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Terrae Antiqvae

A Tutankamón le gustaba el tinto

A Tutankamón le gustaba el tinto

Una investigadora española establece por primera vez los gustos enológicos del faraón. Ayer presentó las conclusiones de su estudio en el destacado marco del Museo Británico

Londres. Murió joven, pero tuvo tiempo de entregarse a uno de sus placeres: el vino tinto. Tutankamón, conocido como el faraón-niño porque accedió al trono a los nueve años, fue enterrado tras su muerte prematura diez años después, ocurrida en el 1323 antes de Cristo, rodeado de ánforas repletas de vino. Una investigadora de la Universidad de Barcelona, María Rosa Guasch Jané, acaba de determinar que se trataba de vino tinto, probablemente el preferido del faraón, según el estudio que presentó ayer en el Museo Británico de Londres. Otro de los misterios de Tutankamón ha quedado así desvelado.

Aunque por la coloración de las pinturas del antiguo Egipto conservadas se suponía que el vino que tomaban mayoritariamente los egipcios en sus celebraciones era tinto, es la primera vez que se demuestra científicamente el color rojo del vino cuyos restos han sido hallados en ánforas y vasijas de aquellas antiguas dinastías. Aunque también se conocía el vino blanco -detrás de su demostración anda igualmente María Rosa Guasch-, los restos analizados procedentes de la tumba de Tutankamón indican sólo la presencia de tinto.

«El vino tinto era considerado superior, era el utilizado para los ofrendas, y probablemente fue seleccionado por el propio faraón de lo que había en palacio», señaló la investigadora, en un acto patrocinado por la Fundación para la Cultura del Vino, entidad integrada por algunas de las principales bodegas españolas.

Vasijas con «shedeh»

Tutankamón tenía preferencia por el líquido fermentado de uva negra. Además de vino tinto, en su tumba había vasijas con «shedeh», un tipo de vino calentado, similar al vino de Málaga, que también por primera vez Guasch ha podido determinar que se elaboraba a partir de uva negra y no de granada, como creían algunos especialistas.

Guasch ha llevado a cabo su estudio a partir de vasijas egipcias conservadas en el Museo Británico y en el Museo Egipcio de El Cairo. En este último tuvo acceso a recipientes hallados en la tumba de Tutankamón, descubierta en 1922 por el inglés Howard Carter y que fue la única sepultura del Valle de los Reyes que llegó sin saquear hasta la edad contemporánea.

La investigación sobre las preferencias enológicas del faraón se basan en el análisis químico del poso extraído de dos ánforas. Una de ellas llevaba la siguiente inscripción: «Año 5. Vino de la Casa de Tutankamón, señor del On del Sur, procedente del Río Este. Por el bodeguero Khaa». El texto, similar en el tipo de datos hallados en otras ánforas, detalla el año de producción -seguramente el quinto del reinado del faraón- y su productor, así como el lugar de origen: el vino consumido en el antiguo Egipto procedía de un terreno situado junto a un ramal del Nilo formado al este de su delta, hoy desértico.

Un caldo neolítico

La técnica utilizada por Guasch ha sido analizar la presencia de ácido tartárico con el fin de reconocer trazos de la antigua presencia de vino, y de ácido siríngico, que indica el color rojo del vino.

La apreciación de este tipo de caldos llegó a Egipto, procedente del área de Palestina, hacia el año 3.150 antes de Cristo, según los descubrimientos de Patrick McGovern, arqueólogo molecular de la Universidad de Pennsylvania, que participó en la presentación realizada por Guasch en el Museo Británico. La más antigua presencia de vino ha sido detectada por McGovern en recipientes del año 5.400 antes de Cristo en un yacimiento arqueológico de Irán, aunque se supone que el uso de la fermentación ya se conocía desde el Neolítico.

Farmacéutica apasionada por la egiptología

Investigadora del Departamento de Nutrición y Ciencia Alimentaria de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona, María Rosa Guasch estuvo desde pequeña interesada por el mundo de las pirámides y los faraones. «Quería estudiar egiptología, pero las cosas fueron por otro lado», reconoce. Tras estudiar la carrera de Farmacia, realizó un máster sobre análisis de vinos y luego centró sus cursos de doctorado en egiptología. Finalmente reunió esos diversos intereses en una tesis doctoral que comenzó en 2001 y que hace un mes defendió en la Universidad de Barcelona. Las conclusiones las presentó ayer en el destacado marco del Museo Británico, uno de los centros europeos con más piezas del viejo Egipto, en un acto en el que la Fundación para la Cultura del Vino sirvió para su degustación un buen catálogo de caldos ibéricos.

María Rosa Guasch Jané

Farmacéutica

Fuente: EMILI J. BLASCO / ABC, 27 de octubre de 2005
Enlace: http://www.abc.es/abc/pg051027/prensa/noticias/Cultura/Cultura/200510/27/NAC-CUL-123.asp


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(2) Tutankhamon bebía vino blanco

FUNDACION PARA LA CULTURA DEL VINO

Una investigación financiada por la Fundación para la Cultura del Vino, de España, ha permitido identificar restos de vinos blancos y tintos en las ánforas encontradas en la tumba de Tutankhamon. Hasta ahora se pensaba que en el Antiguo Egipto solamente se conocía y producía el vino tinto. Asimismo, confirma que el ’shedeh’, una bebida muy refinada y apreciada, se elaboraba también con uvas. En el estudio de las muestras arqueológicas –procedentes del Museo Británico y del Museo Egipcio de El Cairo- se ha utilizado un revolucionario sistema de análisis que permite trabajar a la comunidad científica con cantidades de muestra mínimas.

El faraón consumía vinos elaborados con técnicas muy similares a las actuales, y las ánforas ofrecían información relativa al año de elaboración, la zona de producción y la propiedad, la calidad y, también, el nombre del viticultor responsable.El vino tenía una consideración social y económica que le situaba entre las bebidas más preciadas, muy por delante de la cerveza, cuyo coste era diez veces menor. El faraón y los templos eran los grandes propietarios de viñedos.

En su viaje al más allá, Tutankhamon quiso ir acompañado de los mejores vinos de sus bodegas, elaborados con técnicas prácticamente idénticas a las actuales. Al descubrir su tumba en 1922, Howard Carter encontró numerosas ánforas de vino con inscripciones relativas a su calidad, cosecha, procedencia y elaborador. Lo que no se sabía, hasta ahora, era si se trataba de vinos tintos o blancos. Tampoco sabíamos si el ’shedeh’, una bebida a la que se hace referencia en multitud de documentos, era propiamente vino o estaba elaborado a partir de otros frutos como la granada.

Todas estas dudas han quedado resueltas ahora, una vez finalizado el trabajo de investigación financiado por la Fundación para la Cultura del Vino y dirigido por María Rosa Guasch, quien a lo largo de los últimos tres años ha estudiado, utilizando un sistema de análisis inédito, residuos sólidos encontrados en el interior de las ánforas de la tumba de Tutankhamon, confirmando que en el antiguo Egipto se bebían vinos blancos y tintos y que el ’shedeh’ estaba elaborado con uvas.

La documentación más completa y extensa sobre la viticultura y la elaboración del vino procede de Egipto. La viña ya se cultivaba hace cinco mil años en el Delta del río Nilo. Si bien, a pesar de la existencia de documentos y pinturas que describen su elaboración, el estudio histórico y arqueológico todavía presenta aspectos desconocidos. El desarrollo de las técnicas analíticas, como las empleadas por María Rosa Guasch, pone ahora a disposición de la comunidad científica nuevas herramientas para resolver las lagunas existentes.

El trabajo, cuyas conclusiones se presentarán el próximo 26 de octubre en el Museo Británico, supone un paso de gigante en el conocimiento de la cultura del vino en el antiguo Egipto y abre nuevas puertas a las investigaciones arqueológicas basadas en el análisis de los residuos sólidos de líquidos. Una investigación que ha durado más de tres años y que ha sido posible gracias al apoyo económico de la Fundación para la Cultura del Vino, impulsada por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y las bodegas Julián Chivite, Marqués de Riscal, Codorníu, Vega Sicilia y Rioja Alta, cuyo objetivo es promover un mayor conocimiento de la cultura del vino y fomentar su consumo inteligente, a través del desarrollo de actividades formativas y divulgativas, encuentros profesionales internacionales, publicaciones y la financiación de proyectos de investigación.

Bebida preciada

La importancia política, social y religiosa del vino en el Antiguo Egipto era bien conocida y está documentada en multitud de inscripciones, pinturas murales y representaciones iconográficas. Bebían vino los faraones, sus familiares, sus ministros, sus generales, los sacerdotes, las clases acomodadas y también el pueblo llano. Ya entonces, los maestros advertían a sus discípulos de los peligros de frecuentar las tabernas. Una consideración social y económica que situaba al vino entre las bebidas más preciadas, muy por delante de la cerveza, cuyo coste era diez veces menor. En la mayoría de los casos, las viñas eran propiedad del faraón y de los templos.

En las tumbas se depositaban ánforas de vino como ofrenda para que el muerto pudiera disponer de ellas también en el Más Allá. Durante el Reino Nuevo [1.543-1.078 AC], las ánforas se identificaban de manera similar a como se hace con las etiquetas de los vinos actuales. Así, ofrecían información relativa al producto que contenían: el año de elaboración, la zona de producción y la propiedad, la calidad, y también el nombre del viticultor responsable. Se identificaba al producto como vino, Irp, pero nunca se anotaba qué tipo de vino, blanco o tinto. También existía otro tipo de bebida, ’shedeh’, de la que no se conocía cuál era la materia prima empleada.

Blanco y tinto

María Rosa Guasch ha trabajado con residuos extraídos de 8 de las 26 ánforas encontradas por Carter en la tumba de Tutankhamon, conservadas hoy en el Museo Británico y en el Museo de El Cairo. Su investigación ha confirmado la presencia de vino en todas las ánforas y que se trataba de vino blanco en alguno de los casos. Asimismo, se sabe ya que en el Antiguo Egipto, durante la Dinastía XVIII (1.543-1.292 AC), se elaboraba vino blanco y vino tinto bajo la misma denominación: ’irp’. En cuanto al ’shedeh’, que se guardaba en ánforas etiquetadas como las de vino, la investigadora ha confirmado que tenía como materia prima la uva tinta.

Una de las claves de la investigación ha sido la puesta a punto de un método de análisis inédito, basado en la cromatografía de líquidos acoplada a la espectrometría de masas en tándem (LC/MS/MS), desarrollado por María Rosa Guasch. Un método que ofrece una alta sensibilidad y gran selectividad para el estudio de muestras arqueológicas y que permite la identificación de dos compuestos marcadores de vino en arqueología: el ácido tartárico y el ácido siríngico procedente de la malvidina, a partir de cantidades mínimas de análisis. María Rosa Guasch ha demostrado por primera vez que en muestras arqueológicas de vino, mediante una oxidación alcalina de la malvidina, se desprende ácido siríngico, que se puede establecer como marcador de la uva tinta. El estudio ha resuelto también la incógnita de la procedencia del ’shedeh’ y pone de manifiesto una especialización enológica que se ha transmitido desde otras culturas mediterráneas hasta la actualidad. "Hemos podido identificar", explica la investigadora, "que en Egipto había tres tipos de bebida derivados de la uva: vino blanco, vino tinto y otro tipo de vino tinto más elaborado, que los egipcios llamaban ’shedeh’". María Rosa Guasch sugiere también la posibilidad de estudiar el simbolismo relacionado con el color del vino, "una puerta abierta para historiadores y arqueólogos para investigar cuál sería el papel del vino blanco". En este sentido, recuerda que en el Antiguo Egipto se asociaba simbólicamente al racimo de uvas, por su forma, con el corazón, y al vino tinto, con la sangre.

Tumba casi intacta

Pocas tumbas reales se han encontrado con todo su ajuar intacto, ya que la mayoría fueron saqueadas en la Antigüedad. La de Tutankhamon, a pesar de sufrir dos intentos de saqueo poco después de ser cerrada, estuvo excepcionalmente preservada más de tres mil trescientos años en el Valle de los Reyes en el oeste de Tebas (actual Luxor) hasta su famoso descubrimiento, en el año 1922, por Howard Carter. El joven Tutankhamon, que reinó a finales de la Dinastía XVIII (1543-1292 AC), fue enterrado con los productos más selectos y valiosos de su época.

Junto a los alimentos y bebidas se encontró un conjunto de ánforas de vino. Además, las tumbas de los nobles, ya desde el Reino Antiguo (2575-2134 AC), se decoraban con escenas entre las que aparecen la viticultura y la elaboración de vino, que han permitido conocer cómo se realizaba la recogida de la uva y la vinificación en Egipto. Las ánforas donde se depositaba el vino también están representadas, pero no los tipos de vino. La realidad es que los antiguos egipcios no mencionaban el color del vino en los textos ni en las inscripciones de las ánforas. Se pensaba que quizá no le daban importancia al color del vino o bien sólo elaboraban un tipo de vino. Hasta ahora todo hacía pensar que se trataba de vino tinto. Así, no sólo se relacionaba al vino con la sangre de Osiris, el dios de la resurrección, sino que, en las pinturas de las tumbas, la uva aparece pintada de color oscuro. Asimismo, el hecho de que los diversos métodos analíticos publicados hasta la fecha identificaban el ácido tartárico como marcador de vino en muestras arqueológicas, no permitía identificar el color del vino, ya que este ácido está presente en todo tipo de uvas.

Vinos con fama

La primera evidencia de la presencia de uva en Egipto son las semillas halladas en los yacimientos predinásticos (4000-3050 AC) de Tell Ibrahim Awad y Tell el Farain, situados uno al este y el otro al oeste del Delta del Nilo. Desde el predinástico, la vid era cultivada en Egipto sobre todo en el Delta, los oasis occidentales y el valle del Nilo. Los antiguos egipcios sabían que la tierra situada detrás de los límites de la inundación era la más adecuada para plantar viñas. La viña se plantaba cerca del río en una zona no inundable, donde el suelo era principalmente grava y cerca del depósito aluvial libre del barro del valle. Las tierras pedregosas en el límite del desierto proporcionaban los vinos de más reputación. Uno de estos lugares era la zona del lago Mariut, situado al suroeste de la actual ciudad de Alejandría.

La región vinícola más conocida durante el Reino Nuevo (1543-1078 AC) era el "Río Occidental", en la antigua rama Canópica del Nilo en el Delta Occidental, situada al suroeste de Alejandría. La encontramos documentada en centenares de inscripciones de ánforas de vino, como por ejemplo en las inscripciones de las ánforas de la tumba de Tutankhamon. Los autores clásicos griegos y romanos como Ateneo de Naucratis, Estrabón y Plinio dejaron constancia en sus escritos del buen sabor de los vinos de Egipto. Ateneo (170-230 DC), un griego de Naucratis (Egipto) que vivía en Roma, habla de la abundancia de la viña en la zona del lago Mariut y de la excelente calidad del vino de Mariut [Mareótico], también llamado Alejandriótico por la proximidad con la ciudad de Alejandría, y de los vinos Taeniótico y de Antilla de la zona de Alejandría; del Valle destaca los vinos de la Tebaida y de Coptos.

La Fundación para la Cultura del Vino es una entidad española sin ánimo de lucro cuyo Patronato está integrado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y las bodegas Codorníu, Julián Chivite, La Rioja Alta, S.A., Vinos de los Herederos del Marqués de Riscal y Vega Sicilia.

Fuente: El Mundo Vino, 1 de noviembre de 2005
Enlace: http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/noticia.html?vi_seccion=25&vs_fecha=200511&vs_noticia=1130874441


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Estudio determina en tumba Tutankamon había 3 tipos de vino

Un estudio revela que la tres ánforas encontradas en la cámara funeraria del faraón Tutankamon contenían tres variedades distintas de vino.

Según este estudio, dirigido por la investigadora de la Universidad de Barcelona (UB) Rosa María Lamuela-Raventós, en estas ánforas había restos de vino tinto, blanco y del denominado 'shedeh', un caldo más elaborado y dulce.

En la investigación ha intervenido además Cristina Andrés-Lacueva y Maria Rosa Guasch-Jané, del Grupo de Estudio de Antioxidantes, del Departamento de Nutrición y Bromatología de la Facultad de Farmacia, y Olga Jáuregui, de los Servicios Científico-Técnicos de la UB.

En un artículo publicado en 2004 en la revista Analytical Chemistry de l'American Chemical Society, las investigadoras ya constataban la existencia de restos de vino tinto en una de las ánforas, pero ahora han podido comprobar la existencia también de otras variedades de vino.

Estos hallazgos, publicados en la revista Journal of Archaeological Science, son especialmente relevantes porque demuestran que los egipcios elaboraban vino blanco 1.500 años antes de lo que se pensaba.

Conocer el tipo de uva que los antiguos egipcios utilizaban para producir sus vinos ha sido una cuestión debatida a lo largo del tiempo y ésta es, según sus autores, la primera investigación que consigue demostrar la existencia de tres variedades de vino diferenciadas gracias a los restos de más de 3.300 años de antigüedad que se han podido analizar.

En la cámara funeraria de Tutankamon había tres ánforas: una situada en la cabeza del faraón, orientada hacia el oeste, que contenía vino tinto; otra colocada al lado derecho del cuerpo, orientada hacia el sur, con un tipo de vino tinto dulce y de gran valor, llamado shedeh; y una última vasija situada a los pies de la tumba, orientada al este, que contenía vino blanco.

La directora de la investigación, Rosa Maria Lamuela-Raventós, comentó que 'lo más sorprendente del estudio es que demuestra la existencia de vino blanco 1.500 años antes de lo que se pensaba, ya que si nos fijamos en la iconografía que se conserva del antiguo Egipto en relación a la elaboración del vino y de otros motivos vinícolas, la uva y el vino siempre aparecen representados por un color oscuro, con un aspecto rojizo o azulado'.

La investigación de la UB se ha basado en el análisis de muestras de residuos que quedaban en los fondos de los recipientes, siglos después de que el vino ya se hubiera evaporado.

El mismo equipo ha analizado el contenido de las tres ánforas de la cámara funeraria, así como de otras cinco que había en la sala anexa, que fueron seleccionadas entre las 26 del ajuar funerario de Tutankamon porque llevaban las inscripciones irep, que significa 'vino', y shedeh, una bebida de origen desconocido hasta ahora sin que se supiera si provenía de la uva o de otras frutas.

El estudio, financiado por el grupo Codorniu y la Fundación para la Cultura del Vino, se ha hecho mediante un protocolo novedoso de alta sensibilidad aplicado para determinar el vino en residuos arqueológicos, basado en la cromatografía líquida y la espectrometría de masas.

En los análisis, los investigadores han utilizado el ácido tartárico como indicador del vino, puesto que raramente se encuentra esta sustancia de manera natural en productos diferentes de la uva, mientras que para determinar el tipo de uva se emplea el ácido sirúrgico.

En el Antiguo Egipto, la uva se cultivaba extensamente y era un producto consumido por las clases más privilegiadas, en las comidas y las fiestas, y se ofrecía en los rituales funerarios y en las ceremonias de ofrenda a los dioses en los templos.

Los mejores vinos procedían del delta del Nilo y de los oasis del oeste, y en la mitología egipcia, el color rojo del vino se relacionaba con el color del Nilo durante la inundación anual del río.

Fuente: Terra Actualidad – EFE, 5 de junio de 2006
Enlace: http://actualidad.terra.es/cultura/articulo/
estudio_tutankamon_determina_tumba_habia_914564.htm

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1 comentario

Ivette -

realmente es bueno que pasen este tipo de informacion, ya que a mí me gusta mucho todo lo relacionado con éste farón egipcio (Tutankhamon, y me gustaría que pasaran más informacion del mismo.
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