Blogia
Terrae Antiqvae

Irak. Historia hecha polvo

Irak. Historia hecha polvo

Foto: (1) Muchos objetos salieron de Irak y fueron puestos a la venta. (2) La zona arqueológica en Umma parece la superficie de la luna. (3) Algunas piezas han sido halladas semidestruidas. (4) Babilonia. BBC

************************

REPORTAJE FOTOGRÁFICO:

Tesoros iraquíes (I)

Tesoros iraquíes (II)

Tesoros iraquíes (III)

*******************

Han pasado dos años desde que los saqueadores hicieron estragos en uno de los museos más importantes del mundo, en el centro de Bagdad.

Saddam Hussein ya no gobernaba y las recién llegadas fuerzas de la coalición lideradas por Estados Unidos no pudieron impedir un crimen contra la historia.

Los contrabandistas profesionales vinculados a la mafia de antigüedades internacional rompieron las puertas selladas de las bodegas del Museo de Bagdad.

Se llevaron artefactos invaluables, como la colección entera de sellos cilíndricos y gran cantidad de esculturas asirias talladas en marfil.

Más de 15.000 objetos se perdieron. Muchos salieron de Irak y fueron puestos a la venta.

Hasta la fecha, 3.000 han sido recuperados en Bagdad, algunos fueron devueltos por ciudadanos comunes, otros encontrados por la policía. Otros 1.600 fueron confiscados en países vecinos, 300 en Italia y más de 600 en Estados Unidos.

La mayoría de los objetos robados siguen perdidos pero algunos coleccionistas privados en el Medio Oriente y Europa han admitido poseer piezas que llevan las iniciales IM (el número de inventario del Museo de Irak).

Ciudades antiguas aplastadas

Cada vez hay más sitios en la internet ofrece artefactos de Mesopotamia -que tienen hasta 7.000 años de antigüedad- al mejor postor.

Sin duda, hay más objetos falsos que auténticos a la venta en la red, pero la mera existencia del mercado alimenta el saqueo de lugares arqueológicos en el sur de Irak.

La situación allá es terrible. Más de 150 ciudades sumerias que datan del cuarto milenio antes de nuestra era -como Umma, Umm al-Akkareb, Larsa y Tello- han sido destruidas, convertidas en paisajes llenos de cráteres donde yacen trozos de cerámica y ladrillos.

Si hubieran sido excavadas apropiadamente, estas ciudades -que cubren unos 20 kilómetros cuadrados- nos habrían ayudado a entender el desarrollo de la humanidad.

Pero los saqueadores han destruido monumentos antiguos, borrando la historia de la región en su incansable búsqueda de sellos cilíndricos, esculturas o tabletas cuneiformes que puedan vender a los comerciantes ilegales por unos pocos dólares.

Se piensa que quienes se dedican a hacer el trabajo son iraquíes desempleados que no tienen mejor manera de ganarse el sustento.

"Un sello cilíndrico o una tableta cuneiforme se vende por menos de US$50 en el lugar del saqueo", explica el arqueólogo responsable por el distrito de Nasiriya, Abdul Amir Hamadani.

“Causaron un daño substancial a la Puerta de Ishtar, uno de los monumentos más famosos de la antigüedad” John Curtis del Museo Británico.

"Es un desastre del que somos testigos, pero poco podemos hacer por impedir. Con la ayuda de 200 policías nuevos estamos tratando de evitar los saqueos, patrullando el área tan a menudo como es posible".

"Pero estamos solos. Los carabineros italianos eran los únicos de las fuerzas de la coalición que trabajaban activamente en el tema durante unos meses. Solían patrullar la región desde el aire y la tierra. Pero suspendieron todas sus operaciones y ahora simplemente ayudan a entrenar policías y guardias", señala.

Botas pesadas

Las mismas fuerzas de la coalición han destruido lugares de importancia arqueológica para utilizarlos como bases militares.

La retirada de las tropas de la coalición de Babilonia reveló el daño irreversible que sufrió una de las siete maravillas del mundo antiguo.

Un alarmante informe del encargado del departamento del Medio Oriente del Museo Británico, Dr. John Curtis, describe cómo fueron niveladas áreas del centro del yacimiento arqueológico para crear una pista de aterrizaje para los helicópteros y estacionamientos para vehículos pesados.

"Causaron un daño substancial a la Puerta de Ishtar, uno de los monumentos más famosos de la antigüedad", escribió Curtis.

"Vehículos militares de EE.UU. aplastaron senderos de ladrillo de 2.600 años, fragmentos arqueológicos estaban regados en el lugar, más de 12 trincheras fueron construidas en depósitos antiguos y los proyectos militares de movimientos de tierra contaminaron el yacimiento para las generaciones futuras de científicos", agrega.

"Añádale a eso todo el daño causado a nueve de los dragones moldeados de ladrillo en la Puerta de Isthar por la gente que intentaba sacar ladrillos de la pared".

No habrá fin a la destrucción de la herencia iraquí a menos de que los líderes del país tomen la decisión política de considerar a la arqueología como una prioridad.

Para ello, la red de comerciantes ilegales en Bagdad tiene que ser desmembrada, los saqueos en el sur tienen que ser confrontados efectivamente y tienen que prohibir que las fuerzas de la coalición instalen sus bases en lugares de importancia histórica.

Entre más tiempo permanezca Irak en estado de guerra, más crece la amenaza a la cuna de la civilización.

Es posible que no sobreviva el tiempo suficiente para que nuestros nietos aprendan de ella.

Por Joanne Farchakh Bajjaly, Arqueóloga, BBC, 27 de abril de 2005-04-28
http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/misc/newsid_4488000/4488081.stm

**Joanne Farchakh Bajjaly es una arqueóloga y periodista independiente que ha estado estudiando la herencia iraquí durante los últimos siete años.

----------------------------------------------------------------------------

Fuente: El Correo Digital, OPINIÓN, Artículos, 20-02-03


JUAN-LUIS MONTERO FENOLLÓS /PROFESOR DE HISTORIA ANTIGUA


Irak: la historia que se nos va


El nuestro es un mundo que camina a un ritmo frenético e irreflexivo, al compás que le marcan las nuevas tecnologías y las agresivas economías. Estamos asistiendo, casi impasibles, a una revolución que está dando paso a una sociedad poco preocupada por conservar los valores humanísticos y, en definitiva, sus propias señas de identidad. El resultado es la llamada era de la globalización.

Ante esta situación, las modernas ciencias sociales no pueden, ni deben, prescindir de las experiencias del pasado, con el fin de conservar una perspectiva y una referencia sobre las que apoyar sus propios criterios y puntos de vista. No se puede afirmar que el conocimiento histórico sirva para predecir el futuro, ni para proporcionar modelos de conducta humana infalibles. Pero lo que sí parece evidente es la necesidad social de contar con una conciencia de pasado colectivo. Sólo así podremos comprender mejor lo que fuimos y, sobre todo, lo que somos. La incomprensión del presente nace de la ignorancia del pasado.

A más de un lector puede sorprenderle, a primera vista, la siguiente afirmación: muchos de los valores que conforman nuestra sociedad contemporánea tienen su origen en lo que fue el antiguo Irak. Este país fue bautizado por los geógrafos de la Grecia antigua con el nombre de Mesopotamia, es decir, ’la región entre ríos’, que no son otros que el Tigris y el Éufrates. Tradicionalmente siempre se nos ha enseñado que el mundo occidental es heredero directo de la civilización grecorromana. Si bien es cierto, esta idea generalizada es más que matizable, ya que el legado de la antigua Mesopotamia fue impresionante. No deseo negar ni minimizar la importancia de Grecia y de Roma para la formación de Occidente; pero se hace necesario reconocer abiertamente que en el país de los dos ríos se sentaron algunas de las premisas fundamentales para nuestra moderna civilización.

Aquí fue donde el hombre realizó el transcendente paso a la sedentarización; aquí nacieron la agricultura y la ganadería; aquí se crearon nuevas tecnologías, como la cerámica o la metalurgia; aquí se desarrollaron ciencias, como las matemáticas; aquí se inventó la escritura hace unos 5.000 años y con ella la mejor vía para transmitir el pensamiento; aquí comenzó una forma de gobierno todavía vigente en nuestros días, como es la monarquía; y aquí fue, por último, donde el ser humano ideó y desarrolló un modelo de vida y de organización social que aún pervive entre nosotros, como es la ciudad. En Mesopotamia, el actual Irak, se encuentra, en definitiva, la cuna de nuestra propia cultura. Por este motivo, me atrevo a lanzar un deseo: Irak debería ser patrimonio de la Humanidad, pues todo Irak es un gran libro de Historia universal. Los orígenes de nuestra civilización están ocultos en sus más de diez mil yacimientos arqueológicos, que durante milenios han esperado silenciosos que los científicos podamos extraer su contenido y ofrecérselo a la sociedad, su legítima propietaria. Para todos aquellos que amamos Mesopotamia y el mundo árabe sería una gran satisfacción poder regresar de nuevo allí, sin dificultad, para recuperar las huellas de su pasado, de nuestro pasado.

Es nuestra obligación preservar ese legado histórico para las futuras generaciones. El bloqueo internacional que viene sufriendo Irak en los últimos años está afectando de forma irremediable a este patrimonio cultural, que hoy en día circula de forma impune -y paradójica- por los mercados de antigüedades de Gran Bretaña y Estados Unidos. En otras palabras, nos están robando nuestra Historia.

Una nueva amenaza de guerra planea sobre este país, y con ella la irreparable y dolorosa pérdida de vidas humanas y la destrucción de nuestra memoria colectiva. En los últimos meses observo con verdadero pavor la frialdad y ligereza con la que nuestros líderes políticos utilizan la palabra guerra. Todos sabemos que no existe una guerra justa, y que ésta siempre es sinónimo de destrucción, dolor y sufrimiento. Toda guerra es un fracaso en sí misma. Pero lo que no todos conocerán es que la historia de Mesopotomia fue el resultado de una larga sucesión de enfrentamientos bélicos y de conquistas. La floreciente llanura mesopotámica fue siempre muy seductora para los pueblos ubicados en las limítrofes montañas del Oeste. Estos pueblos montañeses descendían hasta el valle, aprovechando coyunturas de debilidad política en la zona, para realizar campañas de rapiña, obtener fácil botín y sembrar la anarquía. Las luchas entre la llanura civilizadora y la montaña marginal fueron continuas. De estas frecuentes guerras, de existencia casi endémica, sólo conocemos aquéllas que los monarcas mesopotámicos hicieron grabar en monumentos para perpetuar el recuerdo de sus victorias más gloriosas. La nueva guerra que se avecina no deja de ser otro conflicto bélico fundamentado en el control de las riquezas que, en este caso, encierra el subsuelo iraquí: el preciado ’oro negro’. Por el contrario, esta guerra no solucionará los verdaderos problemas que afectan al mundo árabe y a sus relaciones con Occidente, sino que sembrará esta tierra de dolor y sufrimiento.

«Ahora, la muerte me asusta y he empezado a temerla; y a deambular por la estepa llevando el drama de mi amigo; durante largo tiempo he caminado y deambulado por la estepa. ¿Cómo podría callarme? ¿Cómo permanecer impasible? Mi amigo, a quien yo quería, se ha convertido en arcilla». Estas palabras grabadas por un anónimo escriba en un texto mesopotámico, cuyo origen se fecha hacia 2.650 a.C., recoge el dolor humano por la muerte del amigo. Ese dolor universal es el que yo siento ante esta encrucijada en la que se encuentran Irak y los iraquíes, un país y un pueblo al que me unen profundos sentimientos, además de profesión. No lo olvidemos, no hay mejor arma que la palabra, y la palabra se hizo escrita en Mesopotamia.

JUAN-LUIS MONTERO FENOLLÓS / PROFESOR DE HISTORIA ANTIGUA

Fuente: El Correo Digital, OPINIÓN, Artículos, 20-02-03

-----------------------------------------------------------------------------

BABILONIA AUN EXISTE SI SE LA NOMBRA

Cuando faltan las palabras y en estos días de dolor, el recuerdo de las palmeras de Babilonia puede ser un triste recuerdo. Verdaderamente, Yahvé es un Dios vengativo. Una vez más se ha cumplido su maldición.

En mi página web voy a poner las fotos que saqué hace un año. Para mi NO HA MUERTO Babilonia. Mientras su nombre se pronuncie, se repita y se recuerde, existirá.

Los Imperios pasarán. Las personas serán olvidadas. Pero " aunque ya nada pueda devolver el esplendor a la hierba, la belleza a las flores, nada importa, porque la belleza perdura en el recuerdo". Una vez más, llorando.

"ISAÍAS 13,"Duro anuncio contra Babilonia, revelado a Isaías, hijo de Amós.

1. Sobre el monte cubierto de tinieblas plantad el estandarte, alzad la voz, tended la mano y entren los caudillos por las puertas.

2. Yo he dado mis órdenes a los guerreros que tengo prevenidos, he llamado en mi ira a los campeones llenos de alborozo para defender mi gloria.

3. Algazara de mucho gentío sobre las montañas, como de pueblos numerosos:voces de alarma de príncipes y de naciones reunidas. El Señor de los ejércitos ha dado sus órdenes, o pasado revista a su belicosa milicia.

4. La cual viene DE PAÍSES REMOTOS DESDE EL CABO DEL MUNDO: el Señor y los instrumentos de su ira para dejar desierta toda la tierra...

9. Mirad que va a llegar el día del Señor, día horroroso y lleno de indignación, y de ira, y de furor, para convertir en un desierto la tierra, y borrar de ella a los pecadores.

15. Todo el que se encuentre en la ciudad será muerto; y cuantos acudan a su socorro perecerán al filo de la espada.

16. Sus niños serán estrellados delante de sus ojos, saqueadas sus casas, y forzadas sus mujeres.

17. He aquí que yo levantaré contra ellos a los Medos, los cuales no buscarán plata ni querrán oro.

18. Sino que matarán a sastazos a los niños, y no tendrán compasión de las mujeres embarazadas, ni perdonarán a sus hijitos.

19. Y aquella famosa Babilonia, gloriosa entre los demás reinos, de la que tanto se vanagloriaban los Caldeos, será, como Sodoma y Gomorra, arruinada por el Señor.

20. Nunca jamás será habitada ni reedificada por los siglos de los siglos; ni aun el árabe plantará allí sus tiendas ni harán en ella majada de pastores..

21. Sino que se guarecerán allí las fieras y sus casas estarán llenas de serpientes, y allí habitarán las avestruces y allí retozarán los sátiros peludos.

22. Y entre las ruinas de sus palacios resonarán los ecos de los búhos y cantarán las sirenas en aquellos lugares que fueron consagrados al deleite".

Dra. Ana Mª. Vázquez Hoys, Foro Terrae Antiqvae
Enlace: http://www.uned.es/geo-1-historia-antigua-universal/MESOPOTAMIA/Nos_han_robado.htm

-----------------------------------------------------------------------------

Noticias anteriores publicadas en el foro Terrae Antiqvae:

Fuente: El Mundo, 16-04-03

PRIMER PLANO / LA OCUPACION / El patrimonio histórico

El saqueo de Babilonia agrava el expolio del arte iraquí

La histórica ciudad monumental ha sido asaltada por grupos de ladrones y es objeto de pillaje y destrucción

JAVIER ESPINOSA. BABILONIA (IRAK). Enviado especial

Sobre el suelo del saqueado teatro se descubre un cartel con un mensaje ciertamente irónico en estas circunstancias. «De Nabucodonosor a Sadam Husein, Babilonia renace de sus cenizas». A escasos metros, las llamas consumían los camerinos que hace escasos meses acogían a los artistas que participaron en septiembre del 2002 en el último Festival Internacional organizado en este lugar

El festival auspiciado por el régimen iraquí desde 1987 pretendía recuperar las tradicionales festividades que jalonaron la historia de este simbólico enclave. Citas como el famoso zagmuk, que marcaba el principio del nuevo año y que se celebraba entre el regocijo popular.

Quizás convenga recordar las palabras que pronunciara el vicepresidente iraquí, Taha Ramadan, el 22 de septiembre del pasado año, durante la jornada inaugural de la cita artística. «Irak ha sido el lugar de nacimiento de civilizaciones, incluida la escritura, y Bagdad ha resistido oleada tras oleada de invasiones a lo largo de la historia. También sobreviviremos a la siguiente».

Ramadan quizás pecó de optimista. Irak se hunde cada vez más en una fosa en la que se consume día a día un legado de siglos.Ayer, el fuego que destruía el teatro donde cada año se celebraba el Festival Internacional de Babilonia era tan sólo la antesala que daba paso a una escena de pillaje y destrucción que esta vez se cebaba en las ruinas de una localidad que antaño fue un referente en el mundo.

El último saqueo

El primer aviso de lo que ocurría en Babilonia se descubría nada más aproximarse al recinto, cuando el otrora cartel con la habitual foto de Sadam Husein portando un fusil aparecía arrancado de cuajo.

Al incendio que arrasaba el teatro de Babilonia -de donde habían arrancado hasta los lavabos- le sucedía el robo absoluto de cuanto contenía el museo del rey Hammurabi. El vano intento de proteger su acceso tapiando la entrada resultó vano. Los ladrones habían abierto un agujero en el muro. Los salteadores no sólo despojan sino que también destrozan sin lógica alguna. Sobre el suelo se podían apreciar los restos de la réplica de la famosa estela de piedra de Hammurabi, donde se esculpió uno de los primeros códigos de leyes conocidos y cuyo original también fue robado en su día y ahora se encuentra en el museo del Louvre en París.

Y es que en realidad éste no es sino el último saqueo, la enésima afrenta que sufre una urbe cuyos restos han sido expoliados durante décadas por los más insignes expertos de las democracias occidentales.

Bastaría con saber que la auténtica y monumental puerta de Ishtar, quizá la vía de acceso más significativa de Babilonia, fue literalmente arrancada de sus cimientos por los arqueólogos alemanes y ahora tan sólo se puede divisar en el Museo Pergamon de Berlín. En los 20 años que los germanos trabajaron en este lugar cosecharon un récord de pillaje difícilmente igualable. De las 120 figuras que semejaban un león de oro que decoraban la denominada Calle de la Procesión, la avenida principal de Babilonia, los europeos se llevaron 118.

«¿Cómo no voy a estar indignado? Nos están robando siglos y siglos de legado. De aquí nos llevamos casi todos los originales al Museo de Irak en Bagdad, pero también allí han entrado los salteadores.Es una gran tragedia. Me acuerdo de los Budas de Afganistán.Pero allí no había norteamericanos. Aquí tan sólo miran y se ríen mientras los ladrones trabajan delante de sus ojos», clamaba Yusef Abas, empleado del recinto arqueológico de Babilonia durante los últimos 5 años.

Para los vándalos que seguían atacando ayer Babilonia el hecho de que los objetos guardados en este lugar sean copias u originales carece de importancia. En el museo de Nabucodonosor han arrasado con todas las réplicas de estatuillas milenarias, rompiendo algunas sobre el suelo.

También habían rajado uno de los enormes oleos que ilustra la sala de maquetas donde se muestra cómo era la ciudad en sus épocas de lustro, durante el citado reino de Hammurabi, en torno al 1750 antes de Cristo y después con Nabucodonosor (605-562 a.C.).

Sin embargo, respetaron sin tocarlas las dos únicas piezas auténticas, un esbozo de pintura rupestre y uno de los populares leones de Babilonia.

El asalto contra Babilonia comenzó el mismo día 9 en el que la Tercera Brigada de la 101ª División Aerotransportada ocupaba la adyacente localidad de Hilla. Los norteamericanos llegaron a recorrer con un tanque los restos preservados de la verdadera Babilonia. «Mire, las huellas todavía se ven aquí», apuntaba Abas.

La turba tampoco arremetió contra el palacio de Nabucodosor, quizá por ser un remedo pastiche construido por el régimen en 1986 sin mayor interés histórico. Pero sí asoló el archivo donde se guardaban los datos sobre las investigaciones arqueológicas realizadas en este complejo. En el suelo de las oficinas se podían divisar cientos de documentos y diapositivas. Chavales dislocados rompían cristales y los escasos muebles que quedaban en pie, mientras los periodistas visitaban las ruinas.

«Tengo miedo de que alguien venga y rompa el león. Entonces habríamos tocado fondo», añadió Abas. El empleado de 32 años se refería al emblemático León de Babilonia. Una escultura realizada durante la era de Nabucodonosor a partir de una única piedra de basalto que representa al felino sometiendo a un humano. Es quizá el objeto más representativo del legado babilónico.

A la una de la tarde, los merodeadores parecían concentrarse ahora en el palacio que Sadam Husein se hizo construir sobre una colina cercana a las ruinas en su vano intento por emular a su admirado Nabucodonosor. Allí, frente a la puerta principal, se encontraban también los soldados de la División 101ª. «Estamos esperando a que vengan a ayudarnos. Hemos pinchado una rueda», explicó el teniente Robertson.

Dentro de la residencia de Husein, la depredación alcanza ya hasta las enormes lámparas que cuelgan del techo, lo único que permanecía intacto. El resto, muebles, decoración, puertas, enchufes, cuadros, cañerías, cables de la electricidad... todo ha desaparecido.

Said Kaddam, un ex soldado de 35 años que desertó hace dos semanas, se aplicaba intentando arrancar con un palo una de esas lámparas de fino cristal, ignorando que su intento por descolgarla acabaría irremisiblemente destrozándola contra el suelo. «Quiero venderla.No tengo dinero y tengo que mantener a 9 hijos», precisaba.

«Los norteamericanos están mirando sin hacer nada mientras la gente roba delante de ellos», declaraba Ali Husein, de 23 años.

Los soldados estadounidenses, mientras tanto, estaban concentrados en su operativo para sustituir una rueda dañada. A los pocos minutos un amplio convoy compuesto de vehículos con lanza-cohetes y ametralladoras pesadas se acercó hasta el palacio. Desde la colina todavía se divisaba el humo del teatro de Babilonia.

--------------------------------------------------------------------------------



Fuente: El País, Cultura, 16-04-03

IRAK: LA DESTRUCCIÓN DE LA MEMORIA

El saqueo viola la cuna de la civilización

La Unesco pide respeto al patrimonio tras los robos a museos y el incendio de la Biblioteca de Bagdad

A. I. / M. M. - Madrid

Junto al petróleo, la otra gran riqueza de Irak es la cultura: en Mesopotamia nació la primera civilización, y con ella, la escritura, es decir, la fuente de la memoria. Si los soldados angloamericanos se han ocupado de proteger los pozos de crudo, nadie ha actuado, en cambio, para defender la memoria de la humanidad. El domingo, el saqueo terminó por reducir a cenizas la Biblioteca Nacional de Bagdad; el pillaje arrasó días antes las 28 salas y los sótanos del Museo Nacional. Según informó ayer el Museo Británico, allí estaban los primeros ejemplos de la escritura humana y de los símbolos númericos. La intervención de la Unesco, ayer, pidiendo respeto al patrimonio parece así sólo un lamento tardío.

Irak, el país donde según la Biblia estaba el paraíso terrenal, es un infierno de saqueo y destrucción. Una de las mayores víctimas de la posguerra salvaje es la memoria. Las ruinas de la legendaria Babilonia son un erial devastado. La reconstrucción de la que fuera la antigua capital de Sumeria ha sido destruida por los saqueadores. Los signos del saqueo son patentes desde la misma entrada al complejo arqueológico, abandonado desde que comenzó la guerra, informa Efe. En el teatro, levantado en adobe según la descripción de las tablillas judeiformes que atestiguaban su construcción, el escenario ha sido desmontado tabla a tabla y las bambalinas arrasadas. "Vinieron decenas de personas cuando los norteamericanos entraron (en la vecina ciudad de Hila) y se lo llevaron todo sin que los soldados hicieran nada para impedirlo", explica Ali, un antiguo empleado del complejo.

Además, el fuego y los ladrones destruyeron durante la madrugada del domingo, ante la pasiva mirada de los marines estadounidenses, uno de los tesoros de Irak, la Biblioteca Nacional de Bagdad. Robert Fisk, corresponsal de The Independent, narró ayer cómo vio reducirse a cenizas, entre llamas de cien metros de altura, decenas de documentos antiguos, cartas históricas y coranes, manuscritos de literatura árabe y otomana, testimonios de la guerra Irán-Irak. Fisk avisó a las fuerzas estadounidenses de que la Biblioteca Coránica estaba en llamas. Nadie le hizo caso.

Días antes, la gran joya arqueológica del país, el Museo Nacional, y la Escuela de Estudios Islámicos también fueron arrasados. Actos semejantes se repiten en Mosul, Basora y otras ciudades. Entre las obras perdidas en el caos figuran, dijo ayer la BBC, los primeros ejemplos de la escritura y los sistemas numéricos de la humanidad. Nadie sabe dónde están 50.000 de los 200.000 objetos que albergaba el Museo Nacional. Quizá rumbo a las salas de subastas de Occidente, sugieren los arqueólogos: los saqueadores cogieron piezas de incalculable valor de la antigua Mesopotamia, Sumeria, Acadia, Babilonia y Asiria. La memoria de la cuna de la humanidad, violada.

"Una catástrofe"

Los lamentos arreciaron ayer. Para Neil MacGregor, director del Museo Británico, lo ocurrido "es una catástrofe para la herencia cultural iraquí". El ministro alemán de Exteriores, Joshka Fischer, se declaró "profundamente preocupado". El secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, y la Unesco llamaron a evitar que "esa parte de herencia de la humanidad sea objeto de más destrucción". El secretario general del Consejo de Europa, Walter Schwimmer, "consternado" por el alcance de los robos, lamentó "la pérdida incalculable que representa la destrucción de tesoros arqueológicos y literarios, testimonio de la contribución de Irak a la historia de la humanidad". La Unesco pidió que se tomen medidas "inmediatas" para proteger las instituciones culturales iraquíes. Y el jefe espiritual de los musulmanes ismaelianos, el Aga Jan, lamentó desde India la pérdida de joyas de la cultura iraquí, y advirtió: "La desaparición de las huellas físicas de nuestro pasado nos priva mucho más que nuestros recuerdos. Hemos sido testigos de forma desgarradora en Afganistán y ahora lo somos en Irak", añadió.

Mañana, en París, diversos expertos internacionales, convocados por la Unesco, pedirán una intervención urgente. Pero quizá sea tarde.

Los arqueólogos británicos han denunciado que la pasividad de las fuerzas militares de Estados Unidos y Gran Bretaña es contraria a la Convención de La Haya, que obliga a las partes en guerra a proteger el patrimonio cultural del lugar en conflicto. France Press informa de que, antes de iniciarse la invasión, varios arqueólogos norteamericanos fueron recibidos en el Pentágono para sensibilizar a los militares por los pillajes en lugares históricos. Se identificaron 5.000 lugares sensibles de ser protegidos. "Estaban informados. Todo esto se podría haber evitado", apunta Jeremy Black, especialista en Irak antigua de la Universidad de Oxford. "Creo que no había habido un pillaje de la magnitud de la que estamos viendo desde la II Guerra Mundial", añade.

Ingrid Bejarano, profesora de Estudios Árabes Islámicos de la Universidad de Sevilla, que impartió clases en Bagdad entre 1981 y 1984, también está desolada: "Lloré cuando vi el edificio en llamas, lloré por lo que estaba desapareciendo, no sólo para el pueblo iraquí, sino para todos nosotros. Han desaparecido manuscritos medievales de literatura andalusí y de prosa rimada de valor incalculable".

Los arqueólogos lamentan el destino del patrimonio iraquí y reprochan a las fuerzas angloamericanas que no hayan sido capaces de proteger del pillaje a lugares históricos. Para los expertos, es una "tragedia" y temen por el tráfico de objetos de valor, que dará con los objetos en colecciones privadas o museos con pocos escrúpulos. "Proteges el Ministerio del Petróleo y no proteges los museos. Eso refleja muy bien la actitud de la coalición en lo que se refiere al patrimonio cultural", explica Alex Hunt, conservador del Consejo Arqueológico Británico de York.

Una tradición rica en expolios Irak es un país habituado al expolio. La práctica se remonta al siglo XVIII, cuando el nombre de Babilonia, al sur de Bagdad, despertó en Europa la pasión de los arqueólogos y la codicia de los saqueadores. El trabajo de ambos grupos ha dado como resultado que buena parte del patrimonio arqueológico iraquí esté en Occidente. Así, es posible comprar tablas cuneiformes a anticuarios del Nuevo y Viejo Continente, contemplar en el Museo Británico toros alados semejantes a los del Museo de Irak, estatuillas votivas sumerias en el Louvre y la puerta de Ishtar de la antigua Babilonia en el Museo Nacional de Berlín.

Según Bagdad, al menos 2.348 piezas históricas sacadas ilegalmente de Irak se encuentran hoy en museos de Francia, Alemania y Turquía. Entre ellas, hay de las culturas asiria, babilónica, sumeria y acadia.

Miquel Molist, director del Museo Arqueológico de Barcelona, dijo ayer que "nos encontramos en un momento crítico por la destrucción del Museo Nacional y porque hay más de 10.000 yacimientos que pueden ser saqueados. No se puede olvidar que países como Siria e Irak han realizado una política patrimonial coherente, de cooperación internacional con instituciones y universidades".

Los arqueólogos británicos han denunciado que las redes de comercio ilegal de objetos valiosos están operando en Irak y han exigido catálogos para evitar que esas piezas se vendan.

Están indignados, sobre todo, por las presiones ejercidas en Estados Unidos para suavizar la legislación que protege el legado iraquí -que prohíbe su venta en el extranjero- con el argumento de que las obras estarán más seguras en Estados Unidos. "Eso es imperialismo cultural", subraya Alex Hunt, profesor y arqueólogo de la Universidad de Oxford.

Aunque casas de subastas como como Christie’s o Sotheby’s se niegan a vender objetos de procedencia dudosa, el arabista de Oxford Jeremy Black explica que existen "grupos muy organizados, especializados en pedir a sus contactos en Irak y los museos que roben objetos específicos encargados por coleccionistas". "El circuito habitual pasa por Jordania, Israel, Suiza, París, Londres y Nueva York. Los ladrones conocen los sitios donde hay mercado", precisa el experto de Oxford, que subraya que tras la primera guerra del Golfo, en 1991, las redes ilegales se pusieron a funcionar. "Tienen lazos con el tráfico de armas y de drogas", oberva el arqueólogo Alex Hunt. "Y una vez que las piezas salen de Irak, es casi imposible recuperarlas", se lamenta Jeremy Black.

--------------------------------------------------------------------------------


Fuente: El País, Cultura, Tribuna, 16-04-03

TRIBUNA: GREGORIO DEL OLMO LETE

Aniquilación de la historia

Gregorio del Olmo Lete es catedrático del Departamento de Filología Semítica de la Universidad de Barcelona.

El expolio del Museo de Bagdad significa el expolio y aniquilamiento de una buena parte, la más profunda, de nuestra memoria histórica, de la de todos. Ésta había sido afanosamente reconstruida por los arqueólogos durante más de siglo y medio de trabajo penoso. Después de la devastación por el mongol Hulagu Khan en 1248, que arrasó la Bagdad califal, este expolio quedará como el intento más brutal, previsto y consentido, de aniquilar su significación cultural. Es posible que a muchos fanáticos de credo fijo -cristiano, judío o musulmán- esto les resulte atractivo.

Después de la experiencia que dejó la guerra del Golfo, con el expolio sistemático que sufrieron los museos provinciales de Irak, cuantificado por las propias autoridades iraquíes, en unos 5.000 objetos, y del que se salvó el Museo de Bagdad, no cabía en nuestras cabezas que éste pudiera sufrir suerte similar. El Pentágono fue, con todo, alertado de tal posibilidad y un oficial reconoció que no se habían establecido planes especiales en previsión de saqueo de los bienes culturales. Se ve que la salvaguarda de la cultura no entraba entre sus prioridades y ha sucumbido a los efectos colaterales de la contienda.

Hace un año pudimos recorrer las salas del Museo de Bagdad y contemplar, casi palpar, el fabuloso acervo de piezas de la civilización sumerio-acadia que allí se conservaba y que la hacía renacer a nuestra mirada: no sólo piezas excepcionales como el carnero enramado de Ur (2600 antes de Cristo) o la cabeza de rey acadio (2300 antes de Cristo): esculturas, estelas, relieves (¡los de Kalah y Nínive!), cerámica decorada, joyas de todo tipo, cilindros-sellos, figurillas, armas de bronce y piezas de sílex daban fe de una cultura plurimilenaria que fue el inicio y dio impulso a la nuestra propia a través de la transmisión hebrea y griega posterior. Sin mencionar el cúmulo inmenso de tablillas cuneiformes que nos hablaban directamente de sus propios logros y problemas.

Todo esto ha desaparecido de momento, destrozado o secuestrado, para emprender la oscura ruta del mercado negro de las antigüedades que desde años florecen en Suiza, Reino Unido y Estados Unidos. Todo el que de una manera u otra ha trabajado en excavaciones en Oriente conoce alguna de las estaciones de esa ruta y ha sido con frecuencia tentado a entrar en el juego. Es posible que las piezas más significativas afloren de nuevo y puedan ser arrebatadas a la furia y el desespero de la multitud que se lanzó al expolio gritando: "¡El gobierno de Sadam ya no existe, todo esto es nuestro!". Pero la selectividad del expolio, la cuidadosa destrucción de los archivos y registros informáticos, así como el acceso, al parecer no forzado, a las cámaras de seguridad hacen pensar que entre esa multitud enloquecida se camuflaba una planificación que tenía objetivos precisos. Se trataba de algo más que de untidiness o falta de modales, como calificaba Rumsfeld la actividad de los expoliadores.

Es posible que las más significativas piezas sean algún día recuperadas, más o menos íntegras (así ha prometido Powell, con tanta ingenuidad como desconocimiento del tema), y otras pueden ser restauradas (el mismo Powell pondría el engrudo, como sarcásticamente comentaba un reportero americano), pero la gran masa de piezas menores, de un total cifrado en 75.000, muchas de ellas no adecuadamente clasificadas, y la enorme cantidad de tablillas aún no descifradas ni inventariadas encontrarán vía libre en el mercado negro, con o sin certificado de autenticidad, falsificado naturalmente. Una tablilla de dimensiones medianas (10 x 5 centímetros) alcanza el precio de unos 5.000 a 10.000 dólares, dependiendo de su contenido. Todavía en 1996 era intervenido en la frontera de Arabia Saudí un camión con 1.000 tablillas del expolio que siguió a la guerra del Golfo.

Incluso el lobby que constituye la denominada The American Council for Cultural Policy, integrado por coleccionistas y marchantes de antigüedades, presiona para que se autorice el mercado de antigüedades robadas. Frente a tales grupos, los arqueólogos americanos y europeos han levantado la voz.

Imágenes desoladoras nos han transmitido el horror de una guerra que ha generado un presente de dolor y muerte en nombre de un futuro de paz y libertad. Lo lamentable es que los que han sufrido ese presente no podrán disfrutar de tal futuro.

--------------------------------------------------------------------------------



Fuente: El País, Cultura, Tribuna, 16-04-03

TRIBUNA: WALEED SALEH

Un tesoro

Waleed Saleh es profesor de estudios árabes e islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid.

El mundo científico y académico debería estar de luto por la pérdida de una de las bibliotecas más ricas del mundo árabe e islámico, la Biblioteca Nacional de Bagdad, que fue pasto de las llamas la noche del sábado al domingo pasados. Seguramente los historiadores seguirán contando esto durante muchos siglos, tal y como lo hicieron los antiguos que contaron la destrucción de Bagdad en 1258 a manos de Hulagu, el rey mongol, que arrojó los 400.000 volúmenes de la Biblioteca de la Universidad de Al-Mustansiriyya al río Tigris.

El nuevo edificio de la Biblioteca Nacional, situado enfrente del Ministerio de Defensa, en Bab al-Muaddam, fue inaugurado en 1977. Era una joya arquitectónica por su belleza, amplitud y servicios, comparables con bibliotecas nacionales occidentales como las de París o Madrid. Ocupaba 10.240 metros y estaba construida al estilo arquitectónico árabe, especialmente las ventanas y las celosías.

Las estanterías soportaban el peso de centenares de miles de libros modernos y antiguos en las distintas especialidades y disciplinas, aparte de miles de archivos pertenecientes a distintas etapas de la historia de Irak. Pero los fondos más valiosos estaban divididos en tres grupos: manuscritos y libros "raros", libros reservados y libros pertenecientes a las Cortes y la ex familia real de Irak. Entre los primeros se encontraban manuscritos sobre los distintos campos del saber, como el lingüístico, teológico, literario, matemático, aritmético, médico..., muchos de ellos de puño y letra de sus autores. Entre los más famosos estaba El canon en medicina de Avicena (980-1037 después de Cristo), que fue durante siglos el manual de las facultades de medicina, no solamente en los países islámicos, sino también en la mayoría de los países occidentales. Entre ellos, también Tratado sobre los números de Abu Said al-Magribi (1819); Tratado sobre pesos y medidas de Kadim b. Qasim al-Hasani (1851); Nahj al-Balaga (El Camino de la retórica), de Alí b. Abi Talib, primo y yerno del Profeta, del año 1160.

Otros manuscritos estaban escritos en persa y en turco.

El segundo grupo (alrededor de tres mil libros) comprendía aquellos libros que chocaban con la ideología del partido Baaz o el régimen de Irak, bien por ser de un autor contrario a éstos o de una ideología rival y enemiga. Solamente algunos estudiosos y con permisos especiales podían consultarlos.

El tercero y el último (en torno a quinientos) era la herencia de la familia real de Irak, entre ellos se encontraban incluso manuales escolares con los que habían estudiado los reyes Gazi y Faysal II.

Los fondos de esta biblioteca han sido enriquecidos por las donaciones particulares, como la que hicieron los padres carmelitas de Bagdad, que donaron varios miles de tomos que tenían en su biblioteca, conocida por el nombre de El Padre Anistas Mari al-Karmali, o la biblioteca privada de Rashid Aali al-Kilani, destacado oficial y político que participó en un movimiento en 1941 con el fin de cambiar la monarquía en república.

Con la pérdida de la Biblioteca Nacional de Bagdad, se pierden centenares de miles de volúmenes que solamente quedarán en la memoria colectiva de los árabes y musulmanes durante mucho tiempo.

--------------------------------------------------------------------------------


Fuente: Diario Vasco, Mundo, Análisis, 16-04-03

Páginas robadas a la historia

JUAN LUIS MONTERO FENOLLOS/PROFESOR DE HISTORIA ANTIGUA DE LA UNIVERSIDAD DE A CORUÑA

Restos de una estatua decapitada en los saqueos. [EPA]

El 20 de marzo de 1843 un grupo de campesinos árabes trabajaba con ahínco en una de las viejas colinas cercanas a la ciudad de Mosul. Al caer la tarde, uno de estos obreros, lleno de emoción, informaba a Paul Emile Botta, por aquella fecha cónsul francés en Mosul, del hallazgo en Khorsabad de un enorme toro de piedra. Con este descubrimiento, la civilización asiria -y en definitiva, la mesopotámica-, sólo conocida hasta entonces por el relato bíblico y los autores clásicos, volvía a ver la luz. Sólo unos años después, estos antiguos tesoros viajaban hasta el corazón de Europa, donde el Museo del Louvre inauguraba las primeras salas consagradas al arte de Mesopotamia.

A partir de aquí, se iniciaría una épica carrera de descubrimientos marcada por la rivalidad entre Francia e Inglaterra por desenterrar los más impresionantes tesoros de las antiguas capitales asirias (Ninive, Nimrud y Khorsabad). En 1899, Alemania se incorporaría a esta apasionante aventura con las excavaciones en Babilonia. Eran los tiempos de la arqueología romántica y del Imperio Otomano. El actual Irak aún no existía. Esta circunstancia explica que una parte importantísima del patrimonio mesopotámico se encuentre hoy repartido entre París, Londres, Berlín y Estambul. Con el nacimiento del moderno Irak surgirá el Servicio de Antigüedades Iraquí y, en 1921, el Museo Nacional de Bagdad abría sus puertas con el objetivo de proteger y conservar el impresionante legado histórico del país del Tigris y del Éufrates. Pero el destino, a veces, depara extrañas coincidencias. El 20 de marzo de 2003, exactamente 160 años después de aquel descubrimiento cerca de Mosul, empezaban a caer las primeras bombas norteamericanas sobre Irak, cuna de civilizaciones y paraíso de arqueólogos. Fue en este lugar, la antigua Mesopotamia, donde acontecieron descubrimientos e inventos que revolucionarían la evolución humana. Se trata de capítulos transcendentales de nuestra Historia. Me refiero, por citar algunos, a la agricultura, la ganadería, la escritura o la ciudad y su modelo de vida. Se puede afirmar, sin temor a equívoco, que el actual Irak es un gran libro de Historia Universal y que, como tal, debería ser considerado Patrimonio de la Humanidad. Por tanto, es obligación de todos -y no sólo de los iraquíes- conservarlo.

La pasada guerra del Golfo ya supuso un daño irreparable para el patrimonio arqueológico mesopotámico, que durante estos últimos años ha circulado impunemente por los mercados de antigüedades de Europa y EE UU. El impacto que la guerra ha provocado ahora a nivel arqueológico está siendo aún mayor. Las vitrinas o, mejor dicho, las páginas de ese gran libro de Historia que es el Museo Nacional de Bagdad, se encuentran vacías y desoladas. Nada tienen que mostrar ya al futuro visitante. Los arqueólogos nos hemos quedado vacíos ante tal saqueo. Desde las joyas más valiosas, como un arpa con más de 4.500 años hallada en Ur, hasta el más insignificante de los fragmentos de cerámica forman parte de ese complejo mosaico que es la Historia. Nos han robado importantes capítulos de nuestro pasado, cultos testigos mudos pasarán ahora a coleccionistas privados o, lo que es más grave, a museos y fundaciones occidentales. Estamos ante un genocidio cultural sin precedentes. La guerra y un régimen autoritario no han generado más que barbarie y desolación, a pesar de encontrarnos en la cuna de la civilización y la cultura.

No muchos lectores sabrán que uno de los primeros museos de arte fue construido por la dinastía caldea en la Babilonia del siglo VI a.C., y que una de las primeras bibliotecas conocidas fue levantada en la ciudad asiria de Ninive en el siglo VII a. C., varios siglos antes de que Alejandría empezara a acumular sus primeros manuscritos. En los albores del siglo XXI un museo y una biblioteca han desaparecido -sin hablar de las miles de vidas humanas-, en un mundo poco preocupado por los valores humanísticos. A pesar de todo, debemos proteger y conservar las huellas de nuestra memoria para las futuras generaciones. Y exigir a quienes se han otorgado, por la fuerza, el papel de construir aquel país, un compromiso para recuperar el pasado ahora perdido. Hoy, como otros muchos colegas de profesión, me siento tan vacío como el Museo de Bagdad."

***********************************************************

REPORTAJE FOTOGRÁFICO:

Tesoros iraquíes (I)

Tesoros iraquíes (II)

Tesoros iraquíes (III)

************************************************************

1 comentario

rufina -

El tesoro no es dinero que se paga sino poder mantenerlo a lo largo de la historia.................................Por tanto el dinero que se pone en la caja sólo es un valor adquisitivo que se establece de acuerdo a unos barametros....SU conservación sólo permite su USO