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Terrae Antiqvae

Las leyendas de La Carisa

Las leyendas de La Carisa Foto: Una moneda encontrada en el picu La Bolla, en La Carisa.

La investigación científica del campamento astur-romano pone fin a decenas de fabulaciones sobre su origen.

Por José A. ORDÓÑEZ, Pola de Lena, La Nueva España, 16 de enero de 2005

Un halo legendario y romántico envuelve la historia del monte Curriechos, en el límite geográfico entre Lena y Aller. Hoy, gracias a las investigaciones de Jorge Camino, Yolanda Viniegra y Rogelio Estrada, está confirmado que la cumbre alojó hace más de dos mil años un campamento poblado por los legionarios romanos encargados de someter a las tribus astures. Sin embargo, durante siglos, los restos arqueológicos del enclave animaron variadas y curiosas explicaciones sobre su origen. De fabulosas batallas del tiempo de los árabes, en el caso del pueblo llano, y de diversos episodios relacionados con las guerras astur-romanas, en el de los eruditos.

La investigación más o menos rigurosa en torno a La Carisa comienza a mediados del siglo XIX. Un acontecimiento destacado fue el hallazgo, en 1849, de un casco de bronce con relieves por parte de un vaquero en las inmediaciones de Curriechos. Por esas mismas fechas, en el cercano término de Fuentes, apareció una punta de lanza con una perforación en el mango. Además, en Murias se localizó un centenar de denarios de Augusto y Tiberio. Las pistas estaban encima de la mesa. Comenzaba la labor de los investigadores y, al tiempo, la interpretación legendaria de estos vestigios históricos.

Primero, las leyendas. En sus estudios sobre La Carisa, Camino, Viniegra y Estrada citan a Constantino Cabal, quien, a mediados del pasado siglo, escribe que los más viejos del lugar localizaban en el entorno de La Carisa una antigua batalla en la que habría participado el general Carís. Además, entre las creencias populares más extendidas está la de la fuente del Sepu. Según cuenta Gausón Fernández, la tradición relata que en las Yanas de Curriechos tuvo lugar un cruentísimo choque armado entre los invasores árabes y las tropas cristianas. Los sarracenos sufrieron una estrepitosa derrota en la zona de Buschumoso, con tal número de bajas que de la fuente del Sepu brotó sangre ininterrumpidamente durante dos años. Según la leyenda, los escasos árabes que consiguieron escapar de la matanza fueron atrapados por los cristianos en Pindiella, donde los prendieron («pindiéronlos») de una viga.

Soldados enterrados

Aunque Luis Alfonso de Carvallo en su «Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias» (1695) ya localiza entre los montes de Lena y Quirós el lugar por el que los romanos lograron romper la resistencia de los astures transmontanos, la interpretación más o menos científica de las leyendas y de los restos arqueológicos de época romana de Curriechos se desarrolla a partir de mediados del siglo XIX. Así, en 1858, Caunedo en el «Álbum de un viaje por Asturias» asegura que las tropas imperiales encargadas de conquistar el territorio que hoy es Asturias acamparon en Fierros y La Romía, en el valle de Pajares, y que en Campomanes enterraron a sus numerosas bajas de guerra. De ahí que en esa localidad lenense se hubieran encontrado en el siglo XVII gran cantidad de monedas y lápidas de época romana.

Por su lado, en 1897, Menéndez Pidal localiza en Buschumoso, donde está la fuente del Sepu, el reducto final de las tribus astures y cántabras. Mientras que Tuñón y Quirós, sólo unos años antes, había ubicado en los montes de la zona el «Mons Medullius», escenario en el que los restos de las tribus indígenas, acorraladas por los romanos, decidieron suicidarse con veneno antes que caer en poder del invasor.

Ya en el siglo XX, José Manuel González logra identificar un camino que atraviesa la Cordillera en dirección a Ujo como la vía romana que sirvió para la penetración a las tropas imperiales hacia los valles del centro de la región. El hallazgo de la vía Carisa resultaría fundamental para el estudio de todo el enclave.

Un siglo y medio después de las pioneras interpretaciones de Menéndez Pidal, Caunedo y Tuñón y Quirós, las investigaciones realizadas durante los dos últimos años por Camino, Viniegra y Estrada han conseguido fijar el verdadero origen de los restos arqueológicos que tanto han llamado la atención entre los eruditos. Los arqueólogos de la Consejería de Cultura logran confirmar que el monte Curriechos no albergó edificaciones de defensa astur frente al invasor romano, como se tenía por cierto hasta ahora, sino que, por el contrario, fue el escenario elegido por las tropas imperiales para construir un gran campamento militar de avance hacia la región, que, por cierto, es el situado a mayor altitud de cuantos se conocen en Europa.

Para completar la interpretación del enclave como un gran teatro bélico ligado a las guerras astur-cántabras, los arqueólogos han logrado confirmar que justo enfrente del monte Curriechos, en el pico Homón de Faro, están los restos de la defensa amurallada con la que los astures trataron de impedir el avance romano hacia sus territorios. Sería el enclave defensivo que González quiso ver en el lugar en el que, en realidad, estuvo el campamento imperial.

Las conclusiones de Camino, Viniegra y Estrada cierran un círculo investigador abierto a mediados del siglo XIX y dan explicación científica a las leyendas guerreras que cubren unas cumbres en las que se escribieron los primeros capítulos de la romanización astur.

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Los arqueólogos volverán a La Carisa

El Gobierno regional y Cajastur confirman que apoyarán, este verano, la tercera campaña de investigación en el enclave astur-romano

Por José A. Ordóñez, La Nueva España, 3 de marzo de 2005

La investigación de los restos astur-romanos del entorno de la vía romana de La Carisa, situados justo en el límite entre los concejos de Lena y Aller, continuará este verano. Fuentes de la Obra Social y Cultural de Cajastur confirmaron ayer su firme intención de patrocinar la que será la tercera campaña arqueológica en el enclave. La Dirección General de Cultura del Principado también ha expresado ya su apoyo a unos trabajos que resultarán fundamentales para seguir avanzando en el conocimiento de los inicios de la romanización del territorio que hoy ocupa Asturias.

El enclave arqueológico, que se remonta al siglo I antes de Cristo, está compuesto por tres elementos fundamentales: la vía Carisa, principal camino de acceso de las tropas imperiales hacia la Asturias Transmontana; los restos del campamento romano del monte Curriechos, el situado a mayor altitud de cuantos se conservan en Europa, y los vestigios de la gran muralla defensiva que construyeron los astures en el pico Homón de Faro para cerrar el paso a los legionarios.

Jorge Camino, Yolanda Viniegra y Rogelio Estrada mantienen que todo el conjunto define un claro escenario bélico. Sin embargo, hasta la fecha no han encontrado restos de una gran batalla en la zona. La campaña arqueológica de este año puede arrojar luz sobre esta cuestión, ya que una cosa está más que clara: por mucha resistencia que opusieran las tribus indígenas, los romanos, finalmente, consiguieron superar sus barreras.

Una posibilidad que está tomando cuerpo, aunque aún no se ha probado totalmente, es que la muralla astur del Homón de Faro formase parte de un entramado defensivo más amplio, a través de la disposición de empalizadas en los principales pasos de acceso a la región desde la Meseta. Todo hace indicar que el puerto de La Mesa guarda los restos de una construcción de esta naturaleza.

Mientras se ultiman los trámites para la tercera campaña de excavaciones arqueológicas en el pico Homón de Faro y en el monte Curriechos, ya se encuentra en la imprenta la publicación en la que Camino, Viniegra y Estrada resumen los resultados de la investigación desarrollada durante los dos últimos años en la zona. El volumen, que, en principio, estará en la calle en abril, se completa con varias colaboraciones de expertos.

Además, para la difusión de los importantísimos vestigios arqueológicos astur-romanos, los ayuntamientos de Lena y Aller ya trabajan en sendos proyectos para la apertura de dos centros de interpretación, uno en cada concejo. Los alleranos se centrarán en los aspectos naturales de la zona y en las rutas de senderismo ligadas a La Carisa. Ya disponen de un anteproyecto bastante avanzado de los contenidos del aula, que se ubicará en Nembra.

Los trámites en Lena marchan más lentos, ya que la intención del Consistorio es ubicar el centro de interpretación en la torre del palacio de Carabanzo, una valiosa construcción barroca que se encuentra en un avanzado estado de deterioro, hasta el punto de que, según los expertos, amenaza con venirse abajo. El Pleno municipal aprobó hace sólo unos días facultar al equipo de gobierno para que solicite formalmente a la Consejería de Cultura una actuación urgente en la edificación.

El aula de interpretación de la torre barroca de Carabanzo se completará con otro espacio expositivo en las antiguas escuelas de la localidad, y además también está en proyecto la posibilidad de abrir un albergue en el centro social.
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