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Terrae Antiqvae

El imperio del maíz

El imperio del maíz * Arqueólogo historia sobre el origen del grano y su dominio en Centroamérica
* No llegó a ser un producto importante hasta unos 500 a 200 años antes de Cristo
* 64 olotes se encontraron en Panamá y se dataron en el 200 d. C.

Casi en los días en que se encontraban importantes piezas precolombinas cerca de Tiscapa, que seguramente tienen vínculos con los primeros agricultores de Nicaragua, como afirma el arqueólogo Ramiro García Vásquez, una costarricense recomendaba que para entrar con buen pie al TLC había que desterrar el maíz a cambio de convertir el país en un exportador de ranas.

García informó que en las excavaciones que realizó el Departamento de Investigaciones Arqueológicas del Museo Nacional de Nicaragua, durante el Proyecto de Arqueología Metropolitana de Managua, en el sitio denominado “Complejo Tiscapa”, se encontraron restos de cerámica temprana que datan desde 2,000-800 años a.C.

En Nicaragua, probablemente, la actividad agrícola se inicia hacia los 2,500-3,000 años a.C. con el cultivo de maíz, frijol y algunos tipos de tubérculos, historió García Vásquez.

El estudio del actual jefe de Investigaciones Antropológicas del Museo Nacional de Nicaragua nos revela que hay un vínculo entre estos productos y la alfarería, de la cual hoy se precia Nicaragua por contar con formidables piezas precolombinas.

Los granos, señala, eran preparados en piedras naturales en forma de metates, las cuales pudieron dar origen a los metates que más tarde tallaron los chorotegas, nicaraos y otros grupos culturales que se emplazaron en estas tierras. La fecha anteriormente señalada coincide con algunos datos que se han obtenido de la prueba de Carbono-14 en restos de maíz en el Istmo de Centro América.

Afirmamos con gran seguridad que todos los pueblos de cultura mesoamericana tenían como principal elemento en su dieta diaria a Zea–mays, nombre científico de la planta.

“Investigaciones sobre la reconstrucción de los regímenes alimentarios de las poblaciones precolombinas de Managua, utilizando isótopos de huesos, sugieren que el maíz está entre uno de los recursos alimentarios más importantes de la dieta paleoindia en los alrededores de Managua”.

García, al referirse a los argumentos de la ciudadana costarricense que manda a criar ranas, eliminando el maíz porque genera pobreza, dijo que la recomendación “es hasta cierto punto ofensiva, pues el maíz para la sociedad de Nicaragua es como uno de los elementos más importantes de nuestra dieta y para todos los pueblos de América”.

El investigador proporcionó, además, algunos datos de carácter científico sobre la importancia prehistórica, cultural y antropológica de esta gramínea (el maíz) en los pueblos de América y de mucha importancia para Nicaragua:

Hasta ahora, las evidencias arqueológicas dan la impresión de que el maíz (Zea-mays), una de las plantas más ampliamente cultivadas en el siglo XVI, no llegó a ser un producto importante hasta unos 500 a 200 años a.C., sin embargo, nuevas evidencias dentro y fuera de Panamá indican que se debe proceder con cautela al hablar de la cronología de esta planta en el istmo de Centro América.

Restos carbonizados de maíz han sido encontrados en cuatro sitios arqueológicos en Panamá: Sitio Pittí, La Pitahaya, Sitio Sierra y Finca Cornejo. En Pittí se recuperaron 64 tusas (olotes). La mayoría procedían de una casa cuya antigüedad ha sido fijada entre los años 200 y 400 d. C.

Galinat. W. C. informó que este maíz tiene un promedio de ocho hileras de granos y que era producto intermedio entre las variedades Nal-Tel y Pollo, las cuales evolucionaron de una variedad mucho más antigua, en un lugar todavía desconocido.

La muestra tiene dos características que facilitan el secamiento en los ambientes húmedos y frescos, un raquis de diámetro reducido y un alto índice de condensación. Linares O. F. piensa que la aparición del maíz en las montañas del Chiriquí quizá se deba a una inmigración relativamente rápida, desde un área adyacente de región fronteriza entre Panamá y Costa Rica, en el momento en que las características antes señaladas permitieron su adaptación a las zonas altas y húmedas subtropicales (¿Desde el año 1 d.C. a 500 años a. C?).

En el Sitio Sierra se recuperaron más de doscientos fragmentos de tusas, granos y tallos. Aún no han sido sometidos a un análisis formal por parte de especialistas en genética de maíz, pero el Dr. Earle Smith, quien revisó la muestra en 1977, considera que es posible que haya tres variedades: dos son parecidas, en términos generales, al grupo Nal-Tel / Chapolote / Pollo, y una se asemeja a los maíces suramericanos harinosos, tales como Cuzco y el Harinoso de ocho.

El imperio del maíz

En este momento hay pocas evidencias que contradigan la idea de que no fue hasta 500-200 a. C cuando Zea-mays comenzó a dominar los agrosistemas del Pacífico. Sin embargo, existen ciertos problemas nuevos, tanto teóricos como empíricos, que deben mencionarse cuando tomamos en cuenta la antigüedad de este cultivo en Panamá:

Si el ancestro del maíz es la hierba silvestre, Teosinte (Zea americana) y no una forma silvestre y extinguida de maíz, ese grano ha debido cultivarse en sus orígenes, dentro de la región donde se encuentra el Teosinte naturalmente, o sea, entre el norte de México y el suroeste de Honduras. También se encontró Teosinte en el norte de Nicaragua.

Puesto que el maíz estaba cultivándose en la costa oeste del Ecuador, por lo menos hacia el año 3,500 a.C., y quizás hacia el año 6,000 a.C. ha debido haber pasado por Panamá, en una u otra forma, por lo menos antes del año 4,000 a.C.

Si las especies harinosa y dulce estaban cultivándose en el Ecuador en el 2,000 a.C, y son por consiguiente de origen sudamericano, estas variedades han debido pasar de “vuelta” por Panamá, en dirección opuesta a la primera “migración”. Datos recientemente analizados procedentes del Abrigo de Aguadulce, en Coclé, señalan que fitolitos de maíz se encontraron en depósitos cuya fecha es de unos 1,600 años a.C. junto con la cerámica más antigua de Panamá, la Monagrillo.

Aunque Renare y la misma Piperno han interpretado esta evidencia con la debida cautela, es importante señalar que la cerámica Monagrillo tiene una fecha de C-14 de 2,500 a.C. en el sitio del mismo nombre, mientras en el cercano abrigo rocoso, la Cueva de los Ladrones, se ha atribuido una edad de por lo menos 2,800 años a.C.

Ya que en el Abrigo de Aguadulce los fitolitos de maíz no están presentes en las capas que no tienen cerámica, sería lógico pensar que el maíz y la cerámica se introdujeron simultáneamente y, por consiguiente, que aquella planta se estaba cultivando en litoral de la Bahía de Parita hace unos 5,000 años (3,000 a.C.).

Fecha de la dispersión

Aunque esta última fecha (3,000 a. C) no puede atribuirse todavía con objetividad científica al maíz en Panamá, concuerda con las fechas que están otorgando los botánicos y genéticos a la dispersión de Zea-mays a través de Centroamérica. Linares ha sospechado que el maíz es de mayor antigüedad en la Bahía de Parita que lo indicado por la evidencia primaria. No sería extraño que futuras excavaciones le cedan la razón.

Las actividades agrícolas se intensificaron hacia el 2,300 a.C. La evidencia primaria no ha demostrado inequívocamente que el maíz estaba empleándose en Panamá para esa fecha; pero el análisis de los fitolitos procedentes de un sitio de la Bahía de Parita, y la evidencia teórica y foránea implican que esta planta importante debió utilizarse en el Istmo mucho antes de los años 500 a.C. Probablemente en las zonas más áridas, y como una más entre una variedad de especies de igual impotencia.

En el sitio arqueológico “Joyas de Cerén “, ubicado en el municipio de San Juan de Opico. departamento de La Libertad, a 30 km al noroeste de San Salvador, el doctor Payson D. Sheets, de la Universidad de Colorado USA, encontró mazorcas de maíz petrificado, frijoles, chile y otros restos botánicos en muy buen estado de conservación. Este sitio arqueológico ofrece un registro más detallado de la vida cotidiana de un pueblo mesoamericano de por lo menos 1,400 años a. C

Para los incas, el maíz constituía la base fundamental de la alimentación del pueblo, y su cultivo era de suma importancia, a tal extremo que las principales festividades del Imperio estaban supeditadas a los actos de la siembra, cultivo y cosecha de maíz.

Su auge actual

Su cultivo, en estos últimos tiempos, se ha intensificado y tecnificado, de tal manera que la mazorca y los granos van alcanzando cada vez proporciones mayores. Es un producto de clima templado y hay variedades que pueden desarrollarse muy bien en las alturas (0 hasta los 3,000 mt de altitud).

Los investigadores se han dado a la tarea de buscar sus raíces, indagar de dónde procede, quiénes lo domesticaron, y, naturalmente, hay muchos países que se disputan tal privilegio. En la región de Tehuacán se han hallado vestigios que datan desde 7,000 años a.C. (Galinat y McNeish), y los mexicanos creen que el maíz es de origen azteca.

Los haitianos aducen que su isla es la cuna, y que de allí fue llevado al continente. Otros científicos trasladan su origen al Oriente, y Vere Gorden Childe, escritor australiano, afirma que es de Norteamérica.

Maíz, base de supervivencia

Bueno, sin descartar la posibilidad de que pudiera haberse domesticado en dos o más puntos distantes de América, en Perú, ahora podemos afirmar y exhibir argumentos válidos desde el punto de vista científico para demostrar que hace más de 10,000 años el maíz ya crecía en los valle de los Andes centrales del Perú. Los primitivos moradores de estas latitudes sobreviven y dominan las montañas gracias al maíz.

Los orígenes y desarrollo de Chavín están signados a base de maíz. Es precisamente esta civilización la que presta más atención a su cultivo en los valles interandinos y en la costa (Rapayán, Kotosh, Ancón, Nepeña). Veamos, pues, algunos de nuestros argumentos.

El clima: Perú es un país de clima templado debido a la cordillera andina, lo que favorece el cultivo del maíz. La Toponimia: hay lugares con nombres alusivos al maíz, como la hacienda “Yana-sara” (maíz negro), el caserío conocido como “Garhua-ara (maíz amarillo, dorado), en los Andes centrales “Pancal” (de panca, la caña y hojas de maíz). Variedades de maíz: en el Perú todavía se cultivan muchos tipo de maíz como: Okghe (plomizo), el Pajchus (arrugado), el Chushu (menudo), el Ghapia (suave), el Murucho (duro) y otros. Los botánicos aseguran que allí donde se dan más especies se debe buscar el origen de esta gramínea.

Fuente: El Nuevo Diario, 26 de mayo de 2005
Enlace: http://www.elnuevodiario.com.ni/especiales/especiales-20050525-05.html

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EL MAIZ Y LOS ORIGENES DE MESOAMERICA.

El nacimiento de los pueblos que habitaron el territorio que más tarde llamaríamos México está vinculado con el origen del maíz. Los mitos más antiguos de Mesoamérica narran que el mundo que hoy habitamos fue creado por los dioses del maíz, quienes al mismo tiempo crearon a los seres humanos y les dieron el alimento para sustentarlos.

Un mito cosmogónico maya, inscrito en el año 690 d.C., en los templos del llamado Conjunto de la Cruz de Palenque, cuenta que el cosmos fue creado en el lejano año de 3114 a.C. En esa fecha, que registra la terminación de un período de 13 ciclos o baktunes, se dice que nació el Primer Padre, quien es llamado Hun Nal Ye, que quiere decir Uno Maíz. Según esta cosmogonía, Hun Nal Ye creó una casa en un lugar llamado Cielo Levantado y la dividió en ocho partes, siguiendo las cuatro direcciones cardinales y los cuatro rumbos intercardinales.

En el mismo lugar ubicó las tres piedras que señalaban el centro del cosmos y levantó el árbol cósmico llamado Wakah Chan, nombre que tiene el árbol que se ve en el centro del tablero del Templo de la Cruz en Palenque.

Luego de estos hechos prodigiosos, Hun Nal Ye protagoniza el acto central de la cosmogonía: su resurrección del inframundo en la forma de un joven de belleza extraordinaria que lleva consigo las semillas preciosas del maíz, rescatadas de Xibalbá, el nombre que los mayas le dieron al inframundo. La historia de la resurrección del dios del maíz la conocemos no por el desciframiento de los glifos mayas, sino gracias a una serie de escenas pintadas en los vasos funerarios de la época Clásica.

Aun cuando esas imágenes corren dispersas, un posible ordenamiento de ellas sería el siguiente.
Las primeras describen la caída de Hun Nal Ye en el medio acuoso y oscuro de Xibalbá. Al penetrar en esta región enfrenta unos personajes que lo amenazan con hachas y otros instrumentos de decapitación. Sigue luego su encuentro, probablemente sexual, con unas mujeres jóvenes y desnudas, y un episodio donde se ve al dios del maíz viajar en canoa por las aguas frías del inframundo. Como sabemos por la lectura del Popol Vuh, el libro sagrado de los quichés de Guatemala, Hun Nal Ye baja al inframundo en busca de la montaña escondida de los mantenimientos, el lugar donde se guardaban las mazorcas amarillas y blancas del maíz.

En otro vaso se describen tres episodios del viaje de Hun Nal Ye por el inframundo. En la parte inferior el dios aparece en la posición de los recién nacidos, como si acabara de nacer de las fauces de una serpiente. En la parte superior, donde se le representa con apariencia juvenil, los dioses remeros lo conducen en la canoa y lleva abrazada sobre el pecho una bolsa con granos de maíz. Es decir, en estas imágenes Hun Nal Ye regresa del lugar donde estaban escondidos los mantenimientos, y por eso lleva las preciosas mazorcas del maíz. En la escena final de la izquierda, dos mujeres le ayudan a ponerse su vestido de cilindros y esferas de jade.

Finalmente están las escenas que describen el clímax de esa sucesión de acontecimientos dramáticos: el brote del dios del maíz de las profundidades de la tierra. Una vasija muestra a los dioses remeros acompañando a Hun Nal Ye a su renacimiento glorioso. El dios del maíz brota de un caparazón de tortuga, y lleva una bolsa que contiene en su interior las preciosas semillas del maíz. En otro plato de dibujo muy fino, Hun Nal Ye sale de una hendidura en el carapacho de una tortuga (símbolo de la tierra entre los mayas), y es recibido por Xbalanqué
y Hunahpú, los famosos Gemelos Divinos del Popol Vuh. Muchos vasos y platos de la época Clásica representan la misma escena jubilosa, con los Gemelos Divinos a uno y otro lado, ayudando al Primer Padre a salir del inframundo.

Al comparar las aventuras de los gemelos que narra el Popol Vuh con los estudios que descifran la cerámica, los textos y el simbolismo de los monumentos mayas, se tiene la impresión de haber recorrido un tramo muy largo de la historia humana, y tocando algo profundo de esa historia. De pronto percibimos que durante más de quince siglos, desde Palenque hasta Copán, los mayas se contaron una misma historia acerca de los orígenes del cosmos y los fundamentos de la vida civilizada.

Como lo sugieren las estelas de Izapa que tienen grabadas las imágenes más antiguas que conocemos de los Gemelos Divinos, quizá este mito empezó a relatarse desde el Preclásico, muchos años antes de la era actual. Lo más probable es que naciera con los comienzos de la civilización, cuando los mesoamericanos descubrieron el secreto del cultivo de las plantas y fundaron su vida en la agricultura. El relato cosmogónico que los mayas clásicos grabaron en diversos monumentos de Quiriguá, Bonampak, Copán y Palenque, indica que en sus orígenes éste fue un mito agrícola, una narración centrada en el brote de la planta del maíz de las profundidades de la tierra. Por los textos, las pinturas y las estelas de esa época, sabemos que los dirigentes mayas convirtieron la aparición de la planta del maíz en una gestación divina, y alrededor del dios creador del alimento más precioso construyeron sus concepciones del cosmos, los seres humanos y la vida civilizada. El hecho de que la cosmogonía maya se refiera a la presente creación del cosmos como un alumbramiento agrícola, y haga brotar a la nueva
humanidad de la masa del maíz, revela que para los pueblos más antiguos la civilización nació con los orígenes de la agricultura y el cultivo del maíz.

Entre los varios fines que se atribuyen a los mitos, uno de los más inmediatos es el de ratificar las costumbres que sustentan la vida de los pueblos, conservar la memoria de sus tradiciones y otorgarles prestigio y autoridad. En este sentido, la resurrección anual de los dioses de la vegetación -manifiesta en el brote de las plantas- era la demostración más visible del privilegio otorgado por la divinidad al pueblo escogido, una suerte de carta de legitimidad de su destino afortunado.

Los mitos del origen de los cereales también apuntalaron dos ideas centrales de la cosmovisión de los antiguos pueblos campesinos: la identidad del inicio de la agricultura con el amanecer de la vida civilizada, y el concepto de identidad étnica. Los mitos de creación de las plantas cultivadas dieron un sentido de fundación cósmica al nacimiento de los cereales y convirtieron el origen de la agricultura en el momento inaugural de la vida civilizada. Así, los mitos, los cantos y las ceremonias que celebraban el origen de las plantas cultivadas exaltaban los valores propios de una sociedad agrícola, lo mismo que la pintura, la escultura, la arquitectura, la cerámica y las demás artes.

La agricultura, en consecuencia, era sinónimo de riqueza y vida civilizada; sus símbolos eran la abundancia de bienes, la suntuosidad de los templos, la magnificencia de las ciudades y el esplendor que irradiaba de la imagen de los dioses. El origen de la agricultura se consideraba un bien tan decisivo para el desarrollo de la humanidad, que en los mitos los dioses y los gobernantes se disputaban el mérito de su creación y se atribuían su difusión entre los mortales.

Asimismo, el origen del héroe cultural está vinculado a la difusión de los conocimientos agrícolas. En Egipto, Osiris fue reverenciado como el propagador de la agricultura y de los conocimientos preciosos; en Mesopotamia, la invención de la agricultura se equiparó al comienzo de la vida civilizada y también fue un atributo de los dioses creadores; en la Grecia clásica, la agricultura era un don de las diosas de la tierra, pero un héroe cultural, Triptólemo, fue el encargado de difundir su conocimiento entre los pueblos.

De la misma manera, en Mesoamérica el dios del maíz es sinónimo de vida civilizada. Hun Nal Ye es el dios maya creador del cosmos y el héroe cultural que transporta a la tierra el alimento de los seres humanos; es decir, el dios mesoamericano del maíz es a un tiempo el creador de la actual era del mundo y la encarnación misma del alimento que nutre a los seres humanos. El dios 9 Viento, equivalente mixteco del Quetzalcóatl mexica, es uno de los dioses creadores y el intermediario divino que genera la vida civilizada y funda las primeras dinastías. Más tarde, aun cuando los mexicas se esforzaron por acumular en su dios nacional las virtudes de los antiguos dioses creadores, tomaron a Quetzalcóatl como su máximo héroe cultural: fue su dios creador del maíz y de la nueva humanidad y el inventor de la escritura, la astronomía, las ciencias y las artes.

Por otra parte, los mitos de creación que identificaron el origen de los granos con el nacimiento de la vida civilizada, transmitieron el mensaje de que los seres humanos y las plantas cultivadas nacieron en la propia tierra. Es decir, proclamaban que ambos eran productos autóctonos de la región. De manera semejante a los mitos de creación del Neolítico europeo, en los mitos más antiguos de Mesoamérica se afirmaba que el cosmos y la vida humana tuvieron su origen en la propia tierra. Se decía que ambos habían surgido de la cueva escondida en la colina primordial. A su vez, los mitos que exaltaban el valor de la localidad fundaron las relaciones de
identidad social en este principio. De modo que los valores más altos correspondían a la tierra propia, al lugar de nacimiento y de donde procedían los ancestros. En los tiempos más antiguos estas creencias fueron asumidas por los olmecas, y posteriormente, en la época Clásica, por los mayas, los zapotecos y los teotihuacanos, como se aprecia en sus mitos y su plástica.

Simbólicamente, los mitos de creación mesoamericanos remiten a un mundo que abarcaba hasta los confines del cosmos y en cuyo centro se comunicaban el cielo, la tierra y el inframundo. Sin embargo, en lo cotidiano, ese dilatado ámbito se constreñía a la delimitada geografía del reino, señalado en sus cuatro rumbos espaciales por los colores de pájaros locales y en su centro por el árbol emblemático de la región. Así como en los mitos de creación se acentúa el carácter local y los emblemas propios de la región, también el cosmos, los dioses y los gobernantes aparecen investidos con los símbolos de la fauna y la flora del lugar, iluminados por colores locales y animados por poderosas fuerzas autóctonas. Esta obsesión por exaltar lo propio produjo fuertes
lazos de identidad en los pequeños reinos de la época Clásica, una identidad tan volcada hacia lo suyo que fatalmente alentó enfrentamientos con pueblos vecinos que tenían tradiciones, etnias y lenguas diferentes.

El fin que los mitos de creación perseguían con ahínco era el de infundir en la comunidad la noción de estabilidad, duración y continuidad de los ciclos fundamentales de la naturaleza y de la vida humana. La conmemoración de la creación del cosmos y del origen de la vida civilizada, que escenificaba con fasto esos acontecimientos maravillosos en la fiesta del equinoccio de primavera y el comienzo del año agrícola, confirmaba a la población la convicción de que los dioses mantenían su pacto con los mortales y renovaban el orden y la armonía establecidos desde el primer día de la creación.

Aún cuando el mito glorificaba la permanencia, se convirtió en un testimonio del cambio histórico. Como lo recuerdan Ann Barring y Jules Cashford, «Los mitos no son historia, pero como se manifiestan en el tiempo crean historia, se visten con el lenguaje de la transformación y el cambio» Así, aun cuando los mitos de creación de Mesopotamia o de Creta narran la misma historia del origen del mundo a lo largo de varios siglos, los dioses y los símbolos que intervienen en ese acto difieren conforme a cada época. En el pasaje del Neolítico a la Edad de Hierro, la antigua diosa madre perdió sus poderes omnímodos y se convirtió en una deidad secundaria ante los
nuevos dioses masculinos.

En ese mismo tránsito del Neolítico a los tiempos históricos, la diosa madre mesoamericana cedió su lugar a poderosos dioses. Más tarde, al derrumbarse los reinos de la época Clásica y comenzar el turbulento período del Postclásico, los dioses de la fertilidad fueron desplazados de modo gradual por los dioses celestes del trueno y del relámpago. En el transcurso de esos años cambiantes, los mitos que glorificaban el origen autóctono de los pueblos fueron sustituidos por mitos que exaltaban a pueblos guerreros procedentes de regiones remotas y extrañas. El dios maya Hun Nal Ye mudó de nombre, y a veces de símbolos y cultos, y se llamó sucesivamente 9
Viento, Ehécatl, Kukulcán, Nácxit, Serpiente Emplumada, Ce Acatl Quetzalcóatl y Hun Hunahpú.

Muchas veces su nombre y su culto se mezclaron con los de otros dioses, y el culto del antiguo dios del maíz recibió a su vez la influencia de nuevos dioses y cultos. El mito de Quetzalcóatl, al recoger en su trama y en sus símbolos esas transformaciones, se convirtió también en un testimonio histórico, en una acumulación compleja de múltiples significados, sin perder su esencial condición mítica. Así, el estudio del mito de Quetzalcóatl no sólo permite penetrar en zonas profundas del pensamiento religioso de Mesoamérica, sino apreciar asimismo sus fases de transformación y los movimientos que traían el cambio.

La arqueología aún no describe con precisión las diversas fases que adoptó el cultivo de los cereales en Mesoamérica, o los distintos tipos de maíz que proliferaron en esa región. Sin embargo, a través de los mitos que relatan las aventuras y transformaciones del dios del maíz, podemos avizorar la importancia y el significado que tuvo esta planta en el desarrollo de esa civilización.
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10 comentarios

María de los Ángeles -

Hola, les agradecería mucho que me dijesen a que cultura pertenece la escultura que presentan en portada y donde se ubica en la actualidad.

Muchas gracias

isaac gutierrez -

solo desearia que se incluya informacion sobre si el maiz era utilizado para la elaboracion de pan........ estoy haciendo la historia del pan en america, byee gracias.

Diana Uribelarrea -

Agradecería me recomienden un libro sobre la historia del maiz asociada a la de los pueblos originarios que lo cultivaron

lu -

me gustaria que agregaran imagenes de diferentes variedades de maiz en todo mesoamerica.

maria jose lopez -

no se enfoquen muchos solo en el origen hablen tambin en donde se cultiva cual es su uso y varridades de maiz




milyreth morales -

mea precido u bue escritor

Evelin yadira Diaz Morales -

pienso que en hondura hai mucha historia para no perder las costunbres que tenemos debemos seguirlas y tener mas seguridad se lo que uno ba a ser en la vida bueno solomente.

deisy -

estoy realizando mi tesis en el analisis artefactos liticos de molienda y quiero tratar el tema de la agricultura, si alguien tiene informacion de esto le agradeceria mucho la ayuda.
gracias.

pollochiras@gmail.com

Alejandro -

Me gusto mucho la pagina, yo no me dedico a cuestiones de historia o arquelogia, pero me parece que la información es buena, solo creo que deberián tener mas citas bibliograficas.

zuleyma -

mucho no podrian resumirlo un poco mas paea mi es mucho se pasan resumanlo mas porque nadie va a quererleer su correo electronico bueno ya me voy bye ah me olvido por que ponen esa pregunta ridicula 2+2 todos saben que es 4bueno ahora si me voy good bye bye
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