consta de cinco volúmenes, tres de textos y dos con ilustraciones, estos últimos exhibidos actualmente en la Biblioteca de Alejandría. La otra obra es el Ensayo político del reino de la Nueva España, del propio Humboldt, publicada en alemán en 1809 y en francés 1811, con un complemento editado años después, denominado Atlas pintoresco de viaje. Vistas de las cordilleras y monumentos de los pueblos indígenas de América. En el conocimiento y la difusión de ambos patrimonios hubo igualmente algo común: la creación de comisiones de científicos que Francia enviaría junto a sus ejércitos. La conquista de Egipto por Napoleón Bonaparte se acompañó de una comisión de científicos encargados de realizar las investigaciones y que, entre otros encargos, hizo posible la obra editorial antes señalada; y con el mismo propósito Napoleón III, durante la ocupación francesa de México, realizada de 1862 a 1867, imitando al tío, creó una comisión semejante, aunque ésta no logró editar obra alguna; en ella participaron Charles Etienne Brasseur de Borbourg y posiblemente el arqueólogo Claude Joseph Desire Charnay (Alcina Franch, José. La época de los viajeros (1894-1880). ''El registro de las antigüedades'', Revista Arqueología Mexicana, número 54). El mismo Napoleón Bonaparte, seguramente con algunas imágenes en mano de los monumentos egipcios, conocería los de México por las ilustraciones del propio Humboldt, quien a su regreso de América, visitaría en diversas ocasiones al emperador francés. Seis décadas más tarde, hacia los años 1860, el otro Napoleón, el III, mandaría sus ejércitos a México y no precisamente a conocer sus riquezas patrimoniales.

Egipto en la intervención francesa de México

Al transitar por las salas del Museo del Ejército ubicado en la Citadel, de El Cairo, extraña un cuadro donde se muestra con una extensa línea el desplazamiento del ejército egipcio hasta el puerto de Veracruz, en febrero de 1863. Se trata, sin que exista allí mayor información museográfica e histórica, de una atípica participación de un contingente militar egipcio-sudanés durante la intervención francesa en México (Sudán era en ese entonces parte de Egipto).

Por esos tiempos, Francia y otros imperios europeos proseguían sus intenciones de extender sus dominios hasta los territorios americanos, a pesar del poderío estadunidense que se asignó, después de la anexión del territorio mexicano, la protección de las nacientes repúblicas contra las viejas monarquías europeas. Tal protección del mundo se fundamentó en el Destino Manifiesto, concepto aparecido en 1845, y en la famosa Doctrina Monroe que el presidente del mismo apellido expusiera desde 1824 y que sintetiza la frase "América para los americanos". A pesar de ello, Napoleón III de Francia, apoyado por España e Inglaterra, decidió la intervención en México en 1862. Como toda guerra imperial tiene su pretexto, el caso aquí fue la moratoria a la deuda del presidente Benito Juárez. Con los barcos de las tres potencias en las costas de Veracruz, México fue obligado a negociar, logrando el retiro de los últimos dos países. No así con Francia, que buscaba desde el principio otros fines. Su emperador Napoleón III explicó dichos fines en una carta enviada a su embajador en Londres, conde Flahault, para ser entregada a lord Palmerson, primer ministro británico y consignada por la historiadora Margarita Martínez: ''Es inútil que yo me extienda aquí sobre el interés común, que nosotros tenemos en Europa, en ver a México pacificado y gozando de un gobierno estable. Por una parte este país, dotado de todas las ventajas de la naturaleza, ha atraído muchos de nuestros capitales y de nuestros compatriotas cuya existencia se encuentra sin cesar amenazada, pero además al regenerarse (sic) formaría una barrera infranqueable a las usurpaciones de América del Norte. Ofrecería una salida importante al comercio inglés, español y francés explotando sus propias riquezas, en fin, haría un gran beneficio a nuestras fábricas extendiendo sus cultivos de algodón. El examen de estas diversas ventajas, así como el espectáculo de uno de los más bellos países del mundo entregado a la anarquía y amenazado de la ruina próxima, son las razones que me han interesado vivamente en la suerte de México". (Ref. Quirarte, Martín. Historiografía sobre el Imperio de Maximiliano, UNAM, IIH, 1970). Y para estos fines expansionistas, Napoleón III vio en la figura del archiduque de Austria, Fernando Maximiliano de Habsburgo, casado con Carlota Amalia, hija de Leopoldo I, rey de Bélgica, el mejor candidato para crear un imperio francés en México. Sin la ayuda de sus antiguos aliados alemanes y españoles, logra el apoyo militar de los franceses auxiliados por un pequeño contingentes belga y austriaco, al que se suman el ejército egipcio-sudanés ''prestado a Francia por el virrey... de Egipto". Fernando del Paso escribe que ''Forey al frente de dos divisiones, hicieron descender a 28 mil hombres en territorio mexicano (...) a esto se agregaban casi 7 mil hombres más y los contingentes nubio y egipcio" (Noticias del Imperio, El Colegio Nacional y FCE, 2000, pág. 152)

Resulta interesante transcribir una versión egipcia sobre el acompañamiento del ejército en la invasión francesa de México: ''Producto de las revoluciones y del régimen de gobierno inestable, las fuerzas militares francesas con refuerzos adicionales invadieron la ciudad de México en junio de 1863; y en virtud de la gran amistad entre Egipto y Francia, Napoleón III solicitó al rey (Wali) una fuerza egipcia-sudanesa para respaldar a las fuerzas francesas. Una infantería egipcio-sudanesa abandonó el puerto de Alejandría el 8 de enero de 1863, navegó por el océano Atlántico y llegó al puerto de Veracruz el 23 de febrero de 1863. La navegación duró 47 días. Entre otras acciones gloriosas estuvo la seguridad de la emperatriz de México (Carlota) cuando visitó Veracruz. Cumplieron su misión de acabar con la rebelión mexicana y después de cumplida su misión se embarcaron y al llegar a París el 2 de mayo de 1867, el emperador Napoleón III las condecoró y otorgó recompensas, reconociendo su habilidad y bravura; llegaron a la patria el 28 de mayo de 1867 y fueron recibidas por el rey (Wali) en el patio del palacio de Eltin. 48 soldados muertos escribieron con su sangre el ejemplo de la valentía lejos de la patria (ahí) donde las fuerzas europeas habían fracasado en frenar las rebeliones en México." (Revista Al-Nassr, volumen 696, junio de 1997.)

Dos precisiones históricas imprescindibles. Una, la llegada conjunta del ejército egipcio a México fue posterior a la espectacular derrota que había sufrido un año antes el primer contingente francés bajo el mando del general Lorencez; es la heroica batalla ganada por mexicanos que por obvias razones no aparece consignada como se merece en el Museo de Guerra de París, escenificada en Puebla el 5 de mayo de l862 por el general Ignacio Zaragoza. Dos, la aventurada intervención francesa, que en realidad resultó un fracaso para Napoleón III, se hizo aprovechando que Estados Unidos libraba entonces una guerra civil, pero concluida ésta, el país del norte contribuyó en favor de México para el retiro de las tropas francesas; ésta sería la ultima intervención militar de un imperio europeo en América. En 1865 Abraham Lincon reconoció al gobierno de Benito Juárez y exigió la salida de las tropas invasoras. Napoleón III abandonó así a Maximiliano, quien sin el apoyo militar francés fue fusilado en junio de l867; meses antes las tropas de ocupación se habían embarcado hacia el Atlántico y con ellas el contingente egipcio-sudanés. En realidad, Francia necesitaba sus tropas para enfrentarlas tres años después, en 1870, contra Prusia, y 15 años después, en 1882, para invadir a su propio ex aliado: Egipto; esto, derivado del primer conflicto entre potencias europeas por el control del canal de Suez, la estratégica comunicación fluvial que modificó, a partir de su inauguración en 1869, las rutas comerciales del mundo.

Maximiliano, fundador de los museos de Antropología

El Museo de Antropología de México y el de El Cairo nacieron hermanados por un legendario personaje llamado Fernando Maximiliano de Hasburgo, quien gobernó México con la protección de las tropas de ocupación francesas entre l864 y 1867. Esta es la historia. Muchos años antes de que Maximiliano, el archiduque de Austria, soñara con ser emperador de México, disfrutaba con gusto inusitado un constante transitar por los mares del mundo. Desde su castillo en Miramar, situado en un pequeño puerto de la hoy frontera de Italia con Eslovenia, navegaba constantemente por todas las costas del Mediterráneo. En uno de sus tantos viajes, fungiendo como almirante y comandante en jefe de la flota austro-húngara, visitó en El Cairo la ciudadela de Saladino, donde se exhibían en la Sala de Instrucción Pública algunos de los tesoros arqueológicos que lograban sobrevivir su descomunal saqueo por los imperios europeos. Esta sería una de las primeras sedes de lo que posteriormente se convertiría el actual Museo de El Cairo, construido en los primeros años del siglo XX. En dicha visita, realizada en 1855, el virrey (Jevide) Abbas Pasha le dona a Maximiliano prácticamente toda la colección ahí reunida, la cual traslada a Viena para ser expuestas en lo que sería el primer museo arqueológico de Egipto, aunque fundado en el exterior; incluso, en diversas publicaciones turísticas editadas en El Cairo se consigna que el primer museo arqueológico de Egipto se fundó, efectivamente, en Viena. Fernando del Paso, en su obra citada Noticias del Imperio, relata:

''De pie en el pequeño muelle de Miramar, frente al azul Adriático, Maximiliano acariciaba la cabeza de la esfinge labrada en piedra que había llevado de Egipto."

Probablemente tal esfinge pasó a formar parte de los museos de Berlín y sea la misma que, procedente de Alemania, se exhibe a partir de hoy en la exposición egipcia en el Museo Nacional de Antropología.

Pero, volviendo al relato, Maximiliano, ya como emperador de México bajo la protección del emperador francés Napo-león III, intenta sin lograrlo crear en la ciudad de México un gran museo de arte. Al parecer, la causa del fracaso del proyecto fue el extravío de las piezas transportadas desde Europa por naufragio o por la piratería muy común por esos tiempos. Es probable, entonces, que algunas de las piezas donadas por Egipto fueran parte de ese valioso cargamento marítimo extraviado; o también que algunas pertenezcan actualmente al Kunsthistoriches Museum de Viena; o bien, como se anotó antes, que se hayan distribuido en otras ciudades alemanas.

Lo real de toda esta historia es que Maximiliano de Habsburgo, que gustaba de las bellas artes, fue el fundador del primer museo de Arqueología de México, inaugurado el 6 de julio de 1865 en la calle de Moneda, aledaño al Palacio Nacional; esta sede fue antecedente del actual Museo Nacional de Antropología, aunque en estricto sentido, desde 1824 se fundó el primer museo histórico con el nombre de Museo de la Federación Mexicana, ubicado en la antigua Universidad.

Así, Maximiliano se convirtió sin saberlo y sin buscarlo, en el creador y en el puente histórico entre los dos más importantes museos de México y El Cairo. No es todo. Los paralelismos históricos no excluyen la similitud existente en los diseños arquitectónicos de ambos edificios, construidos con 60 años de diferencia. De los grandes museos del mundo, el de Antropología de México y el de El Cairo se distinguen por tener una planta rectangular en dos pisos y con patio central (el de México al aire libre) por el que se accede a las salas del museo; es decir, no se trata de las laberínticas plantas características, por ejemplo, del Metropolitano de Nueva York, el Louvre de París o el Británico de Londres, por citar sólo algunos casos. El proyecto del Museo de El Cairo, resultado de un concurso, es del arquitecto francés Marcel Dourgnon; la inspiración, se dice, fue la antigüedad clásica y los templos egipcios que situaban las salas alrededor de un gran patio central. Este museo fue inaugurado el 15 de noviembre de 1902. El proyecto del Museo Nacional de Antropología de México es del destacado arquitecto mexicano Pedro Ramírez Vázquez, quien buscando contar con recorridos simples que permitiesen ''salir y entrar a las salas sin perderse" distribuyó igualmente las salas alrededor de un gran patio central al aire libre, donde colocó una espectacular techumbre.

Esta sede del museo mexicano fue inaugurada el 17 de septiembre de 1964. Como hemos visto en estos breves artículos, entre México y Egipto hay muchas similitudes, pero aún muchas más por conocer y descubrir.
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4 comentarios

raplh revueltas ruiz -

Muy interesante,la verdad yo no sabia que habia venido un contingente egipcio aqui a Mexico en esa epoca,como lo mencionan,segun vi en un documental de TV sobre la hisotiria francesa,las 2 precisiones historicas mencionadas no las dicen en ese documental,me parece logico,ya que al final,sea como haya sucedido,los mexicanos ganaron la guerra de intervencion francesa,mas es interesante ver que tambien un regimiento egipcio estuvo aqui,y la cultura egipcia tiene muchas similitudes con la de nosotros los mexicanos.

Araiz Olvera MEX. -

Me gusteria saber como determinan la tipografia a utilizar en los cedularios.

SIANHI MANZO GASPAR -

la verdad me parece impresionante todo esto solo q' si podrian emviarme toda esta informacion a mi correo seria exelente y el precio de la entra a la exposicion.

por su atencion gracias.

SARA ANGELA GONZALEZ LIMA -

me parecio muy completo toda la infromacion lo unik k les falto fue el costo$$$
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