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Terrae Antiqvae

Filipo II de Macedonia

Filipo II de Macedonia El ascenso de Macedonia

En 370 fue asesinado Jasón de Feres. Parece ser que Jasón planeaba convertir a Tesalia en la mayor potencia griega, pero con su muerte Tesalia perdió la oportunidad. El gobierno pasó a manos de su sobrino Alejandro, pero éste era un hombre cruel que perdió el apoyo de las demás tribus tesalias. También murió el rey Amintas III de Macedonia, que fue sucedido por su hijo Alejandro II. Macedonia trató de imponerse sobre la decadente Tesalia, y así durante un tiempo los dos Alejandros estuvieron en guerra.

Entre tanto Tebas seguía triturando a Esparta. Epaminondas liberó a Mesenia. En 369 los mesenios fundaron la ciudad de Mesene alrededor de la fortaleza del monte Ítome, donde tiempo atrás resistieron los Ilotas. Esparta se vio reducida únicamente a Laconia. En este momento Alejandro II de Macedonia pidió ayuda a Tebas contra los tesalios. Tebas envió un ejército al norte al mando de Pelópidas, quien firmó un tratado con el rey macedonio. Esto dio un respiro a Esparta. Además, Atenas se inquietó con el ascenso de Tebas y se puso de parte de Esparta. También Siracusa envió tropas y con esta ayuda el rey Agesilao II pudo defender Laconia de dos intentos de invasión por parte de Tebas.

En 368 Dionisio de Siracusa se vio en condiciones de resarcirse de la derrota que once años atrás había sufrido frente a Cartago. Marchó de nuevo hacia el oeste y sitió la nueva plaza fuerte Cartaginesa: Lilibeo. Sin embargo no pudo tomarla y, en su lugar, tuvo que contemplar desde la costa una batalla naval en la que su flota fue destruida. Mientras tanto, el rey Alejandro II de Macedonia fue asesinado por un cortesano que se proclamó regente del hermano de su víctima: Perdicas III. Esto deshizo el acuerdo entre Macedonia y Tebas, por lo que en 367 Pelópidas volvió a su ciudad. Sin embargo, como medida de precaución para evitar que Tebas pudiera verse amenazada por Macedonia, se llevó como rehenes a algunos nobles, entre ellos Filipo, el tercer hijo de Amintas III.

Ese mismo año murió Dionisio de Siracusa. Tras la última derrota ante Cartago su imperio estaba desmoronándose. No obstante, parece ser que tuvo una alegría. Dionisio era aficionado a la poesía y a menudo envíaba sus trabajos a los muchos certámenes que se celebraban en Grecia. Había llegado a ganar ocasionalmente un tercer y hasta un segundo premio, pero nunca el primero, hasta este año, en que logró el primer premio con su poema dramático "El rescate de Héctor". Se cuenta que tras conocer la noticia organizó un gran banquete que le hizo enfermar y le condujo a la muerte.

Dionisio fue sucedido por su hijo, llamado Dionisio el Joven para distinguirlo de su padre. Tenía entonces veinticuatro años y no mucha experiencia, pero se dejó aconsejar por su tío Dion y por el historiador Filisto. Dion había pasado varios años en la Academia de Platón, y convenció a su sobrino para que llamara de nuevo al filósofo a la corte de Siracusa. Platón accedió. Tal vez tuviera la esperanza de que el nuevo tirano podría poner en práctica sus teorías políticas, que esencialmente consistían en una férrea dictadura de los sabios. Dionisio se sintió impresionado por el maestro, y empezó a estudiar matemáticas. Filisto esperó a que el joven se cansara de los teoremas y luego empezó a sugerirle que su tío trataba de distraerle con Platón para hacerse con el gobierno de la ciudad. Finalmente Dionisio exilió a Dion y Platón optó por volver a su Academia en Atenas, donde acudió también Dion.

En Roma los plebeyos lograron finalmente la igualdad de derechos frente a los patricios. Parece ser que en el proceso fue decisiva la influencia de Camilo, que logró que se aprobaran las leyes Licinio-Sextianas (llamadas así por los dos cónsules de ese año). Estas leyes establecían que los plebeyos podían acceder al consulado, y un tiempo después se estableció la costumbre de que al menos uno de los dos cónsules fuera de familia plebeya. Además, se imponían límites a la cantidad de tierra que podía pertenecer a un solo hombre, de modo que los patricios dejaron de presionar a los agricultores plebeyos para quedarse con sus tierras. Desde entonces las leyes y los decretos fueron promulgadas con las siglas SPQR (Senatus PopulusQue Romanus, el Senado y el Pueblo Romano), como signo de que el Senado y el Pueblo actuaban conjuntamente. A partir de este momento Roma inició una vertigiosa recuperación que la convertiría en poco tiempo en una de las potencias de Italia. Camilo murió en 365.

Ese mismo año el joven rey Perdicas III de Macedonia pudo hacer que asesinaran a su tutor, el que tres años antes asesinara a su hermano. Acto seguido restableció los tratados con Tebas y así Pelópidas dirigió una expedición contra Tesalia, pero fue capturado y mantenido prisionero durante varios meses, hasta que otra expedición dirigida por Epaminondas pudo liberarlo. En 364 Filipo, el hermano de Perdicas III regresó a Macedonia, Pelópidas partió de nuevo hacia Tesalia y se enfrentó a Alejandro en Cinoscéfalos, al norte de Feres. Los tebanos ganaron, pero Pelópidas murió en la batalla. Alejandro perdió toda influencia más allá de la propia Feres. Desde entonces se dedicó a la piratería.

En 362 Epaminondas atacó a Esparta por cuarta vez. El viejo rey Agesilao II se mostró dispuesto a defender la ciudad hasta la muerte, pero Epaminondas debió de pensar que una derrota definitiva de Esparta podría unir a las demás potencias griegas contra Tebas, así que se las arregló para evitar el combate directo y en su lugar llevó el combate a la ciudad de Mantinea, donde se enfrentó a las tropas aliadas de Esparta y Atenas. Los griegos seguían sin saber cómo hacer frente a la falange, y Epaminondas logró nuevamente una victoria total, excepto por el hecho de que una jabalina le alcanzó y le mató. Con la muerte de Epaminondas y Pelópidas se inició la decadencia de Tebas.

En 361 el estado chino de Qin pasó a manos del duque Xiao. Nombró consejero a Shang Yang, que había ocupado un cargo menor como funcionario en el reino vecino de Wei. Shang Yang impulsó un sistema de recompensas y multas que llevó a la mayor parte de la población a adoptar oficios productivos. Fue la primera de una serie de medidas que reforzarían espectacularmente la posición de Qin frente a los demás estados.

En 360 murió Nectanebo I, rey de un Egipto floreciente, y fue sucedido por su hijo Teos. El Imperio Persa seguía siendo una amenaza, y el nuevo rey decidió poner su ejército en manos de un general griego. Eligió nada menos que a Agesilao II de Esparta. El viejo rey no tenía nada que hacer ya en su demacrada ciudad y se vio obligado a ofrecer sus servicios como mercenario a cambio de una paga. Sin embargo, Teos se sintió decepcionado cuando vio a aquel anciano cojo y marchito, así que no le dio el mando supremo de su ejército, sino que le confió únicamente las tropas griegas. Mandó llamar al ateniense Cabrias y lo puso al mando de su flota.

Teos consideró que estaba en condiciones de atacar a Persia, y así sus tropas penetraron en Siria. No obstante surgieron disputas entre atenienses, espartanos y egipcios, por lo que el proyecto abortó. Por otra parte, un pariente de Teos reclamó el trono y trató de que Agesilao matara al rey. Éste se negó, pero Teos se vio obligado a huir a Persia, y el pretendiente al trono lo ocupó con el nombre de Nectanebo II. Agesilao decidió volver a Esparta, pero murió en el viaje. Fue sucedido por su hijo Arquidamo III.

En 359 Filipo, el hermano del rey Perdicas III de Macedonia, se casó con Olimpia, sobrina del rey de Épiro (tras la muerte de Dionisio de Siracusa los molosos habían recuperado el gobierno del país). Ese mismo año murió Perdicas III en una de las muchas escaramuzas que se veía obligado a mantener para proteger su reino de los bárbaros del norte. El trono fue ocupado por su hijo Amintas IV, pero era menor de edad. Macedonia tenía enemigos en todas direcciones, así que no podía permitirse un gobierno débil. Filipo fue nombrado regente, con tan sólo veintiún años. Fue una sabia decisión. En su estancia en Tebas había aprendido mucho de Epaminondas. Atacó en todas direcciones: primero contra los Peonios (al norte), luego contra los ilirios (al oeste). En 358 había puesto fin a las incursiones fronterizas. Las relaciones con Épiro eran buenas, gracias a su matrimonio. De hecho fue Filipo quien puso en el trono de Épiro a su cuñado, Alejandro I. Entonces se fijó en el este, en la calcídica, donde Olinto dirigía una confederación que competía con Atenas. Filipo supo intervenir en las continuas disputas entre Olinto y Atenas ayudando a una o a otra parte pero siempre en beneficio propio. Su mayor logro fue apoderarse de Anfípolis. Cuando Olinto y Atenas empezaron a darse cuenta de que estaban jugando con ellas, Filipo usó de la diplomacia y las mantuvo en calma. Luego amplió y reforzó una ciudad situada a unos cien kilómetros de Anfípolis y la rebautizó como Filipos. Cerca había valiosas minas de oro cuyos rendimientos supo aprovechar.

Entre tanto murió el anciano rey persa Artajerjes II, y fue sucedido por su hijo Artajerjes III. El cambio de rey provocó las convulsiones acostumbradas. Uno de los que más ávidamente había estado esperando la muerte del rey era Mausolo, el sátrapa de Caria, que en los últimos años había estado preparándose para algo grande y ahora le llegaba el momento de poner en práctica sus planes. Su primer paso fue intrigar en las islas mayores del Egeo hasta persuadirlas para que se rebelaran contra Atenas. En 357 Atenas envió una flota, pero fue derrotada y sus generales fueron destituidos. Ese mismo año murió Alejandro de Feres.

En 356 Filipo de Macedonia tuvo un hijo, al que llamó Alejandro. Tal vez esto le llevó a la conclusión de que su posición como regente no era la más adecuada. Por ello hizo deponer a Amintas IV y se convirtió en Filipo II de Macedonia. Por aquel entonces el ejército de Macedonia era sin duda el mejor preparado de toda Grecia. La caballería había sido siempre parte importante del ejército macedónico. Además, Filipo adoptó las ideas de Ifícrates y entrenó a numerosos peltastas y honderos. Además perfeccionó la falange tebana. En lugar de concebirla como un mero ariete humano, la hizo menos densa y con más capacidad de maniobra. Los hombres de la retaguardia hacían reposar sus largas lanzas sobre los hombros de los soldados siguientes, pero en cualquier momento las podían desplegar en cualquier dirección. Así surgió la falange macedónica, que durante mucho tiempo iba a ser la más perfecta arma de guerra del mundo civilizado.

Ese mismo año, el grandioso templo de Artemisa en Éfeso fue consumido por el fuego. Resultó ser un incendio provocado. Cuando se capturó al culpable y se le preguntó por qué lo había hecho, respondió que para que su nombre perdurara en la historia (tal vez no sea cierto, hoy en día no faltan desequilibrados que se atribuyen falsamente asesinatos y otros delitos impactantes para conseguir celebridad). El individuo fue ejecutado y se acordó que su nombre fuese borrado de todos los testimonios y jamás fuera pronunciado para frustrar su propósito, pero lo cierto es que se conoce el presunto tarado: se llamaba Eróstrato.

En 355 el general ateniense Cares desembarcó en Asia y no tuvo dificultad en imponerse sobre las tropas persas de Mausolo, pero Atenas no quería conflictos en Asia. Ya no tenía aspiraciones coloniales y aprovechó su ventaja para firmar una paz generosa con el sátrapa. Admitió la independencia de las islas del Egeo y las abandonó a su suerte. Así se disolvió para siempre la confederación ateniense. Este año murió Jenofonte.

Dion, el tío de Dionisio el Joven, logró regresar a Siracusa, echó a su sobrino y se hizo con el poder. Gobernó tan despóticamente como sus predecesores, pero no pudo impedir que Siracusa continuara su declive.

Por otra parte, Fócida se apoderó una vez más de Delfos, en un nuevo intento de dominar la ciudad sagrada que tiempo atrás fuera suya. Empezó así la Tercera Guerra Sacra. Tebas marchó contra Fócida, y en 354 logró una victoria, aunque no definitiva. Fócida liberó Delos y decidió expandirse a costa de Tesalia.

Entre tanto, las ciudades del Lacio fueron obligadas a incorporarse a una nueva Liga Latina de la que Roma era el líder incuestionable. Al mismo tiempo, la parte meridional de Etruria reconocía la soberanía romana, con lo que Roma dominaba un territorio de unos 7.500 kilómetros cuadrados en el centro de Italia.

Los Tesalios, amenazados por Fócida, decidieron pedir ayuda a Filipo II de Macedonia. Por aquel entonces el rey había logrado apoderarse de la última posesión ateniense en el norte. Los focenses le hicieron frente, pero finalmente, en 353 Filipo II venció y se apoderó de toda Tesalia. Los griegos vieron entonces que Macedonia se estaba convirtiendo en una seria amenaza, así que Esparta, Atenas y otras ciudades se aliaron con Fócida. No obstante Esparta se desvió del interés común y trató de apoderarse de Megalópolis, antigua posesión suya, así que Atenas retrocedió para impedirlo y el frente contra Filipo II se rompió.

Ese mismo año Mausolo se anexionó la isla de Rodas, pero murió poco después, con lo que Caria perdió todo protagonismo. No obstante, Mausolo es más recordado por su muerte que por su vida. Su viuda, Artemisa, decidió erigirle un magnífico monumento funerario en Halicarnaso. Estaba adornado con gigantescas estatuas del matrimonio, con frisos esculpidos a su alrededor. Fue llamado el Mausoleo, y su fama fue tal que hoy en día se sigue llamando mausoleo a todo monumento funerario.

También fue asesinado Dion, el tirano de Siracusa. Tras un periodo de confusión, Dionisio el Joven logró recuperar el poder que su tío le había arrebatado. Siracusa fue gobernada con más crueldad e ineficiencia que nunca.

En 352 Filipo II se dirigió a Tracia y dominó las rutas por las que Atenas se aprovisionaba desde sus colonias en el mar Negro. Esto causó la alarma en Atenas. Una de las voces más elocuentes que denunciaron la amenaza macedonia fue la de Demóstenes. Tendría entonces unos treinta y dos años. Su infancia debió de ser difícil, pues su padre murió poco después de su nacimiento y un pariente huyó con la fortuna familiar. Se cuentan muchas anécdotas sobre su juventud, como que se afeitaba sólo la mitad de la cara para obligarse a permanecer alejado de la gente, estudiando. También se cuenta que superó un problema de pronunciación hablando frente al mar con piedras en la boca. El caso es que terminó convirtiéndose en uno de los oradores griegos más famosos.

Demóstenes pronunció su Primera Filípica, trantando de convencer a los atenienses de que le declararan la guerra a Filipo II, pero no tuvo éxito. Parte del pueblo no creía ya que la ciudad pudiera embarcarse con éxito en tales aventuras, e incluso otra parte no veía a Filipo II como una amenaza, sino como un griego poderoso capaz de unificar definitivamente a Grecia. Entre los partidarios de Filipo II estaban Isócrates y Esquines, también famoso por su oratoria.

En 351 Artajerjes III estuvo dispuesto para invadir Egipto, pero fue rechazado gracias en gran parte a los mercenarios griegos. El rey persa tuvo que retirarse, pues Siria se rebeló y cada vez había más piratas griegos causando disturbios en el imperio.

Filipo II de Macedonia

En la segunda mitad del siglo IV los estados chinos seguían enzarzados en combates entre ellos mismos y contra los bárbaros. La amenaza bárbara hizo surgir, especialmente en los reinos fronterizos, un gran sentimiento patriótico. Se construyeron grandes murallas de adobe para marcar fronteras entre los distintos reinos y, sobre todo, frente a las estepas del norte.

El estado de Qin seguía progresando con el duque Xiao y su consejero Shang Yang, el cual en 350 dividió el territorio en 31 comandancias, presididas por un director nombrado por el gobierno central. A través de este sistema centralista se potenció una agricultura eficiente y un ejército fuerte. Por el contrario, la artesanía y el comercio fueron descuidados. Los señores feudales perdieron todo su poder. Se suprimió el vasallaje y se modificó el código penal, de tal modo que toda la población tenía los mismos derechos. Las relaciones de vasallaje fueron sustituidas por un sistema de responsabilidad colectiva que resultó ser muy eficiente. Su principal rival era el estado de Chu, al este, que había absorbido a varios reinos pequeños.

En el este, los sármatas estaban ocupando la región que iba a ser conocida como Sarmacia. Comprendía las estepas situadas al norte del Mar Negro hasta el Báltico. Los escitas conservaron los territorios meridionales, pero paulatinamente fueron siendo desplazados o absorbidos por los sármatas.

Atenas decaía. Paulatinamente se había extendido un sentimiento de desencanto que había culminado con la disolución de la confederación ateniense cinco años atrás. Durante las numerosas guerras y desastres por las que había pasado, sólo una cosa se mantuvo intacta: el valor de la dracma. La moneda ateniense conservó siempre el mismo valor equivalente en plata. Esto convirtió a los banqueros de Atenas en los más poderosos de Grecia. La población se había trasladado a las ciudades y los campos eran cultivados por esclavos que el gobierno alquilaba a unos pocos terratenientes. También fueron usados en las minas de plata. Las desigualdades sociales aumentaron. Platón decía que había dos Atenas: la de los ricos y la de los pobres, una en guerra contra la otra. Isócrates añadía:

Los ricos se han vuelto tan antisociales que preferirían tirar al mar todos sus bienes antes que ceder una parte a los pobres, los cuales, por su parte, tienen más odio a la riqueza ajena que compasión por sus propias estrecheces.

Se dice que había un club aristocrático cuyos miembros se comprometían por juramento a obrar contra la comunidad. Los banqueros fomentaron el comercio, el cual hizo crecer a una burguesía sedienta de oro. Ante esta situación surgieron algunas reacciones individuales. Una de las más famosas fue la de Diógenes. Había nacido en Sinope, una ciudad de Asia Menor. Su padre había sido banquero, pero fue desterrado por falsificar moneda. Diógenes se hizo discípulo de Antístenes y llevó más allá sus ideas. Según él, la virtud es el bien soberano. La ciencia, los honores y las riquezas son falsos bienes que hay que desterrar. El sabio debe liberarse de los deseos y reducir al mínimo sus necesidades. Platón lo llamaba "Sócrates delirante", porque caminaba descalzo, dormía en los pórticos de los templos y tenía por única habitación un tonel. Cuentan que un día vio a un niño beber agua con las manos en una fuente. Diógenes dijo: "Este muchacho me ha enseñado que todavía tengo cosas superfluas", y acto seguido tiró su escudilla. Profesaba un gran desprecio por la humanidad. En una ocasión apareció en pleno día por las calles de Atenas llevando una linterna encendida y diciendo: "Busco un hombre". Los atenienses se burlaban de él, pero al mismo tiempo le respetaban y le temían. No cabe duda de que Diógenes disfrutaba escandalizando a sus conciudadanos. Sostenía que el hombre era un animal y que debía vivir como tal, en armonía con la naturaleza. Hacía sus necesidades en las calles. Una vez alguien le recriminó por masturbarse en la calle y el respondió "Ojalá pudiera calmar el hambre frotándome el estómago". Tal vez por esto, Antístenes, Diógenes y sus seguidores fueron llamados Cínicos, que en griego significa algo así como "perrunos". Otra teoría es que Antístenes vivía en una calle llamada "Perro blanco", y él se llamaba a sí mismo, "el verdadero perro".

Filipo II de Macedonia había puesto su mirada en Olinto, cuyo territorio constituía la única parte de la Calcídica que todavía no estaba bajo el poder macedonio. Olinto pidió ayuda a Atenas y Demóstenes pronunció tres discursos en favor de que su petición fuera atendida, pero Atenas se limitó a enviar a Cares al frente de unos pocos mercenarios. Filipo II venció sin dificultad y en 348 se apoderó de Olinto. Atenas envió diez embajadores para pedir la paz. Entre ellos estaban Demóstenes y Esquines. El rey dilató las negociaciones con diversas escusas hasta que tuvo asegurado su dominio sobre toda Tracia. Finalmente firmó un tratado con Atenas en el que le cedía el Quersoneso Tracio. En esta fecha Roma y Cartago renovaron un antiguo acuerdo comercial firmado en los primeros años de la república.

En 347 murió Platón. Había pasado sus últimos años absorbido por su Academia. Cuentan que un alumno le invitó a ser su padrino de boda, él aceptó y participó en el banquete, luego se retiró a descansar y a la mañana siguiente lo encontraron sin vida. Toda Atenas lo acompañó al cementerio.

Uno de los alumnos que más lloró la muerte del maestro era Aristóteles, que le erigió un monumento. Por aquel entonces estaba cerca de los cuarenta años. Había nacido en Estagira, una ciudad de Macedonia, y su padre, Nicómaco, había sido en Pella el médico personal de Amintas III, el padre de Filipo II. Nicómaco le inició en el estudio de la medicina y la anatomía, y luego lo envió a Atenas, a la edad de 17 años, donde pasó unos veinte años con Platón. Parece ser que descató como el más inteligente y el más diligente de sus alumnos. Trató de convertirse el sucesor de Platón al frente de la Academia, pero al final la sucesión recayó en Espeusipo, sobrino del maestro. Indignado, emigro a la ciudad de Atarmea, en Asia Menor, donde gobernaba su amigo Hermias, que había pasado un tiempo en la Academia años atrás. Allí se casó con Pitia, la hija de Hermias y escribió el diálogo Sobre la Filosofía, en el que expone ideas que le distancian de las posiciones de Platón. Al mismo tiempo se dedicó a compendiar la obra de los principales filósofos griegos.

Otros famosos discípulos de Platón fueron Eudoxo y Heráclides. Eudoxo había nacido en Cnido unos sesenta años atrás. Realizó muchas contribuciones a la geometría y a la astronomía. Fue el primer griego que demostró que el año no tiene exactamente 365 días, sino 6 horas más. Se dio cuenta de que las observaciones de los planetas contradecían la teoría platónica de que éstos giran alrededor de la Tierra en órbitas circulares. Platón creía que las estrellas y los planetas estaban fijados a unas esferas en constante rotación. Eudoxo refinó la teoría suponiendo un total de 26 esferas, cada una de las cuales gira uniformemente sobre un eje fijado a la esfera siguiente, de modo que los movimientos combinados de todas ellas se ajustaban a las observaciones. No obstante, el ajuste de Eudoxo no era perfecto y, un poco más tarde, un discípulo suyo, Calipo de Cízico, tuvo que aumentar el número de esferas hasta un total de 34.

Por otra parte, Heráclides, nacido en Heraclea Póntica (en la costa de Asia Menor en el mar Negro), que tendría unos 43 años por aquel entonces, había señalado que no era necesario suponer que la Tierra permanece inmóvil en el centro del universo mientras todos los astros giran a su alrededor, sino que el mismo efecto se produciría si fuera la Tierra la que girara sobre sí misma. Es el primer hombre conocido que conjeturó la rotación de la Tierra. Heráclides también observó que los movimientos de Mercurio y Venus podían explicarse mejor si se suponía que en lugar de girar alrededor de la Tierra lo hacían alrededor del Sol.

En 346 Filipo II puso fin a la Tercera Guerra Sacra aliándose con Tebas y expulsando de Delos a los focenses. Ese año presidió los juegos Píticos, establecidos dos siglos antes con motivo de la Primera Guerra Sacra. Demóstenes siguió intentando que Atenas declarara la guerra a Macedonia, pero los partidarios de Filipo II se iban imponiendo en la ciudad. En 344 pronunció su Segunda Filípica.

Entre tanto Sicilia estaba sumida en el caos. Cada ciudad tenía su propio tirano y todas combatían entre sí. A menudo unas ciudades pedían ayuda a Cartago en contra de otras. Finalmente Cartago puso sitio a Siracusa, la cual pidió a Corinto en 343 que le enviara un general capaz de unificar a los griegos contra los tiranos y contra los cartagineses. Era mucho pedir, pero casualmente existía el hombre idóneo. Se llamaba Timoleón, y era a la vez un gran luchador y un gran idealista. Sus convicciones democráticas eran tan hondas que cuando su hermano se erigió en tirano de Corinto, unos veinte años atrás, él mismo aprobó su ejecución. Su familia, indignada, lo envió al exilio. Ahora tenía ya casi sesenta años, pero aceptó la invitación de Siracusa y embarcó a mil hombres en diez naves, con las que navegó hacia Reggio, una ciudad griega del sur de Italia. Allí se encontró con una flota cartaginesa que le exigió que volviera a Grecia. Timoleón pidió discutir la cuestión en el concejo ciudadano de Reggio. Allí retrasó la discusión mientras sus barcos se hicieron a la mar en secreto. Él mismo se escabulló en el último momento y, cuando los cartagineses se dieron cuenta del engaño, ya era demasiado tarde. Trataron de perseguirle, pero Timoleón llegó a Siracusa. Allí aceptó la rendición de Dionisio, que se retiró a Corinto.

Timoleón logró convertirse en el centro del patriotismo griego en Sicilia, hasta el punto de que los cartagineses decidieron levantar el sitio a Siracusa por el temor de que los griegos que tenían de su parte cambiaran de bando. Paulatinamente se fue haciendo con el dominio de toda la isla, y en cada ciudad afirmó en el poder a la facción anticartaginesa.

Aristóteles vio frustrado su intento de fundar una academia en Atarnea, pues tuvo que huir cuando el sátrapa Mentor tomó prisionero a Hermias, lo hizo ejecutar y se apoderó de la ciudad. Aristóteles se dirigió a Lesbos, donde pasó un tiempo en las propiedades de otro antiguo compañero de la academia, llamado Tírtamo, aunque es más conocido con el nombre que le dio Aristóteles, Teofrasto (el divino hablador). Allí murió Pitia, tras dar a luz a una hija. Poco después Filipo II lo llamó a Pella para que se encargara de la educación de su hijo Alejandro, que a la sazón tenía trece años de edad. Junto a Aristóteles, mandó llamar a Lisímaco para que le enseñara literatura y al príncipe moloso Leónidas para que le adiestrara como soldado.

Poco antes había estallado una especie de guerra civil en Italia entre los samnitas del Samnio propiamente dicho y los que habían ocupado la Campania tras la retirada de los etruscos. Los samnitas de la Campania pidieron ayuda a Roma, que se había convertido en una de las grandes potencias de la región. Roma firmó una alianza con la ciudad de Capua y declaró la guerra a los samnitas. Se iniciaba así la Primera Guerra Samnita. Tras dos años de combates, en 341 ambas partes acordaron la paz sin una victoria definitiva. Probablemente Roma optó por la paz al darse cuenta de que las ciudades del Lacio no estaban participando en la guerra como se esperaba, y temió que terminaran rebelándose contra la supremacía romana.

Ese mismo año Filipo II fundó la ciudad de Filipópolis a unos 160 kilómetros al norte del Egeo. Ningún ejército civilizado había llegado tan al norte desde los tiempos en que Darío I conquistara Tracia. Ese mismo año Demóstenes consiguió finalmente que las ciudades griegas de la propóntide se levantaran contra Filipo II. Entre ellas estaba Bizancio, y gracias a su Tercera Filípica Demóstenes logró que recibiera el apoyo de Atenas, lo cual puso de nuevo en Guerra a Atenas y a Macedonia. Por primera vez Filipo II sufrió un revés. Tras un largo asedio, se vio obligado a abandonar Bizancio. Esto aumentó el prestigio de Demóstenes.

Por esta época se celebró el segundo concilio budista, en la ciudad de Vaisali. En él se condenó la relajación de la regla de los monjes de Vajji, y se acordó que cada monje pudiera almacenar un cuerno de sal, beber leche cuajada después de la comida y comer durante la tarde.

En 340 Artajerjes III marchó de nuevo contra Egipto. Se produjo un enfrentamiento cerca de la ciudad de Pelusio, en el Delta. En realidad fue en gran medida una batalla de griegos contra griegos, pues buena parte de ambos ejércitos estaba formada por mercenarios. El bando persa venció y el rey Nectanebo II tuvo que huir a Nubia. Fue el último rey nativo que tuvo Egipto.

Ese mismo año las ciudades del Lacio se rebelaron contra Roma. Se inició así la Guerra Latina. Se confirmó la habilidad de Roma para hacer las paces a tiempo con el Samnio. Sus ejércitos ya habían regresado del sur y estaban listos para enfrentarse a los latinos. En dos batallas campales derrotaron al grueso de las fuerzas rebeldes. Se cuenta que en una de ellas, el consul Publio Decio Mus (el ratón) se hizo matar deliberadamente para que sus hombres contaran con el favor de los dioses. Es probable que los romanos combatieran más animosamente sabiendo que Marte estaba con ellos, así como que los enemigos se sintieran desalentados. Tras las batallas, Roma se dedicó a ajustar cuentas con las ciudades del Lacio una por una.

En 339 Cartago se vio en condiciones de hacer frente a Timoleón en Sicilia. Envió una gran fuerza a la isla, y Timoleón tuvo que hacerle frente con un número de hombres mucho menor. Marchó rápidamente hacia el oeste y pudo llegar al borde del valle del río Crimiso, a unos 65 kilómetros al este de Lilibeo. Se desató una espesa niebla, de modo que los cartagineses no vieron a los griegos sobre ellos mientras empezaron a cruzar el río. Cuando la niebla se disipó, sólo una parte de su ejército había cruzado. La caballería y las tropas de elite estaban en el lado griego, pero el grueso del ejército no. Timoleón atacó inmediatamente y destruyó a la parte más valiosa, pero inferior en número del ejército enemigo. Cuando el resto del ejército logró atravesar el río se desencadenó una tormenta, y el viento soplaba de forma que la lluvia daba en la cara a los cartagineses. Éstos se vieron obligados a retroceder hacia el río desbordado y, cuando sus filas se rompieron, muchos murieron ahogados. Timoleón obtuvo una victoria completa. Tras comprobar que Sicilia estaba libre de peligro, renunció a todo su poder y se retiró a de la vida pública. Murió al año siguiente.

Mientras tanto sucedió que Anfisa, una ciudad focense, estaba cultivando unos campos que habían sido declarados malditos tras la Primera Guerra Sacra. Los sacerdotes de Delfos denunciaron el hecho y se inició una Cuarta Guerra Sacra. Filipo II fue llamado una vez más y su ejército acampó en las costas del golfo de Corinto. Demóstenes logró entonces su mayor victoria diplomática. Logró que Tebas se aliara con Atenas en contra de Filipo II. El enfrentamiento se produjo junto a la ciudad beocia de Queronea, en 338. Las tropas atenienses se dispersaron y huyeron deshonrosamente. Entre ellas estaba el propio Demóstenes. Cuando le reprocharon su huida, se cuenta que respondió con una frase que se ha hecho célebre: "Quien combate y huye, vive para combatir otra vez." La actuación tebana fue más honorable. La Hueste Sagrada no había sido derrotada desde que la formara Epaminondas, pero para todo hay una primera vez. La falange Macedónica pudo con ella, aunque los tebanos murieron todos de cara al enemigo.

Ese año murió también el rey espartano Arquidamo III. Al igual que su padre, terminó sus días como mercenario, esta vez al servicio de los tarentinos, que habían solicitado su ayuda contra las tribus nativas italianas. Fue sucedido por su hijo Agis III.

Filipo II ocupó Tebas y la trató con dureza. En cambio, a Atenas la dejó intacta. Tal vez decidió que era lo más conveniente, pues, ciertamente, con ello logró que los atenienses promacedónicos se impusieran en la ciudad. A continuación fueron las ciudades del Peloponeso las que aceptaron la dominación macedonia. Todas menos Esparta, que, pese a que carecía de todo poder real, se aferró a su orgullo y declaró que no se sometería. Filipo II envió un mensaje que decía: "Si entro en Laconia, arrasaré Esparta."

Se cuenta que el rey Agis III respondió: "Sí". Es el laconismo más famoso de la historia.

Por algún motivo, Filipo II decidió dejar en paz a Esparta. Tal vez le admiró su respuesta, o simplemente pensó que destruir una Esparta inerme podría generarle animadversiones en Grecia. Por primera vez, toda la Grecia continental (salvo Esparta, nominalmente) estaba gobernada por un solo hombre.

Por aquel entonces Roma ya había pacificado por completo el Lacio a base de severos castigos. Desde entonces Roma ya no aparentó ser la cabeza de una coalición. El Lacio pasó a ser considerado territorio romano y sus ciudades perdieron toda forma de autogobierno. Fueron gobernadas por las leyes de Roma y cualquier litigio que surgiera tenía que ser resuelto en Roma. Por otra parte, cualquier latino podía obtener la ciudadanía romana y todos los derechos que ella comportaba si se trasladaba a Roma.

Entre tanto murió asesinado Artajerjes III y fue sucedido por su hijo Arses, pero, a diferencia de sus predecesores, no supo hacer frente a los desórdenes que seguían indefectiblemente a la muerte del rey, y el Imperio cayó en la anarquía. Este mismo año murió Isócrates, y también, el duque Xiao de Qin, en China.

En 337 Filipo II convocó una asamblea de ciudades griegas, que se reunió en Corinto. Se votó la guerra contra Persia y Filipo II fue elegido comandante en jefe del ejército griego. Se envió a Persia una avanzadilla de tropas Macedónicas para preparar el ataque.

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El rey Filipo de Macedonia

Introdución

Durante muchos años Macedonia fue una zona inestable, cuyos reyes se asesinaban unos a otros para conseguir el poder sobre todas las tribus. Hasta que llegó un nuevo rey, un joven de veintidós años llamado Filipo, y con él el comienzo de una gran Historia y de un gran Imperio. Filipo impuso el poder sobre los demás y consiguió que su pueblo sacara partido de su ventajosa posición geográfica. Las hazañas de Filipo son grandiosas pero en realidad no son sino la apertura de un camino de gloria que recorrería su hijo Alejandro Magno.

Filipo rey

En el año 356 adC subió al trono de Macedonia el joven Filipo de veintidós años, con el nombre de Filipo II. De él se dice que era un excelente jinete, gran nadador y un soldado muy sufrido en campaña. De maneras afables, conversación animada y gusto por los festines. Se había casado con Olimpia, princesa de Epiro, y tenía un hijo, Alejandro, que sería más tarde Alejandro Magno.

Filipo había pasado tres años en Tebas en calidad de rehén y allí había aprovechado bien el tiempo, estudiando de cerca los ejércitos griegos y su política. Allí se había dado cuenta de que la nueva táctica de la ruptura que se enseñaba a los soldados, basada íntegramente en la falange, podía mejorarse y mucho. En el campo político se dio cuenta de que Tebas ya no era la ciudad fuerte ante Atenas, que se debilitaba y dejaría de dominar. Pensó que tal vez él y Macedonia podrían ser los nuevos dominantes, como así sucedió. La idea de este rey era llegar a la unidad política de todos los pueblos griegos bajo su mando.

El ejército

Su primer cometido fue organizar un buen ejército, un ejército competente, disciplinado y numeroso, capaz de enfrentarse con los más grandes pueblos de aquel mundo conocido, capaz de dominar, como lo hizo, a lo largo de dos siglos. Filipo preparó el ejército no con mercenarios sino con sus súbditos, para el posterior triunfo de Alejandro Magno, de la misma manera que Cayo Mario preparó en Roma el ejército que haría triunfar a César. El biógrafo griego Plutarco (c. 46-125) escribiría siglos más tarde esta coincidencia en su gran obra Vidas paralelas.

El rey proporcionaba las armas:

casco
coraza de cuero
escudo pequeño y redondeado
espada corta
lanza de 6 metros y medio, llamada sarissa. Era famosa esta lanza, la más larga y pesada que se conoce de la antigüedad.

Se componía de:

caballería (formada por la clase de la nobleza). Desde antes, los reyes macedonios tenían una tropa de jinetes nobles que formaban su escolta. Se llamaban Haires (compañeros). Filipo organizó a su modo esa caballería y les dio a todos las mismas armas: coraza metálica, jabalina y sable. Eran en total 800 hombres.

infantería (formada por la masa del pueblo).
falange (donde estaban los hombres más robustos).

Al principio este ejército lo componían 10.000 soldados; poco a poco fue engrosando el número y llegaron hasta los 30.000. Llegó a ser muy superior a todos los demás ejércitos de los distintos pueblos griegos, no sólo superior en número de contingentes, sino, lo que es más importante, en organización y disciplina. Filipo sabía que los griegos se habían ido relajando en sus costumbres y por tanto él trató de corregir todos los fallos. Los soldados griegos temían las grandes marchas, nunca se ponían en campaña si no era primavera, llevaban muchos carros consigo y sirvientes, lo que hacía que se llenaran los campos y que se retrasaran las marchas. Desde un principio, Filipo obligó a sus soldados a caminar 50 km diarios llevando sus armas e impedimentas, prohibió llevar vehículos y sólo consintió un sirviente por cada 10 hombres y uno también para cada jinete. Además hizo campañas en invierno. Era muy rígido y contaba con la disciplina por encima de todo.

Para la lucha en el campo de batalla se colocaban en falange, que era la masa regular. La falange no era un invento de Filipo, ya existía entre los griegos, pero él supo perfeccionarla. La falange macedonia constaba de 16 filas de fondo y todos los hombres armados con la sarissa. Los hombres de las 6 primeras filas sostenían con las dos manos la lanza tendida en dirección al enemigo. Por delante de ellos iban asomando las lanzas de las filas de los que estaban detrás, de manera que la formación quedaba así:

En la primera fila la lanza o sarissa avanzaba 6 metros (6 y medio, a veces).
La segunda fila sobrepasaba su lanza en 5 metros a la primera.
La tercera sobrepasaba en 4 metros.
La cuarta sobrepasaba en 3 metros.
La quinta, en 2 metros.
La sexta en 1 metro.

Las últimas filas sostenían su lanza hacia arriba, se mantenían a la expectativa y cubrían bajas. En caso necesario, las ocho últimas filas hacían frente al lado opuesto, volviendo la espalda a sus compañeros. Entonces se formaba una agrupación impenetrable. La falange era una masa pesada, de movimientos lentos, que sólo podía maniobrar en llano. Para movimientos rápidos, escalar alturas y atrincheramientos, Filipo contaba con infantes que llevaban un escudo pequeño y armas ligeras.

Otra cuestión de la que se ocupó este rey fue de la maquinaria de guerra que llegó a ser la más completa que los historiadores hayan conocido hasta ahora. Se empleaba para sitiar las ciudades y constaba de catapultas (que lanzaban grandes piedras y tizones encendidos) y torres movibles para alcanzar las murallas. Con este ejército tan preparado y tan bien equipado Alejandro Magno pudo realizar los sueños de su padre Filipo: conquistar Persia.

Las victorias

Su campaña comenzó por los alrededores de las tierras de Macedonia. En el 355 adC conquistó la ciudad de Crenidas, (a la que bautizó con su nombre llamándola Filipos o Filípolis) cerca de la costa del mar Egeo, a orillas del río Hebro y al otro lado de la zona minera de Pangreo. Desde esta ciudad podía tener el control absoluto de la producción de oro y a partir de ese momento, Filipo pudo acuñar en este metal y dejar de lado la plata que patrocinaban otras ciudades. En el año 349 adC invadió la Península Calcídica y en el 348 adC destruyó su principal ciudad, Olinto. Siguió hacia el sur y consiguió ser el gobernador de la región de Tesalia.

La primera victoria de Filipo en territorio de los griegos fue en año 346 adC en que venció a la región de Fócida (en el centro de la península griega). Esta victoria dio la alerta general de que algo estaba pasando y que aquellos bárbaros con su rey al frente debían ser tenidos en cuenta. A partir de este momento, Macedonia fue admitida (aunque no de muy buen grado) en el consejo de ciudades, lo que se llamaba Anfictionía, y Filipo aprovechó su posición en dicha Liga para dominar los asuntos de Grecia y tener el control del Oráculo de Delfos, asunto éste de suma importancia para cualquier decisión militar o política que hubiera que tomar.

En el año 338 adC, Filipo, con su gran ejército, se dirige a Queronea (Beocia) y arrasa literalmente a las huestes de Tebas y Atenas, que, aunque enemigas, se habían aliado temporalmente frente a un enemigo común. En esta batalla, su hijo Alejandro, de 18 años de edad, tenía a sus órdenes 1.800 jinetes. Después de esta gran victoria, Filipo se comportó sabiamente haciendo gala de gran político; no humilló a los vencidos pero les impuso la paz del vencedor y les dio a conocer sus ambiciosos planes: invadir Asia y destruir el Imperio Persa.

El eterno rival de Filipo fue el ateniense Demóstenes, político y orador, que mantuvo en vilo y en odio perpetuo contra Filipo y Macedonia a sus conciudadanos. Demóstenes quiere la guerra a toda costa, a pesar de la paz impuesta, y con sus discursos solivianta y perpetúa la enemistad de Atenas con Macedonia. Son las famosas Filípicas, palabra que en nuestros días se sigue usando como sinónimo de regañina importante.

Muerte de Filipo

En el año 337 adC, Filipo se divorcia de Olimpia. Su intención era volverse a casar con una noble macedonia. Para aplacar el descontento de los nobles de Molosia (de donde era Olimpia), trama un matrimonio de conveniencia entre su propia hija Cleopatra y un hermano de Olimpia (es decir, un tío de Cleopatra) que era rey vasallo en Molosia.

Para la boda se organizaron grandes fiestas en Pella (capital de Macedonia). Desde el amanecer avanzaban en procesión solemne las estatuas de los doce dioses sentados en tronos lujosos muy adornados. Había una estatua que hacía el número trece: era la efigie del gran Filipo. Hubo un gran banquete y a continuación todos se dirigieron al teatro para terminar allí el agasajo. Llegó Filipo que se había vestido de blanco para la ocasión y cuando se disponía a entrar en el recinto se le abalanzó un joven noble macedonio y le hirió en un costado. Murió al instante allí mismo. El asesino se llamaba Pausanias (como el famoso general del siglo V adC y el famoso historiador del siglo II) y se dijo entonces que había sido una venganza personal por no haber podido obtener justicia de Filipo en una ocasión en que la necesitó. La verdad no se ha sabido nunca.

Los historiadores de todos los tiempos han barajado muchas teorías sobre el caso. Lo primero que han hecho siempre ha sido preguntarse quien salía beneficiado con la muerte de Filipo. Pero esta pregunta tiene muchas réplicas. Varios personajes pudieron estar implicados:

El propio Alejandro, su hijo
Olimpia, la esposa de la que se divorció
El rey de Persia
Muchos nobles macedonios
Demóstenes, el eterno enemigo


Cada autor presenta su tesis y sus teorías, pero el asesinato de Filipo sigue siendo un misterio para la Historia de la Humanidad.

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Fragmento de "El Macedonio" de Nicholas Guild

Filipo era hijo de Amintas, y el príncipe más joven (y por tanto el más alejando en la línea sucesoria del trono de Macedonia). Al morir Amintas fue rey Alejandro, hermano de Filipo. En una arriesgada campaña Alejandro muere y sube al trono Pérdicas, que también acaba muriendo. Para decidir quien subiría al trono se hace una asamblea. Filipo era el único en la zona reservada solo a los Argeadas, siendo el que quedaba de esta dinastía. Así, en el 356 a.C. con veintidós años Filipo pasa a ser Filipo II de Macedonia.

Cuando contaba nueve años, Epaminondas se lo llevó como rehén la ciudad de Tebas, donde aprendió las tácticas militares de los tebanos y concibió su patria como una potencia. Con sus nuevos conocimientos hizo reformas en el ejército que le permitieron vencer a ilirios, tesalios, peonios y tracios, extendiendo las fronteras de Macedonia. Por esa actitud consiguió enemistarse con Atenas, pero al final firma la paz con la ciudad (Paz de Filócrates).

La firma de un tratado permitió a Filipo extender sus territorios por Épiro y Tracia (aunque le enemistó con Atenas y Esparta, que se unen). Tras tres años consigue vencerles en Queronea (donde Alejandro, al frente de "La Punta" juega un papel protagonista) y se convierte en dueño absoluto de toda la Hélade. Al año siguiente convoca las ciudades griegas a una asamblea y se funda una liga panhelénica y pone en marcha lo que luego sería el gran logro de su hijo, el sometimiento del imperio persa.

En la boda de su hija Cleopatra (hija también de Olimpia) con Alejandro de Épiro muere a manos de un hombre de la corte llamado Pausanias. Los responsables del asesinato aún siguen sin ser descubiertos.

El príncipe Filipo va a Elimea de parte de su hermano, el rey Pérdicas, a advertir al rey Derdas de Elimea de que ha ofendido a los macedonios:

"Filipo miró hacia donde indicaba y vio enseguida a quién se refería. Derdas era un joven alto y bien parecido, de pelo negro y ensortijada barba reluciente del mismo color. Su aspecto reunía todas las cualidades de un gran rey, salvo la inteligencia, y la expresión casi vacua de sus ojos debía ser producto de haber bebido en exceso más que un defecto natural. Filipo pensó que quizás no todo estaba perdido.

Había tres jóvenes muy elegantes sentados en su mesa. El de la derecha parecía estar a punto de caer al suelo, a juzgar por el modo como se aferraba al borde de la mesa, y Filipo pensó que una persona tan beoda estaría seguramente más a gusto en el suelo, por lo que le dio un empujoncito para ayudarle; después ocupó su asiento, probó el vino y, tras pensar que el encargado de la bodega real engañaba a su amo, dejó la copa en la mesa y puso la mano en el hombre de Derdas.

-Señor, tenemos un asunto a tratar.
Derdas se quedó tan atónito como si al volver la cabeza se hubiese encontrado con un cuchillo en la garganta. Por fin, con una voz ronca de los excesos, fue capaz de musitar:
-¿Qué es de Dipsaleo, que estaba sentado aquí hace un instante? ¿Quién eres?
-Soy un emisario, mi señor, que trae el mensaje de que debes aprender a refrenar tu imprudencia, pues has ofendido al rey Pérdicas de los macedonios, provocando su cólera.
-¡Amigo, soy un nabo si se de qué me hablas! -Replicó Derdas, volviéndose al que tenía a su izquierda y soltanto una estruendosa carcajada-. Antinous, ¿has oído? ¡Soy un nabo!

La gracia fue acogida con grandes risotadas, al menos por parte de los compañeros del rey que conservaban aún suficiente raciocinio para saber lo que debían de hacer. Filipo, sin embargo, se esforzó por mantener cierta compostura e incluso adoptó un aire más serio, pues comprendió que no solo estaba hablando con un imbécil, sino que nadie se había molestado de informar al imbécil de su presencia.
-Si eres o no un nabo no es de mi incumbencia, mi señor, pero sugiero que no te retires muy tarde esta noche y te presentaré mis respetos por la mañana.
Derdas se quedó mirando con la boca abierta, como quien no acaba de saber si le han dicho una gracia, pero está decidido a reírse. Filipo a duras penas pudo reprimir los deseos de asestarle un puñetazo a aquel borracho, pero se contentó con levantarse de la mesa y abandonar el salón indignado."

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Las Falanges de Alejandro

La macedonia que heredó Alejandro al subir al poder distaba mucho de la que gobernó su abuelo Amintas II. En aquella Macedonia igual que la que heredó FilipoII , las luchas de los nobles y los terratenientes marcaban el acceso al trono, que se realizaba en la persona del "mejor", que no siempre era el que se suponía heredero. Filipo II asumió el poder y la regencia , elegido por aclamación p or la Asamblea de los hombres libres macedonios, como un par entre iguales , aglutinándolos en su entorno y sacando a Macedonia de su estado que l os griegos del sur suponían de "semibarbarismo, ya que, fundamentada en campesinos y guerreros, no eran políticos en el sentido urbano de "polis".
De las reformas que hizo Filipo II , la que más efectiva sería para la Macedonia del futuro fue la del ejército. Filipo aprendió las técnicas guerreras, de armamento, la poliorcética y de lucha, en su exilio como rehén en Tebas de Beocia, junto a los generales Epaminondas y Pelópidas.

Uno de los factores más importantes era la organización y disciplina que el ejército necesitaba; así que creó un ejercito permanente conformado por unidades de caballería, infantería ligera e infantería pesada (hoplitas), además contaba con aliados y también usaría a los mercenarios.

El ejército lo organizó en una de las fórmulas que más éxito a tenido a lo largo de la historia : la falange. Ésta era un formación de combate en 16 (u 8) filas de 256 hoplitas que iban armados con lanzas de 4.20 ms. de las cuales las de la sexta fila sobresalían 1.5ms a los de los que iban en primera fila, ya que se inclinaban.

La falange macedonia

La falange formaba así un erizo defensivo. Además la falange era precedida por arqueros, honderos y tiradores y también flanqueada por la infantería ligera.

El ejército contaba además con una potente caballería en al que se incluían los cuerpos de Hetairoi (Compañeros) y los acorazados, donde iba el rey. En total contaba con un ejército fijo y bien entrenado de unos 30000 hombres, disponiendo de más si era necesario. Los hombres eran reclutados de 12 circunscripciones en las que dividió Macedonia. No podemos olvidarnos de la estrategia, más allá de las formaciones que realizó, usó máquinas de guerra que aterrorizaban a los griegos y que diseñaba el tesalio Polyeidos. Filipo encontró la fórmula que haría de su ejército el más temido y poderoso de la Hélade.

La historia de la guerra en la Antigüedad se halla jalonada, en buena medida, por la formación de unidades crecientemente adaptadas para lograr una mayor eficacia bélica que se imponían en el campo de batalla hasta enfrentarse con otra de carácter militarmente superior. Entre el conjunto de estas unidades sobresalió con especial relevancia la denominada falange. Utilizada de manera profusa por los macedonios su origen era Tebas de Beocia, polis cuya hegemonía tuvo lugar unos años antes que la de Macedonia.

Se debió a dos generales singulares: Pelópidas y Epaminondas. Su perfeccionamiento se debió a de Filipo de Macedonia.

Polibio ha dejado una descripción detallada de su forma de funcionamiento: el soldado, con sus armas, ocupaba un espacio de tres pies en posición de combate, mientras que la longitud de la lanza larga que llevaba o sarisa era de 16 codos. Esta circunstancia despejaba una distancia de 10 codos por delante de cada hoplita, cuando cargaba sujetando la lanza con ambas manos. La longitud de las lanzas permitía que el combatiente de la primera fila quedara protegido por las que sobresalían procedentes de la 2ª, 3ª, 4ª y 5ª fila. Dado que la falange contaba con 16 filas de profundidad, de las que sólo atacaban las cinco primeras, las otras 11 se limitaban a levantar las sarisas por encima del hombro de los que les precedían protegiéndolos y, en su caso, relevándolos.

Asi, la falange se convertía en un erizo invulnerable que esperaba el agotamiento del adversario para luego embestirlo y destrozarlo con su potencia de choque. Esta unidad resultaba invencible en la medida que destrozaba el orden de batalla del enemigo, por regla general, incapaz de acabar con aquel erizo de lanzas largas. Pero había dos puntos débiles. El primero era la necesidad de contar con un terreno llano y sin obstáculos. El segundo, que encarecía de capacidad de maniobra frente a un ataque envolvente. El tercero, que solo valía para el conjunto. Un miembro de la falange aislado no podía recibir ayuda de sus compañeros y estaba condenado a muerte, ya que no podía defenderse a sí mismo.

Mientras la falange no se enfrentó con esos peligros, fue imbatible en el campo de batalla como demostrarían tanto Filipo con Alejandro. Sin embargo, en el choque con las legiones romanas fue derrotada vez tras vez por las espadas cortas y los escudos romanos.
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3 comentarios

Gustavo (Brasil) -

Show de bola estes artigos! Parabens!

veroniaca -

este articulo me parece mui importante

Anónimo -

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