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Terrae Antiqvae

Olimpia de Épiro (375-315 a.C.), esposa y madre de dioses.

Olimpia de Épiro (375-315 a.C.), esposa y madre de dioses. Apenas se sabe nada de la verdadera personalidad de la madre de Alejandro Magno, la reina Olimpia de Epiro, el país balcánico que la vio nacer. El último estudio en español que conocemos apenas la considera [1]. La biografía que el escritor Sátiro de Callatis había consagrado a Filipo II de Macedonia y a sus siete esposas, un siglo después de su muerte, se ha perdido, por lo que las noticias que se conservan de los protagonistas de esta historia son muy parciales.

Por: Dra. Ana Mª Vázquez Hoys, profesora titular de la UNED.

En general, los escasos fragmentos históricos que han llegado a nuestros días son bastante contrarios a esta mujer. La leyenda de Olimpia, tal vez difundida por sus numerosos enemigos, sobre todo Casandro, tiñe su personalidad de obscuros matices, tachándola sobre todo de violenta y neurótica, presentándola como dominada por supersticiones y brujerías.

En realidad, estas voces contrarias solo son las voces de la envidia y el desconocimiento del personaje histórico y su entorno y sus circunstancias o, tal vez, como sucede a menudo en la historia de los personajes femeninos del mundo antiguo, porque lo que en un hombre se consideran virtudes, como la capacidad de lucha contra sus enemigos, sus dotes políticas y el enfrentarse a poderosos enemigos y vencerlos, se consideran en las mujeres tradicionalmente como factores negativos de su personalidad, achacándolo generalmente al manejo de "malas artes", como si el hecho de sobrevivir en un mundo hostil, utilizando las mismas armas que los enemigos masculinos fuera en las mujeres un demérito, fruto, no de la preparación, el arrojo, la valentía o la capacidad política, sino fruto de las "artes de la brujería". Olimpia, madre de Alejandro Magno, fue la ÚNICA responsable de que su hijo PUDIERA LLEGAR A CONSEGUIR EL TRONO DE MACEDONIA. Así pues, ni bruja ni manipuladora. Simplemente, una buena política, que supo jugar sus cartas y las de su hijo. Que aprovechó las circunstancias y sufrió sus consecuencias. Logró que su único hijo fuera rey. Y que de ser Alejandro logrará ser Alejandro el Grande.

1. La opinión negativa sobre Olimpia

Tal sucede, por ejemplo, con la opinión peyorativa que se emite al relatar la participación de la reina en los ritos de Sabazio, el dios mistérico tracio de la fertilidad y la vida eterna, asimilado con Dioniso-Baco.

En estos ritos, las bacantes, blandiendo serpientes, el animal ritual del dios Sabazio, participaban en ceremonias campestres que comprendían, entre otras cosas, la muerte del dios y su despedazamiento, siendo comido por las bacantes, en un rito que se asemeja mucho a la "comunión" cristiana, sin ir más lejos, siendo todo recuerdo, posiblemente, de un ancestral rito antropofágico que ya había perdido sus características primitivas en época histórica.

Lo que si es cierto es que Olimpia fue una de las primeras grandes princesas y reinas macedonias y helenísticas que tuvieron influencia en la vida política de sus países, como subraya Grace Macurdy [2], para quien la primera mujer macedonia que interviene en lides políticas fue Eurídice I, madre de Filipo II de Macedonia, inaugurando un papel nada despreciable en política que más tarde seguirían otras reinas orientales hasta Cleopatra VII.

2. Las primeras noticias: de Políxena a Myrtale

Dichas noticias sobre Olimpia nos relatan que la princesa, cuyo nombre de soltera fue Políxena ([3]), en honor de la joven hija de Príamo, sacrificada en la tumba de Aquiles, nació hacia el año 375 a.C. y era hija del rey de Molosia, Neoptolemo.

Huérfana de padre y madre, vivió hasta su matrimonio en Epiro, bajo la tutela de su tío Arribas, rey de Molosia. El matrimonio con Filipo de Macedonia, dispuesto por su tío, la convertía en prenda de amistad con la vecina Macedonia y también en rehén que garantizase las buenas relaciones entre los dos países vecinos, al tiempo que aseguraba a Macedonia la salida al mar por su parte occidental.

3. La reina Olimpíade-Estratónice

Convertida a los 19 años en la reina del más poderoso país balcánico, como primera esposa (en rango, que no en orden) de Filipo II, con el nombre de Myrtale, lo cambió por el de Olímpíade en memoria de la victoria que alcanzaron los caballos de Filipo II en Olimpia justo el día del nacimiento de Alejandro (y aún adoptaría otro nombre: el de Estratonice, en honor de la victoria obtenida en defensa de su nieto Alejandro IV (el hijo de Roxana), frente a su rival Eurídice, aliada con los sucesores de Casandro).

Así pues, Olimpia-Polixena-Miytale-Estratonice, quiso y pudo hacer valer sus derechos dinásticos y los de su hijo tanto sobre Epiro como sobre Macedonia, derecho que en muchos momentos fueron cuestionados, ya que incluso en la corte macedonia se consideraba a Alejandro un bastardo.

4. Los hijos de Filipo y Olimpia

Y dió a Filipo dos hijos: Alejandro, nacido en el año 356 y Cleopatra, nacida en el año 353, que se sumaron, con Alejandro de Epiro, hermano de la propia Olimpia, trece años más joven que ésta y más tarde rey de los molosos, a los otros niños de la corte macedonia, los citados Karano (que solo aparece en Justino XI, 2, 3) y Arrideo, hijos de Filipo y otras mujeres y el joven Amintas, sobrino de Filipo, hijo de su hermano Pérdicas III y para muchos el verdadero heredero de la corona macedonia, hasta el nacimiento de Europe, un cuarto hijo( o hija), nacido de su última esposa, la joven macedonia Cleopatra, sobrina de Atalo. Este último hijo de Filipo, que tendría poco más de un año al morir el rey, sería el presunto/a futuro/a heredero/a legítima frente al ilegítimo Alejandro Magno, aunque no sobrevivió mucho a su padre, ya que fue hecho asesinar, junto a su madre, por la misma Olimpia, a la muerte de Filipo.

5. La actuación política de Olimpia

La lógica ambición política de esta mujer en favor de su hijo, en un mundo de hombres que deseaban la corona para sí mismos, ha hecho que fuese denigrada. Creemos, sin embargo, que su actuación histórica fue fruto de una lógica existente en su momento en Macedonia y en Oriente y fue más oriental que propiamente griega y, por tanto, incomprendida para los historiadores y, sobre todo, caldo de cultivo para su imagen peyorativa.

En época de Olimpiade, efectivamente, y en su entorno, el que ejercía el poder, hombre o mujer, no debía ni podía excluir la posibilidad del asesinato político, fruto de la política del "matar o ser muerto" que propiciaba la monarquía electiva, aunque fuese esta elección realizada entre los miembros de una rama familiar. Por tanto, Olimpiade u Olimpia, no fue una asesina sin más, sino que hizo lo mismo que los otros reyes de su época. Como sucedía en la corte persa, en los harenes persas y asirios o, más modernamente, en los harenes turcos o en las monarquías visigodas. En todas ellas y muchas más, la política de la eliminación de los posibles rivales al ascender al trono un rey por parte de sus partidarios ha sido algo tan común que huelgan las explicaciones. ¿Por qué Olimpia, pues, fue juzgada, denostada y condenada?.

Si he de dar mi opinión, creo que porque su hijo murió pronto y tuvo que defenderse sola y además perdió. Pero sobre todo, la historia no le ha perdonado ser mujer. Y además, el hecho de ser la madre de Alejandro el Grande. Y la mujer de otro gran rey: Filipo de Macedonia, que no tuvo nada que envidiar a su hijo. Ya que, en realidad, fue el artífice de toda la preparación del ejército macedonio, que, al morir Filipo II, ya había pasado a Asia.

6. La reina repudiada

Aislada y repudiada por Filipo, su status personal pasó de ser reina a ser solo la madre del heredero de Filipo, heredero oficial tras la batalla de Queronea. Pero este papel del príncipe Alejandro debía cambiar también al nacer el hijo de la joven nueva esposa de Filipo. Ello llevaría a Olimpíade a ser, tal vez, parte lógica de la conjuración que terminó con la vida del rey macedonio, aunque no existan pruebas de la afirmación que haría de la madre y el hijo los perfectos y lógicos instigadores de tal muerte, aunque ella, por aquel entonces, no se encontraba en Macedonia, ya que en 337-336 había vuelto a su país, donde reinaba su hermano Alejandro desde 442, tras la boda de Filipo y Cleopatra.

7. La madre del nuevo rey

Olimpíade volvió de su exilio voluntario en Épiro al conocer la noticia de la muerte de Filipo, a los cuarenta y seis años, en otoño del 336, (la reina tenía entonces treinta y nueve) y mostraba su satisfacción sin inhibiciones ante tal pérdida, que la desembarazaba de su enemigo, a la par que la convertía en madre del rey, la que, al más puro estilo persa, dominaría la situación en Macedonia. Y puede que también en Épiro, como madre de la nueva reina de y hermana mayor (y casi madre, puesto que con ella se había criado) del rey Alejandro.

Mientras Alejandro estaba fuera de la capital, ella mandó asesinar a la última esposa de Filipo , sobrina de Atalo , y a su hijo/a (Justino Ix, 7,12), hecho que Alejandro le reprochó, según el mismo Justino, aunque su mismo hijo mandaría asesinar a todos los miembros de la misma familia antes de partir hacia Asia, según relata el mismo historiador, líneas después (Justino XI, 5,1), puesto que Filipo los había colocado en puestos de responsabilidad en la corte macedonia.

La posición de la reina era entonces inmejorable. Desde el asesinato de su esposo a 331, Olimpia tuvo su mejor época, como regente de Macedonia, junto con Antípatro, que no dudaba en informar de sus desavenencias con la reina (Arriano VII, 12,6), quien finalmente se retiró a Epiro en 331.

A partir del año 334, Olimpia y Alejandro no volvieron a verse, al partir él para Asia, pero debieron mantener una nutrida correspondencia, a juzgar por la evolución de los hechos. Así, intervino la reina en el desfalco de Hárpalo y sobre todo tras la muerte de Alejandro, que la reina atribuyó a Antípatro, el regente que Alejandro había dejado en Macedonia, llevado a cabo por sus hijos Yolao y Casandro.

Este último, sobre todo, habría de ser su mayor enemigo y el que consiguió destruirla.

La comprometida situación de la reina a la muerte de su hijo la hizo pronunciarse en dos direcciones. En primer lugar, se constituyó en garante de la legitimidad de Alejandro IV, el hijo póstumo de Alejandro y Roxana y, en segundo lugar, emprendiendo una política de relaciones matrimoniales. Así, su hija Cleopatra, viuda de Alejandro de Epiro, debería casarse con el general Leonato, boda que impidió el propio Antípatro. Sin embargo, a la muerte de éste, su hijo Poliperconte invitó a Olimpia a regresar a Macedonia y a defender los derechos de su nieto Alejandro.

Pero, una vez más, el Destino le fue adverso y al caer en desgracia Poliperconte, Casandro pudo, al fin librarse de ella y de los últimos herederos de Alejandro.

La reina se había refugiado en Pidna, en el año 316, tras haber hecho asesinar a Eurídice, hija de Amintas y a Filipo Arrideo , rey de Macedonia a la muerte de Alejandro Magno, hecho que Casandro supo aprovechar, para volver contra ella al pueblo macedonio, que no olvidaba , sin embargo, que era la madre de Alejandro.

Con ella estaban en Pidna su nieto Alejandro, de ocho años y su madre, Roxana, de ventiseis años, su hijastra Tesalónica, de treinta y cinco años, con la que Casandro contraería matrimonio, ya que era hermana de Alejandro e hija de Filipo, además de Diadamia, hija de Eacidas, las hijas de Atalo y otras muchas mujeres y niños macedonios.

Su defensor, Eumenes había muerto. Ya no le quedaba nadie. Y confió su suerte a Aristono, una de los amigos de Alejandro. Vencido éste y abandonada por todos, Casandro la hizo matar por sus víctimas, a pedradas, en el año 315. Lo último que vieron sus ojos fue, detrás, el Golfo Sarónico, unas aguas siempre azules del mar Mediterráneo que la reina nunca cruzó para visitar a su hijo Alejandro, porque la muerte del rey los separó demasiado pronto. Enfrente, el monte Olimpo, cuyas cumbres se alzan orgullosas bajo el cielo de Piería. Y en él, su hijo, Alejandro, que ya era un dios, buen trabajo para una reina que era, al morir, sabía que ella misma ya formaba parte de la gloria y la inmortalidad, porque también era hija, esposa y madre de dioses.


Notas:

[1] GUZMAN GUERRA, A.-GÓMEZ ESPELOSÍN, F.J.: Alejandro Magno. De la historia al mito. Alianza Editorial, Madrid, 1997. En el capítulo II se refieren los autores a la influencia de Macedoni y Filipo, y sobre todo de Olimpia u Olimpíade, en las "tensiones de familia", p.35 y en la p. 37, en un apartado específico.

[2] MACURDY, G.H.: Hellenistic Queens. Oxford Univ. Press, London 1932.

[3] MACURDY op. cit. p. 23, cita a JUSTINo II, 7.13 y PLUTARCO, De Pyth. Or. 401.

También VAZQUEZ HOYS, A.Mª: Grecia desde el siglo IV, Alejandro Magno. El Helenismo. Madrid, UNED, 1993.
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8 comentarios

olimpia -

hermoso nombre, con personalidad prestancia bueno como yo Olimpia

Leo -

me gusta verla del lado mistico,

envuela en los ritos del dios Dionisio


verla como un ser legendario

llena de misterio


pasion

la mujer ideal

(para mi XP)

Gustavo Servin -

Muy buen articulo, sobre la madre del gran conquistador que fue Alejandro Magno. Felicito a la Dra., autora del mismo. Mis felicitaciones por la web y exitos continuados.

Mónica -

Conocía cosas sobre Olimpia, pero bastante parciales. Al estudiar a Alejandro siempre me atrajo la influencia de sus padres, y especialmente de Olimpia en su cáracter y sus comportamientos. Enhorabuena por acercarnos la historia un poco más.
Un saludo

Raquel -

Creo q lo q izo olimpia fu lo q aria cual quier madre actual , solamente queria lo mejor para su hijo y lo consigio , yo estudio historia y alejandro es mi personaje preferido no por ser un genio militar si no por q supo ser duro en la batalla y buena gente. respecto al articulo es genial

lilian -

para empezar que era una gran reina no hay duda pero creo que debio estar mas a su lado de su hijo para que lo proteja mas de sus enemigos

sara -

Me ha gustado mucho conocer la verdadera historia de Olimpia, sinceramente, creo k fue una gran madre y una gran luchadora, que únicamente defendia lo que ella creía y sabia que le pertenecía a su hjo. ¿Por qué mirarla mal si únicamente hizo lo mismo que el resto de los hombres? por pura envidia!!

Montserrat Arre -

muy bueno el articulo, y excelente la revista. Yo amo la historia y la arquologia, asi que sere una visitante habitual.
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